Aviva Nuestros Corazones
Serie: Habacuc: del temor a la fe
Jul 16 ā Sembrando y cosechando
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Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de SaladĆn.
Nancy Leigh DeMoss: Si siembras semillas de manzana vas a cosechar un Ôrbol de manzanas. No vas a cosechar vainitas si siembras semillas de manzana. Ciertamente la cosecha se multiplica de acuerdo a lo que siembras; y siempre cosecharÔs lo mismo que sembraste. Esa es la ley de retribución divina.
Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss. La mayorĆa de nosotras vive lejos de las granjas donde se producen los alimentos, pero todas nos mantenemos sembrando y cosechando todo el tiempo. Nancy les va a explicar a medida que profundiza en el estudio del profeta Habacuc.
Si te perdiste la primera parte de esta serie, puedes escucharla visitando AvivaNuestrosCorazones.com . Esta serie se titula Habacuc: del temor a la fe.
Nancy: Dijimos al principio de esta serie que el libro de Habacuc contiene las semillas de las doctrinas bĆblicas mĆ”s importantes. Puedes ver pinceladas de las doctrinas de la salvación y de la fe. Hemos estado viendo algunas de esas doctrinas.
La doctrina a la que nos referiremos hoy (en el capĆtulo 2 de Habacuc) es a la de la depravación del hombre, la pecaminosidad absoluta del hombre apartado de Dios. Acabamos de terminar con la sección en la que Dios le dice a Habacuc Ā«Los babilonios, los caldeos son orgullosos. Se han envanecido. No son honrados, pero si vas a hacer un hombre justo, en medio de la corrupción de hoy en dĆa, deberĆ”s hacerlo por feĀ». (ver Habacuc 2:4).
Habacuc necesitaba darse cuenta de que-apartado de Dios- Ć©l no era mĆ”s decente que los caldeos. Los caldeos era un pueblo malvado y Dios iba a usar a una nación malvada y sin escrĆŗpulos -como vimos en el capĆtulo 1- para castigar al pueblo judĆo quienes, a su vez, se habĆa descarriado y estaban en necesidad de arrepentimiento y avivamiento.
Por lo que Dios le habĆa dicho a Habacuc: Ā«Voy a traerles una nación malvada que va a convertirse en la primera potencia mundial y ellos van a conquistar JudeaĀ». En el capĆtulo 1, Dios le dio a Habacuc la descripción de los caldeos; de los babilonios.
Pero hoy -en el capĆtulo 2- encontramos una descripción mĆ”s detallada del grado de maldad de los babilonios. De hecho, en el capĆtulo 2 encontramos -empezando en el versĆculo 5- una descripción vĆvida y detallada de cómo eran los caldeos.
Vamos a escudriƱar esa descripción y vamos a ver quĆ© nos tiene que decir acerca de nuestros propios corazones comenzando en Habacuc 2:5 . Ā«AdemĆ”s, el vino traiciona al hombre arrogante, de modo que no se queda en casaā¦Ā»
PermĆtanme detenerme ahĆ y decirles que los babilonios eran famosos por su adicción al vino. De hecho, seguro recuerdas lo que la Escritura registra de la Ćŗltima noche del Imperio Babilonio, aƱos despuĆ©s, ellos estaban borrachos y en medio de una orgĆa. Dios envió una escritura en la pared y les dijo: Ā«Sus dĆas estĆ”n contados. Su reino ha terminadoĀ» (ver Daniel 5). Ellos eran renombrados borrachones. Su lujuria por el alcohol era insaciable.
Pero eso era en realidad una simple ilustración de su insaciable lujuria por el poder, su insaciable lujuria y deseos de conquistar todas las naciones del mundo. Por lo que su ebriedad era solo un reflejo de la forma como habĆan vivido sus vidas; un reflejo de todo un sistema.
«El vino es un traidor». Nos dice Proverbios 20. «El vino es escarnecedor, la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio» (Proverbios 20:1).
Vemos hoy, en la vida de muchas personas, estos hÔbitos adictivos. Somos una cultura adictiva. También vemos mucha lujuria por el control, ese apetito de controlar y dominar la vida de otras personas. Por lo que -a medida que revisamos esta descripción- veremos que, de muchas maneras, nuestra cultura no dista mucho de la babilónica.
«El vino es traicionero, un hombre arrogante que nunca descansa». Su codicia -hablando de los babilonios- es tan amplia como el Seol (o infierno) y -al igual que la muerte- nunca se sacia. «AdemÔs, el vino traiciona al hombre arrogante, de modo que no se queda en casa. Porque ensancha su garganta como el Seol, y es como la muerte, que nunca se sacia; reúne para sà todas las naciones, y recoge para sà todos los pueblos» (Habacuc 2:5).
Lo que dicen las Escrituras es que los caldeos eran orgullosos -al igual que el hombre arrogante que nunca descansa- y eran ademĆ”s codiciosos. Como la muerte y el infierno nunca se sacian. Ellos querĆan enseƱorearse de todo el mundo; ellos lo querĆan todo. Siempre querĆan mĆ”s. Nunca estaban satisfechos. Eran agresivos; siempre tratando de alcanzar mĆ”s y mĆ”s.
Ā«Porque he aquĆ, yo levanto a los caldeos, pueblo feroz e impetuoso, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenasĀ» (Habacuc 1:6).
Ahora bien, en Habacuc 2:6 leemos: Ā«No pronunciarĆ”n todos Ć©stosĀ» -hablando de aquellos que habĆan sido devastados por los caldeos- las naciones y la gente que habĆan engullido.
Ā«No pronunciarĆ”n todos Ć©stos contra Ć©l (contra Babilonia) una sĆ”tira, y burlas e intrigas contra Ć©l? Y dirĆ”n Ā«Ayā¦Ā»
Nota esa palabra. Si estĆ”s siguiĆ©ndonos con tu Biblia, podrĆas querer subrayarla o marcarla porque aparece varias veces en este capĆtulo. Vamos a ver en este capĆtulo cinco ‘ayes’. Un Ā«ayĀ» es un pronunciamiento de juicio divino en el Antiguo Testamento. VerĆ”s esa palabra -Ā«AyĀ»- en los versos 6, 9, 12, 15 y 19.
Esos ‘ayes’ conforman cinco estrofas compuestas por tres versos cada una. Y estas cinco estrofas dicen esencialmente lo mismo: la certeza del juicio de Dios para los malvados. Al final van a cosechar lo que sembraron. Esto Ćŗltimo es precisamente el punto a considerar en este capĆtulo. Lo que sea que siembres, eso es lo que cosecharĆ”s.
Veremos que en cada una de estas cinco estrofas, encontramos una conducta pecaminosa seguida de sus consecuencias. En cada caso la consecuencia o castigo va de la mano con el pecado cometido. La consecuencia estĆ” relacionada con el pecado. Vas a cosechar lo que siembras.
Si siembras semillas de manzana, vas a cosechar un Ôrbol de manzanas. No vas a cosechar vainitas si siembras semillas de manzana. Ciertamente la cosecha se multiplica de acuerdo a lo que siembras; y siempre cosecharÔs lo mismo que sembraste. Es la ley de retribución divina.
Si siembras egoĆsmo, explotación, crueldad, injusticia, opresión o violencia, eso se volverĆ” a ti. Vas a pagar. Y en este mundo parece como si -por un tiempo (o quizĆ”s mucho tiempo) – los malos prevalecen por encima de los justos.
Pero, a travĆ©s de los ‘ayes’ descritos en este capĆtulo, se nos recuerda que los malvados van a recibir su merecido -ya sea que el malo sea tu vecino o tu marido o tu jefe, o tu misma. Todos vamos a cosechar lo que hemos sembrado.
AsĆ que vamos a ver estos ‘ayes’. Los repasaremos rĆ”pidamente en el dĆa de hoy. Veremos los primeros tres o cuatro y, luego, el final de este capĆtulo lo veremos en el próximo programa. Verso 6: «”Ay del que aumenta lo que no es suyo (Āæhasta cuĆ”ndo?) Y se hace rico con prĆ©stamos!Ā»
Ten en cuenta que estos ‘ayes’ han sido pronunciados a la nación de Babilonia en medio de su situación. Y habla de su codicia, el deseo de tener mĆ”s y de las ganancias obtenidas por extorsión. Ellos aumentaban lo que no era suyo y se hacĆan ricos a base de prĆ©stamos.
Los babilonios conquistaban naciones y obligaban a la gente a pagar impuestos exorbitantes. Ellos confiscaban las tierras de las naciones conquistadas. Les concedĆan prĆ©stamos a los pobres para luego cobrarles tasas excesivas de intereses.
Dios le dice a esta gente: «Ay por vivir de esa manera. Han sembrado codicia y extorsión. Ahora van a cosechar lo que sembraron.» Verso 7: «¿No se levantarÔn de repente sus acreedores, y se despertarÔn sus cobradores? Ciertamente serÔs despojo para ellos.»
¿Quiénes son sus acreedores? ¿Quiénes son sus deudores? Las naciones que han conquistado y perjudicado. «”Aquellos que cuando despierten te harÔn temblar! Entonces serÔs despojo para ellos.» La torta se va a virar.
Verso 8: «Porque tú has despojado a muchas naciones, todos los demÔs pueblos te despojarÔn a ti, por la sangre humana y la violencia hecha a la tierra, al pueblo y a todos sus habitantes.»
«¿Has despojado a otros? Te van a despojar a ti. Vas a cosechar lo que sembraste.
Mira el segundo Ā«AyĀ» en el verso 9: «”Ay del que obtiene ganancias ilĆcitas para su casa, para poner en alto su nido, para librarse de la mano de la calamidad!Ā»
Ese es un retrato del orgullo babilonio. Ellos pensaron que podĆan construir ciudades fuertes que los hicieran invencibles. Pensaron que estaban fuera de peligro. Y lo hicieron con dinero mal habido producto de prĆ”cticas ilegales, poco Ć©ticas e inmorales. Y Dios dice: «”Ay de aquellos que hagan esto!Ā»
Pero y Āædónde estĆ” la consecuencia? Verso 10: Ā«Has maquinado cosa vergonzosa para tu casa…Ā» Pensaste que obtendrĆas ganancias para tu casa, pero como fueron ilĆcitas es cosa vergonzosa. Ā«Destruyendo a muchos pueblos, pecando contra ti mismo.Ā» Pensaste que podrĆas salirte con la tuya y mantenerte lejos de toda calamidad. Pero, de hecho, has perdido tu vida al tratar de desligarte de la gente que has perjudicado.
«Ciertamente la piedra clamarÔ desde el muro, y la viga contestarÔ desde el armazón», Habacuc 2:11. Esta casa que has construido, con ganancias mal habidas, tiene como testigos -de tu crueldad, de tu injusticia y de tus tÔcticas opresivas- a sus piedras y a su armazón. Ellos clamarÔn contra ti. No te vas a salir con la tuya. Ese es el punto.
Mira el tercer ‘Ay’ en el verso 12, «”Ay del que edifica una ciudad con sangre…Ā» Has construido tu reino usando la violencia. Ā«Ay del que funda un pueblo con violenciaĀ». Has construido tu reino con violencia y corrupción. Esa es la forma en la que has construido tu imperio.
Verso 13: «¿No viene del Señor de los ejércitos que los pueblos trabajen para el fuego y las naciones se fatiguen en vano?» En otras palabras, «todos tus esfuerzos para construir pueblos y para fundar ciudades fueron posibles gracias al derramamiento de sangre, la violencia y la corrupción». Es fútil. Todo se va a perder. Todo se volverÔ nada. ¿Este enorme y gran imperio que has construido? Va a ser sepultado. Va a quedar reducido a nada.
Voy a saltar el verso 14 por el momento. Quiero volver a Ć©l (en el próximo programa) porque quiero analizarlo con detenimiento, pero sigamos viendo estos ‘ayes’.
En el verso 15 tenemos el cuarto ‘Ay’: «”Ay del que da de beber a su prójimo! Ā”Ay de ti que mezclas tu veneno hasta embriagarlo, para contemplar su desnudez!Ā»
Verso 16: Ā«SerĆ”s saciado de deshonra mĆ”s que de gloria. Bebe tĆŗ tambiĆ©n y muestra tu desnudez…Ā» ĀæHas avergonzado a otros? ĀæHas inducido a otros a beber? ĀæA desnudarse? ĀæLos has expuesto? Bebe tĆŗ tambiĆ©n y enseƱa que no estĆ”s circuncidado!Ā»
Tienes esta gran fachada. Tu fachada va a quedar al descubierto y la gente va a ver los secretos que tienes escondidos. Ellos te van a ver tal cual eres en verdad. Tú has avergonzado a otros; tú serÔs avergonzado.
«Se volverÔ contra ti el cÔliz de la diestra del Señor, y la ignominia sobre tu gloria». Ahora ves que la palabra gloria se repite dos veces en el verso 16. «Vas a tener vergüenza en lugar de gloria. Tu gloria va a ser sustituida por una vergüenza absoluta.»
Los babilonios pensaban que su imperio era glorioso -la era gloriosa, la Ʃpoca dorada del imperio. Y lo estaban construyendo para su propia gloria.
Amigas, dĆ©jenme decirles que Ā«nosotras construimos para la gloria de Dios o para nosotras mismas y nuestra propia gloria. Todo lo que construyas para tu gloria -aunque sea la forma en la que estĆ”s criando a tus hijos porque lo que buscas es que te hagan lucir bien – si yo construyo este ministerio para glorificarme, nuestra gloria se convierte en vergüenzaĀ».
Lo que sea que hagamos que no sea para la gloria de Dios va a terminar en vergüenza. Y vemos esa ilustración al leer: «indujiste a tus vecinos a beber para mirar su desnudez». Una ilustración de odio y de pasión desbordada. «Aquellos que explotan, avergüenzan, ridiculizan y le sacan ventaja a su prójimo, van a ser avergonzados».
Lo volvemos a ver en el verso 17. Es parte de la misma consecuencia.
Ā«Porque la violencia contra el LĆbano te cubrirĆ”, y el exterminio de las fieras te aterrarĆ”, a causa del derramamiento de sangre humana y la violencia hecha a la tierra, a la ciudad y a todos los que habitan en ellaĀ».
Entonces, ĀæquĆ© enseƱanza podemos obtener de estos cuatro ‘ayes’? Es la ley de la siembra y la cosecha. CosecharĆ”s lo que siembras. Lo que le hagas al otro volverĆ” hacia ti. Y vemos este tema a lo largo de las Escrituras. Ves lo que le sucede a las naciones a medida que leemos el libro de Habacuc.
Esto es hablando de los babilonios. Su imperio era cruel, despiadado, explotador, injusto y opresivo. Y Dios dice: «Como nación vas a cosechar lo que has sembrado».
La reiteración de este punto la vemos (en el capĆtulo 9 de los Salmos) donde dice: Ā«Las naciones se han hundido en el foso que hicieron, en la red que escondieron, quedó prendido su pieĀ» (Salmos 9:15).
Cualquier nación que oprima a otras naciones, va a recoger lo sembrado. Va a cosechar lo que ha sembrado. Esto le sucederÔ a las naciones.
Pero tambiĆ©n es cierto de individuos, no solamente naciones, sino tambiĆ©n individuos. El Salmo 7:15, dice: Ā«Ha cavado una fosa y la ha ahondado, y ha caĆdo en el hoyo que hizo.Ā» El hombre malo cava una fosa y la ahonda. ĀæQuĆ© es lo que trata de hacer? Cava un hoyo con la esperanza de que su vecino caiga dentro. En Salmos 7:16 vemos: Ā«Su iniquidad volverĆ” sobre su cabeza, y su violencia descenderĆ” sobre su coronillaĀ».
A medida que hemos venido leyendo sobre estos ‘ayes’ en Habacuc capitulo 2, hemos visto que son aflicciones corporativas; son aflicciones nacionales sobre la nación de Babilonia. Pero me ha resultado interesante ver, en la medida que he venido estudiando el pasaje, que tambiĆ©n es un texto individualizado.
Te has percatado de que cada vez que dice «Ay», dice «Ay de él». No dice «Ay de ellos», dice «Ay de él». Creo que se estÔ refiriendo a Babilonia en ese punto, pero hay también un sentido personal. Hay aflicción para aquella persona que peca contra otros de esta forma.
A medida que estudias las ofensas enumeradas aquà y ves la depravación del Imperio Babilónico y de sus gobernadores, notas que todos son pecados relacionales. Son pecados que han cometido en contra de otras personas.
Son injustos. Son crueles. Son vengativos. EstĆ”n avergonzando a otros. EstĆ”n apoderĆ”ndose de cosas que no les pertenecen. EstĆ”n robando. Hay corrupción. Estos primeros cuatro ‘ayes’ se refieren a pecados cometidos en contra de otras personas.
ĀæSerĆ” que Dios, cuando ve nuestras vidas, nota algunas de esas prĆ”cticas y actitudes? La mayorĆa de nosotras – al leer el capĆtulo 2 de Habacuc por primera vez- le pasamos por encima a estos ‘ayes’ y a todos estos pecados atroces pensando que Ā«somos cristianas comprometidas que no nos identificamos con las cosas escritas en esa listaĀ».
He meditado en las cosas listadas en este texto y lo hemos repasado juntas rƔpidamente. Ahora quiero retarlas a que lo vean por ustedes mismas. Profundiza en ese estudio y medita en esas cosas que estƔn en la lista. A medida que las he repasado me he percatado de que esos pecados los he visto en mi propia vida, en mis relaciones con otras personas. QuizƔs puedas identificar algunos en tu vida tambiƩn.
Mira estos pecados. Son pecados que podrĆan estar relacionados a la codicia:
- PrƔcticas no Ʃticas en los negocios
- Sacar provecho de vendedores y/o clientes
- Encarecer los productos mƔs de la cuenta
- EngaƱar
- Robar
- Obtener ganancias ventajosas a expensas de otros
¿Qué tal ir al parque de diversiones y hacer pasar a tus hijos como de menor edad para que te den las entradas mÔs baratas?
Y luego vemos pecados de violencia en este capĆtulo. Vemos pecados de violencia hacia otros, abuso fĆsico y/o verbal.
- ĀæHas disciplinado a tus hijos llena de ira?
- ĀæLe has hablado a tus hijos usando palabras crueles?
Tan pronto lo dices, piensas: «No puedo creer que le di esa paliza a mi hijo». Violencia. Cólera. Dios dice: «Lo que siembres, cosecharÔs».
Despojar a otros de su dignidad; ponerlos en evidencia; ponerlos en ridĆculo; revelar sus secretos.
– Lo hacemos con nuestras lenguas
El impulso de controlarlo todo es violencia.
- El impulso de controlar a tu pareja
- El controlar a tus hijos
- El controlar a tu iglesia
- El controlar a las personas en tu trabajo
Es violencia. Y Dios dice: «CosecharÔs lo que has sembrado.»
Supongo que la lista la encabeza la arrogancia y el orgullo. O sea, Āæno es este el meollo del asunto?
- Hundir a otros para destacarte, hacerte ver mejor
- Ser insensible ante las necesidades de los demƔs
¿Puedes ver algunas de estas cosas en tu corazón?
- No somos bondadosas.
- Somos crueles y agudas con nuestras lenguas
La forma en la que tratas a tus hijos, tus alumnos, clientes, amigos, suegros.
Luego estÔn los asuntos relacionales: nuestra manera de relacionarnos con los demÔs: ya sea en la iglesia, el cuerpo de Cristo, la forma en la que te expresas de tu pastor, la forma en la que hablas sobre las cosas que ocurren en tu iglesia, la forma autoritaria con la que tratas a los demÔs. ¿Es violenta?
PodrĆ”s decir, Ā«Bueno, pero no he sacado una pistola y le apuntado a nadieĀ». Hacemos peor que eso con nuestras lenguas, Āæo no? ĀæO no? SĆ, si lo hacemos. Y Dios dice: Ā«Vas a cosechar lo que sembraste. No vas a ser la excepción.Ā» Y yo tampoco soy la excepción.
Los babilonios no fueron la excepción. Los judĆos no fueron la excepción. Y tĆŗ no eres la excepción. Vamos a cosechar lo que sembremos. Ese es el motivo por el que Dios dice en los evangelios, Ā«todo cuanto querĆ”is que os hagan los hombres, asĆ tambiĆ©n haced vosotros con ellos…Ā» (Mateo 7:12)
ĀæQuĆ© tal si Dios nos tratara de la forma en la que hemos tratado a otros? ĀæQuiĆ©n podrĆa quedar bien parada? ĀæQuiĆ©n podrĆa sobrevivir?
De manera que según lo que vemos en estos pasajes, Dios juzgarÔ. Pero no es solamente que Dios dice: «Ok, te voy a juzgar.» Dios dice: «Has sembrado semillas y estas van a producir una cosecha. Lo que siembres es lo que vas a cosechar.»
El pueblo de Dios era culpable, de hecho, de los mismos pecados que condenaron a los babilonios. Puedes ir al Antiguo Testamento y encontrar pasajes con los pecados que eran comunes a los judĆos en esa era, y son los mismos cometidos por los babilonios en este pasaje. Por eso fueron castigados los judĆos. Su orgullo fue tan ofensivo para Dios como el de los babilonios.
Amigas, y es tan fĆ”cil seƱalar a otros en nuestra cultura, seƱalar la industria del entretenimiento, la educación y el gobierno secular, y los jueces impĆos. Y todas esas cosas abundan. Pero creo que una de las cosas que se necesita en nuestros dĆas es que la iglesia, que nosotras como creyentes, podamos decir: Ā«Dios, muĆ©stranos dónde estamos pecando de esa manera. MuĆ©stranos nuestro orgullo, nuestra codicia, nuestra violencia, y nuestra arroganciaĀ».
Y luego, que clamemos a Dios por misericordia. SeƱor perdónanos. Dios no quiere juzgarnos. Dios no quiere castigarnos. Ćl lo harĆ” si tiene que hacerlo, pero Dios se deleita en mostrarnos su misericordia.
Y por eso clamamos, Ā«SeƱor, no es mi hermano. No es mi hermana. Soy yo, oh SeƱor, en necesidad de oración. Soy culpable. He cometido estos pecados. Dios por favor perdona. Por favor ten misericordia.Ā» ĀæY sabes quĆ©? Ćl lo harĆ”. Ćl la tendrĆ”.
Esos ‘ayes’, esas maldiciones, esos juicios, esos castigos pueden de hecho tornarse en bendiciones de Dios. Dios los sustituirĆ” por bendición. Nosotras pretendemos sembrar semillas de violencia, arrogancia y codicia y luego orar para que la cosecha fracase. QuisiĆ©ramos que no se produzca.
Pero Dios dice: Ā«No, la cosecha vendrĆ”, pero por Mi misericordia y Mi gracia puedo darles toda una nueva cosecha. Si te arrepientes, te quebrantas y si eres honesta al reconocer tus pecados, puedo y voy a perdonarte. Dios es abundante en misericordia. Ćl perdonarĆ” generosamente a aquellos que se vuelvan a Ćl.
Carmen: Espero que ores con Nancy Leigh DeMoss cuando ella regrese. ĀæEstĆ”s sembrando semillas positivas con tus acciones el dĆa de hoy? Nancy nos ha estado recordando lo importante que son nuestras acciones. Ćstas tienen un efecto enorme en el futuro.
Nancy Leigh DeMoss: DĆ©jame pedirte que tomes un momento y dejes que Dios escudriƱe tu corazón. Si Ćl te ha seƱalado cualquier cosa en tu vida, que pudo haber estado en esta lista, pecados relacionados con la codicia, orgullo, violencia o arrogancia. La forma en la que has maltratado a alguien con tu lengua, con tu espĆritu… quizĆ”s algĆŗn miembro de tu familia, una amiga, una colega, otro miembro de tu iglesia.
No acuses a la otra persona. Deja que Dios te lo señale en tu corazón y ponte de acuerdo con Dios. «Señor, soy yo. No son los babilonios solamente. Yo merezco el juicio por mis pecados». Confiésalo. Lo que sea que Dios te esté mostrando. Arrepiéntete. Toma otro camino. Y luego recuerda que los justos vivirÔn por su fe.
No escapamos al juicio de Dios haciendo un esfuerzo por ser mejores. Nos libramos de la ira y de los ‘ayes’ y del juicio de Dios cuando vamos por fe a los pies de Cristo y pedimos misericordia.
SeƱor, ten misericordia de nosotros, tu pueblo, porque hemos pecado. Necesitamos desesperadamente tu misericordia. Restaura, renueva y avĆvanos en el nombre de JesĆŗs, AmĆ©n.
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