Una patria celestial

Iglesia Evangélica de la Gracia

Una patria celestial

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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Hedonismo para esposos y esposas

Soldados de Jesucristo

Octubre 22

Solid Joys en Español

Hedonismo para esposos y esposas

John Piper

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Una roca inamovible

The Master’s Seminary

Una roca inamovible

Heber Torres 

El cambio forma parte de la realidad del ser humano. Solo tienes que mirarte en el espejo. Las personas cambian de aspecto, cambian de dieta, cambian de rutina, cambian de amistades, cambian de casa y cambian de trabajo. Aquello que en un momento de tu vida fue parte esencial, con el tiempo, apenas lo recordarás vagamente.

Pero el que los seres humanos cambien no es algo necesariamente malo. De hecho, la palabra de Dios enseña que es precisamente un enorme cambio el que tiene lugar en la vida de todos aquellos que son alcanzados por el evangelio. El creyente genuino está siendo progresivamente transformado. Día a día deja de ser lo que un día fue para llegar a ser lo que nunca ha sido. Y eso inevitablemente va a producir cambios en su forma de pensar, en su forma de actuar y en su forma de vivir.

La condición del cristiano es otra: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas» (2 Co. 5:17). El deseo del cristiano es otro: «Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (Fil. 1:21). La prioridad del cristiano es otra: «si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (Col. 3:1).

Sin embargo, hay uno que no está sujeto a cambios de ningún tipo. Y es que «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos» (He. 13:8). Esto lo sitúa en una categoría en la que solamente Dios tiene cabida, de la que se desprenden al menos tres implicaciones importantes:

1) Sus atributos no cambian

Los atributos son aquellas cualidades que hacen de algo lo que realmente es y no otra cosa. Para que llegues a ser lo que eres necesitas aprender. Necesitas experimentar. Necesitas fracasar o tener éxito. Necesitas tiempo. En definitiva, necesitas cambiar. Sin embargo, Él no es una criatura más. No pertenece a la larga lista de seres creados. La Biblia afirma que Cristo es eterno. Él no tiene principio ni final. Toda existencia comienza con Él y todo final depende de Él. Y siendo Dios, la Escritura enseña que también es inmutable. De la misma forma que Santiago dice que en Dios no existe cambio ni sombra de variación (Stg. 1:17), Hebreos 13:8 confirma que en Cristo tampoco.

Cristo nunca ha sido menos de lo que debería ser y no puede ser más de lo que siempre ha sido. No ha necesitado retocar nada de su persona. No ha tenido que corregir nada de su carácter. No ha mejorado, ni ha empeorado con los años. Él «es el mismo ayer y hoy y por los siglos». No hay un día en el que Cristo sea más fiel que otro. No hay una tarde en la que Cristo es más misericordioso que otra. Él es siempre igual, perfecto, inmejorable e insuperable. Cristo es supremo.

2) Su autoridad no cambia

Jesús mismo dijo a sus discípulos «Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy» (Jn. 13:13). La Biblia nos enseña que Él es el siervo sufriente, pero también el monarca y Señor de la historia. Conforme a su naturaleza, Cristo tiene el derecho de demandar el servicio y la devoción de todas sus criaturas. Y, de acuerdo con sus atributos, cuenta con la capacidad de lograr sus planes y llevar a cabo sus propósitos. Colosenses 1:15–17 afirma que «Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen».

Aun en medio de la confusión y de la oposición, su dominio es total y global. Su hegemonía es imparable e invencible, porque nada está fuera de su control soberano. ¡Nunca lo ha estado! Ni la vida ni la muerte, ni los poderosos ni la humanidad al completo pueden desviarse de lo que Él permite, de lo que Él desea, de lo que Él ha establecido. Por eso, el cristiano no solamente contempla la grandeza de Cristo, sino que obedece y se somete ante la autoridad de aquel que lo es todo en todo. Y lo hace con gratitud y contentamiento (Sal. 119:72, 127).

