10 – Laodicea, sĆ© celoso y arrepiĆ©ntete

Iglesia EvangƩlica de la Gracia

Serie: Cartas a las 7 Iglesias

10 – Laodicea, sĆ© celoso y arrepiĆ©ntete

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicologƭa y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejerƭa Bƭblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia EvangƩlica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es

4/10 – Luz del mundo

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: El Yo soy de los tiempos

4/10 – Luz del mundo

Juan 8:12-20

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en CanadÔ contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación estÔ constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compaƱƭa. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco

http://www.iglesiabautistacastellana.org

MartĆ­n Lutero y la seguridad de la salvación

The Master’s Seminary

Martín Lutero y la seguridad de la salvación

Angel Cardoza

El tema de la seguridad de la salvación es uno que ha causado gran duda y preocupación en la iglesia. Muchos cristianos suelen buscar certeza en sĆ­ mismos y en sus acciones, mas al ver sus faltas llegan a experimentar incertidumbre y preguntarse si Dios los ha dejado, si han perdido la salvación o si realmente nunca lo fueron. Si somos honestos, el sentir esta inseguridad no nos permite experimentar un gozo pleno en Cristo.

Su pecado le causaba culpa, a tal punto que vivía en una constante depresión

Ideas erróneas 

Martin Lutero, quien fue el propulsor principal de la reforma protestante, durante mucho tiempo estuvo perturbado por dudas y preocupaciones. Su pecado le causaba culpa, a tal punto que vivĆ­a en una constante depresión. Ahora, en gran parte su tormento se debĆ­a a las enseƱanzas antibĆ­blicas que aprendió desde muy temprana edad y que fueron afianzadas a lo largo de su carrera como fraile de la iglesia católica. Una de estas falsas enseƱanzas, aĆŗn predominante en la Iglesia Católica hoy, fue enseƱada inicialmente por TomĆ”s de Aquino y luego confirmada en el concilio de Trento:

ā€œSi alguno dijere, que tiene una certeza absoluta e infalible de seguridad de tener el don de perseverancia hasta el final, a menos que haya aprendido esto por revelación especial; sea anatemaā€.

En los primeros escritos de Lutero se pueden ver reflejos de esta doctrina. En sus comentarios sobre el libro de Romanos (1515-1516), en 3:22, un versĆ­culo que claramente habla de la justicia de Dios a travĆ©s de JesĆŗs, Lutero comentó: ā€œā€¦ya que no somos capaces de saber si contamos con toda palabra de Dios o negar alguna… Tampoco somos capaces de saber si realmente somos justificados o salvosā€. Este tipo de comentarios nos hace ver que Lutero no habĆ­a llegado a una convicción plena del significado real del evangelio, ya que estaba opacado por la falsa interpretación bĆ­blica de la Iglesia Católica.

«Mas el justo por la fe vivirÔ»

Sin embargo, un dĆ­a mientras meditaba en la Escritura en su oficina en Wittenberg, al leer Romanos 1:17 ā€“ā€œMas el justo por la fe vivirĆ”ā€ā€“ inició un cambio en su interior. Esa noche Lutero no pudo dejar de pensar en ese pasaje. El EspĆ­ritu Santo obró en Ć©l de tal manera que no podĆ­a contenerse ante tal verdad. Lutero entendió que lo que aprendió en el catolicismo, y que por tantos aƱos habĆ­a enseƱado, era contrario a la Palabra. Y es que Dios establece que la salvación es algo que viene solo por su gracia, y por ende los hombres no podemos ganarla. Esa gracia de Dios solo puede ser obtenida a travĆ©s de la fe en Cristo JesĆŗs.

Luego de revelarse contra las herejĆ­as del catolicismo, Lutero hizo un Ć©nfasis especial en enseƱar que la verdad del evangelio trae certeza al creyente. Esto es apreciado en su Ć©nfasis en la doctrina de la justificación solo por fe o ā€œSola Fideā€. De acuerdo a Lutero, la justificación solo por fe y no por obras es el punto en el cual estĆ” sostenida la iglesia de Cristo. Es por medio de esta que el creyente puede recibir el perdón de Dios por sus pecados y ser justificado delante de Ɖl (Jn. 3:165:246:28-29Ro. 3:284:55:114:23GĆ”. 2:16Ef. 2:8-10…).

¿Qué nos enseña la experiencia de Lutero?

Si quieres tener seguridad de salvación, el lugar donde empezar no es en tus sentimientos sino en tu entendimiento; luego los sentimientos seguirÔn

A lo largo de la historia de la iglesia, algo que podemos notar de aquellos que tuvieron batallas personales similares a la de Lutero, en cuanto a la seguridad de su salvación, es que encontraron respuesta en la Palabra de Dios. Como dijo Martyn Lloyd-Jones, ā€œSi quieres tener seguridad de salvación, el lugar donde empezar no es en tus sentimientos sino en tu entendimiento; luego los sentimientos seguirĆ”n. La manera de tener seguridad no es tratar de sentir algo, sino tener esa verdad absolutaā€.

Luego de recibir tan gran convicción y seguridad en la Palabra de Dios, Lutero escribió:

ā€œLos sentimientos vienen y van, los sentimientos son engaƱosos. Mi seguridad es la Palabra de Dios, nada mĆ”s vale la pena creer. Aunque todo mi corazón se sienta condenado, queriendo alguna muestra dulce, existe algo mĆ”s grande que mi corazón cuya Palabra no puede ser quebrantada. ConfiarĆ© en la inmutable Palabra de Dios hasta que el alma y cuerpo sean separados. Porque, aunque todas las cosas pasen, su Palabra permanecerĆ” para siempre.Ā»

No es fructífero para el creyente vivir en una incertidumbre constante en cuanto a su salvación. A pesar de que llegue la duda, el creyente genuino no puede dejar que permanezca en él, ya que esta puede ser una muestra de falta de su confianza en que Dios permanece fiel a su Palabra (Juan 5:24; Ro. 8:1; Fil. 1:6). Y es ahí donde radica el asunto: es Dios que permanece fiel a su promesa, quien honra el sacrificio de Cristo por nuestros pecados.  Qué gozo trae el saber que nuestra salvación no estÔ fundamentada en nosotros, pero en Dios, quien es fiel por la eternidad.

Angel Cardoza sirvió como lĆ­der juvenil y maestro en la Iglesia Cristiana de la Comunidad en Republica Dominicana. En la actualidad cursa una Maestria en Divinidad (M.Div.) en The Master’s Seminary. Forma parte de la iglesia Grace Community Church, donde sirve enseƱando en estudios bĆ­blicos hogareƱos. Ɖl y su esposa Yamel tienen dos hijas.

Yo y el Padre somos uno

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Yo y el Padre somos uno

Andreas J. Kƶstenberger

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine. 

Cuando JesĆŗs dijo: Ā«Yo y el Padre somos unoĀ» (Jn 10:30), Āæa quĆ© se referĆ­a? El gĆ©nero de la palabra griega para Ā«unoĀ» en este pasaje no es masculino sino neutro, designando al Padre y a JesĆŗs no como una sola persona sino como una sola entidad (Ā«una cosaĀ»). La clara afirmación de la deidad de JesĆŗs en el Evangelio de Juan es sorprendente, ya que plantea algunas preguntas importantes con respecto a Su relación con Dios el Padre. Si Dios el Padre —Yahweh, el gran Ā«Yo SoyĀ», el Dios de Abraham, Isaac y Jacob— es Dios, y JesĆŗs es Dios tambiĆ©n, ĀæcuĆ”ntos dioses hay?

En las mentes judĆ­as del primer siglo, esto levantó el espectro del diteĆ­smo (la creencia en dos deidades), lo cual violaba la creencia aceptada desde tiempos antiguos de que Dios es uno, y  solo uno. Esto es lo que recitaban los judĆ­os diariamente en su credo, el Shema (de la palabra hebrea para Ā«escucharĀ»): Ā«Escucha, oh Israel, el SeƱor es nuestro Dios, el SeƱor uno esĀ» (Dt 6:4).

Esto hace que sea aĆŗn mĆ”s notable que el Evangelio de Juan audazmente atribuya la deidad no solo al Padre, sino tambiĆ©n a JesĆŗs (especialmente en 1:1, 18; 20:28). MĆ”s de una vez, los oponentes de JesĆŗs intentaron apedrearlo por blasfemia (8:59; 10:31), y la acusación principal es que Ɖl, un simple hombre, se hizo a SĆ­ mismo el Hijo de Dios. Por ejemplo, considera Juan 19:7:

Tenemos una ley, y de acuerdo con esa ley Ʃl debe morir porque se ha hecho a Sƭ mismo el Hijo de Dios.

ĀæCómo, entonces, debemos explicar la afirmación de la deidad de JesĆŗs por parte de judĆ­os monoteĆ­stas como los apóstoles, que aparentemente no vieron una contradicción insuperable entre la creencia en un solo Dios y la adoración a JesĆŗs? En resumen, la respuesta es esta: ellos creĆ­an que la identidad de JesĆŗs estaba envuelta en Yahweh, el Dios de Israel, de tal manera que Ɖl y el Padre eran uno mientras que al mismo tiempo permanecĆ­an dos personas distintas. MĆ”s tarde, esta afirmación se convirtió en el fundamento sobre el cual los padres de la iglesia construyeron la doctrina de la Trinidad: la creencia de que hay un solo Dios, en tres personas: Padre, Hijo y EspĆ­ritu.

Por lo tanto, es imposible dividir a Jesús y al Padre; ambos son divinos y Su misión es la misma.

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Andreas J. Kƶstenberger
Andreas J. Kƶstenberger

Andreas Kƶstenberger es profesor de investigación de Nuevo Testamento y TeologĆ­a BĆ­blica y director del Centro de Estudios BĆ­blicos del Midwestern Baptist Theological Seminary. TambiĆ©n es el fundador de Biblical Foundations,ā„¢ una organización dedicada a fomentar el regreso a los fundamentos bĆ­blicos en el hogar, la iglesia y la sociedad.

Jul 8 – Amando la disciplina

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 8 – Amando la disciplina

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/amando-la-disciplina/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Si eres hija de Dios, cuando la disciplina de Dios viene a tu vida, no es punitiva. Su intención no es destruirte. Su meta al castigarte es la de restaurarte. Un castigo restaurador para hacernos mĆ”s santas.

Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆ­n. Cuando pasan cosas malas en tu vida, Āæpiensas en que Dios estĆ” enojado u empecinado contra ti? Hoy vamos a determinar si ese punto de vista es el acertado mientras Nancy continĆŗa el estudio del libro de Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Estamos tratando de entender algunos conceptos un poco fuertes, conjuntamente con Habacuc, el profeta del Antiguo Testamento, que vio a su alrededor y dijo Ā«Dios, hay tantas cosas sucediendo entre tu pueblo que me preocupan. Lo que mĆ”s me preocupa es Ā«que no pareces estar haciendo nada al respectoĀ». Estoy orando y suplicĆ”ndote, pero no pareces estar activo. MĆ”s bien pareces estar pasivoĀ».

Dios le dice «Espera un minuto, Habacuc. He estado escuchÔndote. De hecho, estoy trabajando en tus días. Quiero que mires. Quiero que veas. Abre tus ojos y vas a ver lo que estoy trabajando. Pero cuando te diga lo que estoy haciendo, podrías no creerlo».

En la Ćŗltima sesión vimos la descripción dada por Dios de los caldeos (de los babilonios es otro nombre para los caldeos) – un grupo terrorista, fiero, violento, viciado, sin escrĆŗpulos que Dios dijo que iba a levantar como respuesta a las oraciones de Habacuc. Dios dice que estos babilonios, estos caldeos, van a apoderarse del mundo. Van a tomar a JudĆ”. Van a ser Mis instrumentos para santificar a Mi pueblo. Ahora bien, esa no era la respuesta por la que estaba orando Habacuc.

Después de nuestra última sesión, Kendra vino y me recordó que son muchas las personas que temen orar por miedo a como Dios vaya a responder sus oraciones. Kendra, ¿por qué no compartes con todas lo que me dijiste? Creo que es una buena observación.

Kendra: Bueno, es que mucha gente me dice Ā«cuidado con lo que pidesĀ». Mi respuesta es que es una mortificación innecesaria porque no tenemos que tener cuidado cuando oramos y pedimos. Dios nos ama con un amor perfecto. El amor perfecto elimina todo temor.

No tenemos que temer lo que Dios vaya a hacer en la vida de las personas a quienes amamos. Somos libres de orarle y pedirle a Dios que haga todo lo que Ɖl necesite hacer. Ɖl puede levantar caldeos en la vida de nuestros seres queridos, pero Ɖl tiene un amor perfecto hacia nosotras. Ɖl es santo. Ɖl no harĆ” cosas equivocadas -o con las motivaciones erradas- como nosotros pudiĆ©ramos hacerlo. De modo que si podemos confiar en Dios.

Nancy: Gracias, Kendra. Pienso que Kendra tocó un punto crĆ­tico que cada madre ha sentido alguna vez. Ā«Si oro para que Dios haga su voluntad en la vida de mis hijos, si oro para que mis hijos se arrepientan o mi marido o cualquier otra persona a la que amo, ĀæquĆ© implicaciones tendrĆ­a? ĀæQuĆ© podrĆ­a hacer Dios? Algunas veces hay ese miedo que hace que nos contengamos ante Dios.

Vamos a ver en Habacuc que la persona que cree en Dios no tiene por quĆ© tener miedo. No tienes por quĆ© retraerte de miedo si confĆ­as en que Dios es bueno, en que Dios es maravilloso, en que Dios es soberano, que Dios es sabio y que Dios ama a tus seres queridos mĆ”s de lo que podrĆ­as amarles tĆŗ. Ć‰l sabe exactamente lo que se necesita en sus vidas. Por lo que si de hecho levanta a los caldeos en sus vidas para responder tus oraciones, no tienes que asustarte por eso.

Ahora, vamos a ver que Habacuc sƭ tiembla. Y es que no quiere decir que vaya a ser fƔcil, pero lo que sƭ significa es que tus pies van a estar bien plantados. Puedes confiar en el SeƱor aunque los caldeos sean levantados.

En este punto de nuestro recuento, en Habacuc capítulo 1, Habacuc estÔ profundamente mortificado por la respuesta de Dios. Dios le ha dicho «estoy levantando a los caldeos, pueblo feroz e impetuoso». Esta no era, para nada, la respuesta que él estaba esperando.

Es incomprensible para Habacuc que Dios use gente tan mala como los caldeos para lidiar con el pecado dentro de Su pueblo. Por lo que la respuesta de Dios a las preguntas de Habacuc trae mƔs problemas que soluciones.

Dijimos que Habacuc quiere decir Ā«luchador, uno que luchaĀ». Ɖl estĆ” luchando con estas preguntas y estĆ” batallando con Dios tratando de entender -dentro de la sabidurĆ­a inescrutable de Dios- quĆ© es lo que estĆ” pasando y cómo Dios pudo hacer esto.

Por lo que en el versículo 12 de Habacuc, capítulo 1, Habacuc le responde a Dios. Dios acaba de decir «estoy levantando a los caldeos». Habacuc le dice en el versículo 12 «¿No eres tú desde la eternidad?» Imagino que, luego de que Dios terminara con esta larga descripción de cómo eran los caldeos, hubo una pausa prolongada. Fue como que Habacuc se quedó sin aliento. Luego, dijo «¿No eres tú desde la eternidad, oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos».

Por lo que, ĀæquĆ© hace Habacuc? Ɖl regresa a las cosas que conoce como verdaderas cuando ve su mundo sacudirse y Dios le da una respuesta asombrosa. Dios le dice Ā«Cuando veas esto, cuando oigas de esto que estoy haciendo, no lo vas a creerĀ». Habacuc reacciona con un Ā«EstĆ”s en lo cierto. Me has dejado sin alientoĀ». ĀæCómo puede Dios levantar estos terroristas para que se apoderen de nuestra nación?

De repente, no estĆ” preocupado por el pecado de su pueblo que originó todo esto. Ahora, lo que le concierne es la devastación a la que van a ser sometidos. Por lo que en este torbellino, en este torbellino de emociones y pensamientos, Habacuc regresa a las cosas que conoce. ĀæNo eres tĆŗ desde la eternidad, oh SeƱor, mi Dios, Santo mĆ­o?Ā» ĀæQuĆ© es lo que Habacuc estĆ” diciendo? Ā«Dios, te conozco. TĆŗ eres desde el principio. Eso es algo de lo que sĆ­ estoy seguro.

  • TĆŗ eres inmutable (es la implicación aquĆ­)
  • TĆŗ no cambias.
  • TĆŗ carĆ”cter es siempre el mismo.
  • TĆŗ mantienes Tus promesas.

Y Ć©l luego continĆŗa diciendo Ā«TĆŗ eres el SeƱor. Eso quiere decir el Dios soberano. Tu eres mi Santo. Eres santo en esenciaĀ». Es como si lo estuviera repitiendo para sĆ­ Ā«Esto es lo que sĆ© que verdadero sobre DiosĀ».

Eso es algo muy bueno cuando tu cabeza te da vueltas y estĆ”s confundida con lo que estĆ”n pasando a tu alrededor. Regresa a lo que sabes que es verdadero. Una cosa es el carĆ”cter de Dios. ĀæQuĆ© sabes del carĆ”cter de Dios? EnsĆ”yalo, repĆ­telo. Dile a Dios lo que sabes.

Luego, el pacto de Dios. Ɖl dice Ā«TĆŗ eres mi DiosĀ». Tenemos una relación de pacto. Ā«TĆŗ mantienes tus pactos. TĆŗ vas a mantener Tu pacto con Tu puebloĀ». Es por eso que dice Ā«No moriremosĀ».

«Dios, puedes disciplinarnos. Puedes castigarnos, pero Tú no nos vas a destruir. No va a haber un cataclismo, un juicio final contra aquellos que son, verdaderamente, Tu pueblo. No vamos a morir, de eso estoy seguro. Somos hijos del pacto, aquellos que hemos creído en Ti».

Por lo que Ć©l revisa de nuevo el carĆ”cter de Dios, el pacto de Dios y -luego- las opciones de Dios. En el versĆ­culo 12 continĆŗa,

Oh, Señor, para juicio lo has puesto; Tú, oh Roca, lo has establecido para corrección.

La mente de Habacuc estĆ” procesando lo que Dios le ha dicho.. Ɖl estĆ” reconociendo lo que Dios le acaba de decir.

«Ok estÔ bien, los caldeos son un instrumento en las manos de Dios para castigar, para disciplinar, para redargüir a Su pueblo. Los has destinado para juicio. Los has castigado». Esto es lo que Dios estÔ haciendo. Habacuc estÔ repitiéndole a Dios lo que Dios le acaba de decir.

«Dios déjame ver si entendí. Estoy de acuerdo Contigo. Reconozco que lo que dices es verdad y que Tu mano estÔ en esto. Esto no es un accidente.. No te has quedado dormido. No te has caído de Tu trono. No has abdicado el gobierno de este mundo. Lo has organizado.» Y Habacuc reconoce la soberanía de Dios.

Ɖl reconoce la necesidad de redargüir al pueblo de Dios; de castigarlos y disciplinarlos. Ć‰l cae en cuenta de que Dios no va a permitir que Su pueblo siga pecando indefinidamente. ĀæNo era eso lo que le preocupaba a Habacuc en un principio?

«Dios, cómo puedes mirar todo esto y no hacer nada al respecto?» Dios le contesta «Estoy haciendo algo al respecto». Habacuc continúa «Oh, veo que lo que estÔs haciendo es que vas a reprobarlos. Los vas a disciplinar. Vas a castigar a Tu propio pueblo». No pases por alto, a medida que lees este pasaje- que Habacuc estÔ en lo correcto; la intención de Dios es únicamente castigar a sus hijos, no demolerlos o destruirlos.

Si eres una hija de Dios, cuando la disciplina de Dios llegue a tu vida, no es punitiva. Su intención no es la de destruirte. Su meta es castigarte para poder restaurarte – el castigo tiene la intención de restaurar para hacernos mĆ”s santas. Eso es lo que se dice en Hebreos capĆ­tulo 12 acerca de la disciplina, el castigo de Dios. Ɖl nos castiga para que seamos copartĆ­cipes de Su santidad.

Por lo que Habacuc se identifica con los propósitos de Dios. «Señor, has determinado su juicio. Has decidido reprobarlos y castigarlos. No vamos a morir, pero Tú vas a disciplinarnos».

Pero tambiĆ©n ten en cuenta que Dios escoge el medio y el mĆ©todo de disciplina que Ɖl considera el mejor. Tienes que dejarle eso a Dios. Habacuc no hubiera escogido a los caldeos para castigar a los judĆ­os. QuizĆ”s para el resto de las naciones paganas sĆ­, pero no para los judĆ­os. Ā«SeƱor, yo se que necesitamos un castigo, pero hubiera escogido otro instrumento.Ā» Dios le dice Ā«DĆ©jamelo a mĆ­.Ā»

Por lo que Habacuc dice «OK, Dios, ya entendí. Se que eres Dios y se que Tu no cambias. Sé que Tú mantienes tu pacto. se que estÔs castigando a tu pueblo. Señor, no lo entiendo, pero lo creo. Lo veo. Has hecho todo esto para usar a los caldeos como castigo y los utilizarÔs como instrumento de castigo. Esto no es un accidente. Esto no estÔ fuera de Tu control».

Pero todavía no lo asimila. No le parece que un Dios recto y santo utilice este medio. Por lo que en el versículo 13 dice: Dios déjame entender esto «Muy limpio son tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresión». Eso es algo que siempre he sabido de TI. Tú eres Santo». Habacuc tiene un profundo conocimiento de la santidad de Dios.

Por cierto, esta es una de las razones por las que creo que no luchamos mĆ”s profundamente con las cosas espirituales: porque no entendemos mucho la santidad de Dios. Por eso lo que pasa en este mundo no nos molesta demasiado porque estamos Ā«curadasĀ»; estamos vacunadas. Estamos acostumbradas. Nuestros ojos estĆ”n acostumbrados a la oscuridad. Habacuc no tenĆ­a sus ojos acostumbrados a la oscuridad. Ɖl sabĆ­a que la santidad de Dios era pura.

«Dios, Tú no te complaces en la maldad. No puedes mirar lo mal hecho». Leemos esto en Salmos 5 en los versículos 4-5 donde el Salmista dice: » Porque tú no eres Dios que se complace en maldad; el malo no habitarÔ junto a ti. Los insensatos no estarÔn delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad».

Por lo que Habacuc dice Ā«Dios, si eres santo, pero esto me deja perplejo. No tiene ningĆŗn sentidoĀ». Ɖl estĆ” buscando una explicación lógica. y Ć©l continĆŗa en el versĆ­culo 13 ĀæPor quĆ© entonces toleras a los traidores? ĀæPor quĆ© guardas silencio mientras los impĆ­os se tragan a los justos

Ɖl empezó diciendo Ā«SeƱor, sĆ© que mi gente no es correcta. SĆ© que necesitan cambiar. SĆ© que necesitan ser disciplinados, pero ahora dices que el instrumento de tu reprimenda van a ser los malvados caldeos. O sea, Dios, somos malos, pero ellos son malvados. ĀæCómo puedes estar ajeno y quedarte callado cuando estos malvados caldeos acaben con otros que son mĆ”s justos que ellos?

Cuando Habacuc empezó a quejarse, al principio del libro, no estaba llamando «justos» a los judíos, pero ahora cambia la cosa un poco. De buenas a primeras, en comparación con los caldeos, los judíos son bastante buenos aunque hayan estado destruyendo, luchando, discutiendo y todo los peyorativos que usó en el primer pÔrrafo del libro. Pero ahora, se ven de lo mÔs bien en comparación con los caldeos.

Por lo que la conducta de Dios (al usar a los caldeos para disciplinar a los judƭos) no parece ser consistente con lo que Habacuc sabe del carƔcter y de los caminos de Dios. Aquƭ es donde te preguntas si no estƔ dejando que la auto-justicia lo contamine. Yo sƩ lo que eso hace en nuestros corazones. El profeta siente que la gente de JudƔ es mƔs justa que los caldeos. Creo que estƔ demostrando que no se estƔ dando cuenta de que tan seriamente Dios ve el pecado en Su pueblo.

De hecho, el pueblo de Dios es mĆ”s responsable porque tiene la ley de Dios. Ellos conocen a Dios. Dios se les ha revelado. Dios hasta puede que estĆ© tomando mĆ”s seriamente el pecado de Su pueblo que la maldad de las naciones paganas.

Dios toma todo pecado seriamente, pero hay algo dentro de nosotras que dice «Dios puede que tengamos algunos asuntos y necesidades, pero no tan malas como el instrumento que estÔs usando para corregirnos». Por lo que aquí tienes una esposa que tiene necesidades espirituales y quiere que Dios se encargue de ellas, pero se queda pasmada cuando Dios usa a su «no-tan-santo-marido» como instrumento para su santificación. «Dios eso no me parece correcto. Eso no me parece justo».

Pero esta calle tiene dos vĆ­as. No hace mucho recibĆ­ un correo de un esposo -tenemos algunos hombres que nos escriben a Aviva Nuestros Corazones — y Ć©l nos rogaba que orĆ”ramos por su matrimonio. Ɖl y su esposa se habĆ­an separado, quizĆ”s hasta divorciado si no recuerdo mal .

Ɖl estaba rogĆ”ndole a Dios una reconciliación con su esposa. QuerĆ­a que supiĆ©ramos que iba en serio con todo esto. Por lo que envió una carta de dos pĆ”ginas en la que hacĆ­a listas, y decĆ­a Ā«Mis pecados son…Ā» Ɖl fue bastante honesto acerca de sus fracasos y las fallas en su matrimonio. Luego dijo Ā«Los pecados de mi esposa son…Ā»

Bueno, mientras leía la lista -estoy segura de que no fue intencionalmente- pude notar que ella tenía mÔs pecados que él. Los de ella eran tan malos como los de él, pero peor aún y las esposas hacen esto también, ¿no es así ? No estoy señalando a ese esposo. Lo que estoy diciendo es que tenemos la tendencia de decir yo tengo fallas pero mi pareja realmente tiene fallas.

En esa carta nos decĆ­a Ā«querĆ­a ir a consejerĆ­a, pero mi mujer no. Estoy dispuesto a lidiar con nuestros problemas, pero mi mujer no. Ɖl estaba haciendo comparaciones y creo, que desde un corazón genuino, pero asĆ­ es que pensamos. Ā«SeƱor, tengo fallas, Āæpero cómo puedes usar a alguien peor que yo como instrumento para lidiar con mi vida?Ā»

Pensando en este correo, pienso que Dios ha traído un caldeo a su vida: su esposa. Por supuesto, que si le preguntÔramos a ella, quizÔs ella diría «aquí estÔn mis pecaditos y aquí estÔn todos los de él» por lo que eso depende del ojo con el que se mire.

Aunque estuviera un 100% en lo correcto, Dios quizÔs esté usando a su «mala mujer» como instrumento para quebrantarlo y llevarlo a la humildad y al arrepentimiento. A veces parece medio enredado que Dios trabaje así, ¿no es cierto?

Por lo que Habacuc le dice a Dios en el versículo 14 me estÔ dando trabajo entender esto. «¿Por qué has hecho a los hombres como peces del mar, como reptiles que no tienen jefe? Ahí tienes una ilustración de qué tan indefensos estÔn los insectos y los peces que nadan en el mar.

Luego, en los versículos 15 y 16 dice. «A todos los saca (aquí habla del imperio Babilónico) con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla. Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ellas su pesca es abundante, y suculenta su comida».

Por lo que aquƭ tienes a la gente malvada que Dios usa como instrumento para castigar a Su pueblo y la gente malvada se sale con la suya. De hecho, hasta se estƔn enriqueciendo en el proceso.

Somos como esos peces nadando en el ocƩano o como esos insectos indefensos que encontramos por ahƭ y ahƭ viene el rey de los babilonios. Lanza su anzuelo y saca uno tras otro. O sea, nos estƔn matando y se estƔn enriqueciendo mientras lo hacen.

Es mÔs, los babilonios estÔn felicitÔndose por su prosperidad y su capacidad militar. Son auto-suficientes. No piensan en nada ni en nadie. O sea no tienen a un Dios. Y Habacuc estÔ diciendo «Dios, no tiene sentido que uses a gente como esa».

Versículo 17: «¿VaciarÔ, pues, (Babilonia) su red y seguirÔ matando sin piedad a las naciones?»

¿Alguna vez te has encontrado llorando en el medio de problemas en tu matrimonio o en asuntos relacionados con tus hijos o en el trabajo y preguntas : «Señor, ¿y es que esto no se va a acabar? Me va mejor si me separo. Les va mejor si lo hago. Vamos en la dirección equivocada. ¿CuÔnto mÔs durarÔ esto?»

Al Habacuc protestar por lo que le parecía un injusto e incomprensible acto de parte de Dios, Habacuc corre el riesgo de olvidar qué tan pecaminoso es el pueblo de Dios y qué tan merecedores son de ser disciplinados porque «no son tan malos comparados con los caldeos».

El problema es que Habacuc estĆ” viendo las cosas, solamente, desde su perspectiva. Si pudiera verlo desde la perspectiva de Dios, verĆ­a lo que dijimos hace unos momentos atrĆ”s Ā«que el pueblo de Dios es mĆ”s responsable. A los ojos de Dios su condición es tan seria como la de los caldeosĀ».

ĀæVerdad que es fĆ”cil para nosotras excusar nuestro propio comportamiento? PodrĆ­as decir Ā» Pero SeƱor, mi marido fue que cometió adulterio. Yo solo soy orgullosaĀ». Las Escrituras dicen que Dios se opone y resiste a los orgullosos. Dios odia el orgullo. EstĆ” en la lista como uno de los peores pecados. El adulterio no estĆ” en la lista que estĆ” en Proverbios capĆ­tulo 6, pero el orgullo sĆ­.

Por lo que tenemos la tendencia de compararnos con aquellos que son peores como un escape a nuestra propia responsabilidad y protestamos diciendo Ā«Dios, no me parece bien que uses a esa gente tan malvada cuando yo solo… solo soy orgullosa. Dios quiere que veamos que ese orgullo o el pecado que sea en tu vida hay que enfrentarlo. Dios sabe con cuĆ”l instrumento lo va a hacer.

Es en este punto que algunas personas se amargan contra Dios. Lo eliminan de sus vidas y dicen Ā«me harté». Si asĆ­ es como Dios va a ser conmigo, si asĆ­ es como va a comportarse, si ese es el instrumento que va a usar, no pienso tratar con ƉlĀ».

Eso o actúan como que si estuvieran lidiando con Dios, pero mecÔnicamente. «Sí, voy a seguir yendo a la iglesia. Voy a seguir trabajando duro. Voy a seguir haciendo mis deberes cristianos, pero no voy a comprometerme con un Dios que se comporta de esta manera». Ese es el camino que mucha gente escoge. Se echan para atrÔs en lugar de insistir y seguir adelante en la fe.

Habacuc se ve en esta encrucijada. Ć‰l puede escoger sentir miedo y rabia o puede escoger fe, esperanza y rendición . Habacuc ve que esta situación tan incomprensible es en realidad una oportunidad de llegar a conocer mejor a Dios. Por lo que dice por fe Ā«Voy a seguir adelante. No entiendo nada, pero voy a mantenerme comprometido con DiosĀ».

Y por eso tenemos el capítulo 3 de Habacuc. Siéntete en libertad de leerlo hasta el final para que veas el gozo tan espectacular que sale del corazón de Habacuc. ¿Sabes por qué? Porque estuvo dispuesto a caminar durante el proceso, a quedarse aferrado a Dios, no a amargarse, sino a decir «voy a seguir caminando por fe aunque no pueda ver».

Señor te oro para que nos ayudes a continuar conociéndote, viéndote y explorando Tus caminos, buscando Tu corazón y dejando que hagas lo que consideres necesario en nuestras vidas; en las vidas de aquellos que amamos, lo que sea que eso signifique, parezca y tome. Toma el control y se Tu con nosotros, oh, Dios. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a darle sentido a esos pasajes difĆ­ciles que encontramos en Habacuc. Tal y como lo acaba de decir, ya veremos el gozo que brota del corazón de Habacuc. Si necesitas esa clase de gozo, quĆ©date con nosotras.

TambiĆ©n escudriƱa Habacuc por tu propia cuenta… De esta forma, puedes profundizar y encontrar lo que dice acerca de tu situación.

Si te has perdido algunos de los programas visita nuestra pĆ”gina AvivaNuestrosCorazones.com.

En los días de Habacuc, los soldados se quedaban de guardia (en las torres de control) con los ojos bien abiertos por si se acercaba el enemigo. Entérate de por qué el profeta subió a una de esas torres y el por qué debes hacerlo tú también. Nancy te lo mostrarÔ en el programa de mañana.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las AmƩricas a menos que se indique lo contrario.

Música: Esperaré, Andy Mercedes, Caminando En Fe ℗ 2012 Andy Mercedes

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Dos huertos (1)

Jueves 15 Octubre

Así como por la desobediencia de un hombre (AdÔn) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesús), los muchos serÔn constituidos justos.

Romanos 5:19

Dos huertos (1)

Era un maravilloso jardƭn. Su nombre era EdƩn, que significa delicia, abundancia, gozo. Un rƭo lo regaba y magnƭficos Ɣrboles daban frutas deliciosas. En medio del huerto se hallaban el Ɣrbol de la vida y el Ɣrbol de la ciencia del bien y del mal. Dios habƭa colocado ahƭ al primer hombre, AdƔn, y lo habƭa rodeado de todo lo que necesitaba para ser feliz.

Dios habĆ­a confiado a este primer hombre, como criatura sumisa a su Creador, la responsabilidad de cultivar y guardar el huerto (GĆ©nesis 2:15). HabĆ­a dicho a AdĆ”n: ā€œDe todo Ć”rbol del huerto podrĆ”s comer; mas del Ć”rbol de la ciencia del bien y del mal no comerĆ”s; porque el dĆ­a que de Ć©l comieres, ciertamente morirĆ”sā€ (GĆ©nesis 2:16-17).

Dios concedió a AdÔn una esposa idónea, Eva. En el entorno feliz del primer huerto ¿qué hicieron nuestros primeros padres? No tuvieron en cuenta las bendiciones que habían recibido de Dios, ni la prohibición que les fue hecha, ni siquiera el juicio que los amenazaba si desobedecían. ”MÔs bien Eva escuchó la voz de SatanÔs, tomó del fruto prohibido, lo comió y dio también a su marido! Se dejaron seducir por la idea de ser como Dios. Desobedecieron, y esto rompió su relación con Dios (cap. 3:1-19).

Si las cosas se hubiesen detenido ahí, el diablo habría obtenido una victoria sobre Dios, llevando con él a la perdición la criatura cuya felicidad Dios deseaba. ”Pero esto era imposible! Entonces Jesús vino para hacer posible el plan de Dios y salvar a los hombres perdidos, mediante la victoria que obtuvo sobre SatanÔs al morir en la cruz.

(maƱana continuarƔ)

Deuteronomio 9Ā –Ā Juan 6:22-40Ā –Ā Salmo 118:1-4Ā –Ā Proverbios 25:12-13

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