El poder de la Gran Comisión
Alimentemos El Alma

Serie: La Evangelización
La meta global de Dios
El poder de la Gran Comisión
Jesse Johnson
La Gran Comisión es ciertamente la orden mĆ”s importante dada a los cristianos. Alguna variación de ella aparece en cada uno de los cuatro Evangelios y las Ćŗltimas palabras terrenales de JesĆŗs en el libro de Hechos son otra forma de este encargo. A pesar de estas repeticiones, a menudo se pasa por algo la naturaleza radical de la orden para la evangelización global. Ya en GĆ©nesis 3 Dios indicó que enviarĆa a un salvador al mundo, pero Dios no dejó que los creyentes fueran por todo el mundo con ese mensaje sino hasta despuĆ©s de la crucifixión y resurrección. La comprensión del Ā«por qué» de la Gran Comisión ayuda a desatar su poder.
Uno de los mĆ”s sobrios y escalofriantes encargos dado a los pastores con respecto a la evangelización se encuentra en las palabras finales de Pablo a Timoteo. En 2 Timoteo, Pablo ha advertido a su discĆpulo y compaƱero en el pastorado a que estĆ© listo para los dĆas malos. Se lo dijo asĆ: Ā«Porque vendrĆ” tiempo cuando no sufrirĆ”n la sana doctrinaĀ» (2 Timoteo 4.3). Pablo que Timoteo se fortaleciera para cuando experimentara el rechazo (v. 4), e incluso querĆa tener que enfrentar los mismos sufrimientos que tuvo que enfrentar Ć©l (v. 5).
Pablo le dijo a Timoteo que la solución se mantendrĆ” en aceptar la suficiencia de las Escrituras. Solo asĆ, puede el hombre de Dios ser Ā«perfecto, enteramente preparado para toda buena obraĀ» (2 Timoteo 3.17). A consecuencia de esto, Pablo tuvo un encargo severo para su recomendado: Ā«Te encarezco delante de Dios y del SeƱor Jesucristo, que juzgarĆ” a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabraĀ» (2 Timoteo 4.1 ā2a). Advierta cuĆ”n seria es esta orden. Pablo le dice: (1) ante Dios, (2) ante el SeƱor Jesucristo y (3) a consecuencia del juicio de los vivos y los muertos. Es difĆcil imaginarse cómo podrĆa haber hecho Pablo este encargo parecer mĆ”s serio de lo que es.
Pero Pablo no habĆa terminado. Timoteo no debĆa predicar solo, sino que Pablo tambiĆ©n le escribió que debĆa ser Ā«sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerioĀ» (v. 5). Timoteo podrĆa predicar todo lo que quisiera, pero si descuidaba hacer la obra de evangelizador no estarĆa cumpliendo lo que Dios querĆa que Ć©l hiciera.
Esta verdad, que la obra de la evangelización deberĆa ser central para cualquier ministerio, no se limita al ministerio de un pastor. Todos los cristianos son llamados a ser fieles al mandato de nuestro SeƱor de llevar el evangelio a cada persona. Pero es asombroso cuan a menudo la orden de evangelizar queda relegada a un segundo plano en la vida cristiana. Algunos hasta han caĆdo en un patrón de descuidar la orden de evangelizar durante prolongados perĆodos de tiempo, y aun he escuchado a personas decir que la evangelización es algo simplemente a lo que Dios no las ha llamado.
La realidad es que la evangelización es fundamental para la misión de Cristo y de hecho es el punto central de la obra de Dios en la creación. Si una persona no logra comprender la importancia de la evangelización, pierde por completo el enfoque del ministerio de JesĆŗs, pues Ā«el Hijo del Hombre vino a buscar ya salvar lo que se habĆa perdidoĀ» (Lucas 19.10). La evangelización no es una cosa que los cristianos son llamados a hacer; es la tarea primaria. Todas las otras tareas son intermedias.
