El sacerdote que necesitas

Grace en EspaƱol

El sacerdote que necesitas

JosĆ­as Grauman

JosĆ­as Grauman

JosĆ­as es licenciado en idiomas bĆ­blicos por The Master’s University y con MaestrĆ­a en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco aƱos como capellĆ”n del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos aƱos en la Ciudad de MĆ©xico. En la actualidad , estĆ” encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. JosĆ­as y su esposa Cristal tienen tres hijos.

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El misterio del matrimonio

Soldados de Jesucristo

Octubre 21

Solid Joys en EspaƱol

El misterio del matrimonio

John Piper

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ĀæHay hoy APƓSTOLES?

TeologĆ­a Express

ĀæHay hoy APƓSTOLES?

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz es pastor en la Iglesia Caminando Por Fe, en Hospitalet de Llobregat, Barcelona (España). Para mÔs información pueden consultar nuestra web:
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¿Hay hoy apóstoles?
Apóstoles

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MĆŗsica: Samuel Barceló – Vida Eterna (CD Vida Eterna)

Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

Mentalidad celestial

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Mentalidad celestial

Randy Alcorn

Jonathan Edwards dijo: ā€œSerĆ­a bueno que pasĆ”ramos esta vida solo como un viaje hacia el cielo… al cual deberĆ­amos subordinar todas las otras preocupaciones de la vida. ĀæPor quĆ© deberĆ­amos trabajar o poner nuestro corazón en ninguna otra cosa, sino en aquello que es nuestro fin principal y nuestra verdadera felicidad?ā€

Con poco mÔs de veinte años, Edwards escribió un conjunto de resoluciones de vida. Una de ellas decía: «He resuelto procurar alcanzar para mí mismo tanta felicidad en el otro mundo como me sea posible». Desafortunadamente, muchos creyentes no sienten gozo cuando piensan en el cielo.

Un pastor me confesó una vez: ā€œCada vez que pienso en el cielo, me deprimo. PreferirĆ­a simplemente dejar de existir cuando mueraĀ». «¿Por quĆ©?Ā», le preguntĆ©. Ā«No puedo soportar la idea de ese interminable tedio. Flotar en las nubes sin nada que hacer mĆ”s que tocar un arpa… Todo es tan terriblemente aburrido. El cielo no parecer ser mejor que el infiernoĀ».

¿De dónde este pastor, educado en un seminario y creyente de la Biblia, obtuvo semejante perspectiva del cielo? Ciertamente no de las Escrituras, donde Pablo dijo que partir y estar con Cristo era mucho mejor que quedarse en una tierra maldita por el pecado (Flp 1:23). Mi amigo fue mÔs honesto al respecto que la mayoría, pero he descubierto que muchos cristianos comparten esas mismas ideas erróneas sobre el cielo.

La Escritura nos manda a poner nuestros corazones en el cielo: ā€œBuscad las cosas de arriba, donde estĆ” Cristo sentado a la diestra de Diosā€ (Col 3:1). Y para asegurarse de que no obviemos la importancia de una vida centrada en el cielo, el siguiente versĆ­culo dice: Ā«Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra [solamente]Ā».

Mientras el cielo actual se encuentra en un estado de pre resurrección, el cielo postrero, donde Dios morarĆ” por siempre con Su pueblo, serĆ” en un universo resucitado (Ap 21:1–4). Debido al Ć©nfasis bĆ­blico en la resurrección (1 Co 15), creo que Dios quiere que reflexionemos no solo a dónde vamos cuando morimos, sino a dónde viviremos con Cristo para siempre.

El cielo que Jesús describió no es un reino etéreo de espíritus incorpóreos.

JesĆŗs dijo: Ā«En la casa de mi Padre hay muchas moradas… voy a preparar un lugar para vosotrosĀ» (Jn 14:2). Ɖl eligió tĆ©rminos fĆ­sicos conocidos (casa, habitaciones, lugar) para describir ese lugar. Nos dio algo tangible que esperar: un hogar, donde viviremos con Ɖl.

El cielo que JesĆŗs describió no es un reino etĆ©reo de espĆ­ritus incorpóreos. Un lugar es fĆ­sico por naturaleza, al igual que los seres humanos son tanto fĆ­sicos como espirituales. Aquello para lo que estamos hechos — para lo que hemos sido especĆ­ficamente diseƱados—, es el lugar que Dios originalmente hizo para nosotros: la tierra.

La Escritura nos dice que debemos estar esperando ā€œnuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justiciaā€ (2 Pe 3:13). Dios no ha abandonado Su diseƱo y plan original de que la humanidad gobierne la tierra para Su gloria. Un dĆ­a, Ɖl revertirĆ” la maldición y restaurarĆ” lo que fue corrompido por el pecado. Ɖl descenderĆ” para habitar con Su pueblo en la nueva tierra, trayendo Su trono y el cielo mismo con Ɖl (Ap 21:1–4; 22:3).

¿CuÔl es tu actitud con respecto al cielo? ¿Te llena de emoción? ¿Con qué frecuencia tú, tu iglesia y tu familia hablan de esto?

Si te falta pasión por el cielo, casi puedo asegurar que es porque tienes una teología del cielo deficiente y distorsionada (o estÔs tomando decisiones que entran en conflicto con la agenda celestial). Una visión del cielo precisa y bíblicamente energizada traerÔ una nueva pasión espiritual a tu vida.

Cuando pones tu mente en el cielo y ves el presente a la luz de la eternidad, incluso las decisiones pequeƱas se vuelven tremendamente importantes. DespuƩs de la muerte, jamƔs tendremos otra oportunidad de compartir a Cristo con alguien que pueda ser salvado del infierno, de dar un vaso de agua al sediento, de invertir dinero para ayudar a los desamparados y alcanzar a los perdidos, o de compartir nuestras casas, nuestra ropa y el amor con los pobres y necesitados.

No es de extrañar que las Escrituras dejan claro que lo mÔs importante en esta vida es prepararse para la próxima. Lo que necesitamos es una generación de personas con mentalidad celestial que vean a los seres humanos y la tierra no simplemente como son, sino como Dios quiere que sean.

Los teólogos una vez hablaron de la Ā«visión beatĆ­ficaĀ», el latĆ­n de Ā«una visión que hace felizĀ». Esa visión fue Dios mismo. Apocalipsis 22:4 dice del pueblo de Dios en la nueva tierra: Ā«Ellos verĆ”n Su rostroĀ». Dios es primario, todo lo demĆ”s es secundario. Los afluentes de gozo son el desbordamiento del creciente rĆ­o de la propia bondad de Dios. Ɖl le dice al que recibe en Su presencia: ā€œEntra en el gozo de tu SeƱorā€. Anticipar el gozo eterno de Su presencia nos permite tener un adelanto del cielo al regocijarnos en Ɖl aquĆ­ y ahora.

Anhelando esa nueva tierra, Ā«el hogar de justiciaĀ», Pedro dice: Ā«Por tanto, amados, puesto que aguardĆ”is estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por Ɖl en paz, sin mancha e irreprensiblesĀ» (2 Pe 3:14).

Saber que nuestro destino es vivir como personas redimidas y justas en una tierra redimida y justa, con nuestro Redentor justo, debe ser un poderoso incentivo para apelar a Su fuerza y vivir justamente hoy.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Randy Alcorn
Randy Alcorn

Randy Alcorn es fundador y director de Eternal Perspective Ministries. Es un autor muy reconocido y sus libros de los mĆ”s vendidos de New York Times. Ɖl ha escrito mĆ”s de cincuenta libros, incluidos ā€œHeavenā€ y ā€œThe Treasure Principle.ā€

Jul 14 – Por fe

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 14 – Por fe

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/por-fe/

Carmen Espaillat : Con nosotros Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆ­n.

Nancy Leigh DeMoss: Los justos vivirĆ”n por su fe. DirĆ”s que eso suena como algo que estarĆ”n haciendo. No, porque la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo que realmente estĆ”s dependiendo – una fe que se vive en obediencia y fidelidad.

Ese es el tipo de fe te lleva a obedecer a Dios con todo tu corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios. De manera que se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.

Carmen: EstÔs escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. ¿Qué es la fe? A veces se usa para describir una denominación, una relación con Dios, y algunos padres hasta usan la palabra para el nombre de sus hijos. ¿Pero realmente entiendes lo que significa la fe? Nancy nos ayuda a entender este tema tan importante mientras continúa con una serie titulada, Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Bueno, estoy muy emocionada porque hoy llegamos al punto culmine del mensaje de Habacuc, el punto clave, el tema de este libro. Es ese momento transformador en la vida de Habacuc. Ɖl habĆ­a ido a su atalaya a escuchar lo que Dios tenĆ­a que decirle. Dios le dijo: voy a darte una visión. Voy a darte un mensaje de lo que va a suceder.

Esto nos lleva al versículo que vamos a ver, Habacuc capítulo 2, versículo 4. Es esta verdad la que llevó a Habacuc de batallar a adorar, de suspirar a cantar, del temor a la fe.

Antes de yo decirles lo que es, permĆ­tanme solo recapitular aquĆ­ en caso de que no hayan estado con nosotras en las Ćŗltimas sesiones. Habacuc le clamó a Dios que hiciera algo respecto a la corrupción que habĆ­a entre los judĆ­os. Ɖl estaba frustrado porque parecerĆ­a que Dios permanecĆ­a pasivo y era indiferente a sus oraciones.

Luego Dios le responde: y le dice «estoy haciendo algo, pero no es lo que esperabas» porque lo que Dios estaba haciendo era levantar a los despiadados caldeos para castigar a Su pueblo. Habacuc no podía creer que Dios haría tal cosa, así que va a su puesto de guardia a indagar sobre la perspectiva de Dios en todo esto. Ahí es que Dios le da una visión de su propósito y su plan. Lo veremos en la siguiente parte del capítulo 2.

Los caldeos también serÔn castigados. Dios introduce esa visión con estas palabras de (Habacuc capítulo 2, versículo 4) que hacen un contraste entre dos tipos de personas. Mientras leemos y hablamos sobre este versículo y estos dos tipos de personas, quiero que se hagan la pregunta «qué tipo de persona soy yo?, en qué categoría e encuentro? Leamos el versículo 4:

«He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirÔ.»

Ahora bien, solo quiero decir que este es uno de los versículos mÔs importantes en toda la Palabra de Dios. «El justo por su fe vivirÔ». Este versículo es como un diamante que contrasta con el sucio telón de fondo de la corrupción del hombre y el juicio de Dios.

Hemos estado escuchando sobre el pecado del pueblo de Dios, los pecados de los caldeos y el juicio venidero. Veremos mÔs sobre eso en este capítulo, pero en medio de todo eso, hay una joya preciosa: «El justo por su fe vivirÔ».

Ahora bien, dije que hay dos tipos de personas en este versículo, así que tenemos que verlos a ambos. La primera frase dice: «He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta». Ese es el primer tipo de persona, el orgulloso, el que no es recto.

En el contexto inmediato Dios estĆ” hablando sobre los caldeos, sobre los babilonios. Es de quienes Ɖl y Habacuc estĆ”n dialogando. En un contexto mĆ”s amplio, estĆ” hablando de cualquiera que sea orgulloso y autosuficiente, personas que confĆ­an en sĆ­ mismas como su propio Dios.

Personas confiadas en que pueden salvarse a sí mismas. Personas que confían en sí mismas para el destino eterno de sus almas y personas que confían en sí mismas en momentos de tribulación , de desesperación o de necesidad. Son orgullosas. No necesitan a Dios. No necesitan de ti. No necesitan a nadie. Pueden lograrlo. Son autosuficientes.

Estas personas no siempre levantan su puño hacia Dios. A veces son mÔs sutiles. Estas personas hasta pueden ser religiosas. Puede que vayan a la iglesia. Hasta pueden ser obreros cristianos de tiempo completo, pero estÔn confiando en sí mismas antes que en Dios. «He aquí el orgulloso: su alma no es recta». Ese es el primer tipo de persona.

El segundo tipo de persona es el justo. «El justo por su fe vivirÔ». Los que son justos, según Dios ve la justicia, son aquellos que no confían en sí mismos o en su bondad o en sus esfuerzos o en sus capacidades.

Saben que no tienen nada de valor que ofrecerle a Dios, excepto sus propios «yos» pecaminosos, así que son humildes. Dependen totalmente de Dios. Saben que solo Dios puede salvarlos y libertarlos. Aceptan humildemente la provisión de Dios para su propia salvación. Son salvos por fe, y viven y perseveran por fe.

ĀæPuedes ver el contraste aquĆ­? Los que son orgullosos y corruptos, son autosuficientes, dependen de sĆ­ mismos, y por otro lado los que confĆ­an en Dios, que dependen humildemente de Dios y descansan en Dios. No creen que su propia bondad los puede salvar. Esos son los justos. Ellos viven por su fe.

Ahora, la palabra fe en el hebreo aquƭ es una palabra que pudiera en realidad traducirse como fidelidad. Los justos vivirƔn por su fidelidad.

DirƔs que eso suena como algo que ellos estƔn haciendo. Pero verƔs, la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo cual realmente estƔs descansando, una fe que se vive en obediencia y fidelidad.

Ese es el tipo de fe que te lleva a obedecer a Dios de corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios y se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.

El Nuevo Testamento cita la segunda parte de este versículo tres veces: «El justo por su fe vivirÔ» en el libro de Romanos, en el libro de GÔlatas y en el libro de Hebreos. Pero en el Nuevo Testamento tenemos una luz adicional que Habacuc no tenía cuando Dios le dijo -600 años antes de Cristo- que el justo viviría por su fe.

¿Quién vino entre el 600 A.C. y los escritos a los Romanos, a los GÔlatas y a los Hebreos para arrojar nueva luz sobre este versículo? ””Cristo vino!! El Nuevo Testamento ve este versículo a la luz de Cristo, que el justo vive por fe en Cristo y solo Cristo.

Hay dos sentidos en que el justo vive por fe. Y hoy quiero hablar sobre el primero y en nuestra próxima sesión hablaremos sobre el segundo sentido. El primero es tan importante. Al principio, pensé en hablar de ambos en la misma sesión. Pero después pensé que no, que queremos hacerle justicia a ambos sentidos en que el justo vive por fe.

El primer sentido es que somos justificadas por fe. Venimos a una relación correcta con Dios por la fe y únicamente por la fe. Somos liberadas del juicio y de la ira de Dios. Somos hecho justas a través de la fe solo en Cristo.

Y es en ese sentido que Pablo usa en Romanos capĆ­tulo 1, versĆ­culo 17 cuando dice:

«Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como estÔ escrito: mas el justo por la fe vivirÔ».

¿Qué estÔ diciendo cuando cita el libro de Habacuc? De principio a fin, la justicia de Dios estÔ completamente, 100%, total y absolutamente basada en la fe. No es nuestra justicia. Es nuestra fe en Cristo y en Su justicia.

Somos pecadoras. No somos justas. Nunca podríamos ser justas por nosotras mismas. Así que de principio a fin, dice Pablo, somos justificadas. Somos hechas rectas ante Dios. Somos puestas en la posición correcta con Dios. Nos es otorgado acceso a la presencia de Dios. Somos traídas a la familia de Dios por la fe en Cristo solamente.

GÔlatas capítulo 3, versículo 11 dice: «Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente». Nadie. No importa cuÔn buena puedas ser, no importa cuÔntas leyes de Dios puedas guardar, no puedes estar bien con Dios por la ley. ¿Por qué? Porque nadie guarda la ley a la perfección. Pudieras pensar que eres menos pecadora que alguien que sea un súper mega criminal, pero aún eres pecadora. Así que nadie es justificado ante Dios por la ley.

Ā«Porque [y aquĆ­ Pablo cita nuevamente el libro de Habacuc] ‘El justo por la fe vivirĆ”'Ā». Este es la clave de nuestra fe cristiana, todo este asunto de que el justo vivirĆ” por la fe. Es tan crucial que de hecho dividió toda una generación de creyentes y se convirtió en el fundamento de nuestra Reforma Protestante en los aƱos 1500. Ā«El justo vivirĆ” por su feĀ».

¿Cómo sucedió esto? A principios de los años 1500 había un joven teólogo alemÔn llamado Martín Lutero. Lutero tenía un doctorado en teología. Sabía mucho sobre la Biblia. Lutero sabía mucho sobre teología. Era un joven con una mente Ôgil y brillante, pero no tenía paz en su corazón. Sabía que no estaba bien con Dios, y no sabía cómo lograrlo. De hecho, una y otra vez escribía en su diario: «¿Cómo podrÔ un hombre encontrar el favor de Dios?» ¿Cómo puedo estar bien con Dios?

Lutero hizo tanto como pudo para ser santo. Trató de guardar la ley de Dios. Trató de probar su devoción a Dios. Ayunaba hasta dos semanas a la vez. Era profundamente introspectivo. Siempre indagando y buscando un nuevo pecado que confesar.

Se sentía abrumado por un sentido de pecaminosidad, así que constantemente escudriñaba su propio corazón para encontrar cualquier pecado que pudiera haber cometido de pensamiento, de palabra o de hecho. Se confesaba muchas veces al día, hasta que, según dice la historia, uno de sus confesores le dijo un dia: «Dejar de venir hasta que realmente tengas un pecado serio que confesar».

Ɖl desarrolló una conciencia sĆŗper sensible. (Ā”Tal vez algunas de nosotras necesitamos una conciencia un poco mĆ”s sensible!). AsĆ­ que Ć©l volvĆ­a una y otra vez a confesar sus pecados. Castigaba su cuerpo a fin de tratar de deshacerse de pensamientos y de motivaciones impuras. DormĆ­a al aire libre sin frazada en temperaturas bajo cero. Golpeaba su cuerpo hasta quedar amoratado y sangriento, tratando de limpiarse de esos pecados, tratando de ganar el favor de Dios.

Y Lutero habƭa estudiado la Biblia. Sabƭa que Dios era santo, y sabƭa que Ʃl habƭa pecado y que no daba la talla ante la ley de Dios. De modo que hacƭa todo lo que se le ocurrƭa para ganar el favor de Dios, para ser hecho justo. Esa palabra, justicia, lo atormentaba y lo obsesionaba porque Ʃl sabƭa que no era justo, y que no podƭa vivir una vida justa, no importa cuƔnto lo intentara.

Llegó un punto en el que Lutero hizo una peregrinación a Roma. Dentro de la iglesia de San Juan había una escalera que se creía que eran las mismas que Jesús había subido para estar frente a Poncio Pilato después de haber sido golpeado. Bueno, así es como la iglesia contó la historia. Eso no era cierto. Dijeron que estas escaleras fueron transportadas milagrosamente desde Jerusalén hasta Roma y que ahora los peregrinos podían subir por esas escaleras.

Estas escaleras tenían trocitos de vidrio incrustados supuestamente en los lugares donde habían caído gotas de la sangre de Jesús. Así que los peregrinos subían por las escaleras de rodillas, golpeÔndose con lÔtigos y besando cada trocito de vidrio para tratar de ganar el favor de Dios.

Me imagino que algunas de ustedes estƔn moviendo la cabeza como si no pudieran creer que la gente hiciera esto. Yo he estado en MƩxico, en el santuario de la Virgen de Guadalupe. He visto a personas subir esas escaleras de rodillas tratando de hacer algo para ganar el favor de Dios.

Déjenme decirles, si alguna vez un hombre hubiese sido digno de ganar la aprobación de Dios, uno hubiera pensado que sería un hombre como Martín Lutero. Con todo ese interminable fervor y actividad espiritual. Es decir, ciertamente nadie hubiera podido tratar mÔs. ¿No pudiera al menos ganarse un 100 por su esfuerzo?

Lutero se dio cuenta de lo que nosotras tambiƩn tenemos que darnos cuenta, y eso es que nunca podrƔs ser lo suficientemente buena. No tenemos justicia por nosotras mismas. Hasta nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia delante de Dios.

Bueno, y mientras Lutero subía por esas escaleras en Roma, el Espíritu le recordó un versículo que ya había leído muchas veces «El justo por la fe vivirÔ». Y en ese punto, la luz empezó a entrar al corazón de Lutero. Fue un momento decisivo en su vida.

Ese todavía no fue el momento de su conversión. Eso no sucedió hasta unos años después. Pero en el tiempo, empezó a comprender el hecho de que nunca podría agradar a un Dios santo por sus propios hechos de justicia ni tampoco por su contrición o sus penitencias, sin importar cuÔntas o cuÔn intensas pudieran ser.

Empezó a entender. «El justo por la fe vivirÔ». Empezó a entender que solo podría estar bien con Dios a través de las obras justas de Cristo y que sus pecados fueron perdonados por fe, no por intentar, sino por fe en la persona y en la obra de Cristo en la cruz independientemente de cualquier buena obra que él hubiera realizado.

«El justo por la fe vivirÔ». Eso se convirtió en el fundamento de la doctrina de Lutero. Estuvo en el centro de la Reforma Protestante mientras Lutero y la gente de su tiempo, muchos de ellos, empezaron a darse cuenta de que la justicia no es algo que nosotros logramos. No es algo que sea posible lograr. En lugar de ello, es algo que Cristo logró por nosotros, algo que se hace nuestro no por nuestro propio mérito, sino solamente a través de la fe en el mérito de Cristo.

Lutero mismo dijo de este texto:

Ā«El justo por la fe vivirÔ»- Antes de que estas palabras irrumpieran en mi mente, detestaba a Dios y estaba enojado con Ɖl porque, no satisfecho con amedrentarnos a nosotros los pecadores por la ley y por las miserias de la vida, aumentó aĆŗn mĆ”s nuestra tortura a travĆ©s del Evangelio. [Es como si Ɖl nos hubiera tendido la mano ofreciĆ©ndonos algo pero no podĆ­amos tenerlo.]

Pero cuando por el Espíritu de Dios entendí esas palabras-«El justo por la fe vivirÔ, el justo por la fe vivirÔ»-entonces sentí que nací otra vez como un nombre nuevo; entré por las puertas abiertas al mismo Paraíso de Dios.1

¿Cómo llega un hombre al cielo? ¿Cómo puede un hombre estar bien con Dios? ¿Cómo nace de nuevo un hombre? ¿Cómo se hace justo un hombre? «El justo por la fe vivirÔ». SerÔ declarado justo por su fe, y continuarÔ viviendo esa vida justa por fe en Cristo y únicamente en Cristo.

Dos tipos de personas. Primero, «He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta». Trata de salvarse a sí mismo. Piensa que puede hacerlo. Piensa que puede ganar el favor de Dios, y nunca logra la justicia de Dios. Pero, «el justo por su fe vivirÔ».

¿Es posible que de alguna forma hayas estado subiendo las escaleras con trocitos de vidrio, golpeÔndote a ti misma, tratando de hacer lo mejor que puedes para ser justa, para ganar el favor de Dios para ser perdonada, tratando de agradar a Dios, tratando de estar bien con Dios? Tal vez no subiste literalmente las escaleras de rodillas, pero:

Tal vez por eso guardas las apariencias yendo a la iglesia domingo tras domingo.

Tal vez por eso es que haces tantos rituales religiosos.

Tal vez por eso es que lees la Biblia.

Tal vez por eso oras.

Tal vez por eso es que cantas en el grupo de alabanza.

Tal vez por eso das dinero a los pobres.

Tal vez por eso es que tratas de vivir una vida buena porque estƔs tratando de ganarte la justicia por ti misma.

La Biblia dice: «he aquí el orgulloso; en él, su alma no es recta».

DirĆ”s: Ā«Pero estoy tratando tanto. Eso no es orgulloĀ». Es orgullo. Es orgullo que digas que puedes hacerlo. Puedo hacer cualquier cosa para ganar la salvación, para ganar el favor de Dios, para estar bien con Dios. DĆ©jame decirte que JesĆŗs ya subió esas escaleras. Las subió por ti. Ɖl fue golpeado. Ɖl fue crucificado. Ɖl vertió su sangre por tu pecado. El precio ha sido pagado. A travĆ©s de la fe en Ɖl, su justicia puede ser tuya.

Me encanta el himno «Roca de la eternidad» y en particular la estrofa que dice:

Aunque fuese siempre fiel;

aunque llore sin cesar.

Del pecado no podré, justificación lograr.

Solo en ti teniendo fe, deuda tal podrƩ pagar.

«El justo por la fe vivirÔ.»

No sé cómo decirlo mÔs claramente de lo que ya lo he hecho, pero confío que mientras he estado hablando, Dios haya estado hablando a sus corazones y tal vez ayudando a algunas a ver que no son justas. Has estado haciendo un esfuerzo tan grande para ganar Mi favor, te dice Dios pero tu alma es orgullosa, no es recta en ti. Has estado tratando de salvarte a ti misma, pensando que de alguna forma podías merecer Mi favor.

Tal vez hoy el EspĆ­ritu Santo haya hecho por ti lo que hizo por MartĆ­n Lutero hace siglos cuando subió esas escaleras. Encendió la luz. Te ha ayudado a ver que el justo por la fe vivirĆ”. Fe solo en Cristo. Cristo, que cargó nuestros pecados sobre sĆ­. Que fue hecho pecado por nosotros para que pudiĆ©ramos ser justicia de Dios en Ɖl.

Tal vez Dios estĆ” poniendo esa fe hoy en tu corazón. Y te preguntas: ĀæQuĆ© hago? Cree. Si Dios te estĆ” dando arrepentimiento de tu orgullo y de tu corrupción, no sigas por ese camino. Renuncia a tu orgullo, a tu corrupción. ArrepiĆ©ntete de tu pecado, y date cuenta de que no tienes nada que ofrecerle a Dios. ArrepiĆ©ntete de tu propia justicia, de tratar de agradar a Dios independiente de la fe en Cristo. Luego simplemente vuĆ©lvete de ti misma hacia Cristo, y pon tu fe en Ɖl.

Escucha, al final de cuentas cada persona en esta tierra estÔ dependiendo de una de dos cosas para su salvación eterna, para su relación con Dios. O estÔ dependiendo de sí misma, o estÔ dependiendo de Cristo. ¿Dónde estÔ tu confianza? ¿De quién estÔs dependiendo? ¿Dónde estÔ tu fe? Confía en Cristo hoy para tu salvación.

Mi esperanza estƔ en el SeƱor,

quien su vida dio por mĆ­.

Y el precio pagó de mi pecado en el Calvario.

Sin merecerlo yo, su ira suprimió.

Mi Ćŗnica esperanza es la justicia de JesĆŗs y por mĆ­ Ɖl estĆ”,

ante el trono del Padre.

Sus manos heridas muestra y me llama como suyo.

Su gracia todo lo planificó,

Y a mĆ­ me toca creer.

Y reconocer su obra de amor

Y a Cristo recibir.2

Carmen: ¿EstÔs viviendo por fe en este día? Nancy Leigh DeMoss le ha dado a cada radioescucha la oportunidad de reducir la velocidad y hacerse esa pregunta tan importante. El programa de hoy describe el momento decisivo en la historia de Habacuc. Si eres nueva con nosotras, acabas de escuchar una muestra de lo emocionante y prÔctico que es el libro de Habacuc.

Una mujer nos escribió durante esta serie y nos dijo que su pastor le pidió a la congregación que abriera sus Biblias en uno de los profetas menores. Ella se entristeció al darse cuenta de lo nuevas que estaban las pÔginas de su Biblia en esa sección. Luego Nancy comenzó esta serie de Habacuc y le ayudó a darle uso. Ella escribió lo siguiente:

Amo este ministerio. ”Si no fuera por su enseñanza tan sólida, no estaría donde estoy en Dios y en mi matrimonio hoy!

Annamarie Sauter: «¿No eres Tú desde la eternidad oh Señor mio, Santo mío? No moriremos. Oh Señor para juicio lo has puesto, Tú oh Roca, lo has establecido para corrección, muy limpio son tus ojos para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión ¿por qué miras con agrado a los que proceden perfidamente y callas cuando el impio traga al que es mas justo que él? ¿Por qué has hecho a los hombres como peces del mar , como reptiles que no tienen jefe?

A todos los saca con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla . Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ella su pesca es abundante y suculenta su comida. ĀæVaciarĆ” pues su red y seguirĆ” matando sin piedad a las naciones?Ā»

Libro de Habacuc capĆ­tulo 2,

Ā«EstarĆ© en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondrĆ©, velarĆ© para ver lo que Ɖl me dice, y quĆ© he de responder cuando sea reprendido. Entonces El SEƑOR me respondió y dijo : ‘Escribe la visión y grĆ”bala claramente en tablas para que corra el que la lea, porque es aun visión para tiempos seƱalados, se apresura hacia el fin y no defraudarĆ”, aunque sea tarde espĆ©rala, porque ciertamente vendrĆ”, no tardarĆ”’. He aquĆ­ el orgulloso en Ć©l su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirÔ».

Carmen: Vienes a Dios para recibir Su perdón por fe, pero la fe no se detiene ahí. Necesitamos fe cada día y Nancy nos explicarÔ por qué en nuestro siguiente programa. Por favor regresa con nosotras a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las AmƩricas a menos que se cite otra fuente.

1Citado del mensaje de Deffinbaugh sobre Habacuc- de James Montgomery Boice, The Minor Prophets: An Expositional Commentary, vol. 2, Micah-Malachi (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1986), pp. 91-92, citando a F.W. Boreham en A Bunch of Everlastings or Texts that Made History (Philadelphia: Judson Press, 1920), pp. 20, 27.

2″My Hope is in the Lord.Ā» Norman J. Clayton.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

DespuĆ©s de la muerte

MiƩrcoles 21 Octubre

Yo sƩ que mi Redentor vive, y al fin se levantarƔ sobre el polvo; y despuƩs de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios.
Job 19:25-26

(Jesucristo libra) a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
Hebreos 2:15

DespuƩs de la muerte

El acadĆ©mico francĆ©s Jean dĀ’Ormesson escribió: Ā«Espero que despuĆ©s de la muerte haya algo que no conozco. Espero que, fuera del tiempo, haya un poder que, por aproximación y por mayor simplicidad, podamos llamar DiosĀ».

Job, quien vivió hace unos 4000 aƱos, se expresaba totalmente diferente: ā€œYo sĆ© que mi Redentor viveā€. Job no esperaba, sino que sabĆ­a que su Redentor estaba vivo en el cielo. Sin conocer su nombre, habĆ­a vislumbrado que JesĆŗs serĆ­a el gran vencedor, el Salvador de todos los que creen en Ć©l. Job padecĆ­a una dolorosa enfermedad de la piel, pero sabĆ­a que despuĆ©s de su piel, su cuerpo serĆ­a destruido, y aƱadió: ā€œen mi carne he de ver a Diosā€. Para Ć©l, la resurrección era una realidad, incluso fĆ­sica, que un dĆ­a lo llevarĆ­a a la presencia de Dios.

Un hombre, por muy filósofo que sea, no puede comprender lo que pasa después de la muerte. Mediante su razonamiento puede admitir la existencia de Dios, pero con respecto al mÔs allÔ solo puede hacer suposiciones.

¿Cómo ver mÔs allÔ de la frontera de la muerte? Recibiendo lo que Dios nos reveló. La alternativa es esta: confío en mis propios pensamientos y permanezco en la duda hasta que deje este mundo, o recibo lo que Dios reveló y por la fe acepto lo que me dice.

”Sí, Jesús venció la muerte! EstÔ vivo, eternamente vivo, y da la vida eterna a los que confían en él.

Deuteronomio 15 – Juan 9 – Salmo 119:9-16 – Proverbios 25:25-26

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