Sumisión BĆ­blica – 2

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

2 – Sumisión BĆ­blica

Juan Manuel Vaz

¿Qué significa que el hombre es cabeza de familia? ¿CuÔles son sus funciones? ¿Qué características tiene un buen cabeza de familia?

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde tambiƩn sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. AdemƔs, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

La Palabra final y decisiva de Dios

Soldados de Jesucristo

Octubre 23

Solid Joys en EspaƱol

La Palabra final y decisiva de Dios

John Piper

Encuentra mƔs devocionales de John Piper en EspaƱol
en nuestro sitio web:
https://devocionalsolidjoys.com/

Encuentra mĆ”s recursos gratuitos en: http://sdejesucristo.org
SĆ­guenos en Facebook: https://www.facebook.com/SoldadosDeJe…
SĆ­guenos en Instagram: https://www.instagram.com/SoldadosDeJ…
SĆ­guenos en Twitter: https://twitter.com/sdJesucristo

La obra del EspĆ­ritu Santo – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teologƭa SistemƔtica

Clase 16/26

La obra del EspĆ­ritu Santo – Parte 1

  1. Introducción

Bienvenido. Cielos, veo que podemos necesitar una dosis extra del Espíritu esta mañana. Entonces, ¿por qué no comenzamos con una pregunta: ¿Quién sabe quién es Shai Linne? Shai escribió estas palabras en una de sus canciones llamada «Mercy & Grace», en ella Shai rapea; Yo no rapeo, pero Shai rapea y dice:

Es bastante sorprendente cómo en la salvación

Cada persona de la Trinidad contribuye como una compilación

El Padre me eligió, Jesús sangró por mí

Y la regeneración es la confirmación del Espíritu Santo

Ahora bien, Āæpor quĆ© Shai se sorprenderĆ­a de eso? ĀæY quĆ© es la regeneración del EspĆ­ritu Santo? Bueno, permĆ­teme continuar y resumir la obra del EspĆ­ritu Santo; este serĆ” el punto dos en la parte delantera de  tu folleto.

  1. Resumen

El teólogo Anthony Hoekema lo expresó asĆ­: Ā«El EspĆ­ritu Santo completa el plan del Padre, mediante la aplicación de la Palabra y los beneficios del Hijo, actuando sobre y en la creaciónĀ».

Ahora bien, quizÔ no sea necesariamente el resumen mÔs pegadizo, pero es útil por dos razones.

En primer lugar, resalta Ćŗtilmente la obra del EspĆ­ritu de una manera trinitaria. Con demasiada frecuencia, la obra del EspĆ­ritu estĆ” divorciada de la obra del Padre y del Hijo. El EspĆ­ritu es considerado el misterioso, pero emocionante miembro de la Trinidad que hace todas esas cosas impredecibles, por lo que lo relegamos a su propio gimnasio donde puede rebotar por las paredes. Pero bĆ­blicamente, el Padre, el Hijo y el EspĆ­ritu Santo no estĆ”n haciendo cosas diferentes. Por el contrario, estĆ”n resolviendo el Ćŗnico plan de Dios. Vemos esto claramente en textos como Juan 15:26Ā«Pero cuando venga el Consolador (el EspĆ­ritu), a quien yo (JesĆŗs) os enviarĆ© del Padre, el EspĆ­ritu de verdad, el cual procede del Padre, Ć©l darĆ” testimonio acerca de mĆ­Ā». En tĆ©rminos generales, el Padre escribe, el Hijo cumple, y el EspĆ­ritu aplica. Son tres personas, pero un Dios, y sus actividades representan un trabajo unificado.

Segunda razón por la cual la definición de Hoekema es Ćŗtil: resalta la obra del EspĆ­ritu como cristológica. En otras palabras, la obra del EspĆ­ritu se centra en JesĆŗs. El rol principal del EspĆ­ritu Santo en nuestra salvación es hacernos uno con Cristo. Ɖl nos une a Cristo, y todas las bendiciones que vienen con esa unión (la regeneración, la conversión, la adopción, etc.). Por esa razón, el EspĆ­ritu Santo es llamado el EspĆ­ritu de Cristo (Ro. 8,91 P. 1,11) y el EspĆ­ritu del Hijo de Dios (GĆ”. 4,6). Tener al EspĆ­ritu es tener a Cristo (Ro. 8.9-11).

Cualquier comprensión del EspĆ­ritu que no sea trinitaria y cristológica de esta manera, lejos de exaltar al EspĆ­ritu, lo deshonra. Simplemente no es cristiana. Es por eso que comenzamos a definir bĆ­blicamente quĆ© es el EspĆ­ritu.

  1. La obra del EspĆ­ritu Santo en el Antiguo Testamento

Comenzando en el Antiguo Testamento, ¿dónde crees que aparece primero el Espíritu Santo?

GĆ©nesis 1:1-3Ā«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacĆ­a, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el EspĆ­ritu de Dios se movĆ­a sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luzĀ».

Observemos dos cosas que el texto dice que estĆ”n presentes: nĆŗmero 1) el EspĆ­ritu de Dios y nĆŗmero 2) la Palabra de Dios. Dios habla: Ā«Sea la luzĀ» y se hace realidad por el poder de su EspĆ­ritu. Dios crea por su Palabra[1] a travĆ©s de su EspĆ­ritu. El EspĆ­ritu produce la voluntad del Padre en la creación, trayendo orden del caos, creando lo que es, de lo que no era (GĆ©nesis 1:2Hebreos 11:3). En otras palabras, la obra del EspĆ­ritu en la creación consiste en extender la presencia de Dios a la creación de tal manera que ordene y complete lo que se ha planificado en la mente de Dios[2].

¿No es increíble? El Espíritu Santo es uno de los agentes de Dios el Padre para lograr lo que él pensó.

Y este mismo EspĆ­ritu Santo aparece en todo el Antiguo Testamento de manera similar. La presencia divina que guió al pueblo de Dios en el Ɖxodo fuera de Egipto –una columna de nube durante el dĆ­a y de fuego por la noche (Ɖxodo 13:21-22)–, era el EspĆ­ritu Santo (IsaĆ­as 63:10-14). Es el EspĆ­ritu de Dios quien dota a ciertos hombres en la construcción del TabernĆ”culo e inspira a los profetas del Antiguo Testamento con la Palabra de Dios (por ejemplo, 2 S. 23:2).

El Antiguo Testamento estĆ” lleno de referencias de la obra del EspĆ­ritu, pero por lo general, la actividad del EspĆ­ritu en el Antiguo Testamento era Ā«enigmĆ”tica, esporĆ”dica, selectiva y externaĀ». Los profetas anhelaban dĆ­as mejores. Vemos esto conmovedoramente en las palabras de MoisĆ©s de NĆŗmeros 11:29 en tu folleto: Ā«OjalĆ” todo el pueblo de JehovĆ” fuese profeta, y que JehovĆ” pusiera su espĆ­ritu sobre ellosĀ». MoisĆ©s anhelaba el dĆ­a en que todo el pueblo de Dios poseerĆ­a el poder del EspĆ­ritu de Dios.

ĀæSignifica esto que los creyentes del Antiguo Testamento no poseĆ­an el EspĆ­ritu? ĀæQuĆ© crees? ĀæLos creyentes del Antiguo Testamento poseĆ­an el EspĆ­ritu de Dios?

El Antiguo Testamento nunca hace referencia al EspĆ­ritu Santo morando en los creyentes. El lenguaje de Ā«moradaĀ» es el lenguaje del pacto, el lenguaje de la presencia de Dios. Es relacional y nos lleva de vuelta al huerto de EdĆ©n. Pero en el Antiguo Testamento, la morada de Dios es siempre externa, en el TabernĆ”culo y el Templo, nunca en los creyentes[3].