Por ejemplo, los cristianos buscan la santificación en todas las Ć”reas de la vida a fin de que nuestro testimonio sea creĆble por el mundo exterior. Cuando proclamamos las riquezas de Cristo, necesitamos poder mostrar al mundo incrĆ©dulo que personalmente apreciamos a Cristo por sobre este mundo. Nos negamos a robar, porque el complacer a Dios vale mĆ”s que cualquier cosa que podrĆamos tomar. Nos negamos a mentir, porque confiamos en la soberanĆa de Dios mĆ”s que en cualquier ficción que podrĆamos inventar. Oramos, porque sabemos que nada de valor es posible en esta vida sin la bendición de Dios. Toda nuestra santificación tiene como consecuencia hacer creĆble nuestro reclamo de que Cristo tiene valor supremo.
AdemĆ”s, el ministerio pastoral no es un fin en sĆ mismo. En una iglesia sana, los pastores predican sermones expositivos; las personas escuchan y los ponen en prĆ”ctica, mientras que la iglesia madura. Pero todo esto no es de importancia final. La meta es que una iglesia sana comprenda el evangelio mĆ”s claramente y pueda proclamarlo mĆ”s poderosamente. Las iglesias generan oportunidades para el compaƱerismo y el cuidado de las necesidades los unos de los otros a fin de que el mundo conozca el amor de Dios por la forma en que los cristianos se aman entre sĆ (Juan 13.34ā35). Todo esto en busca de la meta de propagar la gloria de Dios a mĆ”s y mĆ”s personas la evangelización (2 Corintios 4.15).
Cuando la evangelización es descuidada indica que hay una falta de comprensión del propósito de Dios en el mundo y en el plan de salvación. Desde la creación del hombre, la creencia global siempre ha sido el plan de Dios. Pero no fue sino hasta que JesĆŗs se levantó de la tumba que a los seguidores de Dios se les dijo que fueron por el mundo y difundieron las nuevas acerca de Ćl. De hecho, una de las formas mĆ”s eficaces para aumentar su pasión para la evangelización es comprender cómo la evangelización encaja dentro de la obra de Dios en el mundo. Siempre ha sido su meta, pero hasta que la iglesia comenzó, Dios no le habĆa dado a su pueblo órdenes de marchar (junto con su EspĆritu) para llevar el evangelio a cada tribu, lengua y nación.
George Peters explica que el llamado a evangelizar estĆ” engastado en el mismo centro de las Escrituras:
La Gran Comisión no es una orden aislada arbitrariamente impuesta al cristianismo. Es un resumen lógico y una efusión natural del carĆ”cter de Dios como Ćl se revela en las Escrituras, del propósito y avance misionero de Dios tal como se deja ver en el Antiguo Testamento e históricamente encarnado en el llamado de Israel, de la vida, la teologĆa y la obra salvadora del Cristo tal como se revela en los Evangelios, de la naturaleza y obra del EspĆritu Santo tal como lo predijo nuestro SeƱor y manifestado en PentecostĆ©s y en adelante, y de la naturaleza y diseƱo de la iglesia de Jesucristo tal como se ha hecho conocer en los Hechos de los apóstoles y las epĆstolas.
En otras palabras, si nuestras iglesias deben descubrir de nuevo la evangelización bĆblica, debemos enfrentar las prioridades de Dios tal como se exponen en las Escrituras. Como Peters tan apropiadamente lo expresa, la Gran Comisión no es simplemente otra orden de las Escrituras para obedecer, es el mandato que le da vida a todos los otros mandatos dados a la iglesia.
LA EVANGELIZACIĆN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Desde las primeras pĆ”ginas de las Escrituras, todo se enfoca hacia el drama de la redención. Dios creó a las personas sin pecado, pero ellas pecaron. El pecado trajo enemistad entre Dios y su creación, pero GĆ©nesis 3 muestra que Dios iba a reconciliar a las personas consigo mismo. Aunque AdĆ”n y Eva se escondieron de Dios, ya Dios habĆa decretado la manera para sacar a la humanidad de su escondite a una relación correcta con Dios mismo. Esto es el proto evangelio (el evangelio dado con antelación) y revela el corazón evangelĆstico de Dios.
La promesa misma estĆ” envuelta en misterio. Dios dijo que habrĆa una simiente, un descendiente de AdĆ”n, quien aplastarĆa la cabeza de SatanĆ”s (GĆ©nesis 3.15; Apocalipsis 12.9). Aunque esta simiente serĆa magullada por SatanĆ”s, no obstante, la esperanza se mantendrĆa. Alguien, en algĆŗn momento, en algĆŗn lugar en el futuro, derrotarĆa a SatanĆ”s y restaurarĆa la paz entre Dios y su creación.