3) Su actualidad no cambia

Muchas personas hoy viven preocupadas por lo que deparará un mañana que parece más incierto que nunca. En estas últimas semanas, un virus microscópico ha vuelto a poner de manifiesto una realidad que la palabra de Dios revela desde sus primeras páginas: el sistema de este mundo es frágil. Tu vida no es más que un soplo. Todo lo que tienes se desvanece fácilmente. En cuestión de minutos, los gobiernos más fuertes pueden verse comprometidos, las grandes compañías pierden todo su valor y tus proyectos y planes se desbaratan. Sin embargo, la Biblia enseña que hay uno en quién puedes poner toda tu confianza sin temor a ser defraudado, uno cuya sangre no deja de ser efectiva para purificar a todo el que se acerca a Él. Mientras tanto, Cristo no cesa, ni por un segundo, de interceder a favor de los que son suyos (1 Jn. 1:9; 2:1).

Él es la roca inamovible. Ni viento ni tormenta alguna lograrán desplazarlo un milímetro del lugar en el que siempre ha estado. Sus atributos no cambian. Su autoridad no varía. Su actividad no cesa. Y, por tanto, su actualidad no pasa. Siempre es pertinente. Siempre es apropiado. Siempre es oportuno. Puedes descansar seguro, porque aquel que es el mismo ayer, hoy y por los siglos lo ha prometido: «yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt. 28:20b).

Heber Torres
Haber Torres

Es profesor de teología en el Seminario Berea (León, España) y pastor en la Iglesia Evangélica de Marín (España). Dirige el sitio «Las cosas de Arriba», que incluye podcast y blog. Está casado con Olga y juntos tienen tres hijos: Alejandra, Lucía y Benjamín.

Aborreciendo a la familia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Aborreciendo a la familia

Thomas Brewer

Nota del editor: Este es el noveno capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

La palabra aborrecer es fuerte. Cuando era pequeño, mis padres tenían una regla: no digas «aborrezco», al menos en la mayoría de los casos. Esta palabra estaba muy llena de ira y malicia para ser usada apropiadamente por un niño, y fue esencialmente eliminada de mi vocabulario diario.

Este lenguaje tan fuerte del aborrecimiento es lo que hace que muchos lectores tropiecen con las palabras de Jesús en Lucas 14:26:

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo.

Jesús nos manda a amar a nuestros enemigos y a bendecir a los que nos maldicen. Siendo este el caso, es difícil entender cómo Él puede mandarnos a aborrecer a nuestra familia, especialmente cuando Dios nos dio el mandamiento de honrar a nuestro padre y a nuestra madre.

Los discípulos de Jesús deben tomar su cruz y seguir a Jesús.

Hay un par de cosas que es importante comprender aquí. En primer lugar, Jesús era judío, y las familias de Su cultura, como la mayoría de las culturas antiguas, eran muy unidas. A menudo demandaban la más alta lealtad de hombres, mujeres y niños. En segundo lugar, Jesús hizo uso del lenguaje común de Su época. Al igual que en nuestros días, la exageración —hipérbole— era común para enfatizar alguna enseñanza. Es probable que hayas escuchado a alguien decir: «Esto tomará una eternidad», cuando lo único que se necesita son quince minutos. Jesús está usando la misma estrategia aquí para darle una lección a Sus discípulos.

Jesús está señalando que cualquiera que sea la prioridad que Sus discípulos puedan tener en sus vidas, ninguna se compara con la prioridad de seguirlo. Su comentario es una aplicación del primer y más grande mandamiento, que exige una total lealtad. Comparado con su máxima lealtad, Jesucristo, se podría decir que Sus discípulos «aborrecen» —hiperbólicamente hablando— a sus lealtades menores, incluso a sus familias. Y de hecho, ellos están llamados a «aborrecer» incluso sus propias vidas.

En pocas palabras, los discípulos de Jesús son llamados a morir a sí mismos y a vivir para Cristo, incluso hasta morir por su fe, como muchos de los que estuvieron allí con Él ese día serían llamados a hacer, y como muchos hoy en día son llamados también. Es por eso que el verso 27 dice que los discípulos de Jesús deben tomar su cruz y seguir a Jesús. ¿Y qué de ti? ¿Qué tiene prioridad en tu vida?

