SED DE DIOS

Esclavos de Cristo

SED DE DIOS

A.W. Tozer

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” Salmos 42:1-2

El hombre, antes que busque a Dios, Dios está buscándole. Buscamos a Dios porque él ha puesto en nosotros deseos de dar con él. “Nadie puede venir a mi —dijo el Señor Jesús- si mi padre celestial no le trajere” Y es esa atracción de Dios lo que nos quita todo vestigio de mérito por haber acudido a él. El impulso de salir en busca de Dios emana del propio Dios, pero el resultado de dicho impulso es que sigamos ardorosamente en pos de él.

Desafortunadamente todo el procedimiento de la conversión ha llegado a ser una cosa mecánica y sin espíritu. La fe, según dicen, puede llegarse a ejercer sin que tenga nada que ver con los actos de la vida, y sin turbar para nada al yo adámico. Se puede “recibir” a Cristo sin entregarle el alma ni tenerle amor alguno. El alma es salvada, pero no llega a sentir hambre y sed de Dios. Los que sostienen tal doctrina reconocen que el alma es capaz de contentarse con muy poco.

Con todo esto corremos peligro de perder a Dios entre las maravillas de su Palabra. Casi hemos olvidado que Dios es Persona, y que, por tanto, puede cultivarse su amistad como la de cualquier persona. Es propio de la persona conocer a otras personas, pero no se puede conocer a una a través de un solo encuentro. Solo al cabo de prolongado trato y compañerismo se logra en pleno conocimiento.

Cuando estamos en el pecado, carecemos de ese poder, pero cuando el Espíritu nos da vida en la regeneración, todo nuestro ser siente el parentesco con Dios. Y gozoso se apresura a reconocerlo. Este es el nacimiento celestial sin el cual no podemos ver el reino de Dios. Pero la regeneración, o nuevo nacimiento, no es el fin del proceso sino simplemente el principio. Es el mero momento cuando comenzamos la búsqueda, la feliz exploración que hace el alma en busca de las inescrutables riquezas de la Divinidad. Es ahí donde comenzamos, pero nadie puede decir dónde nos detendremos, pues las misteriosas profundidades de Dios, Trino y Único, no tienen fin.

Acerquémonos a los santos hombres y mujeres del pasado, y no tardaremos en sentir el calor de su ansia de Dios. Gemían por él, oraban implorando su presencia, y le buscaban día y noche, en tiempo y fuera de tiempo. Y cuando lo hallaban, les era tanto más grato el encuentro cuanto había sido el ansia con que lo habían buscado. Moisés se valió de que ya conocía a Dios para pedir conocerle más: “Ahora pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos” (Éxodo 33: 13). Y después se atrevió a hacer una solicitud aún más atrevida: “Te ruego que me muestres tu gloria” (vs. 18). A Dios le agradó este despliegue de ardor, y al día siguiente le dijo a Moisés que subiera al monte, y allá le hizo ver toda su gloria.

La vida de David fue un torrente de deseos espirituales. En sus salmos abundan los clamores del que busca y las exclamaciones del que encuentra. Pablo afirma que el más grande deseo de su corazón era hallar a Cristo: “y ciertamente aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8).

Es trágico que dejemos la búsqueda de Dios a unos pocos maestros en lugar de realizarla cada uno de nosotros. Nuestra vida cristiana depende del acto inicial de “aceptar” a Cristo (una palabra, de paso, que no se encuentra en la Biblia) y no esperamos que haya después ninguna otra revelación de Dios a nuestras almas. Hemos caído en las redes de la falsa lógica que dice que si ya tienes a Dios, no necesitas buscarle. Tal argumento se presenta como la flor y nata de la ortodoxia, y se da por sentado que ningún cristiano instruido en la Biblia cree otra cosa. Por eso hacen a un lado toda sincera y afanosa búsqueda de comunión espiritual con Cristo, haciendo que los cultos sean meras formalidades sin vida. La vida religiosa, fría y mecánica que vivimos es lo que ha producido la muerte de esos deseos. La complacencia es la enemiga mortal de todo crecimiento espiritual.

Cada siglo tiene sus propias características. Actualmente estamos en una época de complejidad religiosa. Es muy raro encontrar la sencillez de Cristo. Esta ha sido reemplazada por planes, métodos, organizaciones y un mundo de actividades frenéticas que se llevan todo nuestro tiempo y atención, pero que no satisfacen los anhelos del alma. La escasa profundidad de nuestra experiencia, lo hueco de nuestro culto, y la manera servil como imitamos al mundo, todo indica el superficial conocimiento que tenemos de Dios. Y que es muy poco lo que sabemos acerca de su paz. Si queremos hallar a Dios en medio de tanta aparatosidad religiosa, lo primero que debemos hacer es encontrarlo a él, para luego seguir en pos de él con toda sencillez.

La mala costumbre de buscar a Dios junto con otras cosas, nos impide hallarle a él mismo, y que nos revele toda su plenitud. Es en esas otras cosas donde está la causa de nuestra desdicha. Si dejamos esa vana búsqueda adicional muy pronto encontraremos a Dios, y en él hallaremos todo lo que anhelamos.

El autor del clásico libro inglés The Cloud of Unknowing (“La Nube de lo Desconocido”), nos dice como podemos hacerlo: “Eleva tu corazón a Dios con amor humilde y sincero, y búscalo a él, y no a sus dones.

Piensa en Dios y busca solo a Dios, solo por lo que Dios es. Esta es la obra del alma que más agrada a Dios!’ También recomienda el mismo autor que al orar nos despojemos de ‘todo, hasta de nuestra teología, pues ”basta la intención desnuda que se dirige a Dios sin apelar a ningún otro recurso, sino dependiendo únicamente de él.”

Cuando Dios dividió la tierra de Canaán entre las tribus de Israel, Leví no recibió ninguna porción. A esta tribu Dios le dijo simplemente “Yo soy tu parte y tu heredad” (Números 18:20). Y por esta palabra Leví fue más rico que ninguna de las otras tribus, y que todos los reyes del mundo. Aquí hay un principio espiritual que continúa en vigor en el Nuevo Testamento. El hombre que tiene a Dios por su posesión, tiene todo lo que es necesario tener. Podrá carecer de todos los tesoros materiales, o si los posee, estos no le producirán ningún placer especial. Y si los ve desaparecer, uno tras otro, apenas podrá sentir la pérdida, porque teniendo a Dios tiene la fuente de toda felicidad. No importa cuántas cosas pierda, de hecho no ha perdido nada. Todo lo que posee, lo posee en Dios, pura y legítimamente para siempre.

Fragmento tomado del Libro La Búsqueda de Dios de Aiden Wilson Tozer.

Créditos del texto http://verdaderavida.wordpress.com/

«¿Por qué confío en la Biblia?» – 84

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

84 – «¿Por qué confío en la Biblia?»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

www.entendiendolostiempos.org

¿Cómo orar por los inconversos?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Cómo orar por los inconversos?

Michael Lawrence

Nota del editor: Este es el capítulo 19 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Tengo una amiga invonversa que me pide que ore por ella con mucha frecuencia. Yo sé que, aunque ella no lo sepa, lo que más necesita es conocer a Jesucristo para salvación. Entonces, ¿debería orar con y por ella por cosas buenas pero menos importantes? Después de todo, Jesús dijo: «Pues, ¿de qué le sirve a un hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se destruye o se pierde?» (Lc 9:25).

Cuando los inconversos nos piden que oremos por ellos, a veces nos sentimos agobiados. Por un lado, sabemos que Dios escucha nuestra oraciones por dirección, ayuda y misericordia temporal de una manera diferente a la que Él escucha las del no creyente. Proverbios 15:29 dice: «El Señor está lejos de los impíos, pero escucha la oración de los justos». No queremos pasar por alto lo que Dios puede estar haciendo en sus vidas por medio de las pruebas, y tampoco queremos ser usados para propósitos egoístas. Por otro lado, no nos alegramos por el sufrimiento de alguien, y queremos que nuestros amigos no creyentes conozcan el poder de Dios y se vuelvan a Él en fe. Entonces, ¿cómo deberíamos orar?

Solo Dios sabe como hacer que un pecador se vuelva a Él.

Encontramos la respuesta al darnos cuenta de que no tenemos que escoger entre su petición y nuestro deseo de arrepentimiento y fe. Podemos confiar en que Dios responde nuestras oraciones en Su perfecta sabiduría y para Su gloria máxima.

Si bien no podemos orar por peticiones malvadas o ilegales, debemos orar con gusto por cosas buenas para nuestros amigos no creyentes. La gente nos pide que oremos, entre muchas otras cosas, por trabajo, salud y relaciones amorosas pues son buenas dádivas de Dios. Jesús dijo: «Él hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5:45). Las buenas dádivas de Dios no necesitan otra justificación, ni siquiera la salvación, y si nuestros amigos inconversos terminan usando esas buenas dádivas de manera ingrata, eso no cambia el hecho de que el amor busca cosas buenas tanto para el prójimo y como para el enemigo (v. 44).

Pero después de haber orado por la petición de nuestro amigo no creyente, también debemos orar, ya sea con él o en privado, para que Dios se revele a través de la respuesta a nuestra oración. Y podemos confiar en que Dios sabe cómo hacerlo. En Su perfecta sabiduría, Él puede usar la concesión de una buena dádiva en respuesta a la oración para mover a alguien a creer en Su existencia y poder, y así buscarlo en el evangelio. Y debemos ser audaces para dar seguimiento y notar esto. Por otro lado, Dios puede negarle esa buena dádiva para que quede sin alternativa y venga a Él.

Solo Dios sabe como hacer que un pecador se vuelva a Él. No sabemos cómo sucede, pero no hay que temer que nuestras oraciones por cosas buenas se interpondrán en el camino. Nuestra responsabilidad es amar a nuestro prójimo a través de la oración, orando por cosas buenas y orando por lo mejor.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Michael Lawrence
Michael Lawrence

Michael Lawrence es el pastor principal en Hinson Baptist Church y profesor adjunto de teología sistemática en el Southern Baptist Theological Seminary.

Subversivo para el Salvador

Soldados de Jesucristo

Marzo 15/2021

Solid Joys en Español

Subversivo para el Salvador

John Piper

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El triunfo es seguro

Soldados de Jesucristo

Marzo 14/2021

Solid Joys en Español

El triunfo es seguro

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Falta poco

Domingo 14 Marzo

He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Filipenses 4 : 11

Estamos atribulados en todo, mas no angustiados ; en apuros, mas no desesperados. 2 Corintios 4 : 8

Como entristecidos, mas siempre gozosos. 2 Corintios 6 : 10

Falta poco

A veces pensamos que nos falta poco para ser felices : solo necesitamos un poco de dinero, una preocupación menos, una salud algo mejor, un poco menos de soledad… Siempre es poca cosa lo que nos separa de la felicidad, pero se renueva sin cesar. Así, a una preocupación le sigue otra preocupación, y un mal momento da paso a otro mal momento… De este modo, la felicidad siempre es para mañana. En realidad, lo que nos hace falta es Dios, es la conciencia de nuestra relación con él, nuestro Padre. Solo él puede hacer que la felicidad no sea para después de la enfermedad, sino durante la enfermedad, que no sea para después de las preocupaciones, sino en medio de las preocupaciones.

La Biblia nos invita a gozarnos siempre. Pero, ¿cómo ? “Regocijaos en el Señor siempre” (Filipenses 4 : 4). Esa felicidad no depende de las circunstancias buenas o malas de nuestra vida, pues se alimenta del amor del Señor Jesús. Conociendo bien la fragilidad interior de cada uno, Dios añade en el mismo párrafo : “Por nada estéis afanosos”. Mediante la oración, descarguemos en Dios todas nuestras preocupaciones, tanto pequeñas como grandes. No temamos entregarle esas circunstancias que paralizan nuestro gozo cristiano. A veces basta una pequeña nube para impedir que el sol brille. Aprendamos a gozarnos en el Señor para experimentar el gozo hoy, con él, y en las condiciones de vida que tenemos ahora.

Ezequiel 9 – Hechos 19 : 1-22 – Salmo 33 : 1-9 – Proverbios 11 : 17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Todo el mundo irá al paraíso ?

Sábado 13 Marzo

Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. Lucas 10 : 20

(Jesús dijo :) Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Juan 14 : 3

¿Todo el mundo irá al paraíso ?

La fiesta estaba en pleno apogeo, la orquesta interpretaba una melodía muy conocida, acompañada por una parte de los espectadores que cantaban estas sorprendentes palabras : “¡Todos iremos al paraíso !”. Unas horas más tarde, subiendo al auto de un amigo, Alfred y sus compañeros seguían cantando este coro. Poco después se produjo un accidente. El conductor, borracho, chocó contra un árbol. La última cosa que Alfred recuerda fue el estrépito. Cuando se despertó, en el hospital, la enfermera le contó la terrible noticia : él era el único sobreviviente.

Durante mucho tiempo Alfred no pudo comunicarse, pero esas palabras no paraban de darle vueltas en la cabeza : “¡Todos iremos al paraíso !”. Por primera vez esta expresión lo interrogaba personalmente. ¿Podía él ir al paraíso ? Acababa de rozar la muerte, y el deseo de saber qué hay después se volvía cada vez más urgente.

Esta canción, repetida por miles de personas, ¡es una mentira ! En la Biblia Dios dice claramente que todos vamos por el camino ancho, que conduce a la perdición (Mateo 7 : 13). Solo los que aceptan la salvación que Dios les ofrece, aún hoy, serán salvos. Únicamente por la fe en la persona de Jesucristo, el Salvador, podré entrar al paraíso. Si creo que Jesús borró todos mis pecados cuando murió en la cruz, mi nombre está inscrito en el “libro de la vida”, y soy feliz de vivir para mi Salvador ; mi lugar en el paraíso está preparado. ¿Usted también tiene este gozo ?

Ezequiel 8 – Hechos 18 – Salmo 32 : 8-11 – Proverbios 11 : 15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Cinco enseñanzas de una Oveja Perdida – 14

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

14 – Cinco enseñanzas de una Oveja Perdida

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El plan de redención – Parte 4

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 22/26

El plan de redención – Parte 4

Bienvenido. Oremos antes de comenzar.

  1. Introducción

Mientras hemos estado estudiando el plan de redención de Dios, la semana pasada, con John Joseph uno de nuestros pastores recientemente reconocidos, consideramos la gloriosa obra de Dios de adoptar pecadores rebeldes en su propia familia, para luego santificarlos, y preservarlos hasta el final.

Sin embargo, a medida que nos preocupamos por las personas y vivimos la vida cristiana, la perseverancia puede ser un tema problemático y difícil. Supongo que la mayoría de nosotros tenemos conocidos, familiares y amigos que se han «alejado», han abandonado la fe. E incluso en nuestra última reunión de miembros tuvimos a uno de los nuestros que había renunciado a la fe. Si bien esto nos causa una gran pena, no debería ser una gran sorpresa. Porque no todos los que alguna vez profesaron fe en Cristo serán salvos. Se hacen falsas profesiones; los entusiastas a corto plazo se apartan (Mt. 13:20-22); y no todos los que dicen «Señor, Señor» entrarán en el reino de los cielos (Mt 7:21-23). Y ya se trate del dolor de las pruebas, la tentación del pecado o la desesperación de las dudas persistentes, terminar la carrera y pelear la buena batalla a menudo parece una batalla demasiado grande para nosotros.

Pero nuestra esperanza no es que perseveraremos a la perfección. Nuestra esperanza es que Dios preservará a su pueblo, ¿amén? Lo repetiré una vez más: nuestra esperanza no es que perseveraremos a la perfección, porque como dice John MacArthur, si pudiéramos perder nuestra salvación lo haríamos. Nuestra esperanza es que Dios preservará a su pueblo. Él terminará esta obra que comenzó en nosotros (Filipenses 1:6). Ningún cristiano se perderá. Nadie quedará atrás. Nuestro salvador dice: «Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero» (Jn. 6:39). «Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre» (Juan 10:28-29). Observemos algo aquí acerca del carácter de nuestro salvador. ¡Fíjate cuán seguro está de asegurar nuestra salvación! No sé tú, pero cuando soy puesto a prueba en la vida cristiana, me da miedo. Me desanimo. Como un niño con miedo a los monstruos que se niega a dormir, me niego a descansar y confiar en algo que no sea yo. ¡Pero Jesús no es así! ¡Él nuestro es un salvador seguro! ¡Regocíjate en eso esta mañana! Él dice: «Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37). Qué promesa. Qué invitación. Tal vez estás visitándonos esta mañana, con un amigo o solo querías ver cómo es el cristianismo. Solo quiero reiterar esa promesa y te invito a confiar en ella. Jesús nunca te echará si vienes a él en arrepentimiento y fe.

Pero tal vez eres cristiano, o quieres ser uno, ¿pero crees que has cometido el «pecado imperdonable»? Durante mucho tiempo, estaba preocupado por haber cometido este pecado. ¿Estamos malditos más allá del perdón? En Mt. 12:31, dice Jesús, la blasfemia contra el Espíritu nunca será perdonada. Pero él no se está refiriendo a pecados «realmente malos» como el asesinato (Moisés, David, incluso Pablo fueron asesinos), o el adulterio (David), o el suicidio. La Biblia no hace distinción entre pecados mortales y veniales. En contexto, blasfemar contra el Espíritu Santo es atribuir de manera intencional, desafiante y persistente a Satanás lo que es innegablemente obra de Dios. Sam Storms señala: «La blasfemia contra el Espíritu Santo no es un error momentáneo, transitorio o inadvertido en el juicio, sino una rebelión persistente de toda la vida frente a la verdad ineludible. La blasfemia contra el Espíritu Santo no es un acto descuidado, sino una actitud endurecida. Los fariseos habían visto a Jesús sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos, enseñar en el Sermón del Monte, dar vista a los ciegos, sanar a los paralíticos. La blasfemia contra el Espíritu Santo, por tanto, no es solo incredulidad, sino una incredulidad desvergonzada que surge no de la ignorancia de lo que es verdadero, sino que desafía lo que uno sabe más allá de toda duda que es verdad. No es una simple negación, sino una negación decidida… La blasfemia contra el Espíritu Santo es, por definición, un repudio no arrepentido hacia Espíritu Santo y una identificación impenitente de su obra con la obra del diablo».

Trazar un paralelo entre los obstinados líderes religiosos de los días de Jesús y los nuestros es difícil. Tal vez un buen ejemplo es el líder de la iglesia impenitente que rechaza lo que sabe que es la verdad de Dios, y conduce a otros a hacer lo mismo. Es difícil decirlo. Pero podemos decir con Romanos 10:13«Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Eso incluye a hombres que han negado a Jesús públicamente (como Pedro), y que han ordenado que otros sean asesinados (como Pablo). ¿No es alentador que los héroes de la fe sean grandes pecadores también? Si hay esperanza para ellos, hay esperanza para nosotros.

Antes de continuar, ¿alguna pregunta final acerca de la perseverancia o la blasfemia contra el Espíritu Santo? [Solo una última cosa: si estás preocupado por haber blasfemado contra el Espíritu Santo, es probable que no te hayas dado cuenta que demuestras sensibilidad ante este pecado. Pero si tiene más preguntas al respecto, no dudes en enviarnos un correo electrónico, nuestra información de contacto está en la parte posterior del folleto, o habla con un anciano].

Pasemos al punto 2 de tu folletoLa muerte

Todos los días al ver las noticias, encontramos enemigos. A pesar de estar en las montañas de Utah, mi esposa y yo todavía escuchábamos los trágicos asesinatos de aquellos en el cine de Louisiana. Leyendo el periódico, escuchamos sobre militantes de ISIS, terroristas locales en Tennessee o Carolina del Sur, bombas iraníes. Todos estos son enemigos. Sin embargo, de acuerdo con la Biblia, el último gran enemigo al que nos enfrentamos en esta vida no es el terrorismo, un régimen político o aquellos empeñados en destruir la libertad de expresión y la religión. El último gran enemigo, según la Biblia, es la muerte misma. 1 Co. 15:26 dice: «Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte».

Pero cada vez más nuestra cultura ve la muerte no como un enemigo, sino como un amigo, tal vez incluso como nuestra última esperanza. Lo fue para Brittany Maynard, de 29 años, quien eligió el alivio de la muerte en lugar de las pruebas de la vida. Ya sea que estemos hablando de suicidio asistido por un médico (también conocido como «muerte con dignidad», si existe tal cosa) o de los 50 millones de bebés abortados desde Wade v. Roe, la muerte debe ser bienvenida, no temida, apreciada, no aborrecida. Por cierto, el número de bebés abortados representa aproximadamente 1/6 parte de nuestra población actual. Y si has visto los videos de Planned Parenthood en los últimos tiempos, es innegable que nuestra cultura al menos tiene una visión insensible e informal de la muerte.

Pero la Biblia presenta una visión diferente de la muerte. No es «fallecer o dejar de existir» (Mary Baker Eddy). No es navegar felizmente hacia el atardecer. Las Escrituras aclaran que la muerte es una maldición (Gn. 3:19). Es una consecuencia directa y un castigo del pecado humano. La paga del pecado es la muerte (Ro. 6:23). Y todos mueren, porque todos han pecado (Ro. 5:12). La muerte no es natural. No es pacífica. Es trágica y aterradora, porque refleja el justo juicio de Dios sobre nosotros en nuestro pecado. No hay nada romántico acerca de la muerte en la Biblia. Es tan horrible que incluso el que triunfaría sobre ella se estremeció y se conmovió ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn. 11:33-36). La muerte no era el amigo libertador de Lázaro, o el portal a una «vida mejor». Jesús vio la muerte por lo que era.

La razón por la que no lloramos como aquellos que no tienen esperanza no es porque sepamos que la muerte es buena, sino porque sabemos que el amor y la vida de Dios son más poderosos que las fauces de la muerte (1 Ts. 4:13). Aunque sentimos su mordedura, Cristo ha eliminado el aguijón de la muerte y tenemos esperanza en eso (1 Co.15: 54-57).

Entonces como aquellos que tienen esperanza, debemos considerar: ¿Qué pasa cuando morimos? Este es el punto B en el interior de tu folleto. Ha habido un mercado popular (¡y rentable!) de libros del género «turismo celestial» últimamente. Así es, libros como «Heaven Is For Real» que recientemente salió a la luz, hablan de personas que mueren, van al cielo, y luego vuelven y nos cuentan todo tipo de cosas al respecto. Permíteme ser claro en esto: las cosas que dicen esos libros no son ciertas. Como dice Jesús, la Palabra de Dios es verdad (Juan 17:17). La Biblia nos da preciosos y pequeños detalles acerca del estado en que nos encontramos entre la muerte y el cielo o lo que se conoce como el «estado intermedio». La mayoría de lo que la Biblia dice acerca del cielo se refiere al estado eterno (lo que sucede después de la resurrección final), no al estado intermedio (lo que sucede entre la muerte y la resurrección final).

No obstante, en lo que respecta al estado intermedio, las Escrituras dicen que cuando morimos, nuestras almas y cuerpos se separan mientras esperan esa reunión final en los cielos nuevos y la tierra nueva. No estamos simplemente en algún espacio contemplativo suspendido. Tampoco somos almas perdidas vagando por las sombras o cruzando el río Styx. Pablo dice: «Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor» (2 Co. 5:8). Así, cuando morimos, somos hechos parte de la verdadera Sión, junto a «muchos millares de ángeles,  a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos» como dice Hebreos 12:22-23. Qué increíble suena eso: ¡cuando muramos, estaremos junto a innumerables ángeles en una fiesta en el cielo! ¿Alguna vez te detuviste a considerar eso? Sé que yo no lo he hecho lo suficiente. Estaba en un avión cuando me preparaba para esta clase y miraba por la ventana a 9000 m de altura, preguntándome dónde está esta fiesta, ¿¡Piloto llévame allí!? Pero Jesús es el verdadero y único piloto que puede llevarnos allí, ¿no? Cuando morimos, nuestras almas van inmediatamente a estar con él y disfrutar, este va a ser el momento más feliz, disfrutaremos, la existencia continua, consciente y personal con nuestro Señor mientras esperamos la resurrección de nuestros cuerpos en el último día. Debería detener la clase aquí para sentarnos y maravillarnos.

Pero algunos han tomado la imagen de «dormir» de la Biblia, que es una referencia a la muerte como apoyo a una especie de «sueño del alma». De acuerdo con este punto de vista, los cristianos están en un estado suspendido de inconsciencia hasta el juicio final. Si quieres una palabra divertida del día, se llama psicopaniquia. Dato teológico divertido del día: Juan Calvino escribió su primer tratado teológico en contra de esta opinión. Porque la Biblia habla del estado intermedio como una existencia consciente, no un sueño, no un sueño del alma. Después de todo, considera lo que Jesús le dice al ladrón en la cruz: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc. 23:43). ¡Alabado sea Dios que cuando morimos no entramos en una coma etérea! ¡Entramos en la presencia de Jesús!

Sin embargo, otros han sugerido que el estado intermedio ofrece todas las oportunidades de la salvación post mortem, o, en otras palabras, que podemos ser salvos después de morir. Este punto de vista es especialmente atractivo para aquellos que quieren decir que todos deben arrepentirse y creer para poder ser salvos y, no obstante, quieren una forma para que las personas sean salvas, aunque nunca han escuchado acerca de Cristo en esta vida. Recuerda la parábola del hombre rico en Lucas 16:9-31. No hubo una segunda oportunidad, ninguna oportunidad post mortem para ese hombre rico que rechazó a Dios. Y, por supuesto, nadie es condenado simplemente por rechazar a Cristo conscientemente. Por el contrario, todos estamos condenados y perdidos a causa del pecado consciente y voluntario. Pablo dice en Romanos 3:23«por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios». En otras palabras, nuestro problema no es fundamentalmente que no conozcamos a Jesús, sino que hayamos pecado conscientemente y deliberadamente, por tanto, merecemos la ira de Dios. Una ira que enfrentaremos en la próxima vida si no recurrimos a Jesús en esta vida; esta vida es la única oportunidad que tenemos, por eso debemos ser tan urgentes en compartir las buenas noticias. Hebreos 9:27 dice: «Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio».

Esto significa que la idea del purgatorio no es consistente con el estado intermedio. El purgatorio es la doctrina católica romana, que enseña que aunque Cristo ha perdonado la culpa del pecado, el castigo por los pecados debe ser sufrido antes de que uno pueda ser completamente limpio y entrar al cielo. El purgatorio es un lugar de purificación y preparación. La duración e intensidad de esos sufrimientos está determinada por los pecados cometidos. La estancia de alguien en el purgatorio puede reducirse con las oraciones de los que viven, las buenas obras de los fieles o la misa. El Papa tiene jurisdicción sobre el purgatorio; cualquier indulgencia (dinero) entregada a la iglesia en nombre de los muertos puede aliviar el sufrimiento o eliminarlos todos juntos. Esta doctrina, este abuso de la Escritura es lo que dio origen a las 95 tesis de Lutero  y estimuló la Reforma. Y para ser claro: no hay garantía bíblica del purgatorio. Lo mejor que la Iglesia de Roma puede hacer es señalar 2 Macabeos 12:42-45, que en sí mismo no es un libro canónico (no está en la Biblia), ni siquiera enseña claramente la doctrina. De modo que no tiene sentido orar por los muertos, y mucho menos comprar indulgencias o dedicar esfuerzos para asegurar una pronta liberación de los difuntos de los castigos del purgatorio.

Finalmente, el estado intermedio rechaza la noción de aniquilacionismo, donde los que mueren en incredulidad son aniquilados, cuerpo y alma completamente destruidos, mientras que los creyentes existen eternamente con el Señor. Aunque el aniquilacionismo es apoyado por los adventistas del séptimo día y algunos prominentes evangélicos británicos (Lewis, Stott), no está respaldado por las Escrituras. Sí, incluso C.S. Lewis se equivoca.

Sabemos esto porque al hablar del fin de los tiempos, Daniel escribe: «Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua» (Daniel 12:2). Los pecadores y los santos continuarán existiendo para siempre. Esta es una verdad importante porque nos enseña a cuidar a las personas porque sabemos que van a existir para siempre y queremos que existan en el gozo de Dios, no bajo su ira. Entonces, cuando estamos tratando con alguien, especialmente con alguien difícil, tal vez alguien que no nos gusta realmente, quizá nuestro cónyuge, solo recuerda: esta es una persona; podría haber ramificaciones eternas de nuestro trato hacia ellas. Esta realidad, que las personas existirán para siempre, es la razón por la cual una de las cosas más amorosas que Jesús hizo fue hablar no solo de la vida eterna, sino también del castigo eterno (Mt. 25:46), donde los fuegos del infierno son «eternos» «inextinguibles» (Mt. 3:1218:825:41). Si alguien viene a ti y te dice que Jesús nunca habló acerca del infierno, simplemente puedes estar seguro de que no ha leído bien la Biblia; En amor, Jesús habló claramente de ello, y las referencias están ahí en tu folleto para que puedas darle un vistazo.

Aunque la muerte es el último gran enemigo, Cristo ha vencido a la muerte. Por tanto, el cristiano finalmente puede enfrentar la muerte no con miedo, sino con la esperanza de que la muerte no tendrá la última palabra. Así, podemos decir con Pablo: «Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (Fil. 1:21). Podemos unirnos a Pablo en su cántico: «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» (1 Corintios 15:55).

Avancemos al punto 4 en el lado derecho en el interior de tu folleto: La glorificación.

Lo creas o no, ir al cielo cuando morimos no es nuestra esperanza final. Correcto, no solo queremos estar en el estado intermedio; queremos estar en el estado final. Ese estado final es la glorificación. La glorificación es la esperanza final del cristiano.

La glorificación es «el paso final en la aplicación de la redención. Sucederá cuando Cristo regrese y levante de entre los muertos los cuerpos de todos los creyentes de todos los tiempos que hayan muerto, los reúna con sus almas, y transforme los cuerpos de todos los creyentes que permanecen vivos, dando así a todos los creyentes al mismo tiempo cuerpos de resurrección perfectos como el suyo».

Este es el gran paso final. En un momento, seremos completamente redimidos, completamente libres de la muerte y el pecado, y libres puramente para alabar a Dios en su presencia. Seremos perfeccionados.

Si vas a elegir un texto para meditar sobre la glorificación, todo lo que tienes que hacer es ir a 1 Corintios 15. En él, Pablo dice: «He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados» (1 Corintios 15:51-52).

Pero, ¿cómo serán transformados y glorificados nuestros cuerpos cuando estén 3 m bajo tierra y comidos por los gusanos? Esta es probablemente la pregunta a la que Pablo responde en 2 Corintios. Él responde usando la analogía de una semilla que necesita ser enterrada para convertirse en la planta para la que fue creada. Si bien no es concluyente, es sugestivo que habrá alguna forma de continuidad con nuestros viejos cuerpos una vez que sean glorificados (Romanos 8:11). Si muero mañana, ¿tendré un cuerpo de 25 años en el cielo? No lo sé.

La Escritura simplemente nos dice que nuestros cuerpos serán como el de Cristo. Filipenses 3:21, dice que Cristo «transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya». Observa cómo, de nuevo, no podemos tomar crédito; Cristo es el actor en esa oración, él es el transformador de nuestros cuerpos.

Para ser claro: la glorificación se aplica a nuestros cuerpos físicos. Pablo dice: «Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción» (1 Corintios 15:42). Esto significa que nuestros cuerpos serán como el de Cristo, no porque nos parezcamos a él, sino porque nuestros cuerpos no se desgastarán, envejecerán, enfermarán, ni sufrirán daño (Apocalipsis 21:3-5). Esta es la razón por la cual las Escrituras dicen: «seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Juan 3:2).

Nuestros cuerpos glorificados serán perfeccionados. Podemos regocijarnos de que nuestros nuevos cuerpos serán hechos a imagen de Dios, como originalmente lo pensó, siendo conformados a la semejanza de Cristo.

¿Esperas ansiosamente el regreso de Cristo cuando la salvación será completa y nuestros cuerpos serán como el de Cristo?

Quiero concluir hoy con esta pregunta: ¿Hay momentos específicos en la vida que te hayan llevado a desear más el cielo? ¿Alguien dispuesto a compartir?

Sabes, una de las bellezas de ser parte de una iglesia local es tener amistades con personas diferentes a ti principalmente porque ambos creen en Jesús. Y solo quiero decir cuánto me alienta como joven, el ver a santos mayores, cuyos cuerpos sufren, están rotos y llenos de dolor; estos santos son un gran testimonio de la esperanza en la glorificación. De la esperanza de que un día estos cuerpos no se romperán. El cáncer no podrá ingresar en ellos. Nunca volverás a mirarte en el espejo y desearás tener un tamaño diferente. Porque cada vez que te mires a ti mismo, podrás recordar que eres de Cristo, y él es tuyo. Qué esperanza. Mark recientemente publicó en Twitter: «Nuestros ejemplos de penurias duraderas a menudo son más poderosos que nuestras historias de éxito y triunfo». La próxima semana hablaremos acerca de la doctrina de la iglesia, nuestros hermanos y hermanas con quienes nos reunimos para regocijarnos en esta esperanza, pero por ahora permíteme orar por nosotros.

Oremos.

Notas del autor:

LA GLORIFICACIÓN

(1 Corintios 15:51-521 Tesalonicenses 4:14-16Romanos 8:111 Corintios 15:53Ap. 21:35)

La glorificación es esa bendición salvadora en la que los creyentes disfrutan la plena y final realización de nuestra unión con Cristo, en la cual los santos serán transformados para reflejar a la perfección la imagen de Jesucristo por la eternidad.

La glorificación es «el paso final en la aplicación de la redención. Sucederá cuando Cristo regrese y levante de entre los muertos los cuerpos de todos los creyentes de todos los tiempos que hayan muerto, los reúna con sus almas, y transforme los cuerpos de todos los creyentes que permanecen vivos, dando así a todos los creyentes al mismo tiempo cuerpos de resurrección perfectos como el suyo».

En un momento, seremos completamente redimidos, completamente libres de la muerte y el pecado, y libre puramente para alabar a Dios en su presencia. Seremos perfeccionados.

Filipenses 3:20-4:1

«20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. 4:1: Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados».

Romanos 8:23

«No sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo».

1 Co. 15:51-53

«51He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad».

La iglesia no espera el regreso de Cristo para que podamos estar unidos a él; más bien, la iglesia está unida a Cristo y espera ansiosamente la consumación de esta unión.

Mark Deve

¿Está el hombre compuesto de dos o tres partes?

The Master’s Seminary

Serie: 90 Segundos de Teología

¿Está el hombre compuesto de dos o tres partes? 

Lucas Alemán

Lucas Alemán es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.