Cuando no siento gratitud

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

Cuando no siento gratitud

Eric Kamoga

Nota del editor: Este es el séptimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

Dios ha provisto la manera para que los cristianos enfrenten el pecado: el Evangelio de la gracia, que presupone el odio de Dios hacia el pecado. Dios perdona porque otro ha tomado el castigo por nuestro pecado. El remedio para la ingratitud es la gloriosa gracia de Dios en Cristo, sucintamente capturada en Romanos 8:32: “El que no eximió ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?”. Contemplar la gracia no solo conduce al arrepentimiento, pues resalta lo abominable de la ingratitud, sino que también produce agradecimiento, porque muestra la generosidad de Dios.

El descontento con la provisión de Dios produce codicia e ingratitud. Adán y Eva no consideraron que la generosa provisión de Dios en Su creación y Su presencia fueran suficientes. En incredulidad y codicia, se aferraron a lo que veían como una necesidad que Dios, obrando sin amor, había fallado en satisfacer. Dios no sólo juzgó su pecado sino que también misericordiosamente prometió y proveyó redención en Cristo (Gn 3). La persona ingrata arremete contra el amor y la generosidad del Padre, rehusando honrar a Dios como el Dador verdadero de todas las cosas buenas, buscando en las dádivas lo que se encuentra solo en el Dador (Ro 1:21-23; Stg 1:17). La ingratitud surge cuando no valoramos correctamente el tesoro que ya tenemos.

El contentamiento es la base de la gratitud.

Para curar la ingratitud, uno debe apreciar los dones otorgados dentro del contexto de las bendiciones perdurables dadas en Cristo (Ef 1:3). Sentir gratitud por las bendiciones temporales de Dios, aunque bueno y necesario, es insuficiente. La gratitud por los alimentos diarios no se limita a la comida física sino que se extiende y apunta al alimento espiritual diario y a la fiesta del Cordero que se aproxima (Ap 19:7-10). Israel se quejó por la ausencia de los manjares egipcios, no solo porque había olvidado lo que Dios había hecho, sino porque una dieta variada parecía ser un tesoro más deseable que Dios mismo, quien estaba en medio de ellos, y lo que Él estaba haciendo, a saber, mostrándoles la necesidad que tenían del Pan celestial y Su poder de provisión (Nm 11:4-6; Dt 8:2-5; Jn 6:25-35). Ellos no recibieron la ausencia de una dieta variada como un regalo. Cuando Israel prosperó, seguían siendo ingratos porque se enfocaban en las dádivas en lugar del Dador. 

En contraste, Pablo tenía contentamiento en cada situación, tanto en la abundancia como en la escasez, porque él estaba satisfecho en el Dador de todas las circunstancias (Fil 4:12). Él tenía contentamiento y, por lo tanto, sentía gratitud porque sabía que tenía el mejor regalo posible, Cristo en nosotros, y porque recibió todas las circunstancias, incluyendo las pruebas, como regalos de un Padre amoroso (Ro 5:1-5; Heb 12:3-11; 13:5-6). Contentos por nuestro perdurable tesoro, podemos recibir gratamente todas las circunstancias como de la mano amorosa de nuestro Padre (Mt 13:44-46; Ro 8:28, 33-39). El contentamiento es la base de la gratitud.

Si y cuando uno cae en la ingratitud, apreciar la generosidad de Dios en Cristo es una parte necesaria del arrepentimiento. El arrepentimiento nunca es solamente acerca del pecado y del odio hacia este (2 Co 7:10). Judas Iscariote lamentó su pecado pero se ahorcó (Mt 27:3-5). El verdadero arrepentimiento también pondera y recibe la gracia de Dios otorgada en Cristo. Una vez que consideramos la generosa provisión de Dios, podemos ver la ingratitud correctamente en el contexto de la gracia y clamar: “Estoy agradecido; ayuda mi ingratitud”. Debido a que la respuesta de Dios a la ingratitud es una provisión adicional de Su gracia inagotable y una entrega continua de todas las cosas en Cristo, podemos descansar en esta gracia a pesar de la tensión con la que vivimos mientras esperamos nuestra perfección como hijos de Dios, quienes, como Cristo, seremos perfectamente agradecidos.

El enfocarnos en la provisión de Dios en Cristo, nos ayuda a recibir la gracia para nuestro inexcusable pecado de la ingratitud, dar gracias y recordar el regalo más grande que ya tenemos y tendremos para siempre: Cristo, Dios con nosotros. Este es el antídoto para la tentación de creer que somos indignos del amor de Dios por nuestra ingratitud o que Dios nos está privando de algo bueno. Nuestros primeros padres sucumbieron ante esta última tentación aun cuando Dios ya había provisto lo que ellos buscaban al crearlos en Su propia imagen y semejanza. Su fe, demostrada por medio a la obediencia, habría resultado en la consumación del estatus de ser como Dios. Dios ha garantizado nuestra perfección en Su semejanza al sellarnos con Su Espíritu (Ef 1:13; 4:24; Col 3:4, 10; 1 Jn 3:2). Tener contentamiento en esta provisión eterna, entendida por medio de la fe, produce que el arrepentimiento y la acción de gracias surjan espontáneamente de corazones perdonados.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Eric Kamoga
Eric Kamoga

Eric Kamoga es profesor en el Africa Reformation Theological Seminary en Kampala, Uganda, y estudiante de doctorado en el Westminster Theological Seminary en Filadelfia.

Cultiva un corazón puro en tus hijos, día 1 – Ene 20

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Cultiva un corazón puro en tus hijos, con Josh McDowell

Aviva Nuestros Corazones

Ene 20 Cultiva un corazón puro en tus hijos, día 1

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/cultiva-un-corazon-puro-en-tus-hijos-dia-1/

Annamarie Sauter: ¿Cómo educas a los jóvenes en un mundo donde el acceso a la tentación es tan fácil? Con nosotras Josh McDowell.

Josh McDowell:Las reglas sin una buena relación llevan a la rebelión. Pero las reglas con una buena relación llevan a la obediencia. Así que tienes que cultivar esa relación.

Annamarie:Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

La batalla por la pureza ha ido cambiando a lo largo de los años. ¿Cómo puedes, en un mundo de redes sociales y fácil acceso al internet, cultivar un corazón puro en tus hijos o en los jóvenes que te rodean? Hoy Josh McDowell nos hablará acerca de esto. Él es autor de más de 100 libros, de los cuales varios fueron escritos para enseñarles a los adolescentes el valor de la pureza.

Antes de comenzar, te recomendamos que si tienes niños pequeños a tu alrededor te asegures de ocupar su atención en otra cosa o te pongas audífonos. Aquí están Nancy DeMoss Wolgemuth y Josh McDowell en la serie titulada, Cultiva un corazón puro en tus hijos.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Hola Josh, bienvenido a Aviva Nuestros Corazones. Dentro de todos los libros que has escrito, sé que escribiste uno junto a Erin Davis, quien es muy conocida para nuestra audiencia. Ella es la directora de contenido para Revive Our Hearts y una de las anfitrionas de nuestro programa semanal llamado, Grounded. Cuéntanos acerca de este libro que tú y Erin escribieron. 

Josh:Cómo me alegra que Erin haya dicho que sí a ese proyecto, porque ha hecho que el libro sea mejor y más efectivo. Creo que ahora más que nunca el tema de la sexualidad se ha convertido en algo muy dominante debido al internet. Hay mucha ignorancia y también temor de hablar sobre el tema. 

Decidí escribir un libro acerca de la sexualidad que fuera verdaderamente franco y directo, tratando el tema con reverencia y basándome en principios bíblicos, pero también usando conceptos médicos modernos y demás, con el entendimiento que ahora tenemos acerca de nuestros cuerpos y cómo esto se aplica a la sexualidad.

El título del libro es «La verdad desnuda: 39 preguntas que tus padres esperan que nunca hagas acerca del sexo». Lo escribí para los padres, porque si ellos no están informados con un conocimiento saludable acerca del tema, entonces tendrán temor de hablar con sus hijos. El libro les ayuda a tener un mejor entendimiento y también valor para hablar con sus hijos acerca de la sexualidad. Y ayuda a los jóvenes a entender la sexualidad a la luz del internet, de las películas y de los videos a los que se exponen.

Nancy: Muy útil.También escribiste un libro con tu esposa titulado «Habla claro con tus hijos sobre el sexo». Todos estos libros están disponibles en español. Veo que es un tema que preocupa mucho.

Josh: Así es. Ese es mi libro número 137, y creo que es uno de los más significativos. La razón por la cual escribimos Habla claro con tus hijos sobre el sexo, es por la rapidez con la que se mueve el internet. Es algo asombroso. Por ejemplo: YouTube es solo uno de millones de sitios en la web, y en el 2011, ese sitio subió un promedio de 25 horas de videos cada minuto, y cada uno de estos busca influenciar a nuestros jóvenes. Al menos la mitad de estos videos promocionan principios que van en contra de todo lo que nosotros creemos acerca de Jesucristo y de la vida cristiana. 

Hacia el final del 2011, estaban subiendo un promedio de 47 horas de video por minuto… Es decir, cada 60 segundos se subía a YouTube esa cantidad de horas de video. A principios del 2012, llegó hasta sesenta horas por minuto. Esto es más de 3,500 horas de video para sesenta minutos.

Nancy: ¿Qué implicaciones tiene esto para las familias?

Josh: Esto implica que para la mayoría de los niños, sus padres ya no son la principal fuente de información. No la obtienen en el colegio ni en la televisión, la obtienen de los blogs y las publicaciones y los videos que ven en el internet.

Nancy: Entonces cuando tú educaste a tus hijos, el tema era la televisión; había que tener cuidado de la influencia que esta tenía en la vida de los niños.

Josh: Y la televisión no es nada comparada con el internet. Por ejemplo, un niño, en promedio –y estoy hablando del promedio, Nancy– recibe treinta y cuatro gigabytes de información cada veinticuatro horas. Ahora bien, ¿qué representa esto?

Nancy: Sí. Dime qué significan esos números…

Josh: Esto es el equivalente a la data que tienes en unas 8,178 canciones; esto es lo que entra a la mente de un niño promedio cada veinticuatro horas.

Nancy: ¡Guau!

Josh: La mayoría de las cosas que encuentran allí van en contra de casi todo lo que les enseñamos a nuestros hijos. Pero, claro, ellos van a usar el internet. Pero el internet ha hecho de esto algo intrusivo y penetrante, y no solo estoy hablando de sexo sino de contenido pornografico. Nancy, la pornografía en el internet es el peligro número uno para la causa de Cristo… cinco veces más peligrosa que cualquier otra cosa en los últimos 2.000 años de historia. Esta pornografía invasiva del internet es el mayor peligro para los jóvenes, el mayor peligro para los matrimonios, el mayor peligro para la familia, el mayor peligro para los pastores, el mayor peligro para los líderes de jóvenes. Y la mayoría no se ha percatado de que es cinco veces más peligrosa que cualquier otra cosa que la iglesia haya enfrentado en la historia, y ahora mismo está destruyendo a los niños.

Por ejemplo, las finanzas han sido la causa número uno de muchos divorcios. Ahora, en este momento el 60% de los divorcios entre los cristianos evangélicos se debe a la pornografía. Existen más de cinco millones de sitios web pornográficos. Con mi teléfono celular y en menos de tres segundos, puedo tener acceso a 1.2 billones de páginas pornográficas con tan solo un click.

Nancy: Así que ahora está más accesible que nunca.

Josh: Es increíble. ¿Sabes cuántos correos electrónicos pornográficos van a circular hoy entre el 60% de los jóvenes? 2.5 billones. ¿Sabes cuántas películas pornográficas se descargan sin ser detectadas (aunque los padres tengan filtros), porque son enviados de persona a persona…? La mayoría de la gente no entiende cómo funciona esto, ¡pero los niños sí saben!

Nancy: Okay, espera un momento. Tú estás diciendo que los padres que están escuchando este programa y que dicen: «Pero nosotros tenemos un filtro en nuestro internet»… ¿los hijos de ellos pueden tener acceso a eso o pesar de los filtros?

Josh: Se puede hacer sin que pase por la mayoría de filtros porque es de persona a persona. No proviene de un sitio web. Ellos pueden descargar una pelicula pornografica completa en la computadora de sus padres sin que ellos lo detecten. ¿Sabes cuántas películas se descargan a diario? 1.5 billones de películas pornográficas. No son detectadas porque es de persona a persona—no a través de un sitio web. Es increíble.

Nancy: Pienso en niños y jóvenes en hogares cristianos, en grupos de jóvenes cristianos, en colegios cristianos, en familias que los educan en casa… ¿Sucede también allí?

Josh: Oh, por supuesto. Es una de las cosas en la historia donde vemos poca diferencia en las estadísticas entre no creyentes y creyentes; entre hogares no cristianos y hogares cristianos; entre colegios seculares y colegios cristianos.

Nancy: ¿Y qué es lo que está llevando a estos niños de hogares cristianos a ese tipo de cosas?

Josh: Bueno, primero que nada, del porcentaje que lucha con la pornografia, el 68% son jóvenes cristianos evangélicos fundamentales, nacidos de nuevo. Y de estos, el 91% nunca salió a buscarla. Ellos no estaban buscando esto. Los niños en realidad no están buscando pornografía inicialmente. La pornografía los está buscando a ellos.

Nancy: Entonces, ¿ellos solo tropiezan con esto?

Josh: Así es. Haciendo un trabajo, o una tarea—lo que sea. Y te voy a decir algo. Tu hijo va a ver pornografía. Es una realidad.

Nancy: Cuando dices, «tu hijo», ¿quieres decir que está sucediendo con los niños pequeños también? 

Josh: Yo diría que desde los cuatro años en adelante un niño podría estar viendo pornografía. No puedes proteger a tu hijo de la pornografía. Ya sea que lo estés educando en casa y permanezca allí o donde sea. Tú no puedes evitar que tu hijo vea pornografía… punto.

Nancy: Bueno, algunos padres ahora pueden estar diciendo: «Okay, nosotros vamos a deshacernos del computador. ¡Ayúdennos!»

Josh: Eso es absurdo. Ellos dirían: «Entonces no vamos a tener computador en la casa», ¿y qué pasa con el computador del amigo de tu hijo? Además, ahora el 50% del acceso a la pornografía por internet es por medio de un aparato móvil—un teléfono inteligente. «Bueno, entonces mi hijo no va a tener un teléfono». ¿Y qué pasa con el teléfono del amigo? Ves, no se puede. Ellos serán expuestos a esto de una forma u otra. 

Esto es lo que tienes que entender. Aquellos que tienen trece años o menos son lo que yo llamo «la generación digital». No sé cómo los llaman otras personas, pero esta es la primera generación que ha crecido aprendiendo todo desde una pantalla. Esto es lo que tienes que entender. No importa lo mucho que sepas de filtros y todo lo demás. Ellos son nativos. Nosotros somos extranjeros en estas cuestiones.

Nancy: Sí, es así.

Josh: Muchos, muchos niños pueden burlar los filtros a los seis, siete u ocho años de edad. Ellos saben cómo evadir los filtros. Pero aun si tienen un filtro, ¿qué pasa con el aparato del amigo? ¿Qué pasa con el celular del amigo? Antes sucedía en el patio durante el recreo –fuera un colegio cristiano o no. Alguien sacaba una página de una revista Playboy que el papá tenía en la casa o en alguna otra parte, y decían: «Oye, mira lo que tenemos. Mira esto». Ahora, es solamente hacer un click, y ya. Ahora todo está en video. De esta manera, el impacto es diez veces mayor.

Pero, esto es lo triste… de todos los jóvenes que ven pornografía en los Estados Unidos—y todos los jóvenes van a ver pornografía—el 80% han visto pornografía XXX, que es la peor. ¿Oíste eso, Nancy? El 80%. La gran mayoría de ellos no la estaba buscando. Hay que entender que es la pornografía la que los está buscando a ellos, y va a encontrar a nuestros hijos. Y la clave, Nancy, no es decir: «Bueno, yo voy a proteger a mi hijo. Yo voy a evitar eso». Eso no soluciona el problema.

Nancy: Creo que estás asustando a los padres que nos están escuchando ahora mismo.

Josh: Bueno, eso espero, por el bien de sus hijos. Mi hija, Katie, tiene dos niños, y hace nueve días, tuvo el tercero. Ella me envió un email que decía: «Papi, ahora entiendo lo que decías». Ella les ha estado hablando a sus amigas y a todos aquellos que tienen hijos pequeños que han sido expuestos a la pornografía…en colegios cristianos, en guarderías y demás. 

Ella me dijo: «Papi, ahora me doy cuenta de que yo no puedo proteger a mis hijos por completo de la pornografía». Esa es la clave. «Yo necesito prepararlos para la primera vez que sean expuestos». ¿Ves? Esta es la mamá que va a vencer. Esta es la mamá que no va a perder a su hijo, porque ha descubierto la clave, y esta es una de las razones por las cuales escribí este libro. Y yo soy dogmático en esto.

Según las estadísticas, los niños se exponen a la pornografia por primera vez alrededor de los 9 años. Pero si alguien me preguntara, «de los últimos seis meses para acá, ¿cuál dirías que es la edad promedio entre las familias cristianas evangélicas, familias pastorales, etc?» Yo les diría: «Entre los cuatro y los seis años de edad».

Nancy: Así que cada vez inician más temprano. 

Josh: Oh, sí, sí. 

Nancy: ¿Entonces cómo los preparas para eso?

Josh: Desde la primera vez que ellos dan el primer click, tu necesitas haber establecido una relación tan increíble con tu hijo, que ellos no tengan ningún temor de acercarse a ti respecto a cualquier cosa. Es un ambiente seguro. Ningún tema debe ser tabú; nada debe quedar excluido—empezando aún desde los cuatro, cinco, seis, siete, ocho años de edad. Aquí hay un principio: Las reglas sin una buena relación llevan a la rebelión. Las reglas con una buena relación llevan a la obediencia. Así que tú tienes que cultivar esa relación.

En segundo lugar: Desde el primer momento en que ellos vean pornografía, ellos necesitan tener cierto entendimiento sobre la sexualidad, sobre sus propios cuerpos, etc. Por eso es que digo: «Empieza desde que nacen». Una mamá se acercó a mí (una de muchas mamás cristianas), y ella me había escuchado hablar sobre uno de mis libros «Habla claro con tus hijos sobre el sexo», y sobre el internet y la pornografía. Ella me dijo: «Tengo que decirle a mi esposo que tenga una charla de padre a hijo».

Yo le pregunté: «¿Cuántos años tiene tu hijo?» 

Ella dijo: «Doce».

Yo estaba ahí sentado pensando: «Oh, señora, eso no funciona. Los hijos no siempre recuerdan esas charlas. 

Nancy: Te refieres a que es más importante un estilo de vida y que haya esa relación, ese sentido de comunidad.

Josh: Así es. Ves, no se trata de la conversación. Para entonces, para cuando des la charla, será demasiado tarde. Si tus hijos pueden recordar la primera vez que les hablaste de sexo, ya es demasiado tarde. Ellos no deberían recordar la primera vez, porque ellos deberían estar tan pequeños, que no pueden recordar cuando fue.

Nancy: Entonces, descríbenos cómo debe ser. 

Josh: Bueno, es de esta manera. No se trata de una conversación, son pequeñas conversaciones—conversaciones cortas desde que están muy pequeños acerca de la belleza de su cuerpo, y cosas asi. Les hablas sobre el tema quizás en uno o dos minutos, hasta que tengan unos nueve, diez u once años de edad. Porque hasta esa edad el sexo no es un problema.

Algunas mamás dicen: «Por eso es que yo no les hablo a mi hijos de eso, ellos se van a poner a pensar en eso y lo van a hacer». No, no, no, si tú no les hablas sobre eso, lo van a escuchar por el internet. Tú debes hablarles sobre eso. No puedes actuar sorprendida. No puedes reírte. No puedes. Debes lidiar con la situación sin importar lo que diga tu hijo. Después te puedes reír cuando estés sola. Yo creo que como padres, debemos ser muy sensibles para intervenir y responder aunque sea brevemente a esa curiosidad.

Y la razón es esta: la forma como tú respondas a la curiosidad del niño, desde que nace hasta los doce o trece años de edad, va a determinar cómo es que ellos van a vivir su sexualidad entre los trece y los veinte años. ¿Cuántos padres pierden la oportunidad de satisfacer esa curiosidad en sus hijos? Esto me parte el corazón. Esta es una gran oportunidad de tocar el tema y explicarlo desde la perspectiva de Dios. Pero solo tienes un minuto, un minuto y medio máximo, y luego, de ahí en adelante sigues hablándole cada vez que haya una oportunidad. Así es como nosotros nos acercamos a nuestros hijos. Debes empezar cuando están pequeños.

Nancy: Así que no queremos que ellos piensen que el sexo es algo vergonzoso o sucio.

Josh: Exacto, porque no lo es. No hay un solo versículo en la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, que diga que el sexo es sucio. Ni uno. No hay ni un solo verso en la Biblia que diga que el sexo es pecaminoso. Y aún asi, cuando les hablo a las personas acerca de esto, muchos dicen que la Biblia enseña que el sexo es pecaminoso, que Dios enseña eso. Yo les digo a los pastores: «Muéstrenme un versículo en la Biblia donde diga que el sexo es pecaminoso». No pueden. No hay ninguno.

En una ocasión estaba dando una charla a 500 padres de familia sobre el libro «Habla claro con tus hijos sobre el sexo». En la primera sesión hice la aclaracion de que no hay un solo versículo en la Biblia que diga que el sexo es pecaminoso. Un poco antes del receso, una mujer que estaba en la parte de atrás saltó de su silla y pasó al frente de manera abrupta. Llegó hasta la tercera fila, y me gritó frente a las 500 personas que estaban allí: «Usted me repugna». Ella se acercó y me tiró una hoja de papel sobre la mesa que uso para colocar mis cosas, y me dijo: «Esto es lo que Dios dice acerca del sexo». Y salió enfurecida de la iglesia.

Todos quedaron aterrados. Yo pensé, «debo resolver esto antes del receso». Así que les dije: «Antes de que tomen el receso, permítanme leerles este papel».

El grupo dijo: «¿¡Qué!?»

Yo sabía exactamente, letra por letra, lo que decía en esa hoja de papel. Sabes, he recibido probablemente 100 hojas de papel como esa—por lo menos 50 son de pastores—que han salido de la iglesia enfadados. 

Así que volteé el papel para leerlo. En la parte de arriba decía: «Usted debería estar avergonzado de usted mismo». En letras grandes y negras decía: «Esto es lo que la Biblia dice acerca de sexo». Ella había escrito unos diez versículos bíblicos y ninguno de ellos tenía nada que ver con el sexo. En cincuenta y un años; ni un solo pastor, ni una madre cristiana, ni un padre cristiano—de los cientos de versículos que me han mostrado— ni un solo versículo ha tenido algo que ver con lo que la Biblia dice acerca de sexo.

Tú dirás, «eso es imposible».

No… sucede todo el tiempo. ¿Sabes qué sucedió?

Todos los textos que ella había escrito (al igual que los que me han mencionado otras personas) no tienen nada que ver con el tema. No tienen nada que ver con la razón por la cual Dios creó el sexo. Todos los pasajes tenían que ver con el mal uso del sexo. Lo que hemos hecho durante años—las madres, los padres, los predicadores y otras personas— es que hemos tomado lo que la Biblia dice acerca del mal uso del sexo y lo aplicamos al sexo. Nunca nadie ha escrito un verso del Cantar de Los Cantares. Ni en una sola ocasión. Nadie ha escrito un verso de Proverbios 5. Jamás un pastor o madre cristiana ha escrito algún verso de la Biblia que sí hable de sexo.

Nancy: Yo creo que muchos padres ven lo que está sucediendo con el mal uso y la perversión del sexo, y ellos no quieren que sus hijos experimenten eso. Ellos no quieren que sus hijos prueben del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Josh: Pero Nancy, la mejor manera de tratar con esto no es tratando con lo negativo, sino con lo positivo. ¿Qué dice Dios acerca del sexo? ¿Qué dice Dios acerca de tu cuerpo? ¿Quién creó tu cuerpo? Si ellos no ven esto dentro de ese contexto, vas a fracasar en el intento.

Te voy a decir por qué. Cuando yo escribí este libro, mandé un camarógrafo a los hogares de mis cuatro hijos para que los entrevistara acerca de cómo fue su experiencia cuando les hablé sobre sexo. Por ejemplo, a cada uno le preguntaron: «¿Cuándo fue la primera vez que tu papá te habló de sexo?» Cada uno de ellos respondió: «No sé, nosotros siempre hablamos de eso. Era parte de nuestra conversación familiar».

En segundo lugar, ellos le preguntaron a cada uno de mis hijos: «¿Cuál fue tu mayor motivación para esperar hasta el matrimonio?» Cada uno de ellos dijo: «Porque yo siempre quise lo que mi padre tenía con mi madre, y valió la pena esperar». ¿Ves? Ellos vieron que se trataba de algo bello. Ellos vieron que Dios había creado esto. 

Luego Nancy, cuando has establecido eso, entonces dices: «Pero mira, esto puede ser distorsionado. Esto es lo Dios quiere decir cuando dice: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca”». Esto no es sobre sexo, es sobre el mal uso del sexo. Ese es el fundamento que creen mis hijos, y les explico esto último a la luz de la verdad de las Escrituras.

Así que debemos empezar con lo positivo, y entonces tendrás el fundamento para demostrar cómo es que se distorsiona o corrompe por medio de la promiscuidad sexual, la pornografía y demás. Si no haces esto, no vas a construir una base con la cual tu hijo pueda decir, «no». Y por eso es que escribí este libro.

Nancy: ¿Crees que muchos padres están educando con temor?

Josh: Creo que sí. Están educando con temor porque sus padres los educaron a ellos con temor—por la televisión o lo que fuera. En Habla claro con tus hijos acerca del sexo, hablo acerca de veintisiete principios. Con respecto a la mayoría de estos principios; algunos padres seguro pensarán: «¡Whoa! Eso no puede ser cierto». Pero después de leer una página y media o dos dirán: «Ah, yo nunca pensé que esto fuera tan importante. Quiero cambiar mi actitud para educar a mis hijos». Y debemos hacerlo. No podemos educar a nuestros hijos como nuestros padres nos educaron a nosotros—no a la luz del internet. No podemos hacerlo así.

Tenemos que empezar desde que son muy pequeños, lo cual es triste, pero así es. Yo empecé con mis hijos desde que nacieron. Les decía cosas como: «Dios creó ese pequeño y maravilloso cuerpo que tienes». Y así, construyendo conceptos hermosos y positivos, sobre sus cuerpos. Porque si ellos te oyen hablar acerca de que Dios los creó, empezarán a creer que Dios los creó, y que son algo maravilloso y que vale la pena valorar sus cuerpos. Pero si ellos no saben cuán hermosos son y quién los creó, saben poco acerca de la sexualidad, entonces ¿dónde está la motivación para esperar, y decir «no» y vivir una vida pura? No la hay. No la hay.

Nancy: Creo que hay algo muy importante y que mencionas en tu libro, y es la importancia de las relaciones—el contexto de las relaciones. ¿De qué forma están los padres cristianos errando en cuanto a este concepto de relacionarse con sus hijos? ¿Cómo podrías ayudarlos a establecer una relación saludable?

Josh: Gracias a Dios no todos son así, pero muy a menudo sus relaciones están basadas en el legalismo.

Nancy: ¿Qué quieres decir con eso?

Josh: Yo trato de educar a partir del carácter de Dios.

«¿Papi, por qué no puedo hacer eso?»

«Bueno, porque la Biblia aquí nos explica que Dios es verdad. Y porque Dios es verdad, mis hijos, todo lo que es contrario a Su naturaleza está mal. ¿Por qué? Porque es contrario a la persona, al carácter y a la naturaleza de Dios».

Ves…Yo quiero educar a mis hijos con una relación con su Creador, no con un libro. Mira, el libro no es nuestra guía, nuestro guía es Dios. ¿Cómo sé esto? Bueno, Él nos guía a través de Su Palabra. ¿Cómo sé que Dios es amor? Por la Escritura. Ahora, yo no quiero que mis hijos adoren la Escritura, yo quiero que adoren a Dios. Podrías decir: «Ah, pero debes poner la Escritura en muy alta estima». Muchos cristianos adoran la Escritura, pero no debe ser así. Debemos adorar a Dios.

Jesús les dijo a los herejes religiosos que estaban diciendo que ellos eran mejores que los gentiles y todo lo demás… Jesús les dijo: «Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna». Como muchos cristianos que hoy dicen: «La Biblia es vida». Los líderes religiosos dijeron: «Seguro». Jesús dijo: «Ustedes tienen vida en Mí». 

Entonces, la fuente de vida es Dios mismo. Y, ¿cómo sabemos eso? Estudiando la Escritura. ¿Cómo aprendemos a adorar a Dios? Estudiando la Escritura. Pero no adoramos la Escritura; adoramos al Dios de la Escritura. Yo eduqué a mis hijos de esta manera. Oh Nancy, qué gran motivación. Ellos no están respondiendo por legalismo, están respondiendo porque tienen una relación. Entonces así es mucho más fácil enseñarles a los hijos a amar la Palabra de Dios, a caminar con Cristo y todo lo demás.

Si les preguntas a mis hijos cuál es su mayor motivación, te dirán que no es la Escritura. Es la persona, el carácter, y la naturaleza de Dios. Y ¿cómo conocemos estas cosas? Estudiando la Escritura. Esta es como un mapa. Tú no adoras el mapa, el mapa no es la meta. Tú quieres llegar al destino que te indica el mapa. Bueno, igual ocurre con la Biblia. La Biblia es nuestra guía para conocer a Dios.

Annamarie: Josh McDowell ha estado hablando con Nancy DeMoss Wolgemuth acerca de los desafíos y las oportunidades que hoy enfrentan los padres, maestros y pastores. Josh ha escrito sobre esto en algunos de sus libros. Entre estos están disponibles en español:

Las consecuencias del pecado pueden ser desastrosas, pero tomar decisiones correctas te traerá verdadero gozo. También es importante que recuerdes que Dios puede redimir tus mayores tropiezos de modo que seas un canal de bendición para tus hijos y para los que te rodean.

Mañana, Josh McDowell continuará mostrándote cómo desarrollar relaciones significativas con tus hijos o jóvenes a tu alrededor—la clase de relación que es necesaria para poder hablar sobre la tentación y la pureza con ellos. Te esperamos para este próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a vivir una vida contracultural, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Éxodo capítulos 19 al 21.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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¿Es necesario terminar cada oración con “en el nombre de Jesús”?

Ministerios Ligonier

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Serie: Gratitud

¿Es necesario terminar cada oración con “en el nombre de Jesús”?

Mantle A. Nance

Nota del editor: Este es el noveno capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Jesús enseñó repetidamente a Sus discípulos a orar en Su nombre (Jn 14:13-14; 15:16; 16:23-24). Orar en el nombre de Jesús es reconocer que nuestro acceso a Dios en oración es solo a través de Jesús. Como pecadores, estamos separados de Dios y hemos perdido la comunión con Él. A través de la fe en Cristo solo, nuestra comunión con Dios es restaurada. Por gracia, el Espíritu Santo nos une a Cristo y nos concede entrada a la comunión —la vida de oración— que Jesús tiene con Su Padre celestial, de tal manera que, como hijos adoptivos de Dios, podemos llamar al Padre de Jesús nuestro Padre y experimentar una comunión íntima y vivificante con Él (Mt 6:9; Rom 8:15).

Cuando consideramos nuestra pecaminosidad y la santidad de Dios, podemos perder la motivación para orar. Puede que creamos que Dios no quiere saber de nosotros debido a nuestros fracasos o que Él está cansado de escucharnos confesar los mismos pecados o hacer las mismas peticiones una y otra vez. La buena noticia es que cuando los creyentes invocan al Padre en oración, lo hacemos en el precioso nombre de Jesús y cubiertos en Su justicia. El Padre se deleita en responder a cualquiera que lo invoque en el nombre de Su Hijo. Nuestras oraciones son «aceptas en el Amado» y son escuchadas tan claramente como las oraciones del Cristo intercesor (Ef 1:6; Heb 7:25).

Es correcto y sabio decir las palabras «en el nombre de Jesús» cuando oramos.

Estas maravillosas verdades a veces llevan a los cristianos a preguntarse: ¿es necesario terminar cada oración con «en el nombre de Jesús»? O dicho de otra manera, ¿necesitamos decir las palabras «en el nombre de Jesús» cada vez que oramos? No creo que estemos obligados a decir «en el nombre de Jesús» cada vez que oramos. Lo importante es que reconozcamos en nuestro corazón que nuestro acceso a Dios en oración es solo a través del «[único] mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre» (1 Tim 2:5).

Habiendo dicho esto, es correcto y sabio decir las palabras «en el nombre de Jesús» cuando oramos. Hacer esto honra la exclusiva obra mediadora de Jesús y por lo tanto glorifica al Padre que lo escogió para ser el Sumo Sacerdote de Su pueblo (Heb 5:5). También honra y expresa la obra del Espíritu que, como dijo Benjamin Morgan Palmer, crea una «empatía viva» entre los santos que oran en la tierra y el Cristo que intercede en el cielo, conduciéndonos a orar con Cristo «Abba, Padre» (Gál 4:6). Además, decir «en el nombre de Jesús» cultiva la confianza en nosotros y en aquellos con quienes oramos para acercarnos al trono de la gracia con confianza, sabiendo que nuestro Padre se deleita en escuchar y responder a todos los que oran en el nombre de Su Hijo (Heb 4:16).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Mantle A. Nance
Mantle A. Nance

El Dr. Mantle A. Nance es pastor de la iglesia presbiteriana Ballantyne en Charlotte, N.C.

Entrenando la próxima generación – Ene 19

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Nutre el corazón de tus hijos

Aviva Nuestros Corazones

Ene 19 – Entrenando la próxima generación

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/entrenando-la-proxima-generacion/

Annamarie Sauter: Con nosotras Julie Tassy.

Julie: Yo miro hacia atrás con mucho agradecimiento por todas las oportunidades en que invertí tiempo en mis hijos en lugar de invertir mi tiempo en un negocio. Estoy segura de que me lamentaré de aquellos momentos en que decidí chequear mi correspondencia en la computadora en lugar de sentarme a leer un libro con ellos.

Annamarie:Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Sea que tengas hijos biológicos o espirituales, de seguro tienes preguntas prácticas sobre cómo guiarlos o hablarles sobre ciertos temas. En el programa de hoy escucharás acerca de esto, como continuación de la serie a la que dimos inicio ayer.

Bobbie: Cuán maravilloso es el Señor en darnos una oportunidad de comenzar hábitos generacionales que son positivos y piadosos.

Me di cuenta que no tenía que ser una madre perfecta. Tenía que ser una mamá que les mostrara a mis hijas hacia dónde ir para ser transformadas.

Julie: Esa es la crianza. Estamos esparciendo las semillas. Estamos fertilizando. Estamos haciendo lo mejor, pero solo Dios puede hacer crecer una planta, y solo Dios puede hacer crecer el fruto.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Y toma tiempo y no ves el fruto a veces durante años y años.

Missy: Ser madre es tan humillante, porque realmente ves tu propio pecado. Quiero decir, las cosas que salen de tu boca hacia tus hijos. A menudo pienso, esto es exactamente lo que el Señor me está diciendo a mí. Si digo, «¿no crees que voy a cuidar de ti? Ten paciencia». Como que el Señor probablemente me está diciendo lo mismo, «no crees que voy a cuidar de ti? Ten paciencia».

Missy: Creo que las madres jóvenes—y me incluyo en esto y yo sé que tú también Julie— podemos castigarnos tanto, porque no somos perfectas en esto. Cada día es un nuevo día y nosotras podemos pensar, gracias Señor, por Tu nueva misericordia esta mañana y arrodillarnos.

Nancy: Es cuando reconocemos nuestras debilidades que somos atraídas hacia Su fuerza para llenarnos.

Bobbie: Porque el mejor regalo que podía darles a mis hijas (hablando de diálogo) era su capacidad para decirle a un hombre cómo se sienten y expresar sus deseos y necesidades propias. Siendo capaces de expresar quiénes eran y qué necesitaban, yo sabía que esa relación con su padre sería más fuerte, y no necesitarían un novio para validarlas.

Annamarie: Esta breve serie se titula, Nutre el corazón de tus hijos. Estarás escuchando a la primera esposa de Robert Wolgemuth, Bobbie, quien ya se encuentra en la presencia del Señor, y a sus hijas Missy Schrader y Julie Tassy.

Bobbie: Una de mis obligaciones como madre es ayudar a mis hijos a identificar sus sentimientos, validarlos, dirigirlos en la dirección correcta.

Eso es rectitud, hacer las cosas que son correctas, en el tiempo correcto con la persona correcta y por las razones correctas. Cualquier otra cosa no daba en el blanco y no estaba dentro de la voluntad de Dios. Podría ser un hombre maravilloso pero en el momento equivocado. O puede ser que estés motivada por razones equivocadas. O simplemente te gusta porque…«¡ay es tan gracioso!»

Yo tenía una pasión por la pureza de Missy y Julie porque sabía lo importante que era. Yo sabía lo que era estar casada y solo haber tenido relaciones sexuales con mi esposo y nadie más. Sabía la importancia de esto y quería darles a ellas ese regalo.

Así es que les relataba mi historia, o la experiencia espiritual de alguna otra persona que conociera. De la misma manera, está bien que una madre, en un ambiente protegido les haga a sus hijas historias sobre la pureza, ya sea de personas que admiramos que han estado casadas por un largo tiempo, o de las que guardaron su pureza hasta el matrimonio.

Era algo muy interesante. En ambas bodas de mis hijas, las personas venían donde mí y me decían, «¡hay algo en esta boda! No puedo poner el dedo exactamente en lo que es pero hay como un brillo particular».

Julie desfiló en su boda al tiempo que interpretaban el himno, Alégrense los puros de corazón y Missy por igual, la marcha nupcial fue Alma bendice al Señor.

Había una razón para ese destello. Estas muchachas y sus esposos pudieron caminar hacia el altar con esa pureza. No hay mayor regalo que yo pudiera desearles a mis hijas que tuvieran.

Pero al mismo tiempo, a los amigos que tenían que dejaron atrás su pureza, quizás en la escuela secundaria, les animábamos diciéndoles que Dios siempre permite que tengas un nuevo comienzo.

Esta es la belleza del evangelio. Puedes empezar de nuevo, puro, puro como la nieve, porque Jesús te lava dejándote limpio. Así es que hay una nueva pureza.

Yo creo que debemos animar a la juventud que haya pasado por abortos o que hayan sido expuestos a la promiscuidad, a saber que pueden tener su pureza restaurada.

Nancy: Para las madres que están escuchando y diciendo, «bueno Bobbie, fue fabuloso para ti tener esa historia maravillosa que compartiste con tus hijas, pero yo no la tengo. Yo metí la pata. Yo no era pura cuando me casé». Otras quizás pueden estar pensando, «bueno, tremenda historia».

A través de los años he animado a las madres, ¿saben a qué? A que ustedes también tienen que compartir sus fracasos. «En el momento oportuno, en la situación adecuada, hablen de las consecuencias de las decisiones erradas, y de qué tanto deseo ustedes tienen de que sus hijas experimenten algo diferente y mejor de lo que ustedes tuvieron.

Bobbie: Lo que es interesante ahora es lo que oigo de las madres jóvenes, sobre sus hijos pequeñitos. Ellos que están en sexto grado, están escuchando impurezas.

Nancy: Y aún los mucho más jóvenes.

Bobbie: Sí, pienso que es algo que debe ser abordado. Missy tiene niños en edades de escuela primaria, así es que ella puede estar muy al tanto de esto.

Nancy: Ese tipo de entrenamiento empieza en una edad temprana. Missy y Julie, yo sé que ustedes desean que sus hijos también tengan ese destello en sus bodas. ¿Cuáles son algunas de las cosas que están haciendo ahora para plantar esas semillas de pureza en las vidas de sus hijos y de sus hijas?

Missy: Bueno te aseguro de que estamos hablando de eso con frecuencia y lo que quiero fomentar en mi familia es líneas abiertas de comunicación en esta área, para que no sea una super gran cosa cuando tengamos que tener esa conversación.

Pero si alguien tiene preguntas, se responden las preguntas. Y si esto no les es suficiente, si necesitan un poco más de información se les da un poco más, y no se convierte en un caso federal.

Eso era lo que mamá realmente hacía, muy, muy bien con nosotros. Teníamos una pregunta, ella la respondía. Nada del otro mundo. Son cosas parte de la vida. No era como «bueno, te responderemos luego. No quiero hablar de eso ahora mismo». Lo que provocaría un gran, «¡oh, qué será eso!» Como si fuera algo misterioso.

Nancy: Entonces surge la intriga de lo prohibido.

Missy: Sí. Abby es mi hija mayor, así que a ella le hablamos más de lo que lo hacemos con los varones. Pero la idea de lo que trato de transmitirle es que ella es un regalo, y que se podrá entregar como un regalo a un hombre algún día, y que ese regalo necesita ser guardado y preservado. Yo creo que ahí es más o menos donde estamos ahora mismo.

Julie: Yo tengo una de cuatro y una de cinco años. Ahora mismo lo que quiero es que entiendan que Dios hizo sus cuerpos y que han sido creadas de manera sorprendentemente maravillosa, y que no se pertenecen a sí mismas; que le pertenecen al Señor.

También nosotros queremos que ellas vean un afecto sano, que nos vean a mi esposo y a mí abrazarnos, que nos vean apachurrarnos como decimos en nuestra familia, para que ellas en sus mentes piensen, «eso es lo que yo quiero».

Tal vez, una de las cosas más poderosas que como madres podemos hacer es pedirle al Señor que nos dé un amor inmenso por nuestros esposos que nuestros hijos puedan ver y decir, «yo quiero eso y estoy dispuesta a esperar. Estoy dispuesta a decirme NO a mí misma, y tener autocontrol y ser sabia para tener luego eso que quiero».

Missy: Sí, por ejemplo, hablamos con gran énfasis a las niñas sobre la modestia. Lo importante es que se guarden a sí mismas como un regalo, y tienen que envolver su cuerpo como si fuera un regalo. ¿Envueltas con cuello alto y bufanda? No. Hemos estado haciendo un devocional juntas que trataba específicamente sobre la modestia lo cual nuevamente trajo el tema de la conversación.

Si ellas tienen puesto un conjunto yo puedo decirles con tranquilidad, «¿qué piensas sobre esto? ¿Crees que es modesto? ¿Se puede ver tu piel cuando levantas tus brazos? ¿Es tu mejor elección lo que tienes puesto para salir a la escuela?»

Nancy: Aquí en Aviva Nuestros Corazones, el Señor ha puesto ese peso en nuestros corazones también, el proveer recursos a las madres que están entrenando sus hijos y sus hijas en la pureza. Y en la medida en que estás hablando esto, pensando cómo algunos de nuestros recursos han tenido participación en sus vidas en el desarrollo de estas áreas, uno de ellos es: «¿Realmente le importa a Dios como me visto?» 

Es sobre la modestia de las preadolescentes y las adolescentes. Es un tema sobre el cual las madres pueden conversar con sus hijas.

También tenemos otros recursos relativos a la pureza. Las quiero animar a buscar más información en Aviva Nuestros Corazones sobre estos recursos.

Bobbie ahora es abuela y Missy y Julie madres jóvenes, permítanme preguntarles cómo han manejado ustedes todo este asunto de las cosas a las que sus hijos han estado expuestos en el entretenimiento, las películas, la televisión, la música. ¿Qué filosofía han adoptado para hacerlo?

Bobbie: Bueno las cosas realmente han cambiado mucho. Yo voy a decirles lo que les ha sucedido a Missy y a Julie, quienes ahora están en los treinta. El asunto más importante con el cual tuvimos problemas cuando eran más jóvenes fue la música. La televisión realmente no era algo tan importante, porque crecieron con películas como La casa de la pradera y los programas eran relativamente decentes en ese entonces.

En cuanto a la música, cuando ellas se retiraban a sus habitaciones en la noche, era mi requisito que si iban a escuchar música en su habitación, fuera clásica u otro tipo de música instrumental o inspiracional, pero no la última canción de rock o algo de esa naturaleza. Pienso que la música es algo importante para nosotros.

Ahora bien, Missy y Julie, y la generación actual de adolescentes y de niños, además de la televisión, manejan una gran cantidad de tecnología que llena la mente y sobre eso francamente no sé. ¿Cómo lo manejan ustedes?

Missy: Bueno nosotras estamos en un ambiente bastante protegido y no nos sentimos ahora mismo avergonzadas por ello. Los padres del colegio, nosotros somos parte de un colegio pequeño, todos vemos las cosas de la misma manera. Somos bastante protectores de lo que oyen y ven y de las cosas que pueden ejercer influencia en ellos. Realmente los profesores no son animados a conversar con ellos cuando comparten temas sobre películas o cualquier cosa que hayan visto en la televisión, para que esto no se convierta en una distracción.

Para las películas que vamos a ver, antes de hacerlo siempre las chequeo en la página web cristiana y chequeo si tienen una crítica buena o mala, o si tiene algo cuestionable y luego hablamos sobre ello antes de tomar una decisión.

Un beso podría ser algo cuestionable. No es que siempre les permito ser expuestos a cualquier cosa.

Julie: Recuerdo una película que vieron mis hijos en la cual alguien dijo, «¡cállate!» Y luego escuché a Harper, mi pequeña decir, «¡cállate!»

Yo le dije, «excúsame…»

Ella dijo, «oh yo no se lo dije a nadie. Fue que lo escuché en esa película».

Yo le respondí, «bueno, solo porque en una película lo digan, no quiere decir que tú tienes permiso para repetirlo».

Ellos van a escuchar cosas de los vecinos, aun de los niños de la iglesia. Hay niveles y estándares diferentes en cada hogar, y solo porque oigas algo no significa que vale la pena repetirlo.

Pienso que eso es algo que debemos fomentar en nuestros hijos; decir, «vamos a pensar cuando oigamos algo que otros digan, que la Palabra de Dios sea nuestro estándar en todo lo que nos propongamos hacer. “Que ninguna palabra corrompida salga de nuestra boca,” Efesios 4:29 dice así». Debes preguntarte, «¿cómo califica con la Palabra de Dios lo que he oído en una película o algo que mi amigo o vecino ha dicho?»

Nancy: Lo que escucho de madres jóvenes y de padres y también de ti Bobbie cuando estabas educando tus hijas, es que sencillamente no permitiste que otros formaran a tus hijos. No estás permitiendo que el mundo les dé la formación a tus hijos. Tú estás siendo intencional y dices, «quiero llenar su mente y su corazón con la Palabra de Dios y con todo lo que es puro, justo, amable y verdadero (Filipenses 4:8) De manera que ellos lleguen a tener un apetito por lo que sea sano y de buen nombre».

Me he dado cuenta de que crecí en un hogar donde estaba muy protegida, en términos de la influencia externa, de ninguna manera en términos de superioridad espiritual, pero había cosas que no podían entrar en nuestro hogar. No había mucha influencia de la cultura de afuera en nuestro hogar.

Algunas personas pensaban que quizás no era la mejor forma de educar a los hijos. Pero esa fue la forma en que mis padres consideraron que Dios quería que nuestra familia creciera. Y esto lo pude sentir cuando estaba lista para ingresar a la universidad.

Cuando estaba en los primeros años universitarios fui transferida a la Universidad del Sur de California a la edad de diecisiete años. Había estado en este hogar piadoso, en un ambiente muy protegido, y ahora me encontraba en la costa oeste, todo un continente lejos de mi familia, y en un sentido realmente pude haber hecho lo que yo hubiese querido.

Pero en mí había un sincero amor por las cosas santas, verdaderas y buenas. Encontré que estas cosas a las cuales de manera repentina estaba siendo expuesta allí en el sur de California no tenían ningún atractivo para mí.

Ahora bien, esto no quiere decir que nunca fui tentada a pecar; lo fui. Pero encontré que la cultura no tenía para mí ese brillo que las cosas de Dios sí tenían. Pienso que esto fue así por la inmensa exposición que tuve a la Palabra de Dios y que para mí era una realidad encontrar la fe cristiana sumamente interesante.

Eso suena mucho a lo que estás buscando hacer con tus hijos.

Missy: Sí claro Nancy, mira yo prefiero que mis hijos tengan juegos imaginarios, y se disfracen, o quizás yo les lea o juegue con ellos. Eso es siempre más entretenido que simplemente sentarnos frente a una televisión o a una computadora, bueno. Esto es lo que yo como madre escojo hacer.

Si ellos quieren jugar en la computadora siempre les tenemos límites. Si quieren jugar, es solo por un poco de tiempo. Pero me doy cuenta de que cuando ven la TV o juegan en la computadora, sus mentecitas al tener que concentrarse en lo que están viendo, se embotan, sus mentes parece como que ¡puf! se apagan.

Así es que me encanta verlos en sus diferentes juegos e imaginaciones de personajes.

Julie: Yo les digo a mis hijos, «sus mentes se van a convertir en papilla de tanta televisión que ven, especialmente en la mañana».

Nancy: Yo sé que ambas y específicamente, Bobbie como madre, hace unos años escogió la prioridad de ser esposa, madre y de formar un hogar. Son mujeres inteligentes, capaces y talentosas que hubieran podido tener una carrera profesional aparte de su familia.

Ustedes escogieron de maneras diferentes enfocar esas energías en sus hogares, en sus esposos y en sus hijos durante esos años de formación. ¿Esta decisión fue una decisión difícil de tomar? Realmente es una decisión totalmente contracultural y contraria a lo que el mundo piensa. ¿Qué fue lo que las motivó a escoger esto?

Julie: Debo tener cuidado porque no quiero dejar la impresión de que fui yo misma que supe lo que debía escoger. Puedo decir que diariamente fue una lucha para mí. Nunca me visualicé como una profesional, pero sí soy muy emprendedora y tengo diariamente una idea de un negocio que algún día quisiera hacer, algo que me encantaría hacer.

Está presente constantemente. Y quizás sea ese el «aguijón en la carne» al cual Pablo hace referencia (2 Corintios 12:7).

Nancy: Eso es el deseo en sí mismo…

Julie: El deseo de administrar una compañía, de empezar un negocio, de ir a trabajar y tener éxito a los ojos del mundo.

Nancy: Y tú puedes hacer todas estas cosas.

Julie: Bueno, no lo sé; creo que sí. Pero es una batalla constante.

Te voy a decir cuándo fue que me di cuenta de qué tanto valor tiene el quedarse en casa siendo una esposa y madre. Recientemente tuve un fuerte deseo de abrir mis alas y volar. Estaba conversando con una amiga que está embarazada y trabaja. Este es su primer bebé.

Y ella me decía, «no sé que voy hacer, mi esposo no quiere que trabaje después de que nazca este bebé». Y se puso a llorar. Ella dijo, «yo no quiero perder mi personalidad».

Quise llorar con ella, y lo hice. Yo pensé, bueno, de eso es que se trata. Y entonces dices, «Señor, quita de mí todo lo que no sea de Ti y lléname de Ti».

Miro hacia atrás con mucho agradecimiento por todas las oportunidades en que invertí tiempo en mis hijos en lugar de invertir mi tiempo en un negocio. Estoy segura de que me lamentaré de aquellos momentos en que decidí chequear mi correspondencia en la computadora en lugar de sentarme a leer un libro con ellos.

Ahí es cuando tenemos que tener la gracia de Dios, y decir, «gracias Señor, gracias porque Tus misericordias son nuevas cada mañana».

Nancy: Y yo estoy aquí pensando en lo que Jesús dijo: «El que pierda su vida la ganará» (Mateo 16:25). ¿Cuántas mujeres han dicho, «me aferro a mi vida para preservarla, mis intereses, mi realización?»

Y esas mismas son algunas de las mujeres que nos escriben diciéndonos, «he perdido mi matrimonio. Mis hijos no tienen un corazón para Dios».

Con esto no quiero decir que si una mujer tiene una carrera fuera de su hogar, necesariamente su matrimonio va a fracasar y que sus hijos van a fallar. Pero, sí les digo que si queremos preservar nuestra vida, Jesús dice que la perderemos.

Él dijo que si entregas tu vida, sea lo que sea que esto signifique, como quiera que esto se vea en las diferentes etapas de la vida de una persona, entonces la ganarás. Ese es el camino de la cruz, la resurrección sigue a la crucifixión.

Pero no hay resurrección sin crucifixión. No hay ganancia sin entrega.

Bobbie: Nancy, estoy aquí sentada y me doy cuenta que tengo la posición ventajosa de mirar hacia atrás. Realmente fue duro. Es decir lloro con Julie porque yo estaba exactamente en su misma etapa cuando tuve que tomar esa misma decisión.

Yo quería ser cantante, y hoy tengo aquí estas dos niñas, sentadas aquí, porque dije, «¿sabes qué?» Yo no voy a tener otra oportunidad… solo tengo esta oportunidad para hacer esto. Yo quiero ser el tipo de mamá, que cuando mire hacia atrás, pueda decir, «Señor yo les di lo que Tú querías que les diera. Yo alimenté tus ovejas».

Lo más interesante de todo, y quiero animar a las madres jóvenes aquí como Julie. A los cincuenta años empecé clases de arte. He escrito muchos libros y he tenido proyectos musicales desde que las niñas crecieron y ahora tienen los suyos. No quiere decir que si no lo haces en tus 20, 30 o tus 40 nunca lo harás.

Nancy: Sé que las personas que nos escuchan han sido tocadas por lo que han oído en esta conversación, así como lo he sido yo. Quiero darles las gracias a Julie, Missy y Bobbie por su transparencia, por cómo Cristo brilla en ustedes, por compartirlo con nuestras oyentes. Yo sé que esto ha traído ánimo y esperanza y al mismo tiempo un reto.

Bobbie, como la mamá y la abuela aquí, madre de estas hijas y abuela de estos cinco preciosos nietos. Me pregunto, ¿orarías por las abuelas y las madres que nos escuchan? Pídele a Dios no solo que las bendiga sino que les dé sabiduría, coraje, fe, ánimo para todo lo que ellas necesitan para ser las madres que Dios quiere que sean en esta etapa de sus vidas.

Bobbie: Me encantaría.

Padre que estás en el cielo, nos aferramos a Ti hoy. A Ti miramos, Tú eres el alto, exaltado y sublime. Eres un buen Dios, y Tú solo das buenas dádivas a Tus hijos. Yo te pido hoy por las madres, y las abuelas de los hogares que están representados y que nos escuchan hoy.

Te doy gracias por cada madre que sabe en su corazón que Tú la amas y amas a sus hijos. Te pido que les hables hoy, les hables sabiduría, coraje y esperanza a su corazón. Ayúdalas a saber que Tú eres suficiente. Llénalas de Ti Señor.

Te pido por las abuelas, que puedan salpicar a sus hijos y nietos con un amor y pasión por Ti. Gracias por las abuelas que los aman y que adoran y leen a los niños. Yo Te doy las gracias por esas abuelas que están orando por sus hijos.

Te pido Señor que Tú nos des la gracia en esta tierra a medida de que entrenamos nuestros hijos a ser piadosos y establecemos fundamentos firmes para los hogares; que Tú nos concedas misericordia y Tu gracia, Tu coraje, Tu sabiduría y la esperanza de todas las cosas que se encuentran en Tu eterna Palabra. Te damos las gracias en el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Annamarie: Espero que hayas hecho esta oración con Bobbie. Ella vivió las verdades sobre las que has estado escuchando, hasta el momento en que el Señor la llamó a Su presencia. Ahora sus hijas Missy Schrader y Julie Tassy, viven estas verdades. Ellas, junto a Nancy DeMoss Wolgemuth nos han estado hablando acerca de cómo podemos cultivar un corazón para Cristo en nuestros hijos.

Encuentra recursos relacionados a este programa en la transcripción del mismo, en AvivaNuestrosCorazones.com. Otro recurso que ya tienes a la mano es el libro de Proverbios. Esta es una gran fuente de sabiduría que Dios nos ha dejado en Su Palabra. Una mujer que ha sido bendecida al leer este y otro recurso relacionado a la crianza de los hijos compartió su testimonio con nosotros. Escucha lo que nos dijo.

Marisol: Este libro es muy hermoso, muy precioso, el libro de los Proverbios, porque se trata de la sabiduría. Eso es lo que cada día como hijas de Dios tenemos que pedirle: sabiduría, para que nos dirija en todo.

Tengo un testimonio muy hermoso que quiero compartir con ustedes. Tengo una niña de once años. Ella tuvo un carácter muy fuerte, fue una niña bastante rebelde, un poquito fuerte. Los domingos hay unos estudios bíblicos en mi iglesia, y me llamó mucho la atención el tema de cómo pastorear el corazón de nuestros hijos. Empecé a estudiar ese libro, me encantó.

Lo leí varias veces y de verdad que ese libro me ayudó muchísimo a darme cuenta de mis fallas como mamá. Empecé a cambiar con mi hija, a tratarla de otra manera, a hablarle del amor de Dios, del temor de Dios, de la obediencia, del respeto, de todo lo que Dios nos habla. Este libro me instruyó mucho para ir cambiando con mi hija.

Empecé a ver el cambio de ella también. Estoy agradecida primeramente con Dios, porque ella ha cambiado muchísimo, ya no es esa niña rebelde que era, que lloraba mucho. Ella ha cambiado muchísimo para la honra y la gloria del Señor. Ese libro me ayudó muchísimo a que ella fuera una niña obediente y todos los devocionales que hacemos en familia por la mañana, los hacemos juntos.

Mi esposo, ella y yo, estudiamos el libro de Proverbios, porque ahí se nos habla sobre la instrucción de nosotros como padres, y como hijos también, la obediencia. Es un libro de verdad muy hermoso que me ha impactado mucho porque me ha enseñado mucho, mucho. 

Doy gracias a Dios porque ha hecho muchas cosas en mi vida, en mi familia, y en lo personal también. 

Annamarie: ¿Alguna vez te has preguntado, «¿cómo cultivo un corazón puro en mis hijos en un mundo de redes sociales y donde somos constantemente bombardeados con material que distorsiona la visión bíblica de la sexualidad?» Mañana Josh McDowell estará con nosotras para hablarnos acerca de esto y mostrarnos qué podemos hacer para ayudar a niños y jóvenes a lidiar con la tentación. Asegúrate de acompañarnos para esta próxima serie de Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a pasar de manera intencional las verdades de la Palabra de Dios a la próxima generación, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Éxodo capítulos 15 al 18.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

«Un Monumento de Adoración en el Valle de la Aflicción» – 5

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

5 – «Un Monumento de Adoración en el Valle de la Aflicción»

Stephen Davey

¿Está Dios verdaderamente involucrado en los desastres naturales?

Acompáñenos en este programa mientras encontramos las respuesta a esta pregunta a través de las Escrituras. Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Cómo la gratitud moldea nuestro servicio

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

Cómo la gratitud moldea nuestro servicio

Steffen Mueller

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

Todo cristiano debería ser profundamente agradecido por múltiples razones. Encontramos algunas de ellas en Colosenses 3:12-17, donde se enumeran las características de las que debemos revestirnos “como escogidos de Dios, santos y amados” (v. 12). 

Dios no nos escogió porque somos más inteligentes, más fuertes o mejor preparados teológicamente que otros, sino por el simple hecho de que Él nos ama. Esto debería humillarnos y a la vez regocijarnos. En Cristo somos santos y somos hijos de Dios, amados por toda la eternidad. Con esta realidad en mente, tú y yo, como creyentes, deberíamos ser humildes cuando interactuamos con otras personas. No somos mejores que ellas; es solo por la gracia de Dios que hemos recibido el perdón de Dios (v. 13) y el amor de Dios. Por lo tanto, debemos amar y servir a Dios en primer lugar, y luego a otras personas. Marcos 10:45 dice: “Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos”.

Un corazón agradecido

No obstante, cuando interactuamos más de cerca con las personas, no nos toma mucho tiempo notar que la gente puede ser complicada y que es pecaminosa. Así que la pregunta es: ¿Cómo reaccionamos? ¿Tendríamos que alejarnos de las personas, por lo menos hasta cierto punto, y mostrarles menos amor y menos servicio centrado en Cristo?

Al pasar mucho tiempo en la Palabra de Dios y al cantar con corazones agradecidos a nuestro gran Dios, somos fortalecidos en nuestro hombre interior para amar y servir.

El mensaje del Evangelio es precisamente lo contrario: ya que tú y yo somos complicados y pecaminosos, Jesucristo vino a salvarnos de nuestros pecados y a hacernos cada vez más como Él. Mientras más crezcamos en semejanza a Cristo, menor será nuestra tendencia a alejarnos de las personas y a negarles nuestras vidas y nuestro servicio. En Colosenses 3:14, Dios dice: “Y sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad”. Un corazón agradecido se manifiesta en el servicio amoroso a Dios y a otras personas. Mientras más agradecidos seamos por la gracia y el amor de Dios en nuestras vidas, mayor será nuestra disposición, compromiso y determinación a amar y servir a otros, aun cuando sean difíciles y pecaminosos.

Libertad para servir

Como pastor, a veces me canso de la gente complicada y pecaminosa. En esos momentos, tengo que recordarme a mí mismo que Jesús nunca se da por vencido conmigo y que nunca deja de amarme y servirme. En Colosenses 3:15, Dios nos dice: “Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”. Es la paz de Cristo, el hecho de que Jesús me ha perdonado por completo y me ama perfectamente, la que me ayuda a amar y servir a otros. No necesito que otras personas me den algo de amor o de respeto para yo servirles (aunque todos queremos que ser amados y respetados). Solo en Cristo encuentro paz perfecta, aceptación perfecta, amor perfecto y fidelidad perfecta. Nadie me ama más que Jesucristo, y nadie está más comprometido conmigo que Jesucristo. Eso me da una paz que sobrepasa el entendimiento y me libera para amar y servir a otras personas incondicionalmente.

Fortaleza mediante la adoración

Una manera práctica en la que podemos ser fortalecidos para vivir en conformidad a estas grandes verdades se presenta en Colosenses 3:16, donde Pablo dice: “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones”. Al pasar mucho tiempo en la Palabra de Dios y al cantar con corazones agradecidos a nuestro gran Dios, somos fortalecidos en nuestro hombre interior para amar y servir. El versículo 17 es un cierre maravilloso para este precioso pasaje bíblico: “Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de Él a Dios el Padre”.

Hay un sinfín de razones por las que debemos estar agradecidos de Dios. Mencionaré una más. En Hebreos 12:28-29, Dios nos dice: “Por lo cual, puesto que recibimos un Reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor”. El hecho de que el Reino de Dios sea inconmovible nos da seguridad y paz, y es un gran estímulo para servir a nuestro Dios santo, adorándolo con temor y reverencia. Que solo a Dios sea la gloria.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Steffen Mueller
Steffen Mueller

El Rev. Steffen Mueller está plantando la iglesia Gospel Church München en Múnich, Alemania.

Esperanza para madres imperfectas – Ene 18

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Nutre el corazón de tus hijos

Aviva Nuestros Corazones

Ene 18 – Esperanza para madres imperfectas

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/esperanza-para-madres-imperfectas/

Annamarie Sauter:¿Crees que el hecho de que tus hijos vean tus debilidades es algo malo?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Todo lo que podamos hacer separadas de Cristo no tiene ningún valor eterno o valor duradero, y así para tus hijos el ver tu necesidad desesperada por Cristo, para tus hijos el ver eso, es algo bueno.

Annamarie:Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí en Aviva Nuestros Corazones nos encanta profundizar en la Escritura, y también nos encanta conversar acerca de cómo esta se aplica a nuestras vidas en el día a día. En los próximos programas nos enfocaremos en un tema muy práctico, que es la crianza de los hijos. Seas madre o mentora, joven o mayor, sé que serás grandemente edificada.

Hoy escucharás a Bobbie, quien fue la primera esposa de Robert Wolgemuth y ahora se encuentra en la presencia del Señor luego de una batalla contra el cáncer. También escucharás a sus dos hijas, Missy y Julie. Aquí está Nancy para dar inicio a la conversación.

Nancy DeMoss Wolgemuth:Quiero que tomemoseste tiempo para hablar sobre cómo cultivar un corazón para Cristo en los corazones de tus hijos.

Tenemos muchas madres pidiéndonos opinión y ayuda en esta área.

Algunas son madres cuyos hijos son todavía jóvenes y receptivos, y ellas nos dicen, «dennos algunos consejos y sabiduría sobre cómo podemos nutrir la fe de nuestros hijos». Otras son madres y abuelas que nos escriben con corazones rotos, diciendo: «Mis hijos no caminan con el Señor. ¿Qué podemos hacer?»

Por supuesto, mientras más pequeños son los niños, mejor y más fácil será moldear sus corazones, pero queremos darles a las familias esperanza y algunos consejos prácticos como abuelas y madres. Así que aquí tenemos una familia que tiene un rico legado multigeneracional, desde los padres de Robert. Tus abuelos, Bobbie, influyeron en tu vida, a pesar de que tus padres no eran creyentes. ¿Estoy en lo cierto con eso, verdad?

Bobbie Wolgemuth: Eso es correcto Nancy. Mis abuelos fueron firmes creyentes. Mis padres se apartaron de Jesús y realmente no sé por qué.

Nancy: Entonces Bobbie, creciste en un hogar donde, aunque tuviste la influencia piadosa y positiva de tus abuelos, también estuvo la influencia del mundo que veías en tu propia familia.

Bobbie: Sí, así es Nancy.

Nancy: Mientras te he escuchado hablar sobre esto, creo, en cierto sentido, que es una especie de aliento para las mamás que podrán decir, «no tengo esta herencia de una gran fe. Mis padres no eran cristianos, tal vez eran cristianos pero no grandes creyentes». Pero has demostrado que es posible obtener la gracia de Dios y seguir adelante.

Bobbie: Cuán maravilloso es el Señor en darnos una oportunidad de comenzar hábitos generacionales que son positivos y piadosos. El Señor me animó cuando era una madre joven. Tuve mentoras. Entre ellas la madre de Robert, y las niñas recuerdan ver La casita de la pradera cada semana conmigo. Me encantaba Caroline Ingalls. Ella leía su Biblia, asistía a la iglesia cada semana, era amable con su marido. Así mismo el Señor me dio también otras mujeres en la iglesia que me enseñaron y me ayudaron a entender lo que es ser una madre piadosa. Estaba realmente criando con mucha necesidad. No sabía cómo lucía ser una buena madre.

Mi mamá falleció hace doce años, y ella no tuvo los recursos para guiarme espiritualmente como niña, para nutrir mi corazón. Tal vez es por eso que estaba tan desesperada por entender y nutrir los corazones de Missy y Julie, porque yo realmente quería que ellas conocieran a Jesús. Realmente quería conectarlas con Él, no solo conmigo.

Me di cuenta que no tenía que ser una madre perfecta. Tenía que ser una mamá que les mostrara a mis hijas hacia dónde ir para ser transformadas. No era una madre perfecta, pero yo sabía a dónde ir para ser transformada. Tal vez ese fue el punto de partida, donde me vieron luchar. Me vieron llorar. Me vieron desesperadamente tratar de levantarme y tener un momento de tranquilidad, porque sabía que esa era mi línea de vida. Ellas, en cierta forma, maduraron conmigo. Creo que éramos un equipo, nosotras tres. Cantábamos juntas. Orábamos juntas.

Creo que la idea de ser una madre transparente es que nuestros hijos lo sepan… quiero decir, no es que sea una sorpresa para ellos, «oh, mamá está enojada», o «mamá ha tenido un mal día». Ellos lo ven. He oído a Missy decirles a sus hijos, «mami necesita que ustedes la perdonen. Lo que acabo de decir no fue amable».

Nancy: Chicas ¿y ustedes se identifican al ver ese patrón en la vida de su mamá cuando eran niñas? ¿Cómo estaban viendo ese proceso, esa transparencia?

Julie Tassy: Creo que resulta más fácil ahora, como madre, el ser honesta con mis hijos sobre mis defectos y decir, «¿sabes qué, cariño?, estás pasando por un mal momento con el dominio propio. Mamá tiene dificultades con el dominio propio. Necesitamos orar juntas para que el Señor nos dé de Su Espíritu Santo, porque el fruto del Espíritu Santo es el dominio propio. No podemos sacarlo de adentro ni forzarlo, pero el Señor nos puede llenar, y entonces ese es el fruto que vemos».

Nancy, hablabas hace un rato de cultivar un corazón para Dios en nuestros hijos. Esa es una palabra tan perfecta, porque no podemos hacer que nuestros hijos amen al Señor.

El año pasado pensé que sería una experiencia genial plantar un jardín con mis hijos. En lugar de ir y comprar una planta de tomate, decidimos empezar sembrando la semilla. Eso es mucho trabajo. Se convirtió en un proyecto, porque los niños se sentían realizados. El primer día plantamos las semillas y ellos esperaban y esperaban…

Nancy: Pero no había tomates para el mediodía, así que era demasiado tiempo de espera.

Julie: No, ellos estaban emocionados una vez creció el fruto, pero eso tomó muchos meses.

Nancy: ¿No es así mismo con la crianza?

Julie: Esa es la crianza. Estamos esparciendo las semillas. Estamos fertilizando. Estamos haciendo lo mejor, pero solo Dios puede hacer crecer una planta, y solo Dios puede hacer crecer el fruto.

Nancy: Y toma tiempo, y no ves el fruto a veces durante años y años.

Julie: Es cierto, y de vez en cuando puedo vislumbrar un fruto.

Tomé papel de colores e hice un árbol de papel color verde y marrón, lo mandé a laminar y lo coloqué en nuestra cocina, y cuando miro a las chicas haciendo algo en donde veo al Señor actuando en ellas, digo, «oh, ¡veo un fruto!» Tenemos estas etiquetas en forma de frutas, y ellas van y pegan su calcomanía en el árbol.

Nancy: Excelente.

Julie: Ellas se han cautivado por eso, así que ahora preguntan, «¿puedo poner una fruta en el árbol?» Y entonces les digo, «bueno, necesito ver un poco de fruto».

Nancy: «¿Viste eso que hice con humildad? ¿Puedo poner un pedazo de fruta allí?»

Julie: Mi hija lo descubrió y me dijo, «mami, te quiero, eres bella; ¿puedo poner un poco de fruta en el árbol?»

Nancy: Pero las estás entrenando para que piensen desde la perspectiva de Dios y los asuntos del corazón y no solo en lo externo. El fruto es lo que ves que viene del corazón.

Julie: Sí. Y es todo obra del Señor. No podemos ser el Espíritu Santo para nuestros hijos.

Recuerdo a Missy llorando y diciendo: «Quiero ser el Espíritu Santo de mis hijos, y no puedo. Solo Dios puede ablandar sus corazones».

Missy: Pero puedo orar.

Julie: Podemos orar por ellos y cultivar eso. Creo que esa es una palabra tan poderosa.

Missy: Ser madre es tan humillante, porque realmente ves tu propio pecado. Quiero decir, las cosas que salen de tu boca hacia tus hijos. A menudo pienso, esto es exactamente lo que el Señor me está diciendo a mí. Si digo, «¿no crees que voy a cuidar de ti? Ten paciencia». Como que el Señor probablemente me está diciendo lo mismo, «no crees que voy a cuidar de ti? Ten paciencia».

Pienso que en mi propio deseo de controlarlo todo a mi alrededor para que todo sea agradable y esté perfectamente acomodado, desearía ser el Espíritu Santo, pero no puedo. Creo que todo empieza para mí con esta hambre y deseo para agradar al Señor, y entonces eso es lo que les digo a mis hijos. «Esto es lo que quiero hacer. Quiero agradar al Señor, y ¿sabes qué?, me equivoqué, así que tengo que pedir perdón».

Quiero animarlos a que su objetivo número uno sea agradar al Señor.

Si un profesor viene y me dice, «ellos están luchando con la lectura», y al mismo tiempo me dice que han sido una bendición para el profesor en su atención y respeto, yo diría, «oh, eso es mucho más importante. Vamos a trabajar en la lectura, pero lo más importante es que ustedes están agradando al Señor».

Creo que ese es el tema que intento explicarles. «Mamá quiere complacer al Señor, y mi deseo es que ustedes agraden a Dios. ¿Qué les parece?» Así que podemos hablar sobre eso. Siento que tenemos muchas conversaciones, nuestra escuela está a veinte minutos de distancia de la casa, así que tenemos mucho tiempo para cantar, conversar y simplemente expresar cómo nos quedamos cortos, y que realmente necesitamos al Señor y le pedimos que nos dé la fuerza para complacerlo.

Nancy: Ahora, las he escuchado a ambas, en realidad a las tres, hablar sobre conversaciones con sus hijos. Me parece, Bobbie, que lo que hacías cuando tus hijas eran pequeñas, y ahora Missy y Julie con sus hijos a su vez, es tener muchas conversaciones con ellos. No solo están hablando con ellos, sino que la conversación es sobre asuntos espirituales.

Bobbie: Honestamente debo decir que tenía un déficit real en conversaciones sobre el corazón. Las relaciones no eran amplias en mi familia. Tuve una niñera a tiempo completo y mi madre no pasaba mucho tiempo leyéndome o hablando conmigo. Así que entré en la maternidad, de verdad, me da vergüenza cuando miro atrás. Estoy más que avergonzada, me entristece el hecho de no haber pasado más tiempo leyéndoles a Missy y a Julie cuando eran pequeñas, y más tiempo hablando con ellas y escuchándolas.

Me encuentro ahora mismo, siendo abuela, y no soy muy buena para escuchar a menudo, y por eso siento que estar cerca de Jesucristo ha transformado quien soy.

Aun cometo muchos errores, es por eso que los himnos, En la cruz, en la cruz, yo primero vi la luz, o Solo de Jesús la sangre…esos himnos significan mucho para mí.

Constantemente estoy diciendo, «Señor, necesito que tan solo puedas limpiar esa actitud que acabo de manifestar ante mi familia, porque estaba siendo egoísta cuando realmente no quería escuchar a esa persona. Ponme nuevamente en el camino, donde estoy mirando sus ojos, escuchando sus voces, tratando de escuchar la necesidad por debajo de la voz». Hasta ahí es donde quiero llegar. Quiero llegar al punto donde pueda afirmar, «cariño, te escuché decir… esto», y luego retroalimentar sobre eso. Todavía se me hace difícil hacerlo.

Recuerdo haberle dicho a Robert recientemente, «quisiera terminar con todos mis defectos de personalidad».

Nancy: ¿No quisiéramos todas eso? «Señor, santifícame ahora».

Bobbie: Sí. No sé por qué sigo teniendo que tratar con lo mismo, pero está bien, porque es en ese punto en donde Jesús sale a mi encuentro, porque no puedo hacerlo por mi cuenta.

Missy: Creo que las madres jóvenes—y me incluyo en esto y yo sé que tú también Julie— podemos castigarnos tanto, porque no somos perfectas en esto. Cada día es un nuevo día y nosotras podemos pensar, gracias Señor, por Tu nueva misericordia esta mañana y arrodillarnos. Anhelo tener mi tiempo de quietud. Entonces alguien se despierta y mientras está caminando por las escaleras, se cae y se lastima, se pone a llorar y eso provoca que se despierte otra persona.

Es decir, por un momento eres perfecta, «hoy va a ser el día en que voy a tener una voz suave». Solo toma un segundo, y tú simplemente lo estropeas. Creo que es ahí en donde podemos recordarnos mutuamente como madres que Su gracia es suficiente.

Nuestros hijos están tan llenos de gracia para perdonarnos, y qué bendición son ellos para mí en su manera tan rápida para perdonar. Me enseñan. Le he pedido al Señor muchas veces, que a pesar de mis defectos, continúe cultivando un amor por el Señor en mis hijos y aun así que sigan creciendo para agradar al Señor y deseen más que nada agradarle y encontrar su identidad en Él, a pesar de mis propios defectos, porque los tengo. No importa cuántas veces piense, este va a ser el día en que voy a tener un espíritu agradable, todavía quedo corta cada vez que lo pienso.

Nancy: Bueno, eso nos lleva de vuelta a la Cruz, a Cristo, de vuelta a Su gracia. Todo lo que podamos hacer separadas de Cristo no tiene ningún valor eterno o valor duradero, y así para tus hijos el ver tu necesidad desesperada por Cristo, es algo bueno. 

Creo que a veces cuando criamos o ministramos o servimos o hacemos cualquier cosa en nuestras propias fuerzas, estamos entonces en nuestro punto más débil. Es cuando reconocemos nuestras debilidades, que somos atraídas hacia Su fuerza para llenarnos.

Julie: Te digo que como madre de dos niños pequeños, mi momento más glorioso es cuando los veo invocando al Señor.

Mi hija estaba tratando de romper un hábito. Era generalmente cuando ella estaba más cansada, que se chupaba los dedos. Habíamos intentado todo. «La recompensaremos. Vamos a castigarla. ¿Qué vamos a hacer? Tenemos que romper con este mal hábito».

Un día estábamos manejando y noto que empieza a meterse los dedos en la boca. Ella me mira y dice, «mamá, ora por mí». Ella tiene tres años, y entiende que Dios no es un policía malvado que la va a apresar cuando ella se porte mal. Dios la ama y quiere entregarse a ella y darle Su poder y Su fuerza, y entonces ella dijo: «Ora por mí». Qué momento más tierno y precioso ver a tu hijo invocando al Señor.

Mi oración es que ellos me vean haciendo eso. Lo que no quiero hacer es ponerme como una autoridad en todo, sino decir, «mira a Jesús. Él es la fuerza. Él es nuestro Redentor. Él es a quien necesitamos. Así que no tengo todas tus respuestas. No lo entiendo todo. Todo lo que quiero que hagas es simplemente invocar a Jesús».

Missy: Piensoque el diálogo, curiosamente, pone en evidencia la desobediencia. Por ejemplo, ella es capaz de decirle a su mami, «ora por mí porque me estoy chupando los dedos». Ahora adelanta diez o quince años cuando ella esté enfrentando problemas de adolescentes, siendo capaz de ir a donde su mamá y su papá y decirles, «estoy realmente luchando con esto», ya sea una actitud, una acción. Hablar de algunas de estas cosas contribuye a eliminar el misterio que hace que los jóvenes quieran rebelarse, por lo menos eso creo.

Nancy: Ustedes chicas, Julie y Missy, durante su adolescencia ¿ustedes sentían la libertad de ir y hablar con su mamá sobre sus luchas?

Julie: Yo realmente lo hice.

Missy: Bueno la gente decía, «¿le dijiste eso a tu mamá?» Puedo recordar eso. Me encanta. Quiero eso para Abby y para mí. Quiero que ella como mi hija venga y comparta conmigo.

Nancy: ¿Qué piensan ustedes que creó esa sensación de libertad y de transparencia en su relación? No creo que la mayoría de las personas puedan decir que, como adolescentes, sintieron que era fácil comunicarse con sus madres, pero de alguna manera ustedes lo hicieron, lo lograron; ¿qué les dio esa libertad?

Missy: Pienso que había una seguridad allí que nos permitía hacerlo. Sabíamos que mamá no iba a enloquecer con lo que dijéramos, sino que iba a ser capaz de manejarlo. Creo que la seguridad de saber que le voy a decir algo a mamá, y aunque quizás más tarde iría toda asustada con papá, ella aceptó lo que le dijimos y solo escuchó. No tenía miedo de ir y decirle algo a ella.

Julie: Cuando haces una mala elección, sabiendo que puedes acudir a tus padres para pedir perdón y ayuda… Recuerdo mi segundo año en la universidad, fui a casa. Estaba en casa durante el verano, y recuerdo que sentí la libertad de ir a donde papá y decirle, «papá, me siento tan seca espiritualmente. Es que, no sé qué está pasando. Realmente me siento muy lejos del Señor». Lo que ocurrió durante ese verano fue tan dulce y tan enriquecedor.

Él dijo: «bueno, vamos a hacer algo al respecto. Vamos a reunirnos a leer la Biblia y a orar juntos», y eso fue todo lo que hicimos. Él no me atacó y dijo, «bueno, ¿qué fue lo que hiciste?» No intentó encontrar qué pecado en mi vida estaba causando esta distancia. Él solamente dijo: «Déjame conducirte y vamos juntos al Señor».

Ese verano siempre será un recuerdo especial para nosotros.

Nancy: ¿Y qué tal cuando se trataba de chicos? Cuando eran unas jovencitas adolescentes en la escuela secundaria, y cuando comenzaron a llegar…

Missy: Julie, tú puedes responder eso mejor que yo.

Nancy: ¿Acaso Julie tiene un poco más de experiencia en esto?

Missy: Sin resentimientos.

Nancy: ¿Ese era un tema fácil de abordar para sus padres?

Julie: Absolutamente. Solo recuerdo una de las cosas más importantes que mamá nos enseñó. Mamá estaba enamorada de nuestro padre. Contemplar eso fue tan poderoso y yo pensaba, «quiero eso». Mamá fue honesta con nosotras acerca de lo que se requería de nosotras como hijas de Dios en cuanto a la pureza, el preservarnos y ocuparnos en lo que el Señor quería para nuestras vidas. Nos dio una meta muy alta de alcanzar, que vendría con una gratificación retardada, que vendría de esperar por nuestros esposos, siendo que Dios proveería lo que tenía reservado para nosotras.

Nancy: ¿Cuándo empezaron a tener este tipo de conversaciones?

Bobbie: Diría que a los cinco años de edad, quizás cuatro. Orábamos todas las noches por los maridos de Julie y de Missy cuando eran pequeñas. Realmente ellas se involucraron mucho en la oración porque recuerdo una noche que tuvimos…

Nancy: ¿Ustedes oraban para que ellas los escucharan?

Bobbie: Orábamos con las chicas cada noche antes de acostarnos y orábamos por sus cónyuges, donde quiera que se encontraran. Eso era lo que hacíamos. «Donde quiera que se encuentre el esposo de Julie, ruego que él obedezca a su mamá». Siempre tratábamos de mencionar una característica apropiada para esa edad; «que obedezca a su mami, que sea un buen estudiante», cosas así, pero también orábamos, «que él no coma dulces»… Esa la incluíamos también en ocasiones.

Julie: Para mí.

Bobbie: Una noche dijimos «amén» y Julie dijo: «Espero que mi esposo no se haya caído de la bicicleta hoy», porque allí era donde su pequeña mente estaba.

Cuando se hicieron mayores, teníamos una prima que dijo: «Hice una lista de lo que quiero en un esposo algún día», y ella tenía una lista. Comenzaba así: que ame a Jesucristo. Número dos: que sea virgen. Tres: que ame a su madre. Hizo su lista. Entonces, no recuerdo bien qué edad ustedes tenían, chicas, probablemente eran adolescentes, tal vez estudiantes de segundo año en la secundaria creo. Así que ellas dijeron: «Oh, sería divertido». Así que ambas hicieron sus listas.

Nancy: ¿Así que se les ocurrió hacer sus propias listas?

Bobbie: Sí Missy y Julie hicieron sus propias listas, pero siempre comenzaban así, que sea un hombre de Dios. Así que hicieron sus listas y las escondieron en algún lugar. Fue muy interesante. Missy y yo, después de que ella tuvo su segundo hijo, en una ocasión en que yo estaba en su casa, ella dijo: «Mira, mamá», y estaba en el cajón de su escritorio. Ahí estaba la lista de su esposo. Una de las cosas en su lista era «que ame a su madre». Pensé, «¿no es interesante que allí hubo algún tipo de dispositivo en las chicas, donde esa lista estableció un estándar?»

Si Julie y Missy salían con un chico que no reuniera los requisitos de una persona que me agradara, o una persona que amara a Dios con todo su corazón, entonces esa persona no reunía las condiciones de esa lista. Ya sea que se hablara abiertamente o no, ese pequeño dispositivo estaba ahí. Muchas veces hablamos sobre personas de carácter y personas que admiramos, que amen a Cristo con todo su corazón y ese era el tipo de persona hacia las cuales ellas eran atraídas.

Nancy: Una cosa es que tu mamá te diga que «quieras casarte con un hombre que ame al Señor, que sea virgen, que quiera a su madre», lo que sea, pero qué hizo que ustedes mismas quisieran estas cosas.

Missy: Me remonto a lo que Julie mencionó cuando dijo que vimos a mamá y a papá teniendo eso. Creo que mamá nos animó a desear lo mejor de Dios para nuestras vidas. Debe haber sido el Espíritu Santo, supongo, que lo puso ahí.

Bobbie: Absolutamente.

Missy: Puedo recordar estar leyendo mi lista y decir, «oh, he olvidado algunas de las cosas que él tiene en mi lista».

Julie: Incluso ahora como madre mi relación con mi esposo puede ser afectada debido a la carga de los niños. Utilizo la palabra carga cuidadosamente porque ellos son una bendición, pero tu relación con tu esposo puede estar desgastada por toda la energía que has vertido en tus hijos todo el día, y entonces deseas tener algo, una sonrisa, para tu esposo cuando entra por la puerta.

Vienen a mi memoria, incluso ahora puedo pensar en algunos recuerdos. Mi papá tenía que trabajar hasta tarde una noche, así que mamá preparó una cena tipo picnic (campestre) y nos llevó a Missy y a mí al despacho de mi padre. Nos sentamos a cenar esta cena campestre, porque de lo contrario él no nos habría visto este día.

Esos recuerdos me ayudan, como madre, a humillarme y a no exigir mis derechos, a no exigir que deba tener un tiempo libre. Eso es algo muy difícil de hacer.

Bobbie: Pienso que otra cosa que siempre quería que las chicas tuvieran era una relación con su padre. Así que si ellas me decían, «papá hirió mis sentimientos». Él dijo… No sé, quizás algo acerca de sus zapatos o lo que fuera. Yo les decía, «tienes que ir a donde tu papá y hablar con él sobre eso», porque el mejor regalo que podía darles a mis hijas (hablando de diálogo) era su capacidad para decirle a un hombre cómo se sienten y expresar sus deseos y necesidades propias. Siendo capaces de expresar quiénes eran y qué necesitaban, yo sabía que esa relación con su padre sería más fuerte, y no necesitarían un novio para validarlas.

Annamarie: Has estado escuchando una conversación entre Nancy DeMoss Wolgemuth, Missy Schrader, Julie Tassy y Bobbie—quien ya se encuentra en la presencia del Señor. Y tú, ¿reconoces tu imperfección y tu necesidad de la gracia de Dios para vivir con sabiduría?

Una mujer que ha experimentado la gracia de Dios cubriendo su imperfección compartió su testimonio con nosotras. Escucha lo que ella nos dijo luego de oír una serie de programas titulada, Porque Él me ama.

Mujer: Conozco a Cristo desde que tengo 14 años y eso fue hace más de 20 años. Siento que cuando estaba recién convertida, en mi espíritu entendí estas verdades. Sentí que había sido perdonada, que era libre para llegar al Padre, que podía morir en cualquier momento, que Él me adoptó como Su hija, pero con el transcurso del tiempo, yo ya no estaba enfocada en la gracia sino en mí misma, y en hacer de mí misma la mejor versión posible con mi propio esfuerzo.

Eso, sin darnos cuenta, nos roba el gozo de una relación cercana con papá Dios y debilita nuestro testimonio porque nadie quiere un cristianismo que se trata de un cúmulo de reglas solamente, sino de amor entre el Padre y yo. Quería compartirles este testimonio porque no puedo creer que recién redescubrí la gracia, después de esta serie, después de estos días.

Cada día me he tenido que recordar que el fallo que hice con mis hijos, como esposa, el Señor ya lo tiene cubierto con Su sangre. El Señor me sigue amando como hija, y eso es fuerza para volver al trono de la gracia, volver a buscar perdón, arrepentimiento y seguir gozosa mi camino con la mirada puesta solamente en Jesús y en que Él es suficiente y yo nunca lo seré. 

Annamarie: Espero que al igual que esta mujer, si hoy te has visto hoy como una madre imperfecta, puedas descansar en la gracia de Dios.

¿Cuánta televisión debo permitirles ver a mis hijos? ¿Qué vestimenta es apropiada? ¿Cuáles amigos influyen positivamente en sus vidas? Acompáñanos mañana para escuchar acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a pasar de manera intencional las verdades de la Palabra de Dios a la próxima generación, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Éxodo capítulos 12 al 14.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Contentos con lo que tenemos | Hebreos 13:5-6

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Sermones IBSJ

Contentos con lo que tenemos | Hebreos 13:5-6

Marcos Peña

Marcos Peña fue llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos.

Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

www.ibsj.org

«Conflicto Israel – Palestina» – 77

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

77 – «Conflicto Israel – Palestina»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

www.entendiendolostiempos.org

Ayudando a nuestros hijos a ser agradecidos

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

Ayudando a nuestros hijos a ser agradecidos

Melissa Kruger

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

Todos salimos llorando de la heladería. Lo que debió ser una divertida salida de verano terminó siendo una crisis familiar. Tan solo cinco minutos antes, habíamos entrado a la heladería emocionados y sonrientes. Sin embargo, mientras les explicaba a mis tres hijos que solo podían ordenar una bola de helado (en lugar de algo más costoso con siropes y chispas por encima), sus rostros cambiaron y comenzaron a quejarse. Al ver sus reacciones, me di cuenta de que era hora de enseñarles una dura lección. “Nos vamos todos al auto. Hoy no compraremos helado”.

Mis hijos me miraron sorprendidos, y luego con lágrimas en sus ojos. Yo también lloraba. Hay veces que enseñar una lección duele tanto como aprenderla. Yo deseaba comer ese rico helado con mis hijos, pero mi mayor preocupación era sus corazones. Si no podían ser agradecidos con una bola de helado porque vieron algo mejor, ¿cómo aprenderían a ser agradecidos en un mundo que siempre está incitándoles a querer más?

Este mundo nunca nos dará satisfacción. Tampoco le dará satisfacción a nuestros hijos.

Cultivar el agradecimiento en nuestros hijos no es una tarea sencilla. Vivimos en un mundo caído, por lo que toda la vida será una mezcla de bendiciones y dificultades. Aun como adultos, somos tentados a enfocarnos en lo que nos falta, en lugar de regocijarnos por lo que ya hemos recibido. Tendemos a sentirnos merecedores de lo bueno y a sorprendernos de las dificultades. Sin embargo, con la ayuda del Espíritu, podemos entrenar nuestras mentes para que lleven todo pensamiento cautivo (2 Co 10:5) y ayudar a nuestros hijos para que aprendan a ser agradecidos aun cuando las circunstancias no estén a la altura de nuestras expectativas o esperanzas.

Beneficiarios agradecidos 

Una de las primeras maneras en las que modelamos una vida de agradecimiento es expresándolo a nuestros hijos. Aunque parezca contradictorio, pedir a nuestros hijos que ayuden en el hogar les da oportunidades para crecer en gratitud (aunque se quejen). A los hijos les encantan los elogios de sus padres. Cuando se esfuerzan y les decimos: «¡Buen trabajo!» o «¡Estoy muy orgulloso de ti!», ellos aprenden la importancia de mostrar aprecio a los demás.

También aprenden el esfuerzo que requieren las tareas del hogar, lo cual les ayuda a ser más agradecidos cuando otra persona les sirve. Cada noche después de la cena, mis hijos limpian todas las ollas y sartenes, recogen los platos y limpian las mesetas. Algunas noches, cuando están ocupados haciendo sus tareas escolares o practicando algún deporte, me ofrezco a limpiar la cocina por ellos. Sus rostros siempre se iluminan con profunda gratitud, una gratitud que no tendrían si fuera yo quien limpiara la cocina todas las noches. Son fieles en devolverme (con abrazos y palabras de ánimo) el agradecimiento que han recibido.

Practicando el agradecimiento

Incorporar ejercicios de agradecimiento en nuestras rutinas diarias es otra manera de ayudar a nuestros hijos a crecer en gratitud. Enseñarles a decir “gracias” por una tarde de juegos, a expresar gratitud por el almuerzo o a escribir notas de agradecimiento junto con los regalos son ejercicios sencillos que ayudan a nuestros hijos a entender la importancia de ser agradecidos.

A medida que leemos la Biblia con nuestros hijos y les enseñamos a orar, ellos aprenden a dar gracias a Dios, el Dador de toda buena dádiva y todo don perfecto (Stg 1:17). Pueden darle las gracias como Creador por los patios de recreo, las mascotas, los maestros, la familia, la iglesia y su peluche favorito. Pueden regocijarse en la sabiduría, el poder y la misericordia de Dios al aprender sobre las historias del Antiguo Testamento. Pueden dar gracias a Dios por Su amor, gracia y perdón al aprender sobre Jesús.

Nuestros hijos también aprenden a ser agradecidos por las oportunidades que tienen de dar generosamente. Ya sea compartiendo su juguete favorito con un amigo o colocando parte de su mesada en el plato de las ofrendas, a medida que ellos dan fielmente a los demás, experimentan la veracidad de las palabras de Jesús: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch 20:35). Los hábitos que tenemos en el hogar fomentan hábitos de agradecimiento en las vidas de nuestros hijos.

Ejemplos de agradecimiento 

La manera más poderosa (y quizá la más difícil) de enseñar a nuestros hijos a ser agradecidos es a través de nuestro propio ejemplo. Pablo nos exhorta: “Estad siempre gozosos; orad sin cesar; dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes 5:16-18). ¿Las circunstancias te roban el gozo? ¿Es la queja un hábito en tu hogar? ¿Suele haber palabras de agradecimiento en tus labios? El ejemplo que damos a nuestros hijos les enseña en maneras que nuestras palabras nunca podrían hacerlo.

Este mundo nunca nos dará satisfacción. Tampoco le dará satisfacción a nuestros hijos. A medida que pongamos nuestra esperanza en algo mejor, en algo eterno, en algo que está por venir, nuestros hijos aprenderán de nuestro ejemplo. Nuestro agradecimiento no debe depender de lo bueno que haya sido nuestro día, sino de lo bueno que es nuestro Dios.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Melissa Kruger
Melissa Kruger

Melissa Kruger es coordinadora del ministerio de mujeres en la iglesia Uptown Church de Charlotte, Carolina del Norte. Es autora de varios libros, entre ellos The Envy of Eve [La envidia de Eva]. Es la maestra destacada en la serie de Ligonier titulada Contentment [El contentamiento].