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Thomas Brewer
Thomas Brewer

Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en América.

Jul 15 – Viviendo por fe

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 15 – Viviendo por fe

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/viviendo-por-fe/

Carmen Espaillat: Somos salvos por fe, pero la fe no termina ahí. Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No es que Dios me salva y luego tengo que luchar y esforzarme para vivir la vida cristiana. Yo vivo esta vida por fe en Cristo y solamente en Cristo.

Carmen: Estás escuchando es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. En un mundo de sonrisas fingidas es importante ser realistas y honestas acerca del dolor, la decepción y los cuestionamientos; pero no es saludable el aferrarnos a ese dolor, a esa decepción y a esas preguntas.

El profeta Habacuc pasó por un tiempo de dudas y cuestionamientos, pero no se estancó ahí. Aquí está Nancy con la continuación de la serie Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Hemos llegado al verso decisivo de nuestro estudio de Habacuc. Creo que este es el eje de todo este mensaje, el punto decisivo por así decir, del mensaje. Este es el punto de transformación en la vida de Habacuc.

El concepto que hemos estado viendo en Habacuc 2:4, es lo que ha llevado a Habacuc a cambiar su lucha por adoración. Lo lleva del suspiro al canto. Lo lleva del temor a la fe.

Estamos viendo Habacuc 2:4. Hemos encontrado dos clases de personas al revisar este pasaje. Las Escrituras dicen “He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta.”

Ese es un tipo de persona. Ahora bien, en el contexto inmediato, Dios habla de los babilonios o caldeos. Ellos eran arrogantes. Son orgullosos. No son rectos. No son justos.

Pero en una aplicación más amplia del mismo pasaje, Dios nos está diciendo “hay mucha gente en el mundo que es así”. Son autosuficientes e independientes y no creen necesitar a Dios. Ellos dependen de sí mismos. Sus almas están envanecidas.

Son arrogantes; son orgullosos y no son justos. No son rectos. Puede que hagan buenas obras, pero no tienen un corazón justo. No son rectos en su interior.

Luego, la segunda parte del versículo, nos habla del segundo tipo de persona, “mas el justo por su fe vivirá”. Hay personas justas e injustas; personas que viven por fe y personas envanecidas y arrogantes. Son orgullosas y solo dependen de sí mismas.

Siendo realistas, esos son los dos tipos de personas que hay en el mundo. Ahora, en la última sesión, mencioné que los rectos viven por fe basándonos en dos conceptos. Nos enfocamos en el primero en el programa anterior.

“Los rectos vivirán por fe”, queriendo decir que somos justificadas por fe. Somos salvas por fe. Nada tengo que ofrecer; simplemente, me aferro a la cruz.

No hay nada que podamos hacer para merecer la salvación de Dios. No podemos ser justas por nuestros propios méritos. Todo, todo, todo, todo es por nuestra fe en Jesucristo. Somos justificadas por fe.

Pero hay un segundo concepto en el que los rectos vivirán por fe, y es que somos santificadas por fe. Vivimos por fe. Una vez somos justificadas -desde ese momento y hasta que lleguemos al cielo- continuamos nuestro caminar por fe.

Esta mañana estuve leyendo -durante mi tiempo de quietud- el libro de Hebreos y me vi leyendo acerca de este tema de la fe en los capítulos 10, 11 y 12.

En medio del capítulo 10 de Hebreos, tenemos una invitación para que nos acerquemos al trono, al lugar santísimo de Dios. A que nos acercamos por fe en la sangre de Jesucristo.

Así es como llegamos a conocer a Dios, a través de la fe. En Hebreos 10 se habla de nuestra justificación, pero -a medida que avanzamos- leemos de cómo vivimos por fe. No es solo que la fe nos lleva a la salvación.

Es la fe la que nos mantiene a salvo, es la fe la que nos ayuda a vivir como personas salvas. “Los justos por su fe vivirán”. Es a través de la fe que tenemos el poder de vivir la vida cristiana.