En el Antiguo Testamento, el Espíritu empodera a los creyentes, pero no por igual, y no indefinidamente. Y otro testimonio de la obra selectiva del Espíritu Santo es la oración de David en el Salmo 51; él ora para que Dios no le quite el Espíritu Santo.

En el Antiguo Testamento, la obra del EspĆ­ritu estaba predominantemente reservada a los lĆ­deres: profetas, sacerdotes y reyes. Pero existe la esperanza de que lo que MoisĆ©s deseaba –que todas las personas posean el EspĆ­ritu de Dios– se  cumplirĆ­a. ĀæSabes dónde vemos eso en el Antiguo Testamento?

Ezequiel 36:25-27: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongÔis por obra».

Joel 2:28-32: Ā«Y despuĆ©s de esto derramarĆ© mi EspĆ­ritu sobre toda carne, y profetizarĆ”n vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soƱarĆ”n sueƱos, y vuestros jóvenes verĆ”n visiones. Y tambiĆ©n sobre los siervos y sobre las siervas derramarĆ© mi EspĆ­ritu en aquellos dĆ­as. Y darĆ© prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirĆ” en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el dĆ­a grande y espantoso de JehovĆ”. Y todo aquel que invocare el nombre de JehovĆ” serĆ” salvo; porque en el monte de Sion y en JerusalĆ©n habrĆ” salvación, como ha dicho JehovĆ”, y entre el remanente al cual Ć©l habrĆ” llamadoĀ».

JeremĆ­as 31:33-34Ā«Pero este es el pacto que harĆ© con la casa de Israel despuĆ©s de aquellos dĆ­as, dice JehovĆ”: DarĆ© mi ley en su mente, y la escribirĆ© en su corazón; y yo serĆ© a ellos por Dios, y ellos me serĆ”n por pueblo. Y no enseƱarĆ” mĆ”s ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a JehovĆ”; porque todos me conocerĆ”n, desde el mĆ”s pequeƱo de ellos hasta el mĆ”s grande, dice JehovĆ”; porque perdonarĆ© la maldad de ellos, y no me acordarĆ© mĆ”s de su pecadoĀ».

Vemos el comienzo del cumplimiento de estas promesas en la persona de Jesucristo.

  1. El EspĆ­ritu Santo en la persona de Cristo

Cuando nos volvemos al Nuevo Testamento, nuestra comprensión de la persona y obra del Espíritu Santo entra en un mayor enfoque y claridad. Para comenzar, veamos la obra del Espíritu en la persona de Cristo.

Podemos rastrear la obra del Espƭritu Santo en Cristo a travƩs de tres etapas.

 A. La concepción

En el Evangelio de Lucas, el Ć”ngel que habla con MarĆ­a dice: Ā«El EspĆ­ritu Santo vendrĆ” sobre ti, y el poder del AltĆ­simo te cubrirĆ” con su sombra; por lo cual tambiĆ©n el Santo Ser que nacerĆ”, serĆ” llamado Hijo de DiosĀ» (Lucas 1:35).

Esa palabra «cubrir» se usa en la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) para referirse a la nube de la gloria de Dios que se cierne sobre el TabernÔculo. Lucas dice que el nuevo templo prometido del Antiguo Testamento es Jesucristo. Jesucristo es la gloria prometida del Padre, que mora con su pueblo.

[4]. Avanzando directamente a Ā«la segunda etapa»…

B. La unción bautismal

La segunda etapa de la obra del EspĆ­ritu en Cristo comienza con su bautismo. Los cielos se abren y nos preparan para una nueva revelación cuando desciende una paloma y Dios habla: Ā«Este es mi hijo amado, en quien tengo complacenciaĀ»[5]. Y luego, Ā«lleno del EspĆ­rituĀ», leemos que JesĆŗs es conducido a travĆ©s de una repetición del EdĆ©n: correcto, SatanĆ”s tienta a JesĆŗs como lo hizo con AdĆ”n. Pero a diferencia de Israel, que entristeció al EspĆ­ritu en las peregrinaciones en el desierto, el segundo AdĆ”n, JesĆŗs, Ā”tiene Ć©xito! JesĆŗs, lleno del EspĆ­ritu, camina hacia territorio enemigo en el desierto para enfrentar a SatanĆ”s y ser tentado durante 40 dĆ­as y 40 noches. Ɖl lucha por su pueblo y gana. DespuĆ©s de derrotar a SatanĆ”s, exige: Ā«Vete, SatanĆ”sĀ» (Mateo 4:10), y el diablo huye. Ā”No es de extraƱar que JesĆŗs infundiera miedo a los demonios durante su ministerio!

Incluso los primeros días del ministerio de Jesús nos recuerdan que en Cristo, el cristiano lucha desde una posición de victoria; y solo peleamos esta batalla por el poder del Espíritu de Dios en nosotros. Pasemos a la siguiente obra del Espíritu en Cristo.

C. La resurrección y ascensión de Jesús

La tercera etapa de la obra del EspĆ­ritu en Cristo comenzó con la resurrección y la ascensión de JesĆŗs. Aunque a menudo se atribuyen al Padre y al Hijo, la resurrección y la ascensión tambiĆ©n son obra del EspĆ­ritu Santo. Romanos 1:4 dice acerca de JesĆŗs Ā«que fue declarado Hijo de Dios con poder, segĆŗn el EspĆ­ritu de santidad, por la resurrección de entre los muertosĀ». Y 1 Pedro 3:18 dice: Ā«Porque tambiĆ©n Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espĆ­rituĀ».

El Nuevo Testamento enseña que a través de su vida y ministerio, Jesús llegó a tal posesión completa del Espíritu, experimentÔndolo sin límites (Juan 3:34), que llegó a ser «Espíritu del Señor» (2 Co. 3:18). En resumen, la Biblia nos enseña que gran parte de lo que hizo Jesús fue debido a la obra del Espíritu en él; su concepción, su unción, su resurrección y ascensión, éstas fueron hechas en el poder del Espíritu en Jesús.

  1. La obra del EspĆ­ritu Santo en el cristiano

Las palabras de despedida de JesĆŗs prepararon a su pueblo para el EspĆ­ritu Santo prometido. En Lucas 24:49, dice: Ā«He aquĆ­, yo enviarĆ© la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de JerusalĆ©n, hasta que seĆ”is investidos de poder desde lo altoĀ». ĀæDónde se cumplió lo prometido? En el dĆ­a de PentecostĆ©s. Miremos el primer punto, el don del EspĆ­ritu.

A. El don del EspĆ­ritu

Hechos 2:1-4…, puedes ir allĆ­: Ā«Cuando llegó el dĆ­a de PentecostĆ©s, estaban todos unĆ”nimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentĆ”ndose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del EspĆ­ritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, segĆŗn el EspĆ­ritu les daba que hablasenĀ».

Entonces Pedro predica, explicando lo que ha sucedido citando Joel 2 que leĆ­mos anteriormente. Luego cita el Salmo 110, y leemos en Hechos 2:33Ā«AsĆ­ que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del EspĆ­ritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oĆ­sĀ».

Observa dos cosas. En primer lugar, vemos cómo el don del EspĆ­ritu representado por vientos recios y llamas de fuego, no es un giro peculiar en el plan de Dios. MĆ”s bien, es el elemento central en la promesa del nuevo pacto que Dios le habĆ­a dado a su pueblo en Joel 2 o Ezequiel 36; vimos esos pasajes antes.

Y en segundo lugar, al citar el Salmo 110, Pedro muestra cómo el don del EspĆ­ritu a Cristo y luego el otorgamiento del EspĆ­ritu por Cristo cumple la promesa del Padre al Hijo en el Salmo 2:8: Ā«PĆ­deme, y te darĆ© por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierraĀ». Bueno, en el dĆ­a de PentecostĆ©s vemos que las naciones vienen a Cristo; la gran comisión se estĆ” cumpliendo y se estĆ” cumpliendo principalmente por la obra del EspĆ­ritu.

TambiĆ©n en PentecostĆ©s tenemos la inversión de Babel. ĀæRecuerdas esa historia? En GĆ©nesis 10, se nos da una lista de naciones, seguidas por Dios confundiendo su lenguaje y dispersĆ”ndolas. AquĆ­, en Hechos 2:8-12, se nos da otra lista de naciones, excepto que esta vez sus lenguas se entienden cuando se reĆŗnen en JerusalĆ©n. Los efectos del pecado se estĆ”n revirtiendo en una nueva comunidad de judĆ­os y gentiles, unidos por… Ā”el EspĆ­ritu Santo!

Mientras estudiaba esto, me sorprendieron las conexiones del EspĆ­ritu Santo desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento. DespuĆ©s de todo: fuego, viento y una lengua divina nos recuerda lo que MoisĆ©s encontró en el monte SinaĆ­. AllĆ­ MoisĆ©s ascendió, solo para descender con los Diez Mandamientos, la Ley de Dios. De la misma manera en el Nuevo Testamento, Cristo acaba de ascender, y en PentecostĆ©s baja, no con la ley escrita en tablas de arcilla, sino con el don de su propio EspĆ­ritu para escribir la ley en el corazón del creyente. Esto nos permite cumplir los mandatos de la ley. AquĆ­ estĆ” el cumplimiento de JeremĆ­as 31 y la gran esperanza de MoisĆ©s que vimos en NĆŗmeros 11.

Mientras que en el antiguo pacto la obra del EspĆ­ritu generalmente se limitaba a unos pocos, en su mayorĆ­a, hombres y lĆ­deres, ahora leemos en Hechos 2:17 que los hijos e hijas profetizan, los jóvenes tienen visiones, los ancianos tienen sueƱos. Estas visiones y sueƱos eran modos de comunicar el conocimiento de Dios bajo el antiguo pacto. Pero en Cristo y por el don del EspĆ­ritu, todo el pueblo del SeƱor posee el conocimiento de Dios. JeremĆ­as 31:34 espera con ansias este punto, dice: Ā«Y no enseƱarĆ” mĆ”s ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a JehovĆ”; porque todos me conocerĆ”n, desde el mĆ”s pequeƱo de ellos hasta el mĆ”s grande, dice JehovÔ».

Entonces podrĆ­as decirme: Ā«Isaac, eso es muchoĀ». Esto es lo que quiero que veas, Ā”El dĆ­a de PentecostĆ©s es la culminación de la obra de JesĆŗs! Recuerda lo que JesĆŗs dijo en Juan 7:37-39Ā«En el Ćŗltimo y gran dĆ­a de la fiesta, JesĆŗs se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mĆ­ y beba. El que cree en mĆ­, como dice la Escritura, de su interior correrĆ”n rĆ­os de agua viva. Esto dijo del EspĆ­ritu que habĆ­an de recibir los que creyesen en Ć©l; pues aĆŗn no habĆ­a venido el EspĆ­ritu Santo, porque JesĆŗs no habĆ­a sido aĆŗn glorificadoĀ».

La venida del Espíritu es evidencia de la glorificación de Cristo, su entronización celestial. Por tanto, el libro de Hechos no trata tanto acerca de los hechos del Espíritu Santo a través de los apóstoles, sino de los hechos continuos de Jesucristo a través del Espíritu.

Entonces, ¿qué beneficios trae la morada del Espíritu en el creyente? Bueno, solo tenemos tiempo para mirar uno mÔs, pero es glorioso porque hablaremos de la regeneración.

B. La regeneración

Así como el rol del Espíritu es dar vida física y aliento a toda la creación, también es su rol dar vida espiritual a los hombres. Jesús le dice a Nicodemo que debe «nacer de nuevo» por el Espíritu (Juan 3:6-7). También les dice a sus discípulos que «el Espíritu es el que da vida» (Juan 6:63).

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ezequiel 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Espiritualmente hablando, el mundo no es lo que parece. Parece vivo, pero en realidad estamos rodeados de cadÔveres espirituales. Caminamos todos los días entre muertos. Nuestra oración y esperanza es que Dios, a través de su Espíritu, los traiga a la vida.

La obra del EspĆ­ritu del renacimiento en la vida del cristiano tiene varios aspectos.

En primer lugar, implica una iluminación intelectual. Juan escribe en 1 Juan 2:20Ā«Pero vosotros tenĆ©is la unción del Santo, y conocĆ©is todas las cosasĀ». Esta unción del EspĆ­ritu Santo es compartida por cada cristiano y se dice que lleva a un cierto conocimiento: el conocimiento de quien es Dios y lo que ha prometido. Eso no significa que el cristiano lo sabe todo; mĆ”s de lo que un ciego que recibe la vista puede ver todo simultĆ”neamente. Pero la verdad que una vez no fue reconocida ahora es conocida y celebrada por el que es regenerado, o el que es Ā«nacido de nuevoĀ».

En segundo lugar, la obra de regeneración del EspĆ­ritu implica la liberación de la voluntad. Antes, nuestras voluntades, nuestros deseos, estaban esclavizados al pecado y eran incapaces de seguir a JesĆŗs, del mismo modo que un muerto no responde (Efesios 2:1).

Tercero, la obra del EspĆ­ritu de la regeneración implica limpieza y renovación. AsĆ­, cuando JesĆŗs le dice a Nicodemo que Ā«el que no naciere de agua y del EspĆ­rituĀ», estĆ” aludiendo a la promesa del nuevo pacto de Ezequiel 36: Ā«EsparcirĆ© sobre vosotros agua limpia, y serĆ©is limpiados de todas vuestras inmundicias… Os darĆ© corazón nuevoĀ». (1 Corintios 6:11 habla claramente de esto tambiĆ©n).

La obra de renovación del Espíritu en la regeneración es tan completa que Pablo escribe: «De modo que si alguno estÔ en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). ”Alaba a Dios por su gloriosa obra en nuestras vidas!

Amigo, tenemos mucho mĆ”s que cubrir acerca de la obra del EspĆ­ritu Santo en la vida del creyente: convicción, unión con Cristo, fruto del EspĆ­ritu, la oración del EspĆ­ritu en nuestro nombre y la seguridad… pero hemos abarcado todo lo que podemos por el dĆ­a de hoy.

Oremos.

[1] Col. 1:16

[2] VĆ©ase Ferguson en The Holy Spirit.

[3] VĆ©ase God’s Indwelling Presence de James Hamilton Jr.

[4] AsĆ­ como Dios se preocupó por su Ā«hijoĀ» (Ɖxodo 4:22) al llamar a Israel a salir de Egipto (Deuteronomio 8:1ffEz. 16:1ff), asimismo Dios continĆŗa a travĆ©s del EspĆ­ritu cuidando de su Hijo encarnado (tambiĆ©n llamado de Egipto, Mt. 2:15).

[5]Ā Mateo 3:17

https://es.9marks.org/

Mark Dever

Sobre la controversia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Sobre la controversia

Ministerios Ligonier

Nota del editor: Esta es la introducción a la serie de artículos de Tabletalk Magazine referente al tema de la controversia. Un pastor, a punto de escribir un artículo criticando a otro pastor por su falta de ortodoxia, le escribió a John Newton sobre sus intenciones. A continuación, la respuesta de Newton.

