A menos que tu justicia supere la de los fariseos

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A menos que tu justicia supere la de los fariseos

Kevin D. Gardner

Nota del editor: Este es el decimoquinto capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

Jesús fue severo con los fariseos, llamándolos «sepulcros blanqueados» (Mt 23:27), «hipócritas» (Mr 7:6) e hijos del diablo (Jn 8:44). Y sin embargo, en Mateo 5:20, Él se refiere a ellos al elevar el estándar de la justicia: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos».

Jesús dice que la justicia es un requisito para entrar al cielo. Es posible que algunos quieran restarle importancia a esta afirmación con la genuina preocupación de proteger la savación por gracia sola por medio de la fe sola. Pero esta declaración no se trata de cómo obtener nuestra salvación. Más bien, habla de la función de la justicia y la ley de Dios en la vida del cristiano.

La justicia que emana de esta obediencia gozosa supera a la de los fariseos en naturaleza en vez de intensidad.

Al obedecer perfectamente la ley de Dios, Cristo alcanzó la justicia para aquellos que confían en Él. Esto lo podemos llamar justicia posicional. Cristo cumplió perfectamente la ley de una manera que los fariseos, a pesar de su minuciosidad, nunca pudieron. Y esa obediencia perfecta es acreditada a aquellos que confían en Él, como si hubieran guardado perfectamente la ley ellos mismos.

Pero Cristo se refiere a algo más. Durante el Sermón del Monte, Él insta a los cristianos a un profundo entendimiento y a una obediencia radical de la ley como un reflejo del carácter de Dios (Mt 5:48). Los cristianos no deberían tratar Su ley a la ligera, porque la forma en que vemos la ley de Dios indica cómo vemos a Dios mismo (Rom 3:21). Por lo tanto, los cristianos están llamados a la obediencia gozosa a Su ley por amor a Cristo. Esta obediencia resulta en una justicia práctica.

Esta justicia no es la base de nuestra salvación; no podemos ser justificados por nuestras obras (Rom 3:21-22). Pero supera a la de los fariseos porque su obediencia no provino del corazón, y porque es una señal de que hemos sido verdaderamente salvos y, por lo tanto, entraremos en el reino de los cielos.

La justicia que emana de esta obediencia gozosa supera a la de los fariseos en naturaleza en vez de intensidad. Aquellos que estamos en Cristo hemos sido salvos de la ley de Dios como el medio necesario para la salvación, pero también hemos sido salvos para la ley de Dios como una manera de amar y adorar al Dios que nos ha salvado (Rom 6:19).

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Kevin D. Gardner
Kevin D. Gardner

Kevin D. Gardner es editor asociado de la Tabletalk Magazine y graduado del Westminster Theological Seminary en Filadelfia. Él es un anciano docente ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América.

Ejemplos de Entrenamiento

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Nueve –

Ejemplos de Entrenamiento

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 29 – Canta conmigo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 29 – Canta conmigo

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/canta-conmigo/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que tú tienes cosas asombrosas por las cuales cantar.

Nancy Leigh DeMoss: El testimonio de la fidelidad de Dios en tu vida necesita ser compartido con los demás. En ese sentido, le estás poniendo música para que otros puedan escuchar la melodía y cantarla, y puedan ser bendecidos por ella.

«Engrandeced al Señor conmigo,» dijo David, «y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores» (Salmo 34:3-4).

David dijo, «Yo he estado ahí. He estado desesperado. He estado en las profundidades de la desesperación, pero Dios me ha librado. Él me rescató. Él se ha revelado a sí mismo. Me regocijo en el Señor, y ahora quiero que lo exaltes conmigo».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Durante las últimas semanas, Nancy nos ha llevado a través de un fascinante estudio de Habacuc. Si te has perdido alguno de estos programas, puedes escucharlos visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana escucharemos de algunas de nuestras oyentes sobre formas prácticas de aplicar el mensaje de este libro. Sin embargo, hoy descubriremos por qué este profeta prorrumpió en una canción.

Nancy: Bueno, hemos atravesado un buen trecho con Habacuc.

Recientemente me estaban haciendo una entrevista en la radio. En ese momento estaba estudiando este libro, y me preparaba para enseñarlo. El hombre que me estaba haciendo la entrevista sabía que yo estaba estudiando el libro de Habacuc y que había estado estudiándolo por un largo tiempo. Él me dijo, «Cuando lleguemos al cielo, ¿me podrías presentar a Habacuc? Creo que seguramente lo conocerás en cuanto lo veas».

La Escritura nos dice muy poco acerca de este hombre, de qué tipo de familia venía, donde vivía, o cosas por el estilo. Pero creo que hemos echado un buen vistazo a su corazón al estudiar este libro juntas durante las últimas semanas. Hemos estado en un peregrinaje, en una jornada con Habacuc.

Hemos visto como va de batallar a observar y a adorar. Hemos visto el libro y de un diálogo que tuvo Habacuc con Dios en el capítulo 1 a un canto fúnebre en el capítulo 2, y a él pronunciar ayes y juicio sobre los babilonios.

Sin embargo, el capítulo 3 se ha convertido en una doxología. Él comenzó en los lugares bajos de desaliento en el capítulo 1. En el capítulo 2 se fue a un puesto de guardia, su atalaya, y dijo, «Velaré para ver lo que Él me dice».

En ese lugar Dios lo impulsó hacia arriba, allí fue donde lo vimos en la última sesión. Él dijo, «Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por alturas me hace caminar» (3:19).

Aquí está un hombre que es constante a través de la adversidad, a través de la decepción, a través de tantas preguntas sin respuesta. No es como si todo fuera feliz para siempre -no todavía. Todavía está frente a la inminente invasión de los babilonios.

Los judíos todavía son apóstatas. Ellos todavía necesitan un avivamiento. Nada ha cambiado en sus circunstancias. Pero todo ha cambiado en su perspectiva acerca de su situación porque él ha recibido una nueva visión de quién es Dios. Y eso es lo que tú necesitas en tus circunstancias, en tu dificultad – una nueva visión de Dios.

Aquí está un hombre que ha peleado con Dios. Él ha luchado con Dios. Habacuc significa «uno que lucha».

Pero también significa «el que abraza». Él ha ido de luchar con Dios, cuando no entendía el plan de Dios ni sus propósitos, hasta abrazar a Dios, aferrándose fuertemente a Él, por la fe, a Dios.

¡La fe! Dijimos que esto era el corazón de este libro. «El justo por la fe vivirá» (2:4), la fe en Cristo que te ama y dio Su vida por ti. Así que, hemos sido desafiadas a vivir nuestras vidas por fe.

Ahora, al llegar a la última frase del libro de Habacuc, solo déjame regresar y leer el último párrafo de nuevo para entender el contexto. Habacuc se da cuenta de que viene destrucción y devastación. Él tiembla al pensar cómo va a ser ese día y lo que la gente va a tener que soportar- lo que él va a tener que soportar.

Pero a pesar de esa sensación de estremecimiento, él dice en Habacuc capítulo 3 en los versículos 17-18:

«Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar.»

Aquí vemos lo que un comentarista llamó el «pináculo de alabanza» en este libro. Él dice que «es el destino, en la cima de la montaña, de una jornada que comenzó en el valle de la angustia».1

Quiero recordarte que esta jornada no es solo para Habacuc. Es una jornada que Dios quiere que yo experimente, es una jornada que Dios quiere que tú experimentes. Podemos comenzar en el valle de la angustia, Dios puede llevar nuestros corazones hacia arriba y hacia adelante a una tierra más alta, viviendo por fe en medio de este mundo caído y desesperado.

Luego tenemos una frase al final en el libro, y al leerlo una primera vez uno se pregunta por qué está esto aquí. Asumiendo que Dios lo puso ahí por una buena razón, uno se pregunta, «¿Es realmente importante?»

Pienso que muchas de nosotras seriamos tentadas a obviar esta frase, pero creo que es hermosa y digna de que le dediquemos toda una sesión.

La frase final – después que ha cantado esta canción, después que él ha hecho esta oración; luego que ha leído este Salmo – él dice, «Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda» (3:19). «Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda».

Es como si Habacuc, después de haber pasado esta increíble jornada -yendo de luchar con Dios hasta abrazar a Dios- su desesperación se convirtió en un canto de alabanza, su temor se convirtió en fe, él lo escribe o lo ora, y luego se da vuelta y entrega las letras de esta canción al líder del coro, al líder de alabanza, al líder de adoración, y le dice, «Aquí está Ponle música a esto. Y que sea acompañado, y quiero ser parte del acompañamiento».

«Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda». ¿Te das cuenta? Él comenzó con una queja en Habacuc capítulo 1: «¿Por qué Señor? ¿Hasta cuándo?»

Si estuviste con nosotras en la primera parte de la serie, recordarás que él estaba gimiendo. «No tiene sentido». Él estaba luchando con cosas demasiado grandes para que cualquiera de nosotras las entienda.

Lo que comenzó como una queja terminó como un cántico. Como una canción. Por cierto, no es la única vez que esto sucede en las Escrituras. Hay muchos ejemplos en los Salmos, pero uno que viene a mi mente es el Salmo 13.

Escucha cómo este salmo comienza, y luego escucha cómo termina. Comienza de la misma forma como comenzó el libro de Habacuc.

«¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?» Luego el Salmista describe las circunstancias que él está confrontando que lo hacen clamar en desesperación. «Señor, ¿hasta cuándo seguirá esto?»

Pero luego llegamos al versículo 5 del Salmo 13: «Mas yo en tu misericordia he confiado.» ¿Cuál es el punto del giro? Es la fe, ¿no es cierto? la que te lleva de la desesperación, la queja, el llanto a un himno de alabanza.

Es la fe. «Mas yo en tu misericordia he confiado». Esto se parece mucho a Habacuc. «Mi corazón se regocija en Tu salvación». El Salmista dice esto antes de ver el resultado, antes de que pudiera ver la salvación del Señor.

«Mi corazón se regocijará en tu salvación,» y luego el versículo 6, «Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes».

Ahora, seis versículos antes este hombre estaba diciendo, «¿Hasta cuándo oh Señor?» No puedo soportar esto. No puedo seguir adelante. Su auto-compasión, su lloriqueo, sus quejas se convirtieron en un festival de alabanzas.

¿Qué hizo la diferencia? «En tu misericordia he confiado». Una decisión. «Mi corazón se regocijará en Tu salvación,» y por lo tanto «cantaré al Señor».

Así que a Habacuc, después de haber pasado por este proceso…le tomó un poco más de seis versículos, pero ha caminado a través de este peregrinaje. Me alegro de que tengamos a Habacuc en la Biblia ya que da esperanza a las personas como yo, que nos tomamos más de seis versículos para ir de quejarnos a adorar.

Yo miro a Habacuc y digo, «Le tomó tres capítulos enteros, ¡y quien sabe que tan largo fue ese proceso! Sin embargo, llegó hasta allí. Él llegó a la meta».

Así que dice, «pongámosle música a esto». Pienso que hay unas cuantas razones por las cuales él quería ponerle música.

En primer lugar, él quería recordarlo. No te parece que cuando hay una melodía o una rima o algo que tú… Aun los niños pequeños aprendiéndose el abecedario, cuando se lo aprenden con una canción, con música, les ayuda a recordarlo, ¿no es cierto?

Creo que él quería poder recordar siempre lo que había aprendido, lo que había visto, lo que Dios le había mostrado. «Mi fuerza está en el Señor. Calladamente esperaré a que llegue el día del Señor, el día en que Dios cumpla Sus promesas».

Él quería recordar lo que había visto de la majestad, el poder, la gloria, la maravilla, el plan y los propósitos de Dios. Así que él dijo, «si tiene música, podré recordarlo con mayor facilidad».

Pienso que quería recordarlo, pero pienso que también él quería reproducirlo en otros. Él quería que los demás fueran capaces de recordar este mensaje. Él quería que los demás se beneficiaran de este peregrinaje en la cual él había estado. Él quería asegurarse de que no se les olvidara.

Los hijos de Israel estaban en un lugar muy bajo en su historia en este punto, y creo que él quería que se escribiera como un cántico para que ellos lo entonaran. Hoy, unos 2,600 años más tarde, estamos siendo bendecidas, desafiadas y alentadas en nuestra fe, porque Habacuc dijo «Denle esto al director del coro y que lo escriba como un canto».

Hay un poder increíble en el mensaje de una vida, algo con lo que has luchado y has experimentado en tu propio caminar con Dios. Yo creo que es la voluntad Dios que cuando conocemos Sus caminos, cuando aprendemos Su verdad, creo que primero Él quiere que cantemos la canción, que la vivamos nosotras mismas; no solo que se la contemos a otros, sino que la experimentemos nosotras mismas.

Así que primero es una canción que necesitamos cantar. No podemos estar diciéndole a los demás…Yo no puedo estar diciendo en la radio 260 veces al año que confíes en el Señor y que te regocijes en todas tus circunstancias, si yo misma no canto eso en mi vida.

Él quiere que tengamos nuestro propio mensaje de vida, que hagamos nuestro ese cántico. Y luego, cuando Él ya ha puesto un canto en nuestro corazón, que entonces le pongamos música para que otros lo puedan cantar.

No estoy hablando literalmente aquí. Quizás no seas una escritora de himnos o una escritora de canciones. Desde luego que yo no lo soy. Sin embargo, tu propio testimonio de la fidelidad de Dios en tu vida necesita ser compartido con los demás. En ese sentido le estás poniendo música para que otros puedan escuchar la canción y la canten, y puedan ser bendecidos por ella.

«Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores». (Salmo 34:3-4)

David dijo, «Yo he estado ahí. He estado desesperado. He estado en las profundidades de la desesperación, pero Dios me ha librado. Me rescató. Él se ha mostrado a mí. Me regocijo en el Señor, y ahora quiero que lo exaltes conmigo».

Le ponemos música a nuestro mensaje de vida, a nuestro testimonio, para que otros lo puedan cantar. Y quiero decirte, que esto no es solo para unos cuantos, aunque tu esfera de influencia sea pequeña. Los que están escuchando y cantando tu cántico puede que estén en las cuatro paredes de tu propia casa o en tu pequeña iglesia o en tu pequeño grupo de estudio Bíblico o en tu pequeño grupo de amigas.

Pero, ¿sabes qué? Mientras tú cantas el canto de la fidelidad de Dios y de Su gracia, y mientras los que están a tu alrededor se aprenden el coro y el estribillo y comienzan a cantar, ¿sabes qué pasa? Se propaga.

Y un día, esta es la meta: un día toda la tierra temerá ante la presencia del Señor y cantarán, «Grande es Tu fidelidad, Oh Señor». Toda la tierra cantará. Toda la tierra.

Tú dirás, «Bueno, yo estoy cantando mi pequeña parte. Pero nadie a mi alrededor está cantando este canto». Tú sigue adelante y de todas formas cántalo. Canta de la fidelidad de Dios. De nuevo, no estoy hablando de forma literal aquí, aunque no es una mala idea tampoco.

Estoy hablando de vivir tu mensaje de vida, tu mensaje de fe en la fidelidad de Dios, para que luego puedas ver como los demás a tu alrededor empiezan a contagiarse. Estoy pensando en una mujer específicamente que yo sé que hace muchos años no tenía un matrimonio que glorificaba a Dios.

Ella no estaba viviendo para la gloria de Dios como mujer. Ella vivía para su propia felicidad. Vivía para su propio placer. Y no estaba siendo el tipo de esposa que su esposo necesitaba, y él no estaba siendo el tipo de esposo que ella necesitaba.

Pero Dios, durante estos últimos años, puso un cántico en el corazón de esta mujer, un canto de fe, de obediencia, de sumisión al Señor y de vivir para Su gloria. ¿Sabes qué? Su esposo ha comenzado a cantar ese canto.

Ahora como pareja y como familia, lo están cantando en Su iglesia, la promesa de que Dios es fiel. Ellos son un testimonio de ello, y Dios está usando esta mujer para tocar, para alcanzar y bendecir las vidas de muchas otras mujeres con su historia de la fidelidad de Dios. Otros se han dando cuenta, y sigue y sigue y sigue hasta el día cuando todo el mundo cante para la gloria de Dios.

Así que cuando estés preocupada, canta. Cuando no sepas que hacer, canta. Yo hago esto, literalmente, gran parte del tiempo. No soy cantante. Si me has escuchado cantar te habrás dado cuenta; pero yo le canto al Señor.

Hay algo poderoso al cantar… literalmente: cantar. ¿Por qué Dios nos dice tantas veces que lo hagamos? Porque expresa fe. Yo comencé mi día esta mañana cantando un cántico al Señor del Salmo 18, con mi pequeño salterio que he estado usando, cantándole al Señor de Su fuerza, de Su grandeza, de Su bondad.

Pero no quiero solo cantar de forma literal. Quiero vivir una vida que sea una canción. «Para el director de coro, con mis instrumentos de cuerda,» dice Habacuc. Ponle música y que sea cantado para que las vidas de los demás puedan ser bendecidas, y para que los demás crean y reflejen la gloria de Dios.

La mayoría de ustedes probablemente ha oído esta historia, pero creo que vale la pena repetirla. Horacio Spafford fue un exitoso abogado y hombre de negocios en la ciudad de Chicago a mediados de los 1800s. Él y su esposa, Anna, eran íntimos amigos y contribuyentes importantes del evangelista D.L. Moody.

En 1870 el único hijo de los Spafford murió de fiebre escarlata a la edad de cuatro años. Un año más tarde, todas las propiedades inmobiliarias de los Spaffords, ubicadas a orillas del lago (si alguna vez has estado allí, sabrás que es una propiedad muy costosa) fueron destruidas por el gran incendio de Chicago.

Sufrieron dos grandes pérdidas; claro, una más grande que la otra, perder un hijo a la edad de cuatro años, y luego perder todos sus inmuebles.

En 1873, después de haber pasado todo esto, Horacio decidió llevar a su familia a Inglaterra para un descanso muy necesario. Estaban agotados por toda la experiencia, y Moody estaba en Gran Bretaña, conduciendo allí reuniones de evangelización en ese tiempo.

La familia planeaba irse a reunir con él allí y ayudar en el ministerio. Los Spaffords viajaron juntos a Nueva York desde Chicago, donde iban a bordo de un barco para cruzar el Atlántico.

Justo antes de zarpar, surgió un problema de negocios de último minuto que Horacio debía atender. En lugar de que toda la familia retrasara su viaje, él decidió enviar a su familia primero, como habían planeado, y él los seguiría después de atender su negocio.

Así que su esposa Anna y sus cuatro hijas se fueron en el barco, mientras que Horacio se fue hacia el Oeste, a Chicago, para resolver el problema. Nueve días después, Spafford recibió un telegrama de su esposa, quien estaba, para ese entonces, ya en Gales.

El telegrama simplemente decía, «Salvada sola». En el camino de Nueva York a Europa, el barco en el que estaba su esposa y sus hijas chocó con otro barco, y en 12 minutos el barco donde estaba su esposa y toda su familia se había hundido, y 226 personas habían perdido sus vidas.

Anna había estado en la cubierta del barco con sus hijas, Anna, Maggie y Bessie, mientras estas se aferraban desesperadamente a ella, y luego ella vio cómo fueron arrastradas hacia el mar.

Su último recuerdo fue de su bebé, una niña llamada Tinetta, de cómo esta era arrancada de sus brazos por las agitadas aguas. Anna, también, fue lanzada al mar y quedó inconsciente, pero se salvó porque una tabla flotaba debajo de su cuerpo y la sostuvo hasta que fue rescatada.

Cuando Horacio se enteró de esta horrible noticia, tomó el próximo barco desde Nueva York para reunirse con su esposa en Europa. En un punto del viaje, mientras estaban todavía en el Atlántico, el capitán llamó a Horacio al puente y le dijo, «Creo que este es el lugar donde se hundió el barco en el que iba tu familia».

Horacio regresó a su cabina en el barco y fue ahí donde escribió los versos de este himno que todas hemos cantado, y que desde entonces ha traído consuelo a tantos millones de creyentes durante muchos años:

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción,

Cualquiera que sea mi suerte, diré:

Estoy bien, tengo paz, gloria a Dios!

Estoy bien (estoy bien) gloria a Dios (gloria a Dios) Tengo paz en mi ser, gloria a Dios

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No amengua mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán

Y Su sangre obrará en mi favor

Oh cuánto me gozo en Su salvación

Fue pleno Su amor y perdón

Clavó mi pecar en la cruz lo olvidó

¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Hijo de Dios!

La fe tornaráse en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios

Ahora recuerda, que el hombre que escribió estas palabras, estaba en ese momento en un barco en el océano, justo en el lugar donde acababa de perder a sus cuatro hijas. ¿Qué estaba él pensando? Él estaba ejercitando su fe.

La fe. «El justo por su fe vivirá» (Habacuc 2:4). Él estaba enfocado en la obra redentora de Dios que hace que cualquier otro sufrimiento en la vida luzca sin importancia en comparación con la pérdida tan grande que Él tuvo.

Y luego, con los ojos de la fe, uniéndose a Habacuc y a Pedro, a Pablo, a Santiago y a Jesús, y a los santos a través de todos los siglos quienes se han unido a esta canción, él escribió al director de coro para que le pusiera música a las palabras de esta última estrofa:

La fe tornaráse en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios

Amigas, vendrá el día en que nuestra fe será vista. Sé que puede parecer un largo camino, pero la realidad es que no lo es. Así que, ¿qué haces hasta entonces? Haz lo que hizo Habacuc. Espera en silencio, e intencionalmente regocíjate.

Vive tu salmo, tu oración, tu cántico. Dáselo al director del coro. Dile «ponle música, para que yo lo pueda cantar, para que mi familia lo pueda cantar, para que otros lo puedan cantar». Y luego únete con las multitudes celestiales cantando, «¡Alabado sea el poder del nombre de Jesús!»

Vivimos para ese día cuando la fe será vista, la oración se convertirá en alabanza, toda lágrima será enjugada, y por siempre cantaremos y cantaremos y cantaremos en la presencia del Señor.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado invitando a cantar, no importa lo tristes que se vean las cosas en el momento. Ella regresa ahora para orar.

Bueno, hemos estado en toda una aventura con el profeta Habacuc, viendo su intenso cuestionamiento, sus dudas, su sorpresa por el plan de Dios, y finalmente, su canto.

En las diferentes etapas de tu vida, te encontrarás en varios puntos de este proceso.

Un grupo de mujeres ha estado escuchando la enseñanza de Nancy acerca de Habacuc. Pueden identificarse con las dudas y preguntas que marcan el comienzo del libro. Mañana escucharemos acerca de sus luchas y como Habacuc las ha moldeado.

Ahora, Nancy está de regreso para orar.

Nancy: Oh Señor, has puesto un nuevo cántico en mi corazón, ofreciendo alabanzas a nuestro Dios. Nosotras creemos que Tú eres nuestra salvación, nuestra fuerza y nuestra canción.

Aun a través de nuestras lágrimas, elegimos este día para cantar y decir, «estoy bien con mi Dios, está bien con mi alma,» porque Tú todavía estás en Tu trono. Tú eres bueno. Estás cumpliendo todos Tus propósitos eternos. Nada ni nadie en este planeta puede frustrar Tu plan, y nos regocijamos por la fe en ese día, cuando la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, así como las aguas cubren el mar.

Hasta ese día Señor, ayúdanos a cantar. Te lo pido en el Nombre de Jesús, amen.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 Walvoord/Zuck, Biblie Knowledge Commentary, Victor 1985, 1507

2 «It is well with my soul.» Horatio Spafford. «Estoy bien» traducción de Crystal Lewis.

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Dos diálogos empezados por el diablo

Jueves 5 Noviembre

La serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
Génesis 3:1

Vino a él (a Jesús) el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Mateo 4:3-4

Dos diálogos

Lea Génesis 3 y Mateo 4:1-11: Los dos versículos de hoy fueron extraídos de dos diálogos empezados por el diablo.

–El primero se sitúa justo después de la creación del hombre, en el huerto de Edén. Adán y Eva vivían en condiciones ideales, y Satanás fue a tentarlos afirmando que Dios quería privarlos de algo. Sabemos lo que sucedió: escucharon esa mentira y pusieron en duda lo que Dios les había dicho. Luego desobedecieron a su Creador y fueron echados de su presencia.

–Miles de años más tarde tuvo lugar otra escena: Jesús estaba en el desierto, después de haber ayunado 40 días. Entonces el diablo vino a tentarlo en tres ocasiones. Y las tres veces Jesús se basó en las Santas Escrituras conocidas en aquella época (Antiguo Testamento), para rechazar sus propuestas. El diablo, vencido, no insistió más y huyó.

¡Qué contraste! La primera pareja humana puso en duda la palabra de Dios, mientras Jesús, el hombre que vino del cielo, la tomó como referencia. Los primeros se dejaron tentar por el diablo, pero Jesús salió victorioso.

Estemos alerta, pues la táctica de Satanás no ha cambiado. Si logra sembrar la duda en nuestra mente sobre la exactitud o actualidad de tal o cual pasaje bíblico, está a punto de ganar la partida. Leamos la Biblia con sencillez. ¡Dios ha hablado, creámosle!

Deuteronomio 29 – Juan 19:1-30 – Salmo 119:129-136 – Proverbios 26:27-28
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

1/2 – De muerte a vida

Grace en Español

1/2 – De muerte a vida

Henry Tolopilo

Henry se desempeña como pastor asociado en Grace Church, supervisando el Ministerio español. Anteriormente sirvió como misionero en Costa Rica y México, y también trabajó como director de desarrollo curricular para LOGOI International en Miami, Florida. Henry tiene títulos de Biola University (BA), Talbot Theological Seminary (M.Div.) Y Dallas Theological Seminary (STM). Él y su esposa Barbara tienen dos hijos.

El verdadero problema de la ansiedad

Soldados de Jesucristo

Noviembre 4

Solid Joys en Español

El verdadero problema de la ansiedad

John Piper

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¿Qué es un ANTROPOMORFISMO?

Teología Express

¿Qué es un ANTROPOMORFISMO?

Rubén Sánchez

🎥 Vídeo: ¿Qué es un antropomorfismo?
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¿Qué es un ANTROPOMORFISMO?, Antropomorfismo, Antropopatismo, Antropopraxismo
Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

La maldición de la higuera

Ministerios Ligonier

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La maldición de la higuera

Daniel M. Doriani

El Domingo de Ramos, Jesús entró a Jerusalén en medio de gritos de aclamación y echó a los cambistas del templo. Dios lo había designado como «casa de oración», pero los sacerdotes lo habían convertido en «una cueva de ladrones». Jesús pasó la noche en Betania. Cuando regresó a la mañana siguiente, estaba hambriento.

Y al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no halló nada en ella sino sólo hojas, y le dijo: «Nunca jamás brote fruto de ti». Y al instante se secó la higuera (Mt 21:18-19).

Esto es sorprendente. Hasta ahora, los milagros de Jesús produjeron restauración. No podemos decir que Jesús actuó con frustración. De hecho, Marcos 11:13 dice: «Porque no era tiempo de higos». Sin embargo, una higuera fructífera en temporada baja mostraría frutos pequeños y semi comestibles que luego madurarían. Pero esta higuera era completamente estéril. Cuando Jesús la maldijo, realizó un acto simbólico siguiendo el espíritu de Jeremías (Jer 19:1-11). La higuera simboliza a Israel. Así como la higuera tenía hojas pero no fruto, Israel tenía un templo, pero no vida espiritual. Sus deslumbrantes edificios estaban llenos de robo, hipocresía y ceremonia muerta.

Solo la fe puede mover el monte donde florece la religión muerta.
Una vez que la higuera se secó, esperaríamos que los discípulos pregunten por qué Jesús la maldijo. En cambio, ellos preguntan cómo Jesús lo hizo (Mt 21:20). Jesús respondió: «Si tenéis fe y no dudáis», no solo pueden secar las higueras, sino que si aun le dicen a este monte: “‘Quítate y échate al mar’, así sucederá” (v. 21).

Observa que Jesús no dijo que la fe mueve «montes». Más bien, la fe mueve «este monte»; una frase extraña que se refiere a un monte en particular cada vez que aparece (Mt 17:20, Jn 4:21). Cuando Jesús regresó a Jerusalén, vio el monte del templo. Ese monte debe ser movido, no físicamente, sino espiritualmente. Solo la fe puede mover el monte donde florece la religión muerta. Jesús maldijo a una higuera que representaba ese majestuoso pero sin sustancia templo de Israel. Ellos podrían echar eso al mar, si oraban con fe.

No malinterpretemos la frase «todo lo que pidáis en oración» (21:21-22). El Señor escucha las oraciones legítimas. La mejor oración es por una fe viva, y la religión muerta es un gran obstáculo para ella. Así que los discípulos deben orar con fe para que Dios elimine ese obstáculo. Y verdaderamente, Dios quitó ese monte para que la iglesia pudiera crecer.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Daniel M. Doriani
Daniel M. Doriani

El Dr. Daniel M. Doriani es vicepresidente de proyectos académicos estratégicos y profesor de teología en el Seminario Teológico Covenant en St. Louis. Él es autor de “The New Man: Becoming a Man After God’s Heart” [El nuevo hombre: convirtiéndonos en un hombre conforme al corazón de Dios].

Sujecion Selectiva

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Ocho –

Sujecion Selectiva

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 28 – Saltando sobre lugares altos

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 28 – Saltando sobre lugares altos

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/saltando-sobre-lugares-altos/

Carmen Espaillat: ¿Cuál es esa gran cosa en tu futuro que te intimida? ¿Has pedido la ayuda de Dios? Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Tal vez hay algunos obstáculos en tu vida, muros que necesitas saltar. Tú dices, «yo no puedo hacer esto». Dile eso al Señor. Él sabe que no puedes. Solo Él lo puede hacer. Y por el poder de Su Espíritu en ti, Él te puede dar la fortaleza para hacerlo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Existe alguna cosa que has estado posponiendo? ¿Una llamada que necesitas hacer, una conversación que necesitas tener o un acto de amor que necesitas mostrar?

Lo puedes hacer sin importar lo grande que parezca. Nancy nos explica por qué al continuar con esta serie, Habacuc: del temor a la fe .

Nancy: Jim Law es un amigo de nuestro ministerio que pastorea una iglesia en González, Luisiana, aproximadamente a unas 40 millas de Nueva Orleans. Como se podrán imaginar, esta congregación, junto a muchas otras, experimentó el desastre y la devastación que provocó aquella gran tormenta.

El domingo siguiente al huracán Katrina, un pastor se paró ante su congregación tratando de ayudar a dar alguna perspectiva correcta acerca de todo lo que había sucedido. Y cuando lo hizo, se encontró a sí mismo en el pasaje que hemos estado estudiado en Habacuc.

Escuchemos cómo el pastor Jim Law compartió con su congregación en el domingo siguiente al huracán Katrina.

Jim Law: No necesito decirles que la vida ha cambiado para siempre en el Sur de Luisiana. Esta semana ha sido casi apocalíptica. Al mirar nuestras calles de la ciudad, el tráfico a toda su capacidad, sin gasolina…, y si hay filas, estas son de veinte o treinta carros de largo. El día de ayer fui a Walmart y no lo podía creer. No había verduras, y había que esperar de 30 a 45 minutos en la fila para pagar antes de poder salir de la tienda.

Cuando comenzamos nuestro servicio de adoración esta mañana, el Señor me llevó a esa poderosa bendición que se encuentra en el libro de Habacuc.

El profeta escribió,

» Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el SEÑOR, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor DIOS es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar. Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda.» Habacuc 3:17-19.

¿Saben? Cuando yo leo esta bendición -que surge cuando Habacuc estaba procesando un duro mensaje del Señor acerca de la próxima invasión de los caldeos- pensé que quizás nosotros no sepamos mucho acerca de las higueras o acerca del fruto de la viña o acerca de los olivos o las vacas en los establos. Permítanme presentarles una versión moderna de Habacuc capítulo 3.

Aunque los estantes de Walmart estén vacíos y no haya comida en el mercado, aunque todos los restaurantes permanezcan cerrados y aunque cierre el centro comercial y el mercado de valores se derrumbe y no haya hospitales. Aunque mi esposa se enferme de cáncer y mi hijo pase por enfermedad o sea secuestrado sin rastro alguno. Aunque mi casa sea derrumbada por un acto de Dios, me regocijaré en el Dios de mi salvación.

Nancy: Hemos estado escuchando al pastor Jim Law de González, Luisiana, cuando desafió a su congregación a escoger el gozo en medio de la devastación traída por un huracán.

Y podemos agregar a esta lista: aunque tenga artritis o cáncer. Aunque mi esposo esté en terapia intensiva, como el marido de una buena amiga mía lo ha estado las últimas semanas. Hemos estado hablando por teléfono, ella entre lágrimas sin saber si su esposo llegará al día siguiente. El ingreso al hospital por una cirugía que para los otros era algo rutinario, terminó siendo una puerta hacia la muerte. Y con sus lágrimas ella me decía, «pero Dios es tan bueno. Dios es tan fiel. Hay misericordia,» aún sabiendo que pudiera estar en el proceso de perder a su esposo.

Podemos agregar a la lista de Habacuc: aunque mi esposo no tenga un empleo. Aunque mi hijo se encuentre aún viviendo en un estilo de vida homosexual, o cualquier otra cosa que tengas en tu lista. Ahora, no cuando se resuelva, no más adelante cuando cambien las circunstancias, sino que ahora me regocijaré. Me regocijaré en el Dios de mi salvación.

Estuvimos viendo los versículos 17 y 18 en la última sesión, y hoy queremos ver el último versículo; el versículo 19. Habacuc cierra con una promesa maravillosa. Es parte de esta oración. Es una expresión de fe. ¿Recuerdas cómo vive el justo? El justo vive por la fe.

Como lo indica el versículo 19.

«El Señor Dios es mi fortaleza, el ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar.»

Yo estaba meditando en ese versículo temprano esta mañana, y no podía creer cuántos versículos llegaron a mi mente que hablan de la fortaleza que Dios da a los débiles que necesitan de esa fuerza.

A llegar al final de esta serie, luego de largos días de grabaciones y de varias semanas, estoy tan agradecida de cerrar con este tema acerca de que el Señor es mi fortaleza. Una y otra vez lo vemos en las Escrituras. El Salmo 18 versículo 1 dice «yo te amo, Señor, fortaleza mía». El Salmo 138:3 dice: «en el día que invoqué, me respondiste; me hiciste valiente con fortaleza en mi alma».

Dios da fortaleza. Y luego ese magnífico pasaje en Isaías capítulo 40: «Aun los jóvenes se cansan, se fatigan; y los muchachos tropiezan y caen…» (v 30 NVI). ¿Recuerdan el tema de «esperar» en el libro Habacuc? «Esperaré calladamente. Esperaré» (Habacuc 3:16).

«A los que esperan en el Señor,» ¿qué les sucederá? Ellos «renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas; correrán y no se fatigarán; caminarán y no desmayarán» (Isaías 40:30-31 NVI).

¿Puedes ver la conexión aquí? Habacuc ha estado aprendiendo a esperar en el Señor en fe. Y como resultado, Dios lo está llenando con una doble porción de fe. Dios le está proveyendo de Su propia fortaleza, de una fortaleza sobrenatural, para soportar la aflicción, para soportar la persecución, para soportar los días peligrosos que vendrán, para soportar toda la falta de santidad alrededor de él y la gente que no se arrepiente. Y todas las cosas por las cuales Habacuc clamó a Dios en el primer capítulo, Dios le está dando fortaleza para vivir en ese tipo de mundo.

Tú necesitas fortaleza para vivir en ese tipo de mundo. Yo necesito fortaleza para vivir allí también. Necesitas fortaleza para ser esposa, madre, mujer, compañera de trabajo, amiga, para vivir con las personas con las que convivimos, gente que no conoce al Señor o que no camina con Él. Tú necesitas fortaleza.

Necesitas fortaleza como madre para ser el tipo de mamá que deseas ser para tus hijos y que tú sabes que ellos necesitan. Necesitas fortaleza. Pero nuestra fuente de fortaleza es tan limitada. Somos tan débiles. Nuestras fuerzas fallan. Se agotan. Tienen un límite.

Yo he compartido esto antes, pero lo voy a compartir otra vez, que cuando iniciamos Aviva Nuestros Corazones algunos años atrás, por mucho tiempo, esos primeros meses, como por año y medio, yo me sentía siempre como si me fuera a ahogar en los próximos segundos. Era una responsabilidad nueva e inmensa. Y yo recuerdo que en aquellos días tenía esos sentimientos de debilidad, me sentía sin fuerzas, débil; sentía una gran necesidad.

Como ustedes saben, hace algunos años le pedí al Señor que nunca me permitiera estar en un lugar en el ministerio donde yo pudiera servirle o caminar con Él y sentir que no lo necesitaba. Yo siempre quise estar en una posición donde siempre estuviera consciente de mi necesidad de Dios. Y esa es una oración que Dios ha sido fiel en contestarme. Eso te lo puedo asegurar…

Pero en aquellos días yo me sentía muy incómoda y muy débil todo el tiempo. Y en verdad ese fue un buen lugar para estar. Porque Dios derramó Su gracia en mi en ese tiempo, en esos primeros meses.

Me comenzó a despertar a primera hora de la mañana, cada mañana por un año o más. Y casi diariamente hasta hoy el primer pensamiento consciente que pasa por mi mente en la mañana es esa pequeña frase de la canción que dice «Jesús me ama». «Somos débiles, pero Él es fuerte».

La música y las palabras vienen a mi mente al inicio de casi cada día porque es una verdad. Nosotras somos débiles. Yo soy débil, pero Él es fuerte. Él es mi fortaleza. Él Señor es nuestra fortaleza.

El apóstol Pablo aprendió esto y en Filipenses capítulo 4 él dijo, » Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad». ¿Cuál es el secreto? Versículo 13: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece».

El Señor mi Dios es mi fortaleza. Si me humillo, y reconozco mis debilidades y dejo que Su fortaleza fluya hacia mí y en mí, Él me va a fortalecer para hacer cualquier cosa que me llame a hacer, Él me dará fuerza para tener contentamiento en cada circunstancia, y cada etapa y situación de la vida.

Él es quien nos da la fuerza. Y existe un pasaje increíble en Daniel capítulo 10. Y yo titubeé en traerlo aquí porque se encuentra en un contexto mucho más amplio y complicado. Pero permítanme darles la esencia del texto. En el capítulo 10, se le aparece a Daniel una forma pre-encarnada de Cristo. Él se encuentra teniendo visiones, y ve cosas que van a suceder. Es una escena sobrecogedora y maravillosa que relata un encuentro con Cristo mismo.

Luego en el versículo 16 del capítulo 10 de Daniel, él le dice a Aquel está enfrente de él: «Señor mío, a causa de la visión me ha invadido la angustia y me he quedado sin fuerzas.»

Es como si alguien lo hubiera pateado en el estómago y le hubiera sacado el aire. Él dice que apenas puede respirar por lo que ha visto; no le quedan fuerzas.

Tal vez tú te hayas sentido así cuando se te han presentado los papeles de divorcio; te quedaste como sin aire y sin fuerzas. O quizás te ha llegado el reporte médico que dice que uno de tus hijos tiene una enfermedad terminal, y te sientes como si no hubiera fuerza en ti. Apenas puedes respirar. Es el sentimiento de una debilidad intensa; es de esa fragilidad de la que Daniel hablaba al momento de este encuentro.

Y luego dice, «y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció». No era la fuerza de Daniel, sino la fuerza de otro infundida en su cuerpo, alguien más fuerte que él. ¿Quién era ese? Bueno, veamos el versículo 19.

Y este hombre le dijo a Daniel, «muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas». ¿Cuál es la palabra que nos fortalece? La Palabra de Dios.

Entonces este hombre que lo había tocado, esta persona con la apariencia de hombre que lo había fortalecido dijo: «pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia». Sin ver todo el contexto aquí, está claro que la persona que había tocado y había fortalecido a Daniel no era otro sino Cristo quién estaba en las regiones celestiales peleando la batalla contra el príncipe de Persia, una ilustración quizás de Satanás o de las fuerzas satánicas.

Cristo estando en medio de esa batalla celeste, interrumpió la batalla por un momento y vino para ministrar a su siervo débil quien estaba temblando por lo que había visto. Y Daniel continúa diciendo, «no puedo seguir. No me queda aliento. No me queda fuerza». Pero alguien, el mismo Cristo, vino y lo tocó. Y en este punto, dice Daniel: «fui fortalecido».

Amigas, no les puedo decir cuántas veces en los años de servicio al Señor, habiéndome invertido en otros, estando desgastada, habiéndome entregado para ministrar a otros, yo me he sentido tan cansada, tan débil y tan vacía; sin fuerza alguna. Muchas, muchas veces.

Pero tampoco puedo contar todas las veces en que Aquél con apariencia de hombre, Cristo, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios, ha venido y de alguna manera, me ha tocado y ha fortalecido a Su sierva. Sus palabras me han fortalecido. Me ha infundido ánimo cuando no podía continuar un día más. Me ha dado fortaleza una y otra vez.

Y sé que muchas de ustedes han tenido la misma experiencia. Ustedes saben lo que se siente el no tener fuerzas en uno mismo y luego fortalecerse en las de Él. Aquel que puede vencer a Satanás, quien pelea la buena batalla en este momento en las regiones celestes, es quien viene a fortalecerte en la batalla.

Es un pensamiento increíble. El Señor mi Dios es mi fortaleza. El hecho de que Dios tenga tiempo o interés en nosotras es sorprendente, pero Él lo tiene.

Así que cuando te sientas sola en la batalla… Tal vez estés sola en la batalla. Recientemente, alguien me dijo -hablando sobre su empleo y la gente que trabaja allí que no honra al Señor- que se siente muy sola. «¿Estoy loca? ¿Como puedo caminar en esta situación y representar a Cristo y tener la fuerza para ser la mujer que Dios quiere que sea?» A veces estas sola en la batalla.

Tal vez es así en tu casa. O en la iglesia. O en tu trabajo. Cuando te sientas sola en la batalla, y cuando estés sola, recuerda esta palabra de segunda a Timoteo capítulo 4.

«En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas para que por mí fuese cumplida la predicación y que todos los gentiles oyesen». (2 Timoteo 4:16-17). El Señor se me apareció y me fortaleció. Y luego Pablo habla a los Efesios, y les dice «cuando estén en la batalla ¡fortalezcánse en el Señor y en el poder de Su fuerza!»

Y a mí me encanta ese versículo en el Salmo 18. Y esta mañana lo necesitaba que dice. «Contigo desbarataré ejércitos y con mi Dios asaltaré muros.» (Salmo 18:29) yo no soy un soldado. Y no soy una guerrera. Y no soy tan fuerte físicamente ni de ninguna otra forma, no soy el tipo de persona que pudiera ir corriendo en contra de las tropas y saltar sobre muros.

Pero este es el tipo de persona a la que Dios fortalece. Es Su fuerza, no la mía. Es Su vida, no la mía. Es Su gozo lo que me llena y me da la fuerza. Porque por TI, yo puedo destruir ejércitos de una manera sobrenatural y por mi Dios puedo saltar muros.

Tal vez pueda haber algunas imposibilidades en tu vida, muros que tengas que saltar. Tú dices, «es que yo no puedo hacer esto». Dile eso al Señor. Él sabe que no puedes, pero Él sí puede. Y por el poder de Su Santo Espíritu en ti, Él te puede dar la fuerza para hacerlo.

Notemos que la fuerza de la que habla Habacuc aquí -el Señor es mi fortaleza- no solo es una fuerza futura. No es que «me dará» la fuerza. No solo es una gracia futura, o un gozo en el futuro. Sino que esto es para el presente. El Señor mi Dios es mi fortaleza hoy.

Así que cuando estés agotada, cuando te sientas débil, cuando sientas que no puedes seguir, cuando pienses que no puedes manejar más problemas, cuando pienses que ya no les puedes enseñar más a los niños, o pienses que ya no puedes amar más a tu marido, o responderle a esa persona en tu empleo una vez más. El Señor Dios es tu fortaleza.

Entonces ¿qué dice Habacuc? «Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar». Este versículo se encuentra tres veces en el Antiguo Testamento. Para mí esto ofrece una ilustración de fuerza sobreabundante, no solo un poco de fuerza para apenas lograr hacer algo, sino para verdaderamente y plenamente lograrlo. Él hace mis pies como de ciervas. Él me hace saltar los muros. Él me da pies seguros para esos lugares difíciles.

Al leer este versículo nos aproximamos al final de Habacuc y lo vemos hablar acerca de lugares altos. Ahora bien, no fue ese el lugar donde Habacuc comenzó, ¿recuerdas? Aquí vemos la progresión que hubo en la vida de Habacuc.

En el capítulo 1 él se encontraba en un lugar muy bajo. Estaba abatido. Luego en el capítulo 2 Habacuc es levantado. Él comenzó en ese sitio tan bajo, luego se levanta como un atalaya para obtener la perspectiva de Dios, para elevarse del suelo y subir a un nivel donde verá las cosas desde arriba; desde la perspectiva de Dios. Allí él ora y viene a ver lo que Dios dirá.

Y al final en el capítulo 3 Dios lo toma desde ese lugar hacia Sus lugares altos. ¡No solo para sobrevivir sino para triunfar! Él no es solo un sobreviviente, sino uno que es victorioso.

Esos lugares altos pueden ser lugares difíciles. Pero él dice, «Dios asegurará mis pies como de cierva. Dios me dará gracia. Dios me dará fortaleza. Él es quien me da pies de ciervas y en mis alturas me hace andar». Aquí tenemos a un hombre que dice: «No estoy satisfecho de vivir en el valle de la desesperación. Voy a seguir intercediendo a mi Dios hasta que me lleve a los lugares altos».

Ahora, al hablar de lugares altos no nos estamos refiriendo a lugares donde la vida es fácil o donde no hay problemas. Ese será el último lugar alto. Un día llegaremos allí. Pero aun aquí y ahora Dios puede hacer nuestros pies como de ciervas y hacernos andar en las alturas.

Y justo al hablar acerca de este versículo, estoy pensando en ese himno que puedes recordar, esa antigua canción que dice:

Prosigo hacia arriba. Voy subiendo cada día. Aún orando mientras sigo adelante. Señor, pon mis pies en lugares más altos.

Mi corazón no se quiere quedar donde surgen las dudas y desmayan los temores. Aunque algunos quieran quedarse donde esto abunda, mi oración, mi objetivo es un lugar más alto.

Quiero escalar a lo más alto, y alcanzar un poco de la gloria que brilla. Pero seguiré orando hasta que me encuentre en el cielo, «Señor, pon mis pies en lugares más altos.

Y luego el coro:

Señor, levántame y permíteme estar de pie por fe en la mesa celestial. Un plano más alto del que me encuentro, Señor, pon mis pies en lugares más altos.

¿Cómo puedes llegar a las alturas? El justo por la fe vivirá. Y así con toda sinceridad Habacuc dice: «el Señor mi Dios es mi fortaleza. Él hace mis pies como de ciervas. Y en mis alturas me hace andar».

Carmen: Palabras de esperanza del libro de Habacuc y de Nancy Leigh DeMoss. El temor y la duda te desanimarán, pero la fe te dará el poder para hacer cosas sorprendentes para el Reino de Dios.

Este es un mensaje de una serie clásica de Nancy llamada Habacuc: del temor a la fe.

Cuando se trasmitió esta serie por primera vez, una radioescucha respondió escribiéndonos:

«¡Sorprendente! Todavía estoy en una situación donde mi marido me miente acerca del pago de la hipoteca. Esta es una situación dolorosa que casi nos ha costado la casa en cuatro ocasiones diferentes. Esta última vez estaba exhausta y casi tiro la toalla. La enseñanza de hoy ha traído fuerza y ánimo a mi vida.

Estoy convencida de que Dios quería que yo escuchara esto hoy. Siempre he tratado de mantener el gozo en medio de la batalla. y en este momento, eso está en el pasado. Esta enseñanza ha puesto en claro muchas cosas para mí. Gracias por los sacrificios que haces diariamente para darnos una perspectiva tan poderosa y ungida.»

Cuando Nancy comenzó nuestro estudio de Habacuc, el profeta se quejaba y lamentaba.

Annamarie Sauter: «¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás? ¿Clamaré a ti violencia y no salvarás? ¿ Por qué me haces ver la iniquidad y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia, por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo por eso sale pervertida la justicia».

Carmen: En el próximo programa veremos los versículos finales de Habacuc y descubriremos por qué el final es tan diferente del principio.

Annamarie: «Oh Señor he oído lo que se dice de ti, aviva oh Señor Tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer, en la ira acuérdate de tener compasión. Se detuvo e hizo temblar la tierra, miró e hizo estremecerse a las naciones. Sí, se desmoronaron los montes perpetuos, se hundieron las colinas antiguas, sus caminos son eternos, traspasaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros que irrumpieron para dispersarnos, su regocijo fue como el de los que deboran en secreto a los oprimidos, marchaste por el mar con tus caballos en el oleaje de las inmensas aguas, oi y se estremecieron mis entrañas a tu voz temblaron mis labios entra podredumbre en mis huesos y tiemblo donde estoy, tranquilo espero el día de la angustia al pueblo que se levantará para invadirnos. Aunque la higuera no eche brotes ni haya fruto en la viña aunque falte el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza el ha hecho mis pies como los de las ciervas y por las alturas me hace caminar. Para el director del coro con mis instrumentos de cuerda.

Carmen: Les esperamos en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se especifique lo contrario.

1″Higher Ground.» Johnson Oatman, Jr.

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