El poder de la Gran Comisión

Alimentemos El Alma

Serie: La Evangelización

La meta global de Dios

El poder de la Gran Comisión

Jesse Johnson

La Gran Comisión es ciertamente la orden mÔs importante dada a los cristianos. Alguna variación de ella aparece en cada uno de los cuatro Evangelios y las últimas palabras terrenales de Jesús en el libro de Hechos son otra forma de este encargo. A pesar de estas repeticiones, a menudo se pasa por algo la naturaleza radical de la orden para la evangelización global. Ya en Génesis 3 Dios indicó que enviaría a un salvador al mundo, pero Dios no dejó que los creyentes fueran por todo el mundo con ese mensaje sino hasta después de la crucifixión y resurrección. La comprensión del «por qué» de la Gran Comisión ayuda a desatar su poder.

Uno de los mÔs sobrios y escalofriantes encargos dado a los pastores con respecto a la evangelización se encuentra en las palabras finales de Pablo a Timoteo. En 2 Timoteo, Pablo ha advertido a su discípulo y compañero en el pastorado a que esté listo para los días malos. Se lo dijo así: «Porque vendrÔ tiempo cuando no sufrirÔn la sana doctrina» (2 Timoteo 4.3). Pablo que Timoteo se fortaleciera para cuando experimentara el rechazo (v. 4), e incluso quería tener que enfrentar los mismos sufrimientos que tuvo que enfrentar él (v. 5).

Pablo le dijo a Timoteo que la solución se mantendrĆ” en aceptar la suficiencia de las Escrituras. Solo asĆ­, puede el hombre de Dios ser Ā«perfecto, enteramente preparado para toda buena obraĀ» (2 Timoteo 3.17). A consecuencia de esto, Pablo tuvo un encargo severo para su recomendado: Ā«Te encarezco delante de Dios y del SeƱor Jesucristo, que juzgarĆ” a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabraĀ» (2 Timoteo 4.1 –2a). Advierta cuĆ”n seria es esta orden. Pablo le dice: (1) ante Dios, (2) ante el SeƱor Jesucristo y (3) a consecuencia del juicio de los vivos y los muertos. Es difĆ­cil imaginarse cómo podrĆ­a haber hecho Pablo este encargo parecer mĆ”s serio de lo que es.

Pero Pablo no había terminado. Timoteo no debía predicar solo, sino que Pablo también le escribió que debía ser «sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio» (v. 5). Timoteo podría predicar todo lo que quisiera, pero si descuidaba hacer la obra de evangelizador no estaría cumpliendo lo que Dios quería que él hiciera.

Esta verdad, que la obra de la evangelización debería ser central para cualquier ministerio, no se limita al ministerio de un pastor. Todos los cristianos son llamados a ser fieles al mandato de nuestro Señor de llevar el evangelio a cada persona. Pero es asombroso cuan a menudo la orden de evangelizar queda relegada a un segundo plano en la vida cristiana. Algunos hasta han caído en un patrón de descuidar la orden de evangelizar durante prolongados períodos de tiempo, y aun he escuchado a personas decir que la evangelización es algo simplemente a lo que Dios no las ha llamado.

La realidad es que la evangelización es fundamental para la misión de Cristo y de hecho es el punto central de la obra de Dios en la creación. Si una persona no logra comprender la importancia de la evangelización, pierde por completo el enfoque del ministerio de Jesús, pues «el Hijo del Hombre vino a buscar ya salvar lo que se había perdido» (Lucas 19.10). La evangelización no es una cosa que los cristianos son llamados a hacer; es la tarea primaria. Todas las otras tareas son intermedias.

Por ejemplo, los cristianos buscan la santificación en todas las Ôreas de la vida a fin de que nuestro testimonio sea creíble por el mundo exterior. Cuando proclamamos las riquezas de Cristo, necesitamos poder mostrar al mundo incrédulo que personalmente apreciamos a Cristo por sobre este mundo. Nos negamos a robar, porque el complacer a Dios vale mÔs que cualquier cosa que podríamos tomar. Nos negamos a mentir, porque confiamos en la soberanía de Dios mÔs que en cualquier ficción que podríamos inventar. Oramos, porque sabemos que nada de valor es posible en esta vida sin la bendición de Dios. Toda nuestra santificación tiene como consecuencia hacer creíble nuestro reclamo de que Cristo tiene valor supremo.

AdemĆ”s, el ministerio pastoral no es un fin en sĆ­ mismo. En una iglesia sana, los pastores predican sermones expositivos; las personas escuchan y los ponen en prĆ”ctica, mientras que la iglesia madura. Pero todo esto no es de importancia final. La meta es que una iglesia sana comprenda el evangelio mĆ”s claramente y pueda proclamarlo mĆ”s poderosamente. Las iglesias generan oportunidades para el compaƱerismo y el cuidado de las necesidades los unos de los otros a fin de que el mundo conozca el amor de Dios por la forma en que los cristianos se aman entre sĆ­ (Juan 13.34–35). Todo esto en busca de la meta de propagar la gloria de Dios a mĆ”s y mĆ”s personas la evangelización (2 Corintios 4.15).

Cuando la evangelización es descuidada indica que hay una falta de comprensión del propósito de Dios en el mundo y en el plan de salvación. Desde la creación del hombre, la creencia global siempre ha sido el plan de Dios. Pero no fue sino hasta que JesĆŗs se levantó de la tumba que a los seguidores de Dios se les dijo que fueron por el mundo y difundieron las nuevas acerca de Ɖl. De hecho, una de las formas mĆ”s eficaces para aumentar su pasión para la evangelización es comprender cómo la evangelización encaja dentro de la obra de Dios en el mundo. Siempre ha sido su meta, pero hasta que la iglesia comenzó, Dios no le habĆ­a dado a su pueblo órdenes de marchar (junto con su EspĆ­ritu) para llevar el evangelio a cada tribu, lengua y nación.

George Peters explica que el llamado a evangelizar estĆ” engastado en el mismo centro de las Escrituras:

La Gran Comisión no es una orden aislada arbitrariamente impuesta al cristianismo. Es un resumen lógico y una efusión natural del carĆ”cter de Dios como Ɖl se revela en las Escrituras, del propósito y avance misionero de Dios tal como se deja ver en el Antiguo Testamento e históricamente encarnado en el llamado de Israel, de la vida, la teologĆ­a y la obra salvadora del Cristo tal como se revela en los Evangelios, de la naturaleza y obra del EspĆ­ritu Santo tal como lo predijo nuestro SeƱor y manifestado en PentecostĆ©s y en adelante, y de la naturaleza y diseƱo de la iglesia de Jesucristo tal como se ha hecho conocer en los Hechos de los apóstoles y las epĆ­stolas.

En otras palabras, si nuestras iglesias deben descubrir de nuevo la evangelización bíblica, debemos enfrentar las prioridades de Dios tal como se exponen en las Escrituras. Como Peters tan apropiadamente lo expresa, la Gran Comisión no es simplemente otra orden de las Escrituras para obedecer, es el mandato que le da vida a todos los otros mandatos dados a la iglesia.

LA EVANGELIZACIƓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Desde las primeras pÔginas de las Escrituras, todo se enfoca hacia el drama de la redención. Dios creó a las personas sin pecado, pero ellas pecaron. El pecado trajo enemistad entre Dios y su creación, pero Génesis 3 muestra que Dios iba a reconciliar a las personas consigo mismo. Aunque AdÔn y Eva se escondieron de Dios, ya Dios había decretado la manera para sacar a la humanidad de su escondite a una relación correcta con Dios mismo. Esto es el proto evangelio (el evangelio dado con antelación) y revela el corazón evangelístico de Dios.

La promesa misma estÔ envuelta en misterio. Dios dijo que habría una simiente, un descendiente de AdÔn, quien aplastaría la cabeza de SatanÔs (Génesis 3.15; Apocalipsis 12.9). Aunque esta simiente sería magullada por SatanÔs, no obstante, la esperanza se mantendría. Alguien, en algún momento, en algún lugar en el futuro, derrotaría a SatanÔs y restauraría la paz entre Dios y su creación.

Quién exactamente sería esta persona se mantendría como un misterio. Eva al parecer pensó que era Abel o tal vez Set (Génesis 4.25). El padre de Noé pudo haber pensado que podría ser su hijo (Génesis 5.29). Este misterio se agravó por los acontecimientos de Génesis 11. Antes de Babel, era concebible para Dios enviar a este hijo de AdÔn al mundo para derrotar a SatanÔs, y todo el mundo lo conocería. Pero después de los sucesos de la Torre de Babel, Dios separó a las naciones y confundió sus lenguas. Al esparcir a las naciones por todo el mundo y al confundir sus lenguas, Dios dio a conocer dos cosas: Las naciones no podrían comunicarse con facilidad y todas ellas seguirían su propio camino (Hechos 14.16).

Después de Génesis 11, la pregunta dejó de ser «¿quién serÔ este redentor prometido?» y se convirtió en «¿cómo se enterarÔn los otros?» Los teólogos se a referidos esta última pregunta como el problema de la universalidad de Dios. Si Yahvé es el Dios de todas las naciones, pero elige revelarse a sí mismo solo a una nación, ¿cómo llevaría esa nación las noticias de quién era el redentor a todas las demÔs naciones? Esta cuestión de la forma de difundir la nueva de Yahvé es la base del mandato divino para las misiones. Las personas se preguntaban cómo el Mesías futuro se comunicaría con las personas que no hablaban su idioma, seguían sus leyes o esperaban su venida.

Para complicar el asunto aún mÔs, Dios escogió y luego le prometió a un hombre, Abram, que él sería el principio de otra nación. Cuando el polvo de la Torre de Babel se desvaneció, ya Dios había vuelto su enfoque redentor hacia esta nación nueva que, a diferencia de las otras, no provenía de Babel, sino del pacto de Dios con Abram. Esta futura nación tendría un propósito único en el mundo, como su pueblo, les mostraría a las otras naciones el camino de regreso a Dios (Isaías 42.6; 51.4). A través de ellos mismos «benditas en ti todas las familias de la tierra» (Génesis 12.3).

De modo que la evangelización fue el fundamento de la nación de Israel. El objetivo final y el deseo del corazón de Dios en estas promesas, a AdÔn, Eva, Abram, era que el mundo entero fuera depositario de su bendición. Este tema global es tan penetrante a todo lo largo de Génesis que la bendición universal se reitera cinco veces en todo el libro (Génesis 12.3; 18.18; 22.18; 26.4; 28.14).

La identificación de Israel como la nación que produciría al Mesías Dijera una fase nueva en la misión de Dios para el mundo.

UNA LUZ PARA EL MUNDO

Israel fue la nación escogida de Dios. Aunque habĆ­a muchas razones para que Dios escogiera una nación; es decir, para producir al MesĆ­as (Romanos 9.5), para ser administradores de la ley (Romanos 9.4) y para revelar un Nuevo Pacto (Hebreos 8.6), una razón sobresale en el contexto de la evangelización: Dios escogió a una nación para que se convirtiera en un faro de luz para el mundo. Dios le habló a Israel mediante IsaĆ­as: Ā«Yo JehovĆ” te llamó en justicia, y te sostendrĆ© por la mano; te guardarĆ© y te pondrĆ© por pacto al pueblo, por luz de las naciones Ā»(IsaĆ­as 42.6). El diseƱo de Dios siempre ha sido que las naciones del mundo deberĆ­a escuchar acerca de su gloria y depositar su confianza en Ɖl. Su plan para la nación de Israel era que llevaran a cabo este designio al llevar el nombre de Dios y mostrar su gloria como un testimonio para el mundo.

El llamado de Abram no identificó quién exactamente sería el redentor prometido. En lugar de eso, esta promesa pasó a los patriarcas en Egipto. Durante su tiempo en Egipto los israelitas se convirtieron en una nación separada, y Dios les condujo a la tierra prometida de una manera dramÔtica que sirvió de testimonio del poder y la superioridad de Yahvé. Pero antes de que entraran en la tierra, ellos recibieron su ley y esta les explicado cómo debían llevar las nuevas de la gloria de Dios al mundo.

En este sentido, los israelitas llegaron a ser una luz para el mundo. Dios les dio sabidurƭa desde la TorƔ y debieron manifestarla. MoisƩs descrito esto para los israelitas antes de que cruzaran el JordƔn:

Mirad, yo os he enseƱado estatutos y decretos, como JehovĆ” mi Dios me mandó, para que hagĆ”is asĆ­ en medio de la tierra en el cual entrĆ”is para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabidurĆ­a y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirĆ”n todos estos estatutos, y dirĆ”n: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. Porque ĀæquĆ© nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo estĆ” JehovĆ” nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? (Deuteronomio 4.5–7)

La ley era tan gloriosa que, si los israelitas la obedecían, las naciones del mundo sabrían de esto y estarían asombradas. De este modo, las naciones que siguieron su propio camino desde Babel aprenderían de Dios y su infinita sabiduría por medio del testimonio de cómo los israelitas siguieron la TorÔ.

Christopher Wright explica esto: «Porque la misión última de Dios es traer la bendición a las naciones, como le prometió a Abraham», Dios eligió hacer que «por la existencia en el mundo de una comunidad que sería adiestrada para vivir según la manera del Señor en rectitud y justicia (éticas) ». Los judíos vivirían en forma diferente a las otras naciones y la meta de esta distinción era evangelística.

Esta función evangelĆ­stica de Israel explica por quĆ© inmediatamente antes de darles la ley, YahvĆ© le dijo a Israel que iba a hacerles Ā«un reino de sacerdotesĀ» (Ɖxodo 19.6). Esta exclusividad no quiere decir que todas las otras naciones de la tierra fueron rechazadas, sino mĆ”s bien que Israel serĆ­a la manera mediante la cual ellas recibirĆ­an el camino de regreso a Dios. AsĆ­ que Ā«este concepto de sacerdocio nacional tiene una dimensión misionera importante, pues pone a Israel en un papel dual en relación con Dios ya las naciones, y les da la función sacerdotal de ser el agente de la bendiciónĀ». En otras palabras, las naciones bendecidas al revelĆ”rseles Dios por medio de la nación de Israel.

