9 – Filadelfia, triunfarás

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Cartas a las 7 Iglesias

9 – Filadelfia, triunfarás

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://porGracia.es/

3/10 – “Pan de vida”

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: El Yo soy de los tiempos

3/10 – “Pan de vida”

Juan 6:35″

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco

https://www.iglesiabautistacastellana.org/

Qué podemos aprender de los liberales

The Master’s Seminary

Qué podemos aprender de los liberales

Nathan Busenitz

Cada primavera, en mi clase de historia de la iglesia, nos toca estudiar una breve descripción de los teólogos alemanes del siglo 19 y principios del siglo 20.

Es una especie de cátedra deprimente, ya que vemos la triste historia de la intersección entre el escepticismo y la erudición, podemos ver la catástrofe que desató la duda y la incredulidad desenfrenada. Y cómo a pesar de vivir en el mismo país de la Reforma, muchos teólogos protestantes alemanes abandonaron las doctrinas históricas del cristianismo bíblico debido a la popularidad del racionalismo de la Ilustración. Al hacerlo, naufragaron sus propias almas y devastaron la fe de millones de personas.

Promotores de la alta crítica, como Johann Eichhorn y David Strauss, negaron la inspiración y la infalibilidad de la Biblia. Según ellos, Moisés no escribió el Pentateuco y los cuatro evangelios no fueron escritos por Mateo, Marcos, Lucas o Juan. Para empeorar las cosas, sugirieron que el Jesús de la Biblia no es el mismo que el Jesús real de la historia. En su “búsqueda del Jesús histórico,” los críticos crearon un “Jesús” de su propia imaginación, y en esencia trataron de reducirlo a un buen tipo que nunca pudo hacer un milagro, nunca afirmó ser Dios y fue mal interpretado en gran parte por el judaísmo del primer siglo.

Por otra parte, teólogos liberales como de Friedrich Schleiermacher a Albrecht Ritschl, trataron desmantelar las verdades de la Biblia. En gran parte buscaban una nueva base sobre sobre la cual basar su nueva versión artificial del cristianismo. Algunos encontraron tal base en la experiencia personal de la filosofía del romanticismo mientras que otros lo encontraron en la ética moral del evangelio social. Pero al negar las principales doctrinas del cristianismo (como la muerte sustitutiva de Cristo y su resurrección corporal), el liberalismo negó la esencia misma del mensaje del evangelio (cp. 1 Corintios 15:3-4). Como Richard Niebuhr lo explicó al resumir el derrumbe de la teología liberal, el liberalismo afirma que: “Dios sin ira trajo hombres sin pecado a un reino sin juicio a través de las ministraciones de un Cristo sin cruz” (The Kingdom of God in America, 193).

Como se puede imaginar, el material en esta clase es como ver un choque de trenes catastrófico…vemos cómo teólogo tras teólogo se salen y abandonan los rieles de los fundamentos más básicos del cristianismo bíblico.

Pero en medio del caos y la carnicería doctrinal, existen lecciones que podemos aprender de los teólogos liberales alemanes y promotores de la alta crítica, incluso si la mayoría de lo que podemos aprender es un ejemplo negativo.

7 lecciones que debemos aprender de los teólogos liberales alemanes:

1. La forma de evangelizar a los escépticos no es mediante el diluir el evangelio. Muchos de los teólogos liberales pensaron que podrían hacer el cristianismo más atractivo a luz de la filosofía racionalistas de la Iluminación si abandonasen la autenticidad histórica del texto y si llegasen a redefinir el evangelio como otra cosa que salvación del pecado por medio de Jesucristo (para hacerlo así menos ofensivo para las mentes modernas). Pero al hacerlo, terminaron deshicieron el mismo evangelio que pensaban que estaban ayudando a preservar.

2. La verdadera religión se puede perder en una sola generación. La mayoría de los liberales alemanes fueron los hijos de ministros protestantes ortodoxos. El hecho de que dieron la espalda a la fe de sus padres es trágico. Es por eso que yo le recuerdo a mis estudiantes en el seminario que en primer lugar necesitan asegurarse de que están pastoreando sus propias familias.

3. El liberalismo alemán no representa una forma divergente del cristianismo, sino que en realidad es una nueva religión. Si decimos que el evangelio no es histórico entonces ya no es el evangelio. El apóstol Pablo hace este punto claro en 1 Corintios 15, donde afirma que si Jesús realmente no hubiese resucitado de los muertos, entonces seríamos necios y nuestra fe vana.

4. Los liberales honraron la duda al llamarla noble y honestidad intelectual. En realidad, dudar la palabra de Dios es un pecado atroz, un pecado que Satanás mismo ha estado promoviendo desde el Jardín del Edén (Génesis 3). Dudar de la Palabra de Dios es hacer de Dios un mentiroso y es intercambiar el evangelio verdadero por un evangelio imaginario. Como Agustín dijo el hereje Fausto, “Usted debe decir claramente que no cree que el evangelio de Cristo. Pues el creer lo que le place y no creer lo que le place, es creerse a usted mismo y no en el evangelio” (Contra Fausto, 17.3).

5. El liberalismo alemán nos enseña que las ideas tienen consecuencias, y que las malas ideas tienen muy malas consecuencias. Millones de personas en los últimos siglos fueron trágicamente desviados a través de la influencia de los teólogos liberales. La advertencia de Santiago 3:1 ciertamente parece apta: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.”

6. El evangelio social de los liberales todavía está vivo  en muchas iglesias protestantes. El escepticismo de los críticos sigue siendo una parte muy importante de los estudios bíblicos en el mundo académico. Futuros pastores deben estar preparados a hacer frente a este tipo de errores con la verdad bíblica (Tito 1:9).

7. La alta crítica se basa en la noción de que la sabiduría del hombre supera a la sabiduría revelada por Dios. Éste es el colmo de la arrogancia, pero no es de sorprendernos, ya que el mismo Pablo señaló que la sabiduría de Dios parece locura al mundo (1 Corintios 1:18). Debemos protegernos contra la tentación de desear la alabanza mundana y elogio académico. Al ser fieles al evangelio seremos necesariamente considerados fuera de moda a los ojos de muchos de los principales pensadores filosóficos del día de hoy. Si bien debemos evitar el anti-intelectualismo, por un lado también debemos protegernos contra el encanto de todo lo que es popular en la comunidad académica secular.

Nathan Busenitz (Ph.D.) es profesor de teología histórica en The Master’s Seminary. Después de haber servido como asistente personal de John MacArthur, Nathan llegó a formar parte del profesorado de TMS en el 2009. Él y su familia viven en Los Ángeles, California.

Publicado originalmente en ingles aquí.

Nathan Busenitz

Nathan Busenitz

Nathan Busenitz is the Dean of Faculty and Associate Professor of Theology at The Master’s Seminary. He is also one of the pastors of Cornerstone, a fellowship group at Grace Community Church.

La perspicuidad de las Escrituras

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La perspicuidad de las Escrituras

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

Una de las partes más importantes, pero a menudo la más olvidada, de nuestro orden de servicio en Saint Andrew’s Chapel es la oración de iluminación. En nuestra liturgia, la oración de iluminación se sitúa entre la lectura de la Escritura y el sermón. En nuestra oración, pedimos humildemente a Dios que ilumine Su Palabra para nosotros por el Espíritu Santo para que podamos escuchar, entender y aplicar correctamente lo que el Señor nos dice en Su Palabra. La razón por la cual es uno de los elementos más importantes de nuestro servicio es porque necesitamos desesperadamente que el Espíritu Santo nos ayude a entender Su Palabra. La razón por la que es quizás la parte más pasada por alto de nuestro culto es porque olvidamos con demasiada facilidad lo dependientes que somos del Espíritu Santo para ayudarnos a captar las gloriosas verdades de la sagrada Palabra de Dios.

Cuando decimos que creemos en la perspicuidad de las Escrituras, la gente a veces tiene la impresión equivocada de que estamos implicando que todo en las Escrituras es completamente claro y fácil de entender.

El Espíritu Santo mora en nosotros y nos permite interpretar y aplicar Su Palabra, y es el Espíritu Santo quien nos conduce a toda verdad. Somos totalmente dependientes del Espíritu Santo. Sin Él, no podemos entender correctamente nada en Su Palabra. No necesitamos ser grandes eruditos para entender la Palabra de Dios, simplemente necesitamos ser niños nacidos de nuevo y humildes, en quienes habita el Espíritu Santo. Sin embargo, incluso como creyentes, sabemos que no todo en la Escritura es fácil de entender.

En teología, hablamos de la perspicuidad de la Escritura. La palabra perspicuidad, en pocas palabras, significa «claridad». Curiosamente, la palabra perspicuidad es una de las palabras más confusas que podríamos usar para hablar de claridad. Es más, cuando decimos que creemos en la perspicuidad de las Escrituras, la gente a veces tiene la impresión equivocada de que estamos implicando que todo en las Escrituras es completamente claro y fácil de entender. Pero ese no es el caso. Lo sabemos por experiencia y porque la misma Palabra de Dios nos dice que no todo en ella es fácil de entender. La Confesión de Fe de Westminster (1.7) explica lo que creemos cuando hablamos de la perspicuidad de las Escrituras: «Todas las cosas en las Escrituras no son igualmente evidentes en sí mismas, ni igualmente claras para todos. Sin embargo, todas aquellas cosas que son necesarias obedecer, creer y observar para la salvación están claramente propuestas y expuestas en uno u otro lugar de las Escrituras, para que no solo los eruditos, sino también los que no son eruditos lleguen a una comprensión suficiente de ella mediante el debido uso de los medios ordinarios». En otras palabras, no todo en la Escritura es fácil de entender, pero lo que debemos entender para ser salvos es claro. Las declaraciones duras de Jesús no sólo se encuentran en los Evangelios, sino en toda la Escritura, ya que Jesús es el autor definitivo de la Escritura en Su calidad de Verbo eterno de Dios.

Fundamentalmente, lo que es tan difícil acerca de las duras declaraciones de Jesús no es nuestra incapacidad de entenderlas plenamente, sino de creerlas plenamente y obedecerlas plenamente. Es por eso que necesitamos la obra iluminadora del Espíritu Santo para ayudarnos no solo a entender la Palabra de Dios, sino también a obedecerla, amarla, aplicarla y proclamarla al vivir coram Deo, ante el rostro de Dios, para Su gloria.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

Jul 1 – ¿Has orado por eso?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 1 – ¿Has orado por eso?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/has-orado-por-eso/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de nosotras estamos luchando con Dios. Quizás tú podrás estar luchando con Dios por una situación en tu vida o en tu hogar o en tu iglesia. Y está bien luchar, siempre y cuando llegues al punto de abrazar y aferrarte fuertemente por la fe.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Es Dios realmente bueno? ¿Realmente existe? Si Él de verdad existe, ¿por qué pasan cosas malas? Parece que muchas mujeres están haciéndose preguntas como éstas. Pero el concepto no es nuevo.

Un profeta bíblico también tuvo algunas preguntas muy serias acerca de la bondad de Dios. Conoceremos más sobre esto a medida que Nancy inicia un estudio llamado: Habacuc: del Temor a la fe.

Nancy: ¿Cuántas de ustedes dirían que tienen una situación en su vida sobre la cual han orado por un largo, largo tiempo y parece que nada está pasando? Si yo les pidiera que levantaran sus manos…puedo asumir que casi todas las manos se levantarían. Nada parece cambiar, y tal vez en esta situación te sientes desalentada. Te preguntas, “¿Por qué Dios no está haciendo nada para cambiar esta situación?”

Tal vez sea que tienes un hijo o una hija que está tomando malas decisiones, y tú has orado y orado y orado, pero parece que ellos se están alejando cada vez más, yendo en la dirección contraria.

Tal vez, como algunas mujeres que nos han escrito, tú tienes un esposo que está tomando decisiones insensatas – un esposo que es adicto a la pornografía, o hace cosas que tú sabes que no son bíblicas. Y aún así dice ser cristiano. Tú has orado, Señor, cambia su corazón. Señor, háblale. Señor, por favor cámbialo. Por favor haz algo con esto”. Pero parecería que nada está pasando.

Tal vez hay un conflicto en tu iglesia; y hay dos grupos y parece que sigue y sigue. Tienes a los Pérez por un lado y a los González por el otro, y no hay forma de unir estas dos partes.

Tal vez te sientas como algunas mujeres que nos han escrito diciendo, “entre los cristianos que conozco hay mucha falta de santidad, vemos muchas elecciones incorrectas hechas por creyentes o por supuestos creyentes, vemos acciones que no son piadosas”. Y tú sigues orando.

Una mujer mayor me dijo esta mañana, “He estado orando por avivamiento en mi iglesia por años”. Durante todos esos años me ha parecido que nada está pasando. Hay mucha mundanalidad. Hay indiferencia hacia las cosas de Dios. No hay pasión por las cosas de Dios. Aún así ella ha estado orando, pero parece como si Dios no estuviera haciendo nada.

Tal vez has tenido una experiencia donde Dios estaba haciendo algo, y era obvio que era Dios, pero lo que Dios estaba haciendo no tenía ningún sentido para ti. Parecía que Él se estaba moviendo en la dirección contraria o moviendo las cosas en la forma contraria a como tú sentías que Él debía hacerlo.

De hecho, vi una encuesta en internet esta semana donde se le preguntó a varias personas, “¿Qué te gustaría preguntarle a Dios?” Surgieron diez preguntas que la gente quisiera preguntarle a Dios.

La pregunta número uno, como ya se imaginarán, fue, “¿por qué no detienes el dolor y el mal? ¿Por qué permites que estas cosas sucedan? ¿por qué permites que sucedan desastres? ¿Por qué Dios? Sabemos que Tu mano está sobre todo. Creemos que Tú eres Dios. Creemos que Tú eres todopoderoso pero hay cosas que no tienen sentido. ¿Por qué?”

En las próximas semanas, queremos llegar a conocer en las Escrituras a un hombre que tuvo muchas preguntas, un hombre que supo lo que era orar y orar y orar por algo y ver que no parecía ocurrir ningún cambio. De hecho, parecía que empeoraba, y cuando Dios finalmente se reveló a sí mismo, las respuestas de Dios no tuvieron ningún sentido para el razonamiento de este hombre.

El nombre de este hombre es Habacuc. Quiero pedirte que vayas en tu Biblia al libro de Habacuc. Puede que se encuentre en un lugar en tu Biblia donde las páginas tienden a pegarse; porque no es un libro que frecuentemente leamos. Está en el Antiguo Testamento, escondido en una sección de la Biblia que llamamos los Profetas Menores -no porque sean profetas poco importantes, sino porque son libros más pequeños.

Al final del Antiguo Testamento encontrarás el libro de Habacuc, y consta solo de tres capítulos. y te preguntarás, “¿cómo podemos pasar varias semanas viendo solo tres capítulos?” Bueno, espera y verás.

Ahora bien, estos tres capítulos del libro de Habacuc son realmente un intercambio íntimo entre el profeta Habacuc y Dios. De hecho, este es el único profeta del Antiguo Testamento donde el profeta nunca se ve hablándole al pueblo, en lugar de ello él habla solamente con Dios acerca de su perspectiva de la situación.

De manera que este intercambio que se da entre Habacuc y Dios es como si se leyera el diario de oración de Habacuc. Obtenemos un vistazo del corazón de este hombre. Pero también es como leer el diario de Dios porque obtienes un vistazo del corazón de Dios.

Habacuc mira a su alrededor en su tiempo, y él se abate. Él ve cosas que le preocupan. Él está abatido por el comportamiento poco piadoso de la gente que se llama a sí misma el pueblo de Dios. Así que él le hace unas preguntas a Dios, preguntas honestas, y él lucha con unas situaciones difíciles. Él explora el corazón y los caminos de Dios.

Permítanme darle una sinopsis del libro de Habacuc. Habacuc vivió aproximadamente 600 años antes de Cristo. Él fue contemporáneo de un hombre mucho más conocido para la mayoría de nosotras: Jeremías, al que conocemos como el profeta llorón, un profeta que tiene inquietudes muy similares a las de Habacuc.

Cerca de los años 600 a.C. – esto fue hacia finales del Imperio Asirio. Recuerden que los asirios conquistaron la nación de Israel, al norte en Palestina. El Imperio Asirio era la potencia mundial.

Pero en este mismo tiempo había una nueva potencia mundial emergiendo, estos eran los babilonios.

Dependiendo de tu traducción, en el libro de Habacuc podrás leer acerca de los babilonios o de los caldeos, se trata del mismo grupo de personas. Los caldeos, o los babilonios, apenas estaban emergiendo como una potencia mundial.

De hecho, en el 586 a.C. ellos conquistaron Judá llevándola cautiva. En este momento donde se encontraba Habacuc esto aún no había sucedido, pero va a ocurrir. Dios lo sabía y va a revelarle Sus planes a Su siervo Habacuc.

Así que se le revela a Habacuc lo que Dios va a hacer, y él interactúa con Dios. Él intercede. Él dice, “Dios, ¿por qué estás haciendo esto? Quiero conocer Tus caminos”.

Verán en este libro que es correcto hacerle preguntas honestas a Dios, batallar con Dios, luchar con preguntas serias. En este proceso, si decidimos hacerle preguntas a Dios si hacemos esto honesta y humildemente, encontraremos que conoceremos algo sobre Dios que de otra forma nunca llegaríamos a saber.

Hay una progresión en el libro de Habacuc. Nosotras vemos esta progresión del capítulo uno al capítulo tres. Warren Wiersbe escribió un libro sobre el libro de Habacuc, y él lo tituló “De la Preocupación a la Adoración”. Ese título describe la progresión que vemos en el libro – que va de la preocupación a la adoración.

Martyn Lloyd-Jones, un gran predicador de la generación pasada, también escribió un libro sobre Habacuc, y lo tituló “Del Temor a la Fe”. De la preocupación a la adoración; del temor a la fe. Esta es la progresión que verán del capítulo uno al capítulo tres de Habacuc.

Así que espero que ustedes nos acompañen durante toda la serie porque si solo escuchan la primera parte, solo obtendrán la preocupación y el miedo. Pero queremos permanecer y seguir adelante hasta ver cómo Habacuc llega a un estado de adoración, de fe y de gozo.

Una de las cosas que amo del libro de Habacuc es que contiene semillas de muchas, muchas verdades y doctrinas del Antiguo Testamento, en tan solo estos tres cortos capítulos. De manera que vamos a ver muchas cosas, muchos conceptos que podrás leer en otras partes de las Escrituras, particularmente en el Nuevo Testamento… Aquí ustedes verán la semilla, tendremos un pequeño atisbo de estos conceptos en el libro de Habacuc.

En este libro también aprendemos mucho sobre el carácter de Dios, sobre sus caminos. Permítanme listarles algunos de los temas. He estado estudiando el libro de Habacuc durante los últimos meses, y estos son algunos de los temas que han surgido.

Dos temas importantes que corren paralelamente a través del libro son el juicio y la salvación. De hecho, al estudiar la Palabra de Dios, encontrarás que estos temas corren a través de todas las Escrituras. Donde veas a Dios juzgando, también verás a Dios salvando, porque no hay salvación sin juicio. Juicio y salvación.

Aprendemos mucho acerca del juicio de Dios, un tema que no es muy popular al día de hoy.

¿Por qué Dios juzga?

¿Cómo son Sus juicios?

¿Por qué debemos adorar a Dios por sus juicios?

Pero, alabado sea Dios… Él no es solo un Dios que juzga. Él es también un Dios salvador. Él es un Dios redentor. Un Dios que busca salvar a Su pueblo. Veremos unas verdades preciosas acerca de la salvación a medida que estudiamos juntas el libro de Habacuc.

Aprenderemos también muchas cosas acerca de Dios. A medida que leas el libro de Habacuc, o cualquier otro libro de las Escrituras, quiero animarte, a que escribas o te hagas una imagen mental de “¿qué es lo que Dios me quiere enseñar con esto?¿Qué me enseña este versículo acerca de Dios? ¿Qué me enseña este capítulo o este libro sobre Dios?”

Solo en el libro de Habacuc:

Veremos que Dios es eterno y lo que eso significa, veremos lo que esto implica.

Veremos que Dios es soberano.

Veremos la santidad de Dios. Habacuc pudo vislumbrar la maravillosa santidad de Dios.

Veremos el poder de Dios.

Veremos la ira de Dios.

Veremos la asombrosa misericordia de Dios.

Veremos mucho acerca de Dios en estos tres capítulos.

También aprenderemos mucho acerca de la fe. ¿Qué es la fe? ¿Cómo trabaja? ¿Por qué es tan importante? De hecho la fe, como veremos, es el tema central del libro de Habacuc.

Aprenderemos algo acerca de esperar, algo que la mayoría de nosotras no hacemos muy bien, algo que no nos gusta hacer. Pero aprenderemos cómo esperar en el Señor.

Aprenderemos sobre el sufrimiento. De hecho, desarrollaremos una teología del sufrimiento a medida que estudiamos este libro -por qué Dios envía adversidad a nuestras vidas y cómo tratar con ésta.

Pero no solo vamos a aprender acerca del sufrimiento y la adversidad. También vamos a aprender acerca del gozo, cómo obtener gozo en medio del sufrimiento y la adversidad.

Aprenderemos mucho en este libro sobre la oración y acerca del problema de la oración no contestada o cuando Dios tarda en responder la oración.

Aprenderemos acerca de la alabanza y la adoración y acerca del plan cósmico de Dios para revelar Su gloria en este mundo, sobre los grandes propósitos y el plan de Dios. Nos veremos a nosotras mismas y nuestro pequeño mundo y veremos que Dios tiene un plan mucho más grande y mucho mejor, superior; y veremos cuál es ese plan.

Aprenderemos acerca de la ley de siembra y cosecha, acerca de la retribución divina. Cosecharás lo que siembras. Aprenderemos sobre la depravación del hombre. Aprenderemos acerca del triunfo final del bien sobre el mal.

Aprenderemos también acerca de un concepto que los teólogos llaman teodicidad. Tal vez esta palabra no sea familiar para algunas ustedes, pero es una rama de la teología que defiende la bondad de Dios y su justicia ante la existencia del mal. ¿Cómo puede un Dios bondadoso, un Dios justo, permitir que sucedan cosas malas? Estudiaremos juntas acerca de esto.

Tomaremos un tiempo explorando estos temas, e iremos versículo por versículo, frase por frase, por todo el libro de Habacuc. Así que quiero animarlas, en estas próximas semanas, a que estudiemos juntas, y no simplemente a que me escuchen enseñar el libro de Habacuc. Quiero animarlas a encontrar Habacuc en sus propias Biblias, a abrirla y estudiarlo, leerlo una y otra y otra vez.

Mi Biblia ya se abre sola en el libro de Habacuc en este momento porque ahí es donde he estado por más de tres meses, examinándolo, meditándolo, memorizándolo. Y si escudriñan conmigo a medida que vemos el libro de Habacuc, estoy segura que le sacarán mucho más provecho.

Cuando ustedes escuchan la Palabra de Dios en su iglesia o en Aviva Nuestros Corazones o en una emisora de radio cristiana, no se conformen con ser alimentadas a cucharadas, no se conformen con dejar que otra persona prepare toda la comida y ustedes solo tengan que tomarla. Eso es lo que hacen los bebés. Hay que alimentarlos a cucharadas. Pero yo quiero animarlas a crecer espiritualmente y a aprender a alimentarse por ustedes mismas.

Algunas de ustedes se van a preguntar, “¿de dónde sacó ella esta enseñanza del libro de Habacuc?” Bueno, lo hice de la misma forma que ustedes pueden hacerlo. Te sumerges en la Palabra de Dios. Te arrodillas delante del Señor con humildad. Le dices, “Señor, no entiendo esto, ¿Tú me enseñarías?

Pídele al Espíritu Santo en ti que te enseñe la Palabra y los caminos de Dios. Ponla bajo un microscopio. Examínala. Permanece en ella. Centra tu atención en ella. Observa palabras y frases repetitivas.

Yo todavía estoy descubriendo cosas acerca del libro de Habacuc, y no estoy del todo lista para enseñarlo porque aún estoy aprendiendo cosas nuevas. Pero decidí que había llegado el momento de enseñar todo esto y mientras lo estudiemos juntas, sé que estaremos aprendiendo más cosas nuevas.

Bueno ahora, empecemos con Habacuc capítulo 1, versículo 1. Es todo lo que veremos en el día de hoy. El versículo 1 dice, “profecía que tuvo en visión el profeta Habacuc”.

Habacuc: esta palabra significa “el que lucha” o “el que abraza”. Las Escrituras casi no nos dicen nada del hombre que era Habacuc. Lo único que sabemos de él es lo que encontramos en este libro, y no hay mucho allí acerca de su vida personal.

Pero su nombre significa “el que lucha” o “el que abraza” o “el que sostiene fuerte” Así que nos preguntamos, “¿fue Habacuc alguien que abrazó o alguien que luchó? La respuesta es sí a ambas cosas.

Al principio del libro encontramos que Habacuc es un hombre que está luchando con Dios. “Dios, no te voy a dejar ir hasta que me des algunas respuestas”. Él lucha con Dios.

Pero el llega al punto de abrazar a Dios, aferrándose fuertemente a Dios por la fe y diciendo, “Señor, aunque no tenga todas las respuestas, confío en ti”.

Algunas de nosotras estamos luchando con Dios. Tú tal vez estés luchando con Dios por una situación en tu vida, en tu hogar o en tu iglesia. Está bien luchar mientras llegues al punto de abrazar o de aferrarte fuertemente a la fe.

“Profecía que tuvo en visión el profeta Habacuc”. Esta palabra de “profecía” no la usamos todos los días. En algunas de sus traducciones, se traduce “carga”, “la carga que vió Habacuc profeta”. [Reina-Valera Antigua]. La palabra en Hebreo significa “una carga; algo pesado”.

Cuando leemos los profetas del Antiguo Testamento, vemos que ellos tienen usualmente una carga [un pesar] que deben expresar -algo que Dios pone en sus corazones que tiene que salir. Es algo que tiene un peso divino. Es un mensaje, pero usualmente es un mensaje duro porque usualmente es un mensaje de juicio.

Una profecía en contra del pueblo o una profecía en contra de las naciones; ustedes encontrarán esta frase en el Antiguo Testamento. Era un anuncio de que Dios traería juicio al pueblo. Era una profecía, la carga que el profeta Habacuc vio.

Este tipo de profecía, este tipo de carga o mensaje no es fácil de recibir. Es uno difícil para recibirlo de parte de Dios. Pero es aún más difícil transmitirlo a otros, dar este mensaje duro de parte de Dios.

Pero cuando Dios pone ese tipo de carga o de mensaje en tu corazón, te das cuenta que no tienes otra opción que no sea la de recibirlo y transmitirlo porque es el mensaje de Dios. Es un mensaje, es una carga que es dada por Dios.

De manera que cuando los profetas del Antiguo Testamento tuvieron este tipo de cargas que Dios les dio, ellos transmitían este mensaje con autoridad divina. No era Habacuc hablando, ni Jeremías ni Isaías ni Malaquías. Era Dios hablando. El mensaje llevaba una carga divina porque era Palabra de Dios.

Algunos de los contemporáneos de Habacuc prefirieron dar mensajes más suaves; ustedes pueden leer acerca de estos en el Antiguo Testamento. Ellos eran los que decían, “Paz, paz. Todo va a estar bien. Queremos que se sientan bien con ustedes mismos”. Ellos predicaron mensajes que la gente quería escuchar.

Puedo imaginarlos a ellos comentando sobre un mensaje de Habacuc, o de Isaías, o de Jeremías, de estos mensajes dados por Dios, “Esa no es la forma de atraer gente a tu iglesia. Ese es un mensaje cruel. Esa no es la forma de atraer a las multitudes. Guarda ese mensaje para otro día de la semana cuando los visitantes no estén aquí. No queremos ofender a la gente. No queremos que se vayan porque este mensaje es difícil de escuchar”.

Recuerdo cuando primero comenzamos Aviva Nuestros Corazones años atrás, una de las cosas que Dios puso en mi corazón era que Él me iba a dar Su mensaje de Su Palabra, y que era mi trabajo ser fiel en transmitirlo aun si a la gente le gustaba o no, aun si fuera fácil o difícil de escuchar , aun si lo recibieran bien o no.

Estaba conversando con unas personas que me decían, “si quieres entrar en ciertas estaciones de radio, tienes que hacer más de esto en tu programa”. Ahora bien, no había nada esencialmente malo con lo que ellos estaban sugiriendo que hiciéramos, pero mientras escuchaba, pensaba, “Oh, Señor, no quiero ser motivada por lo que se requiere para poder entrar a ciertas estaciones de radio o por lo que es necesario hacer para que un editor publique mi libro. Quiero ser motivada primero por lo que hay en Tu corazón. ¿Qué es lo que Tú quieres que hagamos?”

Quiero ser movida por lo que la gente necesita escuchar. No necesariamente por lo que ellos quieran escuchar, sino por lo que ellos necesitan escuchar. El reto en mi vida y en este ministerio no es ser motivados por el mercado, sino motivados por el mensaje; es poder decir, “Señor, ¿cuál es Tu mensaje, Tu carga, Tu palabra para esta generación?”

La medida del éxito en un ministerio, se trate de tu iglesia o de un ministerio para eclesiástico como el nuestro, no es a qué tanta gente le gusta tu mensaje o qué tan popular seas como predicador. Es simplemente qué tan fiel eres al proclamar la Palabra de Dios.

Habacuc debía rendirle cuentas a Dios. Los profetas del Antiguo Testamento también. Nosotros tenemos que rendirle cuentas a Dios de haber pasado Su mensaje a Su pueblo.

Dios nos ha dado Su Palabra. El libro que sostenemos en nuestras manos, esta Biblia, la Palabra de Dios, no es menos autoritativa o pesada que el mensaje que Dios le dio a Habacuc. Esta es la Palabra de Dios. Dios se ha revelado a Sí mismo a nosotros -ha revelado Su corazón, Su carga, Su mensaje- en este libro.

Una amiga quien ha sido cristiana por muchos años me dijo recientemente,

Nancy, en los últimos años, es como si un velo se hubiera levantado de mis ojos, y recién me he dado cuenta que esta es la Palabra de Dios. Esto ha cambiado mi vida. Ha cambiado la forma en que leo las Escrituras. Ha cambiado la forma en que pienso de las cosas que siempre he conocido de la Palabra de Dios, al darme cuenta que es Dios quien está hablando.

Volvamos a la profecía, a la carga que el profeta Habacuc vio. Dense cuenta que no dice que él la escuchó; él vio algo. Dios le mostró a Habacuc algo en este libro. Dios le mostró a él una carga. Dios le mostró a él la perspectiva de Dios de Su mundo y de la situación que Habacuc estaba enfrentando.

Y quiero decir que a medida que estudiemos este libro juntas, que Dios querrá mostrarles a ustedes algunas cosas. Él quiere mostrarnos Su perspectiva. Él quiere mostrarnos Su corazón. Él quiere mostrarse a Sí mismo a ti. Él quiere revelarse a sí mismo y Sus caminos a ustedes. Él quiere poner una carga fresca en sus corazones -Su carga, Su mensaje para nuestra generación.

A medida que Dios pone esta carga en sus corazones, en nuestros corazones, mi oración es que se convierta en un interceder por otros y en ser fieles en pasar ese mensaje a otros. No es casualidad que hoy ustedes estén oyendo este mensaje. Ustedes están escuchando porque tienen corazones hambrientos, porque necesitan oír a Dios, porque quieren saber lo que Él tiene que decir.

Mientras escuchamos, mientras esperamos en el Señor, mientras miramos y decimos, “Señor, te estoy escuchando; habla, Señor; tu sierva está escuchando”, Dios te mostrará algunas cosas.

Tal vez no sea una carga fácil. Tal vez no sea un mensaje sencillo. Pero será el mensaje de Dios, y cambiará nuestras vidas, cambiará las vidas de las personas a quienes le compartamos el mensaje.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha dado una vistazo preliminar de lo que esperamos ver mientras estudiamos juntas la historia de Habacuc. Nancy estará con nosotras de vuelta para guiarnos es oración.

Habacuc es un libro importante para cualquiera que esté luchando con el miedo, luchando con la voluntad de Dios, o cuestionándose sobre la bondad de Dios. ¿Estudiarás el libro de Habacuc más profundamente? Pasa unos minutos al día leyendo este libro y escuchando a Nancy. Espero que este estudio te lleve a entender a Habacuc más a fondo.

¿Por qué a veces no contesta Dios las oraciones? Habacuc se preguntaba esto. Escuchen acerca de sus preguntas y de sus revelaciones cuando regresemos en el próximo programa.

Ahora Nancy está con nosotras de vuelta para orar.

Nancy: Gracias, Señor, gracias porque en nuestros días Tú eres un Dios que le habla a Su pueblo por medio de Tu palabra. Es mi oración Señor que Tú nos des oídos para oír y ojos para ver la carga, el mensaje que está en Tu corazón para nuestra generación. Ayúdanos a ver y a entender Tu perspectiva sobre nuestro mundo, sobre nuestras circunstancias, sobre nuestras preguntas abrumadoras.

A medida que te traemos estas cosas a Ti y a medida que luchamos con estas preguntas, permítenos llegar al punto de abrazar, de aferrarnos, de sostenernos fuertemente a Ti por medio de la fe y por medio de Tu Palabra. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Un regalo para la novia

Jueves 8 Octubre

(Acsa pidió a su padre:) Concédeme un don; puesto que me has dado tierra del Neguev (tierra seca), dame también fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.
Jueces 1:14-15

(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará… Porque todo aquel que pide, recibe.
Lucas 11:9-10

Un regalo para la novia

Hace algunos milenios, Caleb casó a su hija Acsa. Según la petición de ella, ofreció a los recién casados un terreno bien expuesto al sol. Pero Acsa quería más, pues amaba el país que Dios les había dado. Por ello dijo a su Padre: “Dame también fuentes de aguas”. Y Caleb le dio “las fuentes de arriba y las fuentes de abajo”. Así, este terreno bien ubicado sería regado y podría dar abundantes cosechas.
La petición de esta joven fue muy sabia. Sin agua, su tierra podría quemarse debido al sol. Era absolutamente necesario que tuviera fuentes de aguas, sin estas nada crecería.
Jóvenes parejas cristianas, Acsa les enseña una lección. El agua es una imagen de la Palabra de Dios. Quizás ya tengan «una tierra bien soleada» o, dicho de otra manera, tienen todo, les va bien en su vida conyugal. Pero, ¿han pensado en las fuentes de agua? ¿La Palabra de Dios es para ustedes el elemento indispensable para evitar la sequía espiritual, que se instala rápidamente en nuestro corazón y en nuestro hogar? Sin la lectura regular de la Biblia, su vida con el Señor perderá su frescor y acabará por no llevar más fruto. Para que su hogar y su familia prospere, pidan valientemente a su Padre celestial sus aguas abundantes. Él les ha reservado “las fuentes de arriba”, es decir, las maravillosas promesas que el creyente posee en Cristo, quien está en el cielo; y también “las fuentes de abajo”, la presencia de Jesús con nosotros y por nosotros en todas las circunstancias de nuestra vida en la tierra.

Deuteronomio 3 – Juan 3:1-21 – Salmo 113 – Proverbios 24:28-29
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