Jul 24 – Pruebas que revelan tu corazón

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 24 – Pruebas que revelan tu corazón

Jul 24 – https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/pruebas-que-revelan-tu-corazon/

Carmen Espaillat: Si has estado confundida, desesperada, temerosa hasta que las palabras de otra mujer te han infundido gracia y esperanza renovada ahora es tu oportunidad de ayudar a otras mujeres con tus palabras. «Revive 15», ven a escuchar porque es importante que tú escribas y compartas lo que Dios ha hecho contigo y cómo puedes hacerlo mejor. Inspírate y recibe ayuda de otras mujeres como tú, conoce a Lore Ferguson Erin Davis y Jennifer Lyell ,durante 3 horas de ideas prácticas y mucho más Revive 15 | Mujeres enseñando mujeres. Indianápolis septiembre 25 y 26.

Carmen: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Dios usa el sufrimiento para hacer que nuestros corazones lleguen a separarse de cosas que son menos que Dios- de cosas, de personas, de placeres.. cosas que solo nos satisfacen hasta cierto punto.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Todos hemos oído muchas historias de fe y triunfo, de gente que sobrevivió el devastador daño del huracán Katrina. Una de las historias más conmovedora que escuche recientemente fue la de Chuck Kelley, que es el presidente de New Orleans Theological Seminary (Seminario Teológico de Nuevo Orleans). Como resultado del huracán, él se encontró sin hogar y con solamente unas pocas pertenencias personales. Y aun en esa crisis, por la gracia de Dios, su fe permaneció intacta.

Permaneció fuerte, y justamente después de que el huracán impactó leí lo que dijo:

«Cuando lleguemos al fin de la historia, el último párrafo va a ser un testimonio de la grandeza y la gloria de nuestro Dios que puede hacer todas las cosas bien y puede proveer para cada necesidad».

Este es un hombre que acababa de perder, no todo, pero muchas cosas que el mundo valora y aprecia. Habiendo perdido su casa y la mayoría de sus posesiones, estaba diciendo, «en efecto, la fe me dice que este no es el fin de la historia, viene más, y estaba viendo hacia adelante al párrafo final».

Bueno, hoy llegamos al último párrafo del libro de Habacuc. Te estarías preguntando si algún día llegaríamos. Ciertamente. Cuando llegamos al fin de la historia, el último párrafo es un testimonio de la grandeza y de la gloria de nuestro Dios que puede hacer todas las cosas bien y puede proveer para cada necesidad.

Ahora, quiero que vayamos un poco atrás al versículo 16 del capítulo 3 de Habacuc. Habacuc ha estado orando al Señor. Todo este capítulo es una oración de Habacuc, pero la oración contiene intercesión. Tiene petición. Tiene reflexión sobre lo que Dios ha hecho en la historia de Israel y cómo ha salvado a Su pueblo pero también cómo ha juzgado a los impíos.

Habiendo visto todo esto, Habacuc le dice al Señor: «Oí, y se estremecieron mis entrañas; a tu voz temblaron mis labios. Entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy. Tranquilo espero el día de la angustia, al pueblo que se levantará para invadirnos».

Aquí hay seriedad. Digo, este hombre no está bromeando ni tomando su vida a la ligera. Él sabe que estos son tiempos serios, y los está tomando en serio. Él dice: «a tu voz temblaron mis labios. Entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy», y aun así, habiendo aprendido la clave a esta historia y la clave a nuestra historia -que los justos vivirán ¿cómo? Por fe. Habacuc dice «Voy a escoger caminar por fe».

Él demuestra esa fe de dos maneras. Primero dice: «Tranquilo espero…» Espero pacientemente. «…El día de la angustia, al pueblo que se levantará para invadirnos» (versículo 16). Voy a esperar y no preocuparme y no ponerme tenso hacia Dios y no desesperarme ni tratar de componer todo el universo o por lo menos mi parte del universo. Voy a esperar calladamente a que Dios haga lo que ha prometido hacer. Yo sé que nos va a afectar a todos. Sé que todos vamos a sufrir. Sé que habrán tiempos de sufrimiento.

Escucha: tenemos hermanos y hermanas en iglesias por todo el mundo que han experimentado dolor y sufrimiento intensos, del que no conocemos en nuestros países. Se han dado cuenta de que este es un instrumento purificador y fortalecedor y vivificante en las manos de Dios . Entonces, ¿por qué pensamos que deberíamos llegar al cielo sin un rasguño y que deberíamos de experimentar las bendiciones que Dios tiene para nosotras sin tener que pasar por el mismo camino que transitó nuestro Salvador? Que es el camino del sufrimiento.

Piensas lo que significaría para ti o para tus hijos o para tus nietos, y te hace temblar. Cuanto ejercitas tu fe, dices: «Caminaré calladamente. Sé que Dios va a hacer todas las cosas bien. Sé que él va a hacer justicia. Y va a corregir todos los males. Esperaré en silencio». De manera que Habacuc hace esto como una expresión de fe.

Mientras espera que se cumplan los propósitos y las promesas de Dios, aunque no puede ver todavía el final de la historia, él expresa fe en que Dios va a cumplir Sus promesas. Y como una expresión de esa fe, Habacuc espera. Ahora bien, él hace algo más que esperar que se me hace absolutamente increíble. Es increíble, y es en este último párrafo de Habacuc que queremos explorar lo que él tiene que decir, lo que Habacuc hace como una expresión de fe.

Vamos a tomarnos el tiempo para pasar por estos versículos porque quiero que recibas el peso y el impacto de cómo se expresa la fe de Habacuc. Versículo 17:

«Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vacas en los establos, con todo. . .» (17-18a).

Ahora, en el versículo anterior, él dijo: «Tiemblo, pero esperaré tranquilo». Ahora, aquí él habla acerca de la devastación que está por venir. Él se imagina cómo será; cómo podría ser. En el versículo 18 él dice otra vez:

«Con todo yo me alegraré en el SEÑOR, me regocijaré en el Dios de mi salvación».

Ahora, yo sé que estos versículos son muy familiares. Los ves en las librerías en objetos decorativos que puedes comprar para tu casa. Pero te diré que explorarlos y nada más meditar en estos versículos en los meses recientes ha sido un desafío tan grande para mi propia fe y un gran fortalecimiento y una bendición y un avivamiento para mi propio corazón.

Habacuc describe aquí una situación en el versículo 17. «Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas»; no es nada más una cosa que va mal. Digo, todas hemos pasado por algún tipo de desastre o catástrofe. Podríamos nombrarlos, pero hay una temporada de la vida que Habacuc está anticipando que no solo es una cosa que va mal, sino que todo va mal sino que todo va mal- ¡todo!-.

Él dice: «Aunque la higuera no eche brotes», y esa es una cosa, «ni haya fruto en las viñas; y aunque falte el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, y aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos». Digo, esto es una calamidad tras otra. Nos recuerda la historia de Job y cómo escuchó noticia tras noticia. Las cosas van de mal en peor. Digo, a veces eso realmente pasa en las vidas de las personas, y es una calamidad tras otra.

Lo que se le está quitando aquí no son lujos. Son las necesidades básicas en la vida. Las cosas que él menciona aquí, el producto del olivo, por ejemplo, eran para las personas de esa época la fuente de su aceite. Era como la mantequilla hoy en día. El olivo tenía múltiples usos. Es algo con lo que no puedes dejar de vivir mucho tiempo.. Está hablando acerca de cada evidencia visible de sustento y de mantenimiento que está siendo quitada.

«Aun si no me provees las necesidades básicas de la vida»-esa es la situación que Habacuc está anticipando-. Digo, esta no era una amenaza vacía. Él le creía a Dios. Cuando Dios dijo que el juicio vendría, que la reprimenda vendría, Habacuc sabía que era verdad. Entonces empieza a imaginar cómo sería todo cuando le quitaran todas estas cosas.

¿Qué pasa cuando te quitan lo esencial, cosas que consideras básicas para la vida? Pocas de nosotras jamás hemos estado ahí. La mayoría de nosotras no conoce a alguien que ha estado en tanta miseria. Pero hay momentos en que Dios nos permite tener un vistazo de esto.

Hace poco recibí un correo electrónico de un amigo cuya esposa está pasando por un dolor muy difícil en su espalda y algunos asuntos que no se resuelven. El esposo escribió: «Ha sido difícil para mi esposa estar confinada en casa» (con este dolor severo de la espalda y de la cadera). «Pero Dios nos está enseñando mucho por medio de esto». Y luego él dijo esta oración: «A veces Dios te lleva a lo básico, pero entonces es cuando realmente te das cuenta de qué hay realmente en tu corazón».

Cuando dices: «Cristo es todo lo que necesito», o lo cantas y luego estás en el lugar donde Él es todo lo que tienes, te quedas solo con lo más básico. Habacuc dice: «Confiaré». ¿Cómo viven Los justos ? Por la fe. «Confiaré en el Dador aun si no me da nada. Si muero de hambre, me regocijaré en él».

Ahora, tal vez tú no te puedes imaginar una situación- es difícil para la mayoría de nosotras imaginar una situación en la que realmente no tienes las necesidades básicas cubiertas , pero piensa en otras áreas de tu vida -tal vez no el área de la comida porque es difícil imaginarnos no tener por lo menos lo mínimo para comer. Pero piensa en tu matrimonio cuando recibes el mínimo afecto que necesitas.

Piensa en amistades o en el trabajo o en varios otros aspectos de la vida donde emocionalmente te sientes drenada, acabada, sola, vacía, como que no tienes a nadie que le importe. Tal vez te has mudado a un área nueva, y no conoces a nadie. No piensas que a nadie le importe, o no puedes encontrar una iglesia. Te sientes emocional y relacionalmente despojada de las cosas que te importan, cosas que tienen significado-relaciones-. No tienes a nadie con quien hablar.

Estaba hablando el otro día sobre una situación en donde alguien perdió a sus padres y todos sus hermanos, y era el único sobreviviente de la familia. Me estaba diciendo como es posible llegar a ese punto en la vida, donde existe un desafío o una dificultad emocional o un sentimiento de estar muy, muy solo.

Creo que Habacuc está cubriendo todas estas situaciones con este párrafo. Aunque todo lo que importa para mí y significa algo para mí y me da calor y amor y ayuda y cuidado y ánimo-aunque todo esto me sea quitado, sin importar las circunstancias, no voy a cuestionar la bondad de Dios, voy a tener gozo. Voy a escoger el gozo-.

Y al leer este pasaje pienso en algunas de las cosas por las que nos quejamos. Si el aire acondicionado se descompone en mi carro, es un gran problema, sobre todo en un verano caliente; o un dolor de cabeza que me dura todo el día; o cuando no puedo encontrar un buen lugar dónde estacionarme. Creo que toma muy poco para que nosotros empecemos a renegar o protestar o a quejarnos porque somos muy consentidas.

Ahora, no me veas con cara de que no sabes de qué estoy hablando porque tú sabes que sí. Todas lo hacemos. Somos susceptibles a dejar que las circunstancias enciendan nuestras emociones. Luego nuestras emociones dictan nuestras respuestas, entonces llegamos a ser víctimas de nuestras circunstancias y de nuestras emociones en lugar de dejar que el carácter inmutable de Dios dicte nuestras respuestas.

