Jul 22 – Temor y temblor

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 22 – Temor y temblor

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Carmen Espaillat: La Biblia nos dice que Dios siempre está trabajando. En el día de hoy Nancy Leigh DeMoss nos explica cómo.

Nancy Leigh DeMoss: La Biblia no nos dice que Dios siempre está trabajando para cumplir los deseos de Su pueblo, sino que Dios siempre está trabajando para la salvación de Su pueblo. Y esta salvación no es solamente una salvación de tiempo pasado. No se limita solo a la justificación. Dios siempre está trabajando para nuestra santificación y para nuestra futura glorificación.

Carmen: Está escuchando Aviva Nuestros Corazones en la voz de Patricia de Saladín.

Hay algunas canciones populares dentro de las iglesias de hoy día que claman a Dios para que envíe Su Gloria o muestre Su Gloria. La próxima vez que te encuentres cantando una de ellas piensa en esto: La Biblia está llena de historias donde las personas caen aterradas cuando ven a Dios. Es necesario tener la perspectiva correcta de la presencia de Dios; puede causar tanto terror como consuelo. Continuamos hoy con la serie titulada Habacuc: del temor a la fe .

Nancy: Si todo lo que has escuchado a través del programa Aviva Nuestros Corazones han sido los programas de esta serie de Habacuc, debes estar pensando: “Esta mujer es realmente negativa. Se concentra solo en cosas negativas”. Bien, lo que tratamos de hacer en Aviva Nuestros Corazones es enseñar todo el consejo de Dios para exaltar Su carácter tal cual es revelado en las Escrituras.

Y les confieso que me encanta la historia, las enseñanzas y todo el contenido del Antiguo Testamento. Hoy en día no se escucha mucha enseñanza sobre el Antiguo Testamento y considero que es una lástima que esto suceda. Es lamentable porque las riquezas y los tesoros del Nuevo Testamento no lucirían tan hermosos si no son vistos en el contexto del Antiguo Testamento. Esto no significa que Dios ha cambiado. Es el mismo Dios. ¡Pero gracias a Dios, este Dios de ira y de juicio ha hecho provisión para que los pecadores puedan ser salvados!

Una persona me estuvo diciendo durante el receso justo antes de esta sesión que había escuchado a un predicador decir esta semana: “Son las malas noticias que hacen que las buenas noticias sean tan buenas”. Y esa es la verdad. Nosotras tenemos el Evangelio, Las Buenas Nuevas. Pero son las malas noticias de nuestro pecado, de nuestra depravación, y el convencimiento de que somos merecedoras del juicio de Dios, que hacen que Evangelio de la misericordia y gracia de Dios sean tan buenas noticias.

Y hoy nos encontramos en Habacuc capítulo 3. Habacuc está orando al Señor, y en este texto exalta el carácter de Dios. Él reconoce la obra redentora de Dios en favor de Su pueblo durante el pasado. A medida que ve lo que Dios ha hecho en el pasado -en el Monte Sinaí, cuando sacó a Su pueblo de Egipto, llevándolos a cruzar el Mar Rojo y luego llevándoles a través del desierto acompañados de Su Gloria Shekinah- durante todos esos años de deambular por el desierto.

Habacuc ve el poder, el poderío y la majestad de Dios, y él está asombrado de lo que Dios ha hecho -del poder de Dios. Al ver la obra que Dios ha realizado en el pasado, su fe se fortalece y lo lleva a creer que Dios puede hacer lo que sea necesario en sus días. Entonces, el libro de Habacuc, nos permite dar un vistazo de las cosas por venir. Y en el capítulo 2, versículo 14 podemos leer: “Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar”.

Vemos como Dios se manifiestó en el Mar Rojo, tragándose por completo al ejército egipcio, y permitiendo que Su pueblo atravesara por tierra seca. Y entonces podemos decir: “Sí, eso me da la fe para creer que un día por venir acontecerá que el conocimiento de la Gloria del Señor llenará la tierra así como las aguas cubren el mar”. De manera que en esta oración de Habacuc en el capítulo 3 vemos una realidad pasada, una realidad presente y una realidad futura.