Estimado seƱor,

Puesto que probablemente que te veas envuelto en una controversia, y tu amor por la verdad estÔ acompañado de un temperamento fuerte, mi amistad me hace preocuparme por ti. Tú estÔs del lado mÔs poderoso; porque la verdad es grande y debe prevalecer, una persona con habilidades inferiores a las tuyas podría salir al campo confiado en la victoria. Por lo tanto, no estoy angustiado por la batalla en sí; sino que quiero que seas mÔs que un vencedor, y que triunfes, no solo sobre tu adversario, sino sobre ti mismo. Si no puedes ser derrotado, puede que seas herido. Para librarte de aquellas heridas que podrían hacerte llorar por tus conquistas, te presentaré algunas consideraciones que, si las observas debidamente, te servirÔn como una gran cota de malla; una armadura tal, que no necesitarÔs quejarte, como lo hizo David de la armadura de Saúl, de que esta sea mÔs incómoda que útil; pues fÔcilmente percibirÔs que ha sido extraída de ese gran arsenal provisto para el soldado cristiano, la Palabra de Dios. Doy por sentado que no esperas ninguna disculpa por la libertad que me tomo y, por lo tanto, no te la ofreceré. Por cuestión de metodología, limitaré mi consejo a tres encabezados: respecto a tu oponente, al público y a ti mismo.

Si actuamos en un espíritu equivocado, traeremos poca gloria a Dios, haremos poco bien a nuestro prójimo, y no conseguiremos ni honor ni consuelo para nosotros mismos.

Considera a tu oponente

En cuanto a tu oponente, deseo que antes de que pongas la pluma sobre el papel en su contra, y durante todo el tiempo que estés preparando tu respuesta, puedas encomendarlo con una oración fervorosa a las enseñanzas y la bendición del Señor. Esta prÔctica llevarÔ tu corazón a amarlo y a compadecerse de él; y tal disposición tendrÔ una buena influencia en cada pÔgina que escribas.

Si lo consideras como un creyente, aunque muy equivocado en el tema sobre el cual debaten, las palabras de David a Joab acerca de Absalón, son muy pertinentes: Ā«Por amor a mĆ­ tratadlo bienĀ». El SeƱor lo ama y es paciente con Ć©l; por lo tanto, no debes despreciarlo, ni  tratarlo con dureza. El SeƱor es paciente contigo de la misma manera, y espera que muestres compasión a los demĆ”s, considerando el mucho perdón que tĆŗ mismo necesitas. Dentro de poco se verĆ”n en el cielo; entonces Ć©l te serĆ” mĆ”s querido que el amigo mĆ”s cercano que tienes ahora en esta tierra. Ten presente ese periodo en tus pensamientos; y aunque puede que consideres necesario oponerte a sus errores, velo personalmente como un alma gemela, con quien serĆ”s feliz en Cristo por siempre.

Pero si lo ves como una persona inconversa, en estado de enemistad contra Dios y Su gracia (una suposición que, sin buena evidencia, no deberías estar dispuesto a admitir), él es un mÔs apropiado objeto de tu compasión que de tu enojo. Desafortunadamente, «él no sabe lo que hace». Pero tú sabes quién te ha hecho tener una opinión diferente. Si Dios, en Su soberana voluntad, así lo hubiera ordenado, tú podrías haber sido como él es ahora; y él, en vez de ti, podría haber sido escogido para la defensa del Evangelio. Ambos eran igualmente ciegos por naturaleza. Si te consideras esto, no le reprocharÔs ni le odiarÔs, porque el Señor se ha complacido en abrir tus ojos, y no los suyos.

De todas las personas que se involucran en la controversia, nosotros, que somos llamados calvinistas, estamos mÔs expresamente obligados por nuestros propios principios al ejercicio de la mansedumbre y la moderación. Si, en efecto, los que difieren de nosotros tienen el poder de cambiarse a sí mismos, si pueden abrir sus propios ojos y ablandar sus propios corazones, entonces podríamos, con menos incoherencia, sentirnos ofendidos por su obstinación; pero si creemos lo contrario, nuestra parte consiste en, no luchar, sino en instruir con mansedumbre a los que se oponen. «Por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad». Si escribes con el deseo de ser un instrumento de corrección de errores, por supuesto que tendrÔs cuidado de no poner tropiezos en el camino de los ciegos o de no usar expresiones que puedan exasperar sus pasiones, reafirmarlos en sus principios y, por lo tanto, hacer que su convicción, humanamente hablando, sea mÔs impracticable.

Considera a tu pĆŗblico

Al publicar tu escrito, captarÔs la atención del público, en el que tus lectores pueden estar divididos en tres clases: En primer lugar, aquellos que difieren de ti en principio. Con respecto a ellos, te dirijo a lo que ya he dicho. Aunque tienes los ojos puestos en una persona principalmente, hay muchos que piensan como él, y por eso el mismo razonamiento se mantendrÔ, ya sea con respecto a una persona o a un millón.

HabrÔ también muchos a los que les importa muy poco la religión, como para tener una opinión propia establecida, y que, sin embargo, estÔn comprometidos de antemano a favor de aquellos sentimientos que son al menos repugnantes para la buena opinión que los hombres tienen de sí mismos de manera natural. Estos son muy incompetentes como jueces de doctrina; pero pueden formar una opinión tolerable del espíritu de un escritor. Saben que la mansedumbre, la humildad y el amor son las características de un temperamento cristiano; y aunque tienden a tratar las doctrinas de la gracia como meras nociones y especulaciones que, suponiendo que las adoptaran, no tendrían ninguna influencia saludable sobre su conducta; sin embargo, de nosotros, que profesamos estos principios, siempre esperan las disposiciones que corresponden a los preceptos del Evangelio. Son rÔpidos para discernir cuando nos desviamos de tal espíritu, y se aprovechan de ello para justificar su desprecio por nuestros argumentos. La mÔxima de las Escrituras de que «la ira del hombre no obra la justicia de Dios», es verificada mediante la observación diaria. Si nuestro celo estÔ exacerbado por expresiones de ira, invectiva o desprecio, podríamos pensar que estamos sirviendo a la causa de la verdad, cuando en realidad solo traemos descrédito sobre ella. Las armas de nuestra contienda, y las únicas que son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, no son carnales, sino espirituales; argumentos tomados claramente de las Escrituras y de la experiencia, y respaldados por un discurso tan moderado que persuada a nuestros lectores de que, ya sea que los convenzamos o no, deseamos lo mejor para sus almas y luchamos solo por amor a la verdad. Si podemos convencerlos de que actuamos conforme a estos motivos, hemos ganado la mitad del argumento. EstarÔn mÔs dispuestos a considerar calmadamente lo que ofrecemos; y si aún así discrepan de nuestras opiniones, se verÔn obligados a aprobar nuestras intenciones.

TendrÔs una tercera clase de lectores, quienes, teniendo el mismo sentir que tú, aprobarÔn fÔcilmente lo que propongas, y podrÔn ser establecidos y confirmados aún mÔs en sus puntos de vista sobre las doctrinas de las Escrituras, por medio de una clara y magistral elucidación de tu tema. Puedes ser instrumental para su edificación si la ley de la bondad y de la verdad regula tu pluma, de lo contrario puedes hacerles daño. Hay un principio del yo que nos dispone a despreciar a los que difieren de nosotros; y a menudo estamos bajo su influencia, cuando pensamos que solo estamos mostrando un celo cada vez mayor por la causa de Dios.

Yo estoy convencido de que los puntos principales del arminianismo surgen del orgullo del corazón humano y se nutren de él; pero me alegraría si lo contrario fuera siempre cierto: que abrazar lo que se llama las doctrinas calvinistas fuera una señal infalible de una mente humilde. Creo que he conocido a algunos arminianos, es decir, personas que por falta de una luz mÔs clara han tenido miedo de recibir las doctrinas de la gracia gratuita, que sin embargo han dado evidencia de que sus corazones estaban en cierto grado humillados ante el Señor.

