En una casa de un pueblo se produjo un incendio. Los vecinos llegaron corriendo. De repente se escuchó un grito desesperado… ¡Un niño pequeño había quedado prisionero por las llamas! La madre, que había ido de compras, llegó desesperada e intentó entrar a la casa en llamas, pero un hombre la detuvo y se enfrentó a las llamas en su lugar. Logró subir al primer piso, se quitó su chaqueta, envolvió al pequeño y bajó por en medio de las llamas. ¡El niño estaba a salvo! Pero el hombre, gravemente quemado, soportaría largos e intensos sufrimientos. Cuando se curó, su rostro era irreconocible.
El niño salvado de las llamas creció; poco a poco este acontecimiento se fue olvidando en el pueblo… Los niños tenían miedo del hombre del rostro desfigurado. Cuando lo veían, salían corriendo, y a veces se burlaban de él. El niño salvado formaba parte de ellos…
Pero sus padres no habían olvidado la tragedia. Un día, cuando el niño estaba en edad de comprender, le contaron lo que había marcado para siempre el rostro de ese valiente y bondadoso hombre.
El niño se echó a llorar. ¿Cómo había podido burlarse del hombre que había arriesgado su vida para salvarlo? Lleno de vergüenza y remordimientos, corrió a su encuentro y se echó en sus brazos. ¡Ahora lo amaría!
Esta historia nos recuerda los sufrimientos de Jesús, a quien debemos la vida eterna. Él es digno de nuestro agradecimiento, amor y obediencia. Desea que nos acordemos de él. ¿Queremos hacerlo? (1 Corintios 11:23-24).
Un problema que el hombre no puede resolver Cuando decidimos resolver problemas por nuestra cuenta, terminamos fracasando, en especial cuando se trata del tema del pecado.
21 de abril de 2022
Jeremías 17.5-8
¿Ha conocido a alguien que se haya negado a aceptar cualquier tipo de ayuda? Tal vez le dijo: “No necesito que me ayuden” o “¡Puedo hacerlo solo!”. En cierto modo, respetamos la decisión de estas personas de tomar su propio camino en la vida. Sin embargo, esta perspectiva puede ser un indicio de problemas espirituales que podrían estar frenándolas.
El libro El gran divorcio es una mirada alegórica a la eternidad. En él, el autor C. S. Lewis describe un personaje que solo quiere “lo que se merece”, ni más ni menos. Esto aparenta ser un acto de humildad, pero en realidad no es más que falsa humildad motivada por el orgullo. De manera similar, cuando decidimos resolver problemas por nuestra cuenta, terminamos fracasando, en especial cuando se trata del tema del pecado.
Romanos 3.23 deja en claro que el pecado es un problema de todos, cuyo precio a pagar es la muerte. Si nosotros, como el personaje orgulloso del que habla Lewis, aceptamos solo “nuestros derechos”, entonces el pecado y la muerte reinarán en nuestra vida. Podemos superar dicha actitud con verdadera humildad y aceptando lo que no merecíamos: el amoroso sacrificio de Jesucristo por nosotros. Démosle gracias por darnos lo que no podíamos lograr por nosotros mismos: nuestra salvación.
Durante mucho tiempo, en muchas culturas la sabiduría popular se transmitió oralmente. Esto permitía a algunos jefes espirituales tener el monopolio y el control del saber. Parece que todavía hoy, los brujos animistas emplean el mismo método. Esto les permite dominar a los demás y mantenerlos asustados y sumisos.
Algo totalmente distinto sucede con Dios, el Creador. Él quiso revelar por escrito todo lo que debiéramos saber para conocerlo y para conocernos. Así, por ejemplo, hace más de 3500 años ordenó a Moisés escribir lo que oía; lo mismo hizo con los profetas… y con el apóstol Juan: “Escribe en un libro lo que ves”.
¡Qué amor el de Dios! Hizo escribir su Palabra y la puso al alcance de los hombres. Algunos trataron de prohibirla, otros la quemaron, pero no pudo ser destruida porque “la palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:25). Otros la aceptaron como lo que es realmente, es decir, la Palabra de Dios, y ella actuó en su ser interior como la Palabra “viva y eficaz” (Hebreos 4:12). Si creemos en la Palabra de Dios, ella cumple en nuestro corazón lo que dice.
Hoy, cada persona puede leer la Escritura por sí misma, sin pasar por un intermediario. Pero no basta con escuchar, leer o estudiar la Biblia, hay que recibirla en el corazón, dejarla actuar en la conciencia por medio de un acto de fe personal; de otra manera no sirve de nada “por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Hebreos 4:2).
El mundo suele evaluar las decisiones en términos de los pros y los contras, los beneficios y los inconvenientes. ¿Qué sucede si aplicamos ese mismo pensamiento a los asuntos espirituales: ¿Cuáles son los beneficios de buscar la sabiduría de Dios? O, dicho en otras palabras, ¿por qué debemos obedecer lo que nos dice la Biblia?
Primero, al buscar la sabiduría de Dios, lo entendemos mejor (Pr 2.4-6). Nuestra percepción de la vida cambia cuando conocemos al Señor de una manera personal. Él nos da la capacidad de ver nuestras situaciones, a nosotros mismos y a los demás desde su perspectiva. Y a medida que los principios bíblicos impregnan nuestra mente, ellos influyen en la manera en que reaccionamos ante los desafíos de la vida.
Segundo, Dios promete guiarnos y protegernos cuando nos movemos con sabiduría (Pr 2.7-9). Nada fuera de su voluntad puede penetrar el escudo de protección que rodea a quienes desean obedecerlo. Cuando dejamos que su sabiduría llene nuestro corazón, la discreción nos impide involucrarnos en relaciones que nos alejarían de Él (Pr 2.11-20).
La sabiduría divina no se adquiere solo con anhelarla. Sus beneficios se deben buscar. Si usted recibe las palabras de la Biblia y permite que ellas inunden su corazón y su mente, el Señor se le revelará y le dará su discernimiento.
Cosas que ojo no vio… Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
La inteligencia es una facultad extraordinaria que Dios dio al hombre. Gracias a ella ha podido avanzar en el conocimiento del universo y en las creaciones técnicas más complejas. Por medio de la inteligencia, al contemplar la naturaleza, podemos conocer la existencia de Dios y discernir “las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad” (Romanos 1:20).
Sea como sea, el hombre no deja de ser una criatura, un ser limitado. Es incapaz de discernir la verdadera naturaleza del Dios infinito: amor, luz y santidad. Y es más incapaz todavía cuando decide vivir sin Dios, independientemente de lo que Él es y de Su voluntad.
Entonces Dios se reveló a los hombres hablándoles en su lenguaje humano. Lo hizo progresivamente: hombres de fe recibieron y transmitieron el conocimiento del único y verdadero Dios. Luego se reveló completamente enviando a su Hijo, Jesucristo, a la tierra. Ahora, por medio de su Espíritu y de la Biblia, se revela a nuestro corazón y a nuestra conciencia.
La Palabra de Dios no se impone a nosotros mediante una demostración argumentada, intelectual. Ella nos presenta a una persona: Jesucristo, Dios mismo hecho hombre, santo y sin pecado, quien nos amó y se entregó por nuestros pecados. Es un Salvador vivo, el único que puede ponernos en relación con Dios, a quien nos reveló como Padre. Esta revelación es hecha a los “niños”, y no a los sabios y entendidos (Mateo 11:25).
MEDITACIÓN DIARIA Una vida reflexiva ¿Está viviendo de manera reflexiva o automática?
19 de abril de 2022
Salmo 25.8-15
¿Está viviendo de manera reflexiva o automática? Es fácil levantarnos cada mañana, hacer nuestro trabajo, disfrutar de un poco de relajación o entretenimiento, y acostarnos cada noche sin pensar en absoluto en la participación de Dios en nuestras vidas. Pero considere los beneficios de mantener nuestros ojos y oídos espirituales abiertos a lo largo del día, para ver cómo el Señor le ha bendecido, guiado, protegido y alertado.
Ser conscientes de la presencia del Señor nos recuerda que Él siempre tiene el control y obra para lograr sus buenos propósitos. Cuando buscamos las huellas de Dios en nuestros días, descubrimos el alcance de su implicación en nuestra vida. Tal vez Él le fortaleció para una tarea o le abrió una puerta de oportunidad. Quizás dirigió sus decisiones o le ayudó a demostrar compasión a una persona difícil de tratar. Por otra parte, si nuestros oídos están atentos a las advertencias e instrucciones del Señor es menos probable que repitamos nuestros errores.
Cada noche, antes de irse a dormir, tómese un tiempo para reflexionar en cuanto a las actividades del día. Sepa que el Señor está con usted en cada instante, protegiéndole y ofreciéndole orientación. El Padre celestial quiere que entienda la vida desde la perspectiva de Él, confiando en su sabiduría y poder para enfrentar cualquier desafío.
(Dios dijo a Adán y Eva:) Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
¿Quién puede enseñarnos mejor que nuestro Creador nuestra función en la naturaleza? Veamos qué dice la Biblia.
Desde su creación, la tierra refleja la gloria de su Creador. Todo es sostenido mediante el poder de Dios, quien vivifica todas las cosas (Nehemías 9:6).
Dios se comprometió a no destruir nunca más la tierra mediante un diluvio (Génesis 9:9-17). Dios cuida a todos los animales (Mateo 6:26; 10:29). Da al hombre la posibilidad de alimentarse de carne (Génesis 9:3), participando de ella con acciones de gracias (1 Timoteo 4:3-5).
Así Dios estableció al hombre como su administrador, el “jardinero” de la creación, con tres responsabilidades específicas definidas en los versículos del día:
– Multiplicarse y llenar la tierra.
– Dominar la creación, señorear sobre todas las especies vivientes, lo que supone una autoridad y un control sobre los animales.
– Cultivar y preservar la naturaleza. En su función administrativa, el hombre debe honrar al Creador mediante su manera de cultivar y proteger la naturaleza que lo rodea.
Pero el ser humano fracasó, y esto de forma irreversible. Y no por falta de conocimiento, sino más bien de un compromiso moral y espiritual. El hombre perdió la relación con el Creador, e hizo de sí mismo su propio centro.
La Biblia, la palabra de Dios, nos dice cómo es Dios y cómo no es. Sin la autoridad de la Biblia, cualquier intento de explicar los atributos de Dios no sería mejor que la opinión del hombre; la cual por sí misma es a menudo incorrecta en la comprensión de Dios (Job 42:7). ¡Decir que es importante para nosotros tratar de entender cómo es Dios, es como una gran subestimación! El descuidarlo, probablemente va a ocasionar que nos preparemos, persigamos y adoremos dioses ajenos, lo cual es contrario a Su voluntad (Éxodo 20:3-5).
Solamente lo que Dios ha escogido de Sí mismo para ser revelado, puede ser dado a conocer. Uno de los atributos o cualidades de Dios es que Él es «luz», queriendo decir que Él mismo nos revela la información de Sí mismo (Isaías 60:19, Santiago 1:17). La realidad de que Dios ha revelado conocimiento de Sí mismo no debería ser ignorada (Hebreos 4:1). La creación, la Biblia, y el Verbo hecho carne (Jesucristo) van a ayudarnos a conocer cómo es Dios.
Comencemos entendiendo que Dios es nuestro Creador y que somos una parte de Su creación (Génesis 1:1, Salmos 24:1). Dios dijo que el hombre fue creado a Su imagen. El hombre está sobre el resto de la creación y le fue dado dominio sobre ella (Génesis 1:26-28). La creación fue estropeada por la «caída», no obstante, brinda un destello de Sus obras (Génesis 3:17-18); Romanos 1:19-20). Al considerar la inmensidad de la creación, la complejidad, la belleza, y el orden, podemos tener una sensación de la grandeza de Dios.
La lectura de algunos de los nombres de Dios, puede ser de ayuda en nuestra búsqueda de cómo es Dios. Veamos los siguientes:
Elohim – El Fuerte, Divino (Génesis 1:1)
Adonai – Señor, indicando una relación Maestro — siervo (Éxodo 4:10,13)
El Elyon – El Altísimo, El más Fuerte (Isaías 14:20)
El Roi – El Fuerte que ve (Génesis 16:13)
El Shaddai – Todopoderoso Dios (Génesis 17:1)
El Olam – Dios eterno (Isaías 40:28)
Yahvé – SEÑOR «Yo Soy», lo cual significa el Dios Eterno, que existe independientemente de cualquier otro ser. (Éxodo 3:13,14).
Dios es eterno, lo cual significa que no tuvo principio y que Su existencia nunca va a terminar. Él es inmortal, infinito (Deuteronomio 33:27; Salmos 90:2; 1ª Timoteo 1:17). Dios es inmutable, lo cual significa, que es inalterable; es decir que Dios es absolutamente digno de confianza y fidedigno (Malaquías 3:6; Números 23:19; Salmos 102:26,27). Dios es incomparable, lo cual significa que no hay nadie como Él en obras o existencia; es inigualable y perfecto (2ª Samuel 7:22; Salmos 86:8; Isaías 40:25; Mateo 5:48). Dios es inescrutable, lo cual significa que no tiene límite, no se lo puede llegar a conocer por completo, es insondable (Isaías 40:28; Salmos 145:3; Romanos 11:33,34).
Dios es imparcial, lo cual significa que no hace distinción de personas en el sentido de mostrar favoritismo (Deuteronomio 32:4; Salmos 18:30). Dios es omnipotente, lo cual significa que es todopoderoso; Él puede hacer todo lo que le agrada, pero Sus acciones siempre estarán de acuerdo con el resto de Su carácter (Apocalipsis 19:6, Jeremías 32:17,27). Dios es omnipresente, lo cual significa que siempre está presente, en todas partes (Salmos 139:7-13; Jeremías 23:23). Dios es omnisciente, lo cual significa que conoce el pasado, presente y futuro, aún lo que estamos pensando en cualquier momento; puesto que conoce todo, Su justicia siempre será administrada imparcialmente (Salmos 139:1-5; Proverbios 5:21).
Dios es uno, lo cual significa que no solo no hay otro, sino que también es el único en poder suplir las necesidades más profundas y anhelos de nuestros corazones. Sólo Él es digno de nuestra adoración y devoción (Deuteronomio 6:4). Dios es justo, lo cual significa que no puede y no va a pasar por alto la maldad; es debido a Su rectitud y justicia, que Jesús tuvo que experimentar el juicio de Dios. Nuestros pecados fueron puestos sobre Él para que de esta manera fuéramos perdonados (Éxodo 9:27; Mateo 27:45-46; Romanos 3:21-26).
Dios es soberano, lo cual significa que es supremo. Toda Su creación junta no puede impedir Sus propósitos (Salmos 93:1; 95:3; Jeremías 23:20). Dios es espíritu, lo cual significa que es invisible (Juan 1:18; 4:24). Dios es una Trinidad, lo cual significa que es tres en uno, el mismo en substancia, poder y gloria por igual. Dios es verdad, lo cual significa que está de acuerdo con todo lo que es, Él va a permanecer incorruptible y no puede mentir (Salmos 117:2; 1ª Samuel 15:29).
Dios es santo, lo cual significa que está separado de toda corrupción moral y es hostil a ella. Dios ve todo el mal y esto lo enfada. Dios es referido como un fuego consumidor (Isaías 6:3; Habacuc 1:13; Éxodo 3:2, 4, 5; Hebreos 12:29). Dios es clemente – esto incluiría Su bondad, benevolencia, misericordia y amor – las cuales son palabras que dan tintes de significado a Su bondad. Si no fuera por la gracia de Dios, Su santidad nos excluiría de Su presencia. Afortunadamente este no es el caso, porque Él desea conocernos a cada uno personalmente (Éxodo 22:27; Salmos 31:19; 1ª Pedro 1:3; Juan 3:16, Juan 17:3).
Ya que Dios es un Ser infinito, ningún ser humano puede responder plenamente esta pregunta del tamaño de Dios, pero a través de la Palabra de Dios, podemos entender mucho acerca de quién es Dios y cómo es Él. Que todos continuemos buscándole de todo corazón (Jeremías 29:13).
El camino de David hacia el servicio El Señor está trabajando en la vida de usted, transformándole en su siervo.
18 de abril de 2022
Salmo 89.19-29
El Señor escogió a David para que fuera su siervo, y lo preparó de manera poderosa. Al seguir las diversas etapas de su vida, desde lo que experimentó como pastor de ovejas hasta sus logros como gobernante, podemos ver las maneras cómo el Señor preparó a David para ser usado en gran manera.
PASTOR: En el momento que David fue ungido rey, aún no había tenido autoridad sobre nada, aparte de las ovejas (1 S 16.1-13). Su posición humilde fue el punto de partida de su capacitación para convertirse en el siervo de Dios como rey de Israel.
SALMISTA: David sufrió muchas aflicciones en su camino hacia el trono, y sus escritos revelan cómo esos problemas lo llevaron a Dios. Sus salmos ofrecen vislumbres íntimos del Dios que conocía y en el que confiaba.
COMANDANTE: El rey Saúl puso a David a cargo de su ejército, pero después se volvió contra el joven. Mientras se escondía de Saúl, dirigió una banda de hombres valientes (1 Cr 12). Mucho antes de que David se convirtiera en rey, Dios usó a estos soldados para derrotar a los enemigos extranjeros y proteger al pueblo de Judá.
El Señor también está trabajando en la vida de usted, transformándole en su siervo. Sus dificultades y contratiempos tienen un lugar en el plan de Dios, y Él los está utilizando para prepararle para lo que está por venir.
En 1995, después de la caída de la Cortina de Hierro, y aprovechando la libertad religiosa nuevamente adquirida, se terminaba la construcción de un lugar de reuniones en Faget, Rumania. Dos obreros que no eran creyentes y un miembro de la comunidad trabajaban para terminar el techo. De repente el andamio, mal instalado, se derrumbó con gran estruendo y los tres hombres cayeron desde una altura de seis metros.
Podrían haber muerto o quedado paralíticos. Sin embargo, ahí estaban, ¡sin el más mínimo rasguño! Dios no solo intervino para salvar a estos hombres, ¡sino que cambió en bendición lo que hubiese podido ser una terrible tragedia! En efecto, poco después los dos obreros incrédulos declararon a un creyente, quien había acudido al lugar de los hechos: “Ahora sabemos que su Dios es un Dios vivo. Nosotros también queremos conocerlo”.
Era un viernes. El domingo siguiente los dos hombres asistieron con sus familias a la reunión de culto. Al comentar este accidente, alguien dijo: ¡tuvieron que caer del techo del edificio para que entrasen en él!
Dios emplea diferentes medios, pero su objetivo siempre es recordarnos a todos y a cada uno que él es un Dios vivo y poderoso, que se interesa en cada uno en particular. ¿Usted ya le respondió?
“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15).
“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:3).