Hoy nos dirigimos al versículo 13 de Habacuc capítulo 3, que se ha convertido en uno de mis versículos favoritos de este libro a medida que lo he estado estudiando durante estos meses recientes. Habacuc 3, versículo 13: “Saliste -dice Habacuc a Dios en su oración- para salvar a Tu pueblo, para salvar a Tu ungido”.

Y permítanme detenerme aquí solo por un momento. Llegaremos al resto del versículo en unos momentos. Pero quiero que recordemos el capítulo 1, donde Habacuc le dice a Dios: “¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡violencia! ¿Y no salvarás? (v. 2) A él no le parecía que realmente Dios era un Dios salvador ya que no parecía estar librándolos de sus circunstancias. No parecía que Dios estaba obrando ni trabajando con un propósito.

Pero ahora se da cuenta de que Dios siempre está obrando. “Porque haré una obra en vuestros días” dice Dios a Habacuc en el verso 1:5. Dios te diría eso a ti también cada vez que pienses: “Dios, no estás salvando. No estás salvando a mi esposo. No estás salvando a mis hijos. No me estás guiando en esta situación”. Dios te dice: “Estoy hacienda una obra en tu día. Yo estoy obrando”.

Entonces ahora Habacuc nos dice por fe: “El justo por su fe vivirá” (2:4). Esta es una oración de fe. Habacuc se ha dado cuenta de que Dios siempre está en búsqueda de la salvación de Su pueblo.

Él mira hacia el pasado y dice “Dios, Tú hiciste todo lo que había que hacer para la salvación de Tu pueblo. Cuando enviaste plagas y cosas terribles, Tú lo hiciste para juzgar a los impíos. Pero también lo hiciste para salvar a Tu pueblo. Tú lo hiciste todo para la salvación de Tu pueblo.

Y estos eventos históricos nos anuncian y revelan el futuro. Él mira hacia atrás al cruce del Mar Rojo, pero también mira hacia adelante hacia la cruz y hacia nuestra liberación final de la presencia misma del pecado. Dios lo dio todo por la salvación de Su pueblo. Permítanme recordarles que incluso en medio de la corrupción, del pecado y del juicio; en medio de todo lo que vemos que está sucediendo en nuestro mundo hoy en día, Dios está obrando para la salvación de Su pueblo.

Y particularmente, me encanta este versículo. “Saliste para salvar a Tu pueblo” (3:13). No nos dice: “Dios salió para la comodidad de Su Pueblo”. Tampoco se nos dice que: “Dios siempre está obrando para hacer realidad los deseos de Su pueblo”. Sino que Dios siempre está obrando para la salvación de Su pueblo.

Esta salvación no es solo una salvación en tiempo pasado. No se trata solo de la justificación del pueblo de Dios. Dios está obrando para nuestra santificación y para nuestra glorificación final. Él nos ha salvado; Él nos está salvando y Él nos salvará. Existe un tiempo pasado, un tiempo presente y un tiempo futuro en nuestra salvación.

Así que sea lo que sea que esté sucediendo en tu vida -lo que sea que esté ocurriendo en tu hogar, en tu matrimonio, en tu lugar de trabajo, con las personas que vienen contigo, en tu escuela —Dios siempre está trabajando para la salvación de Su pueblo.

Dios siempre está salvando a Su pueblo.

En la segunda mitad de este versículo 13, se nos presenta el otro lado de la moneda. Recuerda que dijimos en la última sesión que el juicio y la salvación siempre caminan de la mano en las Escrituras. Podrás comenzar a ver estas líneas paralelas en la medida que lees ambos testamentos. Hay juicio y hay salvación.

La primera parte del versículo 13 se refiere a la salvación de Dios. Pero hay juicio en la segunda mitad: “Destrozaste la cabeza de la casa del impío, descubriéndolo de arriba abajo. Selah”. Detengámonos por un momento y pensemos en este versículo. En este preciso momento Dios está salvando a Su Pueblo, pero Dios también está juzgando a los malos: “Destrozaste la cabeza de la casa del impío, descubriéndolo de arriba abajo”.

