Domingo 5 Febrero (Jesús dijo:) No puedo yo hacer nada por mí mismo… porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. Juan 5:30 Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Juan 12:49
Jesús – su sumisión (5) Al comer del fruto prohibido, Adán actuó de forma independiente de Dios, actuó según su propia voluntad. Sus descendientes también se organizaron sin tener en cuenta a Dios. Desde entonces el hombre se cree dueño de sí mismo, con el derecho de hacer lo que quiere.
Jesús nunca actuó de esta manera. La voluntad de Dios dirigía su conducta y era su razón de vivir, su gozo. ¡No hacía ni quería hacer nada sin él! Comía, bebía, hablaba y actuaba según la voluntad de su Padre.
– Antes de comenzar su ministerio público, Jesús ayunó durante cuarenta días. Satanás, sabiendo que Jesús tenía hambre, le sugirió utilizar su poder para transformar piedras en pan. Pero Jesús nunca utilizó su poder para su propio beneficio. La Palabra de Dios lo sostenía, y Dios lo alimentaría…
– Cuando le informaron que su amigo Lázaro estaba enfermo, esperó una orden de su Padre para visitar a esa amada familia. Cuando llegó, Lázaro había muerto desde hacía cuatro días. Entonces Jesús lo resucitó, y así el Padre manifestó la gloria de su Hijo.
– Poco antes de la crucifixión, Jesús tuvo una terrible lucha: Dios quería salvar a los hombres, y para ello Jesús debía llevar sus pecados y sufrir el castigo que ellos merecían. ¡Él no podía desear eso, pues era totalmente santo! Entonces suplicó a su Dios “con gran clamor y lágrimas” (Hebreos 5:7). Pero se sometió a la voluntad de Dios, y dio su vida por nosotros.
(continuará el próximo domingo) 1 Samuel 30 – Mateo 22:23-46 – Salmo 19:7-10 – Proverbios 7:6-23
Es interesante notar que varios de los nombres de Dios revelados en el Antiguo Testamento también son aplicados a Jesús en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, en los Salmos encontramos que Jehová es nuestra luz y salvación (Sal. 27), y en Juan encontramos que Jesús es la luz del mundo (Jn. 8:12). En el Salmo 23 Jehová se revela como el pastor, y luego en el Juan encontramos que Jesús se identifica como el Buen Pastor que da su vida por sus ovejas (Jn. 10:11-18).
Y es precisamente a la luz de este pasaje, Juan 10, que el pastor David Barceló nos enseña algunas características del Buen Pastor, y también de nosotros, las ovejas. Y nos alienta al recordarnos cuán incomparable es el cuidado de Jesucristo, pues no estamos en manos de un gobierno ni de las circunstancias, sino del Buen Pastor.
David Barceló es pastor de la Iglesia Evangélica de la Gracia en Barcelona, España, desde sus inicios en el año 2005. Conferencista en varias ciudades de España y Latinoamérica. Felizmente casado con su esposa Elisabet, son padres de cuatro hijos, Moises, Daniel, Elisabet y Abraham.
4 de febrero «Refugio contra el vengador de la sangre». Josué 20:3 (VM)
Se dice que en la tierra de Canaán las ciudades de refugio estaban distribuidas de tal forma que cualquier persona podía llegar a algunas de ellas, a lo sumo, en medio día. Así también la palabra de nuestra salvación está cerca de nosotros.
Jesús es un Salvador presente, y el camino que conduce a él es corto. Ese camino no es solo una renuncia de nuestros méritos y la aceptación de Jesús para que sea nuestro todo en todo. En cuanto a los caminos que conducían a la ciudad de refugio, se nos dice que estaban rigurosamente conservados: todos los ríos tenían puentes, se removía todo obstáculo… de suerte que el hombre que huía pudiese hallar fácil camino a la ciudad. Una vez cada año, los ancianos recorrían los caminos y observaban su estado, de modo que nada pudiese impedir la huida de alguno y, por la demora, fuese eso causa de su captura y de su muerte. ¡Con cuánta bondad las promesas del evangelio quitan del camino las piedras de tropiezo! Dondequiera que haya atajos y curvas hay letreros indicadores con esta inscripción: «A la ciudad de refugio». Esto es una figura del camino a Jesucristo.
Ese camino no es el camino con rodeos de la ley. No es el camino de obedece esto o aquello o lo de más allá; no, es un camino directo: «Cree y vive». Es un camino tan tosco que el que confía en su justicia propia no lo puede transitar; pero, por otra parte, es tan fácil que cualquier pecador que se reconozca como tal puede hallar en él su sendero al Cielo. No bien el hombre alcanzaba las afueras de la ciudad, ya estaba seguro; no era necesario que cruzase las murallas, pues los suburbios mismos eran suficiente protección. Aprende de esto la siguiente verdad: que si tocas solamente el borde de los vestidos de Cristo, resultarás sanado.
Si te agarras a él con «fe como un grano de mostaza», serás sano. Un poco de gracia genuina nos asegura la muerte de todos nuestros pecados.
No pierdas tiempo, no te demores en el camino, porque el vengador de la sangre es ligero de pies y puede que esté pisándote los talones en esta hora tranquila de la noche.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 43). Editorial Peregrino.
Sábado 4 Febrero Os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. Hebreos 10:36-39
Contra viento y marea
Hoy fui a casa de unos amigos en mi bicicleta. En el camino observé que los kilómetros que debía recorrer serían mucho más difíciles de lo que había previsto, pues el viento del norte me era contrario, y por momentos tenía la impresión de no avanzar. Luego empezó a caer una lluvia fina, ráfagas de viento abofeteaban mi cara… Durante unos minutos consideré la posibilidad de volverme. Pero rápidamente pensé en los momentos agradables que me esperaban a mi llegada. ¡Entonces decidí que no daría marcha atrás!
Esto me hace pensar en mi andar por la vida: al igual que miles de personas en todo el mundo, avanzo por el camino de la fe, tras las pisadas de Jesucristo mi Salvador. Como ellas, he experimentado la bondad del Señor, su presencia, su ternura, su amor, su perdón… Sin embargo, el viento de las pruebas y la lluvia de las lágrimas nos azotan a todos, un día u otro. ¡A veces hasta el punto de desanimarnos! Entonces nos cansamos de hacer el bien, y quizás hasta de seguir viviendo. Pero en medio de la tempestad más fuerte, la esperanza de la vida futura, la confianza en las promesas de Dios, en todos los momentos de felicidad que nos esperan, nos dan ánimo para seguir avanzando, para amar, perdonar y vivir para Jesucristo. ¡Que esta esperanza nos acompañe a lo largo de este día!
El carácter del cristiano: maduro y humilde Por: Tim Challies
Estamos explorando cómo las diversas cualidades de los ancianos son en realidad el llamado de Dios a todos los creyentes. Mientras los ancianos están destinados a ejemplificar estas cualidades, todos los cristianos deben exhibirlas. Quiero que consideremos si estamos mostrando estos rasgos y aprendamos juntos cómo podemos orar para tenerlos en mayor medida. Hoy consideraremos por qué los ancianos -y todos los cristianos- deben esforzarse por vivir vidas maduras y humildes.
Pablo le dice a Timoteo: “no un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo.” (1 Timoteo 3: 6). Este es un llamado a la madurez espiritual y de esto aprendemos que los ancianos deben ser maduros al menos por dos razones: Porque la madurez está acompañada por la virtud de la humildad y porque la inmadurez está acompañada con los vicios del orgullo y la condenación. Por lo tanto, debemos dar posiciones de responsabilidad sólo a aquellos que son espiritualmente maduros. John Piper escribe, “al nuevo creyente, si se le otorga demasiada responsabilidad demasiado pronto, puede hincharse fácilmente con orgullo. La implicación es que parte de la esencia del cristiano es un proceso que lo hace más humilde y hace crecer su protección contra el orgullo. Debemos ver evidencias en su vida de que la humildad es una virtud asentada y no fácilmente derribada “.
Si los ancianos son humildes, la gente será humilde, evitando mucha discusión.
Alexander Strauch dice: “La madurez requiere tiempo y experiencia para lo cual no hay sustituto, así que un nuevo convertido no está preparado para la ardua tarea de pastorear el rebaño de Dios. “No hay nada de malo en ser “un nuevo convertido”. Todos los cristianos comienzan la vida en Cristo como bebés y crecen hasta la madurez. Un anciano, sin embargo, debe ser maduro y conocer su propio corazón. Un nuevo cristiano no conoce su propio corazón o no entiende la astucia del enemigo, por lo que es vulnerable al orgullo “la más sutil de todas las tentaciones y el más destructivo de todos los pecados”. De nuevo, él dice: “Si los ancianos son humildes, las personas serán humildes, evitando así mucha discusión. Si los ancianos son líderes de servicio, la iglesia será marcada por una humildad y servicio como la de Cristo” Dios llama a todos los cristianos a la madurez y la humildad, y ese crecimiento tiene lugar en el contexto de un liderazgo maduro y humilde.
Este llamado a la madurez se ve en toda la Palabra de Dios, no sólo para los líderes, sino para todos los cristianos. Lo que los ancianos deben modelar, todos los cristianos lo deben poseer. El autor de la carta a los Hebreos dice: “Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.” (Hebreos 5:14) y pide a esta congregación que abandonen “las enseñanzas elementales acerca de Cristo, (y que) avancemos hacia la madurez… “(Hebreos 6: 1). Pablo dice que Dios da a la iglesia pastores y maestros “a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo… ” (Efesios 4: 12-13). Elogia a Epafras por estar “siempre esforzándose intensamente a favor vuestro en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completamente seguros en toda la voluntad de Dios.” (Colosenses 4:12). Dios espera que sus hijos crezcan en madurez y que esto a su vez conduzca a la humildad.
Por lo tanto, en cierto sentido, este tema de madurez y humildad llega al corazón de toda esta serie: “el carácter del cristiano”. Los líderes cristianos -y todos los cristianos- deben esforzarse por volverse más parecidos a Cristo y crecer en madurez espiritual. A medida que crezcan en la madurez, necesariamente crecerán en humildad.
Auto-evaluación Entonces ¿Qué hay de ti? ¿De qué maneras necesitas buscar mayores medidas de madurez y humildad? Te animo a considerar estas preguntas:
¿Hay evidencias en tu vida de que estás creciendo tanto “en la gracia como en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18)? ¿Eres más maduro espiritualmente ahora que lo que eras hace un año atrás? ¿Hace dos años? ¿Cómo lo sabrías? ¿Buscas el crédito y la gloria del hombre, o eres feliz de ser desconocido y no apreciado? Muchos cristianos quieren ser considerados como siervos, pero no quieren ser tratados como siervos. ¿Eres tu así? ¿De qué manera tus padres, hijos, conyugue, jefe o pastores dicen que necesitas crecer? Puntos de oración La fidelidad de Dios nos mantendrá firmes, incluso cuando nuestro crecimiento se demore. Toma aliento mientras oras de estas maneras:
Te ruego, Padre, que me hagas más parecido a tu Hijo en cada área de mi vida. Te ruego que no dejes que haya puntos ciegos en mi vida y, si han existido, que me des la gracia de verlos y apartarme de mi pecado. Te ruego que yo aproveche al máximo los medios de gracia para que a través de ellos pueda llegar a ser más como Cristo. Te ruego que me ayudes a ser el siervo de todos y así perseguir la verdadera grandeza. La próxima semana concluiremos esta serie considerando lo que significa que los ancianos y todos los cristianos sean respetados por los de afuera.
Publicado originalmente en Challies.com
Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio.
3 de febrero «Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía». Cantares 1:7
Estas palabras expresan el deseo del creyente por Cristo y sus ansias de comunión permanente con él. ¿Dónde apacientas? ¿En tu casa? Entonces iré allí, si allí puedo hallarte. ¿En la oración privada? Entonces oraré sin cesar. ¿En la Palabra? Entonces la leeré diligentemente. ¿En tus ordenanzas? Entonces andaré en ellas de todo corazón. Dime dónde apacientas, porque donde quiera que tú estés como Pastor, allí paceré yo como oveja; pues nadie sino tú mismo puede suplir mis necesidades. Soy incapaz de vivir satisfecho lejos de ti.
Mi alma tiene hambre y sed del refrigerio de tu presencia. «¿Dónde sesteas al mediodía?»; porque ya sea al amanecer, ya al mediodía, mi único descanso debe estar donde tú y tu amado rebaño están. El descanso de mi alma debe ser un descanso otorgado por gracia; y esto solo puede hallarse en ti. ¿Dónde está la sombra de aquella Roca? ¿Por qué no habría de reposar yo debajo de ella? «¿Por qué habría de estar como vagando tras los rebaños de tus compañeros?» (Cnt. 1:7). Tú tienes compañeros, ¿por qué no debía yo ser uno de ellos? Satanás me dijo que yo soy indigno; es cierto, yo siempre fui indigno, pero sin embargo, tú me has amado en todo tiempo y, por tanto, mi indignidad no puede ser un impedimento para que tenga ahora comunión contigo.
Es cierto que soy débil en la fe y propenso a caer, pero esa misma debilidad es la razón por que yo debiera siempre estar donde tú apacientas tu majada, para que pueda verme fortalecido y preservado en seguridad junto a aguas de reposo. ¿Por qué debía yo apartarme? No hay razón para ello; en cambio, hay mil razones para que no me aparte, pues Jesús me invita a ir a él. Si él se aparta un poco, es solo para hacerme apreciar más su presencia.
Ahora que estoy afligido y angustiado por estar apartado de él, él me guiará de nuevo a aquel abrigado rincón en donde las ovejas de su dehesa están protegidas del sol abrasador.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 42). Editorial Peregrino.
¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? Lamentaciones 3:37 Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28
¿De qué Dios se trata? «Si Dios existiera, mi madre no hubiese muerto de un cáncer».
Este comentario de un compañero me hizo reflexionar. Me imagino su dolor viendo a su madre enferma, su esperanza en un Dios poderoso que podía curarla, y luego su duelo, su decepción, sus dudas incluso sobre la existencia de Dios.
En realidad, no existe un Dios que sirva a nuestros proyectos, que se incline ante nuestra voluntad y nuestros deseos, o sea, un Dios que esté a nuestro servicio.
En cambio, el Dios que la Biblia presenta es un Dios que cumple, no nuestra voluntad, sino la suya, con el único objetivo de dar a cada uno el acceso a la vida eterna (una eternidad de felicidad).
Todas las circunstancias de nuestra vida, agradables o dolorosas, están al servicio del proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros. Nunca son el fruto del azar, sino que están sometidas a la voluntad de Dios, quien ama a sus criaturas y desea conducirlas hacia él.
En vez de amargarnos y eliminar a Dios de nuestra vida, aprendamos a ver, en todo lo que nos sucede, su mano, que quiere acercarnos a él.
Pero el mayor argumento que nos obliga a tener una confianza sin límites en Dios es su amor. “Ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
¡Si ora al único “Dios justo y Salvador” (Isaías 45:21), nunca quedará decepcionado!
La gravedad mortal de las palabras imprudentes Por Tim Challies
Un técnico de una compañía aérea se olvidó de comprobar los registros de los vuelos anteriores y, por tanto, no tomó medidas ante un fallo de control que se había repetido varias veces en los últimos días. Su descuido fue uno de los motivos por los que el avión se estrelló en un vuelo posterior.
Un ingeniero no puso los frenos en los vagones cisterna estacionados, que pronto empezaron a moverse por sí solos hasta que, fuera de control, se salieron de las vías y explotaron. Su imprudencia provocó gran cantidad de muertes y destrucción.
Un conductor de camión se distrajo por un problema con su remolque, no se dio cuenta de una señal de alto y atravesó una intersección a gran velocidad, poniéndose inmediatamente en la trayectoria de un autobús que circulaba a gran velocidad. Su imprudencia se cobró la vida de muchos pasajeros y le valió una larga condena en prisión.
Cada una de estas personas tuvo que rendir cuentas por su imprudencia, por su negligencia y por toda la devastación provocada. Y con razón, porque la imprudencia no es un asunto menor. La imprudencia es una cuestión moral que puede tener graves consecuencias.
Jesús tenía en mente la imprudencia el día en que las autoridades religiosas se enfrentaron a Él por no cumplir su interpretación de la ley religiosa. Señaló que las palabras de ellos eran malas porque sus corazones eran malos. «¿Cómo podéis hablar bien, si sois malos?», preguntó. «Porque de la abundancia del corazón habla la boca». Y en ese contexto ofreció la más solemne de las advertencias. «Os digo que en el día del juicio la gente responderá por toda palabra imprudente que diga».
Las palabras tienen un poder inmenso: poder para hacer tanto bien y poder para hacer tanto mal. Las palabras pueden fortalecer a los débiles o quebrantarlos, consolar a los tristes o afligirlos, aliviar a los agobiados o abrumarlos aún más. Las palabras pueden tener sabor a vida o sabor a muerte, olor a cielo u olor a infierno. Pueden hacer la obra de Dios o del diablo, servir a la causa de Cristo o de Sus enemigos. Las palabras son tan maravillosas como terribles, tan bellas como horribles, tan preciosas como espantosas.
No es de extrañar, entonces, que la Biblia se refiera a nuestras palabras tan a menudo y con tanta solemnidad. Porque nuestras palabras ponen ante nosotros una elección cada día y en cada momento. Cada vez que abrimos la boca, cada vez que deslizamos nuestras pantallas, cada vez que pulsamos nuestros teclados, nos atribuimos el poder de la vida y de la muerte.
Lo que tal vez necesitemos recordar es que tendremos que rendir cuentas por nuestras palabras, por todas nuestras palabras. Habrá un juicio no sólo por las palabras que usamos intencionadamente mal o que usamos deliberadamente para herir a otros, sino también por las palabras que usamos imprudentemente. Seremos responsables ante Dios no sólo por lo que fue totalmente malintencionado, sino también por lo que fue simplemente negligente, apático, irresponsable, imprudente o impetuoso.
Porque al igual que la falta de prudencia es una cuestión moral cuando se trata del transporte, también lo es cuando se trata de la comunicación. Así como la imprudencia puede expresarse en las acciones, también puede expresarse en el habla. Y así como es correcto y justo que se rindan cuentas por el desempeño descuidado de las tareas, también es correcto y justo que se rindan cuentas por la pronunciación imprudente de palabras. Porque las palabras pueden causar tanto daño como los hechos.
Este artículo se publicó originalmente en Challies.
Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.
2 de febrero Que son cosas antiguas 1 Crónicas 4:22
Sin embargo, no tan antiguas como aquellas cosas preciosas que son el deleite de nuestras almas. Volvamos por un momento a contarlas, enumerándolas una y otra vez como cuenta el avaro su dinero. La soberana elección del Padre, por la que él nos eligió para vida eterna antes que la tierra fuese, es un asunto de remota antigüedad, ya que ninguna fecha puede asignarle a este hecho la mente humana. Hemos sido elegidos desde antes de la fundación del mundo. El amor eterno acompañó a la elección, pues no hemos sido apartados por un simple acto de la voluntad divina, sino porque intervino el amor de Dios.
El Padre nos amó desde el principio. Aquí tenemos un tema para la meditación diaria. El propósito eterno de redimirnos de nuestra ruina, de limpiarnos, de santificarnos y, al final, de glorificarnos es asunto de infinita antigüedad y corre parejas con el amor inmutable y la absoluta soberanía. El pacto se describe siempre como eterno, y Jesús, la segunda parte de ese pacto, tiene «sus salidas […] desde el principio» (Mi. 5.2). Él fue nuestro Fiador mucho antes que los primeros astros empezaran a alumbrar, y fue en él en quien se ordenó a los elegidos para vida eterna. Así, en los propósitos divinos, quedó establecido entre el Hijo de Dios y su pueblo elegido un pacto de unión muy bendito, que permanecerá como el fundamento de su seguridad cuando el tiempo ya no sea más.
¿No es bueno estar ocupados en estas cosas antiguas? ¿No es vergonzoso que queden tan olvidadas y hasta desechadas por la mayoría de los creyentes? Si conocieran más de sus propios pecados, ¿no estarían aquellos más dispuestos a adorar esta eminente gracia? Admiremos y adoremos en esta noche a nuestro Dios mientras cantamos:
Soy salvo por su gracia, su tierno amor me sacia; su preciosa sangre me lavó, y hasta hoy su brazo me guardó.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 41). Editorial Peregrino.
Cercano estás tú, oh Señor. Salmo 119:151 Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti. Salmo 63:1
La mirada de Dios
El primer versículo de hoy, exhibido en mi sala, suscitó un comentario de una amiga:
–¡Qué mensaje tan opresor! ¡También podrías dibujar un ojo que nos vigilara día y noche!
Sin embargo, para mí, como para muchos cristianos, ¡este versículo da una paz y una esperanza infinitas!
Hay varias maneras de colocarse bajo la mirada de Dios. Para el que cree en Dios y confía en su amor, es tranquilizante saber que el Señor está cerca de él. Sé que me escucha cuando oro, que vela sobre mí. Le cuento mis problemas, y su paz inunda mi corazón, pues sé que comparte mis penas y que todo lo que hará por mí será bueno.
Es cierto que para el que no conoce a Dios, esto puede parecer espantoso. Dios, quien es tan bueno y lleno de gracia para con sus hijos, es un Dios justo, y no puede pasar por alto nuestros pecados. “Todas las cosas están desnudas y abiertas” ante él. “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 4:13; 10:31).
Sin embargo, ese mismo Dios nos ama y dio a su Hijo unigénito para purificarnos de nuestros pecados: “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado… Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:7, 9). Si creemos en el valor de la sangre de Cristo, en su obra perfecta, ¡entonces encontraremos el descanso, la paz con Dios y el gozo de saber que él está tan cerca de nosotros! Dios se nos presenta con gran amor, como un Padre que nos ama. ¿Podríamos tener miedo a su mirada?