El poder de la Gran Comisión

Alimentemos El Alma

Serie: La Evangelización

La meta global de Dios

El poder de la Gran Comisión

Jesse Johnson

La Gran Comisión es ciertamente la orden más importante dada a los cristianos. Alguna variación de ella aparece en cada uno de los cuatro Evangelios y las últimas palabras terrenales de Jesús en el libro de Hechos son otra forma de este encargo. A pesar de estas repeticiones, a menudo se pasa por algo la naturaleza radical de la orden para la evangelización global. Ya en Génesis 3 Dios indicó que enviaría a un salvador al mundo, pero Dios no dejó que los creyentes fueran por todo el mundo con ese mensaje sino hasta después de la crucifixión y resurrección. La comprensión del «por qué» de la Gran Comisión ayuda a desatar su poder.

Uno de los más sobrios y escalofriantes encargos dado a los pastores con respecto a la evangelización se encuentra en las palabras finales de Pablo a Timoteo. En 2 Timoteo, Pablo ha advertido a su discípulo y compañero en el pastorado a que esté listo para los días malos. Se lo dijo así: «Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina» (2 Timoteo 4.3). Pablo que Timoteo se fortaleciera para cuando experimentara el rechazo (v. 4), e incluso quería tener que enfrentar los mismos sufrimientos que tuvo que enfrentar él (v. 5).

Pablo le dijo a Timoteo que la solución se mantendrá en aceptar la suficiencia de las Escrituras. Solo así, puede el hombre de Dios ser «perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Timoteo 3.17). A consecuencia de esto, Pablo tuvo un encargo severo para su recomendado: «Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra» (2 Timoteo 4.1 –2a). Advierta cuán seria es esta orden. Pablo le dice: (1) ante Dios, (2) ante el Señor Jesucristo y (3) a consecuencia del juicio de los vivos y los muertos. Es difícil imaginarse cómo podría haber hecho Pablo este encargo parecer más serio de lo que es.

Pero Pablo no había terminado. Timoteo no debía predicar solo, sino que Pablo también le escribió que debía ser «sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio» (v. 5). Timoteo podría predicar todo lo que quisiera, pero si descuidaba hacer la obra de evangelizador no estaría cumpliendo lo que Dios quería que él hiciera.

Esta verdad, que la obra de la evangelización debería ser central para cualquier ministerio, no se limita al ministerio de un pastor. Todos los cristianos son llamados a ser fieles al mandato de nuestro Señor de llevar el evangelio a cada persona. Pero es asombroso cuan a menudo la orden de evangelizar queda relegada a un segundo plano en la vida cristiana. Algunos hasta han caído en un patrón de descuidar la orden de evangelizar durante prolongados períodos de tiempo, y aun he escuchado a personas decir que la evangelización es algo simplemente a lo que Dios no las ha llamado.

La realidad es que la evangelización es fundamental para la misión de Cristo y de hecho es el punto central de la obra de Dios en la creación. Si una persona no logra comprender la importancia de la evangelización, pierde por completo el enfoque del ministerio de Jesús, pues «el Hijo del Hombre vino a buscar ya salvar lo que se había perdido» (Lucas 19.10). La evangelización no es una cosa que los cristianos son llamados a hacer; es la tarea primaria. Todas las otras tareas son intermedias.

Por ejemplo, los cristianos buscan la santificación en todas las áreas de la vida a fin de que nuestro testimonio sea creíble por el mundo exterior. Cuando proclamamos las riquezas de Cristo, necesitamos poder mostrar al mundo incrédulo que personalmente apreciamos a Cristo por sobre este mundo. Nos negamos a robar, porque el complacer a Dios vale más que cualquier cosa que podríamos tomar. Nos negamos a mentir, porque confiamos en la soberanía de Dios más que en cualquier ficción que podríamos inventar. Oramos, porque sabemos que nada de valor es posible en esta vida sin la bendición de Dios. Toda nuestra santificación tiene como consecuencia hacer creíble nuestro reclamo de que Cristo tiene valor supremo.

Además, el ministerio pastoral no es un fin en sí mismo. En una iglesia sana, los pastores predican sermones expositivos; las personas escuchan y los ponen en práctica, mientras que la iglesia madura. Pero todo esto no es de importancia final. La meta es que una iglesia sana comprenda el evangelio más claramente y pueda proclamarlo más poderosamente. Las iglesias generan oportunidades para el compañerismo y el cuidado de las necesidades los unos de los otros a fin de que el mundo conozca el amor de Dios por la forma en que los cristianos se aman entre sí (Juan 13.34–35). Todo esto en busca de la meta de propagar la gloria de Dios a más y más personas la evangelización (2 Corintios 4.15).

Cuando la evangelización es descuidada indica que hay una falta de comprensión del propósito de Dios en el mundo y en el plan de salvación. Desde la creación del hombre, la creencia global siempre ha sido el plan de Dios. Pero no fue sino hasta que Jesús se levantó de la tumba que a los seguidores de Dios se les dijo que fueron por el mundo y difundieron las nuevas acerca de Él. De hecho, una de las formas más eficaces para aumentar su pasión para la evangelización es comprender cómo la evangelización encaja dentro de la obra de Dios en el mundo. Siempre ha sido su meta, pero hasta que la iglesia comenzó, Dios no le había dado a su pueblo órdenes de marchar (junto con su Espíritu) para llevar el evangelio a cada tribu, lengua y nación.

George Peters explica que el llamado a evangelizar está engastado en el mismo centro de las Escrituras:

La Gran Comisión no es una orden aislada arbitrariamente impuesta al cristianismo. Es un resumen lógico y una efusión natural del carácter de Dios como Él se revela en las Escrituras, del propósito y avance misionero de Dios tal como se deja ver en el Antiguo Testamento e históricamente encarnado en el llamado de Israel, de la vida, la teología y la obra salvadora del Cristo tal como se revela en los Evangelios, de la naturaleza y obra del Espíritu Santo tal como lo predijo nuestro Señor y manifestado en Pentecostés y en adelante, y de la naturaleza y diseño de la iglesia de Jesucristo tal como se ha hecho conocer en los Hechos de los apóstoles y las epístolas.

En otras palabras, si nuestras iglesias deben descubrir de nuevo la evangelización bíblica, debemos enfrentar las prioridades de Dios tal como se exponen en las Escrituras. Como Peters tan apropiadamente lo expresa, la Gran Comisión no es simplemente otra orden de las Escrituras para obedecer, es el mandato que le da vida a todos los otros mandatos dados a la iglesia.

