El temor a estar solos

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El temor

El temor a estar solos

Jayne V. Clark 

Nota del editor: Este es el noveno capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El temor.

Esta mañana escuché en la radio que habían encontrado a un hombre de cincuenta años muerto en su apartamento. Esa noticia ya era lo suficientemente triste, pero lo que la hizo aún más trágica fue el hecho de que llevaba tres años muerto. ¡Tres años! Para algunos de nosotros, esa noticia expresó nuestro mayor temor: morir solos y olvidados.

Pero aunque la muerte nos recuerde lo que más nos asusta de estar solos, este temor toma muchas formas y no nos está esperando en el futuro. Puede comenzar mucho más temprano. ¿Encontraré con quien sentarme en la cafetería de la escuela? ¿Tendré con quien hablar en la fiesta? ¿Será que encontraré a alguien con quien pasar el resto de mi vida? ¿A quién puedo designar como la persona a llamar en caso de una emergencia? ¿Qué me pasará si mi matrimonio se destruye? ¿Me visitarán si termino en un asilo de ancianos? 

Ya sea que estemos despiertos o dormidos, en la casa o fuera de ella, el Señor está presente con nosotros.

Estas son preguntas reales, preocupaciones genuinas, y por más difíciles que sean de abordar por sí solas, a veces encontramos que apuntan a temores aún más profundos. Algunos llegan a ciertas conclusiones: «No vale la pena conocerme»; «Soy tan aburrido (o estoy tan deprimido) que nadie quiere estar cerca de mí. Soy un fracasado». Otros se sienten desconectados o aislados, y llegan a creer que no «encajan» en ningún lugar. Y luego hay otros que, después de haber quedado vulnerables por el duelo o la traición, se encuentran atrapados entre la posibilidad de ser heridos nuevamente y la posibilidad de terminar solos. 

Como alguien que ha estado soltera durante toda su vida, he luchado con muchas de estas preguntas a lo largo de los años, pero me siento afortunada por algo que quedó grabado en mi mente y corazón a temprana edad y que me ayudó a crecer. Todavía puedo verlo escrito en pan de oro en el frente de la iglesia a la que asistíamos cuando tenía ocho años: «Y he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días» (Mt 28:20). Puede que a esa edad no tuviera la capacidad de comprender muy bien los sermones, pero ver esa promesa semana tras semana durante cuatro años tuvo un impacto duradero en mí. Sentía que Jesús me hablaba específicamente a mí: «Yo estaré contigo». Algunos niños se inventan amigos imaginarios con quienes hablar, pero nosotros tenemos a un Amigo real que está más unido a nosotros que un hermano (Pr 18:24). Y Él no es cualquier amigo. Él es el gran «Yo soy» que envió a Moisés a liberar a Su pueblo, y que enfrentó la muerte para salvarnos. Así que cada vez que me sentía asustada o abrumada, Él no solo estuvo allí, sino que me ayudó a enfrentar lo que me estaba preocupando. Y eso es tan cierto hoy como lo era en ese entonces. 

El Salmo 139 es maravillosamente reconfortante en este sentido: 

¿Adónde me iré de Tu Espíritu, 
o adónde huiré de Tu presencia?
Si subo a los cielos, he aquí, allí estás Tú;
si en el Seol preparo mi lecho, allí estás Tú.
Si tomo las alas del alba
y si habito en lo más remoto del mar,
aun allí me guiará Tu mano,
y me asirá Tu diestra (vv. 7-10).

Este salmo deja claro que Dios siempre está con nosotros. De hecho, no podemos escapar de Él. No importa dónde vayamos —a las alturas, a las profundidades, al otro lado del mar— lo encontraremos allí y nos daremos cuenta de que ha estado con nosotros en cada paso del camino. Ya sea que estemos despiertos o dormidos, en la casa o fuera de ella, el Señor está presente con nosotros. ¿Y qué de esos miedos subyacentes que nos asedian? Este salmo también deja claro que Él conoce cada uno de nuestros pensamientos, cada palabra que sale de nuestra boca y cada rincón oscuro de nuestros corazones, y aun así nunca nos deja. Quizás nos cuesta más creer el «siempre» de Mateo 28:20 porque nada parece ser permanente en este mundo, y a veces no sentimos que Él está con nosotros. Pero eso no cambia el hecho de que Él está. 

