Dios No Rompe Matrimonios – 4

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

4 – Dios No Rompe Matrimonios

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde tambiƩn sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. AdemƔs, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El peligro de desviarnos

Soldados de Jesucristo

Octubre 30

Solid Joys en EspaƱol

El peligro de desviarnos

John Piper

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La obra del EspĆ­ritu Santo – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teologƭa SistemƔtica

Clase 17/26

La obra del EspĆ­ritu Santo – Parte 2

Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

La semana pasada, cuando estudiamos la obra EspĆ­ritu Santo, terminamos hablando de su obra regenerativa, para producir el nuevo nacimiento.

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ez. 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Para el cristiano, es un dulce recordatorio de que Dios es «rico en misericordia»[1]. Como dice el himno:

«En rumbo a mi perdición indiferente aún

De mí tuviste compasión

Me guiaste a la cruz

Y contemplƩ tu gran bondad

Sufriste tĆŗ por mĆ­

Al tĆŗ morir en mi lugar

Tu gracia recibĆ­Ā»[2].

No buscamos a Dios por ninguna superioridad moral: estƔbamos espiritualmente muertos (Efesios 2:1). No recibimos lo que merecƭamos, recibimos su misericordia.

Este es un recordatorio útil para el evangelismo también. Nadie se convierte en cristiano por ser un apologista brillante o porque las circunstancias de la vida de esa persona son las correctas. La tarea del evangelismo es caminar hacia un cementerio espiritual y resucitar a los muertos. Ninguno de nosotros puede hacer eso por nosotros mismos, es una obra hecha por el Espíritu de Dios, y solo por él. Entonces compartimos el evangelio, amamos y oramos.

Cuando el Espíritu de Dios le da un nuevo corazón a un individuo, cuando una persona pasa de estar espiritualmente muerta a estar viva, es sensible a la obra de convicción del Espíritu.

  1. La obra del EspĆ­ritu Santo en la vida del creyente

A. Convicción

La Biblia nos dice que el EspĆ­ritu Santo convencerĆ” al mundo de pecado, en Juan 16:7, JesĆŗs dice: Ā«Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendrĆ­a a vosotros; mas si me fuere, os lo enviarĆ©. Y cuando Ć©l venga, convencerĆ” al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mĆ­; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me verĆ©is mĆ”s; y de juicio, por cuanto el prĆ­ncipe de este mundo ha sido ya juzgadoĀ».

Para ayudarnos a entender cuÔl es la convicción de pecado, podemos ver lo que no es. En primer lugar, no es simplemente una conciencia culpable o incluso una vergüenza por el pecado. Tales sentimientos son experimentados naturalmente por casi todos. Pero esta no es la verdadera convicción de pecado.

En segundo lugar, la convicción de pecado no es una sensación de inquietud o un presentimiento de un castigo divino. Estos sentimientos también se experimentan comúnmente en los corazones y las mentes de los pecadores. Pero, nuevamente, la verdadera convicción de pecado es algo diferente.

En tercer lugar, la convicción de pecado no es solo conocimiento de lo correcto y lo incorrecto; no es un asentimiento a las enseñanzas de la Escritura acerca del pecado. Muchas personas leen la Biblia y son plenamente conscientes de que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Pueden saber que «ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios» (Efesios 5:5). Incluso pueden estar de acuerdo en que «los malos serÔn trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios» (Salmo 9:17). Sin embargo, a pesar de todo su conocimiento, siguen viviendo en pecado. Ellos entienden las consecuencias, pero estÔn lejos de ser convencidos de sus pecados.

La verdad es que si no experimentamos nada mÔs que una punzada de conciencia, ansiedad ante el pensamiento de juicio o una conciencia académica del infierno, entonces nunca hemos conocido realmente la convicción de pecado. Entonces, ¿cuÔl es la convicción real de la que habla la Biblia?

La palabra convencer es una traducción de la palabra griega elencho, que significa Ā«persuadir a alguien de la verdad; reprobar; acusar, refutar o interrogar a un testigoĀ». Y eso describe la obra que el EspĆ­ritu Santo hace para lograr la convicción del pecado. El EspĆ­ritu Santo actĆŗa como un fiscal que expone el mal, reprende a los malvados y convence a las personas de que necesitan un Salvador.

Esto es exactamente lo que vemos que sucede en Hechos despuĆ©s del dĆ­a de PentecostĆ©s. Pedro predica, y en Hechos 2:37: Ā«Al oĆ­r esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ĀæquĆ© haremos?Ā». A lo que Pedro responde: Ā”ArrepiĆ©ntanse! Ā”Crean! AlĆ©jense de sus viejos caminos y recibirĆ”n el don del EspĆ­ritu Santo.

No podemos hacer que los demÔs se sientan convencidos de su pecado. Algunos de nosotros necesitamos escuchar esto ya que quizÔ hemos pensado lo contrario. Eso no significa que no debemos decir la verdad en amor unos a otros, significa que no tenemos el control de los resultados de nuestras palabras. En cambio, necesitamos confiar en Dios en oración.

AsĆ­ que, por ejemplo, en las instrucciones de Pablo en 2 Timoteo 2:24, escribe: Ā«Porque el siervo del SeƱor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseƱar, sufrido;  que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizĆ” Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdadĀ». ĀæQuiĆ©n otorga el arrepentimiento? ĀæQuiĆ©n trae convicción y se mueve en el corazón del oyente? Es Dios el EspĆ­ritu Santo. Nosotros simplemente somos los carteros. Traemos la Palabra de Dios y luego oramos confiando en su obra para transformar los corazones. Y porque Dios es quien obra, nadie estĆ” fuera de su alcance.

La verdadera convicción es la influencia del Espíritu Santo en la vida de la persona no salva que la llevarÔ a darse cuenta de que es culpable, que Dios es justo, y que todos los pecadores merecen juicio. Una vez que un pecador ha despertado a la gran necesidad de su alma, el Espíritu lo llevarÔ a Cristo, el único Salvador y refugio del juicio (Juan 16:14). En todo esto, el Espíritu usa su «espada», la Palabra de Dios (Efesios 6:17), y el resultado es un corazón regenerado. «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

B. Unión con Cristo

Una segunda bendición es la unión del creyente con Cristo. En ese dĆ­a cuando llegue el Consolador, JesĆŗs dice en Juan 14:20, te darĆ”s cuenta de que yo estoy en el Padre, tĆŗ estĆ”s en mĆ­, y yo estoy en ti. La obra del EspĆ­ritu es llevarnos a la unión con Cristo. Ya no solo Cristo mora entre nosotros, como lo hizo con los discĆ­pulos, sino que habita en nosotros por el EspĆ­ritu.

Esto es importante; de ​​hecho, el rol central del EspĆ­ritu es revelar a Cristo y unirnos a Ć©l con todos los que participan de su cuerpo[3]. Ā”La frase Ā«en CristoĀ» aparece unas 160 veces en los escritos de Pablo en el Nuevo Testamento!

En el Nuevo Testamento encontramos literalmente cientos de referencias a la unión del creyente con Cristo. Para citar solo algunos ejemplos, los creyentes son creados en Cristo (Efesios 2:10), crucificados con él (GÔlatas 2:20), sepultados con él (Col. 2:12), bautizados en Cristo y su muerte (Ro. 6: 3), unidos a él en su resurrección (Romanos 6:5), y estÔn sentados con él en los lugares celestiales (Efesios 2:6); Cristo es formado en los creyentes (GÔlatas 4:19) y mora en nuestros corazones (Efesios 3:17); la iglesia es el cuerpo de Cristo (1 Corintios 6:1512:27); Cristo estÔ en nosotros (2 Corintios 13:5) y nosotros estamos en él (1 Corintios 1:30); la iglesia es una sola carne con Cristo (Efesios 5:31-32); los creyentes obtienen a Cristo y se encuentran en él (Filipenses 3:8-9).

AdemÔs, en Cristo somos justificados (Ro. 8:1), glorificados (8:30), santificados (1 Corintios 1:2), llamados (1:9); hechos vivos (Efesios 2:5), creados de nuevo (2 Corintios 5:17), adoptados (GÔlatas 3:26), y escogidos (Efesios 1:4-5). ”Uf! ”Todo esto sin referencia a los Evangelios y a las cartas de Juan! Basta decir que la unión con Cristo es una convicción del evangelio absolutamente fundamental de los apóstoles, preciada para ellos porque era tan preciada para su Señor.

ĀæComo sucedió esto? En IsaĆ­as 59:2, se nos dice que nuestro pecado ha Ā«hecho división entre vosotros y vuestro DiosĀ». Ante dicha situación, no hay esperanza para nosotros cuando estamos frente a Dios. Esa es una de las bellas realidades del evangelio: sabemos que Cristo vivió la vida perfecta que nosotros no pudimos vivir. El primer AdĆ”n falló (y cada descendiente despuĆ©s de eso, incluyĆ©ndote a ti y a mĆ­); pero el segundo AdĆ”n, Cristo tuvo Ć©xito.

Cuando Jesús fue bautizado en Mateo 3, el Padre dijo: este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Lejos de estar separado de Dios, Jesús complació al Padre en todos los sentidos. Luego murió una muerte no porque mereciera morir, sino que murió como un sustituto, un sacrificio para expiar el pecado de los demÔs. Una de las preguntas centrales del Nuevo Testamento es: ¿Cómo recibimos los beneficios de la vida perfecta de Cristo y la muerte sustitutiva?

ĀæLa respuesta? Ā”Debemos estar unidos a Cristo! Esto sucede gracias a la fe, de manera que Pablo escribe en Efesios 2:8Ā«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de DiosĀ». Pero debemos ir un poco mĆ”s allĆ”. En 1 Corintios 12:13, Pablo escribe: Ā«Porque por[4] un solo EspĆ­ritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judĆ­os o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo EspĆ­rituĀ».

Cuando nos arrepentimos de nuestro pecado y confiamos en Cristo, el EspĆ­ritu nos une a Cristo por fe. El EspĆ­ritu aplica lo que el Hijo logró. La persona ya no estĆ” separada de Dios por el pecado, sino que estĆ” unida a Cristo, lo que significa que recibe todos los beneficios de su muerte y resurrección. Sorprendentemente, eso significa que Dios nos ve como ve a su Hijo, de quien estamos revestidos (GĆ”latas 3:27). Por tanto, cuando leas que el Padre dice: Ā«Este es mi Hijo, en quien tengo complacencia»… Ӄl estĆ” diciendo eso de ti si estĆ”s en Cristo!

Esa es nuestra posición delante de Dios. Pero aĆŗn asĆ­, nuestra santidad prĆ”ctica debe ser forjada en nuestra humanidad. Esto es lo que el ministerio de Cristo a travĆ©s del EspĆ­ritu hace por nosotros. No solo aplica las bendiciones de la justicia de Cristo a nosotros (justificación), sino que tambiĆ©n trae esos recursos para influenciar la vida de los creyentes. Lo que nos lleva al tercer aspecto de la obra del EspĆ­ritu en el cristiano individual…

C. Santificación

El EspĆ­ritu Santo trabaja en el acto de la regeneración para unirnos a Cristo a travĆ©s de la fe, el objetivo de su obra es transformarnos a la semejanza de Cristo. Y el proceso de esa obra de transformarnos a la semejanza de Cristo es lo que el Nuevo Testamento describe como santificación. La palabra significa santificar.

Entiendo que la palabra santificación pueda sonar irrelevante para ti, pero consideremos una serie de escenarios en los que la santificación funciona para ver cuĆ”n vital y crucial es en la vida cristiana.

Supongamos que siempre has ocultado fuentes privadas de ingresos al completar tus declaraciones de impuestos. Luego crees en Jesucristo como Salvador y SeƱor y comienzas a decir la verdad en tus declaraciones de impuestos, eso es santificación. Supongamos que te la pasas criticando a tu cónyuge, y entonces la Palabra de Dios habla a tu conciencia, comienzas a seƱalar menos y a buscar maneras de mostrar respeto, eso es santificación. Supongamos que vives con tu novia y conoces a Jesucristo y tienes el coraje de mudarte, eso es santificación. Entonces, mientras que la regeneración se refiere al nacimiento, la santificación se refiere al crecimiento. Crecimiento en vivir fervientemente en obediencia a Dios.

Y este cambio, esta renovación moral de nuestras almas es una obra del EspĆ­ritu Santo. Considera lo que dice Pablo en 1 Corintios 6:11: Ā«Y esto erais algunos; mas ya habĆ©is sido lavados, ya habĆ©is sido santificados, ya habĆ©is sido justificados en el nombre del SeƱor JesĆŗs, y por el EspĆ­ritu de nuestro DiosĀ».

Segundo, nuestro crecimiento en santidad, nuestra santificación es una obra divina: es el fruto del EspĆ­ritu, Pedro escribe en 2 Pedro 1:3Ā«Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poderĀ». Ā”Es su divino poder!

Tercero, esta realidad del evangelio, esta obra divina no carece de esfuerzo. En cambio, el EspĆ­ritu de Dios mora en nosotros, trabaja y nos faculta para cumplir con nuestras responsabilidades. De manera que al escuchar el recordatorio de Pedro de que es el poder divino de Dios el que proporciona todo lo que necesitamos para la vida y la piedad no significa que no debemos hacer nada. El apóstol Pedro continĆŗa escribiendo en 2 Pedro 1:5Ā«vosotros tambiĆ©n (porque el poder de Dios les ha dado todo [posición]), poniendo toda diligencia por esto mismo, aƱadid a vuestra fe virtud; a la virtud…[5]Ā».

Y el resultado del poder de Dios trabajando poderosamente a través de su Espíritu santificador es una vida llena de fruto. Recuerda lo que Pablo dice acerca del fruto que el Espíritu produce en la santificación.

GĆ”latas 5: 22-23 dice: Ā«Mas el fruto del EspĆ­ritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanzaĀ». La vida llena del EspĆ­ritu es una en la que el EspĆ­ritu Santo estĆ” obrando en nosotros produciendo estos frutos. Si el rol central del EspĆ­ritu es revelar a Cristo y unirnos a Ć©l, entonces la meta principal del EspĆ­ritu es rehacernos a la imagen de Cristo.

D. Intercesión

Otra obra del EspĆ­ritu en nuestras vidas es la intercesión a nuestro favor la oración. La oración es una expresión de adoración y devoción, asĆ­ como de necesidad personal. Por ello, considera lo que dicen las Escrituras, nadie puede llamar a JesĆŗs ā€˜SeƱor’ excepto por el EspĆ­ritu. Pablo dice en 1 Co. 12:3: Ā«Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el EspĆ­ritu de Dios llama anatema a JesĆŗs; y nadie puede llamar a JesĆŗs SeƱor, sino por el EspĆ­ritu SantoĀ».

Del mismo modo, nadie puede llamar a Dios ā€˜Padre’ por ese mismo EspĆ­ritu. Pablo dice en GĆ”latas 4:6: Ā«Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el EspĆ­ritu de su Hijo, el cual clama: Ā”Abba, Padre!Ā».

Es el EspĆ­ritu el que actĆŗa en nosotros para revelarnos a JesĆŗs como SeƱor y a Dios como Padre. AsĆ­, cuando Pablo instruye a los creyentes a ā€˜orar en el EspĆ­ritu’ en Efesios 6:18, no estĆ” instruyendo a los cristianos a orar extĆ”ticamente o ininteligiblemente. No, ā€˜orar en el EspĆ­ritu’ es anĆ”logo a ā€˜andar en el EspĆ­ritu’. ā€˜Andar en el EspĆ­ritu’ se refiere a vivir toda la vida en conformidad con la Palabra de Dios. Por tanto, ā€˜orar en el EspĆ­ritu’ es orar de conformidad con la voluntad y el propósito del EspĆ­ritu. ĀæY dónde se revela la voluntad del EspĆ­ritu? En la Palabra de Dios. Calvino llamó ā€˜orar en el EspĆ­ritu’, Ā«comprometerse a aferrarse a las promesas de Dios hasta que surtan efectoĀ».

En otro nivel, la oración es una expresión de debilidad y necesidad. La afirmación mĆ”s clara del rol del EspĆ­ritu en nuestra vida de oración se expresa en la carta de Pablo a los Romanos en el capĆ­tulo 8, cuando dice: Ā«ā€¦el EspĆ­ritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues quĆ© hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el EspĆ­ritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles… porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santosĀ».

El creyente aquí es retratado como tan débil que la oración coherente es imposible. Se convierte en un gemido. Pero este gemido es una indicación de la presencia y el ministerio del Espíritu. Algunos cristianos piensan que esto se refiere a hablar en lenguas o a la expresión extÔtica. La imagen aquí empleada, tiene que ver con algo mÔs común en la vida cristiana. Es una imagen de absoluta debilidad y necesidad, donde el creyente es demasiado débil para expresar su necesidad de forma coherente.

Y la gran gracia del ministerio del Espíritu es que incluso cuando los cristianos son demasiado débiles para hablar con oraciones coherentes, él efectúa la determinación del Padre de reunir a sus hijos en sus brazos y atraerlos a sus propósitos.

QuĆ© gloriosa verdad es esta. Cuando no sabemos lo que deberĆ­amos pedirle a Dios en nuestras vidas como cristianos y cuando no sabemos lo que deberĆ­amos pedirle como iglesia, el EspĆ­ritu Santo intercede por nosotros. De hecho, sabemos esto intuitivamente cuando pensamos en nuestra conversión. Antes de ser cristianos, no buscĆ”bamos a Dios. No sabĆ­amos lo que necesitĆ”bamos. Pero el EspĆ­ritu intervino por nosotros. Ɖl regenera, convence, y luego continĆŗa intercediendo por nosotros.

Esos momentos en los que no tenemos palabras, estamos confundidos y no sabemos a dónde acudir, es en esos momentos que, por su gran compasión y bondad, el Espíritu intercede de acuerdo con la voluntad de Dios. El Espíritu ora por nosotros, no simplemente en nuestra debilidad, sino en nuestra ignorancia, llevÔndonos a la voluntad de Dios. Qué increíble realidad para reflexionar.

E. Seguridad

Finalmente, el EspĆ­ritu Santo nos asegura que pertenecemos a Dios. Romanos 8:16 dice: Ā«El EspĆ­ritu mismo da testimonio a nuestro espĆ­ritu, de que somos hijos de DiosĀ». Esta es la forma mĆ”s elevada de seguridad cristiana. No puedes tener una mayor seguridad de que eres cristiano que en esas ocasiones benditas cuando el EspĆ­ritu te testifica que perteneces a Dios. Y esto es mĆ”s que una garantĆ­a intelectual. El EspĆ­ritu tambiĆ©n nos da una seguridad experiencial operada en nuestros corazones espiritual y emocionalmente.

Piensa en un padre y su hijo pequeƱo caminando juntos de la mano. El hijo sabe que el padre lo ama. Pero digamos que el padre se agacha, levanta a su hijo y le da un gran abrazo. La experiencia del hijo del amor de su padre en ese momento serƔ particularmente segura. Bueno, asƭ sucede con la seguridad en nuestras propias vidas: hay temporadas en las que el Espƭritu nos manifiesta el amor de Dios de una manera especial.

Ahora bien, la experiencia subjetiva del creyente no es la razón por la cual estamos seguros de nuestra salvación. Es decir, no decimos que tenemos seguridad porque sentimos que tenemos el Espíritu. No, en cambio tenemos seguridad basada en realidades objetivas: las promesas de Dios en las Escrituras, la obra terminada de Cristo en la cruz, la evidencia de la obra de Dios dentro de nosotros, etc.

Pablo escribe en Romanos: Ā«Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven segĆŗn la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivĆ­s segĆŗn la carne, sino segĆŗn el EspĆ­ritu, si es que el EspĆ­ritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el EspĆ­ritu de Cristo, no es de Ć©lĀ» (Romanos 8:7-9).

Puede haber momentos en la vida de un creyente donde no estƩ consciente de la presencia del Espƭritu, pero el SeƱor ha prometido nunca dejarnos o abandonarnos, y no quitarƔ su Espƭritu de sus hijos.

  1. La obra del EspĆ­ritu Santo en la vida de la iglesia

La obra del Espíritu Santo no es simplemente para la edificación individual sino para la edificación de la iglesia, y aquí es donde ahora queremos dirigir nuestra atención. El Espíritu Santo trabaja para edificar a la iglesia.

Lo primero que debemos considerar es el rol del EspĆ­ritu en la inspiración de las Escrituras. En Juan 14:22-26, JesĆŗs dice que las palabras divinas que ha traĆ­do a su pueblo no cesarĆ”n cuando Ć©l los deje. MĆ”s bien, Ć©l enviarĆ” al Consolador, y cuando Ć©l venga, Ā«os enseƱarĆ” todas las cosas, y os recordarĆ” todo lo que yo os he dichoĀ». Pensamos en esto como la obra del EspĆ­ritu en la vida del creyente individual, y lo es. Pero primero, esta promesa fue dada a los apóstoles y encuentra su cumplimiento en las Escrituras del Nuevo Testamento.

2 Pedro 1:21«porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo».

AdemĆ”s de inspirar las Escrituras, el EspĆ­ritu levanta lĆ­deres dentro de la iglesia, como pastores, ancianos y diĆ”conos, para guiar a su pueblo y ayudar a explicar estas palabras que dan vida. Al instruir a los ancianos en la iglesia de Ɖfeso, Pablo dice: Ā«Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaƱo en que el EspĆ­ritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del SeƱor, la cual Ć©l ganó por su propia sangreĀ» (Hechos 20:28).

El EspĆ­ritu Santo tambiĆ©n trabaja activamente para fortalecer y alentar a la iglesia del nuevo pacto, como vemos en la iglesia primitiva en Hechos 9:31Ā«Entonces las iglesias tenĆ­an paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del SeƱor, y se acrecentaban fortalecidas por el EspĆ­ritu SantoĀ».

Si suceden cosas buenas aquí en CHBC, si estamos siendo guiados por aquellos con autoridad para enseñar y gobernar, y si estamos siendo alentados por el crecimiento que estamos viendo, entonces tenemos la obligación de alabar a Dios por eso, porque él es la fuente de esa fortaleza.

Entonces, vemos que el EspĆ­ritu estĆ” trabajando activamente en nosotros tanto individual como corporativamente.

Este puede ser un buen lugar para cerrar en oración, agradeciendo a Dios por su trabajo en nuestras vidas y nuestra iglesia.

Oremos.

La próxima semana serÔ nuestra última clase acerca del Espíritu Santo. Veremos tres preguntas importantes, y a veces malentendidas:

1) ¿Qué significa ser lleno del Espíritu Santo?

2) ¿Qué es el bautismo del Espíritu Santo?

3) ¿Cómo deberíamos pensar de los dones del Espíritu Santo?

[1] Ef. 2:4

[2] Mi vida es Cristo de Sovereign Grace

[3] Ferguson, 100.

[4] Greek ἐν – vĆ©ase pg. 197 Ferguson; Christ is the baptizer.

[5] Véase también Filipenses 2:12-13, 1 Corintios 15:10, Colosenses 1:28-29

https://es.9marks.org/

Mark Dever

No paz, sino espada

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

No paz, sino espada

Jim E. Kim

Nota del editor: Este es el duodécimo capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

Los discĆ­pulos de JesĆŗs, al igual que sus contemporĆ”neos judĆ­os, creĆ­an que cuando el MesĆ­as viniera, Ɖl vendrĆ­a como el Ā«PrĆ­ncipe de PazĀ», trayendo libertad polĆ­tica y prosperidad material (Is 9:6-7Zac 9:10). MĆ”s aĆŗn, JesĆŗs les enseñó que los que procuran la paz son bienaventurados en verdad (Mt 5:9) y les dijo que dieran saludos de paz cuando entraran a una casa (Mt 10:12-13). QuizĆ” algunos estaban conscientes que Ɖl habrĆ­a de traer Ā«paz en la tierraĀ» (Lc 2:14). Sin embargo, JesĆŗs tambiĆ©n dijo: Ā«No pensĆ©is que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espadaĀ» (Mt 10:34).

El conflicto es inevitable porque junto con JesĆŗs viene un nuevo reino.

JesĆŗs no negó que la paz serĆ­a el resultado de Su obra. Ɖl inauguró el gobierno y el dominio del reino de Dios, el cual se caracteriza por una paz duradera, resultando en la destrucción de los enemigos de Dios, la erradicación del pecado y sus efectos y la presencia de la salvación de Dios. Pero el camino a esta paz no estĆ” marcado por la tranquilidad. MĆ”s bien, estĆ” lleno de división y conflicto. Esto es a lo que se refiere el tĆ©rmino Ā«espadaĀ». El relato de Lucas hace que esto sea aĆŗn mĆ”s claro cuando mĆ”s adelante la palabra Ā«espadaĀ» es reemplazada por Ā«divisiónĀ» (12:51). La división es inevitable porque JesĆŗs y Su mensaje del reino demandan una respuesta. Mientras algunos le dan la bienvenida a JesĆŗs, muchos lo rechazan a Ɖl y a Su mensaje, y a veces de manera apasionada. El conflicto es inevitable porque junto con JesĆŗs viene un nuevo reino. Mientras tanto, el prĆ­ncipe de este mundo no se queda de brazos cruzados.

JesĆŗs explicó la severidad de este conflicto con una referencia a Miqueas 7:6. Una seƱal de la pecaminosidad en los tiempos del rey Acaz fue que el pueblo de Israel ya no confiaba el uno en el otro, ni siquiera en sus propias familias. La situación en Miqueas apuntaba a los dĆ­as de JesĆŗs cuando las familias se vieron presionadas hasta el lĆ­mite a causa de JesĆŗs y Su mensaje. Vemos esto aĆŗn hoy, ya que muchos experimentan separación y división de sus familias a causa de su fe en JesĆŗs.

AĆŗn asĆ­, JesĆŗs llama a Sus discĆ­pulos a perseverar. Ɖl los preparó para el rechazo y hostilidad inevitables. La respuesta del mundo a JesĆŗs y Su mensaje de paz fue todo menos pacĆ­fica, y nosotros quienes hoy somos Sus discĆ­pulos, no debemos esperar algo diferente. Mientras que el camino de la cruz estĆ” lejos de ser fĆ”cil o libre de preocupación, JesĆŗs le recuerda a Sus discĆ­pulos que al perder ellos ganan y al morir ellos vivirĆ”n.

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Jim E. Kim
Jim E. Kim

El Rev. Joel E. Kim es presidente de Westminster Seminary California. Es el co editor de Always Reformed [Siempre Reformado].

La Vara

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un NiƱo

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Cinco –

La Vara

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil aƱos, un sabio dijo, ā€œinstruye (entrena) al niƱo en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartarĆ” de Ć©l.ā€ Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ”Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niƱos. En este caso nos enseƱan tƩcnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas tƩcnicas se aplican de forma correcta. A travƩs de todas estas ideas podremos tener niƱos que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 23 – Espera

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 23 – Espera

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/espera/

Carmen Espaillat: Esperar es una de las cosas mĆ”s difĆ­ciles que se nos puede pedir. Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de SaladĆ­n, nos explica lo que nos da el poder para hacerlo.

Nancy Leigh DeMoss: Esperamos por fe, sabiendo que en Dios, hay mĆ”s para nosotras; que un dĆ­a Dios nos darĆ” cuerpos glorificados; que tendremos una eternidad sin dolor, sin pena y sin muerte. Y con ansias esperamos por esto.

Carmen: La vida a veces parece un embotellamiento de trĆ”fico. Uno tiene grandes esperanzas e ideas, pero siempre hay algo que bloquea nuestro progreso.

Hay dĆ­as en que parece que avanzamos solo pulgadas en nuestros planes, proyectos, y sueƱos. El profeta Habacuc entenderĆ­a esto. Vamos a ver lo que Ć©l aprendió acerca de esperar mientras continuamos en nuestra serie, Habacuc: del temor a la fe .

Nancy: Al llegar al final de Habacuc —estamos en el Ćŗltimo pĆ”rrafo del capĆ­tulo 3 Habacuc estĆ” orando al SeƱor. Ɖl estĆ” respondiendo a las cosas que Ć©l ha visto; las cosas de las cuales ha sido testigo; las cosas que Dios le ha revelado a Ć©l – sobre el carĆ”cter de Dios, la santidad de Dios, la gloria de Dios, sobre el plan de Dios, y los propósitos de Dios.

Ɖl ve que se avecina un juicio. El reino de Babilonia serĆ” el instrumento utilizado por Dios para castigar al pueblo judĆ­o por sus caminos perversos. Pero, Dios va a traer tambiĆ©n juicio al pueblo de Babilonia. Ellos van a cosechar lo que han sembrado, es como si toda la visión fuera demasiado, como para que Habacuc lo pudiera manejar. A la luz de lo que Ć©l habĆ­a visto, Ć©l dice en el versĆ­culo 16:

«Oí, y se estremecieron mis entrañas; a tu voz temblaron mis labios. Entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy.»

Y en la Ćŗltima vimos que Habacuc tembló ante la revelación de la gloria de Dios -la revelación del poder de Dios, de la ira de Dios. Ɖl tembló ante el inminente juicio y la persecución que venĆ­a. Ɖl tembló ante el juicio que hasta los justos iban a experimentar porque vivĆ­an en una nación corrupta.

Yo pienso en el hecho de que no solo Habacuc tembló ante este pensamiento, sino también que a través de la historia del pueblo de Dios, también muchas personas de Su pueblo han sido perseguidas, incluso muchos de los justos.

Aquellos que andan por fe son perseguidos por su fe, o han tenido que sufrir junto a los injustos. Piensa en el apóstol Pablo -cuando él se convirtió, Dios dijo, «Yo le mostraré cuÔnto él ha de sufrir por Mi causa».

Ɖl sabĆ­a que su vida de servicio a Cristo no serĆ­a fĆ”cil, y que conllevarĆ­a sufrimiento. Pablo dijo en Hechos capĆ­tulo 20, Ā«El EspĆ­ritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones (versĆ­culo 23).

ĀæPuedes imaginarte estar en el ministerio, y saber que esa es la Ćŗnica cosa que muy seguramente ocurrirĆ”? HabrĆ” pruebas. HabrĆ” luchas.

La vida de fe, que es de lo que estamos hablando en este libro, «El justo por la fe vivirÔ», es una vida que también incluye aflicción (Habacuc 2:4; Romanos 1:17).

Los problemas vienen, pero sabemos que por encima de los problemas, la salvación viene. Dios estÔ siempre obrando para la salvación de Su pueblo. Seguimos habitando en el exilio. No hemos llegado a casa todavía. Todavía no se han cumplido todas las promesas de Dios. Se cumplirÔn todas, y la forma como sobrevivimos aquí es ejercitÔndonos en la fe, en las promesas de Dios. «El justo por la fe vivirÔ», aun cuando sabe que vendrÔn aflicciones.

Entonces, como una expresión de fe, Habacuc hace dos cosas (y vemos esto en el último pÔrrafo del libro de Habacuc). Vamos a ver una de estas hoy. Y Veremos la otra en la próxima sesión.

Pero primero, como una expresión de fe, Habacuc dice, versículo 16, «Tiemblo. Tengo miedo, en parte, por lo que ha de suceder. Yo sé que cosas terribles vienen, y aún así esperaré tranquilamente».

Algunas de sus traducciones dicen, «Esperaré pacientemente». Esperaré tranquilamente, como una expresión de fe, a pesar de lo que sé que sucederÔ. Los babilonios vienen, el pueblo de Dios va a ser disciplinado, Dios va a derramar Su ira sobre esta Tierra.

Pero Habacuc dice «Todavía, yo esperaré tranquilamente. El solo pensamiento me hace temblar». No es como si él hubiera enterrado su cabeza en la arena, pretendiendo que nada ocurriría o pensando que él iba a escapar de todo esto.

Ā«Yo sĆ© que esto va a suceder. Yo sĆ© que serĆ© afectado, pero aĆŗn asĆ­ yo esperarĆ© tranquilamenteĀ». ĀæQuĆ© estĆ” esperando Ć©l? Ɖl dice, Ā«Tranquilo espero el dĆ­a de la angustia, al pueblo que se levantarĆ” para invadirnosĀ» (versĆ­culo 16).

«Vamos a ser invadidos, pero por encima de esto, Dios va a vindicar Su justicia; Dios se va a glorificar a sí mismo; los babilonios serÔn aplastados; Dios tendrÔ la victoria, y yo esperaré que todo esto suceda, y esperaré tranquilamente. Yo voy a esperar pacientemente».

«No voy a esforzarme o a estar tenso o alterado, frenético, diciendo, «¿Qué va a suceder?» o «¿Qué vamos a hacer? No voy a doblegarme ante esto. Sí, me hace temblar, pero voy a esperar. Voy a esperar por fe».

Solo quiero asegurarles, amigas, -los babilonios tal vez no vayan a invadir este paƭs, pero entre nosotras y el Cielo, ustedes tendrƔn que caminar a travƩs de sufrimiento y del dolor.

Tal vez sean tus hijos. Tal vez sea tu matrimonio. Algunas de ustedes estƔn caminando a travƩs de esto ahora. El dolor parece intolerable en algunos momentos. CaminarƔs a travƩs de esto en tu trabajo; caminarƔs a travƩs de esto en tu iglesia; caminarƔs a travƩs de esto en tus relaciones.

Nuestra nación puede experimentar esto. Al orar por avivamiento en nuestra nación, yo pienso que no podemos esperar ver un avivamiento en esta nación que ha sido tan bendecida y prosperada, sin que haya sufrimiento; sin que haya alguna aflicción o persecución, y nos hace temblar el pensar lo que esto puede implicar, lo que esto puede conllevar. Cuando ores a Dios, «Lo que sea, Señor, que implique para que puedas alcanzar el corazón de mi hijo, de mi nieto , de mi nieta, de mi hija», eso te hace temblar el solo pensar lo que esto pueda significar, lo que pueda ser, cómo pudiera esto lucir.

Cuando ores «Señor, santifícame. Saca de mi corazón todo pecado y toda maldad», esto te harÔ temblar al pensar lo que puede significar, lo que puede implicar. Mas por fe, puedes decir, «Yo lo soportaré tranquilamente. Yo esperaré por el día en que Dios dirija su ira contra mis opresores, y Dios salve y redima y rescate a Su pueblo».

IsaĆ­as capĆ­tulo 64 nos dice que desde tiempos antiguos, Ā«No habĆ­an escuchado ni dado oĆ­dos, ni ojo habĆ­a visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en ƉlĀ».

Esperar en el Señor en tiempos de problemas y aflicción es una expresión de fe, y ¿cómo vive el justo? «El justo por la fe vivirÔ» (Habacuc 2:4).

Cuando tĆŗ puedes esperar en el SeƱor y no vivir en un estado de mente perturbado, estĆ”s ejercitando la fe, sabiendo que Dios enderezarĆ” todo lo torcido. Que Ɖl cumplirĆ” Sus promesas. Espera en el SeƱor.

Romanos capĆ­tulo 8 nos dice que toda la creación, incluso la creación inanimada – el planeta – se retuerce de dolor ( ver versĆ­culo 22). Gime como un niƱo al nacer. ĀæY quĆ© estĆ” haciendo? EstĆ” esperando que Dios redima la tierra.

Dice que aun nosotros, no solo la creación, «sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo» (versículo 23, parafraseado).

Hay gemidos saliendo de nuestra tierra. Lo podemos ver en los desastres naturales, la tierra gime y se retuerce con dolores como de parto, esperando por Dios para un Cielo nuevo y una tierra nueva.

Pero nosotros que tenemos al Espíritu en nosotras, gemimos; nos retorcemos, pero esperamos con entusiasmo que Dios termine la historia. Esperamos que Dios venga y nos reivindique. Esperamos que Dios ejecute Su justicia y Su salvación en la tierra. Esperamos que Dios nos libre de estos cuerpos débiles, demandantes y falibles. Y esto lo esperamos con ansias.

Esperamos por fe, sabiendo que Dios tiene guardado algo mƔs para nosotras; que un dƭa Dios nos darƔ cuerpos glorificados. Tendremos una eternidad sin dolor y sin quebranto y sin muerte. Y esperamos por esto con ansiedad.

Cuando tu cuerpo es sacudido por el dolor de la artritis o del cĆ”ncer, o comienzas a perder la mente por el Alzheimer’s, y ves la debilidad y fragilidad de estos cuerpos humanos, Āæacaso no esperas con ansias?

Cuando ves como le sucede esto a tus seres queridos . ¿No esperas con ansias. por el día en que todo esto quede atrÔs, y que todas las cosas sean hechas nuevas? Ansiosamente esperamos que esto ocurra.

Pablo sigue diciendo en Romanos 8, «Porque en esperanza hemos sido salvos, pero la esperanza que se ve no es esperanza». (versículo 24). Si lo pudieras ver, si lo pudieras experimentar todo ahora, entonces no requeriría de la fe.

«¿Por qué esperar lo que uno ve? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos» (versículo 24b-25). Pablo dice que esperamos ansiosamente, y que esperamos pacientemente. ¿Y cómo hacemos esto? Por fe. ¿Cómo vive el justo? Por fe.

Esperamos con entusiasmo. Esperamos con paciencia. Dios estÔ en el proceso de hacer todas las cosas nuevas. ¿Entonces qué haces? Esperas en el Señor.

Ahora, no sé tú pero yo a veces, encuentro muy difícil esperar. ¿Alguna vez te has encontrado esperando para que Dios se mueva, que haga algo, o esperando que Dios obre, y tu fe como que merma, se debilita y caes en la incredulidad?

A veces incluso te encuentras diciendo, «Dios, ”es duro esperar! Es duro cuando no puedo ver. Es duro esperar pacientemente. Todavía estoy temblando. Yo veo lo que va a suceder, y lucho con esperar. Mas yo quiero ver que suceda algo ahora!»

Yo creo que el esperar es difĆ­cil para todas nosotras. Demanda de fe, y no estĆ” en nuestra naturaleza el esperar. Es por esto que tenemos que mantener nuestros ojos puestos en el SeƱor y en la meta final. Yo lucho con esperar y ver cómo Dios va a resolver todas las cosas, y quiero que Dios se apresure. quiero que Ɖl resuelva las cosas mĆ”s rĆ”pido. Quiero ver el final de la historia mĆ”s rĆ”pidamente.

Pero Dios dice, «No. Aprende a esperar». Espera en el Señor. Hace un tiempo encontré un poema, escrito por un hombre que ya estÔ en la presencia del Señor.

Tuve el privilegio de sentarme bajo las enseñanzas de su ministerio en San Antonio, hace unos años. Su nombre era Russell Kelfer, y escribió un poema acerca de esperar. Este poema ha sido publicado en un librito hermoso como parte de un diario.

DĆ©jenme leerles este poema, porque describe el proceso por el que Dios nos lleva mientras aprendemos a esperar en Ɖl.

El poema de la espera

Desesperadamente, impotentemente, y con nostalgia, gritĆ©; Tranquilamente, pacientemente, amorosamente, Dios respondió. DemandĆ© y clamĆ© por una pista de mi destino…Y el Maestro tiernamente dijo, Ā«EsperaĀ».

«¿Espera? ¿Tú dices espera?» Respondí indignada, «Señor, yo necesito respuestas, yo necesito saber por qué!» ¿Se ha acortado Tu mano? ¿O no has escuchado? Por fe he pedido, y reclamo Tu Palabra.

Mi futuro y todo lo que se relaciona conmigo, pende de un hilo, ¿y Tú me pides que espere?» Estoy necesitando un «sí», una luz verde. O incluso un «no» al cual me resignaré.

Tu prometiste amado Señor, que si creemos, nosotros solo tenemos que pedir, y se nos darÔ. Señor, he estado pidiendo, y este es mi clamor: ”Estoy cansada de pedir! Necesito una respuesta.

Entonces, tranquilamente, suavemente, supe sobre mi destino, cuando mi Maestro respondió otra vez, Ā«EsperaĀ». Entonces me desplomĆ© en mi silla, derrotada y consumida. Y me quejĆ© a Dios, Ā«Entonces, estoy esperando… Āæpero quĆ© espero?Ā»

ParecĆ­a como si Ɖl se arrodillara y Sus ojos se encontraran con los mĆ­os… Y el tiernamente me dijo, Ā«Yo puedo darte una seƱal. Yo pudiera batir el cielo y oscurecer el sol. Yo pudiera levantar a los muertos y hacer que las montaƱas corran.

Yo pudiera darte todo lo que buscas y satisfecha estarías. Tú tendrías lo que quieres, pero no me conocerías a Mí. No conocerías la profundidad de Mi amor por cada santo. No sabrías sobre el poder que le doy al débil.

No aprenderías a ver a través de las nubes de la desesperación. No aprenderías a confiar con el solo saber que Yo estoy ahí. Tú no conocerías el gozo de descansar en Mí, cuando la oscuridad y el silencio es todo lo que puedes ver.

Tú nunca conocerías la plenitud del amor, cuando la paz de Mi espíritu descienda como una paloma. Tú sabrías que Yo doy, que salvo, pero no conocerías la profundidad del latido de Mi corazón.

El brillo de Mi consuelo en las madrugadas… La fe que te doy cuando caminas sin ver. La profundidad que existe mĆ”s allĆ” de simplemente recibir lo que pides de un Dios infinito que hace que lo que tienes perdure.

Tú nunca sabrías, si tu dolor rÔpidamente desaparece, lo que significa que Mi gracia te baste. Sí, tus mÔs preciados sueños se harían realidad de un día a otro, pero oh, ”qué lamentable sería el perder de vista lo que Yo estoy haciendo en ti!

Entonces, haz silencio hija mía , y con el tiempo verÔs, que el mayor de los regalos es realmente conocerme a Mí. Y aunque mis respuestas parezcan llegar muy tarde, mi respuesta mÔs dulce sigue siendo «ESPERA».

Espera. Espera en el SeƱor. Aquellos que esperan en el SeƱor nunca serƔn decepcionados.

Carmen: Dios te llevarĆ” a pensarlo dos veces antes de quejarte, cuando tengas que hacer algo que conlleve esperar, asĆ­ nos lo recordaba Nancy Leigh DeMoss en esta sesión.

Cuando finalmente llega el tiempo en que un bebé deja de usar un pacificador, la primera noche sin este puede ser un tiempo de prueba. Es un tiempo de sufrimiento que es bueno -enseñÔndole al niño que es tiempo de dejar cosas que él o ella no necesita mÔs. El sufrimiento quita también de nosotros algunos de nuestros «pacificadores» o muletas. Para terminar la sesión de hoy aquí estÔ Nancy.

Nancy: ĀæHay impaciencia en sus corazones porque quieren que se Dios mueva, que Dios obre? ĀæHas sido impaciente con Ɖl, diciĆ©ndole, «”SeƱor, pero hazlo ahora! ArrĆ©glalo ahora. Ā”CĆ”mbialo ahora!Ā»

¿Has estado presionando y demandando? ¿Has acusado a Dios de ser indiferente? Dios dice, «Yo tengo un tesoro que quiero darte. Quiero que me conozcas, pero tendrÔs que esperar».

Si tu corazón ha estado impaciente o enojado con Dios porque Ɖl no se ha movido ante la situación tan rĆ”pido o en la forma que pensabas que deberĆ­a – aunque sea solo en este momento- confiesa esto al SeƱor.

Arrepiéntete. Levanta tus ojos al Señor, y con fe dile, «Señor, por Tu gracia, yo esperaré tranquilamente. Yo esperaré pacientemente para que Tú hagas lo que vayas a hacer. Yo esperaré pacientemente para que Tu propósito sea cumplido. Yo sé que este no es el último capítulo. Yo sé que este no es el final de la historia, y yo sé que vale la pena esperar por el final de esta historia».

Y para terminar nuestro programa de hoy, me gustaría que escuchÔramos una porción de una entrevista que hicimos a Bety VelÔzquez de Berrido porque aunque Bety estÔ sufriendo de un cÔncer que podría terminar con su vida a menos que Dios intervengan, Bety tiene la perspectiva correcta acerca de su situación , desde hace aproximadamente 10 años esta mujer ha estado enfrentando, tribulaciones y aflicciones que tiene que ver con su salud y pensamos que era bueno y provechoso dejar registrada esa entrevista con Bety porque ella mostró y muestra el gozo del Señor en medio de las aflicciones( el justo por la fe vivirÔ)

Y una de las preguntas que le hicimos a Bety si ella había pensado acerca de la muerte antes de que Dios trajera toda esta aflicción a su vida, escuchemos lo que Bety tiene qué decirnos.

Bety: Bueno de verdad que no habĆ­a pensado en la muerte, de verdad que no pero en este proceso que estoy ahora mismo desde hace dos meses que he sentido mucho dolor en mi cuerpo, en diferentes lugares y de verdad que ha sido tan constante esos dolores que me han puesto muy chiquitita, Ā«muy chiquititaĀ».

Aunque me repito que estoy derribada pero no destruida, que estoy pasando por tribulación pero no angustiada, es decir sigo hablĆ”ndole a mi alma, para que mi alma no me esté… Es decir para no sentirme enferma sino que Ā”oye! son cosas que estĆ”n pasando y Dios tiene el control y estĆ”n los calmantes.

”Qué bueno que estÔn los calmantes! Qué bueno que estÔ el dinero para comprarlos y entonces en eso estoy trabajando pero en este proceso de hacen dos semanas para acÔ. Si he pensado en eso, en ese momento y de verdad que me gustaría que el Señor me encontrara, cuando llegue ese momento, de verdad que me diga, «Buen siervo fiel en lo poco fuiste fiel , en lo mucho te pondré».

Eso es lo que yo quiero oír, «entra en el gozo de tu Señor» , ya ahí no voy a llorar, no voy a sentir dolor, los tumores no van a estar, la pierna voy a caminar derechita, es decir que de verdad he pensado en eso pero mi mayor anhelo es que el Señor me encuentre fiel.

Nancy: Bety cuĆ©ntanos un poco dónde y cómo, comenzó todo este proceso, todas estas aflicciones a travĆ©s de las cuales el SeƱor los ha estado guiando.

Bety: Todo comenzó en el aƱo 2005, una camioneta nos dio por detrĆ”s e hizo que mi esposo perdiera el control y nos estrellĆ”ramos contra el muro que estĆ” en el medio, tanto mis hijos como mi esposo quedaron inconscientes. Hubo que llevarme de una vez a cirugĆ­a.

Nancy: TĆŗ duraste muchos aƱos en sillas de ruedas.

Bety: SĆ­, aproximadamente yo durĆ© aƱo y medio, luego me pusieron en andador, porque a todo esto durĆ© aƱo y medio en terapia y tuve tambiĆ©n terapia ocupacional es decir que a los dos meses volvĆ­ a trabajar, en mi silla de ruedas, en el colegio dando clases, eso fue una linda experiencia, para ellos y para mĆ­.

Nancy: ĀæY tus hijos y RenĆ© se recuperaron completamente?

Bety: SĆ­, Ana Patricia cayó en coma y a los dos dĆ­as volvió en sĆ­, pero esa noche hubo algo tremendo porque hubo junta de mĆ©dicos, unos neurólogos querĆ­an abrir, otros que no y de una vez los hermanos se pusieron a orar que el SeƱor les diera la sabidurĆ­a y gracias al SeƱor no la abrieron.

Lo que hicieron fue que le pusieron unos tubitos para que la sangre pudiera salir y el domingo cuando ella despertó porque se temía que pudiera perder la memoria, porque el cerebro estaba muy hinchado, pero gracias a Dios cuando ella despertó que abrió los ojos de una vez encontró una enfermera y preguntó por mí.

Nancy: El SeƱor afligió pero permitió que todos salieran, vamos a decir con vida. Y entonces en medio de todo esto Bety, Āæcuando es que tu recibes la noticia de que hay otro proceso caminando en tu cuerpo que entonces era cĆ”ncer?

Bety: Ā”SĆ­! Bueno, en el 2013 despuĆ©s de mi Ćŗltima operación de ortopedia que fue en el 2010, de sacarme todos los hierros que tenĆ­a en la pierna izquierda y en el 2013, me siento una pelotera en el abdomen, voy al mĆ©dico y era un tumorcito, se veĆ­a pequeƱo en la sonografĆ­a pero los anĆ”lisis detectaron que era algo mĆ”s grande porque me bajó mucho la hemoglobina y hubo que operar casi de emergencias y efectivamente era un tumor sĆŗper grande y gracias al SeƱor lo pudieron sacar entonces ahĆ­ estaba el dilema de si era negativo o positivo, hubo que hacer biopsia.

A todo esto yo me mantuve muy tranquila porque el Señor en esos 7 años que tuvimos en el proceso del accidente el Señor había trabajado mucho con mi corazón, con mi fortaleza. Es decir la palabra de Dios se volvió operativa en mi vida, muy operativa, yo estaba con mucha paz, estaba tranquila.

Bueno mi esposo me decĆ­a, «”ay pero a ti si te gusta que te operen!Ā» Porque casi todos los aƱos habĆ­a que hacerme una operación de ortopedia y yo le decĆ­a, «”No! Pero si hay que hacerla y tenemos el seguro, Āæpara quĆ© retardar mĆ”s la situación?Ā» Y gracias al SeƱor Ɖl me dio esa tranquilidad y esa seguridad de que Ɖl iba a cuidar de mĆ­.

Nancy: AmĆ©n.

Bety: Cada vez que entraba a cirugĆ­a era con esa confianza.

Nancy: Cuando tu dices Ā«operativa»… ĀæQuĆ© en realidad tĆŗ quieres decir? ĀæComo que se hacĆ­a real, que tĆŗ la orabas? ĀæComo se hacĆ­a operativa?

Bety: Bueno, operativa, que yo cada vez que oraba, cada vez que leĆ­a de sus promesas, yo las entraba en mi corazón es decir yo las hacĆ­a mĆ­as.

Nancy: Era para Bety.

Bety: Ā”Era para Bety! Bueno, en mi Biblia hay varias promesas que dicen Bety y de verdad que yo las cogĆ­a para mĆ­ y sĆ­ eso es Palabra de Dios, palabra viva. Oye, Ɖl lo estaba haciendo en mi vida porque Ɖl me dio mucha paz en medio de la tormenta, cuando hablan de cĆ”ncer es como si tĆŗ tuvieras una sentencia de muerte pero la sentencia de muerte la tenemos todos, entonces yo dije no, esa sentencia solamente Dios la tiene en Sus manos; Ɖl es el que sabe el dĆ­a y la hora .

”Pero eso sí! Yo quiero dejarle un legado a mis hijos, un legado de que el Dios que ellos conocen desde que estaban en mi vientre, desde pequeñitos, es un Dios creíble, es un Dios verdadero, ese Dios que estÔ en la Biblia es UN DIOS REAL.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries

Todas Las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las AmƩricas a menos que se indique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Un cristianismo envidiable

Viernes 30 Octubre

Cree en el Señor Jesucristo, y serÔs salvo, tú y tu casa. Hechos 16:31

Yo y mi casa serviremos al SeƱor. JosuƩ 24:15

Un cristianismo envidiable

Llega una nueva generación: jóvenes, adolescentes, niños y bebés. Llegan a un universo que poco a poco se ha alejado de Dios y de los valores que Cristo enseñó. El egoísmo, la inmoralidad, la mentira, el odio y la violencia reinan en una sociedad donde cohabitan el desempleo, la pobreza, la locura de todo tipo de placeres y las grandes desigualdades. Todo esto sucede porque los hombres abandonan cada vez mÔs el respeto que deben a Dios y a las enseñanzas de la Biblia. ¿Hay que desesperarse? ”No! Dios es paciente y aún hoy presenta a cada uno de estos jóvenes su plan de salvación; él libera y protege también a los que desean vivir con él. Nosotros como adultos o padres, ¿cómo podemos ayudarles?

–Examinemos nuestras propias vidas. ĀæTenemos riquezas espirituales para compartir? Si la Palabra de Dios inspira nuestros pensamientos, el amor de Cristo y la verdad dirigirĆ”n nuestras acciones. Nuestra vida serĆ” un ejemplo para los mĆ”s jóvenes; les producirĆ” el deseo de conocer la Biblia y seguir a JesĆŗs, el buen Pastor.

–Demos a JesĆŗs el primer lugar en nuestros hogares para que sean lugares acogedores donde su autoridad sea reconocida y su Palabra leĆ­da y vivida diariamente.

–Vivamos en un clima de oración. Hablar del SeƱor a nuestros hijos estĆ” bien, pero hablar al SeƱor de nuestros hijos es igual de necesario.

–Demos tambiĆ©n el primer lugar al SeƱor el domingo para reunirnos en torno a Ć©l.

–Cultivemos el amor hacia el prójimo, hagamos todo para que nuestros hijos hallen la ocasión de servir al SeƱor.

Deuteronomio 24Ā –Ā Juan 14Ā –Ā Salmo 119:81-88Ā –Ā Proverbios 26:15-16Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chĀ –Ā labuena@semilla.ch