Por eso tenemos que conocer las promesas de Dios -y no nada más conocerlas sino confiar en ellas- saber que lo que Dios dice es verdad- y confiar en Su Palabra. Somos tan buenos en tener conocimiento en nuestras cabezas y tan malas en dejar que ese conocimiento se haga una realidad en nuestras vidas cotidianas.

Realmente, esos tiempos de protestar y de quejarnos son evidencia de no vivir por fe. «Los justos vivirán por fe». El justo, los rectos, viven a la luz de quién es Dios en lugar de a la luz de nuestra perspectiva finita, imperfecta y limitada. Entonces Habacuc dice:

«Aunque me priven de todas estas cosas que importan, todas estas cosas que nosotros creemos que son importantes, estas cosas que pensamos que no podemos vivir sin ellas, con todo, me alegraré en el Señor; me regocijaré en el Dios de mi salvación» (versículo 18).

Él primero, ha dicho: «Esperaré calladamente a que Dios cumpla sus propósitos». Y ahora dice: «Voy a hacer algo más que esperar. No solo voy solo a esperar pasivamente; voy a regocijarme activamente-voy a regocijarme activamente. Mientras espero, me voy a regocijar». Él está diciendo: «No voy nada más a sobrevivir esto. Por fe y por la gracia de Dios, voy a crecer voy a prosperar».

Y ahora, quiero decir algo que me trae mucha convicción, porque confieso que muy a menudo no vivo de esta manera. Es fácil para mí vivir así cuando estoy sentada en mi oficina o cuando me siento a estudiar o cuando estoy enseñando este pasaje. Pero cuando llego a la realidad de la vida y cuando pienso en lo que va a pasar hoy más tarde o mañana o lo que pasó ayer o el día antes, simplemente caigo en esta incredulidad, actuando y respondiendo como si no hubiera un Dios. ¡Pero sí hay un Dios! Y he sido llamada a caminar por fe, y Dios usa las circunstancias para ayudarme a ver cuando no lo estoy haciendo.

Sidlow Baxter ha escrito esta síntesis clásica de la Escritura llamada Explore the Book (Explora el libro). Cuando llega a este pasaje, él dice:

Lo literal aquí «Yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación», y la traducción literal es: «Saltaré por gozo en el Señor; daré vueltas deleitándome en Dios».

Esto es lo gracioso de la fe ¡el mejor gozo en las peores circunstancias!

Ahora ese es un tipo de experiencia que la mayoría de nosotras no conoce.

No es como: «Bueno, me voy a aguantar». Esto es: «Voy a activamente regocijarme en Dios». Entonces Habacuc no está nada más resignado a las cosas sobre las que no tiene control. Él está gozoso en medio de ellas, y es porque su relación con Dios es lo único que él sabe que nunca le será quitado.

Puedes perder la higuera y el fruto y el producto del olivo y el campo no dar alimento y los rebaños faltar en el aprisco y no haber vacas en los establos, ‘pero todavía tengo a Dios, mi relación con Él’. Cuando todo lo demás fracasa, Dios todavía es fiel. De manera que Habacuc habla acerca de gozo en la calamidad, gozo a pesar de las circunstancias, basado en el hecho que Dios no ha cambiado, aunque todo lo demás a mi alrededor ha cambiado y está fracasando.

Escuché la historia, apenas esta semana pasada, de una mujer que su esposo estaba, muriendo en el hospital en esos momentos. Ya él partió para estar con el Señor, pero en parte, sus problemas fueron por un error de un doctor. Esa esposa, parada junto a su esposo en ese hospital, sabiendo que lo estaban perdiendo-se volteó a los que estaban a su alrededor , y dijo: «Esto no es una falla en la bondad de Dios»-.

«Esto no es una falla en la bondad de Dios», y no lo es. Dios todavía es bueno, entonces Habacuc, que empezó este libro cuestionando intensamente, y tal vez aun dudando de Dios-ha batallado profundamente con preguntas duras y difíciles, y en el proceso, se ha encontrado con Dios de una forma completamente nueva.

Ahora, habiendo encontrado a Dios, habiendo visto a Dios por quién Él es, como resultado de batallar con todos estos asuntos, Habacuc el luchador llega a ser Habacuc el adorador-del temor a la fe, de luchar a abrazar a Dios, aferrándose a Él. Ahora todo este terrible proceso de fe da un giro y en su párrafo final se convierte en fuentes de gozo.

El proceso de luchar, el proceso de batallar, el luchar para entender, el tener que dejar sus dudas a un lado y tomar el escudo de la fe, le ha hecho no solo que él sobreviva, sino que es como si existiera una presa subterránea de fuentes de agua viva que ha brotado y ha salido con hilaridad, con gozo, con cosas que el mundo no puede entender-el gozo en el Señor.

¿Alguna vez has marchado determinada a través de tus problemas y tus dudas hasta llegar hasta ese tipo de gozo? Déjame nada más hacer una observación que he visto acerca de la vida aquí. Realmente creo que nuestra capacidad de experimentar gozo está en proporción directa a nuestra disposición de experimentar y abrazar la tristeza y el dolor -el proceso de quebrantamiento, el proceso de pérdida, el proceso de duda. En la medida en que estemos dispuestas a experimentar y abrazar el dolor, en esa medida vamos a tener la capacidad de regocijarnos.

El problema hoy es que no queremos experimentar dolor. Tenemos en nuestra cultura y en nuestra sociedad tantas formas de eliminar el dolor, entonces no hablamos del quebrantamiento. No hablamos del arrepentimiento. No hablamos acerca del juicio de Dios, y luego eliminamos los puntos bajos de la vida huyendo de ellos, medicándolos, escapando de ellos, evitándolos, haciendo lo que tengamos que hacer para no tener que sentir dolor.