Cuando Jesús estaba hablando con Sus discípulos poco antes de morir, les dijo que Su Padre enviaría al Espíritu Santo, que no solo moraría con ellos, sino en ellos (Jn 14:17). Al tener al Espíritu Santo morando en nosotros, la realidad es que nunca, nunca estamos solos. ¿Significa eso que nunca nos sentimos solos? No. ¿Significa eso que nunca le tenemos miedo a la soledad? No. Pero sí significa que no estaré sola cuando me sienta así. Y debido a que Jesús está con nosotros y en nosotros, podemos cuidar de otros que quizás se sientan desubicados o solos, y acercarnos a ellos. Significa que aun cuando me sienta vulnerable y sola, no estoy realmente sola. Todavía hay alguien conmigo (y contigo) que está al tanto, que se preocupa y me ayuda. Y quizás lo más reconfortante de todo es que, cuando llegue nuestro último día, experimentaremos la plenitud de las palabras de Jesús hacia nosotros: «Y les aseguro que estaré con ustedes siempre».

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jayne V. Clark
Jayne V. Clark

Jayne V. Clark es jefa de personal en el Christian Counseling & Education Foundation (CCEF). Es autora de Healing Broken Relationships [Cómo restaurar relaciones interpersonales] y de Single and Lonely [Soltera y sola].

Fidelidad o popularidad

The Master’s Seminary

Serie: Predica la Palabra

Por qué debemos predicar la palabra

John MacArthur 

Para todo expositor bíblico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versículo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrían después de él. El ministro del evangelio está llamado a «¡predica (r) la Palabra!»

Pablo, a punto de morir e inspirado por el Espíritu, escribió este texto para que sirviese como sus últimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versículo se sitúan en el inicio del último capítulo de su última carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una última carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro después de él, a proclamar las Escrituras con convicción y valentía.

Pablo entendía lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomía del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabía que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón él escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo había informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseño que además de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseñar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bíblico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseñar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el púlpito «a tiempo y fuera de tiempo» y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentía el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella está escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando así la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión debería llevarse acabo con “toda paciencia y doctrina”, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bíblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del púlpito está en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el Espíritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaño con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentará el crecimiento.

En los versículos antes y después de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas están en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

La parábola de la viuda y el juez injusto

Ministerios Ligonier

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Serie: Las parábolas de Jesús

La parábola de la viuda y el juez injusto

Benjamin L. Gladd 

Nota del editor: Este es el décimo primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

A primera vista, la parábola de la viuda y el juez injusto (Lc 18:1-8) nos parece extraña, y no son pocos los pastores y laicos luchan por comprenderla. Pero la parábola, una vez entendida en su contexto, tiene un sentido maravilloso e insta al pueblo de Dios a seguir adelante en la fe.

En el contexto, estamos cerca del final de un largo viaje a Jerusalén, una travesía que ocupa casi un tercio del Evangelio de Lucas (9:51–19:44). La parábola llega inmediatamente después del discurso de Jesús sobre Su regreso como el Hijo del Hombre, un evento que ocurrirá al final de la historia (17:20-37). Durante el período entre la primera y la segunda venida de Cristo, la comunidad del pacto soportará grandes dificultades y persecución, por lo que la parábola motiva a los creyentes a perseverar. A diferencia de otras parábolas en el Evangelio de Lucas, la parábola de la viuda y el juez injusto está precedida por una declaración de propósito: «que ellos [los discípulos] debían orar en todo tiempo, y no desfallecer» (18:1; ver 5:36; 6:39; 12:16; 13:6). La expresión «desfallecer» [o «desmayar»] aparece a menudo en el Nuevo Testamento en el contexto de soportar la persecución de los últimos tiempos. Por ejemplo, Pablo le dice a la iglesia de Éfeso «no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, porque son vuestra gloria» (3:13; ver también 2 Co 4:1,16; Gál 6:9; 2 Tes 3:13). 

La fe es ciertamente un don de Dios, un acto de pura gracia, pero la fe verdadera siempre va acompañada de obras fieles.

En general, el fluir de la parábola es bastante sencillo: una viuda suplica resueltamente a un juez pagano que le haga justicia. Casi todos los detalles de la parábola son vagos; no sabemos nada sobre cómo o por qué la viuda fue agraviada, nada sobre su «adversario» ni sobre dónde ocurrió esto excepto «en cierta ciudad» (Lc 18:2). Pero aprendemos algo sobre la naturaleza del juez, que «ni temía a Dios ni respetaba a hombre alguno» (v. 2) y, debido a la insistencia de la viuda, emitió un veredicto favorable (v. 5). 

La parábola gira en torno a dos temas clave: la justicia y la perseverancia. Lucas se esfuerza por resaltar la condición de incredulidad del juez. ¿Por qué? La idea es que si un juez que es injusto puede dictar un veredicto favorable como resultado de la persistencia, ¿cuánto más lo hará un juez justo? Encontramos las formas sustantivas y verbales de la palabra «justicia» a lo largo de la parábola, en los versículos 3, 5, 7 y 8. Sin embargo, no es la forma genérica de «justicia». El término que se usa aquí se encuentra en varios pasajes que describen actos de retribución o venganza: justicia para una persona que ha sido victimizada. Por ejemplo, en Hechos 7:24, Esteban relata un evento de la vida de Moisés: «al ver que uno de ellos era tratado injustamente, lo defendió y vengó al oprimido matando al egipcio» (ver Ex 2:11-12). Las palabras aquí para «tratado injustamente» y «vengó» se derivan de las mismas que encontramos en Lucas 18:3 (ver también Rom 12:19; 13:4; Heb 10:30; 1 Pe 2:14; Ap 6:10). La viuda de la parábola, entonces, busca retribución y vindicación. Ella desea que el juez castigue a quien la ha agraviado injustamente. 

Haríamos bien en considerar cómo encaja esta parábola en el contexto más amplio de Lucas 17–18. En los pasajes anteriores, mucho de lo que Jesús enseña se refiere a la perseverancia de los creyentes antes de Su segunda venida (17:22-37). A medida que se desarrolla la historia, aumenta la hostilidad entre el pueblo de Dios y el mundo. Vivimos en los «últimos días», un período de tiempo que está extrañamente marcado por la presencia del Reino de Dios y la tribulación (Mt 13:24-50). Participar del Reino inevitablemente resulta en grandes dificultades y persecución. Los verdaderos creyentes deben estar dispuestos a perder sus vidas por el bien del Reino (Lc 17:33). Serán agraviados y el mundo hará lo peor. Pero porque la viuda perseveró, el juez la vengó. Porque los verdaderos creyentes perseveran con fe, Dios promete vengarlos. La fe es ciertamente un don de Dios, un acto de pura gracia (Ef 2:8-9), pero la fe verdadera siempre va acompañada de obras fieles (Stg 2:14-26). Quizás uno de los pasajes más parecidos a la parábola de la viuda es el del quinto sello en Apocalipsis 6:9-10, En el que los santos muertos por causa de la Palabra claman a Dios en el cielo: «¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?». Mientras anhelamos con los santos celestiales que Dios derrame Su justicia sobre el mundo, Él nos recuerda una cosa: que «[descansemos] un poco más de tiempo» (v. 11).

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Benjamin L. Gladd
Benjamin L. Gladd

El Dr. Benjamin L. Gladd es profesor asociado de Nuevo Testamento en el Reformed Theological Seminary en Jackson, Mississippi. Es autor o coautor de varios libros, entre ellos From Adam and Israel to the Church [Desde Adán e Israel hasta la Iglesia].

21 – AGUA, TIERRA y CIELO

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

21 – AGUA, TIERRA y CIELO

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org

Texto: Job 38:1-18 Dios lleva a Job por un tour a través del cielo, la tierra, y el mar. En este programa, asómbrese junto a Job al conocer el control de Dios sobre los fenómenos climáticos y Su poder creativo en este universo tan complejo. Y al reflexionar en todo esto, encontraremos esperanza, gozo, paz, y seguridad en nuestro Soberano Señor.  Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página

https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/MOSTRAR MENOS

99 – «El Mayor Regalo»

Entendiendo los Tiempos

Primer Temporada

99 – «El Mayor Regalo»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

El temor a no ser aceptados

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Serie: El. temor

El temor a no ser aceptados

Jeremy Pierre

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El temor

Nos gusta ser aceptados. Ser aceptados es ser deseados. Y el deseo de ser deseado es uno de los impulsos más poderosos del corazón humano. Al ver cómo esta hambre por ser deseados lleva a personas razonables a actuar con tanta desesperación, e incluso necedad, me he preguntado si sus cabezas han sido reemplazadas. Yo mismo he sido un necio desesperado… y tú también.

Ser considerado poco atractivo o indigno de atención es una de las peores categorías posibles en una cultura como la nuestra. He visto más de una vez a una mujer de calidad terminar con un hombre cuestionable, simplemente porque fue el primero en expresar interés por ella en mucho tiempo. Y viceversa. La aceptación es la moneda de nuestras relaciones sociales, se percibe en todo: desde la atracción tácita hacia una persona por encima de otra en una fiesta hasta las diferentes muestras de atención que intercambiamos en las redes sociales. Queremos ser aceptados, y queremos que nos digan: «Me gusta». 

¿Cómo podemos interpretar esta experiencia bíblicamente? Veamos algunos temas de las Escrituras que pueden ayudarnos a entenderlo.

  1. Dios nos diseñó para ser aceptados.

El desagrado entre las personas no existía en el huerto del Edén antes de la Caída. Por supuesto, nunca llegamos a ver cómo habría funcionado una sociedad completa bajo esos hermosos árboles. Pero si la relación entre Adán y Eva nos enseña algo sobre las relaciones (no solo el matrimonio) es que Dios creó a las personas para que conectaran entre sí, libres del temor a la vergüenza y el rechazo. Estaban desnudos y no se avergonzaban (Gn 2:25). Pero la maldición del pecado los desconectó, trajo temor y vergüenza, haciendo que las personas se dieran cuenta de lo que estaba mal en ellos mismos y en los demás (3:7). Fueron separados el uno del otro y también de su Creador. Fuimos creados para ser aceptados porque fuimos creados para conectarnos unos con otros.

  1. Ser aceptados significa ser deseados. Ser deseados es parte de pertenecer.

Las personas se sienten atraídas a lo que consideran valioso. El libro de Cantares describe cómo se ve la intimidad restaurada entre un esposo y una esposa, y nos enseña un principio que aplica a todas las relaciones humanas: el vínculo entre el deseo y la pertenencia. Este tema se resume bien en Cantares 7:10: «Yo soy de mi amado, y su deseo tiende hacia mí». En otras palabras, una esposa se siente segura en su relación con su esposo porque él expresa claramente su deseo por ella. Este mismo principio se aplica en el resto de las relaciones humanas: ser aceptados es un elemento clave de la conexión relacional para la que fuimos creados.

  1. No ser aceptados significa no ser deseados.

Lo peor de no ser aceptados es que nos recuerda nuestras características indeseables, las cualidades que no dan la talla. Es una forma de rechazo. Le tememos al rechazo porque fuimos creados para pertenecer a una comunidad.

Esto nos indica que, a fin de cuentas, el temor a no ser aceptados es temor al rechazo. El hecho de que temamos al rechazo no es sorprendente, pues el Señor nos creó para conectarnos unos con otros. Pero Dios nos diseñó para una intimidad aún más esencial. Fuimos creados para pertenecer a Dios. Y esto es lo que empieza a movernos hacia una solución sólida al temor a no ser aceptados por las personas.

  1. Fuimos creados para pertenecer primeramente al Señor.

El Señor nos creó para que le pertenezcamos primero a Él y luego a los demás. El temor a no ser aceptados por las personas puede amenazar ese orden, pues al querer ser deseables a los ojos de las personas, muchas veces menospreciamos el afecto superior de Dios hacia nosotros. Olvidamos que nuestro mayor problema nunca ha sido el rechazo de las personas, sino el de Dios. El temor a no ser aceptados por las personas puede indicar que hemos olvidado el privilegio asombroso de ser recibidos tan profundamente por Dios, que Jesús dice que el Padre ama a Su pueblo con el mismo amor con que lo ama a Él (Jn 17:26). No hay un afecto más profundo en todo el universo.

  1. El Señor te valora (es decir, te acepta y te ama).

Aquí no estoy proponiendo meramente un evangelio terapéutico. Su amor no es simplemente Su intento por asegurarte que eres más deseable de lo que piensas. Su amor es mucho mejor que esto. Significa que Él te valora por razones mucho más profundas que cualquier cualidad que puedas tener o no tener. Él te valora porque te creó como una expresión única de Su propio ser. Aunque tu pecado desfigura esa expresión, la intención de Dios sigue siendo apartarte para Su exclusiva posesión. Él ve la imagen de Cristo en ti (Rom 8:29; 1 Co 15:49).

Todo esto significa que Dios no solo te ama. Él te acepta. Es decir, el afecto que tenía Salomón por su esposa, o Adán por Eva, es tan solo un pequeño reflejo del deseo de Dios por Su pueblo. Él nos valora porque nos ha hecho valiosos al derramar Su amor sobre nosotros en Cristo. 

Ser aceptados por Dios es una consecuencia de Su amor. A medida que confíes en ese amor perfecto, el temor a no ser aceptado por las personas irá perdiendo su poder sobre ti.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jeremy Pierre
Jeremy Pierre

El Dr. Jeremy Pierre es decano de estudiantes y profesor asistente de Consejería Bíblica en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Ky., pastor en Clifton Baptist Church y coautor de The Pastor and Counseling [El pastor y la consejería].

31 – Creyentes Sin Compasión

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

31 – Creyentes Sin Compasión

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

La parábola de los obreros de la viña

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Serie: Las parábolas de Jesús

La parábola de los obreros de la viña

Jonathan T. Pennington

Nota del editor: Este es el décimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

«Jardines imaginarios con sapos reales en ellos». Así es como un escritor ha descrito las parábolas de Jesús. Son historias imaginarias pero se relacionan con la vida real. Son jardines imaginarios pero en ellos hay sapos reales. A menudo esos sapos somos nosotros.

Mateo 20:1-16 inicia con una situación común en el mundo antiguo: un hacendado necesita obreros, así que, contrata a algunos jornaleros. A medida que avanza el día, necesita más trabajadores. Por lo que regresa varias veces hasta que solo falta una hora antes de que termine la jornada.

Pero luego el dueño de la viña hace algo extraño. Al final del día, llama a todos los obreros y les paga a los que solo trabajaron una hora, el salario completo de un día. Este acto impresionantemente generoso provoca un murmullo en el grupo. Los obreros que trabajaron el día completo hacen rápidamente los cálculos: «Si estos que trabajaron solo una hora recibieron un denario, entonces nosotros ganaremos un buen dinero», probablemente piensen. Esperan que este sea su día de suerte.

En la parábola, Jesús les recuerda que todo lo que tienen proviene de Dios, que todas sus bendiciones son por la generosidad de Dios, no por su propio obrar.

De modo que podemos entender que cuando a los obreros les llegó el pago y se les puso en sus manos extendidas y cubiertas de ampollas el mismo salario que a aquellos que fueron contratados más tarde, no estaban muy contentos que digamos. Se pusieron furiosos, lo suficiente como para quejarse abiertamente ante su benefactor. El dueño les responde diciendo que les había pagado la cantidad justa que habían acordado y que como él elija gastar su dinero, incluyendo la decisión de ser generoso con aquellos que tuvieron menos oportunidad de trabajar, depende de él. Los trabajadores quejosos no habían sido tratados injustamente. Su tormento emocional se debía a expectativas basadas en su envidia, no en la injusticia.

En la historia de la Iglesia, han existido muchos intentos de explicar esta parábola. Algunos han sugerido que las cinco contrataciones distintas representan cinco etapas de la historia mundial durante las cuales Dios ha llamado a Su pueblo hacia Sí mismo, o diferentes etapas en la vida en las que una persona puede convertirse en cristiano. El punto es que Dios es bondadoso con todos y le da la bienvenida a todos a Su reino, sin importar cuándo son llamados. Algunos dicen que la parábola es una imagen del reino futuro de Dios donde todos los salvos reciben el cielo, no importando cuánto hayan trabajado para Dios. Pero la más amplia y quizás más popular interpretación es que esta parábola es simplemente una imagen de la increíble y maravillosa gracia y generosidad de Dios, o en pocas palabras, del evangelio.

Cada una de estas interpretaciones tiene algo de verdad en ella. Pero existe algo más que debemos ver. La clave está en prestar atención al contexto que Mateo nos da para esta parábola. La historia que precede a nuestra parábola es acerca del rico, líder de una sinagoga, que termina no siguiendo a Jesús debido a que su amor por sus posesiones era demasiado grande (19:16-22). Ante esto, los discípulos estaban conmocionados. Jesús entonces les promete recompensas asombrosas por haber dejado todo lo que tenían para seguirle (vv. 23-30). Esta promesa de que los discípulos se sentarían en doce tronos consume tanto sus pensamientos, que poco después Jacobo y Juan ya estaban deseando ser los que se sentaran en los tronos más cercanos a Jesús (20:20-28).

Ese contexto muestra que esta parábola va dirigida directo a nuestros corazones, a esos problemas gemelos de la autocomplacencia y la envidia. Cuando el joven rico se alejó con las manos vacías pero a los humildes discípulos se les prometió ser gobernantes, era imposible para ellos el no ser un poco autocomplacientes, enorgullecerse un tanto de su sabio logro, de su mejor elección de seguir a Jesús. En la parábola, Jesús les recuerda que todo lo que tienen proviene de Dios, que todas sus bendiciones son por la generosidad de Dios, no por su propio obrar. Los discípulos no son mejores que el hombre rico. Al mismo tiempo, Jesús presiona directamente en nuestros corazones, que son propensos a la envidia. Jesús desafía a Sus discípulos a no mirar lo que otros tienen y tornarse amargados y celosos. La rivalidad es destructiva para el alma porque todo en la vida es un regalo que proviene de Dios. 

Por lo tanto, esta parábola nos da una visión de la generosa gracia de Dios hacia nosotros y hacia otros. Encontramos vida cuando fijamos nuestros ojos, no horizontalmente en lo que otros tienen, sino verticalmente, en la generosidad del Dueño de toda la tierra, el Rey Jesús, que nos llama amigos y nos provee sabia y generosamente.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jonathan T. Pennington
Jonathan T. Pennington

Dr. Jonathan T. Pennington es profesor del Nuevo Testamento y director de estudios de doctorado Ph.D. del Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky, y es ministro asociado de predicación en la Sojourn East Church. Es autor de varios libros, incluyendo The Sermon on the Mount [El Sermón del Monte] y Human Flourishing [El florecimiento humano].