Jul 15 – Viviendo por fe

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 15 – Viviendo por fe

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Carmen Espaillat: Somos salvos por fe, pero la fe no termina ahí. Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No es que Dios me salva y luego tengo que luchar y esforzarme para vivir la vida cristiana. Yo vivo esta vida por fe en Cristo y solamente en Cristo.

Carmen: Estás escuchando es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. En un mundo de sonrisas fingidas es importante ser realistas y honestas acerca del dolor, la decepción y los cuestionamientos; pero no es saludable el aferrarnos a ese dolor, a esa decepción y a esas preguntas.

El profeta Habacuc pasó por un tiempo de dudas y cuestionamientos, pero no se estancó ahí. Aquí está Nancy con la continuación de la serie Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Hemos llegado al verso decisivo de nuestro estudio de Habacuc. Creo que este es el eje de todo este mensaje, el punto decisivo por así decir, del mensaje. Este es el punto de transformación en la vida de Habacuc.

El concepto que hemos estado viendo en Habacuc 2:4, es lo que ha llevado a Habacuc a cambiar su lucha por adoración. Lo lleva del suspiro al canto. Lo lleva del temor a la fe.

Estamos viendo Habacuc 2:4. Hemos encontrado dos clases de personas al revisar este pasaje. Las Escrituras dicen “He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta.”

Ese es un tipo de persona. Ahora bien, en el contexto inmediato, Dios habla de los babilonios o caldeos. Ellos eran arrogantes. Son orgullosos. No son rectos. No son justos.

Pero en una aplicación más amplia del mismo pasaje, Dios nos está diciendo “hay mucha gente en el mundo que es así”. Son autosuficientes e independientes y no creen necesitar a Dios. Ellos dependen de sí mismos. Sus almas están envanecidas.

Son arrogantes; son orgullosos y no son justos. No son rectos. Puede que hagan buenas obras, pero no tienen un corazón justo. No son rectos en su interior.

Luego, la segunda parte del versículo, nos habla del segundo tipo de persona, “mas el justo por su fe vivirá”. Hay personas justas e injustas; personas que viven por fe y personas envanecidas y arrogantes. Son orgullosas y solo dependen de sí mismas.

Siendo realistas, esos son los dos tipos de personas que hay en el mundo. Ahora, en la última sesión, mencioné que los rectos viven por fe basándonos en dos conceptos. Nos enfocamos en el primero en el programa anterior.

“Los rectos vivirán por fe”, queriendo decir que somos justificadas por fe. Somos salvas por fe. Nada tengo que ofrecer; simplemente, me aferro a la cruz.

No hay nada que podamos hacer para merecer la salvación de Dios. No podemos ser justas por nuestros propios méritos. Todo, todo, todo, todo es por nuestra fe en Jesucristo. Somos justificadas por fe.

Pero hay un segundo concepto en el que los rectos vivirán por fe, y es que somos santificadas por fe. Vivimos por fe. Una vez somos justificadas -desde ese momento y hasta que lleguemos al cielo- continuamos nuestro caminar por fe.

Esta mañana estuve leyendo -durante mi tiempo de quietud- el libro de Hebreos y me vi leyendo acerca de este tema de la fe en los capítulos 10, 11 y 12.

En medio del capítulo 10 de Hebreos, tenemos una invitación para que nos acerquemos al trono, al lugar santísimo de Dios. A que nos acercamos por fe en la sangre de Jesucristo.

Así es como llegamos a conocer a Dios, a través de la fe. En Hebreos 10 se habla de nuestra justificación, pero -a medida que avanzamos- leemos de cómo vivimos por fe. No es solo que la fe nos lleva a la salvación.

Es la fe la que nos mantiene a salvo, es la fe la que nos ayuda a vivir como personas salvas. “Los justos por su fe vivirán”. Es a través de la fe que tenemos el poder de vivir la vida cristiana.

Pablo lo dice de esta manera en Gálatas, capítulo 2:20 “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

No es que Dios me salva y luego tengo que luchar y esforzarme para vivir la vida cristiana. Yo vivo por la fe en Cristo y en Cristo solamente. Cuando digo esto pienso en aquellas de nosotras quienes hemos sido influenciadas por la reforma protestante; tenemos este concepto claro de que somos justificadas por fe.

Pero también pienso que muchas de nosotras vivimos la vida cristiana como si pudiésemos obtener la energía y el esfuerzo (por nosotras mismas) para poder vivirla. Es por eso que vemos a tantas cristianas frustradas tratando de vivir una vida que no pueden vivir.

Pablo lo dijo de esa manera en Gálatas 3:2 “Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?

Dirás, “claro que sí, Pablo. No hemos sido salvas por las obras de la ley. Eso lo sabemos.” Y él dice, “Entonces, tú fuiste salva por fe, por tu fe en Cristo.”

Luego continúa diciendo en Gálatas 3:3, “¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vas a terminar ahora por la carne? En otras palabras: habiendo sido justificadas por fe, ¿ahora piensan que pueden perfeccionarse en la carne?

Si recibiste a Jesucristo por fe, entonces vas a caminar en Él por fe. Los rectos vivirán y seguirán viviendo por fe. Y eso se aplica a todas las áreas de la vida cristiana.

En los días de Habacuc, Dios le dijo “Vas a enfrentar persecución. Va a haber castigo, va a haber sufrimiento y tú vas a necesitar fe para poder lidiar con la invasión de babilonios que se avecina.”

¿Cómo vas a vivir en tiempos de crisis? Por fe. “Los justos por su fe vivirán.” Hasta este momento tan decisivo, en el libro de Habacuc, Habacuc se ha estado volviendo loco tratando de dilucidar y entender lo que Dios ha estado haciendo. Él ha estado luchando cuerpo a cuerpo con asuntos insondables: la providencia de Dios, Su soberanía y Sus planes.

No lo puede entender y Dios dice “Vive por fe.” Y desde ese momento en adelante, Habacuc descansa sus argumentos, su mente, su corazón, su vida y su futuro en la fe; fe en que Dios sabe lo que hace.

Dios va a hacer todas las cosas correctamente y lo que Dios hace es bueno. Esto no es solo para Habacuc y la gente que está enfrentándose a los babilonios. No son los únicos que tienen que vivir por fe. Nosotras tenemos que vivir por fe cuando nos veamos abrumadas por aflicciones, adversidades, sufrimientos y retos.

Nosotras necesitamos tener fe. Ya les había mencionado, hace unos programas atrás, lo que dice Hebreos 10, pero lo voy a retomar porque pienso que se aplica aquí.

El autor de Hebreos le está hablando a los creyentes del Nuevo Testamento quienes estaban siendo perseguidos por su fe. Ellos habían sido justificados por fe y, luego, expulsados y perseguidos.

El autor les dice en Hebreos 10:34, “Porque tuvisteis compasión de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, como hicieron eso, como lograron ellos hacerlo gozosamente.

Él dice en Hebreos capitulo 10:34b, “sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión”. Tú has ejercitado la fe. Has mirado hacia el futuro y sabes que esto no lo es todo.

Dios nos tiene reservado mucho más. ¡Dios nos tiene el cielo! Tenemos posesiones eternas en el cielo. Tenemos una ciudad que no ha sido hecha por manos; por lo que podemos vivir por fe y hasta disfrutar el que nos despojen de nuestras posesiones aquí en la tierra.

Él está construyendo mansiones para nosotras allá arriba, por lo que lo que sea que pierda aquí abajo es nada comparado con lo que Dios nos tiene preparado. Por lo que el autor dice “Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa”. (Hebreos 10:35)

Aférrate a la fe, “porque tenéis necesidad de paciencia” (Hebreos 10:36). Mientras revisaba Hebreos 10, 11 y 12, me percaté de que la palabra “perseverancia” aparece una y otra vez. Necesitas resistencia. Necesitas que tu fe sea probada para que, cuando hagas la voluntad de Dios, puedas recibir lo que se te ha prometido.

“Porque dentro de muy poco” (es una cita de Habacuc que encontramos en Hebreos 10, versos 37-38) “Porque dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendrá y no tardará, (37) Mas mi justo vivirá por la fe…” (38)

Vivimos por fe en que Cristo vendrá, en que Él va a enderezar todo lo mal hecho, en que Él va a terminar la historia. Tenemos algo mejor esperándonos. Podemos resistir el aquí y el ahora porque vemos el final del camino con los ojos de la fe.

Luego continúa, volviendo a Hebreos 10:38, “Mas mi justo vivirá por la fe, y si retrocede, mi alma no se complacerá en él.”

Dios dice que hay dos tipos de personas: aquellas que caminan confiadas en su fe, su fe en Dios, no en ellas mismas; fe en las promesas de Dios; fe en Cristo; y aquellas que retroceden cuando llega el tiempo de la prueba. Ellas retroceden. Ellas no perseveran porque no tienen fe.

El autor dice en Hebreos 10:39, “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma”.

La fidelidad y perseverancia en tiempos difíciles y de prueba es fruto de la fe. Es el fruto de vivir por fe y descansar en la fidelidad y las promesas de Dios.

Por lo que aquellos que han sido honrados y justificados por su fe en Cristo, no retrocederán en los tiempos de prueba. No van a separarse de Cristo.

Y, por cierto, esa es la evidencia de que tienes una fe genuina. Cuando llega el tiempo de la prueba, tú sigues avanzando con fe. Tú perseveras. La misma fe que Dios puso en ti y que te llevó a la salvación, es la misma fe que se queda contigo cuando vienen los tiempos de prueba y adversidad en tu vida de cristiana. Eso es lo que te ayuda a resistir.

Por lo que el autor de Hebreos continúa en el capítulo 11, -vamos a seguir hablando del tema de la fe. ¿Cómo funciona? ¿Cómo luce? ¿A qué se parece? ¿Cómo se desarrolla? La fe puede convertirse en un concepto nebuloso. ¿Qué es la fe? Vamos a ver a qué se parece:

Él empieza diciendo, capítulo 11, verso 1 “Ahora bien, la fe es la certeza de lo que nos espera, la convicción de lo que no se ve.” Si lo puedes ver, ya no es fe.

Dice que hay algo que Dios nos da. Dios nos da la fe para creer en que Sus promesas son ciertas y en que Cristo regresará; en que Dios va a llevar a cabo su plan y sus propósitos para este mundo. La fe nos da la garantía y la convicción de lo que no se ve.

A lo largo del capítulo 11 de Hebreos, tenemos a los héroes de la fe. Todos estos hombres y mujeres que -en aquellos tiempos y por su fe- agradaron a Dios. Sin fe no puedes agradar a Dios. Encontramos en este capítulo una veintena de veces las palabras “por fe… por fe… por fe… por su fe hicieron esto… por su fe hicieron aquello… por su fe fueron allá… por su fe Sarah tuvo un bebé a los 90 años de edad”.

Podrás decir, “No creo que quiera esa clase de fe o esa cantidad de fe”. Por fe ellos hicieron lo imposible. Por fe ellos superaron la adversidad. Por fe.

¿Sabes lo que es cierto de estos hombres y mujeres de fe? Ellos vivieron sus vidas como si la Palabra de Dios fuese verdaderamente cierta. No lo sabían solo en sus cabezas. Ellos depositaron y descansaron sus vidas en la fe.

Ellos dieron pasos confiados en que lo que Dios decía era verdad, aun cuando todo pareciera lo contrario. Ellos estuvieron dispuestos a verse como necios ante los ojos de los hombres. Piensa en Noé quien construyó el arca en un sitio donde nunca había llovido. Por fe.

Por lo que si Dios te pide que hagas algo sin sentido -y todos a tu alrededor piensan que estás loca- hazlo por fe. Por fe ellos estuvieron dispuestos a ser rechazados; ellos estuvieron dispuestos a hacer lo imposible.

Los hemos puesto a todos ellos en un gran pedestal: a Noé, Moisés y Abraham. ” ¡Bárbaros, esos sí fueron grandes héroes de la fe!”

No creo que ese sea el punto. Pienso que el punto es que estos hombres y mujeres fueron ordinarios, vacilantes, débiles y frágiles como nosotras. Lo que hizo posible que lograran estas hazañas tan extraordinarias fue la fe que tuvieron en un gran Dios.

Por lo que estamos supuestas a aplicar lo que hemos leído. En la vida cristiana hacemos todo por fe, fe y solamente por fe. “Los justos por fu fe vivirán.” Fe en Dios, en las promesas de Dios, en la presencia de Dios, en Su protección, en Su provisión y en Su poder. El requisito para agradar a Dios en todas las áreas de tu vida es tener fe.

Lo que no es de fe, es pecado. Sin fe es imposible agradar a Dios. No puedes vivir la vida cristiana. Cada área de tu vida – para tus finanzas, necesitas fe; para dejarte guiar por el camino de Dios, necesitas fe; para hacer los sacrificios que Dios quiere que hagas, necesitas fe; fe cuando pierdes tu dinero.

Cuando el mercado se desploma, ¿dónde está tu fe? ¿Sientes que te hundes? ¿Te abrumas si pierdes tu trabajo? “¡Cómo voy a vivir!” Escucha. Dios alimentó a su siervo Elías haciendo que cuervos le llevaran comida.

Y entonces, cuando el arroyo se secó en tiempo de hambruna, Dios le envió a Elías una candidata inverosímil para que le llevara provisión: una viuda sin un centavo. Dios utilizó un cuervo, el arroyo y la viuda para cubrir las necesidades de Su siervo.

Dios puede cubrir tus necesidades de la forma que Él escoja. En el área de tus finanzas y provisión, camina por fe. Fe en relación a tu familia, ¿cuántos niños quiere Dios que tengas?

Oigo a personas decir “¡No podemos tener más hijos! ¡No los podemos mantener!” Entonces debo pensar en ¡cuán grande es Dios! Si Dios quiere que tengas más hijos, ¿no piensas que Dios puede proveer para esos hijos?

¿Qué pasa si quieres hijos, pero no puedes tenerlos? Se requiere de fe para abrazar el plan de Dios para tu vida.

Esta semana le envié un correo a una amiga. Ella y su marido no han podido tener hijos. Ellos lo querían desesperadamente. Ellos han tenido que aprender a tener fe en el tiempo de Dios.

Bueno, ahora están en proceso de adopción. ¡Ellos quieren adoptar y se toma tanto tiempo! Les escribí y les pregunté “¿Cómo les está yendo con el proceso de adopción?”

Ella me respondió con un “estamos en tiempo de espera”. Yo he escuchado acerca de la espera en el libro de Habacuc. Me dijo “hemos estado en la lista por meses y, ahora, tenemos que esperar a que una madre nos escoja. Estamos confiando en el tiempo perfecto de Dios para formar nuestra familia.”

“Los justos por su fe vivirán.” Puedes estar gozosa durante el proceso de espera si caminas por fe. Necesitas fe para tu futuro. A medida que envejecemos, necesitamos fe.

Pensamos en que no podremos hacer lo que, en otros tiempos, podíamos hacer. Sé de mujeres de mediana edad que viven con el temor de no tener provisión. ¿Qué hacen si les falla su salud? ¿Qué pasa si se quedan solas?

¿Cómo enfrentar el futuro confiadas y con gozo? Caminando por fe. A medida que tomas decisiones en tu vida – ¿Tomo este trabajo? ¿Nos mudamos para tal sitio? ¿Me caso con esta persona?

Ayer hablaba con una persona y me preguntaba “cuando oras, ¿cómo te guía Dios?” Y le dije: “Cuando oro para tomar una decisión u otra, no necesariamente voy a abrir la Biblia y a encontrar el próximo tema que debo enseñar o de si debería contratar a tal o cual persona”.

Yo oro y digo, “Señor, dirige mis pasos. Guíame”. Y, luego, confío en que Dios me está dando la sabiduría que le he pedido que me conceda. “Los justos por su fe vivirán”.

• Necesitamos fe para salir victoriosas de una tentación, para salir victoriosas de los hábitos pecaminosos que podamos tener en nuestras vidas. Se requiere de fe, no solo luchar y esforzarnos, y decir “Voy a ser una buena cristiana aunque me muera.” ¡Podría matarnos! Sino para vivir por fe en el poder de Cristo y el Espíritu Santo que mora en nosotras.

• Necesitas fe para poder amar a esa persona en tu vida, a ese familiar nada fácil de amar.

• Necesitas fe para perdonar la ofensa imperdonable que alguien te hizo.

• Necesitas fe para someterte a las autoridades cuando tomen una decisión que sabes que es equivocada. Necesitas fe.

• Necesitas fe para obedecer a Dios.

• Necesitamos fe cuando nos vemos cara a cara con la muerte.

En 2 de Corintios 5, el apóstol Pablo habla del tiempo en el que no estaremos en este cuerpo, el tiempo en que dejaremos este tabernáculo y nos vayamos al cielo.

Bueno, dirás “es algo maravilloso lo que nos espera”, pero encuentro a muchas personas -que cuando llega el momento- empiezan a tener miedo. Pablo dice, “No, debemos mantener siempre el valor, aunque estemos frente a la muerte, porque caminamos por fe y no por vista”.

Yo necesito fe en cada aspecto de este ministerio, fe en la provisión de Dios para con las finanzas, fe para seguir enseñando con el discernimiento del Espíritu Santo, fe en que voy a saber qué hacer la próxima vez. Camino por fe. Si caminara por vista, estaría limitada por mis propios recursos, mi propio entendimiento, y Dios dice “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas”. (Proverbios 3:5-6)

La semana pasada recibí un correo enternecedor de una amiga que tiene varios años pasando por una situación muy difícil en su matrimonio.

Su marido cometió una ofensa grave. Ha habido mucha necesidad de perdón. Ha habido distintos niveles de aparente arrepentimiento. Ha habido mucho crecimiento y ha habido muchos cambios.

Pero él todavía no es la misma persona a quien ella conoció hace todos esos años atrás. A pesar de que ya no está llevando aquel estilo de vida pecaminoso, ella dice que las cosas aún siguen siendo duras.

Aquí, lo que me escribió:

“¡Cómo oro para que mi marido vuelva a tener un corazón apasionado! Me duele tanto verlo en esa condición. He tenido que suplicarle a Dios que me de el amor y la gracia para soportar esto con el pasar del tiempo.

Dios me hizo recordar estos versículos, que me había mostrado meses atrás, y ahora me están animando de nuevo.

Y luego ella citó cuando en 2 de Corintios 1, Pablo dijo: “Estuvimos bajo una gran presión, más de la que podíamos aguantar, por lo que hasta nos desesperamos con la vida misma. De hecho, sentimos la sentencia de muerte en nuestros corazones. Pero esto pasó para que no nos apoyáramos en nosotros mismos, pero en Dios quien resucita los muertos.” (2 de Corintios 1: 8-9 parafraseado) Pablo dice que eso pasó para que aprendieran a caminar por fe, para que confiaran en Dios. “El cual nos libró de tan gran peligro de muerte y (aquí habla de su fe) nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que Él aún nos ha de librar. (Verso 10)

Ella citó esos versos y luego dijo: “Voy a continuar depositando mi esperanza en el Cordero y creer que Él va a seguir librándome y dándome gozo en Él. Si mi esposo nunca cambia, si mis circunstancias nunca cambian, yo esperaré en Dios”.

“Los justos por su fe vivirán.”

¿Qué áreas de tu vida requieren que camines por fe? ¿Las resientes? ¿Las resistes? ¿Les sales corriendo o las abrazas? Sin fe es imposible agradar a Dios.

Por lo que -desde el instante en que en el libro de Habacuc vemos que Dios dice “Los justos por su fe vivirán”- notamos que Habacuc no hace más preguntas.

Dijimos hace unos programas atrás que no está mal el hacer preguntas desde un corazón que se examina, pero algo hizo que Habacuc cambiara y se diera cuenta de que ni ahora ni nunca entendería por completo los caminos de Dios. ¡Y eso está bien!

Si pudiésemos ver el resultado, si pudiésemos entender los propósitos de Dios, ¡no sería fe! “Los justos por su fe vivirán”. Habacuc se da cuenta que -lo pueda ver o no-Dios está obrando. En Su tiempo, la visión se cumplirá de un todo. El plan de Dios y el propósito del que Dios habla, se va a cumplir en su totalidad.

Todo va a estar bien y, mientras tanto, ¿qué hacemos? Caminamos por fe. “Los justos por su fe vivirán.”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss va a regresar para orar con nosotras. Ella nos ha estado proveyendo perspectivas importantes relacionadas con la fe. No es solo para salvación, sino necesaria todos los días de nuestras vidas.

Crece en tu fe estudiando la Palabra de Dios con Nancy. Ella ha estado exponiendo una serie llamada Habacuc: del temor a la fe. Si nos has estado escuchando, sabes lo relevante, conmovedor y práctico que es el mensaje de este profeta menor.

Nancy nos expuso esta serie hace algunos años atrás. La primera vez que salió al aire esta serie, una señora (que no entendía del todo lo que significaba ser una hija de Dios) escribió lo siguiente: “Siempre pensé que tenía que esforzarme en ser buena para agradar a Dios y encontrar su aprobación”. Durante el estudio de Habacuc quedó impactada al percatarse de que tenía que dejar de tratar de ganarse el favor de Dios y depositar toda su confianza en la obra que Jesucristo había hecho por ella. Ella escribió “Pienso que un bombillito se acaba de encender para mí” al tiempo que entendía la verdad sobre la gracia.

Estamos agradecidas de hablarles a mujeres como ella. No podemos hacerlo sin el apoyo de nuestras oyentes.

La mayoría de nosotras vivimos lejos de las granjas en donde se producen los alimentos, pero todas sembramos y cosechamos todo el tiempo. Nancy se los explicará en nuestra siguiente entrega. Espero que nos sintonices y nos acompañes en oración.

Nancy: Padre, gracias por depositar -por Tu gracia-fe en nuestros corazones. No podríamos tener fe lejos de Ti. Tú nos has concedido el regalo de la fe para que podamos creer y ser salvas. Gracias porque ahora nos das la fe para verte y vivir. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

Jul 14 – Por fe

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 14 – Por fe

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Carmen Espaillat : Con nosotros Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Los justos vivirán por su fe. Dirás que eso suena como algo que estarán haciendo. No, porque la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo que realmente estás dependiendo – una fe que se vive en obediencia y fidelidad.

Ese es el tipo de fe te lleva a obedecer a Dios con todo tu corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios. De manera que se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. ¿Qué es la fe? A veces se usa para describir una denominación, una relación con Dios, y algunos padres hasta usan la palabra para el nombre de sus hijos. ¿Pero realmente entiendes lo que significa la fe? Nancy nos ayuda a entender este tema tan importante mientras continúa con una serie titulada, Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Bueno, estoy muy emocionada porque hoy llegamos al punto culmine del mensaje de Habacuc, el punto clave, el tema de este libro. Es ese momento transformador en la vida de Habacuc. Él había ido a su atalaya a escuchar lo que Dios tenía que decirle. Dios le dijo: voy a darte una visión. Voy a darte un mensaje de lo que va a suceder.

Esto nos lleva al versículo que vamos a ver, Habacuc capítulo 2, versículo 4. Es esta verdad la que llevó a Habacuc de batallar a adorar, de suspirar a cantar, del temor a la fe.

Antes de yo decirles lo que es, permítanme solo recapitular aquí en caso de que no hayan estado con nosotras en las últimas sesiones. Habacuc le clamó a Dios que hiciera algo respecto a la corrupción que había entre los judíos. Él estaba frustrado porque parecería que Dios permanecía pasivo y era indiferente a sus oraciones.

Luego Dios le responde: y le dice “estoy haciendo algo, pero no es lo que esperabas” porque lo que Dios estaba haciendo era levantar a los despiadados caldeos para castigar a Su pueblo. Habacuc no podía creer que Dios haría tal cosa, así que va a su puesto de guardia a indagar sobre la perspectiva de Dios en todo esto. Ahí es que Dios le da una visión de su propósito y su plan. Lo veremos en la siguiente parte del capítulo 2.

Los caldeos también serán castigados. Dios introduce esa visión con estas palabras de (Habacuc capítulo 2, versículo 4) que hacen un contraste entre dos tipos de personas. Mientras leemos y hablamos sobre este versículo y estos dos tipos de personas, quiero que se hagan la pregunta “qué tipo de persona soy yo?, en qué categoría e encuentro? Leamos el versículo 4:

“He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirá.”

Ahora bien, solo quiero decir que este es uno de los versículos más importantes en toda la Palabra de Dios. “El justo por su fe vivirá”. Este versículo es como un diamante que contrasta con el sucio telón de fondo de la corrupción del hombre y el juicio de Dios.

Hemos estado escuchando sobre el pecado del pueblo de Dios, los pecados de los caldeos y el juicio venidero. Veremos más sobre eso en este capítulo, pero en medio de todo eso, hay una joya preciosa: “El justo por su fe vivirá”.

Ahora bien, dije que hay dos tipos de personas en este versículo, así que tenemos que verlos a ambos. La primera frase dice: “He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta”. Ese es el primer tipo de persona, el orgulloso, el que no es recto.

En el contexto inmediato Dios está hablando sobre los caldeos, sobre los babilonios. Es de quienes Él y Habacuc están dialogando. En un contexto más amplio, está hablando de cualquiera que sea orgulloso y autosuficiente, personas que confían en sí mismas como su propio Dios.

Personas confiadas en que pueden salvarse a sí mismas. Personas que confían en sí mismas para el destino eterno de sus almas y personas que confían en sí mismas en momentos de tribulación , de desesperación o de necesidad. Son orgullosas. No necesitan a Dios. No necesitan de ti. No necesitan a nadie. Pueden lograrlo. Son autosuficientes.

Estas personas no siempre levantan su puño hacia Dios. A veces son más sutiles. Estas personas hasta pueden ser religiosas. Puede que vayan a la iglesia. Hasta pueden ser obreros cristianos de tiempo completo, pero están confiando en sí mismas antes que en Dios. “He aquí el orgulloso: su alma no es recta”. Ese es el primer tipo de persona.

El segundo tipo de persona es el justo. “El justo por su fe vivirá”. Los que son justos, según Dios ve la justicia, son aquellos que no confían en sí mismos o en su bondad o en sus esfuerzos o en sus capacidades.

Saben que no tienen nada de valor que ofrecerle a Dios, excepto sus propios “yos” pecaminosos, así que son humildes. Dependen totalmente de Dios. Saben que solo Dios puede salvarlos y libertarlos. Aceptan humildemente la provisión de Dios para su propia salvación. Son salvos por fe, y viven y perseveran por fe.

¿Puedes ver el contraste aquí? Los que son orgullosos y corruptos, son autosuficientes, dependen de sí mismos, y por otro lado los que confían en Dios, que dependen humildemente de Dios y descansan en Dios. No creen que su propia bondad los puede salvar. Esos son los justos. Ellos viven por su fe.

Ahora, la palabra fe en el hebreo aquí es una palabra que pudiera en realidad traducirse como fidelidad. Los justos vivirán por su fidelidad.

Dirás que eso suena como algo que ellos están haciendo. Pero verás, la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo cual realmente estás descansando, una fe que se vive en obediencia y fidelidad.

Ese es el tipo de fe que te lleva a obedecer a Dios de corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios y se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.

El Nuevo Testamento cita la segunda parte de este versículo tres veces: “El justo por su fe vivirá” en el libro de Romanos, en el libro de Gálatas y en el libro de Hebreos. Pero en el Nuevo Testamento tenemos una luz adicional que Habacuc no tenía cuando Dios le dijo -600 años antes de Cristo- que el justo viviría por su fe.

¿Quién vino entre el 600 A.C. y los escritos a los Romanos, a los Gálatas y a los Hebreos para arrojar nueva luz sobre este versículo? ¡¡Cristo vino!! El Nuevo Testamento ve este versículo a la luz de Cristo, que el justo vive por fe en Cristo y solo Cristo.

Hay dos sentidos en que el justo vive por fe. Y hoy quiero hablar sobre el primero y en nuestra próxima sesión hablaremos sobre el segundo sentido. El primero es tan importante. Al principio, pensé en hablar de ambos en la misma sesión. Pero después pensé que no, que queremos hacerle justicia a ambos sentidos en que el justo vive por fe.

El primer sentido es que somos justificadas por fe. Venimos a una relación correcta con Dios por la fe y únicamente por la fe. Somos liberadas del juicio y de la ira de Dios. Somos hecho justas a través de la fe solo en Cristo.

Y es en ese sentido que Pablo usa en Romanos capítulo 1, versículo 17 cuando dice:

“Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: mas el justo por la fe vivirá”.

¿Qué está diciendo cuando cita el libro de Habacuc? De principio a fin, la justicia de Dios está completamente, 100%, total y absolutamente basada en la fe. No es nuestra justicia. Es nuestra fe en Cristo y en Su justicia.

Somos pecadoras. No somos justas. Nunca podríamos ser justas por nosotras mismas. Así que de principio a fin, dice Pablo, somos justificadas. Somos hechas rectas ante Dios. Somos puestas en la posición correcta con Dios. Nos es otorgado acceso a la presencia de Dios. Somos traídas a la familia de Dios por la fe en Cristo solamente.

Gálatas capítulo 3, versículo 11 dice: “Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente”. Nadie. No importa cuán buena puedas ser, no importa cuántas leyes de Dios puedas guardar, no puedes estar bien con Dios por la ley. ¿Por qué? Porque nadie guarda la ley a la perfección. Pudieras pensar que eres menos pecadora que alguien que sea un súper mega criminal, pero aún eres pecadora. Así que nadie es justificado ante Dios por la ley.

“Porque [y aquí Pablo cita nuevamente el libro de Habacuc] ‘El justo por la fe vivirá'”. Este es la clave de nuestra fe cristiana, todo este asunto de que el justo vivirá por la fe. Es tan crucial que de hecho dividió toda una generación de creyentes y se convirtió en el fundamento de nuestra Reforma Protestante en los años 1500. “El justo vivirá por su fe”.

¿Cómo sucedió esto? A principios de los años 1500 había un joven teólogo alemán llamado Martín Lutero. Lutero tenía un doctorado en teología. Sabía mucho sobre la Biblia. Lutero sabía mucho sobre teología. Era un joven con una mente ágil y brillante, pero no tenía paz en su corazón. Sabía que no estaba bien con Dios, y no sabía cómo lograrlo. De hecho, una y otra vez escribía en su diario: “¿Cómo podrá un hombre encontrar el favor de Dios?” ¿Cómo puedo estar bien con Dios?

Lutero hizo tanto como pudo para ser santo. Trató de guardar la ley de Dios. Trató de probar su devoción a Dios. Ayunaba hasta dos semanas a la vez. Era profundamente introspectivo. Siempre indagando y buscando un nuevo pecado que confesar.

Se sentía abrumado por un sentido de pecaminosidad, así que constantemente escudriñaba su propio corazón para encontrar cualquier pecado que pudiera haber cometido de pensamiento, de palabra o de hecho. Se confesaba muchas veces al día, hasta que, según dice la historia, uno de sus confesores le dijo un dia: “Dejar de venir hasta que realmente tengas un pecado serio que confesar”.

Él desarrolló una conciencia súper sensible. (¡Tal vez algunas de nosotras necesitamos una conciencia un poco más sensible!). Así que él volvía una y otra vez a confesar sus pecados. Castigaba su cuerpo a fin de tratar de deshacerse de pensamientos y de motivaciones impuras. Dormía al aire libre sin frazada en temperaturas bajo cero. Golpeaba su cuerpo hasta quedar amoratado y sangriento, tratando de limpiarse de esos pecados, tratando de ganar el favor de Dios.

Y Lutero había estudiado la Biblia. Sabía que Dios era santo, y sabía que él había pecado y que no daba la talla ante la ley de Dios. De modo que hacía todo lo que se le ocurría para ganar el favor de Dios, para ser hecho justo. Esa palabra, justicia, lo atormentaba y lo obsesionaba porque él sabía que no era justo, y que no podía vivir una vida justa, no importa cuánto lo intentara.

Llegó un punto en el que Lutero hizo una peregrinación a Roma. Dentro de la iglesia de San Juan había una escalera que se creía que eran las mismas que Jesús había subido para estar frente a Poncio Pilato después de haber sido golpeado. Bueno, así es como la iglesia contó la historia. Eso no era cierto. Dijeron que estas escaleras fueron transportadas milagrosamente desde Jerusalén hasta Roma y que ahora los peregrinos podían subir por esas escaleras.

Estas escaleras tenían trocitos de vidrio incrustados supuestamente en los lugares donde habían caído gotas de la sangre de Jesús. Así que los peregrinos subían por las escaleras de rodillas, golpeándose con látigos y besando cada trocito de vidrio para tratar de ganar el favor de Dios.

Me imagino que algunas de ustedes están moviendo la cabeza como si no pudieran creer que la gente hiciera esto. Yo he estado en México, en el santuario de la Virgen de Guadalupe. He visto a personas subir esas escaleras de rodillas tratando de hacer algo para ganar el favor de Dios.

Déjenme decirles, si alguna vez un hombre hubiese sido digno de ganar la aprobación de Dios, uno hubiera pensado que sería un hombre como Martín Lutero. Con todo ese interminable fervor y actividad espiritual. Es decir, ciertamente nadie hubiera podido tratar más. ¿No pudiera al menos ganarse un 100 por su esfuerzo?

Lutero se dio cuenta de lo que nosotras también tenemos que darnos cuenta, y eso es que nunca podrás ser lo suficientemente buena. No tenemos justicia por nosotras mismas. Hasta nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia delante de Dios.

Bueno, y mientras Lutero subía por esas escaleras en Roma, el Espíritu le recordó un versículo que ya había leído muchas veces “El justo por la fe vivirá”. Y en ese punto, la luz empezó a entrar al corazón de Lutero. Fue un momento decisivo en su vida.

Ese todavía no fue el momento de su conversión. Eso no sucedió hasta unos años después. Pero en el tiempo, empezó a comprender el hecho de que nunca podría agradar a un Dios santo por sus propios hechos de justicia ni tampoco por su contrición o sus penitencias, sin importar cuántas o cuán intensas pudieran ser.

Empezó a entender. “El justo por la fe vivirá”. Empezó a entender que solo podría estar bien con Dios a través de las obras justas de Cristo y que sus pecados fueron perdonados por fe, no por intentar, sino por fe en la persona y en la obra de Cristo en la cruz independientemente de cualquier buena obra que él hubiera realizado.

“El justo por la fe vivirá”. Eso se convirtió en el fundamento de la doctrina de Lutero. Estuvo en el centro de la Reforma Protestante mientras Lutero y la gente de su tiempo, muchos de ellos, empezaron a darse cuenta de que la justicia no es algo que nosotros logramos. No es algo que sea posible lograr. En lugar de ello, es algo que Cristo logró por nosotros, algo que se hace nuestro no por nuestro propio mérito, sino solamente a través de la fe en el mérito de Cristo.

Lutero mismo dijo de este texto:

“El justo por la fe vivirá”- Antes de que estas palabras irrumpieran en mi mente, detestaba a Dios y estaba enojado con Él porque, no satisfecho con amedrentarnos a nosotros los pecadores por la ley y por las miserias de la vida, aumentó aún más nuestra tortura a través del Evangelio. [Es como si Él nos hubiera tendido la mano ofreciéndonos algo pero no podíamos tenerlo.]

Pero cuando por el Espíritu de Dios entendí esas palabras-“El justo por la fe vivirá, el justo por la fe vivirá”-entonces sentí que nací otra vez como un nombre nuevo; entré por las puertas abiertas al mismo Paraíso de Dios.1

¿Cómo llega un hombre al cielo? ¿Cómo puede un hombre estar bien con Dios? ¿Cómo nace de nuevo un hombre? ¿Cómo se hace justo un hombre? “El justo por la fe vivirá”. Será declarado justo por su fe, y continuará viviendo esa vida justa por fe en Cristo y únicamente en Cristo.

Dos tipos de personas. Primero, “He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta”. Trata de salvarse a sí mismo. Piensa que puede hacerlo. Piensa que puede ganar el favor de Dios, y nunca logra la justicia de Dios. Pero, “el justo por su fe vivirá”.

¿Es posible que de alguna forma hayas estado subiendo las escaleras con trocitos de vidrio, golpeándote a ti misma, tratando de hacer lo mejor que puedes para ser justa, para ganar el favor de Dios para ser perdonada, tratando de agradar a Dios, tratando de estar bien con Dios? Tal vez no subiste literalmente las escaleras de rodillas, pero:

Tal vez por eso guardas las apariencias yendo a la iglesia domingo tras domingo.

Tal vez por eso es que haces tantos rituales religiosos.

Tal vez por eso es que lees la Biblia.

Tal vez por eso oras.

Tal vez por eso es que cantas en el grupo de alabanza.

Tal vez por eso das dinero a los pobres.

Tal vez por eso es que tratas de vivir una vida buena porque estás tratando de ganarte la justicia por ti misma.

La Biblia dice: “he aquí el orgulloso; en él, su alma no es recta”.

Dirás: “Pero estoy tratando tanto. Eso no es orgullo”. Es orgullo. Es orgullo que digas que puedes hacerlo. Puedo hacer cualquier cosa para ganar la salvación, para ganar el favor de Dios, para estar bien con Dios. Déjame decirte que Jesús ya subió esas escaleras. Las subió por ti. Él fue golpeado. Él fue crucificado. Él vertió su sangre por tu pecado. El precio ha sido pagado. A través de la fe en Él, su justicia puede ser tuya.

Me encanta el himno “Roca de la eternidad” y en particular la estrofa que dice:

Aunque fuese siempre fiel;

aunque llore sin cesar.

Del pecado no podré, justificación lograr.

Solo en ti teniendo fe, deuda tal podré pagar.

“El justo por la fe vivirá.”

No sé cómo decirlo más claramente de lo que ya lo he hecho, pero confío que mientras he estado hablando, Dios haya estado hablando a sus corazones y tal vez ayudando a algunas a ver que no son justas. Has estado haciendo un esfuerzo tan grande para ganar Mi favor, te dice Dios pero tu alma es orgullosa, no es recta en ti. Has estado tratando de salvarte a ti misma, pensando que de alguna forma podías merecer Mi favor.

Tal vez hoy el Espíritu Santo haya hecho por ti lo que hizo por Martín Lutero hace siglos cuando subió esas escaleras. Encendió la luz. Te ha ayudado a ver que el justo por la fe vivirá. Fe solo en Cristo. Cristo, que cargó nuestros pecados sobre sí. Que fue hecho pecado por nosotros para que pudiéramos ser justicia de Dios en Él.

Tal vez Dios está poniendo esa fe hoy en tu corazón. Y te preguntas: ¿Qué hago? Cree. Si Dios te está dando arrepentimiento de tu orgullo y de tu corrupción, no sigas por ese camino. Renuncia a tu orgullo, a tu corrupción. Arrepiéntete de tu pecado, y date cuenta de que no tienes nada que ofrecerle a Dios. Arrepiéntete de tu propia justicia, de tratar de agradar a Dios independiente de la fe en Cristo. Luego simplemente vuélvete de ti misma hacia Cristo, y pon tu fe en Él.

Escucha, al final de cuentas cada persona en esta tierra está dependiendo de una de dos cosas para su salvación eterna, para su relación con Dios. O está dependiendo de sí misma, o está dependiendo de Cristo. ¿Dónde está tu confianza? ¿De quién estás dependiendo? ¿Dónde está tu fe? Confía en Cristo hoy para tu salvación.

Mi esperanza está en el Señor,

quien su vida dio por mí.

Y el precio pagó de mi pecado en el Calvario.

Sin merecerlo yo, su ira suprimió.

Mi única esperanza es la justicia de Jesús y por mí Él está,

ante el trono del Padre.

Sus manos heridas muestra y me llama como suyo.

Su gracia todo lo planificó,

Y a mí me toca creer.

Y reconocer su obra de amor

Y a Cristo recibir.2

Carmen: ¿Estás viviendo por fe en este día? Nancy Leigh DeMoss le ha dado a cada radioescucha la oportunidad de reducir la velocidad y hacerse esa pregunta tan importante. El programa de hoy describe el momento decisivo en la historia de Habacuc. Si eres nueva con nosotras, acabas de escuchar una muestra de lo emocionante y práctico que es el libro de Habacuc.

Una mujer nos escribió durante esta serie y nos dijo que su pastor le pidió a la congregación que abriera sus Biblias en uno de los profetas menores. Ella se entristeció al darse cuenta de lo nuevas que estaban las páginas de su Biblia en esa sección. Luego Nancy comenzó esta serie de Habacuc y le ayudó a darle uso. Ella escribió lo siguiente:

Amo este ministerio. ¡Si no fuera por su enseñanza tan sólida, no estaría donde estoy en Dios y en mi matrimonio hoy!

Annamarie Sauter: “¿No eres Tú desde la eternidad oh Señor mio, Santo mío? No moriremos. Oh Señor para juicio lo has puesto, Tú oh Roca, lo has establecido para corrección, muy limpio son tus ojos para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión ¿por qué miras con agrado a los que proceden perfidamente y callas cuando el impio traga al que es mas justo que él? ¿Por qué has hecho a los hombres como peces del mar , como reptiles que no tienen jefe?

A todos los saca con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla . Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ella su pesca es abundante y suculenta su comida. ¿Vaciará pues su red y seguirá matando sin piedad a las naciones?”

Libro de Habacuc capítulo 2,

“Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondré, velaré para ver lo que Él me dice, y qué he de responder cuando sea reprendido. Entonces El SEÑOR me respondió y dijo : ‘Escribe la visión y grábala claramente en tablas para que corra el que la lea, porque es aun visión para tiempos señalados, se apresura hacia el fin y no defraudará, aunque sea tarde espérala, porque ciertamente vendrá, no tardará’. He aquí el orgulloso en él su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirá”.

Carmen: Vienes a Dios para recibir Su perdón por fe, pero la fe no se detiene ahí. Necesitamos fe cada día y Nancy nos explicará por qué en nuestro siguiente programa. Por favor regresa con nosotras a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1Citado del mensaje de Deffinbaugh sobre Habacuc- de James Montgomery Boice, The Minor Prophets: An Expositional Commentary, vol. 2, Micah-Malachi (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1986), pp. 91-92, citando a F.W. Boreham en A Bunch of Everlastings or Texts that Made History (Philadelphia: Judson Press, 1920), pp. 20, 27.

2″My Hope is in the Lord.” Norman J. Clayton.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Jul 13 – Llegará el día

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 13 – Llegará el día

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/llegara-el-dia/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Dios no mide el tiempo en la manera en que tú y yo lo hacemos. “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento”. “Pero el día del Señor vendrá”.(2 Pedro 3:9-10). “Aunque tarde, espéralo…” (Habacuc 2:3).

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss.

Cuando eras niña, es probable que hayas vuelto locos a tus padres al preguntarles: “¿Cuándo vamos a llegar? ¿Cuánto tiempo falta?” Es posible que todavía le hagas preguntas similares a Dios. Habacuc lo hizo.

Hemos estado revisando la vida de este profeta del Antiguo Testamento, y descubriendo cuán relevantes son sus preguntas para nuestras vidas hoy en día. Aquí está Nancy para continuar la serie, Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Hemos estado aprendiendo tanto sobre el corazón y los caminos de Dios a medida que avanzamos a través del libro de Habacuc. Espero que lo estés leyendo con nosotras. Y también espero que estés buscando a Dios personalmente y no solo descansando en mis reflexiones sobre este libro. Solo espero haberte abierto el apetito para buscarlo más.

Un amigo me dijo el otro día, “Después de que hayamos terminado con las sesiones de grabación de Habacuc, habré aprendido mucho más sobre este libro que lo que antes conocía”. Esto es así porque no se escuchan muchas enseñanzas sobre este libro. Es mi deseo no solo que lo estés conociendo más a Dios, sino que lo ames más después de haberlo conocido más a través de este libro.

Estamos en el capítulo 2. Hemos visto en los dos primeros versículos que Habacuc subió a esperar para ver lo que Dios le diría como respuesta a la crisis que él estaba pasando en su corazón sobre la condición del mundo: El hecho de que los babilonios, los caldeos, serían el instrumento que Dios usaría para castigar a Su pueblo.

Habacuc sabía que el pueblo de Dios debía ser castigado, pero pensó que tal vez esas medidas eran un poco severas. No podía entender cómo Dios podría provocar este tipo de calamidad, a fin de lograr sus propósitos.

Pero una vez le dijo a Dios lo que pensaba de todo esto él dijo,

“Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la resistencia me pondré; velaré para ver lo que Él me dice…” (Versículo 1).

Él se preparó ahora para escuchar la respuesta de Dios.

Vimos en la última sesión en esas preciosas palabras del versículo 2: “Entonces el Señor me respondió.” Hablamos sobre el hecho de que Dios todavía habla a Su pueblo hoy en día a través de Su Palabra, y por Su Espíritu.

Dios le habló y le dijo a Habacuc, en esencia, “Yo te voy a dar el mensaje que se necesita para esta situación.” A este mensaje el texto le llama una visión. Él le dijo a Habacuc: “Yo quiero que escribas este mensaje para que otros puedan leerlo y escucharlo también.” Y dice en el versículo 2, “El Señor me respondió”.Esto es lo que Dios le dijo:

“Escribe la visión y grábala en tablas, para que corra el que la lea.” (Versículo 2).

Por supuesto, esto estaba ocurriendo en los días cuando la gente no tenía noticias vía el Internet dentro de sus mismas casas. Ellos no tenían periódicos. Por eso, cuando había un anuncio importante, este se escribía en tablillas de arcilla o en papiros.

Entonces, los corredores en sentido figurativo llevarían copias del mensaje a todas las zonas periféricas para que la gente pudiera recibir el mensaje. Este mensaje iba a ser dado a los corredores o mensajeros que lo llevarían por todo el país.

Ahora bien, la visión o el mensaje que sigue (no vamos a llegar a esa parte aun) era un mensaje duro, como veremos en los próximos programas. Fue un mensaje de juicio.

A veces la respuesta, la visión, el mensaje que Dios da por medio de Su Palabra a sus siervos es un mensaje de juicio. Dios le dijo a Habacuc: “Quiero que los que llevan este mensaje – los mensajeros- quiero que corran a llevarlo”.

Si tuvieras que darle malas noticias a alguien… ¿correrías a llevárselas? Por ejemplo, “Vas a tener cáncer” o “Dios va a destruir esta ciudad”. Si tuvieras un mensaje como este, ¿no crees que vacilarías un poco antes de salir corriendo a llevarlo?

Pero Dios dijo: “Este es un mensaje demasiado importante, y en última instancia, es un mensaje que por difícil que sea, va a salvar vidas. Quiero que los mensajeros corran con él, y que lo declaren sin vacilar”. A veces Dios nos da un mensaje duro para dar. A veces, al grabar Aviva Nuestros Corazones tiemblo por dentro. Pienso, “¿Es realmente eso? ¿Dios realmente quiere que yo diga eso?”

La gran parte de lo que decimos en este programa es contra-cultura. Va en contra de la corriente, no solo del mundo sino de la cultura cristiana, y, a veces tiemblo por dentro cuando pienso en lo que debo decir para transmitir la Palabra de Dios a las mujeres de hoy.

Pero Dios dice: “Corre con ese mensaje. Entrégalo sin titubear”. A medida que pronuncias este mensaje de juicio, no te deleitas en la caída de los impenitentes, sino que con ansias buscas su arrepentimiento, su quebrantamiento y su salvación.

El mensaje que Dios da, el mensaje que Dios le envía a uno de sus hijos a través de Su Palabra, puede ser un mensaje fuerte. Pero Dios nos dice: “No le des largas al asunto. Corre a pronunciarlo”.

En respuesta a esta carga de Habacuc y en respuesta a sus preguntas, Dios le revelará a Habacuc lo que va a suceder tanto a los babilonios como a los judíos. Judá está a punto de ser devorado por los babilonios. Ese es el asunto con el que Habacuc ha estado luchando.

Pero Dios quiere que Habacuc mire más allá de ese tiempo y vea que un día Dios devorará a los babilonios, que esta gente malvada, despiadada, que devorará a los judíos – Él quiere que Habacuc sepa que ese no es el final de la historia.

Dios va a tratar con los babilonios también. Su juicio es seguro también. Dios va a juzgar a los babilonios por su pecado, así como él está a punto de juzgar a los judíos, por los suyos.

Sin embargo, el cumplimiento de esta promesa, el cumplimiento de esta historia, ese desenlace, no va a ocurrir de inmediato. De manera que él le advierte que la visión que le dará no se cumplirá de inmediato. Él dice: “Tendrás que esperar para ver el cumplimiento”.

Mira el versículo 3:

“Porque es aún visión para el tiempo señalado; se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará.”

¿Qué le está diciendo Dios? “La visión espera su momento señalado”. La visión, el mensaje, se cumplirá en el tiempo. Dios está diciendo que hay un tiempo señalado para su cumplimiento. Será el tiempo señalado por Dios -en su tiempo y no en el nuestro.

Y ese tiempo no había llegado todavía. “Te diré lo que ocurrirá” -así como Dios nos ha dicho muchas cosas en la Escritura acerca de lo que va a suceder en el futuro. Pero Dios dice: “No va a pasar todavía. Si va a suceder. Sin duda, va a ocurrir, pero hay un tiempo señalado para ello”.

Dios ha señalado la hora. Dios sabe cuándo pasará, y qué va a suceder en ese tiempo -pero no antes.

Es importante que recordemos esto, porque a veces Dios nos muestra en Su Palabra cosas que van a suceder, y luego nos impacientamos porque no están sucediendo. Pero Dios dice: “Es que Hay un tiempo señalado. He ordenado cuándo ocurrirá”.

El cumplimiento del plan de Dios, las promesas de Dios, parecería tardar. Podrían lucir hasta como mentiras. Parecería que hemos sido engañadas. Parecería que esas promesas nunca se llegarán a cumplir.

Lees promesas como la que vamos a ver más adelante en Habacuc: “Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar”(v. 14). Bueno, no parecería que eso está sucediendo. En todo caso, el paganismo es rampante. El liberalismo es rampante. La gente se opone a Dios. Parece como que el mal estuviera ganando.

Sin embargo, leemos en las Escrituras que la justicia y Dios van a triunfar. Parece que la promesa de Dios no se está cumpliendo. Pero Dios dice: “Aunque les parece que es lento y que tarda, espérenlo, sin duda vendrá; Y no tardará”.

Ahora bien, parecería que tarda por la manera como medimos el tiempo, porque estamos tan atadas a la tierra. No vivimos en la esfera de la eternidad en el sentido como Dios lo hace. Eso es lo que Pedro dice en su segunda carta, en el capítulo 3, a las personas que estaban cansadas ​​de esperar el regreso de Cristo. Él les dijo:

“Pero, amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. [ Dios no mide el tiempo de la misma manera de tú.] El Señor no se tarda en cumplir Su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento” (Versículos 8-9).

“Si te parece lento, espéralo, sin duda vendrá, no tardará”, eso fue lo que Dios le dijo a Habacuc.

Una madre estaba compartiendo conmigo acerca de su hijo adolescente que sufre grandes limitaciones y tiene problemas serios. Están luchando para tratar con estos asuntos, y con muchas otras cosas más.

Cualquiera que sea la situación, cualquiera que sea la circunstancia que estés atravesando ahora, no has visto el final de la historia. Podría parecer que la situación durará para siempre. Pero, no va a durar para siempre. Para aquellos que creen, las promesas de Dios son una fuente de consuelo, de paz y de esperanza. Pero para aquellos que no creen, son una advertencia seria que debe ser escuchada. Porque, El día del Señor vendrá.

Si no eres creyente, esto es una amenaza para ti. Si eres creyente, te da esperanza. ¡El día del Señor vendrá! El día de hoy que estamos viviendo ahora no será para siempre. Dios va a terminar la historia. Así que Dios le dijo a Habacuc: si la visión, si el cumplimiento de las promesas de Dios, si el cumplimiento del plan de Dios, si todo ello, te parece tardar… pero espera. Sin duda vendrá. No tardará.

Vamos a regresar a este tema de la espera más adelante en el libro de Habacuc. Vas a tener que esperar para eso. Pero quiero que nos detengamos aquí por un momento porque el libro hace referencia al tema varias veces, así que creo que vale la pena repetirlo.

Este versículo de Habacuc capítulo 2, “Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará”, se cita con un poco de variación en el Nuevo Testamento, en el libro de Hebreos, en el capítulo 10. Quizás quieras buscar el versículo para que lo veamos…

El contexto de Hebreos capítulo 10 es que los creyentes del Nuevo Testamento están sufriendo mucho por la fe. Están siendo perseguidos. En el versículo 36 el escritor dice:

“Porque tenéis necesidad de paciencia, para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. [Y aquí viene la cita de Habacuc], PORQUE DENTRO DE MUY POCO TIEMPO, EL QUE HA DE VENIR VENDRÁ Y NO TARDARÁ.” (Versículo 36-37).

Ahora, si tienes ahí los dos textos, compáralos. Hay una pequeña variación allí. En Habacuc dice: “Ciertamente vendrá”. Es decir, el cumplimiento de la visión de Dios y las promesas. “Ciertamente vendrá, no tardará”.

¿Pero qué dice Hebreos? “EL QUE HA DE VENIR VENDRÁ Y NO TARDARÁ”. Habla de algo en Habacuc. Pero en Hebreos habla de alguien. ¿Quién es la persona que ha de venir? ¡Es Cristo! ¡Jesús! El escritor de los Hebreos aplica Habacuc capítulo 2 versículo 3 a la segunda venida de Cristo: Él vendrá.

Ahora, en Habacuc Dios está hablando de la visión de la destrucción de los babilonios. Esa es la situación inmediata, la visión inmediata. A eso se refiere cuando dice: “Si les parece lento, espérenlo, sin duda vendrá, no tardará”.

Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, el escritor dice: “No es solo la destrucción de los babilonios. Eso ya sucedió. Se trata del retorno de Cristo quien regresará para terminar esta historia”.

De manera que cuando estés sufriendo y creas que no puedes continuar por mucho más tiempo, ¿qué dice el escritor? Necesitas perseverancia.

¿Qué te va a sostener? ¿Qué te ayudará a soportar el duro y desagradable “aquí y ahora”, mientras esperas que se cumplan las promesas de Dios, y cuando sientes que nunca se cumplirán? ¿Qué te va a sostener? Te debe sostener el prometido e inminente retorno de Cristo.

Por lo tanto, dice, “No pierdas de vista lo que viene. Si les parece lento, espérenlo. Viene dentro de poco”. Tú dices: “¿Un poco más? ¡Hemos estado esperando siglos, milenios para el regreso de Cristo!” “Porque mil años son como un día para Dios. Así que solo han transcurrido un par de dias desde que esta promesa fue hecha. Y tú dices: “¡Han sido miles de años!” Esa es solo nuestra perspectiva. En la perspectiva de Dios, solamente han transcurrido un par de días. “Todavía un rato, y el que viene vendrá y no tardará”. De manera que puede ser que se retrase el regreso de Cristo. Y tú dices: “Señor, ven pronto. ¡Sácame de este lío!”

Él dice, “es necesaria la paciencia, de modo que cuando hayas hecho la voluntad de Dios podrás recibir lo prometido”. Porque, “EL QUE HA DE VENIR VENDRÁ Y NO TARDARÁ”, Él vendrá. Es cierto. Él vendrá a juzgar a los malvados. Él vendrá a rescatar a los justos. Así que soporta un poco más. Él se manifestará en medio de tu situación -a Su manera y en Su tiempo. Así que espera. No te rindas.

Como dice aquél tradicional himno:

Todo habrá valido la pena cuando vemos a Jesús. Las pruebas de la vida parecerán tan pequeñas cuando veamos a Cristo. Con sólo una visión de su a amado rostro, todo el dolor se borrará. Corre valientemente la carrera hasta que veamos Cristo1.

En poco tiempo el que ha de venir vendrá. Él no tardará. De manera que vemos en este texto de Habacuc que Dios ha revelado Sus caminos claramente. Él dijo: “Escribe la visión y grábala claramente en tablas”.

Dios nos ha revelado en Su Palabra lo que va a suceder. Conocemos el fin de la historia!Sabemos quién ganara. Sabemos que vendrá el jinete en su caballo blanco y vencerá sobre todo mal, y la justicia prevalecerá. Jesús reinará como Rey y Señor por siempre y para siempre. Sabemos el fin de la historia. Dios lo ha revelado claramente.

Sabemos lo que sucederá con los soberbios. Van a ser juzgados. Sabemos lo que le sucederá a los fieles. Ellos serán rescatados. Estos son temas que aparecen a lo largo de la Escritura. Y sabemos que lo que Dios prometió sucederá en el tiempo señalado.

Así que mientras tanto, Dios le está diciendo a Habacuc -y el escritor de Hebreos nos dice: En el “mientras tanto” te sustentaré a través de épocas difíciles. Serás capaz de perseverar a través de tiempos difíciles. Y serás capaz de continuar aun cuando las cosas no tengan sentido y te parezca que el mal está ganando”.

¿Cómo? Creyéndole a Dios. Por la fe. Como veremos, este precisamente es el tema de este libro. No estamos allí todavía, pero el escenario se está preparando: por la fe. Es la fe que te permitirá esperar con paciencia, esperar en silencio y no estar ansiosa ni perturbada por tu situación.

¿Por qué vivimos estas vidas quejumbrosas, cargadas de preocupación cuando podemos vivir con esperanza? ¿Cuándo podríamos cantar? ¿Cuándo podríamos regocijarnos? Nosotras decimos: “Voy a cantar y a regocijarme después que Dios me saque de este embrollo”. Pero Dios nos dice: “No. En medio de este lío, espera, persevera, porque el que viene ha de venir, y Él no tardará”.

Créele a Dios. En poco tiempo la promesa se cumplirá. Dios tiene un propósito. Él tiene un plan para este mundo. Él tiene un plan para tu vida. Y todos los propósitos y planes de Dios se cumplirán a su debido tiempo, en su calendario, no de acuerdo al tuyo.Necesitas perseverancia.

Pero ¿Cómo se obtiene la perseverancia? ¿La obtienes cuando todas tus oraciones son contestadas en los próximos tres minutos? Eso no cultiva la perseverancia. Algunas de ustedes son corredoras. ¿Cómo obtienes resistencia para continuar corriendo? Mediante la práctica. No la obtienes corriendo una carrera corta de 100 yardas, sino corriendo millas, y millas y millas. Es así como aumentas tu resistencia.

Entonces ¿Cómo cultivas la perseverancia en esta vida? “Necesitas perseverancia.” La cultivas corriendo a través de lugares difíciles, a través de sendas duras, a través de tentaciones y de pruebas y de problemas y de retos y de lágrimas y de temores. Pero mantén tu ojo en la meta final y corre por fe en que Dios va a cumplir Su plan y Sus promesas.

Así que mientras tanto, mientras estemos corriendo, mientras nosotras estemos aumentando nuestra resistencia, mientras esperamos, esperamos en el Señor. Lo esperamos a Él. Él va a obrar. Él reivindicará la justicia. Él hará caminos derechos en donde está torcido. Como dice la Escritura en Habacuc: “Si les parece lento, ciertamente vendrá, no tardará”.

Oh hermanas, este versículo debería darnos mucha esperanza. Debería darte valor. Debe llenarte de fe, en cualquiera situación que hoy te parece tan desesperante y tan larga, y tan difícil de manejar.

Ora por avivamiento. Oh Señor, hay mujeres en este lugar que han orado por avivamiento durante años, por décadas. Conozco a algunas de ustedes. Algunas de ustedes oran por avivamiento mucho más que yo, lo han anhelado, lo han esperado, y no lo han visto llegar. De hecho, la situación se ve más oscura ahora que cuando empezaste a orar por avivamiento.

Pero escuché a una mujer hace poco hablar con otra persona aquí, y ella le decía: “Yo sé que Dios lo va a enviar”. Dios ha puesto fe en su corazón. Si les parece lento, espérenlo, sin duda vendrá, en el tiempo de Dios y a la manera de Dios, no tardará.

No te canses. No te rindas. Sigue creyéndole a Dios. Continúa ejercitando la fe. Mientras tanto, ten cuidado de no tomar los asuntos en tus propias manos para tratar de arreglarlo por ti misma o para arreglar tus circunstancias.

Recibo tantas cartas y correos electrónicos de oyentes que se lamentan de haber tomado los asuntos en sus propias manos en vez de esperar que Dios cumpliera Su propósito en sus vidas. Recibí un correo electrónico largo la semana pasada.

No tengo tiempo para leerlo completo, pero esta mujer se crió en un hogar disfuncional que la llevo a una horrible promiscuidad sexual. Ella terminó casándose con un hombre muy impío. En el proceso de tratar de sobrevivir este terrible matrimonio, un amigo le presentó a Cristo.

Pero su marido aún no ha venido a la fe. No está bien con Dios. Continúa con su conducta pecaminosa. Ella escribió, “finalmente sucumbí… Me divorcié de mi marido”.

Luego ella relata toda una serie de eventos. Finalmente se terminó casando de nuevo y en el proceso de este segundo matrimonio, ella se volvió de nuevo al Señor. Ella se había enojado con Dios porque Dios no había cambiado a su primer esposo, y ella había seguido adelante sin Dios.

Pero se había convertido en alguien llena de ira y de impaciencia, de manera que se deshizo del primer marido. Pero Dios fue misericordioso. Y ella se casó de nuevo con un segundo marido que amaba al Señor, y que la amaba a ella. Ella volvió de nuevo a la fe.

Pero es interesante que ahora, al Dios estar tratando con ella, ahora se pregunta: “¿si hubiera permanecido con mi primer esposo… habría él llegado a conocer al Señor también? ¿Me di por vencida demasiado fácilmente?” Dios la trajo a un lugar de arrepentimiento al darse cuenta que debió haber esperado en el Señor en aquel primer matrimonio.

Ahora eso no significa que ella debe salir de su segundo matrimonio. Ella está allí ahora, y puede ser bendecida en medio de este. Ella se ha reconciliado con Dios. Y ahora está tratando con algunos asuntos del pasado de una forma que considero que es importante.

Pero ella dice, “Por fin he comprendido que mi felicidad nunca debe venir a expensas de la obediencia a la Palabra de Dios”. “He sido asombrada por la asombrosa gracia de Dios a pesar del hecho de que no esperé, de que seguí adelante, a pesar de que no esperé al Señor. Dios ha sido misericordioso conmigo”.

Pienso en ese maravilloso texto del Salmo 37 los versículos 5-11:

Encomienda al SEÑOR tu camino,
confía en El, que El actuará
hará resplandecer tu justicia como la luz,
y tu derecho como el mediodía.

Confía callado en el SEÑOR y espérale con paciencia;

no te irrites a causa del que prospera en su camino,
por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.

Deja la ira y abandona el furor;

no te irrites, sólo harías lo malo.

Porque los malhechores serán exterminados,
más los que esperan en el SEÑOR poseerán la tierra.

Un poco más [esto en el tiempo de Dios] y no existirá el impío; Buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí.

[Piensa en esto: en un poco más de tiempo el impío no estará allí! Y quizás tú piensas: “No puedo continuar en estas circunstancias”. Tú puedes. Aunque parezca que tarda, espera; porque de cierto vendrá y no tardará.]

Un poco más y no existirá el impío;
buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí.

Mas los humildes [los mansos, aquellos que le creen a Dios] poseerán la tierra, [Aunque tarde, espéralo; de seguro sucederá. El que ha de venir, vendrá. El no tardará.]. [Amén]

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha proporcionado una maravillosa perspectiva sobre la espera, el juicio y la eternidad. Es el tipo de conocimiento práctico que hemos estado recibiendo en el libro de Habacuc. Las mujeres se han sorprendido al descubrir la relevancia de las preguntas de este profeta del Antiguo Testamento. Nancy nos ha animado leer y releer el libro de Habacuc, mientras se transmite esta serie, y espero que lo estés haciendo.

¿Qué es la fe? Va más allá de lo que crees intelectualmente. Nancy nos lo explicará en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. ¡Acompáñanos!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

1 “When We See Christ. Esther Kerr Rusthoi.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Jul 10 – Escuchando a Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 10 – Escuchando a Dios

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/escuchando-dios/

Carmen Espaillat: Dios habló directamente a profetas como Habacuc. ¿Hace eso Él hoy? Aquí está Nancy Leigh Demoss.

Nancy Leigh DeMoss: Dios no está revelando nada nuevo hoy. Él ya nos ha dado todo lo que necesitamos saber. Ahora, el Espíritu Santo tomará esta Palabra, la hará viva en nuestros corazones, la aplicará, y nos demostrará cómo se relaciona con nosotras.

En la Biblia probablemente no aparecerá el nombre de tu esposo. La Biblia probablemente no te dice a qué Universidad debes ir o qué trabajo debes tomar, pero el Espíritu Santo, cuando estás en la Palabra de Dios, tomará esa Palabra y la hará viva en tu entendimiento y en tu corazón y te mostrará cómo debe ser aplicada a tus circunstancias y situaciones actuales de vida.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Si te has perdido cualquier programa de esta serie de Nancy titulada ” Habacuc: del temor a la fe “, podrás escucharlo visitando AvivaNuestrosCorazones.com. Es una visión muy honesta sobre emociones muy crudas, y hoy llegamos a un punto decisivo en el viaje espiritual de Habacuc. Ahora aquí está Nancy…

Nancy: Si has estado con nosotras a lo largo de esta serie de Habacuc, sabrás que a simple vista la mayor parte del primer capítulo no fue muy esperanzador. Tuvimos mucho pesar, calamidades y los caldeos que llegaron a tomar posesión de la tierra. Hoy llegamos a lo que creo es una de las primeras señales optimistas, de esperanza, ciertamente, en este libro en el capítulo 2 en el versículo 2.

Y voy a retomarlo desde el versículo 1 para tener algo del contexto. Habacuc ahora está listo para escuchar lo que Dios tiene que decirle y cómo Dios responderá a las preguntas y a las inquietudes que están en su corazón, como él mismo lo dice en el versículo 1 y esto lo vimos en la última sesión.

“Tomaré mi posición en mi puesto de guardia y me estacionaré en la torre, y miraré para ver lo que Él {Dios} me dirá, y lo que yo le responderé con relación a mi queja”.

Entonces el versículo 2 -y me encantan estas cinco palabras. “Y el SEÑOR me contestó.”- Me quiero estacionar en esas cinco palabras hoy — “Y el SEÑOR me contestó”. Ahora, para darnos algo de contexto aquí. Si vas hacia atrás al capítulo 1, al versículo 2, recuerda que Habacuc le dijo a Dios, “¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás?” Habacuc no pensaba que Dios lo estaba escuchando, y si Dios lo estaba escuchando, entonces parecía como que no estaba haciendo nada al respecto .

Ahora tenemos este recordatorio de que Dios ha estado escuchando todo el tiempo, y me pregunto si solamente Dios estaba esperando que Habacuc llegara a un punto donde pudiera estar lo suficientemente tranquilo, lo suficientemente callado y disponer del tiempo suficiente para escuchar la respuesta de Dios. “Y el SEÑOR me contestó”.

Es solamente un recordatorio hermoso de que cuando clamamos al SEÑOR, Él nos escucha, y Él nos responde, no siempre en nuestro tiempo, no siempre a la manera que esperamos, pero Él nos responde. No puedo decirles cuánto me encanta esa frase-“El SEÑOR me contestó”.

De hecho, encontrarás a través de todas las Escrituras una especie de hilo conector. Lo encuentras muy a menudo en los Salmos. El Salmo 138 el versículo 3 dice:

El día que invoqué, me respondiste.
Salmo 3, versículo 4,

Con mi voz clamé al Señor, y Él me respondió desde su santo monte.
Salmo 99, versículo 6:

Moisés y Aarón estaban entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; ellos clamaron al SEÑOR, Y Él les respondió.
Salmo 118, versículo 5,

En medio de mi angustia invoqué al SEÑOR; el SEÑOR me respondió y me puso en un lugar espacioso.
¿Y no es eso lo que dice Jeremías 33?

Clama a mí, y yo te responderé y te revelaré cosas grandes e inaccesibles, que tú no conoces.” (Versículo 3, parafraseado)
Ahora, Dios no siempre nos responde exactamente de la manera que nosotras pensamos que lo hará.

Estoy pensando en ese versículo de Job. En realidad, es un versículo que se repite dos veces, en Job capítulo 38 y después, otra vez en Job capítulo 40. Y dice,

Entonces el SEÑOR respondió a Job desde el torbellino (38:1 & 40:6).

Bueno, no quisiéramos que un torbellino llegue a nuestras vidas, pero algunas veces esa es la manera como Dios nos habla, en medio del torbellino.

También en Éxodo capítulo 19 -¿recuerdas que los hijos de Israel acamparon en el Monte Sinaí, donde Dios les entregó la ley? Era un lugar impresionante. Y vamos a leer un poco más sobre ese contexto y cómo Dios les respondió.

“Y aconteció que al tercer día, cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un fuerte sonido de trompeta; y tembló todo el pueblo que estaba en el campamento.” (Versículo 16)

Yo pienso que si conociéramos cómo es Dios realmente, las trompetas , los relámpagos , los truenos y las densas nubes no nos harían temblar tanto como Su presencia lo haría.

“Entonces Moisés sacó al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y ellos se quedaron al pie del monte.

Y todo el Monte Sinaí humeaba porque el SEÑOR había descendido sobre él en fuego. El humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía con violencia. El sonido de la trompeta aumentaba más y más. [¿Captas la escena aquí? Esta es una escena muy ruidosa.] Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno (versículos 17-19).

¿Cómo habrá sido eso? No me lo puedo imaginar, pero Dios le respondió a Moisés cuando Moisés le habló.

Pero ahora, volvamos a Habacuc. Habacuc ha subido a su puesto de guardia. Él dijo, “Voy a ver que Dios me dirá,” y Dios sabía que su corazón estaba en una posición donde estaba listo para escuchar. Estaba listo para recibir lo que Dios le tenía que decir, y entonces dice, “Entonces el SEÑOR me respondió”.

Ahora, eso suscita la siguiente pregunta en mi mente. ¿Por cuánto tiempo habría estado Habacuc en esa torre de vigilia, en ese puesto de guardia? ¿Por cuánto tiempo habría estado esperando? ¿Por cuánto tiempo había estado escuchando? ¿Por cuánto tiempo había estado esperando por una respuesta?

Bueno, la respuesta obvia es que no sabemos porque la Escritura no nos dice, pero te diré algo que sí sabemos. Él esperó el mismo tiempo que le tomó a Dios responder. Nosotros no sabemos qué periodo de tiempo hay entre el versículo uno y el versículo dos.

¿Le respondió Dios en tres minutos? ¿Le respondió Dios en tres horas o en tres días? ¿Qué tiempo estuvo en ese puesto de guardia? Dijimos que no es literalmente un puesto de guardia. Es una actitud de expectación- esperando en Dios, diciendo, “Señor, habla, que Tu siervo está escuchando”.

¿Qué tiempo esperó allí? Esperó lo suficiente para obtener una respuesta de Dios, y yo creo que esa es una de las razones por qué tantas de nosotras sentimos que Dios no responde nuestras oraciones es porque no esperamos el tiempo suficiente. Lanzamos nuestra oración, y entonces nos vamos de ahí y seguimos hacia la próxima actividad, la próxima ocupación en nuestras vidas. Y no esperamos que Dios nos responda.

Tú dices, “¿Tú quieres decir que se supone que mi tiempo de quietud dure tres días consecutivos, sin parar? Pero espérate, dime, ¿quién alimentará a mis hijos? ¿Cómo iré al trabajo? ¿No vivo mi vida?” Lo que estoy diciendo es que necesitamos vivir nuestras vidas en una actitud de espera y expectativa en Dios, en anticipación, en estado de alerta hasta que Dios nos de lo que necesitamos, no importa lo mucho que se tarde.

Has orado por tu esposo. Has orado por tu hijo. Has orado por un trabajo. Has orado por una situación con tus suegros o por una situación en tu escuela, y nada cambia. ¿Cuánto debes esperar para que Dios actué? ¿Cuánto debes esperar para obtener la perspectiva de Dios? El tiempo que sea necesario. Esa es la respuesta.

Espera en el Señor, y vamos a ver ese tema a través de todo el libro de Habacuc. No está expresado explícitamente aquí, pero creo que está implícito en este pasaje – él esperó.

De hecho, tenemos otra ilustración de esto en el libro de Jeremías, en el capítulo 42 dice:

Las personas . . . se acercaron, y le dijeron al profeta Jeremías, “Llegue ahora ante ti nuestra súplica, y ruega al SEÑOR tu Dios por nosotros, por todo este remanente – porque quedamos pocos de muchos que éramos, como pueden ver tus ojos – para que el SEÑOR tu Dios. . .”

Esta gente le dijo: El Señor tu Dios. Este era el pueblo de Dios, pero le dijeron a Jeremías,

Ruega que el SEÑOR tu Dios nos indique el camino por donde debemos ir, y lo que debemos hacer (versículo 1-3).

Y Jeremías les dijo, “Os he oído. He aquí, voy a orar al SEÑOR vuestro Dios,” el Señor tu Dios. Él es tu Dios, también. No es solamente mi Dios. Él es tuyo, también, pero,

“Voy a orar al SEÑOR vuestro Dios conforme a vuestras palabras, y todas las palabras que el SEÑOR os responda yo os las declararé. No os ocultaré palabra alguna.

Al final de diez días la palabra del SEÑOR vino a Jeremías.” (versículos 4 & 7). ¿Estás dispuesta a esperar por la Palabra de Dios?

La gente se acercó, y le dijeron, “Ruega por nosotros.” Jeremías les dijo, “Esta bien, Voy a orar por ustedes.” Diez días más tarde, llega palabra de Dios a Jeremías para el pueblo. ¿Estás dispuesta a esperar por la Palabra de Dios?

¿Y si se tarda diez años? En nuestras mentes, si no acontece en diez minutos, ¡nos vamos de allí! Habacuc dijo, “Estaré en mi puesto de guardia. Velaré para ver lo que Él me dice.” Entonces el SEÑOR me respondió..” Espera hasta que llegue la respuesta.

Ahora, quiero irme un poco por la tangente aquí y creo que este pasaje me da una buena oportunidad para decir algo que pienso necesita ser dicho a nuestra generación. Quiero hablar sobre la manera en la que Dios nos habla hoy.

“El SEÑOR me contestó.” ¿Qué significa eso para nosotras? ¿Cómo lo vemos? ¿Qué entendemos por eso? Bueno, hay diversos lugares en las Escrituras que nos pueden ayudar, pero el que encuentro más útil está en… vamos a Hebreos capítulo 1; quiero que vayas allí.

Hebreos capítulo 1, versículo 1 nos dice que,

“Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas…”

De manera que hay una manera que Dios usó para hablar a Su pueblo. Acabamos de leer algunas de esas formas que El uso en los días del Antiguo Testamento. Dios le habló en el torbellino, en el trueno, en voces, a través del profeta Jeremías.

Dios les dió estas voces audibles. Pero en estos últimos días, “{Dios} nos ha hablado” y ha finalizado de hablar “por su Hijo {Cristo}, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo” (versículos 1-2).

Dios acostumbraba a hablar de muchas maneras diferentes. Ahora, Dios nos ha dado Su revelación completa, Su Palabra completa, la Palabra viva, Jesucristo. Cuando venimos a Hebreos capítulo 12, el autor dice, “Mirad que no rechacéis al que habla” (versículo 25a).

En el pasado, Dios habló de cierta manera. En estos últimos días, Dios nos ha hablado por medio de Su Hijo, pero entonces Él dice que hay un sentir en el cual Dios todavía está hablándonos.

“Porque si aquellos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo” (versículo 25: b). Él dice, “Dios está aún hablando, y eso plantea esta pregunta. ¿Cómo Dios nos habla hoy?

Quizás tú dices, “Quiero la respuesta de Dios. Quiero saber lo que Dios piensa. Me he colocado en mi puesto de guardia. Quiero saber como Dios quiere que yo responda sobre este asunto en mi matrimonio, en mi iglesia, en mi lugar de trabajo.

“¿Qué hago? ¿Cómo debo esperar escuchar de Dios? ¿Tendré un sueño? ¿Tendré quizás una visión? ¿Escucharé una voz audible? ¿Cómo sabré que Dios me está hablando a mí?”

Bueno, como acabamos de leer en Hebreos capítulo 1, antes de que se completaran las Escrituras, Dios usaba frecuentemente cosas como visiones y sueños y voces audibles. Eso no era inusual en el Antiguo Testamento el que Dios hablara de esas maneras.

Pero ahora que se han completado las Escrituras -la Palabra escrita de Dios- Dios nos habla a través de Su Palabra. Él nos habla a través de Su Palabra. Su Palabra en las Escrituras está completa, y Dios nos habla por Su Espíritu que mora dentro de nosotras.

¿Qué hace el Espíritu? El Espíritu nos ayuda a entender la Palabra, por lo que el Espíritu dentro de nosotras nos da entendimiento, ilumina esa Palabra. Mientras he estado leyendo el libro de Habacuc en estas últimas semanas, he estado confiando en el Espíritu de Dios para que derrame luz sobre estos pasajes, para ayudarme a entender su interpretación y su aplicación a mi vida.

El Espíritu Santo toma la Palabra que es simplemente tinta sobre papel, el Espíritu Santo la abre ante nuestros ojos, y la hace tomar vida. Él la aplica en nuestros corazones. Mientras leo las Escrituras, me doy cuenta de que es Dios quien me está hablando. Es el Espíritu Santo quien me está dando ese entendimiento. Es el Espíritu Santo quién me da convicción mientras leo las Escrituras, quién me dirige, quién me guía a través de la Palabra de Dios.

Dios habla claramente hoy, más claro que nunca, por Su Espíritu y a través de Su Palabra escrita, la Biblia, así que no esperes que Dios te hable o te responda cuando vayas a tu puesto de guardia, cuando vayas a tu torre y estés buscando respuestas-no esperes que Dios te responda apartada de Su Palabra. Déjame decirlo de esta manera. Dios no está revelando nada nuevo hoy.

Ahora bien, vas a escuchar a personas decir, “Dios me dijo esto. O Dios me dijo aquello”. Si lo que ellos están diciendo es, “Dios me dijo esto a través de Su Palabra,” eso hace mucho más sentido, pero si ellos están diciendo, “Dios me dijo algo nuevo o diferente que no está en la Palabra de Dios,” están hablando por Dios de una manera que nosotras sabemos no es bíblica.

Dios no está revelando nada nuevo hoy. Él nos ha dado todo lo que necesitamos saber. Ahora, el Espíritu Santo tomará esa palabra, la avivará en nuestros corazones, la aplicará y nos mostrará cómo se relaciona con nosotras.

Probablemente la Biblia no contiene el nombre de tu esposo. La Biblia, probablemente no te dice a qué universidad debes ir o qué trabajo debes tomar, pero el Espíritu Santo, mientras estás en la Palabra de Dios, tomará esa Palabra y la avivará en tu entendimiento y en tu corazón y te mostrará cómo debe ser aplicada a las circunstancias y a las situaciones de tu vida en ese momento.

No puedes esperar ignorar las Escrituras o dedicarle un tiempo limitado o leerla con mucha rapidez, recibir una dosis mínima de ella en tu corazón y llenar tu mente con otros libros, con programas de televisión y música y esperar que Dios te responda.

Una de las cosas que he notado desde que inició Aviva Nuestros Corazones es que hay un movimiento real en el mundo cristiano evangélico alejado de la enseñanza, de la predicación y de la proclamación de la Palabra de Dios.

¿ Y qué lo ha reemplazado? Bueno, muchas cosas, pero una de las cosas más populares que la ha reemplazado es la música. Estamos viendo esto, por ejemplo, en la radio cristiana de hoy, “Más personas sintonizarán una estación si tiene música que si tiene la Palabra de Dios siendo proclamada,” así que el argumento es, “Bueno llevaremos la Palabra a ellos a través de la música.”

Ahora, ¿la música es bíblica?, si es una música centrada en la Biblia. No hay nada malo con ella, pero Dios nos habla a través de Su Palabra. Aun la música, si realmente va a ser de beneficio para nuestras vidas espirituales, debe estar llevando la Palabra de Dios a nuestras vidas. Pero la sabiduría convencional es: “La gente no quiere escuchar la Palabra de Dios enseñada. Quieren escuchar más música”.

Bueno, no dudo que eso sea verdad, pero la pregunta es: ¿Quieren escuchar a Dios? ¿Quieren respuestas, o simplemente quieren estar entretenidos? Si solamente quieres estar entretenida, entonces mantén tu vida llena de música y de otras cosas que te mantienen feliz, pero si quieres obtener respuestas, tienes que ir a la Palabra de Dios.

Tenemos que ser personas de la Palabra de Dios. No puedes ignorar las Escrituras, obtener dosis mínimas de ella en tu vida, llenar tu vida de otras cosas, y entonces esperar obtener respuestas de parte de Dios.

¿Cuáles son entonces algunos puntos importantes que debemos recordar hoy? Número uno: Dios nos escucha y nos responde cuando oramos. Puede que pienses que Él no está escuchando. Puede que no sientas que Él está escuchando. Puede que no veamos Su respuesta. Puede que no comprendamos Su respuesta, pero Dios escucha y responde las oraciones.

Es bueno recordar las cinco palabras, que me encantan, del versículo 2 de Habacuc capítulo 2, “Y el SEÑOR me respondió.” Ahora, ten presente la posición en que estaba Habacuc cuando el Señor le respondió. Él estaba a la expectativa. Estaba esperando. Estaba escuchando. Estaba en su puesto de guardia. Estaba en su torre.

Algunas de nosotras no estamos escuchando a Dios porque no estamos tomando el tiempo para escucharlo; el tiempo de esperar en Él, de permitirle hablarnos. Dios escucha y responde cuando oramos, pero recuerda esto: Dios no siempre responde inmediatamente. ¿Qué está esperando? No sé.

Quizás está esperando que estemos listas para escuchar.

Quizás está esperando que estemos en un lugar donde estemos preparadas para la respuesta.

Quizás está esperando por algo que no tiene nada que ver con nosotras, pero Dios sabe por qué.

Él tiene Sus razones. Podemos confiar en que, aunque Él no siempre responda inmediatamente, aún así está escuchando, y está en el proceso de respondernos. Tenemos que estar dispuestas a salirnos de la multitud, a estar tranquilas, a esperar, a escucharlo hablar, y esto es de lo que se trata la meditación- mientras vamos a la Palabra de Dios- no estar apresuradas o distraídas.

Solamente quiero decirte, que Dios ha estado haciendo algo muy fresco en mi propio corazón durante el último par de meses, en mi tiempo de quietud personal. He sido retada a ir a la Palabra de Dios y poner a un lado todas las distracciones, todas las interrupciones. Estoy encontrando que soy capaz de escuchar mejor cuando no estoy haciendo tantas cosas al mismo tiempo, cuando me detengo para meditar en la Palabra de Dios.

Eso es algo que me ha encantado sobre este estudio de Habacuc, y mientras camino con mi compañera de caminatas, hablamos de Habacuc. Citamos Habacuc. He pensado en Habacuc cuando me voy a dormir y cuando me levanto, versículo por versículo, frase por frase, meditando sobre ello, masticándolo, escuchándolo, diciendo una frase y ponderándola – ¿qué quiere decir Dios con esto?

“Y el SEÑOR me respondió.” ¿Qué significa esto? ¿A qué se parece esto? Como resultado, la Palabra está retornando viva hacia mí de una manera que no siempre pasa si permito interrupciones, distracciones o si tengo prisa o estoy tratando de cubrir cantidades masivas de Escrituras cada día. Ha sido bueno para mí reducir la velocidad, irme a mi puesto de guardia, escuchar lo que el Señor me dirá.

Entonces recuerda que la respuesta de Dios no es siempre lo que hemos esperado o deseado. Cuando vas a escuchar a Dios, no le digas cómo responder, y no lo limites a responder de la forma como tú piensas que Él debe hacerlo, o a la manera que tu esperas que Él lo haga.

A Dios le encanta sorprendernos con Sus respuestas. Puede que pienses que Su respuesta no es la correcta, pero te garantizo que sí lo es. Ahí es que entra la fe, y eso es lo que Habacuc llega a entender.

Déjame preguntarte esto. ¿Estás escuchando de Dios? ¿Te está Dios hablando? ¿Estás recibiendo respuestas de Dios?

“Y el SEÑOR me respondió.” “Clamé, y el SEÑOR me respondió.” “El SEÑOR me respondió.” “El SEÑOR me respondió.” Está en toda la Escritura.

¿Te está Dios respondiendo?

¿Te está Él hablando?

Si no es así , ¿por qué no?

¿Te estás colocando en una posición, en un lugar, donde puedes escucharlo a Él?

¿Estás tú en la Palabra?

¿Estás meditando en ella?

¿Estás reflexionando en ella?

¿Estás tomando tiempo en ella?

Amigas, no me digan cuán ocupadas están porque yo lo sé. Yo también estoy ocupada. Todas lo estamos, y algunas veces simplemente pienso, en toda esta actividad -Dios quisiera tener mucho menos actividad y simplemente más de nosotras.

¿Sabes qué? Encuentro que tengo que ser inflexible con mi agenda y con mi horario. Hay personas con las que no me puedo reunir. Hay personas a quienes no puedo ver. Hay cartas que no puedo escribir. Hay lugares a los que no puedo ir. Hay compromisos de conferencias que no puedo tomar.

Ahora, yo no estoy diciendo que nunca hago ninguna de estas cosas, pero tengo que limitarlas. Algunas veces las personas no entienden por qué no estoy haciendo más cosas, por qué no soy más social.

¿Sabes qué? Es porque he decidido que en esta vida quiero prepararme para estar lista para encontrarme con Dios, y eso significa que quiero estar escuchándolo. Y eso toma tiempo.

Tienes que hacer el tiempo. Eso no va a ocurrir solo en tu agenda. Tienes que apartar es el tiempo. Colocarlo aparte.

Ve a tu puesto de guardia. Ve a tu torre. Mantente alerta para ver lo que Dios te dirá, y a Su manera, y en Su tiempo, Él te responderá.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta muy pronto para orar. Oramos en fe, sabiendo que Dios responderá. El libro de Habacuc nos ha mostrado lo que se siente el pensar que Dios no está escuchando. También explica porqué la respuesta de Dios es diferente de lo que esperamos, y hoy vimos que Dios contesta a aquellos que pacientemente esperan por Él.

¿Porqué no escudriñas el libro de Habacuc más profundamente? Así descubrirías más sobre la oración, sobre esperar, sobre la frustración y sobre el gozo. Durante la serie actual de Nancy titulada ” Habacuc: del temor a la fe ” yo espero que estés leyendo y releyendo el libro de Habacuc.

Por 2,000 años, los creyentes en Jesús han reclamado que Él viene pronto. Bueno, la mayoría de nosotros no planificamos en segmentos de miles de años ni pensamos en un milenio como algo que viene pronto. Nancy Leigh DeMoss te ayudará a encontrarle sentido a todo cuando ella regrese en el próximo programa. Ahora ella está de vuelta para orar.

Nancy: Señor, danos oídos para escuchar y corazones para recibir lo que Tú nos dirás. Gracias porque Tú eres un Dios que habla, un Dios que se ha revelado a Sí mismo. Gracias porque Tú quieres darnos dirección, sabiduría, comprensión fresca y entendimiento.

Ayúdanos a tener corazones quietos, a estar lo suficientemente quietas para escucharte y recibir lo que Tú nos dirás. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Jul 9 – La torre de vigilia

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 9 – La torre de vigilia

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-torre-de-vigilia/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que el tiempo que pasas a solas con el Señor no es solo para ti.

Nancy Leigh DeMoss: No trates de enseñarle a tus hijos los caminos de Dios si no has estado escuchando lo que Él te ha estado diciendo a ti. No trates de corregir a tu marido o de arreglar sus cosas si no has subido a la torre de vigilia, te has puesto en guardia y has estado atenta a lo que Dios te va a decir.

Habacuc dice, “ “Voy a mirar y a ver lo que Él me va a decir a mí”.”

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Para un profeta del Antiguo Testamento, era crucial escuchar la voz de Dios con toda exactitud. No es menos importante para nosotras en el día de hoy. Nancy nos va a explicar a medida que profundicemos en este estudio titulado “ “Habacuc: del temor a la fe 

Nancy: Finalmente hemos llegado al capítulo 2 de Habacuc. Algunas de ustedes pensaron que nunca íbamos a llegar ahí. El capítulo 2 contiene 3 versículos muy conocidos.

Si tienes tu Biblia, ábrela en Habacuc en el capítulo 2. Mira la segunda parte del versículo 4 “mas el justo por su fe vivirá”. ¿Has escuchado eso antes? “El justo por su fe vivirá.” Es citado tres veces en el Nuevo Testamento.

Ese es uno de los versículos más conocidos y uno de los más importantes en toda la Biblia. Ya llegaremos a esa parte en algunos días.

El versículo 14 es también uno que creo que es muy familiar: “Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar.”

Eso nos habla del alcance del plan de Dios. Nos da esperanza. Nos recuerda todo lo que nos espera más adelante mientras sigamos soportando la vida en este planeta caído, lidiando con caldeos y demás.

Luego el versículo 20 que es muy conocido también, leemos: ““Pero el Señor está en Su santo templo: calle delante de Él toda la tierra”.” Puede que hayas escuchado ese versículo, o quizás lo hayas visto en relación a asistir a la iglesia.

En realidad esa no es la aplicación de este versículo, cuando lleguemos al final del capítulo 2 veremos lo que es que verdaderamente significa. Pero aquí tenemos tres versículos que son muy familiares. Creo que será muy emocionante el enterarnos del por qué estos versículos están en la Biblia, en qué contexto encajan y qué tienen que ver con todo este grandioso plan de Dios.

Eso es parte de lo que veremos en los próximos días, pero empecemos hoy en el capítulo 2, versículo 1. Para aquellas de ustedes que no han estado con nosotras, recapitulo un poco lo que hemos tratando hasta ahora:

Habacuc está sosteniendo un diálogo serio, intenso y honesto con Dios. Él mira a su alrededor y ve cosas que están sucediendo en el pueblo de Dios, que no debieran estar ocurriendo. Él ve el pecado, la violencia, la injusticia, la gente haciendo alarde de su desobediencia ante la ley de Dios y nadie hace nada al respecto. Los líderes tampoco están tomando las cosas con la seriedad que deberían.

Habacuc está, verdaderamente agobiado no solo por lo que está pasando sino porque Dios no parece estar haciendo nada al respecto. Por lo que él clama a Dios. Él ha estado orando. Él ha estado haciéndole preguntas a Dios.

Dios, finalmente, le dice ““Estoy trabajando en tus días”.” “No estoy pasivo. No estoy actuando ociosamente como crees que estoy. Contrario a todas las apariencias, estoy trabajando, pero la manera en la que lo estoy haciendo las cosas no es la que probablemente tú pensarias que haría.”

Dios le dice a Habacuc que El está levantando a los caldeos a los babilonios para que vengan y disciplinen a los judíos.

Habacuc reacciona con un “¿Qué? Eso no era lo que yo tenía en mente. Sé que necesitan disciplina, sé que necesitan castigo, ¿pero los caldeos? Ellos son malos, son muy malos. ¿Cómo puedes usar a gente tan malvada, tan viciosa, tan violenta y sin escrúpulos como los caldeos? ¿Cómo pueden ser ellos el instrumento que utilices para cumplir Tus propósitos? ¿Cómo un Dios santo puede utilizar a gente profana para llevar a cabo Su trabajo?”

Por lo que Habacuc lucha con Dios. Eso es lo que su nombre significa: “uno que lucha”. Él está luchando con estas preguntas tan duras.

Hemos dicho que no está mal el hacer preguntas —acerca del porqué o por cuánto tiempo— mientras no lo hagas con el puño apretado contra Dios sino con un corazón que realmente busca. Yo creo que ese era el corazón de Habacuc.Habacuc está, verdaderamente agobiado no solo por lo que está pasando sino porque Dios no parece estar haciendo nada al respecto. Por lo que él clama a Dios. Yo creo que ese era el corazón de Habacuc.

Pero en el proceso de hacer estas preguntas, él está cayendo en cuenta de que está conociendo algo acerca Dios que es aún más importante que el obtener todas las respuestas. A veces hablamos y decimos ““No puedo esperar a llegar al cielo y saber todas las respuestas a todas las cosas que no tienen sentido aquí en la tierra”.”

Y no es que Dios va a sacar su computadora y nos va a poner en pantalla todas las respuestas. Creo que en el cielo no vamos a estar muy interesadas en conocerlas.

Cuando lo veamos como Él es, Él va a ser suficiente respuesta; y eso es lo que Dios está haciendo por Habacuc. Él se le está revelando a Habacuc diciendo “Habacuc, soy la respuesta a tus preguntas, a tus problemas y a tus asuntos. Cuando no puedas comprender Mis caminos o a Mí, lo único que puedes hacer es confiar.”

En eso es en lo que siempre caemos: “El justo por su fe vivirá.” Vas a escuchar eso varias veces antes de que terminemos esta serie.

Ahora, al final del capítulo 1, Habacuc está desconcertado con eso de que Dios haya escogido a los caldeos… e incluso dio una descripción gráfica al respecto. Es como que todos somos peces en el mar y los caldeos lleguen con sus anzuelos y nos saquen del agua. Ellos matan sin piedad. ¿Durará esto toda la eternidad?

Habacuc se ha alborotado al describirle sus preocupaciones a Dios. De hecho, ese es el último versículo del capítulo 1 versículo 17 “¿Vaciará pues su red y seguirá matando sin piedad a las naciones?”

De nuevo, a medida que medito en este pasaje, siento como que hay una gran pausa sin respuesta. Por lo que ¿qué va a hacer Habacuc ahora? ¿Qué hace mientras dura el silencio?

En el capítulo 2 versículo 1, Habacuc dice, “Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondré; velaré para ver lo que Él me dice, y qué he de responder cuando sea reprendido.”

Ahora bien, creo que este es el momento clave del libro en lo concerniente a la historia de Habacuc. Habacuc va a su torre de vigilia: “estaré en mi puesto de guardia en la torre”.

No creo que ésta sea una torre de vigilia o una fortaleza en sentido literal. La mayoría estaría de acuerdo con eso. Es una imagen de Habacuc diciendo “yo voy a irme a un lugar sólo, apartado y silencioso para tratar de entender lo que está pasando desde la perspectiva de Dios.”

Es imaginarse una actitud de expectación. Habacuc está viéndose a sí mismo como un centinela en una fortaleza. Puedes imaginarte una torre alta y a un centinela haciendo guardia de pie, observándolo todo.

Él quiere verlo desde lo alto. Él no quiere ver lo que está pasando solo desde el suelo. Él quiere mirar el horizonte y ver qué es lo que está pasando, cuál es el panorama.

Por lo que Habacuc está diciendo: “Quiero ver por encima de mis circunstancias. Quiero ver la perspectiva de Dios en todo esto.”

Déjenme decirles, amigas, que es en ese puesto de guardia donde encontramos esperanza. Es donde encontramos perspectiva. Es donde miras hacia el Señor, esperas por Él, oyes lo que Él te dice. Es donde dejamos de hablar y —finalmente— dejamos a Dios hablar.

Y eso lo veremos múltiples veces en las Escrituras. Ya hablaremos —a través de esta serie— sobre algunas mujeres que tenían mucho que decirle a Dios, como Habacuc, y que al final, se quedan sin palabras.

Luego dicen, “ “Ok, ahora estoy lista para escucharte”.” Es casi como si Dios dijera “déjame saber cuando acabes de hablar y te voy a decir lo que pienso acerca de esto.”

Pero tienes que llevar tu corazón a un lugar tranquilo y callado. Un lugar donde te dispongas a esperar y a escuchar a Dios hablar. Esa es la actitud que necesitamos tener al abrir la Palabra de Dios. “Voy a ponerme de guardia en mi torre”.

De hecho, he estado usando este versículo recientemente en mi tiempo con Dios. “Voy a subir a la torre, voy a asumir mi puesto y a estar atenta a todo lo que Dios me quiera decir.”

  1. No más darle yo respuestas a Dios.
  2. No más decirle a Dios cómo debe dirigir el universo
  3. No más hacerle a Dios todas mis preguntas.
  4. Solo voy a permanecer tranquila, me voy a callar y a estar atenta. Voy a tratar de ver las cosas desde el punto de vista de Dios, escucharé con atención para ver lo que Él me va a decir.

Matthew Henry dijo que era muy importante que cuando recurriéramos, leyéramos u oyéramos la Palabra de Dios, que observaramos cuidadosamente lo que Dios nos dice a través de ella; palabras que nos lleguen al alma ya sean de convicción, de consuelo o de cautela. Y que podamos recibirlas y someternos a Su poder.

Es la actitud que debemos tener cuando vamos a la iglesia y escuchamos la predicación de la Palabra o cuando abrimos nuestras Biblias en nuestro tiempo con Dios. Es la actitud de un centinela, de un guardián en su puesto diciendo “voy a mirar el panorama y a ver lo que Dios me está diciendo a mí.”

“¿Dios, qué es lo que me quieres decir?” Quiero enfatizar este punto porque creo que en la sociedad de hoy en día, nos movemos muy rápido. Siempre estamos a la carrera y muy ocupadas.

Me he percatado de que, en muchas ocasiones de mi tiempo con Dios, estoy apurada. La forma en la que leo la Palabra de Dios es apresurada. Me tomo mis vitaminas espirituales rápidamente ese día y reviso los devocionales que tengo pendientes, PERO no he encontrado a Dios, no me he encontrado con Dios. No he oído de Dios. No he estado en mi torre de vigilia.

Muchas veces tenemos circunstancias y preguntas en nuestras vidas. Necesito sabiduría en muchas áreas de nuestro ministerio. Necesitamos la dirección del Señor en distintas cosas y ¡tengo tantas preguntas para las que no tengo respuestas!

Tienes asuntos pendientes en tu matrimonio, con tus hijos, en tu trabajo, en tu iglesia. Necesitas respuestas. Necesitas la perspectiva de Dios, pero el problema es que estamos tan ocupadas trabajando, luchando y haciendo no se cuántas cosas —en nuestros estilos de vida— que nunca nos detenemos a escuchar lo que Dios nos tiene que decir.

Luego nos preguntamos por qué no obtenemos respuestas. Algunas de ustedes necesitan apagar el televisor, la computadora o la radio. Algunos amigos me han retado para que no revise mi correo electrónico hasta no haber tenido mi tiempo a solas con el Señor.

Algunas de ustedes quizas estarán pensando “no hubiera asumido que es así como vives”. He caído en la rutina, en el patrón de revisar primero mi correo; luego —cuando estaba en mi tiempo con Dios— mi corazón latía y mi mente volaba y no estaba ocupando mi puesto en la torre y escuchando a Dios.

Tienes que apagar, tienes que parar, tienes que apagarlo todo. Apagar la radio. No puedo creer que como maestra en la radio, les esté diciendo eso, pero necesitan apagarla; deben aquietarse y en silencio escuchar la voz de Dios.

Lo que Habacuc está haciendo es alejándose de todos sus problemas; no escapando, sino poniendo cierta distancia de por medio, quitando los ojos de sus problemas para poder enfocarse en el Señor. Él estaba desahogándose con eso de los caldeos y, al final del capítulo 1, vemos como dice “que se va a un lugar donde pueda ver lo que Dios le va a decir.”

¿Qué tiene que decirte acerca de tu matrimonio, acerca de la situación en tu iglesia, acerca de esta persona en el trabajo, acerca de esta decisión que tienes que tomar? De esta forma él empieza a escuchar, y tiene una actitud sumisa ante lo que Dios le diga acerca de esta situación.

Los profetas de Dios hacían guardia en los muros. Escuchaban las palabras que salían de la boca de Dios y les hacían advertencias al pueblo. Por lo que Habacuc necesitaba hacer esto no solo para sí, sino porque él era el responsable de advertir al pueblo. Él necesitaba saber ¿Qué es lo que está diciendo Dios?

“¿Qué es lo que está pasando allá afuera? Ese es el trabajo de un centinela y es crucial que esté atento en su puesto para que pueda alertar sobre el peligro. Madres, ustedes son las centinelas de sus hijos, tienen que estar en esa torre.

Necesitas ir a tu torre y escuchar lo que Dios tenga que decirte acerca de sus hijos. ¿Estás solamente criando a tus hijos? ¿Los estás solamente vistiendo, alimentando, llevándolos al piano y al ballet a tiempo?

O estás sacando el tiempo para decir:

  1. Dios, ¿qué quieres para este niño?
  2. ¿Qué debo enseñarle?
  3. ¿Qué es lo que tengo que supervisar en sus vidas?
  4. ¿Cómo los necesito entrenar?
  5. Señor, ¿cómo quieres que lidie con esta situación?

Mantente alerta ante la posibilidad de un peligro, buscando el conocimiento de Dios para que les puedas enseñar a otras y para que veas lo que Dios está haciendo y les puedas decir a otros.

El Salmo 85 versículo 8 dice, “ “Yo voy a oír lo que Dios mi Señor me va a decir”” (parafraseado). Esa es la postura. Esa es la actitud. Déjenme recordarles que, como mujeres de Dios, necesitamos oír lo que Dios nos va a decir antes de que seamos Sus voceras.

No trates de enseñarle a tus hijos los caminos de Dios si no has estado escuchando lo que te ha estado diciendo a ti. No trates de corregir a tu marido o de arreglar sus cosas si no has subido a la torre de vigilia, sino te has puesto en guardia y has estado atenta a lo que Dios te va a decir.

Habacuc dijo, “ “Yo voy a mirar para ver qué Él me va a decir a mí”.” Es un ajuste que me está ayudando en mi tiempo con Dios porque siempre estoy preparando mensajes para otras personas, PERO tengo que subir a mi torre, ponerme en guardia y ver lo que Dios me va a decir a mí.

Comencé a estudiar el libro de Habacuc hace meses atrás, viviendo en él, meditando en él. Yo sabía que quería hacer una serie, pero primero tenía que esperar a ver lo que Dios me iba a decir a través de este libro.

Dios me ha estado hablando en mi torre, durante mi vigilia y espero que, lo que Dios me esté diciendo, sea de bendición para ustedes. Eso es lo que es el ministerio: es un derramarnos en otros luego de habernos encontrado con Dios primero.

Esa es la actitud que vemos en Proverbios capítulo 8 versículo 34 donde se habla de la sabiduría. “Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas día a día, aguardando en los postes de mi entrada.”

¿Es esa la actitud que tienes para con Dios cuando te está hablando? “Voy a escucharlo. Voy a velar todos los días. Voy a estar a la expectativa esperando que Dios me hable.”

Habacuc dice, “ “Voy a tomar mi puesto en la torre”.” Esa no es la imagen de mi tiempo con Dios últimamente. A veces cometo el error de tratar de tener mi tiempo de silencio, de quietud con Dios en la cama y es ahí verdaderamente cuando mi tiempo con Dios se torna bien callado.

No estoy diciendo que tienes que hacer tu tiempo devocional de pie, lo que digo es que hay una postura espiritual, de estar alerta, de estar presente, de estar despierta, de estar conectada. El Salmista dice, “Despierta mi alma”” .

Es como sacudirte a ti misma y decir “necesito estar alerta y necesito estar conectada.” Imaginate a un centinela dormido en su puesto y, cuando el enemigo se vislumbra en el horizonte, él no lo ve. Hay vidas que podrían ponerse en peligro.

Madres, quiero decirles que hay vidas corriendo peligro espiritualmente hablando. Si no tomas el tiempo, cada día, de mirar y ver lo que Dios te dice sobre tu vida y sobre la de tu familia podrían correr peligro. Necesitas estar alerta ante cualquier peligro espiritual que se presente en tu hogar.

No puedes vivir la vida haciendo cosas y corriendo de aquí para allá y manteniéndote ocupada, corriendo todo el tiempo y esperar tener la sabiduría de Dios para la vida de tus hijos.

Algunos de tus hijos van a terminar en problemas porque no tuvieron una mamá que se mantuvo alerta. Una mamá todo el tiempo en guardia esperando la dirección de Dios. Dios te da advertencias en su Palabra para la vida de tus hijos.

No digo que si mantienes esa actitud ninguno de tus hijos va a meterse en problemas. Lo que digo es que hay cosas que se pueden evitar en tu vida y en las circunstancias de aquellos a quienes amas si tomas el tiempo para estar alerta, despierta y conectada con lo que Dios tiene que decirte.

Lo que Habacuc vio en la torre de vigilia cambió su vida. En los próximos días, veremos que cuando Habacuc bajó de la torre no era el mismo hombre que cuando subió.

Lo que vio transformó su vida y así ha sido con muchos otros a lo largo de las Escrituras. Pienso en el profeta Isaías por ejemplo. En el capítulo 5 vemos al profeta Isaías anunciando aflicciones a la nación y todas estas cosas —con las que los condenaba y los juzgaba— y son cosas que deben tomarse muy en serio.

Pero cuando, en el capítulo 6, Isaías dice “ “Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime..”.” (ver Isaías 6:1-5). Isaías salió transformado de esa experiencia. Tenía una perspectiva totalmente nueva de Dios y de lo que pasaba en el mundo a su alrededor.

Mira a Job también. Durante los primeros 37 capítulos Job lucha por entender su sufrimiento. Él está luchando con Dios, reclamando su inocencia y llega a un punto donde él dice “¡Yo no merezco esto!”

Visto desde la perspectiva humana, Job no merecía eso. Pero a partir del capítulo 38, Job ve a Dios. Job oye a Dios. Job se queda lo suficientemente callado como para dejar que Dios hable y, en el proceso él obtiene la perspectiva que Dios tiene de su sufrimiento.

Cuando sale de él mismo, él no es el mismo hombre. Todo se ve diferente. Todo es diferente. Él tiene esperanza, tiene fe y tiene gracia. Tiene todo lo que necesita para seguir adelante, no solo como un sobreviviente sino como un triunfador que ha visto a Dios.

Él dice, ““Oh, Señor, antes de estas circunstancias, de oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven””. (Job 42:5) Él tiene una nueva perspectiva, no solo de Dios sino de sí mismo. Él ya no se ve como una víctima inocente.

Él se ve como un pecador que necesita la gracia y la misericordia de Dios. Esto pasó porque fue a su torre de vigilia y tomó el tiempo para escuchar a Dios.

En el capítulo 1, Habacuc está cuestionando; está retando a Dios; está perplejo. En el mejor de los casos, está confundido, quizás hasta desilusionado, incómodo y aún peor. “Señor, ¿por qué no oyes? ¿Por qué clamo y no salvas?”

En el capítulo 2, él oye a Dios. Llega a un punto en el que Dios le puede hablar. Vamos a ver ese mensaje y el resto del capítulo 2 en los próximos días, pero les adelanto que no es un mensaje fácil.

Lo que él ve, lo que él oye cuando sube a la torre no es fácil de escucharlo. No es lo que él estaba esperando, pero esa verdad lo libera. Cuando baja de la torre y llegamos al capítulo 3, su corazón está tranquilo, está quieto y callado. Ya no contiende con Dios.

Él todavía no lo entiende todo. Si así fuera, sería Dios, pero ahora no tiene los puños apretados contra Dios, no tiene furia —solo asombro, temor, humildad, confianza y alabanza. Él puede incluso cantar en medio de las pruebas.

¿Dónde se produce este giro en los eventos? En el capítulo 2 versículo 1, “ “Voy a ir a mi torre. Me voy a poner en guardia. Voy estar pendiente a lo que Dios me va a decir”.”

Por lo que, ¿qué es la torre de vigilia? Es un corazón enfocado en Dios, un corazón que se levanta por encima de las voces, de los ruidos y del clamor de este mundo.

Habacuc le dio un discurso a Dios. Eso fue en el capítulo 1. Pero ahora, se calla. Escucha. Espera oír de Dios y eso lo transforma todo. Cuando llegas al punto en el que paras de hablar, escuchas, y esperas, y ves lo que Dios te va a decir — te digo que desde esa postura todo se transforma.

Carmen: ¿Has pasado mucho tiempo en la torre? Nancy Leigh DeMoss ha explicado por qué es tan importante para nosotras conectarnos con Dios todos los días en oración y a través de Su Palabra.

Hoy, Nancy explicó el por qué es tan crucial. Deja que ella ahora te explique cómo pasar más tiempo con el Señor también.

Lee su libro “ “En la quietud de Su presencia””, Te proveerá estrategias acerca de cómo sacarle provecho a la Biblia. Te enseñará a desarrollar hábitos consistentes y también te ayudará con las distracciones que, usualmente, nos asaltan. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita. Si vives en los EEUU o Canadá puedes ordenarlo a través de la pagina ReviveOurHearts.com, o llamando al 1-800-569-5959.

No sé si ya le habías dedicado tiempo al libro de Habacuc, pero —como hemos visto esta semana— toca muchos tópicos que nos son útiles a las mujeres: abarca desde la duda hasta la vida devocional; dos temas muy importantes.

Mencioné, al principio, cuán crucial era para un profeta el escuchar a Dios. Bueno, es crucial para nosotras también, pero oímos las cosas de Dios de forma distinta a como lo escuchaba un profeta como Habacuc. Escucha más de esto en el próximo programa.

Nancy va a orar para que seamos como Habacuc y estemos atentas ante la acechanza de cualquier peligro tanto para nosotras como para los demás.

Nancy: Señor, nos mostrarías lo que significa para nosotras el estar alerta en nuestras torres, el estacionarnos en una torre y esperar a ver lo que nos vas a decir? Muéstranos cómo hacer eso en medio del clamor, de los ruidos y de las ocupaciones de nuestros días.

Ayúdanos a hacer todo lo que sea necesario para poder encontrarnos contigo, para poder escucharte. Gracias porque desde esa posición Te vas a revelar a Ti mismo y nos vas a revelar Tus caminos. Cámbianos. Cambia nuestra perspectiva. Cambia nuestras vidas mientras te buscamos para ver lo que Tu tienes que decirnos. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Jul 8 – Amando la disciplina

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 8 – Amando la disciplina

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/amando-la-disciplina/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Si eres hija de Dios, cuando la disciplina de Dios viene a tu vida, no es punitiva. Su intención no es destruirte. Su meta al castigarte es la de restaurarte. Un castigo restaurador para hacernos más santas.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Cuando pasan cosas malas en tu vida, ¿piensas en que Dios está enojado u empecinado contra ti? Hoy vamos a determinar si ese punto de vista es el acertado mientras Nancy continúa el estudio del libro de Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Estamos tratando de entender algunos conceptos un poco fuertes, conjuntamente con Habacuc, el profeta del Antiguo Testamento, que vio a su alrededor y dijo “Dios, hay tantas cosas sucediendo entre tu pueblo que me preocupan. Lo que más me preocupa es “que no pareces estar haciendo nada al respecto”. Estoy orando y suplicándote, pero no pareces estar activo. Más bien pareces estar pasivo”.

Dios le dice “Espera un minuto, Habacuc. He estado escuchándote. De hecho, estoy trabajando en tus días. Quiero que mires. Quiero que veas. Abre tus ojos y vas a ver lo que estoy trabajando. Pero cuando te diga lo que estoy haciendo, podrías no creerlo”.

En la última sesión vimos la descripción dada por Dios de los caldeos (de los babilonios es otro nombre para los caldeos) – un grupo terrorista, fiero, violento, viciado, sin escrúpulos que Dios dijo que iba a levantar como respuesta a las oraciones de Habacuc. Dios dice que estos babilonios, estos caldeos, van a apoderarse del mundo. Van a tomar a Judá. Van a ser Mis instrumentos para santificar a Mi pueblo. Ahora bien, esa no era la respuesta por la que estaba orando Habacuc.

Después de nuestra última sesión, Kendra vino y me recordó que son muchas las personas que temen orar por miedo a como Dios vaya a responder sus oraciones. Kendra, ¿por qué no compartes con todas lo que me dijiste? Creo que es una buena observación.

Kendra: Bueno, es que mucha gente me dice “cuidado con lo que pides”. Mi respuesta es que es una mortificación innecesaria porque no tenemos que tener cuidado cuando oramos y pedimos. Dios nos ama con un amor perfecto. El amor perfecto elimina todo temor.

No tenemos que temer lo que Dios vaya a hacer en la vida de las personas a quienes amamos. Somos libres de orarle y pedirle a Dios que haga todo lo que Él necesite hacer. Él puede levantar caldeos en la vida de nuestros seres queridos, pero Él tiene un amor perfecto hacia nosotras. Él es santo. Él no hará cosas equivocadas -o con las motivaciones erradas- como nosotros pudiéramos hacerlo. De modo que si podemos confiar en Dios.

Nancy: Gracias, Kendra. Pienso que Kendra tocó un punto crítico que cada madre ha sentido alguna vez. “Si oro para que Dios haga su voluntad en la vida de mis hijos, si oro para que mis hijos se arrepientan o mi marido o cualquier otra persona a la que amo, ¿qué implicaciones tendría? ¿Qué podría hacer Dios? Algunas veces hay ese miedo que hace que nos contengamos ante Dios.

Vamos a ver en Habacuc que la persona que cree en Dios no tiene por qué tener miedo. No tienes por qué retraerte de miedo si confías en que Dios es bueno, en que Dios es maravilloso, en que Dios es soberano, que Dios es sabio y que Dios ama a tus seres queridos más de lo que podrías amarles tú. Él sabe exactamente lo que se necesita en sus vidas. Por lo que si de hecho levanta a los caldeos en sus vidas para responder tus oraciones, no tienes que asustarte por eso.

Ahora, vamos a ver que Habacuc sí tiembla. Y es que no quiere decir que vaya a ser fácil, pero lo que sí significa es que tus pies van a estar bien plantados. Puedes confiar en el Señor aunque los caldeos sean levantados.

En este punto de nuestro recuento, en Habacuc capítulo 1, Habacuc está profundamente mortificado por la respuesta de Dios. Dios le ha dicho “estoy levantando a los caldeos, pueblo feroz e impetuoso”. Esta no era, para nada, la respuesta que él estaba esperando.

Es incomprensible para Habacuc que Dios use gente tan mala como los caldeos para lidiar con el pecado dentro de Su pueblo. Por lo que la respuesta de Dios a las preguntas de Habacuc trae más problemas que soluciones.

Dijimos que Habacuc quiere decir “luchador, uno que lucha”. Él está luchando con estas preguntas y está batallando con Dios tratando de entender -dentro de la sabiduría inescrutable de Dios- qué es lo que está pasando y cómo Dios pudo hacer esto.

Por lo que en el versículo 12 de Habacuc, capítulo 1, Habacuc le responde a Dios. Dios acaba de decir “estoy levantando a los caldeos”. Habacuc le dice en el versículo 12 “¿No eres tú desde la eternidad?” Imagino que, luego de que Dios terminara con esta larga descripción de cómo eran los caldeos, hubo una pausa prolongada. Fue como que Habacuc se quedó sin aliento. Luego, dijo “¿No eres tú desde la eternidad, oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos”.

Por lo que, ¿qué hace Habacuc? Él regresa a las cosas que conoce como verdaderas cuando ve su mundo sacudirse y Dios le da una respuesta asombrosa. Dios le dice “Cuando veas esto, cuando oigas de esto que estoy haciendo, no lo vas a creer”. Habacuc reacciona con un “Estás en lo cierto. Me has dejado sin aliento”. ¿Cómo puede Dios levantar estos terroristas para que se apoderen de nuestra nación?

De repente, no está preocupado por el pecado de su pueblo que originó todo esto. Ahora, lo que le concierne es la devastación a la que van a ser sometidos. Por lo que en este torbellino, en este torbellino de emociones y pensamientos, Habacuc regresa a las cosas que conoce. ¿No eres tú desde la eternidad, oh Señor, mi Dios, Santo mío?” ¿Qué es lo que Habacuc está diciendo? “Dios, te conozco. Tú eres desde el principio. Eso es algo de lo que sí estoy seguro.

  • Tú eres inmutable (es la implicación aquí)
  • Tú no cambias.
  • Tú carácter es siempre el mismo.
  • Tú mantienes Tus promesas.

Y él luego continúa diciendo “Tú eres el Señor. Eso quiere decir el Dios soberano. Tu eres mi Santo. Eres santo en esencia”. Es como si lo estuviera repitiendo para sí “Esto es lo que sé que verdadero sobre Dios”.

Eso es algo muy bueno cuando tu cabeza te da vueltas y estás confundida con lo que están pasando a tu alrededor. Regresa a lo que sabes que es verdadero. Una cosa es el carácter de Dios. ¿Qué sabes del carácter de Dios? Ensáyalo, repítelo. Dile a Dios lo que sabes.

Luego, el pacto de Dios. Él dice “Tú eres mi Dios”. Tenemos una relación de pacto. “Tú mantienes tus pactos. Tú vas a mantener Tu pacto con Tu pueblo”. Es por eso que dice “No moriremos”.

“Dios, puedes disciplinarnos. Puedes castigarnos, pero Tú no nos vas a destruir. No va a haber un cataclismo, un juicio final contra aquellos que son, verdaderamente, Tu pueblo. No vamos a morir, de eso estoy seguro. Somos hijos del pacto, aquellos que hemos creído en Ti”.

Por lo que él revisa de nuevo el carácter de Dios, el pacto de Dios y -luego- las opciones de Dios. En el versículo 12 continúa,

Oh, Señor, para juicio lo has puesto; Tú, oh Roca, lo has establecido para corrección.

La mente de Habacuc está procesando lo que Dios le ha dicho.. Él está reconociendo lo que Dios le acaba de decir.

“Ok está bien, los caldeos son un instrumento en las manos de Dios para castigar, para disciplinar, para redargüir a Su pueblo. Los has destinado para juicio. Los has castigado”. Esto es lo que Dios está haciendo. Habacuc está repitiéndole a Dios lo que Dios le acaba de decir.

“Dios déjame ver si entendí. Estoy de acuerdo Contigo. Reconozco que lo que dices es verdad y que Tu mano está en esto. Esto no es un accidente.. No te has quedado dormido. No te has caído de Tu trono. No has abdicado el gobierno de este mundo. Lo has organizado.” Y Habacuc reconoce la soberanía de Dios.

Él reconoce la necesidad de redargüir al pueblo de Dios; de castigarlos y disciplinarlos. Él cae en cuenta de que Dios no va a permitir que Su pueblo siga pecando indefinidamente. ¿No era eso lo que le preocupaba a Habacuc en un principio?

“Dios, cómo puedes mirar todo esto y no hacer nada al respecto?” Dios le contesta “Estoy haciendo algo al respecto”. Habacuc continúa “Oh, veo que lo que estás haciendo es que vas a reprobarlos. Los vas a disciplinar. Vas a castigar a Tu propio pueblo”. No pases por alto, a medida que lees este pasaje- que Habacuc está en lo correcto; la intención de Dios es únicamente castigar a sus hijos, no demolerlos o destruirlos.

Si eres una hija de Dios, cuando la disciplina de Dios llegue a tu vida, no es punitiva. Su intención no es la de destruirte. Su meta es castigarte para poder restaurarte – el castigo tiene la intención de restaurar para hacernos más santas. Eso es lo que se dice en Hebreos capítulo 12 acerca de la disciplina, el castigo de Dios. Él nos castiga para que seamos copartícipes de Su santidad.

Por lo que Habacuc se identifica con los propósitos de Dios. “Señor, has determinado su juicio. Has decidido reprobarlos y castigarlos. No vamos a morir, pero Tú vas a disciplinarnos”.

Pero también ten en cuenta que Dios escoge el medio y el método de disciplina que Él considera el mejor. Tienes que dejarle eso a Dios. Habacuc no hubiera escogido a los caldeos para castigar a los judíos. Quizás para el resto de las naciones paganas sí, pero no para los judíos. “Señor, yo se que necesitamos un castigo, pero hubiera escogido otro instrumento.” Dios le dice “Déjamelo a mí.”

Por lo que Habacuc dice “OK, Dios, ya entendí. Se que eres Dios y se que Tu no cambias. Sé que Tú mantienes tu pacto. se que estás castigando a tu pueblo. Señor, no lo entiendo, pero lo creo. Lo veo. Has hecho todo esto para usar a los caldeos como castigo y los utilizarás como instrumento de castigo. Esto no es un accidente. Esto no está fuera de Tu control”.

Pero todavía no lo asimila. No le parece que un Dios recto y santo utilice este medio. Por lo que en el versículo 13 dice: Dios déjame entender esto “Muy limpio son tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresión”. Eso es algo que siempre he sabido de TI. Tú eres Santo”. Habacuc tiene un profundo conocimiento de la santidad de Dios.

Por cierto, esta es una de las razones por las que creo que no luchamos más profundamente con las cosas espirituales: porque no entendemos mucho la santidad de Dios. Por eso lo que pasa en este mundo no nos molesta demasiado porque estamos “curadas”; estamos vacunadas. Estamos acostumbradas. Nuestros ojos están acostumbrados a la oscuridad. Habacuc no tenía sus ojos acostumbrados a la oscuridad. Él sabía que la santidad de Dios era pura.

“Dios, Tú no te complaces en la maldad. No puedes mirar lo mal hecho”. Leemos esto en Salmos 5 en los versículos 4-5 donde el Salmista dice: ” Porque tú no eres Dios que se complace en maldad; el malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad”.

Por lo que Habacuc dice “Dios, si eres santo, pero esto me deja perplejo. No tiene ningún sentido”. Él está buscando una explicación lógica. y él continúa en el versículo 13 ¿Por qué entonces toleras a los traidores? ¿Por qué guardas silencio mientras los impíos se tragan a los justos

Él empezó diciendo “Señor, sé que mi gente no es correcta. Sé que necesitan cambiar. Sé que necesitan ser disciplinados, pero ahora dices que el instrumento de tu reprimenda van a ser los malvados caldeos. O sea, Dios, somos malos, pero ellos son malvados. ¿Cómo puedes estar ajeno y quedarte callado cuando estos malvados caldeos acaben con otros que son más justos que ellos?

Cuando Habacuc empezó a quejarse, al principio del libro, no estaba llamando “justos” a los judíos, pero ahora cambia la cosa un poco. De buenas a primeras, en comparación con los caldeos, los judíos son bastante buenos aunque hayan estado destruyendo, luchando, discutiendo y todo los peyorativos que usó en el primer párrafo del libro. Pero ahora, se ven de lo más bien en comparación con los caldeos.

Por lo que la conducta de Dios (al usar a los caldeos para disciplinar a los judíos) no parece ser consistente con lo que Habacuc sabe del carácter y de los caminos de Dios. Aquí es donde te preguntas si no está dejando que la auto-justicia lo contamine. Yo sé lo que eso hace en nuestros corazones. El profeta siente que la gente de Judá es más justa que los caldeos. Creo que está demostrando que no se está dando cuenta de que tan seriamente Dios ve el pecado en Su pueblo.

De hecho, el pueblo de Dios es más responsable porque tiene la ley de Dios. Ellos conocen a Dios. Dios se les ha revelado. Dios hasta puede que esté tomando más seriamente el pecado de Su pueblo que la maldad de las naciones paganas.

Dios toma todo pecado seriamente, pero hay algo dentro de nosotras que dice “Dios puede que tengamos algunos asuntos y necesidades, pero no tan malas como el instrumento que estás usando para corregirnos”. Por lo que aquí tienes una esposa que tiene necesidades espirituales y quiere que Dios se encargue de ellas, pero se queda pasmada cuando Dios usa a su “no-tan-santo-marido” como instrumento para su santificación. “Dios eso no me parece correcto. Eso no me parece justo”.

Pero esta calle tiene dos vías. No hace mucho recibí un correo de un esposo -tenemos algunos hombres que nos escriben a Aviva Nuestros Corazones — y él nos rogaba que oráramos por su matrimonio. Él y su esposa se habían separado, quizás hasta divorciado si no recuerdo mal .

Él estaba rogándole a Dios una reconciliación con su esposa. Quería que supiéramos que iba en serio con todo esto. Por lo que envió una carta de dos páginas en la que hacía listas, y decía “Mis pecados son…” Él fue bastante honesto acerca de sus fracasos y las fallas en su matrimonio. Luego dijo “Los pecados de mi esposa son…”

Bueno, mientras leía la lista -estoy segura de que no fue intencionalmente- pude notar que ella tenía más pecados que él. Los de ella eran tan malos como los de él, pero peor aún y las esposas hacen esto también, ¿no es así ? No estoy señalando a ese esposo. Lo que estoy diciendo es que tenemos la tendencia de decir yo tengo fallas pero mi pareja realmente tiene fallas.

En esa carta nos decía “quería ir a consejería, pero mi mujer no. Estoy dispuesto a lidiar con nuestros problemas, pero mi mujer no. Él estaba haciendo comparaciones y creo, que desde un corazón genuino, pero así es que pensamos. “Señor, tengo fallas, ¿pero cómo puedes usar a alguien peor que yo como instrumento para lidiar con mi vida?”

Pensando en este correo, pienso que Dios ha traído un caldeo a su vida: su esposa. Por supuesto, que si le preguntáramos a ella, quizás ella diría “aquí están mis pecaditos y aquí están todos los de él” por lo que eso depende del ojo con el que se mire.

Aunque estuviera un 100% en lo correcto, Dios quizás esté usando a su “mala mujer” como instrumento para quebrantarlo y llevarlo a la humildad y al arrepentimiento. A veces parece medio enredado que Dios trabaje así, ¿no es cierto?

Por lo que Habacuc le dice a Dios en el versículo 14 me está dando trabajo entender esto. “¿Por qué has hecho a los hombres como peces del mar, como reptiles que no tienen jefe? Ahí tienes una ilustración de qué tan indefensos están los insectos y los peces que nadan en el mar.

Luego, en los versículos 15 y 16 dice. “A todos los saca (aquí habla del imperio Babilónico) con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla. Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ellas su pesca es abundante, y suculenta su comida”.

Por lo que aquí tienes a la gente malvada que Dios usa como instrumento para castigar a Su pueblo y la gente malvada se sale con la suya. De hecho, hasta se están enriqueciendo en el proceso.

Somos como esos peces nadando en el océano o como esos insectos indefensos que encontramos por ahí y ahí viene el rey de los babilonios. Lanza su anzuelo y saca uno tras otro. O sea, nos están matando y se están enriqueciendo mientras lo hacen.

Es más, los babilonios están felicitándose por su prosperidad y su capacidad militar. Son auto-suficientes. No piensan en nada ni en nadie. O sea no tienen a un Dios. Y Habacuc está diciendo “Dios, no tiene sentido que uses a gente como esa”.

Versículo 17: “¿Vaciará, pues, (Babilonia) su red y seguirá matando sin piedad a las naciones?”

¿Alguna vez te has encontrado llorando en el medio de problemas en tu matrimonio o en asuntos relacionados con tus hijos o en el trabajo y preguntas : “Señor, ¿y es que esto no se va a acabar? Me va mejor si me separo. Les va mejor si lo hago. Vamos en la dirección equivocada. ¿Cuánto más durará esto?”

Al Habacuc protestar por lo que le parecía un injusto e incomprensible acto de parte de Dios, Habacuc corre el riesgo de olvidar qué tan pecaminoso es el pueblo de Dios y qué tan merecedores son de ser disciplinados porque “no son tan malos comparados con los caldeos”.

El problema es que Habacuc está viendo las cosas, solamente, desde su perspectiva. Si pudiera verlo desde la perspectiva de Dios, vería lo que dijimos hace unos momentos atrás “que el pueblo de Dios es más responsable. A los ojos de Dios su condición es tan seria como la de los caldeos”.

¿Verdad que es fácil para nosotras excusar nuestro propio comportamiento? Podrías decir ” Pero Señor, mi marido fue que cometió adulterio. Yo solo soy orgullosa”. Las Escrituras dicen que Dios se opone y resiste a los orgullosos. Dios odia el orgullo. Está en la lista como uno de los peores pecados. El adulterio no está en la lista que está en Proverbios capítulo 6, pero el orgullo sí.

Por lo que tenemos la tendencia de compararnos con aquellos que son peores como un escape a nuestra propia responsabilidad y protestamos diciendo “Dios, no me parece bien que uses a esa gente tan malvada cuando yo solo… solo soy orgullosa. Dios quiere que veamos que ese orgullo o el pecado que sea en tu vida hay que enfrentarlo. Dios sabe con cuál instrumento lo va a hacer.

Es en este punto que algunas personas se amargan contra Dios. Lo eliminan de sus vidas y dicen “me harté”. Si así es como Dios va a ser conmigo, si así es como va a comportarse, si ese es el instrumento que va a usar, no pienso tratar con Él”.

Eso o actúan como que si estuvieran lidiando con Dios, pero mecánicamente. “Sí, voy a seguir yendo a la iglesia. Voy a seguir trabajando duro. Voy a seguir haciendo mis deberes cristianos, pero no voy a comprometerme con un Dios que se comporta de esta manera”. Ese es el camino que mucha gente escoge. Se echan para atrás en lugar de insistir y seguir adelante en la fe.

Habacuc se ve en esta encrucijada. Él puede escoger sentir miedo y rabia o puede escoger fe, esperanza y rendición . Habacuc ve que esta situación tan incomprensible es en realidad una oportunidad de llegar a conocer mejor a Dios. Por lo que dice por fe “Voy a seguir adelante. No entiendo nada, pero voy a mantenerme comprometido con Dios”.

Y por eso tenemos el capítulo 3 de Habacuc. Siéntete en libertad de leerlo hasta el final para que veas el gozo tan espectacular que sale del corazón de Habacuc. ¿Sabes por qué? Porque estuvo dispuesto a caminar durante el proceso, a quedarse aferrado a Dios, no a amargarse, sino a decir “voy a seguir caminando por fe aunque no pueda ver”.

Señor te oro para que nos ayudes a continuar conociéndote, viéndote y explorando Tus caminos, buscando Tu corazón y dejando que hagas lo que consideres necesario en nuestras vidas; en las vidas de aquellos que amamos, lo que sea que eso signifique, parezca y tome. Toma el control y se Tu con nosotros, oh, Dios. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a darle sentido a esos pasajes difíciles que encontramos en Habacuc. Tal y como lo acaba de decir, ya veremos el gozo que brota del corazón de Habacuc. Si necesitas esa clase de gozo, quédate con nosotras.

También escudriña Habacuc por tu propia cuenta… De esta forma, puedes profundizar y encontrar lo que dice acerca de tu situación.

Si te has perdido algunos de los programas visita nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com.

En los días de Habacuc, los soldados se quedaban de guardia (en las torres de control) con los ojos bien abiertos por si se acercaba el enemigo. Entérate de por qué el profeta subió a una de esas torres y el por qué debes hacerlo tú también. Nancy te lo mostrará en el programa de mañana.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Esperaré, Andy Mercedes, Caminando En Fe ℗ 2012 Andy Mercedes

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Jul 7 – Respuestas inesperadas

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 7 – Respuestas inesperadas

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/respuestas-inesperadas/

Nancy Leigh DeMoss: Dios no hace las cosas como nosotros las haríamos. Si supiéramos cómo escribir este guion, entonces seríamos Dios, y no necesitaríamos a Dios.

Pero Dios nos dice, “Tú no eres Dios. Yo soy Dios. Yo estoy escribiendo este guion. Yo sé lo que estoy haciendo”. Aquí es donde tienes que confiar en que Dios sabe lo que está haciendo y que Él tiene un propósito y su propósito es bueno.

Carmen Espaillat: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy ha estado en una serie llamada Habacuc: del temor a la fe . Ha sido asombroso ver cómo las preocupaciones de un profeta del Antiguo Testamento se parecen mucho a los de nuestros días.

¿Por qué permite Dios que pasen cosas malas? ¿Es Él realmente bueno? ¿Puedo confiar en Él? Nancy continuará explorando las preguntas de Habacuc- y quizás las tuyas también.

Nancy: Espero que ya hayas encontrado en tu Biblia el libro de Habacuc- ese pequeño libroestá hacia el final del Antiguo Testamento, escrito alrededor de 600 años antes de Cristo.

Estamos pasando varias semanas caminando despacio, tomando nuestro tiempo, yendo versículo por versículo, frase por frase a través del libro de Habacuc porque en este pequeño libro, están las semillas de muchos temas bíblicos poderosos y verdades del Nuevo Testamento.

De hecho, vamos a ver las semillas del Evangelio en el libro de Habacuc. Vamos a ver la evidencia de Cristo en el Antiguo Testamento al estudiar el libro de Habacuc, y estamos aprendiendo mucho del corazón y de los caminos de Dios.

Hemos visto que Habacuc era un profeta de Dios. Era un hombre que tenía una carga en su corazón mientras miraba a su alrededor y veía la violencia y la injusticia y la opresión y la lucha que había entre el pueblo de Dios. Él vio al pueblo de Dios hacer alarde de su ley, rompiendo las leyes y nadie haciendo nada al respecto; la gente que se suponía debía estar a cargo no estaba haciendo nada.

Luego Habacuc miró hacia arriba y dijo, “Dios, tampoco parece que Tú estés haciendo algo al respecto”. Él le hizo a Dios unas preguntas sinceras y honestas, “Dios, ¿por qué estás permitiendo que estas cosas pasen entre Tu pueblo? ¿Por cuánto tiempo oraré a Ti y no harás nada?

Bueno, después de que Habacuc ha derramado su corazón delante Dios en el primer párrafo del capítulo 1, Dios le responde a Habacuc, y le dice (como vimos en la última sesión) en el versículo 5 de Habacuc capítulo 1 : “Mirad entre las naciones, y observad.” En otras palabras, “abre tus ojos. Ten una perspectiva amplia. Obtén una visión más grande. Has estado muy limitado solo viendo lo que está pasando a tu alrededor. Levanta tus ojos”.

“Mira y ve lo que estoy haciendo entre las naciones…porque estoy haciendo una obra en tu día que no lo creerías si te lo dijeran”. Lo que Dios le está diciendo a Habacuc es, “Esto es algo que si lo pudieras ver y si lo supieras, te maravillarías. Te asombrarías de ver lo que estoy haciendo”.

Dios desafía a Habacuc, “Mira lo que estoy haciendo. Observa que sí estoy obrando en tus días. No estoy dormido. No soy pasivo. No soy indiferente a tu apuro. Si estoy interesado. Y si estoy obrando”.

Espero que, al mirar tu propia vida, esto te anime. Pienso en unos correos electrónicos que recibimos aquí en Aviva Nuestros Corazones, y nos encanta recibir esos correos. Tenemos un equipo de personas que ora por esas peticiones.

Pero algunas de ellas parecen no tener esperanza- mujeres que están enterradas en circunstancias de la vida que son realmente muy desesperantes. Nuestro corazón late con ellas, y clamamos y decimos, “¡Oh Señor, ayúdalas! ¿Qué se puede hacer?”

A veces parece que en medio de esas circunstancias estas mujeres sienten que no está pasando nada. Nada está cambiando. Estoy orando, pero Dios no está haciendo nada. Dios nos tranquiliza. Él dice, “Estoy obrando en tus días- en este mundo. Estoy obrando. Confía en mí. Yo sé lo que estoy haciendo, estoy obrando”.

Ahora bien, mientras Dios le contesta a Habacuc y le dice, “Estoy escuchando tu oración, y estoy obrando,” Habacuc tenía una noción preconcebida acerca de cómo Dios le contestaría sus peticiones.

No estamos seguras de qué era lo que él esperaba , pero sí sabemos que lo que Dios procede a decirle no es lo que él esperaba. Habacuc pudo haber sido un niño durante los días del rey Josías, quien, si no recuerdo mal, fue el último rey bueno en Judá.

Y un hombre que daba honor a Dios, y bajo el reinado de Josías hubo un avivamiento. Dios trajo al pueblo a un lugar de arrepentimiento- a amar la Ley de Dios. Fue un tiempo de avivamiento espiritual en Judá.

Ahora vemos que Habacuc ya es un hombre adulto, y clama al Señor, y está viendo que el pueblo se está descarriando -otra vez. Me pongo a pensar si quizás él estaba esperando que Dios respondiera su oración mandando otro avivamiento para tratar con la corrupción y la maldad entre el pueblo de Dios.

Lo que fuera que él estaba pensando, lo que fuera que él estaba esperando, Habacuc no estaba preparado para la respuesta cuando Dios finalmente le da la respuesta a su oración. Dios le dice en el versículo 5, “haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara,” y esa declaración termina siendo una descripción insuficiente de lo que realmente vendría.

Porque después que Dios le dice esto, Habacuc le dice , “Estas en lo cierto, ¡no lo creo!” Mira el versículo 6 del capítulo 1 de Habacuc. “He aquí” Dios le dice, “Yo levanto a los caldeos”. Algunas de sus Biblias dicen los babilonios. Es lo mismo -los caldeos son los babilonios.

“Estoy levantando a los caldeos, esa nación feroz e impetuosa, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas”.

Ahora, mira el panorama aquí. Habacuc está en Judá derramando su corazón delante de Dios acerca de la condición del pueblo de Dios. Se lamenta por la corrupción de la justicia que está ocurriendo entre el pueblo de Dios.

Al mismo tiempo, a 900 millas en Babilonia, Dios está organizando los eventos para contestar la petición de Habacuc- pero de una manera que Habacuc nunca lo hubiera soñado.

Dios le dice, “Estoy levantando a los caldeos”. Ahora, en ese momento, como dijimos antes en la serie, los asirios eran el poder dominante del mundo, pero los babilonios, los caldeos apenas comenzaban a tener poder.

Estaban empezando a conquistar naciones. Unos 15 o 20 años después, tomarían el control sobre Judá. Pero era un pueblo muy poco conocido para Habacuc. Realmente no le era familiar. Es como cuando escuchas de una guerra en algunos países del mundo, y dices, “me parece que escuché de ese lugar cuando estaba en octavo grado en la escuela , pero no sé exactamente dónde está ese país”.

Estos caldeos comienzan a hacerse más importantes a hacerse más poderosos, y luego Dios continúa describiendo cómo eran los caldeos (ya que Habacuc realmente no los conoce) .

Quiero leerles del versículo 6 al 11, y mientras lo hago, escuchen las características de los Caldeos. Dios dice que era un:

“Pueblo feroz e impetuoso, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas, imponente y temible es; de él mismo proceden su justicia y su grandeza.

Sus caballos son más veloces que los pardos y más astutos que lobos al anochecer. Al galope vienen sus jinetes, sus jinetes vienen lejos, vuelan como águila que se precipita a devorar.

Vienen todos ellos para hacer violencia, su horda de rostros avanza, recoge cautivos como arena. Se mofa de los reyes, y los gobernantes le son motivo de risa; se ríe de toda fortaleza, amontona escombros para tomarla. Entonces pasará como el viento y seguirá, y se le tendrá por culpable, porque hace de su poder su dios.”

Esa es la descripción que Dios hace del pueblo que Él está levantando para contestar la oración de Habacuc. Eran corruptos, agresivos, crueles, maliciosos, fieros, fuertes, y bestiales. Estaban decididos a dominar el mundo. Los puedes ver tomando el control como una tormenta -barriendo con todo y conquistando al mundo conocido.

Invencibles – por lo menos ellos pensaban que lo eran. Irresistibles. Todos caían como pequeñas víctimas bajo su ataque. Inconquistables, indomables, inquebrantables, abrumadores -ese es el sentir que nos da.

Arrogantes, orgullosos. Ellos adoraban su propia fuerza. “su poder es su dios” (versículo 11). Ellos piensan que son Dios. Se trata de un poder mundano, arrogante, despiadado, cruel y estos son los instrumentos que Dios ha escogido y tiene la intención de usar para cumplir Sus propósitos en el mundo.

Dios le dice, “Estoy obrando en tu día, y esto es lo que estoy haciendo. Estoy levantando un grupo de terroristas despiadados, arrogantes para cumplir mis propósitos y para contestar tus oraciones. Por medio de ellos trataré con el pecado y la injusticia de Judá”.

Dios está obrando, pero no es lo que nosotros esperábamos. No es la manera que nosotros hubiésemos escrito el guión porque es una obra de juicio. Dios va a traer ira y juicio, y Él va a usar esta nación violenta, perversa, arrogante- a los babilonios – para hacerlo. La gente está anonadada. Por eso Dios dijo, “asombraos y admiraos”.

No lo pueden creer. No es lo que ellos hubieran esperado que Dios hiciera. Dios dice, “Voy a tratar con los pecados de mi pueblo por medio de un pueblo que es aun más malo”. Dios les dice, “Estoy levantando a una nación malvada, pagana, impía, despiadada, violenta para realizar Mis propósitos con Mi pueblo escogido”.

Tienes que ponerte a pensar, así como Habacuc- nos daremos cuenta por qué Dios usó a los caldeos. Me pongo a pensar si quizás fue con la intención de ser la imagen en lo que Judá se convertiría si se dejaba sin corrección; si no era castigada por Dios. Allí es hacia donde te guiará el pecado.

Estaba con unas amistades, con una familia que estaba de vacaciones este verano pasado, y juntos estudiamos el libro de Habacuc, y había algunos jóvenes en aquella familia.

Mientras discutíamos el libro de Habacuc, surgió esta pregunta, “¿Por qué Dios escogería a los caldeos, un pueblo como ese para realizar Sus propósitos?” Uno de esos jóvenes dijo, “Dios ha de haber estado muy molesto con el pecado de Su pueblo para usar a gente como los babilonios para tratar con ellos”.

Pensé que este comentario traía una buena perspectiva. Dios dijo, “Esto es lo mucho que me molesta tu pecado. Esto es lo mucho que me importa. Así de afligido estoy por tu pecado. Voy a levantar a un pueblo que es feroz e impetuoso, violento, perverso y despiadado para venir a castigarte”.

Si estuviéramos escribiendo esto en estos días modernos, sería como si Dios nos dijera, “Estoy levantando a los de Corea del Norte, o a Al Qaeda, o a los iraquíes para aterrorizar tu nación, para conquistar, para perseguir y encarcelar a todos los creyentes”.

“Van a venir. Van a dominar el mundo, y van a dominar tu país, y van a dominar tus familias y tu tierra.” Hemos estado orando por avivamiento, y decimos, “Señor, pero no es así como me imagine que lo harías!”

Bueno, quizás no sería un gran poder mundial como esas naciones que acabamos de nombrar. Quizás Dios diría, “Voy a levantar jueces, oficiales públicos y legisladores corruptos, un cónyuge abusivo, un jefe impío y malvado, un maestro escolar o un entrenador impío en la vida de tu hijo”.

Dios en ningún momento está aprobando estas obras malvadas, pero lo que Dios está diciendo es, “Puedo usar cualquier instrumento para cumplir Mi propósito en las vidas de Mis hijos”. A veces, Dios escoge y usa los instrumentos más inesperados, y esa es una clave para entender el libro de Habacuc. Dios a menudo obra de maneras inesperadas.

Dios no hace las cosas como nosotras las haríamos. De nuevo, si nosotras supiéramos cómo escribir este guión, entonces seríamos Dios, y no necesitaríamos a Dios.

Pero Dios dice, “Tú no eres Dios. Yo soy Dios. Yo estoy escribiendo este guión. Yo sé lo que estoy haciendo”. Aquí es donde tienes que confiar que Dios sabe lo que está haciendo y que Él tiene un propósito y Su propósito es bueno.

Ahora, déjame hacer algunas observaciones y señalar unos puntos importantes que pienso tienen aplicación para nosotras. En primer lugar, es obvio por este pasaje que Dios conoce todo acerca de nuestros opresores.

Las circunstancias y las personas en nuestras vida que nos oprimen no toman a Dios por sorpresa. Dios es el que da la descripción que acabamos de leer en el capítulo 1. Habacuc no es el que da la descripción de los caldeos, la descripción la ofrece Dios.

Realmente al ver esto parecería que si Dios conoce a esta gente muy bien. Dios fue que dijo que eran despiadados; salvajes; aterradores. Dios los describió, y Dios conoce todos los detalles y las características de la gente y de las circunstancias que te están oprimiendo.

A veces nos preguntamos si Dios realmente sabe lo malo que son los malos, o cuánto nos están afectando o el mal tiempo que estamos atravesando, o lo que ellos están planeando. Solo quiero asegurarte por medio de este pasaje que- Dios sí sabe.

No tienes que ponerte a pensar -cuando te sientas ahogada por estas circunstancias terribles, “¿Tendrá Dios alguna idea de lo que está pasando aquí?” Él sabe. Dios fue el que la describió.

Dios sabe. Él ve. A veces él permite que hombres malos lo destrocen todo. ¿Puedo recordarte que aun los malvados son parte del plan de Dios para los justos? Aun los malvados son parte del plan de Dios para manifestar y exhibir Su gloria en el mundo.

Dios es quien dice, “Algún día causare que aun la ira de los hombres me alabe”. No es como si Dios tuviera un plan, que esté tratando de realizar Sus propósitos en el mundo, pero que todos estos hombres y naciones y circunstancias malvadas están interrumpiendo ese plan de Dios. ¡No! No lo toman por sorpresa. Dios no tiene que estar a la defensiva.

“Oh, ¿Qué voy a hacer con los caldeos?”, o “¿Qué voy a hacer con este jefe malo o este entrenador o esta persona o esta nación?” No. En realidad Dios usa a los malvados como instrumentos y herramientas en Sus manos para realizar Sus propósitos.

Ahora, no me pidas que lo entienda enteramente o que te lo explique. Porque no puedo, y tú tampoco podrás. Pero puedes confiar que es cierto. Dios dice, “estoy levantando a los caldeos”. Dios es el que está ordenando y disponiendo y organizando todas las circunstancias aquí para realizar Sus propósitos.

Vemos la soberanía de Dios sobre los asuntos mundiales. Dios es soberano sobre las naciones, sobre los reyes, sobre los eventos, sobre la historia. En última instancia cada nación en este mundo y cada persona en este mundo está bajo la mano y el control de Dios.

Si eres una hija de Dios, no hay persona o circunstancia o nación o terrorista o ladrón o cosa alguna que pueda venir a tu vida, fuera del permiso y del plan de Dios.

Ahora eso plantea algunas cuestiones difíciles. ¿Ordenó Dios que esta cosa mala ocurriera en mi vida? Dios nunca hace que ocurra el pecado, pero este es un mundo caído y un planeta caído. Dios está en el proceso de redimir y de hacer todas las cosas nuevas. Parte del proceso es que Dios obra soberanamente – aun a través de gente mala y de circunstancias y eventos malos.

Leer un versículo que dice “Estoy levantando a los caldeos,” es preocupante para nuestra teología, aflige nuestras mentes débiles. Sería una cosa si Dios dijera, “Los caldeos vienen, y voy a obrar a pesar de ellos,” pero eso no es lo que dice aquí.

Dios dice, “Estoy levantando a los caldeos -esas naciones, esos reyes malos, esos gobernantes malos”. Dios los está moviendo como piezas en un tablero de ajedrez y usándolos para realizar Sus propósitos soberanos.

Los caldeos pensaban que ellos eran soberanos, independientes, y poderosos. Y no se daban cuenta que solamente eran instrumentos en las manos de un Dios soberano y que ese Dios los tomaría en Su mano y los levantaría de tal manera que tendrían un impacto significativo sobre Su pueblo y cumplirían Sus propósitos en el mundo.

Dios es soberano. Recuerda que Dios a veces contesta nuestras oraciones dejando que las cosas vayan de mal en peor. A veces, las cosas empeoran antes de mejorar, y gritamos chillamos y arrastramos los pies y decimos, “¡oh Dios, no! ¡Esto no es lo que quería decir! ¡esto no es lo que yo tenía en mente! ¿Cómo puedes hacer esto? No entiendo”.

Lloramos, y nos quejamos, y nos preocupamos y nos estresamos, y batallamos, y peleamos con Dios. Pero entiende que a veces Dios contesta nuestras oraciones con aquello mismo que estamos resistiendo.

No le puedes decir a Dios cómo contestar tus oraciones ni cómo manejar tus preocupaciones. Habacuc le dijo a Dios, “¿Por qué no haces algo?” Dios respondió y dijo, “Sí estoy haciendo algo”.

Cuando lleguemos a la próxima sesión Habacuc va a decir, “Dios, esto no es exactamente lo que tenía en mente. Esta no es la manera en que yo quería que actuaras”. Estamos orando por avivamiento, y Dios dice, “¿Quieres avivamiento? Puedo escoger castigar y purificar Mi pueblo en esta nación con sufrimiento, con aflicción, con desastre financiero, con terrorismo”.

Cuando leo esa frase en el versículo 10 acerca de Babilonia, “Se ríe de toda fortaleza, amontona escombros para tomarla… se mofa de los reyes y los gobernantes le son motivo de risa”. Recordé el 11 de septiembre y vino a mi mente la idea de los terroristas yendo contra los símbolos de fortaleza más inquebrantables y riéndose mientras los volaban en pedazos.

Gente mala haciendo cosas despiadadas. Y pensábamos que éramos invencibles. Pero Dios dice, “¿Crees que eres invencible? Solo déjame enseñarte que no lo eres”. Oramos por avivamiento, y Dios dice, “Voy a derribar las cosas en las que tú confías”.

Todavía en mi país confiamos en el dinero. Confiamos en nosotros mismos. En realidad, no somos tan distintos a los caldeos. No somos tan distintos a los babilonios, y Dios dice, “Yo sé cómo tratar contigo. Yo sé cómo castigarte. Yo sé cómo cumplir Mis propósitos en tu vida”.

Pides avivamiento, y luego Dios manda hambre o peligro o espada o desastre financiero o plagas o enfermedades. Y decimos, “Señor eso no es lo que tenía en mente. No era como esperábamos que ibas a contestar. No es lo que pensábamos que ibas a hacer”.

Pero Dios dice, “Déjame a Mí contestar. Déjame hacerlo a Mi manera. Estoy obrando en tu día. Es Mi obra. Confía en Mí”. ¿Quieres que Dios trate con tu esposo inconverso? ¿Quieres que Dios lo cambie? Ora por él.

Y quizás tu oración es “Dios, salva a este hombre,” o, “Dios salva a este hijo,” y luego Dios trae desastre a sus vidas. Quizás empeoran antes de mejorar. Si tu esposo pierde su trabajo por ser falsamente acusado, o tiene un jefe impío y tu esposo se siente miserable, y quizás estás pensando, “Oh Dios, yo no quiero que se sienta miserable. yo sólo quiero que sea salvo”.

Dios está diciendo, “Puede que tenga que hacerlo miserable antes que llegue al fin de sí mismo y se salve”. Y vemos a nuestros seres queridos y los vemos miserables, y los queremos rescatar de la Cruz. Pero Dios dice, “No, Yo estoy obrando. Yo estoy levantando a este jefe. Yo estoy levantando estas circunstancias. Yo estoy levantado estas situaciones. Déjame ser Dios, y déjame contestar la oración en la manera que yo sé que es mejor”.

Sí se puede confiar en Dios. Él sabe lo que está haciendo. Él está obrando en nuestros días. Admiraos y asombraos. Él está haciendo una obra que si la pudiéramos ver ahora, nos asombraríamos. No lo creeríamos.

Cuando Dios nos dice cuál es la obra, Él nos ofrece una perspectiva fresca. “Estoy trayendo estas circunstancias, esta situación, este mal, esta atrocidad horrible, esta cosa en tu vida o en tu mundo o en tu casa o en tu iglesia”. Deja que Dios sea Dios. Déjalo que use a los caldeos, si Él quiere, para cumplir Sus propósitos. Ahora bien, ese no es el final de la historia, y por eso espero que no dejes de escuchar esta serie porque no es el final, es solo un capítulo.

Es un capítulo importante. Es un concepto importante. Necesitas saber que más allá de utilizar a los caldeos, Dios tiene planes más grandes y magníficos. Admírate. Asómbrate, y confía.

Carmen: Si le has estado pidiéndole a Dios que conteste tu oración, la enseñanza de hoy de Nancy Leigh DeMoss puede ayudarte y ofrecerte una perspectiva más amplia de cómo Él podría responder. Esta enseñanza es parte de una serie llamada, Habacuc: del temor a la fe. Hemos estado estudiando el temor de Habacuc, pero no hemos llegado a la parte de la fe todavía .

Como Nancy mencionó, estamos viendo algunas de las partes más difíciles del libro, así que no te rindas. Si te has perdido alguno de los programas de esta serie, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Cuando Dios te disciplina, nunca es con un sentido de venganza. Él no te hace pagar antes de que esté dispuesto a perdonarte -entonces ¿por qué nos disciplina? ¿Cuál es su propósito? Exploraremos eso la próxima vez.

Para cerrar el programa de hoy, oremos con Nancy.

Nancy: Señor, estas cosas están más allá de nuestro entendimiento, y solo nos recuerdan que no somos Dios, pero Tú sí lo eres. Confiamos en Ti. Queremos confiar más en Ti. Necesitamos confiar más en Ti.

Quiero pedirte por aquella mujer escuchando hoy que está sintiendo que está siendo derrotada por los caldeos. Ayúdala a ver que Tú has levantado circunstancias en su vida, y que Tú las estás usando para Tus propósitos.

No traerás el castigo por un tiempo más largo o con más dolor que el que absolutamente necesitas para cumplir Tus propósitos. En medio de la dificultad, en medio de los desafíos, te pido que nos ayudes a confiar y a saber que Tú eres Dios, y que Tú estás cumpliendo Tus propósitos. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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Música: Soberano Salvador, Jonathan & Sarah Jerez, Vivir Es Cristo ℗ 2013 Jonathan & Sarah Jerez

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Jul 6 – Dios está trabajando

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 6 – Dios está trabajando

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/dios-esta-trabajando/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss tiene una palabra importante para aquellas que han olvidado la habilidad que Dios tiene para cambiar vidas.

Nancy Leigh DeMoss: Dios está obrando en tu vida . Dios está obrando en países de los que nunca has oído hablar y de los que no sabes nada. Dios está obrando en el mundo musulmán. Dios está obrando en la China. Dios está obrando en países pequeñitos en los que el Evangelio está prohibido de manera oficial. Dios está obrando.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Imagina que le compraste un regalo a tu hijo. Y —mientras esperas el momento adecuado para dárselo— te suplica que se lo compres, como si dudara de que tienes la mejor de las intenciones, preguntándose si lo has abandonado. ¿Alguna vez te has dirigido a Dios como ese hijo?

Piénsalo al tiempo que Nancy continúa la serie llamada Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Alguna vez te han preguntado tus hijos “¿Mami, no me estás oyendo? Y tú les contestas, “¿te refieres a cuántas veces te he escuchado hoy o cuántas en el día de ayer?” “No me estás escuchando. Tú no me estás escuchando”.

Ahora bien, también es cierto que tus hijos podrían decirte eso porque, verdaderamente, no los estás escuchando. Las madres tienen la capacidad de aislar lo que ocurre a su alrededor. De la misma forma, en algunas ocasiones sí los estás escuchando, pero lo que tus hijos realmente están diciendo es esto: “mami, no me estás respondiendo lo que yo quiero que me respondas”; “No estás haciendo lo que quiero que hagas”. Por lo que entonces preguntan “¿me estás oyendo?”

Algunas veces pensamos que porque Dios no ha hecho lo que queremos que Él haga y lo que esperamos que Él haga no nos está escuchando. Como esos niños decimos “Dios no me estás oyendo?” o “¡No me estás oyendo!”

Mientras estudiamos la primera parte del libro de Habacuc, vemos que Habacuc acusa a Dios de no estarlo escuchando, de no estar oyendo sus súplicas.

Pero —a medida que avanzamos en el pasaje de hoy, nos daremos cuenta de que Dios lo había estado escuchando todo el tiempo. Y Dios respondió a las súplicas de su profeta. Dios no estaba callado.

El hecho de que Dios responde -y veremos lo que hace en el versículo 5 del capítulo 1- evidencia que Él sí ha estado escuchando las oraciones de su profeta.

Habacuc empieza su historia, este intercambio, diciendo: “Señor, ¿cuánto más tendré que suplicarte por las cosas que están pasando a mi alrededor? ¿Por cuánto tiempo voy a seguir orando mientras Tú no haces nada? ¿Y por qué estás permitiendo que todas estas cosas sucedan? ¿Por qué toda esta lucha, violencia, discusión y destrucción entre tu pueblo? Estás viéndolo sin hacer nada. Estás viendo lo que pasa, y no haces nada al respecto. No parece que estés escuchando.”

Finalmente, en el versículo 5 del capítulo 1, Dios habla. Déjame decirte, por cierto, como hemos dicho a lo largo de esta serie: espero que no estés splo oyéndome enseñar el libro de Habacuc. Espero que estés abriendo tu Biblia, leyéndolo por ti misma, haciendo anotaciones, buscando patrones, tratando de entender lo que Dios está diciendo.

Obtendrías muchísimo más de la Biblia si la escudriñas por ti misma. El Espíritu Santo te enseñaría cosas y aplicaciones del pasaje que quizás yo no he visto.

Ahora, en el versículo 5, Dios finalmente responde la oración de Habacuc. Y le dice a su servidor: “Mirad entre las naciones, observad, asombraos, admiraos, porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara”.

Dios le dice “Miren. Miren entre las naciones”. Ese verbo mirar y el verbo observar en Hebreo están en plural. Dios no sólo le está hablando a Habacuc. Él le está hablando a todo Su pueblo, a la colectividad y les está diciendo “Ustedes todos”. No sólo Habacuc, sino todos ustedes. Miren y observen.

El Señor le está diciendo a sus siervos -Habacuc y a todo el pueblo- “Amplíen su perspectiva. Miren entre las naciones y observen”. Dios les está diciendo “La visión de ustedes no es lo suficientemente amplia. Ustedes han estado muy centrados en sus propias situaciones y circunstancias. Ustedes necesitan observar entre las naciones. Su perspectiva es demasiada estrecha”.

Muy a menudo nosotros solo podemos ver un pedacito de todo el panorama. Vemos nuestra salud, nuestros problemas, nuestra familia, nuestra iglesia, nuestro país, nuestras circunstancias; y nos vemos absortas en lo que nos está pasando a nosotras. ¿Sabes por qué? porque vivimos como si todo se tratara de nosotras. Esa es nuestra perspectiva de la vida. Tenemos una perspectiva miope cuando estamos centradas en nosotras mismas. Todo se trata de lo que me esté sucediendo a mí. Todo se trata de cómo me afecta a mí.

Pero lo que Dios está diciendo es “Levanta los ojos y mira el panorama completo. No vivas tan absorta en tu situación personal”.

Es más, desafortunadamente, tenemos la tendencia de leer la Biblia de esa misma manera. Siempre vemos “lo que dice para mí”. Y eso es algo bueno de preguntarnos. Queremos ver cómo se aplica en nuestras vidas. pero también queremos decir “Señor, ¿cómo lo que estás haciendo, o lo que está sucediendo y lo que estás diciendo se aplica a tu plan cósmico del universo para darte gloria ante el mundo y ante las naciones?”

¿Qué tanto te preocupa esto? ¿Qué tanto énfasis y tiempo le dedicas cuando estás orando? ¿O es casi todo “mi familia, mi iglesia, mi situación, mi salud, mis necesidades, mi trabajo -mi, mi y mi? Lo que Dios está diciendo es: “Tu mundo es muy pequeño. Mi corazón es para el mundo. Mira entre las naciones y observa”.

A Dios le importa Su gloria y el destino de este planeta. Dios siempre está trabajando para llevar a cabo la inmensidad de sus propósitos. Lo que está pasando en nuestras vidas es un pedacito microscópico de un panorama mucho más amplio. Y nos vamos a desencantar y a frustrar mientras mantengamos los ojos puestos solo en lo que está pasando a nuestro alrededor.

La pregunta que debemos hacer es “Señor, ¿cómo encaja esto en la totalidad de Tu panorama? ¿Cómo se acomoda en el todo? Dame la perspectiva”. Mirad a las naciones y observad.

Luego dice “asombraos, admiraos”. Si pudiéramos ver lo que Dios ve y supiéramos lo que Él sabe, nos asombraríamos y admiraríamos. La palabra asombraos habla de “ensimismamiento, de estar estupefactas”. Nos asombraríamos si pudiéramos ver lo que Dios ve y saber lo que Dios sabe acerca de lo que está pasando en el mundo, pero desde Su punto de vista. La perspectiva de Dios es mucho más grandiosa y diferente que la nuestra. ¡Si pudiéramos tener ojos para ver!

¿Recuerdas al sirviente de Eliseo cuando vio la casa en la que ellos se hospedaban rodeada por el ejército Sirio… que se llenó de espanto de miedo? El Se asustó muchísimo. Eliseo oró pidiendo “Dios, abre sus ojos para que vea lo que en realidad está pasando”. Y el sirviente vio los ángeles de Dios, los guerreros, las carrozas de fuego rodeando al enemigo (2 Reyes 6: 15-17, parafraseado)

Una vez el sirviente tuvo ojos para ver la realidad espiritual, ¡quedó asombrado! No tuvo más temor, ni desencanto ni depresión. Si pudiéramos ver la realidad espiritual como Dios la ve, nos maravillaríamos. Nos asombraríamos. Nos quedaríamos estupefactas y sin habla.

Ahora bien, esas dos palabritas “mira y observa, mirar y observar” -una vez más, cuando estés estudiando las Escrituras busca las palabras que se repiten. En el libro de Habacuc es imposible obviar el hecho de que las palabras “mirar y observar o ver” se repiten muchas veces. De hecho, ¡9 veces en los primeros 18 versículos! Mirad, observad, mirad, observad. ¡Abre tus ojos!, es lo que dice Dios.

Tenemos que preguntarnos ¿Qué es lo que estamos viendo? ¿Estás obsesionada con tu propio mundo, o estás mirando entre las naciones para ver todo el panorama de lo que Dios está haciendo?

Levanta tus ojos hacia arriba. Observa la mano de Dios en las cosas del mundo. Cuando leas las noticias en el Internet, las veas en la televisión o las escuches por la radio, no asumas que los periodistas saben lo que está pasando. Ellos pueden relatarte los hechos aparentes, pero lo que no te pueden, ni te van a decir es “¡¿Qué está haciendo Dios en todo esto?!”

Verás, todos esos asuntos mundiales y toda la historia de la humanidad es -en realidad- la historia del plan redentor de Dios para este mundo. Es la imagen y la historia del reino de Dios y la gloria de Dios avanzando en nuestro mundo.

Por lo que cuando escuches acerca de guerras, hambre, peligros inminentes, tsunamis, huracanes, terremotos, plagas, problemas de tránsito o de lo que sea- que no te quepa duda de que Dios está haciendo algo en este mundo para hacer avanzar Su reino, para promover Su gloria. Mira entre las naciones, mira y pregunta “¿Dios qué estás haciendo?”

Pídele a Dios que te de ojos para ver desde Su ventajosa posición – para que veas a tu familia, tu iglesia, el vecindario, el mundo, el gobierno, otros países-para que los puedas ver desde la perspectiva de Dios.

Tengo a un amigo, Dick Eastman, que me viene a la mente en este momento. Él es el líder de un gran ministerio internacional -uno de los ministerios más grandes del mundo. Por muchos años, décadas, Dick Eastman ha orado todos los días por 200 países y protectorados del mundo, con un mapa mundi, orando por cada país y llamándolo por su nombre. Nombres que ni siquiera puedo pronunciar, países que han sido puestos en el mapa desde que él ha estado orando.

Él los presenta al Señor. Él es un hombre que mira entre las naciones y observa. Él dice “Dios, ¿qué estás haciendo? Dios, que Tu Reino venga. Que Tu voluntad sea hecha en la tierra así como se hace en el cielo”.

Él, aunque ora por sus asuntos personales, no se centra solo en ellos. Él ora por mí. Él ora por Aviva Nuestros Corazones. Él ora por su familia. Él tiene asuntos que le conciernen y ora por ellos, pero no limita sus oraciones a sus asuntos personales.

Al pensar en tu vida de oración, ¿está debidamente balanceada? ¿Estás buscando entre las naciones? ¿Estás observando lo que Dios está haciendo?

Hay un asunto con esto de ‘las naciones’ y la ‘tierra’. Esas son un par de palabras que se repiten a lo largo del libro de Habacuc. En trece ocasiones se hace referencia a las naciones o a la tierra. Dios quiere que sepamos que Su corazón es para el mundo. A Dios le importan las naciones. A Dios le importa la tierra. Hoy en día, Dios está lidiando con las naciones de este mundo.

  • Vamos a ver en este libro la soberanía de Dios sobre las naciones.
  • Vamos a ver que Dios juzga a las naciones malvadas.
  • Pero Dios tiene un corazón compasivo y tiene misericordia y anhela que las naciones se arrepientan y vengan a los pies de Cristo.

Quiero tener un corazón como el de Dios para con el mundo. Recuerdo que cuando era niña tenía un corazón más así que ahora. Mi familia solía tener un mapa mundi colgado en la pared de nuestro desayunador. Tenía fotos pagadas en el borde de los diferentes misioneros -a quienes mi familia apoyaba- y desde esas fotos salían hilos que los unían con los países en los que estaban esos misioneros trabajando. Orábamos por esos misioneros. Leíamos sus cartas. Mis padres querían que creciéramos con un corazón sensible al mundo.

Pero confieso que -algunas veces- solo me preocupo por mi mundo y el de nuestro ministerio. Una de las cosas que me retan -en el libro de Habacuc- es que necesito tener el corazón de Dios para con el mundo. “Miren entre las naciones y observen. Maravillense y quédense estupefactas”.

¿Qué es lo que Dios quiere que Habacuc vea? Mira la segunda parte del versículo 5: “porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara”. Dios le dice “Habacuc estoy trabajando en tu época y en tus días”.

Si has escuchado las primeras sesiones de esta serie, sabrás que Habacuc se estaba quejando de que Dios no estaba haciendo nada. “Oh, Dios, por cuánto tiempo clamaré por ayuda y no vas a escucharme? ¿O gritarte “¡Violencia!” y no salvas?” (1:2) Señor, ¿Por qué no haces nada?

Dios parecía ser indiferente. Dios parecía estar pasivo. Dios parecía estar inactivo. Y Dios le dice a Habacuc “Estoy trabajando en tus días. No estoy siendo pasivo. No estoy siendo indiferente. No estoy inactivo”.

¿Podría sugerirte que Dios está siempre trabajando? Dios nunca duerme. Nosotras dormimos. Pero Él nunca está somnoliento ni duerme. Dios siempre está trabajando en cada tiempo, en cada circunstancia, en cada estación, en cada situación de la vida. Dios está trabajando en nuestros días.

Desde que era niña, siempre he tenido una carga en mi corazón por el avivamiento de la iglesia. Y tengo que decir -desde mi perspectiva- que no estoy segura de estar cerca de que ahora suceda uno. Cuarenta años atrás empezó a ser una carga en mi corazón y aun ahora no veo gran diferencia.

Pero esa es solo mi perspectiva. Algunas veces, me quedo mirando las iglesias y pienso “Señor, nada bueno está pasando, nada que evidencie Tu mano. ¿Por qué no lidias con la situaciones de estas iglesias, con esas “que dicen ser cristianas”, pero viven como el mundo?”

Pero Dios dice “Mira. Abre tus ojos. Mira las realidades espirituales. Si no lo puedes ver con tus propios ojos, créelo por fe porque sí estoy trabajando en tus días. Dios siempre está trabajando. Incluso cuando aparenta estar en silencio, pasivo o ausente. Incluso cuando no podemos ver lo que está haciendo. Incluso cuando no sabemos lo que está haciendo. Dios está trabajando.

Esto se ha convertido en una de mis frases favoritas del libro de Habacuc: “Estoy trabajando en tus días.” Créelo por fe. Y veremos que en el libro de Habacuc, es la única forma de que encuentres paz en la vida. La única forma en la que tendrás gozo es si vives creyendo que lo que Dios ha dicho es verdad.

Ya sea que lo puedas ver o no, Dios está trabajando.

  • Él está trabajando.
  • Él no es pasivo.
  • Él está presente.
  • Él está activo.
  • Él está comprometido.
  • Él está involucrado.
  • Él es soberano sobre las vidas y los asuntos de Su pueblo y los de este mundo. El hecho de que no lo podamos ver, no quiere decir que Él no esté trabajando.

Jesús dijo en Juan capítulo 5 versículo 17, “Hasta ahora mi Padre trabaja y yo también trabajo”. Dios está trabajando. Y Jesús está trabajando. Él está edificando Su iglesia. Él está forjando Su Reino. Él está planificando y trabajando para mostrar Su gloria en la tierra. Y vamos a ver, cuando veamos Habacuc capítulo 2, que el día llegará cuando la gloria de Dios llene y cubra la tierra así como las aguas cubren los mares.

Dios está trabajando para ese día. Su verdad está en marcha. Dios trabaja y Su trabajo es asombroso. Es sobrenatural. Está más allá de todo entendimiento humano. Por lo que el mensaje aquí es créelo dentro de tu corazón. Ten fe. Anímate. Dios está trabajando.

William Cowper fue un poeta y escritor de himnos del siglo XVIII. Él fue un hombre interesante. Era amigo de John Newton y ambos sirvieron y trabajaron juntos en una iglesia de Olney, Inglaterra por muchos años. Pero Cowper sufrió severas depresiones casi toda su vida. Él trató de suicidarse y por momentos pensó en que iba a perder la cabeza. Él tuvo una vida de altas y bajas.

Pero en sus momentos de mayor oscuridad escribió-en medio de lo que llamaríamos una enfermedad mental. No sé exactamente de lo que se trataba, pero -en esos períodos oscuros de su vida- afloraron las ideas más asombrosas acerca del corazón y de los caminos de Dios.

William Cowper escribió un poema que quizás es familiar para algunas de ustedes, pensé en él mientras leía este pasaje de Habacuc que describe cómo Dios está obrando en nuestros días, dice así:

“Dios se mueve de manera misteriosa” :

Dios se mueve de manera misteriosa

para realizar maravillas;

Sus huellas planta en el mar

cabalga sobre la tormenta.

En la profundidad inescrutable

El guarda destrezas y habilidades

Donde atesora sus brillantes diseños

Y obra Su soberana voluntad

Santos temerosos, cobrad nuevo valor;

las nubes que tanto teméis

están llenas de misericordia y se abrirán

con bendiciones sobre vuestras cabezas.

No juzguéis al Señor con vuestros

débiles sentidos,

sino confiad en Su gracia;

detrás de una providencia fruncido

Él esconde un rostro sonriente.

Sus propósitos cumplira con rapidez,

Revelandose hora tras hora;

el capullo tendrá amargo sabor,

mas dulce será la flor.

La fe ciega nos llevará al error,

Y en vano discernir su obra.

Dios es su propio intérprete y lo dejará ver claramente.

(William Cowper. “God Moves in a Mysterious Way”)

Puedes ver aquí un corazón que tiene fe en que Dios siempre está trabajando. Siempre se está moviendo para llevar a cabo Sus santos, maravillosos y eternos propósitos sobre nuestras vidas en esta tierra.

Alguien me señaló recientemente uno de mis versículos favoritos, Isaías capítulo el 50 versículo 10, dice “¿Quién hay entre vosotros que tema al SEÑOR, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz?

Él está hablando de una persona que trata de agradar al Señor, que trata de servir al Señor, pero en un momento de la vida en el que no puede ver lo que está sucediendo.

No lo puedes descifrar. Estás, más bien, confundida y sin respuestas.

¿Y cuál es la respuesta de Dios? ¿Qué debemos hacer? Confía en el nombre del Señor y en Su palabra. Caminamos por fe, no por vista.

El piloto de un avión no se guía por lo que ve. Él confía en sus instrumentos. Incluso cuando no puede ver hacia dónde va y no puede ver lo que está sucediendo, él confía en sus instrumentos.

Confía en quien controla todos los instrumentos. Que no te quepa duda de que Dios está trabajando en nuestros días. Dios está trabajando en tu iglesia, independientemente de si las circunstancias son exasperantes o no. Dios está trabajando en la vida de tu esposo cuando parece que él no le está prestando atención a Dios, que no está cambiando en lo absoluto, que no está siendo sensible. Dios trabaja en tus días.

Dios está trabajando en tus hijos universitarios aunque estén lejos de ti, no los puedas ver y te preguntas con quienes se estarán juntando. Recuerdo llevar al hijo de una amiga a la universidad -hace unos años atrás- dejarlo en el dormitorio que le correspondía, ver algunos carteles colgados en la pared y pensar “Oh, Dios, ¿cómo podemos dejar a este muchacho aquí?”

Y recuerdo orar como una loca cuando partí dejándolo allí. “Señor, mantén el temor de Dios en ese joven mientras sus padres y amigos lo dejan en ese campus”. Dios está trabajando y Dios trabajó durante ese tiempo en el que estuvo en la universidad. Dios está trabajando. Cuando no lo puedes ver, cuando no puedes retener el control, cuando no puedes hacer que las cosas sucedan, Dios está trabajando. “Estoy haciendo una obra en tus días”.

Dios está trabajando en tu comunidad. Dios está trabajando en países de los que nunca has oído hablar y de los que no sabes nada. Dios está trabajando en el mundo musulmán. Dios está trabajando en China. Dios está trabajando en países pequeñitos en los que el Evangelio está prohibido de manera oficial. Dios está trabajando.

“Yo estoy trabajando en esta época”. Por lo que mira. Mira entre las naciones y observad. Maravíllate y sorpréndete. “Estoy trabajando en tus días y no lo creerías si te lo dijera”.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss va a regresar a orar con nosotras en un minuto. Basado en lo que hemos escuchado hoy, la respuesta a esa oración podría no parecer lo que esperamos. Pero será una buena dádiva de Su mano.

Quizás estás luchando con una oración sin contestar o las cosas no han salido como esperabas. ¿Podrías explorar el libro de Habacuc para que aprendas más de la oración, el silencio y las respuestas inesperadas? Te dará una perspectiva cuando Dios no esté contestando tus oraciones. Profundizará en tu entendimiento de la adoración.

Si estuvieses escribiendo el guión de tu vida, ¿estaría desarrollándose como lo está haciendo ahora? Aprende mañana acerca de cómo confiar en el autor de nuestra fe cuando Nancy continúe escudriñando el libro de Habacuc.

Ahora, Nancy nos va a guiar en oración.

Nancy: Padre cuanto te agradecemos el que estés trabajando en el hoy y ahora. Nunca cesas de glorificarte y redimir a este planeta y este mundo caído. Haces todas las cosas nuevas. Estás trabajando —indistintamente— en aquello que podemos ver y en lo que no podemos ver.

Por lo que ayúdanos, Señor cuando no podamos ver. Ayúdanos a confiar en que lo que has dicho es verdadero y que Tú siempre estás trabajando en aras de lograr tus propósitos para este mundo. Que esta realidad nos traiga gozo. Que esta realidad nos deje maravilladas y asombradas. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Jul 3 – ¿Por qué?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 3 – ¿Por qué?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/por-que/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestros propios corazones. Hay una diferencia entre esas preguntas sinceras, honestas que le hacemos a Dios y cuando le hacemos acusaciones o somos demandantes con Dios para que nos dé respuestas, queriendo que sean respuestas según nuestros deseos y en el tiempo que queremos. Hay una gran diferencia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss ¿Le has preguntado a Dios por qué? Si es así, tú estás en la compañía de un grupo de personajes bíblicos que cuestionaron a Dios: Moisés, David, y el profeta del cual oiremos el día de hoy. Aquí está Nancy en la serie titulada: Habacuc: Del temor a la fe.

Nancy: Algunas de ustedes me han escuchado compartir esto antes, porque nunca lo voy a olvidar. Tuvo un gran impacto en mi vida hace muchos años atrás mientras estaba en el servicio fúnebre de mi hermano de 22 años de edad quien había muerto en un accidente automovilístico. Un hermano que había estado preparándose para el ministerio, un hermano que había llegado amar al Señor y que tenía un corazón genuinamente apasionado por Cristo y por las personas, y en un instante había perdido su vida. En la inescrutable elección, voluntad y providencia de Dios, David había partido.

Yo recuerdo estar sentada en el servicio fúnebre y escuchar a uno de los predicadores decir: Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestro propio corazón. No con un puño amenazador sino para examinar la conciencia. Tú puedes decir las mismas palabras y solo Dios sabe algunas veces si tu corazón se está examinando o está amenazando.

Ayer hablamos acerca de Joni Eareckson y de cómo ella fue víctima de aquel accidente de clavado que la dejó paralítica del cuello hacia abajo, y como en los primeros días después de su accidente ella tenía muchas preguntas. Ella se sentía enojada con Dios. ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué me pasó esto a mí?

Y después de estas preguntas Joni continúa reflexionando y dice,1

La mayoría de las preguntas que hice en los primeros días de mi parálisis fueron preguntas hechas con un puño amenazante, para descargar mis emociones, para desahogar mi ira. Yo no sé qué tan sinceras eran mis preguntas. Yo estaba simplemente enojada. Pero después de muchos meses, esas preguntas hechas con un puño amenazante hacia Dios se convirtieron en un examen de conciencia. sincera y honestamente, quería encontrar respuestas.

Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestro propio corazón. Hay una diferencia entre esas preguntas solemnes, honestas que le hacemos a Dios y cuando le hacemos acusaciones o somos demandantes con Dios para que nos dé respuestas, queriendo que sean respuestas según nuestros deseos, en el tiempo que queremos. Hay una gran diferencia.

Ahora a medida que he estado estudiando el libro de Habacuc, me he preguntado muchas veces si Habacuc estaba haciendo estas preguntas con un puño amenazante o con un examen de conciencia. En el primer párrafo del capítulo 1, él hace dos preguntas que con mucha frecuentemente son hechas por todos los seres humanos: “Oh Dios, ¿hasta cuándo seguirá esto? ¿Hasta cuándo y Tú no haces nada con mis oraciones? Y Dios, ¿por qué?” (verso 2 parafraseado).

¿Hasta cuándo? y ¿por qué? -Las dos preguntas de la condición humana. Las dos cosas que queremos saber de Dios. Él hace estas preguntas, y él prosigue a formular preguntas severas en el transcurso del primer capítulo.

He tratado de entender el corazón de Habacuc y he tratado de discernir si él estaba haciendo preguntas solemnes y honestas o estaba acusando a Dios. “Tú no oyes. Tú no salvas. Tú no estás haciendo nada”. Mientras leía unos comentaristas, algunos están muy seguros que él preguntaba con un puño amenazador pero otros comentaristas están igualmente seguros de que él estaba cuestionando con un corazón humilde.

Yo he concluido que sé la respuesta. y la respuesta es que: Nosotros no sabemos. Nosotros no sabemos qué había en el corazón de Habacuc. Yo no puedo saber qué hay en tu corazón, y tú no puedes saber qué hay en mi corazón cuando hacemos esas preguntas.

Dios es el único que escudriña nuestros corazones y Dios es el único que sabe.

  • ¿Estamos cuestionando a Dios con un puño amenazante?
  • ¿Estamos enojadas con Dios?
  • ¿Lo estamos acusando?
  • ¿Estamos demandando que Él haga las cosas a nuestra manera?
  • ¿O estamos cuestionando con humildad, concienzuda y honestamente a Dios.

Nosotros sabemos que Habacuc, independientemente de lo que había en su corazón en estas primeras preguntas y en el transcurso del libro, llega a un momento de fe. Tú vas a oír esta palabra una y otra vez durante en esta serie. Fe. Hay un punto decisivo en este libro donde su duda se convierte en fe. Su temor se convierte en fe. Su queja y su preocupación se convierte en adoración. En adoración basada en la fe.

No precisamente porque sus preguntas fueron contestadas, sino porque él llega al punto de descansar en Dios para sus preguntas y decir: “yo no tengo que saber las respuestas, pero si necesito conocer a Dios. Yo quiero conocer a Dios”. El luchador (que Habacuc significa “uno que lucha”) se convierte en uno que abraza, uno que se aferra fuertemente a Dios diciendo, “Yo confio en ti aunque Tú no me des respuestas”.

Como empezamos a ver en la última sesión sobre las circunstancias y la situación de Habacuc, vimos que él estaba muy preocupado por la corrupción, la injusticia, la violencia que había entre el pueblo de Dios.

Esto no está simplemente ocurriendo en el mundo. Esto está sucediendo en medio del pueblo de Dios. Él no estaba tan preocupado por las naciones paganas. De hecho, en la primera parte de este libro, Habacuc no tiene ningún interés por lo que está pasando en las naciones para nada. Él está preocupado por lo que está sucediendo con el pueblo de Dios.

Él está perplejo por la supuesta indiferencia de Dios y por la falta de respuesta a sus oraciones. Él dice, “Yo he estado orando por avivamiento, he estado orando para que tú hagas algo, orando para que tú traigas convicción, orando para que tú cambies los corazones de las personas, pero nada está ocurriendo”.

Te da la impresión aquí de que él ha estado orando por mucho tiempo. No era como que él había acabado de orar esa mañana y no había obtenido respuesta en la tarde y se haya enojado con Dios. No, esto ha estado sucediendo por mucho tiempo.

Así que él dice en el versículo 3 del capítulo 1, “¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?” (NVI). En la última sesión, vimos la pregunta del “hasta cuándo”. Hoy veremos en este tercer versículo la pregunta del “por qué”. Es una pregunta recurrente. ¿Por qué? El pregunta tres veces en este capítulo. ¿Por qué? “¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?” (NVI)

Mientras pensaba en esa frase, “¿por qué debo contemplar el sufrimiento?”, recordé una experiencia de años atrás. estaba viajando, y tenía que trasbordar en el Aeropuerto Internacional de Baltimore-Washington. Y fui y me senté en uno de esos pequeños restaurantes del aeropuerto.

En esos días yo tenía un maletín, uno de esos maletines duros y yo lo deje en el piso justo a mi lado mientras ordenaba algo para comer. En un instante durante mi comida, un hombre que estaba sentado cerca de la mesa, vestido con un traje -si mal no recuerdo- se puso de pie de su mesa, caminó hacia mí donde yo estaba sentada, tomo mi maletín y se fue.

Claramente no era su maletín era mi maletín. Estaba justo a mi lado. Bueno, inmediatamente tomé dominio de la situación, y vi que allí cerca había un oficial de la policía, y le dije: “Ese hombre se llevó mi maletín”. El oficial de policía no hizo nada.

Ciertamente, me siento agradecida de que la mayoría de los oficiales de policía hacen algo cuando están uniformados y están en la escena del crimen. No quiero decir que esto es una característica de los oficiales de policía, pero en ese momento -si mal no recuerdo la situación- simplemente recuerdo haber estado sorprendida de que este oficial de policía, teniendo una posición de autoridad, y escuchándome decir, que este hombre se había llevado mi maletín, solo se quedará ahí parado sin hacer nada. Y hoy puedes notar, veintitantos años más tarde, que todavía continúo irritada por esto.

Cuando pienso en Habacuc diciéndole a Dios, “Tú contemplas el sufrimiento. Tú ves lo que está pasando. Tú sabes acerca de la situación, y si no sabías acerca de ella, yo te lo acabo de decir, y aún así Dios no estás haciendo nada”.

Bueno, tal vez te preguntes qué hice acerca de ese maletín. Hice algo que -en retrospectiva- no puedo creer que lo haya hecho. Fue muy insensato de mi parte pero yo camine tras este hombre yo misma. Él iba cambiando por un pasillo donde había mucha gente.

Caminé hacia él y le dije, “Discúlpeme, creo que eso que usted tiene es mío”. Él simplemente me lo devolvió, me dio la espalda y se fue caminando. Cuando pienso lo que pudo haber sucedido, me doy cuenta de que no fue lo mejor que pude haber hecho, pero si el oficial de policía no estaba haciendo nada, yo sí tenía que hacer algo al respecto.

Bueno, hay muchas situaciones mucho más serias en la vida donde se están cometiendo crímenes, donde hay peligro, y hay gente que solo se para a mirar y no hace nada. Recuerdo a una mujer que recientemente escribió a Aviva Nuestros Corazones y compartió que desde niña su padre la había violado cada noche por años, mientras desde la perspectiva de esta niña pequeña, su madre se hizo de la vista gorda y no hizo nada.

Nos da un gran sentido de injusticia. ¿Por qué contemplas el sufrimiento? Dios tú lo estás viendo. ¿Por qué no estás haciendo algo al respecto?

John Stott dice,

La punzada real del sufrimiento no es la calamidad en sí misma, ni siquiera el dolor o la injusticia de esta, es más bien el abandono aparente de Dios en medio de ella. El dolor es soportable, pero la aparente indiferencia de Dios no lo es.

Por cierto, ¿no es esta una ilustración de lo que tal vez Jesús sintió en la cruz cuando dijo, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:47 RV-1960). En un sentir es, “Yo pudiera aguantar esto si tan solo supiera que Tú estás aquí haciendo algo al respecto”.

Así que Habacuc le dice a Dios, “Tú me haces ver el mal y Tú ves la maldad, pero no haces nada”. Él está preocupado por la aparente pasividad de Dios, Su indiferencia, Su inactividad”. “¡No te quedes solo ahí, haz algo por favor! ¿Por qué contemplas el sufrimiento y no haces nada?”

Después él dice, “Veo ante mis ojos destrucción y violencia” (verso 3 NVI). Verás la palabra violencia aparece seis veces en el libro de Habacuc. Es un tema. Es algo por lo cual él está preocupado.

Esto está pasando entre el pueblo de Dios. Destrucción, violencia, riñas y contiendas. Versículo 4:

“Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo; por eso sale pervertida la justicia”.

Ahora, es importante que mientras tú lees estos versículos te des cuenta que Habacuc está turbado por la maldad y la injusticia que está sucediendo entre el pueblo de Dios y por la aparente apatía y negligencia de Dios sobre la situación, aún a pesar de las constantes oraciones fervientes de Habacuc. Esto no le parece correcto.

Destrucción, violencia, riña, contienda. Los impíos sobrepasan en número a los piadosos en la iglesia, entre los que se llaman creyentes en la iglesia. Los impíos sobrepasan en número a los piadosos en la iglesia. La ley y el orden dejaron de funcionar. Las personas que deberían ejercer autoridad espiritual están cerrando sus ojos para no ver. Están escondiéndolo debajo del tapete. Ellos no están haciendo nada al respecto.

No te engañes a ti misma al pensar que las cosas que le preocupaban a Habacuc en su tiempo no están sucediendo en las cuatro paredes de nuestros propios hogares cristianos y en nuestras iglesias de hoy en día. La violencia y la injusticia prevalecen. Te preguntarás cómo. Divorcio. Si eso no es violencia, si eso no es riña y contienda, no sé entonces qué es.

No me sorprende o me asombra que los no creyentes se divorcien. ¿Cómo podrían mantener un matrimonio unido? Tienes a dos personas egoístas que no conocen a Dios, pero el pueblo de Dios, que alega tener el amor de Cristo, que ha sido perdonado, ¿no puede mantener sus matrimonios unidos por medio del perdón?

Riña y contienda. Disputas familiares. Divisiones en la iglesia. Conflictos no resueltos. Relaciones rotas en el cuerpo de Cristo.

En las últimas semanas he estado escuchado muchas historias. Estoy prácticamente sola sentada en mi estudio la mayor parte del tiempo. No salgo ni ando por ahí la mayor parte del tiempo. Pero aun en mis breves encuentros y conversaciones con la gente, escucho historias de personas que se llaman cristianos haciendo cosas no muy cristianas. Algunas de estas personas participan activamente en el ministerio. Hay amargura, conflictos no resueltos durante mucho tiempo entre creyentes.

La semana pasada escuché acerca de dos profesores de una universidad cristiana que están involucrados en un romance. Ahora bien, los de la universidad todavía no lo saben, y me pregunto, ¿por qué no saben acerca de esto? Digo, uno escucha estas cosas. Uno piensa, estas personas están enseñando a nuestros hijos en una universidad cristiana, mientras ellos están teniendo una relación adúltera.

Pornografía. Adulterio. Bromas vulgares. Profanación. Baile vulgar. Lenguaje sugestivo. Todo esto he escuchado en tan solo las últimas semanas y está sucediendo dentro el pueblo de Dios. Y la gente lo está justificando, defendiendo, riéndose de esto a veces, siendo entretenido por esto. Personas en posición de liderazgo. Y uno clama con Habacuc, “¡¿O Dios, hasta cuando?! ¿Por qué dejas que esto siga? ¿Por qué te sientas y miras esto y no haces nada al respecto?”

Hace poco un amigo me dijo acerca de un jefe que él tiene que dice ser cristiano. Él es un miembro activo de su iglesia y también es dueño de un comercio, y abiertamente está admitiendo trámites ilegales en su contratación de empleados y en su ética laboral. Y después él va a la iglesia y está involucrado en grupos pequeños y en liderazgo, pero en su trabajo es un hombre completamente diferente, evade la ley, hace cosas que no son triviales y que son totalmente ilegales.

Este joven que trabaja para él está viendo todo esto y está hablando con el hombre, y el hombre reconoce que está mal, pero sigue haciéndolo. ¿Por qué Dios no hace algo al respecto? Uno ve personas en liderazgo que no están haciendo nada al respecto y que algunas veces de hecho están participando en ello. Y uno dice, “Dios, ¿Cómo puedes contemplar esto y no hacer nada?”

¿Quizás piensas que sueno preocupada y alterada en este momento? Ese es el espíritu que percibes de Habacuc a medida que él medita en estas cosas, a medida que él ve que estas cosas ocurren. Tú sientes su preocupación intensa acerca de la condición espiritual y moral de Su pueblo. Esto perturba a Habacuc.

Mientras meditamos en este pasaje, quisiera preguntarte, “¿Te perturba esto a ti?”

  • ¿Te duele ver el pecado, el pecado no arrepentido, el pecado continuo, el pecado habitual, los patrones de pecado en la conducta del pueblo de Dios?
  • ¿Te duele?
  • ¿Te rompe el corazón?
  • ¿Te asombra?
  • ¿Te sientes irritada por esto?
  • ¿Te lamentas del pecado y la violencia entre el pueblo de Dios?

Y pienso, desafortunadamente, que la mayoría de nosotras nos hemos adaptado a esta actitud complaciente: y decimos bueno así son las cosas. Los niños no dejarán de ser niños: esa fue la respuesta que una autoridad le dio a una amiga mía cuando ella le comentó su preocupación de algo que los jóvenes estaban haciendo en una escuela cristiana en particular. “Los niños no dejarán de ser niños. Así son las cosas. Somos solo humanos. Tú eres una perfeccionista. Tú eres una legalista”.

Si tú expresas preocupación por algunas de estas cosas hoy en día, este es el tipo de respuesta que vas a recibir. Una amiga me dijo, “cuando menciono estas cosas, la gente me mira como si estuviera loca”. “¿Estoy loca porque me preocupan estas cosas? ¿Soy la única que está perturbada por esto?” Bueno, es muy triste que nos tengamos que hacer esta pregunta, ¿verdad? ¿Te sientes contristada? ¿Te cargan las cosas que contristan el corazón de Dios?

Siglos atrás Juan Calvino escribió un comentario sobre el libro de Habacuc, él dijo,

Este pasaje nos enseña que todo aquel que realmente sirve y ama a Dios tiene que arder con una indignación santa en cualquier momento que vean la maldad reinando sin control entre los hombres, y especialmente en la iglesia de Dios. No hay nada que nos debe causar más dolor que ver a hombres violentos, con un desprecio profano hacia Dios y sin ninguna consideración hacia Su ley y por Su verdad divina.

Así que Habacuc hizo esto un asunto sobre el cual interceder; una petición de oración. Él llevó su preocupación a Dios porque él se dio cuenta que no había otro lugar donde llevarla. No hay nadie más que pueda hacer algo al respecto.

Amigas, una cosa es estar molesta, hablar una con la otra acerca de lo terrible que están las cosas, conmiserarse junto a otras, escribir cartas, quejarse, gritarle a la televisión cuando veas algo que te molesta. Pero, la pregunta es: ¿has orado al respecto? ¿Has orado por lo que estás viendo en tu familia, lo que estás viendo en tu iglesia, en nuestra cultura… has orado al respecto? Eso es lo que Habacuc hace.

Y porque la maldad sigue y sigue a pesar de sus oraciones, Habacuc equivocadamente concluye que Dios no está haciendo nada, que Dios es indiferente. Recuerda, Dios parece ser indiferente, solo desde el punto de vista de Habacuc. Pero Dios no es indiferente. Dios nunca está inactivo, Dios nunca está ocioso. Dios siempre está haciendo algo, y lo veremos a medida que avanzamos en este pasaje.

A medida que pensamos en esta maldad que continúa, déjame leerte unos cuantos escritos de creyentes antiguos que me han sido de gran ayuda al pensar en este pasaje.

Primero, he estado leyendo recientemente de uno de mis autores tradicionales favoritos, Fenelon. En su libro “Perfección cristiana” ( Christian Perfection ) él dice,2

Una cosa que me confunde es entender cómo Tú permites que tanta maldad se mezcle con lo bueno.

Él está hablando con Dios. Y él le dice,

Tú no puedes hacer el mal. Todo lo que haces es bueno. ¿Entonces por qué la faz de la tierra está cubierta con crímenes y miseria? Es como si el mal prevaleciera en todas partes por encima del bien. Tú hiciste el mundo solamente para Tu gloria, y estamos tentados a creer que se está volviendo en Tu deshonra. El número de los malvados infinitamente sobrepasa el número de los buenos, aun en la iglesia.

Esto fue escrito siglos atrás. Él sigue diciendo,

Toda carne ha pervertido su camino… todos sufren. Todo está en un estado de violencia… ¿Por qué esperas tanto, Señor, para separar el bien del mal? Apresúrate. Glorifica Tu nombre. Haz saber a esos que lo blasfeman lo grande que es. Te lo debes a Ti mismo, el restablecer el orden de las cosas.

Después él dice, “Pero oh mi Dios, cuán profundos son tus juicios”. Aquí es cuando tu preocupación se vuelve adoración. Aquí es cuando el temor se convierte en fe. Él dice,

Tus caminos son más altos que nuestros caminos, así como los cielos están de la tierra. Nosotros estamos impacientes porque nuestra vida entera es solo un momento. En contraste, Tu gran paciencia está fundamentada en Tu eternidad, para la cual mil años son como un ayer que acaba de pasar.

Después está este recordatorio de Oswald Chambers, otro de mis autores favoritos, como lo escribe en ” En pos de lo Supremo “3, él dice:

Hay momentos cuando tu Padre aparentarará ser… insensible e indiferente, pero recuerda que Él no lo es… Si hay una sombra en el rostro del Padre por ahora, puedes estar segura de que, al final, Él mal mostrará Su revelación y Él será justificado en todo lo que ha permitido… Mantente firme en tu fe, creyendo que lo que dijo Jesús es cierto, aun si por el momento tú no entiendes lo que Dios esté haciendo. Él tiene asuntos más importantes en mente que las cosas que tu estás pidiendo. Dios tiene un propósito mayor. Dios tiene un plan más grande.

Ahora bien, cuando volvamos en la próxima sesión, vamos a ver que Dios no está en silencio. Él oye las oraciones de Habacuc. Él responde a la oración de Habacuc. Él no es pasivo. Él no es indiferente.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss volverá para orar con nosotras. Ella solo nos dio un adelanto de lo que escucharemos en la próxima sesión de la serie actual llamada Habacuc: Del temor a la fe. Hemos estado viendo unas preguntas serias que Habacuc hizo y a medida que la serie progrese, encontraremos por qué Habacuc pudo cambiar su enfoque para empezar a adorar a Dios.

Cuando Dios responde las oraciones, el resultado puede ser muy diferente a lo que esperabas. Esto es lo que descubrió Habacuc, y es lo que veremos en la próxima sesión. Por favor sintonízanos de vuelta mañana. Ahora oremos con Nancy.

Nancy: Padre, solamente quiero agradecerte porque podemos confiar en Ti. Si algo he aprendido en estos 50 años de caminar contigo, es que Tú eres fiel, sabio, amoroso, y bueno, independientemente de que tan nublada Tu providencia parezca ser a veces o cuán inescrutables tus caminos. Todas las cosas son conocidas por Ti. Todas las cosas son claras para Ti.

Es solo nuestra finitud, nuestra carne, nuestra debilidad que las hace misteriosas para nosotras. Pero gracias, Señor, que un día la fe será por vista. Todo será claro y todo el mundo adorará tus caminos y afirmara que Tú has hecho todas las cosas bien. Así que hasta ese día, Señor, ayúdanos a no vacilar en la fe y aferrarnos a Ti, aunque aún estés velado para nosotros. Te adoramos, Te esperamos y nos entregamos a Ti completamente. En el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1http://www.powertochange.com/changed/jeareckson.html 2 Fenelon. Christian Perfection. (San Francisco: Harper & Brothers, 1947). p. 125-6. 3 Oswald Chambers. My Utmost for His Highest. 9/12.

Música: Oh Que Amigo Nos Es Cristo (What a Friend We Have in Jesus), Integrity Worship Singers, Himnos de Inspiración ℗ 2001 Integrity Media, Inc.

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Jul 2 – Lidiando con oraciones no respondidas

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 2 – Lidiando con oraciones no respondidas

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/lidiando-con-oraciones-no-respondidas/

Carmen Espaillat: Muy probablemente has leído pasajes en la Biblia que prometen que Dios escuchará y contestará la oración. Igualmente Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Pero siendo honestas ¿acaso no es cierto que a veces nuestra experiencia parece contradecir esas promesas? ¡Sé honesta! No te ha sucedido que en ocasiones dices, “yo sé lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche ni conteste mis oraciones.”

Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios un día malo o en situaciones de corta duración. Pero qué pasa cuando tienes un sufrimiento prolongado, y clamas, “¿Hasta cuándo, Señor? Sigo clamando a ti, Señor, ¡pero todavía no haces nada!”

Es esa pregunta “hasta cuándo, ¿Señor, no me escucharás?”

Carmen: Estás escuchando “Aviva Nuestros Corazones” con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continuará hoy una serie que iniciamos ayer sobre un profeta, y que nos ayuda a sobrellevar la oración no contestada. Con ustedes Nancy en la serie llamada: Habacuc: Del temor a la fe.

Nancy: Fue en una calurosa tarde de julio del 1967, cuando una joven de 17 años se tiró al agua en un clavado en un lago poco profundo, y su vida cambió para siempre cuando se fracturó el cuello; un accidente que la dejó paralítica del cuello hacia abajo por el resto de su vida.

Ustedes conocen la historia de Joni Eareckson Tada, sobre cómo sufrió esa fractura de su espina dorsal, algo que la dejó paralítica e incapacitada de sus brazos y sus piernas.

Joni ha hablado y escrito acerca de algunos de los sentimientos y pensamientos que tuvo unos días después del accidente. En una ocasión ella dijo:

“Yo tenía tantas preguntas. Creía en Dios, pero estaba enojada con Él. Si Dios era todo amor y todopoderoso, entonces —lo que me sucedió a mí— ¿cómo podía ser esto una demostración de su amor y de su poder? Seguramente Él pudo haberlo evitado. ¿Cómo puede una parálisis permanente ser parte de su amoroso plan para mí?”

Lo que Joni Eareckson Tada dijo en esos oscuros momentos de desesperación de su vida es muy similar a lo que el profeta Habacuc sintió al iniciar el primer capítulo de su profecía en Habacuc capítulo 1.

Él está clamado a Dios y en esencia lo que él está diciendo es: “¿cómo puedo saber que este Dios merece mi confianza a menos que obtenga una respuesta?

Él tiene preguntas y así lo dice en el capitulo 1, en el versículo 2:

¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás?

Y a propósito, al leer y estudiar todo el libro de Habacuc, busca referencias a la palabra “salvar” o “salvación”. Encontrarás varias. Porque hay un tema recurrente a través de este libro y es que Dios siempre está obrando para la salvación de Su pueblo.

Pero a Habacuc esto no le parece así en este momento. “Señor, estoy clamando a ti, ¡violencia! Pero no salvarás. No pareces ser un Dios que salva”.

Versículo 3:

¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia. Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo; por eso sale pervertida la justicia. (Habacuc 1:3-4)

Lo que Habacuc dice es, “tengo un problema sobre cómo Dios gobierna el universo, o como parece no estar gobernando el universo. Tengo interrogantes.”

Son preguntas intensas. Creo que algunas veces actuamos en nuestros mundo cristiano como si fuera un error, o fuera malo tener preguntas. Como que no deberíamos hacer preguntas, y deberíamos poner nuestras mentes a dormir y sólo decir: “Bueno, esas preguntas no importan.“

Lo que Habacuc está diciendo es, “tengo preguntas sinceras, y yo quiero consultar al que me las puede contestar. ¿Por qué me haces ver la iniquidad?, ¿Por qué me haces mirar la opresión?”

Nos encontramos en el principio del libro donde vemos este diálogo entre Dios y Su profeta, una mirada muy íntima a las preguntas que este hombre hace a Dios. Algunas de sus Biblias tendrán un título para este párrafo: “la queja de Habacuc.”

La queja de Habacuc. Él comienza derramando su corazón a Dios y lo notamos con las primeras dos palabras del versículo 2: “Oh Señor”. Oh Señor.”… Veremos esta pequeña frase seis veces en el libro de Habacuc.

Este es el clamor de un hombre desesperado. Se dice que sus oraciones son las oraciones más fervorosas. “Oh Señor.“ Ahora bien, notemos que Habacuc no clama a Judá, quien inicialmente es el pueblo por el que él está preocupado. Ellos son las personas sobre la que él habla en los primeros versículos; son las personas que han pervertido los caminos de Dios.

Ellos no están viviendo como creyentes.

Habacuc tampoco clama a los babilonios o a los caldeos, a quienes Dios va a usar para traer juicio a Judá. ¿A quién clama Habacuc? Él clama a Dios: “Oh Señor.”

La carga que se produce en su corazón al ver a su alrededor se vuelve una intercesión —se torna en una oración. Es lo que dice Oswald Chambers en “” En pos de lo Supremo” ” [My Utmost for His Highest.]

No lo estoy citando exactamente, pero él dice que cuando Dios hace que te apercibas de una situación y pone la carga en tu corazón o en tu mente, Su meta es que la conviertas en intercesión.

“Oh Señor, yo veo esto. Estoy preocupada por esto. No entiendo esto. Oh Señor.” Habacuc sabe que Dios tiene el control. Él sabe que el Señor es el único que en realidad puede hacer algo con sus preocupaciones.

Entonces él dice, “”Oh Señor”.” Él dirige su oración al que puede hacer algo por su situación. Y al ir directamente al Señor, él obtendrá Su perspectiva sobre lo que está ocurriendo a su alrededor.

“Señor, ¿cómo ves esto?” ¡Pregúntale a Dios! Medita sobre lo que está pasando en tu vida y pregúntale al Señor, “Señor ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Qué me estás tratando de decir?¿Qué estás tratando de hacer?

Él recibe el mensaje para ese día. Él obtiene la dirección para su ministerio. Él consigue Su consejo; obtiene su ayuda yendo directamente al Señor. “Oh Señor, oh Señor. “

Pienso en las personas que escriben a Aviva Nuestros Corazones con algunas preguntas y problemas realmente difíciles; ellas se desahogan acerca de esto o aquello que les está sucediendo. Lo leo, y solo pienso, “”Oh Señor, ¿qué hacer? ¿Qué decir?” “ y algunas veces lo mejor que podemos decir a estas mujeres es, ”¡Pregúntale al que sabe! Nosotros no podemos resolverlo, pero Dios tiene una respuesta. Dios conoce los misterios. Él sabe cómo resolverlo. ¡Ve a Él, acude a Él!“

Dile, “oh Señor.” Y viene a mi mente ese himno que dice: “¡Vives débil y cargado

De cuidados y temor? A Jesús, refugio eterno, Dile todo en oración. “¡Cuánto nos preocupamos y nos estresamos y luchamos y nos llenamos de ansiedad y y nos agitamos al contarle a otros nuestras cosas hasta que nos hacemos un manojo de nervios, cuando todo lo que necesitamos es decir “oh Señor!”

“Oh Señor. ¿Qué hacer? ¿Cómo debo ver esto! ¿Cómo responder?“ ¿Quieres un entendimiento de tus circunstancias? Pudieras estar en una situación imposible ahora mismo en el ámbito de tu vida.

¿Quieres entenderlo? ¿Quieres saber cómo responder a las circunstancias de la vida? ¿Quieres saber cómo entrenar a tus hijos cuando se encuentran en esa etapa imposible y nada parece funcionar?

Clama: “Oh Señor. ¿Qué hago? ¿Qué me estás diciendo?¿Cuál es tu propósito?¿Qué quieres? Oh Señor. “

¿Quieres saber cómo ministrar a una amiga en necesidad —a una hermana que te está llamando y te está diciendo: “mi matrimonio se está destruyendo” y tú no sabes qué decir porque no estás allí. No puedes escuchar ambos lados de la historia.

Aun si supieras todos los hechos, no sabes qué hacer. ¿Quieres saber cómo ministrar ánimo y gracia? No solo le des una cantaleta con tus opiniones personales. No le digas simplemente: “bueno, yo creo…”

Ayúdense una a la otra a llegar al trono de la gracia, al trono de Dios donde se puede encontrar misericordia y gracia para encontrar ayuda en el momento de necesidad diciendo, “Oh Señor.” La ministración efectiva de otros proviene de la comunión con Dios.

Ora por esa situación, y di: “Oh Señor, ¿qué debo hacer? ¿Cuál es Tu perspectiva? ¡Búscalo a Él. Escúchalo a Él. Dile, “Oh Señor!”

Necesitamos recordarnos a nosotras mismas que en última instancia, la paz y la perspectiva y las respuestas que necesitamos sobre los misterios de la vida no se encontrarán yendo a un consejero o a un terapeuta o leyendo un libro o desahogándonos con una amiga o un amigo confiable.

En última instancia, la perspectiva, la paz, las respuestas que necesitamos las vamos a encontrar al ir al maravilloso consejero, en clamor diciendo, “¡Oh Señor! ¡Oh Señor!”

Él dice,

Habacuc dice, ¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? (Habacuc 1:2-3)

En esos dos versículos, Habacuc le hace a Dios dos preguntas fundamentales, y estas dos preguntas han sido hechas innumerables veces a través toda la historia de la raza humana. ¿Cuáles son estas dos preguntas?

La primera es : ¿Hasta cuándo? Y ¿Cuál es la segunda? ¿Por qué? Hasta cuándo y por qué. Habacuc hace estas preguntas repetidamente. Al final del capítulo 1, él dice: “¿Seguirá esto para siempre?“ ¿Hasta cuándo?

¿Por qué? Él pregunta otra vez en el versículo 13 del capítulo 1”¿por qué?” ¿por qué Dios no escucha? ¿Por qué Dios no socorre? Entonces Habacuc se encuentra a sí mismo enfrentando el desafío de la oración no contestada y la aparente indiferencia de Dios.

A Dios no parece importarle. No parece estar poniendo atención. Piensa en Joni Eareckson y como justo después de su accidente, en esos primeros días, ella clamaba a Dios, ¿Por qué? ¿Por qué a mi?

Y ella confesó cómo luchaba con el silencio de Dios. Dios no escribió ninguna respuesta en el cielo. Dios no envió ningún mensaje grabado, “bueno esto es lo que tengo en mente. He aquí lo que voy a hacer.” Los cielos parecían estar hechos de cobre; parecía imposible que Dios escuchara su clamor.

A veces tú oras por tu pareja o por tu niño o por tu empleo o tu iglesia o tu salud, y sientes como si tus oraciones no fueran a ninguna parte.

“Señor, ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo tengo que seguir orando y Tú sin contestar? ¿Hasta cuándo voy a clamar a Ti y no me das respuesta?”

¿Acaso no tenemos todas esas promesas en la Biblia donde Dios nos dice “”ora por eso y te contestaré. Clama a mí y te responderé” ?”

Pero si somos honestas ¿no es cierto, que a veces nuestras experiencias parecen contradecir esas promesas? ¡Seamos honestas! No te ha sucedido que en ocasiones dices, “yo sé lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche o conteste mis oraciones.”

Luego están las ocasiones en las que pedimos cosas que parecen estar alineadas con la voluntad de Dios, pero nada sucede —hasta donde podemos ver. O quizás sucede lo opuesto. Estás orando por algo, y luego parece que Dios hace exactamente lo opuesto.

Recuerdo hace unos años atrás cuando estuve orando por algo junto con un número de personas por mucho, mucho tiempo. Y luego la puerta se cerró totalmente, daba la impresión de que Dios hubiera causado un resultado el 100% contrario a lo que habíamos estado pidiéndole durante todos esos meses.

Les puedo decir que durante meses después, difícilmente podía leer mi Biblia porque cada vez que llegaba a esas promesas donde dice que Dios escucha y responde la oración, me sentía burlada.

Ahora, dentro de mi cabeza y de acuerdo a mi teología, sabia que no podía decir: “Dios no escucha, ni responde la oración,” pero así era que me sentía. Me sentía como “¿por qué puso Dios estas promesas en la Biblia? Parecen no tener veracidad alguna.”

Entonces, la siguiente pregunta es: “¿De qué sirve la oración?” ¿Por qué orar? ¿Por qué seguir orando? ¿En verdad hará algo la oración?¿Valdrá la pena continuar batallando en oración por la salvación de mi marido? O ¿Por el arrepentimiento de mi hijo o de mi hija? ¿Por un cambio en esta situación, por un avivamiento en mi iglesia?

Parece como si no pasará nada. Habacuc le dice a Dios: “”Estoy angustiado por la violencia y la corrupción que veo a mi alrededor, y Dios, te lo digo; clamo por ayuda, pero no hay muestras de que me escuches, y si me escuchas, no estas haciendo nada al respecto”.”

Él dice “¿no salvarás?,” podemos escuchar el dolor en la voz de Habacuc, el corazón dolido. Su plegaria, “Dios, ¿por qué no haces algo?”

Algunas veces parece que Dios no está haciendo nada por el sufrimiento, la injusticia, y el abuso a nuestro alrededor. ¿Será Dios olvidadizo? ¿Sabrá Él lo que sucede alrededor? Y decimos, “por supuesto que sabe. Él es omnisciente. Él lo sabe todo.”

Bueno, pues si Él lo conoce todo, entonces ¿será que no le importa? Bueno, si, por supuesto. Él ama y se preocupa por nosotros. Bueno, pues si le importa, ¿será que es impotente para hacer algo sobre esta situación? Bueno, no, Él es todopoderoso. Bueno, pues si Él es todopoderoso, ¿Por qué no interviene?

Y de esta forma nos envolvemos en un círculo de preguntas sin respuesta, y cualquiera de esas posibilidades —la que “Dios no escucha” o que “a Dios no le importa” o “Dios es impotente” o la de que Dios simplemente ha decidido no intervenir— cualquiera de esas posibilidades hace que Dios quede mal parado.

Se estremece tu mundo. ¿Por qué Dios no salva ese hijo?¿Por qué Dios no cambia la situación?

No hace mucho tiempo tuve una conversación con una pareja que estuvo en el ministerio pastoral. Él había sido pastor por muchos años y luego él tuvo una cirugía de corazón, había sufrido casi un infarto y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente.

Como resultado, tuvo que dejar el ministerio, ya que físicamente no pudo continuar con las presiones que este le exigía. Ellos eran una pareja joven, y a raíz de esto vieron como él no pudo encontrar empleo. Tampoco ella pudo encontrar un empleo.

Estaban relatándome su historia, mientras cenábamos juntos esa noche, y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras ella me describía la depresión en la que él había caído, después de años de servir al Señor.

La recuerdo diciéndome, “nos sentimos tan abandonados por Dios. Oramos; clamamos; miramos alrededor; y no podemos encontrar respuestas. Nos sentimos abandonados por Dios.”

¿No es así como ocurre algunas veces? Clamamos. Y aparentemente no hay respuesta, entonces asumimos que Dios no ha escuchado o que no está salvando, y terminamos desilusionadas con Dios.

Sentimos que nos ha abandonado, y en ocasiones, desafortunadamente, el próximo paso es que comencemos a acusar a Dios. Levantamos el dedo hacia Él y lo acusamos falsamente.

Es aquí donde entramos en peligro acusando a Dios falsamente, en el peligro de acusar a Dios, de algo que hizo mal, solo porque no ha llenado nuestras expectativas y nuestras demandas.

“Dios, no me escuchas,” dice Habacuc. “no salvarás. Ignoras la maldad”. Esto me recuerda la historia de Marta y María en Juan capítulo 11 cuando ellos llamaron a Jesús porque su hermano Lázaro estaba enfermo.

Ellas sabían que Jesús podía sanarlo, Él podía hacer algo al respecto, pero Jesús, por razones insondables, decidió quedarse donde estaba unos cuatro días más. Para el tiempo cuando Él llegó a Betania, Lázaro había muerto. Primero Martha y luego María le dicen a Jesús “Señor, si hubieras estado aquí esto no hubiera pasado. Nuestro hermano aún viviría.” Lo que quisieron decir fue, “¿Por qué? ¿Por qué no hiciste algo? ¿Por qué no te importó?

Otra vez el sentimiento de quizás acusar a Dios por el mal. En contraste, pienso en el capítulo 1 de Job. ¿Recuerdan cuando Job enfrentó crisis tras crisis en su vida, una después de la otra?

La Escritura dice que en medio de todo esto, Job no pecó ni acusó a Dios por el mal. Ahora, eso cambió más adelante en el libro del Job, pero al principio él nunca acusó a Dios por el mal. Él supuso que Dios sabía lo que él desconocía.

Bueno, muchas veces no vemos esto. Solo tenemos nuestra perspectiva de las cosas. Decimos, “Señor, ¿será que no te importa? Si hubieras estado aquí… por qué no hiciste algo?”

De manera que tenemos este desafío con los sufrimientos y con el dolor y con los problemas a largo plazo; con esos que perduran.

Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios en el día malo o en situaciones de corto plazo. Pero cuando tienes un sufrimiento prologado, la cosa se pone difícil.

Cuando tienes a ese padre envejeciente cuya vida pende de un hilo o atraviesa tanto dolor. El padre o la madre que está a punto de morir de cáncer y que está débil y que tú dices, “Señor, por qué no te lo llevas? ¿Por qué permites que sufra así?”

Es a largo plazo.. en el sufrimiento que se prolonga. Se trata de ese hijo o esa hija que se ha alejado de Dios por años y ha creado un desastre y dolor en tu familia. Y tú clamas, “¿Hasta cuándo, Señor? Sigo clamando a Ti, Señor, pero aún así, no haces nada.” Es esa la pregunta “¿Hasta cuándo?”.

“No escucharás”. Habacuc acusa a Dios de no escucharlo. En última instancia, al ir por este libro, veremos que Habacuc se da cuenta que él no había estado escuchando a Dios.

Dios lo había estado escuchando, pero él necesitaba aprender a escuchar a Dios; de eso se trata la oración. Se trata de aprender a escuchar a Dios. Sí, expresándole nuestras preguntas sinceras y luego escuchando lo que Él tiene que decirnos. Cuando le escuchamos, Él nos da Su perspectiva.

Entonces Habacuc clama persistentemente, él clama a Dios de manera prolongada. Y aparentemente no hay respuesta. A fin de cuentas, Dios va a responder, pero Él dice, “No voy a responder necesariamente de inmediato, y no responderé de la manera que tú esperas, necesariamente,.

Mientras leemos todo el libro de Habacuc, vemos que Dios no contesta todas las preguntas de Habacuc.

(Y a propósito espero que tú estés haciendo lo mismo con nosotras en estas semanas. Te quiero animar no solo a que leas una vez, sino que lo leas una y otra vez para que aprendas a tratar con lo que Habacuc trató).

No significa que Dios no conozca las respuestas, pero no se las da todas a Habacuc, y las respuestas que Dios si le da levantan aun más interrogantes como veremos al adentrarnos más en el capítulo 1.

Quiero decirte que Dios no va a contestar todas tus preguntas. Si conocieras todas las respuestas, serías Dios y no necesitarías de Él. Dios no responderá todas tus preguntas, pero te diré lo que si hará.

Mientras le haces preguntas a Dios y mientras luego lo escuchas, Él se revelará a ti. Dios le dio a Habacuc una perspectiva más amplia y eterna que lo ayudó a continuar y lo capacitó para hacerlo, aun sin conocer todas las respuestas.

Dios te quiere dar una perspectiva que te capacitará para enfrentar tu situación; para enfrentar tus circunstancias, aun sin conocer todos los “porqués”. Habacuc en última instancia, llega a un punto de poder adorar sin entender todo lo que sucede.

Eso requiere fe el tipo de fe que puede adorar cuando no sabes las respuestas es la que agrada a Dios. Joni Eareckson dijo en esos primeros días: “A menos que encontrara respuesta, no podía entender cómo Dios podía ser digno de confianza.”

Y a eso se reduce todo, Es a esa pregunta: “¿Es Dios digno de mi confianza?”¿Se puede confiar en Dios? Quiero decirte que la respuesta es un rotundo, SI!

Él puede ser confiado. Él es digno de tu confianza. Y mientras le haces tus preguntas honestas —sin acusarlo, sino colocándote en una posición donde Dios pueda revelarse a ti y pueda darte Su perspectiva sobre las circunstancias— encontrarás que si se puede confiar en Dios. Y entonces tu preocupación se tornará en adoración. Ya no habrá mas “por qué”, sino “Dios, yo te adoro a Ti.”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss pone nuestra mirada donde necesita estar –aun si hay problemas sin resolver en la vida, problemas que no se irán, u oraciones sin respuesta. Nancy regresará en un momento.

Muchas mujeres están descubriendo palabras de vida a través de series como estas de Habacuc que escuchamos hoy. ¿Es correcto preguntarle a Dios “por qué? Escucha lo que Nancy tiene que decir acerca de esta pregunta mientras nos enseña sobre el libro de Habacuc en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. Ahora está ella de vuelta para orar.

Nancy: Señor, gracias que no respondes a todas nuestras oraciones inmediatamente o en el tiempo que nosotras escogemos y de la forma que elegimos. Como lo dijo un escritor, “si lo hicieras, seríamos unos cristianos empobrecidos”.

No te conoceríamos. No tendríamos el tipo de fe que nos vemos obligadas a desarrollar cuando no podemos ver las respuestas. Cuando no podemos ver todas las respuestas. Por eso Señor, en nuestro cuestionar, recuérdanos siempre que Tú eres digno de nuestra confianza.

Te dejamos las respuestas a Ti. Ponemos nuestros problemas, nuestras preguntas, esos misterios sin resolver, a tus pies. Y queremos ver a través de nuestro estudio de este libro que podemos confiar en Ti.

Que nuestras quejas, nuestras preocupaciones, nuestro estrés, nuestra agitación, puedan convertirse en adoración al verte como en realidad eres. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Intercede Por Mi, Omar Salas, No me Dejarás, ℗ 2011 Omar Salas

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