Aviva Nuestros Corazones
Serie: Habacuc: del temor a la fe
Jul 3 ā ĀæPor quĆ©?
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Carmen Espaillat: AquĆ estĆ” Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de SaladĆn.
Nancy Leigh DeMoss: Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestros propios corazones. Hay una diferencia entre esas preguntas sinceras, honestas que le hacemos a Dios y cuando le hacemos acusaciones o somos demandantes con Dios para que nos dé respuestas, queriendo que sean respuestas según nuestros deseos y en el tiempo que queremos. Hay una gran diferencia.
Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss ĀæLe has preguntado a Dios por quĆ©? Si es asĆ, tĆŗ estĆ”s en la compaƱĆa de un grupo de personajes bĆblicos que cuestionaron a Dios: MoisĆ©s, David, y el profeta del cual oiremos el dĆa de hoy. AquĆ estĆ” Nancy en la serie titulada: Habacuc: Del temor a la fe.
Nancy: Algunas de ustedes me han escuchado compartir esto antes, porque nunca lo voy a olvidar. Tuvo un gran impacto en mi vida hace muchos aƱos atrĆ”s mientras estaba en el servicio fĆŗnebre de mi hermano de 22 aƱos de edad quien habĆa muerto en un accidente automovilĆstico. Un hermano que habĆa estado preparĆ”ndose para el ministerio, un hermano que habĆa llegado amar al SeƱor y que tenĆa un corazón genuinamente apasionado por Cristo y por las personas, y en un instante habĆa perdido su vida. En la inescrutable elección, voluntad y providencia de Dios, David habĆa partido.
Yo recuerdo estar sentada en el servicio fúnebre y escuchar a uno de los predicadores decir: Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestro propio corazón. No con un puño amenazador sino para examinar la conciencia. Tú puedes decir las mismas palabras y solo Dios sabe algunas veces si tu corazón se estÔ examinando o estÔ amenazando.
Ayer hablamos acerca de Joni Eareckson y de cómo ella fue vĆctima de aquel accidente de clavado que la dejó paralĆtica del cuello hacia abajo, y como en los primeros dĆas despuĆ©s de su accidente ella tenĆa muchas preguntas. Ella se sentĆa enojada con Dios. ĀæPor quĆ© pasó esto? ĀæPor quĆ© me pasó esto a mĆ?
Y después de estas preguntas Joni continúa reflexionando y dice,1
La mayorĆa de las preguntas que hice en los primeros dĆas de mi parĆ”lisis fueron preguntas hechas con un puƱo amenazante, para descargar mis emociones, para desahogar mi ira. Yo no sĆ© quĆ© tan sinceras eran mis preguntas. Yo estaba simplemente enojada. Pero despuĆ©s de muchos meses, esas preguntas hechas con un puƱo amenazante hacia Dios se convirtieron en un examen de conciencia. sincera y honestamente, querĆa encontrar respuestas.
Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestro propio corazón. Hay una diferencia entre esas preguntas solemnes, honestas que le hacemos a Dios y cuando le hacemos acusaciones o somos demandantes con Dios para que nos dé respuestas, queriendo que sean respuestas según nuestros deseos, en el tiempo que queremos. Hay una gran diferencia.
Ahora a medida que he estado estudiando el libro de Habacuc, me he preguntado muchas veces si Habacuc estaba haciendo estas preguntas con un puƱo amenazante o con un examen de conciencia. En el primer pĆ”rrafo del capĆtulo 1, Ć©l hace dos preguntas que con mucha frecuentemente son hechas por todos los seres humanos: Ā«Oh Dios, Āæhasta cuĆ”ndo seguirĆ” esto? ĀæHasta cuĆ”ndo y TĆŗ no haces nada con mis oraciones? Y Dios, Āæpor quĆ©?Ā» (verso 2 parafraseado).
ĀæHasta cuĆ”ndo? y Āæpor quĆ©? -Las dos preguntas de la condición humana. Las dos cosas que queremos saber de Dios. Ćl hace estas preguntas, y Ć©l prosigue a formular preguntas severas en el transcurso del primer capĆtulo.
He tratado de entender el corazón de Habacuc y he tratado de discernir si Ć©l estaba haciendo preguntas solemnes y honestas o estaba acusando a Dios. Ā«TĆŗ no oyes. TĆŗ no salvas. TĆŗ no estĆ”s haciendo nadaĀ». Mientras leĆa unos comentaristas, algunos estĆ”n muy seguros que Ć©l preguntaba con un puƱo amenazador pero otros comentaristas estĆ”n igualmente seguros de que Ć©l estaba cuestionando con un corazón humilde.
Yo he concluido que sĆ© la respuesta. y la respuesta es que: Nosotros no sabemos. Nosotros no sabemos quĆ© habĆa en el corazón de Habacuc. Yo no puedo saber quĆ© hay en tu corazón, y tĆŗ no puedes saber quĆ© hay en mi corazón cuando hacemos esas preguntas.
Dios es el único que escudriña nuestros corazones y Dios es el único que sabe.
- ¿Estamos cuestionando a Dios con un puño amenazante?
- ĀæEstamos enojadas con Dios?
- ĀæLo estamos acusando?
- ĀæEstamos demandando que Ćl haga las cosas a nuestra manera?
- ĀæO estamos cuestionando con humildad, concienzuda y honestamente a Dios.
Nosotros sabemos que Habacuc, independientemente de lo que habĆa en su corazón en estas primeras preguntas y en el transcurso del libro, llega a un momento de fe. TĆŗ vas a oĆr esta palabra una y otra vez durante en esta serie. Fe. Hay un punto decisivo en este libro donde su duda se convierte en fe. Su temor se convierte en fe. Su queja y su preocupación se convierte en adoración. En adoración basada en la fe.
No precisamente porque sus preguntas fueron contestadas, sino porque él llega al punto de descansar en Dios para sus preguntas y decir: «yo no tengo que saber las respuestas, pero si necesito conocer a Dios. Yo quiero conocer a Dios». El luchador (que Habacuc significa «uno que lucha») se convierte en uno que abraza, uno que se aferra fuertemente a Dios diciendo, «Yo confio en ti aunque Tú no me des respuestas».
Como empezamos a ver en la Ćŗltima sesión sobre las circunstancias y la situación de Habacuc, vimos que Ć©l estaba muy preocupado por la corrupción, la injusticia, la violencia que habĆa entre el pueblo de Dios.
Esto no estĆ” simplemente ocurriendo en el mundo. Esto estĆ” sucediendo en medio del pueblo de Dios. Ćl no estaba tan preocupado por las naciones paganas. De hecho, en la primera parte de este libro, Habacuc no tiene ningĆŗn interĆ©s por lo que estĆ” pasando en las naciones para nada. Ćl estĆ” preocupado por lo que estĆ” sucediendo con el pueblo de Dios.
Ćl estĆ” perplejo por la supuesta indiferencia de Dios y por la falta de respuesta a sus oraciones. Ćl dice, Ā«Yo he estado orando por avivamiento, he estado orando para que tĆŗ hagas algo, orando para que tĆŗ traigas convicción, orando para que tĆŗ cambies los corazones de las personas, pero nada estĆ” ocurriendoĀ».
Te da la impresión aquĆ de que Ć©l ha estado orando por mucho tiempo. No era como que Ć©l habĆa acabado de orar esa maƱana y no habĆa obtenido respuesta en la tarde y se haya enojado con Dios. No, esto ha estado sucediendo por mucho tiempo.
AsĆ que Ć©l dice en el versĆculo 3 del capĆtulo 1, «¿Por quĆ© me haces presenciar calamidades? ĀæPor quĆ© debo contemplar el sufrimiento?Ā» (NVI). En la Ćŗltima sesión, vimos la pregunta del Ā«hasta cuĆ”ndoĀ». Hoy veremos en este tercer versĆculo la pregunta del Ā«por qué». Es una pregunta recurrente. ĀæPor quĆ©? El pregunta tres veces en este capĆtulo. ĀæPor quĆ©? «¿Por quĆ© me haces presenciar calamidades? ĀæPor quĆ© debo contemplar el sufrimiento?Ā» (NVI)
Mientras pensaba en esa frase, «¿por quĆ© debo contemplar el sufrimiento?Ā», recordĆ© una experiencia de aƱos atrĆ”s. estaba viajando, y tenĆa que trasbordar en el Aeropuerto Internacional de Baltimore-Washington. Y fui y me sentĆ© en uno de esos pequeƱos restaurantes del aeropuerto.
En esos dĆas yo tenĆa un maletĆn, uno de esos maletines duros y yo lo deje en el piso justo a mi lado mientras ordenaba algo para comer. En un instante durante mi comida, un hombre que estaba sentado cerca de la mesa, vestido con un traje -si mal no recuerdo- se puso de pie de su mesa, caminó hacia mĆ donde yo estaba sentada, tomo mi maletĆn y se fue.
Claramente no era su maletĆn era mi maletĆn. Estaba justo a mi lado. Bueno, inmediatamente tomĆ© dominio de la situación, y vi que allĆ cerca habĆa un oficial de la policĆa, y le dije: Ā«Ese hombre se llevó mi maletĆnĀ». El oficial de policĆa no hizo nada.
Ciertamente, me siento agradecida de que la mayorĆa de los oficiales de policĆa hacen algo cuando estĆ”n uniformados y estĆ”n en la escena del crimen. No quiero decir que esto es una caracterĆstica de los oficiales de policĆa, pero en ese momento -si mal no recuerdo la situación- simplemente recuerdo haber estado sorprendida de que este oficial de policĆa, teniendo una posición de autoridad, y escuchĆ”ndome decir, que este hombre se habĆa llevado mi maletĆn, solo se quedarĆ” ahĆ parado sin hacer nada. Y hoy puedes notar, veintitantos aƱos mĆ”s tarde, que todavĆa continĆŗo irritada por esto.
Cuando pienso en Habacuc diciĆ©ndole a Dios, Ā«TĆŗ contemplas el sufrimiento. TĆŗ ves lo que estĆ” pasando. TĆŗ sabes acerca de la situación, y si no sabĆas acerca de ella, yo te lo acabo de decir, y aĆŗn asĆ Dios no estĆ”s haciendo nadaĀ».
Bueno, tal vez te preguntes quĆ© hice acerca de ese maletĆn. Hice algo que -en retrospectiva- no puedo creer que lo haya hecho. Fue muy insensato de mi parte pero yo camine tras este hombre yo misma. Ćl iba cambiando por un pasillo donde habĆa mucha gente.
CaminĆ© hacia Ć©l y le dije, Ā«DiscĆŗlpeme, creo que eso que usted tiene es mĆoĀ». Ćl simplemente me lo devolvió, me dio la espalda y se fue caminando. Cuando pienso lo que pudo haber sucedido, me doy cuenta de que no fue lo mejor que pude haber hecho, pero si el oficial de policĆa no estaba haciendo nada, yo sĆ tenĆa que hacer algo al respecto.
Bueno, hay muchas situaciones mucho mĆ”s serias en la vida donde se estĆ”n cometiendo crĆmenes, donde hay peligro, y hay gente que solo se para a mirar y no hace nada. Recuerdo a una mujer que recientemente escribió a Aviva Nuestros Corazones y compartió que desde niƱa su padre la habĆa violado cada noche por aƱos, mientras desde la perspectiva de esta niƱa pequeƱa, su madre se hizo de la vista gorda y no hizo nada.
Nos da un gran sentido de injusticia. ¿Por qué contemplas el sufrimiento? Dios tú lo estÔs viendo. ¿Por qué no estÔs haciendo algo al respecto?
John Stott dice,
La punzada real del sufrimiento no es la calamidad en sà misma, ni siquiera el dolor o la injusticia de esta, es mÔs bien el abandono aparente de Dios en medio de ella. El dolor es soportable, pero la aparente indiferencia de Dios no lo es.
Por cierto, Āæno es esta una ilustración de lo que tal vez JesĆŗs sintió en la cruz cuando dijo, Ā«Dios mĆo, Dios mĆo, Āæpor quĆ© me has desamparado?Ā» (Mateo 27:47 RV-1960). En un sentir es, Ā«Yo pudiera aguantar esto si tan solo supiera que TĆŗ estĆ”s aquĆ haciendo algo al respectoĀ».
AsĆ que Habacuc le dice a Dios, Ā«TĆŗ me haces ver el mal y TĆŗ ves la maldad, pero no haces nadaĀ». Ćl estĆ” preocupado por la aparente pasividad de Dios, Su indiferencia, Su inactividadĀ». «”No te quedes solo ahĆ, haz algo por favor! ĀæPor quĆ© contemplas el sufrimiento y no haces nada?Ā»
Después él dice, «Veo ante mis ojos destrucción y violencia» (verso 3 NVI). VerÔs la palabra violencia aparece seis veces en el libro de Habacuc. Es un tema. Es algo por lo cual él estÔ preocupado.
Esto estĆ” pasando entre el pueblo de Dios. Destrucción, violencia, riƱas y contiendas. VersĆculo 4:
Ā«Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impĆo asedia al justo; por eso sale pervertida la justiciaĀ».
Ahora, es importante que mientras tĆŗ lees estos versĆculos te des cuenta que Habacuc estĆ” turbado por la maldad y la injusticia que estĆ” sucediendo entre el pueblo de Dios y por la aparente apatĆa y negligencia de Dios sobre la situación, aĆŗn a pesar de las constantes oraciones fervientes de Habacuc. Esto no le parece correcto.
Destrucción, violencia, riƱa, contienda. Los impĆos sobrepasan en nĆŗmero a los piadosos en la iglesia, entre los que se llaman creyentes en la iglesia. Los impĆos sobrepasan en nĆŗmero a los piadosos en la iglesia. La ley y el orden dejaron de funcionar. Las personas que deberĆan ejercer autoridad espiritual estĆ”n cerrando sus ojos para no ver. EstĆ”n escondiĆ©ndolo debajo del tapete. Ellos no estĆ”n haciendo nada al respecto.
No te engaƱes a ti misma al pensar que las cosas que le preocupaban a Habacuc en su tiempo no estĆ”n sucediendo en las cuatro paredes de nuestros propios hogares cristianos y en nuestras iglesias de hoy en dĆa. La violencia y la injusticia prevalecen. Te preguntarĆ”s cómo. Divorcio. Si eso no es violencia, si eso no es riƱa y contienda, no sĆ© entonces quĆ© es.
No me sorprende o me asombra que los no creyentes se divorcien. ĀæCómo podrĆan mantener un matrimonio unido? Tienes a dos personas egoĆstas que no conocen a Dios, pero el pueblo de Dios, que alega tener el amor de Cristo, que ha sido perdonado, Āæno puede mantener sus matrimonios unidos por medio del perdón?
RiƱa y contienda. Disputas familiares. Divisiones en la iglesia. Conflictos no resueltos. Relaciones rotas en el cuerpo de Cristo.
En las últimas semanas he estado escuchado muchas historias. Estoy prÔcticamente sola sentada en mi estudio la mayor parte del tiempo. No salgo ni ando por ahà la mayor parte del tiempo. Pero aun en mis breves encuentros y conversaciones con la gente, escucho historias de personas que se llaman cristianos haciendo cosas no muy cristianas. Algunas de estas personas participan activamente en el ministerio. Hay amargura, conflictos no resueltos durante mucho tiempo entre creyentes.
La semana pasada escuchĆ© acerca de dos profesores de una universidad cristiana que estĆ”n involucrados en un romance. Ahora bien, los de la universidad todavĆa no lo saben, y me pregunto, Āæpor quĆ© no saben acerca de esto? Digo, uno escucha estas cosas. Uno piensa, estas personas estĆ”n enseƱando a nuestros hijos en una universidad cristiana, mientras ellos estĆ”n teniendo una relación adĆŗltera.
PornografĆa. Adulterio. Bromas vulgares. Profanación. Baile vulgar. Lenguaje sugestivo. Todo esto he escuchado en tan solo las Ćŗltimas semanas y estĆ” sucediendo dentro el pueblo de Dios. Y la gente lo estĆ” justificando, defendiendo, riĆ©ndose de esto a veces, siendo entretenido por esto. Personas en posición de liderazgo. Y uno clama con Habacuc, «”¿O Dios, hasta cuando?! ĀæPor quĆ© dejas que esto siga? ĀæPor quĆ© te sientas y miras esto y no haces nada al respecto?Ā»
Hace poco un amigo me dijo acerca de un jefe que Ć©l tiene que dice ser cristiano. Ćl es un miembro activo de su iglesia y tambiĆ©n es dueƱo de un comercio, y abiertamente estĆ” admitiendo trĆ”mites ilegales en su contratación de empleados y en su Ć©tica laboral. Y despuĆ©s Ć©l va a la iglesia y estĆ” involucrado en grupos pequeƱos y en liderazgo, pero en su trabajo es un hombre completamente diferente, evade la ley, hace cosas que no son triviales y que son totalmente ilegales.
Este joven que trabaja para él estÔ viendo todo esto y estÔ hablando con el hombre, y el hombre reconoce que estÔ mal, pero sigue haciéndolo. ¿Por qué Dios no hace algo al respecto? Uno ve personas en liderazgo que no estÔn haciendo nada al respecto y que algunas veces de hecho estÔn participando en ello. Y uno dice, «Dios, ¿Cómo puedes contemplar esto y no hacer nada?»
ĀæQuizĆ”s piensas que sueno preocupada y alterada en este momento? Ese es el espĆritu que percibes de Habacuc a medida que Ć©l medita en estas cosas, a medida que Ć©l ve que estas cosas ocurren. TĆŗ sientes su preocupación intensa acerca de la condición espiritual y moral de Su pueblo. Esto perturba a Habacuc.
Mientras meditamos en este pasaje, quisiera preguntarte, «¿Te perturba esto a ti?»
- ĀæTe duele ver el pecado, el pecado no arrepentido, el pecado continuo, el pecado habitual, los patrones de pecado en la conducta del pueblo de Dios?
- ĀæTe duele?
- ¿Te rompe el corazón?
- ĀæTe asombra?
- ĀæTe sientes irritada por esto?
- ĀæTe lamentas del pecado y la violencia entre el pueblo de Dios?
Y pienso, desafortunadamente, que la mayorĆa de nosotras nos hemos adaptado a esta actitud complaciente: y decimos bueno asĆ son las cosas. Los niƱos no dejarĆ”n de ser niƱos: esa fue la respuesta que una autoridad le dio a una amiga mĆa cuando ella le comentó su preocupación de algo que los jóvenes estaban haciendo en una escuela cristiana en particular. Ā«Los niƱos no dejarĆ”n de ser niƱos. AsĆ son las cosas. Somos solo humanos. TĆŗ eres una perfeccionista. TĆŗ eres una legalistaĀ».
Si tĆŗ expresas preocupación por algunas de estas cosas hoy en dĆa, este es el tipo de respuesta que vas a recibir. Una amiga me dijo, Ā«cuando menciono estas cosas, la gente me mira como si estuviera locaĀ». «¿Estoy loca porque me preocupan estas cosas? ĀæSoy la Ćŗnica que estĆ” perturbada por esto?Ā» Bueno, es muy triste que nos tengamos que hacer esta pregunta, Āæverdad? ĀæTe sientes contristada? ĀæTe cargan las cosas que contristan el corazón de Dios?
Siglos atrÔs Juan Calvino escribió un comentario sobre el libro de Habacuc, él dijo,
Este pasaje nos enseña que todo aquel que realmente sirve y ama a Dios tiene que arder con una indignación santa en cualquier momento que vean la maldad reinando sin control entre los hombres, y especialmente en la iglesia de Dios. No hay nada que nos debe causar mÔs dolor que ver a hombres violentos, con un desprecio profano hacia Dios y sin ninguna consideración hacia Su ley y por Su verdad divina.
AsĆ que Habacuc hizo esto un asunto sobre el cual interceder; una petición de oración. Ćl llevó su preocupación a Dios porque Ć©l se dio cuenta que no habĆa otro lugar donde llevarla. No hay nadie mĆ”s que pueda hacer algo al respecto.
Amigas, una cosa es estar molesta, hablar una con la otra acerca de lo terrible que estĆ”n las cosas, conmiserarse junto a otras, escribir cartas, quejarse, gritarle a la televisión cuando veas algo que te molesta. Pero, la pregunta es: Āæhas orado al respecto? ĀæHas orado por lo que estĆ”s viendo en tu familia, lo que estĆ”s viendo en tu iglesia, en nuestra cultura… has orado al respecto? Eso es lo que Habacuc hace.
Y porque la maldad sigue y sigue a pesar de sus oraciones, Habacuc equivocadamente concluye que Dios no estĆ” haciendo nada, que Dios es indiferente. Recuerda, Dios parece ser indiferente, solo desde el punto de vista de Habacuc. Pero Dios no es indiferente. Dios nunca estĆ” inactivo, Dios nunca estĆ” ocioso. Dios siempre estĆ” haciendo algo, y lo veremos a medida que avanzamos en este pasaje.
A medida que pensamos en esta maldad que continúa, déjame leerte unos cuantos escritos de creyentes antiguos que me han sido de gran ayuda al pensar en este pasaje.
Primero, he estado leyendo recientemente de uno de mis autores tradicionales favoritos, Fenelon. En su libro «Perfección cristiana» ( Christian Perfection ) él dice,2
Una cosa que me confunde es entender cómo Tú permites que tanta maldad se mezcle con lo bueno.
Ćl estĆ” hablando con Dios. Y Ć©l le dice,
TĆŗ no puedes hacer el mal. Todo lo que haces es bueno. ĀæEntonces por quĆ© la faz de la tierra estĆ” cubierta con crĆmenes y miseria? Es como si el mal prevaleciera en todas partes por encima del bien. TĆŗ hiciste el mundo solamente para Tu gloria, y estamos tentados a creer que se estĆ” volviendo en Tu deshonra. El nĆŗmero de los malvados infinitamente sobrepasa el nĆŗmero de los buenos, aun en la iglesia.
Esto fue escrito siglos atrĆ”s. Ćl sigue diciendo,
Toda carne ha pervertido su camino… todos sufren. Todo estĆ” en un estado de violencia⦠¿Por quĆ© esperas tanto, SeƱor, para separar el bien del mal? ApresĆŗrate. Glorifica Tu nombre. Haz saber a esos que lo blasfeman lo grande que es. Te lo debes a Ti mismo, el restablecer el orden de las cosas.
DespuĆ©s Ć©l dice, Ā«Pero oh mi Dios, cuĆ”n profundos son tus juiciosĀ». AquĆ es cuando tu preocupación se vuelve adoración. AquĆ es cuando el temor se convierte en fe. Ćl dice,
Tus caminos son mÔs altos que nuestros caminos, asà como los cielos estÔn de la tierra. Nosotros estamos impacientes porque nuestra vida entera es solo un momento. En contraste, Tu gran paciencia estÔ fundamentada en Tu eternidad, para la cual mil años son como un ayer que acaba de pasar.
Después estÔ este recordatorio de Oswald Chambers, otro de mis autores favoritos, como lo escribe en » En pos de lo Supremo «3, él dice:
Hay momentos cuando tu Padre aparentararĆ” ser⦠insensible e indiferente, pero recuerda que Ćl no lo es⦠Si hay una sombra en el rostro del Padre por ahora, puedes estar segura de que, al final, Ćl mal mostrarĆ” Su revelación y Ćl serĆ” justificado en todo lo que ha permitido⦠Mantente firme en tu fe, creyendo que lo que dijo JesĆŗs es cierto, aun si por el momento tĆŗ no entiendes lo que Dios estĆ© haciendo. Ćl tiene asuntos mĆ”s importantes en mente que las cosas que tu estĆ”s pidiendo. Dios tiene un propósito mayor. Dios tiene un plan mĆ”s grande.
Ahora bien, cuando volvamos en la próxima sesión, vamos a ver que Dios no estĆ” en silencio. Ćl oye las oraciones de Habacuc. Ćl responde a la oración de Habacuc. Ćl no es pasivo. Ćl no es indiferente.
Carmen: Nancy Leigh DeMoss volverÔ para orar con nosotras. Ella solo nos dio un adelanto de lo que escucharemos en la próxima sesión de la serie actual llamada Habacuc: Del temor a la fe. Hemos estado viendo unas preguntas serias que Habacuc hizo y a medida que la serie progrese, encontraremos por qué Habacuc pudo cambiar su enfoque para empezar a adorar a Dios.
Cuando Dios responde las oraciones, el resultado puede ser muy diferente a lo que esperabas. Esto es lo que descubrió Habacuc, y es lo que veremos en la próxima sesión. Por favor sintonĆzanos de vuelta maƱana. Ahora oremos con Nancy.
Nancy: Padre, solamente quiero agradecerte porque podemos confiar en Ti. Si algo he aprendido en estos 50 años de caminar contigo, es que Tú eres fiel, sabio, amoroso, y bueno, independientemente de que tan nublada Tu providencia parezca ser a veces o cuÔn inescrutables tus caminos. Todas las cosas son conocidas por Ti. Todas las cosas son claras para Ti.
Es solo nuestra finitud, nuestra carne, nuestra debilidad que las hace misteriosas para nosotras. Pero gracias, SeƱor, que un dĆa la fe serĆ” por vista. Todo serĆ” claro y todo el mundo adorarĆ” tus caminos y afirmara que TĆŗ has hecho todas las cosas bien. AsĆ que hasta ese dĆa, SeƱor, ayĆŗdanos a no vacilar en la fe y aferrarnos a Ti, aunque aĆŗn estĆ©s velado para nosotros. Te adoramos, Te esperamos y nos entregamos a Ti completamente. En el nombre de JesĆŗs, amĆ©n.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las AmƩricas a menos que se cite otra fuente.
1http://www.powertochange.com/changed/jeareckson.html 2 Fenelon. Christian Perfection. (San Francisco: Harper & Brothers, 1947). p. 125-6. 3 Oswald Chambers. My Utmost for His Highest. 9/12.
MĆŗsica:Ā Oh Que Amigo Nos Es Cristo (What a Friend We Have in Jesus), Integrity Worship Singers, Himnos de Inspiración ā 2001 Integrity Media, Inc.
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