Y me temo que hay calvinistas que, aunque lo consideran una prueba de su humildad, estÔn dispuestos en palabras a degradar a la criatura y a dar toda la gloria de la salvación al Señor, pero no saben de qué tipo de espíritu son. Cualquier cosa que nos haga creer en nosotros mismos como relativamente sabios o buenos, a fin de tratar con desprecio a aquellos que no se adhieren a nuestras doctrinas, o que no siguen a nuestro grupo, es evidencia y fruto de un espíritu de justicia propia. La justicia propia puede nutrirse tanto de doctrinas como de obras; y un hombre puede tener el corazón de un fariseo, mientras que su cabeza estÔ repleta de nociones ortodoxas de la indignidad de la criatura y de las riquezas de la gracia gratuita. Sí, y añadiría, los mejores hombres no estÔn completamente libres de esta levadura [la justicia propia], y por lo tanto son demasiado dados a complacerse con las representaciones que ridiculizan a nuestros adversarios, y en consecuencia exaltan nuestras propias opiniones. Las controversias, en su mayor parte, se manejan de tal manera que satisfacen su mala disposición en lugar de reprimirla; y, por lo tanto, en términos generales, son poco provechosas. Provocan a quienes deberían convencer y envanecen a quienes deberían edificar. Espero que en tu forma de actuar se perciba un espíritu de verdadera humildad, y que sea un medio para promoverlo en los demÔs.

ConsidƩrate a ti mismo

Esto me lleva, en Ćŗltimo lugar, a considerar tu propio interĆ©s en lo que te propones hacer. Defender la fe una vez entregada a los santos parece un servicio loable; se nos ordena a luchar seriamente por ella, y a convencer  a los que la contradicen. Si alguna vez tales defensas fueron oportunas y convenientes, parecen serlo en nuestros dĆ­as, cuando los errores abundan por todos lados y toda la verdad del Evangelio se niega directamente o se tergiversa de manera flagrante.

Y sin embargo, encontramos muy pocos escritores de controversia que no hayan sido evidentemente lastimados por ella. O bien crecen en el sentido de su propia importancia, o asumen un espíritu airado y contencioso, o se apartan insensatamente de aquellas cosas que son el alimento y el soporte inmediato de la vida de fe, y gastan su tiempo y sus fuerzas en asuntos que, a lo sumo, tienen un valor secundario. Esto demuestra que aunque el servicio sea honorable, es peligroso. ¿Qué le aprovecharÔ al hombre ganar su causa y silenciar a su adversario, si al mismo tiempo pierde ese espíritu humilde y compasivo en el cual el Señor se deleita, y al cual le ha prometido Su presencia?

No dudo que tu objetivo sea bueno, pero tienes que velar y orar porque encontrarÔs a SatanÔs a tu diestra para resistirte; él tratarÔ de socavar tus puntos de vista; y aunque te empeñes en defender la causa de Dios, si no buscas continuamente al Señor para que te guarde, puede que se convierta en tu propia causa, y que despierte en ti esos impulsos que no son congruentes con la verdadera paz interior y que seguramente obstruirÔn tu comunión con Dios.

Ten cuidado de no admitir nada personal en el debate. Si crees que has sido maltratado, tendrÔs la oportunidad de demostrar que eres un discípulo de Jesús, «quien cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba». Este es nuestro modelo, así que debemos hablar y escribir para Dios, «no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino mÔs bien bendiciendo», porque para esto fuimos llamados. La sabiduría que viene de lo alto no solo es pura, sino pacífica y amable; y la falta de estas cualidades, como la mosca muerta en la olla del ungüento, estropearÔ el sabor y la eficacia de nuestras labores.

Si actuamos en un espĆ­ritu equivocado, traeremos poca gloria a Dios, haremos poco bien a nuestro prójimo, y no conseguiremos ni honor ni consuelo para nosotros mismos. Si te conformas con mostrar tu inteligencia y con provocar la risa en los que estĆ”n de tu lado, tienes una tarea fĆ”cil; pero espero que tengas un objetivo mucho mĆ”s noble, y que, consciente de la solemne importancia de las verdades del Evangelio y de la compasión debida a las almas de los hombres, prefieras ser un medio para eliminar los prejuicios de una vez por todas, en lugar de obtener el aplauso vacĆ­o de miles. Salid, pues, en el nombre y fortaleza del SeƱor de los ejĆ©rcitos, hablando la verdad en amor; y que Ɖl dĆ© testimonio en muchos corazones de que eres enseƱado por Dios, y favorecido con la unción de Su EspĆ­ritu Santo.

Extracto de The Works of John Newton, Letter XIX ā€œOn Controversy.ā€
Ministerios Ligonier
Ministerios Ligonier

Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

Jul 16 – Sembrando y cosechando

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 16 – Sembrando y cosechando

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/sembrando-y-cosechando/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de SaladĆ­n.

Nancy Leigh DeMoss: Si siembras semillas de manzana vas a cosechar un Ć”rbol de manzanas. No vas a cosechar vainitas si siembras semillas de manzana. Ciertamente la cosecha se multiplica de acuerdo a lo que siembras; y siempre cosecharĆ”s lo mismo que sembraste. Esa es la ley de retribución divina.

Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss. La mayorĆ­a de nosotras vive lejos de las granjas donde se producen los alimentos, pero todas nos mantenemos sembrando y cosechando todo el tiempo. Nancy les va a explicar a medida que profundiza en el estudio del profeta Habacuc.

Si te perdiste la primera parte de esta serie, puedes escucharla visitando AvivaNuestrosCorazones.com . Esta serie se titula Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Dijimos al principio de esta serie que el libro de Habacuc contiene las semillas de las doctrinas bĆ­blicas mĆ”s importantes. Puedes ver pinceladas de las doctrinas de la salvación y de la fe. Hemos estado viendo algunas de esas doctrinas.

La doctrina a la que nos referiremos hoy (en el capítulo 2 de Habacuc) es a la de la depravación del hombre, la pecaminosidad absoluta del hombre apartado de Dios. Acabamos de terminar con la sección en la que Dios le dice a Habacuc «Los babilonios, los caldeos son orgullosos. Se han envanecido. No son honrados, pero si vas a hacer un hombre justo, en medio de la corrupción de hoy en día, deberÔs hacerlo por fe». (ver Habacuc 2:4).

Habacuc necesitaba darse cuenta de que-apartado de Dios- él no era mÔs decente que los caldeos. Los caldeos era un pueblo malvado y Dios iba a usar a una nación malvada y sin escrúpulos -como vimos en el capítulo 1- para castigar al pueblo judío quienes, a su vez, se había descarriado y estaban en necesidad de arrepentimiento y avivamiento.

Por lo que Dios le había dicho a Habacuc: «Voy a traerles una nación malvada que va a convertirse en la primera potencia mundial y ellos van a conquistar Judea». En el capítulo 1, Dios le dio a Habacuc la descripción de los caldeos; de los babilonios.

Pero hoy -en el capítulo 2- encontramos una descripción mÔs detallada del grado de maldad de los babilonios. De hecho, en el capítulo 2 encontramos -empezando en el versículo 5- una descripción vívida y detallada de cómo eran los caldeos.

Vamos a escudriƱar esa descripción y vamos a ver quĆ© nos tiene que decir acerca de nuestros propios corazones comenzando en Habacuc 2:5 . Ā«AdemĆ”s, el vino traiciona al hombre arrogante, de modo que no se queda en casa…»

Permítanme detenerme ahí y decirles que los babilonios eran famosos por su adicción al vino. De hecho, seguro recuerdas lo que la Escritura registra de la última noche del Imperio Babilonio, años después, ellos estaban borrachos y en medio de una orgía. Dios envió una escritura en la pared y les dijo: «Sus días estÔn contados. Su reino ha terminado» (ver Daniel 5). Ellos eran renombrados borrachones. Su lujuria por el alcohol era insaciable.

Pero eso era en realidad una simple ilustración de su insaciable lujuria por el poder, su insaciable lujuria y deseos de conquistar todas las naciones del mundo. Por lo que su ebriedad era solo un reflejo de la forma como habían vivido sus vidas; un reflejo de todo un sistema.

«El vino es un traidor». Nos dice Proverbios 20. «El vino es escarnecedor, la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio» (Proverbios 20:1).

Vemos hoy, en la vida de muchas personas, estos hÔbitos adictivos. Somos una cultura adictiva. También vemos mucha lujuria por el control, ese apetito de controlar y dominar la vida de otras personas. Por lo que -a medida que revisamos esta descripción- veremos que, de muchas maneras, nuestra cultura no dista mucho de la babilónica.

«El vino es traicionero, un hombre arrogante que nunca descansa». Su codicia -hablando de los babilonios- es tan amplia como el Seol (o infierno) y -al igual que la muerte- nunca se sacia. «AdemÔs, el vino traiciona al hombre arrogante, de modo que no se queda en casa. Porque ensancha su garganta como el Seol, y es como la muerte, que nunca se sacia; reúne para sí todas las naciones, y recoge para sí todos los pueblos» (Habacuc 2:5).

Lo que dicen las Escrituras es que los caldeos eran orgullosos -al igual que el hombre arrogante que nunca descansa- y eran ademƔs codiciosos. Como la muerte y el infierno nunca se sacian. Ellos querƭan enseƱorearse de todo el mundo; ellos lo querƭan todo. Siempre querƭan mƔs. Nunca estaban satisfechos. Eran agresivos; siempre tratando de alcanzar mƔs y mƔs.

«Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, pueblo feroz e impetuoso, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas» (Habacuc 1:6).

Ahora bien, en Habacuc 2:6 leemos: «No pronunciarÔn todos éstos» -hablando de aquellos que habían sido devastados por los caldeos- las naciones y la gente que habían engullido.

Ā«No pronunciarĆ”n todos Ć©stos contra Ć©l (contra Babilonia) una sĆ”tira, y burlas e intrigas contra Ć©l? Y dirĆ”n Ā«Ay…»

Nota esa palabra. Si estĆ”s siguiĆ©ndonos con tu Biblia, podrĆ­as querer subrayarla o marcarla porque aparece varias veces en este capĆ­tulo. Vamos a ver en este capĆ­tulo cinco ‘ayes’. Un Ā«ayĀ» es un pronunciamiento de juicio divino en el Antiguo Testamento. VerĆ”s esa palabra -Ā«AyĀ»- en los versos 6, 9, 12, 15 y 19.

Esos ‘ayes’ conforman cinco estrofas compuestas por tres versos cada una. Y estas cinco estrofas dicen esencialmente lo mismo: la certeza del juicio de Dios para los malvados. Al final van a cosechar lo que sembraron. Esto Ćŗltimo es precisamente el punto a considerar en este capĆ­tulo. Lo que sea que siembres, eso es lo que cosecharĆ”s.

Veremos que en cada una de estas cinco estrofas, encontramos una conducta pecaminosa seguida de sus consecuencias. En cada caso la consecuencia o castigo va de la mano con el pecado cometido. La consecuencia estĆ” relacionada con el pecado. Vas a cosechar lo que siembras.

Si siembras semillas de manzana, vas a cosechar un Ôrbol de manzanas. No vas a cosechar vainitas si siembras semillas de manzana. Ciertamente la cosecha se multiplica de acuerdo a lo que siembras; y siempre cosecharÔs lo mismo que sembraste. Es la ley de retribución divina.

Si siembras egoĆ­smo, explotación, crueldad, injusticia, opresión o violencia, eso se volverĆ” a ti. Vas a pagar. Y en este mundo parece como si -por un tiempo (o quizĆ”s mucho tiempo) – los malos prevalecen por encima de los justos.

Pero, a travĆ©s de los ‘ayes’ descritos en este capĆ­tulo, se nos recuerda que los malvados van a recibir su merecido -ya sea que el malo sea tu vecino o tu marido o tu jefe, o tu misma. Todos vamos a cosechar lo que hemos sembrado.

AsĆ­ que vamos a ver estos ‘ayes’. Los repasaremos rĆ”pidamente en el dĆ­a de hoy. Veremos los primeros tres o cuatro y, luego, el final de este capĆ­tulo lo veremos en el próximo programa. Verso 6: «”Ay del que aumenta lo que no es suyo (Āæhasta cuĆ”ndo?) Y se hace rico con prĆ©stamos!Ā»

Ten en cuenta que estos ‘ayes’ han sido pronunciados a la nación de Babilonia en medio de su situación. Y habla de su codicia, el deseo de tener mĆ”s y de las ganancias obtenidas por extorsión. Ellos aumentaban lo que no era suyo y se hacĆ­an ricos a base de prĆ©stamos.

Los babilonios conquistaban naciones y obligaban a la gente a pagar impuestos exorbitantes. Ellos confiscaban las tierras de las naciones conquistadas. Les concedƭan prƩstamos a los pobres para luego cobrarles tasas excesivas de intereses.

Dios le dice a esta gente: «Ay por vivir de esa manera. Han sembrado codicia y extorsión. Ahora van a cosechar lo que sembraron.» Verso 7: «¿No se levantarÔn de repente sus acreedores, y se despertarÔn sus cobradores? Ciertamente serÔs despojo para ellos.»

¿Quiénes son sus acreedores? ¿Quiénes son sus deudores? Las naciones que han conquistado y perjudicado. «”Aquellos que cuando despierten te harÔn temblar! Entonces serÔs despojo para ellos.» La torta se va a virar.

Verso 8: «Porque tú has despojado a muchas naciones, todos los demÔs pueblos te despojarÔn a ti, por la sangre humana y la violencia hecha a la tierra, al pueblo y a todos sus habitantes.»

«¿Has despojado a otros? Te van a despojar a ti. Vas a cosechar lo que sembraste.

Mira el segundo «Ay» en el verso 9: «”Ay del que obtiene ganancias ilícitas para su casa, para poner en alto su nido, para librarse de la mano de la calamidad!»

Ese es un retrato del orgullo babilonio. Ellos pensaron que podían construir ciudades fuertes que los hicieran invencibles. Pensaron que estaban fuera de peligro. Y lo hicieron con dinero mal habido producto de prÔcticas ilegales, poco éticas e inmorales. Y Dios dice: «”Ay de aquellos que hagan esto!»

Pero y Āædónde estĆ” la consecuencia? Verso 10: Ā«Has maquinado cosa vergonzosa para tu casa…Ā» Pensaste que obtendrĆ­as ganancias para tu casa, pero como fueron ilĆ­citas es cosa vergonzosa. Ā«Destruyendo a muchos pueblos, pecando contra ti mismo.Ā» Pensaste que podrĆ­as salirte con la tuya y mantenerte lejos de toda calamidad. Pero, de hecho, has perdido tu vida al tratar de desligarte de la gente que has perjudicado.

«Ciertamente la piedra clamarÔ desde el muro, y la viga contestarÔ desde el armazón», Habacuc 2:11. Esta casa que has construido, con ganancias mal habidas, tiene como testigos -de tu crueldad, de tu injusticia y de tus tÔcticas opresivas- a sus piedras y a su armazón. Ellos clamarÔn contra ti. No te vas a salir con la tuya. Ese es el punto.

Mira el tercer ‘Ay’ en el verso 12, «”Ay del que edifica una ciudad con sangre…Ā» Has construido tu reino usando la violencia. Ā«Ay del que funda un pueblo con violenciaĀ». Has construido tu reino con violencia y corrupción. Esa es la forma en la que has construido tu imperio.

