El pueblo de Dios en tiempos de pandemia

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Sermones

El pueblo de Dios en tiempos de pandemia

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y SabidurĆ­a. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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Cristianos y crisis mundiales

La Voz de CƩsar Vidal

Cristianos y crisis mundiales

CƩsar Vidal

CƩsar Vidal

Historiador, abogado y autor espaƱol, CƩsar Vidal es conocido tambiƩn por su labor como periodista.

Vidal estudió Derecho en la UCM y la Universidad Alfonso X, ademÔs de ser doctor en Creencias Religiosas por la UNED y cursó estudios de Teología por la Logos Christian College. AdemÔs, habla ocho idiomas.

Vidal ha trabajado para numerosos medios, como la cadena radiofónica COPE en la que presentó La Linterna, o también en EsRadio, donde condujo La noche de César. Escribe para La Razón y ha pasado por las pÔginas de Muy Interesante o Libertad Digital, ademÔs de participar como tertuliano en infinidad de programas y canales de televisión.

En lo literario, Vidal es conocido por su prolífica obra, tanto por sus ensayos sobre la historia de España como por sus novelas históricas, siendo ganador de numerosos premios y galardones, como el Ciudad de Cartagena, el Jaén, el Ciudad de Torreviejao el Alfonso X el Sabio.

https://cesarvidal.com

36/41 – Damas y Caballeros

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

36/41 – Damas y Caballeros

Stephen Davey

Texto: Filipenses 3:20 – 4:1
Seguramente ha escuchado que si algo es muy bueno para ser verdad, entonces no lo debe ser. En estos versĆ­culos estudiaremos algunas verdades que suenan demasiado buenas para ser ciertas, pero que realmente son mas que un lindo deseo… son una realidad para todo creyente en Jesucristo.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Con premeditación y alevosĆ­a

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Con premeditación y alevosía

Kris Lundgaard

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «La mortificación del pecado«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Cuando Genoveva le dijo a Liz que se habĆ­a puesto la blusa al revĆ©s, Liz estaba mortificada. El verbo mortificar proviene de una palabra en latĆ­n que significa muerte, por lo tanto aplica en la situación de Liz, ella querĆ­a morirse. Hoy en dĆ­a, rara vez usamos la palabra en otro sentido que no sea el de esta vergüenza comĆŗn que sienten los adolescentes, pero hubo un tiempo en que los creyentes usaban ā€œmortificarā€ y su sustantivo mortificación para referirse a nuestro deber de hacer morir el pecado (Rom 8:13; Col 3:5). Si empleamos el significado original, la mortificación resulta ser una perspectiva renovada para la vida cristiana, dĆ”ndonos una comprensión mĆ”s profunda de lo que significa seguir a Cristo. En otras palabras, se puede pensar en cualquier prĆ”ctica o deber bĆ­blico en tĆ©rminos de la mortificación.

Pongamos a prueba mi teoría. Empecemos desde arriba: ¿Qué pasaría si amÔramos a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas? De seguro que mientras mÔs lo amamos, mÔs disminuye el pecado. La segunda prueba es como la primera: ama a tu prójimo como a ti mismo y el egoísmo se desvanece. Sigamos: honra a tu padre y a tu madre y terminarÔs matando de hambre tu deseo de rebelarte. Pon las necesidades de una hermana antes que las tuyas y tu orgullo muere. Regocíjate en la esposa de tu juventud y calmarÔs el deseo de regocijarte en la esposa de tu vecino. Comparte tus bienes con un amigo en necesidad y la avaricia menguarÔ. Debido a estas verdades es que no puedo imaginarme una vida cristiana saludable sin la mortificación, tal como no me puedo imaginar una moneda con una sola cara.

Alguien que estÔ determinado a matar su carnalidad debe analizar todo como lo hace un asesino, estudiando los hÔbitos de su víctima para planificar su destrucción.

PodrĆ­as pensar: ā€œSi no puedo evitar mortificar la carne cuando vivo fielmente, entonces, Āæpor quĆ© no solo concentrarme en la fe, la esperanza y el amor, y asĆ­ dejar que la mortificación ocurra por su propia cuenta? (siendo esta una manera positiva de enfrentar el problema)ā€. Es cierto que si crecemos en fe, esperanza y amor, el pecado disminuye; sin embargo, Dios dice claramente que Ɖl quiere que hagamos morir el pecado (Rom 8:13; Col 3:5), un llamado que requiere atención (Rom 8:5-8). El lente de la mortificación nos permite apuntar a pecados especĆ­ficos para debilitarlos, herirlos y hasta matarlos de una manera mĆ”s directa. Piensa en cómo cuidas tu jardĆ­n: desyerbĆ”ndolo y alimentĆ”ndolo. Alimentar tu jardĆ­n representa el cultivar la fe, esperanza y el amor; mientras que desyerbar es encontrar esa mala yerba del pecado y arrancarla desde sus raĆ­ces.

Aun asĆ­, algunos consideran que la mortificación es como una cirugĆ­a opcional, como si el doctor hubiera dicho que puedes pasar tu vida entera sin hacĆ©rtela aunque pudiera ser que experimentes algunas molestias. Sobre la base de esta premisa, algunos sopesan los supuestos beneficios de mortificar el pecado contra el trabajo duro y obvio que representarĆ­a, y deciden que la recompensa es demasiado pequeƱa. PodrĆ­an declararse ā€œcristianos carnalesā€, sellar sus boletos para ir al cielo y continuar con vida a la ligera: comiendo, bebiendo y divirtiĆ©ndose.

Pero considera esto: ā€œSi vivĆ­s conforme a la carne, habrĆ©is de morir; pero si por el EspĆ­ritu hacĆ©is morir las obras de la carne, vivirĆ©isā€ (Rom 8:13); ā€œy todo el que tiene esta esperanza puesta en Ɖl, se purificaā€ (1 Jn 3:3); y ā€œninguno que es nacido de Dios practica el pecadoā€ (1 Jn 3:9). Esta cirugĆ­a no es electiva; ninguno que espera vivir en Dios puede rechazarla.

No me malinterpreten, no estoy diciendo que la mortificación es una manera de justificarnos a nosotros mismos. Decir eso me convertirĆ­a en un hereje, y tambiĆ©n en un tonto. Lo que tengo en mente es mĆ”s bien esto: la mortificación es algo que la vida de Dios hace en nosotros. Haber nacido de Dios nos hace criaturas nuevas viviendo vidas nuevas en el EspĆ­ritu, y un aspecto esencial de esa nueva vida es darle golpes de muerte al pecado que aĆŗn permanece. No matamos la carne para ganarnos la salvación; debemos nacer de nuevo antes de poder siquiera levantar un dedo en contra del pecado. ā€œSi por el EspĆ­ritu hacĆ©is morir las obras de la carneā€¦ā€

Otros artĆ­culos en esta serie nos ayudarĆ”n a refinar mĆ”s nuestro enfoque en la mortificación, pero comencemos echando un vistazo a nuestra lucha contra la carne para empezar a entrenar nuestras manos para la batalla.

La mortificación es exasperante. Aprendemos esto primero, y nos desconcierta tanto que puede desafiar el fundamento de nuestra esperanza. Pero escuchemos a Pablo decirnos con espĆ­ritu fraternal: ā€œPorque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hagoā€ (Rom 7:15). ĀæEstĆ” Pablo aquĆ­ describiendo su vida antes o despuĆ©s de estar en Cristo? Estoy convencido de que estĆ” quejĆ”ndose de un aguijón que perforó su corazón despuĆ©s de ser cristiano, no porque logra expresar perfectamente la confusión de mi alma, ni porque cada creyente que he conocido tiene la misma queja, sino porque tal irritación solo tiene sentido en aquel que ha nacido de Dios. Pablo le dijo a los de Galacia que lo que los detenĆ­a de hacer lo que querĆ­an hacer era una batalla entre su carne y el EspĆ­ritu dentro de ellos (GĆ”l 5:17). De hecho, solo los esclavos del pecado estĆ”n libres de esta batalla (Rom 6:20).

Pensamos que el pecado no deberĆ­a dominarnos con tanta frecuencia porque el EspĆ­ritu reside en nosotros. Confundidos y frustrados, cuestionamos la obra de Dios en nosotros. Nuestras expectativas deben ser reajustadas a las de Pablo: asĆ­ es, el pecado no tiene dominio sobre nosotros (Rom 6:14), y serĆ” completamente removido de nosotros (Rom 7:24), pero no hasta que seamos glorificados con Cristo; asĆ­ que debemos continuar luchando por purificarnos hasta nuestro Ćŗltimo dĆ­a (1 Jn 3:2-3). Irónicamente, esta misma lucha nos asegura que hemos nacido de Dios.

La mortificación es intencional. EmpecĆ© diciendo contemplativa: eso implica un pensamiento profundo y suena espiritual. Pero quise sugerir la idea de asesinato, tal como en la frase ā€œcon premeditación y alevosĆ­aā€. Alguien que estĆ” determinado a matar su carnalidad debe analizar todo como lo hace un asesino, estudiando los hĆ”bitos de su vĆ­ctima para planificar su destrucción. Ya que nuestros corazones son engaƱosos (Jer 17:9), nuestra Ćŗnica esperanza es preparar nuestras mentes para tomar acción (1 Pe 1:13) y ser tan vigilantes contra las artimaƱas de la carne como lo estamos contra SatanĆ”s (1 Pe 5:8).

Tal como estudiamos las Escrituras para conocer a Dios, asĆ­ mismo debemos escudriƱarnos a nosotros mismos para conocer nuestro pecado. Todos tenemos diferentes grietas en nuestra armadura. Por ejemplo, nunca he sido tentado a embriagarme; mi placer por el vino se limita a la santa cena y una copa de vino tinto que tomo de vez en cuando con un amigo. Pero con los aƱos he aprendido que cuando me siento agotado o estresado, soy un campo de minas: exploto con la mĆ”s mĆ­nima provocación y le grito a mi esposa e hijos. Reconociendo esto, ahora puedo tomar la delantera a mi carne. Cuando sin razón le hablo mal a mis seres queridos, me reviso: Āæestoy cansado? Āæestoy estresado? Y cuando le presto atención al EspĆ­ritu, entonces confieso que estoy de mal humor y que necesito descansar un poco antes de poder hablar. Tales lecciones no se aprenden sin cicatrices.

