Aviva Nuestros Corazones
Serie: Habacuc: del temor a la fe
Jul 2 ā Lidiando con oraciones no respondidas
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Carmen Espaillat: Muy probablemente has leĆdo pasajes en la Biblia que prometen que Dios escucharĆ” y contestarĆ” la oración. Igualmente Nancy Leigh DeMoss.
Nancy Leigh DeMoss: Pero siendo honestas Āæacaso no es cierto que a veces nuestra experiencia parece contradecir esas promesas? Ā”SĆ© honesta! No te ha sucedido que en ocasiones dices, Āyo sĆ© lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche ni conteste mis oraciones.Ā
Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios un dĆa malo o en situaciones de corta duración. Pero quĆ© pasa cuando tienes un sufrimiento prolongado, y clamas, ĀĀæHasta cuĆ”ndo, SeƱor? Sigo clamando a ti, SeƱor, Ā”pero todavĆa no haces nada!Ā
Es esa pregunta Āhasta cuĆ”ndo, ĀæSeƱor, no me escucharĆ”s?Ā»
Carmen: EstĆ”s escuchando ĀAviva Nuestros CorazonesĀ con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆn.
Nancy continuarÔ hoy una serie que iniciamos ayer sobre un profeta, y que nos ayuda a sobrellevar la oración no contestada. Con ustedes Nancy en la serie llamada: Habacuc: Del temor a la fe.
Nancy: Fue en una calurosa tarde de julio del 1967, cuando una joven de 17 aƱos se tiró al agua en un clavado en un lago poco profundo, y su vida cambió para siempre cuando se fracturó el cuello; un accidente que la dejó paralĆtica del cuello hacia abajo por el resto de su vida.
Ustedes conocen la historia de Joni Eareckson Tada, sobre cómo sufrió esa fractura de su espina dorsal, algo que la dejó paralĆtica e incapacitada de sus brazos y sus piernas.
Joni ha hablado y escrito acerca de algunos de los sentimientos y pensamientos que tuvo unos dĆas despuĆ©s del accidente. En una ocasión ella dijo:
ĀYo tenĆa tantas preguntas. CreĆa en Dios, pero estaba enojada con Ćl. Si Dios era todo amor y todopoderoso, entonces Ālo que me sucedió a mĆĀ Āæcómo podĆa ser esto una demostración de su amor y de su poder? Seguramente Ćl pudo haberlo evitado. ĀæCómo puede una parĆ”lisis permanente ser parte de su amoroso plan para mĆ?Ā
Lo que Joni Eareckson Tada dijo en esos oscuros momentos de desesperación de su vida es muy similar a lo que el profeta Habacuc sintió al iniciar el primer capĆtulo de su profecĆa en Habacuc capĆtulo 1.
Ćl estĆ” clamado a Dios y en esencia lo que Ć©l estĆ” diciendo es: ĀĀæcómo puedo saber que este Dios merece mi confianza a menos que obtenga una respuesta?
Ćl tiene preguntas y asĆ lo dice en el capitulo 1, en el versĆculo 2:
ĀæHasta cuĆ”ndo, oh SEĆOR, pedirĆ© ayuda, y no escucharĆ”s, clamarĆ© a ti: Ā”Violencia! y no salvarĆ”s?
Y a propósito, al leer y estudiar todo el libro de Habacuc, busca referencias a la palabra ĀsalvarĀ o ĀsalvaciónĀ. EncontrarĆ”s varias. Porque hay un tema recurrente a travĆ©s de este libro y es que Dios siempre estĆ” obrando para la salvación de Su pueblo.
Pero a Habacuc esto no le parece asĆ en este momento. ĀSeƱor, estoy clamando a ti, Ā”violencia! Pero no salvarĆ”s. No pareces ser un Dios que salvaĀ.
VersĆculo 3:
ĀæPor quĆ© me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia estĆ”n delante de mĆ, hay rencilla y surge discordia. Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impĆo asedia al justo; por eso sale pervertida la justicia. (Habacuc 1:3-4)
Lo que Habacuc dice es, Ātengo un problema sobre cómo Dios gobierna el universo, o como parece no estar gobernando el universo. Tengo interrogantes.Ā
Son preguntas intensas. Creo que algunas veces actuamos en nuestros mundo cristiano como si fuera un error, o fuera malo tener preguntas. Como que no deberĆamos hacer preguntas, y deberĆamos poner nuestras mentes a dormir y sólo decir: ĀBueno, esas preguntas no importan.Ā
Lo que Habacuc estĆ” diciendo es, Ātengo preguntas sinceras, y yo quiero consultar al que me las puede contestar. ĀæPor quĆ© me haces ver la iniquidad?, ĀæPor quĆ© me haces mirar la opresión?Ā
Nos encontramos en el principio del libro donde vemos este diĆ”logo entre Dios y Su profeta, una mirada muy Ćntima a las preguntas que este hombre hace a Dios. Algunas de sus Biblias tendrĆ”n un tĆtulo para este pĆ”rrafo: Āla queja de Habacuc.Ā
La queja de Habacuc. Ćl comienza derramando su corazón a Dios y lo notamos con las primeras dos palabras del versĆculo 2: ĀOh SeƱorĀ. Oh SeƱor.ĀĀ
Veremos esta pequeƱa frase seis veces en el libro de Habacuc.
Este es el clamor de un hombre desesperado. Se dice que sus oraciones son las oraciones mĆ”s fervorosas. ĀOh SeƱor.Ā Ahora bien, notemos que Habacuc no clama a JudĆ”, quien inicialmente es el pueblo por el que Ć©l estĆ” preocupado. Ellos son las personas sobre la que Ć©l habla en los primeros versĆculos; son las personas que han pervertido los caminos de Dios.
Ellos no estƔn viviendo como creyentes.
Habacuc tampoco clama a los babilonios o a los caldeos, a quienes Dios va a usar para traer juicio a JudĆ”. ĀæA quiĆ©n clama Habacuc? Ćl clama a Dios: ĀOh SeƱor.Ā
La carga que se produce en su corazón al ver a su alrededor se vuelve una intercesión Āse torna en una oración. Es lo que dice Oswald Chambers en ĀĀ» En pos de lo SupremoĀ Ā» [My Utmost for His Highest.]
No lo estoy citando exactamente, pero él dice que cuando Dios hace que te apercibas de una situación y pone la carga en tu corazón o en tu mente, Su meta es que la conviertas en intercesión.
ĀOh SeƱor, yo veo esto. Estoy preocupada por esto. No entiendo esto. Oh SeƱor.Ā Habacuc sabe que Dios tiene el control. Ćl sabe que el SeƱor es el Ćŗnico que en realidad puede hacer algo con sus preocupaciones.
Entonces Ć©l dice, ĀĀ»Oh SeƱorĀ».Ā Ćl dirige su oración al que puede hacer algo por su situación. Y al ir directamente al SeƱor, Ć©l obtendrĆ” Su perspectiva sobre lo que estĆ” ocurriendo a su alrededor.
ĀSeƱor, Āæcómo ves esto?Ā Ā”PregĆŗntale a Dios! Medita sobre lo que estĆ” pasando en tu vida y pregĆŗntale al SeƱor, ĀSeƱor ĀæQuĆ© es lo que estĆ” sucediendo? ĀæQuĆ© me estĆ”s tratando de decir?ĀæQuĆ© estĆ”s tratando de hacer?
Ćl recibe el mensaje para ese dĆa. Ćl obtiene la dirección para su ministerio. Ćl consigue Su consejo; obtiene su ayuda yendo directamente al SeƱor. ĀOh SeƱor, oh SeƱor. Ā
Pienso en las personas que escriben a Aviva Nuestros Corazones con algunas preguntas y problemas realmente difĆciles; ellas se desahogan acerca de esto o aquello que les estĆ” sucediendo. Lo leo, y solo pienso, ĀĀ»Oh SeƱor, ĀæquĆ© hacer? ĀæQuĆ© decir?Ā» Ā y algunas veces lo mejor que podemos decir a estas mujeres es, ĀĀ”PregĆŗntale al que sabe! Nosotros no podemos resolverlo, pero Dios tiene una respuesta. Dios conoce los misterios. Ćl sabe cómo resolverlo. Ā”Ve a Ćl, acude a Ćl!Ā
Dile, Āoh SeƱor.Ā Y viene a mi mente ese himno que dice: «”Vives dĆ©bil y cargado
De cuidados y temor? A JesĆŗs, refugio eterno, Dile todo en oración. ĀĀ”CuĆ”nto nos preocupamos y nos estresamos y luchamos y nos llenamos de ansiedad y y nos agitamos al contarle a otros nuestras cosas hasta que nos hacemos un manojo de nervios, cuando todo lo que necesitamos es decir Āoh SeƱor!Ā»
ĀOh SeƱor. ĀæQuĆ© hacer? ĀæCómo debo ver esto! ĀæCómo responder?Ā ĀæQuieres un entendimiento de tus circunstancias? Pudieras estar en una situación imposible ahora mismo en el Ć”mbito de tu vida.
¿Quieres entenderlo? ¿Quieres saber cómo responder a las circunstancias de la vida? ¿Quieres saber cómo entrenar a tus hijos cuando se encuentran en esa etapa imposible y nada parece funcionar?
Clama: ĀOh SeƱor. ĀæQuĆ© hago? ĀæQuĆ© me estĆ”s diciendo?ĀæCuĆ”l es tu propósito?ĀæQuĆ© quieres? Oh SeƱor. Ā
ĀæQuieres saber cómo ministrar a una amiga en necesidad Āa una hermana que te estĆ” llamando y te estĆ” diciendo: Āmi matrimonio se estĆ” destruyendoĀ y tĆŗ no sabes quĆ© decir porque no estĆ”s allĆ. No puedes escuchar ambos lados de la historia.
Aun si supieras todos los hechos, no sabes quĆ© hacer. ĀæQuieres saber cómo ministrar Ć”nimo y gracia? No solo le des una cantaleta con tus opiniones personales. No le digas simplemente: Ābueno, yo creo…Ā
AyĆŗdense una a la otra a llegar al trono de la gracia, al trono de Dios donde se puede encontrar misericordia y gracia para encontrar ayuda en el momento de necesidad diciendo, ĀOh SeƱor.Ā La ministración efectiva de otros proviene de la comunión con Dios.
Ora por esa situación, y di: ĀOh SeƱor, ĀæquĆ© debo hacer? ĀæCuĆ”l es Tu perspectiva? Ā”BĆŗscalo a Ćl. EscĆŗchalo a Ćl. Dile, ĀOh SeƱor!Ā
Necesitamos recordarnos a nosotras mismas que en última instancia, la paz y la perspectiva y las respuestas que necesitamos sobre los misterios de la vida no se encontrarÔn yendo a un consejero o a un terapeuta o leyendo un libro o desahogÔndonos con una amiga o un amigo confiable.
En Ćŗltima instancia, la perspectiva, la paz, las respuestas que necesitamos las vamos a encontrar al ir al maravilloso consejero, en clamor diciendo, ĀĀ”Oh SeƱor! Ā”Oh SeƱor!Ā
Ćl dice,
Habacuc dice, ĀæHasta cuĆ”ndo, oh SEĆOR, pedirĆ© ayuda, y no escucharĆ”s, clamarĆ© a ti: Ā”Violencia! y no salvarĆ”s? ĀæPor quĆ© me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? (Habacuc 1:2-3)
En esos dos versĆculos, Habacuc le hace a Dios dos preguntas fundamentales, y estas dos preguntas han sido hechas innumerables veces a travĆ©s toda la historia de la raza humana. ĀæCuĆ”les son estas dos preguntas?