QuiĆ©n exactamente serĆa esta persona se mantendrĆa como un misterio. Eva al parecer pensó que era Abel o tal vez Set (GĆ©nesis 4.25). El padre de NoĆ© pudo haber pensado que podrĆa ser su hijo (GĆ©nesis 5.29). Este misterio se agravó por los acontecimientos de GĆ©nesis 11. Antes de Babel, era concebible para Dios enviar a este hijo de AdĆ”n al mundo para derrotar a SatanĆ”s, y todo el mundo lo conocerĆa. Pero despuĆ©s de los sucesos de la Torre de Babel, Dios separó a las naciones y confundió sus lenguas. Al esparcir a las naciones por todo el mundo y al confundir sus lenguas, Dios dio a conocer dos cosas: Las naciones no podrĆan comunicarse con facilidad y todas ellas seguirĆan su propio camino (Hechos 14.16).
DespuĆ©s de GĆ©nesis 11, la pregunta dejó de ser «¿quiĆ©n serĆ” este redentor prometido?Ā» y se convirtió en «¿cómo se enterarĆ”n los otros?Ā» Los teólogos se a referidos esta Ćŗltima pregunta como el problema de la universalidad de Dios. Si YahvĆ© es el Dios de todas las naciones, pero elige revelarse a sĆ mismo solo a una nación, Āæcómo llevarĆa esa nación las noticias de quiĆ©n era el redentor a todas las demĆ”s naciones? Esta cuestión de la forma de difundir la nueva de YahvĆ© es la base del mandato divino para las misiones. Las personas se preguntaban cómo el MesĆas futuro se comunicarĆa con las personas que no hablaban su idioma, seguĆan sus leyes o esperaban su venida.
Para complicar el asunto aĆŗn mĆ”s, Dios escogió y luego le prometió a un hombre, Abram, que Ć©l serĆa el principio de otra nación. Cuando el polvo de la Torre de Babel se desvaneció, ya Dios habĆa vuelto su enfoque redentor hacia esta nación nueva que, a diferencia de las otras, no provenĆa de Babel, sino del pacto de Dios con Abram. Esta futura nación tendrĆa un propósito Ćŗnico en el mundo, como su pueblo, les mostrarĆa a las otras naciones el camino de regreso a Dios (IsaĆas 42.6; 51.4). A travĆ©s de ellos mismos Ā«benditas en ti todas las familias de la tierraĀ» (GĆ©nesis 12.3).
De modo que la evangelización fue el fundamento de la nación de Israel. El objetivo final y el deseo del corazón de Dios en estas promesas, a AdÔn, Eva, Abram, era que el mundo entero fuera depositario de su bendición. Este tema global es tan penetrante a todo lo largo de Génesis que la bendición universal se reitera cinco veces en todo el libro (Génesis 12.3; 18.18; 22.18; 26.4; 28.14).
La identificación de Israel como la nación que producirĆa al MesĆas Dijera una fase nueva en la misión de Dios para el mundo.
UNA LUZ PARA EL MUNDO
Israel fue la nación escogida de Dios. Aunque habĆa muchas razones para que Dios escogiera una nación; es decir, para producir al MesĆas (Romanos 9.5), para ser administradores de la ley (Romanos 9.4) y para revelar un Nuevo Pacto (Hebreos 8.6), una razón sobresale en el contexto de la evangelización: Dios escogió a una nación para que se convirtiera en un faro de luz para el mundo. Dios le habló a Israel mediante IsaĆas: Ā«Yo JehovĆ” te llamó en justicia, y te sostendrĆ© por la mano; te guardarĆ© y te pondrĆ© por pacto al pueblo, por luz de las naciones Ā»(IsaĆas 42.6). El diseƱo de Dios siempre ha sido que las naciones del mundo deberĆa escuchar acerca de su gloria y depositar su confianza en Ćl. Su plan para la nación de Israel era que llevaran a cabo este designio al llevar el nombre de Dios y mostrar su gloria como un testimonio para el mundo.
El llamado de Abram no identificó quiĆ©n exactamente serĆa el redentor prometido. En lugar de eso, esta promesa pasó a los patriarcas en Egipto. Durante su tiempo en Egipto los israelitas se convirtieron en una nación separada, y Dios les condujo a la tierra prometida de una manera dramĆ”tica que sirvió de testimonio del poder y la superioridad de YahvĆ©. Pero antes de que entraran en la tierra, ellos recibieron su ley y esta les explicado cómo debĆan llevar las nuevas de la gloria de Dios al mundo.
En este sentido, los israelitas llegaron a ser una luz para el mundo. Dios les dio sabidurĆa desde la TorĆ” y debieron manifestarla. MoisĆ©s descrito esto para los israelitas antes de que cruzaran el JordĆ”n:
Mirad, yo os he enseƱado estatutos y decretos, como JehovĆ” mi Dios me mandó, para que hagĆ”is asĆ en medio de la tierra en el cual entrĆ”is para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabidurĆa y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirĆ”n todos estos estatutos, y dirĆ”n: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. Porque ĀæquĆ© nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo estĆ” JehovĆ” nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? (Deuteronomio 4.5ā7)
La ley era tan gloriosa que, si los israelitas la obedecĆan, las naciones del mundo sabrĆan de esto y estarĆan asombradas. De este modo, las naciones que siguieron su propio camino desde Babel aprenderĆan de Dios y su infinita sabidurĆa por medio del testimonio de cómo los israelitas siguieron la TorĆ”.
Christopher Wright explica esto: Ā«Porque la misión Ćŗltima de Dios es traer la bendición a las naciones, como le prometió a AbrahamĀ», Dios eligió hacer que Ā«por la existencia en el mundo de una comunidad que serĆa adiestrada para vivir segĆŗn la manera del SeƱor en rectitud y justicia (Ć©ticas) Ā». Los judĆos vivirĆan en forma diferente a las otras naciones y la meta de esta distinción era evangelĆstica.
Esta función evangelĆstica de Israel explica por quĆ© inmediatamente antes de darles la ley, YahvĆ© le dijo a Israel que iba a hacerles Ā«un reino de sacerdotesĀ» (Ćxodo 19.6). Esta exclusividad no quiere decir que todas las otras naciones de la tierra fueron rechazadas, sino mĆ”s bien que Israel serĆa la manera mediante la cual ellas recibirĆan el camino de regreso a Dios. AsĆ que Ā«este concepto de sacerdocio nacional tiene una dimensión misionera importante, pues pone a Israel en un papel dual en relación con Dios ya las naciones, y les da la función sacerdotal de ser el agente de la bendiciónĀ». En otras palabras, las naciones bendecidas al revelĆ”rseles Dios por medio de la nación de Israel.
Obviamente, mucho de la ley mosaica tuvo la función de diferenciar a los israelitas de las naciones circundantes, lo que resaltó la singularidad de sus mandatos. Las leyes dietĆ©ticas, las leyes del sĆ”bado judĆo, las leyes de la tierra, la circuncisión y aun las leyes prohibiendo la idolatrĆa, todas intencionalmente diferenciaron a Israel de sus vecinos con el propósito de evangelización.
Para Israel, la evangelización significaba guardar la TorÔ. De modo que todo el libro de Deuteronomio puede verso como «un llamado urgente para la lealtad del pacto⦠encontrado en la obediencia ética prÔctica⦠con miras a la influencia que esto traerÔ en las naciones».
Interesantemente, a los israelitas nunca se les ordenó ir al mundo y predicar el evangelio. No estaban supuestos a ser misioneros en el sentido del Nuevo Testamento. MÔs bien, debieron permanecer en Israel y dar testimonio al mundo por guardar la TorÔ. La obediencia del pacto era su forma de evangelizar.
Puede decirse que los israelitas tuvieron su propia Gran Comisión (Deuteronomio 4), solo esta era un llamado a permanecer y obedecer en vez de ir y proclamar. Los teólogos se refieren a esto como Ā«las misiones centrĆpetasĀ». Este tĆ©rmino comunica la idea que, en vez de esparcirse por todo el mundo, como los misioneros modernos harĆan, debĆan quedarse y atraer el mundo a ellos. En lugar del desparramamiento global, los israelitas mostrarĆan reunión global, al ser una luz para las naciones. Las naciones circundantes escucharĆan acerca de la grandeza de las leyes israelitas y fueron atraĆdas por Israel. Cuando vinieran a investigar la fuente de la sabidurĆa que los israelitas poseĆan, verĆan que esta sabidurĆa en Ćŗltima instancia provenĆa de YahvĆ©. En resumen, Israel, como un reino de sacerdotes y una luz para las naciones, formó Ā«la esencia del Antiguo TestamentoĀ».
Por esto, tal como pienso Wright, Ā«la obediencia a la ley no era para el beneficio solo de Israel. Es una caracterĆstica seƱalada del Antiguo Testamento que Israel vivió ante los ojos de todo el mundo⦠y esta visibilidad de Israel fue parte de su papel e identidad teológica como el sacerdocio de YHWH entre las naciones Ā».
Sin embargo, con la posible excepción de la reina de Saba (1 Reyes 10), no hay un ejemplo en el Antiguo Testamento de gentiles siendo atraĆdos por Israel a causa de su obediencia del pacto. En lugar de eso, el Antiguo Testamento termina con Israel desplazado, el templo destruido y el misterio todavĆa sin resolverse: ĀæquiĆ©n serĆa ese redentor y cómo atraerĆa el mundo a sĆ mismo?
EL MESĆAS PROMETIDO
Solo mediante el advenimiento del MesĆas podrĆa Israel posiblemente cumplir con su misión a
las naciones. En IsaĆas 49.6 Dios describe la misión del MesĆas en la tierra como siendo Ā«luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierraĀ». En otras palabras, Dios prometió que el MesĆas vendrĆa y serĆa esa luz para las naciones que se sostendrĆa en la oscuridad de pecado. Juan llamó a JesĆŗs la profetizada Ā«luz del mundoĀ» (Juan 8.12; 9.5; vĆ©ase tambiĆ©n a Juan 1.9; 3.19; 12.46).
JesĆŗs, por supuesto, vino como el cumplimiento de esa profecĆa mesiĆ”nica. Interesantemente, Ćl no cumplió toda la profecĆa. Hay algunas promesas que se relacionan con la identidad nacional actual y polĆtica de Israel que aĆŗn estĆ”n por cumplirse (por ejemplo, Salmo 72.8ā14; IsaĆas 9.6ā7; JeremĆas 23.5; ZacarĆas 14.4ā21). No obstante, JesĆŗs dio fe de que era aquel de quien hablaron las Escrituras (Mateo 11.3-5; Lucas 4.2; Juan 4.26).
De manera asombrosa, JesĆŗs no les dijo a sus seguidores que llevaran estas noticias a todo el mundo. En lugar de eso, les dijo lo contrario. Por ejemplo, despuĆ©s de sanar a un leproso, JesĆŗs le dijo al hombre: Ā«Mira, no lo digas a nadieĀ» (Mateo 8.4). Aun despuĆ©s de los discĆpulos finalmente darse cuenta de que ciertamente Ćl era el Hijo de Dios y la simiente que aplastarĆa a SatanĆ”s y restaurarĆa a Israel, JesĆŗs Ā«mandó a sus discĆpulos que a nadie dijesen que Ć©l era JesĆŗs el CristoĀ» (Mateo 16.20) .
En algunos casos, este silencio era ordenado en la mÔs imposible de las circunstancias. Considere el milagro en DecÔpolis. Allà un gran número de personas le trajo a Jesús un hombre que era conocido por todos como un sordomudo. Jesús llevó aparte al hombre y sanó tanto su audición como su capacidad para hablar, entonces le ordenó a la multitud «que no lo dijesen a nadie» (Marcos 7.36). Por supuesto, Marcos señala: «pero cuanto mÔs les mandaba, tanto mÔs y mÔs lo divulgaban» ( v. 36b).