La mortificación es radical. Mi equipo de trabajo verifica software de fĆ”brica antes de entrar en producción. Las fallas de fĆ”brica son costosas, asĆ­ que cuando algĆŗn error se nos escapa, investigamos para poder implementar medidas preventivas; no podemos permitirnos el mismo error dos veces. Sabemos que tenemos que encontrar la causa principal, la raĆ­z. Si no cavamos profundamente, terminamos jugando el ā€œMachaca-el-Topoā€, martillando un topo solo para ver que aparecen tres mĆ”s.

Tal mortificación puede ser el resultado de la ignorancia —no sabiendo cómo ver mĆ”s allĆ” de los sĆ­ntomas para llegar a las fuentes mĆ”s profundas del pecado— o de pereza espiritual. Cuando Pablo dice que ā€œla raĆ­z de todos los males es el amor al dineroā€ (1 Tim 6:10), Ć©l da por sentado que hay otras raĆ­ces del mal, y que una raĆ­z puede producir diferentes males. Por ejemplo, la falta de dominio propio de un niƱo frente a una lata de galletitas puede convertirse en la falta de dominio propio de un hombre ante la pantalla de su computadora. Si no identificamos estas raĆ­ces, no las podemos desarraigar; y si no sacamos al pecado desde sus raĆ­ces bueno, espero que hayan leĆ­do El Principito y sepan de los Ć”rboles de baobab: ā€œun baobab es algo de lo cual nunca, nunca podrĆ”s librarte si te ocupas de Ć©l muy tardeā€.

La mortificación es colaborativa. La oración y meditación privada son esenciales, pero si fueran nuestras Ćŗnicas armas contra la carne, nuestro enemigo estarĆ­a mĆ”s armado que nosotros. ā€œHermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradloā€ (GĆ”l 6:1). Pablo no quiere decir ā€œsi alguien es atrapado con las manos en la masaā€, no,  Ć©l quiere dar a entender ā€œsi alguien estĆ” atrapado, embrollado en la arena movediza del pecadoā€. Tarde o temprano todos nos enredamos; hay momentos en que no podemos lograr desenredarnos a menos que confesemos humildemente nuestro pecado a un hermano.

Dietrich Bonhoeffer conocĆ­a el poder de la confesión mutua y lo expuso en el libro Vida en Comunidad, desarrollando la enseƱanza de Santiago 5:16. Ɖl entendĆ­a que un hombre podĆ­a arrepentirse en privado y confesar su pecado ante Dios una y otra vez, aƱo tras aƱo, y nunca lograr debilitar el dominio del pecado sobre su vida. Pero que si se atrevĆ­a a sacar su pecado a la luz ante un hermano en Cristo de confianza, este pecado se secarĆ­a y morirĆ­a. Escuchar las confesiones uno del otro es una manera en la que ā€œllevamos los unos las cargas [mĆ”s pesadas] de los otrosā€ (GĆ”l 6:2).

Al final, Dios nos librarĆ” de este desesperante ā€œcuerpo de muerteā€  (Rom 7:24-25). Hasta entonces, por el EspĆ­ritu, libremos esta guerra —esta guerra santa intencional, radical y colaborativa— con premeditación y alevosĆ­a.

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Kris Lundgaard
Kris Lundgaard

El Rev. Kris Lundgaard es un misionero de Mission to the World (Misión al Mundo), una agencia de la Iglesia Presbiteriana en AmĆ©rica, actualmente sirve en Slovakia. Ɖl es el autor de The Enemy Within (El enemigo que llevamos dentro).

J29 – ĀæTe unirĆ”s voluntariamente a la batalla?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una mujer verdadera se une a la batalla

J29 – ĀæTe unirĆ”s voluntariamente a la batalla?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/te-uniras-voluntariamente-la-batalla/

Carmen Espaillat: Hoy en Aviva Nuestros Corazones.

Antes de comenzar con el programa de hoy, queremos compartirte el testimonio de Paulina. Ella nos escribe:

ā€œHola, mi nombre es Paulina. Y asĆ­ como yo escucho el programa de Aviva Nuestros Corazones me gustarĆ­a tambiĆ©n que otras mujeres lo escucharan. No saben cuĆ”nto me ha cambiado el escuchar sus consejos porque para mĆ­ sus consejos y el hablar de Cristo JesĆŗs nuestro Dios han sido maravillosos, nos hacen ser mujeres verdaderas, ser libres de todos nuestros pecados, seguirlo a Ɖl, alabarle a Ɖl y prepararle un camino a Ɖl para cuando venga. AsĆ­ estaremos listos para luchar contra la maldad porque el diablo es como un león rugiente y anda buscando a quiĆ©n devorar. Animo a todas las mujeres a escuchar el programa, se lo digo yo, que me ha cambiado.

Y ella continĆŗa diciĆ©ndonos. Nos anima a ser mujeres verdaderas y a entregarle nuestro corazón a JehovĆ”, dejarle nuestras cargas a Ɖl y no permitirle al diablo que gane. AsĆ­ cuando Ɖl venga estaremos preparadas. Con todas las cosas que estĆ”n sucediendo ahora debemos refugiarnos en Ɖl escudriƱando la Biblia, es el momento de entregar sus corazones al SeƱor pues estĆ” cercaā€. Ciertamente, damos gracias a Dios por lo que Ɖl estĆ” haciendo a travĆ©s de este ministerio en nuestras mujeres de AmĆ©rica Latina.

AquĆ­ estĆ” Nancy:

Nancy Leigh DeMoss: La batalla es de Dios. Dios saldrĆ” victorioso y Sus enemigos serĆ”n vencidos. Cuando el mal venga devastadoramente, Dios levantarĆ” un estandarte contra Ć©l. Su nombre, la Cruz de Cristo, el Evangelio de Cristo, la verdad de Dios— es mĆ”s poderoso que todos los carros, ideologĆ­as, filosofĆ­as, poderes, ejĆ©rcitos y religiones falsas del mundo. Dios es el victorioso. Dios es el campeón. La batalla es del SeƱor.

Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆ­n.

Ayer comenzamos a escuchar un mensaje que Nancy entregó durante la conferencia ā€œMujer Verdaderaā€ en Forth Worth hace unos aƱos. Nancy Leigh DeMoss nos contó la historia de DĆ©bora en Jueces 4 y 5. Vamos a unirnos a esta historia heroica. Comenzaremos revisando algo de lo que escuchamos ayer.

Nancy: Continuando en el versĆ­culo 9 dice: Entonces DĆ©bora se levantó —y me encantan esas palabras— porque muy frecuentemente tengo temor de meterme en la lucha, prefiero quedarme en un ambiente mĆ”s conveniente, mĆ”s cómodo, no me levanto y comienzo a involucrarme en la batalla. Me alegro que DĆ©bora se levantara. Ella sabĆ­a que era lo que Dios querĆ­a que ella hiciera y ella salió fuera de su zona de seguridad, ella se levantó y fue con Barac a Cedes y Barac convocó a Zabulón y a NeftalĆ­ a Cedes y subieron con Ć©l diez mil hombres, DĆ©bora tambiĆ©n subió con Ć©l.

Ahora, ella sabía que esto iba a ser una situación peligrosa. La batalla se encontraba lejos de donde Débora vivía. Ella pudo haberse quedado atrÔs, o permanecer fuera sin involucrarse con ellos, pero ella tenía que involucrarse porque Dios le hizo un llamado para su vida y ella tuvo un corazón para Dios y para Su pueblo.

Nosotras vemos en esta historia que Dios utiliza instrumentos humanos para cumplir los propósitos de Su Reino, pero no siempre usa las personas que nosotros esperamos. En este caso Dios escogió y usó medios poco convencionales para derrotar al enemigo y librar a Su pueblo.

En primer lugar Ɖl utilizó a dos mujeres como parte del plan de la batalla: a Jael y a DĆ©bora. de una manera inesperada, esa no es la manera que nosotros hubiĆ©ramos escrito el guión y ciertamente no es la manera que se hubiera escrito en esa Ć©poca.

Ɖl tambiĆ©n utilizó, como estamos viendo en este pasaje, soldados de infanterĆ­a, 10.000 hombres de a pie. Y tĆŗ dirĆ”s: ā€œĀæY cuĆ”l es la gran cosa ? ĀæCuĆ”l es el problema con eso?Ā» Recuerda cómo los cananeos estaban viajando, ellos viajaban con novecientos carros de hierro. Estas eran armas de destrucción masiva, eran vehĆ­culos de guerra masivos y estos eran los carros con los que habĆ­an oprimido a los pueblos por veinte aƱos y Āævas a enviar soldados de a pie para la batalla?

ĀæPor quĆ© Dios hace las cosas de esa manera? Para que Ɖl reciba toda la gloria, por lo que no pueden gloriarse en la carne humana. ā€œOh, sĆ­, un gran general del ejĆ©rcito que nos llevó a la batalla y tenĆ­amos todas esas armas grandesā€. De ninguna manera. Sabemos cuando leemos esta historia ahora, que solo podemos decir que Dios es el Conquistador. Dios es el Ćŗnico que obtiene la victoria. Ć‰l elige y utiliza vasos frĆ”giles, que estĆ”n listos para ser utilizados.

Ahora, el patrón normal de Dios como tĆŗ lo puedes ver mediante las Escrituras, es que los hombres sean llamados y levantados para ser los lĆ­deres principales, protectores y proveedores para el pueblo de Dios. Y no podemos tomar el tiempo ahora para ir a todos los pasajes de la Escritura en donde se nos ilustra esto. Y no me malinterpreten, aquellas que estĆ”n citĆ”ndome en las redes sociales, ya que podrĆ­a tener problemas. Pero, la norma de Dios es que el liderazgo principal, la protección y la provisión para Su pueblo viene de los hombres.

Sin embargo, en el periodo de los jueces habĆ­a una falta de liderazgo masculino. Los hombres estaban asustados. Ellos estaban pasivos. Eran inactivos. Y veo en DĆ©bora un modelo de mujer completamente femenino y que fue llamada y fue utilizada por Dios para ayudar a promover y para incrementar un liderazgo masculino en la nación . Y tal vez se preguntarĆ”n Āæcómo sabes esto? ĀæTe lo estĆ”s inventando?

De hecho, Débora ha llegado a ser algo como un ícono para aquellos que mantienen una teología igualitaria de los roles tanto de hombres como de mujeres. pero me gustaría rescatar a Débora e ir nuevamente con ella para que pueda mostrarte e ilustrar una visión complementaria del hombre y la mujer. Primero que todo, no hay evidencia de que ella misma quisiera o aspirara liderar la nación. Su corazón estaba en servir.

Y si vamos al capítulo 5, al versículo 7, ustedes verÔn la percepción de Débora misma tenía de su rol, su corazón .

«Quedaron abandonadas las aldeasen Israel;

quedaron abandonadas hasta que yo, DƩbora, me levantƩ.

”Me levanté como (qué?)como una madre en Israel!» (versículo 7)

Ahora, hay muchas otras cosas que ella podrĆ­a decir. ā€œMe levantĆ© como una profetisaā€. ā€œMe levantĆ© como juezā€. ā€œMe levantĆ© como una guerreraā€. ā€œMe levantĆ© como una estrategaā€. ā€œMe levantĆ© como alguien que se hizo cargo de la nación pues ninguno de los hombres tuvo el coraje o las agallas para hacer algo para continuarā€. Nada de eso.

ĀæCómo se veĆ­a a ella misma? Como una madre. Esto es una referencia al instinto de protección de crianza. Esto es lo que le dio a ella el coraje para ir hacia la batalla –un corazón de madre. Amigas, no tienen que tener hijos biológicos para tener el corazón de una madre. Dios ha puesto en mĆ­ como mujer soltera sin hijos biológicos propios, un corazón de madre por el pueblo de Dios. Dios tambiĆ©n puede poner ese corazón en ti. Eso fue lo que la motivó a ella. Ella no se dejó llevar por el deseo de poder, ni de control, tampoco de posición, de reconocimiento, ella estaba motivada como una madre en Israel.

El pastor John Piper ha escrito un material precioso sobre la masculinidad y la feminidad bĆ­blica.

Hay un recurso del pastor John Piper titulado ĀæCuĆ”l es la diferencia? Y estĆ” disponible en inglĆ©s y es una de las referencias mĆ”s Ćŗtiles que he leĆ­do acerca de las diferencias entre hombres y mujeres, bĆ­blicamente hablando. El pastor habla de lo que significa ser una mujer verdadera. Ɖl dice:

ā€œEn el corazón de una feminidad madura hay una disposición o inclinación liberadoraā€¦ā€ Es una disposición liberadora. No es para ponernos en prisión. Es liberadora. ā€œEs una inclinación para afirmar, para recibir y cultivar fuerza y liderazgo de hombres dignos, en formas que son apropiadas para las diferentes relaciones de una mujerā€.

Esto es feminidad maduraā€”ā€œesa disposición e inclinación para afirmar, recibir y cultivar fuerza y liderazgo de hombres dignos en formas que son apropiadas en nuestras diferentes relacionesā€. Tu comportamiento es diferente con tu esposo, con tu jefe o con un colega de trabajo o con un hermano. Diferentes relaciones, diferentes formas que son apropiadas, pero Ɖl dice que es una inclinación liberadora para nosotras como mujeres.

Pienso que DĆ©bora ilustra esto de una forma preciosa. Ella actuó de esa forma para afirmar y levantar el liderazgo masculino. Ella no le ordenó a Barac ni le dijo quĆ© hacer. Ella simplemente entregó un mensaje del SeƱor. CapĆ­tulo 4:6, ā€œEsto ha ordenado el Dios de Israelā€. Ella estimuló el liderazgo en Barac, sin resaltar lo que ella estaba tratando de lograr. ā€œSĆ­, nosotras las mujeres vamos a ayudar a los hombres a ser mĆ”s hombresĀ». No, nada de esta actitud y me encanta esto de ella. Ella le proveyó una oportunidad a Barac de llevar a cabo o cumplir el llamado de Dios como lĆ­der, protector y defensor.

La vemos en un rol de ayuda sensible. Ella estĆ” acompaƱando a Barac voluntariamente a la batalla, ante su iniciativa y la solicitud de Ć©l. No es una mujer que estĆ” tomando las riendas. El capĆ­tulo 4:9 dice: ā€œCiertamente irĆ© contigoā€ ante la iniciativa de Barac. Ella estaba maravillada al ver un hombre levantado y tomando el liderazgo— asĆ­ como nuestros corazones son animados al ver que Dios levanta hombres a orar, predicar, y liderar nuestras iglesias y nuestros hogares. Queremos estar agradecidas por esto, deleitarnos y animarnos por ello.

Miremos el versĆ­culo 2 del capĆ­tulo 5 en el himno de DĆ©bora, ā€œĀ”Por haberse puesto al frente los jefes en Israel, por haberse ofrecido el pueblo voluntariamente, bendecid al SEƑOR!ā€ Ella estaba agradecida por esto. Miremos el vers. 5:9. ā€œMi corazón estĆ” con los jefes de Israel, los voluntarios entre el puebloā€. Ā”Bendecid al SeƱor! Ella afirma el liderazgo masculino.

AsĆ­ pues vemos en DĆ©bora una mujer de fe y una mujer valiente. El legado de su vida es que mediante su influencia y su valor, los hombres de aquellos dĆ­as llegaron a ser hombres que fueron hacia adelante, con intensidad, aceptando la responsabilidad, para pelear contra el mal y defender a sus esposas y a sus hijos. Esto es, amigas, no el poder del control, sino el poder que tenemos de influenciar como mujeres.

Veo en esta mujer un corazón humilde, hay humildad. Es como la gracia principal y la antĆ­tesis es el orgullo— la raĆ­z principal de todo pecado es el orgullo. Pero veo aquĆ­ un corazón humilde; una mujer que no estĆ” buscando obtener el crĆ©dito o ser la heroĆ­na de la historia. De hecho, si tĆŗ estuviste anoche durante el tiempo de oración , escuchaste a una niƱa de 9 aƱos llamada Abby, citar para nosotros los Ćŗltimos versĆ­culo de Hebreos capĆ­tulo 11. Ella se sentó durante toda la conferencia y tomó notas de cada predicador. Ella llenó todas las pĆ”ginas con notas y dejó una para esta maƱana. (Y necesito seguir porque ella probablemente no tendrĆ” mĆ”s espacio). Pero ella citó para nosotros los Ćŗltimos versĆ­culos el gran salón de la fe de Hebreos capĆ­tulo 11.

Y en este pasaje hay catorce hombres del Antiguo Testamento y son nombradas dos mujeres del Antiguo Testamento. ¿Recuerdas quiénes son? Sarah y Rahab. Ninguna Débora en esa lista. Ella no es nombrada. Pero escuchen esto, Hebreos 11:32

«¿Y qué mÔs diré? Pues el tiempo me faltaría para contar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; quienes por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia».

¿Cómo Barac logró estar en la lista y Débora no? A Débora no se le nombra, pero sí a Barac como un hombre de gran fe. Ciertamente no comenzó de esta manera. Débora vivió en una era donde los hombres fueron pasivos y temerosos, negÔndose a tomar el rol que les correspondía. Débora tuvo la fe para los inicios y al final la fe de Barac fue la que fue reconocida en Hebreos 11.

ĀæSaben quĆ©? Creo que esto le habrĆ­a agradado a DĆ©bora. Creo que le habrĆ­a hecho feliz porque ella estaba cumpliendo su rol creado por Dios como ayuda idónea. Cuando Barac fue reconocido al final como un gran hombre de fe, Āæno crees que ella dijo, ā€œSĆ­, SeƱor gracias por haber levantado a este hombre y haberle dado valentĆ­a y fe.

Y recuerda, en los libros del cielo, el nombre de Débora estÔ allí, y tu nombre puede estar allí junto con el de hombres a los que Dios ha influenciado a través de tu vida para hacer grandes hazañas, en el capítulo 4, verso 12, tenemos una descripción de la batalla.

«Avisaron a Sísara que Barac, hijo de Abinoam, había subido al monte Tabor. Y juntó Sísara todos sus carros, novecientos carros de hierro (para que no olvidemos lo fuerte que era el enemigo), y a todo el pueblo que estaba con él, desde Haroset-goim hasta el torrente Cisón. Entonces Débora dijo a Barac: ”LevÔntate!, porque este es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en tus manos; he aquí, el Señor ha salido delante de ti. Bajó, pues, Barac del monte Tabor seguido de diez mil hombres». (vv. 12-14).

Ahora, Barac estÔ en una situación peligrosa que atenta contra su vida y ¿qué hace Débora? Ella viene a su pedido y anima a este hombre con las promesas de Dios. Sabemos el final de la historia pero todo lo que Barac sabe es que aquellos 900 carruajes acabarÔn con los 10.000 hombres de a pie. Pero él se armó con las promesas de Dios. ¿Y dónde escuchó él estas promesas? De los labios de una mujer de fe. Ella lo animó con las promesas de Dios y lo inspiró a continuar en la fe.

Amigas, las palabras de una mujer pueden inspirar valentĆ­a y fe en los hombres a su alrededor, en esposos e hijos, en pastores y en otros. AsĆ­ que dejemos de hablar de hombres pasivos y hombres que no saldrĆ”n a escena. Seamos mujeres valientes, mujeres de fe, humildes y hablemos palabras que edifiquen en lugar de derribar.

Y déjame hacerte esta pregunta. ¿Viste el video de Kim compartiendo con transparencia de su propia vida, cómo ella, poquito a poco, erosionó la hombría de su esposo hasta que este hombre que había sido hombre valiente simplemente se anuló?

ĀæCuĆ”ntas de nosotras como mujeres con nuestras palabras destruimos la valentĆ­a, la fe y la masculinidad de los hombres nuestro alrededor ? ĀæPodemos poner un fin a esto y comenzar a hablar palabras de Ć”nimo, palabras de fe? Y quizĆ”s tĆŗ piensas: ā€œEs que mi esposo no es un guerreroā€. ĀæCrees que Dios puede hacer de Ć©l un guerrero y podrĆ­a inyectar fe en su corazón? QuizĆ”s me dices ā€œTĆŗ no sabes, es que Ć©l es un desastreā€. ĀæCrees que Dios puede redimir desastres? Dios nos ha redimido a nosotras, Ɖl nos estĆ” redimiendo.