LA EVANGELIZACIÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Desde las primeras páginas de las Escrituras, todo se enfoca hacia el drama de la redención. Dios creó a las personas sin pecado, pero ellas pecaron. El pecado trajo enemistad entre Dios y su creación, pero Génesis 3 muestra que Dios iba a reconciliar a las personas consigo mismo. Aunque Adán y Eva se escondieron de Dios, ya Dios había decretado la manera para sacar a la humanidad de su escondite a una relación correcta con Dios mismo. Esto es el proto evangelio (el evangelio dado con antelación) y revela el corazón evangelístico de Dios.

La promesa misma está envuelta en misterio. Dios dijo que habría una simiente, un descendiente de Adán, quien aplastaría la cabeza de Satanás (Génesis 3.15; Apocalipsis 12.9). Aunque esta simiente sería magullada por Satanás, no obstante, la esperanza se mantendría. Alguien, en algún momento, en algún lugar en el futuro, derrotaría a Satanás y restauraría la paz entre Dios y su creación.

Quién exactamente sería esta persona se mantendría como un misterio. Eva al parecer pensó que era Abel o tal vez Set (Génesis 4.25). El padre de Noé pudo haber pensado que podría ser su hijo (Génesis 5.29). Este misterio se agravó por los acontecimientos de Génesis 11. Antes de Babel, era concebible para Dios enviar a este hijo de Adán al mundo para derrotar a Satanás, y todo el mundo lo conocería. Pero después de los sucesos de la Torre de Babel, Dios separó a las naciones y confundió sus lenguas. Al esparcir a las naciones por todo el mundo y al confundir sus lenguas, Dios dio a conocer dos cosas: Las naciones no podrían comunicarse con facilidad y todas ellas seguirían su propio camino (Hechos 14.16).

Después de Génesis 11, la pregunta dejó de ser «¿quién será este redentor prometido?» y se convirtió en «¿cómo se enterarán los otros?» Los teólogos se a referidos esta última pregunta como el problema de la universalidad de Dios. Si Yahvé es el Dios de todas las naciones, pero elige revelarse a sí mismo solo a una nación, ¿cómo llevaría esa nación las noticias de quién era el redentor a todas las demás naciones? Esta cuestión de la forma de difundir la nueva de Yahvé es la base del mandato divino para las misiones. Las personas se preguntaban cómo el Mesías futuro se comunicaría con las personas que no hablaban su idioma, seguían sus leyes o esperaban su venida.

Para complicar el asunto aún más, Dios escogió y luego le prometió a un hombre, Abram, que él sería el principio de otra nación. Cuando el polvo de la Torre de Babel se desvaneció, ya Dios había vuelto su enfoque redentor hacia esta nación nueva que, a diferencia de las otras, no provenía de Babel, sino del pacto de Dios con Abram. Esta futura nación tendría un propósito único en el mundo, como su pueblo, les mostraría a las otras naciones el camino de regreso a Dios (Isaías 42.6; 51.4). A través de ellos mismos «benditas en ti todas las familias de la tierra» (Génesis 12.3).

De modo que la evangelización fue el fundamento de la nación de Israel. El objetivo final y el deseo del corazón de Dios en estas promesas, a Adán, Eva, Abram, era que el mundo entero fuera depositario de su bendición. Este tema global es tan penetrante a todo lo largo de Génesis que la bendición universal se reitera cinco veces en todo el libro (Génesis 12.3; 18.18; 22.18; 26.4; 28.14).

La identificación de Israel como la nación que produciría al Mesías Dijera una fase nueva en la misión de Dios para el mundo.

UNA LUZ PARA EL MUNDO

Israel fue la nación escogida de Dios. Aunque había muchas razones para que Dios escogiera una nación; es decir, para producir al Mesías (Romanos 9.5), para ser administradores de la ley (Romanos 9.4) y para revelar un Nuevo Pacto (Hebreos 8.6), una razón sobresale en el contexto de la evangelización: Dios escogió a una nación para que se convirtiera en un faro de luz para el mundo. Dios le habló a Israel mediante Isaías: «Yo Jehová te llamó en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones »(Isaías 42.6). El diseño de Dios siempre ha sido que las naciones del mundo debería escuchar acerca de su gloria y depositar su confianza en Él. Su plan para la nación de Israel era que llevaran a cabo este designio al llevar el nombre de Dios y mostrar su gloria como un testimonio para el mundo.

El llamado de Abram no identificó quién exactamente sería el redentor prometido. En lugar de eso, esta promesa pasó a los patriarcas en Egipto. Durante su tiempo en Egipto los israelitas se convirtieron en una nación separada, y Dios les condujo a la tierra prometida de una manera dramática que sirvió de testimonio del poder y la superioridad de Yahvé. Pero antes de que entraran en la tierra, ellos recibieron su ley y esta les explicado cómo debían llevar las nuevas de la gloria de Dios al mundo.

En este sentido, los israelitas llegaron a ser una luz para el mundo. Dios les dio sabiduría desde la Torá y debieron manifestarla. Moisés descrito esto para los israelitas antes de que cruzaran el Jordán:

Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en el cual entráis para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? (Deuteronomio 4.5–7)

La ley era tan gloriosa que, si los israelitas la obedecían, las naciones del mundo sabrían de esto y estarían asombradas. De este modo, las naciones que siguieron su propio camino desde Babel aprenderían de Dios y su infinita sabiduría por medio del testimonio de cómo los israelitas siguieron la Torá.

Christopher Wright explica esto: «Porque la misión última de Dios es traer la bendición a las naciones, como le prometió a Abraham», Dios eligió hacer que «por la existencia en el mundo de una comunidad que sería adiestrada para vivir según la manera del Señor en rectitud y justicia (éticas) ». Los judíos vivirían en forma diferente a las otras naciones y la meta de esta distinción era evangelística.

Esta función evangelística de Israel explica por qué inmediatamente antes de darles la ley, Yahvé le dijo a Israel que iba a hacerles «un reino de sacerdotes» (Éxodo 19.6). Esta exclusividad no quiere decir que todas las otras naciones de la tierra fueron rechazadas, sino más bien que Israel sería la manera mediante la cual ellas recibirían el camino de regreso a Dios. Así que «este concepto de sacerdocio nacional tiene una dimensión misionera importante, pues pone a Israel en un papel dual en relación con Dios ya las naciones, y les da la función sacerdotal de ser el agente de la bendición». En otras palabras, las naciones bendecidas al revelárseles Dios por medio de la nación de Israel.

Obviamente, mucho de la ley mosaica tuvo la función de diferenciar a los israelitas de las naciones circundantes, lo que resaltó la singularidad de sus mandatos. Las leyes dietéticas, las leyes del sábado judío, las leyes de la tierra, la circuncisión y aun las leyes prohibiendo la idolatría, todas intencionalmente diferenciaron a Israel de sus vecinos con el propósito de evangelización.

Para Israel, la evangelización significaba guardar la Torá. De modo que todo el libro de Deuteronomio puede verso como «un llamado urgente para la lealtad del pacto… encontrado en la obediencia ética práctica… con miras a la influencia que esto traerá en las naciones».

Interesantemente, a los israelitas nunca se les ordenó ir al mundo y predicar el evangelio. No estaban supuestos a ser misioneros en el sentido del Nuevo Testamento. Más bien, debieron permanecer en Israel y dar testimonio al mundo por guardar la Torá. La obediencia del pacto era su forma de evangelizar.

Puede decirse que los israelitas tuvieron su propia Gran Comisión (Deuteronomio 4), solo esta era un llamado a permanecer y obedecer en vez de ir y proclamar. Los teólogos se refieren a esto como «las misiones centrípetas». Este término comunica la idea que, en vez de esparcirse por todo el mundo, como los misioneros modernos harían, debían quedarse y atraer el mundo a ellos. En lugar del desparramamiento global, los israelitas mostrarían reunión global, al ser una luz para las naciones. Las naciones circundantes escucharían acerca de la grandeza de las leyes israelitas y fueron atraídas por Israel. Cuando vinieran a investigar la fuente de la sabiduría que los israelitas poseían, verían que esta sabiduría en última instancia provenía de Yahvé. En resumen, Israel, como un reino de sacerdotes y una luz para las naciones, formó «la esencia del Antiguo Testamento».

Por esto, tal como pienso Wright, «la obediencia a la ley no era para el beneficio solo de Israel. Es una característica señalada del Antiguo Testamento que Israel vivió ante los ojos de todo el mundo… y esta visibilidad de Israel fue parte de su papel e identidad teológica como el sacerdocio de YHWH entre las naciones ».

Sin embargo, con la posible excepción de la reina de Saba (1 Reyes 10), no hay un ejemplo en el Antiguo Testamento de gentiles siendo atraídos por Israel a causa de su obediencia del pacto. En lugar de eso, el Antiguo Testamento termina con Israel desplazado, el templo destruido y el misterio todavía sin resolverse: ¿quién sería ese redentor y cómo atraería el mundo a sí mismo?

EL MESÍAS PROMETIDO

Solo mediante el advenimiento del Mesías podría Israel posiblemente cumplir con su misión a

las naciones. En Isaías 49.6 Dios describe la misión del Mesías en la tierra como siendo «luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra». En otras palabras, Dios prometió que el Mesías vendría y sería esa luz para las naciones que se sostendría en la oscuridad de pecado. Juan llamó a Jesús la profetizada «luz del mundo» (Juan 8.12; 9.5; véase también a Juan 1.9; 3.19; 12.46).

Jesús, por supuesto, vino como el cumplimiento de esa profecía mesiánica. Interesantemente, Él no cumplió toda la profecía. Hay algunas promesas que se relacionan con la identidad nacional actual y política de Israel que aún están por cumplirse (por ejemplo, Salmo 72.8–14; Isaías 9.6–7; Jeremías 23.5; Zacarías 14.4–21). No obstante, Jesús dio fe de que era aquel de quien hablaron las Escrituras (Mateo 11.3-5; Lucas 4.2; Juan 4.26).

De manera asombrosa, Jesús no les dijo a sus seguidores que llevaran estas noticias a todo el mundo. En lugar de eso, les dijo lo contrario. Por ejemplo, después de sanar a un leproso, Jesús le dijo al hombre: «Mira, no lo digas a nadie» (Mateo 8.4). Aun después de los discípulos finalmente darse cuenta de que ciertamente Él era el Hijo de Dios y la simiente que aplastaría a Satanás y restauraría a Israel, Jesús «mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo» (Mateo 16.20) .

En algunos casos, este silencio era ordenado en la más imposible de las circunstancias. Considere el milagro en Decápolis. Allí un gran número de personas le trajo a Jesús un hombre que era conocido por todos como un sordomudo. Jesús llevó aparte al hombre y sanó tanto su audición como su capacidad para hablar, entonces le ordenó a la multitud «que no lo dijesen a nadie» (Marcos 7.36). Por supuesto, Marcos señala: «pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban» ( v. 36b).

Otro ejemplo que encontramos en el libro de Lucas es particularmente asombroso. Lucas narra la historia de un líder de la sinagoga bien conocido, ciertamente un judío influyente cuyos asuntos familiares eran públicos. Él cayó a los pies de Jesús y le rogó que sanara a su hija de doce años. Jesús comenzó a caminar hacia la casa del hombre y un gran número de personas se reunió para seguirlo. Mientras iban, un mensaje llegó que la hija había muerto, y para cuando Jesús y el auténtico desfile estar arribado a la casa del líder, había ya plañideras profesionales lamentando.

Jesús echó a todo el mundo de la casa excepto a los padres. Entonces tomó a Pedro, a Jacobo ya Juan, los llevó adentro y resucitó a la niña. Luego «les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido» (Lucas 8.56) y se volvió caminando hacia la multitud. Se fue con sus discípulos, dejando a los padres que resolvieran qué decirles a los que vienen para el funeral.

Cuando a los testigos asombrados de los milagros imposibles se les instruía que no dijeran nada, la orden parecía contra intuitiva. Después de todo, si Jesús era el Mesías, ¿por qué no les decía a sus discípulos que llevaran el mensaje de sus señales y maravillas por todas partes? Sin embargo, Jesús explicado por qué no quería que las personas esparcieran las noticias de sus milagros: Los milagros no eran el mensaje. Aun después de algo tan tremendo como la transfiguración, Jesús les ordenó a los discípulos que guardaran silencio porque primero: «Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día »(Lucas 9.22). En otro sitio,

LA GRAN COMISIÓN

El evangelio no es el hecho que Jesús es el Mesías o Él habría enviado a sus discípulos mucho antes de cuando lo hizo. Más bien, el evangelio es la noticia que Jesús es el Mesías que fue crucificado en el lugar de los pecadores y entonces se levantó de los muertos al tercer día. De modo que después de la crucifixión y la resurrección, las restricciones a los discípulos fueron quitadas. Recibieron instrucciones de esperar al Espíritu Santo para ser capacitados, y entonces iniciar un movimiento global que se esparciría a todas las naciones. Es imposible exagerar la radicalidad de este concepto en la historia de la redención.

Ilustrando la importancia de esta orden para la evangelización, los cuatro Evangelios finalizan con alguna variación de la Gran Comisión (Mateo 28.18-20; Marcos 16.15; Lucas 24.46-47; Juan 20.21). De hecho, las últimas palabras terrenales de Jesús fueron otro encargo a los discípulos a ser «testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta el último de la tierra» (Hechos 1.8).

Nunca Dios le había mandado a alguno de sus seguidores que viviera una vida consumida por llevar las nuevas de redención hasta los confines del mundo. Los discípulos esperaban que Jesús restaurara el reino a Israel (Hechos 1.6) y, en su lugar, recibieron instrucciones de esperar. Sin embargo, mientras tanto, debían llevarle el reino de Dios a cada criatura.

En vez de levantar una nación mediante la obediencia del pacto para atraer las naciones del mundo a Dios por medio de sabiamente seguir la ley de Dios, el Nuevo Testamento llama a los cristianos a «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura »(Marcos 16.15). En contraste con la orden de Dios a la nación de Israel de permanecer y obedecer, Cristo ordenó a la iglesia a salir y proclamar el cuerpo nuevo, hecho de personas de cada nación.

En vez de usar la obediencia de una nación como una manera de atraer el mundo a Dios, la iglesia es llamada a atraer a las personas a Dios mediante el evangelio. Es por eso por lo que Pablo dice que no fue enviado a bautizar, «sino a predicar el evangelio» (1 Corintios 1.17). Pablo no llevó un mensaje de obediencia a un grupo de leyes como una manera de transformación global, como hizo Moisés en Deuteronomio 4. Más bien, él estuvo predicando a Cristo ya este crucificado (1 Corintios 1.23; 2.2).

Israel debió usar la obediencia a la Torá para crear una cultura tal que atrajera a los pueblos para que fueron salvos por la fe en Yahvé y su gloria. La iglesia, por su parte, debiera usar la vida sacrificial como fundamento para una invasión global de los pueblos proclamando el evangelio bello que atrae a las personas para ser salvas por la fe en el Dios glorioso. El fin es el mismo, pero el método misionero es distinto.

Este fue el plan de Dios desde el mismo comienzo (1 Pedro 1.20). Desde la promesa inicial en el huerto a Adán y Eva que tendrían una simiente que aplastaría a Satanás, a través de la dispersión de las naciones en Babel, por el llamado de Abraham y mediante la odisea de Israel, Dios estaba dirigiendo la historia redentora al punto de enviar a su Hijo al mundo como la luz del mundo. Ahora su pueblo debe llevar esa luz y atraer a ella a cada incrédulo en el planeta.

LAS IMPLICACIONES DE LA GRAN COMISIÓN EN LA EVANGELIZACIÓN

La apatía acerca de la evangelización es inexplicable por esta razón: La Gran Comisión no es simplemente una de tantas órdenes, sino que señala un cambio en la historia redentora. Decir que la muerte y la resurrección de Jesús es el punto principal de toda la historia es correcto, pero es solo la mitad de la verdad. El corolario es que el propósito de la vida desde ese momento en adelante debe ser glorificar a Dios a través de decirles a tantas personas como sea posible la verdad acerca de su Hijo.

Esta es exactamente la pasión que se describe en el Nuevo Testamento. Tan pronto como la iglesia comenzó, la narrativa de Hechos rastrea su crecimiento y expansión. Los creyentes por todas partes crecían en su fe y se volvieron ansiosos por propagar el evangelio. Después de que Pablo se convirtió, él y Bernabé se encontraron predicando en Antioquía por casi la ciudad entera, incluyendo tanto a gentiles como a judíos. Lucas escribe que Pablo y Bernabé se levantaron con audacia y le dijeron a la multitud: «Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra »(Hechos 13,47). Pablo se vio a sí mismo como el depositario de la Gran Comisión y también comprendió su lugar en la historia redentora. El resultado de su trabajo evangelístico audaz es notable:

En otro lugar, Pablo describe a un cristiano como alguien que es constreñido por el amor de Cristo para instar a otros a venir a la fe en Cristo (2 Corintios 5.14, 20). Pide prestado el lenguaje de Babel y se compara a sí mismo como un embajador, enviado por Dios, con el objeto de reconciliar a las naciones marginadas (2 Corintios 5.18-20). Vivió su vida soportando sufrimientos y aflicciones, todo con el propósito de llevar el nombre de Jesucristo a los lugares donde nadie había ido (Romanos 15.20).

El empuje evangelístico evidente en Pablo no era exclusivo de él, sino que es, de hecho, una señal de cualquier cristiano que correctamente comprende su lugar en la obra redentora de Dios. Es por eso por lo que Pedro explica que el propósito de la santificación es que un creyente esté listo a evangelizar en cualquier momento. Él escribe: «sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparado para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demanda razón de la esperanza que hay en vosotros» (1 Pedro 3.15).

Al ver que toda la historia redentora se construyó hacia la Gran Comisión resultante en una comprensión del imperativo de proclamar el evangelio y una legítima pasión por la evangelización. Solo cuando los creyentes obedezcan las órdenes de evangelizar serán verdaderamente imitadores del corazón de Dios para el mundo.

John MacArthur, La Evangelización. Cómo Compartir el Evangelio con Fidelidad ( Nashville, TN: Grupo Nelson, 2011), 21-33.

Convicción de Pecado

La Voz de César Vidal

Convicción de Pecado

Augustus Nicodemus


Augustus Nicodemus Gomes Lopes

Es pastor auxiliar de la Primera Iglesia Presbiteriana en Recife y vicepresidente del Consejo Supremo de la Iglesia Presbiteriana en Brasil. Tiene una licenciatura en teología del Seminario Presbiteriano del Norte, Recife, Brasil, una maestría en teología del Nuevo Testamento (ThM) de la Universidad Reformada de Sudáfrica y un PhD en interpretación bíblica del Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia.

37/41 – Matando la Ansiedad

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

37/41 – Matando la Ansiedad

Stephen Davey

Texto: Filipenses 4:6-7
Los cristianos no son inmunes a la ansiedad. Es por eso que en estos versículos el apóstol Pablo nos enseña a cómo lidiar con ella y así lograr vivir con la paz que solo viene de Dios, una paz que sobrepasa todo entendimiento.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Oculto a los sabios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Oculto a los sabios

Erik Raymond

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

Si nos sentamos en nuestra silla y contemplamos honestamente el alcance o influencia de la iglesia, terminamos algo desconcertados. Es claro que la agenda de Dios en y a través de la iglesia es exhibir Su infinita sabiduría: «A fin de que la infinita sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en las regiones celestiales» (Ef 3:10). Al mismo tiempo, hay muchas personas con impresionante influencia y habilidad que no son creyentes. ¿Alguna vez te has preguntado por qué Dios ha escogido pasar por alto a unos con tanto «potencial» para darle vida nueva a otros?

 Dios no necesita la sabiduría o el poder de los hombres para lucir bien.

Esto no desconcertó a Jesús. De hecho, fue una oportunidad para Él alabar en gran manera a Su Padre por tal demostración de sabiduría:

En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado (Mt 11:25–26).

En esta sección de Mateo, Jesús nos permite asomarnos a Su clóset de oración para escuchar este hermoso diálogo intratrinitario. Y al hacerlo, escuchamos a Jesús darle gracias a Su Padre por la sabiduría de lo que ha decretado ocultar y revelar. Él ha ocultado cosas a los sabios y se las ha revelado a los niños.

Las «cosas» que son ocultas o reveladas son el contenido de las enseñanzas de Jesús. Recordemos que Él acababa de desatar una fuerte crítica a los líderes religiosos. Estos eran la gente sabia, estudiada y respetada de ese tiempo. El punto de apoyo para este juicio fue lo que ellos hicieron con Su enseñanza. Ellos lo rechazaron a Él y mostraron así su necedad. Por otro lado, Jesús está rodeado de Sus discípulos. Estos mismos discípulos probablemente serían etiquetados como marginados religiosos por las prestigiosas élites culturales. En un marcado contraste, los discípulos son los bebés, aquellos que reciben humildemente Su enseñanza como un niño.

Jesús está alabando a Dios por Su sabiduría tal como es visualizada en esta misma escena. Dios no necesita la sabiduría o el poder de los hombres para lucir bien. Él mostrará Su sabiduría en la aparente necedad del mensaje y la manifestación de Su gracia (1 Co 1:18-31). Por supuesto, esto no significa que es imposible que las personas inteligentes se conviertan. A través de la historia de la iglesia, Dios ha escogido mostrar Su gracia al salvar a toda clase de personas. Sin embargo, cuando Dios salva a alguien, nunca es por su sabiduría o sus logros, sino más bien por su fe simple, como la de un niño, en la verdad del Evangelio.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Erik Raymond
Erik Raymond

Erik Raymond es el pastor principal de Redeemer Fellowship Church en el área metropolitana de Boston. Él y su esposa Christie tienen seis hijos.

Jul 6 – Dios está trabajando

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 6 – Dios está trabajando

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/dios-esta-trabajando/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss tiene una palabra importante para aquellas que han olvidado la habilidad que Dios tiene para cambiar vidas.

Nancy Leigh DeMoss: Dios está obrando en tu vida . Dios está obrando en países de los que nunca has oído hablar y de los que no sabes nada. Dios está obrando en el mundo musulmán. Dios está obrando en la China. Dios está obrando en países pequeñitos en los que el Evangelio está prohibido de manera oficial. Dios está obrando.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Imagina que le compraste un regalo a tu hijo. Y —mientras esperas el momento adecuado para dárselo— te suplica que se lo compres, como si dudara de que tienes la mejor de las intenciones, preguntándose si lo has abandonado. ¿Alguna vez te has dirigido a Dios como ese hijo?

Piénsalo al tiempo que Nancy continúa la serie llamada Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Alguna vez te han preguntado tus hijos “¿Mami, no me estás oyendo? Y tú les contestas, “¿te refieres a cuántas veces te he escuchado hoy o cuántas en el día de ayer?” “No me estás escuchando. Tú no me estás escuchando”.

Ahora bien, también es cierto que tus hijos podrían decirte eso porque, verdaderamente, no los estás escuchando. Las madres tienen la capacidad de aislar lo que ocurre a su alrededor. De la misma forma, en algunas ocasiones sí los estás escuchando, pero lo que tus hijos realmente están diciendo es esto: “mami, no me estás respondiendo lo que yo quiero que me respondas”; “No estás haciendo lo que quiero que hagas”. Por lo que entonces preguntan “¿me estás oyendo?”

Algunas veces pensamos que porque Dios no ha hecho lo que queremos que Él haga y lo que esperamos que Él haga no nos está escuchando. Como esos niños decimos “Dios no me estás oyendo?” o “¡No me estás oyendo!”

Mientras estudiamos la primera parte del libro de Habacuc, vemos que Habacuc acusa a Dios de no estarlo escuchando, de no estar oyendo sus súplicas.

Pero —a medida que avanzamos en el pasaje de hoy, nos daremos cuenta de que Dios lo había estado escuchando todo el tiempo. Y Dios respondió a las súplicas de su profeta. Dios no estaba callado.

El hecho de que Dios responde -y veremos lo que hace en el versículo 5 del capítulo 1- evidencia que Él sí ha estado escuchando las oraciones de su profeta.

Habacuc empieza su historia, este intercambio, diciendo: “Señor, ¿cuánto más tendré que suplicarte por las cosas que están pasando a mi alrededor? ¿Por cuánto tiempo voy a seguir orando mientras Tú no haces nada? ¿Y por qué estás permitiendo que todas estas cosas sucedan? ¿Por qué toda esta lucha, violencia, discusión y destrucción entre tu pueblo? Estás viéndolo sin hacer nada. Estás viendo lo que pasa, y no haces nada al respecto. No parece que estés escuchando.”

Finalmente, en el versículo 5 del capítulo 1, Dios habla. Déjame decirte, por cierto, como hemos dicho a lo largo de esta serie: espero que no estés splo oyéndome enseñar el libro de Habacuc. Espero que estés abriendo tu Biblia, leyéndolo por ti misma, haciendo anotaciones, buscando patrones, tratando de entender lo que Dios está diciendo.

Obtendrías muchísimo más de la Biblia si la escudriñas por ti misma. El Espíritu Santo te enseñaría cosas y aplicaciones del pasaje que quizás yo no he visto.

Ahora, en el versículo 5, Dios finalmente responde la oración de Habacuc. Y le dice a su servidor: “Mirad entre las naciones, observad, asombraos, admiraos, porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara”.

Dios le dice “Miren. Miren entre las naciones”. Ese verbo mirar y el verbo observar en Hebreo están en plural. Dios no sólo le está hablando a Habacuc. Él le está hablando a todo Su pueblo, a la colectividad y les está diciendo “Ustedes todos”. No sólo Habacuc, sino todos ustedes. Miren y observen.

El Señor le está diciendo a sus siervos -Habacuc y a todo el pueblo- “Amplíen su perspectiva. Miren entre las naciones y observen”. Dios les está diciendo “La visión de ustedes no es lo suficientemente amplia. Ustedes han estado muy centrados en sus propias situaciones y circunstancias. Ustedes necesitan observar entre las naciones. Su perspectiva es demasiada estrecha”.

Muy a menudo nosotros solo podemos ver un pedacito de todo el panorama. Vemos nuestra salud, nuestros problemas, nuestra familia, nuestra iglesia, nuestro país, nuestras circunstancias; y nos vemos absortas en lo que nos está pasando a nosotras. ¿Sabes por qué? porque vivimos como si todo se tratara de nosotras. Esa es nuestra perspectiva de la vida. Tenemos una perspectiva miope cuando estamos centradas en nosotras mismas. Todo se trata de lo que me esté sucediendo a mí. Todo se trata de cómo me afecta a mí.

Pero lo que Dios está diciendo es “Levanta los ojos y mira el panorama completo. No vivas tan absorta en tu situación personal”.

Es más, desafortunadamente, tenemos la tendencia de leer la Biblia de esa misma manera. Siempre vemos “lo que dice para mí”. Y eso es algo bueno de preguntarnos. Queremos ver cómo se aplica en nuestras vidas. pero también queremos decir “Señor, ¿cómo lo que estás haciendo, o lo que está sucediendo y lo que estás diciendo se aplica a tu plan cósmico del universo para darte gloria ante el mundo y ante las naciones?”

¿Qué tanto te preocupa esto? ¿Qué tanto énfasis y tiempo le dedicas cuando estás orando? ¿O es casi todo “mi familia, mi iglesia, mi situación, mi salud, mis necesidades, mi trabajo -mi, mi y mi? Lo que Dios está diciendo es: “Tu mundo es muy pequeño. Mi corazón es para el mundo. Mira entre las naciones y observa”.

A Dios le importa Su gloria y el destino de este planeta. Dios siempre está trabajando para llevar a cabo la inmensidad de sus propósitos. Lo que está pasando en nuestras vidas es un pedacito microscópico de un panorama mucho más amplio. Y nos vamos a desencantar y a frustrar mientras mantengamos los ojos puestos solo en lo que está pasando a nuestro alrededor.

La pregunta que debemos hacer es “Señor, ¿cómo encaja esto en la totalidad de Tu panorama? ¿Cómo se acomoda en el todo? Dame la perspectiva”. Mirad a las naciones y observad.

Luego dice “asombraos, admiraos”. Si pudiéramos ver lo que Dios ve y supiéramos lo que Él sabe, nos asombraríamos y admiraríamos. La palabra asombraos habla de “ensimismamiento, de estar estupefactas”. Nos asombraríamos si pudiéramos ver lo que Dios ve y saber lo que Dios sabe acerca de lo que está pasando en el mundo, pero desde Su punto de vista. La perspectiva de Dios es mucho más grandiosa y diferente que la nuestra. ¡Si pudiéramos tener ojos para ver!

¿Recuerdas al sirviente de Eliseo cuando vio la casa en la que ellos se hospedaban rodeada por el ejército Sirio… que se llenó de espanto de miedo? El Se asustó muchísimo. Eliseo oró pidiendo “Dios, abre sus ojos para que vea lo que en realidad está pasando”. Y el sirviente vio los ángeles de Dios, los guerreros, las carrozas de fuego rodeando al enemigo (2 Reyes 6: 15-17, parafraseado)

Una vez el sirviente tuvo ojos para ver la realidad espiritual, ¡quedó asombrado! No tuvo más temor, ni desencanto ni depresión. Si pudiéramos ver la realidad espiritual como Dios la ve, nos maravillaríamos. Nos asombraríamos. Nos quedaríamos estupefactas y sin habla.

Ahora bien, esas dos palabritas “mira y observa, mirar y observar” -una vez más, cuando estés estudiando las Escrituras busca las palabras que se repiten. En el libro de Habacuc es imposible obviar el hecho de que las palabras “mirar y observar o ver” se repiten muchas veces. De hecho, ¡9 veces en los primeros 18 versículos! Mirad, observad, mirad, observad. ¡Abre tus ojos!, es lo que dice Dios.

Tenemos que preguntarnos ¿Qué es lo que estamos viendo? ¿Estás obsesionada con tu propio mundo, o estás mirando entre las naciones para ver todo el panorama de lo que Dios está haciendo?

Levanta tus ojos hacia arriba. Observa la mano de Dios en las cosas del mundo. Cuando leas las noticias en el Internet, las veas en la televisión o las escuches por la radio, no asumas que los periodistas saben lo que está pasando. Ellos pueden relatarte los hechos aparentes, pero lo que no te pueden, ni te van a decir es “¡¿Qué está haciendo Dios en todo esto?!”

Verás, todos esos asuntos mundiales y toda la historia de la humanidad es -en realidad- la historia del plan redentor de Dios para este mundo. Es la imagen y la historia del reino de Dios y la gloria de Dios avanzando en nuestro mundo.

Por lo que cuando escuches acerca de guerras, hambre, peligros inminentes, tsunamis, huracanes, terremotos, plagas, problemas de tránsito o de lo que sea- que no te quepa duda de que Dios está haciendo algo en este mundo para hacer avanzar Su reino, para promover Su gloria. Mira entre las naciones, mira y pregunta “¿Dios qué estás haciendo?”

Pídele a Dios que te de ojos para ver desde Su ventajosa posición – para que veas a tu familia, tu iglesia, el vecindario, el mundo, el gobierno, otros países-para que los puedas ver desde la perspectiva de Dios.

Tengo a un amigo, Dick Eastman, que me viene a la mente en este momento. Él es el líder de un gran ministerio internacional -uno de los ministerios más grandes del mundo. Por muchos años, décadas, Dick Eastman ha orado todos los días por 200 países y protectorados del mundo, con un mapa mundi, orando por cada país y llamándolo por su nombre. Nombres que ni siquiera puedo pronunciar, países que han sido puestos en el mapa desde que él ha estado orando.

Él los presenta al Señor. Él es un hombre que mira entre las naciones y observa. Él dice “Dios, ¿qué estás haciendo? Dios, que Tu Reino venga. Que Tu voluntad sea hecha en la tierra así como se hace en el cielo”.

Él, aunque ora por sus asuntos personales, no se centra solo en ellos. Él ora por mí. Él ora por Aviva Nuestros Corazones. Él ora por su familia. Él tiene asuntos que le conciernen y ora por ellos, pero no limita sus oraciones a sus asuntos personales.

Al pensar en tu vida de oración, ¿está debidamente balanceada? ¿Estás buscando entre las naciones? ¿Estás observando lo que Dios está haciendo?

Hay un asunto con esto de ‘las naciones’ y la ‘tierra’. Esas son un par de palabras que se repiten a lo largo del libro de Habacuc. En trece ocasiones se hace referencia a las naciones o a la tierra. Dios quiere que sepamos que Su corazón es para el mundo. A Dios le importan las naciones. A Dios le importa la tierra. Hoy en día, Dios está lidiando con las naciones de este mundo.

  • Vamos a ver en este libro la soberanía de Dios sobre las naciones.
  • Vamos a ver que Dios juzga a las naciones malvadas.
  • Pero Dios tiene un corazón compasivo y tiene misericordia y anhela que las naciones se arrepientan y vengan a los pies de Cristo.

Quiero tener un corazón como el de Dios para con el mundo. Recuerdo que cuando era niña tenía un corazón más así que ahora. Mi familia solía tener un mapa mundi colgado en la pared de nuestro desayunador. Tenía fotos pagadas en el borde de los diferentes misioneros -a quienes mi familia apoyaba- y desde esas fotos salían hilos que los unían con los países en los que estaban esos misioneros trabajando. Orábamos por esos misioneros. Leíamos sus cartas. Mis padres querían que creciéramos con un corazón sensible al mundo.

Pero confieso que -algunas veces- solo me preocupo por mi mundo y el de nuestro ministerio. Una de las cosas que me retan -en el libro de Habacuc- es que necesito tener el corazón de Dios para con el mundo. “Miren entre las naciones y observen. Maravillense y quédense estupefactas”.

¿Qué es lo que Dios quiere que Habacuc vea? Mira la segunda parte del versículo 5: “porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara”. Dios le dice “Habacuc estoy trabajando en tu época y en tus días”.

Si has escuchado las primeras sesiones de esta serie, sabrás que Habacuc se estaba quejando de que Dios no estaba haciendo nada. “Oh, Dios, por cuánto tiempo clamaré por ayuda y no vas a escucharme? ¿O gritarte “¡Violencia!” y no salvas?” (1:2) Señor, ¿Por qué no haces nada?

Dios parecía ser indiferente. Dios parecía estar pasivo. Dios parecía estar inactivo. Y Dios le dice a Habacuc “Estoy trabajando en tus días. No estoy siendo pasivo. No estoy siendo indiferente. No estoy inactivo”.

¿Podría sugerirte que Dios está siempre trabajando? Dios nunca duerme. Nosotras dormimos. Pero Él nunca está somnoliento ni duerme. Dios siempre está trabajando en cada tiempo, en cada circunstancia, en cada estación, en cada situación de la vida. Dios está trabajando en nuestros días.

Desde que era niña, siempre he tenido una carga en mi corazón por el avivamiento de la iglesia. Y tengo que decir -desde mi perspectiva- que no estoy segura de estar cerca de que ahora suceda uno. Cuarenta años atrás empezó a ser una carga en mi corazón y aun ahora no veo gran diferencia.

Pero esa es solo mi perspectiva. Algunas veces, me quedo mirando las iglesias y pienso “Señor, nada bueno está pasando, nada que evidencie Tu mano. ¿Por qué no lidias con la situaciones de estas iglesias, con esas “que dicen ser cristianas”, pero viven como el mundo?”

Pero Dios dice “Mira. Abre tus ojos. Mira las realidades espirituales. Si no lo puedes ver con tus propios ojos, créelo por fe porque sí estoy trabajando en tus días. Dios siempre está trabajando. Incluso cuando aparenta estar en silencio, pasivo o ausente. Incluso cuando no podemos ver lo que está haciendo. Incluso cuando no sabemos lo que está haciendo. Dios está trabajando.

Esto se ha convertido en una de mis frases favoritas del libro de Habacuc: “Estoy trabajando en tus días.” Créelo por fe. Y veremos que en el libro de Habacuc, es la única forma de que encuentres paz en la vida. La única forma en la que tendrás gozo es si vives creyendo que lo que Dios ha dicho es verdad.

Ya sea que lo puedas ver o no, Dios está trabajando.

  • Él está trabajando.
  • Él no es pasivo.
  • Él está presente.
  • Él está activo.
  • Él está comprometido.
  • Él está involucrado.
  • Él es soberano sobre las vidas y los asuntos de Su pueblo y los de este mundo. El hecho de que no lo podamos ver, no quiere decir que Él no esté trabajando.

Jesús dijo en Juan capítulo 5 versículo 17, “Hasta ahora mi Padre trabaja y yo también trabajo”. Dios está trabajando. Y Jesús está trabajando. Él está edificando Su iglesia. Él está forjando Su Reino. Él está planificando y trabajando para mostrar Su gloria en la tierra. Y vamos a ver, cuando veamos Habacuc capítulo 2, que el día llegará cuando la gloria de Dios llene y cubra la tierra así como las aguas cubren los mares.

Dios está trabajando para ese día. Su verdad está en marcha. Dios trabaja y Su trabajo es asombroso. Es sobrenatural. Está más allá de todo entendimiento humano. Por lo que el mensaje aquí es créelo dentro de tu corazón. Ten fe. Anímate. Dios está trabajando.

William Cowper fue un poeta y escritor de himnos del siglo XVIII. Él fue un hombre interesante. Era amigo de John Newton y ambos sirvieron y trabajaron juntos en una iglesia de Olney, Inglaterra por muchos años. Pero Cowper sufrió severas depresiones casi toda su vida. Él trató de suicidarse y por momentos pensó en que iba a perder la cabeza. Él tuvo una vida de altas y bajas.

Pero en sus momentos de mayor oscuridad escribió-en medio de lo que llamaríamos una enfermedad mental. No sé exactamente de lo que se trataba, pero -en esos períodos oscuros de su vida- afloraron las ideas más asombrosas acerca del corazón y de los caminos de Dios.

William Cowper escribió un poema que quizás es familiar para algunas de ustedes, pensé en él mientras leía este pasaje de Habacuc que describe cómo Dios está obrando en nuestros días, dice así:

“Dios se mueve de manera misteriosa” :

Dios se mueve de manera misteriosa

para realizar maravillas;

Sus huellas planta en el mar

cabalga sobre la tormenta.

En la profundidad inescrutable

El guarda destrezas y habilidades

Donde atesora sus brillantes diseños

Y obra Su soberana voluntad

Santos temerosos, cobrad nuevo valor;

las nubes que tanto teméis

están llenas de misericordia y se abrirán

con bendiciones sobre vuestras cabezas.

No juzguéis al Señor con vuestros

débiles sentidos,

sino confiad en Su gracia;

detrás de una providencia fruncido

Él esconde un rostro sonriente.

Sus propósitos cumplira con rapidez,

Revelandose hora tras hora;

el capullo tendrá amargo sabor,

mas dulce será la flor.

La fe ciega nos llevará al error,

Y en vano discernir su obra.

Dios es su propio intérprete y lo dejará ver claramente.

(William Cowper. “God Moves in a Mysterious Way”)

Puedes ver aquí un corazón que tiene fe en que Dios siempre está trabajando. Siempre se está moviendo para llevar a cabo Sus santos, maravillosos y eternos propósitos sobre nuestras vidas en esta tierra.

Alguien me señaló recientemente uno de mis versículos favoritos, Isaías capítulo el 50 versículo 10, dice “¿Quién hay entre vosotros que tema al SEÑOR, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz?

Él está hablando de una persona que trata de agradar al Señor, que trata de servir al Señor, pero en un momento de la vida en el que no puede ver lo que está sucediendo.

No lo puedes descifrar. Estás, más bien, confundida y sin respuestas.

¿Y cuál es la respuesta de Dios? ¿Qué debemos hacer? Confía en el nombre del Señor y en Su palabra. Caminamos por fe, no por vista.

El piloto de un avión no se guía por lo que ve. Él confía en sus instrumentos. Incluso cuando no puede ver hacia dónde va y no puede ver lo que está sucediendo, él confía en sus instrumentos.

Confía en quien controla todos los instrumentos. Que no te quepa duda de que Dios está trabajando en nuestros días. Dios está trabajando en tu iglesia, independientemente de si las circunstancias son exasperantes o no. Dios está trabajando en la vida de tu esposo cuando parece que él no le está prestando atención a Dios, que no está cambiando en lo absoluto, que no está siendo sensible. Dios trabaja en tus días.

Dios está trabajando en tus hijos universitarios aunque estén lejos de ti, no los puedas ver y te preguntas con quienes se estarán juntando. Recuerdo llevar al hijo de una amiga a la universidad -hace unos años atrás- dejarlo en el dormitorio que le correspondía, ver algunos carteles colgados en la pared y pensar “Oh, Dios, ¿cómo podemos dejar a este muchacho aquí?”

Y recuerdo orar como una loca cuando partí dejándolo allí. “Señor, mantén el temor de Dios en ese joven mientras sus padres y amigos lo dejan en ese campus”. Dios está trabajando y Dios trabajó durante ese tiempo en el que estuvo en la universidad. Dios está trabajando. Cuando no lo puedes ver, cuando no puedes retener el control, cuando no puedes hacer que las cosas sucedan, Dios está trabajando. “Estoy haciendo una obra en tus días”.

Dios está trabajando en tu comunidad. Dios está trabajando en países de los que nunca has oído hablar y de los que no sabes nada. Dios está trabajando en el mundo musulmán. Dios está trabajando en China. Dios está trabajando en países pequeñitos en los que el Evangelio está prohibido de manera oficial. Dios está trabajando.

“Yo estoy trabajando en esta época”. Por lo que mira. Mira entre las naciones y observad. Maravíllate y sorpréndete. “Estoy trabajando en tus días y no lo creerías si te lo dijera”.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss va a regresar a orar con nosotras en un minuto. Basado en lo que hemos escuchado hoy, la respuesta a esa oración podría no parecer lo que esperamos. Pero será una buena dádiva de Su mano.

Quizás estás luchando con una oración sin contestar o las cosas no han salido como esperabas. ¿Podrías explorar el libro de Habacuc para que aprendas más de la oración, el silencio y las respuestas inesperadas? Te dará una perspectiva cuando Dios no esté contestando tus oraciones. Profundizará en tu entendimiento de la adoración.

Si estuvieses escribiendo el guión de tu vida, ¿estaría desarrollándose como lo está haciendo ahora? Aprende mañana acerca de cómo confiar en el autor de nuestra fe cuando Nancy continúe escudriñando el libro de Habacuc.

Ahora, Nancy nos va a guiar en oración.

Nancy: Padre cuanto te agradecemos el que estés trabajando en el hoy y ahora. Nunca cesas de glorificarte y redimir a este planeta y este mundo caído. Haces todas las cosas nuevas. Estás trabajando —indistintamente— en aquello que podemos ver y en lo que no podemos ver.

Por lo que ayúdanos, Señor cuando no podamos ver. Ayúdanos a confiar en que lo que has dicho es verdadero y que Tú siempre estás trabajando en aras de lograr tus propósitos para este mundo. Que esta realidad nos traiga gozo. Que esta realidad nos deje maravilladas y asombradas. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Hombre de poca fe

Marte 13 Octubre

Descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
Mateo 14:29-31

Hombre de poca fe

Reconozcamos que a menudo nosotros también merecemos este reproche lleno de amor que Jesús hizo a su discípulo Pedro. El fuerte viento de la prueba nos desestabiliza muchas veces. En esos momentos, recordemos cuatro verdades básicas:

Primero, el Señor resucitado promete a los suyos: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). En la expresión “todos los días” están incluidos, pues, los días de prueba.

Segundo: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28). Los acontecimientos que nos hacen llorar también forman parte de ello.

Tercero: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6). Por lo tanto, no hay ninguna necesidad que no podamos llevar al Señor. Quizás él no nos responda inmediatamente como nos gustaría, pero podemos estar seguros de que lo hará a su tiempo y a su manera, y que mientras esperamos, la paz de Dios reinará en nuestro corazón.

Cuarto: recordemos que él es el “Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 1:3-4). En nuestras pruebas, los consuelos del Señor siempre serán muy abundantes.

Deuteronomio 7 – Juan 5:24-47 – Salmo 116:12-19 – Proverbios 25:8-10
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