Otro ejemplo que encontramos en el libro de Lucas es particularmente asombroso. Lucas narra la historia de un lĆder de la sinagoga bien conocido, ciertamente un judĆo influyente cuyos asuntos familiares eran pĆŗblicos. Ćl cayó a los pies de JesĆŗs y le rogó que sanara a su hija de doce aƱos. JesĆŗs comenzó a caminar hacia la casa del hombre y un gran nĆŗmero de personas se reunió para seguirlo. Mientras iban, un mensaje llegó que la hija habĆa muerto, y para cuando JesĆŗs y el autĆ©ntico desfile estar arribado a la casa del lĆder, habĆa ya plaƱideras profesionales lamentando.
JesĆŗs echó a todo el mundo de la casa excepto a los padres. Entonces tomó a Pedro, a Jacobo ya Juan, los llevó adentro y resucitó a la niƱa. Luego Ā«les mandó que a nadie dijesen lo que habĆa sucedidoĀ» (Lucas 8.56) y se volvió caminando hacia la multitud. Se fue con sus discĆpulos, dejando a los padres que resolvieran quĆ© decirles a los que vienen para el funeral.
Cuando a los testigos asombrados de los milagros imposibles se les instruĆa que no dijeran nada, la orden parecĆa contra intuitiva. DespuĆ©s de todo, si JesĆŗs era el MesĆas, Āæpor quĆ© no les decĆa a sus discĆpulos que llevaran el mensaje de sus seƱales y maravillas por todas partes? Sin embargo, JesĆŗs explicado por quĆ© no querĆa que las personas esparcieran las noticias de sus milagros: Los milagros no eran el mensaje. Aun despuĆ©s de algo tan tremendo como la transfiguración, JesĆŗs les ordenó a los discĆpulos que guardaran silencio porque primero: Ā«Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer dĆa Ā»(Lucas 9.22). En otro sitio,
LA GRAN COMISIĆN
El evangelio no es el hecho que JesĆŗs es el MesĆas o Ćl habrĆa enviado a sus discĆpulos mucho antes de cuando lo hizo. MĆ”s bien, el evangelio es la noticia que JesĆŗs es el MesĆas que fue crucificado en el lugar de los pecadores y entonces se levantó de los muertos al tercer dĆa. De modo que despuĆ©s de la crucifixión y la resurrección, las restricciones a los discĆpulos fueron quitadas. Recibieron instrucciones de esperar al EspĆritu Santo para ser capacitados, y entonces iniciar un movimiento global que se esparcirĆa a todas las naciones. Es imposible exagerar la radicalidad de este concepto en la historia de la redención.
Ilustrando la importancia de esta orden para la evangelización, los cuatro Evangelios finalizan con alguna variación de la Gran Comisión (Mateo 28.18-20; Marcos 16.15; Lucas 24.46-47; Juan 20.21). De hecho, las Ćŗltimas palabras terrenales de JesĆŗs fueron otro encargo a los discĆpulos a ser Ā«testigos en JerusalĆ©n, en toda Judea, en Samaria, y hasta el Ćŗltimo de la tierraĀ» (Hechos 1.8).
Nunca Dios le habĆa mandado a alguno de sus seguidores que viviera una vida consumida por llevar las nuevas de redención hasta los confines del mundo. Los discĆpulos esperaban que JesĆŗs restaurara el reino a Israel (Hechos 1.6) y, en su lugar, recibieron instrucciones de esperar. Sin embargo, mientras tanto, debĆan llevarle el reino de Dios a cada criatura.
En vez de levantar una nación mediante la obediencia del pacto para atraer las naciones del mundo a Dios por medio de sabiamente seguir la ley de Dios, el Nuevo Testamento llama a los cristianos a «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura »(Marcos 16.15). En contraste con la orden de Dios a la nación de Israel de permanecer y obedecer, Cristo ordenó a la iglesia a salir y proclamar el cuerpo nuevo, hecho de personas de cada nación.
En vez de usar la obediencia de una nación como una manera de atraer el mundo a Dios, la iglesia es llamada a atraer a las personas a Dios mediante el evangelio. Es por eso por lo que Pablo dice que no fue enviado a bautizar, «sino a predicar el evangelio» (1 Corintios 1.17). Pablo no llevó un mensaje de obediencia a un grupo de leyes como una manera de transformación global, como hizo Moisés en Deuteronomio 4. MÔs bien, él estuvo predicando a Cristo ya este crucificado (1 Corintios 1.23; 2.2).
