Liderar con convicción

El Blog de Ligonier

Serie: El liderazgo

Siervos fieles
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El liderazgo

Cuando un líder entra en una habitación, más vale que entre con él la pasión por la verdad. El liderazgo auténtico no surge del vacío. El liderazgo que más importa es el que tiene convicciones, profundas convicciones. Esta cualidad del liderazgo surge de las creencias más profundas que dan forma a lo que somos y establecen nuestras creencias sobre todo lo demás. Las convicciones no son solo creencias; es decir, no son aquellas creencias que simplemente sostenemos. Por el contrario, las convicciones nos sostienen a nosotros. No sabríamos quiénes somos si no fuera por estas creencias fundamentales, estas convicciones, y sin ellas no sabríamos cómo liderar.

Los líderes cristianos reconocen que la convicción es esencial para nuestra fe y nuestro discipulado. Nuestra experiencia cristiana comienza con la creencia. El versículo más conocido del Nuevo Testamento, Juan 3:16, nos dice que Dios envió a Jesucristo, su único Hijo, «para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna». Cuando Pablo y Silas le dijeron a su aterrorizado carcelero cómo podía ser salvo, lo expresaron con una poderosa e inconfundible sencillez: «Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa» (Hch 16:31).

El mandato a creer es fundamental en la Biblia. El cristianismo se basa en ciertas verdades no negociables, y esas verdades, una vez conocidas, se traducen en creencias. Las creencias que anclan nuestra fe son aquellas con las que estamos más apasionada y personalmente comprometidos, y estas son nuestras convicciones. No creemos en la creencia, como tampoco tenemos fe en la fe. Creemos en el evangelio y tenemos fe en Cristo. Nuestras creencias tienen sustancia y nuestra fe tiene un objeto.

En pocas palabras, una convicción es una creencia de la que estamos plenamente convencidos. No me refiero a que simplemente creamos que un determinado conjunto de afirmaciones sea cierto, sino que estamos convencidos de que estas verdades son esenciales y cambian la vida. Vivimos de estas verdades y estamos dispuestos a morir por ellas.

Pensemos en Pedro y Juan, los dos apóstoles que, pocos días después de la muerte y resurrección de Cristo, tuvieron el valor de enfrentarse al Sanedrín y desafiar su orden de no predicar acerca de Jesús en público. Dijeron a las autoridades que los arrestaban que simplemente no podían dejar de contar lo que habían «visto y oído» (Hch 4:20). Esas mismas convicciones son las que no permiten a los líderes cristianos callar hoy, incluso ante las amenazas y la oposición.

Justino Mártir, uno de los líderes de la Iglesia primitiva, también sirve como retrato del liderazgo conviccional. Mientras conducía a los miembros de su propia congregación a la ejecución a manos de las autoridades romanas, Justino animó a su gente con estas palabras: «Recordad que pueden matarnos, pero no pueden hacernos daño».

Ese es el auténtico liderazgo en su forma más clara: el liderazgo que lleva a la gente a la muerte, sabiendo que Cristo los vindicará y les dará el regalo de la vida eterna. Afortunadamente, la mayoría de nosotros nunca tendrá que experimentar ese tipo de desafío en el liderazgo.

Sin embargo, las convicciones siguen siendo las mismas y también la función de esos compromisos en la vida y el pensamiento del líder. Sabemos que estas cosas son tan ciertas que estamos dispuestos a arriesgarnos por ellas, a vivir por ellas, a liderar por ellas y, si es necesario, a morir por ellas.

El liderazgo que realmente importa se trata de convicción. El líder se ocupa, con razón, de todo, desde la estrategia y la visión hasta la creación de equipos, la motivación y la delegación. Pero en el centro del corazón y la mente del verdadero líder se encuentran las convicciones que impulsan y determinan todo lo demás.

Muchos de mis modelos de liderazgo por convicción más alentadores e instructivos los encuentro en la historia. A lo largo de mi vida, me he inspirado en el ejemplo de Martín Lutero, el gran reformador del siglo XVI, que estaba tan convencido de la autoridad de la Biblia que estuvo dispuesto a presentarse ante el intimidante tribunal de autoridades religiosas que lo juzgó, e incluso a enfrentarse al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, declarando: «Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa, que Dios me ayude».

Aquí estoy. Esas palabras son un manifiesto del liderazgo por convicción. Pero Lutero no solo estuvo dispuesto a ponerse en pie; estuvo dispuesto a liderar a la Iglesia en un proceso de reforma valiente.

Cuando era adolescente, vi la película El hombre de los dos reinos, basada en la obra de Robert Bolt. La historia trata de los últimos años de Sir Thomas More y su juicio por traición. El ex canciller de Inglaterra se ganó la furia del rey Enrique VIII por negarse a prestar el juramento de supremacía, que declaraba al rey como gobernador supremo de la Iglesia. Más tarde supe que el propio More había perseguido a los luteranos y a William Tyndale, el gran traductor de la Biblia al inglés. La versión de Bolt sobre Thomas More no contaba toda la verdad, pero desde la primera vez que vi esa película hasta ahora, me sigue inspirando el ejemplo que dio More al ir al cadalso por ser fiel a sus convicciones. Frente a la multitud reunida para presenciar su ejecución, declaró: «El rey me ha ordenado ser breve, y como soy obediente servidor del rey, breve seré. Muero como buen siervo de su majestad, pero primero está Dios».

Ese es el tipo de convicción que hace la diferencia. Lamentablemente, demasiados líderes de hoy parecen tener poca idea de lo que creen, o parecen estar impulsados por una convicción poco clara y discernible. ¿Cuántos de los líderes actuales son conocidos por las convicciones por las que están dispuestos a morir, o incluso a vivir?

A los líderes se les puede dividir entre aquellos que simplemente ocupan un cargo o posición y aquellos que tienen grandes convicciones. La vida es demasiado corta para prestar atención a los líderes que defienden poco o nada, a los que buscan el siguiente programa, que siguen la última moda de liderazgo, que prueban una idea tras otra, pero que no están impulsados por convicciones profundas.

Quiero ser un líder que importe, liderar de forma que marque la diferencia precisamente porque esas convicciones importan. Si lo piensas, casi todos los líderes que hoy son recordados como hitos en la historia fueron líderes cuyas convicciones sobre la vida, la libertad, la verdad y la dignidad humana cambiaron la historia.

Ese es el único liderazgo que importa. Los líderes con convicciones impulsan a la acción precisamente porque están impulsados por convicciones profundas, y su pasión por estas convicciones se transfieren a sus seguidores, que se unen en una acción concertada para hacer lo que saben que es correcto. Y saben que es lo correcto porque saben lo que es verdadero.

¿Cómo podría un líder cristiano estar satisfecho con algo menos que esto? Los cargos, los oficios y los títulos se desvanecen más rápido que la neblina.

Una vez llevé a mi hijo, Christopher, de viaje a Nueva York. En varios lugares, nos encontramos con estatuas y monumentos de hombres que fueron, en algún momento, famosos o poderosos. La mayoría ha desaparecido de la memoria de todos, y sus imágenes se mezclan ahora con el paisaje neoyorquino, por el que pasan millones de personas sin siquiera notarlas.

La mayoría de los estadounidenses consideran que el presidente de los Estados Unidos ocupa el más alto cargo de liderazgo secular que existe. Pero ¿cuántos estadounidenses pueden nombrar siquiera veinte o treinta de los cuarenta y cinco hombres que han ocupado ese cargo? ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien mencionar a Chester A. Arthur o a William Henry Harrison?

Sí recordamos a aquellos que fueron conocidos por sus convicciones y por el valor que esas convicciones produjeron. Este mismo principio puede extenderse a todos los cargos y posiciones de liderazgo imaginables. Sin convicción, nada importa realmente, y nada de importancia se transmite.

Creo que el liderazgo consiste en poner en práctica las creencias correctas y saber, sobre la base de las convicciones, cuáles son esas creencias y acciones correctas. Demasiado de lo que pasa por liderazgo hoy en día es mera gestión. Se puede gestionar sin convicciones, pero no se puede liderar de verdad.

Para los líderes cristianos, este enfoque en la convicción es aún más importante. No podemos liderar de una manera que sea fiel a Cristo y eficaz para el pueblo de Dios si no estamos profundamente comprometidos con la verdad cristiana. No podemos liderar fielmente si primero no creemos fielmente y si no estamos profundamente comprometidos con la verdad cristiana.

Al mismo tiempo, hay muchos cristianos que se sienten llamados a liderar y están apasionadamente comprometidos con las verdades correctas, pero simplemente no están seguros de hacia dónde ir. El punto de partida del liderazgo cristiano no es el líder, sino las verdades eternas que Dios nos ha revelado: las verdades que permiten que el mundo tenga sentido para nosotros, enmarcan nuestra comprensión y nos impulsan a la acción.

El apóstol Pablo animó a los tesalonicenses a saber que el evangelio había llegado a ellos, «no [solo] en palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y con plena convicción » (1 Tes 1:5). Como líder cristiano, eso es lo que espero y ruego que sea cierto en mi caso, y en el tuyo también. Quiero liderar «con plena convicción».

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Albert Mohler
El Dr. R. Albert Mohler Jr. es presidente y profesor Joseph Emerson Brown de teología cristiana en The Southern Baptist Theological Seminary [El Seminario Teológico Bautista del Sur] en Louisville, Ky. Es el anfitrión de The Briefing y autor de muchos libros, incluyendo We Cannot Be Silent.

Siervos fieles

El Blog de Ligonier

Serie: El liderazgo

Siervos fieles
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El liderazgo

Hemos entrado en una nueva era de la historia moderna. Esta era está marcada por un enorme vacío de liderazgo, pero también por una aversión hacia la noción misma de liderazgo. Es más, existe una tendencia que va en aumento, de celebrar a los líderes autoproclamados y que han demostrado falta de integridad, y que han ignorado y faltado el respeto a los líderes fieles y veteranos cuya integridad se ha demostrado a lo largo de décadas. Se desprecia a los líderes de valor y convicción y se idolatra a los líderes que ceden y hacen concesiones. Ahora vivimos en un mundo que aplaude a los Chamberlain y se burla de los Churchill. Si esto fuera cierto solo en el mundo, quizás sería soportable, pero tristemente también es cierto en la iglesia y en el hogar.

Algunos cristianos han llegado a insinuar que el liderazgo no es una categoría bíblica, sugiriendo que el servicio debería desplazar la noción de liderazgo. Sin embargo, tal proposición no solo crea un falso dilema, sino que socava la Escritura, que nos enseña que el papel de líder es designado por Dios. Los líderes deben dirigir con diligencia, y los que están bajo los líderes deben obedecerles y someterse a ellos e imitarles (Rom 12:8; 1 Co 12:28; Heb 13:7-24). Aunque todos hemos visto un mal liderazgo y a veces hemos experimentado el abuso de poder de un líder, debemos reconocer que Dios ha designado líderes en el mundo, el gobierno, el lugar de trabajo, la escuela, la iglesia y el hogar. Como cristianos, no podemos permitirnos caer en la trampa del cinismo que cuestiona toda autoridad y nos deja revolcándonos en el fango de nuestra autoproclamada autoridad. Todos estamos bajo autoridad y todos tenemos líderes a los que debemos rendir cuentas. Del mismo modo, todos los líderes están bajo la autoridad de Dios y en última instancia son responsables ante Él.

El liderazgo y el servicio no se excluyen el uno al otro. Los líderes son, ante todo, siervos de Dios que sirven liderando. La cualidad más esencial del liderazgo es la humildad, y la auténtica humildad se manifiesta con valor, compasión y convicción. Un líder fiel es un líder humilde que dirige con amor, no inspirando temor. Un líder fiel no se preocupa por caer bien a todo el mundo. Un líder fiel sabe delegar, confía en quienes ha delegado y no le preocupa quién se lleve el mérito. Un líder fiel conoce sus defectos y pecados y lleva una vida de arrepentimiento y perdón. En definitiva, un líder fiel es un seguidor fiel de Jesucristo, quien nos ha guiado sirviéndonos con humildad, sacrificio y alegría.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

73 – Para perdonar, la otra persona no tiene que pedirme perdón

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 73

Para perdonar, la otra persona no tiene que pedirme perdón

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

17 – La Última Canción

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

17 – La Última Canción

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

Sufre en esperanza

El Blog de Ligonier

Serie: De una generación a otra

Sufre en esperanza
Por C.N. Willborn

Nota del editor: Este es el capítulo 13 de la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra

Amenudo les digo a los hijos de nuestra iglesia ―desde los más pequeños hasta los estudiantes universitarios― que ellos piensan que van a vivir para siempre, pero siempre añado: «¡No es así!». De hecho, les digo, van a morir, e incluso puede que sufran físicamente antes de morir. Es un hecho que sufrirán emocionalmente. Todos sufrimos de alguna manera en algún momento de nuestras vidas. Es posible que suframos dificultades físicas, carencia de bienes físicos o angustia emocional, y a veces eso es a causa de nuestra fe. Nuestro Señor dijo: «En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16:33). La tribulación incluye sufrimiento.

Vi a mi madre piadosa sufrir de muchas maneras, a menudo en el plano emocional, mientras criaba a tres hijos que no siempre anduvieron en los caminos del Señor. La vi sufrir la muerte de mi maravilloso padre, que fue su esposo durante cincuenta y ocho años. Finalmente, la vi sufrir la pérdida de su salud y movilidad, y, a la postre, sufrir los dolores del cáncer. A pesar de todo, el lema que ella me repetía era sencillo: «Hijo, yo confío en el Señor». Esa no era una frase santurrona. Era la voz de la fe. Era real y la ayudó a vivir una vida ejemplar, con una determinación paciente, una disposición dulce y un anhelo por su Salvador, en medio de todo su sufrimiento, que nos impactaba a todos. Ella vivía con la esperanza del cielo y de Cristo, y era real. Todos sus hijos, nietos y bisnietos recordaremos durante toda la vida la disposición confiada de Nana en todos los momentos difíciles. Ella vivió con la esperanza bienaventurada de su Señor y Salvador Jesucristo (Tit 2:13).

Hace dos años, los médicos nos dijeron que nuestro hijo de diecinueve años tenía «un bulto en el cerebro». El «bulto» resultó ser un absceso del tamaño de un huevo de pavo. En seguida, le realizaron tres cirugías en una sola semana. Un mes después, se le realizó una cuarta cirugía debido a un problema con los medicamentos. La noche del diagnóstico inicial, tuve esa «charla» con nuestro hijo. Le pregunté si entendía lo serio que era esto. «Sí», me dijo. «Sé que debes estar asustado, porque yo sí que lo estoy», le respondí. Él me dijo: «Papá, hemos confiado en el Señor en todo lo demás. Podemos confiar en Él ahora». Yo lloré y dije: «Amén». Luego me dijo: «Estaré bien pase lo que pase, papá». No te diré que mi fe y la de la familia fue lo suficientemente fuerte como para mover montañas esa noche o en los meses siguientes. Estaba débil. Muchas veces oré: «Señor, aumenta mi fe», y Él lo hizo. A veces un poquito, a veces un poco más. Esperamos en el Señor y Él fue todo lo que necesitábamos. Oh, por cierto, el Señor mantuvo a nuestro hijo con nosotros; acaba de graduarse de la universidad y ahora va a entrar a la escuela de posgrados. Sin embargo, aunque no hubiera librado a nuestro hijo… alabado sea el Señor por la esperanza que tenemos en un Dios soberano.

Para mis lectores jóvenes: mi madre tenía ochenta y cinco años. Era de esperar que sufriera y muriera. Sin embargo, mi hijo tenía diecinueve años, y en verdad sufrió (y todavía tiene que tomar medicamentos con efectos secundarios). Fácilmente podría haber muerto. Pero el punto es este: siempre puedes enfrentar el sufrimiento ―a esos matones de la escuela, esas críticas de moda de tus «amigos», esas disputas relacionales con tus mejores amigos, el cáncer, los abscesos cerebrales― con tu mejor Amigo a tu lado. Eso siempre y cuando tu mejor amigo sea Cristo Jesús. «Pero hay amigo más unido que un hermano» (Pr 18:24), y Jesús afirma ser ese amigo: «Os he llamado amigos» (Jn 15:15). Él es nuestra esperanza.

Mi madre tenía esa esperanza porque conocía al Salvador, Jesucristo. Su fe estaba basada solo en Él. Mi hijo tuvo esa esperanza en medio de sus sufrimientos porque conoce al Salvador, Jesucristo. Ambos conocían la Biblia y la promesa de la esperanza que tenemos en el Señor Jesucristo. Los dos asistían fielmente a los cultos de adoración y se empapaban de los medios de gracia: la palabra, la oración y los sacramentos. Amaban y disfrutaban la comunión de los santos que se encuentra en Su Iglesia. La esperanza ―no un «yo pienso», sino la esperanza genuina― no surge de la nada. Se cultiva y se vive solamente por la fe en Cristo. Prepárense bien, amigos jóvenes, para los sufrimientos que les esperan, de modo que puedan glorificar a Dios con sus vidas esperanzadas, incluso en los tiempos difíciles.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
C.N. Willborn
El Dr. C.N. Willborn es pastor principal de Covenant Presbyterian Church en Oak Ridge, Tenn., Y profesor adjunto de teología histórica en Greenville Presbyterian Theological Seminary en Greenville, S.C.

2-LA SOBERANÍA DE DIOS | SERIE INFANTIL

Ministerio Infantil ICEF

Serie Infantil: Los Atributos de Dios

2-LA SOBERANÍA DE DIOS

Mis Primeros Pasos en la fe

Basado en la confesión de Fe de Westminster

En algunos versículos de la Biblia utilizamos diferentes versiones, ya que tratamos que el lenguaje a usar sea entendible para los niños. Guión y Adaptación por ICEF.

Narración: Elena Pacheco Edición: Elena Pacheco

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72 – El judaizar nuestros cultos y servicios de adoración no es algo bíblico

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 72

El judaizar nuestros cultos y servicios de adoración no es algo bíblico

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Muéstranos cómo terminar bien

El Blog de Ligonier

Serie: De una generación a otra

Muéstranos cómo terminar bien
Por Wiley Lowry

Nota del editor: Este es el duodécimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra

Terminar bien comienza ahora. Puede que admitir la vejez sea una lucha muy antigua, pero los cristianos jóvenes necesitan los ejemplos de los santos mayores que han aceptado su edad y están cultivando el fruto espiritual en sus últimos años.

El estímulo de nuestros amigos ancianos es una bendición especial. Sidney era casi sesenta años mayor que yo, pero en los últimos años de su vida fue uno de mis amigos más cercanos. Me llamaba por teléfono, y sus primeras palabras solían ser: «Habla el viejo». Sidney aceptó su edad y, como disfrutó el amor de Dios durante muchas décadas, estaba comprometido con terminar bien.

Sidney me mostró cómo terminar bien con dos palabras. En una ocasión, fui con él a ver a un amigo moribundo, y Sidney se inclinó junto a su amigo, habló con él en voz baja, oró con él, y luego le dijo : «Billy, dos palabras: te… amo…». Eso era todo, dos palabras sencillas pero notables. Y ese era Sidney: amaba a las personas de un modo sencillo pero notable. Ya fuera su esposa, que sufría de Alzheimer; sus médicos y enfermeras, que lo cuidaron durante un cáncer y un derrame cerebral, o el camarero que le traía café antes del almuerzo, Sidney quería saber de ellos, cómo estaban y cómo podía ayudarlos y orar por ellos. Vi cómo el «viejo» servía a Dios y a los demás con esas dos palabras sencillas.

La gran bendición de ver a alguien terminar bien no es solo que aprendemos cómo vivir mañana; en realidad, es que aprendemos cómo vivir hoy. Los hombres y mujeres que siguen viviendo la segunda mitad de su vida con madurez y fidelidad a Dios son una motivación para que las generaciones jóvenes vivan de esa misma forma ahora.

En el Nuevo Testamento, leemos que Timoteo disfrutó las bendiciones de contar con ejemplos fieles y piadosos. No solo tuvo a su abuela Loida y a su madre Eunice, que le ejemplificaron y enseñaron la fe, sino también a Pablo, que peleó la buena batalla, terminó la carrera y guardó la fe. Timoteo necesitaba las lecciones que aprendió de los hombres y las mujeres mayores para ser diligente y fructífero en el llamado de Dios. Piensa en algunos de los aspectos en que Pablo terminó bien:

Siguió consagrado a Dios en oración, alabanza, adoración y obediencia hasta el final.
Soportó las pruebas con gracia y valor.
Vivió con humildad, contentamiento, gratitud, gozo y esperanza.
Amó y sirvió a los demás, incluso cuando era difícil para él.
Recordó y formó a la generación venidera para el ministerio.
Se preparó para la muerte y estaba ansioso por estar con Cristo.
Pablo «terminó la carrera» y el patrón general de su vida fue un ejemplo de la gracia y perseverancia de Dios, pero, en realidad, las prioridades de la vida de Pablo son las mismas preocupaciones apremiantes a cualquier edad.

Cuando los creyentes jóvenes enfrentan horarios ocupados, presiones diarias y el costo de seguir a Jesús, quieren saber que todo estará bien. Nuestros temores pecaminosos y las mentiras del mundo insisten en que debemos buscar el éxito y el placer a toda costa, pero los creyentes maduros tienen el beneficio de la retrospectiva y la perspectiva para insistir en que el camino de Dios es el mejor. Necesitamos tener ejemplos vivos de sabiduría y vejez que testifiquen que Dios es fiel y que ser fiel a Él es, a fin de cuentas, lo único que realmente importa.

Nadie sabe lo que nos depara el mañana y siempre estamos entrando a etapas nuevas y desconocidas de la vida. Dios puede llamarnos a terminar antes de lo que habíamos planeado, pero Él es bondadoso. De hecho, el salmista nos da una oración y un camino a seguir:

Oh Dios, tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta ahora he anunciado tus maravillas. Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir (Sal 71:17-18).

Algunos pueden sentirse tentados a pensar que el llamado a terminar bien solo es relevante para las personas que tienen ochenta o noventa años, pero en realidad la preparación comienza mucho antes. El carácter y los hábitos piadosos que se desarrollan a través de los años son los patrones que emergen en la vejez e influyen a los creyentes más jóvenes de un modo inolvidable. La necesidad de ser fieles en la segunda mitad de la vida es demasiado importante como para esperar hasta que sea demasiado tarde. Por lo tanto, la petición es simple: muéstranos ahora cómo comenzar a terminar bien.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Wiley Lowry
El Rev. Wiley Lowry es ministro de cuidado pastoral en la First Presbyterian Church de Jackson, Mississippi, y profesor adjunto de Belhaven University.

1-LA SOLEDAD DE DIOS | SERIE INFANTIL

Ministerio Infantil ICEF

Serie Infantil: Los Atributos de Dios

1-LA SOLEDAD DE DIOS

Mis Primeros Pasos en la fe

Basado en la confesión de Fe de Westminster

En algunos versículos de la Biblia utilizamos diferentes versiones, ya que tratamos que el lenguaje a usar sea entendible para los niños. Guión y Adaptación por ICEF.

Narración: Elena Pacheco Edición: Elena Pacheco

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