Quizás uno de los momentos más divertidos de esta vida sea cuando observamos como un pequeño perro o gato persiguen su propia sombra. En vano tratan de alcanzarla. Cuando se mueven, su sombra se mueve con ellos. Esto no sucede en el caso de Dios. Santiago nos dice: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (James 1:17).
Dios nunca cambia. En Él no hay «sombra de variación». Esto no está únicamente sugiriendo que Dios es inmaterial y que por lo tanto es incapaz de tener una sombra, sino que asimismo nos dice que Dios no tiene un «lado sombrío» en un sentido figurativo o moral. Las sombras sugieren oscuridad, y en términos espirituales la oscuridad sugiere maldad. Como no hay maldad en Dios, tampoco hay ningún indicio de oscuridad en Él. Él es el Padre de las luces.
Cuando Santiago agrega que no hay «sombra de variación» en Dios no alcanza con entender esto simplemente en términos del ser incambiable e inmutable de Dios. Se trata también de una referencia al carácter de Dios. Dios no es solo enteramente bueno, sino que es siempre bueno. Dios no sabe cómo ser otra cosa que no sea bueno.
La relación entre la bondad y Dios es tan estrecha que hasta los filósofos paganos como Platón equiparan la máxima bondad, el bien supremo, con Dios mismo. La bondad de Dios se refiere tanto a su carácter como a su conducta. Sus actos proceden de su propio ser. Dios actúa en base a lo que Él es. De la misma manera que un árbol corrupto no puede producir fruta incorrupta, tampoco un Dios incorrupto puede producir fruta corrupta.
La ley de Dios refleja su bondad. El que Dios sea bueno no es consecuencia de que Dios obedezca y pueda ser juzgado por alguna ley cósmica ajena a sí mismo, o debido a que Dios define la bondad de manera tal que pueda actuar sin estar sujeto a ninguna ley y por el solo poder de su autoridad le sea permitido declarar sus acciones como buenas. La bondad de Dios no es ni arbitraria ni caprichosa. Dios no obedece una ley, sino que la ley que obedece es la ley de su propio carácter. Dios siempre actúa de acuerdo con su propio carácter, que es eterno, inmutable, e intrínsecamente bueno. Santiago nos enseña que todo lo bueno y lo perfecto provienen de Dios. Dios no es solo el estándar principal de bondad; es la Fuente de toda bondad.
Uno de los versículos más populares del Nuevo Testamento es el de Rom. 8:28. «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados«. Este texto sobre la providencia divina es tan difícil de comprender como lo es de popular. Si Dios es capaz de hacer que todo lo que nos suceda redunde en nuestro bien, entonces en última instancia todo lo que nos suceda será bueno. Conviene resaltar aquí la expresión en ultima instancia. En el plano mundano nos pueden suceder cosas que sean maldad. (Debemos estar precavidos y no llamar al bien, maldad o a la maldad, bien.) Encontramos aflicción, miseria, injusticia, y otro montón de maldades. Sin embargo, Dios en su bondad trasciende todas estas cosas y hace que ellas ayuden para nuestro bien. Para el cristiano, en última instancia, no existen las tragedias. En última instancia, la providencia de Dios hará que todas estas maldades tan cercanas redunden para nuestro beneficio final.
Martín Lutero comprendió muy bien este aspecto de la buena providencia de Dios cuando dijo que «si Dios me pidiera que comiera el estiércol de la calles, no solo lo comería sino que sabría que es para mi bien».
Resumen
La Criatura (Tiene sombra) DIOS (No tiene sombra)
l. Las criaturas tienen sombra por causa de la oscuridad del pecado.
Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre
a teología, la verdad que viene de Dios y es acerca de Dios, es para la vida de la Iglesia. Jesús está construyendo Su Iglesia haciendo discípulos que le sigan, confesando la verdad de que Él es «el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mt 16:16). Los discípulos son aquellos a los que Jesús da vida para que anden en Su camino y según Su verdad. Como dijo Jesús: «Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8:31-32).
En la Gran Comisión, Jesús envía a Sus discípulos a hacer discípulos y construir Su Iglesia por todo el mundo. ¿Cómo deben los discípulos hacer discípulos? Jesús resume esa enorme tarea en dos puntos notablemente breves: Sus discípulos harán discípulos bautizándolos y enseñándoles. Si estas palabras de Jesús no fueran tan familiares, muchos de nosotros podríamos encontrar este resumen algo sorprendente. Podríamos esperar el encargo de enseñar, pero incluir el encargo de bautizar en un resumen tan breve es quizá algo inesperado. Pero las sorpresas invitan a la reflexión y a la meditación. Al pensar en ello, podemos ver lo apropiado y útil que es.
Vemos en esta comisión que el hacer discípulos tiene dos partes: traerlos y edificarlos. Los discípulos son aquellos que han sido traídos por el bautismo y son edificados por la enseñanza que cambia vidas.
Jesús dirige nuestra atención al bautismo, no en el sentido estricto de la ceremonia del agua, sino en el sentido más amplio de todo lo que implica el bautismo. Podemos ver esto claramente en el ministerio de Juan el Bautista. Su ministerio de bautismo incluye su predicación de las buenas noticias (Lc 3:18), su llamado al arrepentimiento (v. 3) y su insistencia en el fruto del arrepentimiento (v. 8). El bautismo incluye tanto la predicación de las promesas de Dios como el llamado a la respuesta adecuada a esas promesas. El bautismo verdaderamente hace entrar a los discípulos, llamándolos a iniciar la vida de fe.
En este sentido, el bautismo es propiamente fundacional para ser un discípulo porque presenta las promesas de Dios y también llama a los bautizados a la fe y al compromiso. La promesa central de Dios a los pecadores en el bautismo es que Él lavará sus pecados y los perdonará. Cuando Jesús, en la Gran Comisión, especifica que Sus discípulos bautizarán en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, muestra que la promesa del bautismo procede del Dios trino y está garantizada por la Trinidad.
La liturgia bautismal de las iglesias reformadas holandesas, redactada en el siglo XVI y utilizada durante siglos en estas iglesias, desarrolla de forma útil las funciones y promesas distintivas que se refieren a cada persona de la Trinidad. Esta liturgia declara lo que el bautismo significa y lo que el bautismo promete al pueblo de Dios, no lo que el agua del bautismo realiza en cada persona bautizada. En el bautismo, Dios el Padre promete que «hace un pacto eterno de gracia con nosotros y nos adopta como hijos y herederos». En el bautismo, Dios el Hijo promete que «nos lava en Su sangre de todos nuestros pecados, incorporándonos a la comunión de Su muerte y resurrección, para que seamos liberados de nuestros pecados y considerados justos ante Dios». En el bautismo, Dios el Espíritu Santo promete que «habitará en nosotros y nos santificará… hasta que finalmente seamos presentados sin mancha entre la asamblea de los escogidos en la vida eterna». Estas promesas en el bautismo declaran el corazón y el centro de nuestra esperanza en el evangelio. El bautismo no es simplemente una ceremonia externa o simplemente una acción de la iglesia o de un creyente. Es, en primer lugar, «una Palabra visible» que expresa la Palabra predicada de la promesa del evangelio, según leemos: «Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados» (Mr 1:4).
En esta liturgia bautismal reformada holandesa se expone la teología del bautismo para la Iglesia. Muestra el significado del bautismo desde el lado de Dios en las promesas proclamadas, pero también desde el lado humano en el llamado al compromiso. Ese llamado al compromiso se expresa con fuerza:
Considerando que en todo pacto hay dos partes, así pues, por medio del bautismo, Dios nos amonesta y nos obliga a una nueva obediencia, a saber, que nos unamos a este único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que confiemos en Él y lo amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; que abandonemos el mundo, crucifiquemos nuestra vieja naturaleza y caminemos en una vida piadosa. Y si a veces, por debilidad, caemos en pecados, no debemos por ello desalentarnos de la misericordia de Dios, ni continuar en el pecado, ya que el bautismo es un sello y un testimonio indudable de que tenemos un pacto eterno con Dios.
Ser discípulo es escuchar las promesas y luego creerlas y vivirlas.
El bautismo nos conecta necesariamente a la iglesia. El bautismo nunca es simplemente individual porque debe ser realizado por otro. El bautismo es por la iglesia y en la iglesia. La vida cristiana no es una vida solitaria sino que se vive en la comunidad de fe. Cristo está edificando Su Iglesia y nosotros debemos ser miembros de ella, no solo como una conexión formal sino como una parte clave de nuestra vida como discípulos.
Además de ordenar el bautismo, Jesús nos dirige a la enseñanza para edificar las vidas del pueblo de Dios. A lo largo de Su ministerio terrenal, Jesús enseñó la verdad sobre lo que Sus discípulos debían saber y cómo debían vivir para Él. Sus apóstoles continuaron esa labor de enseñanza con total autoridad. Las enseñanzas de Jesús, tanto las de Su ministerio terrenal como las de Sus apóstoles, fueron reunidas y preservadas para Su Iglesia en las Sagradas Escrituras. La iglesia que sigue a Cristo enseña fielmente Su teología a partir de la Biblia para que los cristianos conozcan la verdad y la vivan.
Tal enseñanza es una gran empresa. Jesús no llama a Su Iglesia a enseñar solo las verdades básicas ni algunas de las verdades ni tampoco muchas de las verdades de la Palabra de Dios. Él nos comisiona a enseñar todo lo que Él ha mandado. Podemos priorizar las verdades, pero no tenemos derecho a eliminar ninguna de ellas. Él nos llama a un conocimiento exhaustivo de esta voluntad y a una vida completa y plena consagrada a Él.
Uno de los peligros más graves que las iglesias pueden crear para sí mismas es alterar la enseñanza de la Biblia. Esto pueden hacerlo al rechazar, distorsionar, ignorar o añadir a algunas de las enseñanzas de Jesús. Las iglesias liberales eliminan las enseñanzas que no son intelectual o moralmente aceptables para sus mentes. Las iglesias evangélicas con demasiada frecuencia han tratado de hacer el cristianismo más atractivo para los no creyentes enseñando un evangelio simple o simplificado.
Por el contrario, las iglesias reformadas han tratado de ser ampliamente bíblicas en su enseñanza, lo que se refleja en sus normas confesionales, llenas de doctrina y ética.
En la iglesia, tanto los ministros como la congregación son responsables de una enseñanza completa. Los ministros deben planear cuidadosamente lo que van a enseñar y cómo comunicarlo de manera que realmente edifique al pueblo. La Palabra de Dios es el depósito de la verdad para la iglesia y los ministros deben enseñarla. Deben resistir la tentación de convertirse en proveedores de entretenimiento o psicólogos de la cultura pop.
El pueblo de Dios, especialmente en una cultura democrática, también tiene un deber muy serio. Debe animar a los ministros a enseñar todo el consejo de Dios y buscar y apoyar con entusiasmo dicha enseñanza. De lo contrario, la iglesia permanecerá muy inmadura. Pablo escribió advirtiendo a los corintios: «Así que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo. En verdad, ni aun ahora podéis, porque todavía sois carnales. Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, ¿no sois carnales y andáis como hombres?» (1 Co 3:1-3). Lo mismo se dice en Hebreos:
Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. Pues aunque ya deberíais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal (5:11-14).
Las iglesias inmaduras y los cristianos inmaduros todavía están atrapados en la carne y por lo tanto se han convertido en oídos sordos. La iglesia madura escucha con avidez la Palabra para aprender y ser entrenada en el discernimiento y la justicia. La iglesia necesita la teología para hacer discípulos, tanto los que son traídos a la iglesia como los que son edificados en la verdad. Ligonier se dedica a proveer materiales de enseñanza fiel para ayudar a edificar discípulos en la verdad.
La Gran Comisión de Jesús de hacer discípulos no se cumplirá completamente hasta que todos los escogidos de Dios hayan sido traídos a la Iglesia. Tenemos mucho por hacer en circunstancias difíciles. Pero tenemos la gran promesa de Jesús para sostenernos en nuestro llamado: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).
El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, y presidente emérito y profesor emérito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.
¡Oh Dios, Altísimo, Gloriosísimo! El pensamiento de Tu Infinita serenidad me alegra, pues estoy afanando y sufriendo, perturbado y angustiado, más Tú estás para siempre en perfecta paz. Tus planes no causan ningún miedo recelo o precaución de insatisfacción, permanecen firmes como los montes eternos. Tu poder no conoce ninguna obligación, tu bondad ninguna restricción. Tú derribas órdenes en la confusión, y mis derrotas son Tus Victorias: El Señor Dios omnipotente reina.
Yo vengo a ti como pecador, con las preocupaciones y las tristezas, para lanzar cada ansiedad enteramente a Ti, cada pecado clamar por la sangre preciosa de Cristo; revive la profunda espiritualidad en mi corazón; permítanme vivir cerca del gran Pastor, oír su voz, conocer Sus sonidos, seguir sus llamadas. Guárdame de engaño para que me hagas vivir en la verdad; Del mal, ayudándome a caminar en el poder del Espíritu. Dame más fuerza de fe en las verdades eternas, ardiendo dentro de mí por la experiencia de las cosas que yo conozco; hazme que yo jamás este avergonzado de la Verdad del Evangelio, para que yo pueda soportar sus reproches, reivindico que veo a Jesús en su esencia, conociendo el poder del Espíritu.
Señor, ayúdame, porque yo estoy a menudo tibio y frío; la incredulidad deforma mi confianza, el pecado me hace olvidarte a Ti. Haz que las malas hierbas que crecen en mi alma sean cortadas en sus raíces; concédeme conocer que verdaderamente yo vivo, sólo cuando yo vivo para Ti, que todo lo demás sea insignificante. Que solamente en Tu presencia puede hacerme santo, devoto, fuerte y feliz. Habita en mí, misericordioso Dios. En el nombre que es sobre todo nombre, Amén.
Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre
a teología, la verdad que viene de Dios y es acerca de Dios, es para la vida de la Iglesia. Jesús está construyendo Su Iglesia haciendo discípulos que le sigan, confesando la verdad de que Él es «el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mt 16:16). Los discípulos son aquellos a los que Jesús da vida para que anden en Su camino y según Su verdad. Como dijo Jesús: «Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8:31-32).
En la Gran Comisión, Jesús envía a Sus discípulos a hacer discípulos y construir Su Iglesia por todo el mundo. ¿Cómo deben los discípulos hacer discípulos? Jesús resume esa enorme tarea en dos puntos notablemente breves: Sus discípulos harán discípulos bautizándolos y enseñándoles. Si estas palabras de Jesús no fueran tan familiares, muchos de nosotros podríamos encontrar este resumen algo sorprendente. Podríamos esperar el encargo de enseñar, pero incluir el encargo de bautizar en un resumen tan breve es quizá algo inesperado. Pero las sorpresas invitan a la reflexión y a la meditación. Al pensar en ello, podemos ver lo apropiado y útil que es.
Vemos en esta comisión que el hacer discípulos tiene dos partes: traerlos y edificarlos. Los discípulos son aquellos que han sido traídos por el bautismo y son edificados por la enseñanza que cambia vidas.
Jesús dirige nuestra atención al bautismo, no en el sentido estricto de la ceremonia del agua, sino en el sentido más amplio de todo lo que implica el bautismo. Podemos ver esto claramente en el ministerio de Juan el Bautista. Su ministerio de bautismo incluye su predicación de las buenas noticias (Lc 3:18), su llamado al arrepentimiento (v. 3) y su insistencia en el fruto del arrepentimiento (v. 8). El bautismo incluye tanto la predicación de las promesas de Dios como el llamado a la respuesta adecuada a esas promesas. El bautismo verdaderamente hace entrar a los discípulos, llamándolos a iniciar la vida de fe.
En este sentido, el bautismo es propiamente fundacional para ser un discípulo porque presenta las promesas de Dios y también llama a los bautizados a la fe y al compromiso. La promesa central de Dios a los pecadores en el bautismo es que Él lavará sus pecados y los perdonará. Cuando Jesús, en la Gran Comisión, especifica que Sus discípulos bautizarán en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, muestra que la promesa del bautismo procede del Dios trino y está garantizada por la Trinidad.
La liturgia bautismal de las iglesias reformadas holandesas, redactada en el siglo XVI y utilizada durante siglos en estas iglesias, desarrolla de forma útil las funciones y promesas distintivas que se refieren a cada persona de la Trinidad. Esta liturgia declara lo que el bautismo significa y lo que el bautismo promete al pueblo de Dios, no lo que el agua del bautismo realiza en cada persona bautizada. En el bautismo, Dios el Padre promete que «hace un pacto eterno de gracia con nosotros y nos adopta como hijos y herederos». En el bautismo, Dios el Hijo promete que «nos lava en Su sangre de todos nuestros pecados, incorporándonos a la comunión de Su muerte y resurrección, para que seamos liberados de nuestros pecados y considerados justos ante Dios». En el bautismo, Dios el Espíritu Santo promete que «habitará en nosotros y nos santificará… hasta que finalmente seamos presentados sin mancha entre la asamblea de los escogidos en la vida eterna». Estas promesas en el bautismo declaran el corazón y el centro de nuestra esperanza en el evangelio. El bautismo no es simplemente una ceremonia externa o simplemente una acción de la iglesia o de un creyente. Es, en primer lugar, «una Palabra visible» que expresa la Palabra predicada de la promesa del evangelio, según leemos: «Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados» (Mr 1:4).
En esta liturgia bautismal reformada holandesa se expone la teología del bautismo para la Iglesia. Muestra el significado del bautismo desde el lado de Dios en las promesas proclamadas, pero también desde el lado humano en el llamado al compromiso. Ese llamado al compromiso se expresa con fuerza:
Considerando que en todo pacto hay dos partes, así pues, por medio del bautismo, Dios nos amonesta y nos obliga a una nueva obediencia, a saber, que nos unamos a este único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que confiemos en Él y lo amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; que abandonemos el mundo, crucifiquemos nuestra vieja naturaleza y caminemos en una vida piadosa. Y si a veces, por debilidad, caemos en pecados, no debemos por ello desalentarnos de la misericordia de Dios, ni continuar en el pecado, ya que el bautismo es un sello y un testimonio indudable de que tenemos un pacto eterno con Dios.
Ser discípulo es escuchar las promesas y luego creerlas y vivirlas.
El bautismo nos conecta necesariamente a la iglesia. El bautismo nunca es simplemente individual porque debe ser realizado por otro. El bautismo es por la iglesia y en la iglesia. La vida cristiana no es una vida solitaria sino que se vive en la comunidad de fe. Cristo está edificando Su Iglesia y nosotros debemos ser miembros de ella, no solo como una conexión formal sino como una parte clave de nuestra vida como discípulos.
Además de ordenar el bautismo, Jesús nos dirige a la enseñanza para edificar las vidas del pueblo de Dios. A lo largo de Su ministerio terrenal, Jesús enseñó la verdad sobre lo que Sus discípulos debían saber y cómo debían vivir para Él. Sus apóstoles continuaron esa labor de enseñanza con total autoridad. Las enseñanzas de Jesús, tanto las de Su ministerio terrenal como las de Sus apóstoles, fueron reunidas y preservadas para Su Iglesia en las Sagradas Escrituras. La iglesia que sigue a Cristo enseña fielmente Su teología a partir de la Biblia para que los cristianos conozcan la verdad y la vivan.
Tal enseñanza es una gran empresa. Jesús no llama a Su Iglesia a enseñar solo las verdades básicas ni algunas de las verdades ni tampoco muchas de las verdades de la Palabra de Dios. Él nos comisiona a enseñar todo lo que Él ha mandado. Podemos priorizar las verdades, pero no tenemos derecho a eliminar ninguna de ellas. Él nos llama a un conocimiento exhaustivo de esta voluntad y a una vida completa y plena consagrada a Él.
Uno de los peligros más graves que las iglesias pueden crear para sí mismas es alterar la enseñanza de la Biblia. Esto pueden hacerlo al rechazar, distorsionar, ignorar o añadir a algunas de las enseñanzas de Jesús. Las iglesias liberales eliminan las enseñanzas que no son intelectual o moralmente aceptables para sus mentes. Las iglesias evangélicas con demasiada frecuencia han tratado de hacer el cristianismo más atractivo para los no creyentes enseñando un evangelio simple o simplificado.
Por el contrario, las iglesias reformadas han tratado de ser ampliamente bíblicas en su enseñanza, lo que se refleja en sus normas confesionales, llenas de doctrina y ética.
En la iglesia, tanto los ministros como la congregación son responsables de una enseñanza completa. Los ministros deben planear cuidadosamente lo que van a enseñar y cómo comunicarlo de manera que realmente edifique al pueblo. La Palabra de Dios es el depósito de la verdad para la iglesia y los ministros deben enseñarla. Deben resistir la tentación de convertirse en proveedores de entretenimiento o psicólogos de la cultura pop.
El pueblo de Dios, especialmente en una cultura democrática, también tiene un deber muy serio. Debe animar a los ministros a enseñar todo el consejo de Dios y buscar y apoyar con entusiasmo dicha enseñanza. De lo contrario, la iglesia permanecerá muy inmadura. Pablo escribió advirtiendo a los corintios: «Así que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo. En verdad, ni aun ahora podéis, porque todavía sois carnales. Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, ¿no sois carnales y andáis como hombres?» (1 Co 3:1-3). Lo mismo se dice en Hebreos:
Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. Pues aunque ya deberíais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal (5:11-14).
Las iglesias inmaduras y los cristianos inmaduros todavía están atrapados en la carne y por lo tanto se han convertido en oídos sordos. La iglesia madura escucha con avidez la Palabra para aprender y ser entrenada en el discernimiento y la justicia. La iglesia necesita la teología para hacer discípulos, tanto los que son traídos a la iglesia como los que son edificados en la verdad. Ligonier se dedica a proveer materiales de enseñanza fiel para ayudar a edificar discípulos en la verdad.
La Gran Comisión de Jesús de hacer discípulos no se cumplirá completamente hasta que todos los escogidos de Dios hayan sido traídos a la Iglesia. Tenemos mucho por hacer en circunstancias difíciles. Pero tenemos la gran promesa de Jesús para sostenernos en nuestro llamado: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).
El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, y presidente emérito y profesor emérito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.
¿Cuál es nuestra teología? Por Sinclair B. Ferguson
Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre
on varias e importantes las convicciones que impulsan a la revista Tabletalk, las cuales también han impulsado la historia completa del ministerio de Ligonier. Una de estas convicciones fue expresada hace unos quinientos años por Martín Lutero (¿quién más podría ser?).
Todos somos teólogos; todo cristiano debe serlo. Todos deben ser teólogos para poder ser cristianos.
Pero ¿cuál es esa teología? Y, en particular, ¿cuál es nuestra teología?
TEOLOGÍA
Teología es hablar de Dios (en el mejor y más elevado sentido); es decir, pensar y hablar sobre Dios de forma coherente y lógica. Y para el creyente cristiano, esto significa una teología enraizada en la revelación que Dios ha dado y que la expresa. Por tanto, hay un sentido correcto en el que estamos llamados a tener una «teología de todo», porque de una forma u otra todo el cosmos —el desarrollo de la historia, los descubrimientos que hacemos— todo es parte del desarrollo de la autorrevelación de Dios en la creación, la providencia, la redención y la consumación. Como señaló Abraham Kuyper, nada en el cosmos es ateo en sentido absoluto. O para citar una autoridad superior: «Por que de Él, por Él y para Él son todas las cosas» (Rom 11:36). Por eso, omnes sumus theologi —todos somos teólogos— ya seamos físicos nucleares, astronautas, amantes de la literatura, jardineros, recolectores de basura o incluso «teólogos». Este es el privilegio, el reto, el romance de nuestras vidas, en cualquier vocación imaginable. En última instancia, tomando prestadas las palabras de Pablo, solo una cosa hacemos (Flp 3:13). ¿Pablo hacía solo una cosa? Claro que no. Pero sí, hacía solo una cosa, pero en mil actividades diferentes. Lo mismo ocurre con nosotros. En todas las cosas somos teólogos porque sabemos que toda la vida es para conocer a Dios.
Pero ¿cómo funciona la teología? Tal vez nos ayude una ilustración. Hay un programa en la televisión de la BBC que me gusta mucho. Se llama The Repair Shop [El taller de reparaciones], y —en medio de tantas cosas en la televisión que son deprimentes o inmorales, o ambas cosas— es un programa que te hace sentir bien. Personas comunes y corrientes traen sus reliquias dañadas, deterioradas, deformadas y algunas casi destruidas para que las reparen. A menudo nos cuentan historias profundamente conmovedoras o por qué el artículo (que puede tener poco valor en sí mismo) es tan importante para ellos por su conexión con un ser querido. Entonces vemos las habilidades extraordinarias de los artesanos y artesanas —expertos en carpintería y metalurgia, mecánica y mobiliario, instrumentos musicales y mecanismos, objetos blandos y duros— trabajando lo que parece ser magia. Mientras que la gente como yo remienda y espera lo mejor, ellos primero deconstruyen y solo entonces reconstruyen y devuelven la gloria perdida a las reliquias. Luego, el maravilloso desenlace: somos testigos (y compartimos) la abrumadora gratitud de los distintos propietarios, sus elogios y, a menudo, su alegría hasta las lágrimas al descubrir el objeto restaurado en todo su esplendor, normalmente debajo de una manta muy ordinaria (lo que sugiere una mayor restauración).
La teología es el taller de reparación del evangelio. Sus diversos «loci» o temas (Dios, la creación, la caída, la providencia, la redención, la glorificación) son, por así decirlo, otros tantos departamentos de expertos que primero deconstruyen nuestros daños personales y luego nos reconstruyen hasta hacer realidad la visión original en nuestra creación. De este modo, lo que nuestros antepasados llamaban la teología de la peregrinación, en la que vemos por un espejo, se convierte en la teología de la visión en la que veremos cara a cara. Habiendo sido creados a imagen de Dios para glorificarle y disfrutar de Él para siempre, seremos por fin semejantes a Él.
¿Cuál es entonces el contenido de nuestra teología?
NUESTRA TEOLOGÍA
Se dice que Tomás de Aquino dijo que la teología viene de Dios, nos enseña sobre Dios y nos lleva a Dios. Y puesto que la vida eterna consiste en conocer a Dios y a Jesucristo, a quien Él ha enviado (y esto solo lo hacemos por medio del Espíritu; Jn 17:3; ver 14:23, 25), nuestra teología comienza (y termina) con Dios. Nos dice quién es Él: un Dios que es tres personas, la siempre bendita Trinidad, en la eterna comunión de Su ser tripersonal como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta teología nos lleva a conocer Su maravilloso carácter unificado y simple, que en nuestra limitada capacidad logramos captar aspecto por aspecto en lo que llamamos Sus atributos. De hecho, estas son solo algunas formas de describir Su perfección, Su divinidad, Su infinita y gloriosa deidad.
Así pues, nuestra teología es una teología del Dios trino que es suficiente para sí mismo y en sí mismo y quien en todas Sus automanifestaciones es amor santo. No es de extrañar, pues, que nuestra teología esté impulsada por las visiones gemelas del profeta de la santidad y del apóstol del amor, en Isaías 6 y Apocalipsis 4-5. Es un hecho sorprendente que en estas dos visiones parece estar resumida toda nuestra teología.
Ellas reflejan la divinidad de Dios, «el que era, el que es y el que ha de venir» (Ap 4:8), y la historia de la creación (v. 11): que todas las cosas en el cielo y en la tierra fueron hechas por el Dios trino, «Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible» (el Credo Niceno), por medio de Su Palabra, el Hijo Eterno, y por el ministerio ordenador, llenador y completador del Espíritu que se movía sobre las aguas originarias.
Estas visiones nos proporcionan un espejo en el que vemos que nuestro destino creado yace detrás de nosotros casi irreconocible. Fuimos creados por Dios para Su gloria y para disfrutar de Él; en una palabra, para la comunión con Él y la alabanza a Él. Pero ahora nos encontramos, como Isaías, abrumados por el descubrimiento de quién es Dios —el Santo— y nos damos cuenta de que somos como un antiguo castillo escocés que se ha convertido en una reliquia arruinada, destruida por los asaltos de Satanás. Estamos abandonados, incapaces de restaurarnos a nosotros mismos, deshechos e impuros. Ninguno de nosotros es capaz de abrir un libro que contenga un plan para nuestra salvación y restauración (Ap 5:4).
Pero no es así como nuestra teología termina. Dios quiere Su imagen de vuelta. Es cierto que debemos descubrir que estamos arruinados antes de poder ver nuestra necesidad de restauración. Pero entonces nuestra teología según Isaías y Juan nos dice que no se trata de un Dios diferente, sino de un mismo Dios tres veces santo cuyo mensajero trae la restauración a través de un carbón encendido de un altar de sacrificio que primero incinera y luego restaura. Y esta teología bíblica nos dice que en su visión Isaías vio la gloria del Señor Jesús (Jn 12:41). Entonces, como nuestra teología sostiene que la revelación es progresiva y acumulativa, entendemos que la persona a la que apunta la visión de Isaías no es otra que el León de Judá, el Cordero de Dios inmolado que quita el pecado del mundo (Ap 5:6-10). Y a medida que profundizamos para «aprender a Cristo» (Ef 4:20), contemplamos Su única persona divina en Sus dos naturalezas unidas en esa única persona, en Sus dos estados de humillación y exaltación y en Sus tres oficios como Profeta, Sacerdote y Rey: un solo Señor Jesucristo.
En este contexto, descubrimos que algo nos sucede: por el Espíritu seráfico, nuestras vidas entran en contacto vivo con Cristo en Su sacrificio expiatorio. Somos perdonados y justificados de la culpa del pecado. Y en ese mismo momento se inaugura la quema del pecado en nosotros. No puede ser de otra manera, ya que como Calvino señaló regularmente, pensar que podemos tener a Cristo para la justificación sin tenerlo para la santificación es despedazarlo, ya que nos ha sido dado para ambas cosas. El Espíritu nos une a un solo Cristo que es a la vez «justificación y santificación» para nosotros (1 Co 1:30). Por lo tanto, el pecador que es justificado comparte también y simultáneamente Su muerte al dominio del pecado y Su resurrección a novedad de vida para Dios (Rom 6:2-4). Tener cualquier otra teología es entender mal cómo la gracia reina «por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor» (5:21).
No es de extrañar que la visión trascendente de Isaías termine en una obediencia incondicional: «Heme aquí; envíame a mí» (por muy duro que sea el camino; Is 6:8-13). Y no es de extrañar que la visión de Isaías se haga eco en la experiencia de Juan del canto celestial: «Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir» (Ap 4:8); y culmina en una adoración sin fin: «Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos» (5:13). No es casualidad que las conferencias nacionales de Ligonier tradicionalmente terminen con el canto del «Aleluya» de Handel.
Sí, esta es nuestra teología. Ha sido el latido del corazón deLigonier desde los primeros días de «La confraternidad de enseñanza de R.C. Sproul», expresado ahora por cincuenta años en una multitud de formas. Aquí todos formamos parte de esa confraternidad de enseñanza. Y esta teología, nuestra teología, se convierte en el taller de reparación divino, que nos lleva desde la ruina hasta la restauración final, pasando por la redención. ¡Soli Deo gloria!
El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.
Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.
Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.
Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.
Teología, teología, teología: ¿Por qué Ligonier? Por Chris Larson
Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre
inisterios Ligonier ha seguido creciendo desde que nuestro querido fundador, el Dr. R.C. Sproul, falleció en el 2017. Muchos miembros del equipo se han unido a nosotros recientemente, añadiendo sus experiencias y habilidades. Es alentador ver cómo el alcance crece gracias a sus notables esfuerzos. Pero cualquier empresa duradera debe mantener su enfoque en la misión original y estar en guardia para evitar irse a la deriva. Por lo tanto, en muchas de nuestras reuniones de equipo, a menudo reitero la única cosa que hacemos en Ligonier: teología, teología, teología. No, no he olvidado cómo contar. La cuestión es recordar lo vital que es la teología no solo para nuestra misión como ministerio, sino para nuestras propias vidas como individuos. Permíteme ilustrar esto.
Quizá hayas visitado el Museo Británico de Londres. Es uno de mis lugares favoritos. Pasar por delante de maravillosas antigüedades de varios milenios de la historia del mundo es impresionante. Cada artefacto cuenta una historia. Pero en una visita reciente, aprendí que no cada artefacto cuenta una historia completa.
Hay una zona en la colección de Mesopotamia con artefactos de Asiria, incluidos algunos de Senaquerib, ese violento rey del que se habla en el Antiguo Testamento. En su época, fue el terror de Oriente Medio, asediando ciudades y sometiendo naciones. Hay un relieve en el Museo Británico del asedio de Laquis, una pequeña ciudad fortificada en la ruta hacia Jerusalén. Los reyes conquistadores paganos solían construir este tipo de monumentos para presumir de sus victorias. La escena representa la espantosa matanza de los israelitas por parte de Senaquerib en Laquis.
¿Qué falta en el Museo Británico? Sabemos que Senaquerib se dirigía a destruir Jerusalén y completar su conquista de Judá (2 Re 18:13-19:37). Cuando los ejércitos llegaron a asediar la capital, el profeta Isaías aconsejó al rey Ezequías que confiara en el Señor para su liberación. No hay ningún artefacto que cuente la victoria de Senaquerib sobre Jerusalén porque nunca ocurrió. La Biblia dice que un ángel del Señor destruyó de la noche a la mañana el ejército del rey extranjero, que interrumpió la campaña militar y regresó a Nínive.
El Señor lucha por Su pueblo. El poderío de los asirios no era rival. A través de las generaciones de Israel se transmitió la verdad de que solo hay un Dios y que Él no está callado (Ex 20:1-20; Dt 6:4; Is 44:6-8).
La palabra teología significa simplemente el estudio de o sobre Dios. La teología no es una actividad académica seca y polvorienta. La teología es el filo de una navaja con la vida y la muerte a ambos lados. Los israelitas tenían una teología correcta y vivieron. Los asirios tenían una teología corrupta y perecieron. Lo que está en juego no puede ser de mayor importancia para cada alma. Jesucristo dijo que conocer a Dios y a quien Él ha enviado es entrar en la vida eterna (Jn 17:3).
Al principio, Adán y Eva conocieron a Dios en verdad y luego suprimieron esa verdad en injusticia, y así la incredulidad destrozó el cosmos y nos arruinó hasta la médula. Desde ese trágico momento de exilio del Edén, en nuestro estado natural estamos en una batalla impía lanzada contra el santo Creador. Que haya guerra entre las naciones y falta de paz entre uno y otro es solo una manifestación de nuestra primera rebelión. Qué lío de pecado hemos hecho, y sin la capacidad de poder salvarnos. Si hemos de ser salvados, debe venir de fuera de nosotros. Sin una buena teología, la realidad es como un rompecabezas con pequeñas piezas, todas desparramadas, sin una imagen unificada. La teología, bien entendida, nos da una imagen de la realidad para ayudarnos a dar sentido al rompecabezas. Nos guía para recomponer las piezas, así como la imagen de la caja del rompecabezas, para que entendamos el mundo y a nosotros mismos correctamente. De este modo, la teología informa a todos los ámbitos del conocimiento y la experiencia humana.
El Dr. R.C. Sproul se centró en la teología como disciplina, abarcando todo lo que Dios ha revelado de forma general y particular. La humanidad está alejada de Dios. Como nuestros primeros padres, nacemos siendo supresores de la verdad. Sí, todo el mundo sabe que Dios es, pero no todo el mundo sabe quién es Dios. Ese es nuestro problema fundamental: no sabemos quién es Dios. Y porque no sabemos quién es Dios, no sabemos quiénes somos.
Ministerios Ligonier comenzó en el verano de 1971, justo cuando Estados Unidos estaba saliendo de la turbulenta década de los sesenta. Los cristianos se enfrentaban a un relativismo desenfrenado y a la agitación social. El secularismo se aceleró en la cultura y la teología liberal hizo metástasis en muchas iglesias y denominaciones. Allí, en las laderas de las montañas Allegheny de Pensilvania, cerca de un pequeño pueblo llamado Ligonier, comenzó un pequeño ministerio que buscaba equipar a los cristianos para conocer a Dios de una manera mejor y más profunda y para darlo a conocer. Este esfuerzo de discipulado y formación fue impulsado por el deseo de defender el cristianismo clásico, y esperando ayudar a inundar la cultura con cristianos bien entrenados y articulados que busquen ser fieles en el avance de la Gran Comisión. Por diseño, era una forma de evadir los principales medios de comunicación y a las iglesias establecidas bien financiadas.
Ante la abierta animosidad cultural a la que se enfrenta la Iglesia hoy en día, que sigue creciendo, los que son cristianos solo de nombre se están alejando. Las iglesias sincretistas establecidas, se van evaporando. El futuro de la Iglesia pertenece a los cristianos de convicción. Todos los problemas a los que nos enfrentamos son, en última instancia, teológicos; para reparar las ruinas, las soluciones deben ser teológicas.
Afortunadamente, a lo largo de los años, Dios ha traído muchos discípulos de la visión del Dr. Sproul que están comprometidos con la difusión del evangelio del Señor Jesucristo y con ver crecer una teología arraigada en las Escrituras en las iglesias de todo el mundo. La labor es intensa, sí, pero la promesa es segura: «Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar» (Hab 2:14). Estamos enrolados en ese esfuerzo. Una de las maravillas del evangelio es que hombres y mujeres pecadores sean utilizados para avanzar la misión de Dios en este mundo caído, trabajando en y a través de nuestras batallas con el mundo, nuestra propia carne y el diablo.
En su clásico libro La santidad de Dios, el Dr. Sproul comenta sobre Romanos 12:2:
El método clave que Pablo subraya como medio para la vida transformada es la «renovación de la mente». Esto significa nada más y nada menos que la educación. Una educación seria, profunda y disciplinada en las cosas de Dios. Exige un dominio de la Palabra de Dios. Tenemos que ser personas cuyas vidas han cambiado porque nuestras mentes han cambiado.
Por la gracia de Dios, el enfoque estricto del Dr. Sproul en la enseñanza de la teología ha cambiado muchas vidas. Él creía que todo el mundo es un teólogo y que importa ahora y para siempre si eres un teólogo bueno o malo. El simplemente impartir información a la mente humana es insuficiente. A través de la luz de la Escritura y la obra del Espíritu Santo, empezamos a comprender el carácter santo de Dios y nos damos cuenta de nuestra pecaminosidad. La Iglesia debe redescubrir el compromiso inquebrantable de proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud. Esta no es solo una declaración de la misión de Ministerios Ligonier, es el llamado de todo creyente. Si se diluye el carácter de Dios, se debilita nuestra capacidad de alcanzar a los incrédulos con el evangelio. Las estrategias misioneras bien intencionadas que se centran en el crecimiento por el solo hecho de crecer pueden dar beneficios temporales, pero tales estrategias no desarrollarán discípulos sanos ni plantarán iglesias sanas. La actividad ministerial con poca visión de futuro no es sostenible. El compromiso teológico en aras de los números es fatal.
Aunque el pueblo de Dios se ha visto a menudo consternado por circunstancias que escapan a su control, el progreso de la misión de Dios en este mundo es seguro. Nosotros, como el siervo de Eliseo en otro momento angustioso en el que los israelitas se vieron amenazados, tenemos la tentación de preocuparnos por las nubes de tormenta que se acumulan. Pero debemos recordar que «los que están con nosotros son más que los que están con ellos» (2 Re 6:16).
Al cumplir Ligonier su quincuagésimo año de ministerio, damos gracias por la bendición de Dios en nuestro pasado. Sin embargo, es evidente que tenemos la oportunidad de servir al pueblo de Dios como nunca antes. Hay mucho trabajo por hacer entre las naciones. ¿Podrías orar para que Dios despierte a más personas y le vean como Él realmente es? Que podamos ver una recuperación de la verdadera teología en la que hombres y mujeres, niños y niñas tengan una relación restaurada con Dios el Padre a través de Dios el Hijo y a través de la poderosa gracia de Dios el Espíritu Santo, y vivan vidas fructíferas ahora y para siempre.
Chris es el presidente y jefe ejecutivo de Ligonier. Dirige todas las iniciativas de alcance y operaciones ministeriales con el fin de difundir la histórica fe cristiana a tantas personas como sea posible.
Annamarie Sauter:¿Has pensado que Jesús es quien hace toda la diferencia en tu vida?
Nancy DeMoss Wolgemuth:Has sido liberada de la esclavitud, de la vergüenza y de la culpa de tu pasado; y todo se debe a una Persona… Su nombre es Jesús. Tener Su presencia en tu vida, en tu árbol genealógico, en tu linaje, es lo que convierte la desgracia en gracia, y lo que convierte las cenizas en belleza.
Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.
Creo que si alguien nos preguntara, «¿quién de ustedes ha hecho algo de lo que se avergüenza?», todas levantaríamos la mano. Sabes, en la historia de la redención esa vergüenza es como un fondo negro sobre el cual la perla del evangelio y el amor de Dios se destacan. Hoy Nancy nos habla más acerca de esto en la continuación de esta serie sobre el poder transformador del amor redentor.
Nancy:Cuando piensas en tu historia, en tu pasado o en tu línea familiar, tu genealogía, ¿te has preguntado alguna vez si algunas cosas que han sucedido en tu vida o en tu pasado podrían descalificarte para ser realmente usada por Dios?
Algunas de ustedes se han sentido así porque he escuchado sus historias; y he escuchado historias de muchas mujeres y también lo he escuchado en conversaciones con algunas que lo han experimentado. Te has preguntado: ¿Cómo pudo Dios tomar este desastre de mi pasado, este tipo de familia en la que crecí y estas cosas que sucedieron en mi pasado o con mis padres o mis abuelos…cómo puede Dios sacar algo de valor de mi historia?
De hecho, es probable que todas tengamos cosas en nuestro pasado, ya sea en nuestras propias vidas o las vidas de nuestros familiares, de las que no estamos realmente orgullosas. Por el contrario, estamos avergonzadas de esas cosas. Hay algo en nuestras familias que no quisiéramos que nadie supiera. Si estuviéramos escribiendo un libro, una biografía de la historia de nuestras vidas, no sé ustedes, pero hay algunas cosas que me gustaría dejar de lado si tuviera que contar todo sobre mi pasado, mi trasfondo.
No nos importaría…es más, nos gustaría que otros conocieran las cosas buenas de nuestro árbol genealógico, quizás personas famosas en la familia o en mi trasfondo; pero hay cosas ahí, en nuestras líneas familiares, que preferiríamos que otros no supieran.
El primer párrafo del Nuevo Testamento, en el Evangelio de Mateo, capítulo uno, es el árbol genealógico de Jesús. Es Su trasfondo, la personas que formaron parte de Su venida a la tierra, y en este párrafo encontramos la única referencia a Rut en el Nuevo Testamento.
Esta semana comenzamos un estudio de la historia de Rut, y antes de pasar a la historia en el Antiguo Testamento, quiero que echemos un vistazo en el Nuevo Testamento y veamos dónde encaja ella en la línea familiar de Jesús.
Si tienes tu Biblia, permíteme animarte a que la abras en el capítulo 1 de Mateo. Vamos a leer el primer párrafo. Estas partes de la Escritura se llaman genealogías y a veces nos sentimos tentadas a pasarlas por alto. Pero en realidad, si nos detenemos y profundizamos un poco, encontraremos que hay mucho significado y mucho que puede animarnos en nuestro caminar con el Señor al mirar este linaje.
Mateo 1:1-6: Es un registro de la genealogía de Jesucristo. Esta es Su línea familiar, este es su árbol genealógico, y puede que te sorprenda saber que hay algunas cosas en Su trasfondo familiar que tú y yo quizás no hubiéramos querido incluir si hubiéramos estado contando nuestra historia. Dice así la Palabra de Dios:
«Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
Abraham fue padre de Isaac, Isaac de Jacob (cuyo nombre, por cierto, significa engañador, aquí ya te puedes dar cuenta que hay algo un poco turbio en el fondo), y Jacob de Judá y de sus hermanos; Judá fue padre de Fares y de Zara, cuya madre fue Tamar; Fares fue padre de Esrom, y Esrom de Aram; Aram fue padre de Aminadab, Aminadab de Naasón, y Naasón de Salmón».
(No solemos leer estas porciones, ¿no es así?)
«Salmón fue padre de Booz, cuya madre (o antepasado) fue Rahab; Booz fue padre de Obed, cuya madre fue Rut; y Obed fue padre de Isaí;Isaí fue padre del rey David. Y David fue padre de Salomón, cuya madre Betsabé había sido mujer de Urías».
Ahora vamos al versículo 16. En el párrafo intermedio se incluyen muchos más nombres, pero luego llegamos al final de esta genealogía, y leemos que Jacob fue «el padre de José, el marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo».
Entonces Jesús forma los dos sujetalibros de esta genealogía. Es Su historia, lo leemos en el versículo 1, y luego lo leemos en el versículo 16, que Él nació al final de esta línea de individuos.
Ahora, ¿por qué deberíamos molestarnos en leer esta historia, esta genealogía? Bueno, en primer lugar, al leer esta lista de nombres, con la mayoría de los cuales quizás no estamos familiarizadas y algunos de los cuales apenas podemos pronunciar, recordamos lo importantes que son las personas para Dios, que Dios tiene un corazón para hombres y mujeres individualmente.
Sus nombres están preservados en la Palabra de Dios. Estos nombres que no significan mucho para nosotras han sido preservados en la Palabra de Dios y son parte de Su plan, Su plan de redención. Estas personas son importantes para Dios, y eso me dice que mi nombre le importa a Dios, que tu nombre le importa a Dios, que Dios sabe exactamente dónde encajamos en Su plan y Sus propósitos eternos, y que donde encajamos es importante para Él.
Luego vemos en esta genealogía, la importancia no solo de los individuos para Dios, sino la importancia de las mujeres para Dios. Ahora, recuerda que esta genealogía fue escrita en una cultura donde las mujeres eran consideradas seres inferiores, y era inusual en esa época, que los nombres de las mujeres se incluyeran en la genealogía porque típicamente la línea familiar se tomaba a través de los hombres.
Pero encontramos en esta historia que Dios inspiró divinamente que se incluyeran cinco mujeres en este registro, y fíjense qué tipo de mujeres. Cuatro de las cinco mujeres no eran israelitas. Eran gentiles, lo cual nos da una imagen de la gracia de Dios. Realmente anuncia el plan de Dios de traer gentiles a Su familia. No solo los judíos, sino también los gentiles debían ser incluidos en la obra de Cristo.
Ahora, mira quiénes eran estas mujeres. En el versículo 3 leemos acerca de Tamar, quien fue la madre de Fares y Zara. Recuerda que Tamar, cuya historia se cuenta en el libro del Génesis, era la nuera cananea de Judá.
Judá y Tamar tuvieron una relación incestuosa, y de esa unión nacieron Fares y Zara. Fares era parte de la línea de Cristo. Dios tomó esta horrible historia, le aplicó Su gracia, y de esa línea familiar vino el Mesías.
Luego leemos en el versículo cinco sobre Rahab. Rahab, que también era cananea, era una prostituta, era extranjera. Su vida fue una historia de fracaso y desgracia, pero Dios la atrajo a Su familia. Dios la atrajo a la fe y al arrepentimiento e hizo de esta mujer con este horrible pasado, parte de la línea familiar de Cristo.
Luego leemos en el versículo cinco acerca de Rut, la tercera mujer en esta genealogía. Ella también era extranjera, moabita, una raza despreciada. Sin embargo, Dios la trajo a Su familia por gracia y dijo: «Vas a ser parte de Mi plan. Vas a ser parte de la línea familiar, parte del árbol genealógico del Señor Jesús».
En el versículo seis leemos acerca de Betsabé, quien tuvo una relación ilícita con el rey David. Probablemente también era extranjera, una mujer hitita, originalmente no era de la fe judía. Pero Dios puso Su mano sobre esta mujer y dijo: «Voy a convertir esta historia negativa, esta historia llena de pecado, esta historia vergonzosa, en una historia de gracia». A través de su línea vino el Mesías, vino Cristo.
Luego, por supuesto, tenemos a la quinta mujer, María, que era judía y tenía un corazón puro. Pero ten en cuenta que en ese tiempo, cuando se conoció su historia, indudablemente hubo quienes pensaron que no era pura porque llegó a estar encinta antes de que ella y José se casaran. Así que hubo algunos problemas de reputación allí, pero Dios eligió incluir a esta mujer, como un tema de Su gracia, en la línea familiar de Cristo.
Ahora, cuando miro a estas mujeres, y también a las historias de algunos de los hombres de este linaje que no tenían vidas realmente puras, por ejemplo, vemos a David, que fue un adúltero; Jacob, que era un engañador; Judá, quien tuvo esta relación con su nuera; y luego vemos la vida de estas mujeres, veo que Dios incluye a los pecadores y a los marginados en Su plan.
Eso significa que en el plan de Dios hay lugar para mí. Eso significa que hay espacio para ti. Y podrías decir: «Es que no conoces mi historia. No sabes lo que he hecho. No sabes lo que hicieron mis padres. No sabes de qué tipo de familia vengo».
Recuerdo que una mujer me dijo hace unas semanas, que en su familia, comenzando con su abuelo, había habido múltiples generaciones de inmoralidad, de perversión. Ella me dijo: «Si conocieras mi pasado, ¿pensarías que hay un lugar para mí en el plan de Dios?»
Bueno, Dios conoce tu pasado y Dios conocía a estas mujeres. Él conocía a estos hombres y Él dice: «Hay lugar para los pecadores. Hay gracia para que los pecadores sean incluidos en Mi plan».
Es interesante que varias de estas mujeres hayan tenido fracasos atroces. También los tuvieron los hombres de esta línea familiar. Pero no hay ninguna referencia a sus fracasos en esta genealogía.
Es como si Dios simplemente incluyera sus nombres, pero no se molesta en decirnos, en este punto, «aquí están todas las cosas que hicieron estas personas que podrían haberlas descalificado». Ahora vemos que han sido incluidos por gracia, y cuando se aplica la gracia, ya no tengo ese pasado.
He sido liberada de la esclavitud, la vergüenza y la culpa de ese pasado, y todo se debe a una Persona en este árbol genealógico. Su nombre es Jesús.Tener Su presencia en tu vida, en tu árbol genealógico, en tu linaje, es lo que convierte la desgracia en gracia y las cenizas en belleza.
Entonces la historia es realmente Su historia. Todo se trata de Él, no se trata de mí ni de ti. Se trata de dónde encaja Él aquí y como resultado eso se convierte en un mensaje de esperanza.
El pasado puede parecer sin esperanza, pero cuando imaginas a Jesús en él, ahora tienes una historia de esperanza. No importa cuál sea tu pasado, no importa cuál sea tu trasfondo, tu equipaje; no importa cuáles sean tus faltas o las faltas de tus padres o las faltas de tus abuelos, puedes ser parte de una nueva línea familiar que lleva a las personas a Jesús. Es por eso por lo que estos nombres se incluyen aquí. El propósito era el Mesías, la venida de Cristo al mundo.
Pienso en cómo Dios tomó a mis padres, ambos con pasados familiares no cristianos y ambos con cosas en sus líneas familiares que no agradaban al Señor, pero Dios rescató a mi papá; Dios rescató a mi mamá. Dios los unió, extendió Su gracia y los ayudó a comenzar una nueva línea familiar, y de esa línea familiar ahora las personas vienen a Jesús.
Eso es lo que Dios quiere hacer con nosotras, sin importar nuestro pasado o nuestro bagaje. ¿Sabes lo que me dice esto? Dice que tú y yo debemos dejar de usar nuestro pasado como excusa para no ser usadas por Dios. Necesitamos dejar de usar a la familia de la que venimos como excusa para no tener un camino fructífero con Dios.
Muchas mujeres que conozco piensan que son casos perdidos, que son disfuncionales, y la razón por la que te dicen que lo son, es porque, «no conoces a mis padres. No sabes lo que hizo mi padre. No sabes lo que hizo mi exmarido. No sabes lo que hicieron mis abuelos».
Existe esta sensación de victimización: «No puedo evitar ser como soy. Mi vida nunca tendrá ningún valor real debido a dónde he estado y de dónde vengo».
Al leer este primer párrafo del Evangelio de Mateo, sé que hay esperanza de que puedas ser libre de tu pasado. La carga y los fracasos de tu pasado en realidad pueden ser trampolines hacia una mayor libertad y abundancia en tu caminar con Dios.
Dios realmente puede usar las cosas que has experimentado en tu pasado, las cosas que has hecho o las que te hicieron, sobre las que no tuviste ningún control; de hecho, Dios puede usar esos fracasos como un medio de gracia, un medio para llevarte a Jesús y un medio para ayudarte a llevar a otros a Jesús.
Piensa en tu pasado familiar. Piensa en tu línea familiar, algunas cosas de las que te avergüenzas. ¿Por qué no dices ahora mismo: «Señor, te agradezco que puedes convertir las cenizas en belleza y confío en que usarás mi pasado, mi línea familiar, de una manera redentora, y en última instancia apuntará a las personas a Jesús».
Entonces, habiendo visto la genealogía de Jesús en Mateo (de manera general), y el hecho de que Rut se encuentra allí, veamos el libro de Rut
Rut, capítulo uno, versículo uno:
«Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, en Israel hubo hambre en el país. Y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos. Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer se llamaba Noemí. Los nombres de sus dos hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Y llegaron a los campos de Moab y allí se quedaron».
La primera frase del primer versículo nos dice algo del escenario en el que se desarrolla esta historia. Dice que esta historia tuvo lugar en los días en que gobernaban los jueces.
Si tienes tu Biblia abierta en el libro de Rut, verás que lo que viene justo antes del libro de Rut es el libro de los Jueces. Este libro, Rut, cae inmediatamente después del libro de Jueces y tiene lugar en el mismo período de tiempo.
La historia de Rut es realmente una visión microcósmica de la vida, y se centra en una familia en particular durante el período de los jueces. A medida que conozcas esta historia, estarás de acuerdo conmigo, creo, en que la historia de Rut es como una hermosa perla blanca sobre un fondo muy oscuro, porque los días de los jueces fueron la edad oscura de la historia de Israel.
Mira el último versículo del libro de Jueces. Jueces 21:25, ¿qué te dice que era cierto en esos días? «En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos». Esta es una especie de resumen del libro de Jueces. Es el resumen de esta época en la que se desarrolla el libro de Rut.
Este fue un período de anarquía, apatía, declive moral y político. Fue una era permisiva, una era en la que la gente vivía irresponsablemente. Simplemente hacían lo que querían, lo que se sentía bien, sin tener en cuenta los mandamientos y los caminos de Dios.
Esta historia tuvo lugar hace aproximadamente 3.000 años. ¿No te suena como una descripción del tiempo en que vivimos? Las cosas realmente no han cambiado tanto. Esta fue una época en la que los héroes de la nación judía eran los jueces, que a menudo eran hombres físicamente fuertes. Tenían destreza militar, pero eran moralmente débiles.
Piensa en Sansón, por ejemplo. Era un hombre con mucha fuerza, pero moralmente débil y corrupto. Eso describía el carácter de muchos de los que estaban en posición de liderazgo durante esos días.
Si vuelves a Jueces 2, quiero leer un párrafo en ese capítulo que describe cómo era durante los días de los jueces. Jueces 2:7 dice: «El pueblo sirvió al Señor todos los días de Josué, y todos los días de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían sido testigos de la gran obra que el Señor había hecho por Israel» (NBLA).
Este fue el período de tiempo en que los israelitas vieron las obras de Dios. Ellos vieron a Dios liberar al pueblo de la esclavitud en Egipto; vieron el Éxodo; vieron el poder de Dios llevándolos a través del Mar Rojo y por el desierto; vieron el poder de Dios que los llevó a Canaán y conquistó las naciones extranjeras allí; vieron que Dios les daba la tierra de Canaán.
Eso fue cuando Josué y sus compañeros vivían. Mientras esos hombres de Dios vivieron, la gente siguió a Dios. Pero luego los versículos 10-13 nos dicen:
«También toda aquella generación fue reunida a sus padres. Y se levantó otra generación después de ellos que no conocía al Señor, ni la obra que Él había hecho por Israel.
Entonces los israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor y sirvieron a los Baales. Abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y siguieron a otros dioses de entre los dioses de los pueblos que estaban a su derredor; se postraron ante ellos y provocaron a ira al Señor. Dejaron al Señor y sirvieron a Baal y a Astarot».
Baal y Astarot es una referencia a los dioses cananeos. Canaán, como sabrás, era una economía agrícola, y para que la gente fuera próspera, dos cosas tenían que ser fértiles: la tierra, para que pudieran tener cosechas, y sus esposas, para que pudieran tener los obreros que trabajarían las cosechas.
El dios principal de los cananeos se llamaba Baal. Esa palabra significa señor o dueño, y los cananeos creían que Baal, un dios falso, era dueño de la tierra y controlaba la fertilidad. Se creía que Astarot, a la que se hace referencia en este párrafo, era la compañera de Baal.
Los cananeos creían que la fertilidad de la tierra y de sus mujeres se debía a la actividad sexual entre los dioses. Era una religión muy perversa, así que para lograr que los dioses hicieran en el cielo lo que querían que se hiciera en la tierra, la gente, para recordarles a los dioses, subían a lugares que eran colinas, en realidad llamadas lugares altos, y llevaban a cabo en esas colinas los actos sexuales que querían que los dioses realizaran en el cielo para hacer a la tierra y a las mujeres fértiles.
Con el tiempo, los judíos asimilaron esta cultura cananea y comenzaron a practicar estos aspectos muy paganos de la adoración. Ese pasaje de Jueces continúa diciéndonos, en los versículos 14-15:
«La ira del Señor se encendió contra Israel, y los entregó en manos de salteadores que los saquearon. También los vendió en mano de sus enemigos de alrededor, y ya no pudieron hacer frente a sus enemigos. Por dondequiera que iban, la mano del Señor estaba contra ellos para mal, tal como el Señor había dicho y como el Señor les había jurado, y se angustiaron en gran manera».
Esta es una imagen, un recordatorio, de que cuando abandonamos a Dios, cuando una cultura sigue su propio camino, Dios traerá consecuencias. El objetivo de las consecuencias es siempre restaurarnos a un lugar de adoración y obediencia al Dios vivo y verdadero.
Dios no está tratando de acabar con Su pueblo, de destruirlo. Dios los está disciplinando. Los está castigando por su bien para que se conviertan una vez más, en Sus verdaderos seguidores. Los versículos 16-18 dicen:
«Entonces el Señor levantó jueces que los libraron de la mano de los que los saqueaban. Sin embargo, no escucharon a sus jueces, porque se prostituyeron siguiendo a otros dioses, y se postraron ante ellos. Se apartaron pronto del camino en que sus padres habían andado en obediencia a los mandamientos del Señor. No hicieron como sus padres».
«Cuando el Señor les levantaba jueces, el Señor estaba con el juez y los libraba de mano de sus enemigos todos los días del juez. Porque el Señor se compadecía por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían».
Puedes ver los ciclos que tuvieron lugar en el libro de Jueces: Dios los libraba, la gente obedecía por un tiempo, y luego una vez más caían en un tiempo de decadencia espiritual, desobediencia e idolatría. Versículo 19:
«Pero cuando moría el juez, ellos volvían atrás y se corrompían aún más que sus padres, siguiendo a otros dioses, sirviéndoles e inclinándose ante ellos. No dejaban sus costumbres ni su camino obstinado».
Ahora, Rut 1:1, nos dice que esta historia tuvo lugar en esos días, en los días en que vivían los jueces. Y eso es por lo que Israel estaba pasando; y cuando leo sobre esos días, recuerdo mucho lo que vemos cuando leemos nuestros periódicos, cuando encendemos las noticias y vemos lo que está sucediendo en nuestra cultura, lo que está sucediendo en nuestro mundo.
Hablé la semana pasada con una mujer que me decía que ella es la única creyente en su familia pagana, mundana y muy secular. Me dijo que cuando va a reuniones familiares, tiene que escuchar todo tipo de obscenidades, lenguaje sexualmente explícito, historias y chistes subidos de tono y todo tipo de conversaciones sin filtro.
Ella me preguntó: «¿Cómo me comporto en ese tipo de entorno? Son mi familia. ¿Me marcho? ¿Les digo que lo que están diciendo está mal? ¿Cómo interactúo con ese tipo de cultura?»
Es triste decirlo, ese tipo de problemas no solo existen en el mundo, sino que hoy descubrimos que ese tipo de problemas están ocurriendo dentro del pueblo de Dios. No eran solo los cananeos en los días de Rut los que adoraban a dioses falsos y eran inmorales y perversos, eran tambien los judíos, era el pueblo de Dios.
Y así, hoy encontramos que no son solo aquellos que no conocen a Cristo; sino que es dentro de las cuatro paredes de nuestras iglesias donde encontramos personas que viven de maneras tan parecidas al mundo. Los días en que vivían los jueces eran días muy parecidos a los nuestros.
Estaba hablando con una pareja el otro día y compartían su preocupación y frustración. Están criando adolescentes. Dijeron: «En nuestra iglesia, en nuestro grupo de jóvenes, estamos escuchando a líderes, líderes espirituales, promoviendo películas clasificadas para adultos». Ella dijo: «No permitimos esto a nuestros hijos. Pero incluso a veces desde el púlpito, este tipo de cosas se promueven. ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a vivir una vida que agrada a Dios cuando incluso en la iglesia se nos anima hacer cosas que sabemos que son contrarias a los caminos de Dios?»
Recibimos cartas, llamadas y mensajes de mujeres que comparten conmigo situaciones en sus iglesias locales, con personas que están en estudios bíblicos, que se consideran creyentes piadosos y maduros, pero que se ríen de material y películas sexualmente explícitas, y se ríen de cosas mundanas, pecaminosas y no santas; y se preguntan: «¿Cómo funcionamos en ese tipo de entorno?»
Bueno, a medida que desarrollemos la historia de Rut durante los próximos días, veremos que hay una forma en que realmente podemos vivir vidas puras y piadosas, vidas que influyan en el mundo que nos rodea, aunque el mundo o la iglesia que nos rodea sean muy impíos.
Lo que vemos en la historia de Rut es la realidad de la presencia de Dios incluso en medio de un mundo muy corrupto. Dios no se ha ido a dormir, no nos ha abandonado, no ha desertado. Está muy presente, está muy vivo y activo, y en el libro de Rut tenemos un llamado a ser diferentes, a ir contra la corriente.
Esa es la historia de Rut. En los días en que vivían los jueces, vivió esta mujer que lo mejor que pudo hacer fue confiar en Dios, obedecer a Dios, vivir una vida pura, aunque casi nadie más a su alrededor lo hacía.
Ella dijo: «Voy a confiar en Dios. Voy a caminar con Dios, incluso en medio de esta cultura». Ahora, no estoy diciendo que sea fácil, pero esta historia nos da confianza de que es posible caminar con Dios en tu trabajo, en tu familia, en tu iglesia, aun si nadie más lo hace.
Es posible caminar con Dios; y nuestro llamado, en realidad, es a hacer brillar luces en la oscuridad de la cultura que nos rodea para marcar la diferencia en estos tiempos oscuros. El versículo que me viene a la mente es Filipenses 2:15, donde Pablo dice que nuestra meta es que seamos «irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa».
Pablo no está diciendo: «Salgan y no tengan ningún contacto con el mundo». Él está diciendo que se supone que debemos vivir bien en el mundo, y en medio de esa generación torcida y perversa, ser hijas de Dios, intachables, irreprensibles, sin culpa, brillando como luminares en el mundo.
Es posible, se puede hacer, y el propósito, el corazón y el anhelo de Dios para nuestras vidas como mujeres, aunque estemos muy aisladas, aunque estemos muy solas con nuestras convicciones acerca de vivir la Palabra y los caminos de Dios, el corazón de Dios es que nuestras vidas reflejen una luz, despidan una fragancia que atraiga a las personas a la verdad, al Mesías, tal como lo hizo Rut en los días de los jueces.
Annamarie:Hoy Nancy DeMoss Wolgemuth sentó las bases para que puedas entender mejor el mensaje del libro de Rut. Este es un libro que nos ayuda a ver que Dios usa personas con pasados imperfectos (a ti y a mí) para hacer Su perfecta y buena voluntad. En medio de un mundo donde se vive conforme a lo que se siente bien, nosotras ahora vivimos vidas de libre obediencia a nuestro Redentor.
¿Alguna vez has tomado un atajo para luego darte cuenta de que no ahorraste nada de tiempo? Algo similar puede suceder en tu vida. En el próximo episodio descubrirás la diferencia entre hacer las cosas rápidamente y hacerlas bien. ¡No te lo pierdas!
Conociendo el poder del amor redentor juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.
Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.