La evangelización segĆŗn Jesucristo

Alimentemos El Alma

Serie: La Evangelización

La teologĆ­a de dormir

La evangelización según Jesucristo

John MacArthur

Las instrucciones mÔs largas y detalladas de las Escrituras con respecto a la evangelización se encuentran en Marcos 4. Esta serie de parÔbolas es la Carta Magna de nuestro Señor en la evangelización, y el fundamento de su enseñanza es la parÔbola de las tierras. El punto de esta ilustración va en contra de mucho del pensamiento evangelístico de hoy como lo demuestra que ni el estilo del evangelizador ni su adaptación del mensaje tienen en último término un impacto en los resultados de sus esfuerzos. Lo que Jesús entendía por evangelización es una reprimenda sonora a los que suponen que la manera en que estÔ vestido un pastor, el estilo o la música le ayudan a alcanzar a una cultura en particular o a una multitud, o que diluyendo el evangelio para hacerlo mÔs aceptable se producirÔn mÔs conversiones. La realidad es que el poder de Dios estÔ en el mensaje, no en el mensajero.

Los discípulos estaban confundidos. Habían dejado sus casas, sus tierras, sus parientes y sus amigos (Marcos 10.28); habían dejado sus vidas pasadas para seguir a Jesús, y creían que era el Mesías largamente esperado y suponían que otros israelitas harían sacrificios similares y creerían también en Jesús. En vez de una conversión nacional, los discípulos encontraron tremenda animosidad. Los líderes judíos odiaban a Jesús y a sus enseñanzas, mientras muchos de las multitudes solo estaban interesados en señales y milagros. Pocos se arrepentían y la duda estaba comenzando a apoderarse de los doce.

El problema no era la habilidad de JesĆŗs para atraer a una multitud. Cuando Ɖl viajó por Galilea enseƱando, las multitudes fueron enormes, contĆ”ndose a menudo por decenas de miles. Los discĆ­pulos eran a menudo apretujados por las gentes. En ocasiones, JesĆŗs tenĆ­a que meterse en un bote y alejarse levemente de la orilla del lago para enseƱarles, escapando a duras penas del peso aplastante de los desesperados buscadores de milagros.

Pero pese a lo fascinante e impresionante de la escena, no daba como resultado verdaderos creyentes. Las personas no se arrepentían de manera genuina y no aceptaban a Jesús como Salvador. Aun las propias expectativas de los discípulos no se estaban cumpliendo. Las profecías de Isaías 9 y 45 hablaban de un día cuando el reino del Mesías sería global y sin fin. Para cuando ocurren los acontecimientos de Marcos 4, el ministerio del Señor había sido público por dos años y la noción de que Jesús establecería esa clase de reino parecía lejos de la realidad. Por eso, pocas personas eran sinceras en seguirle. El Antiguo Testamento describe al Mesías como trayendo a Israel tanto la salvación nacional como la supremacía internacional. Las multitudes estaban interesadas mÔs bien en los milagros, las sanidades y la comida que en la salvación de sus pecados.

Así que no era para sorprenderse que los discípulos tuvieran preguntas. Si Jesús era de verdad el Mesías, ¿por qué muchos de sus seguidores eran tan superficiales? ¿Cómo era que el Mesías, por tanto, tiempo esperado viniera a Israel solo para ser rechazado por los líderes religiosos de la nación? ¿Y por qué no exigía poder y autoridad para establecer el reino prometido como el cumplimiento de todo lo que se había propuesto en los pactos nuevo, davídico y abrahÔmico?

El asunto era este: JesĆŗs predicaba un mensaje que requerĆ­a un sacrificio radical de sus seguidores. Por otro lado, seguir a Cristo era muy atrayente. OfrecĆ­a libertad del laberinto de opresivas reglas hechas por el hombre e impuestas por los fariseos (Mateo 11.29–30; cp. 17.25–27). Seguir a Cristo era atemorizante, porque requerĆ­a encontrar la puerta estrecha, negĆ”ndose a sĆ­ mismo, y obedecerle hasta el punto de estar dispuestos a morir por Ɖl (Mateo 7.13–14; Marcos 8.34). Seguir a JesĆŗs requerĆ­a reconocer su divinidad y que fuera de Ɖl no hay salvación ni ninguna otra manera para reconciliarse con Dios (Juan 14.6). TambiĆ©n significaba el completo abandono del judaĆ­smo que se enfocaba en la prĆ”ctica religiosa en lugar de en un corazón penitente vuelto a Dios.

Muchos judíos esperaban que el Mesías les librara de la ocupación romana, pero Jesús se negó a hacerlo. En su lugar, predicó un mensaje de arrepentimiento, sumisión, sacrificio, devoción radical y exclusividad. Las masas fueron atraídas por los milagros que realizaba y por el poder que poseía; sin embargo, los discípulos percibieron que su enfoque, tan poderoso y veraz como era, no volvía a los curiosos en convertidos. Cuando le preguntaron: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» fue una pregunta honesta nacida de la realidad de lo que experimentaban (Lucas 13.23). Quién sabe si los discípulos llegaron a pensar que Jesús debería modificar su mensaje, aunque fuera ligeramente, para conseguir la respuesta de la gente.

NO ES EL MENSAJERO SINO EL MENSAJE

De muchas formas, el evangelicalismo actual estÔ igualmente confundido. A menudo he notado que el mito dominante en el evangelicalismo es que el éxito del cristianismo depende de cuÔn popular sea. El principio es que, si el evangelio va a seguir teniendo pertinencia, el cristianismo debe adaptarse y apelar a las últimas tendencias culturales.

Este modo de pensar por lo general limitado a la multitud de buscadores de emociones hace poco que ha aparecido mÔs en círculos reformados. Hay movimientos que estarían de acuerdo con las verdades de la predestinación, la elección y la depravación total, pero que también, inexplicablemente, exigen que los pastores actúen como estrellas de rock en vez de como humildes pastores. Influenciadas por la retórica emocional de la mala teología, las personas toleran la idea de que la sagacidad cultural de un pastor determina cuÔn exitoso es su mensaje y cuÔn influyente serÔ su iglesia. La actual metodología de crecimiento de la iglesia dice que si un evangelizador quiere «llegar a la cultura» (cualquier cosa que esto signifique), debe imitar la cultura. Pero tal enfoque es contrario al paradigma bíblico. El poder del Espíritu en el evangelio no se encuentra en el mensajero, sino en el mensaje. De modo que la motivación detrÔs de los buscadores compulsivos podría ser noble, pero estÔ seriamente mal encaminada.

Cualquier esfuerzo para manipular el resultado de la evangelización cambiando el mensaje o estilizando al mensajero es un error. La idea de que mÔs personas se arrepentirÔn si solo el predicador se hace mÔs atrayente o chistoso invariablemente darÔ lugar a que la iglesia sufra en carne propia un desfile ridículo de tipos que actúan como si su encanto personal pudiera llevar a las personas a Cristo.

Este error conduce a la noción dañina de que la conducta de un pastor y un discurso deberían ser determinados por la cultura en la cual él ministra. Si trata de alcanzar a una cultura de personas no relacionadas con ninguna iglesia, algunos abogarían que él debiera hablar como los que nunca han tenido relación con una iglesia, aun cuando el comportamiento de ellos no sea santo. Hay muchos problemas con esa clase de lógica, pero en primer lugar estÔ la falsa suposición que un pastor puede confeccionar conversiones verdaderas luciendo o actuando de cierta forma. La verdad final es que solo Dios tiene el control de si los pecadores se salvarÔn o no como resultado de cualquier sermón.

En realidad, las verdades duras del evangelio no propician ganar popularidad e influencia dentro de la sociedad secular. Tristemente, muchos predicadores desean ardientemente la aceptación cultural que estÔn en verdad dispuestos a alterar el mensaje de salvación de Dios y su estÔndar de santidad con tal de lograr esa aceptación. El resultado, por supuesto, es otro evangelio que no es el evangelio.

Tales componendas no hacen nada por incrementar el testimonio de la iglesia dentro de la cultura. De hecho, tienden al efecto opuesto. Al crear un evangelio sintético, facilitan que las iglesias se llenen de personas que no se han arrepentido de sus pecados. En lugar de hacer al mundo como la iglesia, tales esfuerzos tienen solo el éxito de hacer la iglesia mÔs como el mundo. Esta precisamente fue la enseñanza de Jesús en Marcos 4 para evitar esto.

LA PARƁBOLA DE LAS TIERRAS

Los discĆ­pulos, realmente preocupados porque otros creyeran, estaban asombrados que las multitudes no se estaban arrepintiendo. QuizĆ” en algĆŗn momento hayan dudado de la conveniencia del mensaje duro, exigente y acusador que predicaba JesĆŗs.

Si tal fue el caso, el SeƱor respondió a esta creciente marea de dudas diciĆ©ndoles a los discĆ­pulos una serie de parĆ”bolas y proverbios acerca de la evangelización. Un aƱo antes de que les diera la Gran Comisión, JesĆŗs usó esta serie de parĆ”bolas como su fundamento para la instrucción con respecto al tema de la evangelización (Marcos 4.1–34). Marcos le dedica mĆ”s espacio a esta que a ninguna otra enseƱanza en su Evangelio y el punto principal es la parĆ”bola inicial, una historia acerca de un agricultor esparciendo semillas:

OĆ­d: He aquĆ­, el sembrador salió a sembrar; y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no tenĆ­a mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenĆ­a profundidad de tierra. P ero salido el sol, se quemó; y porque no tenĆ­a raĆ­z, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. (Marcos 4.3–8)

Esta ilustración es una explicación paradigmÔtica de a qué debería parecerse la evangelización. EstÔ diseñada para contestar una pregunta bÔsica que, tarde o temprano, todos los evangelizadores se formularÔn: ¿Por qué algunas personas responden al evangelio mientras que otras no? La respuesta a esta pregunta aclara la esencia de la evangelización.

EL SEMBRADOR PERDIDO

La parƔbola de las tierras comienza con un agricultor. Lo que es sorprendente acerca de Ʃl es quƩ poco control en realidad tiene del crecimiento de los cultivos. No se usan adjetivos para describir su estilo o su habilidad, y en una subsiguiente parƔbola nuestro SeƱor describe a un sembrador que planta, regresa a casa y se va a dormir:

DecĆ­a, ademĆ”s: AsĆ­ es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de dĆ­a, y la semilla brota y crece sin que Ć©l sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, despuĆ©s grano lleno en la espiga; y cuando el fruto estĆ” maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado. (Marcos 4.26–29)

Jesús dice que el agricultor desconoce cómo se transforma la semilla en una planta madura. Después de sembrar la semilla, el agricultor «duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo».

Esta ignorancia no es única para este agricultor en particular, sino que es cierta de todo el que siembra. El crecimiento de la semilla es un misterio que aun el agricultor mÔs adelantado no puede explicar. Y esta realidad es la clave para toda la parÔbola. Jesús explica que la semilla representa el evangelio y el agricultor representa al evangelizador (v. 26). El evangelizador esparce la semilla; es decir, explica el evangelio a las personas, y algunas de esas personas creen y reciben vida. Cómo ocurre, es un misterio divino para el evangelizador. Una cosa es clara, sin embargo: Aunque es el medio humano, finalmente no depende de él. El poder del evangelio estÔ en el obrar del Espíritu, no en el estilo del sembrador (Romanos 1.16; 1 Tesalonicenses 1.5; 1 Pedro 1.23). Es el Espíritu de Dios quien resucita las almas de muerte a vida, no los métodos o las técnicas del mensajero.

El apóstol Pablo comprendió este principio. Cuando llevó el evangelio a Corinto, inició la iglesia y la dejó al cuidado de Apolos. MÔs tarde, describiría la experiencia de este modo: «Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios» (1 Corintios 3.6). Dios fue el que en verdad trajo a los pecadores a sí mismo, cambió sus corazones e hizo que ellos fueran santificados. Tanto Pablo como Apolos fueron fieles, pero con toda seguridad no eran la explicación para el crecimiento y la vida sobrenaturales. Esta verdad dio lugar a que Pablo dijera: «Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento» (1 Corintios 3.7).

De manera intencional Jesús resalta la falta de influencia del agricultor sobre el crecimiento de la semilla. De hecho, Jesús hace énfasis en que el agricultor, después de plantar la semilla, simplemente se fue a casa y se durmió. Esto es directamente anÔlogo a la evangelización. Para que una persona sea salva, es el Espíritu de Dios el que tiene que atraerle y regenerar su alma (Juan 6.44; Tito 3.5). Esto es contrario de la noción de que los resultados de la evangelización pueden ser influidos por el vestuario del pastor o la clase de música que se pone antes del mensaje. Un agricultor podría llevar sus semillas en una arpillera o una bolsa de cachemira y ni lo uno ni lo otro tendría efecto alguno en el crecimiento de la semilla. El pastor que piensa que pantalones vaqueros de marca harÔn su mensaje mÔs aceptable es semejante a un agricultor que invierte en una bolsa de semilla de marca esperando que con ello el terreno serÔ mÔs receptivo para sus semillas.

No se equivoque pensando que estoy diciendo que los predicadores deberíamos usar solo trajes azul oscuro. El punto de Jesús no es si el evangelizador debería llevar puesta una corbata y cantar himnos. La parÔbola entera declara que hasta donde la evangelización llega, simplemente no tiene importancia lo que el evangelizador lleva puesto o cómo se arregla el cabello. Tales apariencias externas no son las que hacen crecer la semilla. Cuando las personas arguyen que si un pastor se comporta como un segmento particular de una cultura logra alcanzar mejor a esa cultura, fracasan en comprender el punto de vista de Jesús.

Todo lo que el agricultor puede hacer es sembrar y todo lo que el evangelizador puede hacer es proclamar. Como predicador, si pensara que la salvación de alguien estÔ en dependencia de mi adherencia a algún aspecto sutil de la cultura, no podría dormir. Pero, por el contrario, sé que «conoce el Señor a los que son suyos» (2 Timoteo 2.19). No es una coincidencia que en el Nuevo Testamento nunca se llama a los evangelizadores como teniendo la responsabilidad por la salvación de otra persona. MÔs bien, habiendo proclamado el mensaje fielmente, se nos llama a descansar en la soberanía de Dios.

Por supuesto, el hecho de que el agricultor se haya ido a dormir no es una excusa para la pereza. EstÔ equivocado quien piensa que el estilo del evangelizador decide quiénes y cuÔntos se salvarÔn. Pero hay también el igualmente serio error de tomar como excusa la soberanía de Dios para no evangelizar. A menudo designado como híper calvinismo, este punto de vista asume de forma incorrecta que como los evangelizadores no son capaces de regenerar a alguien, entonces la evangelización misma no es necesaria.

Pero esa perspectiva también pierde el punto de vista de la enseñanza de Jesús. El agricultor durmió, pero solo después de que diligentemente sembró su semilla. Un agricultor que piensa: «No puedo hacer que la semilla crezca, ¿por qué me voy a molestar en plantarla?», no serÔ un agricultor por mucho tiempo.

La verdad es que la descripción del agricultor hecha por JesĆŗs provee el modelo para la evangelización. El evangelizador debe plantar la semilla del evangelio, sin la cual nadie puede ser salvo (Romanos 10.14–17). Entonces debe confiar en Dios para los resultados, ya que solo el EspĆ­ritu puede dar vida (Juan 3.5–8).

LA SEMILLA DESAPROVECHADA

No solo es irrelevante el estilo del agricultor para el éxito de sus cultivos, sino que Jesús tampoco sugiere que el sembrador debería alterar su semilla para facilitar su crecimiento. La parÔbola de las tierras muestra seis resultados del proceso de sembrar, pero en ningún lugar se dice que los resultados dependan de la habilidad del sembrador.

La ausencia de anĆ”lisis acerca de la semilla tambiĆ©n concuerda con la evangelización. JesĆŗs asume que los cristianos evangelizarĆ”n usando la semilla verdadera: el evangelio. Alterar el mensaje no es una opción. A los creyentes se les advierte contra manipular indebidamente el mensaje como un todo (GĆ”latas 1.6–9; 2 Juan 9–11). La Ćŗnica variable en esta parĆ”bola es la tierra. Si un evangelizador frustrado mira cuĆ”n difĆ­cil es su tarea o cuĆ”n cerrada su cultura parece ser para el evangelio, el problema no estĆ” en el mensajero fiel o en el evangelio verdadero; mĆ”s bien recae sobre la naturaleza del terreno en el que se echa la semilla verdadera.

Jesús describe diferentes tipos de tierra en los que se depositan las semillas; algunos no producen fruto de salvación, pero otros sí. Los seis describen un cuadro de las respuestas inevitables a la evangelización, ya que las tierras representan condiciones diversas del corazón humano.

La siembra en el camino

La primera clase de tierra definitivamente no es receptiva. En Mateo 13.4 se describe una parte de la semilla cayendo «junto al camino». Los campos en Israel no estaban cercados o amurallados. En lugar de cercas, había rutas que entrecruzaban los campos, haciendo bordes. Estas sendas se dejaban a propósito sin cultivar. Ya que el clima en Israel es Ôrido y caliente, las rutas eran caminos apisonados tan duros como el pavimento para los pies de los que los atravesaban. Si la semilla caía sobre esas sendas, las aves que seguían al sembrador descenderían rÔpidamente y la arrebatarían.

Jesús relaciona este arrebatamiento de la semilla con la actividad de SatanÔs. La tierra compactada del camino representa el corazón duro en el que la semilla del evangelio no penetra, quedando en la superficie para ser comida para las aves. Es un cuadro de los que, estando sujetos a la esclavitud por SatanÔs, no tienen ningún interés en la verdad. Habiendo rechazado el evangelio, sus corazones solo se vuelven cada vez mÔs encallecidos. Mientras mÔs pise el camino el agricultor, sea que esté echando la semilla o no, mÔs dura se vuelve la tierra.

Alguien podrĆ­a pensar que este tipo de tierra describe los corazones de los peores, mĆ”s atroces e irreligiosos pecadores imaginables. Pero en realidad, JesĆŗs se refiere a los lĆ­deres religiosos de Israel que estaban intensa y devotamente comprometidos con la moralidad externa, la ceremonia religiosa, y las formas tradicionales de culto. Pero habiendo rechazado al MesĆ­as, tambiĆ©n se perdieron completamente. Fueron prueba de que ser Ā«religiosoĀ» no es indicación de un corazón suave. MĆ”s bien, mientras mĆ”s profundo el corazón se arraiga en la religión hecha por el hombre, mĆ”s impenetrable se vuelve. La Ćŗnica esperanza es desbaratar por la fuerza la tierra dura, como el aplastar fortificaciones de piedra a que se refiere Pablo en 2 Corintios 10.3–5:

Pues, aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

La siembra en pedregales

El segundo tipo de tierra se compara con «pedregales, donde no tenía mucha tierra» (Marcos 4.5; véase también 4.16). Antes de que los agricultores sembraran sus campos, quitaban todas las piedras que podían lo cual demandaba un gran esfuerzo. Algunos rabinos acostumbraban a decir que cuando Dios decidió poner piedras en la tierra echó la mayor parte de ellas en Israel. Así que debajo del alcance del arado había a menudo un manto rocoso de piedra caliza. A esto es a lo que se refiere Jesús aquí.

Cuando la semilla caía sobre esta clase de tierra, se asentaba en el enriquecedor y suave terreno labrado por el arado. Al encontrar agua, la semilla se desarrollaría, comenzaría a echar raíces y a abrirse camino hacia la superficie. Pero debido a que pronto habrían de encontrarse con el lecho rocoso, las jóvenes raíces no podrían dar firmeza a la planta. La planta procesaría rÔpidamente los nutrientes que encontrara en la tierra con lo cual se desarrollaría sin problema; sin embargo, al empezar a recibir la luz del sol, requeriría mÔs humedad. Pero como las raíces no podían penetrar en el lecho rocoso para conseguir sus nutrientes, la frÔgil planta terminaría secÔndose bajo los rayos del sol.

Jesús comparó esta tierra con alguien que oye el evangelio e inmediatamente responde con alegría (Mateo 13.20). Su respuesta rÔpida podría conducir al evangelizador a engañarse pensando que la conversión fue genuina. Inicialmente, este «convertido» muestra un cambio dramÔtico, al absorber y aplicar toda la verdad que le rodea. Pero semejante a la semilla que se chamusca con rapidez, la vida aparente es superficial y temporal. Porque no hay profundidad en la respuesta emotiva o egocéntrica del pecador, ningún fruto puede venir de ella.

La naturaleza verdadera de esta conversión falsa se trasluce pronto en el calor del sufrimiento, del sacrificio propio y de la persecución. Tales adversidades son demasiado para que el corazón poco profundo las resista.

La siembra entre espinos

La tercera clase es una tierra llena de espinos (Marcos 4.7, 18). Esta tierra es engaƱosa. Ha sido arado y da la apariencia de estar fƩrtil, pero debajo de la superficie acecha una red de raƭces silvestres capaces de producir una plaga de cizaƱa. Cuando la buena semilla se ve forzada a competir por vivir contra cardos y espinos, los cultivos del agricultor terminarƔn ahogƔndose. Las malas hierbas roban la humedad de la semilla y le impiden recibir la luz del sol. Como consecuencia, la buena semilla muere.

La palabra que JesĆŗs usa para espinos es el tĆ©rmino griego ἄκανθα (akantha), que es una clase particular de mala hierba espinosa comĆŗn en el Oriente Medio y que se encuentra con frecuencia en terrenos cultivados. Es la misma palabra usada en Mateo 27.29 para referirse a la corona de espinas colocada en la cabeza de nuestro SeƱor. Estas plantas indeseadas eran comunes y peligrosas para los cultivos.

Jesús compara esta tierra cubierta de maleza con las personas que oyen el evangelio, pero «los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa» (Marcos 4.19). Si la tierra rocosa significaba emoción superficial y si los del borde del camino representaban el engaño religioso impulsado por la autoestima y el interés propio, la tierra espinosa describe a una persona vacilante. Cuando el corazón de alguien estÔ cautivo por las cosas del mundo, su arrepentimiento sobre el pecado no es genuino. Su corazón estÔ dividido entre los placeres terrenales y temporales y las realidades celestiales y eternas. Pero estas cosas se excluyen mutuamente.

Los espinos tienen correlación con «los afanes de este siglo», y esta frase aún podría ser mejor traducida como «las distracciones de la época» (Marcos 4.19). El corazón con espinos estÔ ocupado por cualquiera de las cosas mundanas que preocupan a la cultura. Es el corazón que ama al mundo y todas las cosas que hay en el mundo, y por eso el amor de Dios no estÔ en él (véase 1 Juan 2.15; Santiago 4.4).

Los que intentan evangelizar acomodÔndose a la cultura no pueden evitar cultivar en esta clase de tierra. La semilla puede caer bastante bien, pero cuando crece, el amor al mundo expondrÔ lo que la profesión de fe es en realidad: Otra acción temporal y superficial de un corazón que todavía permanece cautivo al mundo.

Las semillas del evangelio caen sobre los oyentes de al lado del camino, sobre los oyentes de entre pedregales y sobre los oyentes de entre los espinos. En cada uno de estos casos, el evangelio no fructifica. Al dar esta analogƭa poderosa y evidente, el SeƱor nunca sugiere que se deberƭa culpar al agricultor por la respuesta negativa. El problema no es un evangelizador que no fue hƔbil o lo bastante popular. MƔs bien, el problema estƔ en la tierra. Los pecadores rechazan el evangelio porque aborrecen la verdad y aman su pecado. Es por eso por lo que el evangelio, fielmente proclamado, puede ser arrebatado por SatanƔs, matado por autoestima o sofocado por el mundo.

La siembra en buena tierra

Puede haber corazones que rechacen la salvación, pero Jesús también describe corazones que reciben el evangelio. El Ônimo llega cuando Jesús dice: «Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno» (Marcos 4.8). La buena tierra es profunda, suave, enriquecida y limpia. Ni SatanÔs, ni la carne, ni el mundo pueden sofocar el evangelio cuando es plantado en esta clase de corazones.

Casi todas las parÔbolas de Jesús contienen un elemento chocante e inesperado, y la parÔbola de las tierras no es la excepción. Hasta este momento esta analogía con las actividades del campo les habría sido familiar a los discípulos o a cualquier israelita. Ellos dependían completamente de su agricultura, y su tierra estaba cubierta de campos de grano. Comprendían el peligro de las aves, las piedras y la maleza. Todo eso era muy común. Pero Jesús abandona lo familiar para describir un resultado que nadie habría alguna vez esperado: una cosecha al treinta, al sesenta y aun al ciento por uno. Un promedio de cosecha podría alcanzar un séxtuplo, y un cultivo que produjera diez veces mÔs sería considerado una cosecha de una sola vez en la vida. Así es que cuando Jesús dijo que hasta una de las semillas del agricultor podría producir hasta cien veces, eso tiene que haber producido conmoción en los discípulos.

Si no es parte de una sociedad agraria, usted podría no entender el disparate de Jesús al describir una semilla que puede producir al 10.000 por ciento. Todas las ilustraciones dejan de ser útiles en un cierto punto y este es precisamente el punto donde la analogía agraria ya no es aplicable a la evangelización. Al describir una cosecha tan grande, Jesús estÔ indicando que el evangelio puede producir vida espiritual en múltiplos que son imposibles excepto por el propio poder de Dios.

La preparación del corazón para el evangelio es la tarea del EspĆ­ritu Santo. Solo Ɖl convence (Juan 16.8–15), regenera (Juan 3.3–8) y justifica (GĆ”latas 5.22–23). La obra en el corazón es del dominio de Dios:

EsparcirĆ© sobre vosotros agua limpia, y serĆ©is limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros Ć­dolos os limpiarĆ©. Os darĆ© corazón nuevo, y pondrĆ© espĆ­ritu nuevo dentro de vosotros; y quitarĆ© de vuestra carne el corazón de piedra, y os darĆ© un corazón de carne. Y pondrĆ© dentro de vosotros mi EspĆ­ritu, y harĆ© que andĆ©is en mis estatutos, y guardĆ©is mis preceptos, y los pongĆ”is por obra. (Ezequiel 36.25–27; cp. JeremĆ­as 31.31–33)

Tal como Salomón preguntó retóricamente: «¿Quién podrÔ decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?» (Proverbios 20.9). La respuesta, por supuesto, es nadie.

Mientras hay explicaciones de por quĆ© las personas rechazan el evangelio, tanto satĆ”nicas como humanas, el arrepentimiento verdadero es sobrenatural. En ningĆŗn lugar se observa esta verdad con mĆ”s claridad que en la conversión del ladrón en la cruz (Lucas 23.39–43; cp. Mateo 27.38–44). Su conversión no pudo haber sido mĆ”s improbable, al ocurrir en un momento cuando JesĆŗs daba la apariencia de ser un fracaso colosal. El SeƱor parecĆ­a dĆ©bil, derrotado, victimizado y sin poder para salvarse a sĆ­ mismo, muchos menos a otro. JesĆŗs estaba deshonrado, sus enemigos triunfantes y sus seguidores ausentes. La marea de la opinión pĆŗblica estaba contra Ɖl, y el comentario sarcĆ”stico, por parte del primer ladrón, era la respuesta apropiada y comprensible.

Dios, sin embargo, obró su habilidad sobrenatural de salvación en el segundo ladrón y en contra de la razón natural, este se arrepintió y creyó. ¿Por qué este rebelde moribundo aceptó a un hombre sangrante y crucificado como su Señor? La única respuesta es que fue un milagro de gracia y el resultado de la intervención divina. Antes de los terremotos sobrenaturales, la oscuridad y las tumbas abiertas, este hombre creyó porque la semilla del evangelio cayó en tierra fértil, preparada por la mano de Dios. Su conversión da testimonio del hecho de que no es el estilo o la fuerza del hombre los que salvan, sino el poder de Dios.

Ya que Dios produce ese cambio de corazón, el resultado serÔ evidente en cada vida transformada, sin embargo, diferente en alcance, y mucho mÔs allÔ de lo que los discípulos alguna vez podrían haber soñado. El evangelio pronto estallaría en una cosecha espiritual, comenzando en Pentecostés y continuando exponencialmente hasta el último día del reino terrenal de Cristo. El poder para esta multiplicación es sobrenatural, pero la manera es el fiel testimonio de creyentes verdaderos.

Lo asombroso del evangelio es que es obra de Dios. Sembramos la semilla al compartir el evangelio, entonces nos vamos a dormir, y el EspĆ­ritu obra mediante el evangelio para dar vida. No controlamos quiĆ©n se salva, porque el EspĆ­ritu va donde Ɖl quiera (Juan 3.8). No sabemos cómo ocurre, no mĆ”s que lo que un agricultor sabe cómo una semilla en la tierra se convierte en alimento. Nuestro trabajo no es impartir vida, solo plantar la semilla. Una vez que hemos hecho esto, podemos descansar en el poder soberano de Dios.

CƓMO APLICARNOS PARA LA EVANGELIZACIƓN

La verdad en esta parÔbola debería tener un efecto profundo en cómo vemos la evangelización. Y motivarnos a evangelizar estratégica, humilde, obediente y confiadamente.

EstratƩgicamente

JesĆŗs enseƱa que ciertas clases de tierras permiten que la semilla crezca con gozo en lugar de ser ahogada o que se seque. Este hecho deberĆ­a ser suficiente para demostrar la insensatez de hacer del evangelio algo que apela solo a las emociones. Nada es un guĆ­a menos confiable con respecto a la fe verdadera que las emociones, ya que ni el gozo ni el pesar son necesariamente indicativos de arrepentimiento verdadero (vĆ©ase 2 Corintios 7.10–11). Cuando el evangelizador apunta a los sentimientos del pecador o basa la seguridad de la salvación en una experiencia emocional, estĆ” dirigiendo el evangelio a corazones superficiales. Tal enfoque inicialmente puede dar la apariencia de ser impresionante, ya que la tierra poco profunda se ve bien de corto plazo. Pero no da como resultado conversiones duraderas.

Tampoco el evangelizador debería manipular la voluntad apelando a los deseos naturales del pecador. Es normal que pecadores esperen con ilusión mejores cosas para ellos mismos, como salud, riqueza, éxito y realización personal. Pero el evangelio nunca ofrece lo que el corazón no comprometido e impuro ya quiere. Solo los falsos maestros usan el orgullo y los deseos de la carne para coaccionar una respuesta positiva de las personas. Por contraste, el evangelio verdadero ofrece lo que es incongruente para el deseo humano natural. Como Jesús lo dijo a sus seguidores:

No pensĆ©is que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serĆ”n los de su casa. El que ama a padre o madre mĆ”s que a mĆ­, no es digno de mĆ­; el que ama a hijo o hija mĆ”s que a mĆ­, no es digno de mĆ­; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mĆ­, no es digno de mĆ­. El que halla su vida, la perderĆ”; y el que pierde su vida por causa de mĆ­, la hallarĆ”. (Mateo 10.34–39)

El verdadero arrepentimiento y la fe en Cristo niegan los anhelos depravados comunes de la voluntad humana.

De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderĆ”; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardarĆ”. Si alguno me sirve, sĆ­game; y donde yo estuviere, allĆ­ tambiĆ©n estarĆ” mi servidor. Si alguno me sirviere, mi P adre le honrarĆ”. (Juan 12.24–26)

Si ni la emoción cruda ni el deseo racional son un indicador confiable de fe verdadera, entonces ĀæquĆ© lo es? Como Jonathan Edwards correctamente observó, un indicador responsable es un Ā«corazón humilde y quebrantado que ama a DiosĀ». Ɖl escribió:

Los deseos de los santos, no importa cuÔn fervorosos sean, son deseos humildes; su esperanza es una esperanza humilde; su gozo, aunque indecible y lleno de gloria, es un gozo del corazón quebrantado y humilde que deja al cristiano mÔs pobre de espíritu, mÔs semejante a un niño pequeño, mÔs dispuesto a una humildad universal de comportamiento.

Según Edwards, la evangelización no debería dirigirse a influir en las emociones o a manipular la voluntad porque esas cosas no son solo fÔciles de alcanzar, sino que no son señales seguras de conversión. MÔs bien, «una vida santa es la señal principal de la gracia». Una vida santa fluye de un corazón santo, el cual produce afectos santos dirigidos por el Santo. Esto es solo posible cuando la mente del pecador es persuadida a ver su pecado tal como es y al evangelio como su única solución.

Humildemente

La verdad es que el poder del evangelio estĆ” en las manos de Dios, no en las nuestras. Por lo tanto, deberĆ­amos evangelizar con humildad. Por Ā«humildadĀ» no queremos decir incertidumbre, tolerancia ecumĆ©nica o alguna otra distorsión posmoderna del tĆ©rmino. MĆ”s bien, entendemos por humildad el sentido bĆ­blico de temblar ante Dios y su Palabra (IsaĆ­as 66.2), evitando cualquier noción orgullosa que nos pudiera hacer tan osados como para cambiar su mensaje o tan engreĆ­dos como para tomar el mĆ©rito por la obra de Ɖl.

El poder del evangelio estÔ en su verdad invariable, y una semilla mutante producirÔ un producto mutante. AdemÔs, el evangelizador no debería intentar hacer atractivo a Jesús para los pecadores. Jesús es atractivo en sí mismo. Pero las personas estÔn cegadas a sus atributos a causa de su pecado. No es suficiente alentar a las personas a activar sus voluntades egoístas o a incitar sus emociones inconstantes. En lugar de eso deben ser llamados a llorar por su pecado al punto del arrepentimiento genuino. De modo que explicar la profundidad del pecado y el castigo que merece es una parte esencial de la evangelización bíblica. Un pecador debe escuchar que su pecado le acusa y le condena porque ofende a Dios, y solo el Espíritu de Dios puede llevar esa verdad desde los oídos del pecador a su corazón.

Es exactamente esta clase de evangelización que es la primera en sufrir en el afÔn de atraer mÔs personas a Cristo. En un intento por hacer el mensaje mÔs popular y los resultados mÔs notables, los evangelizadores muy a menudo apelan a las emociones y a la voluntad en vez de a la mente.

Pero cuando el evangelio real es predicado a la mente, un mensaje que incluye los difíciles llamados al discipulado, la naturaleza radical de la conversión y la obra gloriosa de Cristo, entonces la semilla correcta es sembrada en el corazón, y los corazones divinamente preparados serÔn receptivos a la semilla.

Obedientemente

Cuando terminó de explicar la parĆ”bola de las tierras, JesĆŗs les preguntó a los discĆ­pulos: «¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ĀæNo es para ponerla en el candelero?Ā» (Marcos 4.21). Ɖl les decĆ­a a sus discĆ­pulos que despuĆ©s de su muerte y su resurrección, poseerĆ­an una gran luz. Esa luz es la Ā«luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de DiosĀ» (2 Corintios 4.4). Es para ser predicado fielmente por los esclavos de Cristo (v. 5), pero los resultados son por el poder soberano de Dios como lo fue en la creación original: Ā«Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de JesucristoĀ» (2 Corintios 4.6).

Nuestro SeƱor continuó su enseƱanza con este axioma: Ā«Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luzĀ» (Marcos 4.22). AquĆ­ habĆ­a una perogrullada al comunicar el hecho de que cada secreto tiene su tiempo adecuado para decirse. Todo el asunto de guardar un secreto es que ahora no es el tiempo para que se sepa. En el caso de los discĆ­pulos, aĆŗn no habĆ­an sido comisionados y enviados al mundo. Pero cuando ese tiempo llegó, ellos fueron y hablaron con audacia. Esto se refiere al mandato frecuente de nuestro SeƱor a no hablar de Ɖl o de sus milagros hasta despuĆ©s de su muerte y resurrección (Mateo 8.4; 9.30; 12.16; 17.9; Marcos 1.44; 3.12; 5.43; 7.36; 8.30; 9.9; Lucas 4.41; 8.56; 9.21). Una razón evidente para tal restricción era dejar en claro que el mensaje que Ɖl querĆ­a que sus seguidores esparcieran no era el que Ɖl era un sanador o un liberador polĆ­tico, sino un Salvador que murió y resucitó de entre los muertos.

La utilidad de un agricultor estĆ” relacionada con la cantidad de semilla que siembra. Mientras mĆ”s siembra, mĆ”s cantidad de semilla que Ć©l esparce y mĆ”s probabilidad que una parte de la semilla alcance una buena tierra. Para comunicar este deber, JesĆŗs siguió a los proverbios en Marcos 4.21–22 con una clara promesa: Ā«con la medida con que medĆ­s, os serĆ” medido, y aun se os aƱadirĆ” a vosotros los que oĆ­sĀ» (v. 24). Ese es el lenguaje de recompensas eternas y provee gran motivación para proclamar el evangelio tanto activamente como con exactitud. Aunque no podemos controlar los resultados, somos llamados a esparcir el mensaje. Y aun si somos rechazados por los que nos escuchan, nuestros fieles esfuerzos harĆ”n que un dĆ­a seamos recompensados por el SeƱor.

Hay cristianos y evangelizadores falsos. El Señor juzgarÔ a ambos. Pero los creyentes verdaderos son obedientes en evangelizar cada vez que tienen oportunidad, recordando que nuestra obediencia lleva a la bendición divina tanto aquí como en la vida venidera.

Confiadamente

El saber que nuestra evangelización es energizada por el poder de Dios nos da confianza en los resultados divinos.

Esto es precisamente por quĆ© Marcos concluyó esta amplia sección acerca de la evangelización con una parĆ”bola final describiendo el reino de Dios: Ā«Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la mĆ”s pequeƱa de todas las semillas que hay en la tierra; pero despuĆ©s de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombraĀ» (Marcos 4.31–32).

Recuerde que los discĆ­pulos estaban preocupados que las promesas del Antiguo Testamento de un reino no se pudieran cumplir con JesĆŗs. Ɖl habĆ­a estado predicando por dos aƱos y todavĆ­a parecĆ­an ser muy pocos los que creĆ­an. Los doce estaban al borde de perder la esperanza. Pero JesĆŗs les dijo que, si la semilla se esparcĆ­a, el evangelio crecerĆ­a y el reino vendrĆ­a. Lo que JesĆŗs quiso decir es que el reino comenzarĆ­a pequeƱo, pero se harĆ­a muy grande y finalmente, las aves de las naciones descansarĆ­an a su sombra (Ezequiel 31.6). El evangelio se volverĆ­a global y lo harĆ­a mediante estos acosados discĆ­pulos.

Esto es exactamente lo que ocurrió. Después de la resurrección eran solo 120 seguidores de Jesús y después del día de Pentecostés el número se elevó a 3,000 (Hechos 1.13; 2.41). Este número rÔpidamente alcanzó a 5,000 (Hechos 4.4). En pocos meses eran mÔs de 20,000. El poder del evangelio estaba poniendo el mundo al revés. Dos mil años mÔs tarde, incontables personas se han salvado, y estÔn ahora tanto en la iglesia militante en la tierra como en la iglesia triunfante en el cielo. Un día, Cristo regresarÔ y establecerÔ su reino milenial en esta tierra. Hasta entonces, el evangelio continuarÔ invitando a los pecadores al arrepentimiento.

El mensaje de salvación se mantiene en movimiento mediante los que son sembradores, produciendo vida espiritual y fruto genuino en buen terreno. Esto solamente es posible porque lo hace el poder de Dios, lo que significa que la popularidad o la manera persuasiva del mensajero humano no tiene nada que ver con esto.

La evangelización es un llamado privilegiado. Hacemos lo que podemos por propagar el evangelio dondequiera que sea. Una vez hecho el trabajo, regresamos a casa y nos vamos a dormir. Si hemos trabajado duro podremos dormir bien, sabiendo, como el agricultor, que el crecimiento no depende de nosotros.

John MacArthur, La Evangelización. Cómo Compartir el Evangelio con Fidelidad (Nashville, TN: Grupo Nelson, 2011), 1-20.

Marcas reales de la fidelidad de Dios

Alimentemos El Alma

Sociedad Teológica Cristiana

Marcas reales de la fidelidad de Dios

NĆŗmeros 24:3–9

Prof. Lucas AlemƔn

La Sociedad Teológica Cristiana (STC) estÔ conformada por un grupo de académicos, maestros, pastores y estudiantes de la Biblia interesados en el desarrollo de la erudición teológica en el mundo hispanohablante.

Nuestro propósito es fomentar y facilitar la presentación de recursos académicos realizados por teólogos hispanohablantes o material teológico de alto nivel traducido al español.

SIMPOSIO
Uno de los brazos principales de la STC es la realización de un simposio anual, donde diferentes escritos teológicos son presentados bajo una temÔtica común en cada edición.

OTRAS INICIATIVAS
La STC planea comenzar la producción de revistas, libros y videos con contenido producido por los miembros de la sociedad.

http://www.sociedadtc.org

9 – La oposición

CONSULTORIO BƍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

9 – La oposición

DAVID LOGACHO

Qué bendición es para nosotros contar nuevamente con su sintonía. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy con David Logacho. En la continuación de la serie sobre la vida auténticamente cristiana, hoy nos corresponde tocar el tema de la oposición.

Plinio, el gobernador Romano en Asia Menor, en los albores del segundo siglo, estaba tan asombrado por los creyentes que le traían para ser juzgados, que escribió su famosa carta al Emperador Trajano en búsqueda de consejo.

Entre otras cosas Plinio escribió lo siguiente: Cierto creyente me fue traído para juzgarle, y no habiendo encontrado nada digno de ser castigado le amenace diciendo: Os desterraré. No podéis, fue la respuesta del creyente, porque todo el mundo es la casa de mi Padre. Luego le dije: Os mataré. No podéis, fue la respuesta del creyente, porque mi vida estÔ escondida con Cristo en Dios. Entonces os quitaré vuestras posesiones, le dije. No podéis, respondió el creyente, porque mi tesoro estÔ en el cielo. Entonces os alejaré de todos los hombres y no tendréis ningún amigo, le dije. Nuevamente, con mucha calma respondió el creyente: No podéis, porque yo tengo un Amigo invisible de quien no me podéis separar jamÔs.

Interesante. En las respuestas de aquel creyente se ha plasmado la seguridad que tenemos a disposición todos los creyentes. Nadie puede hacernos nada que no sea la voluntad de Dios.

Estamos hablando de oposición, porque aunque no nos guste, la oposición es otra característica de la vida auténticamente cristiana. Si todavía no lo ha experimentado es probable que dentro de poco lo experimente y serÔ mejor que esté preparado para hacerle frente.

La Biblia contiene mucha enseñanza acerca de la oposición.

La oposición puede tomar forma de vituperio, persecución y calumnia. Mateo 5:11 dice al respecto: ā€œBienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendoā€

Cuando sus familiares y amigos lleguen a saber que Usted estÔ siguiendo al Señor es muy probable que echen a rodar cualquier calumnia en contra de su integridad con el propósito de menoscabar su imagen.

La oposición puede tomar forma de odio. Mateo 10:22 dice: ā€œY serĆ©is aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, Ć©ste serĆ” salvoā€

El mundo odia tanto al Señor Jesucristo, que le llevó a la cruz. No debe ser extraño que el mismo mundo odie a todos los que somos seguidores de Cristo. Este odio puede provenir inclusive de nuestros propios amigos o familiares, quienes no logran comprender los cambios que Dios estÔ haciendo en nosotros.

La oposición tambiĆ©n puede tomar forma de encarcelamiento y despojo de bienes. Muchos de los creyentes del primer siglo sufrieron esto. Hebreos 10:34 da testimonio de este hecho: ā€œPorque de los presos tambiĆ©n os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenĆ©is en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielosā€

Esta oposición estÔ presente en varios países musulmanes de hoy en día, donde los creyentes sufren encarcelamiento y el despojo de sus pocas pertenencias.

La oposición tambiĆ©n toma la forma de afrenta, de lo cual nos habla 1ĀŖ Corintios 4:10 donde dice: ā€œNosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros dĆ©biles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciadosā€

Este episodio se repite muy probablemente en cada nuevo creyente. CuƔntas veces no habremos sido catalogados como necios o insensatos por estar siguiendo a Cristo. CuƔntas veces no habremos sido considerados como borregos, como gente sin criterio propio, por el solo hecho de seguir a Cristo. CuƔntas veces no habremos sido despreciados y marginados ante el solo hecho de identificarnos como discƭpulos de Cristo.

La oposición inclusive puede tomar forma de martirio. 2ĀŖ Corintios 4:11 dice: ā€œPorque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de JesĆŗs, para que tambiĆ©n la vida de JesĆŗs se manifieste en nuestra carne mortal.ā€

La historia del Cristianismo estÔ plagada de fieles hermanos que ofrendaron su vida por la causa de Cristo. Según la tradición, Mateo fue traspasado con una espada en una ciudad distante de Etiopía. Marcos expiró en Alejandría, después de ser cruelmente arrastrado por las calles de esa ciudad. Lucas fue colgado de un olivo en Grecia. Juan fue arrojado en un caldero de aceite hirviendo, pero escapó de la muerte milagrosamente y después fue desterrado a Patmos. Pedro fue crucificado cabeza abajo en Roma. Jacobo fue traspasado con espada en Jerusalén. Jacobo el menor fue lanzado del pinÔculo del templo y luego apaleado. Bartolomé fue desollado vivo. Andrés fue atado a una cruz, donde predicó a sus captores hasta que murió. TomÔs fue atravesado con una lanza en la India. Judas, hermano de Jacobo, murió clavado por flechas. Matías fue apedreado y después decapitado. Bernabé murió apedreado en Salónica. Pablo, sufrió varias torturas y prisiones y fue finalmente decapitado en Roma por el emperador Nerón.

QuizÔ hoy en día no sea frecuente esta forma de oposición, pero nunca debemos olvidar que una cantidad de hermanos en la fe, ofrendaron sus vidas por la causa de Cristo. Estas son algunas de las formas de oposición que puede enfrentar un creyente.

La gran pregunta sería: ¿CuÔl debería ser la reacción recomendable para un creyente ante la presencia de la oposición?

Pues la Biblia aconseja al menos lo siguiente:

Primero, reconocer que la oposición es algo natural en el creyente verdadero. Esto fue lo que dijo por ejemplo el apóstol Pablo en 2ĀŖ Timoteo 3:12 donde se lee: ā€œY tambiĆ©n todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo JesĆŗs padecerĆ”n persecución.ā€

Este es un principio inviolable. El momento que Usted decida vivir piadosamente, o conforme a los principios establecidos por Dios en su palabra, ese momento comenzarÔ a padecer algún tipo de persecución. No debemos sorprendernos con la presencia de oposición, mÔs bien deberíamos sorprendernos por la ausencia de oposición, porque ello a lo mejor podría indicar que no estamos viviendo piadosamente.

Segundo, debemos gozarnos por la oposición. 1ĀŖ Pedro 4:12-14 dice: ā€œAmados, no os sorprendĆ”is del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraƱa os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que tambiĆ©n en la revelación de su gloria os gocĆ©is con gran alegrĆ­a. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso EspĆ­ritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, Ć©l es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.ā€

La oposición es calificada como fuego de prueba. Este fuego de prueba no debe ser motivo de sorpresa, como si algo extraño estuviera pasando, tal cual como quedó establecido anteriormente, sino que debe ser motivo de gozo, no por el dolor que normalmente acompaña a la oposición, sino porque esa oposición nos identifica con el sufrimiento de Cristo y también porque el gozo serÔ pleno cuando se manifieste la gloria majestuosa de Cristo.

Un creyente debe considerarse bienaventurado, o muy afortunado a causa de ser vituperado, o de sufrir persecución por el nombre de Cristo. Esto es evidencia de que el glorioso EspĆ­ritu de Dios reposa sobre ese creyente. DespuĆ©s que los apóstoles fueron liberados de su prisión por la causa de Cristo, note cuĆ”l fue su reacción. Hechos 5: 41 dice: ā€œY ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombreā€

Tercero, debemos saber que la oposición es solo por un poco de tiempo. PodrĆ” durar toda la vida, pero aĆŗn eso es un poco de tiempo cuando se lo mira a la luz de lo eterno. 1ĀŖ Pedro 5:10 dice: ā€œMas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, despuĆ©s que hayamos padecido un poco de tiempo, Ć©l mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezcaā€

Estas palabras fueron escritas por Pedro, un apóstol que sufrió cruel martirio por la causa de Cristo al final de sus días en este mundo, pero aún así, dice que ese sufrimiento fue sólo por un poco de tiempo.

¿Cómo puede un creyente ver a la oposición de esta manera? Pues cuando lo ve bajo la perspectiva de la gloria futura que nos espera. JamÔs olvide que el dolor del momento, se transformarÔ muy pronto en gloria eterna.

Cuarto, debemos saber que la oposición es aprobada por Dios. 1ĀŖ Pedro 2:20-21 dice: ā€œPues ĀæquĆ© gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportĆ”is? Mas si haciendo lo bueno sufrĆ­s, y lo soportĆ”is, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque tambiĆ©n Cristo padeció por nosotros, dejĆ”ndonos ejemplo, para que sigĆ”is sus pisadasā€

Lo que esto significa es que si un creyente es tratado injustamente, y acepta este maltrato, por la fe en el cuidado soberano de Dios, en lugar de responder con ira, hostilidad, descontento, orgullo, o rebelión, encuentra favor de Dios. La oposición es aprobada por Dios. De modo que, la oposición no es ajena a la experiencia cristiana.

La oposición es característica de la vida auténticamente cristiana. Si Usted estÔ atravesando por severa oposición de cualquier tipo, a causa de su compromiso con Cristo, no se desanime, no piense que algo extraño estÔ pasando con Usted. Agradezca a Dios por haber sido tenido por digno de sufrir por la causa de Cristo, ratifique su confianza total y absoluta en la soberanía de Dios, y persista en aquello que Dios le ha encomendado.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por aƱos para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al SeƱor en un Instituto BĆ­blico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante mĆ”s de 2 dĆ©cadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

Av.Galo Plaza Lasso N63-183 y de los Cedros
Telf. 00593-2-2475563
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ĀæDIOS nos TIENTA?

TeologĆ­a Express

ĀæDIOS nos TIENTA?

Juan Manuel Vaz

šŸŽ„ VĆ­deo: ĀæDios nos tienta?
šŸ‘¤ Hermano: Juan Manuel Vaz
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¿Dios nos tienta?, Tentación de Dios
Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

Córtate la mano, sĆ”cate el ojo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Córtate la mano, sÔcate el ojo

Ray Ortlund

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

Las palabras duras no son palabras dañinas, cuando vienen de Jesús. Es importante mantener esto en mente cuando leemos lo siguiente:

Y si tu mano o tu pie te es ocasión de pecar, córtatelo y Ć©chalo de ti; te es mejor entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de pecar, arrĆ”ncatelo y Ć©chalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego. (Mt 18:8–9)

AquĆ­, JesĆŗs nos llama a la santidad personal, por costosa y dolorosa que sea, como Su ruta para nosotros ā€œentrar en la vidaā€.

El Evangelio produce gente moralmente decisiva que tiene hambre y sed de justicia.

El SeƱor no nos estĆ” diciendo literalmente que nos mutilemos. DespuĆ©s de todo, el apóstol Pablo condenó ā€œla humillación… y el trato severo del cuerpoā€ (Col 2:23). Pero el punto principal de nuestro SeƱor es este: debemos decidir que, sin importar cual sea el costo personal, seguiremos el supremo llamamiento de Dios en Cristo (Fil 3:14). AsĆ­ es, el SeƱor estĆ” obrando en nosotros lo que es agradable delante de Ɖl (Heb 13:21). Estamos confiando en Su mĆ©rito y poder. Pero no somos pasivos en nuestra santificación. Nuestra parte consiste en oponernos a nuestros pecados con una disciplina estricta; y no es opcional. Nuestro SeƱor nos dice: ā€œCueste lo que cueste, libĆ©rate, sĆ­gueme y entra en la vida. La Ćŗnica alternativa es el infiernoā€.

El Evangelio produce gente moralmente decisiva que tiene hambre y sed de justicia, deseos que Dios promete satisfacer (Mt 5:6). ā€œLa gracia de Dios se ha manifestado… enseƱƔndonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamenteā€ (Tit 2:11-12). ā€œBuscad… la santidad, sin la cual nadie verĆ” al SeƱorā€ (Heb 12:14). ā€œDisciplino mi cuerpo… para que haga lo que debe hacerā€ (1 Co 9:27 NTV).  

ĀæSerĆ­a una buena noticia si JesĆŗs dijera ā€œNo importa cómo se manifiestan tus peores impulsos, no hablaremos de eso. De lo Ćŗnico que quiero hablar es de lo mucho que te aceptoā€? ĀæPodrĆ­amos confiar en un Salvador asĆ­? El JesĆŗs verdadero nos ama lo suficiente como para libremente aceptarnos y confrontarnos con honestidad.

Persigamos la santidad, rigurosamente. Por Su gracia y para Su gloria, entraremos en la vida que es verdaderamente vida para siempre.

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Ray Ortlund
Ray Ortlund

El Dr. Ortlund es pastor principal de Immanuel Church en Nashville, Tenn., presidente de Renewal Ministries, y autor de varios libros, incluyendo When God Comes to Church.

Jul 7 – Respuestas inesperadas

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 7 – Respuestas inesperadas

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/respuestas-inesperadas/

Nancy Leigh DeMoss: Dios no hace las cosas como nosotros las harĆ­amos. Si supiĆ©ramos cómo escribir este guion, entonces serĆ­amos Dios, y no necesitarĆ­amos a Dios.

Pero Dios nos dice, Ā«TĆŗ no eres Dios. Yo soy Dios. Yo estoy escribiendo este guion. Yo sĆ© lo que estoy haciendoĀ». AquĆ­ es donde tienes que confiar en que Dios sabe lo que estĆ” haciendo y que Ɖl tiene un propósito y su propósito es bueno.

Carmen Espaillat: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆ­n.

Nancy ha estado en una serie llamada Habacuc: del temor a la fe . Ha sido asombroso ver cómo las preocupaciones de un profeta del Antiguo Testamento se parecen mucho a los de nuestros dĆ­as.

ĀæPor quĆ© permite Dios que pasen cosas malas? ĀæEs Ɖl realmente bueno? ĀæPuedo confiar en Ɖl? Nancy continuarĆ” explorando las preguntas de Habacuc- y quizĆ”s las tuyas tambiĆ©n.

Nancy: Espero que ya hayas encontrado en tu Biblia el libro de Habacuc- ese pequeƱo libroestĆ” hacia el final del Antiguo Testamento, escrito alrededor de 600 aƱos antes de Cristo.

Estamos pasando varias semanas caminando despacio, tomando nuestro tiempo, yendo versƭculo por versƭculo, frase por frase a travƩs del libro de Habacuc porque en este pequeƱo libro, estƔn las semillas de muchos temas bƭblicos poderosos y verdades del Nuevo Testamento.

De hecho, vamos a ver las semillas del Evangelio en el libro de Habacuc. Vamos a ver la evidencia de Cristo en el Antiguo Testamento al estudiar el libro de Habacuc, y estamos aprendiendo mucho del corazón y de los caminos de Dios.

Hemos visto que Habacuc era un profeta de Dios. Era un hombre que tenĆ­a una carga en su corazón mientras miraba a su alrededor y veĆ­a la violencia y la injusticia y la opresión y la lucha que habĆ­a entre el pueblo de Dios. Ɖl vio al pueblo de Dios hacer alarde de su ley, rompiendo las leyes y nadie haciendo nada al respecto; la gente que se suponĆ­a debĆ­a estar a cargo no estaba haciendo nada.

Luego Habacuc miró hacia arriba y dijo, Ā«Dios, tampoco parece que TĆŗ estĆ©s haciendo algo al respectoĀ». Ɖl le hizo a Dios unas preguntas sinceras y honestas, Ā«Dios, Āæpor quĆ© estĆ”s permitiendo que estas cosas pasen entre Tu pueblo? ĀæPor cuĆ”nto tiempo orarĆ© a Ti y no harĆ”s nada?

Bueno, después de que Habacuc ha derramado su corazón delante Dios en el primer pÔrrafo del capítulo 1, Dios le responde a Habacuc, y le dice (como vimos en la última sesión) en el versículo 5 de Habacuc capítulo 1 : «Mirad entre las naciones, y observad.» En otras palabras, «abre tus ojos. Ten una perspectiva amplia. Obtén una visión mÔs grande. Has estado muy limitado solo viendo lo que estÔ pasando a tu alrededor. Levanta tus ojos».

Ā«Mira y ve lo que estoy haciendo entre las naciones…porque estoy haciendo una obra en tu dĆ­a que no lo creerĆ­as si te lo dijeranĀ». Lo que Dios le estĆ” diciendo a Habacuc es, Ā«Esto es algo que si lo pudieras ver y si lo supieras, te maravillarĆ­as. Te asombrarĆ­as de ver lo que estoy haciendoĀ».

Dios desafía a Habacuc, «Mira lo que estoy haciendo. Observa que sí estoy obrando en tus días. No estoy dormido. No soy pasivo. No soy indiferente a tu apuro. Si estoy interesado. Y si estoy obrando».

Espero que, al mirar tu propia vida, esto te anime. Pienso en unos correos electrónicos que recibimos aquĆ­ en Aviva Nuestros Corazones, y nos encanta recibir esos correos. Tenemos un equipo de personas que ora por esas peticiones.

Pero algunas de ellas parecen no tener esperanza- mujeres que estÔn enterradas en circunstancias de la vida que son realmente muy desesperantes. Nuestro corazón late con ellas, y clamamos y decimos, «”Oh Señor, ayúdalas! ¿Qué se puede hacer?»

A veces parece que en medio de esas circunstancias estas mujeres sienten que no estĆ” pasando nada. Nada estĆ” cambiando. Estoy orando, pero Dios no estĆ” haciendo nada. Dios nos tranquiliza. Ɖl dice, Ā«Estoy obrando en tus dĆ­as- en este mundo. Estoy obrando. ConfĆ­a en mĆ­. Yo sĆ© lo que estoy haciendo, estoy obrandoĀ».

Ahora bien, mientras Dios le contesta a Habacuc y le dice, Ā«Estoy escuchando tu oración, y estoy obrando,Ā» Habacuc tenĆ­a una noción preconcebida acerca de cómo Dios le contestarĆ­a sus peticiones.

No estamos seguras de qué era lo que él esperaba , pero sí sabemos que lo que Dios procede a decirle no es lo que él esperaba. Habacuc pudo haber sido un niño durante los días del rey Josías, quien, si no recuerdo mal, fue el último rey bueno en JudÔ.

Y un hombre que daba honor a Dios, y bajo el reinado de JosĆ­as hubo un avivamiento. Dios trajo al pueblo a un lugar de arrepentimiento- a amar la Ley de Dios. Fue un tiempo de avivamiento espiritual en JudĆ”.

Ahora vemos que Habacuc ya es un hombre adulto, y clama al SeƱor, y estĆ” viendo que el pueblo se estĆ” descarriando -otra vez. Me pongo a pensar si quizĆ”s Ć©l estaba esperando que Dios respondiera su oración mandando otro avivamiento para tratar con la corrupción y la maldad entre el pueblo de Dios.

Lo que fuera que Ć©l estaba pensando, lo que fuera que Ć©l estaba esperando, Habacuc no estaba preparado para la respuesta cuando Dios finalmente le da la respuesta a su oración. Dios le dice en el versĆ­culo 5, Ā«harĆ© una obra en vuestros dĆ­as que no creerĆ­ais si se os contara,Ā» y esa declaración termina siendo una descripción insuficiente de lo que realmente vendrĆ­a.

Porque después que Dios le dice esto, Habacuc le dice , «Estas en lo cierto, ”no lo creo!» Mira el versículo 6 del capítulo 1 de Habacuc. «He aquí» Dios le dice, «Yo levanto a los caldeos». Algunas de sus Biblias dicen los babilonios. Es lo mismo -los caldeos son los babilonios.

«Estoy levantando a los caldeos, esa nación feroz e impetuosa, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas».

Ahora, mira el panorama aquí. Habacuc estÔ en JudÔ derramando su corazón delante de Dios acerca de la condición del pueblo de Dios. Se lamenta por la corrupción de la justicia que estÔ ocurriendo entre el pueblo de Dios.

Al mismo tiempo, a 900 millas en Babilonia, Dios estÔ organizando los eventos para contestar la petición de Habacuc- pero de una manera que Habacuc nunca lo hubiera soñado.

Dios le dice, «Estoy levantando a los caldeos». Ahora, en ese momento, como dijimos antes en la serie, los asirios eran el poder dominante del mundo, pero los babilonios, los caldeos apenas comenzaban a tener poder.

Estaban empezando a conquistar naciones. Unos 15 o 20 años después, tomarían el control sobre JudÔ. Pero era un pueblo muy poco conocido para Habacuc. Realmente no le era familiar. Es como cuando escuchas de una guerra en algunos países del mundo, y dices, «me parece que escuché de ese lugar cuando estaba en octavo grado en la escuela , pero no sé exactamente dónde estÔ ese país».

Estos caldeos comienzan a hacerse mÔs importantes a hacerse mÔs poderosos, y luego Dios continúa describiendo cómo eran los caldeos (ya que Habacuc realmente no los conoce) .

Quiero leerles del versĆ­culo 6 al 11, y mientras lo hago, escuchen las caracterĆ­sticas de los Caldeos. Dios dice que era un:

«Pueblo feroz e impetuoso, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas, imponente y temible es; de él mismo proceden su justicia y su grandeza.

Sus caballos son mƔs veloces que los pardos y mƔs astutos que lobos al anochecer. Al galope vienen sus jinetes, sus jinetes vienen lejos, vuelan como Ɣguila que se precipita a devorar.

Vienen todos ellos para hacer violencia, su horda de rostros avanza, recoge cautivos como arena. Se mofa de los reyes, y los gobernantes le son motivo de risa; se rĆ­e de toda fortaleza, amontona escombros para tomarla. Entonces pasarĆ” como el viento y seguirĆ”, y se le tendrĆ” por culpable, porque hace de su poder su dios.Ā»

Esa es la descripción que Dios hace del pueblo que Ɖl estĆ” levantando para contestar la oración de Habacuc. Eran corruptos, agresivos, crueles, maliciosos, fieros, fuertes, y bestiales. Estaban decididos a dominar el mundo. Los puedes ver tomando el control como una tormenta -barriendo con todo y conquistando al mundo conocido.

Invencibles – por lo menos ellos pensaban que lo eran. Irresistibles. Todos caĆ­an como pequeƱas vĆ­ctimas bajo su ataque. Inconquistables, indomables, inquebrantables, abrumadores -ese es el sentir que nos da.

Arrogantes, orgullosos. Ellos adoraban su propia fuerza. «su poder es su dios» (versículo 11). Ellos piensan que son Dios. Se trata de un poder mundano, arrogante, despiadado, cruel y estos son los instrumentos que Dios ha escogido y tiene la intención de usar para cumplir Sus propósitos en el mundo.

Dios le dice, Ā«Estoy obrando en tu dĆ­a, y esto es lo que estoy haciendo. Estoy levantando un grupo de terroristas despiadados, arrogantes para cumplir mis propósitos y para contestar tus oraciones. Por medio de ellos tratarĆ© con el pecado y la injusticia de JudÔ».

Dios estĆ” obrando, pero no es lo que nosotros esperĆ”bamos. No es la manera que nosotros hubiĆ©semos escrito el guión porque es una obra de juicio. Dios va a traer ira y juicio, y Ɖl va a usar esta nación violenta, perversa, arrogante- a los babilonios – para hacerlo. La gente estĆ” anonadada. Por eso Dios dijo, Ā«asombraos y admiraosĀ».

No lo pueden creer. No es lo que ellos hubieran esperado que Dios hiciera. Dios dice, «Voy a tratar con los pecados de mi pueblo por medio de un pueblo que es aun mÔs malo». Dios les dice, «Estoy levantando a una nación malvada, pagana, impía, despiadada, violenta para realizar Mis propósitos con Mi pueblo escogido».

Tienes que ponerte a pensar, asĆ­ como Habacuc- nos daremos cuenta por quĆ© Dios usó a los caldeos. Me pongo a pensar si quizĆ”s fue con la intención de ser la imagen en lo que JudĆ” se convertirĆ­a si se dejaba sin corrección; si no era castigada por Dios. AllĆ­ es hacia donde te guiarĆ” el pecado.

Estaba con unas amistades, con una familia que estaba de vacaciones este verano pasado, y juntos estudiamos el libro de Habacuc, y había algunos jóvenes en aquella familia.

Mientras discutíamos el libro de Habacuc, surgió esta pregunta, «¿Por qué Dios escogería a los caldeos, un pueblo como ese para realizar Sus propósitos?» Uno de esos jóvenes dijo, «Dios ha de haber estado muy molesto con el pecado de Su pueblo para usar a gente como los babilonios para tratar con ellos».

Pensé que este comentario traía una buena perspectiva. Dios dijo, «Esto es lo mucho que me molesta tu pecado. Esto es lo mucho que me importa. Así de afligido estoy por tu pecado. Voy a levantar a un pueblo que es feroz e impetuoso, violento, perverso y despiadado para venir a castigarte».

Si estuviéramos escribiendo esto en estos días modernos, sería como si Dios nos dijera, «Estoy levantando a los de Corea del Norte, o a Al Qaeda, o a los iraquíes para aterrorizar tu nación, para conquistar, para perseguir y encarcelar a todos los creyentes».

«Van a venir. Van a dominar el mundo, y van a dominar tu país, y van a dominar tus familias y tu tierra.» Hemos estado orando por avivamiento, y decimos, «Señor, pero no es así como me imagine que lo harías!»

Bueno, quizÔs no sería un gran poder mundial como esas naciones que acabamos de nombrar. QuizÔs Dios diría, «Voy a levantar jueces, oficiales públicos y legisladores corruptos, un cónyuge abusivo, un jefe impío y malvado, un maestro escolar o un entrenador impío en la vida de tu hijo».

Dios en ningún momento estÔ aprobando estas obras malvadas, pero lo que Dios estÔ diciendo es, «Puedo usar cualquier instrumento para cumplir Mi propósito en las vidas de Mis hijos». A veces, Dios escoge y usa los instrumentos mÔs inesperados, y esa es una clave para entender el libro de Habacuc. Dios a menudo obra de maneras inesperadas.

Dios no hace las cosas como nosotras las haríamos. De nuevo, si nosotras supiéramos cómo escribir este guión, entonces seríamos Dios, y no necesitaríamos a Dios.

Pero Dios dice, Ā«TĆŗ no eres Dios. Yo soy Dios. Yo estoy escribiendo este guión. Yo sĆ© lo que estoy haciendoĀ». AquĆ­ es donde tienes que confiar que Dios sabe lo que estĆ” haciendo y que Ɖl tiene un propósito y Su propósito es bueno.

Ahora, déjame hacer algunas observaciones y señalar unos puntos importantes que pienso tienen aplicación para nosotras. En primer lugar, es obvio por este pasaje que Dios conoce todo acerca de nuestros opresores.

Las circunstancias y las personas en nuestras vida que nos oprimen no toman a Dios por sorpresa. Dios es el que da la descripción que acabamos de leer en el capítulo 1. Habacuc no es el que da la descripción de los caldeos, la descripción la ofrece Dios.

Realmente al ver esto parecería que si Dios conoce a esta gente muy bien. Dios fue que dijo que eran despiadados; salvajes; aterradores. Dios los describió, y Dios conoce todos los detalles y las características de la gente y de las circunstancias que te estÔn oprimiendo.

A veces nos preguntamos si Dios realmente sabe lo malo que son los malos, o cuƔnto nos estƔn afectando o el mal tiempo que estamos atravesando, o lo que ellos estƔn planeando. Solo quiero asegurarte por medio de este pasaje que- Dios sƭ sabe.

No tienes que ponerte a pensar -cuando te sientas ahogada por estas circunstancias terribles, «¿TendrĆ” Dios alguna idea de lo que estĆ” pasando aquĆ­?Ā» Ɖl sabe. Dios fue el que la describió.

Dios sabe. Ɖl ve. A veces Ć©l permite que hombres malos lo destrocen todo. ĀæPuedo recordarte que aun los malvados son parte del plan de Dios para los justos? Aun los malvados son parte del plan de Dios para manifestar y exhibir Su gloria en el mundo.

Dios es quien dice, «Algún día causare que aun la ira de los hombres me alabe». No es como si Dios tuviera un plan, que esté tratando de realizar Sus propósitos en el mundo, pero que todos estos hombres y naciones y circunstancias malvadas estÔn interrumpiendo ese plan de Dios. ”No! No lo toman por sorpresa. Dios no tiene que estar a la defensiva.

«Oh, ¿Qué voy a hacer con los caldeos?», o «¿Qué voy a hacer con este jefe malo o este entrenador o esta persona o esta nación?» No. En realidad Dios usa a los malvados como instrumentos y herramientas en Sus manos para realizar Sus propósitos.

Ahora, no me pidas que lo entienda enteramente o que te lo explique. Porque no puedo, y tú tampoco podrÔs. Pero puedes confiar que es cierto. Dios dice, «estoy levantando a los caldeos». Dios es el que estÔ ordenando y disponiendo y organizando todas las circunstancias aquí para realizar Sus propósitos.

Vemos la soberanía de Dios sobre los asuntos mundiales. Dios es soberano sobre las naciones, sobre los reyes, sobre los eventos, sobre la historia. En última instancia cada nación en este mundo y cada persona en este mundo estÔ bajo la mano y el control de Dios.

Si eres una hija de Dios, no hay persona o circunstancia o nación o terrorista o ladrón o cosa alguna que pueda venir a tu vida, fuera del permiso y del plan de Dios.

Ahora eso plantea algunas cuestiones difĆ­ciles. ĀæOrdenó Dios que esta cosa mala ocurriera en mi vida? Dios nunca hace que ocurra el pecado, pero este es un mundo caĆ­do y un planeta caĆ­do. Dios estĆ” en el proceso de redimir y de hacer todas las cosas nuevas. Parte del proceso es que Dios obra soberanamente – aun a travĆ©s de gente mala y de circunstancias y eventos malos.

Leer un versículo que dice «Estoy levantando a los caldeos,» es preocupante para nuestra teología, aflige nuestras mentes débiles. Sería una cosa si Dios dijera, «Los caldeos vienen, y voy a obrar a pesar de ellos,» pero eso no es lo que dice aquí.

Dios dice, «Estoy levantando a los caldeos -esas naciones, esos reyes malos, esos gobernantes malos». Dios los estÔ moviendo como piezas en un tablero de ajedrez y usÔndolos para realizar Sus propósitos soberanos.

Los caldeos pensaban que ellos eran soberanos, independientes, y poderosos. Y no se daban cuenta que solamente eran instrumentos en las manos de un Dios soberano y que ese Dios los tomaría en Su mano y los levantaría de tal manera que tendrían un impacto significativo sobre Su pueblo y cumplirían Sus propósitos en el mundo.

Dios es soberano. Recuerda que Dios a veces contesta nuestras oraciones dejando que las cosas vayan de mal en peor. A veces, las cosas empeoran antes de mejorar, y gritamos chillamos y arrastramos los pies y decimos, «”oh Dios, no! ”Esto no es lo que quería decir! ”esto no es lo que yo tenía en mente! ¿Cómo puedes hacer esto? No entiendo».

Lloramos, y nos quejamos, y nos preocupamos y nos estresamos, y batallamos, y peleamos con Dios. Pero entiende que a veces Dios contesta nuestras oraciones con aquello mismo que estamos resistiendo.

No le puedes decir a Dios cómo contestar tus oraciones ni cómo manejar tus preocupaciones. Habacuc le dijo a Dios, «¿Por qué no haces algo?» Dios respondió y dijo, «Sí estoy haciendo algo».

Cuando lleguemos a la próxima sesión Habacuc va a decir, «Dios, esto no es exactamente lo que tenía en mente. Esta no es la manera en que yo quería que actuaras». Estamos orando por avivamiento, y Dios dice, «¿Quieres avivamiento? Puedo escoger castigar y purificar Mi pueblo en esta nación con sufrimiento, con aflicción, con desastre financiero, con terrorismo».

Cuando leo esa frase en el versĆ­culo 10 acerca de Babilonia, Ā«Se rĆ­e de toda fortaleza, amontona escombros para tomarla… se mofa de los reyes y los gobernantes le son motivo de risaĀ». RecordĆ© el 11 de septiembre y vino a mi mente la idea de los terroristas yendo contra los sĆ­mbolos de fortaleza mĆ”s inquebrantables y riĆ©ndose mientras los volaban en pedazos.

Gente mala haciendo cosas despiadadas. Y pensÔbamos que éramos invencibles. Pero Dios dice, «¿Crees que eres invencible? Solo déjame enseñarte que no lo eres». Oramos por avivamiento, y Dios dice, «Voy a derribar las cosas en las que tú confías».

Todavía en mi país confiamos en el dinero. Confiamos en nosotros mismos. En realidad, no somos tan distintos a los caldeos. No somos tan distintos a los babilonios, y Dios dice, «Yo sé cómo tratar contigo. Yo sé cómo castigarte. Yo sé cómo cumplir Mis propósitos en tu vida».

Pides avivamiento, y luego Dios manda hambre o peligro o espada o desastre financiero o plagas o enfermedades. Y decimos, «Señor eso no es lo que tenía en mente. No era como esperÔbamos que ibas a contestar. No es lo que pensÔbamos que ibas a hacer».

Pero Dios dice, «Déjame a Mí contestar. Déjame hacerlo a Mi manera. Estoy obrando en tu día. Es Mi obra. Confía en Mí». ¿Quieres que Dios trate con tu esposo inconverso? ¿Quieres que Dios lo cambie? Ora por él.

Y quizÔs tu oración es «Dios, salva a este hombre,» o, «Dios salva a este hijo,» y luego Dios trae desastre a sus vidas. QuizÔs empeoran antes de mejorar. Si tu esposo pierde su trabajo por ser falsamente acusado, o tiene un jefe impío y tu esposo se siente miserable, y quizÔs estÔs pensando, «Oh Dios, yo no quiero que se sienta miserable. yo sólo quiero que sea salvo».

Dios estÔ diciendo, «Puede que tenga que hacerlo miserable antes que llegue al fin de sí mismo y se salve». Y vemos a nuestros seres queridos y los vemos miserables, y los queremos rescatar de la Cruz. Pero Dios dice, «No, Yo estoy obrando. Yo estoy levantando a este jefe. Yo estoy levantando estas circunstancias. Yo estoy levantado estas situaciones. Déjame ser Dios, y déjame contestar la oración en la manera que yo sé que es mejor».

SĆ­ se puede confiar en Dios. Ɖl sabe lo que estĆ” haciendo. Ɖl estĆ” obrando en nuestros dĆ­as. Admiraos y asombraos. Ɖl estĆ” haciendo una obra que si la pudiĆ©ramos ver ahora, nos asombrarĆ­amos. No lo creerĆ­amos.

Cuando Dios nos dice cuĆ”l es la obra, Ɖl nos ofrece una perspectiva fresca. Ā«Estoy trayendo estas circunstancias, esta situación, este mal, esta atrocidad horrible, esta cosa en tu vida o en tu mundo o en tu casa o en tu iglesiaĀ». Deja que Dios sea Dios. DĆ©jalo que use a los caldeos, si Ɖl quiere, para cumplir Sus propósitos. Ahora bien, ese no es el final de la historia, y por eso espero que no dejes de escuchar esta serie porque no es el final, es solo un capĆ­tulo.

Es un capítulo importante. Es un concepto importante. Necesitas saber que mÔs allÔ de utilizar a los caldeos, Dios tiene planes mÔs grandes y magníficos. Admírate. Asómbrate, y confía.

Carmen: Si le has estado pidiĆ©ndole a Dios que conteste tu oración, la enseƱanza de hoy de Nancy Leigh DeMoss puede ayudarte y ofrecerte una perspectiva mĆ”s amplia de cómo Ɖl podrĆ­a responder. Esta enseƱanza es parte de una serie llamada, Habacuc: del temor a la fe. Hemos estado estudiando el temor de Habacuc, pero no hemos llegado a la parte de la fe todavĆ­a .

Como Nancy mencionó, estamos viendo algunas de las partes mĆ”s difĆ­ciles del libro, asĆ­ que no te rindas. Si te has perdido alguno de los programas de esta serie, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Cuando Dios te disciplina, nunca es con un sentido de venganza. Ɖl no te hace pagar antes de que estĆ© dispuesto a perdonarte -entonces Āæpor quĆ© nos disciplina? ĀæCuĆ”l es su propósito? Exploraremos eso la próxima vez.

Para cerrar el programa de hoy, oremos con Nancy.

Nancy: SeƱor, estas cosas estĆ”n mĆ”s allĆ” de nuestro entendimiento, y solo nos recuerdan que no somos Dios, pero TĆŗ sĆ­ lo eres. Confiamos en Ti. Queremos confiar mĆ”s en Ti. Necesitamos confiar mĆ”s en Ti.

Quiero pedirte por aquella mujer escuchando hoy que estÔ sintiendo que estÔ siendo derrotada por los caldeos. Ayúdala a ver que Tú has levantado circunstancias en su vida, y que Tú las estÔs usando para Tus propósitos.

No traerÔs el castigo por un tiempo mÔs largo o con mÔs dolor que el que absolutamente necesitas para cumplir Tus propósitos. En medio de la dificultad, en medio de los desafíos, te pido que nos ayudes a confiar y a saber que Tú eres Dios, y que Tú estÔs cumpliendo Tus propósitos. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las AmƩricas a menos que se indique lo contrario.

MĆŗsica: Soberano Salvador, Jonathan & Sarah Jerez, Vivir Es Cristo ā„— 2013 Jonathan & Sarah Jerez

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Un dĆ­a a la vez

MiƩrcoles 14 Octubre

Nuestros padres comieron el manĆ” en el desierto, como estĆ” escrito: Pan del cielo les dio a comer.
Juan 6:31

Lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer.
Ɖxodo 16:21

(JesĆŗs dijo:) No os afanĆ©is por el dĆ­a de maƱana… Basta a cada dĆ­a su propio mal.
Mateo 6:34

Un dĆ­a a la vez

Un amigo que habĆ­a tenido un accidente preguntó al mĆ©dico: Ā«Doctor, ĀæcuĆ”nto tiempo tendrĆ© que quedarme acostado?Ā». El mĆ©dico le respondió: «”Solo un dĆ­a a la vez!Ā». Este consejo se parece a lo que el SeƱor JesĆŗs nos dice: ā€œNo os afanĆ©is por el dĆ­a de maƱana… Basta a cada dĆ­a su propio malā€.

Claro que es útil tener proyectos, pero el cristiano deposita su confianza en el Señor para caminar con él.

Solo un día a la vez: Dios enseñó esta lección a su pueblo cuando iba por el desierto desde Egipto a CanaÔn. Cada mañana recogían la porción de alimento necesario para el día: el manÔ. Venía del cielo y se depositaba en la tierra con el rocío de la mañana. Nadie tenía demasiado y a nadie le faltaba.

No recibĆ­an cada semana la porción necesaria para una semana, sino cada dĆ­a la porción para un dĆ­a. Para el cristiano, esto significa que la gracia del lunes serĆ” para el lunes, y la gracia del martes para el martes… Una total confianza en Dios permite que vivamos tranquilamente dĆ­a tras dĆ­a.

Si salgo a caminar de noche por una senda oscura, conozco mi destino, pero mi linterna solo alumbra unos metros delante de mí, y a medida que avanzo, el camino se va iluminando. Finalmente llego a mi destino sin haber dado un paso en la oscuridad. ”Tuve luz durante todo el trayecto! Así es como Dios me conduce, ”un paso tras otro!

Deuteronomio 8 – Juan 6:1-21 – Salmo 117 – Proverbios 25:11
Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch