2 – Sumisión Bíblica

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

2 – Sumisión Bíblica

Juan Manuel Vaz

¿Qué significa que el hombre es cabeza de familia? ¿Cuáles son sus funciones? ¿Qué características tiene un buen cabeza de familia?

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

La Palabra final y decisiva de Dios

Soldados de Jesucristo

Octubre 23

Solid Joys en Español

La Palabra final y decisiva de Dios

John Piper

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La obra del Espíritu Santo – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 16/26

La obra del Espíritu Santo – Parte 1

  1. Introducción

Bienvenido. Cielos, veo que podemos necesitar una dosis extra del Espíritu esta mañana. Entonces, ¿por qué no comenzamos con una pregunta: ¿Quién sabe quién es Shai Linne? Shai escribió estas palabras en una de sus canciones llamada «Mercy & Grace», en ella Shai rapea; Yo no rapeo, pero Shai rapea y dice:

Es bastante sorprendente cómo en la salvación

Cada persona de la Trinidad contribuye como una compilación

El Padre me eligió, Jesús sangró por mí

Y la regeneración es la confirmación del Espíritu Santo

Ahora bien, ¿por qué Shai se sorprendería de eso? ¿Y qué es la regeneración del Espíritu Santo? Bueno, permíteme continuar y resumir la obra del Espíritu Santo; este será el punto dos en la parte delantera de  tu folleto.

  1. Resumen

El teólogo Anthony Hoekema lo expresó así: «El Espíritu Santo completa el plan del Padre, mediante la aplicación de la Palabra y los beneficios del Hijo, actuando sobre y en la creación».

Ahora bien, quizá no sea necesariamente el resumen más pegadizo, pero es útil por dos razones.

En primer lugar, resalta útilmente la obra del Espíritu de una manera trinitaria. Con demasiada frecuencia, la obra del Espíritu está divorciada de la obra del Padre y del Hijo. El Espíritu es considerado el misterioso, pero emocionante miembro de la Trinidad que hace todas esas cosas impredecibles, por lo que lo relegamos a su propio gimnasio donde puede rebotar por las paredes. Pero bíblicamente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no están haciendo cosas diferentes. Por el contrario, están resolviendo el único plan de Dios. Vemos esto claramente en textos como Juan 15:26«Pero cuando venga el Consolador (el Espíritu), a quien yo (Jesús) os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí». En términos generales, el Padre escribe, el Hijo cumple, y el Espíritu aplica. Son tres personas, pero un Dios, y sus actividades representan un trabajo unificado.

Segunda razón por la cual la definición de Hoekema es útil: resalta la obra del Espíritu como cristológica. En otras palabras, la obra del Espíritu se centra en Jesús. El rol principal del Espíritu Santo en nuestra salvación es hacernos uno con Cristo. Él nos une a Cristo, y todas las bendiciones que vienen con esa unión (la regeneración, la conversión, la adopción, etc.). Por esa razón, el Espíritu Santo es llamado el Espíritu de Cristo (Ro. 8,91 P. 1,11) y el Espíritu del Hijo de Dios (Gá. 4,6). Tener al Espíritu es tener a Cristo (Ro. 8.9-11).

Cualquier comprensión del Espíritu que no sea trinitaria y cristológica de esta manera, lejos de exaltar al Espíritu, lo deshonra. Simplemente no es cristiana. Es por eso que comenzamos a definir bíblicamente qué es el Espíritu.

  1. La obra del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

Comenzando en el Antiguo Testamento, ¿dónde crees que aparece primero el Espíritu Santo?

Génesis 1:1-3«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz».

Observemos dos cosas que el texto dice que están presentes: número 1) el Espíritu de Dios y número 2) la Palabra de Dios. Dios habla: «Sea la luz» y se hace realidad por el poder de su Espíritu. Dios crea por su Palabra[1] a través de su Espíritu. El Espíritu produce la voluntad del Padre en la creación, trayendo orden del caos, creando lo que es, de lo que no era (Génesis 1:2Hebreos 11:3). En otras palabras, la obra del Espíritu en la creación consiste en extender la presencia de Dios a la creación de tal manera que ordene y complete lo que se ha planificado en la mente de Dios[2].

¿No es increíble? El Espíritu Santo es uno de los agentes de Dios el Padre para lograr lo que él pensó.

Y este mismo Espíritu Santo aparece en todo el Antiguo Testamento de manera similar. La presencia divina que guió al pueblo de Dios en el Éxodo fuera de Egipto –una columna de nube durante el día y de fuego por la noche (Éxodo 13:21-22)–, era el Espíritu Santo (Isaías 63:10-14). Es el Espíritu de Dios quien dota a ciertos hombres en la construcción del Tabernáculo e inspira a los profetas del Antiguo Testamento con la Palabra de Dios (por ejemplo, 2 S. 23:2).

El Antiguo Testamento está lleno de referencias de la obra del Espíritu, pero por lo general, la actividad del Espíritu en el Antiguo Testamento era «enigmática, esporádica, selectiva y externa». Los profetas anhelaban días mejores. Vemos esto conmovedoramente en las palabras de Moisés de Números 11:29 en tu folleto: «Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos». Moisés anhelaba el día en que todo el pueblo de Dios poseería el poder del Espíritu de Dios.

¿Significa esto que los creyentes del Antiguo Testamento no poseían el Espíritu? ¿Qué crees? ¿Los creyentes del Antiguo Testamento poseían el Espíritu de Dios?

El Antiguo Testamento nunca hace referencia al Espíritu Santo morando en los creyentes. El lenguaje de «morada» es el lenguaje del pacto, el lenguaje de la presencia de Dios. Es relacional y nos lleva de vuelta al huerto de Edén. Pero en el Antiguo Testamento, la morada de Dios es siempre externa, en el Tabernáculo y el Templo, nunca en los creyentes[3].

En el Antiguo Testamento, el Espíritu empodera a los creyentes, pero no por igual, y no indefinidamente. Y otro testimonio de la obra selectiva del Espíritu Santo es la oración de David en el Salmo 51; él ora para que Dios no le quite el Espíritu Santo.

En el Antiguo Testamento, la obra del Espíritu estaba predominantemente reservada a los líderes: profetas, sacerdotes y reyes. Pero existe la esperanza de que lo que Moisés deseaba –que todas las personas posean el Espíritu de Dios– se  cumpliría. ¿Sabes dónde vemos eso en el Antiguo Testamento?

Ezequiel 36:25-27: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra».

Joel 2:28-32: «Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado».

Jeremías 31:33-34«Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado».

Vemos el comienzo del cumplimiento de estas promesas en la persona de Jesucristo.

  1. El Espíritu Santo en la persona de Cristo

Cuando nos volvemos al Nuevo Testamento, nuestra comprensión de la persona y obra del Espíritu Santo entra en un mayor enfoque y claridad. Para comenzar, veamos la obra del Espíritu en la persona de Cristo.

Podemos rastrear la obra del Espíritu Santo en Cristo a través de tres etapas.

 A. La concepción

En el Evangelio de Lucas, el ángel que habla con María dice: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35).

Esa palabra «cubrir» se usa en la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) para referirse a la nube de la gloria de Dios que se cierne sobre el Tabernáculo. Lucas dice que el nuevo templo prometido del Antiguo Testamento es Jesucristo. Jesucristo es la gloria prometida del Padre, que mora con su pueblo.

[4]. Avanzando directamente a «la segunda etapa»…

B. La unción bautismal

La segunda etapa de la obra del Espíritu en Cristo comienza con su bautismo. Los cielos se abren y nos preparan para una nueva revelación cuando desciende una paloma y Dios habla: «Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia»[5]. Y luego, «lleno del Espíritu», leemos que Jesús es conducido a través de una repetición del Edén: correcto, Satanás tienta a Jesús como lo hizo con Adán. Pero a diferencia de Israel, que entristeció al Espíritu en las peregrinaciones en el desierto, el segundo Adán, Jesús, ¡tiene éxito! Jesús, lleno del Espíritu, camina hacia territorio enemigo en el desierto para enfrentar a Satanás y ser tentado durante 40 días y 40 noches. Él lucha por su pueblo y gana. Después de derrotar a Satanás, exige: «Vete, Satanás» (Mateo 4:10), y el diablo huye. ¡No es de extrañar que Jesús infundiera miedo a los demonios durante su ministerio!

Incluso los primeros días del ministerio de Jesús nos recuerdan que en Cristo, el cristiano lucha desde una posición de victoria; y solo peleamos esta batalla por el poder del Espíritu de Dios en nosotros. Pasemos a la siguiente obra del Espíritu en Cristo.

C. La resurrección y ascensión de Jesús

La tercera etapa de la obra del Espíritu en Cristo comenzó con la resurrección y la ascensión de Jesús. Aunque a menudo se atribuyen al Padre y al Hijo, la resurrección y la ascensión también son obra del Espíritu Santo. Romanos 1:4 dice acerca de Jesús «que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos». Y 1 Pedro 3:18 dice: «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu».

El Nuevo Testamento enseña que a través de su vida y ministerio, Jesús llegó a tal posesión completa del Espíritu, experimentándolo sin límites (Juan 3:34), que llegó a ser «Espíritu del Señor» (2 Co. 3:18). En resumen, la Biblia nos enseña que gran parte de lo que hizo Jesús fue debido a la obra del Espíritu en él; su concepción, su unción, su resurrección y ascensión, éstas fueron hechas en el poder del Espíritu en Jesús.

  1. La obra del Espíritu Santo en el cristiano

Las palabras de despedida de Jesús prepararon a su pueblo para el Espíritu Santo prometido. En Lucas 24:49, dice: «He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto». ¿Dónde se cumplió lo prometido? En el día de Pentecostés. Miremos el primer punto, el don del Espíritu.

A. El don del Espíritu

Hechos 2:1-4…, puedes ir allí: «Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen».

Entonces Pedro predica, explicando lo que ha sucedido citando Joel 2 que leímos anteriormente. Luego cita el Salmo 110, y leemos en Hechos 2:33«Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís».

Observa dos cosas. En primer lugar, vemos cómo el don del Espíritu representado por vientos recios y llamas de fuego, no es un giro peculiar en el plan de Dios. Más bien, es el elemento central en la promesa del nuevo pacto que Dios le había dado a su pueblo en Joel 2 o Ezequiel 36; vimos esos pasajes antes.

Y en segundo lugar, al citar el Salmo 110, Pedro muestra cómo el don del Espíritu a Cristo y luego el otorgamiento del Espíritu por Cristo cumple la promesa del Padre al Hijo en el Salmo 2:8: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra». Bueno, en el día de Pentecostés vemos que las naciones vienen a Cristo; la gran comisión se está cumpliendo y se está cumpliendo principalmente por la obra del Espíritu.

También en Pentecostés tenemos la inversión de Babel. ¿Recuerdas esa historia? En Génesis 10, se nos da una lista de naciones, seguidas por Dios confundiendo su lenguaje y dispersándolas. Aquí, en Hechos 2:8-12, se nos da otra lista de naciones, excepto que esta vez sus lenguas se entienden cuando se reúnen en Jerusalén. Los efectos del pecado se están revirtiendo en una nueva comunidad de judíos y gentiles, unidos por… ¡el Espíritu Santo!

Mientras estudiaba esto, me sorprendieron las conexiones del Espíritu Santo desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento. Después de todo: fuego, viento y una lengua divina nos recuerda lo que Moisés encontró en el monte Sinaí. Allí Moisés ascendió, solo para descender con los Diez Mandamientos, la Ley de Dios. De la misma manera en el Nuevo Testamento, Cristo acaba de ascender, y en Pentecostés baja, no con la ley escrita en tablas de arcilla, sino con el don de su propio Espíritu para escribir la ley en el corazón del creyente. Esto nos permite cumplir los mandatos de la ley. Aquí está el cumplimiento de Jeremías 31 y la gran esperanza de Moisés que vimos en Números 11.

Mientras que en el antiguo pacto la obra del Espíritu generalmente se limitaba a unos pocos, en su mayoría, hombres y líderes, ahora leemos en Hechos 2:17 que los hijos e hijas profetizan, los jóvenes tienen visiones, los ancianos tienen sueños. Estas visiones y sueños eran modos de comunicar el conocimiento de Dios bajo el antiguo pacto. Pero en Cristo y por el don del Espíritu, todo el pueblo del Señor posee el conocimiento de Dios. Jeremías 31:34 espera con ansias este punto, dice: «Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová».

Entonces podrías decirme: «Isaac, eso es mucho». Esto es lo que quiero que veas, ¡El día de Pentecostés es la culminación de la obra de Jesús! Recuerda lo que Jesús dijo en Juan 7:37-39«En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado».

La venida del Espíritu es evidencia de la glorificación de Cristo, su entronización celestial. Por tanto, el libro de Hechos no trata tanto acerca de los hechos del Espíritu Santo a través de los apóstoles, sino de los hechos continuos de Jesucristo a través del Espíritu.

Entonces, ¿qué beneficios trae la morada del Espíritu en el creyente? Bueno, solo tenemos tiempo para mirar uno más, pero es glorioso porque hablaremos de la regeneración.

B. La regeneración

Así como el rol del Espíritu es dar vida física y aliento a toda la creación, también es su rol dar vida espiritual a los hombres. Jesús le dice a Nicodemo que debe «nacer de nuevo» por el Espíritu (Juan 3:6-7). También les dice a sus discípulos que «el Espíritu es el que da vida» (Juan 6:63).

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ezequiel 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Espiritualmente hablando, el mundo no es lo que parece. Parece vivo, pero en realidad estamos rodeados de cadáveres espirituales. Caminamos todos los días entre muertos. Nuestra oración y esperanza es que Dios, a través de su Espíritu, los traiga a la vida.

La obra del Espíritu del renacimiento en la vida del cristiano tiene varios aspectos.

En primer lugar, implica una iluminación intelectual. Juan escribe en 1 Juan 2:20«Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas». Esta unción del Espíritu Santo es compartida por cada cristiano y se dice que lleva a un cierto conocimiento: el conocimiento de quien es Dios y lo que ha prometido. Eso no significa que el cristiano lo sabe todo; más de lo que un ciego que recibe la vista puede ver todo simultáneamente. Pero la verdad que una vez no fue reconocida ahora es conocida y celebrada por el que es regenerado, o el que es «nacido de nuevo».

En segundo lugar, la obra de regeneración del Espíritu implica la liberación de la voluntad. Antes, nuestras voluntades, nuestros deseos, estaban esclavizados al pecado y eran incapaces de seguir a Jesús, del mismo modo que un muerto no responde (Efesios 2:1).

Tercero, la obra del Espíritu de la regeneración implica limpieza y renovación. Así, cuando Jesús le dice a Nicodemo que «el que no naciere de agua y del Espíritu», está aludiendo a la promesa del nuevo pacto de Ezequiel 36: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias… Os daré corazón nuevo». (1 Corintios 6:11 habla claramente de esto también).

La obra de renovación del Espíritu en la regeneración es tan completa que Pablo escribe: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). ¡Alaba a Dios por su gloriosa obra en nuestras vidas!

Amigo, tenemos mucho más que cubrir acerca de la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente: convicción, unión con Cristo, fruto del Espíritu, la oración del Espíritu en nuestro nombre y la seguridad… pero hemos abarcado todo lo que podemos por el día de hoy.

Oremos.

[1] Col. 1:16

[2] Véase Ferguson en The Holy Spirit.

[3] Véase God’s Indwelling Presence de James Hamilton Jr.

[4] Así como Dios se preocupó por su «hijo» (Éxodo 4:22) al llamar a Israel a salir de Egipto (Deuteronomio 8:1ffEz. 16:1ff), asimismo Dios continúa a través del Espíritu cuidando de su Hijo encarnado (también llamado de Egipto, Mt. 2:15).

[5] Mateo 3:17

https://es.9marks.org/

Mark Dever

Sobre la controversia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Sobre la controversia

Ministerios Ligonier

Nota del editor: Esta es la introducción a la serie de artículos de Tabletalk Magazine referente al tema de la controversia. Un pastor, a punto de escribir un artículo criticando a otro pastor por su falta de ortodoxia, le escribió a John Newton sobre sus intenciones. A continuación, la respuesta de Newton.

Estimado señor,

Puesto que probablemente que te veas envuelto en una controversia, y tu amor por la verdad está acompañado de un temperamento fuerte, mi amistad me hace preocuparme por ti. Tú estás del lado más poderoso; porque la verdad es grande y debe prevalecer, una persona con habilidades inferiores a las tuyas podría salir al campo confiado en la victoria. Por lo tanto, no estoy angustiado por la batalla en sí; sino que quiero que seas más que un vencedor, y que triunfes, no solo sobre tu adversario, sino sobre ti mismo. Si no puedes ser derrotado, puede que seas herido. Para librarte de aquellas heridas que podrían hacerte llorar por tus conquistas, te presentaré algunas consideraciones que, si las observas debidamente, te servirán como una gran cota de malla; una armadura tal, que no necesitarás quejarte, como lo hizo David de la armadura de Saúl, de que esta sea más incómoda que útil; pues fácilmente percibirás que ha sido extraída de ese gran arsenal provisto para el soldado cristiano, la Palabra de Dios. Doy por sentado que no esperas ninguna disculpa por la libertad que me tomo y, por lo tanto, no te la ofreceré. Por cuestión de metodología, limitaré mi consejo a tres encabezados: respecto a tu oponente, al público y a ti mismo.

Si actuamos en un espíritu equivocado, traeremos poca gloria a Dios, haremos poco bien a nuestro prójimo, y no conseguiremos ni honor ni consuelo para nosotros mismos.

Considera a tu oponente

En cuanto a tu oponente, deseo que antes de que pongas la pluma sobre el papel en su contra, y durante todo el tiempo que estés preparando tu respuesta, puedas encomendarlo con una oración fervorosa a las enseñanzas y la bendición del Señor. Esta práctica llevará tu corazón a amarlo y a compadecerse de él; y tal disposición tendrá una buena influencia en cada página que escribas.

Si lo consideras como un creyente, aunque muy equivocado en el tema sobre el cual debaten, las palabras de David a Joab acerca de Absalón, son muy pertinentes: «Por amor a mí tratadlo bien». El Señor lo ama y es paciente con él; por lo tanto, no debes despreciarlo, ni  tratarlo con dureza. El Señor es paciente contigo de la misma manera, y espera que muestres compasión a los demás, considerando el mucho perdón que tú mismo necesitas. Dentro de poco se verán en el cielo; entonces él te será más querido que el amigo más cercano que tienes ahora en esta tierra. Ten presente ese periodo en tus pensamientos; y aunque puede que consideres necesario oponerte a sus errores, velo personalmente como un alma gemela, con quien serás feliz en Cristo por siempre.

Pero si lo ves como una persona inconversa, en estado de enemistad contra Dios y Su gracia (una suposición que, sin buena evidencia, no deberías estar dispuesto a admitir), él es un más apropiado objeto de tu compasión que de tu enojo. Desafortunadamente, «él no sabe lo que hace». Pero tú sabes quién te ha hecho tener una opinión diferente. Si Dios, en Su soberana voluntad, así lo hubiera ordenado, tú podrías haber sido como él es ahora; y él, en vez de ti, podría haber sido escogido para la defensa del Evangelio. Ambos eran igualmente ciegos por naturaleza. Si te consideras esto, no le reprocharás ni le odiarás, porque el Señor se ha complacido en abrir tus ojos, y no los suyos.

De todas las personas que se involucran en la controversia, nosotros, que somos llamados calvinistas, estamos más expresamente obligados por nuestros propios principios al ejercicio de la mansedumbre y la moderación. Si, en efecto, los que difieren de nosotros tienen el poder de cambiarse a sí mismos, si pueden abrir sus propios ojos y ablandar sus propios corazones, entonces podríamos, con menos incoherencia, sentirnos ofendidos por su obstinación; pero si creemos lo contrario, nuestra parte consiste en, no luchar, sino en instruir con mansedumbre a los que se oponen. «Por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad». Si escribes con el deseo de ser un instrumento de corrección de errores, por supuesto que tendrás cuidado de no poner tropiezos en el camino de los ciegos o de no usar expresiones que puedan exasperar sus pasiones, reafirmarlos en sus principios y, por lo tanto, hacer que su convicción, humanamente hablando, sea más impracticable.

Considera a tu público

Al publicar tu escrito, captarás la atención del público, en el que tus lectores pueden estar divididos en tres clases: En primer lugar, aquellos que difieren de ti en principio. Con respecto a ellos, te dirijo a lo que ya he dicho. Aunque tienes los ojos puestos en una persona principalmente, hay muchos que piensan como él, y por eso el mismo razonamiento se mantendrá, ya sea con respecto a una persona o a un millón.

Habrá también muchos a los que les importa muy poco la religión, como para tener una opinión propia establecida, y que, sin embargo, están comprometidos de antemano a favor de aquellos sentimientos que son al menos repugnantes para la buena opinión que los hombres tienen de sí mismos de manera natural. Estos son muy incompetentes como jueces de doctrina; pero pueden formar una opinión tolerable del espíritu de un escritor. Saben que la mansedumbre, la humildad y el amor son las características de un temperamento cristiano; y aunque tienden a tratar las doctrinas de la gracia como meras nociones y especulaciones que, suponiendo que las adoptaran, no tendrían ninguna influencia saludable sobre su conducta; sin embargo, de nosotros, que profesamos estos principios, siempre esperan las disposiciones que corresponden a los preceptos del Evangelio. Son rápidos para discernir cuando nos desviamos de tal espíritu, y se aprovechan de ello para justificar su desprecio por nuestros argumentos. La máxima de las Escrituras de que «la ira del hombre no obra la justicia de Dios», es verificada mediante la observación diaria. Si nuestro celo está exacerbado por expresiones de ira, invectiva o desprecio, podríamos pensar que estamos sirviendo a la causa de la verdad, cuando en realidad solo traemos descrédito sobre ella. Las armas de nuestra contienda, y las únicas que son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, no son carnales, sino espirituales; argumentos tomados claramente de las Escrituras y de la experiencia, y respaldados por un discurso tan moderado que persuada a nuestros lectores de que, ya sea que los convenzamos o no, deseamos lo mejor para sus almas y luchamos solo por amor a la verdad. Si podemos convencerlos de que actuamos conforme a estos motivos, hemos ganado la mitad del argumento. Estarán más dispuestos a considerar calmadamente lo que ofrecemos; y si aún así discrepan de nuestras opiniones, se verán obligados a aprobar nuestras intenciones.

Tendrás una tercera clase de lectores, quienes, teniendo el mismo sentir que tú, aprobarán fácilmente lo que propongas, y podrán ser establecidos y confirmados aún más en sus puntos de vista sobre las doctrinas de las Escrituras, por medio de una clara y magistral elucidación de tu tema. Puedes ser instrumental para su edificación si la ley de la bondad y de la verdad regula tu pluma, de lo contrario puedes hacerles daño. Hay un principio del yo que nos dispone a despreciar a los que difieren de nosotros; y a menudo estamos bajo su influencia, cuando pensamos que solo estamos mostrando un celo cada vez mayor por la causa de Dios.

Yo estoy convencido de que los puntos principales del arminianismo surgen del orgullo del corazón humano y se nutren de él; pero me alegraría si lo contrario fuera siempre cierto: que abrazar lo que se llama las doctrinas calvinistas fuera una señal infalible de una mente humilde. Creo que he conocido a algunos arminianos, es decir, personas que por falta de una luz más clara han tenido miedo de recibir las doctrinas de la gracia gratuita, que sin embargo han dado evidencia de que sus corazones estaban en cierto grado humillados ante el Señor.

Y me temo que hay calvinistas que, aunque lo consideran una prueba de su humildad, están dispuestos en palabras a degradar a la criatura y a dar toda la gloria de la salvación al Señor, pero no saben de qué tipo de espíritu son. Cualquier cosa que nos haga creer en nosotros mismos como relativamente sabios o buenos, a fin de tratar con desprecio a aquellos que no se adhieren a nuestras doctrinas, o que no siguen a nuestro grupo, es evidencia y fruto de un espíritu de justicia propia. La justicia propia puede nutrirse tanto de doctrinas como de obras; y un hombre puede tener el corazón de un fariseo, mientras que su cabeza está repleta de nociones ortodoxas de la indignidad de la criatura y de las riquezas de la gracia gratuita. Sí, y añadiría, los mejores hombres no están completamente libres de esta levadura [la justicia propia], y por lo tanto son demasiado dados a complacerse con las representaciones que ridiculizan a nuestros adversarios, y en consecuencia exaltan nuestras propias opiniones. Las controversias, en su mayor parte, se manejan de tal manera que satisfacen su mala disposición en lugar de reprimirla; y, por lo tanto, en términos generales, son poco provechosas. Provocan a quienes deberían convencer y envanecen a quienes deberían edificar. Espero que en tu forma de actuar se perciba un espíritu de verdadera humildad, y que sea un medio para promoverlo en los demás.

Considérate a ti mismo

Esto me lleva, en último lugar, a considerar tu propio interés en lo que te propones hacer. Defender la fe una vez entregada a los santos parece un servicio loable; se nos ordena a luchar seriamente por ella, y a convencer  a los que la contradicen. Si alguna vez tales defensas fueron oportunas y convenientes, parecen serlo en nuestros días, cuando los errores abundan por todos lados y toda la verdad del Evangelio se niega directamente o se tergiversa de manera flagrante.

Y sin embargo, encontramos muy pocos escritores de controversia que no hayan sido evidentemente lastimados por ella. O bien crecen en el sentido de su propia importancia, o asumen un espíritu airado y contencioso, o se apartan insensatamente de aquellas cosas que son el alimento y el soporte inmediato de la vida de fe, y gastan su tiempo y sus fuerzas en asuntos que, a lo sumo, tienen un valor secundario. Esto demuestra que aunque el servicio sea honorable, es peligroso. ¿Qué le aprovechará al hombre ganar su causa y silenciar a su adversario, si al mismo tiempo pierde ese espíritu humilde y compasivo en el cual el Señor se deleita, y al cual le ha prometido Su presencia?

No dudo que tu objetivo sea bueno, pero tienes que velar y orar porque encontrarás a Satanás a tu diestra para resistirte; él tratará de socavar tus puntos de vista; y aunque te empeñes en defender la causa de Dios, si no buscas continuamente al Señor para que te guarde, puede que se convierta en tu propia causa, y que despierte en ti esos impulsos que no son congruentes con la verdadera paz interior y que seguramente obstruirán tu comunión con Dios.

Ten cuidado de no admitir nada personal en el debate. Si crees que has sido maltratado, tendrás la oportunidad de demostrar que eres un discípulo de Jesús, «quien cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba». Este es nuestro modelo, así que debemos hablar y escribir para Dios, «no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo», porque para esto fuimos llamados. La sabiduría que viene de lo alto no solo es pura, sino pacífica y amable; y la falta de estas cualidades, como la mosca muerta en la olla del ungüento, estropeará el sabor y la eficacia de nuestras labores.

Si actuamos en un espíritu equivocado, traeremos poca gloria a Dios, haremos poco bien a nuestro prójimo, y no conseguiremos ni honor ni consuelo para nosotros mismos. Si te conformas con mostrar tu inteligencia y con provocar la risa en los que están de tu lado, tienes una tarea fácil; pero espero que tengas un objetivo mucho más noble, y que, consciente de la solemne importancia de las verdades del Evangelio y de la compasión debida a las almas de los hombres, prefieras ser un medio para eliminar los prejuicios de una vez por todas, en lugar de obtener el aplauso vacío de miles. Salid, pues, en el nombre y fortaleza del Señor de los ejércitos, hablando la verdad en amor; y que Él dé testimonio en muchos corazones de que eres enseñado por Dios, y favorecido con la unción de Su Espíritu Santo.

Extracto de The Works of John Newton, Letter XIX “On Controversy.”
Ministerios Ligonier
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Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

Jul 16 – Sembrando y cosechando

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 16 – Sembrando y cosechando

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/sembrando-y-cosechando/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Si siembras semillas de manzana vas a cosechar un árbol de manzanas. No vas a cosechar vainitas si siembras semillas de manzana. Ciertamente la cosecha se multiplica de acuerdo a lo que siembras; y siempre cosecharás lo mismo que sembraste. Esa es la ley de retribución divina.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss. La mayoría de nosotras vive lejos de las granjas donde se producen los alimentos, pero todas nos mantenemos sembrando y cosechando todo el tiempo. Nancy les va a explicar a medida que profundiza en el estudio del profeta Habacuc.

Si te perdiste la primera parte de esta serie, puedes escucharla visitando AvivaNuestrosCorazones.com . Esta serie se titula Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Dijimos al principio de esta serie que el libro de Habacuc contiene las semillas de las doctrinas bíblicas más importantes. Puedes ver pinceladas de las doctrinas de la salvación y de la fe. Hemos estado viendo algunas de esas doctrinas.

La doctrina a la que nos referiremos hoy (en el capítulo 2 de Habacuc) es a la de la depravación del hombre, la pecaminosidad absoluta del hombre apartado de Dios. Acabamos de terminar con la sección en la que Dios le dice a Habacuc “Los babilonios, los caldeos son orgullosos. Se han envanecido. No son honrados, pero si vas a hacer un hombre justo, en medio de la corrupción de hoy en día, deberás hacerlo por fe”. (ver Habacuc 2:4).

Habacuc necesitaba darse cuenta de que-apartado de Dios- él no era más decente que los caldeos. Los caldeos era un pueblo malvado y Dios iba a usar a una nación malvada y sin escrúpulos -como vimos en el capítulo 1- para castigar al pueblo judío quienes, a su vez, se había descarriado y estaban en necesidad de arrepentimiento y avivamiento.

Por lo que Dios le había dicho a Habacuc: “Voy a traerles una nación malvada que va a convertirse en la primera potencia mundial y ellos van a conquistar Judea”. En el capítulo 1, Dios le dio a Habacuc la descripción de los caldeos; de los babilonios.

Pero hoy -en el capítulo 2- encontramos una descripción más detallada del grado de maldad de los babilonios. De hecho, en el capítulo 2 encontramos -empezando en el versículo 5- una descripción vívida y detallada de cómo eran los caldeos.

Vamos a escudriñar esa descripción y vamos a ver qué nos tiene que decir acerca de nuestros propios corazones comenzando en Habacuc 2:5 . “Además, el vino traiciona al hombre arrogante, de modo que no se queda en casa…”

Permítanme detenerme ahí y decirles que los babilonios eran famosos por su adicción al vino. De hecho, seguro recuerdas lo que la Escritura registra de la última noche del Imperio Babilonio, años después, ellos estaban borrachos y en medio de una orgía. Dios envió una escritura en la pared y les dijo: “Sus días están contados. Su reino ha terminado” (ver Daniel 5). Ellos eran renombrados borrachones. Su lujuria por el alcohol era insaciable.

Pero eso era en realidad una simple ilustración de su insaciable lujuria por el poder, su insaciable lujuria y deseos de conquistar todas las naciones del mundo. Por lo que su ebriedad era solo un reflejo de la forma como habían vivido sus vidas; un reflejo de todo un sistema.

“El vino es un traidor”. Nos dice Proverbios 20. “El vino es escarnecedor, la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio” (Proverbios 20:1).

Vemos hoy, en la vida de muchas personas, estos hábitos adictivos. Somos una cultura adictiva. También vemos mucha lujuria por el control, ese apetito de controlar y dominar la vida de otras personas. Por lo que -a medida que revisamos esta descripción- veremos que, de muchas maneras, nuestra cultura no dista mucho de la babilónica.

“El vino es traicionero, un hombre arrogante que nunca descansa”. Su codicia -hablando de los babilonios- es tan amplia como el Seol (o infierno) y -al igual que la muerte- nunca se sacia. “Además, el vino traiciona al hombre arrogante, de modo que no se queda en casa. Porque ensancha su garganta como el Seol, y es como la muerte, que nunca se sacia; reúne para sí todas las naciones, y recoge para sí todos los pueblos” (Habacuc 2:5).

Lo que dicen las Escrituras es que los caldeos eran orgullosos -al igual que el hombre arrogante que nunca descansa- y eran además codiciosos. Como la muerte y el infierno nunca se sacian. Ellos querían enseñorearse de todo el mundo; ellos lo querían todo. Siempre querían más. Nunca estaban satisfechos. Eran agresivos; siempre tratando de alcanzar más y más.

“Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, pueblo feroz e impetuoso, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas” (Habacuc 1:6).

Ahora bien, en Habacuc 2:6 leemos: “No pronunciarán todos éstos” -hablando de aquellos que habían sido devastados por los caldeos- las naciones y la gente que habían engullido.

“No pronunciarán todos éstos contra él (contra Babilonia) una sátira, y burlas e intrigas contra él? Y dirán “Ay…”

Nota esa palabra. Si estás siguiéndonos con tu Biblia, podrías querer subrayarla o marcarla porque aparece varias veces en este capítulo. Vamos a ver en este capítulo cinco ‘ayes’. Un “ay” es un pronunciamiento de juicio divino en el Antiguo Testamento. Verás esa palabra -“Ay”- en los versos 6, 9, 12, 15 y 19.

Esos ‘ayes’ conforman cinco estrofas compuestas por tres versos cada una. Y estas cinco estrofas dicen esencialmente lo mismo: la certeza del juicio de Dios para los malvados. Al final van a cosechar lo que sembraron. Esto último es precisamente el punto a considerar en este capítulo. Lo que sea que siembres, eso es lo que cosecharás.

Veremos que en cada una de estas cinco estrofas, encontramos una conducta pecaminosa seguida de sus consecuencias. En cada caso la consecuencia o castigo va de la mano con el pecado cometido. La consecuencia está relacionada con el pecado. Vas a cosechar lo que siembras.

Si siembras semillas de manzana, vas a cosechar un árbol de manzanas. No vas a cosechar vainitas si siembras semillas de manzana. Ciertamente la cosecha se multiplica de acuerdo a lo que siembras; y siempre cosecharás lo mismo que sembraste. Es la ley de retribución divina.

Si siembras egoísmo, explotación, crueldad, injusticia, opresión o violencia, eso se volverá a ti. Vas a pagar. Y en este mundo parece como si -por un tiempo (o quizás mucho tiempo) – los malos prevalecen por encima de los justos.

Pero, a través de los ‘ayes’ descritos en este capítulo, se nos recuerda que los malvados van a recibir su merecido -ya sea que el malo sea tu vecino o tu marido o tu jefe, o tu misma. Todos vamos a cosechar lo que hemos sembrado.

Así que vamos a ver estos ‘ayes’. Los repasaremos rápidamente en el día de hoy. Veremos los primeros tres o cuatro y, luego, el final de este capítulo lo veremos en el próximo programa. Verso 6: “¡Ay del que aumenta lo que no es suyo (¿hasta cuándo?) Y se hace rico con préstamos!”

Ten en cuenta que estos ‘ayes’ han sido pronunciados a la nación de Babilonia en medio de su situación. Y habla de su codicia, el deseo de tener más y de las ganancias obtenidas por extorsión. Ellos aumentaban lo que no era suyo y se hacían ricos a base de préstamos.

Los babilonios conquistaban naciones y obligaban a la gente a pagar impuestos exorbitantes. Ellos confiscaban las tierras de las naciones conquistadas. Les concedían préstamos a los pobres para luego cobrarles tasas excesivas de intereses.

Dios le dice a esta gente: “Ay por vivir de esa manera. Han sembrado codicia y extorsión. Ahora van a cosechar lo que sembraron.” Verso 7: “¿No se levantarán de repente sus acreedores, y se despertarán sus cobradores? Ciertamente serás despojo para ellos.”

¿Quiénes son sus acreedores? ¿Quiénes son sus deudores? Las naciones que han conquistado y perjudicado. “¡Aquellos que cuando despierten te harán temblar! Entonces serás despojo para ellos.” La torta se va a virar.

Verso 8: “Porque tú has despojado a muchas naciones, todos los demás pueblos te despojarán a ti, por la sangre humana y la violencia hecha a la tierra, al pueblo y a todos sus habitantes.”

“¿Has despojado a otros? Te van a despojar a ti. Vas a cosechar lo que sembraste.

Mira el segundo “Ay” en el verso 9: “¡Ay del que obtiene ganancias ilícitas para su casa, para poner en alto su nido, para librarse de la mano de la calamidad!”

Ese es un retrato del orgullo babilonio. Ellos pensaron que podían construir ciudades fuertes que los hicieran invencibles. Pensaron que estaban fuera de peligro. Y lo hicieron con dinero mal habido producto de prácticas ilegales, poco éticas e inmorales. Y Dios dice: “¡Ay de aquellos que hagan esto!”

Pero y ¿dónde está la consecuencia? Verso 10: “Has maquinado cosa vergonzosa para tu casa…” Pensaste que obtendrías ganancias para tu casa, pero como fueron ilícitas es cosa vergonzosa. “Destruyendo a muchos pueblos, pecando contra ti mismo.” Pensaste que podrías salirte con la tuya y mantenerte lejos de toda calamidad. Pero, de hecho, has perdido tu vida al tratar de desligarte de la gente que has perjudicado.

“Ciertamente la piedra clamará desde el muro, y la viga contestará desde el armazón”, Habacuc 2:11. Esta casa que has construido, con ganancias mal habidas, tiene como testigos -de tu crueldad, de tu injusticia y de tus tácticas opresivas- a sus piedras y a su armazón. Ellos clamarán contra ti. No te vas a salir con la tuya. Ese es el punto.

Mira el tercer ‘Ay’ en el verso 12, “¡Ay del que edifica una ciudad con sangre…” Has construido tu reino usando la violencia. “Ay del que funda un pueblo con violencia”. Has construido tu reino con violencia y corrupción. Esa es la forma en la que has construido tu imperio.

Verso 13: “¿No viene del Señor de los ejércitos que los pueblos trabajen para el fuego y las naciones se fatiguen en vano?” En otras palabras, “todos tus esfuerzos para construir pueblos y para fundar ciudades fueron posibles gracias al derramamiento de sangre, la violencia y la corrupción”. Es fútil. Todo se va a perder. Todo se volverá nada. ¿Este enorme y gran imperio que has construido? Va a ser sepultado. Va a quedar reducido a nada.

Voy a saltar el verso 14 por el momento. Quiero volver a él (en el próximo programa) porque quiero analizarlo con detenimiento, pero sigamos viendo estos ‘ayes’.

En el verso 15 tenemos el cuarto ‘Ay’: “¡Ay del que da de beber a su prójimo! ¡Ay de ti que mezclas tu veneno hasta embriagarlo, para contemplar su desnudez!”

Verso 16: “Serás saciado de deshonra más que de gloria. Bebe tú también y muestra tu desnudez…” ¿Has avergonzado a otros? ¿Has inducido a otros a beber? ¿A desnudarse? ¿Los has expuesto? Bebe tú también y enseña que no estás circuncidado!”

Tienes esta gran fachada. Tu fachada va a quedar al descubierto y la gente va a ver los secretos que tienes escondidos. Ellos te van a ver tal cual eres en verdad. Tú has avergonzado a otros; tú serás avergonzado.

“Se volverá contra ti el cáliz de la diestra del Señor, y la ignominia sobre tu gloria”. Ahora ves que la palabra gloria se repite dos veces en el verso 16. “Vas a tener vergüenza en lugar de gloria. Tu gloria va a ser sustituida por una vergüenza absoluta.”

Los babilonios pensaban que su imperio era glorioso -la era gloriosa, la época dorada del imperio. Y lo estaban construyendo para su propia gloria.

Amigas, déjenme decirles que “nosotras construimos para la gloria de Dios o para nosotras mismas y nuestra propia gloria. Todo lo que construyas para tu gloria -aunque sea la forma en la que estás criando a tus hijos porque lo que buscas es que te hagan lucir bien – si yo construyo este ministerio para glorificarme, nuestra gloria se convierte en vergüenza”.

Lo que sea que hagamos que no sea para la gloria de Dios va a terminar en vergüenza. Y vemos esa ilustración al leer: “indujiste a tus vecinos a beber para mirar su desnudez”. Una ilustración de odio y de pasión desbordada. “Aquellos que explotan, avergüenzan, ridiculizan y le sacan ventaja a su prójimo, van a ser avergonzados”.

Lo volvemos a ver en el verso 17. Es parte de la misma consecuencia.

“Porque la violencia contra el Líbano te cubrirá, y el exterminio de las fieras te aterrará, a causa del derramamiento de sangre humana y la violencia hecha a la tierra, a la ciudad y a todos los que habitan en ella”.

Entonces, ¿qué enseñanza podemos obtener de estos cuatro ‘ayes’? Es la ley de la siembra y la cosecha. Cosecharás lo que siembras. Lo que le hagas al otro volverá hacia ti. Y vemos este tema a lo largo de las Escrituras. Ves lo que le sucede a las naciones a medida que leemos el libro de Habacuc.

Esto es hablando de los babilonios. Su imperio era cruel, despiadado, explotador, injusto y opresivo. Y Dios dice: “Como nación vas a cosechar lo que has sembrado”.

La reiteración de este punto la vemos (en el capítulo 9 de los Salmos) donde dice: “Las naciones se han hundido en el foso que hicieron, en la red que escondieron, quedó prendido su pie” (Salmos 9:15).

Cualquier nación que oprima a otras naciones, va a recoger lo sembrado. Va a cosechar lo que ha sembrado. Esto le sucederá a las naciones.

Pero también es cierto de individuos, no solamente naciones, sino también individuos. El Salmo 7:15, dice: “Ha cavado una fosa y la ha ahondado, y ha caído en el hoyo que hizo.” El hombre malo cava una fosa y la ahonda. ¿Qué es lo que trata de hacer? Cava un hoyo con la esperanza de que su vecino caiga dentro. En Salmos 7:16 vemos: “Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y su violencia descenderá sobre su coronilla”.

A medida que hemos venido leyendo sobre estos ‘ayes’ en Habacuc capitulo 2, hemos visto que son aflicciones corporativas; son aflicciones nacionales sobre la nación de Babilonia. Pero me ha resultado interesante ver, en la medida que he venido estudiando el pasaje, que también es un texto individualizado.

Te has percatado de que cada vez que dice “Ay”, dice “Ay de él”. No dice “Ay de ellos”, dice “Ay de él”. Creo que se está refiriendo a Babilonia en ese punto, pero hay también un sentido personal. Hay aflicción para aquella persona que peca contra otros de esta forma.

A medida que estudias las ofensas enumeradas aquí y ves la depravación del Imperio Babilónico y de sus gobernadores, notas que todos son pecados relacionales. Son pecados que han cometido en contra de otras personas.

Son injustos. Son crueles. Son vengativos. Están avergonzando a otros. Están apoderándose de cosas que no les pertenecen. Están robando. Hay corrupción. Estos primeros cuatro ‘ayes’ se refieren a pecados cometidos en contra de otras personas.

¿Será que Dios, cuando ve nuestras vidas, nota algunas de esas prácticas y actitudes? La mayoría de nosotras – al leer el capítulo 2 de Habacuc por primera vez- le pasamos por encima a estos ‘ayes’ y a todos estos pecados atroces pensando que “somos cristianas comprometidas que no nos identificamos con las cosas escritas en esa lista”.

He meditado en las cosas listadas en este texto y lo hemos repasado juntas rápidamente. Ahora quiero retarlas a que lo vean por ustedes mismas. Profundiza en ese estudio y medita en esas cosas que están en la lista. A medida que las he repasado me he percatado de que esos pecados los he visto en mi propia vida, en mis relaciones con otras personas. Quizás puedas identificar algunos en tu vida también.

Mira estos pecados. Son pecados que podrían estar relacionados a la codicia:

  • Prácticas no éticas en los negocios
  • Sacar provecho de vendedores y/o clientes
  • Encarecer los productos más de la cuenta
  • Engañar
  • Robar
  • Obtener ganancias ventajosas a expensas de otros

¿Qué tal ir al parque de diversiones y hacer pasar a tus hijos como de menor edad para que te den las entradas más baratas?

Y luego vemos pecados de violencia en este capítulo. Vemos pecados de violencia hacia otros, abuso físico y/o verbal.

  • ¿Has disciplinado a tus hijos llena de ira?
  • ¿Le has hablado a tus hijos usando palabras crueles?

Tan pronto lo dices, piensas: “No puedo creer que le di esa paliza a mi hijo”. Violencia. Cólera. Dios dice: “Lo que siembres, cosecharás”.

Despojar a otros de su dignidad; ponerlos en evidencia; ponerlos en ridículo; revelar sus secretos.

– Lo hacemos con nuestras lenguas

  • Difamar
  • Chismear

El impulso de controlarlo todo es violencia.

  • El impulso de controlar a tu pareja
  • El controlar a tus hijos
  • El controlar a tu iglesia
  • El controlar a las personas en tu trabajo

Es violencia. Y Dios dice: “Cosecharás lo que has sembrado.”

Supongo que la lista la encabeza la arrogancia y el orgullo. O sea, ¿no es este el meollo del asunto?

  • Hundir a otros para destacarte, hacerte ver mejor
  • Ser insensible ante las necesidades de los demás

¿Puedes ver algunas de estas cosas en tu corazón?

  • No somos bondadosas.
  • Somos crueles y agudas con nuestras lenguas

La forma en la que tratas a tus hijos, tus alumnos, clientes, amigos, suegros.

Luego están los asuntos relacionales: nuestra manera de relacionarnos con los demás: ya sea en la iglesia, el cuerpo de Cristo, la forma en la que te expresas de tu pastor, la forma en la que hablas sobre las cosas que ocurren en tu iglesia, la forma autoritaria con la que tratas a los demás. ¿Es violenta?

Podrás decir, “Bueno, pero no he sacado una pistola y le apuntado a nadie”. Hacemos peor que eso con nuestras lenguas, ¿o no? ¿O no? Sí, si lo hacemos. Y Dios dice: “Vas a cosechar lo que sembraste. No vas a ser la excepción.” Y yo tampoco soy la excepción.

Los babilonios no fueron la excepción. Los judíos no fueron la excepción. Y tú no eres la excepción. Vamos a cosechar lo que sembremos. Ese es el motivo por el que Dios dice en los evangelios, “todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos…” (Mateo 7:12)

¿Qué tal si Dios nos tratara de la forma en la que hemos tratado a otros? ¿Quién podría quedar bien parada? ¿Quién podría sobrevivir?

De manera que según lo que vemos en estos pasajes, Dios juzgará. Pero no es solamente que Dios dice: “Ok, te voy a juzgar.” Dios dice: “Has sembrado semillas y estas van a producir una cosecha. Lo que siembres es lo que vas a cosechar.”

El pueblo de Dios era culpable, de hecho, de los mismos pecados que condenaron a los babilonios. Puedes ir al Antiguo Testamento y encontrar pasajes con los pecados que eran comunes a los judíos en esa era, y son los mismos cometidos por los babilonios en este pasaje. Por eso fueron castigados los judíos. Su orgullo fue tan ofensivo para Dios como el de los babilonios.

Amigas, y es tan fácil señalar a otros en nuestra cultura, señalar la industria del entretenimiento, la educación y el gobierno secular, y los jueces impíos. Y todas esas cosas abundan. Pero creo que una de las cosas que se necesita en nuestros días es que la iglesia, que nosotras como creyentes, podamos decir: “Dios, muéstranos dónde estamos pecando de esa manera. Muéstranos nuestro orgullo, nuestra codicia, nuestra violencia, y nuestra arrogancia”.

Y luego, que clamemos a Dios por misericordia. Señor perdónanos. Dios no quiere juzgarnos. Dios no quiere castigarnos. Él lo hará si tiene que hacerlo, pero Dios se deleita en mostrarnos su misericordia.

Y por eso clamamos, “Señor, no es mi hermano. No es mi hermana. Soy yo, oh Señor, en necesidad de oración. Soy culpable. He cometido estos pecados. Dios por favor perdona. Por favor ten misericordia.” ¿Y sabes qué? Él lo hará. Él la tendrá.

Esos ‘ayes’, esas maldiciones, esos juicios, esos castigos pueden de hecho tornarse en bendiciones de Dios. Dios los sustituirá por bendición. Nosotras pretendemos sembrar semillas de violencia, arrogancia y codicia y luego orar para que la cosecha fracase. Quisiéramos que no se produzca.

Pero Dios dice: “No, la cosecha vendrá, pero por Mi misericordia y Mi gracia puedo darles toda una nueva cosecha. Si te arrepientes, te quebrantas y si eres honesta al reconocer tus pecados, puedo y voy a perdonarte. Dios es abundante en misericordia. Él perdonará generosamente a aquellos que se vuelvan a Él.

Carmen: Espero que ores con Nancy Leigh DeMoss cuando ella regrese. ¿Estás sembrando semillas positivas con tus acciones el día de hoy? Nancy nos ha estado recordando lo importante que son nuestras acciones. Éstas tienen un efecto enorme en el futuro.

Nancy Leigh DeMoss: Déjame pedirte que tomes un momento y dejes que Dios escudriñe tu corazón. Si Él te ha señalado cualquier cosa en tu vida, que pudo haber estado en esta lista, pecados relacionados con la codicia, orgullo, violencia o arrogancia. La forma en la que has maltratado a alguien con tu lengua, con tu espíritu… quizás algún miembro de tu familia, una amiga, una colega, otro miembro de tu iglesia.

No acuses a la otra persona. Deja que Dios te lo señale en tu corazón y ponte de acuerdo con Dios. “Señor, soy yo. No son los babilonios solamente. Yo merezco el juicio por mis pecados”. Confiésalo. Lo que sea que Dios te esté mostrando. Arrepiéntete. Toma otro camino. Y luego recuerda que los justos vivirán por su fe.

No escapamos al juicio de Dios haciendo un esfuerzo por ser mejores. Nos libramos de la ira y de los ‘ayes’ y del juicio de Dios cuando vamos por fe a los pies de Cristo y pedimos misericordia.

Señor, ten misericordia de nosotros, tu pueblo, porque hemos pecado. Necesitamos desesperadamente tu misericordia. Restaura, renueva y avívanos en el nombre de Jesús, Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Dios da su gozo

Viernes 23 Octubre

Jesús… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Hechos 10:38

Dios da su gozo

Testimonio

«Soy una joven argelina, de la región de Cabilia, orgullosa de mi hermoso país. Mis padres son ejemplares, y siempre me consintieron. Al crecer empecé a hacerme preguntas sobre el universo: ¿Cómo y por quién fue creado? ¿Cuál es el poder misterioso que lo rige?

En mi época de estudiante vivía en la ciudad universitaria, pero me sentía mal con respecto al comportamiento de algunas compañeras. Sus objetivos eran muy diferentes a los míos, y me preguntaba si vivían según su fe musulmana.

Durante ese periodo de reflexión y observación, conocí a una estudiante cristiana que se hizo amiga mía. Me ofreció el evangelio de Lucas en el que descubrí a Jesús, quien consagró su vida a curar a los enfermos, a liberar a las personas oprimidas por los malos espíritus… y quien murió por los rebeldes. Tras este descubrimiento empecé a orar al Dios de los cristianos. Al leer la Biblia, mi fe crecía cada vez más, a medida que descubría la persona de Jesús en su humildad y su poder.

Dios es mi fuerza. Me ayuda a superar mis debilidades y desánimos. Cada día da abundante y gratuitamente el gozo a sus hijos, a los que creen en su Hijo Jesús, a quien envió para salvarnos del juicio mediante la fe en él».

(Souad)

“Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne también reposará confiadamente… Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:911).

Deuteronomio 17 – Juan 11:1-16 – Salmo 119:25-32 – Proverbios 26:1-2

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