Obviamente, mucho de la ley mosaica tuvo la función de diferenciar a los israelitas de las naciones circundantes, lo que resaltó la singularidad de sus mandatos. Las leyes dietéticas, las leyes del sÔbado judío, las leyes de la tierra, la circuncisión y aun las leyes prohibiendo la idolatría, todas intencionalmente diferenciaron a Israel de sus vecinos con el propósito de evangelización.

Para Israel, la evangelización significaba guardar la TorĆ”. De modo que todo el libro de Deuteronomio puede verso como Ā«un llamado urgente para la lealtad del pacto… encontrado en la obediencia Ć©tica prĆ”ctica… con miras a la influencia que esto traerĆ” en las nacionesĀ».

Interesantemente, a los israelitas nunca se les ordenó ir al mundo y predicar el evangelio. No estaban supuestos a ser misioneros en el sentido del Nuevo Testamento. MÔs bien, debieron permanecer en Israel y dar testimonio al mundo por guardar la TorÔ. La obediencia del pacto era su forma de evangelizar.

Puede decirse que los israelitas tuvieron su propia Gran Comisión (Deuteronomio 4), solo esta era un llamado a permanecer y obedecer en vez de ir y proclamar. Los teólogos se refieren a esto como «las misiones centrípetas». Este término comunica la idea que, en vez de esparcirse por todo el mundo, como los misioneros modernos harían, debían quedarse y atraer el mundo a ellos. En lugar del desparramamiento global, los israelitas mostrarían reunión global, al ser una luz para las naciones. Las naciones circundantes escucharían acerca de la grandeza de las leyes israelitas y fueron atraídas por Israel. Cuando vinieran a investigar la fuente de la sabiduría que los israelitas poseían, verían que esta sabiduría en última instancia provenía de Yahvé. En resumen, Israel, como un reino de sacerdotes y una luz para las naciones, formó «la esencia del Antiguo Testamento».

Por esto, tal como pienso Wright, Ā«la obediencia a la ley no era para el beneficio solo de Israel. Es una caracterĆ­stica seƱalada del Antiguo Testamento que Israel vivió ante los ojos de todo el mundo… y esta visibilidad de Israel fue parte de su papel e identidad teológica como el sacerdocio de YHWH entre las naciones Ā».

Sin embargo, con la posible excepción de la reina de Saba (1 Reyes 10), no hay un ejemplo en el Antiguo Testamento de gentiles siendo atraídos por Israel a causa de su obediencia del pacto. En lugar de eso, el Antiguo Testamento termina con Israel desplazado, el templo destruido y el misterio todavía sin resolverse: ¿quién sería ese redentor y cómo atraería el mundo a sí mismo?

EL MESƍAS PROMETIDO

Solo mediante el advenimiento del Mesías podría Israel posiblemente cumplir con su misión a

las naciones. En Isaías 49.6 Dios describe la misión del Mesías en la tierra como siendo «luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra». En otras palabras, Dios prometió que el Mesías vendría y sería esa luz para las naciones que se sostendría en la oscuridad de pecado. Juan llamó a Jesús la profetizada «luz del mundo» (Juan 8.12; 9.5; véase también a Juan 1.9; 3.19; 12.46).

JesĆŗs, por supuesto, vino como el cumplimiento de esa profecĆ­a mesiĆ”nica. Interesantemente, Ɖl no cumplió toda la profecĆ­a. Hay algunas promesas que se relacionan con la identidad nacional actual y polĆ­tica de Israel que aĆŗn estĆ”n por cumplirse (por ejemplo, Salmo 72.8–14; IsaĆ­as 9.6–7; JeremĆ­as 23.5; ZacarĆ­as 14.4–21). No obstante, JesĆŗs dio fe de que era aquel de quien hablaron las Escrituras (Mateo 11.3-5; Lucas 4.2; Juan 4.26).

De manera asombrosa, JesĆŗs no les dijo a sus seguidores que llevaran estas noticias a todo el mundo. En lugar de eso, les dijo lo contrario. Por ejemplo, despuĆ©s de sanar a un leproso, JesĆŗs le dijo al hombre: Ā«Mira, no lo digas a nadieĀ» (Mateo 8.4). Aun despuĆ©s de los discĆ­pulos finalmente darse cuenta de que ciertamente Ɖl era el Hijo de Dios y la simiente que aplastarĆ­a a SatanĆ”s y restaurarĆ­a a Israel, JesĆŗs Ā«mandó a sus discĆ­pulos que a nadie dijesen que Ć©l era JesĆŗs el CristoĀ» (Mateo 16.20) .

En algunos casos, este silencio era ordenado en la mÔs imposible de las circunstancias. Considere el milagro en DecÔpolis. Allí un gran número de personas le trajo a Jesús un hombre que era conocido por todos como un sordomudo. Jesús llevó aparte al hombre y sanó tanto su audición como su capacidad para hablar, entonces le ordenó a la multitud «que no lo dijesen a nadie» (Marcos 7.36). Por supuesto, Marcos señala: «pero cuanto mÔs les mandaba, tanto mÔs y mÔs lo divulgaban» ( v. 36b).

Otro ejemplo que encontramos en el libro de Lucas es particularmente asombroso. Lucas narra la historia de un lĆ­der de la sinagoga bien conocido, ciertamente un judĆ­o influyente cuyos asuntos familiares eran pĆŗblicos. Ɖl cayó a los pies de JesĆŗs y le rogó que sanara a su hija de doce aƱos. JesĆŗs comenzó a caminar hacia la casa del hombre y un gran nĆŗmero de personas se reunió para seguirlo. Mientras iban, un mensaje llegó que la hija habĆ­a muerto, y para cuando JesĆŗs y el autĆ©ntico desfile estar arribado a la casa del lĆ­der, habĆ­a ya plaƱideras profesionales lamentando.

Jesús echó a todo el mundo de la casa excepto a los padres. Entonces tomó a Pedro, a Jacobo ya Juan, los llevó adentro y resucitó a la niña. Luego «les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido» (Lucas 8.56) y se volvió caminando hacia la multitud. Se fue con sus discípulos, dejando a los padres que resolvieran qué decirles a los que vienen para el funeral.

Cuando a los testigos asombrados de los milagros imposibles se les instruía que no dijeran nada, la orden parecía contra intuitiva. Después de todo, si Jesús era el Mesías, ¿por qué no les decía a sus discípulos que llevaran el mensaje de sus señales y maravillas por todas partes? Sin embargo, Jesús explicado por qué no quería que las personas esparcieran las noticias de sus milagros: Los milagros no eran el mensaje. Aun después de algo tan tremendo como la transfiguración, Jesús les ordenó a los discípulos que guardaran silencio porque primero: «Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día »(Lucas 9.22). En otro sitio,

LA GRAN COMISIƓN

El evangelio no es el hecho que JesĆŗs es el MesĆ­as o Ɖl habrĆ­a enviado a sus discĆ­pulos mucho antes de cuando lo hizo. MĆ”s bien, el evangelio es la noticia que JesĆŗs es el MesĆ­as que fue crucificado en el lugar de los pecadores y entonces se levantó de los muertos al tercer dĆ­a. De modo que despuĆ©s de la crucifixión y la resurrección, las restricciones a los discĆ­pulos fueron quitadas. Recibieron instrucciones de esperar al EspĆ­ritu Santo para ser capacitados, y entonces iniciar un movimiento global que se esparcirĆ­a a todas las naciones. Es imposible exagerar la radicalidad de este concepto en la historia de la redención.

Ilustrando la importancia de esta orden para la evangelización, los cuatro Evangelios finalizan con alguna variación de la Gran Comisión (Mateo 28.18-20; Marcos 16.15; Lucas 24.46-47; Juan 20.21). De hecho, las últimas palabras terrenales de Jesús fueron otro encargo a los discípulos a ser «testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta el último de la tierra» (Hechos 1.8).

Nunca Dios le había mandado a alguno de sus seguidores que viviera una vida consumida por llevar las nuevas de redención hasta los confines del mundo. Los discípulos esperaban que Jesús restaurara el reino a Israel (Hechos 1.6) y, en su lugar, recibieron instrucciones de esperar. Sin embargo, mientras tanto, debían llevarle el reino de Dios a cada criatura.

En vez de levantar una nación mediante la obediencia del pacto para atraer las naciones del mundo a Dios por medio de sabiamente seguir la ley de Dios, el Nuevo Testamento llama a los cristianos a «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura »(Marcos 16.15). En contraste con la orden de Dios a la nación de Israel de permanecer y obedecer, Cristo ordenó a la iglesia a salir y proclamar el cuerpo nuevo, hecho de personas de cada nación.

En vez de usar la obediencia de una nación como una manera de atraer el mundo a Dios, la iglesia es llamada a atraer a las personas a Dios mediante el evangelio. Es por eso por lo que Pablo dice que no fue enviado a bautizar, «sino a predicar el evangelio» (1 Corintios 1.17). Pablo no llevó un mensaje de obediencia a un grupo de leyes como una manera de transformación global, como hizo Moisés en Deuteronomio 4. MÔs bien, él estuvo predicando a Cristo ya este crucificado (1 Corintios 1.23; 2.2).

Israel debió usar la obediencia a la TorÔ para crear una cultura tal que atrajera a los pueblos para que fueron salvos por la fe en Yahvé y su gloria. La iglesia, por su parte, debiera usar la vida sacrificial como fundamento para una invasión global de los pueblos proclamando el evangelio bello que atrae a las personas para ser salvas por la fe en el Dios glorioso. El fin es el mismo, pero el método misionero es distinto.

Este fue el plan de Dios desde el mismo comienzo (1 Pedro 1.20). Desde la promesa inicial en el huerto a AdÔn y Eva que tendrían una simiente que aplastaría a SatanÔs, a través de la dispersión de las naciones en Babel, por el llamado de Abraham y mediante la odisea de Israel, Dios estaba dirigiendo la historia redentora al punto de enviar a su Hijo al mundo como la luz del mundo. Ahora su pueblo debe llevar esa luz y atraer a ella a cada incrédulo en el planeta.

LAS IMPLICACIONES DE LA GRAN COMISIƓN EN LA EVANGELIZACIƓN

La apatía acerca de la evangelización es inexplicable por esta razón: La Gran Comisión no es simplemente una de tantas órdenes, sino que señala un cambio en la historia redentora. Decir que la muerte y la resurrección de Jesús es el punto principal de toda la historia es correcto, pero es solo la mitad de la verdad. El corolario es que el propósito de la vida desde ese momento en adelante debe ser glorificar a Dios a través de decirles a tantas personas como sea posible la verdad acerca de su Hijo.

Esta es exactamente la pasión que se describe en el Nuevo Testamento. Tan pronto como la iglesia comenzó, la narrativa de Hechos rastrea su crecimiento y expansión. Los creyentes por todas partes crecían en su fe y se volvieron ansiosos por propagar el evangelio. Después de que Pablo se convirtió, él y Bernabé se encontraron predicando en Antioquía por casi la ciudad entera, incluyendo tanto a gentiles como a judíos. Lucas escribe que Pablo y Bernabé se levantaron con audacia y le dijeron a la multitud: «Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra »(Hechos 13,47). Pablo se vio a sí mismo como el depositario de la Gran Comisión y también comprendió su lugar en la historia redentora. El resultado de su trabajo evangelístico audaz es notable:

En otro lugar, Pablo describe a un cristiano como alguien que es constreñido por el amor de Cristo para instar a otros a venir a la fe en Cristo (2 Corintios 5.14, 20). Pide prestado el lenguaje de Babel y se compara a sí mismo como un embajador, enviado por Dios, con el objeto de reconciliar a las naciones marginadas (2 Corintios 5.18-20). Vivió su vida soportando sufrimientos y aflicciones, todo con el propósito de llevar el nombre de Jesucristo a los lugares donde nadie había ido (Romanos 15.20).

El empuje evangelĆ­stico evidente en Pablo no era exclusivo de Ć©l, sino que es, de hecho, una seƱal de cualquier cristiano que correctamente comprende su lugar en la obra redentora de Dios. Es por eso por lo que Pedro explica que el propósito de la santificación es que un creyente estĆ© listo a evangelizar en cualquier momento. Ɖl escribe: Ā«sino santificad a Dios el SeƱor en vuestros corazones, y estad siempre preparado para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demanda razón de la esperanza que hay en vosotrosĀ» (1 Pedro 3.15).

Al ver que toda la historia redentora se construyó hacia la Gran Comisión resultante en una comprensión del imperativo de proclamar el evangelio y una legítima pasión por la evangelización. Solo cuando los creyentes obedezcan las órdenes de evangelizar serÔn verdaderamente imitadores del corazón de Dios para el mundo.

John MacArthur, La Evangelización. Cómo Compartir el Evangelio con Fidelidad ( Nashville, TN: Grupo Nelson, 2011), 21-33.

Convicción de Pecado

La Voz de CƩsar Vidal

Convicción de Pecado

Augustus Nicodemus


Augustus Nicodemus Gomes Lopes

Es pastor auxiliar de la Primera Iglesia Presbiteriana en Recife y vicepresidente del Consejo Supremo de la Iglesia Presbiteriana en Brasil. Tiene una licenciatura en teología del Seminario Presbiteriano del Norte, Recife, Brasil, una maestría en teología del Nuevo Testamento (ThM) de la Universidad Reformada de SudÔfrica y un PhD en interpretación bíblica del Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia.

37/41 – Matando la Ansiedad

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

37/41 – Matando la Ansiedad

Stephen Davey

Texto: Filipenses 4:6-7
Los cristianos no son inmunes a la ansiedad. Es por eso que en estos versículos el apóstol Pablo nos enseña a cómo lidiar con ella y así lograr vivir con la paz que solo viene de Dios, una paz que sobrepasa todo entendimiento.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Oculto a los sabios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Oculto a los sabios

Erik Raymond

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

Si nos sentamos en nuestra silla y contemplamos honestamente el alcance o influencia de la iglesia, terminamos algo desconcertados. Es claro que la agenda de Dios en y a través de la iglesia es exhibir Su infinita sabiduría: «A fin de que la infinita sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en las regiones celestiales» (Ef 3:10). Al mismo tiempo, hay muchas personas con impresionante influencia y habilidad que no son creyentes. ¿Alguna vez te has preguntado por qué Dios ha escogido pasar por alto a unos con tanto «potencial» para darle vida nueva a otros?

 Dios no necesita la sabidurĆ­a o el poder de los hombres para lucir bien.

Esto no desconcertó a JesĆŗs. De hecho, fue una oportunidad para Ɖl alabar en gran manera a Su Padre por tal demostración de sabidurĆ­a:

En aquel tiempo, hablando JesĆŗs, dijo: Te alabo, Padre, SeƱor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niƱos. SĆ­, Padre, porque asĆ­ fue de tu agrado (Mt 11:25–26).

En esta sección de Mateo, JesĆŗs nos permite asomarnos a Su clóset de oración para escuchar este hermoso diĆ”logo intratrinitario. Y al hacerlo, escuchamos a JesĆŗs darle gracias a Su Padre por la sabidurĆ­a de lo que ha decretado ocultar y revelar. Ɖl ha ocultado cosas a los sabios y se las ha revelado a los niƱos.

Las Ā«cosasĀ» que son ocultas o reveladas son el contenido de las enseƱanzas de JesĆŗs. Recordemos que Ɖl acababa de desatar una fuerte crĆ­tica a los lĆ­deres religiosos. Estos eran la gente sabia, estudiada y respetada de ese tiempo. El punto de apoyo para este juicio fue lo que ellos hicieron con Su enseƱanza. Ellos lo rechazaron a Ɖl y mostraron asĆ­ su necedad. Por otro lado, JesĆŗs estĆ” rodeado de Sus discĆ­pulos. Estos mismos discĆ­pulos probablemente serĆ­an etiquetados como marginados religiosos por las prestigiosas Ć©lites culturales. En un marcado contraste, los discĆ­pulos son los bebĆ©s, aquellos que reciben humildemente Su enseƱanza como un niƱo.

JesĆŗs estĆ” alabando a Dios por Su sabidurĆ­a tal como es visualizada en esta misma escena. Dios no necesita la sabidurĆ­a o el poder de los hombres para lucir bien. Ɖl mostrarĆ” Su sabidurĆ­a en la aparente necedad del mensaje y la manifestación de Su gracia (1 Co 1:18-31). Por supuesto, esto no significa que es imposible que las personas inteligentes se conviertan. A travĆ©s de la historia de la iglesia, Dios ha escogido mostrar Su gracia al salvar a toda clase de personas. Sin embargo, cuando Dios salva a alguien, nunca es por su sabidurĆ­a o sus logros, sino mĆ”s bien por su fe simple, como la de un niƱo, en la verdad del Evangelio.

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Erik Raymond
Erik Raymond

Erik Raymond es el pastor principal de Redeemer Fellowship Church en el Ć”rea metropolitana de Boston. Ɖl y su esposa Christie tienen seis hijos.

Jul 6 – Dios estĆ” trabajando

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 6 – Dios estĆ” trabajando

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/dios-esta-trabajando/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss tiene una palabra importante para aquellas que han olvidado la habilidad que Dios tiene para cambiar vidas.

Nancy Leigh DeMoss: Dios estĆ” obrando en tu vida . Dios estĆ” obrando en paĆ­ses de los que nunca has oĆ­do hablar y de los que no sabes nada. Dios estĆ” obrando en el mundo musulmĆ”n. Dios estĆ” obrando en la China. Dios estĆ” obrando en paĆ­ses pequeƱitos en los que el Evangelio estĆ” prohibido de manera oficial. Dios estĆ” obrando.

Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆ­n.

Imagina que le compraste un regalo a tu hijo. Y —mientras esperas el momento adecuado para dĆ”rselo— te suplica que se lo compres, como si dudara de que tienes la mejor de las intenciones, preguntĆ”ndose si lo has abandonado. ĀæAlguna vez te has dirigido a Dios como ese hijo?

Piénsalo al tiempo que Nancy continúa la serie llamada Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Alguna vez te han preguntado tus hijos «¿Mami, no me estĆ”s oyendo? Y tĆŗ les contestas, «¿te refieres a cuĆ”ntas veces te he escuchado hoy o cuĆ”ntas en el dĆ­a de ayer?Ā» Ā«No me estĆ”s escuchando. TĆŗ no me estĆ”s escuchandoĀ».

Ahora bien, también es cierto que tus hijos podrían decirte eso porque, verdaderamente, no los estÔs escuchando. Las madres tienen la capacidad de aislar lo que ocurre a su alrededor. De la misma forma, en algunas ocasiones sí los estÔs escuchando, pero lo que tus hijos realmente estÔn diciendo es esto: «mami, no me estÔs respondiendo lo que yo quiero que me respondas»; «No estÔs haciendo lo que quiero que hagas». Por lo que entonces preguntan «¿me estÔs oyendo?»

Algunas veces pensamos que porque Dios no ha hecho lo que queremos que Ɖl haga y lo que esperamos que Ɖl haga no nos estĆ” escuchando. Como esos niƱos decimos Ā«Dios no me estĆ”s oyendo?Ā» o «”No me estĆ”s oyendo!Ā»

Mientras estudiamos la primera parte del libro de Habacuc, vemos que Habacuc acusa a Dios de no estarlo escuchando, de no estar oyendo sus sĆŗplicas.

Pero —a medida que avanzamos en el pasaje de hoy, nos daremos cuenta de que Dios lo habĆ­a estado escuchando todo el tiempo. Y Dios respondió a las sĆŗplicas de su profeta. Dios no estaba callado.

El hecho de que Dios responde -y veremos lo que hace en el versƭculo 5 del capƭtulo 1- evidencia que Ɖl sƭ ha estado escuchando las oraciones de su profeta.

Habacuc empieza su historia, este intercambio, diciendo: «Señor, ¿cuÔnto mÔs tendré que suplicarte por las cosas que estÔn pasando a mi alrededor? ¿Por cuÔnto tiempo voy a seguir orando mientras Tú no haces nada? ¿Y por qué estÔs permitiendo que todas estas cosas sucedan? ¿Por qué toda esta lucha, violencia, discusión y destrucción entre tu pueblo? EstÔs viéndolo sin hacer nada. EstÔs viendo lo que pasa, y no haces nada al respecto. No parece que estés escuchando.»

Finalmente, en el versƭculo 5 del capƭtulo 1, Dios habla. DƩjame decirte, por cierto, como hemos dicho a lo largo de esta serie: espero que no estƩs splo oyƩndome enseƱar el libro de Habacuc. Espero que estƩs abriendo tu Biblia, leyƩndolo por ti misma, haciendo anotaciones, buscando patrones, tratando de entender lo que Dios estƔ diciendo.

Obtendrƭas muchƭsimo mƔs de la Biblia si la escudriƱas por ti misma. El Espƭritu Santo te enseƱarƭa cosas y aplicaciones del pasaje que quizƔs yo no he visto.

Ahora, en el versículo 5, Dios finalmente responde la oración de Habacuc. Y le dice a su servidor: «Mirad entre las naciones, observad, asombraos, admiraos, porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara».

Dios le dice Ā«Miren. Miren entre las nacionesĀ». Ese verbo mirar y el verbo observar en Hebreo estĆ”n en plural. Dios no sólo le estĆ” hablando a Habacuc. Ɖl le estĆ” hablando a todo Su pueblo, a la colectividad y les estĆ” diciendo Ā«Ustedes todosĀ». No sólo Habacuc, sino todos ustedes. Miren y observen.

El Señor le estÔ diciendo a sus siervos -Habacuc y a todo el pueblo- «Amplíen su perspectiva. Miren entre las naciones y observen». Dios les estÔ diciendo «La visión de ustedes no es lo suficientemente amplia. Ustedes han estado muy centrados en sus propias situaciones y circunstancias. Ustedes necesitan observar entre las naciones. Su perspectiva es demasiada estrecha».

Muy a menudo nosotros solo podemos ver un pedacito de todo el panorama. Vemos nuestra salud, nuestros problemas, nuestra familia, nuestra iglesia, nuestro paĆ­s, nuestras circunstancias; y nos vemos absortas en lo que nos estĆ” pasando a nosotras. ĀæSabes por quĆ©? porque vivimos como si todo se tratara de nosotras. Esa es nuestra perspectiva de la vida. Tenemos una perspectiva miope cuando estamos centradas en nosotras mismas. Todo se trata de lo que me estĆ© sucediendo a mĆ­. Todo se trata de cómo me afecta a mĆ­.

Pero lo que Dios estÔ diciendo es «Levanta los ojos y mira el panorama completo. No vivas tan absorta en tu situación personal».

Es mÔs, desafortunadamente, tenemos la tendencia de leer la Biblia de esa misma manera. Siempre vemos «lo que dice para mí». Y eso es algo bueno de preguntarnos. Queremos ver cómo se aplica en nuestras vidas. pero también queremos decir «Señor, ¿cómo lo que estÔs haciendo, o lo que estÔ sucediendo y lo que estÔs diciendo se aplica a tu plan cósmico del universo para darte gloria ante el mundo y ante las naciones?»

¿Qué tanto te preocupa esto? ¿Qué tanto énfasis y tiempo le dedicas cuando estÔs orando? ¿O es casi todo «mi familia, mi iglesia, mi situación, mi salud, mis necesidades, mi trabajo -mi, mi y mi? Lo que Dios estÔ diciendo es: «Tu mundo es muy pequeño. Mi corazón es para el mundo. Mira entre las naciones y observa».

A Dios le importa Su gloria y el destino de este planeta. Dios siempre estĆ” trabajando para llevar a cabo la inmensidad de sus propósitos. Lo que estĆ” pasando en nuestras vidas es un pedacito microscópico de un panorama mucho mĆ”s amplio. Y nos vamos a desencantar y a frustrar mientras mantengamos los ojos puestos solo en lo que estĆ” pasando a nuestro alrededor.

La pregunta que debemos hacer es «Señor, ¿cómo encaja esto en la totalidad de Tu panorama? ¿Cómo se acomoda en el todo? Dame la perspectiva». Mirad a las naciones y observad.

Luego dice Ā«asombraos, admiraosĀ». Si pudiĆ©ramos ver lo que Dios ve y supiĆ©ramos lo que Ɖl sabe, nos asombrarĆ­amos y admirarĆ­amos. La palabra asombraos habla de Ā«ensimismamiento, de estar estupefactasĀ». Nos asombrarĆ­amos si pudiĆ©ramos ver lo que Dios ve y saber lo que Dios sabe acerca de lo que estĆ” pasando en el mundo, pero desde Su punto de vista. La perspectiva de Dios es mucho mĆ”s grandiosa y diferente que la nuestra. Ā”Si pudiĆ©ramos tener ojos para ver!

ĀæRecuerdas al sirviente de Eliseo cuando vio la casa en la que ellos se hospedaban rodeada por el ejĆ©rcito Sirio… que se llenó de espanto de miedo? El Se asustó muchĆ­simo. Eliseo oró pidiendo Ā«Dios, abre sus ojos para que vea lo que en realidad estĆ” pasandoĀ». Y el sirviente vio los Ć”ngeles de Dios, los guerreros, las carrozas de fuego rodeando al enemigo (2 Reyes 6: 15-17, parafraseado)

Una vez el sirviente tuvo ojos para ver la realidad espiritual, ”quedó asombrado! No tuvo mÔs temor, ni desencanto ni depresión. Si pudiéramos ver la realidad espiritual como Dios la ve, nos maravillaríamos. Nos asombraríamos. Nos quedaríamos estupefactas y sin habla.

Ahora bien, esas dos palabritas «mira y observa, mirar y observar» -una vez mÔs, cuando estés estudiando las Escrituras busca las palabras que se repiten. En el libro de Habacuc es imposible obviar el hecho de que las palabras «mirar y observar o ver» se repiten muchas veces. De hecho, ”9 veces en los primeros 18 versículos! Mirad, observad, mirad, observad. ”Abre tus ojos!, es lo que dice Dios.

Tenemos que preguntarnos ¿Qué es lo que estamos viendo? ¿EstÔs obsesionada con tu propio mundo, o estÔs mirando entre las naciones para ver todo el panorama de lo que Dios estÔ haciendo?

Levanta tus ojos hacia arriba. Observa la mano de Dios en las cosas del mundo. Cuando leas las noticias en el Internet, las veas en la televisión o las escuches por la radio, no asumas que los periodistas saben lo que estÔ pasando. Ellos pueden relatarte los hechos aparentes, pero lo que no te pueden, ni te van a decir es «”¿Qué estÔ haciendo Dios en todo esto?!»

VerƔs, todos esos asuntos mundiales y toda la historia de la humanidad es -en realidad- la historia del plan redentor de Dios para este mundo. Es la imagen y la historia del reino de Dios y la gloria de Dios avanzando en nuestro mundo.

Por lo que cuando escuches acerca de guerras, hambre, peligros inminentes, tsunamis, huracanes, terremotos, plagas, problemas de trÔnsito o de lo que sea- que no te quepa duda de que Dios estÔ haciendo algo en este mundo para hacer avanzar Su reino, para promover Su gloria. Mira entre las naciones, mira y pregunta «¿Dios qué estÔs haciendo?»

PĆ­dele a Dios que te de ojos para ver desde Su ventajosa posición – para que veas a tu familia, tu iglesia, el vecindario, el mundo, el gobierno, otros paĆ­ses-para que los puedas ver desde la perspectiva de Dios.

Tengo a un amigo, Dick Eastman, que me viene a la mente en este momento. Ɖl es el lĆ­der de un gran ministerio internacional -uno de los ministerios mĆ”s grandes del mundo. Por muchos aƱos, dĆ©cadas, Dick Eastman ha orado todos los dĆ­as por 200 paĆ­ses y protectorados del mundo, con un mapa mundi, orando por cada paĆ­s y llamĆ”ndolo por su nombre. Nombres que ni siquiera puedo pronunciar, paĆ­ses que han sido puestos en el mapa desde que Ć©l ha estado orando.

Ɖl los presenta al SeƱor. Ɖl es un hombre que mira entre las naciones y observa. Ɖl dice Ā«Dios, ĀæquĆ© estĆ”s haciendo? Dios, que Tu Reino venga. Que Tu voluntad sea hecha en la tierra asĆ­ como se hace en el cieloĀ».

Ɖl, aunque ora por sus asuntos personales, no se centra solo en ellos. Ɖl ora por mĆ­. Ɖl ora por Aviva Nuestros Corazones. Ɖl ora por su familia. Ɖl tiene asuntos que le conciernen y ora por ellos, pero no limita sus oraciones a sus asuntos personales.

Al pensar en tu vida de oración, ¿estÔ debidamente balanceada? ¿EstÔs buscando entre las naciones? ¿EstÔs observando lo que Dios estÔ haciendo?

Hay un asunto con esto de ‘las naciones’ y la ‘tierra’. Esas son un par de palabras que se repiten a lo largo del libro de Habacuc. En trece ocasiones se hace referencia a las naciones o a la tierra. Dios quiere que sepamos que Su corazón es para el mundo. A Dios le importan las naciones. A Dios le importa la tierra. Hoy en dĆ­a, Dios estĆ” lidiando con las naciones de este mundo.

  • Vamos a ver en este libro la soberanĆ­a de Dios sobre las naciones.
  • Vamos a ver que Dios juzga a las naciones malvadas.
  • Pero Dios tiene un corazón compasivo y tiene misericordia y anhela que las naciones se arrepientan y vengan a los pies de Cristo.

Quiero tener un corazón como el de Dios para con el mundo. Recuerdo que cuando era niña tenía un corazón mÔs así que ahora. Mi familia solía tener un mapa mundi colgado en la pared de nuestro desayunador. Tenía fotos pagadas en el borde de los diferentes misioneros -a quienes mi familia apoyaba- y desde esas fotos salían hilos que los unían con los países en los que estaban esos misioneros trabajando. OrÔbamos por esos misioneros. Leíamos sus cartas. Mis padres querían que creciéramos con un corazón sensible al mundo.

Pero confieso que -algunas veces- solo me preocupo por mi mundo y el de nuestro ministerio. Una de las cosas que me retan -en el libro de Habacuc- es que necesito tener el corazón de Dios para con el mundo. «Miren entre las naciones y observen. Maravillense y quédense estupefactas».

¿Qué es lo que Dios quiere que Habacuc vea? Mira la segunda parte del versículo 5: «porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara». Dios le dice «Habacuc estoy trabajando en tu época y en tus días».

Si has escuchado las primeras sesiones de esta serie, sabrÔs que Habacuc se estaba quejando de que Dios no estaba haciendo nada. «Oh, Dios, por cuÔnto tiempo clamaré por ayuda y no vas a escucharme? ¿O gritarte «”Violencia!» y no salvas?» (1:2) Señor, ¿Por qué no haces nada?

Dios parecía ser indiferente. Dios parecía estar pasivo. Dios parecía estar inactivo. Y Dios le dice a Habacuc «Estoy trabajando en tus días. No estoy siendo pasivo. No estoy siendo indiferente. No estoy inactivo».

ĀæPodrĆ­a sugerirte que Dios estĆ” siempre trabajando? Dios nunca duerme. Nosotras dormimos. Pero Ɖl nunca estĆ” somnoliento ni duerme. Dios siempre estĆ” trabajando en cada tiempo, en cada circunstancia, en cada estación, en cada situación de la vida. Dios estĆ” trabajando en nuestros dĆ­as.

Desde que era niña, siempre he tenido una carga en mi corazón por el avivamiento de la iglesia. Y tengo que decir -desde mi perspectiva- que no estoy segura de estar cerca de que ahora suceda uno. Cuarenta años atrÔs empezó a ser una carga en mi corazón y aun ahora no veo gran diferencia.

Pero esa es solo mi perspectiva. Algunas veces, me quedo mirando las iglesias y pienso «Señor, nada bueno estÔ pasando, nada que evidencie Tu mano. ¿Por qué no lidias con la situaciones de estas iglesias, con esas «que dicen ser cristianas», pero viven como el mundo?»

Pero Dios dice «Mira. Abre tus ojos. Mira las realidades espirituales. Si no lo puedes ver con tus propios ojos, créelo por fe porque sí estoy trabajando en tus días. Dios siempre estÔ trabajando. Incluso cuando aparenta estar en silencio, pasivo o ausente. Incluso cuando no podemos ver lo que estÔ haciendo. Incluso cuando no sabemos lo que estÔ haciendo. Dios estÔ trabajando.

Esto se ha convertido en una de mis frases favoritas del libro de Habacuc: «Estoy trabajando en tus días.» Créelo por fe. Y veremos que en el libro de Habacuc, es la única forma de que encuentres paz en la vida. La única forma en la que tendrÔs gozo es si vives creyendo que lo que Dios ha dicho es verdad.

Ya sea que lo puedas ver o no, Dios estĆ” trabajando.

  • Ɖl estĆ” trabajando.
  • Ɖl no es pasivo.
  • Ɖl estĆ” presente.
  • Ɖl estĆ” activo.
  • Ɖl estĆ” comprometido.
  • Ɖl estĆ” involucrado.
  • Ɖl es soberano sobre las vidas y los asuntos de Su pueblo y los de este mundo. El hecho de que no lo podamos ver, no quiere decir que Ɖl no estĆ© trabajando.

JesĆŗs dijo en Juan capĆ­tulo 5 versĆ­culo 17, Ā«Hasta ahora mi Padre trabaja y yo tambiĆ©n trabajoĀ». Dios estĆ” trabajando. Y JesĆŗs estĆ” trabajando. Ɖl estĆ” edificando Su iglesia. Ɖl estĆ” forjando Su Reino. Ɖl estĆ” planificando y trabajando para mostrar Su gloria en la tierra. Y vamos a ver, cuando veamos Habacuc capĆ­tulo 2, que el dĆ­a llegarĆ” cuando la gloria de Dios llene y cubra la tierra asĆ­ como las aguas cubren los mares.

Dios estĆ” trabajando para ese dĆ­a. Su verdad estĆ” en marcha. Dios trabaja y Su trabajo es asombroso. Es sobrenatural. EstĆ” mĆ”s allĆ” de todo entendimiento humano. Por lo que el mensaje aquĆ­ es crĆ©elo dentro de tu corazón. Ten fe. AnĆ­mate. Dios estĆ” trabajando.

William Cowper fue un poeta y escritor de himnos del siglo XVIII. Ɖl fue un hombre interesante. Era amigo de John Newton y ambos sirvieron y trabajaron juntos en una iglesia de Olney, Inglaterra por muchos aƱos. Pero Cowper sufrió severas depresiones casi toda su vida. Ɖl trató de suicidarse y por momentos pensó en que iba a perder la cabeza. Ɖl tuvo una vida de altas y bajas.

Pero en sus momentos de mayor oscuridad escribió-en medio de lo que llamaríamos una enfermedad mental. No sé exactamente de lo que se trataba, pero -en esos períodos oscuros de su vida- afloraron las ideas mÔs asombrosas acerca del corazón y de los caminos de Dios.

William Cowper escribió un poema que quizÔs es familiar para algunas de ustedes, pensé en él mientras leía este pasaje de Habacuc que describe cómo Dios estÔ obrando en nuestros días, dice así:

«Dios se mueve de manera misteriosa» :

Dios se mueve de manera misteriosa

para realizar maravillas;

Sus huellas planta en el mar

cabalga sobre la tormenta.

En la profundidad inescrutable

El guarda destrezas y habilidades

Donde atesora sus brillantes diseƱos

Y obra Su soberana voluntad

Santos temerosos, cobrad nuevo valor;

las nubes que tanto temƩis

estƔn llenas de misericordia y se abrirƔn

con bendiciones sobre vuestras cabezas.

No juzguƩis al SeƱor con vuestros

dƩbiles sentidos,

sino confiad en Su gracia;

detrƔs de una providencia fruncido

Ɖl esconde un rostro sonriente.

Sus propósitos cumplira con rapidez,

Revelandose hora tras hora;

el capullo tendrĆ” amargo sabor,

mas dulce serĆ” la flor.

La fe ciega nos llevarĆ” al error,

Y en vano discernir su obra.

Dios es su propio intƩrprete y lo dejarƔ ver claramente.

(William Cowper. «God Moves in a Mysterious Way»)

Puedes ver aquí un corazón que tiene fe en que Dios siempre estÔ trabajando. Siempre se estÔ moviendo para llevar a cabo Sus santos, maravillosos y eternos propósitos sobre nuestras vidas en esta tierra.

Alguien me seƱaló recientemente uno de mis versĆ­culos favoritos, IsaĆ­as capĆ­tulo el 50 versĆ­culo 10, dice «¿QuiĆ©n hay entre vosotros que tema al SEƑOR, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz?

Ɖl estĆ” hablando de una persona que trata de agradar al SeƱor, que trata de servir al SeƱor, pero en un momento de la vida en el que no puede ver lo que estĆ” sucediendo.

No lo puedes descifrar. EstƔs, mƔs bien, confundida y sin respuestas.

¿Y cuÔl es la respuesta de Dios? ¿Qué debemos hacer? Confía en el nombre del Señor y en Su palabra. Caminamos por fe, no por vista.

El piloto de un avión no se guĆ­a por lo que ve. Ɖl confĆ­a en sus instrumentos. Incluso cuando no puede ver hacia dónde va y no puede ver lo que estĆ” sucediendo, Ć©l confĆ­a en sus instrumentos.

Confía en quien controla todos los instrumentos. Que no te quepa duda de que Dios estÔ trabajando en nuestros días. Dios estÔ trabajando en tu iglesia, independientemente de si las circunstancias son exasperantes o no. Dios estÔ trabajando en la vida de tu esposo cuando parece que él no le estÔ prestando atención a Dios, que no estÔ cambiando en lo absoluto, que no estÔ siendo sensible. Dios trabaja en tus días.

Dios estÔ trabajando en tus hijos universitarios aunque estén lejos de ti, no los puedas ver y te preguntas con quienes se estarÔn juntando. Recuerdo llevar al hijo de una amiga a la universidad -hace unos años atrÔs- dejarlo en el dormitorio que le correspondía, ver algunos carteles colgados en la pared y pensar «Oh, Dios, ¿cómo podemos dejar a este muchacho aquí?»

Y recuerdo orar como una loca cuando partĆ­ dejĆ”ndolo allĆ­. Ā«SeƱor, mantĆ©n el temor de Dios en ese joven mientras sus padres y amigos lo dejan en ese campusĀ». Dios estĆ” trabajando y Dios trabajó durante ese tiempo en el que estuvo en la universidad. Dios estĆ” trabajando. Cuando no lo puedes ver, cuando no puedes retener el control, cuando no puedes hacer que las cosas sucedan, Dios estĆ” trabajando. Ā«Estoy haciendo una obra en tus dĆ­asĀ».

Dios estƔ trabajando en tu comunidad. Dios estƔ trabajando en paƭses de los que nunca has oƭdo hablar y de los que no sabes nada. Dios estƔ trabajando en el mundo musulmƔn. Dios estƔ trabajando en China. Dios estƔ trabajando en paƭses pequeƱitos en los que el Evangelio estƔ prohibido de manera oficial. Dios estƔ trabajando.

«Yo estoy trabajando en esta época». Por lo que mira. Mira entre las naciones y observad. Maravíllate y sorpréndete. «Estoy trabajando en tus días y no lo creerías si te lo dijera».

Carmen: Nancy Leigh DeMoss va a regresar a orar con nosotras en un minuto. Basado en lo que hemos escuchado hoy, la respuesta a esa oración podrĆ­a no parecer lo que esperamos. Pero serĆ” una buena dĆ”diva de Su mano.

QuizÔs estÔs luchando con una oración sin contestar o las cosas no han salido como esperabas. ¿Podrías explorar el libro de Habacuc para que aprendas mÔs de la oración, el silencio y las respuestas inesperadas? Te darÔ una perspectiva cuando Dios no esté contestando tus oraciones. ProfundizarÔ en tu entendimiento de la adoración.

Si estuvieses escribiendo el guión de tu vida, ¿estaría desarrollÔndose como lo estÔ haciendo ahora? Aprende mañana acerca de cómo confiar en el autor de nuestra fe cuando Nancy continúe escudriñando el libro de Habacuc.

Ahora, Nancy nos va a guiar en oración.

Nancy: Padre cuanto te agradecemos el que estĆ©s trabajando en el hoy y ahora. Nunca cesas de glorificarte y redimir a este planeta y este mundo caĆ­do. Haces todas las cosas nuevas. EstĆ”s trabajando —indistintamente— en aquello que podemos ver y en lo que no podemos ver.

Por lo que ayúdanos, Señor cuando no podamos ver. Ayúdanos a confiar en que lo que has dicho es verdadero y que Tú siempre estÔs trabajando en aras de lograr tus propósitos para este mundo. Que esta realidad nos traiga gozo. Que esta realidad nos deje maravilladas y asombradas. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las AmƩricas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Hombre de poca fe

Marte 13 Octubre

Descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ”Señor, sÔlvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ”Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
Mateo 14:29-31

Hombre de poca fe

Reconozcamos que a menudo nosotros también merecemos este reproche lleno de amor que Jesús hizo a su discípulo Pedro. El fuerte viento de la prueba nos desestabiliza muchas veces. En esos momentos, recordemos cuatro verdades bÔsicas:

Primero, el SeƱor resucitado promete a los suyos: ā€œYo estoy con vosotros todos los dĆ­as, hasta el fin del mundoā€ (Mateo 28:20). En la expresión ā€œtodos los dĆ­asā€ estĆ”n incluidos, pues, los dĆ­as de prueba.

Segundo: ā€œA los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bienā€ (Romanos 8:28). Los acontecimientos que nos hacen llorar tambiĆ©n forman parte de ello.

Tercero: ā€œPor nada estĆ©is afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de graciasā€ (Filipenses 4:6). Por lo tanto, no hay ninguna necesidad que no podamos llevar al SeƱor. QuizĆ”s Ć©l no nos responda inmediatamente como nos gustarĆ­a, pero podemos estar seguros de que lo harĆ” a su tiempo y a su manera, y que mientras esperamos, la paz de Dios reinarĆ” en nuestro corazón.

Cuarto: recordemos que Ć©l es el ā€œDios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulacionesā€ (2 Corintios 1:3-4). En nuestras pruebas, los consuelos del SeƱor siempre serĆ”n muy abundantes.

Deuteronomio 7 – Juan 5:24-47 – Salmo 116:12-19 – Proverbios 25:8-10
Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch