Aviva Nuestros Corazones
Serie: Habacuc: del temor a la fe
Jul 21 ā Ira y misericordia
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Carmen Espaillat: Es popular imaginar a un Dios tan amoroso, que nunca castigarĆa a nadie. Nancy Leigh DeMoss dice que las Escrituras lo describen de una forma mĆ”s completa.
Nancy Leigh DeMoss: La ira de Dios se une a su increĆble misericordia. No podemos tener una cosa sin la otra, y si proclamas la una sin la otra, perviertes el Evangelio.
Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆn.
¿Alguna vez has escuchado a alguien decir, «Yo amo al Dios del Nuevo Testamento, pero el Dios del Antiguo Testamento parece ser tan cruel y furioso»?
Nancy ha estado enseñando del libro de Habacuc en el Antiguo Testamento, y estamos a punto de ver por qué las dos partes de la Biblia describen exactamente al mismo Dios. Aquà estÔ Nancy, en la serie, Habacuc: del temor a la fe.
Nancy: Bueno, hoy estamos en el capĆtulo 3 de Habacuc y estaremos aquĆ durante las próximas sesiones. Vamos a estudiar esta oración de Habacuc, la oración que Habacuc oró despuĆ©s de encontrarse con el Dios que es alto, sublime y santo, quien estĆ” sentado en Su trono, el Dios que se venga de las naciones y de los individuos que lo desafĆan, este Dios santo.
Habacuc ora, y como vimos en la Ćŗltima sesión, dice, Ā«SeƱor, estoy lleno de asombro y reverencia. Temo delante de tu presencia. Vengo delante de ti, con temor, porque tĆŗ eres un Dios asombroso, y he oĆdo lo que has hecho. He oĆdo lo que has dicho, y me hace temblarĀ».
Y luego ora, como vimos en la Ćŗltima sesión. Ćl ora por un avivamiento. Ā«SeƱor, aviva nuestros corazonesĀ». En esencia, ora asĆ: Ā«da a conocer Tu obra en medio de los aƱos; en la ira, acuĆ©rdate de tener compasiónĀ».
Hemos dicho que por la causa de Cristo y por su muerte en la cruz en nuestro lugar, Dios tendrĆ” misericordia de aquellos que se arrepienten delante de Ćl. Ahora, vamos a continuar hoy en el versĆculo 3, con la oración de Habacuc.
Probablemente hoy lleguemos hasta el versĆculo 12. Quiero que veamos que en esta oración, Habacuc recuerda las proezas de Dios en el pasado. Ćl ve lo que Dios ha hecho.
Vuelve a considerar la historia de Israel. Recuerda lo que Dios hizo cuando liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto, cuando los llevó por el desierto, y los llevó a la Tierra Prometida. Recuerda lo que sucedió en el Monte SinaĆ, cuando Dios bajó y mostró Su gloria a Su pueblo y les dio la ley. Y recuerda la salvación y el juicio de Dios en la historia de Israel āel cuidado por su pueblo y la demostración de su poder.
Y mientras mira hacia el pasado, en su oración, mientras reconsidera, recuerda y revisa estas cosas, se recuerda a sĆ mismo que lo que Dios hizo en el pasado, lo puede volver a hacer hoy tambiĆ©n. Esto le da fe para mirar hacia el futuro. Recuerda, Ā«El justo por su fe vivirÔ». ĀæCómo desarrollamos la fe en Dios? Pues bien, la fe viene por el oĆr y el oĆr por la Palabra de Dios.
Cuando lees la Palabra de Dios, ves cómo es Dios. Ves cómo Ćl ha actuado. Ves lo que ha hecho, Ves Su poder, Su majestad y Su grandeza. Y cuando ves que Dios dividió las aguas del Mar Rojo de par en par y llevó a Su pueblo a un lugar seguro y luego demolió a los egipcios en el mar, miras tus propias circunstancias y piensas, «”Wao! ĀæDios hizo eso? QuizĆ”s puede ayudarme a sobrepasar esto. Dios puede salvarme. Puede ayudarme a cruzar este Mar RojoĀ».
No puedo decirles cuÔntas veces he venido a una sesión de grabación, y me he sentido como si estuviera parada delante del Mar Rojo, esperando que las aguas se abran y diciendo, «Señor, no estoy lista. No veo las ideas como un todo. No sé cómo encajar todo esto».
Una y otra vez, he visto cómo Dios ha abierto las aguas del Mar Rojo y nos ha llevado al otro lado, a mĆ, a mi familia y a nuestro ministerio. TĆŗ lo has visto en tu vida. Al leer la Palabra de Dios, se construye, se edifica tu fe. Tu fe se fortalece cuando ves lo que Dios ha hecho. Por cierto, esta es la importancia de conocer la historia bĆblica y enseƱar a tus hijos a conocer la historia bĆblica.
Es triste decir que algunos de tus hijos saben mĆ”s acerca de pelĆculas contemporĆ”neas, de programas de televisión, canciones de mĆŗsica rock, comerciales, diferentes tipos de tecnologĆa y lo que estĆ” sucediendo en la actualidad. Ellos saben mucho mĆ”s de todo eso que lo que saben de la historia bĆblica.
Ustedes dirĆ”n, «¿Necesitan saber todo eso? ĀæĆxodo, LevĆtico y NĆŗmeros?Ā» SĆ, porque ahĆ es donde aprenden quiĆ©n es Dios. AhĆ es donde venimos a adorarle y a tener fe en Ćl.
La historia es Ā«Su historiaĀ». Y si quieres ver a Dios activo y vivo y trabajando a tu favor hoy en dĆa, es necesario volver atrĆ”s y familiarizarte con la forma en que Dios se ha actuado en el pasado. De hecho, puedes hacer que la historia bĆblica y los eventos de la Biblia formen parte de tu vida de oración, como hace Habacuc en esta oración.
Pasa revista a lo que Dios ha hecho. No hay nada de malo en venir delante de Dios y decir, «Dios, recuerdo cuando hiciste esto. Recuerdo cuando hiciste aquello. Recuerdo cuando hiciste lo otro».
Ā«Y SeƱor, cuando pienso en lo que hiciste en la cruz, cómo juzgaste el pecado y derrotaste a SatanĆ”s, y recuerdo SeƱor lo que hiciste en la iglesia primitiva, y recuerdo, SeƱor, lo que hiciste en este caso y en este otro casoĀ»; eso aviva la fe en nuestros corazones y nos ayuda a atrevernos a pedirle a Dios que se manifieste en nuestros dĆas y que haga una nueva obra de avivamiento.
Por lo tanto, vamos a ver, comenzando en el versĆculo 3, esta pequeƱa lección de historia, y recuerden que los eventos que estamos viendo en esta ocasión se refieren a hechos del pasado, pero tambiĆ©n describen la manera en que Dios trabaja en la actualidad y la manera como obrarĆ” en el futuro.
VersĆculo 3, Ā«Dios viene de TemĆ”n, y el Santo, del monte ParĆ”nĀ». Ahora, estas son referencias a las regiones del sur de JudĆ”, donde Dios habĆa hecho grandes milagros cuando sacó a Su pueblo del cautiverio en Egipto a la Tierra Prometida.
AllĆ era donde estaba ubicado el Monte SinaĆ, donde Dios visitó a Su pueblo y se reveló a ellos en impresionante majestad, poder y gloria. Ā«Dios viene de TemĆ”n, y el Santo, del monte ParĆ”nĀ».
Ā«Su resplandor es como la luzĀ». Esa es una descripción de la luz sobrenatural de Dios (shekinah). LeĆmos a principios de esta serie, en el libro de Ćxodo acerca de los relĆ”mpagos y los truenos y las voces como trompetas. La luz sobrenatural de Dios (shekinah) visitó a Su pueblo en el SinaĆ, luego los llevó por el desierto durante cuarenta aƱos y los llevó a la Tierra Prometida.
Ā«Su esplendor cubre los cielos y de su alabanza estĆ” llena la tierra. SelahĀ». Esa palabra selah es una palabra que solo se utiliza en las Escrituras en el libro de los Salmos, y la Ćŗnica excepción son las tres veces que se utiliza en este capĆtulo de Habacuc.
La palabra Selah -no sabemos exactamente lo que significa. Probablemente se trate de una notación musical. Por lo general se cree que indica una pausa. ‘DetĆ©ngase un momento a pensar’. PodrĆa ser, algo asĆ como que hubiera mĆŗsica en su iglesia, y ustedes hicieran una pausa mientras los mĆŗsicos tocan un pequeƱo interludio o quizĆ”s aceleraran el ritmo en la próxima estrofa o cambiaran a un tono mĆ”s alto en la siguiente estrofa.
Es como si fuera un interludio donde hay un cambio en la mĆŗsica, que nos da la oportunidad de detenernos a pensar en lo que acabamos de leer. Veremos que esto sucede tres veces en este pasaje.
Ā«De su alabanza estĆ” llena la tierra. SelahĀ». ĀæRecuerdas lo que leĆmos en el capĆtulo 2? Ā«Pues la tierra se llenarĆ” del conocimiento de la gloria del SEĆOR como las aguas cubren el marĀ» (versĆculo 14). De su alabanza estĆ” llena la tierra.
El pasado domingo, cantamos en nuestra iglesia un coro bien conocido, Ā«Padre, te amamos, te adoramos, te alabamosĀ», pero me quedĆ© pensando en la Ćŗltima lĆnea de ese coro mientas lo cantaba una y otra vez: Ā«Glorifica tu nombre en toda la tierraĀ».
Ā«GlorifĆcate. GlorifĆcate. Glorifica tu nombre en toda la tierra.Ā» Y cuando Habacuc reflexiona sobre ese dĆa en el que la tierra estarĆ” llena del esplendor y de la gloria de Dios, eso lo motiva a orar, Ā«Oh SeƱor, que sea asĆ en nuestros dĆasĀ».
Ā«Y que asĆ sea por fe en los dĆas por venir. GlorifĆcate, en toda la tierraĀ». VersĆculo 4, Ā«Su resplandor es como la luz; tiene rayos que salen de su mano, y allĆ se oculta su poderĀ».
Ahora bien, creo que esto describe lo que pasó en el Monte SinaĆ, cuando Dios se dio a conocer a los hijos de Israel. Ā«Su resplandor es como la luz; tiene rayos que salen de su manoĀ».
Y esta interesante frase, Ā«y allĆ se oculta su poderĀ». Ahora bien, cuando leemos este recuento en Ćxodo capĆtulo 19, parece que Dios mostró Su poder, y ciertamente fue asĆ. Pero a pesar de que los israelitas vieron el poder de Dios, en aquel dĆa, en ese momento grandioso y espectacular, con relĆ”mpagos, truenos y voces, las Escrituras dicen que Su poder estaba velado.
Ellos solamente vieron una diminuta parte de la grandiosa majestad y el poder de Dios. SerĆa como mirar al sol para ver la plenitud del poder de Dios, mirarlo de frente en todo Su esplendor y gloria.
Nos cegarĆa, y Dios sabe que si alguna vez lo llegĆ”ramos a ver de frente por completo, sin que Ćl velara Su poder y Su majestad y Su gloria, nos cegarĆa la vista. Nos destruirĆa.
AsĆ que allĆ estaba escondido Su poder. Nos dio un vistazo, pero solo un vistazo. VersĆculo cinco, Ā«Delante de Ćl va la pestilencia, y la plaga sigue sus pasos. Se detuvo, e hizo temblar la tierra, miró e hizo estremecerse a las nacionesĀ» (Habacuc 3:5-6).
Piensa en esa frase. «Miró e hizo estremecerse a las naciones». Piensen en el poder de una mirada de Dios. «Miró e hizo estremecerse a las naciones». Sabes, pensamos que somos tan poderosas. Pensamos que tenemos tanto poder. Creemos que las naciones de la tierra son tan fuertes. Todo lo que Dios tiene que hacer es mirar, y las naciones temblarÔn.
Ā«SĆ, se desmoronaron los montes perpetuos, se hundieron las colinas antiguasĀ». (versĆculo 6) Bueno, eso no parece tener sentido. Si las montaƱas son eternas, perpetuas Āæcómo se pueden mover? Si son perpetuas, Āæcómo se pueden hundir?
Ese es el punto. Parecen ser eternas. Parecen ser perpetuas, pero cuando Dios las mira, desaparecen. Y luego dice «Sus caminos son eternos» (Habacuc 3:6).
Dios es el único que es eterno. Pensamos que las montañas son tan grandes. Pensamos que los esposos nunca van a cambiar, que los hijos nunca llegarÔn a creer, que las situaciones en tu iglesia o en tu trabajo nunca van a cambiar.
”Son montañas! No se moverÔn. No se pueden mover. No se mueven. Las montañas no se mueven pero Dios dice, «Se mueven cuando yo las miro». Dios puede hacer que tiemblen. Dios puede sacudirlas.
Hemos visto en nuestros paĆses cómo las cosas cambian de un momento a otro, con desastres naturales en las zonas del paĆs donde pensĆ”bamos que eran seguras, y nos parecĆa que estĆ”bamos a salvo, y casas que pensĆ”bamos que estaban bien construidas.
Y luego viene una tormenta de algĆŗn tipo y se desmoronan. Dios es poderoso. Sus caminos son eternos. Todo puede cambiar. Todo cambiarĆ”, pero Dios nunca cambia.
Lee lo que dice el Salmo 102 acerca de Dios,
Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerÔn, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarÔn, como vestido los mudarÔs, y serÔn cambiados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrÔn fin (Salmo 102:25-27).
Las situaciones en tu vida que piensas que nunca cambiarĆ”n, Dios las puede cambiar. Dios puede cambiar esas situaciones. Las cosas que piensas que estĆ”n estables, cambiarĆ”n, para que te des cuenta de que Dios es fiel y que Ćl nunca cambia.
Me encanta ese versĆculo de Hebreos capĆtulo 12, versĆculo 27. Esta es una parĆ”frasis: Ā«Las cosas que pueden ser sacudidas, todas las cosas creadas, las cosas que pueden ser sacudidas, serĆ”n sacudidas, para que aquellas que no pueden ser sacudidas, es decir, Dios y las realidades eternas, aquellas cosas que no pueden ser sacudidas, permanezcan firmesĀ».
Escúchame, si estÔs poniendo tu seguridad en las cosas o en las personas que pueden cambiar, vas a ser una persona insegura. La seguridad viene de poner tu confianza en un Dios que no puede cambiar.
Las cosas que pueden ser sacudidas, serÔn sacudidas, para que aquellas que no pueden ser sacudidas, permanezcan firmes. Cuando nuestro mundo se sacude nos damos cuenta de lo que realmente creemos y si nuestro fundamento es lo suficientemente sólido y lo suficientemente fuerte para perdurar. Si tu fundamento es cualquier cosa que no sea Dios, cuando llegue la tormenta, tu casa se desmoronarÔ.
Si tu vida estƔ enraizada y fundada en Dios, que es inmutable, estarƔs segura, independientemente de las tormentas que se crucen en tu camino.
VersĆculo 7, Ā«Bajo aflicción vi las tiendas de CusĆ”n, temblaban las tiendas de la tierra de MadiĆ”nĀ». CusĆ”n y MadiĆ”n eran dos tribus nómadas del sur, y cuando vieron la llegada, la presencia y el poder de Dios, se atemorizaron.
Es por eso que necesitamos orar al SeƱor para que nos visite con Su poder, con Su presencia y Su gloria en nuestros dĆas. Cuando oramos por un avivamiento, estamos orando para que la gente tiemble ante la presencia de Dios.
VersĆculo 8,
ĀæTe indignaste, SEĆOR, contra los rĆos? ĀæContra los rĆos fue tu ira, contra el mar tu furor, cuando montaste en tus caballos, en tus carros de victoria?
Hay mucho que decir sobre la ira de Dios en este pasaje. Vemos un retrato de un Dios guerrero, un Dios que estÔ en marcha. «Montaste en tus caballos, en tus carros de victoria». Es una imagen de Dios de la que no se habla mucho en la actualidad.
Preferimos la imagen del dulce Jesús, humilde y manso. Ahora, ese es un aspecto de Dios. Ahà estÔ el corazón tierno de Dios. Es el Dios que es como una madre que amamanta. También el corazón de Cristo, que no quebrarÔ la caña cascada ni levantarÔ su voz en las calles.
EstƔ ese aspecto del carƔcter de Dios, pero tambiƩn hay un aspecto del carƔcter de Dios que es feroz, asombroso y airado, y estƔ la ira de Dios que tendremos que enfrentar si no estamos en Cristo.
El Dios guerrero, el Dios que procura la salvación de Su pueblo, Ā«se montó en sus carros de victoriaĀ». Esa es una frase clave del libro de Habacuc. Dios se mueve para salvar a Su pueblo, pero tambiĆ©n se mueve para juzgar a los impĆos.
No podemos tener la salvación del pueblo de Dios sin el juicio de los impĆos, asĆ que esta frase nos habla de la ira de Dios. Creo que una de las razones por las cuales nuestros mĆ©todos de evangelización tienen tan poco Ć©xito hoy y las personas no estĆ”n tomando en serio el Evangelio es porque no hay convicción de pecado, no vemos a las personas pidiĆ©ndole a Dios que los salve.
Ves a la gente que se rĆe un poco de las cosas espirituales. Creo que una de las razones es porque se nos ha enseƱado muy poco sobre la ira y la justicia de un Dios guerrero que odia el pecado. La gente no tiene temor de Dios. La gente no teme la ira de Dios. La gente no teme pasarse la eternidad separada de Dios. No temen el infierno, asĆ que, Āæa quiĆ©n le importa ir al cielo si no hay un infierno que tenemos que evitar?
Si Dios no es un Dios de ira y venganza, ¿por qué tenemos que acudir a Cristo en busca de refugio? La gracia, la misericordia, el amor, la compasión y la mansedumbre de Dios no se convierten en algo valioso para ti si no has visto la ira de Dios.
Asà que, ¿qué hacemos en nuestras iglesias? Jugamos, comemos, tenemos atracciones, cosas para que la gente venga, ostentación, glamour, celebridades, grandes programas, música alta y todas las cosas para tratar que la gente se interese en Dios.
Les voy a decir algo. Cuando Dios se presente, la gente se interesarƔ en Dios. Ahora, es posible que salgan corriendo. Es posible que se resistan; es posible que huyan, pero no se van a quedar sentados como un Ɣrbol plantado. Van a hacer algo.
Algunas veces me canso de los servicios en las iglesias donde la gente escucha la verdad, escuchan las Escrituras, escuchan al pastor derramar su corazón, y no hacen nada. Se quedan sentados. No responden.
Necesitamos proclamar hoy el aspecto de Dios que es la ira y el juicio y la furia, el Dios guerrero que viene para salvar a Su pueblo y para el juicio de aquellos que no tienen a Cristo.
Necesitamos un Dios temible. Necesitamos un Dios santo a quien adorar. Ustedes dirÔn, «Bueno, eso a la gente no le gusta. Eso no es ser sensible a las necesidades de los que estÔn buscando a Dios. Eso no es muy amistoso para los que estÔn buscando a Dios. «
Las Escrituras dicen que Ā«No hay quien busque a DiosĀ». EscĆŗchenme bien, si Dios no atrae nuestros corazones hacia Ćl, nunca lo buscaremos, pero Dios sale a buscar y atraer a la gente a la fe en Cristo, y Ćl lo harĆ” cuando levantemos la cruz.
Pero, ĀæquĆ© es la cruz? Es la ira de Dios contra el pecado. Es la santidad de Dios, la gloria de Dios desplegada. AsĆ que el versĆculo 9, sobre este Dios guerrero, Ā«Tu arco fue desnudado por completo, las varas de castigo fueron juradas. Selah.Ā» Pausa. Piensen en ese aspecto de Dios.
Por cierto, no estoy diciendo que debemos presentarnos como personas llenas de ira hacia los pecadores. Nosotras, al proclamar la ira de Dios, tenemos que hacerlo con un corazón quebrantado, con ternura, sintiendo compasión por el hecho de que estÔn perdidos y sin Cristo, estÔn en circunstancias desesperadas, terribles.
No estamos felices por la ira de Dios. No debemos dar la impresión de ser gente airada, pero sà debemos darnos cuenta de que tenemos a un Dios que estÔ airado contra el pecado, que odia el pecado y que lo juzgarÔ.
Con rĆos hendiste la tierra. Te vieron los montes y temblaron, el diluvio de aguas pasó; dio el abismo su voz, levantó en alto sus manos. (VersĆculos 9-10).
Y aquĆ se hace referencia a tantos sucesos de la historia de la redención de Israel- el Monte SinaĆ, donde las montaƱas se retorcĆan y temblaban, el Mar Rojo, donde las aguas se dividieron y luego volvieron enfurecidas sobre el ejĆ©rcito de Egipto.
VersĆculo 11:
El sol y la luna se detuvieron en su sitio; a la luz de tus saetas se fueron, al resplandor de tu lanza fulgurante. Con indignación marchaste por la tierra; con ira hollaste las naciones (Habacuc 3:11-12).
Mientras meditaba en ese versĆculo ayer, me vino a la mente una estrofa que se escribió en un contexto totalmente diferente, pero creo que es un relato de lo que se describe aquĆ: Ā«Mis ojos han visto la gloria de la venida del SeƱorĀ».
Ustedes dirĆ”n «”SĆ! Dios vuelveĀ». Dios vuelve. Ćl es un Dios guerrero. Ā«Ha pisoteado las uvas de su ira para extraer su vino. Ha desencadenado el relĆ”mpago fatĆdico de su espada, terrible y veloz. Su verdad marcha hacia adelanteĀ». 1
Tenemos un Dios guerrero que marcha sobre la tierra enfurecido y trilla a las naciones en su ira. Y ese es el Dios que puso toda esa ira sobre su precioso Hijo, el unigénito, Jesucristo, en la cruz. Toda la ira que esta tierra pecadora merece, la colocó sobre Cristo.
Es por eso que cuando miras a Cristo y crees en Ćl, tĆŗ como pecadora, mirando a Cristo, el Salvador justo, tĆŗ le entregas a Ćl tu pecado. Ćl se hizo pecado por ti, para que pudieras ser hecha justicia de Dios en Ćl. Piensa de quĆ© has escapado huyendo a Cristo en fe en busca de refugio. La cruz se vuelve preciosa cuando ves que es un Dios que abandonó a su Hijo, un Dios que marchó en furia e ira para que tĆŗ pudieras tener su gracia y su misericordia.
No es un Dios quejumbroso del que estamos leyendo aquĆ, que sólo atiende nuestros caprichos y nos mima en nuestras indiscreciones y toma a la ligera nuestros pecados. Del que estamos hablando es un Dios santo.
Lo que ves en este pasaje, al continuar, es cómo la ira de Dios se une a Su increĆble misericordia. No podemos tener una cosa sin la otra. Y si proclamas una cosa sin la otra, perviertes el Evangelio.
El juicio y la salvación, siempre van de la mano en la Escritura. Siempre van en vĆas paralelas. No podemos tener una cosa sin la otra. El juicio sin misericordia, lleva al terror y a la desesperación.
La misericordia sin el juicio es patĆ©tica. No es el Evangelio en lo mĆ”s mĆnimo. No es el verdadero Evangelio. ĀæPara quĆ© necesitarĆamos la misericordia de Dios si no hubiera nada de quĆ© salvarse, si no hubiera ira y juicio de Dios de quĆ© salvarse?
Alabado sea Dios, Ćl es un Dios de ira; alabado sea Dios, Ćl es un Dios de misericordia. Ćl es un Dios de juicio y un Dios de salvación. Si adoras a Dios, tienes que adorarlo por completo. No podemos tener una cosa sin la otra.
Carmen: La justicia de Dios hace que la misericordia de Dios sea algo notable. Nancy Lee DeMoss nos ha ayudado a verlo con claridad. Vas a oĆr a tus amigos y a otras personas en los medios de comunicación hablando del amor de Dios.
Sin embargo, la ira justa de Dios no es un tema muy popular. El problema es que no podemos tener una cosa sin la otra y no podemos entender que es asĆ sin saber realmente lo que la Biblia dice. ĀæEstĆ”s permitiendo que la Biblia moldee tu pensamiento cada dĆa?
¿Y estÔs permitiendo que toda la Biblia moldee tu pensamiento? Es fÔcil pasar por alto ciertas partes de la Biblia, como Habacuc, un libro corto en la sección final del Antiguo Testamento.
La serie actual de Nancy, Habacuc: del temor a la fe , nos ha mostrado lo fascinante y lo pertinente que es este libro. Es importante conocer toda la Palabra de Dios.
ĀæCantas en la iglesia? ĀæOfrendas? ĀæAplaudes? ĀæTiemblas? SĆ, dije ‘tiemblas’. Suena extraƱo para mĆ tambiĆ©n, pero despuĆ©s de nuestro próximo programa, entenderemos mejor por quĆ© temblar es una respuesta adecuada ante la presencia de Dios. Te esperamos en la próxima edición de Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.
1 «Himno de la Batalla de la República» Julia Ward Howe [Traducción libre].
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