Verso 13: «¿No viene del Señor de los ejércitos que los pueblos trabajen para el fuego y las naciones se fatiguen en vano?» En otras palabras, «todos tus esfuerzos para construir pueblos y para fundar ciudades fueron posibles gracias al derramamiento de sangre, la violencia y la corrupción». Es fútil. Todo se va a perder. Todo se volverÔ nada. ¿Este enorme y gran imperio que has construido? Va a ser sepultado. Va a quedar reducido a nada.

Voy a saltar el verso 14 por el momento. Quiero volver a Ć©l (en el próximo programa) porque quiero analizarlo con detenimiento, pero sigamos viendo estos ‘ayes’.

En el verso 15 tenemos el cuarto ‘Ay’: «”Ay del que da de beber a su prójimo! Ā”Ay de ti que mezclas tu veneno hasta embriagarlo, para contemplar su desnudez!Ā»

Verso 16: Ā«SerĆ”s saciado de deshonra mĆ”s que de gloria. Bebe tĆŗ tambiĆ©n y muestra tu desnudez…Ā» ĀæHas avergonzado a otros? ĀæHas inducido a otros a beber? ĀæA desnudarse? ĀæLos has expuesto? Bebe tĆŗ tambiĆ©n y enseƱa que no estĆ”s circuncidado!Ā»

Tienes esta gran fachada. Tu fachada va a quedar al descubierto y la gente va a ver los secretos que tienes escondidos. Ellos te van a ver tal cual eres en verdad. Tú has avergonzado a otros; tú serÔs avergonzado.

«Se volverÔ contra ti el cÔliz de la diestra del Señor, y la ignominia sobre tu gloria». Ahora ves que la palabra gloria se repite dos veces en el verso 16. «Vas a tener vergüenza en lugar de gloria. Tu gloria va a ser sustituida por una vergüenza absoluta.»

Los babilonios pensaban que su imperio era glorioso -la era gloriosa, la Ʃpoca dorada del imperio. Y lo estaban construyendo para su propia gloria.

Amigas, dĆ©jenme decirles que Ā«nosotras construimos para la gloria de Dios o para nosotras mismas y nuestra propia gloria. Todo lo que construyas para tu gloria -aunque sea la forma en la que estĆ”s criando a tus hijos porque lo que buscas es que te hagan lucir bien – si yo construyo este ministerio para glorificarme, nuestra gloria se convierte en vergüenzaĀ».

Lo que sea que hagamos que no sea para la gloria de Dios va a terminar en vergüenza. Y vemos esa ilustración al leer: «indujiste a tus vecinos a beber para mirar su desnudez». Una ilustración de odio y de pasión desbordada. «Aquellos que explotan, avergüenzan, ridiculizan y le sacan ventaja a su prójimo, van a ser avergonzados».

Lo volvemos a ver en el verso 17. Es parte de la misma consecuencia.

«Porque la violencia contra el Líbano te cubrirÔ, y el exterminio de las fieras te aterrarÔ, a causa del derramamiento de sangre humana y la violencia hecha a la tierra, a la ciudad y a todos los que habitan en ella».

Entonces, ĀæquĆ© enseƱanza podemos obtener de estos cuatro ‘ayes’? Es la ley de la siembra y la cosecha. CosecharĆ”s lo que siembras. Lo que le hagas al otro volverĆ” hacia ti. Y vemos este tema a lo largo de las Escrituras. Ves lo que le sucede a las naciones a medida que leemos el libro de Habacuc.

Esto es hablando de los babilonios. Su imperio era cruel, despiadado, explotador, injusto y opresivo. Y Dios dice: «Como nación vas a cosechar lo que has sembrado».

La reiteración de este punto la vemos (en el capítulo 9 de los Salmos) donde dice: «Las naciones se han hundido en el foso que hicieron, en la red que escondieron, quedó prendido su pie» (Salmos 9:15).

Cualquier nación que oprima a otras naciones, va a recoger lo sembrado. Va a cosechar lo que ha sembrado. Esto le sucederÔ a las naciones.

Pero también es cierto de individuos, no solamente naciones, sino también individuos. El Salmo 7:15, dice: «Ha cavado una fosa y la ha ahondado, y ha caído en el hoyo que hizo.» El hombre malo cava una fosa y la ahonda. ¿Qué es lo que trata de hacer? Cava un hoyo con la esperanza de que su vecino caiga dentro. En Salmos 7:16 vemos: «Su iniquidad volverÔ sobre su cabeza, y su violencia descenderÔ sobre su coronilla».

A medida que hemos venido leyendo sobre estos ‘ayes’ en Habacuc capitulo 2, hemos visto que son aflicciones corporativas; son aflicciones nacionales sobre la nación de Babilonia. Pero me ha resultado interesante ver, en la medida que he venido estudiando el pasaje, que tambiĆ©n es un texto individualizado.

Te has percatado de que cada vez que dice «Ay», dice «Ay de él». No dice «Ay de ellos», dice «Ay de él». Creo que se estÔ refiriendo a Babilonia en ese punto, pero hay también un sentido personal. Hay aflicción para aquella persona que peca contra otros de esta forma.

A medida que estudias las ofensas enumeradas aquí y ves la depravación del Imperio Babilónico y de sus gobernadores, notas que todos son pecados relacionales. Son pecados que han cometido en contra de otras personas.

Son injustos. Son crueles. Son vengativos. EstĆ”n avergonzando a otros. EstĆ”n apoderĆ”ndose de cosas que no les pertenecen. EstĆ”n robando. Hay corrupción. Estos primeros cuatro ‘ayes’ se refieren a pecados cometidos en contra de otras personas.

ĀæSerĆ” que Dios, cuando ve nuestras vidas, nota algunas de esas prĆ”cticas y actitudes? La mayorĆ­a de nosotras – al leer el capĆ­tulo 2 de Habacuc por primera vez- le pasamos por encima a estos ‘ayes’ y a todos estos pecados atroces pensando que Ā«somos cristianas comprometidas que no nos identificamos con las cosas escritas en esa listaĀ».

He meditado en las cosas listadas en este texto y lo hemos repasado juntas rƔpidamente. Ahora quiero retarlas a que lo vean por ustedes mismas. Profundiza en ese estudio y medita en esas cosas que estƔn en la lista. A medida que las he repasado me he percatado de que esos pecados los he visto en mi propia vida, en mis relaciones con otras personas. QuizƔs puedas identificar algunos en tu vida tambiƩn.

Mira estos pecados. Son pecados que podrĆ­an estar relacionados a la codicia:

  • PrĆ”cticas no Ć©ticas en los negocios
  • Sacar provecho de vendedores y/o clientes
  • Encarecer los productos mĆ”s de la cuenta
  • EngaƱar
  • Robar
  • Obtener ganancias ventajosas a expensas de otros

¿Qué tal ir al parque de diversiones y hacer pasar a tus hijos como de menor edad para que te den las entradas mÔs baratas?

Y luego vemos pecados de violencia en este capĆ­tulo. Vemos pecados de violencia hacia otros, abuso fĆ­sico y/o verbal.

  • ĀæHas disciplinado a tus hijos llena de ira?
  • ĀæLe has hablado a tus hijos usando palabras crueles?

Tan pronto lo dices, piensas: «No puedo creer que le di esa paliza a mi hijo». Violencia. Cólera. Dios dice: «Lo que siembres, cosecharÔs».

Despojar a otros de su dignidad; ponerlos en evidencia; ponerlos en ridĆ­culo; revelar sus secretos.

– Lo hacemos con nuestras lenguas

  • Difamar
  • Chismear

El impulso de controlarlo todo es violencia.

  • El impulso de controlar a tu pareja
  • El controlar a tus hijos
  • El controlar a tu iglesia
  • El controlar a las personas en tu trabajo

Es violencia. Y Dios dice: «CosecharÔs lo que has sembrado.»

Supongo que la lista la encabeza la arrogancia y el orgullo. O sea, Āæno es este el meollo del asunto?

  • Hundir a otros para destacarte, hacerte ver mejor
  • Ser insensible ante las necesidades de los demĆ”s

¿Puedes ver algunas de estas cosas en tu corazón?

  • No somos bondadosas.
  • Somos crueles y agudas con nuestras lenguas

La forma en la que tratas a tus hijos, tus alumnos, clientes, amigos, suegros.

Luego estÔn los asuntos relacionales: nuestra manera de relacionarnos con los demÔs: ya sea en la iglesia, el cuerpo de Cristo, la forma en la que te expresas de tu pastor, la forma en la que hablas sobre las cosas que ocurren en tu iglesia, la forma autoritaria con la que tratas a los demÔs. ¿Es violenta?

PodrÔs decir, «Bueno, pero no he sacado una pistola y le apuntado a nadie». Hacemos peor que eso con nuestras lenguas, ¿o no? ¿O no? Sí, si lo hacemos. Y Dios dice: «Vas a cosechar lo que sembraste. No vas a ser la excepción.» Y yo tampoco soy la excepción.

Los babilonios no fueron la excepción. Los judĆ­os no fueron la excepción. Y tĆŗ no eres la excepción. Vamos a cosechar lo que sembremos. Ese es el motivo por el que Dios dice en los evangelios, Ā«todo cuanto querĆ”is que os hagan los hombres, asĆ­ tambiĆ©n haced vosotros con ellos…Ā» (Mateo 7:12)

¿Qué tal si Dios nos tratara de la forma en la que hemos tratado a otros? ¿Quién podría quedar bien parada? ¿Quién podría sobrevivir?

De manera que según lo que vemos en estos pasajes, Dios juzgarÔ. Pero no es solamente que Dios dice: «Ok, te voy a juzgar.» Dios dice: «Has sembrado semillas y estas van a producir una cosecha. Lo que siembres es lo que vas a cosechar.»

El pueblo de Dios era culpable, de hecho, de los mismos pecados que condenaron a los babilonios. Puedes ir al Antiguo Testamento y encontrar pasajes con los pecados que eran comunes a los judĆ­os en esa era, y son los mismos cometidos por los babilonios en este pasaje. Por eso fueron castigados los judĆ­os. Su orgullo fue tan ofensivo para Dios como el de los babilonios.

Amigas, y es tan fÔcil señalar a otros en nuestra cultura, señalar la industria del entretenimiento, la educación y el gobierno secular, y los jueces impíos. Y todas esas cosas abundan. Pero creo que una de las cosas que se necesita en nuestros días es que la iglesia, que nosotras como creyentes, podamos decir: «Dios, muéstranos dónde estamos pecando de esa manera. Muéstranos nuestro orgullo, nuestra codicia, nuestra violencia, y nuestra arrogancia».

Y luego, que clamemos a Dios por misericordia. SeƱor perdónanos. Dios no quiere juzgarnos. Dios no quiere castigarnos. Ɖl lo harĆ” si tiene que hacerlo, pero Dios se deleita en mostrarnos su misericordia.

Y por eso clamamos, Ā«SeƱor, no es mi hermano. No es mi hermana. Soy yo, oh SeƱor, en necesidad de oración. Soy culpable. He cometido estos pecados. Dios por favor perdona. Por favor ten misericordia.Ā» ĀæY sabes quĆ©? Ɖl lo harĆ”. Ɖl la tendrĆ”.

Esos ‘ayes’, esas maldiciones, esos juicios, esos castigos pueden de hecho tornarse en bendiciones de Dios. Dios los sustituirĆ” por bendición. Nosotras pretendemos sembrar semillas de violencia, arrogancia y codicia y luego orar para que la cosecha fracase. QuisiĆ©ramos que no se produzca.

Pero Dios dice: Ā«No, la cosecha vendrĆ”, pero por Mi misericordia y Mi gracia puedo darles toda una nueva cosecha. Si te arrepientes, te quebrantas y si eres honesta al reconocer tus pecados, puedo y voy a perdonarte. Dios es abundante en misericordia. Ɖl perdonarĆ” generosamente a aquellos que se vuelvan a Ɖl.

Carmen: Espero que ores con Nancy Leigh DeMoss cuando ella regrese. ĀæEstĆ”s sembrando semillas positivas con tus acciones el dĆ­a de hoy? Nancy nos ha estado recordando lo importante que son nuestras acciones. Ɖstas tienen un efecto enorme en el futuro.

Nancy Leigh DeMoss: DĆ©jame pedirte que tomes un momento y dejes que Dios escudriƱe tu corazón. Si Ɖl te ha seƱalado cualquier cosa en tu vida, que pudo haber estado en esta lista, pecados relacionados con la codicia, orgullo, violencia o arrogancia. La forma en la que has maltratado a alguien con tu lengua, con tu espĆ­ritu… quizĆ”s algĆŗn miembro de tu familia, una amiga, una colega, otro miembro de tu iglesia.

No acuses a la otra persona. Deja que Dios te lo señale en tu corazón y ponte de acuerdo con Dios. «Señor, soy yo. No son los babilonios solamente. Yo merezco el juicio por mis pecados». Confiésalo. Lo que sea que Dios te esté mostrando. Arrepiéntete. Toma otro camino. Y luego recuerda que los justos vivirÔn por su fe.

No escapamos al juicio de Dios haciendo un esfuerzo por ser mejores. Nos libramos de la ira y de los ‘ayes’ y del juicio de Dios cuando vamos por fe a los pies de Cristo y pedimos misericordia.

Señor, ten misericordia de nosotros, tu pueblo, porque hemos pecado. Necesitamos desesperadamente tu misericordia. Restaura, renueva y avívanos en el nombre de Jesús, Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las AmƩricas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Dios da su gozo

Viernes 23 Octubre

JesĆŗs… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Ć©l.

Hechos 10:38

Dios da su gozo

Testimonio

«Soy una joven argelina, de la región de Cabilia, orgullosa de mi hermoso país. Mis padres son ejemplares, y siempre me consintieron. Al crecer empecé a hacerme preguntas sobre el universo: ¿Cómo y por quién fue creado? ¿CuÔl es el poder misterioso que lo rige?

En mi época de estudiante vivía en la ciudad universitaria, pero me sentía mal con respecto al comportamiento de algunas compañeras. Sus objetivos eran muy diferentes a los míos, y me preguntaba si vivían según su fe musulmana.

Durante ese periodo de reflexión y observación, conocĆ­ a una estudiante cristiana que se hizo amiga mĆ­a. Me ofreció el evangelio de Lucas en el que descubrĆ­ a JesĆŗs, quien consagró su vida a curar a los enfermos, a liberar a las personas oprimidas por los malos espĆ­ritus… y quien murió por los rebeldes. Tras este descubrimiento empecĆ© a orar al Dios de los cristianos. Al leer la Biblia, mi fe crecĆ­a cada vez mĆ”s, a medida que descubrĆ­a la persona de JesĆŗs en su humildad y su poder.

Dios es mi fuerza. Me ayuda a superar mis debilidades y desÔnimos. Cada día da abundante y gratuitamente el gozo a sus hijos, a los que creen en su Hijo Jesús, a quien envió para salvarnos del juicio mediante la fe en él».

(Souad)

ā€œSe alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne tambiĆ©n reposarĆ” confiadamente… Me mostrarĆ”s la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempreā€ (Salmo 16:911).

Deuteronomio 17 – Juan 11:1-16 – Salmo 119:25-32 – Proverbios 26:1-2

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch