Aviva Nuestros Corazones
Serie: Habacuc: del temor a la fe
Jul 14 ā Por fe
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Carmen Espaillat : Con nosotros Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆn.
Nancy Leigh DeMoss: Los justos vivirĆ”n por su fe. DirĆ”s que eso suena como algo que estarĆ”n haciendo. No, porque la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo que realmente estĆ”s dependiendo – una fe que se vive en obediencia y fidelidad.
Ese es el tipo de fe te lleva a obedecer a Dios con todo tu corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios. De manera que se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.
Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆn. ĀæQuĆ© es la fe? A veces se usa para describir una denominación, una relación con Dios, y algunos padres hasta usan la palabra para el nombre de sus hijos. ĀæPero realmente entiendes lo que significa la fe? Nancy nos ayuda a entender este tema tan importante mientras continĆŗa con una serie titulada, Habacuc: del temor a la fe.
Nancy: Bueno, estoy muy emocionada porque hoy llegamos al punto culmine del mensaje de Habacuc, el punto clave, el tema de este libro. Es ese momento transformador en la vida de Habacuc. Ćl habĆa ido a su atalaya a escuchar lo que Dios tenĆa que decirle. Dios le dijo: voy a darte una visión. Voy a darte un mensaje de lo que va a suceder.
Esto nos lleva al versĆculo que vamos a ver, Habacuc capĆtulo 2, versĆculo 4. Es esta verdad la que llevó a Habacuc de batallar a adorar, de suspirar a cantar, del temor a la fe.
Antes de yo decirles lo que es, permĆtanme solo recapitular aquĆ en caso de que no hayan estado con nosotras en las Ćŗltimas sesiones. Habacuc le clamó a Dios que hiciera algo respecto a la corrupción que habĆa entre los judĆos. Ćl estaba frustrado porque parecerĆa que Dios permanecĆa pasivo y era indiferente a sus oraciones.
Luego Dios le responde: y le dice Ā«estoy haciendo algo, pero no es lo que esperabasĀ» porque lo que Dios estaba haciendo era levantar a los despiadados caldeos para castigar a Su pueblo. Habacuc no podĆa creer que Dios harĆa tal cosa, asĆ que va a su puesto de guardia a indagar sobre la perspectiva de Dios en todo esto. AhĆ es que Dios le da una visión de su propósito y su plan. Lo veremos en la siguiente parte del capĆtulo 2.
Los caldeos tambiĆ©n serĆ”n castigados. Dios introduce esa visión con estas palabras de (Habacuc capĆtulo 2, versĆculo 4) que hacen un contraste entre dos tipos de personas. Mientras leemos y hablamos sobre este versĆculo y estos dos tipos de personas, quiero que se hagan la pregunta Ā«quĆ© tipo de persona soy yo?, en quĆ© categorĆa e encuentro? Leamos el versĆculo 4:
«He aquà el orgulloso: en él, su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirÔ.»
Ahora bien, solo quiero decir que este es uno de los versĆculos mĆ”s importantes en toda la Palabra de Dios. Ā«El justo por su fe vivirÔ». Este versĆculo es como un diamante que contrasta con el sucio telón de fondo de la corrupción del hombre y el juicio de Dios.
Hemos estado escuchando sobre el pecado del pueblo de Dios, los pecados de los caldeos y el juicio venidero. Veremos mĆ”s sobre eso en este capĆtulo, pero en medio de todo eso, hay una joya preciosa: Ā«El justo por su fe vivirÔ».
Ahora bien, dije que hay dos tipos de personas en este versĆculo, asĆ que tenemos que verlos a ambos. La primera frase dice: Ā«He aquĆ el orgulloso: en Ć©l, su alma no es rectaĀ». Ese es el primer tipo de persona, el orgulloso, el que no es recto.
En el contexto inmediato Dios estĆ” hablando sobre los caldeos, sobre los babilonios. Es de quienes Ćl y Habacuc estĆ”n dialogando. En un contexto mĆ”s amplio, estĆ” hablando de cualquiera que sea orgulloso y autosuficiente, personas que confĆan en sĆ mismas como su propio Dios.
Personas confiadas en que pueden salvarse a sĆ mismas. Personas que confĆan en sĆ mismas para el destino eterno de sus almas y personas que confĆan en sĆ mismas en momentos de tribulación , de desesperación o de necesidad. Son orgullosas. No necesitan a Dios. No necesitan de ti. No necesitan a nadie. Pueden lograrlo. Son autosuficientes.
Estas personas no siempre levantan su puño hacia Dios. A veces son mÔs sutiles. Estas personas hasta pueden ser religiosas. Puede que vayan a la iglesia. Hasta pueden ser obreros cristianos de tiempo completo, pero estÔn confiando en sà mismas antes que en Dios. «He aquà el orgulloso: su alma no es recta». Ese es el primer tipo de persona.
El segundo tipo de persona es el justo. Ā«El justo por su fe vivirÔ». Los que son justos, segĆŗn Dios ve la justicia, son aquellos que no confĆan en sĆ mismos o en su bondad o en sus esfuerzos o en sus capacidades.
Saben que no tienen nada de valor que ofrecerle a Dios, excepto sus propios «yos» pecaminosos, asà que son humildes. Dependen totalmente de Dios. Saben que solo Dios puede salvarlos y libertarlos. Aceptan humildemente la provisión de Dios para su propia salvación. Son salvos por fe, y viven y perseveran por fe.
ĀæPuedes ver el contraste aquĆ? Los que son orgullosos y corruptos, son autosuficientes, dependen de sĆ mismos, y por otro lado los que confĆan en Dios, que dependen humildemente de Dios y descansan en Dios. No creen que su propia bondad los puede salvar. Esos son los justos. Ellos viven por su fe.
Ahora, la palabra fe en el hebreo aquà es una palabra que pudiera en realidad traducirse como fidelidad. Los justos vivirÔn por su fidelidad.
DirƔs que eso suena como algo que ellos estƔn haciendo. Pero verƔs, la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo cual realmente estƔs descansando, una fe que se vive en obediencia y fidelidad.
Ese es el tipo de fe que te lleva a obedecer a Dios de corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios y se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.
El Nuevo Testamento cita la segunda parte de este versĆculo tres veces: Ā«El justo por su fe vivirÔ» en el libro de Romanos, en el libro de GĆ”latas y en el libro de Hebreos. Pero en el Nuevo Testamento tenemos una luz adicional que Habacuc no tenĆa cuando Dios le dijo -600 aƱos antes de Cristo- que el justo vivirĆa por su fe.
ĀæQuiĆ©n vino entre el 600 A.C. y los escritos a los Romanos, a los GĆ”latas y a los Hebreos para arrojar nueva luz sobre este versĆculo? ””Cristo vino!! El Nuevo Testamento ve este versĆculo a la luz de Cristo, que el justo vive por fe en Cristo y solo Cristo.
Hay dos sentidos en que el justo vive por fe. Y hoy quiero hablar sobre el primero y en nuestra próxima sesión hablaremos sobre el segundo sentido. El primero es tan importante. Al principio, pensé en hablar de ambos en la misma sesión. Pero después pensé que no, que queremos hacerle justicia a ambos sentidos en que el justo vive por fe.
El primer sentido es que somos justificadas por fe. Venimos a una relación correcta con Dios por la fe y únicamente por la fe. Somos liberadas del juicio y de la ira de Dios. Somos hecho justas a través de la fe solo en Cristo.
Y es en ese sentido que Pablo usa en Romanos capĆtulo 1, versĆculo 17 cuando dice:
«Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como estÔ escrito: mas el justo por la fe vivirÔ».
¿Qué estÔ diciendo cuando cita el libro de Habacuc? De principio a fin, la justicia de Dios estÔ completamente, 100%, total y absolutamente basada en la fe. No es nuestra justicia. Es nuestra fe en Cristo y en Su justicia.
Somos pecadoras. No somos justas. Nunca podrĆamos ser justas por nosotras mismas. AsĆ que de principio a fin, dice Pablo, somos justificadas. Somos hechas rectas ante Dios. Somos puestas en la posición correcta con Dios. Nos es otorgado acceso a la presencia de Dios. Somos traĆdas a la familia de Dios por la fe en Cristo solamente.
GĆ”latas capĆtulo 3, versĆculo 11 dice: Ā«Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidenteĀ». Nadie. No importa cuĆ”n buena puedas ser, no importa cuĆ”ntas leyes de Dios puedas guardar, no puedes estar bien con Dios por la ley. ĀæPor quĆ©? Porque nadie guarda la ley a la perfección. Pudieras pensar que eres menos pecadora que alguien que sea un sĆŗper mega criminal, pero aĆŗn eres pecadora. AsĆ que nadie es justificado ante Dios por la ley.
Ā«Porque [y aquĆ Pablo cita nuevamente el libro de Habacuc] ‘El justo por la fe vivirĆ”'Ā». Este es la clave de nuestra fe cristiana, todo este asunto de que el justo vivirĆ” por la fe. Es tan crucial que de hecho dividió toda una generación de creyentes y se convirtió en el fundamento de nuestra Reforma Protestante en los aƱos 1500. Ā«El justo vivirĆ” por su feĀ».
ĀæCómo sucedió esto? A principios de los aƱos 1500 habĆa un joven teólogo alemĆ”n llamado MartĆn Lutero. Lutero tenĆa un doctorado en teologĆa. SabĆa mucho sobre la Biblia. Lutero sabĆa mucho sobre teologĆa. Era un joven con una mente Ć”gil y brillante, pero no tenĆa paz en su corazón. SabĆa que no estaba bien con Dios, y no sabĆa cómo lograrlo. De hecho, una y otra vez escribĆa en su diario: «¿Cómo podrĆ” un hombre encontrar el favor de Dios?Ā» ĀæCómo puedo estar bien con Dios?
Lutero hizo tanto como pudo para ser santo. Trató de guardar la ley de Dios. Trató de probar su devoción a Dios. Ayunaba hasta dos semanas a la vez. Era profundamente introspectivo. Siempre indagando y buscando un nuevo pecado que confesar.
Se sentĆa abrumado por un sentido de pecaminosidad, asĆ que constantemente escudriƱaba su propio corazón para encontrar cualquier pecado que pudiera haber cometido de pensamiento, de palabra o de hecho. Se confesaba muchas veces al dĆa, hasta que, segĆŗn dice la historia, uno de sus confesores le dijo un dia: Ā«Dejar de venir hasta que realmente tengas un pecado serio que confesarĀ».
Ćl desarrolló una conciencia sĆŗper sensible. (Ā”Tal vez algunas de nosotras necesitamos una conciencia un poco mĆ”s sensible!). AsĆ que Ć©l volvĆa una y otra vez a confesar sus pecados. Castigaba su cuerpo a fin de tratar de deshacerse de pensamientos y de motivaciones impuras. DormĆa al aire libre sin frazada en temperaturas bajo cero. Golpeaba su cuerpo hasta quedar amoratado y sangriento, tratando de limpiarse de esos pecados, tratando de ganar el favor de Dios.
Y Lutero habĆa estudiado la Biblia. SabĆa que Dios era santo, y sabĆa que Ć©l habĆa pecado y que no daba la talla ante la ley de Dios. De modo que hacĆa todo lo que se le ocurrĆa para ganar el favor de Dios, para ser hecho justo. Esa palabra, justicia, lo atormentaba y lo obsesionaba porque Ć©l sabĆa que no era justo, y que no podĆa vivir una vida justa, no importa cuĆ”nto lo intentara.
Llegó un punto en el que Lutero hizo una peregrinación a Roma. Dentro de la iglesia de San Juan habĆa una escalera que se creĆa que eran las mismas que JesĆŗs habĆa subido para estar frente a Poncio Pilato despuĆ©s de haber sido golpeado. Bueno, asĆ es como la iglesia contó la historia. Eso no era cierto. Dijeron que estas escaleras fueron transportadas milagrosamente desde JerusalĆ©n hasta Roma y que ahora los peregrinos podĆan subir por esas escaleras.
Estas escaleras tenĆan trocitos de vidrio incrustados supuestamente en los lugares donde habĆan caĆdo gotas de la sangre de JesĆŗs. AsĆ que los peregrinos subĆan por las escaleras de rodillas, golpeĆ”ndose con lĆ”tigos y besando cada trocito de vidrio para tratar de ganar el favor de Dios.
Me imagino que algunas de ustedes estƔn moviendo la cabeza como si no pudieran creer que la gente hiciera esto. Yo he estado en MƩxico, en el santuario de la Virgen de Guadalupe. He visto a personas subir esas escaleras de rodillas tratando de hacer algo para ganar el favor de Dios.
DĆ©jenme decirles, si alguna vez un hombre hubiese sido digno de ganar la aprobación de Dios, uno hubiera pensado que serĆa un hombre como MartĆn Lutero. Con todo ese interminable fervor y actividad espiritual. Es decir, ciertamente nadie hubiera podido tratar mĆ”s. ĀæNo pudiera al menos ganarse un 100 por su esfuerzo?
Lutero se dio cuenta de lo que nosotras tambiƩn tenemos que darnos cuenta, y eso es que nunca podrƔs ser lo suficientemente buena. No tenemos justicia por nosotras mismas. Hasta nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia delante de Dios.
Bueno, y mientras Lutero subĆa por esas escaleras en Roma, el EspĆritu le recordó un versĆculo que ya habĆa leĆdo muchas veces Ā«El justo por la fe vivirÔ». Y en ese punto, la luz empezó a entrar al corazón de Lutero. Fue un momento decisivo en su vida.
Ese todavĆa no fue el momento de su conversión. Eso no sucedió hasta unos aƱos despuĆ©s. Pero en el tiempo, empezó a comprender el hecho de que nunca podrĆa agradar a un Dios santo por sus propios hechos de justicia ni tampoco por su contrición o sus penitencias, sin importar cuĆ”ntas o cuĆ”n intensas pudieran ser.
Empezó a entender. Ā«El justo por la fe vivirÔ». Empezó a entender que solo podrĆa estar bien con Dios a travĆ©s de las obras justas de Cristo y que sus pecados fueron perdonados por fe, no por intentar, sino por fe en la persona y en la obra de Cristo en la cruz independientemente de cualquier buena obra que Ć©l hubiera realizado.
«El justo por la fe vivirÔ». Eso se convirtió en el fundamento de la doctrina de Lutero. Estuvo en el centro de la Reforma Protestante mientras Lutero y la gente de su tiempo, muchos de ellos, empezaron a darse cuenta de que la justicia no es algo que nosotros logramos. No es algo que sea posible lograr. En lugar de ello, es algo que Cristo logró por nosotros, algo que se hace nuestro no por nuestro propio mérito, sino solamente a través de la fe en el mérito de Cristo.
Lutero mismo dijo de este texto:
Ā«El justo por la fe vivirÔ»- Antes de que estas palabras irrumpieran en mi mente, detestaba a Dios y estaba enojado con Ćl porque, no satisfecho con amedrentarnos a nosotros los pecadores por la ley y por las miserias de la vida, aumentó aĆŗn mĆ”s nuestra tortura a travĆ©s del Evangelio. [Es como si Ćl nos hubiera tendido la mano ofreciĆ©ndonos algo pero no podĆamos tenerlo.]
Pero cuando por el EspĆritu de Dios entendĆ esas palabras-Ā«El justo por la fe vivirĆ”, el justo por la fe vivirÔ»-entonces sentĆ que nacĆ otra vez como un nombre nuevo; entrĆ© por las puertas abiertas al mismo ParaĆso de Dios.1
¿Cómo llega un hombre al cielo? ¿Cómo puede un hombre estar bien con Dios? ¿Cómo nace de nuevo un hombre? ¿Cómo se hace justo un hombre? «El justo por la fe vivirÔ». SerÔ declarado justo por su fe, y continuarÔ viviendo esa vida justa por fe en Cristo y únicamente en Cristo.
Dos tipos de personas. Primero, «He aquà el orgulloso: en él, su alma no es recta». Trata de salvarse a sà mismo. Piensa que puede hacerlo. Piensa que puede ganar el favor de Dios, y nunca logra la justicia de Dios. Pero, «el justo por su fe vivirÔ».
¿Es posible que de alguna forma hayas estado subiendo las escaleras con trocitos de vidrio, golpeÔndote a ti misma, tratando de hacer lo mejor que puedes para ser justa, para ganar el favor de Dios para ser perdonada, tratando de agradar a Dios, tratando de estar bien con Dios? Tal vez no subiste literalmente las escaleras de rodillas, pero:
Tal vez por eso guardas las apariencias yendo a la iglesia domingo tras domingo.
Tal vez por eso es que haces tantos rituales religiosos.
Tal vez por eso es que lees la Biblia.
Tal vez por eso oras.
Tal vez por eso es que cantas en el grupo de alabanza.
Tal vez por eso das dinero a los pobres.
Tal vez por eso es que tratas de vivir una vida buena porque estƔs tratando de ganarte la justicia por ti misma.
La Biblia dice: «he aquà el orgulloso; en él, su alma no es recta».
DirĆ”s: Ā«Pero estoy tratando tanto. Eso no es orgulloĀ». Es orgullo. Es orgullo que digas que puedes hacerlo. Puedo hacer cualquier cosa para ganar la salvación, para ganar el favor de Dios, para estar bien con Dios. DĆ©jame decirte que JesĆŗs ya subió esas escaleras. Las subió por ti. Ćl fue golpeado. Ćl fue crucificado. Ćl vertió su sangre por tu pecado. El precio ha sido pagado. A travĆ©s de la fe en Ćl, su justicia puede ser tuya.
Me encanta el himno «Roca de la eternidad» y en particular la estrofa que dice:
Aunque fuese siempre fiel;
aunque llore sin cesar.
Del pecado no podré, justificación lograr.
Solo en ti teniendo fe, deuda tal podrƩ pagar.
«El justo por la fe vivirÔ.»
No sĆ© cómo decirlo mĆ”s claramente de lo que ya lo he hecho, pero confĆo que mientras he estado hablando, Dios haya estado hablando a sus corazones y tal vez ayudando a algunas a ver que no son justas. Has estado haciendo un esfuerzo tan grande para ganar Mi favor, te dice Dios pero tu alma es orgullosa, no es recta en ti. Has estado tratando de salvarte a ti misma, pensando que de alguna forma podĆas merecer Mi favor.
Tal vez hoy el EspĆritu Santo haya hecho por ti lo que hizo por MartĆn Lutero hace siglos cuando subió esas escaleras. Encendió la luz. Te ha ayudado a ver que el justo por la fe vivirĆ”. Fe solo en Cristo. Cristo, que cargó nuestros pecados sobre sĆ. Que fue hecho pecado por nosotros para que pudiĆ©ramos ser justicia de Dios en Ćl.
Tal vez Dios estĆ” poniendo esa fe hoy en tu corazón. Y te preguntas: ĀæQuĆ© hago? Cree. Si Dios te estĆ” dando arrepentimiento de tu orgullo y de tu corrupción, no sigas por ese camino. Renuncia a tu orgullo, a tu corrupción. ArrepiĆ©ntete de tu pecado, y date cuenta de que no tienes nada que ofrecerle a Dios. ArrepiĆ©ntete de tu propia justicia, de tratar de agradar a Dios independiente de la fe en Cristo. Luego simplemente vuĆ©lvete de ti misma hacia Cristo, y pon tu fe en Ćl.
Escucha, al final de cuentas cada persona en esta tierra estĆ” dependiendo de una de dos cosas para su salvación eterna, para su relación con Dios. O estĆ” dependiendo de sĆ misma, o estĆ” dependiendo de Cristo. ĀæDónde estĆ” tu confianza? ĀæDe quiĆ©n estĆ”s dependiendo? ĀæDónde estĆ” tu fe? ConfĆa en Cristo hoy para tu salvación.
Mi esperanza estƔ en el SeƱor,
quien su vida dio por mĆ.
Y el precio pagó de mi pecado en el Calvario.
Sin merecerlo yo, su ira suprimió.
Mi Ćŗnica esperanza es la justicia de JesĆŗs y por mĆ Ćl estĆ”,
ante el trono del Padre.
Sus manos heridas muestra y me llama como suyo.
Su gracia todo lo planificó,
Y a mĆ me toca creer.
Y reconocer su obra de amor
Y a Cristo recibir.2
Carmen: ĀæEstĆ”s viviendo por fe en este dĆa? Nancy Leigh DeMoss le ha dado a cada radioescucha la oportunidad de reducir la velocidad y hacerse esa pregunta tan importante. El programa de hoy describe el momento decisivo en la historia de Habacuc. Si eres nueva con nosotras, acabas de escuchar una muestra de lo emocionante y prĆ”ctico que es el libro de Habacuc.
Una mujer nos escribió durante esta serie y nos dijo que su pastor le pidió a la congregación que abriera sus Biblias en uno de los profetas menores. Ella se entristeció al darse cuenta de lo nuevas que estaban las pÔginas de su Biblia en esa sección. Luego Nancy comenzó esta serie de Habacuc y le ayudó a darle uso. Ella escribió lo siguiente:
Amo este ministerio. Ā”Si no fuera por su enseƱanza tan sólida, no estarĆa donde estoy en Dios y en mi matrimonio hoy!
Annamarie Sauter: «¿No eres TĆŗ desde la eternidad oh SeƱor mio, Santo mĆo? No moriremos. Oh SeƱor para juicio lo has puesto, TĆŗ oh Roca, lo has establecido para corrección, muy limpio son tus ojos para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión Āæpor quĆ© miras con agrado a los que proceden perfidamente y callas cuando el impio traga al que es mas justo que Ć©l? ĀæPor quĆ© has hecho a los hombres como peces del mar , como reptiles que no tienen jefe?
A todos los saca con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla . Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ella su pesca es abundante y suculenta su comida. ĀæVaciarĆ” pues su red y seguirĆ” matando sin piedad a las naciones?Ā»
Libro de Habacuc capĆtulo 2,
Ā«EstarĆ© en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondrĆ©, velarĆ© para ver lo que Ćl me dice, y quĆ© he de responder cuando sea reprendido. Entonces El SEĆOR me respondió y dijo : ‘Escribe la visión y grĆ”bala claramente en tablas para que corra el que la lea, porque es aun visión para tiempos seƱalados, se apresura hacia el fin y no defraudarĆ”, aunque sea tarde espĆ©rala, porque ciertamente vendrĆ”, no tardarĆ”’. He aquĆ el orgulloso en Ć©l su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirÔ».
Carmen: Vienes a Dios para recibir Su perdón por fe, pero la fe no se detiene ahĆ. Necesitamos fe cada dĆa y Nancy nos explicarĆ” por quĆ© en nuestro siguiente programa. Por favor regresa con nosotras a Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las AmƩricas a menos que se cite otra fuente.
1Citado del mensaje de Deffinbaugh sobre Habacuc- de James Montgomery Boice, The Minor Prophets: An Expositional Commentary, vol. 2, Micah-Malachi (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1986), pp. 91-92, citando a F.W. Boreham en A Bunch of Everlastings or Texts that Made History (Philadelphia: Judson Press, 1920), pp. 20, 27.
2″My Hope is in the Lord.Ā» Norman J. Clayton.
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