Aviva Nuestros Corazones
Serie: Habacuc: del temor a la fe
Jul 8 ā Amando la disciplina
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Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.
Nancy Leigh DeMoss: Si eres hija de Dios, cuando la disciplina de Dios viene a tu vida, no es punitiva. Su intención no es destruirte. Su meta al castigarte es la de restaurarte. Un castigo restaurador para hacernos mÔs santas.
Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆn. Cuando pasan cosas malas en tu vida, Āæpiensas en que Dios estĆ” enojado u empecinado contra ti? Hoy vamos a determinar si ese punto de vista es el acertado mientras Nancy continĆŗa el estudio del libro de Habacuc: del temor a la fe.
Nancy: Estamos tratando de entender algunos conceptos un poco fuertes, conjuntamente con Habacuc, el profeta del Antiguo Testamento, que vio a su alrededor y dijo «Dios, hay tantas cosas sucediendo entre tu pueblo que me preocupan. Lo que mÔs me preocupa es «que no pareces estar haciendo nada al respecto». Estoy orando y suplicÔndote, pero no pareces estar activo. MÔs bien pareces estar pasivo».
Dios le dice Ā«Espera un minuto, Habacuc. He estado escuchĆ”ndote. De hecho, estoy trabajando en tus dĆas. Quiero que mires. Quiero que veas. Abre tus ojos y vas a ver lo que estoy trabajando. Pero cuando te diga lo que estoy haciendo, podrĆas no creerloĀ».
En la Ćŗltima sesión vimos la descripción dada por Dios de los caldeos (de los babilonios es otro nombre para los caldeos) – un grupo terrorista, fiero, violento, viciado, sin escrĆŗpulos que Dios dijo que iba a levantar como respuesta a las oraciones de Habacuc. Dios dice que estos babilonios, estos caldeos, van a apoderarse del mundo. Van a tomar a JudĆ”. Van a ser Mis instrumentos para santificar a Mi pueblo. Ahora bien, esa no era la respuesta por la que estaba orando Habacuc.
Después de nuestra última sesión, Kendra vino y me recordó que son muchas las personas que temen orar por miedo a como Dios vaya a responder sus oraciones. Kendra, ¿por qué no compartes con todas lo que me dijiste? Creo que es una buena observación.
Kendra: Bueno, es que mucha gente me dice «cuidado con lo que pides». Mi respuesta es que es una mortificación innecesaria porque no tenemos que tener cuidado cuando oramos y pedimos. Dios nos ama con un amor perfecto. El amor perfecto elimina todo temor.
No tenemos que temer lo que Dios vaya a hacer en la vida de las personas a quienes amamos. Somos libres de orarle y pedirle a Dios que haga todo lo que Ćl necesite hacer. Ćl puede levantar caldeos en la vida de nuestros seres queridos, pero Ćl tiene un amor perfecto hacia nosotras. Ćl es santo. Ćl no harĆ” cosas equivocadas -o con las motivaciones erradas- como nosotros pudiĆ©ramos hacerlo. De modo que si podemos confiar en Dios.
Nancy: Gracias, Kendra. Pienso que Kendra tocó un punto crĆtico que cada madre ha sentido alguna vez. Ā«Si oro para que Dios haga su voluntad en la vida de mis hijos, si oro para que mis hijos se arrepientan o mi marido o cualquier otra persona a la que amo, ĀæquĆ© implicaciones tendrĆa? ĀæQuĆ© podrĆa hacer Dios? Algunas veces hay ese miedo que hace que nos contengamos ante Dios.
Vamos a ver en Habacuc que la persona que cree en Dios no tiene por quĆ© tener miedo. No tienes por quĆ© retraerte de miedo si confĆas en que Dios es bueno, en que Dios es maravilloso, en que Dios es soberano, que Dios es sabio y que Dios ama a tus seres queridos mĆ”s de lo que podrĆas amarles tĆŗ. Ćl sabe exactamente lo que se necesita en sus vidas. Por lo que si de hecho levanta a los caldeos en sus vidas para responder tus oraciones, no tienes que asustarte por eso.
Ahora, vamos a ver que Habacuc sà tiembla. Y es que no quiere decir que vaya a ser fÔcil, pero lo que sà significa es que tus pies van a estar bien plantados. Puedes confiar en el Señor aunque los caldeos sean levantados.
En este punto de nuestro recuento, en Habacuc capĆtulo 1, Habacuc estĆ” profundamente mortificado por la respuesta de Dios. Dios le ha dicho Ā«estoy levantando a los caldeos, pueblo feroz e impetuosoĀ». Esta no era, para nada, la respuesta que Ć©l estaba esperando.
Es incomprensible para Habacuc que Dios use gente tan mala como los caldeos para lidiar con el pecado dentro de Su pueblo. Por lo que la respuesta de Dios a las preguntas de Habacuc trae mƔs problemas que soluciones.
Dijimos que Habacuc quiere decir Ā«luchador, uno que luchaĀ». Ćl estĆ” luchando con estas preguntas y estĆ” batallando con Dios tratando de entender -dentro de la sabidurĆa inescrutable de Dios- quĆ© es lo que estĆ” pasando y cómo Dios pudo hacer esto.
Por lo que en el versĆculo 12 de Habacuc, capĆtulo 1, Habacuc le responde a Dios. Dios acaba de decir Ā«estoy levantando a los caldeosĀ». Habacuc le dice en el versĆculo 12 «¿No eres tĆŗ desde la eternidad?Ā» Imagino que, luego de que Dios terminara con esta larga descripción de cómo eran los caldeos, hubo una pausa prolongada. Fue como que Habacuc se quedó sin aliento. Luego, dijo «¿No eres tĆŗ desde la eternidad, oh SeƱor, Dios mĆo, Santo mĆo? No moriremosĀ».
Por lo que, ĀæquĆ© hace Habacuc? Ćl regresa a las cosas que conoce como verdaderas cuando ve su mundo sacudirse y Dios le da una respuesta asombrosa. Dios le dice Ā«Cuando veas esto, cuando oigas de esto que estoy haciendo, no lo vas a creerĀ». Habacuc reacciona con un Ā«EstĆ”s en lo cierto. Me has dejado sin alientoĀ». ĀæCómo puede Dios levantar estos terroristas para que se apoderen de nuestra nación?
De repente, no estĆ” preocupado por el pecado de su pueblo que originó todo esto. Ahora, lo que le concierne es la devastación a la que van a ser sometidos. Por lo que en este torbellino, en este torbellino de emociones y pensamientos, Habacuc regresa a las cosas que conoce. ĀæNo eres tĆŗ desde la eternidad, oh SeƱor, mi Dios, Santo mĆo?Ā» ĀæQuĆ© es lo que Habacuc estĆ” diciendo? Ā«Dios, te conozco. TĆŗ eres desde el principio. Eso es algo de lo que sĆ estoy seguro.
- TĆŗ eres inmutable (es la implicación aquĆ)
- TĆŗ no cambias.
- Tú carÔcter es siempre el mismo.
- TĆŗ mantienes Tus promesas.
Y él luego continúa diciendo «Tú eres el Señor. Eso quiere decir el Dios soberano. Tu eres mi Santo. Eres santo en esencia». Es como si lo estuviera repitiendo para sà «Esto es lo que sé que verdadero sobre Dios».
Eso es algo muy bueno cuando tu cabeza te da vueltas y estĆ”s confundida con lo que estĆ”n pasando a tu alrededor. Regresa a lo que sabes que es verdadero. Una cosa es el carĆ”cter de Dios. ĀæQuĆ© sabes del carĆ”cter de Dios? EnsĆ”yalo, repĆtelo. Dile a Dios lo que sabes.
Luego, el pacto de Dios. Ćl dice Ā«TĆŗ eres mi DiosĀ». Tenemos una relación de pacto. Ā«TĆŗ mantienes tus pactos. TĆŗ vas a mantener Tu pacto con Tu puebloĀ». Es por eso que dice Ā«No moriremosĀ».
Ā«Dios, puedes disciplinarnos. Puedes castigarnos, pero TĆŗ no nos vas a destruir. No va a haber un cataclismo, un juicio final contra aquellos que son, verdaderamente, Tu pueblo. No vamos a morir, de eso estoy seguro. Somos hijos del pacto, aquellos que hemos creĆdo en TiĀ».
Por lo que Ć©l revisa de nuevo el carĆ”cter de Dios, el pacto de Dios y -luego- las opciones de Dios. En el versĆculo 12 continĆŗa,
Oh, Señor, para juicio lo has puesto; Tú, oh Roca, lo has establecido para corrección.
La mente de Habacuc estĆ” procesando lo que Dios le ha dicho.. Ćl estĆ” reconociendo lo que Dios le acaba de decir.
«Ok estÔ bien, los caldeos son un instrumento en las manos de Dios para castigar, para disciplinar, para redargüir a Su pueblo. Los has destinado para juicio. Los has castigado». Esto es lo que Dios estÔ haciendo. Habacuc estÔ repitiéndole a Dios lo que Dios le acaba de decir.
Ā«Dios dĆ©jame ver si entendĆ. Estoy de acuerdo Contigo. Reconozco que lo que dices es verdad y que Tu mano estĆ” en esto. Esto no es un accidente.. No te has quedado dormido. No te has caĆdo de Tu trono. No has abdicado el gobierno de este mundo. Lo has organizado.Ā» Y Habacuc reconoce la soberanĆa de Dios.
Ćl reconoce la necesidad de redargüir al pueblo de Dios; de castigarlos y disciplinarlos. Ćl cae en cuenta de que Dios no va a permitir que Su pueblo siga pecando indefinidamente. ĀæNo era eso lo que le preocupaba a Habacuc en un principio?
«Dios, cómo puedes mirar todo esto y no hacer nada al respecto?» Dios le contesta «Estoy haciendo algo al respecto». Habacuc continúa «Oh, veo que lo que estÔs haciendo es que vas a reprobarlos. Los vas a disciplinar. Vas a castigar a Tu propio pueblo». No pases por alto, a medida que lees este pasaje- que Habacuc estÔ en lo correcto; la intención de Dios es únicamente castigar a sus hijos, no demolerlos o destruirlos.
Si eres una hija de Dios, cuando la disciplina de Dios llegue a tu vida, no es punitiva. Su intención no es la de destruirte. Su meta es castigarte para poder restaurarte – el castigo tiene la intención de restaurar para hacernos mĆ”s santas. Eso es lo que se dice en Hebreos capĆtulo 12 acerca de la disciplina, el castigo de Dios. Ćl nos castiga para que seamos copartĆcipes de Su santidad.
Por lo que Habacuc se identifica con los propósitos de Dios. «Señor, has determinado su juicio. Has decidido reprobarlos y castigarlos. No vamos a morir, pero Tú vas a disciplinarnos».
Pero tambiĆ©n ten en cuenta que Dios escoge el medio y el mĆ©todo de disciplina que Ćl considera el mejor. Tienes que dejarle eso a Dios. Habacuc no hubiera escogido a los caldeos para castigar a los judĆos. QuizĆ”s para el resto de las naciones paganas sĆ, pero no para los judĆos. Ā«SeƱor, yo se que necesitamos un castigo, pero hubiera escogido otro instrumento.Ā» Dios le dice Ā«DĆ©jamelo a mĆ.Ā»
Por lo que Habacuc dice Ā«OK, Dios, ya entendĆ. Se que eres Dios y se que Tu no cambias. SĆ© que TĆŗ mantienes tu pacto. se que estĆ”s castigando a tu pueblo. SeƱor, no lo entiendo, pero lo creo. Lo veo. Has hecho todo esto para usar a los caldeos como castigo y los utilizarĆ”s como instrumento de castigo. Esto no es un accidente. Esto no estĆ” fuera de Tu controlĀ».
Pero todavĆa no lo asimila. No le parece que un Dios recto y santo utilice este medio. Por lo que en el versĆculo 13 dice: Dios dĆ©jame entender esto Ā«Muy limpio son tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresiónĀ». Eso es algo que siempre he sabido de TI. TĆŗ eres SantoĀ». Habacuc tiene un profundo conocimiento de la santidad de Dios.
Por cierto, esta es una de las razones por las que creo que no luchamos mĆ”s profundamente con las cosas espirituales: porque no entendemos mucho la santidad de Dios. Por eso lo que pasa en este mundo no nos molesta demasiado porque estamos Ā«curadasĀ»; estamos vacunadas. Estamos acostumbradas. Nuestros ojos estĆ”n acostumbrados a la oscuridad. Habacuc no tenĆa sus ojos acostumbrados a la oscuridad. Ćl sabĆa que la santidad de Dios era pura.
Ā«Dios, TĆŗ no te complaces en la maldad. No puedes mirar lo mal hechoĀ». Leemos esto en Salmos 5 en los versĆculos 4-5 donde el Salmista dice: Ā» Porque tĆŗ no eres Dios que se complace en maldad; el malo no habitarĆ” junto a ti. Los insensatos no estarĆ”n delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidadĀ».
Por lo que Habacuc dice Ā«Dios, si eres santo, pero esto me deja perplejo. No tiene ningĆŗn sentidoĀ». Ćl estĆ” buscando una explicación lógica. y Ć©l continĆŗa en el versĆculo 13 ĀæPor quĆ© entonces toleras a los traidores? ĀæPor quĆ© guardas silencio mientras los impĆos se tragan a los justos
Ćl empezó diciendo Ā«SeƱor, sĆ© que mi gente no es correcta. SĆ© que necesitan cambiar. SĆ© que necesitan ser disciplinados, pero ahora dices que el instrumento de tu reprimenda van a ser los malvados caldeos. O sea, Dios, somos malos, pero ellos son malvados. ĀæCómo puedes estar ajeno y quedarte callado cuando estos malvados caldeos acaben con otros que son mĆ”s justos que ellos?
Cuando Habacuc empezó a quejarse, al principio del libro, no estaba llamando Ā«justosĀ» a los judĆos, pero ahora cambia la cosa un poco. De buenas a primeras, en comparación con los caldeos, los judĆos son bastante buenos aunque hayan estado destruyendo, luchando, discutiendo y todo los peyorativos que usó en el primer pĆ”rrafo del libro. Pero ahora, se ven de lo mĆ”s bien en comparación con los caldeos.
Por lo que la conducta de Dios (al usar a los caldeos para disciplinar a los judĆos) no parece ser consistente con lo que Habacuc sabe del carĆ”cter y de los caminos de Dios. AquĆ es donde te preguntas si no estĆ” dejando que la auto-justicia lo contamine. Yo sĆ© lo que eso hace en nuestros corazones. El profeta siente que la gente de JudĆ” es mĆ”s justa que los caldeos. Creo que estĆ” demostrando que no se estĆ” dando cuenta de que tan seriamente Dios ve el pecado en Su pueblo.
De hecho, el pueblo de Dios es mƔs responsable porque tiene la ley de Dios. Ellos conocen a Dios. Dios se les ha revelado. Dios hasta puede que estƩ tomando mƔs seriamente el pecado de Su pueblo que la maldad de las naciones paganas.
Dios toma todo pecado seriamente, pero hay algo dentro de nosotras que dice «Dios puede que tengamos algunos asuntos y necesidades, pero no tan malas como el instrumento que estÔs usando para corregirnos». Por lo que aquà tienes una esposa que tiene necesidades espirituales y quiere que Dios se encargue de ellas, pero se queda pasmada cuando Dios usa a su «no-tan-santo-marido» como instrumento para su santificación. «Dios eso no me parece correcto. Eso no me parece justo».
Pero esta calle tiene dos vĆas. No hace mucho recibĆ un correo de un esposo -tenemos algunos hombres que nos escriben a Aviva Nuestros Corazones ā y Ć©l nos rogaba que orĆ”ramos por su matrimonio. Ćl y su esposa se habĆan separado, quizĆ”s hasta divorciado si no recuerdo mal .
Ćl estaba rogĆ”ndole a Dios una reconciliación con su esposa. QuerĆa que supiĆ©ramos que iba en serio con todo esto. Por lo que envió una carta de dos pĆ”ginas en la que hacĆa listas, y decĆa Ā«Mis pecados son…Ā» Ćl fue bastante honesto acerca de sus fracasos y las fallas en su matrimonio. Luego dijo Ā«Los pecados de mi esposa son…Ā»
Bueno, mientras leĆa la lista -estoy segura de que no fue intencionalmente- pude notar que ella tenĆa mĆ”s pecados que Ć©l. Los de ella eran tan malos como los de Ć©l, pero peor aĆŗn y las esposas hacen esto tambiĆ©n, Āæno es asĆ ? No estoy seƱalando a ese esposo. Lo que estoy diciendo es que tenemos la tendencia de decir yo tengo fallas pero mi pareja realmente tiene fallas.
En esa carta nos decĆa Ā«querĆa ir a consejerĆa, pero mi mujer no. Estoy dispuesto a lidiar con nuestros problemas, pero mi mujer no. Ćl estaba haciendo comparaciones y creo, que desde un corazón genuino, pero asĆ es que pensamos. Ā«SeƱor, tengo fallas, Āæpero cómo puedes usar a alguien peor que yo como instrumento para lidiar con mi vida?Ā»
Pensando en este correo, pienso que Dios ha traĆdo un caldeo a su vida: su esposa. Por supuesto, que si le preguntĆ”ramos a ella, quizĆ”s ella dirĆa Ā«aquĆ estĆ”n mis pecaditos y aquĆ estĆ”n todos los de Ć©lĀ» por lo que eso depende del ojo con el que se mire.
Aunque estuviera un 100% en lo correcto, Dios quizĆ”s estĆ© usando a su Ā«mala mujerĀ» como instrumento para quebrantarlo y llevarlo a la humildad y al arrepentimiento. A veces parece medio enredado que Dios trabaje asĆ, Āæno es cierto?
Por lo que Habacuc le dice a Dios en el versĆculo 14 me estĆ” dando trabajo entender esto. «¿Por quĆ© has hecho a los hombres como peces del mar, como reptiles que no tienen jefe? AhĆ tienes una ilustración de quĆ© tan indefensos estĆ”n los insectos y los peces que nadan en el mar.
Luego, en los versĆculos 15 y 16 dice. Ā«A todos los saca (aquĆ habla del imperio Babilónico) con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla. Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ellas su pesca es abundante, y suculenta su comidaĀ».
Por lo que aquà tienes a la gente malvada que Dios usa como instrumento para castigar a Su pueblo y la gente malvada se sale con la suya. De hecho, hasta se estÔn enriqueciendo en el proceso.
Somos como esos peces nadando en el océano o como esos insectos indefensos que encontramos por ahà y ahà viene el rey de los babilonios. Lanza su anzuelo y saca uno tras otro. O sea, nos estÔn matando y se estÔn enriqueciendo mientras lo hacen.
Es mÔs, los babilonios estÔn felicitÔndose por su prosperidad y su capacidad militar. Son auto-suficientes. No piensan en nada ni en nadie. O sea no tienen a un Dios. Y Habacuc estÔ diciendo «Dios, no tiene sentido que uses a gente como esa».
VersĆculo 17: «¿VaciarĆ”, pues, (Babilonia) su red y seguirĆ” matando sin piedad a las naciones?Ā»
¿Alguna vez te has encontrado llorando en el medio de problemas en tu matrimonio o en asuntos relacionados con tus hijos o en el trabajo y preguntas : «Señor, ¿y es que esto no se va a acabar? Me va mejor si me separo. Les va mejor si lo hago. Vamos en la dirección equivocada. ¿CuÔnto mÔs durarÔ esto?»
Al Habacuc protestar por lo que le parecĆa un injusto e incomprensible acto de parte de Dios, Habacuc corre el riesgo de olvidar quĆ© tan pecaminoso es el pueblo de Dios y quĆ© tan merecedores son de ser disciplinados porque Ā«no son tan malos comparados con los caldeosĀ».
El problema es que Habacuc estĆ” viendo las cosas, solamente, desde su perspectiva. Si pudiera verlo desde la perspectiva de Dios, verĆa lo que dijimos hace unos momentos atrĆ”s Ā«que el pueblo de Dios es mĆ”s responsable. A los ojos de Dios su condición es tan seria como la de los caldeosĀ».
ĀæVerdad que es fĆ”cil para nosotras excusar nuestro propio comportamiento? PodrĆas decir Ā» Pero SeƱor, mi marido fue que cometió adulterio. Yo solo soy orgullosaĀ». Las Escrituras dicen que Dios se opone y resiste a los orgullosos. Dios odia el orgullo. EstĆ” en la lista como uno de los peores pecados. El adulterio no estĆ” en la lista que estĆ” en Proverbios capĆtulo 6, pero el orgullo sĆ.
Por lo que tenemos la tendencia de compararnos con aquellos que son peores como un escape a nuestra propia responsabilidad y protestamos diciendo Ā«Dios, no me parece bien que uses a esa gente tan malvada cuando yo solo… solo soy orgullosa. Dios quiere que veamos que ese orgullo o el pecado que sea en tu vida hay que enfrentarlo. Dios sabe con cuĆ”l instrumento lo va a hacer.
Es en este punto que algunas personas se amargan contra Dios. Lo eliminan de sus vidas y dicen Ā«me harté». Si asĆ es como Dios va a ser conmigo, si asĆ es como va a comportarse, si ese es el instrumento que va a usar, no pienso tratar con ĆlĀ».
Eso o actĆŗan como que si estuvieran lidiando con Dios, pero mecĆ”nicamente. Ā«SĆ, voy a seguir yendo a la iglesia. Voy a seguir trabajando duro. Voy a seguir haciendo mis deberes cristianos, pero no voy a comprometerme con un Dios que se comporta de esta maneraĀ». Ese es el camino que mucha gente escoge. Se echan para atrĆ”s en lugar de insistir y seguir adelante en la fe.
Habacuc se ve en esta encrucijada. Ćl puede escoger sentir miedo y rabia o puede escoger fe, esperanza y rendición . Habacuc ve que esta situación tan incomprensible es en realidad una oportunidad de llegar a conocer mejor a Dios. Por lo que dice por fe Ā«Voy a seguir adelante. No entiendo nada, pero voy a mantenerme comprometido con DiosĀ».
Y por eso tenemos el capĆtulo 3 de Habacuc. SiĆ©ntete en libertad de leerlo hasta el final para que veas el gozo tan espectacular que sale del corazón de Habacuc. ĀæSabes por quĆ©? Porque estuvo dispuesto a caminar durante el proceso, a quedarse aferrado a Dios, no a amargarse, sino a decir Ā«voy a seguir caminando por fe aunque no pueda verĀ».
Señor te oro para que nos ayudes a continuar conociéndote, viéndote y explorando Tus caminos, buscando Tu corazón y dejando que hagas lo que consideres necesario en nuestras vidas; en las vidas de aquellos que amamos, lo que sea que eso signifique, parezca y tome. Toma el control y se Tu con nosotros, oh, Dios. Oro en el nombre de Jesús, amén.
Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a darle sentido a esos pasajes difĆciles que encontramos en Habacuc. Tal y como lo acaba de decir, ya veremos el gozo que brota del corazón de Habacuc. Si necesitas esa clase de gozo, quĆ©date con nosotras.
TambiĆ©n escudriƱa Habacuc por tu propia cuenta… De esta forma, puedes profundizar y encontrar lo que dice acerca de tu situación.
Si te has perdido algunos de los programas visita nuestra pƔgina AvivaNuestrosCorazones.com.
En los dĆas de Habacuc, los soldados se quedaban de guardia (en las torres de control) con los ojos bien abiertos por si se acercaba el enemigo. EntĆ©rate de por quĆ© el profeta subió a una de esas torres y el por quĆ© debes hacerlo tĆŗ tambiĆ©n. Nancy te lo mostrarĆ” en el programa de maƱana.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las AmƩricas a menos que se indique lo contrario.
MĆŗsica: EsperarĆ©, Andy Mercedes, Caminando En Fe ā 2012 Andy Mercedes
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