En el contexto inmediato, a medida que Habacuc reflexiona sobre la historia de redención de los judíos, él está pensando cómo Dios libertó a los judíos sacándolos de Egipto. Dios destruyó el ejército del Faraón: “Tú destrozaste la cabeza de la casa del impío”.

Dios trató con Faraón. Faraón perdió su hijo primogénito, su familia, y todos los egipcios experimentaron las consecuencias terribles de las plagas que Dios envió a su nación. Dios aplastó ese poder mundial tan increíble. Él lo puso al descubierto. Él lo despojó de su poder.

Pero no creo que eso es lo único a lo que Habacuc se está refiriendo aquí. Entiendo que también él está mirando con los ojos de la fe –el justo por su fe vivirá- Habacuc está deseando que llegue aquel día en que Dios herirá el poder de los babilonios que aún deberán conquistar al pueblo judío. Ellos castigarán a los judíos. Ellos son instrumentos en las manos de Dios.

Pero él se da cuenta de que los babilonios recibirán lo que se merecen. Dios los va a aplastar. A Nabucodonosor -a ese rey orgulloso y arrogante-Dios destrozará la cabeza de la casa del impío y lo dejará al descubierto.

Pero considero que Habacuc, con ojos de fe, está mirando aún más lejos-más allá de Egipto y de Babilonia y de otras potencias mundiales que han venido y se han ido. Creo que la cabeza de la casa, en última instancia, de la casa del impío no es otro sino el mismo Satanás. Él es el hombre fuerte acerca de quien leemos en el Nuevo Testamento, quien cree que tiene su casa bajo su control.

Y en el versículo 15 del capítulo 2, leemos cómo, esta cabeza de la casa, este hombre fuerte, hace que otros se embriaguen para exponer su desnudez. Él avergonzó a otros. Pero ahora Habacuc dice: “Tu tiempo para ser descubierto, Satanás, ha llegado”. Y este es un cuadro sobre el final, cuando Satanás será derrotado -Él será traspasado; quedará impotente y desprovisto de poder. “Tu destrozaste la cabeza de la casa del impío, descubriéndolo de arriba a abajo”.

A medida que leo este versículo, mi corazón dice, “¡Sí!” ¡¡Conocemos el final de la historia!! Ahora bien, no me alegro por el juicio de Dios, pero sí me alegra pensar en el final de Satanás?¿No te alegras tú?

¡Qué grande e inmenso es nuestro Dios! Él vino para la salvación de Su pueblo -de nosotros quienes merecíamos la ira de Dios y Su juicio. Pero, “Tú has tenido misericordia de nosotros. Nos has prometido, y lo has ilustrado en el pasado, que Tú puedes hacerlo -que destrozarás la cabeza de la casa del impío, descubriéndolo de arriba a abajo”.

Esto fue lo que Dios prometió de una forma velada en Génesis 3, ofreciéndonos solo un vistazo de esa promesa, cuando la maldición fue puesta sobre la tierra y las consecuencias de la caída fueron dadas. A la mujer, al hombre y a la serpiente se les dijo cuáles serían las consecuencias. Y luego en el versículo 15, Dios dijo “Él” -es decir, la descendencia de la mujer, Cristo— “Él te herirá en la cabeza, Satán. Él te asestará un golpe fatal. Y tú -la serpiente, Satanás- le herirás en el calcañal” (parafraseado).

¿No se cumplió esto en el Calvario? La serpiente hirió el talón del Salvador ocasionándole sufrimiento. Pero, ¿quién sufrió el golpe final? Jesús fue quien le dio el golpe final y decisivo a la serpiente. Y, como leemos en Romanos 16, “Y el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de vuestros pies. “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (versículo 20).

¡Qué bendición! ¡Qué bendición! Vivimos en este mundo corrupto y caído, y libramos una guerra espiritual. Libramos una guerra, no contra carne y sangre, sino contra principados y potestades y contra la maldad y la oscuridad de regiones celestiales (Efesios 6:12 parafraseado). Uno puede experimentar esto en la medida que enfrenta la tentación y el pecado.

Lo puedes experimentar en tu matrimonio cuando tienes dos personas egoístas que están siendo santificadas, y pueden en algún momento sacar lo peor el uno del otro. Tenemos que lidiar con esto al criar a nuestros hijos; luego crecen y quizás ni presten atención a las cosas que les enseñaste. Uno puede ver las obras de las tinieblas; los esfuerzos del maligno. Podemos ver naciones del mundo furiosas contra Dios. Y uno puede hasta llegar a deprimirse a menos que mantengamos nuestros ojos en el final de la historia.

El Dios de paz -es nuestro Dios guerrero; Él es nuestro Dios de paz -pronto aplastará a Satanás bajo sus pies. Te preguntarás: bueno, ¿y qué tan pronto es pronto? No parece ser muy pronto, No parece estar sucediendo ahora. Quiero decirte que, en el Calvario, esa victoria ya fue lograda.

La serpiente antigua todavía se retuerce y actúa como si tuviera algún poder, pero ha sido derrotada. Y pronto, en el tiempo de Dios, a Su manera, Él aplastará a Satanás bajo nuestros pies. Nosotras tenemos la victoria. Vivimos, caminamos, servimos, amamos y adoramos a Dios, y vivimos en este planeta en una posición victoriosa sobre el mal. Nosotros tenemos la victoria sobre el mal porque Dios vino para la salvación de Su pueblo y porque nos ha prometido aplastar la cabeza de la casa del impío. Te digo, ¡Esas sí que son buenas nuevas! Ese es el Evangelio.

El versículo 14 continúa: “Traspasaste con sus propios dardos la cabeza de sus guerreros”. Dios no solamente enfrenta a Satanás, sino que también enfrenta a sus emisarios” -a sus soldados, sus demonios y toda la gente que se encuentra en esta tierra siendo instrumento de Satanás…

“Traspasaste con sus propios dardos la cabeza de sus guerreros”. Dios usa las mismas armas que Satanás usa, y las usa en su contra. “Traspasaste con sus propios dardos la cabeza de sus guerreros, que irrumpieron para dispersarnos, su regocijo fue como el de los que devoran en secreto a los oprimidos”.

Versículo 15: “Marchaste por el mar con tus caballos, en el oleaje de las inmensas aguas”. Dios le da a Habacuc este increíble cuadro. Y Habacuc lo recuerda a medida que él reflexiona y repasa lo sucedido. ¿Cómo es Dios? ¿Qué hizo Dios? ¿Cómo fue que Dios mostró Su poder? ¿Cómo mostró Su majestad? ¿Cómo hizo Dios para dar salvación a Su pueblo? ¿Cómo es eso de que Dios ha aplastado a Sus enemigos? Habacuc ha estado, durante esta oración, reflexionando sobre todas estas cosas.

Y Habacuc, quien ha estado orando a través de todo esto que ha estado recordando, ahora, en el versículo 16, responde a todas las cosas asombrosas que ha visto, que ha experimentado y que ha oído. Es una respuesta que no vemos muy frecuentemente hoy en dia. Él nos dice en el versículo 16: “Oí, y se estremecieron mis entrañas, a Tu voz temblaron mis labios, entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy”.

Ahora bien, ¿qué es lo que provoca que Habacuc tiemble? Considero que esto le ocurre por varias razones. En primer lugar, pienso que esto es por la revelación del asombroso poder y gloria de Dios, como cuando uno mira directamente al sol y su brillantez. Eso estremece tu mundo. Ver a Dios, cambiará toda tu perspectiva acerca de todas las cosas. Él es tan maravilloso, tan santo, tan grandioso. No tengo palabras para describir cómo es Dios.

Cuando uno ha podido empezar a contemplar quién es Dios, cuando uno ve Su poder y Su gloria… ¡de seguro que tiembla! Así que creo que en Habacuc hay un sentido de asombro, temor y también de debilidad. Él sencillamente está tambaleándose. Él está temblando como una hoja ante el poder de Dios.

Hemos visto a personas a quienes les ocurre esto. Uno escucha sobre huracanes, terremotos y tornados, y la gente tiembla. Quiero recordarte que esos fenómenos no son nada frente a Dios. Si alguna vez pudiéramos ver y conocer a Dios de la manera que Él es, sabríamos verdaderamente lo que significa temblar.

Habacuc tiembla ante la ira de Dios, y ante el juicio inminente y la persecución que Dios enviará sobre la tierra. Dios le ha dicho a Habacuc que en esta situación inmediata, los babilonios están llegando. Ellos van a barrer la tierra. Ellos arrasarán con todo y van a conquistar a Judá.

Y, efectivamente, así lo hicieron, 15 años después de la experiencia de Habacuc con el Señor. Él sabe que viene un juicio inminente. Él sabe que una devastación inminente viene y esto lo hace temblar.

Tú también temblarías si supieras lo que Dios hará en este mundo para juzgar a las naciones. Esto puede ocurrir en 15 años, o quizás en 15 minutos. No sabemos. Pudiera ser 1,500 años. No sabemos. Pero cuando uno sabe qué ocurrirá y reflexiona sobre ello, uno tiembla.

Pienso que Habacuc se estremece y tiembla porque él sabe que todo el mundo sufrirá -incluyendo los justos, incluyéndolo a él mismo, el hombre de Dios. Él sabe que se avecina sufrimiento. Y Habacuc experimenta los efectos físicos y psicológicos de este conocimiento, en su cuerpo, en sus emociones y en su mente, todo esto por la revelación que ha visto por parte de Dios y que está por venir.

El encuentro de Habacuc con Dios es transformador. Él tiembla. Ahora bien, ese temblor -como lo veremos antes de finalizar esta serie- en última instancia se convierte en alabanza. Se convierte en la proclamación de la grandeza y las obras de Dios.

Pero en este momento, esto es como si Habacuc pudiera oler la carne chamuscada de aquellos que están bajo el juicio de Dios. Él sabe que incluso los justos van a experimentar algo de esa ira. Si eres una persona justa, y vives en una nación impía, y Dios juzga a esa nación -tú también sentirás ese calor. Y él empieza a temblar.

A medida que vamos a través de las Escrituras, vemos personas que conocieron a Dios y que realmente vieron Sus propósitos y planes, y temblaron. Dije al principio de esta serie, y lo repito. Me confunde la forma en que en la actualidad se puede ser tan frívola, tan trivial, tan casual, en la presencia de un Dios santo.

Hace años, el pastor de mi iglesia predicó acerca del libro de Habacuc. Y recuerdo perfectamente que predicó un sermón bastante poderoso acerca del capítulo 2, versículo 20: “El Señor está en Su santo templo, calle delante de Él toda la tierra”.

A medida que meditaba en ese texto durante el sermón, sentía la presencia pesada de Dios revelándome la verdad de cuán poderoso Él es, cuán Santo Él es, y cuán majestuoso es. Al final del mensaje, casi no podía respirar y sentí un justo temor de Dios -no un miedo inapropiado, sino un asombroso temor ante la presencia de Dios.

Y al poco rato, no te imaginas lo rápido que salimos de ese momento, tan pronto se pronunció el último amén. La música empieza a tocar y nosotros empezamos a hablar acerca de todo, excepto de Dios y Su grandeza. La gente solo hablaba y charlaba. No estoy criticando con esto; simplemente estoy diciendo que no conocemos a Dios. En realidad no estamos viendo a Dios.

Ahora, no estoy diciendo que cada vez que venimos a la iglesia debemos hablar en susurros, o que nadie debe hablar de cosas como el estado del tiempo o los deportes o lo que sea. Pero hay algo cuando realmente estás en la presencia de Dios que es asombroso; que te hace temblar.

Esto lo podemos ver en las Escrituras cuando la gente contemplaba a Dios. Lo vemos en libro de Daniel cuando le fue dada una visión del Cristo pre-encarnado. Lo que los teólogos llaman una “Cristofanía o Teofonía”. Él realmente vio a Cristo. Él se quedó solo, y vio esta gran visión. Y dijo: “No me quedaron fuerzas, y mi rostro demudó” (Daniel 10:8). En el lenguaje original se lee: “mi esplendor fue cambiado en ruina”.

Hay algo devastador acerca de poder ver a Cristo como Él es. Daniel dice: “Sin retener yo fuerza alguna”. Él dijo que ni fuerza ni aliento alguno quedó en él. Se sentía sin aliento, no podía respirar, no tenía fuerzas.

Y eso fue lo que Habacuc experimentó. Fue lo que experimientó Daniel. Esa fue la experiencia de Pedro cuando vio el poder de Dios -cuando Cristo hizo ese milagro, y atraparon todos esos peces. Pedro pudo ver que no era un hombre ordinario quien hizo que eso sucediera. Él sabía que estaba ante la presencia de alguien majestuoso y divino.

Y las Escrituras nos dicen en Lucas 5: “Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador” (versículo 8). El tembló ante la presencia del Dios Santo, de un Dios poderoso.

Habacuc vio esto. Daniel lo vio. Pedro también lo vio. El apóstol Juan también lo vio en el libro de Apocalipsis, capítulo 1. Nosotros tenemos la hermosa, poderosa e increíble descripción de Cristo -del Cristo glorificado de Apocalipsis capítulo 1, cuyos pies, cabeza y sus cabellos resplandecen. Él luce glorioso. ¿Y que le sucedió cuando Juan tuvo esta visión? Él no se fue corriendo a jugar, ni a charlar con sus amigos sobre cosas intrascendentes. Él dijo: “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies”. (versículo 17)

La majestad de Dios. El poder de Dios. El juicio de Dios. La ira de Dios. ¿Qué sucederá cuando veamos todo esto? Cuando te encuentres con el Señor, cuando lo escuches, ¿cómo puedes simplemente salir corriendo a tu rutina; a continuar con tu día como si nada?

De los avivamientos del pasado se dice que una de las señales o muestras más consistentes era que las personas eran inundadas con un sentido asombroso de la presencia de Dios; con un sentido de la eternidad. Era como si ellos no pudieran pensar o hablar de ninguna otra cosa. Se dice que en alguno de esos grandes avivamientos, uno podía caminar por cualquier calle -en lo que anteriormente habían sido ambientes muy seculares- y se encontraba personas en todos los sitios hablando de Dios y de la condición de sus almas.

¿Cuándo fue la última vez que temblaste ante la presencia de Dios? ¿Alguna vez el conocimiento de Dios y Su poderoso obrar te han paralizado? ¿Con qué frecuencia, cuando tengo mi tiempo a solas con Dios, cuando abro la Biblia, cuando leo lo que Dios me tiene que decir, y luego rápidamente, simplemente cierro la Biblia y paso a lo próximo que tengo que hacer? Sigo hacia mi computadora, hacia mi laptop, a una reunión, a una llamada telefónica. ¿Realmente me acabo de encontrar con Dios?

Ahora, no estoy diciendo que no debamos tener momentos normales de vida, o que Dios nunca se divierte o que no podemos disfrutar de nada jamás. Esa es una dimensión de la vida cristiana que también es muy real. ¿Pero por qué estamos perdiendo de vista la dimensión de temblar ante la presencia de Dios? Considero que la respuesta es porque no estamos viendo a Dios como Él es en realidad.

De manera que a medida que profundices en la Palabra de Dios, a medida que vayas a la iglesia, que compartas con el pueblo de Dios, pídele a Dios que te ayude a verlo, a temblar ante la realidad de saber quién es Él realmente.

Carmen: Podemos volvernos tan casuales acerca de Dios. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado recordando cuán grande e imponente es Dios en realidad. Este mensaje es parte de la serie titulada: Habacuc: del temor a la fe .

¿Alguna vez has sentido que la vida es como un gigantesco tapón de tráfico y que lo que haces es esperar y esperar sin hacer nada? Averigua en una próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones lo que el profeta Habacuc aprendió acerca de esperar por fe.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas Las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique otra fuente.

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

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