Líderes de familia | Tim Challies

Líderes de familia
Por: Tim Challies

Estamos explorando cómo las diversas cualidades de los ancianos son en realidad el llamado de Dios a todos los creyentes. Mientras los ancianos están destinados a ejemplificar estas cualidades, todos los cristianos deben exhibirlas. Quiero que consideremos si estamos mostrando estos rasgos y aprender juntos cómo podemos orar para tenerlos en mayor medida. Hoy vamos a considerar por qué es importante que los padres –tanto los ancianos como todos los cristianos– guíen a sus familias de una manera que honre a Dios.

En 1 Timoteo 3:4-5 leemos: “(Un anciano) gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?)”. Pablo le dice a Tito de la misma manera que a los ancianos: que “tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía”. (Tito 1:5-6). Entonces, ¿qué significa esto y por qué es tan importante?

Simplemente significa que el liderazgo del hombre dentro del hogar demuestra su capacidad para dirigir dentro de la iglesia. Por el contrario, su incapacidad para liderar dentro del hogar demuestra su incapacidad para liderar dentro de la iglesia. Por esta razón, la casa en lugar de la oficina o el aula es el campo de pruebas donde confirma la capacidad de liderazgo de un hombre. ¿Por qué? Como lo explica Alexander Strauch: “Dirigir la iglesia local se parece más a dirigir una familia que a dirigir una empresa o un país. Un hombre puede ser un empresario exitoso, un funcionario público capaz, un brillante gerente de oficina o un líder militar de alto rango, pero puede ser un terrible anciano de una iglesia o padre de familia. Por lo tanto, la capacidad de un hombre para supervisar su hogar también es un prerrequisito para la supervisión de la familia de Dios”.

Pero, ¿qué significa entonces para un hombre administrar bien su casa? John Piper ofrece una traducción alternativa del griego que ilumina bastante el asunto: “líder de una casa bien ordenada”. Él explica que, “debe tener hijos sumisos. Esto no quiere decir perfectos, pero sí quiere decir bien disciplinados, que no hacen caso omiso de las instrucciones de sus padres de manera abierta y regular. Los hijos deben honrar a sus padres y él debe ser un líder espiritual amoroso y responsable en el hogar”.

Una vez más, si un hombre no puede conducir con ternura y amar sacrificialmente a su propia familia, no debe dársele el privilegio y la responsabilidad de liderazgo en la iglesia. Si no puede destacarse en uno, no va a destacarse en el otro. Así que, si un hombre tiene familia, todo el proceso de evaluación de él como candidato para ser anciano debe implicar observar de cerca su casa. Thabiti Anyabwile advierte de “hombres que podrían estar demasiado preocupados con los asuntos de la iglesia y ocuparse muy poco de lo que está pasando bajo su propio techo. Uno piensa en el reproche precipitado y equivocado de Eli en cuanto a Ana mientras ella oraba, al mismo tiempo que era descuidado en la responsabilidad para con sus hijos rebeldes (1 Samuel 1-2). Un anciano atiende los asuntos de su casa”.

¿Y qué acerca de la gran pregunta sobre lo que significa que los hijos sean creyentes? Se trata de un texto complicado que ha sido objeto de mucha discusión, pero me encuentro en un acuerdo sustancial con el hábil manejo que Justin Taylor hace del pasaje. Señala que la palabra traducida como “creyentes”, –como en “que tenga hijos creyentes”– puede ser traducida como “fiel”. Esta traducción permite al texto complementarse muy bien con 1 Timoteo 3:4, con su énfasis en el control, la obediencia y la sumisión. Él concluye: “Lo que no debe caracterizar a los hijos de un anciano es la inmoralidad y la rebeldía indisciplinada si los hijos están aún viviendo en su casa y bajo su autoridad”.

Ahora bien, ¿qué pasa con los padres cristianos que no son ancianos? ¿Cómo honramos el texto, incluso en la medida que ampliamos su aplicación? Pues bien, estas otras personas también deben exhibir la habilidad y la piedad en sus relaciones familiares. Ellos, también deben tratar de ser ejemplares. Los padres deben dirigir y enseñar amorosamente a sus hijos, las madres deben cuidar a sus hijos con alegría, ejercitando paciencia y una autoridad amorosa sobre ellos. Pablo escribe: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor” (Efesios 6:4; ver también Génesis 18:19; Salmo 78:4; 2 Timoteo 3:15). En la Shemá, Dios a través de Moisés le dice a los hijos de Israel, tanto a hombres como mujeres: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón y diligentemente las enseñarás a tus hijos” (Deuteronomio 6:6-7; ver también Deuteronomio 4:9; 11:19).

Del mismo modo, los Proverbios describen repetidamente la importancia de disciplinar a los hijos. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24; ver también Proverbios 19:18; 22:15; 23:13-14; 29:15, 17). Una gran cantidad de pasajes narrativos muestran el peligro de descuidar tal atención y disciplina. El autor de Hebreos hace hincapié en la importancia de disciplinar a los hijos como una expresión de amor hacia ellos. Él pregunta: “¿qué hijo es aquél a quien su padre no disciplina?” (Hebreos 10:7). De hecho, Dios “nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad” (versículo 10; véase Hebreos 10:3-11 para el contexto).

Las mujeres desempeñan un papel específico y vital en la familia. Pablo instruye a Tito, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:3-5). Una vez más, Pablo escribe: “Por tanto, quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa y no den al adversario ocasión de reproche” (1 Timoteo 5:14).

De principio a fin la Biblia coloca a todos los padres bajo la responsabilidad de enseñar y formar a los hijos y de esa manera de ejercer el cuidado y la amorosa supervisión sobre ellos.

Auto-evaluación
Entonces, ¿qué en cuanto a ti? Te animo a reflexionar sobre estas preguntas a continuación para ver cómo puedes crecer en tu liderazgo en el hogar:

¿Estás buscando formas de mejorar en la manera que enseñas y disciplinas a tu familia?
Cuando tu familia está expuesta públicamente, ¿están tus hijos fuera de control, o siguen por lo general tu ejemplo y responden a tu corrección?
¿Puedes hablar del estado espiritual de tus hijos? ¿Conoces la condición de sus almas? ¿Oras por ellos de manera específica?
Padres, ¿dirigen a sus familias espiritualmente? ¿Son los devocionales familiares parte de su rutina? Madres, ¿enseñan y entrenan a sus hijos? ¿Oran con ellos y los disciplinan con amor?
Puntos de oración
Nuestro Padre celestial anhela ayudar a los padres terrenales (y, por supuesto, a las madres). Considera la posibilidad de orar de esta manera en la medida que buscas con humildad y denuedo ser un buen padre de familia:

Oro para que hagas de mí un líder fiel y paciente en mi casa.
Oro para que me ayudes a mostrar a mis hijos que los quiero, tanto de una manera firme como de una manera tierna.
Oro para que pueda mostrar el Evangelio en la forma en que amo, dirijo y cuido de mis hijos.
Oro para que pueda tener una comprensión más profunda de lo que significa que Dios es mi Padre y que así pueda imitarlo en la forma en que cuido de mis hijos.

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Publicado originalmente en Challies.com. Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio.

Maravilloso me fue tu amor | Charles Spurgeon

1 de febrero
Maravilloso me fue tu amor
2 Samuel 1:26

Vengan, queridos lectores, hablemos cada uno por sí mismo del admirable amor, no de Jonatán, sino de Jesús. No relataremos lo que otros nos han dicho, sino lo que hemos gustado y palpado; hablaremos del amor de Cristo. Tu amor por mí, oh Jesús, fue admirable, cuando yo vagaba como un extraño lejos de ti, «haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos» (Ef. 1:3). Tu amor me contuvo para que no cometiera el pecado de muerte y me libró de mi propia perdición. Tu amor detuvo el hacha, cuando la justicia decía: «Córtala, ¿para qué inutiliza también la tierra?» (Lc. 13:7).

Tu amor me llevó al desierto, allí me desnudó y me hizo sentir la culpa de mi pecado y la carga de mi iniquidad. Cuando estaba tristemente desalentado, tu amor me habló con dulzura en estos términos: «Ven a mí, que yo te haré descansar». ¡Oh, cuán incomparable fue tu amor, cuando, en un momento, lavaste por completo mis pecados e hiciste que mi alma, roja por la sangre de mi naturaleza pecaminosa y negra por la suciedad de mis transgresiones, fuese blanca como la nieve y pura como la lana! ¡Cómo engrandeciste tu amor al susurrar en mis oídos: «Yo soy tuyo y tú eres mío»! Afectuosos fueron esos acentos, cuando dijiste: «El Padre mismo os ama». Y dulces, muy dulces, resultaron los momentos en que me declaraste «el amor del Espíritu».

Nunca mi alma olvidará aquellos lugares de comunión donde te revelaste a mí.

¿Tuvo Moisés su hendidura en la peña desde donde vio la gloria, las espaldas de su Dios? Nosotros también tenemos nuestras hendiduras en la peña, donde hemos percibido los esplendores de la Deidad en la persona de Cristo. ¿Recuerda David los rastros de las cabras monteses, la tierra del Jordán y de los hermonitas? Nosotros también podemos recordar lugares queridos para la memoria, tan dichosos como aquellos.

Amado Jesús, danos una nueva porción de tu admirable amor, para que con él podamos empezar el mes. Amén.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 40). Editorial Peregrino.

Una caja de herramientas

Miércoles 1 Febrero
Sed hacedores de la palabra (de Dios), y no tan solamente oidores.
Santiago 1:22
Retenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás.
Proverbios 4:4

Una caja de herramientas

En una boda de una pareja cristiana, después del mensaje bíblico, el que había hecho el oficio ofreció una Biblia a los recién casados: «Esta es la mejor caja de herramientas que puedo darles. Utilícenla todos los días, no se gasta».

Para nosotros los creyentes, la Palabra de Dios es:

– un martillo que quebranta la piedra (Jeremías 23:29),

– una lámpara a mi camino (Salmo 119:105),

– una espada de dos filos que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12).

Nos da el gozo (Jeremías 15:16), la paz (Hechos 10:36), el alimento y el refrigerio para el alma (Salmo 36:8). Es la verdad (Juan 17:17), viva, penetrante y eterna (1 Pedro 1:23, 25). Es pura (Salmo 12:6). En la Biblia encontramos todo lo necesario para la vida de nuestra alma y el desarrollo de nuestras facultades espirituales. Pero para que nos sea de provecho, es preciso leerla atentamente y con regularidad. Ejercitémonos en hacer como el autor del salmo 119, el más largo de la Biblia, enteramente dedicado a la Palabra de Dios. Estas son algunas de las cosas que experimentó:

“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (v. 11).

“Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado” (v. 93).

“Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos” (v. 148).

“Mi escondedero y mi escudo eres tú; en tu palabra he esperado” (v. 114).

1 Samuel 25:23-44 – Mateo 20:16-34 – Salmo 18:31-36 – Proverbios 6:16-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Correr no lo es todo | Charles Spurgeon

Corrió, pues, Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante del etíope».
2 Samuel 18:23

Correr no lo es todo: hay otras cosas en el camino que hemos elegido. El que corra velozmente por los valles y las montañas no avanzará más que el que viaje lentamente por un camino llano. ¿Cómo va mi viaje espiritual? ¿Estoy subiendo fatigosamente el collado de mis propias obras y descendiendo por las barrancas de mis humillaciones y resoluciones, o corro por el camino llano del «Cree y vive»? ¡Cuán bienaventurado es esperar en el Señor por la fe! El alma corre sin cansancio y marcha sin fatiga por el camino del creer.

Jesucristo es el camino de la vida: un camino llano, placentero, apropiado para los pies vacilantes y las rodillas débiles de los temblorosos pecadores. ¿Me hallo yo en ese camino o estoy angustiosamente buscando otra senda como la que me promete la superchería o la metafísica? He leído acerca del camino de santidad, en el cual el viajero, aunque sea torpe, no se extraviará. ¿He sido librado de la arrogante razón y llevado, como un niñito, a descansar en el amor y en la sangre de Jesús? Si es así, por la gracia de Dios, ganaré al más diestro corredor que haya elegido cualquier otro camino.

Recordaré para mi bien esta verdad en mis ansiedades y necesidades diarias. Mi determinación más sabia será ir directamente a mi Dios y no vagar de un lado para otro. Él conoce mis necesidades y puede aliviarlas. ¿A quién recurriré sino a Dios por el directo medio de la oración y el sencillo argumento de la promesa? No conferenciaré con los sirvientes, sino que iré directamente al Señor.

Al leer este pasaje llego a la siguiente conclusión: si los hombres compiten por cosas triviales y uno sobrepasa al otro, yo también debo mostrarme celoso y correr de tal manera que obtenga el premio (cf. 1 Co. 9:24). Señor, ayúdame a ceñir los lomos de mi entendimiento, para que prosiga «a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Fil. 3:14).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 39). Editorial Peregrino.

El libro que habla con autoridad

Martes 31 Enero
Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu.
1 Corintios 2:12-13

El libro que habla con autoridad
En muchas ocasiones, la Biblia afirma transmitir las mismas palabras de Dios. El apóstol Pablo afirma que toda ella es inspirada por Dios. Dios transmitió su mensaje directamente a los escritores por medio del «soplo» divino. Esto es lo que la distingue principalmente de los demás libros, incluidos los libros religiosos. Esta inspiración es un milagro y confiere a la Biblia la autoridad de Dios. Leámosla sin prejuicios, con honestidad y perseverancia; y así escucharemos en ella la voz de Dios.

Como la Biblia habla a la conciencia de los hombres, esto molesta. Ella dice que Dios debe ser respetado, amado y obedecido, pero los hombres siempre han tratado de refutarla. ¡Pero aun así no pueden debilitar su autoridad!

Esta Palabra divina es nuestra única fuente segura para conocer al Dios Salvador y sus planes. Es clara para los que la reciben con fe. Nos enseña que “Dios… nos reconcilió consigo mismo por Cristo” (2 Corintios 5:18). ¡Este es el verdadero misterio del amor de Dios por nosotros! También nos dice todo lo que debemos saber para vivir en relación con Dios.

Leamos ese santo Libro con humildad, para recibir de Dios sus pensamientos profundos. Ciertamente Dios revela su voluntad a los que están dispuestos a ponerla en práctica.

Cuán agradecidos debemos estar con Dios por darnos «su Libro», que nos revela su grandeza, su gracia y su amor. ¡Qué perseverancia deberíamos tener para leer la verdad que Dios nos revela y apropiarnos de ella por la fe!

1 Samuel 25:1-22 – Mateo 20:1-15 – Salmo 18:25-30 – Proverbios 6:12-15

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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¿Olvidando Lo Que Queda Atrás? | Andrew Kerr

¿Olvidando Lo Que Queda Atrás?
Por Andrew Kerr

Pensé que sería apropiado, a medida que avanzamos en este año, considerar, brevemente, el celo de Pablo por «seguir adelante» con el Señor.

7 Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, 9 y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe, 10 y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte, 11 a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos. 12 No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también[e] fui alcanzado por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. – Filipenses 3:7-14

Como muchas afirmaciones bíblicas, no debe ser absolutizada, particularmente cuando se trata de olvidar lo que está detrás.

El apóstol casi con toda seguridad toma esta metáfora de la arena – la longitud del campo en Atenas era de 607 pies desde los bloques de salida hasta el poste de llegada.

Para obtener el premio, los corredores no deben distraerse – mirar hacia atrás no sólo deletrea peligro sino que también hace que los atletas se desaceleraran: un retraso en el titubeo resultaría en una derrota.

Para alcanzar el objetivo del corredor y recibir la llamada del 1er premio, se necesita una concentración mental total, ojos fijos en la meta, motivados por el olor del éxito, para hacer que el esfuerzo de los tendones valga la pena.

Cuando traducimos esta metáfora al ámbito espiritual, es útil pensar en lo siguiente cuando la aplicamos a nosotros mismos:

Es bueno mirar hacia atrás en las siguientes circunstancias:

  1. Conmemorar lo que Dios ha hecho – en la redención, en la historia, en los avivamientos, a través de los héroes, para las iglesias y en los creyentes.
  2. Reflexionar sobre la obra de la gracia de Dios en nuestras propias vidas – predestinados, llamados, justificados, el progreso hasta la fecha en la gracia santificante, y todo lo que precede a la gloria que nos espera.
  3. Arrepentirse o profundizar en el arrepentimiento de los pecados no confesados o confesados superficialmente.
  4. Reparar las relaciones que deberían haberse arreglado hace mucho tiempo – es trágico cuando muere un hermano o hermana con el que no nos hemos reconciliado.
  5. Para guiarnos de la contrición, a las promesas del Evangelio, por la gracia y la gloria que se encuentra en Cristo, en la búsqueda de la santidad.

¿Por qué es bueno mirar hacia atrás a esas cosas?


A. Acelera (y de hecho es parte de) la santificación y el progreso que Pablo persigue en la búsqueda de la plena conformidad con Cristo – la ingratitud y la impenitencia en realidad frenarán nuestro caminar y nos obstaculizarán en esta carrera.

B. Nos anima y nos estimula cuando pensamos en lo que Dios ya ha hecho, y sabiendo que Él es fiel, y seguramente continuará haciendo lo mismo – Él es el mismo ayer, hoy y siempre.

C. Glorifica a Dios y está ordenado en la Escritura – ya que A y B todo obrará para bien.

Es malo mirar hacia atrás en las siguientes circunstancias:

  1. Cuando nos llena de una pena impropia, un resentimiento amargo o un desánimo sombrío, hay algunas cosas que necesitan ser decididamente «encarpetarlo» si queremos correr bien.
  2. Cuando nos encerramos en nosotros mismos en una introspección malsana sobre los pecados anteriores, no podemos deshacer los problemas que no se pueden resolver y que no hemos causado.
  3. Cuando estamos llenos de vanos arrepentimientos sobre decisiones que tomamos que fueron tontas o imprudentes y que nos dejan en dolor, vacilantes o confundidos – Cristo derramó su sangre y se ofreció a sí mismo por (y a) nosotros para quitar estos grilletes de nuestros pies y sogas de nuestros cuellos (en cambio debemos confiar en Dios, mientras esperamos con optimismo, para ver cómo nuestros numerosos, trágicos, errores serán soberanamente anulados, en el amor, para bien).
  4. Cuando empezamos a jactarnos ante el Señor en nuestro pedigrí, herencia, religión, rituales, servicio, esfuerzos como obras de justicia por las cuales nos justificamos.
  5. Cuando comenzamos a jactarnos ante Dios en cualquiera de los casos anteriores y por lo tanto volvemos nuestra mirada hacia nosotros mismos (y nos alejamos de Cristo que se nos ofrece gratuitamente en los medios de gracia).

¿Cómo y cuándo debemos mirar hacia atrás?
Así que mira hacia atrás al Dios que ha hecho grandes cosas por nosotros, y mira hacia atrás para confesar tu pecado para poder avanzar; pero no mires hacia atrás para acumular crédito para ti mismo – en vez de eso mira hacia adelante a Cristo, que es tanto la meta como el llamado – el Resucitado, Exaltado, Salvador tiene gracia en el presente, más gracia para el futuro, y gloria al final, cuando el llamado hacia arriba esté completo, cuando veas Su rostro sonriente.

Recuerden, siempre, ¡mirar a Cristo!
Y si estás plagado de la tendencia a mirar hacia atrás de manera equivocada, o si siempre estás mirando por encima del hombro al pecado, acelera el paso, mira a Cristo – Su mirada siempre fue correcta. ¡Él fijó ambos ojos en la Cruz! Lo hizo para ganar (y luego conceder a los que lo piden) la gracia sobreabundante de mantener los ojos fijos en Él.

Artículo de: Evangelio Blog

En quien también nosotros tuvimos herencia | Charles Spurgeon

Efesios 1:11 (VM)

30 de enero

En quien también nosotros tuvimos herencia

Efesios 1:11 (VM)

Cuando Jesús se dio a sí mismo por nosotros, nos otorgó todos sus derechos y privilegios; de modo que, aunque como Dios eterno tiene unos derechos esenciales que ninguna criatura puede aventurarse a pretender, sin embargo, como Jesús —el Mediador, la Cabeza representativa del pacto de gracia—, comparte una herencia con nosotros. Cada uno de los gloriosos resultados de su obediencia hasta la muerte son posesiones comunes de todos aquellos que están en él, a favor de los cuales cumplió la voluntad divina. Mira bien: Jesús entra en la gloria, pero no solo para sí mismo; pues está escrito: «Donde entró por nosotros como precursor» (He. 6.20). ¿Está él en la presencia de Dios? Está allí «para presentarse por nosotros» (He. 9:24).

Considera esto, creyente. En ti mismo no tienes el derecho de ir al Cielo; tu derecho está en Cristo. Si estás perdonado es por su sangre; si estás justificado es por su justicia; si estás santificado es porque él te ha sido hecho por Dios santificación; si permaneces sin caer es porque en Cristo Jesús estás preservado; y si, finalmente, llegas a ser perfecto, será porque estás completo en él. De este modo, Jesús es magnificado, pues todo existe en él y por él; así se nos garantiza la herencia, porque la hemos obtenido en él; así las bendiciones resultan más ricas y el Cielo mismo más esplendoroso, porque lo hemos obtenido todo en Jesús nuestro Amado. ¿Dónde está el hombre que pueda tasar nuestra divina porción? Pesa las riquezas y los tesoros de Cristo en balanzas, si puedes, y entonces intenta calcular los tesoros que pertenecen a los santos.

Mira si eres capaz de llegar al fondo del mar de gozo que hay en Cristo y, entonces, podrás tener la esperanza de comprender la gloria que Dios ha preparado para los que le aman. Salta, si puedes, por encima de las fronteras de las posesiones de Cristo y, entonces, sueña en poner límite a la hermosa herencia de los elegidos. «Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Co. 3:23).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 38). Editorial Peregrino.

En el principio

Lunes 30 Enero

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

Génesis 1:1-3

En el principio

En el principio: La Biblia empieza con esta expresión. No se trata de un comienzo cualquiera, como el de una nueva semana, sino del comienzo de la creación del universo, tal como Dios la operó. Antes de la creación no había nada, sino el Dios eterno.

Creó Dios: Dios tiene el poder para crear algo a partir de la nada. Los hombres, por el contrario, solo saben transformar lo que ya existe.

Los cielos y la tierra: este es el marco en donde se desarrolla toda la historia del hombre. De hecho, toda la Biblia habla sobre las relaciones entre la tierra y el cielo.

Y la tierra estaba desordenada y vacía: se expone el triste estado de nuestro planeta, que es el mismo estado del corazón humano. “El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”: Esta frase expresa el interés de Dios con respecto a la tierra, y con respecto a la humanidad: “De tal manera amó Dios al mundo…”.

Y dijo Dios: Sea la luz: Mediante esta primera frase, Dios introdujo la luz, es decir, el remedio a esta situación desoladora. Esta luz representa a Jesucristo. Él mismo dijo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12). “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). En efecto, Dios envió a su Hijo unigénito al mundo perdido, para salvar a todos los que depositan su confianza en él.

Desde el principio de la Biblia encontramos el plan de salvación que, aún hoy, Dios ofrece a cada ser humano. ¡Que el Evangelio sea también el gran comienzo de su vida y de una verdadera relación con Dios!

1 Samuel 24 – Mateo 19 – Salmo 18:16-24 – Proverbios 6:6-11

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Amable | Tim Challies

El carácter del cristiano: amable
Por: Tim Challies

Estamos explorando los diferentes rasgos de carácter de los ancianos, que son en realidad un llamado de Dios para todos los cristianos. Si bien se supone que los ancianos deben ejemplificar estos rasgos, todos los cristianos deberían exhibirlos.

Quisiera que consideremos juntos si estamos mostrando estos rasgos, y de esta manera aprender cómo podemos orar para tenerlos en una mayor medida. Hoy vamos a ver lo que significa para un anciano —y para cada cristiano— ser amable.

Pablo escribe a Timoteo que el anciano debe ser “no pendenciero, sino amable” (1 Timoteo 3:2-3). De manera similar, le dice a Tito que el anciano no debe ser “pendenciero” (Tito 1:7). La característica positiva aquí es la amabilidad y se opone a dos características negativas como el ser pendenciero o violento. El anciano (y, por lo tanto, cada cristiano maduro) busca la amabilidad y huye de la violencia y de la argumentación trivial.

Ser amable es ser tierno, humilde y sensible; conocer qué postura y respuesta se adecua para cada ocasión. Indica amabilidad y el deseo de extender misericordia a otros, y un deseo de someterse tanto a la voluntad de Dios como a las preferencias de otras personas. Tal amabilidad será expresada primero en el hogar y sólo después de esto subsecuentemente en la iglesia. Es un rasgo poco común, pero uno que conocemos y amamos cuando lo vemos y lo experimentamos.

Alexander Strauch resalta que perseguir la amabilidad es imitar a Jesús. El escribe, “Jesús nos dice quién es como persona: es manso y humilde. Sin embargo, demasiados líderes religiosos no son mansos ni humildes. Ellos son controladores y orgullosos. Utilizan a la gente para satisfacer sus crecientes egos. Pero Jesús es refrescantemente diferente. Él realmente ama a la gente, sirviendo desinteresadamente y dando Su vida por ellos. Él espera que sus seguidores -especialmente los ancianos que dirigen a Su pueblo- sean humildes y mansos como Él”. De manera similar, John Piper escribe: “Esta [amabilidad] es lo opuesto de ser belicoso o beligerante. No debe ser áspero o mezquino. Debe estar inclinado a la ternura y recurrir a la dureza sólo cuando las circunstancias recomiendan esta forma de amor. Sus palabras no deben ser ácidas o divisivas, sino útiles y alentadoras “.

El anciano, entonces, debe ser amable, capaz de controlar su temperamento y su respuesta a los demás cuando es atacado, calumniado y cuando se encuentra en situaciones tensas o difíciles. Está marcado en todo momento por la paciencia, la ternura y un espíritu dulce. Negativamente, no debe perder el control ni física ni verbalmente. No debe responder a otros con fuerza física o amenazas de violencia. Cuando se trata de sus palabras, no debe pelear ni altercar ni ser uno que ama discutir. Incluso cuando es empujado y exasperado no arremete con sus palabras, no aplastará una caña magullada ni apagará un pábilo humeante.

Estoy seguro de que ustedes se dan cuenta de que Dios llama a todos los cristianos -no sólo a los ancianos- a ser amables. Los ancianos deben servir como ejemplos de mansedumbre, pero cada uno de nosotros debe mostrar este rasgo si queremos imitar a nuestro Salvador. Hay muchos textos a los que podemos recurrir, entre ellos este que nos dice que la mansedumbre es un fruto necesario del Espíritu: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio” (Gálatas 5: 22-23). Poco después Pablo dice: “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre” (Gálatas 6: 1).

El exhorta a los cristianos de Éfeso a caminar de una manera digna de la vocación a la que han sido llamados y dice que esto implica vivir “con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos con otros en amor, deseosos de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz “(Efesios 4: 1-3). Al hablar de la congregación bajo el cuidado de Tito dice: “Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra; que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres.”(Tito 3: 1-2). La evidencia es clara: debemos ser amables para que podamos servir como una muestra de quien se ocupa tan amablemente con nosotros.

Auto-evaluación
Así que, ¿qué de ti? ¿Tu vida refleja la mansedumbre y humildad de la amabilidad? Te animo a hacerte en oración preguntas como estas:

Cuando alguien te hace daño, ¿eres propenso a atacar con ira? Si es así, ¿se expresa ese enojo físicamente, verbalmente o ambos?
¿Están las personas temerosas de enfrentar el pecado en tu vida porque temen tu ira o tus palabras cortantes? ¿Te temen tu esposa y tus hijos?
¿Tus amigos y familiares dirían que eres amable? ¿Dirían que los tratas con ternura?
¿Te gusta jugar al abogado del diablo? ¿Te gusta un buen argumento? ¿Qué indicaría tu presencia en los medios sociales?
Puntos de oración
El Dios de paz está ansioso por darte la paz de Dios (Filipenses 4: 7, 9). Por lo tanto, te animo a orar de esta manera:

Ruego que me hagas más parecido a Cristo para que yo sea manso como él es manso. Ruego que yo pueda considerar regularmente todas las formas en que Tú has sido tan paciente y amable conmigo.
Ruego que me ayudes a tragar mi orgullo, confesar mis pecados a los demás, y restaurar las relaciones tensas que tengo.
Ruego que me des la gracia de ser paciente y tranquilo cuando otros me atacan y me malinterpretan. Ayúdame a responder con mansedumbre incluso en las circunstancias más difíciles.
Oro que yo sea lento para comenzar una discusión o para entrar en la de algún otro.


Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter. Publicado originalmente en Challies.com. Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio.

Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde. – Génesis 8:11

29 de enero
«Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde».
Génesis 8:11

Bendito sea el Señor por este otro día de gracia, aunque esté yo ahora fatigado con sus afanes. Al preservador de los hombres elevo mi cántico de gratitud. La paloma no halló descanso fuera del arca y, por lo mismo, volvió a ella; y mi alma ha conocido hoy, más plenamente que nunca, que no hay satisfacción en las cosas terrenales: solo Dios puede dar descanso a mi espíritu. Mis negocios, mis posesiones, mi familia, mis conocimientos, todo está bien en su lugar, pero esas cosas no pueden satisfacer los deseos de mi naturaleza inmortal: «Vuelve alma mía a tu reposo, porque el Señor te ha colmado de bienes» (Sal. 116:7, LBLA). Fue en la hora del reposo, mientras las puertas del día se cerraban, cuando, con las alas fatigadas, la paloma volvió a su dueño. ¡Oh Señor, capacítame esta noche para volver a Jesús! La paloma no podía estar revoloteando toda la noche sobre las turbulentas aguas; tampoco puedo yo estar ni una hora más apartado de Jesús, descanso de mi corazón y hogar de mi espíritu. La paloma no descendió meramente sobre el techo del arca, sino que entró en ella. Así quisiera mi angustiado espíritu considerar lo secreto del Señor, penetrar en el interior de la verdad, entrar dentro del velo y llegar a mi Amado. Debo ir a Jesús: mi anhelante espíritu solo quedará satisfecho con una comunión muy íntima y amorosa con él. Bendito Jesús, quédate conmigo, revélate y permanece conmigo toda la noche, de suerte que, cuando despierte, pueda estar aún contigo. Observo que la paloma traía en su pico una hoja de olivo, recuerdo de los días pasados y profecía de los futuros. ¿No tengo yo algún placentero recuerdo que traer a la memoria? ¿Alguna promesa de cariño? Sí, Señor mío, yo te presento mi agradecido reconocimiento por tus apacibles misericordias que has renovado todas las mañanas y repetido todas las tardes; y, ahora, te ruego que extiendas tu mano y pongas a tu paloma en tu pecho.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 37). Editorial Peregrino.