Y como resultado, encuentro a muchas mujeres que no experimentan momentos más bajos porque están encontrando formas de escapar de ellos, pero tampoco están experimentando gozo extremo. Están como sin vida. No están experimentando nada. Si tú quieres la capacidad de experimentar este tipo de gozo, tienes que estar dispuesta a entrar y experimentar los tiempos difíciles también. ¿Entonces cómo llega Habacuc a este tipo de gozo?

Bueno, está claro en este pasaje. Es un resultado de que su vida estaba centrada en Dios. En los versículos 18 y 19 ves esta evidencia de la vida centrada en Dios. «Yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza». Es una vida centrada en Dios.

Ves que Dios usa el sufrimiento para hacer que nuestros corazones lleguen a separarse de cosas que son menos que Dios, de cosas y de personas, de bienes, de placeres, de cosas que nada más satisfacen hasta un punto. Entonces Dios usa ese sufrimiento al nosotras ser privadas y despojadas de esas cosas terrenales para amarrar nuestros corazones al Único que puede satisfacernos profunda y eternamente, para hacer que nos centremos en Dios.

Al ser despojadas de nuestro trabajo o al perder nuestras posesiones o nuestra salud o nuestra reputación o un familiar, ¿qué pasa cuando no tienes a dónde ir? ¿No es entonces cuando típicamente nos volvemos hacia Dios?

Es triste que tiene que suceder esto a veces para que nos volvamos a Él, pero Dios usa el sufrimiento para ponernos verticales, para quitarnos de una posición horizontal, la de culpar y esforzarnos con nuestras circunstancias, y así Él levanta nuestros ojos, aunque estén llenos de lágrimas, y hace que pongamos nuestra mirada en Él. El gozo se encuentra en una Persona. No en una cosa, y no es una persona con P minúscula; es con una P mayúscula.

Déjame decirte, si no estás encontrando gozo en el Señor ahora, en medio de cualquier circunstancia que estés viviendo; si estás buscando ser feliz por medio de cosas o de personas; si tu gozo no está basado, arraigado, o fluyendo de tu relación con el Señor; si son otras las cosas a las que estás viendo para traerte gozo a tu vida, entonces cuando pierdas esas cosas, vas a batallar para encontrar el gozo verdadero.

No esperes hasta que el árbol de higos deje de florecer y no haya fruto en las viñas y digas: « ¿Dónde está mi gozo?» Si no estás encontrando gozo ahora en el Señor, vas a batallar para encontrarlo entonces.

Matthew Henry dice de este pasaje:

«Aquellos que, cuando estaban llenos, disfrutaban a Dios en todo, cuando se vacíen pueden disfrutar todo en Dios, y pueden sentarse sobre un montón de ruinas melancólicas y aun entonces cantar alabanza y gloria a Dios».

Tú dices: «No estoy viviendo en este lugar de destitución ahora». Está bien. Puede llegar ese día en una manera o de otra, pero encuentra tu gozo en el Señor ahora. Si lo disfrutas hoy y disfrutas por medio de Él y por Él y para Él las cosas buenas que Él trae a tu vida, entonces cuando seas privada de esas cosas, te vas a dar cuenta, como dice Matthew Henry , que te puedes sentar sobre un montón ruinas melancólicas, y aun entonces, puedes cantar a la alabanza y gloria de Dios.

Gracias, Padre, por el ejemplo de este siervo tuyo que sabía lo que era el enfrentar la pérdida, la destitución, la privación y decir: «Sin importar qué, voy a confiar en Ti. Y como una expresión de la confianza, no voy nada mas a sobrevivir, voy a esforzarme por activamente escoger el gozo en el Señor».

Gracias, Señor, que tú das el gozo como El fruto del Espíritu, que Tu Reino es de gozo y paz en el Espíritu Santo, y que hay pozos de gozo, pozos de agua viva que Tú causas , que Tú haces que broten dentro de nosotros aun en un lugar de gran pérdida.

Haz que encontremos nuestro gozo en Ti ahora para que cuando perdamos estas cosas y personas que son preciosas para nosotras, podamos enfrentar esa pérdida y decir: «No importa, voy a tener gozo en el Señor. Me regocijaré en el Dios de mi salvación». Oro en nombre de Jesús, amén.

Carmen: La próxima vez que pases por una temporada de sufrimiento, espero que tomes las palabras de Nancy Leigh DeMoss contigo. Ha ofrecido perspectiva importante sobre el sufrimiento hoy.

Una mujer hizo un comentario en nuestro blog acerca de esta serie, Habacuc: del temor a la fe . Ella escribió:

«Mi esposo y yo hemos estado pasando por un tiempo muy difícil estos últimos seis meses. Pérdida de trabajo, enfermedad, dificultades financieras han venido a nuestro camino. Pero aun en medio de esto, puedo encontrar Su gozo en mi corazón. Seguido yo de repente empiezo cantando alabanzas. Gracias, Nancy, por enseñar que esto es posible en nuestro Señor».

El gozo. Es algo que tú y yo necesitamos sin importar qué nubes estén sobre el día. Encuentra cómo cultivar este tipo de gozo en el próximo programa .

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries

Todas Las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

El Diseño del Matrimonio – 5

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

5 – El Diseño del Matrimonio

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

6/14 – «Todo Tiene Su Tiempo»

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Eclesiastés

6/14 – «Todo Tiene Su Tiempo»

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org

La COMPLEJA relación entre ENRIQUE VIII y la REFORMA PROTESTANTE

BITE

Serie: Biografías

La COMPLEJA relación entre ENRIQUE VIII y la REFORMA PROTESTANTE

El alejamiento de Enrique VIII de Roma fue fundamentalmente por el control de la iglesia inglesa, que ya se empezaba a llamar Iglesia anglicana. Aunque instituyó algunas medidas protestantes durante su reinado, como poner Biblias en inglés en todas las iglesias, y aunque siempre apoyó a su arzobispo de Canterbury, Cranmer, inclinado a los protestantes, Enrique se puso de parte de Roma en cuestiones clave de doctrina y práctica.

Pero los eventos que puso en marcha Enrique no le permitirían a Inglaterra regresar al pasado. Durante el reinado de su hijo, Eduardo VI, que gobernó de 1547 a 1553, Inglaterra se volvió firmemente protestante. Dos consejeros de Eduardo, uno luterano y el otro calvinista fueron claves. Pero Eduardo murió rápidamente y las esperanzas de que el protestantismo avanzara, murieron con él.

La hija de Enrique con Catalina, María, ascendió al poder en 1553 y trajo al catolicismo de nuevo a Inglaterra. María asesinó a al menos 273 protestantes, mientras miles huían del país. Pero el efecto de las hogueras y los juicios públicos tuvieron un efecto contrario entre la población. Cuando María murió en 1558, la mayoría de los ingleses respiraron con alivio y los protestantes renovaron su proyecto.

Finalmente, la hija de Enrique con Ana Bolena, Elizabeth I puso a Inglaterra en un curso permanentemente protestante.

BIBLIOGRAFÍA

El legado de la Reforma: Una herencia para el futuro, César Vidal

CIBERGRAFÍA

Henry VIII, Defender of the faith: https://bit.ly/2KNjLLG


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26/42 – Lee la Biblia: Nahúm

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

26/42 – Lee la Biblia: Nahúm

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Nahúm que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En este libro, Nahúm describe la caída de Nínive y de Asiria presentándonos una imagen de cómo Dios confrontará y derribará a todos los imperios violentos.

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ST500S Teología Sistemática, Lección 7.2

Serie: Introducción a la Teología Sistemática

Plan de estudio: https://drive.google.com/file/d/1-Al6rOq6Tox4zb4wBU2nWqekLnhk6l9W/view

ST500S Teología Sistemática, Lección 7.2

Biblia y Teología es un podcast del Dr Larry Trotter, dedicado a la exposición bíblica y la enseñanza teológica.  Larry es pastor de Florida Coast Church en Pompano Beach, Florida y profesor adjunto de Knox Theological Seminary en Fort Lauderdale, Florida.

Vivió veinticuatro maravillosos años como pastor en México y conferencista en distintos países de Latinoamérica. El propósito de Biblia y Teología es proporcionar enseñanza avanzada y en una forma accesible.

www.seminarioreformado.org

Dios No Rompe Matrimonios – 4

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

4 – Dios No Rompe Matrimonios

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

La obra del Espíritu Santo – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 17/26

La obra del Espíritu Santo – Parte 2

Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

La semana pasada, cuando estudiamos la obra Espíritu Santo, terminamos hablando de su obra regenerativa, para producir el nuevo nacimiento.

Para que ese corazón de piedra se convierta en un corazón de carne (Ez. 36), Dios debe hacer una obra sobrenatural a través del Espíritu. Para el cristiano, es un dulce recordatorio de que Dios es «rico en misericordia»[1]. Como dice el himno:

«En rumbo a mi perdición indiferente aún

De mí tuviste compasión

Me guiaste a la cruz

Y contemplé tu gran bondad

Sufriste tú por mí

Al tú morir en mi lugar

Tu gracia recibí»[2].

No buscamos a Dios por ninguna superioridad moral: estábamos espiritualmente muertos (Efesios 2:1). No recibimos lo que merecíamos, recibimos su misericordia.

Este es un recordatorio útil para el evangelismo también. Nadie se convierte en cristiano por ser un apologista brillante o porque las circunstancias de la vida de esa persona son las correctas. La tarea del evangelismo es caminar hacia un cementerio espiritual y resucitar a los muertos. Ninguno de nosotros puede hacer eso por nosotros mismos, es una obra hecha por el Espíritu de Dios, y solo por él. Entonces compartimos el evangelio, amamos y oramos.

Cuando el Espíritu de Dios le da un nuevo corazón a un individuo, cuando una persona pasa de estar espiritualmente muerta a estar viva, es sensible a la obra de convicción del Espíritu.

  1. La obra del Espíritu Santo en la vida del creyente

A. Convicción

La Biblia nos dice que el Espíritu Santo convencerá al mundo de pecado, en Juan 16:7, Jesús dice: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado».

Para ayudarnos a entender cuál es la convicción de pecado, podemos ver lo que no es. En primer lugar, no es simplemente una conciencia culpable o incluso una vergüenza por el pecado. Tales sentimientos son experimentados naturalmente por casi todos. Pero esta no es la verdadera convicción de pecado.

En segundo lugar, la convicción de pecado no es una sensación de inquietud o un presentimiento de un castigo divino. Estos sentimientos también se experimentan comúnmente en los corazones y las mentes de los pecadores. Pero, nuevamente, la verdadera convicción de pecado es algo diferente.

En tercer lugar, la convicción de pecado no es solo conocimiento de lo correcto y lo incorrecto; no es un asentimiento a las enseñanzas de la Escritura acerca del pecado. Muchas personas leen la Biblia y son plenamente conscientes de que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Pueden saber que «ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios» (Efesios 5:5). Incluso pueden estar de acuerdo en que «los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios» (Salmo 9:17). Sin embargo, a pesar de todo su conocimiento, siguen viviendo en pecado. Ellos entienden las consecuencias, pero están lejos de ser convencidos de sus pecados.

La verdad es que si no experimentamos nada más que una punzada de conciencia, ansiedad ante el pensamiento de juicio o una conciencia académica del infierno, entonces nunca hemos conocido realmente la convicción de pecado. Entonces, ¿cuál es la convicción real de la que habla la Biblia?

La palabra convencer es una traducción de la palabra griega elencho, que significa «persuadir a alguien de la verdad; reprobar; acusar, refutar o interrogar a un testigo». Y eso describe la obra que el Espíritu Santo hace para lograr la convicción del pecado. El Espíritu Santo actúa como un fiscal que expone el mal, reprende a los malvados y convence a las personas de que necesitan un Salvador.

Esto es exactamente lo que vemos que sucede en Hechos después del día de Pentecostés. Pedro predica, y en Hechos 2:37: «Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?». A lo que Pedro responde: ¡Arrepiéntanse! ¡Crean! Aléjense de sus viejos caminos y recibirán el don del Espíritu Santo.

No podemos hacer que los demás se sientan convencidos de su pecado. Algunos de nosotros necesitamos escuchar esto ya que quizá hemos pensado lo contrario. Eso no significa que no debemos decir la verdad en amor unos a otros, significa que no tenemos el control de los resultados de nuestras palabras. En cambio, necesitamos confiar en Dios en oración.

Así que, por ejemplo, en las instrucciones de Pablo en 2 Timoteo 2:24, escribe: «Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido;  que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad». ¿Quién otorga el arrepentimiento? ¿Quién trae convicción y se mueve en el corazón del oyente? Es Dios el Espíritu Santo. Nosotros simplemente somos los carteros. Traemos la Palabra de Dios y luego oramos confiando en su obra para transformar los corazones. Y porque Dios es quien obra, nadie está fuera de su alcance.

La verdadera convicción es la influencia del Espíritu Santo en la vida de la persona no salva que la llevará a darse cuenta de que es culpable, que Dios es justo, y que todos los pecadores merecen juicio. Una vez que un pecador ha despertado a la gran necesidad de su alma, el Espíritu lo llevará a Cristo, el único Salvador y refugio del juicio (Juan 16:14). En todo esto, el Espíritu usa su «espada», la Palabra de Dios (Efesios 6:17), y el resultado es un corazón regenerado. «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

B. Unión con Cristo

Una segunda bendición es la unión del creyente con Cristo. En ese día cuando llegue el Consolador, Jesús dice en Juan 14:20, te darás cuenta de que yo estoy en el Padre, tú estás en mí, y yo estoy en ti. La obra del Espíritu es llevarnos a la unión con Cristo. Ya no solo Cristo mora entre nosotros, como lo hizo con los discípulos, sino que habita en nosotros por el Espíritu.

Esto es importante; de ​​hecho, el rol central del Espíritu es revelar a Cristo y unirnos a él con todos los que participan de su cuerpo[3]. ¡La frase «en Cristo» aparece unas 160 veces en los escritos de Pablo en el Nuevo Testamento!

En el Nuevo Testamento encontramos literalmente cientos de referencias a la unión del creyente con Cristo. Para citar solo algunos ejemplos, los creyentes son creados en Cristo (Efesios 2:10), crucificados con él (Gálatas 2:20), sepultados con él (Col. 2:12), bautizados en Cristo y su muerte (Ro. 6: 3), unidos a él en su resurrección (Romanos 6:5), y están sentados con él en los lugares celestiales (Efesios 2:6); Cristo es formado en los creyentes (Gálatas 4:19) y mora en nuestros corazones (Efesios 3:17); la iglesia es el cuerpo de Cristo (1 Corintios 6:15; 12:27); Cristo está en nosotros (2 Corintios 13:5) y nosotros estamos en él (1 Corintios 1:30); la iglesia es una sola carne con Cristo (Efesios 5:31-32); los creyentes obtienen a Cristo y se encuentran en él (Filipenses 3:8-9).

Además, en Cristo somos justificados (Ro. 8:1), glorificados (8:30), santificados (1 Corintios 1:2), llamados (1:9); hechos vivos (Efesios 2:5), creados de nuevo (2 Corintios 5:17), adoptados (Gálatas 3:26), y escogidos (Efesios 1:4-5). ¡Uf! ¡Todo esto sin referencia a los Evangelios y a las cartas de Juan! Basta decir que la unión con Cristo es una convicción del evangelio absolutamente fundamental de los apóstoles, preciada para ellos porque era tan preciada para su Señor.

¿Como sucedió esto? En Isaías 59:2, se nos dice que nuestro pecado ha «hecho división entre vosotros y vuestro Dios». Ante dicha situación, no hay esperanza para nosotros cuando estamos frente a Dios. Esa es una de las bellas realidades del evangelio: sabemos que Cristo vivió la vida perfecta que nosotros no pudimos vivir. El primer Adán falló (y cada descendiente después de eso, incluyéndote a ti y a mí); pero el segundo Adán, Cristo tuvo éxito.

Cuando Jesús fue bautizado en Mateo 3, el Padre dijo: este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Lejos de estar separado de Dios, Jesús complació al Padre en todos los sentidos. Luego murió una muerte no porque mereciera morir, sino que murió como un sustituto, un sacrificio para expiar el pecado de los demás. Una de las preguntas centrales del Nuevo Testamento es: ¿Cómo recibimos los beneficios de la vida perfecta de Cristo y la muerte sustitutiva?

¿La respuesta? ¡Debemos estar unidos a Cristo! Esto sucede gracias a la fe, de manera que Pablo escribe en Efesios 2:8: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios». Pero debemos ir un poco más allá. En 1 Corintios 12:13, Pablo escribe: «Porque por[4] un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu».

Cuando nos arrepentimos de nuestro pecado y confiamos en Cristo, el Espíritu nos une a Cristo por fe. El Espíritu aplica lo que el Hijo logró. La persona ya no está separada de Dios por el pecado, sino que está unida a Cristo, lo que significa que recibe todos los beneficios de su muerte y resurrección. Sorprendentemente, eso significa que Dios nos ve como ve a su Hijo, de quien estamos revestidos (Gálatas 3:27). Por tanto, cuando leas que el Padre dice: «Este es mi Hijo, en quien tengo complacencia»… ¡Él está diciendo eso de ti si estás en Cristo!

Esa es nuestra posición delante de Dios. Pero aún así, nuestra santidad práctica debe ser forjada en nuestra humanidad. Esto es lo que el ministerio de Cristo a través del Espíritu hace por nosotros. No solo aplica las bendiciones de la justicia de Cristo a nosotros (justificación), sino que también trae esos recursos para influenciar la vida de los creyentes. Lo que nos lleva al tercer aspecto de la obra del Espíritu en el cristiano individual…

C. Santificación

El Espíritu Santo trabaja en el acto de la regeneración para unirnos a Cristo a través de la fe, el objetivo de su obra es transformarnos a la semejanza de Cristo. Y el proceso de esa obra de transformarnos a la semejanza de Cristo es lo que el Nuevo Testamento describe como santificación. La palabra significa santificar.

Entiendo que la palabra santificación pueda sonar irrelevante para ti, pero consideremos una serie de escenarios en los que la santificación funciona para ver cuán vital y crucial es en la vida cristiana.

Supongamos que siempre has ocultado fuentes privadas de ingresos al completar tus declaraciones de impuestos. Luego crees en Jesucristo como Salvador y Señor y comienzas a decir la verdad en tus declaraciones de impuestos, eso es santificación. Supongamos que te la pasas criticando a tu cónyuge, y entonces la Palabra de Dios habla a tu conciencia, comienzas a señalar menos y a buscar maneras de mostrar respeto, eso es santificación. Supongamos que vives con tu novia y conoces a Jesucristo y tienes el coraje de mudarte, eso es santificación. Entonces, mientras que la regeneración se refiere al nacimiento, la santificación se refiere al crecimiento. Crecimiento en vivir fervientemente en obediencia a Dios.

Y este cambio, esta renovación moral de nuestras almas es una obra del Espíritu Santo. Considera lo que dice Pablo en 1 Corintios 6:11: «Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios».

Segundo, nuestro crecimiento en santidad, nuestra santificación es una obra divina: es el fruto del Espíritu, Pedro escribe en 2 Pedro 1:3: «Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder». ¡Es su divino poder!

Tercero, esta realidad del evangelio, esta obra divina no carece de esfuerzo. En cambio, el Espíritu de Dios mora en nosotros, trabaja y nos faculta para cumplir con nuestras responsabilidades. De manera que al escuchar el recordatorio de Pedro de que es el poder divino de Dios el que proporciona todo lo que necesitamos para la vida y la piedad no significa que no debemos hacer nada. El apóstol Pedro continúa escribiendo en 2 Pedro 1:5: «vosotros también (porque el poder de Dios les ha dado todo [posición]), poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud…[5]».

Y el resultado del poder de Dios trabajando poderosamente a través de su Espíritu santificador es una vida llena de fruto. Recuerda lo que Pablo dice acerca del fruto que el Espíritu produce en la santificación.

Gálatas 5: 22-23 dice: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza». La vida llena del Espíritu es una en la que el Espíritu Santo está obrando en nosotros produciendo estos frutos. Si el rol central del Espíritu es revelar a Cristo y unirnos a él, entonces la meta principal del Espíritu es rehacernos a la imagen de Cristo.

D. Intercesión

Otra obra del Espíritu en nuestras vidas es la intercesión a nuestro favor la oración. La oración es una expresión de adoración y devoción, así como de necesidad personal. Por ello, considera lo que dicen las Escrituras, nadie puede llamar a Jesús ‘Señor’ excepto por el Espíritu. Pablo dice en 1 Co. 12:3: «Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo».

Del mismo modo, nadie puede llamar a Dios ‘Padre’ por ese mismo Espíritu. Pablo dice en Gálatas 4:6: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!».

Es el Espíritu el que actúa en nosotros para revelarnos a Jesús como Señor y a Dios como Padre. Así, cuando Pablo instruye a los creyentes a ‘orar en el Espíritu’ en Efesios 6:18, no está instruyendo a los cristianos a orar extáticamente o ininteligiblemente. No, ‘orar en el Espíritu’ es análogo a ‘andar en el Espíritu’. ‘Andar en el Espíritu’ se refiere a vivir toda la vida en conformidad con la Palabra de Dios. Por tanto, ‘orar en el Espíritu’ es orar de conformidad con la voluntad y el propósito del Espíritu. ¿Y dónde se revela la voluntad del Espíritu? En la Palabra de Dios. Calvino llamó ‘orar en el Espíritu’, «comprometerse a aferrarse a las promesas de Dios hasta que surtan efecto».

En otro nivel, la oración es una expresión de debilidad y necesidad. La afirmación más clara del rol del Espíritu en nuestra vida de oración se expresa en la carta de Pablo a los Romanos en el capítulo 8, cuando dice: «…el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles… porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos».

El creyente aquí es retratado como tan débil que la oración coherente es imposible. Se convierte en un gemido. Pero este gemido es una indicación de la presencia y el ministerio del Espíritu. Algunos cristianos piensan que esto se refiere a hablar en lenguas o a la expresión extática. La imagen aquí empleada, tiene que ver con algo más común en la vida cristiana. Es una imagen de absoluta debilidad y necesidad, donde el creyente es demasiado débil para expresar su necesidad de forma coherente.

Y la gran gracia del ministerio del Espíritu es que incluso cuando los cristianos son demasiado débiles para hablar con oraciones coherentes, él efectúa la determinación del Padre de reunir a sus hijos en sus brazos y atraerlos a sus propósitos.

Qué gloriosa verdad es esta. Cuando no sabemos lo que deberíamos pedirle a Dios en nuestras vidas como cristianos y cuando no sabemos lo que deberíamos pedirle como iglesia, el Espíritu Santo intercede por nosotros. De hecho, sabemos esto intuitivamente cuando pensamos en nuestra conversión. Antes de ser cristianos, no buscábamos a Dios. No sabíamos lo que necesitábamos. Pero el Espíritu intervino por nosotros. Él regenera, convence, y luego continúa intercediendo por nosotros.

Esos momentos en los que no tenemos palabras, estamos confundidos y no sabemos a dónde acudir, es en esos momentos que, por su gran compasión y bondad, el Espíritu intercede de acuerdo con la voluntad de Dios. El Espíritu ora por nosotros, no simplemente en nuestra debilidad, sino en nuestra ignorancia, llevándonos a la voluntad de Dios. Qué increíble realidad para reflexionar.

E. Seguridad

Finalmente, el Espíritu Santo nos asegura que pertenecemos a Dios. Romanos 8:16 dice: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios». Esta es la forma más elevada de seguridad cristiana. No puedes tener una mayor seguridad de que eres cristiano que en esas ocasiones benditas cuando el Espíritu te testifica que perteneces a Dios. Y esto es más que una garantía intelectual. El Espíritu también nos da una seguridad experiencial operada en nuestros corazones espiritual y emocionalmente.

Piensa en un padre y su hijo pequeño caminando juntos de la mano. El hijo sabe que el padre lo ama. Pero digamos que el padre se agacha, levanta a su hijo y le da un gran abrazo. La experiencia del hijo del amor de su padre en ese momento será particularmente segura. Bueno, así sucede con la seguridad en nuestras propias vidas: hay temporadas en las que el Espíritu nos manifiesta el amor de Dios de una manera especial.

Ahora bien, la experiencia subjetiva del creyente no es la razón por la cual estamos seguros de nuestra salvación. Es decir, no decimos que tenemos seguridad porque sentimos que tenemos el Espíritu. No, en cambio tenemos seguridad basada en realidades objetivas: las promesas de Dios en las Escrituras, la obra terminada de Cristo en la cruz, la evidencia de la obra de Dios dentro de nosotros, etc.

Pablo escribe en Romanos: «Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él» (Romanos 8:7-9).

Puede haber momentos en la vida de un creyente donde no esté consciente de la presencia del Espíritu, pero el Señor ha prometido nunca dejarnos o abandonarnos, y no quitará su Espíritu de sus hijos.

  1. La obra del Espíritu Santo en la vida de la iglesia

La obra del Espíritu Santo no es simplemente para la edificación individual sino para la edificación de la iglesia, y aquí es donde ahora queremos dirigir nuestra atención. El Espíritu Santo trabaja para edificar a la iglesia.

Lo primero que debemos considerar es el rol del Espíritu en la inspiración de las Escrituras. En Juan 14:22-26, Jesús dice que las palabras divinas que ha traído a su pueblo no cesarán cuando él los deje. Más bien, él enviará al Consolador, y cuando él venga, «os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho». Pensamos en esto como la obra del Espíritu en la vida del creyente individual, y lo es. Pero primero, esta promesa fue dada a los apóstoles y encuentra su cumplimiento en las Escrituras del Nuevo Testamento.

2 Pedro 1:21: «porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo».

Además de inspirar las Escrituras, el Espíritu levanta líderes dentro de la iglesia, como pastores, ancianos y diáconos, para guiar a su pueblo y ayudar a explicar estas palabras que dan vida. Al instruir a los ancianos en la iglesia de Éfeso, Pablo dice: «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28).

El Espíritu Santo también trabaja activamente para fortalecer y alentar a la iglesia del nuevo pacto, como vemos en la iglesia primitiva en Hechos 9:31: «Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo».

Si suceden cosas buenas aquí en CHBC, si estamos siendo guiados por aquellos con autoridad para enseñar y gobernar, y si estamos siendo alentados por el crecimiento que estamos viendo, entonces tenemos la obligación de alabar a Dios por eso, porque él es la fuente de esa fortaleza.

Entonces, vemos que el Espíritu está trabajando activamente en nosotros tanto individual como corporativamente.

Este puede ser un buen lugar para cerrar en oración, agradeciendo a Dios por su trabajo en nuestras vidas y nuestra iglesia.

Oremos.

La próxima semana será nuestra última clase acerca del Espíritu Santo. Veremos tres preguntas importantes, y a veces malentendidas:

1) ¿Qué significa ser lleno del Espíritu Santo?

2) ¿Qué es el bautismo del Espíritu Santo?

3) ¿Cómo deberíamos pensar de los dones del Espíritu Santo?

[1] Ef. 2:4

[2] Mi vida es Cristo de Sovereign Grace

[3] Ferguson, 100.

[4] Greek ἐν – véase pg. 197 Ferguson; Christ is the baptizer.

[5] Véase también Filipenses 2:12-13, 1 Corintios 15:10, Colosenses 1:28-29

https://es.9marks.org/

Mark Dever