Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.
En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.
Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.
Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.
El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.
“Cuando llegué a esa sala de reuniones, no me mandaron a lavarme las manos como en el hospital. Sin embargo, creo que mis ojos fueron lavados; se me aclararon de manera increíble, al fondo vi un gran letrero que decía: Predicamos a Cristo crucificado.
Aquel día escuché el Evangelio por primera vez y comprendí que solo la sangre de Jesucristo podía limpiarme de todo pecado. ¡Qué cambio tan grande sucedió en mí cuando vine a este Cristo crucificado, confesándole mi vida de pecado, lejos de Él! Lavó mi alma perfectamente y para la eternidad. Porque “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).” Esteban
La Biblia nos indica el camino hacia el cielo. Allí ningún pecado ni ninguna mancha pueden entrar. La purificación del creyente es perfecta y plenamente suficiente porque descansa en el valor de la sangre de Cristo, derramada una sola vez. 1 Corintios 6:11 nos dice: “Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”. Pero en su andar, el creyente se da cuenta de que muchas cosas en este mundo lo ensucian e interrumpen su comunión con Dios. Entonces es preciso dejar que el Señor nos lave por medio de la Palabra.
Las pandemias son reales, y tenemos que seguir las medidas de higiene y de salud que nos son recomendadas por las autoridades, pero qué bueno recordar que Dios está por encima de todas las cosas. El mundo está dominado por la ansiedad, pero los brazos del que dice: “Venid a mí todos…” están abiertos para acogernos. Solo Él puede darnos una verdadera seguridad.
Mira nuestro video Lee la Biblia sobre 1era de Pedro, que desglosa el diseño literario del libro y su línea de pensamiento. Pedro ofrece esperanza a los cristianos perseguidos y les guía con instrucciones prácticas para vivir una vida coherente con la decisión de seguir a Jesús.
Episodio 58 – ¿Cómo hablo con mis hijos sobre el coronavirus?
John Piper
Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.
Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.
El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.
“En plena pandemia del coronavirus, cumplí con la cita médica programada para un control del marcapasos que me fue instalado hace dos años.
Cuando llegué al hospital, hombres vestidos con trajes especiales me interpelaron:
– ¿Qué desea?
– Tengo una cita con el cardiólogo.
– Primero vaya a esa gran carpa.
Seguí el camino indicado en el suelo.
– ¿Qué desea?, preguntó una enfermera.
– Tengo cita con el cardiólogo a las 11:30.
– Vaya a esa cabina.
Allí me atendió otra enfermera ubicada detrás de un plástico protector.
– ¿Tiene una confirmación de la cita?
– Sí señora, aquí está. Después de mirar detenidamente la orden, me entregó un papel verde.
– Con esto lo dejarán entrar en el hospital.
Para ingresar a la enorme carpa, tuve que lavarme las manos; al salir de allí, tuve que lavármelas por segunda vez; al entrar al hospital, me exigieron lavarme las manos; antes de sentarme en la sala de espera, me lavé las manos por cuarta vez; después de que el médico revisó el marcapasos, me las lavé otra vez, antes de salir del hospital. Cuando por fin terminé este largo recorrido, pensé jocosamente: ¿a qué viniste al hospital? ¿Estás tan sucio que debes lavarte las manos cada rato?
Meditando un poco en esto, recordé la primera vez que entré en una sala donde se predicaba el Evangelio. ¡Cuán grande ha sido mi Señor!”.
La primera oración que aprendí siendo un niño fue la sencilla oración de agradecimiento frente a los alimentos: «Dios es grande; Dios es bueno. Y le agradecemos estos alimentos». Supongo que esta oración debería de rimar. Al menos, rimaba cuando la recitaba mi abuela que pronunciaba food («alimentos») de manera tal que rimara con good («bueno»).
Estas dos virtudes asignadas a Dios en esta oración, la grandeza y la bondad, están comprendidas en una sola palabra bíblica, la santidad. Cuando hablamos de la santidad de Dios, estamos muy acostumbrados a asociarla casi exclusivamente con la pureza y la justicia de Dios. Sin duda que la idea de santidad contiene dichas virtudes, pero no constituyen el significado principal de la santidad.
La palabra bíblica santo tiene dos significados distintos. El significado principal es «lo apartado» o «lo otro». Cuando decimos que Dios es santo, estamos llamando la atención a la profunda diferencia que existe entre Él y todas las demás criaturas. Se refiere a la majestad trascendente de Dios, a su augusta superioridad, en virtud de la cual Él es digno de todo nuestro honor, nuestra reverencia, nuestra adoración y nuestra alabanza. Él es «otro», o es distinto a nosotros en su gloria. Cuando la Biblia habla de objetos santos, o de un pueblo santo, o de un tiempo santo, se refiere a objetos que han sido apartados, consagrados o hechos diferentes por la mano de Dios. El suelo que pisaba Moisés frente a la zarza que ardía era suelo santo porque Dios estaba allí, presente de una manera muy especial. Era la cercanía de lo divino que convertía a lo ordinario súbitamente en algo extraordinario, y a lo cotidiano en algo fuera de lo común.
El segundo significado de santo se refiere a las acciones puras y justas de Dios. Dios hace lo que está bien. Nunca hace algo que esté mal. Dios siempre actúa de manera justa porque su naturaleza es santa. Podemos entonces diferenciar la justicia interna de Dios (su naturaleza santa) de la justicia externa de Dios (sus acciones)..
Como Dios es santo, es grande y bueno al mismo tiempo. No hay maldad entremezclada con su bondad. Cuando somos llamados dos a ser santos, no significa que hemos de compartir la majestad divina de Dios, sino que hemos de apartarnos de nuestra pecaminosidad normal como caídos. Hemos sido llamados a reflejar el carácter moral y la actividad de Dios. Hemos de imitar su bondad
Resumen
La santidad tiene dos significados: (1) «lo otro» o «lo apartado», y (2) «las acciones puras y justas».
SANTO = 1. Lo otro (majestad) y 2. Pureza (justicia)
Hemos sido llamados a ser santos -a reflejar la justicia y la pureza de Dios.