Israel debió usar la obediencia a la TorÔ para crear una cultura tal que atrajera a los pueblos para que fueron salvos por la fe en Yahvé y su gloria. La iglesia, por su parte, debiera usar la vida sacrificial como fundamento para una invasión global de los pueblos proclamando el evangelio bello que atrae a las personas para ser salvas por la fe en el Dios glorioso. El fin es el mismo, pero el método misionero es distinto.
Este fue el plan de Dios desde el mismo comienzo (1 Pedro 1.20). Desde la promesa inicial en el huerto a AdĆ”n y Eva que tendrĆan una simiente que aplastarĆa a SatanĆ”s, a travĆ©s de la dispersión de las naciones en Babel, por el llamado de Abraham y mediante la odisea de Israel, Dios estaba dirigiendo la historia redentora al punto de enviar a su Hijo al mundo como la luz del mundo. Ahora su pueblo debe llevar esa luz y atraer a ella a cada incrĆ©dulo en el planeta.
LAS IMPLICACIONES DE LA GRAN COMISIĆN EN LA EVANGELIZACIĆN
La apatĆa acerca de la evangelización es inexplicable por esta razón: La Gran Comisión no es simplemente una de tantas órdenes, sino que seƱala un cambio en la historia redentora. Decir que la muerte y la resurrección de JesĆŗs es el punto principal de toda la historia es correcto, pero es solo la mitad de la verdad. El corolario es que el propósito de la vida desde ese momento en adelante debe ser glorificar a Dios a travĆ©s de decirles a tantas personas como sea posible la verdad acerca de su Hijo.
Esta es exactamente la pasión que se describe en el Nuevo Testamento. Tan pronto como la iglesia comenzó, la narrativa de Hechos rastrea su crecimiento y expansión. Los creyentes por todas partes crecĆan en su fe y se volvieron ansiosos por propagar el evangelio. DespuĆ©s de que Pablo se convirtió, Ć©l y BernabĆ© se encontraron predicando en AntioquĆa por casi la ciudad entera, incluyendo tanto a gentiles como a judĆos. Lucas escribe que Pablo y BernabĆ© se levantaron con audacia y le dijeron a la multitud: Ā«Porque asĆ nos ha mandado el SeƱor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo Ćŗltimo de la tierra Ā»(Hechos 13,47). Pablo se vio a sĆ mismo como el depositario de la Gran Comisión y tambiĆ©n comprendió su lugar en la historia redentora. El resultado de su trabajo evangelĆstico audaz es notable:
En otro lugar, Pablo describe a un cristiano como alguien que es constreƱido por el amor de Cristo para instar a otros a venir a la fe en Cristo (2 Corintios 5.14, 20). Pide prestado el lenguaje de Babel y se compara a sĆ mismo como un embajador, enviado por Dios, con el objeto de reconciliar a las naciones marginadas (2 Corintios 5.18-20). Vivió su vida soportando sufrimientos y aflicciones, todo con el propósito de llevar el nombre de Jesucristo a los lugares donde nadie habĆa ido (Romanos 15.20).
El empuje evangelĆstico evidente en Pablo no era exclusivo de Ć©l, sino que es, de hecho, una seƱal de cualquier cristiano que correctamente comprende su lugar en la obra redentora de Dios. Es por eso por lo que Pedro explica que el propósito de la santificación es que un creyente estĆ© listo a evangelizar en cualquier momento. Ćl escribe: Ā«sino santificad a Dios el SeƱor en vuestros corazones, y estad siempre preparado para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demanda razón de la esperanza que hay en vosotrosĀ» (1 Pedro 3.15).
Al ver que toda la historia redentora se construyó hacia la Gran Comisión resultante en una comprensión del imperativo de proclamar el evangelio y una legĆtima pasión por la evangelización. Solo cuando los creyentes obedezcan las órdenes de evangelizar serĆ”n verdaderamente imitadores del corazón de Dios para el mundo.
John MacArthur, La Evangelización. Cómo Compartir el Evangelio con Fidelidad ( Nashville, TN: Grupo Nelson, 2011), 21-33.




