¿Es Cristo tu Señor?

Alimentemos El Alma

¿Es Cristo tu Señor?

A.W. Pink

No te preguntamos: “¿Es Cristo Tu “Salvador?” Sino ¿Es El, de verdad y realmente tu Señor? Si él no es tu Señor, entonces con toda seguridad El no es tu “Salvador.” Aquellos que no han recibido A Cristo Jesús como su “Señor” y aun suponen que es su “Salvador,” están engañados, y su esperanza descansa sobre un fundamento de arena. Multitudes son engañadas acerca de este punto vital, y por consiguiente, si el lector aprecia su alma, le rogamos que haga una lectura más cuidadosa a este pequeño tratado.

Cuándo preguntamos, ¿Es Cristo tu Señor? No preguntamos, ¿crees en la Divinidad de Jesús de Nazareth? ¡Los demonios hacen eso (Mat. 8:28,29) ya a pesar de eso perecen! Usted puede firmemente quedar convencido de la Deidad de Cristo, y aún puede estar en sus pecados. Usted puede hablar de El con mucha reverencia, llamarle por sus títulos divinos en sus oraciones y aún puede no ser salvo. Usted puede abominar a aquellos que menosprecian Su persona y niegan Su divinidad, y sin embargo no tener ningún amor espiritual hacia El.

Cuándo preguntamos, Es Cristo tu Señor, queremos decir, ¿Ha ocupado El de verdad el trono de tu corazón? ¿Gobierna realmente El tu vida? “Todos nos descarriamos como ovejas, cual se apartó por su camino” (Isa 53:6) describe el camino que todos seguimos por naturaleza. Antes de la conversión cada alma vive para complacerse a sí misma. Antiguamente estaba escrito, “cada uno hacía lo que bien le parecía” y ¿por qué? “En estos días no había rey en Israel” (Jueces 21:25). ¡Ah! ese es el punto que queremos poner en claro al lector. Hasta que Cristo se convierta en tu Rey (1 Tim 1:17; Apocalipsis 15:3), hasta que te rindas a Su gobierno, hasta que Su voluntad se convierta en la regla de tu vida, el ego llevará el control, y así Cristo es negado.

Cuando el Espíritu Santo comienza Su obra de gracia en un alma, El primero convence de pecado. Él me muestra la naturaleza verdadera y horrible del pecado. Él me hace consciente de que se trata de una rebelión, un desafío a la autoridad de Dios, colocar mi voluntad en contra de la de El. El me enseña que al “ir por mi camino” (Isa. 53:6), al agradarme a mí mismo, he estado luchando en contra de Dios. Cuando mis ojos son abiertos para ver la rebelión de toda mi vida, y ver que tan indiferente he sido respecto al honor de Dios, qué tan indiferente he sido respecto a Su voluntad, me lleno de angustia y horror, y me maravillo que el tres veces Santo no me haya arrojado al infierno. Lector, ¿ha experimentado usted alguna vez esto? Si no, ¡hay razón muy seria para temer que usted aún esté muerto espiritualmente!

La conversión, la verdadera conversión, la conversión que salva, es una volver del pecado hacia Dios en Cristo. Es un abandonar las armas de mi guerra en contra de El, un cese de despreciar e ignorar Su autoridad. La conversión del Nuevo Testamento está descrita así: “os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir [estar sujetos, obedecer] al Dios vivo y verdadero” (1 Tes. 1:9). Un “ídolo” es cualquier objeto para al cual rendimos lo que solo le pertenece a Dios –el lugar supremo de prioridad de nuestros deseos, la influencia que modela nuestros corazones, el poder que domina nuestras vidas. La conversión es un cambio completo, donde el corazón y la voluntad repudian el pecado, el ego, y el mundo. La conversión genuina es siempre evidenciada por “Señor ¿qué quieres que haga?” (Acto 9:6); es una claudicación incondicional de nosotros mismos hacia Su santa voluntad. ¿Te has rendido a El? (Rom. 6:13).

Hay muchas personas que les gustaría ser salvos del Infierno, pero quién no quiere ser salvado de su voluntad propia, de apartarse de su propio camino ni de una vida (alguna forma) de cosas mundanas. Pero Dios no los salva según sus términos. Para salvarse, debemos someternos a Sus términos: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia” (Isa. 55:7). Dijo Cristo: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:33). Los hombres tienen que ser convertidos “de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios para que reciban… perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:18).

“Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él” (Col. 2:6). Esa es una exhortación a los cristianos, y su implicación es que debemos continuar como comenzamos. Pero ¿cómo hemos comenzado? Por recibir a “Cristo Jesús el Señor,” rindiéndose a El, por someternos a Su voluntad, dejando de agradarnos a nosotros mismos. Ahora pertenecen a Su autoridad y Sus mandamientos se han convertidos en su regla de vida. Su amor los constriñe a una obediencia alegre e incondicional. “Se dieron primeramente al Señor” (2 Cor. 8:5). ¿Ha hecho usted esto, mi estimado lector? ¿Si? ¿Se manifiesta en tu vida? ¿Pueden ver aquellos con quienes tienes contacto de que ya no vives para complacer tu ego (2 Cor 5:15)?

¡Oh mi querido lector, no yerres en este punto: La conversión que el Espíritu Santo produce es algo muy radical! Es un milagro de gracia. Es cuando se le entrona a Cristo en la vida de uno. Y tales conversiones son muy raras. Multitudes de personas tienen suficiente “religión” para hacerles miserables. Se rehúsan a abandonar cada pecado conocido –y no hay verdadera paz para un alma hasta que lo haga. Ellos nunca han “recibido a Cristo Jesús el Señor” (Col 2:6). Si lo hubieran hecho entonces, “el gozo del SEÑOR” serían su fuerza (Neh. 8:10). Pero el lenguaje de sus corazones y sus vidas (no de sus “labios”) es, “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lucas 19:14). ¿Es este su caso?

El gran milagro de gracia consiste en transformar a un rebelde impío en un súbdito cariñoso y leal. Es una “renovación” del corazón, donde la persona ha llegado a aborrecer lo que antes amaba, y las cosas que le parecían molestas ya le son muy atractivas (2 Cor. 5:17). “Según el hombre interior” el, “se deleita en la ley de Dios” (Rom. 7:22). Él descubre que los mandamientos de Cristo “no son gravosos” (1 Juan 5:3), y que “en guardarlos hay grande galardón” (Sal. 19:11). ¿Es esta su experiencia? ¡Tendría que ser si hubieras recibido a Cristo Jesús EL SEÑOR!

Pero el recibir a Cristo Jesús el Señor está totalmente más allá del poder humano. Esa es la última cosa que desea el corazón no renovado. Debe haber un cambio de parecer sobrenatural en el corazón antes de que pueda existir aun el deseo de que Cristo ocupe su trono. Y ese cambio, nadie lo puede realizar sino solamente Dios (1 Cor. 12:3). Por lo tanto, “Buscad a JEHOVA mientras pueda ser hallado” (Isa. 55:6). Vaya en busca de El con todo su corazón (Jer. 29:13). Lector, puede ser que hayas profesado ser cristiano por muchos años, y hayas sido muy sincero en tu profesión. Pero si a Dios le ha agradado utilizar este tratado para mostrarte que nunca en verdad o con sinceridad has “recibido a Cristo Jesús el Señor,” si ahora en tu propia alma y conciencia te das cuenta de que el EGO te ha gobernado hasta ahora, ¿podrías ponerte de rodillas y confesarlo a Dios, confesarle tu obstinación, tu rebelión hacia El, y rogarle que obre en tu vida para que de una vez, puedas entregarte por completo a Su voluntad y convertirte en Su súbdito, Su siervo, Su esclavo amado, de hecho y en verdad? – Por A.W. Pink

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es

Episodio 48 – Consejos para los cristianos que trabajan los domingos

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Episodio 48 – Consejos para los cristianos que trabajan los domingos

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

¡Recuerda Compartirlo!

Sitio Internet: somossoldados.org
Facebook: https://www.facebook.com/SoldadosDeJe…
YouTube: https://www.youtube.com/user/sdejesuc…
SoundCloud: https://soundcloud.com/sdejesucristo

La obra de Cristo – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 13/26

La obra de Cristo – Parte 2

«Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Ti. 1:15).

  1. Introducción y repaso
  • Los estados de humillación y exaltación: «Todo el Nuevo Testamento enseña al Cristo humillado y exaltado como centro del evangelio»[1].
  • Humillación: Encarnación, vida sin pecado, muerte expiatoria.
  • Exaltación: Resurrección, ascensión, sesión, intercesión, segunda venida.
  1. El estado de exaltación

A. La resurrección de Cristo

(Salmo 16:8-11Isaías 53:10Mateo 16:2117:22-2320:18-1928:1-20Marcos 8:319:3110:32-3416:1-8Lucas 9:2218:31-3324:1-53Juan 2:19-2210:17-1820:1–21:25Hechos 2:32Romanos 4:251 Co. 15:3-412-22Hebreos 7:1624-25)

Las obras del Cristo exaltado comienzan con la resurrección. De acuerdo con el apóstol Pablo en 1 Corintios 5, la resurrección es el fundamento de nuestra fe y esperanza, y dado que es el fundamento de la fe y esperanza del cristianismo, es esencial para los escritos del Nuevo Testamento.

Los Evangelios testifican la resurrección de Cristo. El libro de Hechos es la historia de la proclamación de los apóstoles de la resurrección de Cristo y de la continua oración a Cristo como el que vive y reina en los cielos. Las epístolas dependen enteramente de la suposición de que verdaderamente Jesús ha resucitado de la tumba, y el libro de Apocalipsis muestra reiteradamente al Cristo resucitado reinando en los cielos en preparación para su regreso para conquistar a sus enemigos y reinar en gloria. Por tanto, todo el Nuevo Testamento da testimonio de la resurrección de Cristo, y si la resurrección es tan fundamental para el Nuevo Testamento, deberíamos preguntarnos por qué es tan importante para nosotros.

  • La resurrección asegura nuestra regeneración

(1 Pedro 1:3Efesios 2:5-6)

En su primera carta, Pedro dice: «Bendito el Dios y Padre nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos». Aquí, Pedro conecta explícitamente la resurrección de Jesús con nuestra regeneración o nuevo nacimiento. Cuando Jesús se levantó de entre los muertos tenía una nueva calidad de vida, una «vida de resurrección» en un cuerpo y espíritu humanos que eran perfectamente adecuados para la comunión y obediencia a Dios para siempre. En su resurrección, Jesús obtuvo por nosotros una nueva vida como la suya. No recibimos todo lo de esa nueva «vida de resurrección» cuando nos convertimos en cristianos, porque nuestros cuerpos permanecen como estaban, todavía sujetos a debilidad, envejecimiento y muerte. Pero en nuestros espíritus fuimos hechos vivos con un nuevo poder de resurrección. Así, es a través de su resurrección que Cristo ganó por nosotros la nueva clase de vida que recibimos cuando nacemos de nuevo.

  • La resurrección de Cristo asegura nuestra justificación

(Romanos 4:25)

En Romanos 4:25, Pablo dice que Jesús «fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación». La resurrección de Cristo de entre los muertos fue la declaración de Dios de que había aceptado la obra de redención de Cristo. Al levantar a Jesús de la tumba, Dios el Padre estaba en efecto diciendo que aprobaba la obra de sufrimiento y muerte de Jesús por nuestros pecados, que su obra había sido consumada, y que Cristo ya no tenía necesidad de permanecer muerto. No quedaba ningún castigo que ser pagado por el pecado, no más ira de Dios, ni culpa ni responsabilidad por el castigo, todo había sido completamente cancelado y no quedaba culpabilidad alguna. En la resurrección, Dios estaba diciendo: «Apruebo lo que has hecho, y has hallado favor ante mis ojos».

Pero Dios en su gran amor y misericordia nos vida juntamente con Cristo, y «juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús» (Efesios 2:6), entonces en virtud de nuestra unión con Cristo, la aprobación de Dios de Jesús también es su aprobación hacia nosotros. Cuando el Padre, en esencia, dijo a Cristo: «Todo el castigo por los pecados ha sido pagado y no te encuentro culpable, sino justo delante de mí», al mismo tiempo hizo la declaración que se aplica a nosotros que hemos creído en Cristo. De esta manera, la resurrección de Cristo también da la prueba final de que él había ganado nuestra justificación.

  • La resurrección de Cristo asegura que recibiremos cuerpos perfectos de resurrección

(1 Co. 6:142 Co. 4:141 Co. 15:12-58)

El Nuevo Testamento en varias ocasiones conecta la resurrección de Jesús con nuestra resurrección corporal final. En 1 Corintios 6:14, Pablo dice: «Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder». Del mismo modo, en 2 Corintios 4:14, dice: «El que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros». Por otra parte, en 1 Corintios 15, que es el tratado más largo de la conexión entre la resurrección de Cristo y la nuestra, Pablo dice que Cristo es el primer fruto de los que han dormido. El término «primicias» es una metáfora agrícola que indica que seremos como Cristo. Así como él, «las primicias» serán levantadas, así también nosotros seremos resucitados. El cuerpo de resurrección de Cristo muestra cómo será el nuestro cuando seamos resucitados. Seremos sanados, glorificados, completos, incorruptos y no susceptibles a la corrupción.

B. La ascensión de Cristo

(Salmo 110:1Juan 6:61-6220:1716:4-7Mateo 22:41-46Lucas 24:50-53Hechos 1:1-112:32-363:19-21Efesios 4:7-81 Timoteo 3:16)

La ascensión como el eje/prerrequisito de otras obras salvíficas de Cristo

La ascensión es el prerrequisito para las subsiguientes obras salvíficas de Cristo: la sesión, el Pentecostés, la intercesión, y la segunda venida. En el Salmo 110:1 y Hechos 2:33-36, es notorio que Cristo tenía que ascender para sentarse a la diestra del Padre, comenzando así su sesión celestial. Por su ascensión, por tanto, Cristo pudo tomar su lugar como Rey sobre toda la creación hasta el momento en que todas las cosas estarían totalmente sujetas a él.

La ascensión también fue necesaria para que Cristo enviara el Espíritu en Pentecostés. Cristo hace esta afirmación explícitamente en Juan 16:7: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré». Después de la ascensión de Cristo, recibió el Espíritu del Padre, y luego como el gran profeta, sacerdote y rey ​​derramó el Espíritu sobre su iglesia como una bendición (Juan 7:39Hechos 2:33).

La ascensión también fue necesaria para la intercesión de Cristo. En Hebreos 8, la intercesión de Cristo es su ministerio sacerdotal actual para su pueblo. Este ministerio celestial solo es posible si Cristo toma su posición de sacerdote para siempre en el orden de Melquisedec. Esa posición no está en la tierra sino en el cielo, y esa posición se logra solo por su ascensión (Hebreos 8:4).

Finalmente, está claro que Cristo podría venir nuevamente solo si se fue en primer lugar. Pedro declaró esta verdad ante el Sanedrín en referencia a Jesús, «a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas» (Hechos 3:21). Aunque no podemos entender completamente el misterio del plan de Dios, sí requiere que Jesús ascienda al cielo, y una vez allí gobierne y dé poder a su iglesia para que el reino de Dios se extienda. La ascensión de Cristo salva. Cada beneficio que la iglesia recibe de Jesús en el cielo sería imposible a menos que él primero ascendiera para tomar su posición allí.

C. La sesión de Cristo

(Salmo 110:1Hebreos 1:3-48: 1-2Hechos 5:30-31Romanos 8:33-34Colosenses 3:1-4)

La sesión de Jesús salva. Un aspecto específico de la ascensión de Cristo al cielo y de recibir honor fue el hecho de que se sentó a la diestra de Dios, que es lo que se conoce como la sesión de Cristo a la diestra de Dios.

El Antiguo Testamento predijo que el Mesías se sentaría a la diestra de Dios en el Salmo 110:1: «Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies». Y cuando Cristo ascendió de nuevo en el cielo recibió el cumplimiento de esa promesa. Esto es a lo que Hebreos 1 se refiere cuando dice: «habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas».

Esta bienvenida a la presencia de Dios y sesión a la diestra de Dios es una indicación dramática de la finalización de la obra de redención de Cristo. Al igual que nos sentamos al final de un duro día de trabajo, satisfechos con lo que hemos hecho, Cristo también se sentó visiblemente demostrando que su obra de redención está completa.

De manera similar, sentarse a la  diestra de Dios es una indicación de la autoridad que recibió sobre todo el  universo. Esto es a lo que Pablo se refiere en Efesios 1:20-21, cuando dice que Dios «resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra».

Y es a la diestra de Dios que Cristo ahora intercede por su pueblo…

D. La intercesión de Cristo

(Levítico 16, Salmo 110:4Isaías 53:12, Juan 17, Romanos 8:31-34Hebreos 6:19-207:258:39:11-14241 Juan 2:1-2😉

La Biblia enseña que la intercesión salva. ¿Pero exactamente cómo nos salva la intercesión celestial de Cristo? Primero, nos salva porque es la culminación de la obra sacerdotal de Cristo. La intercesión de Cristo no es, enfáticamente, la culminación de su obra sacrificial. Su obra sacrificial se consumó para siempre en la cruz. Sin embargo, su obra sacrificial no fue el final de su obra sacerdotal. Después de hacer el sacrificio final por los pecados, se levantó nuevamente, ascendió al cielo, se sentó a la diestra de Dios y derramó el Espíritu Santo sobre la iglesia. Como resultado de estos acontecimientos salvíficos previos, él ahora intercede por los pecadores que vino a salvar.

Si no hubiese resucitado de entre los muertos, entonces no habría podido comparecer en presencia de Dios en nuestro favor como intercesor, y si no hubiese aparecido en presencia de Dios en nuestro favor, su obra sacerdotal estaría incompleta. El testimonio de la Escritura es que Cristo ha resucitado y que ha ascendido al cielo y se ha manifestado en presencia de Dios en nuestro favor. E incluso ahora el Cristo exaltado en el cielo intercede continua y efectivamente por su pueblo, garantizando así nuestra salvación final. Esto nos lleva a la segunda forma en que la intercesión salva.

Nos salva porque es un medio por el cual Dios permite a su pueblo continuar en fe y obediencia. Es el plan de Dios que sus escogidos perseveren en la fe y la obediencia (Romanos 8:29-30), y un medio por el cual Dios logra su plan es la intercesión continua de Cristo en nuestro nombre.

La intercesión sacerdotal de Cristo no solo es continua, sino que también es efectiva. Dios el Padre escucha a su Hijo, y el Padre siempre responde las peticiones de su Hijo (Juan 11:42). Esto significa que las oraciones de intercesión de Cristo siempre son exitosas. Como Jesús oró por Pedro (Lucas 22:31-32), ora por todo su pueblo. Él ora para que los escogidos continúen en la fe y perseveren hasta la salvación final, y Dios responde sus oraciones. Él siempre tiene éxito. Él siempre vive para interceder por nosotros (Hebreos 7:25). Jesucristo es un Salvador perfecto para su pueblo.

M’Cheyne: «Si pudiera escuchar a Cristo orando por mí en la habitación contigua, no temería a un millón de enemigos. Sin embargo, la distancia no hace diferencia; Él está orando por mí».

E. La segunda venida de Cristo

(Salmo 110: 1Daniel 7:13-14Mateo 25:31-34Marcos 13:26-27Juan 14:1-3Hechos 1:9-11Filipenses 3:20-21Colosenses 3:41 Tesalonicenses 4:14-18Tito 2:11-14Hebreos 9:24-281 ​​Pedro 1:13; 1 Juan 3:2-3)

El regreso de Jesús significa que estaremos con él y el Padre. Jesús mismo afirma esto en el Evangelio de Juan: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:2-3). Aquí Jesús compara el cielo con una gran casa con muchas habitaciones. Él ha regresado a la casa del Padre para preparar un lugar para cada creyente. El punto es que el Padre nos ama y estaremos «en casa» en su presencia celestial. No nos sentiremos fuera de lugar; perteneceremos a la casa celestial de nuestro Padre.

Pablo enseña la misma verdad cuando aclara la confusión de los tesalonicenses con respecto al regreso de Jesús. Tenían la idea equivocada de que sus compañeros creyentes que murieron podrían perder la salvación final. Pero Pablo dice que no deben llorar, como hacen los que no son salvos, cuando mueren sus seres queridos. No se perderán la salvación final, porque Jesús los resucitará de entre los muertos. «Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor» (1 Tesalonicenses 4:17). La segunda venida de Jesús significará la salvación para los creyentes vivos y muertos. La salvación se expresa aquí como estar con Jesús para siempre. Se desencadena por la segunda venida y en ese momento todos los santos irán a estar con el Señor.

Y el regreso de Jesús trae gloria. Pablo afirma que el regreso de Jesús significará gloria para los cristianos. Aunque vivimos en la tierra, «nuestra ciudadanía está en los cielos». Desde allí «también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas» (Filipenses 3:20-21). Nuestros cuerpos mortales son humildes porque están sujetos a la enfermedad y la muerte. A su regreso, Cristo ejercerá su poder omnipotente y hará que nuestros humildes cuerpos compartan la gloria de su resurrección. Su segunda venida significará gran gloria para todos los redimidos.

Dios se ha unido espiritualmente a cada creyente con su amado Hijo, para que sus beneficios salvíficos se vuelvan nuestros. Nosotros espiritualmente morimos con él, fuimos resucitados con él, y estamos sentados en los lugares celestiales con él (Col. 2:203:13Efesios 2:6). Estamos tan unidos a él que dos veces las Escrituras enseñan que la segunda venida de Cristo significará una segunda venida para nosotros, por así decirlo. «Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria»  (Col. 3:4; véase también Ro. 8:19). Pablo quiere comunicar que la verdadera identidad de los cristianos se revela solo parcialmente ahora porque está oscurecida por el pecado. Estamos tan unidos a Cristo espiritualmente que nuestra plena identidad se revelará solo cuando Jesús regrese. En ese sentido, también tendremos una «segunda venida». El regreso de nuestro Señor significa la revelación de nuestra verdadera identidad, y eso implica aparecer con él «en gloria».

El regreso de Jesús también trae vida eterna. El mensaje de Jesús acerca de las ovejas y los cabritos en Mateo 25 es el pasaje bíblico más famoso acerca de los destinos eternos de los seres humanos. Él enseña poderosamente que las ovejas serán bendecidas con una rica herencia en el reino final de Dios, pero los cabritos serán malditos para siempre en el fuego preparado para el diablo y sus ángeles. Jesús deja las siguientes palabras resonando en los oídos de sus oyentes: «E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna» (Mateo 25:46). Al considerar estas palabras aleccionadoras, es importante tener en cuenta la manera en que Mateo presenta las enseñanzas de Jesús: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria» (v. 31). Es el venidero Rey Jesús quien condenará al malvado al infierno y bendecirá a los justos con la vida eterna.

La Biblia concluye con una temática similar. Cerca del final de Apocalipsis, alguien dice: «He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra» (Apocalipsis 22:12). Quien habla es Jesús, que vendrá nuevamente y recompensará a su pueblo (y castigará a los malvados). Luego, Juan pronuncia una bienaventuranza: «Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad» (Apocalipsis 22:14). Aquí nuevamente, las Escrituras llaman a los cristianos «bienaventurados», llenos de gozo, al final. ¿Por qué? Porque han sido limpiados por la sangre del Cordero y como resultado tienen «el derecho al árbol de la vida». El árbol que representa la vida eterna con Dios se encontraba en el huerto de Edén y reaparece al final de la historia bíblica. Adán y Eva fueron desterrados del huerto para que no comieran del árbol y vivieran para siempre en un estado pecaminoso. Al final, todo el pecado será eliminado del pueblo de Dios, y tendrán acceso libre al árbol, que simboliza la vida abundante (Apocalipsis 22:2).

El regreso de Jesús trae gozo. Tanto Pablo como Juan hablan de la alegría consumada de los redimidos. Como acabamos de ver, Juan, después de registrar la promesa de Jesús de regresar, habla de la bienaventuranza que les espera a los santos: «Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida» (Apocalipsis 22:14). El mensaje de Pablo es parecido. Después de exaltar la gracia de Dios que trae la salvación, dirige nuestra atención a «la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo quien se dio a sí mismo por nosotros» (Tito 2:1113-14). El apóstol habla del Redentor que regresa. ¿Cómo describe él la «manifestación» de Cristo? Es «nuestra esperanza bienaventurada» (v. 13). La esperanza del Señor y la segunda venida del Salvador llenan de alegría a los cristianos mientras esperan estar con él para siempre.

El regreso de Jesús trae liberación. Otro beneficio que Jesús trae con su regreso es la liberación. Esta liberación toma dos formas. Primero, liberará a su pueblo de cualquier persecución que soporten. Pablo lo aclara al comienzo de 2 Tesalonicenses: «Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego» (1:6-8). En ese día vendrá «para ser glorificado en sus santos y ser admirado» por todos los verdaderos creyentes (v. 10). El siguiente pasaje nos dice por qué. Segundo, Cristo librará a su pueblo del castigo eterno. Al comienzo de su primera carta a los cristianos en Tesalónica, el apóstol repite con orgullo el testimonio de la iglesia en esa ciudad. Personas en las áreas circundantes, «ellos mismos cuentan… cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Tesalonicenses 1:9-11). Debido a que la (muerte y) resurrección de Jesús salvan, cuando venga «de los cielos» traerá la liberación final «de la ira venidera» (v. 10).

El regreso de Jesús trae el reino y nuestra herencia. En el mismo mensaje acerca de las ovejas y los cabritos mencionados anteriormente, Jesús promete más bendiciones a los santos a su regreso. Antes de condenar a los cabritos, que están a su izquierda, da palabras de consuelo a las ovejas, a su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo» (Mt. 25:34). Aquí Jesús combina imaginería familiar y real. Dios es nuestro Padre, y todos los que confían en su Hijo para salvación de sus pecados se convierten en hijos de Dios y reciben una herencia. Dios también es Rey, como lo es su Hijo, y la herencia de los hijos e hijas de Dios es el reino preparado para ellos desde la fundación del mundo. Aprendemos de otros pasajes en la Escritura que la dimensión final del reino de Dios, nuestra herencia, ¡es nada menos que el cielo nuevo y la tierra nueva!

El regreso de Jesús trae restauración cósmica. Pedro habla de los sufrimientos de Jesús a sus oyentes en Jerusalén y luego los invita a arrepentirse. ¿Cuáles serán los resultados? Que los oyentes penitentes puedan conocer el perdón de los pecados y que tiempos de refrigerio puedan venir «de la presencia del Señor… y que él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas» (Hechos 3:20-21). El regreso de Jesús traerá muchas bendiciones para su pueblo, como hemos visto. Dará como resultado que Dios restaure todas las cosas según la predicción profética del Antiguo Testamento. Aquí nuevamente aparece la segunda venida en los nuevos cielos y en la nueva tierra anunciada por Isaías (65:17; 66:22-23).

Aplicación: ¡Adora a Jesucristo, el resucitado, ascendido y reinante, Señor de gloria que ha de regresar!

Apocalipsis 22:20: «El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús».

[1] Herman Bavinck, Reformed Dogmatics: Sin and Salvation in Christ, vol. 3 (Grand Rapids, MI: Baker, 2006).

https://es.9marks.org/

Mark Dever

Traición cósmica

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Traición cósmica

R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie «La mortificación del pecado«, publicada por la Tabletalk Magazine.

La pregunta «¿Qué es el pecado?» se plantea en el Catecismo Menor de Westminster. La respuesta a esta pregunta en el catecismo es simplemente ésta: «El pecado es la falta de conformidad con la ley de Dios o la transgresión de ella».

Examinemos algunos de los elementos de esta respuesta catequética. En el primer caso, el pecado es identificado como algún tipo de carencia o falta. En la Edad Media, los teólogos cristianos trataron de definir el mal o el pecado en términos de privación (privatio) o negación (negatio). En estos términos, el mal o el pecado se definía por su falta de conformidad con el bien. La terminología negativa asociada con el pecado puede ser vista en palabras bíblicas como desobediencia, ateísmo o inmoralidad. En todos estos términos, vemos lo negativo siendo enfatizado. Otras ilustraciones incluirían palabras como deshonor, anticristo, etc.

Debido a que es la ley de Dios la que define la naturaleza del pecado, quedamos expuestos a las terribles consecuencias de nuestra desobediencia a esa ley.
Sin embargo, para tener una visión completa del pecado, tenemos que entender que se trata de algo más que una negación del bien, o algo más que una simple falta de virtud. Podemos inclinarnos a pensar que el pecado, si se define exclusivamente en términos negativos, es simplemente una ilusión. Pero los estragos del pecado apuntan dramáticamente a la realidad de su poder, la cual nunca puede ser explicada por medio de apelaciones a la ilusión. Los reformadores añadieron a la idea de privatio la noción de realidad o actividad, de modo que el mal se ve en la frase «privatio actuosa«. Esto enfatiza el carácter activo del pecado. En el catecismo, el pecado se define no sólo como una falta de conformidad, sino como un acto de transgresión, una acción que implica una violación de una norma.

Para comprender el significado del pecado, no podemos definirlo aparte de su relación con la ley. Es la ley de Dios la que determina lo que es el pecado. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo, particularmente en Romanos, elabora el punto de que hay una relación inseparable entre el pecado y la muerte y entre el pecado y la ley. La fórmula simple es esta: No pecado equivale a no muerte. No ley equivale a no pecado. El apóstol argumenta que donde no hay ley, no hay pecado, y donde no hay pecado, no hay muerte. Esto se basa en la premisa de que la muerte invade la experiencia humana como un acto de juicio divino por el pecado. Es el alma que peca la que muere. Sin embargo, sin ley no puede haber pecado. La muerte no puede entrar en la experiencia humana hasta que primero la ley de Dios sea revelada. Es por esta razón que el apóstol argumenta que la ley moral estaba en efecto antes de que Dios le diera a Israel el código mosaico. El argumento se basa en la premisa de que la muerte estaba en el mundo antes del Sinaí, que la muerte reinó desde Adán hasta Moisés. Esto solo puede significar que la ley moral de Dios fue dada a Sus criaturas mucho antes de que las tablas de piedra fueran entregadas a la nación de Israel.

Esto da algo de credibilidad a la afirmación de Immanuel Kant sobre un imperativo moral universal al que llamó imperativo categórico, que se encuentra en la conciencia de toda persona sensible. Debido a que es la ley de Dios la que define la naturaleza del pecado, quedamos expuestos a las terribles consecuencias de nuestra desobediencia a esa ley. Lo que el pecador requiere para ser rescatado de los aspectos punitivos de esta ley es lo que Solomon Stoddard llamó una justicia de la Ley. Así como el pecado es definido por la falta de conformidad con la Ley, o la transgresión de la Ley, el único antídoto para esa transgresión es la obediencia a la Ley. Si poseemos tal obediencia a la Ley de Dios, no estamos en peligro del juicio de Dios.

Solomon Stoddard, el abuelo de Jonathan Edwards, escribió en su libro, La justicia de Cristo, el siguiente resumen del valor de la justicia de la Ley: «Es suficiente para nosotros si tenemos la justicia de la ley. No hay peligro de que nos perdamos si tenemos esa justicia. La seguridad de los ángeles en el Cielo es que ellos tienen la justicia de la ley, y es una seguridad suficiente para nosotros si tenemos la justicia de la ley. Si tenemos la justicia de la ley, entonces no estamos sujetos a la maldición de la ley. No somos amenazados por la ley; no provocamos a la justicia; la condenación de la ley no puede apoderarse de nosotros; la ley no tiene nada que objetar contra nuestra salvación. El alma que tiene la justicia de la ley está fuera del alcance de las amenazas de la ley. Cuando se responde a la demanda de la ley, la ley no encuentra culpabilidad. La ley maldice solo por falta de obediencia perfecta. Además, donde está la justicia de la ley, Dios se ha comprometido a dar vida eterna. Tales personas son herederos de la vida, según la promesa de la ley. La ley los declaró herederos de la vida, Gálatas 3:12, «la ley no es de fe; al contrario, el que las hace (las cosas escritas en el libro de la ley), vivirá por ellas». (La justicia de Cristo, p. 25).

La única justicia que cumple con los requisitos de la Ley es la justicia de Cristo. Es solo por medio de la imputación de esa justicia que el pecador puede poseer la justicia de la Ley. Esto es crítico para nuestro entendimiento en este día donde la imputación de la justicia de Cristo está siendo fuertemente atacada. Si abandonamos la noción de la justicia de Cristo, no tenemos esperanza, porque la Ley nunca es negociada por Dios. Mientras la Ley exista, estamos expuestos a su juicio a menos que nuestro pecado esté cubierto por la justicia de la Ley. La única cobertura que podemos tener de esa justicia es la que nos viene de la obediencia activa de Cristo, quien cumplió por Sí mismo cada jota y cada tilde de la Ley. Su cumplimiento de la ley en Sí mismo es una actividad vicaria por la cual Él alcanza la recompensa que viene con tal obediencia. No lo hace para Sí mismo, sino para Su pueblo. Es el marco de esta justicia imputada, este rescate de la condenación de la Ley, esta salvación de los estragos del pecado que viene a ser el escenario para la santificación del cristiano, en el que debemos mortificar el pecado que permanece en nosotros, ya que Cristo murió por nuestros pecados.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios

J25 – Servidores de hoy

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Sirve como el Salvador

J25 – Servidores de hoy

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/servidores-de-hoy/

Carmen Espaillat: Cuando te llamas sierva, estás haciendo una declaración poderosa.

Nancy Leigh DeMoss: Somos más parecidas a Satanás cuando estamos sirviendo por el deseo de ser reconocidas, y somos más como Jesucristo cuando estamos sirviendo sin necesidad de reconocimiento o pendientes de nuestra reputación, sino solo queriendo dar nuestra vida por el bien de Jesús y de otros.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

En los últimos seis programas, hemos estado en una serie llamada “Sirviendo como el Salvador”. Hemos visto algunos ejemplos increíbles a través de la Biblia de los siervos. Estás a punto de escuchar de algunos siervos increíbles de nuestros días.

Vamos a escuchar una conversación que Nancy tuvo con unas amigas que escucharon a Nancy enseñar sobre el servicio. Escucharás de Holly Elliff, Judy Hurt y Kim Wagner. Y también vas a escuchar acerca de Kathy Helvey, quien está en la presencia del Señor; ella murió un tiempo después de realizar esta grabación. Fue una sierva hasta el final de sus días. Nancy comienza con un ejemplo.

Nancy: ¿Cuántas de ustedes han tenido que llenar un currículum, o han ido a una entrevista de trabajo? Bueno, la mayoría de nosotras seguramente. Si tuvieras que llenar esa solicitud o el currículum, probablemente querrían saber tus cualificaciones para ese trabajo. ¿Qué has hecho? ¿Qué sabes hacer? ¿Qué te hace pensar que puedes hacer este trabajo?

Tal vez has estado en una posición, como yo, de contratar a alguien para trabajar en tu compañía o en tu empresa o en la organización donde trabajas y quieres saber de ese solicitante, ¿qué cualificaciones tiene? ¿Puede hacer este trabajo? Existen ciertos requisitos que debes buscar cuando vas a contratar a alguien, si has elegido un esposo, aquellas de ustedes que están casadas, hubo ciertos requisitos que estabas buscando. Sé que tenemos algunas jóvenes que nos escuchan que están todavía en la secundaria y no han elegido un esposo todavía, pero es probable que desde el momento que tenían como cuatro años de edad tenían ya una idea: “Así es como quiero que sea el hombre con quien me case, estos son los requisitos”.

Se buscan ciertas cualidades, se buscan ciertas cualidades en un líder, cuando elegimos el presidente de nuestro país por ejemplo quisiéramos que tenga ciertas cualidades. Cuando eliges un pastor para tu iglesia, quieres que él tenga ciertas cualidades. Si vas a tener un matrimonio exitoso, hay ciertas cualidades que debes exhibir en ese matrimonio. Hay ciertas cualidades que necesitan en una iglesia y en las personas de una iglesia si quieren tener una iglesia saludable y funcional.

Pero hoy quiero hablar, ya sea en el trabajo, o en la casa o en la iglesia, sobre una cualidad que determina si alguien va a ser realmente grande, de hecho creo que esta es la mayor cualidad para poner a alguien en el camino hacia la verdadera grandeza. Es una cualidad que probablemente no aparece en la mayoría de las solicitudes o en la mayoría de los currículums, de hecho creo que es una de las más ignoradas y de las menos comunes y una de las cualidades menos valoradas en nuestra cultura, es una cualidad que no se encuentra muy a menudo en las personas en el lugar de trabajo, en los hogares o en las iglesias. De hecho para muchas personas en nuestra cultura, esta cualidad es algo que se desprecia, es algo que en realidad no se respeta, es algo que algunas personas encuentran hasta repulsivo, es una cualidad que a veces queremos que los demás tengan, pero no estamos tan ansiosas de tenerla nosotras mismas y por supuesto estoy hablando de la cualidad de un corazón de sierva.

El servicio es algo de lo que no oímos mucho hoy en día, no es necesariamente algo que se considera impresionante. Si solicitas un trabajo en un restaurante de comida rápida o en alguna empresa local no es algo que piensas poner en la parte superior de tu currículum: “Yo soy una sierva, yo soy una servidora, he desarrollado la cualidad del servicio”.

No es algo que se considera impresionante, la gente quiere saber si eres un líder, o si tienes logros, pero creo que el servicio, el tener un corazón de sierva, es imprescindible para tener un buen desempeño en cualquier rol que tengas en la vida.

En nuestra cultura estamos mucho más enfocados en el éxito que en servir, estamos más enfocados en celebridades que en siervos. Observa a las personas que están en las noticias, la gente que está en las revistas, esas son las celebridades, las estrellas, las personas que tienen todo tipo de logros, no solemos sacar a la luz a alguien porque es un gran servidor. A menudo los servidores son las personas que están detrás de la escena, no están en la mira, nadie los toma en cuenta. Son personas que no se dan a conocer. ¿Quién quiere ser una sierva? Queremos estar en la cima. Queremos ser artistas, queremos ser famosas. Pero la Escritura tiene una perspectiva del servicio de ser un siervo, que es exactamente lo contrario de la perspectiva del mundo.

Y esto se debe a que la perspectiva de Dios sobre la grandeza es exactamente lo contrario de la perspectiva del mundo sobre la grandeza.

Hemos estado describiendo las cualidades de un corazón de sierva, lo que significa ser una sierva de Cristo y servir a los demás. Diakonos, sirviendo para las necesidades de los demás. He sido bendecida por tu corazón, Kathy, todavía tengo en mi congelador un pedazo pan de guineo que apareció en mi puerta con una preciosa tarjeta tuya y estoy preparándome para disfrutarlo.

Kathy Helvey: Pensé que había permanecido allí un mes mientras estabas fuera.

Nancy: No, no fue así, y eso fue un detalle que se convirtió en algo muy especial, muy oportuno. He sido bendecida por las maneras en que las mujeres alrededor de esta mesa han sido siervas para mí y también para otros. ¿Quién viene a tu mente, cuando piensas en alguien que tiene un corazón de sierva? ¿Cómo has visto a alguien demostrar un corazón de sierva, dentro del cuerpo de Cristo?

Kathy: La primera persona para mí es mi madre. Mi madre es un ejemplo perfecto de ello cuando nos reunimos, ” ¿A dónde vamos a cenar? ¿A dónde te gustaría ir? ¿Bueno, qué comeremos? ¿Qué les gustaría comer? ¿Qué tipo de empanadas haremos para Navidad? ¿De qué tipo les gustan? “.

Nunca se preocupa por lo que ella quiere. Siempre piensa en todos los demás, y ahora que tiene ochenta seis años de edad y tiene diferentes cosas en su vida. . . Ella vive sola, todavía maneja; ella visita los hogares de ancianos y empuja a las personas están en silla de ruedas que son más jóvenes que ella y es una bendición para ellos.

Nancy: ¡Eso es precioso!

Holly Elliff: Tenemos una chica en la iglesia que se llama Sherry, y su marido es el líder de alabanza. Casi cada domingo, entre los dos servicios, ella cocina un desayuno caliente, que lleva a la iglesia, de modo que los miembros del grupo de alabanza, que llegan muy temprano, puedan comer entre los servicios y disfrutar de su comida. Ella no quiere que nadie sepa que ella hace esto. Ella no obtiene recompensa por hacerlo, lo hace porque ella es una sierva, y tiene un corazón de sierva.

En uno de nuestros seminarios de los grupos de alabanza, ella cocinó todas las comidas. Al final, todos dimos un poco de dinero para darle una ofrenda. Ella estaba avergonzada de que la lleváramos fuera de la cocina y le aplaudiéramos porque ella estaba más cómoda detrás de la escena, sirviendo. Ella estaba en su ambiente, estaba muy muy cómoda allí.

Kathy: Otra persona que viene a mi mente que hace poco entró a nuestra vida, es Judy Hurt, y ella se ha dedicado a cuidar a nuestra hija autista, Stephanie. Tres días a la semana ella sale a la comunidad con ella y hacen cosas diferentes. Pero Judy no solo cuida a mi hija. Ella va más allá. Ella la escucha, y habla con ella. Piensa en diferentes tipos de cosas que pueden hacer juntas. Y le envía cartas y notas.

Pero ella nunca se dará cuenta, de este lado del cielo, la bendición que ella es para mí. Ella ha entrado en la vida de mi hija y me ha ganado para siempre porque ha bendecido nuestra vida como padres. No puedo pensar en una sola persona en la vida de mi hija de veintiún años, que haya tenido tan gran interés por ella y la haya amado y querido conocer realmente como persona.

El otro día me dijo, “Stephanie tiene la personalidad más hermosa”. pensé, “¿Personalidad? ¿Has cavado tan profundo como para ver un poco de su personalidad? Ni siquiera puedo distinguirlo a veces, y yo soy su madre.” Ella es una increíble bendición para mí, una increíble bendición.

Nancy: Ylo que nuestros oyentes no saben es que Judy está aquí en nuestra audiencia. “Has venido aquí solo para escuchar, pero estás sentada aquí limpiándote las lágrimas. ¿Qué es lo que piensas de lo que Kathy acaba de compartir, de lo que significas para ella?”

Judy Hurt : En realidad, ha sido una alegría increíble. La verdad es que no tenía ni idea, como me iba a sentir cuidando de Stephanie. Cuando Kathy y yo comenzamos a hablar de esto, yo no le conocía, y las personas que me conocen saben que me encanta servir. Pero muchas veces sirvo porque es lo que quiero hacer, pero fácilmente puedo desviarme.

Cuando llegó esta oportunidad, vi que era del Señor. Era mucho más de lo que yo pensaba que iba a ser. El solo conocer a Kathy y . . . Es interesante porque en el mes de junio en una sesión de grabación de Aviva Nuestros Corazones, yo estaba sentada dos filas detrás de Kathy y recuerdo haber orado, ¡Señor, he disfrutado de Kathy tanto! Me encantaría llegar a conocerla mejor. ¿Hay alguna manera en que pueda llegar a conocerla mejor?”

Nancy: ¿Te has sentido presionada por este trabajo—te ha llevado fuera de tu zona de confort?

Judy: Sí. Recuerdo, que las primeras veces que nos juntamos, pensé, “¿Cómo voy a hablar con esa niña? ¿Cómo voy a relacionarme con ella?”

Nancy: ¿Así que no tenías capacitación profesional para este tipo de trabajo?

Judy: No, definitivamente no yo era la directora de preescolar en mi iglesia.

Kathy: Lo que me ha asombrado en tu cuidado de Stephanie es que tú no tienes una formación para esto; y tú, sin ni siquiera decirme, fuiste a una biblioteca y has consultado libros para conocer sobre el autismo, vídeos sobre el autismo, has leído artículos, y has compartido algunas ideas maravillosas conmigo.

Nancy: Un verdadero corazón de sierva, no solo hace lo que es necesario, sino que va más allá.

Kathy: En varias ocasiones he llegado a casa y la ropa que había dejado en la secadora se encuentra doblada y acomodada en la canasta.

Fue muy interesante el día de Acción de Gracias. Siempre invitamos gente a casa para ese día.

Pensamos, “¿A quién invitaremos este año?” Estábamos pensando en distintas personas. Y le dije a mi marido, a Stephanie y a mi hijo Robby de dieciséis años, “Bien, ¿qué les parece a Judy y a su esposo, Kirk, para el día de Acción de Gracias?” y Robby dijo, “Bueno, por mí está bien, ya es parte de nuestra familia, ¿no?”.

Robby llegó a casa un día y Judy estaba doblando ropa como si fuera una cosa normal. Robby quedó tan impresionado de que no solo cuidara de Stephanie, terminara su trabajo y se fuera. Sino que ella estaba ahí siendo parte de la familia, un increíble corazón de sierva.

Judy: He descubierto que los momentos en los que obtengo mayor gozo en el servicio es cuando estoy totalmente fuera de mi zona de confort. Eso es porque estoy tan consciente de que no soy yo. Yo creo que cuando hacemos las cosas con la perspectiva adecuada y la motivación adecuada, hay un increíble gozo. No se trata solo de lo que obtengo, pero tengo la sensación de que la razón de lo que hacemos es para la gloria de Dios.

Nancy: Judy, lo que has dicho de forma tan hermosa ilustra lo que dijo Jesús cuando dijo que es más bienaventurado dar que recibir. Lo hiciste sonar como que realmente es un privilegio servir, como que es un honor servir, que es un gozo servir, que esto viene de Dios. Creemos que obtendríamos gozo, si alguien viniera a satisfacer nuestras necesidades, pero tú estás ilustrando ese poder de atender las necesidades de otros y esa es verdaderamente la manera que encontramos gran gozo.

Holly: Creo que es un verdadero reto para las mamás, enseñar a sus hijos a tener corazones agradecidos. Tuvimos un suceso curioso esta semana con Jessica, nuestra hija menor. Ella había decidido hacer tarjetas para nuestros vecinos. Yo estaba leyéndolas. Nevó un poco ayer por la noche lo cual es un gran problema en Little Rock. Un poco de nieve es un gran problema, y cuando ella se fue a dormir estaba nevando.

En la tarjeta les decía a nuestros vecinos, “han sido una bendición para mi vida. Gracias por ser nuestros vecinos”. Asimismo, mencionó todos sus nombres, y les puso un cupón que decía: válida para palear nieve doce minutos. No sé cuánta nieve pensaba que iba a caer o cuánto podría palear en doce minutos, pero pensé que era muy bonito que ella decidiera poner un cupón para regalarles un trabajo.

Había también otra vecina, y ella solo les dio cuatro minutos de palear nieve. No sé lo que significa, quizá no fueron de tanta bendición en su vida. Esa es una ilustración divertida, pero, mientras meditaba en eso, pensé:

Como mamás, la verdad es que nos encontramos ante la responsabilidad de modelar a nuestros hijos no solo que el servicio es una bendición y una cosa buena para otras personas, sino la actitud del corazón que tiene que ir junto con el servicio que no me molesta como mamá el hecho de que tengo que lavar la ropa, que hacer la comida y niños que vestir.

Hay mamás que me han dicho, “solo necesito espacio, necesito tiempo para mí”. Esto es cierto, pero lo que creo que necesitamos más, es más tiempo para el Señor, y si pasamos más tiempo con el Señor, muchas veces, Él nos dará lo que necesitamos en nuestro corazón para que podamos seguir sirviendo.

Kathy: Bueno Holly, lo que me viene a la mente es, cuántas veces hemos escuchado, o nos hemos sentido incluso, cuando nuestros hijos eran más pequeños, ¿y yo qué? No tengo una vida propia. Yo coincido contigo. En una ocasión, recuerdo a una madre joven que me preguntó, “¿Qué harías de nuevo?”

Ella tenía tres hijos pequeños en el momento; los míos ya eran adolescentes. Ella dijo, ” ¿Qué harías de nuevo si estuvieran pequeños?” y lo que vino a mi mente de inmediato no fue: “Jugaría más con ellos. Los llevaría más al parque. Leeríamos más libros”.

A pesar de que me hubiera gustado hacer más todas esas cosas. La cosa más importante que me vino a la mente fue que me gustaría haber pasado más tiempo de calidad con Dios. Porque como producto de pasar ese tiempo con el Señor vendría sabiduría, comprensión, gozo, paz y visión. No es que yo no haya pasado tiempo con el Señor, pero, ¡oh!, si pudiera hacerlo de nuevo, me gustaría asegurarme de que pasaría más.

Holly: Muchas veces estamos tan cansadas que no tenemos en nosotras la fuerza para hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer. Ese tipo de habilidades sobrenaturales solo provienen de la presencia del Señor.

Nancy: ¿No es ese el punto de la historia de María y de Marta en Lucas capítulo 10? Martha no tiene la perspectiva que necesita. Ella no tiene el equilibrio, la estabilidad, la cordura. Su frustración y su distracción y el estar fuera de control emocionalmente es porque ella está descuidando lo que Jesús le dijo que su hermana había escogido y que era absolutamente necesario, sentarse a los pies de Cristo y escucharlo.

Si yo estoy sirviendo, incluso dentro de este ministerio, dando, enseñando, siendo líder del ministerio, escribiendo libros, haciendo estos viajes pero si no estoy pasando ese momento a los pies de Jesús, voy a terminar como Martha. A menudo termino como Martha y así nos pasa a la mayoría de las mujeres.

Kim Wagner: Eso es tan cierto, Nancy el alma del servicio, es pasar tiempo con Dios.

Holly: Sin eso, perdemos el foco como le pasó a Martha. Tenemos un pequeño lema en nuestra casa, y es muy simple. Las personas siempre son más importantes que las cosas. Por lo tanto, no importa lo que haga si todavía tengo un corazón recto hacia las personas en mi casa, es algo que vale la pena. Si las cosas están dirigiendo mi vida de tal manera que no puedo amar a la gente cercana a mí, estoy fuera de equilibrio.

Kim: Es que no es correcto estar haciendo el ministerio si no estoy en primer lugar sentada a los pies de Jesús, consagrada a Él, escuchándolo a Él y obteniendo de Él la dirección para el ministerio. No necesito hacer otra cosa, debo escucharlo a Él para saber lo que Él quiere que yo haga y recibir todo de Él.

Kathy: Creo que alguien dijo una vez, tu ministerio es tu vida, y tu vida es tu ministerio. Por lo tanto, si estamos sentados a los pies de Jesús, como María, y siendo ministradas por Él, no creo que tengamos que estar trabajando a tiempo completo, como muchas personas creen, para tener un ministerio o ser líder de un estudio bíblico.

Nuestra vida es nuestro ministerio a quien quiera que sea que toque. Pero como lo hemos dicho aquí, si eso no lo está haciendo Dios, el fruto del Espíritu no puede manifestarse en nuestra vida para bendecir a otros.

Holly: Uno de los peligros es que yo le dedique mi energía a alguien más que no sea de mi propia casa, y descuide lo que está pasando en mi casa y me dedique a las necesidades para el bien del ministerio en algún otro lugar donde puedo conseguir más reconocimiento de lo que recibiría en mi propia casa.

Kim: Esto me recuerda un día realmente triste, un día cuando un hombre se acercó a mi esposo y a mí para consejería matrimonial, el fue solo, sin su esposa y nos dijo: “Ella está tan ocupada dando estudios de Biblia. Ella se dedica tanto tiempo durante el día estudiando la Biblia, yendo a grupos de mujeres y actividades de mujeres que no tiene tiempo ni siquiera para cocinar en su casa.”

Holly: Wao qué triste creo que fue Elisabeth Elliot quien dijo, “no estés tan ocupada leyendo tu Biblia que no veas el polvo debajo de la cama”. Yo creo que para alguien que es una esposa y madre, eso es una crítica muy balanceada.

Nancy: ¿Pero no creen ustedes que es una tensión constante? La presión para hacer las cosas, las tareas, cumplir con nuestros quehaceres y todas las cosas de nuestra agenda, y el deseo de nuestro corazón de tener una relación más íntima con Cristo. Me parece que todos los días de mi vida hay una tensión entre mi intimidad con Cristo y vivir lo que es un corazón de sierva.

Kathy: Creo que eso es muy cierto también, pero el motivo de por qué sirvo, por qué quiero ir y servir, a veces, no es muy puro. Quiero ir y servir para que me den una palmadita en la espalda. Quiero ir y servir para que me pueda sentir bien conmigo misma. Pero realmente ir y servir con el motivo puro de decir, lo estoy haciendo para ti Señor, porque te amo. Y como Kim dijo, “quiero que esa persona te conozca. Quiero que esa persona vea a Jesús en mí”.

Eso es un buen motivo en vez de querer yo el reconocimiento. Querer sentirme bien.

Nancy: Me encanta esa canción que Steve Green que dice, “amar al Señor nuestro Dios es el corazón de nuestra misión, la fuente de donde brota nuestro servicio”.

De nuestro amor hacia Él es de donde fluye nuestro servicio a los demás.

Holly: Y creo que eso es lo que hemos dicho de varias formas diferentes. Si no está fluyendo en primer lugar el amor a Cristo y lo que Él está haciendo en nuestras vidas, terminaremos enfocándonos en nosotras.

Kim: Y eso no es puro. Eso no es pura adoración.

Holly: Correcto.

Nancy: Eso es lo que hace que el servicio sea una carga.

Holly: Si nos enfocamos en nosotras.

Kathy: De esa manera, vamos a esperar que nos elogien, nos agradezcan, nos retribuyan. Todo se trata de mí.

Nancy: Ahí es donde el orgullo y el resentimiento se manifiestan.

Holly: Así es Nancy, como Martha en la cocina, golpeando el pan, diciendo: “¿Por qué nadie me ayuda?”

Kathy: Con lo de Stephanie, en un momento dado, antes de que supiéramos que era autista, nos dijeron que “tenía trastorno generalizado del desarrollo. Lo han llamado TGD”. Al ir creciendo en la vida cristiana, creo que hay tres cosas que me llevan lejos del Señor, más que otra cosa. Orgullo, desobediencia y desconfianza.

Creo que nosotras, como cristianas tenemos esta discapacidad que nos hace tropezar.

Holly: Así es la tenemos. Y mientras estemos en estos cuerpos vamos a tener esta discapacidad.

Kathy: Y el orgullo es el primero que nos incapacita de tantas formas. Yo lo odio y Dios también. Recientemente, acabo de leer sobre Satanás cuando cayó del cielo, y la razón por la que esto sucedió fue por su orgullo. En esta porción de las Escrituras, hay siete razones por las que se le echó del cielo, y todas tienen que ver con el orgullo.

¿No es interesante que con lo que los seres humanos luchamos más es con nuestro orgullo, porque el enemigo ha estado alrededor desde el principio de los días sabiendo que este también era su problema?

Kim: Sabes es que pues está en nuestra carne por la caída. Queremos manejar nuestras vidas. Nosotras deseamos ser Dios. Quiero decir, que es la tentación que Satanás puso delante de Eva, porque esa fue la tentación en la que él cayó, el deseo de ser Dios. Su deseo de estar en control. Esa es la raíz del orgullo, y eso es lo que hay en nosotras.

Nancy: Tengamos en cuenta que Satanás fue un siervo de Dios en el cielo. Él estaba sirviendo al Señor. De cierta forma fue como el “director del coro” del cielo, y esta es una imagen de lo insidioso de nuestro servicio si estamos enfocadas en nosotras mismas.

Satanás dijo en esencia, y no es esto lo que sucede en la iglesia a veces en los programas de música: yo quiero ser el principal. Quiero conseguir toda la atención. Quiero mi nombre en ese letrero luminoso. Voy a ser como Dios. Seré semejante al Altísimo. Él se exaltaba a sí mismo.

Y nosotras nunca somos más como Satanás que cuando estamos sirviendo por un deseo de ser reconocidas, y nunca somos más como Jesús que cuando servimos sin necesidad de reconocimiento, sin buscar nuestra reputación, sólo queriendo dar la vida por Su bien y por bien de otros.

Holly: Yo estaba con una de nuestras familias que tuvo un nuevo bebé esta semana. Mientras observaba a aquel pequeño totalmente indefenso. . . La antítesis de ese orgullo es lo que Jesús hizo cuando vino como un siervo, como un líder servidor y se despojó de todo lo que tenía en el cielo de una forma muy humillante, como un bebé indefenso.

Y a lo largo de su vida, Él muestra exactamente lo contrario de lo que estamos hablando cuando hablamos de ese deseo de ser alabado, del deseo de ser el centro de atención. Él siempre, siempre estuvo ilustrando lo que significa liderar y ser un siervo al mismo tiempo. Lo podemos ver a lo largo de toda la Escritura.

Kathy: Una imagen perfecta de la humildad. ¿No es eso lo opuesto al orgullo? La humildad no significa destacar, ser reconocida. Cuando se ve de esta manera, lo que deseas no sólo es ser humilde. Quieres asegurarte de que estás haciendo las cosas con el motivo correcto.

Carmen: Esa fue Kathy Helvey, describiendo lo que significa servir como el Salvador. Ella vivió este mensaje hasta el día que el Señor la llamó a Su presencia en el 2010.

Ella estaba hablando con Nancy Leigh DeMoss acerca de lo que significa servir como el Salvador. Sus amigas Judy Hurt, Kim Wagner, y Holly Elliff también fueron parte de la conversación.

Si te has perdido algunos de estos programas, te invito a visitar www.avivanuestrocorazones.com. Allí podrás encontrar el resto de esta serie y otras de tu interés.

Mañana Nancy iniciará una nueva serie de un mensaje que dio en una de las conferencias Mujer Verdadera, llamado “Una Mujer Verdadera se une a la batalla” describiendo la valentía de Deborah que inspiró a los hombres alrededor de ella a confiar en Dios y a tomar acción.

Te esperamos mañana, en un nuevo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Un Siervo Para Tu Gloria (En Vivo), Sovereign Grace Music & La IBI, El Dios Que Adoramos (En Vivo Desde Por Su Causa 2012) ℗ 2013 Sovereign Grace Music

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

La Zona Cero

Viernes 2 Octubre


(Jesús) cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
Juan 19:17-18

En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
Hechos 4:12


La Zona Cero


Este fue el nombre que recibió, en 1945, el lugar donde tuvo lugar la primera prueba de explosión nuclear, en el estado de Nuevo México, Estados Unidos. Ese día los creadores del proyecto quedaron sorprendidos al ver el poder mortal de su invento. Algunas semanas más tarde, dos bombas atómicas borraron del mapa dos grandes ciudades japonesas. El mismo nombre fue dado al lugar donde estaban las torres gemelas de Nueva York, destruidas en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Estos dos acontecimientos marcaron la historia y conllevaron modificaciones notables en el ámbito geopolítico.

Pero, ¿sabe usted que existe otra Zona Cero? Quizá la olvidemos, pero es mucho más importante que las dos anteriores. Se trata de la colina de Gólgota, al lado de Jerusalén, donde fue crucificado Jesús, el Hijo de Dios, hace unos veinte siglos. Aquel día, la humanidad rechazó el mensaje del amor divino, pero ese mismo día Jesucristo dio su vida para salvar la vida de los que depositan su confianza en él. Llevó sus pecados y sufrió el castigo de parte de Dios.

Dividimos el tiempo en dos periodos: antes y después de Jesucristo. Así, desde hace dos mil años, Cristo ha sido el fundamento de la paz y del gozo de una multitud de hombres y mujeres. ¡Hoy también puede ser el fundamento de su vida! ¡Reflexione en ello, no deje de lado el acontecimiento más importante de la historia del mundo!

Amós 5 – Tito 3 – Salmo 109:6-19 – Proverbios 24:15-16
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch