Dios No Rompe Matrimonios – 4

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

4 – Dios No Rompe Matrimonios

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El peligro de desviarnos

Soldados de Jesucristo

Octubre 30

Solid Joys en Español

El peligro de desviarnos

John Piper

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La obra del Espíritu Santo – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 17/26

La obra del Espíritu Santo – Parte 2

Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

La semana pasada, cuando estudiamos la obra Espíritu Santo, terminamos hablando de su obra regenerativa, para producir el nuevo nacimiento.

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ez. 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Para el cristiano, es un dulce recordatorio de que Dios es «rico en misericordia»[1]. Como dice el himno:

«En rumbo a mi perdición indiferente aún

De mí tuviste compasión

Me guiaste a la cruz

Y contemplé tu gran bondad

Sufriste tú por mí

Al tú morir en mi lugar

Tu gracia recibí»[2].

No buscamos a Dios por ninguna superioridad moral: estábamos espiritualmente muertos (Efesios 2:1). No recibimos lo que merecíamos, recibimos su misericordia.

Este es un recordatorio útil para el evangelismo también. Nadie se convierte en cristiano por ser un apologista brillante o porque las circunstancias de la vida de esa persona son las correctas. La tarea del evangelismo es caminar hacia un cementerio espiritual y resucitar a los muertos. Ninguno de nosotros puede hacer eso por nosotros mismos, es una obra hecha por el Espíritu de Dios, y solo por él. Entonces compartimos el evangelio, amamos y oramos.

Cuando el Espíritu de Dios le da un nuevo corazón a un individuo, cuando una persona pasa de estar espiritualmente muerta a estar viva, es sensible a la obra de convicción del Espíritu.

  1. La obra del Espíritu Santo en la vida del creyente

A. Convicción

La Biblia nos dice que el Espíritu Santo convencerá al mundo de pecado, en Juan 16:7, Jesús dice: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado».

Para ayudarnos a entender cuál es la convicción de pecado, podemos ver lo que no es. En primer lugar, no es simplemente una conciencia culpable o incluso una vergüenza por el pecado. Tales sentimientos son experimentados naturalmente por casi todos. Pero esta no es la verdadera convicción de pecado.

En segundo lugar, la convicción de pecado no es una sensación de inquietud o un presentimiento de un castigo divino. Estos sentimientos también se experimentan comúnmente en los corazones y las mentes de los pecadores. Pero, nuevamente, la verdadera convicción de pecado es algo diferente.

En tercer lugar, la convicción de pecado no es solo conocimiento de lo correcto y lo incorrecto; no es un asentimiento a las enseñanzas de la Escritura acerca del pecado. Muchas personas leen la Biblia y son plenamente conscientes de que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Pueden saber que «ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios» (Efesios 5:5). Incluso pueden estar de acuerdo en que «los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios» (Salmo 9:17). Sin embargo, a pesar de todo su conocimiento, siguen viviendo en pecado. Ellos entienden las consecuencias, pero están lejos de ser convencidos de sus pecados.

La verdad es que si no experimentamos nada más que una punzada de conciencia, ansiedad ante el pensamiento de juicio o una conciencia académica del infierno, entonces nunca hemos conocido realmente la convicción de pecado. Entonces, ¿cuál es la convicción real de la que habla la Biblia?

La palabra convencer es una traducción de la palabra griega elencho, que significa «persuadir a alguien de la verdad; reprobar; acusar, refutar o interrogar a un testigo». Y eso describe la obra que el Espíritu Santo hace para lograr la convicción del pecado. El Espíritu Santo actúa como un fiscal que expone el mal, reprende a los malvados y convence a las personas de que necesitan un Salvador.

Esto es exactamente lo que vemos que sucede en Hechos después del día de Pentecostés. Pedro predica, y en Hechos 2:37: «Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?». A lo que Pedro responde: ¡Arrepiéntanse! ¡Crean! Aléjense de sus viejos caminos y recibirán el don del Espíritu Santo.

No podemos hacer que los demás se sientan convencidos de su pecado. Algunos de nosotros necesitamos escuchar esto ya que quizá hemos pensado lo contrario. Eso no significa que no debemos decir la verdad en amor unos a otros, significa que no tenemos el control de los resultados de nuestras palabras. En cambio, necesitamos confiar en Dios en oración.

Así que, por ejemplo, en las instrucciones de Pablo en 2 Timoteo 2:24, escribe: «Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido;  que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad». ¿Quién otorga el arrepentimiento? ¿Quién trae convicción y se mueve en el corazón del oyente? Es Dios el Espíritu Santo. Nosotros simplemente somos los carteros. Traemos la Palabra de Dios y luego oramos confiando en su obra para transformar los corazones. Y porque Dios es quien obra, nadie está fuera de su alcance.

La verdadera convicción es la influencia del Espíritu Santo en la vida de la persona no salva que la llevará a darse cuenta de que es culpable, que Dios es justo, y que todos los pecadores merecen juicio. Una vez que un pecador ha despertado a la gran necesidad de su alma, el Espíritu lo llevará a Cristo, el único Salvador y refugio del juicio (Juan 16:14). En todo esto, el Espíritu usa su «espada», la Palabra de Dios (Efesios 6:17), y el resultado es un corazón regenerado. «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

B. Unión con Cristo

Una segunda bendición es la unión del creyente con Cristo. En ese día cuando llegue el Consolador, Jesús dice en Juan 14:20, te darás cuenta de que yo estoy en el Padre, tú estás en mí, y yo estoy en ti. La obra del Espíritu es llevarnos a la unión con Cristo. Ya no solo Cristo mora entre nosotros, como lo hizo con los discípulos, sino que habita en nosotros por el Espíritu.

Esto es importante; de ​​hecho, el rol central del Espíritu es revelar a Cristo y unirnos a él con todos los que participan de su cuerpo[3]. ¡La frase «en Cristo» aparece unas 160 veces en los escritos de Pablo en el Nuevo Testamento!

En el Nuevo Testamento encontramos literalmente cientos de referencias a la unión del creyente con Cristo. Para citar solo algunos ejemplos, los creyentes son creados en Cristo (Efesios 2:10), crucificados con él (Gálatas 2:20), sepultados con él (Col. 2:12), bautizados en Cristo y su muerte (Ro. 6: 3), unidos a él en su resurrección (Romanos 6:5), y están sentados con él en los lugares celestiales (Efesios 2:6); Cristo es formado en los creyentes (Gálatas 4:19) y mora en nuestros corazones (Efesios 3:17); la iglesia es el cuerpo de Cristo (1 Corintios 6:1512:27); Cristo está en nosotros (2 Corintios 13:5) y nosotros estamos en él (1 Corintios 1:30); la iglesia es una sola carne con Cristo (Efesios 5:31-32); los creyentes obtienen a Cristo y se encuentran en él (Filipenses 3:8-9).

Además, en Cristo somos justificados (Ro. 8:1), glorificados (8:30), santificados (1 Corintios 1:2), llamados (1:9); hechos vivos (Efesios 2:5), creados de nuevo (2 Corintios 5:17), adoptados (Gálatas 3:26), y escogidos (Efesios 1:4-5). ¡Uf! ¡Todo esto sin referencia a los Evangelios y a las cartas de Juan! Basta decir que la unión con Cristo es una convicción del evangelio absolutamente fundamental de los apóstoles, preciada para ellos porque era tan preciada para su Señor.

¿Como sucedió esto? En Isaías 59:2, se nos dice que nuestro pecado ha «hecho división entre vosotros y vuestro Dios». Ante dicha situación, no hay esperanza para nosotros cuando estamos frente a Dios. Esa es una de las bellas realidades del evangelio: sabemos que Cristo vivió la vida perfecta que nosotros no pudimos vivir. El primer Adán falló (y cada descendiente después de eso, incluyéndote a ti y a mí); pero el segundo Adán, Cristo tuvo éxito.

Cuando Jesús fue bautizado en Mateo 3, el Padre dijo: este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Lejos de estar separado de Dios, Jesús complació al Padre en todos los sentidos. Luego murió una muerte no porque mereciera morir, sino que murió como un sustituto, un sacrificio para expiar el pecado de los demás. Una de las preguntas centrales del Nuevo Testamento es: ¿Cómo recibimos los beneficios de la vida perfecta de Cristo y la muerte sustitutiva?

¿La respuesta? ¡Debemos estar unidos a Cristo! Esto sucede gracias a la fe, de manera que Pablo escribe en Efesios 2:8«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios». Pero debemos ir un poco más allá. En 1 Corintios 12:13, Pablo escribe: «Porque por[4] un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu».

Cuando nos arrepentimos de nuestro pecado y confiamos en Cristo, el Espíritu nos une a Cristo por fe. El Espíritu aplica lo que el Hijo logró. La persona ya no está separada de Dios por el pecado, sino que está unida a Cristo, lo que significa que recibe todos los beneficios de su muerte y resurrección. Sorprendentemente, eso significa que Dios nos ve como ve a su Hijo, de quien estamos revestidos (Gálatas 3:27). Por tanto, cuando leas que el Padre dice: «Este es mi Hijo, en quien tengo complacencia»… ¡Él está diciendo eso de ti si estás en Cristo!

Esa es nuestra posición delante de Dios. Pero aún así, nuestra santidad práctica debe ser forjada en nuestra humanidad. Esto es lo que el ministerio de Cristo a través del Espíritu hace por nosotros. No solo aplica las bendiciones de la justicia de Cristo a nosotros (justificación), sino que también trae esos recursos para influenciar la vida de los creyentes. Lo que nos lleva al tercer aspecto de la obra del Espíritu en el cristiano individual…

C. Santificación

El Espíritu Santo trabaja en el acto de la regeneración para unirnos a Cristo a través de la fe, el objetivo de su obra es transformarnos a la semejanza de Cristo. Y el proceso de esa obra de transformarnos a la semejanza de Cristo es lo que el Nuevo Testamento describe como santificación. La palabra significa santificar.

Entiendo que la palabra santificación pueda sonar irrelevante para ti, pero consideremos una serie de escenarios en los que la santificación funciona para ver cuán vital y crucial es en la vida cristiana.

Supongamos que siempre has ocultado fuentes privadas de ingresos al completar tus declaraciones de impuestos. Luego crees en Jesucristo como Salvador y Señor y comienzas a decir la verdad en tus declaraciones de impuestos, eso es santificación. Supongamos que te la pasas criticando a tu cónyuge, y entonces la Palabra de Dios habla a tu conciencia, comienzas a señalar menos y a buscar maneras de mostrar respeto, eso es santificación. Supongamos que vives con tu novia y conoces a Jesucristo y tienes el coraje de mudarte, eso es santificación. Entonces, mientras que la regeneración se refiere al nacimiento, la santificación se refiere al crecimiento. Crecimiento en vivir fervientemente en obediencia a Dios.

Y este cambio, esta renovación moral de nuestras almas es una obra del Espíritu Santo. Considera lo que dice Pablo en 1 Corintios 6:11: «Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios».

Segundo, nuestro crecimiento en santidad, nuestra santificación es una obra divina: es el fruto del Espíritu, Pedro escribe en 2 Pedro 1:3«Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder». ¡Es su divino poder!

Tercero, esta realidad del evangelio, esta obra divina no carece de esfuerzo. En cambio, el Espíritu de Dios mora en nosotros, trabaja y nos faculta para cumplir con nuestras responsabilidades. De manera que al escuchar el recordatorio de Pedro de que es el poder divino de Dios el que proporciona todo lo que necesitamos para la vida y la piedad no significa que no debemos hacer nada. El apóstol Pedro continúa escribiendo en 2 Pedro 1:5«vosotros también (porque el poder de Dios les ha dado todo [posición]), poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud…[5]».

Y el resultado del poder de Dios trabajando poderosamente a través de su Espíritu santificador es una vida llena de fruto. Recuerda lo que Pablo dice acerca del fruto que el Espíritu produce en la santificación.

Gálatas 5: 22-23 dice: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza». La vida llena del Espíritu es una en la que el Espíritu Santo está obrando en nosotros produciendo estos frutos. Si el rol central del Espíritu es revelar a Cristo y unirnos a él, entonces la meta principal del Espíritu es rehacernos a la imagen de Cristo.

D. Intercesión

Otra obra del Espíritu en nuestras vidas es la intercesión a nuestro favor la oración. La oración es una expresión de adoración y devoción, así como de necesidad personal. Por ello, considera lo que dicen las Escrituras, nadie puede llamar a Jesús ‘Señor’ excepto por el Espíritu. Pablo dice en 1 Co. 12:3: «Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo».

Del mismo modo, nadie puede llamar a Dios ‘Padre’ por ese mismo Espíritu. Pablo dice en Gálatas 4:6: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!».

Es el Espíritu el que actúa en nosotros para revelarnos a Jesús como Señor y a Dios como Padre. Así, cuando Pablo instruye a los creyentes a ‘orar en el Espíritu’ en Efesios 6:18, no está instruyendo a los cristianos a orar extáticamente o ininteligiblemente. No, ‘orar en el Espíritu’ es análogo a ‘andar en el Espíritu’. ‘Andar en el Espíritu’ se refiere a vivir toda la vida en conformidad con la Palabra de Dios. Por tanto, ‘orar en el Espíritu’ es orar de conformidad con la voluntad y el propósito del Espíritu. ¿Y dónde se revela la voluntad del Espíritu? En la Palabra de Dios. Calvino llamó ‘orar en el Espíritu’, «comprometerse a aferrarse a las promesas de Dios hasta que surtan efecto».

En otro nivel, la oración es una expresión de debilidad y necesidad. La afirmación más clara del rol del Espíritu en nuestra vida de oración se expresa en la carta de Pablo a los Romanos en el capítulo 8, cuando dice: «…el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles… porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos».

El creyente aquí es retratado como tan débil que la oración coherente es imposible. Se convierte en un gemido. Pero este gemido es una indicación de la presencia y el ministerio del Espíritu. Algunos cristianos piensan que esto se refiere a hablar en lenguas o a la expresión extática. La imagen aquí empleada, tiene que ver con algo más común en la vida cristiana. Es una imagen de absoluta debilidad y necesidad, donde el creyente es demasiado débil para expresar su necesidad de forma coherente.

Y la gran gracia del ministerio del Espíritu es que incluso cuando los cristianos son demasiado débiles para hablar con oraciones coherentes, él efectúa la determinación del Padre de reunir a sus hijos en sus brazos y atraerlos a sus propósitos.

Qué gloriosa verdad es esta. Cuando no sabemos lo que deberíamos pedirle a Dios en nuestras vidas como cristianos y cuando no sabemos lo que deberíamos pedirle como iglesia, el Espíritu Santo intercede por nosotros. De hecho, sabemos esto intuitivamente cuando pensamos en nuestra conversión. Antes de ser cristianos, no buscábamos a Dios. No sabíamos lo que necesitábamos. Pero el Espíritu intervino por nosotros. Él regenera, convence, y luego continúa intercediendo por nosotros.

Esos momentos en los que no tenemos palabras, estamos confundidos y no sabemos a dónde acudir, es en esos momentos que, por su gran compasión y bondad, el Espíritu intercede de acuerdo con la voluntad de Dios. El Espíritu ora por nosotros, no simplemente en nuestra debilidad, sino en nuestra ignorancia, llevándonos a la voluntad de Dios. Qué increíble realidad para reflexionar.

E. Seguridad

Finalmente, el Espíritu Santo nos asegura que pertenecemos a Dios. Romanos 8:16 dice: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios». Esta es la forma más elevada de seguridad cristiana. No puedes tener una mayor seguridad de que eres cristiano que en esas ocasiones benditas cuando el Espíritu te testifica que perteneces a Dios. Y esto es más que una garantía intelectual. El Espíritu también nos da una seguridad experiencial operada en nuestros corazones espiritual y emocionalmente.

Piensa en un padre y su hijo pequeño caminando juntos de la mano. El hijo sabe que el padre lo ama. Pero digamos que el padre se agacha, levanta a su hijo y le da un gran abrazo. La experiencia del hijo del amor de su padre en ese momento será particularmente segura. Bueno, así sucede con la seguridad en nuestras propias vidas: hay temporadas en las que el Espíritu nos manifiesta el amor de Dios de una manera especial.

Ahora bien, la experiencia subjetiva del creyente no es la razón por la cual estamos seguros de nuestra salvación. Es decir, no decimos que tenemos seguridad porque sentimos que tenemos el Espíritu. No, en cambio tenemos seguridad basada en realidades objetivas: las promesas de Dios en las Escrituras, la obra terminada de Cristo en la cruz, la evidencia de la obra de Dios dentro de nosotros, etc.

Pablo escribe en Romanos: «Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él» (Romanos 8:7-9).

Puede haber momentos en la vida de un creyente donde no esté consciente de la presencia del Espíritu, pero el Señor ha prometido nunca dejarnos o abandonarnos, y no quitará su Espíritu de sus hijos.

  1. La obra del Espíritu Santo en la vida de la iglesia

La obra del Espíritu Santo no es simplemente para la edificación individual sino para la edificación de la iglesia, y aquí es donde ahora queremos dirigir nuestra atención. El Espíritu Santo trabaja para edificar a la iglesia.

Lo primero que debemos considerar es el rol del Espíritu en la inspiración de las Escrituras. En Juan 14:22-26, Jesús dice que las palabras divinas que ha traído a su pueblo no cesarán cuando él los deje. Más bien, él enviará al Consolador, y cuando él venga, «os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho». Pensamos en esto como la obra del Espíritu en la vida del creyente individual, y lo es. Pero primero, esta promesa fue dada a los apóstoles y encuentra su cumplimiento en las Escrituras del Nuevo Testamento.

2 Pedro 1:21«porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo».

Además de inspirar las Escrituras, el Espíritu levanta líderes dentro de la iglesia, como pastores, ancianos y diáconos, para guiar a su pueblo y ayudar a explicar estas palabras que dan vida. Al instruir a los ancianos en la iglesia de Éfeso, Pablo dice: «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28).

El Espíritu Santo también trabaja activamente para fortalecer y alentar a la iglesia del nuevo pacto, como vemos en la iglesia primitiva en Hechos 9:31«Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo».

Si suceden cosas buenas aquí en CHBC, si estamos siendo guiados por aquellos con autoridad para enseñar y gobernar, y si estamos siendo alentados por el crecimiento que estamos viendo, entonces tenemos la obligación de alabar a Dios por eso, porque él es la fuente de esa fortaleza.

Entonces, vemos que el Espíritu está trabajando activamente en nosotros tanto individual como corporativamente.

Este puede ser un buen lugar para cerrar en oración, agradeciendo a Dios por su trabajo en nuestras vidas y nuestra iglesia.

Oremos.

La próxima semana será nuestra última clase acerca del Espíritu Santo. Veremos tres preguntas importantes, y a veces malentendidas:

1) ¿Qué significa ser lleno del Espíritu Santo?

2) ¿Qué es el bautismo del Espíritu Santo?

3) ¿Cómo deberíamos pensar de los dones del Espíritu Santo?

[1] Ef. 2:4

[2] Mi vida es Cristo de Sovereign Grace

[3] Ferguson, 100.

[4] Greek ἐν – véase pg. 197 Ferguson; Christ is the baptizer.

[5] Véase también Filipenses 2:12-131 Corintios 15:10Colosenses 1:28-29

https://es.9marks.org/

Mark Dever

No paz, sino espada

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

No paz, sino espada

Jim E. Kim

Nota del editor: Este es el duodécimo capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

Los discípulos de Jesús, al igual que sus contemporáneos judíos, creían que cuando el Mesías viniera, Él vendría como el «Príncipe de Paz», trayendo libertad política y prosperidad material (Is 9:6-7Zac 9:10). Más aún, Jesús les enseñó que los que procuran la paz son bienaventurados en verdad (Mt 5:9) y les dijo que dieran saludos de paz cuando entraran a una casa (Mt 10:12-13). Quizá algunos estaban conscientes que Él habría de traer «paz en la tierra» (Lc 2:14). Sin embargo, Jesús también dijo: «No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada» (Mt 10:34).

El conflicto es inevitable porque junto con Jesús viene un nuevo reino.

Jesús no negó que la paz sería el resultado de Su obra. Él inauguró el gobierno y el dominio del reino de Dios, el cual se caracteriza por una paz duradera, resultando en la destrucción de los enemigos de Dios, la erradicación del pecado y sus efectos y la presencia de la salvación de Dios. Pero el camino a esta paz no está marcado por la tranquilidad. Más bien, está lleno de división y conflicto. Esto es a lo que se refiere el término «espada». El relato de Lucas hace que esto sea aún más claro cuando más adelante la palabra «espada» es reemplazada por «división» (12:51). La división es inevitable porque Jesús y Su mensaje del reino demandan una respuesta. Mientras algunos le dan la bienvenida a Jesús, muchos lo rechazan a Él y a Su mensaje, y a veces de manera apasionada. El conflicto es inevitable porque junto con Jesús viene un nuevo reino. Mientras tanto, el príncipe de este mundo no se queda de brazos cruzados.

Jesús explicó la severidad de este conflicto con una referencia a Miqueas 7:6. Una señal de la pecaminosidad en los tiempos del rey Acaz fue que el pueblo de Israel ya no confiaba el uno en el otro, ni siquiera en sus propias familias. La situación en Miqueas apuntaba a los días de Jesús cuando las familias se vieron presionadas hasta el límite a causa de Jesús y Su mensaje. Vemos esto aún hoy, ya que muchos experimentan separación y división de sus familias a causa de su fe en Jesús.

Aún así, Jesús llama a Sus discípulos a perseverar. Él los preparó para el rechazo y hostilidad inevitables. La respuesta del mundo a Jesús y Su mensaje de paz fue todo menos pacífica, y nosotros quienes hoy somos Sus discípulos, no debemos esperar algo diferente. Mientras que el camino de la cruz está lejos de ser fácil o libre de preocupación, Jesús le recuerda a Sus discípulos que al perder ellos ganan y al morir ellos vivirán.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Jim E. Kim
Jim E. Kim

El Rev. Joel E. Kim es presidente de Westminster Seminary California. Es el co editor de Always Reformed [Siempre Reformado].

La Vara

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Cinco –

La Vara

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 23 – Espera

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 23 – Espera

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/espera/

Carmen Espaillat: Esperar es una de las cosas más difíciles que se nos puede pedir. Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín, nos explica lo que nos da el poder para hacerlo.

Nancy Leigh DeMoss: Esperamos por fe, sabiendo que en Dios, hay más para nosotras; que un día Dios nos dará cuerpos glorificados; que tendremos una eternidad sin dolor, sin pena y sin muerte. Y con ansias esperamos por esto.

Carmen: La vida a veces parece un embotellamiento de tráfico. Uno tiene grandes esperanzas e ideas, pero siempre hay algo que bloquea nuestro progreso.

Hay días en que parece que avanzamos solo pulgadas en nuestros planes, proyectos, y sueños. El profeta Habacuc entendería esto. Vamos a ver lo que él aprendió acerca de esperar mientras continuamos en nuestra serie, Habacuc: del temor a la fe .

Nancy: Al llegar al final de Habacuc —estamos en el último párrafo del capítulo 3 Habacuc está orando al Señor. Él está respondiendo a las cosas que él ha visto; las cosas de las cuales ha sido testigo; las cosas que Dios le ha revelado a él – sobre el carácter de Dios, la santidad de Dios, la gloria de Dios, sobre el plan de Dios, y los propósitos de Dios.

Él ve que se avecina un juicio. El reino de Babilonia será el instrumento utilizado por Dios para castigar al pueblo judío por sus caminos perversos. Pero, Dios va a traer también juicio al pueblo de Babilonia. Ellos van a cosechar lo que han sembrado, es como si toda la visión fuera demasiado, como para que Habacuc lo pudiera manejar. A la luz de lo que él había visto, él dice en el versículo 16:

“Oí, y se estremecieron mis entrañas; a tu voz temblaron mis labios. Entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy.”

Y en la última vimos que Habacuc tembló ante la revelación de la gloria de Dios -la revelación del poder de Dios, de la ira de Dios. Él tembló ante el inminente juicio y la persecución que venía. Él tembló ante el juicio que hasta los justos iban a experimentar porque vivían en una nación corrupta.

Yo pienso en el hecho de que no solo Habacuc tembló ante este pensamiento, sino también que a través de la historia del pueblo de Dios, también muchas personas de Su pueblo han sido perseguidas, incluso muchos de los justos.

Aquellos que andan por fe son perseguidos por su fe, o han tenido que sufrir junto a los injustos. Piensa en el apóstol Pablo -cuando él se convirtió, Dios dijo, “Yo le mostraré cuánto él ha de sufrir por Mi causa”.

Él sabía que su vida de servicio a Cristo no sería fácil, y que conllevaría sufrimiento. Pablo dijo en Hechos capítulo 20, “El Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones (versículo 23).

¿Puedes imaginarte estar en el ministerio, y saber que esa es la única cosa que muy seguramente ocurrirá? Habrá pruebas. Habrá luchas.

La vida de fe, que es de lo que estamos hablando en este libro, “El justo por la fe vivirá”, es una vida que también incluye aflicción (Habacuc 2:4; Romanos 1:17).

Los problemas vienen, pero sabemos que por encima de los problemas, la salvación viene. Dios está siempre obrando para la salvación de Su pueblo. Seguimos habitando en el exilio. No hemos llegado a casa todavía. Todavía no se han cumplido todas las promesas de Dios. Se cumplirán todas, y la forma como sobrevivimos aquí es ejercitándonos en la fe, en las promesas de Dios. “El justo por la fe vivirá”, aun cuando sabe que vendrán aflicciones.

Entonces, como una expresión de fe, Habacuc hace dos cosas (y vemos esto en el último párrafo del libro de Habacuc). Vamos a ver una de estas hoy. Y Veremos la otra en la próxima sesión.

Pero primero, como una expresión de fe, Habacuc dice, versículo 16, “Tiemblo. Tengo miedo, en parte, por lo que ha de suceder. Yo sé que cosas terribles vienen, y aún así esperaré tranquilamente”.

Algunas de sus traducciones dicen, “Esperaré pacientemente”. Esperaré tranquilamente, como una expresión de fe, a pesar de lo que sé que sucederá. Los babilonios vienen, el pueblo de Dios va a ser disciplinado, Dios va a derramar Su ira sobre esta Tierra.

Pero Habacuc dice “Todavía, yo esperaré tranquilamente. El solo pensamiento me hace temblar”. No es como si él hubiera enterrado su cabeza en la arena, pretendiendo que nada ocurriría o pensando que él iba a escapar de todo esto.

“Yo sé que esto va a suceder. Yo sé que seré afectado, pero aún así yo esperaré tranquilamente”. ¿Qué está esperando él? Él dice, “Tranquilo espero el día de la angustia, al pueblo que se levantará para invadirnos” (versículo 16).

“Vamos a ser invadidos, pero por encima de esto, Dios va a vindicar Su justicia; Dios se va a glorificar a sí mismo; los babilonios serán aplastados; Dios tendrá la victoria, y yo esperaré que todo esto suceda, y esperaré tranquilamente. Yo voy a esperar pacientemente”.

“No voy a esforzarme o a estar tenso o alterado, frenético, diciendo, “¿Qué va a suceder?” o “¿Qué vamos a hacer? No voy a doblegarme ante esto. Sí, me hace temblar, pero voy a esperar. Voy a esperar por fe”.

Solo quiero asegurarles, amigas, -los babilonios tal vez no vayan a invadir este país, pero entre nosotras y el Cielo, ustedes tendrán que caminar a través de sufrimiento y del dolor.

Tal vez sean tus hijos. Tal vez sea tu matrimonio. Algunas de ustedes están caminando a través de esto ahora. El dolor parece intolerable en algunos momentos. Caminarás a través de esto en tu trabajo; caminarás a través de esto en tu iglesia; caminarás a través de esto en tus relaciones.

Nuestra nación puede experimentar esto. Al orar por avivamiento en nuestra nación, yo pienso que no podemos esperar ver un avivamiento en esta nación que ha sido tan bendecida y prosperada, sin que haya sufrimiento; sin que haya alguna aflicción o persecución, y nos hace temblar el pensar lo que esto puede implicar, lo que esto puede conllevar. Cuando ores a Dios, “Lo que sea, Señor, que implique para que puedas alcanzar el corazón de mi hijo, de mi nieto , de mi nieta, de mi hija”, eso te hace temblar el solo pensar lo que esto pueda significar, lo que pueda ser, cómo pudiera esto lucir.

Cuando ores “Señor, santifícame. Saca de mi corazón todo pecado y toda maldad”, esto te hará temblar al pensar lo que puede significar, lo que puede implicar. Mas por fe, puedes decir, “Yo lo soportaré tranquilamente. Yo esperaré por el día en que Dios dirija su ira contra mis opresores, y Dios salve y redima y rescate a Su pueblo”.

Isaías capítulo 64 nos dice que desde tiempos antiguos, “No habían escuchado ni dado oídos, ni ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él”.

Esperar en el Señor en tiempos de problemas y aflicción es una expresión de fe, y ¿cómo vive el justo? “El justo por la fe vivirá” (Habacuc 2:4).

Cuando tú puedes esperar en el Señor y no vivir en un estado de mente perturbado, estás ejercitando la fe, sabiendo que Dios enderezará todo lo torcido. Que Él cumplirá Sus promesas. Espera en el Señor.

Romanos capítulo 8 nos dice que toda la creación, incluso la creación inanimada – el planeta – se retuerce de dolor ( ver versículo 22). Gime como un niño al nacer. ¿Y qué está haciendo? Está esperando que Dios redima la tierra.

Dice que aun nosotros, no solo la creación, “sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo” (versículo 23, parafraseado).

Hay gemidos saliendo de nuestra tierra. Lo podemos ver en los desastres naturales, la tierra gime y se retuerce con dolores como de parto, esperando por Dios para un Cielo nuevo y una tierra nueva.

Pero nosotros que tenemos al Espíritu en nosotras, gemimos; nos retorcemos, pero esperamos con entusiasmo que Dios termine la historia. Esperamos que Dios venga y nos reivindique. Esperamos que Dios ejecute Su justicia y Su salvación en la tierra. Esperamos que Dios nos libre de estos cuerpos débiles, demandantes y falibles. Y esto lo esperamos con ansias.

Esperamos por fe, sabiendo que Dios tiene guardado algo más para nosotras; que un día Dios nos dará cuerpos glorificados. Tendremos una eternidad sin dolor y sin quebranto y sin muerte. Y esperamos por esto con ansiedad.

Cuando tu cuerpo es sacudido por el dolor de la artritis o del cáncer, o comienzas a perder la mente por el Alzheimer’s, y ves la debilidad y fragilidad de estos cuerpos humanos, ¿acaso no esperas con ansias?

Cuando ves como le sucede esto a tus seres queridos . ¿No esperas con ansias. por el día en que todo esto quede atrás, y que todas las cosas sean hechas nuevas? Ansiosamente esperamos que esto ocurra.

Pablo sigue diciendo en Romanos 8, “Porque en esperanza hemos sido salvos, pero la esperanza que se ve no es esperanza”. (versículo 24). Si lo pudieras ver, si lo pudieras experimentar todo ahora, entonces no requeriría de la fe.

“¿Por qué esperar lo que uno ve? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” (versículo 24b-25). Pablo dice que esperamos ansiosamente, y que esperamos pacientemente. ¿Y cómo hacemos esto? Por fe. ¿Cómo vive el justo? Por fe.

Esperamos con entusiasmo. Esperamos con paciencia. Dios está en el proceso de hacer todas las cosas nuevas. ¿Entonces qué haces? Esperas en el Señor.

Ahora, no sé tú pero yo a veces, encuentro muy difícil esperar. ¿Alguna vez te has encontrado esperando para que Dios se mueva, que haga algo, o esperando que Dios obre, y tu fe como que merma, se debilita y caes en la incredulidad?

A veces incluso te encuentras diciendo, “Dios, ¡es duro esperar! Es duro cuando no puedo ver. Es duro esperar pacientemente. Todavía estoy temblando. Yo veo lo que va a suceder, y lucho con esperar. Mas yo quiero ver que suceda algo ahora!”

Yo creo que el esperar es difícil para todas nosotras. Demanda de fe, y no está en nuestra naturaleza el esperar. Es por esto que tenemos que mantener nuestros ojos puestos en el Señor y en la meta final. Yo lucho con esperar y ver cómo Dios va a resolver todas las cosas, y quiero que Dios se apresure. quiero que Él resuelva las cosas más rápido. Quiero ver el final de la historia más rápidamente.

Pero Dios dice, “No. Aprende a esperar”. Espera en el Señor. Hace un tiempo encontré un poema, escrito por un hombre que ya está en la presencia del Señor.

Tuve el privilegio de sentarme bajo las enseñanzas de su ministerio en San Antonio, hace unos años. Su nombre era Russell Kelfer, y escribió un poema acerca de esperar. Este poema ha sido publicado en un librito hermoso como parte de un diario.

Déjenme leerles este poema, porque describe el proceso por el que Dios nos lleva mientras aprendemos a esperar en Él.

El poema de la espera

Desesperadamente, impotentemente, y con nostalgia, grité; Tranquilamente, pacientemente, amorosamente, Dios respondió. Demandé y clamé por una pista de mi destino…Y el Maestro tiernamente dijo, “Espera”.

“¿Espera? ¿Tú dices espera?” Respondí indignada, “Señor, yo necesito respuestas, yo necesito saber por qué!” ¿Se ha acortado Tu mano? ¿O no has escuchado? Por fe he pedido, y reclamo Tu Palabra.

Mi futuro y todo lo que se relaciona conmigo, pende de un hilo, ¿y Tú me pides que espere?” Estoy necesitando un “sí”, una luz verde. O incluso un “no” al cual me resignaré.

Tu prometiste amado Señor, que si creemos, nosotros solo tenemos que pedir, y se nos dará. Señor, he estado pidiendo, y este es mi clamor: ¡Estoy cansada de pedir! Necesito una respuesta.

Entonces, tranquilamente, suavemente, supe sobre mi destino, cuando mi Maestro respondió otra vez, “Espera”. Entonces me desplomé en mi silla, derrotada y consumida. Y me quejé a Dios, “Entonces, estoy esperando… ¿pero qué espero?”

Parecía como si Él se arrodillara y Sus ojos se encontraran con los míos… Y el tiernamente me dijo, “Yo puedo darte una señal. Yo pudiera batir el cielo y oscurecer el sol. Yo pudiera levantar a los muertos y hacer que las montañas corran.

Yo pudiera darte todo lo que buscas y satisfecha estarías. Tú tendrías lo que quieres, pero no me conocerías a Mí. No conocerías la profundidad de Mi amor por cada santo. No sabrías sobre el poder que le doy al débil.

No aprenderías a ver a través de las nubes de la desesperación. No aprenderías a confiar con el solo saber que Yo estoy ahí. Tú no conocerías el gozo de descansar en Mí, cuando la oscuridad y el silencio es todo lo que puedes ver.

Tú nunca conocerías la plenitud del amor, cuando la paz de Mi espíritu descienda como una paloma. Tú sabrías que Yo doy, que salvo, pero no conocerías la profundidad del latido de Mi corazón.

El brillo de Mi consuelo en las madrugadas… La fe que te doy cuando caminas sin ver. La profundidad que existe más allá de simplemente recibir lo que pides de un Dios infinito que hace que lo que tienes perdure.

Tú nunca sabrías, si tu dolor rápidamente desaparece, lo que significa que Mi gracia te baste. Sí, tus más preciados sueños se harían realidad de un día a otro, pero oh, ¡qué lamentable sería el perder de vista lo que Yo estoy haciendo en ti!

Entonces, haz silencio hija mía , y con el tiempo verás, que el mayor de los regalos es realmente conocerme a Mí. Y aunque mis respuestas parezcan llegar muy tarde, mi respuesta más dulce sigue siendo “ESPERA”.

Espera. Espera en el Señor. Aquellos que esperan en el Señor nunca serán decepcionados.

Carmen: Dios te llevará a pensarlo dos veces antes de quejarte, cuando tengas que hacer algo que conlleve esperar, así nos lo recordaba Nancy Leigh DeMoss en esta sesión.

Cuando finalmente llega el tiempo en que un bebé deja de usar un pacificador, la primera noche sin este puede ser un tiempo de prueba. Es un tiempo de sufrimiento que es bueno -enseñándole al niño que es tiempo de dejar cosas que él o ella no necesita más. El sufrimiento quita también de nosotros algunos de nuestros “pacificadores” o muletas. Para terminar la sesión de hoy aquí está Nancy.

Nancy: ¿Hay impaciencia en sus corazones porque quieren que se Dios mueva, que Dios obre? ¿Has sido impaciente con Él, diciéndole, “¡Señor, pero hazlo ahora! Arréglalo ahora. ¡Cámbialo ahora!”

¿Has estado presionando y demandando? ¿Has acusado a Dios de ser indiferente? Dios dice, “Yo tengo un tesoro que quiero darte. Quiero que me conozcas, pero tendrás que esperar”.

Si tu corazón ha estado impaciente o enojado con Dios porque Él no se ha movido ante la situación tan rápido o en la forma que pensabas que debería – aunque sea solo en este momento- confiesa esto al Señor.

Arrepiéntete. Levanta tus ojos al Señor, y con fe dile, “Señor, por Tu gracia, yo esperaré tranquilamente. Yo esperaré pacientemente para que Tú hagas lo que vayas a hacer. Yo esperaré pacientemente para que Tu propósito sea cumplido. Yo sé que este no es el último capítulo. Yo sé que este no es el final de la historia, y yo sé que vale la pena esperar por el final de esta historia”.

Y para terminar nuestro programa de hoy, me gustaría que escucháramos una porción de una entrevista que hicimos a Bety Velázquez de Berrido porque aunque Bety está sufriendo de un cáncer que podría terminar con su vida a menos que Dios intervengan, Bety tiene la perspectiva correcta acerca de su situación , desde hace aproximadamente 10 años esta mujer ha estado enfrentando, tribulaciones y aflicciones que tiene que ver con su salud y pensamos que era bueno y provechoso dejar registrada esa entrevista con Bety porque ella mostró y muestra el gozo del Señor en medio de las aflicciones( el justo por la fe vivirá)

Y una de las preguntas que le hicimos a Bety si ella había pensado acerca de la muerte antes de que Dios trajera toda esta aflicción a su vida, escuchemos lo que Bety tiene qué decirnos.

Bety: Bueno de verdad que no había pensado en la muerte, de verdad que no pero en este proceso que estoy ahora mismo desde hace dos meses que he sentido mucho dolor en mi cuerpo, en diferentes lugares y de verdad que ha sido tan constante esos dolores que me han puesto muy chiquitita, “muy chiquitita”.

Aunque me repito que estoy derribada pero no destruida, que estoy pasando por tribulación pero no angustiada, es decir sigo hablándole a mi alma, para que mi alma no me esté… Es decir para no sentirme enferma sino que ¡oye! son cosas que están pasando y Dios tiene el control y están los calmantes.

¡Qué bueno que están los calmantes! Qué bueno que está el dinero para comprarlos y entonces en eso estoy trabajando pero en este proceso de hacen dos semanas para acá. Si he pensado en eso, en ese momento y de verdad que me gustaría que el Señor me encontrara, cuando llegue ese momento, de verdad que me diga, “Buen siervo fiel en lo poco fuiste fiel , en lo mucho te pondré”.

Eso es lo que yo quiero oír, “entra en el gozo de tu Señor” , ya ahí no voy a llorar, no voy a sentir dolor, los tumores no van a estar, la pierna voy a caminar derechita, es decir que de verdad he pensado en eso pero mi mayor anhelo es que el Señor me encuentre fiel.

Nancy: Bety cuéntanos un poco dónde y cómo, comenzó todo este proceso, todas estas aflicciones a través de las cuales el Señor los ha estado guiando.

Bety: Todo comenzó en el año 2005, una camioneta nos dio por detrás e hizo que mi esposo perdiera el control y nos estrelláramos contra el muro que está en el medio, tanto mis hijos como mi esposo quedaron inconscientes. Hubo que llevarme de una vez a cirugía.

Nancy: Tú duraste muchos años en sillas de ruedas.

Bety: Sí, aproximadamente yo duré año y medio, luego me pusieron en andador, porque a todo esto duré año y medio en terapia y tuve también terapia ocupacional es decir que a los dos meses volví a trabajar, en mi silla de ruedas, en el colegio dando clases, eso fue una linda experiencia, para ellos y para mí.

Nancy: ¿Y tus hijos y René se recuperaron completamente?

Bety: Sí, Ana Patricia cayó en coma y a los dos días volvió en sí, pero esa noche hubo algo tremendo porque hubo junta de médicos, unos neurólogos querían abrir, otros que no y de una vez los hermanos se pusieron a orar que el Señor les diera la sabiduría y gracias al Señor no la abrieron.

Lo que hicieron fue que le pusieron unos tubitos para que la sangre pudiera salir y el domingo cuando ella despertó porque se temía que pudiera perder la memoria, porque el cerebro estaba muy hinchado, pero gracias a Dios cuando ella despertó que abrió los ojos de una vez encontró una enfermera y preguntó por mí.

Nancy: El Señor afligió pero permitió que todos salieran, vamos a decir con vida. Y entonces en medio de todo esto Bety, ¿cuando es que tu recibes la noticia de que hay otro proceso caminando en tu cuerpo que entonces era cáncer?

Bety: ¡Sí! Bueno, en el 2013 después de mi última operación de ortopedia que fue en el 2010, de sacarme todos los hierros que tenía en la pierna izquierda y en el 2013, me siento una pelotera en el abdomen, voy al médico y era un tumorcito, se veía pequeño en la sonografía pero los análisis detectaron que era algo más grande porque me bajó mucho la hemoglobina y hubo que operar casi de emergencias y efectivamente era un tumor súper grande y gracias al Señor lo pudieron sacar entonces ahí estaba el dilema de si era negativo o positivo, hubo que hacer biopsia.

A todo esto yo me mantuve muy tranquila porque el Señor en esos 7 años que tuvimos en el proceso del accidente el Señor había trabajado mucho con mi corazón, con mi fortaleza. Es decir la palabra de Dios se volvió operativa en mi vida, muy operativa, yo estaba con mucha paz, estaba tranquila.

Bueno mi esposo me decía, “¡ay pero a ti si te gusta que te operen!” Porque casi todos los años había que hacerme una operación de ortopedia y yo le decía, “¡No! Pero si hay que hacerla y tenemos el seguro, ¿para qué retardar más la situación?” Y gracias al Señor Él me dio esa tranquilidad y esa seguridad de que Él iba a cuidar de mí.

Nancy: Amén.

Bety: Cada vez que entraba a cirugía era con esa confianza.

Nancy: Cuando tu dices “operativa”… ¿Qué en realidad tú quieres decir? ¿Como que se hacía real, que tú la orabas? ¿Como se hacía operativa?

Bety: Bueno, operativa, que yo cada vez que oraba, cada vez que leía de sus promesas, yo las entraba en mi corazón es decir yo las hacía mías.

Nancy: Era para Bety.

Bety: ¡Era para Bety! Bueno, en mi Biblia hay varias promesas que dicen Bety y de verdad que yo las cogía para mí y sí eso es Palabra de Dios, palabra viva. Oye, Él lo estaba haciendo en mi vida porque Él me dio mucha paz en medio de la tormenta, cuando hablan de cáncer es como si tú tuvieras una sentencia de muerte pero la sentencia de muerte la tenemos todos, entonces yo dije no, esa sentencia solamente Dios la tiene en Sus manos; Él es el que sabe el día y la hora .

¡Pero eso sí! Yo quiero dejarle un legado a mis hijos, un legado de que el Dios que ellos conocen desde que estaban en mi vientre, desde pequeñitos, es un Dios creíble, es un Dios verdadero, ese Dios que está en la Biblia es UN DIOS REAL.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries

Todas Las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Un cristianismo envidiable

Viernes 30 Octubre

Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Hechos 16:31

Yo y mi casa serviremos al Señor. Josué 24:15

Un cristianismo envidiable

Llega una nueva generación: jóvenes, adolescentes, niños y bebés. Llegan a un universo que poco a poco se ha alejado de Dios y de los valores que Cristo enseñó. El egoísmo, la inmoralidad, la mentira, el odio y la violencia reinan en una sociedad donde cohabitan el desempleo, la pobreza, la locura de todo tipo de placeres y las grandes desigualdades. Todo esto sucede porque los hombres abandonan cada vez más el respeto que deben a Dios y a las enseñanzas de la Biblia. ¿Hay que desesperarse? ¡No! Dios es paciente y aún hoy presenta a cada uno de estos jóvenes su plan de salvación; él libera y protege también a los que desean vivir con él. Nosotros como adultos o padres, ¿cómo podemos ayudarles?

–Examinemos nuestras propias vidas. ¿Tenemos riquezas espirituales para compartir? Si la Palabra de Dios inspira nuestros pensamientos, el amor de Cristo y la verdad dirigirán nuestras acciones. Nuestra vida será un ejemplo para los más jóvenes; les producirá el deseo de conocer la Biblia y seguir a Jesús, el buen Pastor.

–Demos a Jesús el primer lugar en nuestros hogares para que sean lugares acogedores donde su autoridad sea reconocida y su Palabra leída y vivida diariamente.

–Vivamos en un clima de oración. Hablar del Señor a nuestros hijos está bien, pero hablar al Señor de nuestros hijos es igual de necesario.

–Demos también el primer lugar al Señor el domingo para reunirnos en torno a él.

–Cultivemos el amor hacia el prójimo, hagamos todo para que nuestros hijos hallen la ocasión de servir al Señor.

Deuteronomio 24 – Juan 14 – Salmo 119:81-88 – Proverbios 26:15-16© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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