Pablo lo dice de esta manera en Gálatas, capítulo 2:20 “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

No es que Dios me salva y luego tengo que luchar y esforzarme para vivir la vida cristiana. Yo vivo por la fe en Cristo y en Cristo solamente. Cuando digo esto pienso en aquellas de nosotras quienes hemos sido influenciadas por la reforma protestante; tenemos este concepto claro de que somos justificadas por fe.

Pero también pienso que muchas de nosotras vivimos la vida cristiana como si pudiésemos obtener la energía y el esfuerzo (por nosotras mismas) para poder vivirla. Es por eso que vemos a tantas cristianas frustradas tratando de vivir una vida que no pueden vivir.

Pablo lo dijo de esa manera en Gálatas 3:2 “Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?

Dirás, “claro que sí, Pablo. No hemos sido salvas por las obras de la ley. Eso lo sabemos.” Y él dice, “Entonces, tú fuiste salva por fe, por tu fe en Cristo.”

Luego continúa diciendo en Gálatas 3:3, “¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vas a terminar ahora por la carne? En otras palabras: habiendo sido justificadas por fe, ¿ahora piensan que pueden perfeccionarse en la carne?

Si recibiste a Jesucristo por fe, entonces vas a caminar en Él por fe. Los rectos vivirán y seguirán viviendo por fe. Y eso se aplica a todas las áreas de la vida cristiana.

En los días de Habacuc, Dios le dijo “Vas a enfrentar persecución. Va a haber castigo, va a haber sufrimiento y tú vas a necesitar fe para poder lidiar con la invasión de babilonios que se avecina.”

¿Cómo vas a vivir en tiempos de crisis? Por fe. “Los justos por su fe vivirán.” Hasta este momento tan decisivo, en el libro de Habacuc, Habacuc se ha estado volviendo loco tratando de dilucidar y entender lo que Dios ha estado haciendo. Él ha estado luchando cuerpo a cuerpo con asuntos insondables: la providencia de Dios, Su soberanía y Sus planes.

No lo puede entender y Dios dice “Vive por fe.” Y desde ese momento en adelante, Habacuc descansa sus argumentos, su mente, su corazón, su vida y su futuro en la fe; fe en que Dios sabe lo que hace.

Dios va a hacer todas las cosas correctamente y lo que Dios hace es bueno. Esto no es solo para Habacuc y la gente que está enfrentándose a los babilonios. No son los únicos que tienen que vivir por fe. Nosotras tenemos que vivir por fe cuando nos veamos abrumadas por aflicciones, adversidades, sufrimientos y retos.

Nosotras necesitamos tener fe. Ya les había mencionado, hace unos programas atrás, lo que dice Hebreos 10, pero lo voy a retomar porque pienso que se aplica aquí.

El autor de Hebreos le está hablando a los creyentes del Nuevo Testamento quienes estaban siendo perseguidos por su fe. Ellos habían sido justificados por fe y, luego, expulsados y perseguidos.

El autor les dice en Hebreos 10:34, “Porque tuvisteis compasión de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, como hicieron eso, como lograron ellos hacerlo gozosamente.

Él dice en Hebreos capitulo 10:34b, “sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión”. Tú has ejercitado la fe. Has mirado hacia el futuro y sabes que esto no lo es todo.

Dios nos tiene reservado mucho más. ¡Dios nos tiene el cielo! Tenemos posesiones eternas en el cielo. Tenemos una ciudad que no ha sido hecha por manos; por lo que podemos vivir por fe y hasta disfrutar el que nos despojen de nuestras posesiones aquí en la tierra.

Él está construyendo mansiones para nosotras allá arriba, por lo que lo que sea que pierda aquí abajo es nada comparado con lo que Dios nos tiene preparado. Por lo que el autor dice “Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa”. (Hebreos 10:35)

Aférrate a la fe, “porque tenéis necesidad de paciencia” (Hebreos 10:36). Mientras revisaba Hebreos 10, 11 y 12, me percaté de que la palabra “perseverancia” aparece una y otra vez. Necesitas resistencia. Necesitas que tu fe sea probada para que, cuando hagas la voluntad de Dios, puedas recibir lo que se te ha prometido.

“Porque dentro de muy poco” (es una cita de Habacuc que encontramos en Hebreos 10, versos 37-38) “Porque dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendrá y no tardará, (37) Mas mi justo vivirá por la fe…” (38)

Vivimos por fe en que Cristo vendrá, en que Él va a enderezar todo lo mal hecho, en que Él va a terminar la historia. Tenemos algo mejor esperándonos. Podemos resistir el aquí y el ahora porque vemos el final del camino con los ojos de la fe.

Luego continúa, volviendo a Hebreos 10:38, “Mas mi justo vivirá por la fe, y si retrocede, mi alma no se complacerá en él.”

Dios dice que hay dos tipos de personas: aquellas que caminan confiadas en su fe, su fe en Dios, no en ellas mismas; fe en las promesas de Dios; fe en Cristo; y aquellas que retroceden cuando llega el tiempo de la prueba. Ellas retroceden. Ellas no perseveran porque no tienen fe.

El autor dice en Hebreos 10:39, “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma”.

La fidelidad y perseverancia en tiempos difíciles y de prueba es fruto de la fe. Es el fruto de vivir por fe y descansar en la fidelidad y las promesas de Dios.

Por lo que aquellos que han sido honrados y justificados por su fe en Cristo, no retrocederán en los tiempos de prueba. No van a separarse de Cristo.

Y, por cierto, esa es la evidencia de que tienes una fe genuina. Cuando llega el tiempo de la prueba, tú sigues avanzando con fe. Tú perseveras. La misma fe que Dios puso en ti y que te llevó a la salvación, es la misma fe que se queda contigo cuando vienen los tiempos de prueba y adversidad en tu vida de cristiana. Eso es lo que te ayuda a resistir.

Por lo que el autor de Hebreos continúa en el capítulo 11, -vamos a seguir hablando del tema de la fe. ¿Cómo funciona? ¿Cómo luce? ¿A qué se parece? ¿Cómo se desarrolla? La fe puede convertirse en un concepto nebuloso. ¿Qué es la fe? Vamos a ver a qué se parece:

Él empieza diciendo, capítulo 11, verso 1 “Ahora bien, la fe es la certeza de lo que nos espera, la convicción de lo que no se ve.” Si lo puedes ver, ya no es fe.

Dice que hay algo que Dios nos da. Dios nos da la fe para creer en que Sus promesas son ciertas y en que Cristo regresará; en que Dios va a llevar a cabo su plan y sus propósitos para este mundo. La fe nos da la garantía y la convicción de lo que no se ve.

A lo largo del capítulo 11 de Hebreos, tenemos a los héroes de la fe. Todos estos hombres y mujeres que -en aquellos tiempos y por su fe- agradaron a Dios. Sin fe no puedes agradar a Dios. Encontramos en este capítulo una veintena de veces las palabras “por fe… por fe… por fe… por su fe hicieron esto… por su fe hicieron aquello… por su fe fueron allá… por su fe Sarah tuvo un bebé a los 90 años de edad”.

Podrás decir, “No creo que quiera esa clase de fe o esa cantidad de fe”. Por fe ellos hicieron lo imposible. Por fe ellos superaron la adversidad. Por fe.

¿Sabes lo que es cierto de estos hombres y mujeres de fe? Ellos vivieron sus vidas como si la Palabra de Dios fuese verdaderamente cierta. No lo sabían solo en sus cabezas. Ellos depositaron y descansaron sus vidas en la fe.

Ellos dieron pasos confiados en que lo que Dios decía era verdad, aun cuando todo pareciera lo contrario. Ellos estuvieron dispuestos a verse como necios ante los ojos de los hombres. Piensa en Noé quien construyó el arca en un sitio donde nunca había llovido. Por fe.

Por lo que si Dios te pide que hagas algo sin sentido -y todos a tu alrededor piensan que estás loca- hazlo por fe. Por fe ellos estuvieron dispuestos a ser rechazados; ellos estuvieron dispuestos a hacer lo imposible.

Los hemos puesto a todos ellos en un gran pedestal: a Noé, Moisés y Abraham. ” ¡Bárbaros, esos sí fueron grandes héroes de la fe!”

No creo que ese sea el punto. Pienso que el punto es que estos hombres y mujeres fueron ordinarios, vacilantes, débiles y frágiles como nosotras. Lo que hizo posible que lograran estas hazañas tan extraordinarias fue la fe que tuvieron en un gran Dios.

Por lo que estamos supuestas a aplicar lo que hemos leído. En la vida cristiana hacemos todo por fe, fe y solamente por fe. “Los justos por fu fe vivirán.” Fe en Dios, en las promesas de Dios, en la presencia de Dios, en Su protección, en Su provisión y en Su poder. El requisito para agradar a Dios en todas las áreas de tu vida es tener fe.

Lo que no es de fe, es pecado. Sin fe es imposible agradar a Dios. No puedes vivir la vida cristiana. Cada área de tu vida – para tus finanzas, necesitas fe; para dejarte guiar por el camino de Dios, necesitas fe; para hacer los sacrificios que Dios quiere que hagas, necesitas fe; fe cuando pierdes tu dinero.

Cuando el mercado se desploma, ¿dónde está tu fe? ¿Sientes que te hundes? ¿Te abrumas si pierdes tu trabajo? “¡Cómo voy a vivir!” Escucha. Dios alimentó a su siervo Elías haciendo que cuervos le llevaran comida.

Y entonces, cuando el arroyo se secó en tiempo de hambruna, Dios le envió a Elías una candidata inverosímil para que le llevara provisión: una viuda sin un centavo. Dios utilizó un cuervo, el arroyo y la viuda para cubrir las necesidades de Su siervo.

Dios puede cubrir tus necesidades de la forma que Él escoja. En el área de tus finanzas y provisión, camina por fe. Fe en relación a tu familia, ¿cuántos niños quiere Dios que tengas?

Oigo a personas decir “¡No podemos tener más hijos! ¡No los podemos mantener!” Entonces debo pensar en ¡cuán grande es Dios! Si Dios quiere que tengas más hijos, ¿no piensas que Dios puede proveer para esos hijos?

¿Qué pasa si quieres hijos, pero no puedes tenerlos? Se requiere de fe para abrazar el plan de Dios para tu vida.

Esta semana le envié un correo a una amiga. Ella y su marido no han podido tener hijos. Ellos lo querían desesperadamente. Ellos han tenido que aprender a tener fe en el tiempo de Dios.

Bueno, ahora están en proceso de adopción. ¡Ellos quieren adoptar y se toma tanto tiempo! Les escribí y les pregunté “¿Cómo les está yendo con el proceso de adopción?”

Ella me respondió con un “estamos en tiempo de espera”. Yo he escuchado acerca de la espera en el libro de Habacuc. Me dijo “hemos estado en la lista por meses y, ahora, tenemos que esperar a que una madre nos escoja. Estamos confiando en el tiempo perfecto de Dios para formar nuestra familia.”

“Los justos por su fe vivirán.” Puedes estar gozosa durante el proceso de espera si caminas por fe. Necesitas fe para tu futuro. A medida que envejecemos, necesitamos fe.

Pensamos en que no podremos hacer lo que, en otros tiempos, podíamos hacer. Sé de mujeres de mediana edad que viven con el temor de no tener provisión. ¿Qué hacen si les falla su salud? ¿Qué pasa si se quedan solas?

¿Cómo enfrentar el futuro confiadas y con gozo? Caminando por fe. A medida que tomas decisiones en tu vida – ¿Tomo este trabajo? ¿Nos mudamos para tal sitio? ¿Me caso con esta persona?

Ayer hablaba con una persona y me preguntaba “cuando oras, ¿cómo te guía Dios?” Y le dije: “Cuando oro para tomar una decisión u otra, no necesariamente voy a abrir la Biblia y a encontrar el próximo tema que debo enseñar o de si debería contratar a tal o cual persona”.

Yo oro y digo, “Señor, dirige mis pasos. Guíame”. Y, luego, confío en que Dios me está dando la sabiduría que le he pedido que me conceda. “Los justos por su fe vivirán”.

• Necesitamos fe para salir victoriosas de una tentación, para salir victoriosas de los hábitos pecaminosos que podamos tener en nuestras vidas. Se requiere de fe, no solo luchar y esforzarnos, y decir “Voy a ser una buena cristiana aunque me muera.” ¡Podría matarnos! Sino para vivir por fe en el poder de Cristo y el Espíritu Santo que mora en nosotras.

• Necesitas fe para poder amar a esa persona en tu vida, a ese familiar nada fácil de amar.

• Necesitas fe para perdonar la ofensa imperdonable que alguien te hizo.

• Necesitas fe para someterte a las autoridades cuando tomen una decisión que sabes que es equivocada. Necesitas fe.

• Necesitas fe para obedecer a Dios.

• Necesitamos fe cuando nos vemos cara a cara con la muerte.

En 2 de Corintios 5, el apóstol Pablo habla del tiempo en el que no estaremos en este cuerpo, el tiempo en que dejaremos este tabernáculo y nos vayamos al cielo.

Bueno, dirás “es algo maravilloso lo que nos espera”, pero encuentro a muchas personas -que cuando llega el momento- empiezan a tener miedo. Pablo dice, “No, debemos mantener siempre el valor, aunque estemos frente a la muerte, porque caminamos por fe y no por vista”.

Yo necesito fe en cada aspecto de este ministerio, fe en la provisión de Dios para con las finanzas, fe para seguir enseñando con el discernimiento del Espíritu Santo, fe en que voy a saber qué hacer la próxima vez. Camino por fe. Si caminara por vista, estaría limitada por mis propios recursos, mi propio entendimiento, y Dios dice “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas”. (Proverbios 3:5-6)

La semana pasada recibí un correo enternecedor de una amiga que tiene varios años pasando por una situación muy difícil en su matrimonio.

Su marido cometió una ofensa grave. Ha habido mucha necesidad de perdón. Ha habido distintos niveles de aparente arrepentimiento. Ha habido mucho crecimiento y ha habido muchos cambios.

Pero él todavía no es la misma persona a quien ella conoció hace todos esos años atrás. A pesar de que ya no está llevando aquel estilo de vida pecaminoso, ella dice que las cosas aún siguen siendo duras.

Aquí, lo que me escribió:

“¡Cómo oro para que mi marido vuelva a tener un corazón apasionado! Me duele tanto verlo en esa condición. He tenido que suplicarle a Dios que me de el amor y la gracia para soportar esto con el pasar del tiempo.

Dios me hizo recordar estos versículos, que me había mostrado meses atrás, y ahora me están animando de nuevo.

Y luego ella citó cuando en 2 de Corintios 1, Pablo dijo: “Estuvimos bajo una gran presión, más de la que podíamos aguantar, por lo que hasta nos desesperamos con la vida misma. De hecho, sentimos la sentencia de muerte en nuestros corazones. Pero esto pasó para que no nos apoyáramos en nosotros mismos, pero en Dios quien resucita los muertos.” (2 de Corintios 1: 8-9 parafraseado) Pablo dice que eso pasó para que aprendieran a caminar por fe, para que confiaran en Dios. “El cual nos libró de tan gran peligro de muerte y (aquí habla de su fe) nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que Él aún nos ha de librar. (Verso 10)

Ella citó esos versos y luego dijo: “Voy a continuar depositando mi esperanza en el Cordero y creer que Él va a seguir librándome y dándome gozo en Él. Si mi esposo nunca cambia, si mis circunstancias nunca cambian, yo esperaré en Dios”.

“Los justos por su fe vivirán.”

¿Qué áreas de tu vida requieren que camines por fe? ¿Las resientes? ¿Las resistes? ¿Les sales corriendo o las abrazas? Sin fe es imposible agradar a Dios.

Por lo que -desde el instante en que en el libro de Habacuc vemos que Dios dice “Los justos por su fe vivirán”- notamos que Habacuc no hace más preguntas.

Dijimos hace unos programas atrás que no está mal el hacer preguntas desde un corazón que se examina, pero algo hizo que Habacuc cambiara y se diera cuenta de que ni ahora ni nunca entendería por completo los caminos de Dios. ¡Y eso está bien!

