Aviva Nuestros Corazones
Serie: Habacuc: del temor a la fe
Jul 17 ā IdolatrĆa
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Carmen Espaillat: AquĆ estĆ” Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆn.
Nancy Leigh DeMoss: IdolatrĆa significa confiar en cualquier otra cosa que no sea el Dios que nos creó. De manera que cuando confiamos en el dinero o confiamos en los hijos; en el marido; en la economĆa; en el gobierno; o en nosotras mismas- todo esto nos hace idólatras, adoradoras de Ćdolos. Ponemos nuestra confianza en la obra de nuestra manos, y el punto es: ĀæQuĆ© tan tonto puede resultar esto? ĀæQuĆ© tan necio es?
Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆn. Probablemente tĆŗ no tienes el hĆ”bito de inclinarte frente a una estatua de madera o de piedra, pero los Ćdolos abundan en tu mundo, tentĆ”ndote a adorarles todo el tiempo. AquĆ estĆ” Nancy para continuar con la serie titulada: Habacuc: del temor a la fe.
Nancy: Bueno, si la Ćŗnica ocasión en que has escuchado acerca del profeta Habacuc fue durante la Ćŗltima sesión de esta serie, entonces probablemente estĆ©s pensando que este es un estudio verdaderamente deprimente porque estamos en un pasaje bastante pesado, como lo es Habacuc capĆtulo 2, donde Dios estĆ” pronunciando infortunios y juicios divinos en contra de la nación de Babilonia por sus pecados.
Ćl les dice que ellos van a cosechar lo que han sembrado, un pasaje bastante difĆcil de digerir y lleno de cosas negativas. A medida que lees estos pasajes en Las Escrituras, recuerda que estos tambiĆ©n han sido inspirados. El esplendor y las bellezas y las maravillas del Evangelio y de la gracia de Cristo nunca serĆ”n tan preciosos para nosotros hasta que no las hayamos visto en el escenario de la completa depravación y la pecaminosidad de la naturaleza humana.
Cuando nosotras nos vemos como realmente somos y vemos el juicio que merecemos por nuestros pecados, y vemos a Dios que nos dice: Ā«Yo enviĆ© a Cristo para ser la sustitución de tu pecado, para tomar el juicio que tĆŗ merecĆas,Ā» y entonces decimos: Ā”Wao! Ā”Esa es una Buena Nueva, una buena noticia! Ā”Ese es un Evangelio que vale la pena compartir!
Considero que una de las razones por la que el Evangelio no es asombroso ni precioso para muchos, aun para creyentes que profesan su fe hoy, es porque solo se han enfocado en las Buenas Nuevas del Evangelio. Ellos no saben de quƩ han sido salvados. no saben de quƩ estƔn siendo librados. Por eso es tan importante estudiar aquellos pasajes acerca de la ira Dios.
Para darnos un contexto aquĆ, estamos en Habacuc capĆtulo 2. PermĆtanme regresar al verso 12.
«”Ay del que edifica una ciudad con sangre y funda un pueblo con violencia! ĀæNo viene del SEĆOR de los ejĆ©rcitos que los pueblos trabajen para el fuego y las naciones se fatiguen en vano?Ā»
AquĆ tenemos una descripción sobre Babilonia construyendo el reino de los hombres, el reino del hombre, y eso es lo que las personas en esta tierra estĆ”n tratando de hacer hoy en dĆa. Ellos estĆ”n construyendo una ciudad con sangre, fundando la ciudad sobre la iniquidad, intentando esforzadamente utilizar toda su energĆa, su creatividad y su ingenio para construir, por asĆ decir, una torre de Babel, una ciudad o pueblo de hoy en dĆa que pueda existir sin Dios. Inicialmente, el esfuerzo de los hombres para construir sus propios reinos es impresionante.
Los hombres pueden hacer cosas impresionantes con las habilidades que Dios les ha dado, pero todos los intentos del hombre de construir su propio reino serÔn de corta vida, de corta duración. Cuando nuestros reinos son construidos sobre la base de corrupción, la violencia, el orgullo y la arrogancia, ellos se volverÔn nada.
Piensa en los grandes imperios que existieron en la tierra durante el pasado. Algunos de ellos fueron esplĆ©ndidos -Egipto, Babilonia, Grecia y Roma. Si fuĆ©ramos a esas partes del mundo hoy, encontrarĆamos las evidencias mĆ”s esplĆ©ndidas de esas civilizaciones sepultadas bajo un montón de ruinas. El reino de los hombres nunca perdura.
Ahora bien, habiendo leĆdo sobre el reino de los hombres, nos dirigimos hacia el versĆculo 14, que representa el otro lado de la historia. Ā«Pues la tierra se llenarĆ” del conocimiento de la gloria del SeƱor como las aguas cubren el marĀ»- uno de mis versĆculos favoritos en toda la Palabra de Dios. Este es un versĆculo que nos da esperanza.
Ā«ā¦Mas el justo por su fe vivirÔ» (verso 4). ĀæEn quĆ© tenemos esa fe? Fe en que la tierra serĆ” llenada del conocimiento de la gloria del SeƱor. AlgĆŗn dĆa esto serĆ” una realidad.
AquĆ tenemos una referencia al Reino de Dios, no al reino de los hombres que es de corta vida, sino del Reino de Dios, que es eterno -el reino de Dios que todavĆa estĆ” por revelarse completamente, el reino de Dios que es indestructible, ese reino cubrirĆ” toda la tierra. Los babilonios, los asirios, los romanos -ellos trataron de cubrir toda la tierra, y algunos de ellos conquistaron toda la parte de la tierra que era conocida, pero el Reino de Dios cubrirĆ” por siempre y para siempre toda la tierra.
Ćl reinarĆ”. Ćl gobernarĆ”. RegirĆ”. Ćl vencerĆ” todos los reinos terrenales. AquĆ vemos el triunfo absoluto, eterno, final y Ćŗltimo del reino de Dios.
No importa lo quĆ© los hombres hagan, no importa quĆ© tan fuertes puedan ser sus reinos, no importa que tan feroces ellos puedan mostrarse -y nosotras podemos nombrar reinos sobre la tierra que hoy en dĆa se muestran feroces⦠Nos preocupamos acerca de la proliferación nuclear y otras situaciones actuales que ni siquiera podemos pronunciar o entender, y hay tantas cosas de las cuales pudiĆ©ramos estar temerosas si estuviĆ©semos mirando las cosas solo desde nuestra perspectiva humanaā¦
No podemos mirar a la tierra desde una perspectiva humana. Necesitamos mirar a travĆ©s de los ojos de la fe y de lo que Dios estĆ” haciendo en la construcción de Su reino. SĆ, los enemigos de Dios pueden prosperar por un tiempo. Ellos pueden enfurecerse contra Dios. Ellos lo harĆ”n, pero ellos serĆ”n de corta duración.
Su destino estĆ” sellado. Recuerda que cuando veas gente como el pueblo de Babilonia que estĆ” ocupando hoy en dĆa los lugares en la tierra, su sentencia estĆ” sellada.
Un comentarista dice acerca de este pasaje, «El trabajo duro y fatigoso de toda una generación de babilonios jactanciosos, proporcionó un pequeño fuego y concluyó como un montón de cenizas en una esquina de la tierra, pero la gloria eterna de Dios cubrirÔ toda la tierra». No hay comparación entre el reino de los hombres y el Reino de Dios.
Ā«La tierra serĆ” llena del conocimiento de la gloria del SeƱorĀ». Esa frase, por cierto, debe serte familiar si has leĆdo el Nuevo Testamento, Ā«el conocimiento de la gloria del SeƱorĀ».
Segunda a los Corintios capĆtulo 4 dice:
«Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandecerÔ la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo» (verso 6).
Esto es lo que Habacuc profetiza aquĆ.
Habacuc nunca habĆa visto a Cristo. Ćl no conocĆa a Cristo. Ćl anticipaba la venida de Cristo. Ćl solo podĆa ver veladamente. Al mirar atrĆ”s ahora podemos ver claramente que Dios estaba hablando aquĆ sobre el dĆa cuando Cristo vendrĆa.
Ćl morirĆa y Su sangre serĆa derramada por los pecadores. Ćl darĆa Su vida, y el conocimiento de la gloria del SeƱor, vista en el rostro de Jesucristo. Contemplamos la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. Ese conocimiento cubrirĆ” la tierra asĆ como las aguas cubren el mar.
Escucha, hoy dĆa hay muchos lugares en el mundo que nunca han escuchado el nombre de Cristo, pero un dĆa sucederĆ”. Hoy dĆa hay grandes porciones de la tierra -continentes casi completos- que rechazan al Dios del universo, que rechazan a JehovĆ”, que tienen sus propias religiones falsas de maldad.
Ellos estĆ”n construyendo sus propios reinos, pero un dĆa el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo brillarĆ”. La luz de Dios cubrirĆ” la tierra y expulsarĆ” toda la oscuridad que yace sobre el mundo entero. Alguien diga: «”AmĆ©n!Ā»
AquĆ se nos profetiza la propagación mĆ”xima del Evangelio de Cristo por todo el mundo y el reinado de Cristo; el dĆa cuando toda rodilla se doblarĆ” y toda lengua confesarĆ” que Jesucristo es el SeƱor para la gloria de Dios.
QuizƔs algunas de ustedes estƔn familiarizadas con el viejo himno de Isaac Watts. Ya no lo cantamos con frecuencia pero me encantan estas palabras,
Doquier alumbre el astro sol, ha de reinar el rey JesĆŗs, de mar a mar dominarĆ”, mientras la luna de Su luz.
Esa es una manera o expresión antigua de decir Ā«para siempreĀ» -y Ćl reinarĆ” por siempre y para siempre. Anoche estuve buscando y leyendo ese himno en internet y encontrĆ© algunas otras estrofas que no habĆa escuchado antes. Cuando las cite, se darĆ”n cuenta porque no las cantamos. Son un poco complejas en su lenguaje, pero considero que las palabras tocan el punto clave de este pasaje.
Escucha las siguientes dos estrofas. Estamos diciendo que JesĆŗs reinarĆ” en toda la tierra, y luego Isaac Watts continĆŗa y dice:
Contemple las islas con sus reyes, y Europa trae su mejor tributo; de Norte a Sur los prĆncipes se encuentran, para pagar su homenaje en Sus pies.
Ahà estÔ Persia, gloriosa para contemplar, allà la India brilla en el oro del Este. Y las naciones bÔrbaras a Su Palabra se rinden, reverencian y poseen a su Señor.
El original de este himno estĆ” escrito en un inglĆ©s antiguo. Realmente ya no hablamos de esa manera, Āæpero pudiste captar la idea? Alrededor del mundo, en todo el mundo, de orilla a orilla, de continente a continente todas las naciones del mundo –naciones del mundo donde hoy es ilegal ser cristiano, donde es ilegal ir y predicar el Evangelio- todas esas naciones vendrĆ”n y doblaran sus rodillas ante Cristo reconociĆ©ndolo como SeƱor, y la tierra serĆ” llena del conocimiento de la gloria del SeƱor asĆ como las aguas cubren el mar.
No debe sorprendernos que podemos vivir con esperanza. No debe sorprendernos que no tenemos que andar en temor. Los justos vivirÔn por su fe. Asà que hoy, cuando te sientas abrumada, quizÔs no debido a guerras mundiales, pero sà quizÔs debido a una pequeña guerra que se estÔ librando dentro de tu propio hogar o en tu iglesia o en tu lugar de trabajo, recuerda: la tierra serÔ llena del conocimiento de la gloria de Dios asà como los mares cubren la tierra.
Ahora bien, no tocamos en la esta Ćŗltima sesión el quinto de los cinco ayes en este pasaje, y necesitamos mencionarlo porque nos trae al verso de este capĆtulo, que otra vez es el que nos da tal esperanza. Los primeros cuatro ayes que vimos fueron pronunciados sobre los babilonios debido a sus pecados relacionales, o pecados que ellos cometieron contra otra gente.
Pero cuando llegamos al quinto infortunio, que comienza en el verso 18, no estĆ” basado en un pecado relacional. EstĆ” basado en una violación al primer mandamiento. Esto es un pecado contra Dios. Este ‘ay’ es pronunciado en contra del pecado de la idolatrĆa, y considero que quizĆ”s ese pecado es la raĆz de todos los demĆ”s pecados que son mencionados en este capĆtulo – la idolatrĆa.
PermĆtanme leer empezando en el versĆculo 18.
Ā«De quĆ© sirve el Ćdolo que su artĆfice ha esculpido, o la imagen fundida, maestra de mentiras? ĀæPara que su hacedor confĆe en su obra cuando hace Ćdolos mudos?Ā»
Este hombre hace Ćdolos de metal, de madera o de cualquier otro material y confĆa en su propia creación.
Ves esa palabra CONFIAR. ĀæCómo vive la gente justa? Vive por fe, por confiar, pero no ponen su confianza en algo que ellos han hecho, confĆan en AquĆ©l quien los hizo, creen en el Creador, no creen en la criatura.
IdolatrĆa es creer en cualquier otra cosa que no sea el Dios que nos creó. De manera que confĆas en tu dinero; confĆas en tus hijos; confĆas en tu esposo; confĆas en la economĆa; confĆas en el gobierno; confĆas en ti misma y esto te hace un adoradora de Ćdolos. ConfĆas en la obra de tus manos y el punto es este: ĀæQuĆ© tan necio, quĆ© tan tonto puede ser esto?
VersĆculo 19
«Ay del que dice al madero: Despierta; o a la piedra muda: ”LevÔntate! ¿SerÔ esto tu maestro? He aquà estÔ cubierto de oro y plata, y no hay aliento alguno en su interior».
La necedad de hacer algo con tus propias manos, un objeto inanimado, y luego inclinarte y decirle: AyĆŗdame. Ayuda mis cosechas. Ayuda mi fertilidad. AyĆŗdame en mis problemas. Dime quĆ© decidir. Dime quĆ© hacer. ĀæQuĆ© tonterĆa es esta?
Ay de aquellos que hablan a Ćdolos y les dicen, Ā«Haz esto o aquelloĀ». No hay aliento de vida en lo absoluto en aquella cosa que fabricamos nosotras mismos, en aquella cosa en la que hemos puesto nuestra confianza.
Vamos ahora al versĆculo 20 y vemos el contraste aquĆ. Ā«Pero el SeƱorĀ», -aquĆ no hay ningĆŗn Ćdolo ahora, no hay ninguna imagen de metal, nada cubierto de plata ni de oro- Ā«El SeƱor estĆ” en su santo templo; calle delante de Ćl toda la tierra.Ā»
Ā«El SeƱor estĆ” en su templo santoĀ». Vemos esto algunas veces a la entrada de una iglesia, o quizĆ”s en el boletĆn de una iglesia. No estĆ” hablando acerca de una edificación. Ahora bien, creo que es apropiado ser reverente cuando vamos a adorar con el pueblo de Dios porque estamos juntos en la presencia de Dios, pero esto estĆ” hablando de algo mucho mĆ”s significativo que la estructura de un edificio, de una gran iglesia.
«El Señor estÔ en Su santo templo» El Salmo 11 nos dice dónde estÔ Su Templo. «El Señor estÔ en Su santo templo (verso 4). Dios alto y sublime y exaltado en Su santo trono y Su santo templo en el cielo; de manera que aquà Habacuc estÔ obteniendo una visión de Dios. Cada persona de las Escrituras, y a lo largo de toda la historia que ha tenido este tipo de visión de Dios es transformada. Es imposible ver a Dios y quedar iguales.
Su majestad -una visión de Ćl y de quien Ćl es- cambia nuestra perspectiva acerca de todo. Esto cambia como te ves a ti misma y cambia como ves tus circunstancias. Me encanta esta cita, y estoy segura de que anteriormente la he utilizado en Aviva Nuestros Corazones. Es la cita es de Campbell Morgan, quien fue un gran maestro bĆblico en la pasada generación y dice:
Ā«La necesidad suprema en cada hora de dificultad y de angustia, es tener una visión fresca de Dios. Al verlo a Ćl, todo lo demĆ”s toma su propia perspectiva y proporciónĀ».
ĀæTe consideras muy grande? ĀæCrees que eres la gran cosa? ĀæTe consideras como una persona fenomenal? O ĀæCrees que tu vida es un desastre? ĀæCrees que tu mundo es muy complicado?
Quita los ojos de ti misma y de tus circunstancias y de las personas que te rodean y levanta tus ojos y mira al SeƱor. MirĆ”ndolo a Ćl, todo lo demĆ”s se coloca en su correcta perspectiva y proporción.
AquĆ tenemos un contraste entre los Ćdolos que son fabricados por el hombre y Dios, quien estĆ” en Su santo templo. Los hombres tratan de darle vida a los Ćdolos que ellos mismos crean, pero estos Ćdolos no tienen vida.
Ellos hablan a sus Ćdolos, «”Despierta! Ā”LevĆ”ntate! Ā”Haz algo! Pero estos Ćdolos no hablan. Ellos no tienen respuesta.
Hay algo equivocado con esta imagen, el hablar a los Ćdolos, tratar de dar aliento de vida a un objeto que no la tiene. Lo que deberĆa estar sucediendo es que Dios nos de aliento de vida a nosotras. El nos habla y en respuesta nos quedamos mudas.
Hacemos silencio. Estamos quietos delante de Ćl, escuchando con temor, en reverencia a Dios en Su trono.
Vimos en el versĆculo 18 que el Ćdolo tiene un fabricante, pero en cambio Dios es nuestro hacedor. La criatura deberĆa rendir culto a su Creador, no adorar otra criatura. Entonces, el punto aquĆ en el versĆculo 20 es que Ā«El SeƱor estĆ” en Su santo templo; toda la tierra guarde silencio frente a Ćl,Ā» el punto aquĆ es Ā”Shhh! Ā”Calla!
Adora a Dios. ConfĆa en Ćl. Permite que Ćl te enseƱe. Permite que Ćl te hable.
Deja de quejarte. Deja de dudar. Deja de cuestionar a Dios.
Dios no es indiferente, como Habacuc pensó que quizĆ”s Ćl era. Dios no es insensible. Dios no es impotente. Dios no es pasivo.
Dios estĆ” en Su santo templo. Dios estĆ” en Su trono. Dios estĆ” en control. Y Dios no es solo un Dios grande y cósmico que estĆ” en control del universo, pero que de alguna manera se le escapan los detalles de una u otra circunstancia de tu vidaā¦
Ćl no estĆ” dormido. Ćl estĆ” despierto. Ćl estĆ” alerta. Y Ćl estĆ” vivo. Ćl estĆ” activo.
Ćl estĆ” obrando en tu vida, a tu favor, en tus circunstancias, en tu hogar, en tu iglesia, en tu mundo. Dios estĆ” en Su trono, asĆ que estate quieta.
No te irrites. No estƩs perturbada. No te preocupes. No estƩs ansiosa.
En Su tiempo perfecto, Ćl llevarĆ” a cabo Sus propósitos, asĆ que mientras tanto, mantente firme delante de Ćl, en humildad y en silencio, en reverencia, en temor. ConfĆa en Ćl. El justo por su fe vivirĆ”.
Cuando fabricamos un Ćdolo, y sĆ© que no tallamos Ćdolos ni los hacemos de oro y de plata, pero los hacemos de otras cosas; hacemos Ćdolos de las personas. Los hacemos de nuestros empleos. Los hacemos de nuestra salud. Hacemos Ćdolos de algo o de alguien, y ponemos nuestra confianza en ellos en lugar de ponerla en Dios.
Cuando hacemos un Ćdolo, decidimos quĆ© tipo de Dios pensamos deberĆa ser. Queremos diseƱar Ćdolos conforme a nuestras especificaciones, y entonces le decimos lo que deberĆa hacer, y cómo deberĆa ser, y cómo deberĆa servirnos, y cómo deberĆa tratarnos.
El problema es que nosotros tratamos de hacer esto con Dios. No nos gusta Su soberanĆa. No nos gusta tener a alguien mĆ”s diciĆ©ndonos lo que debemos hacer. Queremos ser Dios.
Queremos estar a cargo y dirigir, y entonces le decimos a Dios lo que pensamos de cómo Ćl deberĆa ser, y lo que pensamos que Ćl deberĆa hacer, y cómo Ćl deberĆa resolver los problemas de nuestro matrimonio, como Ćl deberĆa cambiar a nuestro esposo, como Ćl deberĆa cambiar a nuestros hijos, como Ćl deberĆa cambiar nuestras circunstancias, como Ćl deberĆa devolvernos nuestra salud, y como no deberĆamos tener este problema financiero. Ā«Dios Āæcómo puedes obrar con justicia y permitir que las cosas vayan de este modo?
«¿Cómo puedes TĆŗ ser bueno? Si eres tan bueno, Āæpor quĆ© estĆ”s permitiendo esto? Y contendemos con nuestro Hacedor. Esto es porque estamos tratando de moldear a Dios a la forma de un Ćdolo a nuestra imagen. Tratamos de ser soberanas por encima de Dios.
Solo quiero recordarte que Dios no necesita tu ayuda ni la mĆa para llevar a cabo Sus propósitos o Sus planes. Ahora bien, Ćl nos dice que traigamos nuestra ansiedad a Ćl, que le presentemos nuestras peticiones, para orar, para interceder, y hacerlo con confianza pero nosotros no estamos en una posición de dictarle a Dios como Ćl debe actuar.
Job trató de hacer eso en un momento. Ā«Dios, si tan solo pudiera presentarme ante Ti y abogar por mi caso. SĆ© que TĆŗ verĆas que tengo razón.Ā» Lo miramos y nos reĆmos pero, Āæno actuamos nosotras de la misma manera? Ā«Dios, sĆ© que las cosas no deberĆan ser de esta manera.Ā» Cuando Job finalmente ve a Dios como realmente Ćl es, Job dice: Ā«Puse mi mano sobre mi boca, y hubiese deseado nunca haber habladoĀ».
ĀæSabes quĆ©? Cuando nosotras vemos a Dios de la manera que realmente Ćl es, vamos a decir la misma cosa. ĀæPor quĆ© abrĆ la boca? ĀæPor quĆ© no me mantuve en silencio ante Dios para permanecer allĆ maravillada delante Ćl con temor y en adoración y sumisión?Ā»
Ā«El SeƱor estĆ” en Su santo templo, que toda la tierra calle delante de Ćl.Ā»
- Ćl estĆ” en Su trono.
- Ćl es santo
- Ćl es perfecto
- Ćl es eterno
- Ćl es bueno
- Ćl es justo
Si recuerdas esto cuando te encuentres en el medio de las tormentas y el estrĆ©s y las adversidades y los desafĆos de la vida, entonces podrĆ”s estar calmada y en silencio. PodrĆ”s estar libre de la preocupación. PodrĆ”s confiar en Dios. ĀæY sabes quĆ© mĆ”s? PodrĆ”s cantar y podrĆ”s regocijarte.
Y veremos que es ahĆ donde termina Habacuc, Āæpero cómo llega Ć©l allĆ? DirigiĆ©ndose al templo de Dios. Ā«Dios estĆ” en Su santo temploĀ». Estate quieta. Calla. MantĆ©n silencio delante de Ćl.
Carmen: Nancy Leigh DeMoss estarĆ” de vuelta con nosotros para orar. Ella nos ha estado ayudando a identificar los Ćdolos que nos mantienen alejados de rendirle honor y adoración a Dios. Esa enseƱanza es parte de una serie titulada Habacuc: Del Temor a la fe.
Hemos estado hablando sobre las serias interrogantes que se hizo Habacuc, pero a medida que esta enseƱanza para mujeres va progresando durante los siguientes programas, nos daremos cuenta de por quƩ Habacuc fue capaz de cambiar su foco y comenzar a adorar a Dios. Si has estado temerosa, ansiosa, dudosa, espero que puedas estudiar Habacuc durante estas series. Y si te has perdido alguno de los programas, visita AvivaNuestrosCorazones.com.
Cuando Dios responde la oración, los resultados pueden ser muy diferentes de lo que esperabas. Eso fue lo que Habacuc descubrió, y esto serÔ lo que descubriremos el lunes.
Ahora, vamos a orar en compaƱĆa de Nancy Leigh DeMoss.
Nancy: Gracias SeƱor, por ofrecernos un vistazo de cuĆ”n grande e increĆble eres TĆŗ. TĆŗ estĆ”s en Tu trono, en Tu templo. TĆŗ estĆ”s en control.
SĆ© que es fĆ”cil para nosotras tener corazones calmados cuando estamos sentadas escuchando Tu Palabra, y estamos en un ambiente protegido de seguridad. Alguna de nosotras estaremos entrando en un torbellino. Al terminar de escuchar este programa salimos a afrontar tormentas y problemas y desafĆos en la vida real.
Gracias porque cuando venimos a Ti, TĆŗ estĆ”s en Tu santo trono, y en lugar de quejarnos, luchar, contender, retar, irritarnos, preocuparnos, TĆŗ nos das quietud de espĆritu para adorarte y para vivir vidas de adoración a Ti. Oramos en el nombre de JesĆŗs, amĆ©n.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
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