La primera es : ĀæHasta cuĆ”ndo? Y ĀæCuĆ”l es la segunda? ĀæPor quĆ©? Hasta cuĆ”ndo y por quĆ©. Habacuc hace estas preguntas repetidamente. Al final del capĆtulo 1, Ć©l dice: ĀĀæSeguirĆ” esto para siempre?Ā ĀæHasta cuĆ”ndo?
ĀæPor quĆ©? Ćl pregunta otra vez en el versĆculo 13 del capĆtulo 1ĀĀæpor quĆ©?Ā Āæpor quĆ© Dios no escucha? ĀæPor quĆ© Dios no socorre? Entonces Habacuc se encuentra a sĆ mismo enfrentando el desafĆo de la oración no contestada y la aparente indiferencia de Dios.
A Dios no parece importarle. No parece estar poniendo atención. Piensa en Joni Eareckson y como justo despuĆ©s de su accidente, en esos primeros dĆas, ella clamaba a Dios, ĀæPor quĆ©? ĀæPor quĆ© a mi?
Y ella confesó cómo luchaba con el silencio de Dios. Dios no escribió ninguna respuesta en el cielo. Dios no envió ningĆŗn mensaje grabado, Ābueno esto es lo que tengo en mente. He aquĆ lo que voy a hacer.Ā Los cielos parecĆan estar hechos de cobre; parecĆa imposible que Dios escuchara su clamor.
A veces tú oras por tu pareja o por tu niño o por tu empleo o tu iglesia o tu salud, y sientes como si tus oraciones no fueran a ninguna parte.
ĀSeƱor, Āæhasta cuĆ”ndo? Āæhasta cuĆ”ndo tengo que seguir orando y TĆŗ sin contestar? ĀæHasta cuĆ”ndo voy a clamar a Ti y no me das respuesta?Ā
ĀæAcaso no tenemos todas esas promesas en la Biblia donde Dios nos dice ĀĀ»ora por eso y te contestarĆ©. Clama a mĆ y te responderé» ?Ā
Pero si somos honestas Āæno es cierto, que a veces nuestras experiencias parecen contradecir esas promesas? Ā”Seamos honestas! No te ha sucedido que en ocasiones dices, Āyo sĆ© lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche o conteste mis oraciones.Ā
Luego estĆ”n las ocasiones en las que pedimos cosas que parecen estar alineadas con la voluntad de Dios, pero nada sucede Āhasta donde podemos ver. O quizĆ”s sucede lo opuesto. EstĆ”s orando por algo, y luego parece que Dios hace exactamente lo opuesto.
Recuerdo hace unos aƱos atrĆ”s cuando estuve orando por algo junto con un nĆŗmero de personas por mucho, mucho tiempo. Y luego la puerta se cerró totalmente, daba la impresión de que Dios hubiera causado un resultado el 100% contrario a lo que habĆamos estado pidiĆ©ndole durante todos esos meses.
Les puedo decir que durante meses despuĆ©s, difĆcilmente podĆa leer mi Biblia porque cada vez que llegaba a esas promesas donde dice que Dios escucha y responde la oración, me sentĆa burlada.
Ahora, dentro de mi cabeza y de acuerdo a mi teologĆa, sabia que no podĆa decir: ĀDios no escucha, ni responde la oración,Ā pero asĆ era que me sentĆa. Me sentĆa como ĀĀæpor quĆ© puso Dios estas promesas en la Biblia? Parecen no tener veracidad alguna.Ā
Entonces, la siguiente pregunta es: ĀĀæDe quĆ© sirve la oración?Ā ĀæPor quĆ© orar? ĀæPor quĆ© seguir orando? ĀæEn verdad harĆ” algo la oración?ĀæValdrĆ” la pena continuar batallando en oración por la salvación de mi marido? O ĀæPor el arrepentimiento de mi hijo o de mi hija? ĀæPor un cambio en esta situación, por un avivamiento en mi iglesia?
Parece como si no pasarĆ” nada. Habacuc le dice a Dios: ĀĀ»Estoy angustiado por la violencia y la corrupción que veo a mi alrededor, y Dios, te lo digo; clamo por ayuda, pero no hay muestras de que me escuches, y si me escuchas, no estas haciendo nada al respectoĀ».Ā
Ćl dice ĀĀæno salvarĆ”s?,Ā podemos escuchar el dolor en la voz de Habacuc, el corazón dolido. Su plegaria, ĀDios, Āæpor quĆ© no haces algo?Ā
Algunas veces parece que Dios no estĆ” haciendo nada por el sufrimiento, la injusticia, y el abuso a nuestro alrededor. ĀæSerĆ” Dios olvidadizo? ĀæSabrĆ” Ćl lo que sucede alrededor? Y decimos, Āpor supuesto que sabe. Ćl es omnisciente. Ćl lo sabe todo.Ā
Bueno, pues si Ćl lo conoce todo, entonces ĀæserĆ” que no le importa? Bueno, si, por supuesto. Ćl ama y se preocupa por nosotros. Bueno, pues si le importa, ĀæserĆ” que es impotente para hacer algo sobre esta situación? Bueno, no, Ćl es todopoderoso. Bueno, pues si Ćl es todopoderoso, ĀæPor quĆ© no interviene?
Y de esta forma nos envolvemos en un cĆrculo de preguntas sin respuesta, y cualquiera de esas posibilidades Āla que ĀDios no escuchaĀ o que Āa Dios no le importaĀ o ĀDios es impotenteĀ o la de que Dios simplemente ha decidido no intervenirĀ cualquiera de esas posibilidades hace que Dios quede mal parado.
Se estremece tu mundo. ¿Por qué Dios no salva ese hijo?¿Por qué Dios no cambia la situación?
No hace mucho tiempo tuve una conversación con una pareja que estuvo en el ministerio pastoral. Ćl habĆa sido pastor por muchos aƱos y luego Ć©l tuvo una cirugĆa de corazón, habĆa sufrido casi un infarto y tuvo que ser intervenido quirĆŗrgicamente.
Como resultado, tuvo que dejar el ministerio, ya que fĆsicamente no pudo continuar con las presiones que este le exigĆa. Ellos eran una pareja joven, y a raĆz de esto vieron como Ć©l no pudo encontrar empleo. Tampoco ella pudo encontrar un empleo.
Estaban relatĆ”ndome su historia, mientras cenĆ”bamos juntos esa noche, y sus ojos se llenaron de lĆ”grimas mientras ella me describĆa la depresión en la que Ć©l habĆa caĆdo, despuĆ©s de aƱos de servir al SeƱor.
La recuerdo diciĆ©ndome, Ānos sentimos tan abandonados por Dios. Oramos; clamamos; miramos alrededor; y no podemos encontrar respuestas. Nos sentimos abandonados por Dios.Ā
ĀæNo es asĆ como ocurre algunas veces? Clamamos. Y aparentemente no hay respuesta, entonces asumimos que Dios no ha escuchado o que no estĆ” salvando, y terminamos desilusionadas con Dios.
Sentimos que nos ha abandonado, y en ocasiones, desafortunadamente, el próximo paso es que comencemos a acusar a Dios. Levantamos el dedo hacia Ćl y lo acusamos falsamente.
Es aquĆ donde entramos en peligro acusando a Dios falsamente, en el peligro de acusar a Dios, de algo que hizo mal, solo porque no ha llenado nuestras expectativas y nuestras demandas.
ĀDios, no me escuchas,Ā dice Habacuc. Āno salvarĆ”s. Ignoras la maldadĀ. Esto me recuerda la historia de Marta y MarĆa en Juan capĆtulo 11 cuando ellos llamaron a JesĆŗs porque su hermano LĆ”zaro estaba enfermo.
Ellas sabĆan que JesĆŗs podĆa sanarlo, Ćl podĆa hacer algo al respecto, pero JesĆŗs, por razones insondables, decidió quedarse donde estaba unos cuatro dĆas mĆ”s. Para el tiempo cuando Ćl llegó a Betania, LĆ”zaro habĆa muerto. Primero Martha y luego MarĆa le dicen a JesĆŗs ĀSeƱor, si hubieras estado aquĆ esto no hubiera pasado. Nuestro hermano aĆŗn vivirĆa.Ā Lo que quisieron decir fue, ĀĀæPor quĆ©? ĀæPor quĆ© no hiciste algo? ĀæPor quĆ© no te importó?
Otra vez el sentimiento de quizĆ”s acusar a Dios por el mal. En contraste, pienso en el capĆtulo 1 de Job. ĀæRecuerdan cuando Job enfrentó crisis tras crisis en su vida, una despuĆ©s de la otra?
La Escritura dice que en medio de todo esto, Job no pecó ni acusó a Dios por el mal. Ahora, eso cambió mĆ”s adelante en el libro del Job, pero al principio Ć©l nunca acusó a Dios por el mal. Ćl supuso que Dios sabĆa lo que Ć©l desconocĆa.
Bueno, muchas veces no vemos esto. Solo tenemos nuestra perspectiva de las cosas. Decimos, ĀSeƱor, ĀæserĆ” que no te importa? Si hubieras estado aquĆĀ
por qué no hiciste algo?»
De manera que tenemos este desafĆo con los sufrimientos y con el dolor y con los problemas a largo plazo; con esos que perduran.
Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios en el dĆa malo o en situaciones de corto plazo. Pero cuando tienes un sufrimiento prologado, la cosa se pone difĆcil.
Cuando tienes a ese padre envejeciente cuya vida pende de un hilo o atraviesa tanto dolor. El padre o la madre que estĆ” a punto de morir de cĆ”ncer y que estĆ” dĆ©bil y que tĆŗ dices, ĀSeƱor, por quĆ© no te lo llevas? ĀæPor quĆ© permites que sufra asĆ?Ā
Es a largo plazo.. en el sufrimiento que se prolonga. Se trata de ese hijo o esa hija que se ha alejado de Dios por aƱos y ha creado un desastre y dolor en tu familia. Y tĆŗ clamas, ĀĀæHasta cuĆ”ndo, SeƱor? Sigo clamando a Ti, SeƱor, pero aĆŗn asĆ, no haces nada.Ā Es esa la pregunta ĀĀæHasta cuĆ”ndo?Ā.
ĀNo escucharĆ”sĀ. Habacuc acusa a Dios de no escucharlo. En Ćŗltima instancia, al ir por este libro, veremos que Habacuc se da cuenta que Ć©l no habĆa estado escuchando a Dios.
Dios lo habĆa estado escuchando, pero Ć©l necesitaba aprender a escuchar a Dios; de eso se trata la oración. Se trata de aprender a escuchar a Dios. SĆ, expresĆ”ndole nuestras preguntas sinceras y luego escuchando lo que Ćl tiene que decirnos. Cuando le escuchamos, Ćl nos da Su perspectiva.
Entonces Habacuc clama persistentemente, Ć©l clama a Dios de manera prolongada. Y aparentemente no hay respuesta. A fin de cuentas, Dios va a responder, pero Ćl dice, ĀNo voy a responder necesariamente de inmediato, y no responderĆ© de la manera que tĆŗ esperas, necesariamente,.
Mientras leemos todo el libro de Habacuc, vemos que Dios no contesta todas las preguntas de Habacuc.
(Y a propósito espero que tú estés haciendo lo mismo con nosotras en estas semanas. Te quiero animar no solo a que leas una vez, sino que lo leas una y otra vez para que aprendas a tratar con lo que Habacuc trató).
No significa que Dios no conozca las respuestas, pero no se las da todas a Habacuc, y las respuestas que Dios si le da levantan aun mĆ”s interrogantes como veremos al adentrarnos mĆ”s en el capĆtulo 1.
Quiero decirte que Dios no va a contestar todas tus preguntas. Si conocieras todas las respuestas, serĆas Dios y no necesitarĆas de Ćl. Dios no responderĆ” todas tus preguntas, pero te dirĆ© lo que si harĆ”.
Mientras le haces preguntas a Dios y mientras luego lo escuchas, Ćl se revelarĆ” a ti. Dios le dio a Habacuc una perspectiva mĆ”s amplia y eterna que lo ayudó a continuar y lo capacitó para hacerlo, aun sin conocer todas las respuestas.
Dios te quiere dar una perspectiva que te capacitarĆ” para enfrentar tu situación; para enfrentar tus circunstancias, aun sin conocer todos los ĀporquĆ©sĀ. Habacuc en Ćŗltima instancia, llega a un punto de poder adorar sin entender todo lo que sucede.
Eso requiere fe el tipo de fe que puede adorar cuando no sabes las respuestas es la que agrada a Dios. Joni Eareckson dijo en esos primeros dĆas: ĀA menos que encontrara respuesta, no podĆa entender cómo Dios podĆa ser digno de confianza.Ā
Y a eso se reduce todo, Es a esa pregunta: ĀĀæEs Dios digno de mi confianza?ĀĀæSe puede confiar en Dios? Quiero decirte que la respuesta es un rotundo, SI!
Ćl puede ser confiado. Ćl es digno de tu confianza. Y mientras le haces tus preguntas honestas Āsin acusarlo, sino colocĆ”ndote en una posición donde Dios pueda revelarse a ti y pueda darte Su perspectiva sobre las circunstanciasĀ encontrarĆ”s que si se puede confiar en Dios. Y entonces tu preocupación se tornarĆ” en adoración. Ya no habrĆ” mas Āpor quĆ©Ā, sino ĀDios, yo te adoro a Ti.Ā
Carmen: Nancy Leigh DeMoss pone nuestra mirada donde necesita estar Āaun si hay problemas sin resolver en la vida, problemas que no se irĆ”n, u oraciones sin respuesta. Nancy regresarĆ” en un momento.
Muchas mujeres estĆ”n descubriendo palabras de vida a travĆ©s de series como estas de Habacuc que escuchamos hoy. ĀæEs correcto preguntarle a Dios Āpor quĆ©? Escucha lo que Nancy tiene que decir acerca de esta pregunta mientras nos enseƱa sobre el libro de Habacuc en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. Ahora estĆ” ella de vuelta para orar.
Nancy: SeƱor, gracias que no respondes a todas nuestras oraciones inmediatamente o en el tiempo que nosotras escogemos y de la forma que elegimos. Como lo dijo un escritor, Āsi lo hicieras, serĆamos unos cristianos empobrecidosĀ.
No te conocerĆamos. No tendrĆamos el tipo de fe que nos vemos obligadas a desarrollar cuando no podemos ver las respuestas. Cuando no podemos ver todas las respuestas. Por eso SeƱor, en nuestro cuestionar, recuĆ©rdanos siempre que TĆŗ eres digno de nuestra confianza.
Te dejamos las respuestas a Ti. Ponemos nuestros problemas, nuestras preguntas, esos misterios sin resolver, a tus pies. Y queremos ver a travƩs de nuestro estudio de este libro que podemos confiar en Ti.
Que nuestras quejas, nuestras preocupaciones, nuestro estrés, nuestra agitación, puedan convertirse en adoración al verte como en realidad eres. Oro en el nombre de Jesús, amén.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las AmƩricas a menos que se indique lo contrario.
MĆŗsica: Intercede Por Mi, Omar Salas, No me DejarĆ”s, ā 2011 Omar Salas
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