Y por cierto hay mucha necesidad de redención. Algunos de estos hombres son tan pacientes con nosotras, mujeres controladoras, conspiradoras y manipuladoras, siempre teniendo una mejor idea. Dios ten misericordia de estos hombres viviendo con algunas de nosotras, quienes a veces somos fierecillas. Aquí estÔ la mujer que es el modelo de valentía y cómo sus palabras inspiraron valentía en lugar de desÔnimo. Miremos el versículo 15:

«Y el Señor derrotó a Sísara, con todos sus carros y todo suejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara bajó de su carro, y huyó a pie. Mas Barac persiguió los carros y el ejército hasta Haroset-goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada; no quedó ni uno.» (vv. 15-16)

ĀæQuiĆ©n es el hĆ©roe, el campeón de esta historia? No es DĆ©bora. No es Barac. ĀæQuiĆ©n es? ĀæQuiĆ©n derrotó a SĆ­sara y todos sus carruajes? Fue Dios. ĀæQuiĆ©n sometió a JabĆ­n el rey de CanaĆ”n frente a la gente de Israel en el v.23? El SeƱor lo hizo. Dios serĆ” el victorioso y sus enemigos serĆ”n derrotados.

Cuando el enemigo venga como una ola de maldad, Dios se levantarĆ” un estandarte en contra de Ć©l. El nombre, la cruz de Cristo, el Evangelio de Cristo, la Verdad de Dios —es mĆ”s poderosa que todos los carros, ideologĆ­as, filosofĆ­as, poderes, ejĆ©rcitos y religiones falsas del mundo. Dios es el victorioso. Dios es el campeón. La batalla es del SeƱor.

Y podemos mirar algo maravilloso en este pasaje. Podemos ver en la vida como Dios usa seres humanos para la batalla. Ɖl utilizó a Barac. Los soldados israelitas pelearon muy duro, pero Dios tambiĆ©n intervino con algo sobrenatural y divino para ganar la batalla. Mira el versĆ­culo 20 del capĆ­tulo 5, tal vez nunca antes has mirado detenidamente esos versĆ­culos.

«Desde los cielos las estrellas pelearon, desde sus órbitas pelearon contra Sísara. El torrente Cisón los barrió, el antiguo torrente, el torrente Cisón.»

¿Qué quiere decir todo esto? Mientras estudias este pasaje, parece que Dios envió en medio de esta batalla una tormenta violenta. Rayos, lluvia torrencial, granizo. Y el río Cisón, que normalmente era un arroyo muy pequeño, se desbordó. ¿Y qué fue lo que sucedió con las ruedas de esos carros cananeos que ellos pensaban que era lo mejor que tenían? Se quedaron varados en el lodo de la inundación. Y el enemigo se llenó de pÔnico y de confusión, y los hombres que estaban en esos carros trataron de huir a pie para escapar de la ira de JehovÔ Dios y de Su ejército.

Lo mejor de esta historia es que Baal, que era el dios cananeo, era el dios de las tormentas, al menos eso era lo que pensaban. En este momento JehovĆ” Dios demostró ser supremo en Su poder sobre las tormentas, sobre Baal y sobre todos los dioses falsos. SeƱoras, no hay lĆ­mite para los recursos de Dios y Su poder. EntrĆ©gate, tan dĆ©bil como eres, a Su disposición y Ɖl moverĆ” el cielo y tierra si es necesario para defenderte y glorificarse a sĆ­ mismo. No subestimes el poder, ni la grandeza ni la gracia de Dios.

Ahora al ver esta historia desenvolverse, vemos que hubo algunos israelitas que voluntariamente se unieron a la batalla. Pero hubo otros que se quedaron en casa y rehusaron involucrarse. Los participantes, los voluntarios, fueron premiados y bendecidos por involucrarse voluntariamente.

Mira lo que dice el versĆ­culo 11 del capĆ­tulo 5 ā€œEntonces el pueblo del SeƱor descendió a las puertasā€.

VersĆ­culos 14-15, ā€œDe EfraĆ­n descendieron los radicados en Amalec, en pos de ti, BenjamĆ­n, con tus pueblos; de Maquir descendieron jefes, y de Zabulón los que manejan vara de mando.v.15 Los prĆ­ncipes de Isacar estaban con DĆ©bora; como Isacar, asĆ­ tambiĆ©n Barac; al valle se apresuraron pisĆ”ndole los talonesā€.

Verso 18: Ā«Zabulón era pueblo que despreció su vida hasta la muerte. Y tambiĆ©n NeftalĆ­, en las alturas del campoĀ».

Estas fueron las tribus que se involucraron en la batalla. Pero hubo otros que se negaron a involucrarse aunque vivĆ­an cerca, y estos fueron amonestados.

ContinĆŗa leyendo en el capĆ­tulo 5:15, ā€œEntre las divisiones de RubĆ©n habĆ­a grandes resoluciones de corazónā€. Ellos se sentaron y pensaron en esto.

VersĆ­culo 16, ā€œĀæPor quĆ© te sentaste entre los rediles, escuchando los toques de flauta para los rebaƱos? Entre las divisiones de RubĆ©n habĆ­a gran escudriƱamiento de corazónā€. Ellos pensaron en eso, pero no hicieron nada. Optaron por sentarse y dejaron a sus hermanos ir al peligro de la batalla y pelearla.

Mira el versĆ­culo 17. ā€œGalaad se quedó al otro lado del JordĆ”n. ĀæY por quĆ© se quedó Dan en las naves? Aser se sentó a la orilla del mar, y se quedó junto a sus puertosā€.

VersĆ­culo 23 del capĆ­tulo 5 ā€œMaldecid a Merozā€, —muchos comentaristas creen que fue una ciudad en NeftalĆ­, cerca de la batalla. ā€œMaldecid a Merozā€, dijo el Ć”ngel del SeƱor, ā€œmaldecid, maldecid a sus moradores; porque no vinieron en ayuda del SeƱor, en ayuda del SeƱor contra los guerrerosā€.

En su comentario, Phillips Brooks dice, ā€œMeroz es el ejemplo del bueno para nada. Esta dispuesto a ver a otras personas luchar en las batallas de la vida mientras Ć©l viene y toma el botĆ­nā€. El comentarista Matthew Henry dice, ā€œ Muchos no hacen su deber por miedo a involucrarse en problemas, por aman estar tranquilos, y tienen un afecto exagerado por los negocios mundanosā€.

Y esto ha sido un reto para mƭ, ya que Dios me ha llamado a la batalla todos estos aƱos y a veces he tenido mucho miedo, he querido permanecer atrƔs, muy lejos del problema. Se me ha recordado que el miedo a tener problemas, el amor a la tranquilidad y un amor por los negocios de este mundo, me mantienen fuera de la batalla.

Amigas, Dios no necesitó esas tribus para darles la victoria. Ɖl lo hizo sin ayuda. Ɖl tiene estrellas, truenos y tormentas y todo eso a Su disposición, pero el problema es que estas personas perdieron la oportunidad de alinearse con Dios. Dieron excusas para no involucrarse y sufrieron la deshonra porque eligieron sentarse fuera de la batalla.

Dios no nos necesita, Dios no te necesita. y no me necesita a mĆ­. Los propósitos del Reino se cumplirĆ”n en este mundo con o sin nosotras. Pero Ɖl nos ha dado una oportunidad increĆ­ble en nuestra generación para unirnos con Ɖl en lo que Ɖl estĆ” haciendo en este mundo. En la batalla entre el bien y el mal, hay una oportunidad de pararnos firmes con Ɖl y Su pueblo, y arriesgar nuestra seguridad y, si es necesario, nuestras vidas para involucrarnos.

¿Vas a ser de las que se unen a la batalla o te vas a sentar fuera de la batalla para estar mÔs segura?

Carmen: Esas son preguntas comprometedoras de Nancy Leigh DeMoss. Escuchamos parte de lo que ella habló en la conferencia Mujer Verdadera. Esta fue en Forth Worth, Texas. La que escuchamos se llama ā€œUna mujer verdadera se une a la batallaā€.

MaƱana vamos a escuchar el final de la historia de DƩbora. Nancy compartirƔ sus luchas para abrazar por completo el llamado de Dios en su vida.

Nancy : Me he cansado de nadar en contra de la corriente. He querido volver a donde es seguro para tener una vida normal. Pero Dios tiene Su mano y Su llamado en mi vida. Ɖl ha puesto hombres y mujeres maravillosos a mĆ­ alrededor que han tenido el coraje cuando yo no lo he tenido. Mi vida no me pertenece, estĆ” atada a Cristo quien es el autor y el consumador de la fe. He aprendido en mis debilidades que no hay lugar mĆ”s seguro que estar con Ɖl en medio de la batalla.

Carmen: Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las citas bƭblicas estƔn tomadas de la Biblia de las AmƩricas, a menos que se indique otra cosa.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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ĀæDesconectarse? (1)

Martes 6 Octubre


Di mi corazón a inquirir y a buscar con sabidurĆ­a sobre todo lo que se hace debajo del cielo…


EclesiastƩs 1:13


ĀæDesconectarse? (1)


Ā«NacĆ­ en Francia en 1941; mis padres eran ateos. CrecĆ­ sin ninguna enseƱanza religiosa. Sin embargo, mi hermano y yo nos hacĆ­amos muchas preguntas sobre el sentido de la vida. Durante nuestros estudios, mi hermano me prestó unos libros sobre el hinduismo y el budismo. La vida de Buda me fascinaba; yo deseaba ardientemente esa liberación interior que Ć©l parecĆ­a haber obtenido. TambiĆ©n leĆ­a muchos libros esotĆ©ricos, trataba de practicar la meditación, la respiración alterna… En fin, hacĆ­a una mezcla de diversas cosas y ninguna me satisfacĆ­a a largo plazo…

Me casé y tuve dos hijos. Tenía todo para ser feliz, pero a pesar de ello estaba cada vez mÔs desesperado en mi búsqueda espiritual. Había que desconectarse, pero la desconexión, ¿no es lo contrario a la vida, un camino de muerte? Hoy comprendo por qué en esa época pensaba en suicidarme. La desconexión en realidad solo provocaba en mí el deseo de muerte, que me invadía cada vez mÔs.

”Jesús me sacó de lo profundo de ese foso! Hacía dos años que mi hermano me escribía desde Grenoble, para decirme que había encontrado a Cristo, a raíz del testimonio de uno de sus compañeros. Pero yo no quería oír hablar del cristianismo; despreciaba a Jesús. Sin embargo, poco a poco una luz de esperanza nació en mí. ¿Y si mi hermano tenía razón? De todas formas no tenía nada que perder y, por qué no, algo que ganar».

Christian C. (maƱana continuarƔ)
Deuteronomio 1:19-46 – Juan 1:29-51 – Salmo 111:6-10 – Proverbios 24:23-26
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