Si pudiésemos ver el resultado, si pudiésemos entender los propósitos de Dios, ¡no sería fe! “Los justos por su fe vivirán”. Habacuc se da cuenta que -lo pueda ver o no-Dios está obrando. En Su tiempo, la visión se cumplirá de un todo. El plan de Dios y el propósito del que Dios habla, se va a cumplir en su totalidad.

Todo va a estar bien y, mientras tanto, ¿qué hacemos? Caminamos por fe. “Los justos por su fe vivirán.”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss va a regresar para orar con nosotras. Ella nos ha estado proveyendo perspectivas importantes relacionadas con la fe. No es solo para salvación, sino necesaria todos los días de nuestras vidas.

Crece en tu fe estudiando la Palabra de Dios con Nancy. Ella ha estado exponiendo una serie llamada Habacuc: del temor a la fe. Si nos has estado escuchando, sabes lo relevante, conmovedor y práctico que es el mensaje de este profeta menor.

Nancy nos expuso esta serie hace algunos años atrás. La primera vez que salió al aire esta serie, una señora (que no entendía del todo lo que significaba ser una hija de Dios) escribió lo siguiente: “Siempre pensé que tenía que esforzarme en ser buena para agradar a Dios y encontrar su aprobación”. Durante el estudio de Habacuc quedó impactada al percatarse de que tenía que dejar de tratar de ganarse el favor de Dios y depositar toda su confianza en la obra que Jesucristo había hecho por ella. Ella escribió “Pienso que un bombillito se acaba de encender para mí” al tiempo que entendía la verdad sobre la gracia.

Estamos agradecidas de hablarles a mujeres como ella. No podemos hacerlo sin el apoyo de nuestras oyentes.

La mayoría de nosotras vivimos lejos de las granjas en donde se producen los alimentos, pero todas sembramos y cosechamos todo el tiempo. Nancy se los explicará en nuestra siguiente entrega. Espero que nos sintonices y nos acompañes en oración.

Nancy: Padre, gracias por depositar -por Tu gracia-fe en nuestros corazones. No podríamos tener fe lejos de Ti. Tú nos has concedido el regalo de la fe para que podamos creer y ser salvas. Gracias porque ahora nos das la fe para verte y vivir. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

El gozo del cristiano

Jueves 22 Octubre

(Jesús dijo:) Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
Juan 15:11

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!
Filipenses 4:4

El gozo del cristiano

¿Cómo podía Jesús regocijarse cuando estaba en la tierra? Más bien, ¡cuántos temas de tristeza para él, que conocía perfectamente la maldad del corazón humano! Veía las desdichas de la gente con la que se encontraba, las comprendía y las aliviaba. También discernía el origen de ello: el pecado, y sufría al constatar que los hombres eran esclavos de sus codicias. Pocas personas estaban de acuerdo con sus pensamientos, sin embargo podemos citar, entre otros, dos casos:

  1. Un oficial romano, cuya fe el Señor elogió (Lucas 7:1-10)
  2. María, cuyo afecto y agradecimiento lo reconfortaron (Juan 12:1-3).

Si Jesús siempre podía regocijarse, era porque encontraba su gozo en una comunión permanente y feliz con su Padre, una relación sin sombras ni eclipses. Incluso en las situaciones más difíciles, permanecía en comunión con Dios, en una total armonía con la voluntad de aquel que lo había enviado. Nada podía debilitar ni interrumpir esta relación.

Como un discípulo fiel, el apóstol Pablo experimentaba el mismo gozo, incluso en las situaciones que le hacían llorar. Leamos la carta a los filipenses: en cada capítulo habla de su gozo e invita a los creyentes a regocijarse en el Señor, incluso si también evoca la tristeza y las lágrimas. En otra parte dice de sí mismo: “como entristecidos, mas siempre gozosos” (2 Corintios 6:10).

El gozo del cristiano tiene su fuente en el Señor. Esto es lo que experimentamos cuando vivimos momentos de comunión con él.

Deuteronomio 16 – Juan 10 – Salmo 119:17-24 – Proverbios 25:27-28
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