10 – Laodicea, sé celoso y arrepiéntete

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Cartas a las 7 Iglesias

10 – Laodicea, sé celoso y arrepiéntete

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es

4/10 – Luz del mundo

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: El Yo soy de los tiempos

4/10 – Luz del mundo

Juan 8:12-20

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco

http://www.iglesiabautistacastellana.org

Martín Lutero y la seguridad de la salvación

The Master’s Seminary

Martín Lutero y la seguridad de la salvación

Angel Cardoza

El tema de la seguridad de la salvación es uno que ha causado gran duda y preocupación en la iglesia. Muchos cristianos suelen buscar certeza en sí mismos y en sus acciones, mas al ver sus faltas llegan a experimentar incertidumbre y preguntarse si Dios los ha dejado, si han perdido la salvación o si realmente nunca lo fueron. Si somos honestos, el sentir esta inseguridad no nos permite experimentar un gozo pleno en Cristo.

Su pecado le causaba culpa, a tal punto que vivía en una constante depresión

Ideas erróneas 

Martin Lutero, quien fue el propulsor principal de la reforma protestante, durante mucho tiempo estuvo perturbado por dudas y preocupaciones. Su pecado le causaba culpa, a tal punto que vivía en una constante depresión. Ahora, en gran parte su tormento se debía a las enseñanzas antibíblicas que aprendió desde muy temprana edad y que fueron afianzadas a lo largo de su carrera como fraile de la iglesia católica. Una de estas falsas enseñanzas, aún predominante en la Iglesia Católica hoy, fue enseñada inicialmente por Tomás de Aquino y luego confirmada en el concilio de Trento:

“Si alguno dijere, que tiene una certeza absoluta e infalible de seguridad de tener el don de perseverancia hasta el final, a menos que haya aprendido esto por revelación especial; sea anatema”.

En los primeros escritos de Lutero se pueden ver reflejos de esta doctrina. En sus comentarios sobre el libro de Romanos (1515-1516), en 3:22, un versículo que claramente habla de la justicia de Dios a través de Jesús, Lutero comentó: “…ya que no somos capaces de saber si contamos con toda palabra de Dios o negar alguna… Tampoco somos capaces de saber si realmente somos justificados o salvos”. Este tipo de comentarios nos hace ver que Lutero no había llegado a una convicción plena del significado real del evangelio, ya que estaba opacado por la falsa interpretación bíblica de la Iglesia Católica.

“Mas el justo por la fe vivirá”

Sin embargo, un día mientras meditaba en la Escritura en su oficina en Wittenberg, al leer Romanos 1:17 –“Mas el justo por la fe vivirá”– inició un cambio en su interior. Esa noche Lutero no pudo dejar de pensar en ese pasaje. El Espíritu Santo obró en él de tal manera que no podía contenerse ante tal verdad. Lutero entendió que lo que aprendió en el catolicismo, y que por tantos años había enseñado, era contrario a la Palabra. Y es que Dios establece que la salvación es algo que viene solo por su gracia, y por ende los hombres no podemos ganarla. Esa gracia de Dios solo puede ser obtenida a través de la fe en Cristo Jesús.

Luego de revelarse contra las herejías del catolicismo, Lutero hizo un énfasis especial en enseñar que la verdad del evangelio trae certeza al creyente. Esto es apreciado en su énfasis en la doctrina de la justificación solo por fe o “Sola Fide”. De acuerdo a Lutero, la justificación solo por fe y no por obras es el punto en el cual está sostenida la iglesia de Cristo. Es por medio de esta que el creyente puede recibir el perdón de Dios por sus pecados y ser justificado delante de Él (Jn. 3:165:246:28-29Ro. 3:284:55:114:23Gá. 2:16Ef. 2:8-10…).

¿Qué nos enseña la experiencia de Lutero?

Si quieres tener seguridad de salvación, el lugar donde empezar no es en tus sentimientos sino en tu entendimiento; luego los sentimientos seguirán

A lo largo de la historia de la iglesia, algo que podemos notar de aquellos que tuvieron batallas personales similares a la de Lutero, en cuanto a la seguridad de su salvación, es que encontraron respuesta en la Palabra de Dios. Como dijo Martyn Lloyd-Jones, “Si quieres tener seguridad de salvación, el lugar donde empezar no es en tus sentimientos sino en tu entendimiento; luego los sentimientos seguirán. La manera de tener seguridad no es tratar de sentir algo, sino tener esa verdad absoluta”.

Luego de recibir tan gran convicción y seguridad en la Palabra de Dios, Lutero escribió:

“Los sentimientos vienen y van, los sentimientos son engañosos. Mi seguridad es la Palabra de Dios, nada más vale la pena creer. Aunque todo mi corazón se sienta condenado, queriendo alguna muestra dulce, existe algo más grande que mi corazón cuya Palabra no puede ser quebrantada. Confiaré en la inmutable Palabra de Dios hasta que el alma y cuerpo sean separados. Porque, aunque todas las cosas pasen, su Palabra permanecerá para siempre.”

No es fructífero para el creyente vivir en una incertidumbre constante en cuanto a su salvación. A pesar de que llegue la duda, el creyente genuino no puede dejar que permanezca en él, ya que esta puede ser una muestra de falta de su confianza en que Dios permanece fiel a su Palabra (Juan 5:24Ro. 8:1Fil. 1:6). Y es ahí donde radica el asunto: es Dios que permanece fiel a su promesa, quien honra el sacrificio de Cristo por nuestros pecados.  Qué gozo trae el saber que nuestra salvación no está fundamentada en nosotros, pero en Dios, quien es fiel por la eternidad.

Angel Cardoza sirvió como líder juvenil y maestro en la Iglesia Cristiana de la Comunidad en Republica Dominicana. En la actualidad cursa una Maestria en Divinidad (M.Div.) en The Master’s Seminary. Forma parte de la iglesia Grace Community Church, donde sirve enseñando en estudios bíblicos hogareños. Él y su esposa Yamel tienen dos hijas.

Yo y el Padre somos uno

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Yo y el Padre somos uno

Andreas J. Köstenberger

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine. 

Cuando Jesús dijo: «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10:30), ¿a qué se refería? El género de la palabra griega para «uno» en este pasaje no es masculino sino neutro, designando al Padre y a Jesús no como una sola persona sino como una sola entidad («una cosa»). La clara afirmación de la deidad de Jesús en el Evangelio de Juan es sorprendente, ya que plantea algunas preguntas importantes con respecto a Su relación con Dios el Padre. Si Dios el Padre —Yahweh, el gran «Yo Soy», el Dios de Abraham, Isaac y Jacob— es Dios, y Jesús es Dios también, ¿cuántos dioses hay?

En las mentes judías del primer siglo, esto levantó el espectro del diteísmo (la creencia en dos deidades), lo cual violaba la creencia aceptada desde tiempos antiguos de que Dios es uno, y  solo uno. Esto es lo que recitaban los judíos diariamente en su credo, el Shema (de la palabra hebrea para «escuchar»): «Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es» (Dt 6:4).

Esto hace que sea aún más notable que el Evangelio de Juan audazmente atribuya la deidad no solo al Padre, sino también a Jesús (especialmente en 1:1, 18; 20:28). Más de una vez, los oponentes de Jesús intentaron apedrearlo por blasfemia (8:59; 10:31), y la acusación principal es que Él, un simple hombre, se hizo a Sí mismo el Hijo de Dios. Por ejemplo, considera Juan 19:7:

Tenemos una ley, y de acuerdo con esa ley él debe morir porque se ha hecho a Sí mismo el Hijo de Dios.

¿Cómo, entonces, debemos explicar la afirmación de la deidad de Jesús por parte de judíos monoteístas como los apóstoles, que aparentemente no vieron una contradicción insuperable entre la creencia en un solo Dios y la adoración a Jesús? En resumen, la respuesta es esta: ellos creían que la identidad de Jesús estaba envuelta en Yahweh, el Dios de Israel, de tal manera que Él y el Padre eran uno mientras que al mismo tiempo permanecían dos personas distintas. Más tarde, esta afirmación se convirtió en el fundamento sobre el cual los padres de la iglesia construyeron la doctrina de la Trinidad: la creencia de que hay un solo Dios, en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu.

Por lo tanto, es imposible dividir a Jesús y al Padre; ambos son divinos y Su misión es la misma.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Andreas J. Köstenberger
Andreas J. Köstenberger

Andreas Köstenberger es profesor de investigación de Nuevo Testamento y Teología Bíblica y director del Centro de Estudios Bíblicos del Midwestern Baptist Theological Seminary. También es el fundador de Biblical Foundations,™ una organización dedicada a fomentar el regreso a los fundamentos bíblicos en el hogar, la iglesia y la sociedad.

Jul 8 – Amando la disciplina

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 8 – Amando la disciplina

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/amando-la-disciplina/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Si eres hija de Dios, cuando la disciplina de Dios viene a tu vida, no es punitiva. Su intención no es destruirte. Su meta al castigarte es la de restaurarte. Un castigo restaurador para hacernos más santas.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Cuando pasan cosas malas en tu vida, ¿piensas en que Dios está enojado u empecinado contra ti? Hoy vamos a determinar si ese punto de vista es el acertado mientras Nancy continúa el estudio del libro de Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Estamos tratando de entender algunos conceptos un poco fuertes, conjuntamente con Habacuc, el profeta del Antiguo Testamento, que vio a su alrededor y dijo “Dios, hay tantas cosas sucediendo entre tu pueblo que me preocupan. Lo que más me preocupa es “que no pareces estar haciendo nada al respecto”. Estoy orando y suplicándote, pero no pareces estar activo. Más bien pareces estar pasivo”.

Dios le dice “Espera un minuto, Habacuc. He estado escuchándote. De hecho, estoy trabajando en tus días. Quiero que mires. Quiero que veas. Abre tus ojos y vas a ver lo que estoy trabajando. Pero cuando te diga lo que estoy haciendo, podrías no creerlo”.

En la última sesión vimos la descripción dada por Dios de los caldeos (de los babilonios es otro nombre para los caldeos) – un grupo terrorista, fiero, violento, viciado, sin escrúpulos que Dios dijo que iba a levantar como respuesta a las oraciones de Habacuc. Dios dice que estos babilonios, estos caldeos, van a apoderarse del mundo. Van a tomar a Judá. Van a ser Mis instrumentos para santificar a Mi pueblo. Ahora bien, esa no era la respuesta por la que estaba orando Habacuc.

Después de nuestra última sesión, Kendra vino y me recordó que son muchas las personas que temen orar por miedo a como Dios vaya a responder sus oraciones. Kendra, ¿por qué no compartes con todas lo que me dijiste? Creo que es una buena observación.

Kendra: Bueno, es que mucha gente me dice “cuidado con lo que pides”. Mi respuesta es que es una mortificación innecesaria porque no tenemos que tener cuidado cuando oramos y pedimos. Dios nos ama con un amor perfecto. El amor perfecto elimina todo temor.

No tenemos que temer lo que Dios vaya a hacer en la vida de las personas a quienes amamos. Somos libres de orarle y pedirle a Dios que haga todo lo que Él necesite hacer. Él puede levantar caldeos en la vida de nuestros seres queridos, pero Él tiene un amor perfecto hacia nosotras. Él es santo. Él no hará cosas equivocadas -o con las motivaciones erradas- como nosotros pudiéramos hacerlo. De modo que si podemos confiar en Dios.

Nancy: Gracias, Kendra. Pienso que Kendra tocó un punto crítico que cada madre ha sentido alguna vez. “Si oro para que Dios haga su voluntad en la vida de mis hijos, si oro para que mis hijos se arrepientan o mi marido o cualquier otra persona a la que amo, ¿qué implicaciones tendría? ¿Qué podría hacer Dios? Algunas veces hay ese miedo que hace que nos contengamos ante Dios.

Vamos a ver en Habacuc que la persona que cree en Dios no tiene por qué tener miedo. No tienes por qué retraerte de miedo si confías en que Dios es bueno, en que Dios es maravilloso, en que Dios es soberano, que Dios es sabio y que Dios ama a tus seres queridos más de lo que podrías amarles tú. Él sabe exactamente lo que se necesita en sus vidas. Por lo que si de hecho levanta a los caldeos en sus vidas para responder tus oraciones, no tienes que asustarte por eso.

Ahora, vamos a ver que Habacuc sí tiembla. Y es que no quiere decir que vaya a ser fácil, pero lo que sí significa es que tus pies van a estar bien plantados. Puedes confiar en el Señor aunque los caldeos sean levantados.

En este punto de nuestro recuento, en Habacuc capítulo 1, Habacuc está profundamente mortificado por la respuesta de Dios. Dios le ha dicho “estoy levantando a los caldeos, pueblo feroz e impetuoso”. Esta no era, para nada, la respuesta que él estaba esperando.

Es incomprensible para Habacuc que Dios use gente tan mala como los caldeos para lidiar con el pecado dentro de Su pueblo. Por lo que la respuesta de Dios a las preguntas de Habacuc trae más problemas que soluciones.

Dijimos que Habacuc quiere decir “luchador, uno que lucha”. Él está luchando con estas preguntas y está batallando con Dios tratando de entender -dentro de la sabiduría inescrutable de Dios- qué es lo que está pasando y cómo Dios pudo hacer esto.

Por lo que en el versículo 12 de Habacuc, capítulo 1, Habacuc le responde a Dios. Dios acaba de decir “estoy levantando a los caldeos”. Habacuc le dice en el versículo 12 “¿No eres tú desde la eternidad?” Imagino que, luego de que Dios terminara con esta larga descripción de cómo eran los caldeos, hubo una pausa prolongada. Fue como que Habacuc se quedó sin aliento. Luego, dijo “¿No eres tú desde la eternidad, oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos”.

Por lo que, ¿qué hace Habacuc? Él regresa a las cosas que conoce como verdaderas cuando ve su mundo sacudirse y Dios le da una respuesta asombrosa. Dios le dice “Cuando veas esto, cuando oigas de esto que estoy haciendo, no lo vas a creer”. Habacuc reacciona con un “Estás en lo cierto. Me has dejado sin aliento”. ¿Cómo puede Dios levantar estos terroristas para que se apoderen de nuestra nación?

De repente, no está preocupado por el pecado de su pueblo que originó todo esto. Ahora, lo que le concierne es la devastación a la que van a ser sometidos. Por lo que en este torbellino, en este torbellino de emociones y pensamientos, Habacuc regresa a las cosas que conoce. ¿No eres tú desde la eternidad, oh Señor, mi Dios, Santo mío?” ¿Qué es lo que Habacuc está diciendo? “Dios, te conozco. Tú eres desde el principio. Eso es algo de lo que sí estoy seguro.

  • Tú eres inmutable (es la implicación aquí)
  • Tú no cambias.
  • Tú carácter es siempre el mismo.
  • Tú mantienes Tus promesas.

Y él luego continúa diciendo “Tú eres el Señor. Eso quiere decir el Dios soberano. Tu eres mi Santo. Eres santo en esencia”. Es como si lo estuviera repitiendo para sí “Esto es lo que sé que verdadero sobre Dios”.

Eso es algo muy bueno cuando tu cabeza te da vueltas y estás confundida con lo que están pasando a tu alrededor. Regresa a lo que sabes que es verdadero. Una cosa es el carácter de Dios. ¿Qué sabes del carácter de Dios? Ensáyalo, repítelo. Dile a Dios lo que sabes.

Luego, el pacto de Dios. Él dice “Tú eres mi Dios”. Tenemos una relación de pacto. “Tú mantienes tus pactos. Tú vas a mantener Tu pacto con Tu pueblo”. Es por eso que dice “No moriremos”.

“Dios, puedes disciplinarnos. Puedes castigarnos, pero Tú no nos vas a destruir. No va a haber un cataclismo, un juicio final contra aquellos que son, verdaderamente, Tu pueblo. No vamos a morir, de eso estoy seguro. Somos hijos del pacto, aquellos que hemos creído en Ti”.

Por lo que él revisa de nuevo el carácter de Dios, el pacto de Dios y -luego- las opciones de Dios. En el versículo 12 continúa,

Oh, Señor, para juicio lo has puesto; Tú, oh Roca, lo has establecido para corrección.

La mente de Habacuc está procesando lo que Dios le ha dicho.. Él está reconociendo lo que Dios le acaba de decir.

“Ok está bien, los caldeos son un instrumento en las manos de Dios para castigar, para disciplinar, para redargüir a Su pueblo. Los has destinado para juicio. Los has castigado”. Esto es lo que Dios está haciendo. Habacuc está repitiéndole a Dios lo que Dios le acaba de decir.

“Dios déjame ver si entendí. Estoy de acuerdo Contigo. Reconozco que lo que dices es verdad y que Tu mano está en esto. Esto no es un accidente.. No te has quedado dormido. No te has caído de Tu trono. No has abdicado el gobierno de este mundo. Lo has organizado.” Y Habacuc reconoce la soberanía de Dios.

Él reconoce la necesidad de redargüir al pueblo de Dios; de castigarlos y disciplinarlos. Él cae en cuenta de que Dios no va a permitir que Su pueblo siga pecando indefinidamente. ¿No era eso lo que le preocupaba a Habacuc en un principio?

“Dios, cómo puedes mirar todo esto y no hacer nada al respecto?” Dios le contesta “Estoy haciendo algo al respecto”. Habacuc continúa “Oh, veo que lo que estás haciendo es que vas a reprobarlos. Los vas a disciplinar. Vas a castigar a Tu propio pueblo”. No pases por alto, a medida que lees este pasaje- que Habacuc está en lo correcto; la intención de Dios es únicamente castigar a sus hijos, no demolerlos o destruirlos.

Si eres una hija de Dios, cuando la disciplina de Dios llegue a tu vida, no es punitiva. Su intención no es la de destruirte. Su meta es castigarte para poder restaurarte – el castigo tiene la intención de restaurar para hacernos más santas. Eso es lo que se dice en Hebreos capítulo 12 acerca de la disciplina, el castigo de Dios. Él nos castiga para que seamos copartícipes de Su santidad.

Por lo que Habacuc se identifica con los propósitos de Dios. “Señor, has determinado su juicio. Has decidido reprobarlos y castigarlos. No vamos a morir, pero Tú vas a disciplinarnos”.

Pero también ten en cuenta que Dios escoge el medio y el método de disciplina que Él considera el mejor. Tienes que dejarle eso a Dios. Habacuc no hubiera escogido a los caldeos para castigar a los judíos. Quizás para el resto de las naciones paganas sí, pero no para los judíos. “Señor, yo se que necesitamos un castigo, pero hubiera escogido otro instrumento.” Dios le dice “Déjamelo a mí.”

Por lo que Habacuc dice “OK, Dios, ya entendí. Se que eres Dios y se que Tu no cambias. Sé que Tú mantienes tu pacto. se que estás castigando a tu pueblo. Señor, no lo entiendo, pero lo creo. Lo veo. Has hecho todo esto para usar a los caldeos como castigo y los utilizarás como instrumento de castigo. Esto no es un accidente. Esto no está fuera de Tu control”.

Pero todavía no lo asimila. No le parece que un Dios recto y santo utilice este medio. Por lo que en el versículo 13 dice: Dios déjame entender esto “Muy limpio son tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresión”. Eso es algo que siempre he sabido de TI. Tú eres Santo”. Habacuc tiene un profundo conocimiento de la santidad de Dios.

Por cierto, esta es una de las razones por las que creo que no luchamos más profundamente con las cosas espirituales: porque no entendemos mucho la santidad de Dios. Por eso lo que pasa en este mundo no nos molesta demasiado porque estamos “curadas”; estamos vacunadas. Estamos acostumbradas. Nuestros ojos están acostumbrados a la oscuridad. Habacuc no tenía sus ojos acostumbrados a la oscuridad. Él sabía que la santidad de Dios era pura.

“Dios, Tú no te complaces en la maldad. No puedes mirar lo mal hecho”. Leemos esto en Salmos 5 en los versículos 4-5 donde el Salmista dice: ” Porque tú no eres Dios que se complace en maldad; el malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad”.

Por lo que Habacuc dice “Dios, si eres santo, pero esto me deja perplejo. No tiene ningún sentido”. Él está buscando una explicación lógica. y él continúa en el versículo 13 ¿Por qué entonces toleras a los traidores? ¿Por qué guardas silencio mientras los impíos se tragan a los justos

Él empezó diciendo “Señor, sé que mi gente no es correcta. Sé que necesitan cambiar. Sé que necesitan ser disciplinados, pero ahora dices que el instrumento de tu reprimenda van a ser los malvados caldeos. O sea, Dios, somos malos, pero ellos son malvados. ¿Cómo puedes estar ajeno y quedarte callado cuando estos malvados caldeos acaben con otros que son más justos que ellos?

Cuando Habacuc empezó a quejarse, al principio del libro, no estaba llamando “justos” a los judíos, pero ahora cambia la cosa un poco. De buenas a primeras, en comparación con los caldeos, los judíos son bastante buenos aunque hayan estado destruyendo, luchando, discutiendo y todo los peyorativos que usó en el primer párrafo del libro. Pero ahora, se ven de lo más bien en comparación con los caldeos.

Por lo que la conducta de Dios (al usar a los caldeos para disciplinar a los judíos) no parece ser consistente con lo que Habacuc sabe del carácter y de los caminos de Dios. Aquí es donde te preguntas si no está dejando que la auto-justicia lo contamine. Yo sé lo que eso hace en nuestros corazones. El profeta siente que la gente de Judá es más justa que los caldeos. Creo que está demostrando que no se está dando cuenta de que tan seriamente Dios ve el pecado en Su pueblo.

De hecho, el pueblo de Dios es más responsable porque tiene la ley de Dios. Ellos conocen a Dios. Dios se les ha revelado. Dios hasta puede que esté tomando más seriamente el pecado de Su pueblo que la maldad de las naciones paganas.

Dios toma todo pecado seriamente, pero hay algo dentro de nosotras que dice “Dios puede que tengamos algunos asuntos y necesidades, pero no tan malas como el instrumento que estás usando para corregirnos”. Por lo que aquí tienes una esposa que tiene necesidades espirituales y quiere que Dios se encargue de ellas, pero se queda pasmada cuando Dios usa a su “no-tan-santo-marido” como instrumento para su santificación. “Dios eso no me parece correcto. Eso no me parece justo”.

Pero esta calle tiene dos vías. No hace mucho recibí un correo de un esposo -tenemos algunos hombres que nos escriben a Aviva Nuestros Corazones — y él nos rogaba que oráramos por su matrimonio. Él y su esposa se habían separado, quizás hasta divorciado si no recuerdo mal .

Él estaba rogándole a Dios una reconciliación con su esposa. Quería que supiéramos que iba en serio con todo esto. Por lo que envió una carta de dos páginas en la que hacía listas, y decía “Mis pecados son…” Él fue bastante honesto acerca de sus fracasos y las fallas en su matrimonio. Luego dijo “Los pecados de mi esposa son…”

Bueno, mientras leía la lista -estoy segura de que no fue intencionalmente- pude notar que ella tenía más pecados que él. Los de ella eran tan malos como los de él, pero peor aún y las esposas hacen esto también, ¿no es así ? No estoy señalando a ese esposo. Lo que estoy diciendo es que tenemos la tendencia de decir yo tengo fallas pero mi pareja realmente tiene fallas.

En esa carta nos decía “quería ir a consejería, pero mi mujer no. Estoy dispuesto a lidiar con nuestros problemas, pero mi mujer no. Él estaba haciendo comparaciones y creo, que desde un corazón genuino, pero así es que pensamos. “Señor, tengo fallas, ¿pero cómo puedes usar a alguien peor que yo como instrumento para lidiar con mi vida?”

Pensando en este correo, pienso que Dios ha traído un caldeo a su vida: su esposa. Por supuesto, que si le preguntáramos a ella, quizás ella diría “aquí están mis pecaditos y aquí están todos los de él” por lo que eso depende del ojo con el que se mire.

Aunque estuviera un 100% en lo correcto, Dios quizás esté usando a su “mala mujer” como instrumento para quebrantarlo y llevarlo a la humildad y al arrepentimiento. A veces parece medio enredado que Dios trabaje así, ¿no es cierto?

Por lo que Habacuc le dice a Dios en el versículo 14 me está dando trabajo entender esto. “¿Por qué has hecho a los hombres como peces del mar, como reptiles que no tienen jefe? Ahí tienes una ilustración de qué tan indefensos están los insectos y los peces que nadan en el mar.

Luego, en los versículos 15 y 16 dice. “A todos los saca (aquí habla del imperio Babilónico) con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla. Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ellas su pesca es abundante, y suculenta su comida”.

Por lo que aquí tienes a la gente malvada que Dios usa como instrumento para castigar a Su pueblo y la gente malvada se sale con la suya. De hecho, hasta se están enriqueciendo en el proceso.

Somos como esos peces nadando en el océano o como esos insectos indefensos que encontramos por ahí y ahí viene el rey de los babilonios. Lanza su anzuelo y saca uno tras otro. O sea, nos están matando y se están enriqueciendo mientras lo hacen.

Es más, los babilonios están felicitándose por su prosperidad y su capacidad militar. Son auto-suficientes. No piensan en nada ni en nadie. O sea no tienen a un Dios. Y Habacuc está diciendo “Dios, no tiene sentido que uses a gente como esa”.

Versículo 17: “¿Vaciará, pues, (Babilonia) su red y seguirá matando sin piedad a las naciones?”

¿Alguna vez te has encontrado llorando en el medio de problemas en tu matrimonio o en asuntos relacionados con tus hijos o en el trabajo y preguntas : “Señor, ¿y es que esto no se va a acabar? Me va mejor si me separo. Les va mejor si lo hago. Vamos en la dirección equivocada. ¿Cuánto más durará esto?”

Al Habacuc protestar por lo que le parecía un injusto e incomprensible acto de parte de Dios, Habacuc corre el riesgo de olvidar qué tan pecaminoso es el pueblo de Dios y qué tan merecedores son de ser disciplinados porque “no son tan malos comparados con los caldeos”.

El problema es que Habacuc está viendo las cosas, solamente, desde su perspectiva. Si pudiera verlo desde la perspectiva de Dios, vería lo que dijimos hace unos momentos atrás “que el pueblo de Dios es más responsable. A los ojos de Dios su condición es tan seria como la de los caldeos”.

¿Verdad que es fácil para nosotras excusar nuestro propio comportamiento? Podrías decir ” Pero Señor, mi marido fue que cometió adulterio. Yo solo soy orgullosa”. Las Escrituras dicen que Dios se opone y resiste a los orgullosos. Dios odia el orgullo. Está en la lista como uno de los peores pecados. El adulterio no está en la lista que está en Proverbios capítulo 6, pero el orgullo sí.

Por lo que tenemos la tendencia de compararnos con aquellos que son peores como un escape a nuestra propia responsabilidad y protestamos diciendo “Dios, no me parece bien que uses a esa gente tan malvada cuando yo solo… solo soy orgullosa. Dios quiere que veamos que ese orgullo o el pecado que sea en tu vida hay que enfrentarlo. Dios sabe con cuál instrumento lo va a hacer.

Es en este punto que algunas personas se amargan contra Dios. Lo eliminan de sus vidas y dicen “me harté”. Si así es como Dios va a ser conmigo, si así es como va a comportarse, si ese es el instrumento que va a usar, no pienso tratar con Él”.

Eso o actúan como que si estuvieran lidiando con Dios, pero mecánicamente. “Sí, voy a seguir yendo a la iglesia. Voy a seguir trabajando duro. Voy a seguir haciendo mis deberes cristianos, pero no voy a comprometerme con un Dios que se comporta de esta manera”. Ese es el camino que mucha gente escoge. Se echan para atrás en lugar de insistir y seguir adelante en la fe.

Habacuc se ve en esta encrucijada. Él puede escoger sentir miedo y rabia o puede escoger fe, esperanza y rendición . Habacuc ve que esta situación tan incomprensible es en realidad una oportunidad de llegar a conocer mejor a Dios. Por lo que dice por fe “Voy a seguir adelante. No entiendo nada, pero voy a mantenerme comprometido con Dios”.

Y por eso tenemos el capítulo 3 de Habacuc. Siéntete en libertad de leerlo hasta el final para que veas el gozo tan espectacular que sale del corazón de Habacuc. ¿Sabes por qué? Porque estuvo dispuesto a caminar durante el proceso, a quedarse aferrado a Dios, no a amargarse, sino a decir “voy a seguir caminando por fe aunque no pueda ver”.

Señor te oro para que nos ayudes a continuar conociéndote, viéndote y explorando Tus caminos, buscando Tu corazón y dejando que hagas lo que consideres necesario en nuestras vidas; en las vidas de aquellos que amamos, lo que sea que eso signifique, parezca y tome. Toma el control y se Tu con nosotros, oh, Dios. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a darle sentido a esos pasajes difíciles que encontramos en Habacuc. Tal y como lo acaba de decir, ya veremos el gozo que brota del corazón de Habacuc. Si necesitas esa clase de gozo, quédate con nosotras.

También escudriña Habacuc por tu propia cuenta… De esta forma, puedes profundizar y encontrar lo que dice acerca de tu situación.

Si te has perdido algunos de los programas visita nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com.

En los días de Habacuc, los soldados se quedaban de guardia (en las torres de control) con los ojos bien abiertos por si se acercaba el enemigo. Entérate de por qué el profeta subió a una de esas torres y el por qué debes hacerlo tú también. Nancy te lo mostrará en el programa de mañana.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Esperaré, Andy Mercedes, Caminando En Fe ℗ 2012 Andy Mercedes

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Dos huertos (1)

Jueves 15 Octubre

Así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesús), los muchos serán constituidos justos.

Romanos 5:19

Dos huertos (1)

Era un maravilloso jardín. Su nombre era Edén, que significa delicia, abundancia, gozo. Un río lo regaba y magníficos árboles daban frutas deliciosas. En medio del huerto se hallaban el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Dios había colocado ahí al primer hombre, Adán, y lo había rodeado de todo lo que necesitaba para ser feliz.

Dios había confiado a este primer hombre, como criatura sumisa a su Creador, la responsabilidad de cultivar y guardar el huerto (Génesis 2:15). Había dicho a Adán: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17).

Dios concedió a Adán una esposa idónea, Eva. En el entorno feliz del primer huerto ¿qué hicieron nuestros primeros padres? No tuvieron en cuenta las bendiciones que habían recibido de Dios, ni la prohibición que les fue hecha, ni siquiera el juicio que los amenazaba si desobedecían. ¡Más bien Eva escuchó la voz de Satanás, tomó del fruto prohibido, lo comió y dio también a su marido! Se dejaron seducir por la idea de ser como Dios. Desobedecieron, y esto rompió su relación con Dios (cap. 3:1-19).

Si las cosas se hubiesen detenido ahí, el diablo habría obtenido una victoria sobre Dios, llevando con él a la perdición la criatura cuya felicidad Dios deseaba. ¡Pero esto era imposible! Entonces Jesús vino para hacer posible el plan de Dios y salvar a los hombres perdidos, mediante la victoria que obtuvo sobre Satanás al morir en la cruz.

(mañana continuará)

Deuteronomio 9 – Juan 6:22-40 – Salmo 118:1-4 – Proverbios 25:12-13

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