La hermenĆ©utica Cristo-tĆ©lica en los profetas

Alimentemos El Alma

Sociedad Teológica Cristiana

La hermenƩutica Cristo-tƩlica en los profetas

JosĆ­as Grauman

La Sociedad Teológica Cristiana (STC) estÔ conformada por un grupo de académicos, maestros, pastores y estudiantes de la Biblia interesados en el desarrollo de la erudición teológica en el mundo hispanohablante.

Nuestro propósito es fomentar y facilitar la presentación de recursos académicos realizados por teólogos hispanohablantes o material teológico de alto nivel traducido al español.

SIMPOSIO
Uno de los brazos principales de la STC es la realización de un simposio anual, donde diferentes escritos teológicos son presentados bajo una temÔtica común en cada edición.

OTRAS INICIATIVAS
La STC planea comenzar la producción de revistas, libros y videos con contenido producido por los miembros de la sociedad.

http://www.sociedadtc.org

8 – Hogar cristiano

CONSULTORIO BƍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

8 – Hogar cristiano

DAVID LOGACHO

Es un gozo compartir este tiempo con Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy con David Logacho. Estamos estudiando las características de la vida cristiana, en la serie titulada: La Vida Auténticamente Cristiana. En esta ocasión trataremos el tema del hogar cristiano.

AsĆ­ como uno no se convierte en caballo por el solo hecho de entrar en un establo, tampoco uno no se convierte en cristiano por el solo hecho de entrar en un templo cristiano.

Esto es bueno tomar muy en cuenta por cuanto no son pocos los que piensan que son cristianos porque tal vez cada domingo entran a un templo llamado cristiano.

Algo semejante ocurre en cuanto a los hogares. Los hogares no son cristianos por el solo hecho de que algunos de sus miembros concurran a un templo cristiano.

Para hablar de un hogar autƩnticamente cristiano se necesita cumplir con algunos requisitos.

El primero y mĆ”s importante, es necesario que los padres sean creyentes. Para ser un creyente es necesario nacer de nuevo. Eso fue justamente lo que dijo JesĆŗs a un hombre muy celoso de la religión de sus ancestros. Me refiero a Nicodemo el fariseo. Juan 3:3 registra lo que JesĆŗs dijo a este fariseo. Dice asĆ­: ā€œRespondió JesĆŗs y le dijo: De cierto, de cierto os digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Diosā€

Nacer de nuevo es el resultado de creer en Cristo y recibirle como Salvador. Eso es lo que se desprende de las palabras de JesĆŗs en Juan 3:14-16 donde dice: ā€œY como MoisĆ©s levantó la serpiente en el desierto, asĆ­ es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Ć©l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigĆ©nito, para que todo aquel que en Ć©l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.ā€

De modo que si Usted quiere que su hogar no solo tenga el nombre de hogar cristiano, sino que sea en verdad un hogar cristiano, Usted y su esposa o esposo necesitan este nuevo nacimiento. Caso contrario, aunque se auto convenza de que su hogar es cristiano, a los ojos de Dios no es cristiano.

El segundo requisito es que los padres creyentes estĆ©n guiando a sus hijos hacia la meta de que ellos tambiĆ©n experimenten ese nuevo nacimiento. El mundo en el cual vivimos dice que no es bueno que los padres ejerzan influencia en la orientación espiritual de sus hijos. Pero Dios dice todo lo contrario. En Deuteronomio 4:9 leemos lo siguiente: ā€œPor tanto, guĆ”rdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los dĆ­as de tu vida; antes bien, las enseƱarĆ”s a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.ā€

Allí lo tiene. La responsabilidad de los padres es guiar a sus hijos en los caminos del Señor. Por supuesto que serÔn los hijos, quienes cuando tengan uso de razón, decidirÔn por ellos mismos el recibir a Cristo como su Salvador personal, pero los padres podemos contribuir en mucho para que eso acontezca.

Padres, si quieren hacer de su hogar un hogar auténticamente cristiano es necesario que rodeen a sus hijos de una atmósfera cristiana, procurando poner en sus mentes principios sencillos de la palabra de Dios y haciendo todo lo posible para que sus hijos tomen conciencia de su estado espiritual y eventualmente vuelvan sus ojos a Cristo para encontrar en él la salvación.

El tercer requisito estƔ ƭntimamente relacionado con lo anterior. Un hogar verdaderamente cristiano es aquel en el cual la Biblia, la palabra de Dios ocupa un lugar cƩntrico. Con esto no estoy diciendo que tenga una Biblia, sobre la mesa de la sala de estar, como si fuera un amuleto en contra de la mala suerte, como tristemente sucede en muchos hogares.

Lo que estoy diciendo es que la Biblia debe ser el alimento espiritual de los padres y de los hijos. La familia deberĆ­a tomar un tiempo cada dĆ­a para leer y meditar en la palabra de Dios.

El cuarto requisito es la oración. Alguien ha acuñado el dicho que la familia que ora unida permanece unida. Esto es muy cierto. La oración en familia es como un pegamento que mantiene junta a la familia.

Procure reservar un tiempo cada día cuando todos los miembros de la familia estén juntos, aún los mÔs pequeños, para que cada uno tenga la oportunidad de hacer una oración espontÔnea a Dios. Esta practica se complementa maravillosamente con la anterior, cuando nos referíamos a dedicar tiempo a la palabra de Dios.

Cuando meditamos en la palabra de Dios, él habla a nuestro corazón. Cuando oramos a Dios, nosotros hablamos al corazón de él. El resultado es de tremendo beneficio para la familia.

El quinto requisito de un hogar auténticamente cristiano es que cada miembro del hogar cumpla con lo que Dios ha establecido en su palabra. La Biblia contiene en detalle una descripción de funciones del esposo, de la esposa, y de los hijos. En la medida que cada miembro del hogar cumpla con las funciones asignadas por Dios para él, el hogar marcharÔ sincronizadamente, como un fino reloj suizo, pero de igual manera, en la medida que cada miembro del hogar incumpla con las funciones asignadas por Dios para él, el hogar se harÔ pedazos.

Veamos por tanto, rƔpidamente, cuƔles son las funciones para cada uno de los miembros de un hogar cristiano.

Comencemos con las esposas, primero las damas. Ese es el orden que aparece en la Biblia. Note lo que dice Efesios 5:22-24 ā€œLas casadas estĆ©n sujetas a sus propios maridos como al SeƱor; porque el marido es cabeza de la mujer, asĆ­ como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y Ć©l es su Salvador. AsĆ­ que, como la iglesia estĆ” sujeta a Cristo, asĆ­ tambiĆ©n las casadas lo estĆ©n a sus maridos en todo.ā€

La función principal de una esposa es someterse a su esposo. La sumisión no es sinónima de obediencia. La obediencia estÔ reservada para los hijos, no para las esposas. El texto no dice: las casadas obedezcan a sus propios maridos, sino: las casadas estén sujetas a sus propios maridos. La sumisión significa que la esposa ocupa el lugar que Dios diseñó para ella en la relación marido-mujer.

La esposa es la ayuda idónea. La esposa es la persona de confianza del esposo. Como tal, se somete a él de la misma manera que el cuerpo se somete a la cabeza y de la misma manera que la iglesia, el cuerpo, se somete a su cabeza, Cristo. Si las esposas entendieran este concepto de sumisión y sobre todo, si las esposas vivieran en la prÔctica la sumisión, los hogares se ahorrarían una cantidad de problemas.

AdemÔs de eso, las esposas deben amar a sus maridos, deben criar a los hijos en disciplina y amonestación del Señor y deben ser cuidadosas de su casa.

Ahora nos toca a nosotros, los esposos. Lo nuestro se encuentra en Efesios 5:25-33 donde dice: ā€œMaridos, amad a vuestras mujeres, asĆ­ como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sĆ­ mismo por ella, para santificarla, habiĆ©ndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentĆ”rsela a sĆ­ mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. AsĆ­ tambiĆ©n los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sĆ­ mismo se ama. Porque nadie aborreció jamĆ”s a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como tambiĆ©n Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejarĆ” el hombre a su padre y a su madre, y se unirĆ” a su mujer, y los dos serĆ”n una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demĆ”s, cada uno de vosotros ame tambiĆ©n a su mujer como a sĆ­ mismo; y la mujer respete a su maridoā€

Allí lo tenemos, esposos. MÔs claro no puede ser. Nuestra principal función es amar a nuestras esposas. El amor del cual habla este texto no es solamente el amor pasional o romÔntico. Es mÔs bien un acto de la voluntad que se manifiesta en sacrificio por la persona amada.

SegĆŗn lo que dice este texto, el amor debe ser sacrificial, esto significa que implica algĆŗn tipo de sacrificio de parte del esposo en beneficio de su esposa. El amor debe ser santificador. Esto significa que busca formar las mejores virtudes en la esposa. El amor debe ser sustentador. Esto significa que el esposo debe satisfacer todas las necesidades de su esposa.

Toda esposa tiene necesidades en el Ɣrea espiritual, emocional y fƭsica. Los esposos debemos satisfacer todas estas necesidades. El amor de un esposo a su esposa, debe ser sin fin. Por algo dijo el SeƱor que los casados deben estar juntos hasta que la muerte los separe. El divorcio no deberƭa ni siquiera ser mencionado en un hogar cristiano.

AdemÔs de amar, el esposo comparte con su esposa la noble tarea de criar a los hijos en disciplina y amonestación del Señor.

Otro elemento de todo hogar son los hijos. La principal responsabilidad de los hijos aparece en pasajes bĆ­blicos como Efesios 6:1-3 donde dice: ā€œHijos, obedeced en el SeƱor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.ā€

La obediencia hacia los padres, por parte de los hijos es vital para la buena marcha de cualquier hogar. Ningún hijo viene a este mundo dispuesto a obedecer. Todo lo contrario, por naturaleza los hijos tienden a la desobediencia. Los padres deben hacer todo esfuerzo posible para enseñar obediencia a los hijos y los hijos, de cualquier edad que sean, mientras vivan bajo el mismo techo de sus padres, deben obedecer.

Como podrÔ notar, un hogar verdaderamente cristiano cumple con ciertos requisitos indispensables. ¿Es el suyo un hogar auténticamente cristiano? Si estÔn ausentes algunos de los requisitos mencionados, lo antes posible tome las medidas correctivas necesarias. Que su hogar no sea cristiano solo de nombre, sino que sea un hogar cristiano de verdad.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por aƱos para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al SeƱor en un Instituto BĆ­blico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante mĆ”s de 2 dĆ©cadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

Av.Galo Plaza Lasso N63-183 y de los Cedros
Telf. 00593-2-2475563
Quito-Ecuador

ĀæEs bueno el ECUMENISMO?

TeologĆ­a Express

ĀæEs bueno el ECUMENISMO?

Sam Masters

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¿Es bueno el ECUMENISMO?, Ecumenismo, Ecuménico
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La prĆ”ctica de la mortificación

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La prÔctica de la mortificación

Sinclair B. Ferguson

Nota del editor: Este es el quinto y último capítulo en la serie «La mortificación del pecado«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Las consecuencias de una conversación pueden cambiar nuestra opinión sobre su importancia.

Mi amigo, un ministro mĆ”s joven, se sentó conmigo en su iglesia al terminar una conferencia y me dijo: Ā«Antes de que nos retiremos esta noche, solo muĆ©strame los pasos necesarios para ayudar a alguien a mortificar o hacer morir el pecadoĀ». Estuvimos sentados hablando de Ć©sto por un poco mĆ”s de tiempo y luego nos fuimos a descansar; espero que se haya sentido tan bendecido como yo con nuestra conversación. TodavĆ­a me pregunto si estaba haciendo su pregunta como pastor o simplemente para sĆ­ mismo, o ambos. 

ĀæCuĆ”l es la mejor manera de responder a su pregunta? Lo primero que debes hacer es: ir a las Escrituras. SĆ­, recurrir a John Owen (Ā”nunca es una mala idea!) o a algĆŗn otro consejero vivo o muerto. Pero recuerda que tenemos mĆ”s que solo buenos recursos humanos en este tema. Necesitamos ser enseƱados desde Ā«la boca de DiosĀ» para que los principios que estamos aprendiendo a aplicar lleven consigo tanto la autoridad de Dios como la promesa de Dios de hacerlos eficaces en nosotros.

No puedes «mortificar» el pecado sin experimentar el dolor de la muerte. ”No hay otra manera!

Varios pasajes vienen a la mente para este estudio: Romanos 8:13; Romanos 13:8-14 (texto de AgustĆ­n); 2 Corintios 6:14-7:1; Efesios 4:17-5:21; Colosenses 3:1-17; 1 Pedro 4:1-11; 1 Juan 2:28-3:11. Es importante destacar que solo dos de estos pasajes contienen el verbo Ā«mortificarĀ» (Ā«dar muerteĀ»). De igual manera es importante notar que el contexto de cada uno de estos pasajes va mĆ”s allĆ” de la  exhortación a mortificar el pecado solamente. Como veremos, esta es una observación que resulta ser de gran importancia.

De estos pasajes, Colosenses 3:1-17 es probablemente el mejor lugar para comenzar.

Aquí vemos cristianos relativamente jóvenes que habían disfrutado de una maravillosa experiencia de conversión del paganismo a Cristo; entrando así al mundo de la gracia, gloriosamente nuevo y liberador. Tal vez, si leemos entre líneas, podríamos decir que ellos sintieron por un momento como si hubiesen sido liberados no solo del castigo del pecado, sino también de su influencia en sus vidas; tan maravillosa fue su nueva libertad. Pero luego, por supuesto, el pecado volvió a asomar su horrenda cabeza. Habiendo experimentado el «ya» de la gracia, ahora estaban descubriendo el doloroso «todavía no» de la santificación progresiva. ”Suena familiar!

Al igual que en nuestra subcultura evangĆ©lica de soluciones rĆ”pidas para problemas de largo plazo, si los colosenses no tenĆ­an una comprensión firme de los principios del Evangelio, entonces ahora se encontraban en peligro; pues justo en este momento los nuevos creyentes tienden a ser presa relativamente fĆ”cil para los falsos maestros con nuevas promesas de una vida espiritual mĆ”s elevada. Eso fue lo que Pablo temió (Col 2:8, 16). Los mĆ©todos para ā€œproducir santidadā€ estaban ahora en boga (Col 2:21-22) y parecĆ­an ser muy espirituales, justo lo que los nuevos creyentes necesitaban. Pero, de hecho, Ā«carecen de valor alguno contra los apetitos de la carneĀ» (Col 2:23). No son los mĆ©todos nuevos, sino es el entender cómo obra el Evangelio lo Ćŗnico que puede proporcionar el fundamento y el patrón de conducta adecuados para enfrentar el pecado. Este es el tema de Colosenses 3:1-17.

Pablo nos da el patrón y el ritmo que necesitamos. Al igual que los saltadores de longitud olĆ­mpicos, no tendremos Ć©xito a menos que volvamos del punto de acción a un punto en el cual podamos recobrar energĆ­a para el arduo trabajo de luchar contra el pecado. ĀæCómo, entonces, nos enseƱa Pablo a hacer esto?

En primer lugar, Pablo enfatiza lo importante que es para nosotros el estar familiarizados con nuestra nueva identidad en Cristo (3:1-4).  Muy a menudo, cuando fallamos espiritualmente, lamentamos el haber olvidado quiĆ©nes realmente somos: somos de Cristo. Tenemos una nueva identidad. Ya no estamos Ā«en AdĆ”nĀ» sino Ā«en CristoĀ»; ya no estamos en la carne, sino en el EspĆ­ritu; ya no estamos dominados por la vieja naturaleza, sino que vivimos en la nueva naturaleza (Rom 5:12-21; 8:9; 2 Co 5:17). Pablo toma tiempo para explicarlo de esta manera: hemos muerto con Cristo (Col 3:3; incluso, fuimos sepultados con Cristo, 2:12); hemos sido resucitados con Ɖl (3:1), y nuestra vida estĆ” escondida en Ɖl (3:3). Ciertamente estamos tan unidos a Cristo que tambiĆ©n seremos manifestados con Ɖl en gloria (3:4).

Nuestra incapacidad de lidiar con la presencia del pecado a menudo es consecuencia de una amnesia espiritual, olvidamos nuestra nueva, verdadera y real identidad en Cristo. Como creyente, soy alguien que ha sido liberado del dominio del pecado, por lo tanto, soy libre y estoy motivado a luchar contra el ejĆ©rcito del pecado que batalla en mi corazón. 

Por consiguiente, el principio número uno es: conocer, confiar, pensar y actuar según tu nueva identidad: estÔs en Cristo.

En segundo lugar, Pablo continúa exponiendo cómo trabaja el pecado en cada Ôrea de nuestras vidas (Col 3:5-11). Si vamos a luchar contra el pecado bíblicamente, no debemos cometer el error de pensar que podemos limitar nuestro ataque a una sola Ôrea de debilidad en nuestras vidas. Todo pecado debe ser tratado, así que, Pablo habla en contra de la manifestación del pecado en la vida privada (v. 5), en la vida pública y cotidiana (v. 8) y en la vida en la iglesia (v. 9-11, «los unos a los otros», refiriéndose a la comunión en la iglesia). El desafío de la mortificación es similar al desafío de una dieta (”en sí misma una forma de mortificación!): cuando comenzamos, descubrimos que hay todo tipo de razones por las que tenemos sobrepeso. Realmente estamos luchando contra nosotros mismos, no solamente con el controlar las calorías. ”Yo soy el problema, no las papas fritas! Mortificar el pecado produce un cambio que impacta todas las Ôreas de la vida.

En tercer lugar, la exposición de Pablo nos proporciona una guĆ­a prĆ”ctica para mortificar el pecado. A veces parece como si Pablo diese exhortaciones (Ā«Haced morir …», 3:5, RV60) sin dar ayuda Ā«prĆ”cticaĀ» para responder a nuestras inquietudes de cómo aplicar esas verdades a nuestras vidas. A menudo, hoy en dĆ­a, los cristianos van a Pablo para que les diga quĆ© hacer, pero luego se dirigen a una librerĆ­a cristiana para descubrir cómo hacerlo. ĀæPor quĆ© este desvĆ­o? Probablemente porque no nos detenemos lo suficiente para analizar lo que Pablo estĆ” diciendo. No meditamos profundamente ni nos sumergimos lo suficiente en las Escrituras. Digo esto porque, usualmente, cada vez que Pablo emite una exhortación, la rodea con pistas sobre cómo podemos y debemos ponerla en prĆ”ctica.

Esto es absolutamente cierto aquĆ­. Observa cómo este pasaje ayuda a responder nuestro «¿cómo lo hago?ā€

1. Aprende a reconocer el pecado por lo que realmente es. Llama las cosas tal como son; llĆ”malo Ā«inmoralidad sexualĀ» no Ā«estoy siendo tentado un pocoĀ», llĆ”malo Ā«impurezaĀ» y no Ā«estoy luchando con mis pensamientosĀ», llĆ”malo Ā«malos deseos, que es idolatrĆ­aĀ» en vez de Ā«creo que necesito organizar mis prioridades un poco mejorĀ». Este patrón corre a travĆ©s de toda esta sección. Ā”QuĆ© manera tan poderosa de desenmascarar el autoengaƱo y ayudarnos a quitarle la mĆ”scara al pecado que acecha en lo recóndito de nuestros corazones! 

2. Mira tu pecado por lo que realmente es ante la presencia de Dios. Ā«Por causa de estas cosas vendrĆ” la ira de DiosĀ» (3:6). Los maestros de la vida espiritual hablaron de arrastrar nuestros deseos (aunque griten y pataleen) hasta la cruz, al Cristo que llevó la ira de Dios sobre SĆ­ mismo en nuestro lugar. Mi pecado me conduce no solo a un placer efĆ­mero, sino tambiĆ©n a un disgusto espiritual. Mira la verdadera naturaleza de tu pecado a la luz del castigo que merece. Con mucha facilidad pensamos que el pecado es menos serio en los cristianos que en los no creyentes: Ā«Es perdonado, Āæno es asĆ­?Ā» Ā”No si continuamos en Ć©l (1 Jn 3:9)!  Ve el pecado desde una perspectiva celestial y siente la vergüenza de aquello en lo que una vez caminaste (Col 3:7; ver tambiĆ©n Rom 6:21).

3. Reconoce la inconsistencia de tu pecado. TĆŗ has desechado al Ā«viejo hombreĀ» y te has vestido del Ā«nuevo hombreĀ» (3:9-10), asĆ­ que ya no eres el Ā«viejo hombreĀ». La identidad que tenĆ­as Ā«en AdĆ”nĀ» se ha ido. El viejo hombre fue Ā«crucificado con Ɖl [Cristo] para que nuestro cuerpo de pecado [probablemente Ā«la vida en el cuerpo dominado por el pecadoĀ»] fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecadoĀ» (Rom 6:6). Las nuevas criaturas viven vidas nuevas; cualquier cosa que me lleve fuera de esa verdad es una contradicción a la realidad de quiĆ©n soy Ā«en CristoĀ».

4. Mortifica al pecado (Col 3:5). Es tan «simple» como eso. Rehúsalo, haz que muera de hambre y rechÔzalo. No puedes «mortificar» el pecado sin experimentar el dolor de la muerte. ”No hay otra manera!

Pero nota que Pablo establece esto en un contexto muy importante y mĆ”s amplio. La tarea negativa de mortificar el pecado no se logra sin cumplir con el llamado positivo del Evangelio de Ā«revestirseĀ» del SeƱor Jesucristo (Rom 13:14).  Pablo explica esto en Colosenses 3:12-17. Barrer y limpiar la casa simplemente nos deja disponibles para una nueva invasión del pecado. Pero cuando verdaderamente comprendemos el principio del Ā«intercambio gloriosoĀ» en el Evangelio de la gracia, entonces comenzamos a experimentar un avance real en la santidad. El nombre y la gloria de Cristo son manifestados y exaltados en y entre nosotros (3:17) porque los deseos y hĆ”bitos pecaminosos no solo se rechazan, sino que se intercambian por gracias (3:12) y acciones (3:13) CristocĆ©ntricas, ya que estamos revestidos del carĆ”cter de Cristo y Sus gracias se mantienen unidas a travĆ©s del amor (v. 14) tanto en nuestra vida privada como en la comunión con la iglesia (v. 12-16).

Estas son algunas de las cosas que mi amigo y yo hablamos aquella noche inolvidable. No tuvimos la oportunidad de preguntarnos el uno al otro «¿cómo te ha ido?» porque fue nuestra última conversación; él murió unos meses después. A menudo me he preguntado cómo fueron los meses en su vida luego de esta conversación. De cualquier manera, la seria preocupación personal y pastoral de su pregunta aún resuena en mi mente. Tiene un efecto similar a lo que Charles Simeon dijo que veía transmitido en los ojos de su amado retrato del gran Henry Martyn: «”No juegues con eso!»

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson

El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología SistemÔtica en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito mÔs de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

J30 – Aliento para mantenerse en la batalla

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una mujer verdadera se une a la batalla

J30 – Aliento para mantenerse en la batalla

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/aliento-para-mantenerse-en-la-batalla/

Carmen Espaillat: Al buscar seguir la voluntad de Dios para tu vida, pasarĆ”s por algunas temporadas de desaliento. AsĆ­ es como lo experimentó Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: He luchado contra del temor, contra el cansancio, contra la duda. No puedo decir cuĆ”ntas veces he querido simplemente desaparecer.

Carmen: ĀæCómo manejas temporadas asĆ­?

EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆ­n.

Esta semana hemos estado estudiando el libro de Jueces con Nancy. Ella ha estado describiendo la valentía de Débora en un mensaje que dio en una de las conferencias Mujer Verdadera. Ha sido un rico retrato de una mujer que inspiró a los hombres alrededor de ella a confiar en Dios y a tomar acción.

Si te has perdido las dos partes anteriores de esta historia, puedes escucharlas visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Vamos a unirnos a esta historia heroica comenzaremos revisando algo de lo que escuchamos ayer.

Nancy: Mira el versĆ­culo 17, Galaha se quedó del otro lado del JordĆ”n Āæy por quĆ© se quedó Dan en las naves? Aser se sentó a la orilla del mar y se quedó junto a sus puertos -versĆ­culo 23 del capĆ­tulo 5- maldecid a Meros, muchos comentaristas creen que fue una ciudad en NeftalĆ­ cerca de la batalla, Ā«Maldecid a Meros dijo el Ć”ngel del SeƱor, Maldecid, Maldecid a sus moradores porque no vinieron en ayuda del SeƱor, en ayuda del SeƱor contra los guerrerosĀ».

Y en su comentario Philip Brooks dice, Meros es el ejemplo del bueno para nada, estÔ dispuesto a ver a otras personas luchar contra las batallas de la vida mientras él viene y toma el botín y el comentarista Mathew Henry dice, «Muchos no hacen su deber por miedo a involucrarse en problemas por amar estar tranquilos y tienen un afecto a los negocios mundanos».

Nancy: Esto ha sido un reto para mĆ­, ya que Dios me ha llamado a la batalla todos estos aƱos y a veces he tenido mucho miedo, he querido permanecer atrĆ”s muy lejos del problema, se me ha recordado que el miedo a tener problemas , el amor a la tranquilidad y un amor por los negocios de este mundo me mantiene fuera de la batalla. Amigas, Dios no necesitó esas tribus para darles la victoria, el lo hizo sin ayuda, Ɖl tiene estrellas, truenos, tormentas y todo eso a su disposición. Pero el problema es que estas personas perdieron la oportunidad de alinearse con Dios, dieron excusas para no involucrarse y sufrieron la deshonra porque eligieron sentarse fuera de la batalla.

Dios no nos necesita, Dios no te necesita y no me necesita a mĆ­, los propósitos del Rey se cumplirĆ”n en este mundo con o sin nosotras, pero Ɖl nos ha dado una oportunidad increĆ­ble en nuestra generación para unirnos con Ɖl, en lo que Ɖl estĆ” haciendo en este mundo, en la batalla entre el bien y el mal, hay una oportunidad de pararnos firmes con Ɖl y Su pueblo y arriesgarnos nuestra seguridad y si es necesario nuestras vidas para involucrarnos. ĀæVas a ser de las que se une a la batalla? ĀæO te vas a sentar fuera de la batalla para estar mĆ”s segura?

Carmen: Aquí estÔ Nancy en la tercera parte de un mensaje llamado, Una mujer verdadera se une a la batalla. Débora no es la única mujer a quien Dios usó en esta historia del libro de los Jueces.

Nancy: Este es el recuento de la destrucción de Sísara. Y no tomaré tiempo para leer todo el pasaje ahora, pero el comandante cananeo fue destruido a manos de una mujer llamada Jael.

Ella no era israelita, pero en este caso ella se puso del lado del Dios de Israel y en contra de Sus enemigos.

Sƭsara huye a la carpa de Jael en medio de un aguacero torrencial, (una tormenta que Dios ha enviado) asumiendo que Ʃl estarƭa a salvo ahƭ puesto que su familia tenƭa un tratado con los cananeos.

Ɖl llega a su carpa. Y te lo puedes imaginar: tiene frĆ­o; estĆ” mojado; estĆ” totalmente empapado. Y Jael le da la bienvenida. Lo invita a entrar a su carpa. Le da leche. Ɖl estĆ” exhausto; se queda dormido, ella lo cubre y despuĆ©s toma un martillo y clava la estaca, en su cabeza. Ahora ten en mente mientras SĆ­sara machacĆ”ndole la cabeza y lo remata atravesĆ”ndole las sienes.

Ahora, ten en mente mientras lees esta historia sangrienta, que Sísara era un hombre violento, despiadado que estaba intentando destruir al pueblo escogido de Dios. De hecho, en el capítulo 5, en el versículo 30, su propia madre, habla sobre cómo él y sus hombres nunca hubieran pensado dos veces en violar y matar a cualquier mujer que pensaran que era una enemiga; ahora, pon esto en este contexto.

En el himno de victoria de DƩbora, en el capƭtulo 5, el acto de valentƭa de JaeI es celebrado y ella es bendecida por Dios.

Mi amigo, Charles Haddon Spurgeon dice en uno de sus libros,

Ā«El SeƱor puede todavĆ­a usar instrumentos dĆ©biles. ĀæPor quĆ© no yo? Ɖl puede usar a personas que no son comĆŗnmente llamadas a grandes compromisos pĆŗblicos. ĀæPor quĆ© no tĆŗ?Ā»

Entonces, tenemos la conclusión de la batalla. El capítulo 4, verso 23, nos dice «Así sometió Dios en aquel día a Jabín, rey de CanaÔn, delante de los hijos de Israel». El capítulo 5, versículo 31, nos dice: «Y el país tuvo descanso por cuarenta años».

Nota la secuencia: primero la batalla, despuƩs el descanso. Nosotros queremos el descanso, queremos la victoria sin pasar por todas las adversidades de la batalla.

Hay momentos en los cuales nos agotamos mucho. Tú sabes cómo es eso. ¿Tienes un adolescente? Tú puedes estar sintiendo eso ahora mismo. Si tú tienes niños pequeños, tú puedes estar sintiendo eso ahora mismo.

Recuerda, primero la batalla y despuƩs el descanso. No podemos disfrutar el descanso, la paz, la victoria hasta que hayamos pasado por la batalla.

El impacto de la vida de Débora, su valentía, su fe, su influencia piadosa no tan solo fue sentido por su generación, sino también por los siguientes cuarenta años. ¿Qué impacto dejarÔ tu vida en tu generación y en la venidera?

No tengo que decirte que la batalla espiritual en nuestros dƭas no es menos intensa de que lo fue en los dƭas de DƩbora. El enemigo no es menos poderoso. Dios nos estƔ castigando como su pueblo por nuestros pecados y por nuestra idolatrƭa. Hay muchos creyentes que aparentan no tener ni la menor idea de lo que estƔ pasando. Hay muchos otros quienes se dan cuenta de lo que estƔ pasando, pero se sienten incapaces, impotentes de hacer algo al respecto.

John Angell James, a quien citƩ en el principio, quiero citarlo de nuevo el dice:

«No es probable que en una comunidad en donde la mujer cumple con su misión sea derrocada, porque por el poder de su espíritu noble ( el de la mujer ) sobre el corazón de otros, la levantarÔ de sus ruinas y la restaurarÔ nuevamente al júbilo y a la prosperidad.»

Ā”Oh! cuĆ”nto oro para que Dios levante en nuestros dĆ­as, no solo una mujer, sino miles de mujeres por todo este paĆ­s y por todo el mundo; mujeres que se levanten como lo hizo DĆ©bora; mujeres de la Palabra de Dios, mujeres de visión diĆ”fana, de transparencia, de valentĆ­a, de convicción, de fe, de humildad, mujeres que estĆ©n dispuestas a decir, Ā«SĆ­ SeƱorĀ»; mujeres cuyas vidas inspiren a los hombres alrededor de ellas a creer en Dios por lo que solo Ɖl puede hacer.

Yo creo que la influencia de ese ejƩrcito de mujeres de Dios va a ser incalculable en , en nuestras Iglesias y en nuestra cultura.

Esta es una batalla -quiero advertirles- que no es para débiles de corazón. Tenemos un enemigo incansable que odia a Dios, que no estÔ complacido con la idea de que haya miles de mujeres diciendo, «sí», a Cristo. De hecho, hace un año y medio cuando estuvimos en la conferencia Mujer Verdadera 2008, en Shaumburg. Illinois-fue un grandioso, grandioso fin de semana. Dios se manifestó de una manera poderosa allí, como lo ha hecho este fin de semana. Pero tengo que confesarles que no estaba preparada para la batalla a la que estÔbamos entrando.

Desde el lanzamiento del Movimiento Mujer Verdadera en esa conferencia en el 2008, para mĆ­, y para otros a mi alrededor, la batalla se ha intensificado. He luchado contra el temor -algo con lo que no estaba realmente familiarizada antes de este momento- he luchado con cansancio, con duda, con desaliento, con mi propia carne. No puedo decirte cuĆ”ntas veces he querido simplemente desaparecer… Me he cansado de nadar contra la corriente, me he cansado de sentirme atacada. He querido regresar al lugar donde me siento segura para vivir una vida mĆ”s normal.

De hecho, te dirƩ, y nuestro equipo sabe esto, si hubiese sido por mƭ no hubiƩsemos tenido la conferencia Mujer Verdadera 2010. Yo estaba muy cansada y no querƭa hacerla; no porque no querƭa ver el resultado sino porque querƭa salir de la batalla.

Pero Dios tiene Su mano y Su llamado en mi vida. Mi vida no es mĆ­a; estĆ” sujeta a Cristo, quien es el Autor y el Consumador de nuestra fe.

Estoy aprendiendo que nuestro Dios es:

Castillo fuerte, castillo fuerte es nuestro Dios. Defensa y buen escudo, con su poder nos librarĆ” en este trance agudo.

Algunas de ustedes han leído la historia en Las Crónicas de Narnia por C.S. Lewis La travesía del Viajero del Alba. Hay un punto en esa historia en donde Edmund, Lucy y CaspiÔn viajan de Narnia dirigiéndose Asia el este hacia el país de Aslan en el fin del mundo.

En un punto, su barco, el Viajero del Alba, arroja su ancla al agua cerca de la bahƭa y los tripulantes descienden a tierra. Algunos de los marineros estƔn cansados por el largo viaje. Y ellos quieren parar ahƭ y pasar el resto del invierno ahƭ donde estƔn y despuƩs dirigirse al oeste y regresar a casa, a Narnia, en la primavera. Se les dice que si se quedan donde estƔn, cada noche se les darƔ un festƭn digno de un rey. Eso los hace mƔs reacios a dirigirse hacia el este, al paƭs Aslan.

Entonces habla Ripichip. ¿Te acuerdas de Ripichip, el valiente ratón parlanchín ?, él expresa su determinación de avanzar sin importar nada. Esto es lo que él dice:

«Mis planes estÔn hechos. Mientras pueda, voy a navegar hacia el este en el Viajero del Alba. Cuando este me falle, yo remaré hacia el este con mi pequeña embarcación. Cuando esta me falle, nadaré hacia el este con mis cuatro patas y cuando ya no pueda nadar, si no he llegado al país de Aslan, entonces me hundiré con la nariz hacia el alba.»

Dios no nos ha prometido que el viaje serĆ” fĆ”cil, pero Ɖl ha prometido que irĆ” con nosotras. Ɖl ha prometido ir contigo a donde quiera que vayas a la batalla hoy. Ɖl ha prometido que un dĆ­a la oración se convertirĆ” en adoración, la fe se convertirĆ” en visión, cada lĆ”grima serĆ” secada, y nuestra jornada serĆ” recompensada.

Algunas estÔn cansadas y quieren parar; no quieren continuar. Algunas quieren su recompensa aquí y ahora y pueden elegir regresar. QuizÔs algunas que han venido contigo puedan hacer esa elección. Pero por la gracia de Dios y por Su gloria, mi rumbo estÔ fijado. Mis planes estÔn hechos y yo planeo continuar hasta llegar al país Aslan-la Nueva Jerusalén, la ciudad del Gran Rey.

¿IrÔs tú conmigo? Amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss sabe lo que es llegar a sentirse cansada y desalentada cuando estĆ”s siguiendo el llamado de Dios en tu vida. Ella tambiĆ©n sabe el valor de mantenerse en la batalla. Yo espero que el recuento honesto de Nancy sobre sus batallas y sobre el gozo de mantenerse en la batalla te haya alentado.

Liz Flanagan es una líder ministerial para mujeres en su iglesia y ella fue alentada por este mensaje. Esto es lo que sobresalió del mensaje de Nancy.

Liz Flanagan: Ella dijo, «¿Vamos a llevar este mensaje a casa? ĀæVamos a ir a casa para entrar en la batalla? o, ĀæVamos a ir a casa a sentarnos al margen de la batalla?Ā»

Carmen: Mientras ha aprendido a ser una mujer verdadera de Dios, Liz Flanagan ha necesitado hacer algunas elecciones difĆ­ciles sobre relaciones, amargura, perdón y valentĆ­a.

Estamos a punto de escuchar la historia de Liz. Cuando su hijo tenía dieciséis años y comenzó a cortejar una chica llamada Alison.

Alison O’Steen: Yo soy una hija pródiga.

Carmen: Alison O’Steen.

Alison: Yo crecĆ­ yendo a la iglesia. Nada tenĆ­a sentido en realidad.

Liz: Ella ha sido la novia de mi hijo desde que tenĆ­an diecisĆ©is aƱos.

Alison: Por alguna razón, cuando comenzamos a salir, yo vine a ser su proyecto, pienso. Yo tenĆ­a una madre que trabajaba, y ella estaba con mucha frecuencia lejos de mi hermana y de mĆ­. Yo iba a su casa a menudo. No era algo fuera de lo comĆŗn que yo estuviera en su casa sentada a la mesa para la cena, entonces, yo habĆ­a formado lazos cercanos con ellos.

En mi primer aƱo universitario servƭ como misionera durante el verano, pero en mi segundo aƱo, hubo una ladera resbalosa.

Me insensibilicé en un número de Ôreas-empezando con la música que escuchaba, los amigos con quienes salía, y todo se agravó.

Carmen: El novio de Alison, Michael habĆ­a ido a la misma universidad. Anteriormente habĆ­an sido influenciados por la familia e iglesia a trabajar como pareja en mantener la pureza en su relación.

Alison: Pero esta era la primera vez que estĆ”bamos solos en la universidad.

EstƔbamos en un ambiente de fiesta. Fui seducida a la mentira del mundo que dice que si estƔs en la universidad aunque sea una universidad cristiana, necesitas ir con el mundo. EstƔ bien que andes de fiesta, que tomes y que tengas relaciones ƭntimas antes del matrimonio.

Entonces, ahí era donde me encontraba-como una hija pródiga en la pocilga. Estaba en la pocilga y mi corazón se endureció.

Recuerdo claramente cuando Michael me dijo que su madre sabía «todo» y yo literalmente no podía comer.

Liz: Yo me sentĆ­a muy traicionada por ella y literalmente pensĆ© ser la hija del trueno puesto que pedĆ­ relĆ”mpagos para ella. Dije, Ā«Dios sĆ”cala de la vida de mi hijoĀ».

Carmen: Y esta tensión continuó aun cuando Michael y Alison estaban casados.

Alison: Yo no sĆ© cuĆ”ntas suegras piden en oración que descienda el fuego sobre ti…

Carmen: La relación entre Liz y Alison continuó siendo tensa por seis aƱos.

Alison: Yo habĆ­a puesto una pared emocional. No la dejaba entrar fue horrible. Pero estaba tan adentro del abismo que no sabĆ­a cómo salir. Me habĆ­a alejado del SeƱor; no estaba en la Palabra. TodavĆ­a tenĆ­a toda esta carga emocional y no estaba segura de cómo Dios lo arreglarĆ­a.

Liz: Mi pastor habĆ­a regresado de la conferencia Heart Cry (Un clamor del corazón) y me habĆ­a traĆ­do un librito. El librito se llamaba Santidad, escrito por Nancy Leigh DeMoss. Cuando lleguĆ© a la pĆ”gina 21 o 22 en donde ella escribió la oración, Ā«Oh Dios, muĆ©strame mĆ”s de mi pecaminosidadĀ».

Lo tecleƩ inmediatamente en mi computadora y lo puse en un marco. Ahora mismo estƔ sobre la repisa de mi baƱo y la veo todos los dƭas. La leo todos los dƭas para recordar cuƔn Santo es y cuƔnto lo necesito.

Carmen: DespuĆ©s de eso un equipo de Life Action Ministries visitó la iglesia de Liz. Life Action es la organización matriz de Aviva Nuestros Corazones. Un miembro de nuestro equipo le habló a Liz sobre otro libro de Nancy.

Liz: Ella comenzó a describirme, Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres, entonces lo comprĆ©, pero lo compre primero para mi nuera.

Alison: Y yo leĆ­ el tĆ­tulo y dije, «”QuĆ© me importa!Ā» Esto era lo Ćŗltimo que querĆ­a leer. Ella me quiere dar algo… yo no tengo tiempo para esto.

Yo sé que era obra del Espíritu Santo que me decía, «Tú necesitas leer esto». Y lo empecé a leer.

Me había considerado cristiana por mucho tiempo, pero hasta ese punto, nunca me había rendido a Dios. Yo sabía todas las cosas que debía decir y bien me podía llevar mi Biblia a la iglesia. Yo había hecho todas las cosas cristianas que se te enseña hacer, pero esto era cuestión de mi corazón.

Cuando terminĆ© con el libro, desde que leĆ­ la primera pĆ”gina hasta este momento, Dios ha continuado transformando mi mente, corazón y mi forma de pensar. Ӄl ablandó mi corazón!

Todo -todo ha sido cambiado en mi vida. Me siento aquí y no puedo expresarte lo que Dios ha hecho en mí porque no soy la misma mujer. ”No lo soy!

Lo entiendo ahora. Lo entiendo.

Liz: Desde el momento que ella lo empezó a leer me llamaba o me mandaba un correo electrónico y me decĆ­a, «¿Has leĆ­do esto? ĀæHas leĆ­do esto ya?Ā» Y todavĆ­a no habĆ­a leĆ­do el libro asĆ­ es que ella estuvo pendiente de que lo leyera ese verano.

Y lo leí y fue como una revelación. Aquí estoy; tengo cincuenta años. Había estado dando una clase dominical para mujeres en nuestra iglesia por muchos años. Y aunque amaba al Señor y estaba enseñando, estaba enseñando algo que no estaba siguiendo. No sabía en cuÔntas Ôreas me estaba engañando a mí misma.

Alison: Leí Mentiras en abril y el siguiente mayo renuncié a mi trabajo, era maestra de tiempo completo en la mejor posición de enseñanza. Era ideal, pero yo sabía que Dios me estaba llamando a casa. Nosotros estÔbamos orando por esto por casi un año y Liz estaba orando con nosotros.

Carmen: Y Liz se dio cuenta de que tenĆ­a que pedir perdón a su esposo.

Liz: Yo no me daba cuenta de la mujer controladora y enojada que era. La palabra de Dios me humilló al punto que tenĆ­a que pedirle perdón a Ć©l. DespuĆ©s de leer Mentiras que las mujeres creen y despuĆ©s de escuchar Aviva Nuestros Corazones dĆ­a tras dĆ­a, Dios me mostró, Ā«tienes que quitarte del camino, tienes que pedirle perdón a tu esposoĀ». Y ahora veo el fruto de eso.

Carmen: El cambio en el corazón de estas mujeres afectó la relación entre ellas. DespuĆ©s de leer el libro ellas tuvieron la oportunidad de subirse al carro y conversar.

Alison: Por primera vez yo le pedĆ­ perdón a ella porque sabĆ­a que le habĆ­a roto el corazón, puesto que ella me habĆ­a acogido en su familia como si fuera uno de ellos.

Entonces cuando llegamos a casa, a la mañana siguiente durante mi tiempo de oración, estaba orando y Dios me dijo, «Has hecho una parte pero ahora necesito que hagas mÔs». Entonces me senté a escribirle un correo electrónico, un correo muy extenso, y se lo conté todo, no dejé ningún detalle afuera. Le dije todo -todo lo que pensé que el Señor quería que le dijera.

Esta era una mujer que estaba orando por mĆ­ durante mi rebelión…y no te olvidas simplemente de algo asĆ­.

Entonces le envié ese correo, le dije -le prometí que en caso que algo le pasara a su hijo, mi esposo, yo sería su «Rut».

Liz: Ella me llama su Ā«NoemĆ­Ā».

Alison: Ella no es mi suegra; ella es mi mejor amiga.

Liz: Yo he visto como se ha convertido esta joven mujer en una extraordinaria esposa, madre, hija, hermana y amiga. Es porque Dios sĆ­ saca belleza de las cenizas.

Alison: Ć‰l nos saca de nuestras ruinas y nos torna en algo hermoso.

Liz: Dios nos ha bendecido puesto que nos juntamos cada lunes por la maƱana.

Alison: Oramos juntas.

Liz: Solamente ella y yo.

Alison: Memorizamos las Sagradas Escrituras.

Liz: Ella me ha enseƱado; yo le he enseƱado a ella.

Carmen: No tan solo Liz pasa tiempo con Alison cada semana, ella tambiĆ©n estĆ” invirtiendo su tiempo con un grupo de mujeres, enseƱƔndoles verdades importantes que ha aprendido en los Ćŗltimos aƱos.

Liz: Es tan maravillosa la manera cómo Dios hace accesible Su Verdad, un corazón a la vez, y que me haya querido usar-porque soy un desastre; era un fracaso, pero Nancy me ha enseƱado que aun asĆ­ puedo enseƱar en medio de mis fracasos.

Carmen: Cuando hablamos sobre el movimiento Mujer Verdadera-es asĆ­ como es; mujeres que escuchan el mensaje de Aviva Nuestros Corazones lo comparten con los corazones de otras que necesitan escucharlo.

Liz: Porque yo vivo en una comunidad llena de mujeres que estĆ”n estresadas; estĆ”n luchando; estĆ”n tratando de ser sĆŗper mamĆ”s, sĆŗper esposas y quiero que vean que la Verdad las liberarĆ”.

Alison: Yo estoy creyendo que Dios va a levantar una generación de mujeres de mi edad que mansa y tiernamente vuelvan sus corazones a Ɖl e influencien a todos los hombres a nuestro alrededor y consecuentemente vuelvan nuestro paĆ­s hacia Ɖl.

Liz: Ella me llama; yo la llamo, le digo, «¿Has escuchado Aviva Nuestros Corazones hoy?Ā» Ella me dice, Ā«No, todavĆ­a noĀ». Ella dice, «¿Has leĆ­do el blog de Mujer Verdadera?Ā»

Y yo digo, «No, todavía no».

Y ella dice, «”Lo tienes que ver hoy!»

Alison: DĆ­a tras dĆ­a, semana tras semana, te confrontan cara a cara; te fuerzan a que profundices a fondo y saques la Palabra y la vivas.

Liz: Estoy tan agradecida por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones porque mi corazón ha sido avivado. Quiero ver mĆ”s corazones avivados; quiero ver a Dios entre nosotras; quiero ver la presencia de Dios.

Hemos estado orando por un avivamiento. Lo hemos estado haciendo por tres aƱos y continuaremos orando para que Dios traiga un avivamiento.

Carmen: Estoy tan agradecida por las radioescuchas que donan y nos ayudan a continuar hablĆ”ndole a mujeres como Liz y Alison.

Un grupo que hace una diferencia significativa en ayudarnos a hablarle a mujeres semanalmente es el Equipo Mensual de Socios.

Cuando te conviertes en colaboradora mensual, te comprometes a orar por Aviva Nuestros Corazones regularmente. Te comprometes a hablarle a otras mujeres de este ministerio. Y te comprometes cada mes a apoyar a este ministerio económicamente.

Cuando te unes al equipo de patrocinadores, recibes noticias sobre el ministerio para saber cómo y sobre quĆ© orar. Para unirte al equipo de colaboradores mensuales visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana Nancy iniciarÔ una serie de Habacuc, del temor a la fe. No dejes de acompañarnos en esta nueva serie que sabemos que serÔ de bendición.

Y ahora aquĆ­ estĆ” Nancy para concluir.

Nancy: En todas las Ć”reas de la vida, incluyendo esta, al final no se trata de mĆ­. No se trata de lo que lo que me hace feliz; no se trata de lo que quiero; no se trata de lo que facilitarĆ” mi vida, y es fĆ”cil para mĆ­ estar frente a ustedes diciendo esto, pero cuando me bajo de esta plataforma y la vida presiona, y vivo ahĆ­ en donde vives tĆŗ, con dificultades, citas y frustraciones, Āæen quiĆ©n pensamos? En mĆ­,?Āæcómo me afecta esto a mĆ­?

Pero si nos podemos distanciar de eso y tratamos de ver las cosas desde el punto de vista grandioso de Dios, nos acordamos que no se trata de nosotras. Se trata de Dios-de Su plan, de Sus propósitos, de Su reino, se trata de la eternidad y de la divulgación del Evangelio.

Carmen: MaƱana Nancy comenzarĆ” una nueva serie que no te puedes perder. ĀæAlguna vez te has sentido como que Dios no esta escuchando tus oraciones? El profeta Habacuc paso por esa experiencia, miraba la injusticia que le rodeaba y se preguntaba por que Dios no parecĆ­a interesado en cambiar la situación mientras continuaba mirando a Dios el profeta tuvo respuestas pero fueron muy distintas a las que Ć©l esperaba , aprende como alabar a Dios en medio de la preocupación, de la confusión y de la frustración , en esta serie prĆ”ctica basada en el libro de Habacuc .Te esperamos maƱana en un nuevo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las citas bƭblicas estƔn tomadas de la Biblia de las AmƩricas, a menos que se indique otra cosa.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

JesĆŗs estĆ” vivo (2)

MiƩrcoles 7 Octubre


Ha resucitado el SeƱor verdaderamente.
Lucas 24:34


La verdad… estĆ” en JesĆŗs.
Efesios 4:21


Sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.
Juan 4:42


JesĆŗs estĆ” vivo (2)


Christian sigue contando: «Mi familia y la de mi hermano nos reunimos en un chalé alpino de Francia para las fiestas de Navidad. Allí mi hermano me dio un evangelio de Juan. Lo leí en la cocina cuando todos estaban acostados. A menudo había utilizado una Biblia mientras estudiaba inglés en la universidad. Pero para mí, la Biblia solo era un libro mÔs. ”Sin embargo aquella noche cada palabra sobresalía del texto, tomaba vida y se apoderaba de mi corazón! Esta lectura ya no era intelectual, sino viva: me parecía posible tener una relación con Dios.

El dƭa siguiente era domingo. Fuimos a una pequeƱa iglesia evangƩlica de un pueblo vecino, en donde escuchƩ a personas que venƭan de un contexto muy modesto dar gracias a un Dios vivo.

Ā”QuĆ© contraste con esta bĆŗsqueda de una realidad totalmente impersonal y que nunca habĆ­a alcanzado! LlorĆ© muchĆ­simo… Ā”JesĆŗs vino a morar en mi corazón! Cuando regresĆ© decĆ­a a todo el mundo: «”EstĆ” vivo, JesĆŗs estĆ” realmente vivo!Ā». Para mĆ­, JesĆŗs de Nazaret ya no era solo un personaje histórico, comprendĆ­ que Ć©l vive.

Desde ese día, cuando creí que Jesús murió en la cruz por mis pecados, he recibido el perdón de Dios. Hace 40 años que conozco a Jesús, he tenido muchas pruebas, pero estas no han alterado el gozo y la seguridad de la vida que él me dio, y que también les ofrece hoy».

Christian C.


ā€œAntes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardanā€ (Lucas 11:28).


Deuteronomio 2 – Juan 2 – Salmo 112 – Proverbios 24:27
Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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