La maldición de la higuera

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La maldición de la higuera

Daniel M. Doriani

El Domingo de Ramos, Jesús entró a Jerusalén en medio de gritos de aclamación y echó a los cambistas del templo. Dios lo había designado como «casa de oración», pero los sacerdotes lo habían convertido en «una cueva de ladrones». Jesús pasó la noche en Betania. Cuando regresó a la mañana siguiente, estaba hambriento.

Y al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no halló nada en ella sino sólo hojas, y le dijo: «Nunca jamás brote fruto de ti». Y al instante se secó la higuera (Mt 21:18-19).

Esto es sorprendente. Hasta ahora, los milagros de Jesús produjeron restauración. No podemos decir que Jesús actuó con frustración. De hecho, Marcos 11:13 dice: «Porque no era tiempo de higos». Sin embargo, una higuera fructífera en temporada baja mostraría frutos pequeños y semi comestibles que luego madurarían. Pero esta higuera era completamente estéril. Cuando Jesús la maldijo, realizó un acto simbólico siguiendo el espíritu de Jeremías (Jer 19:1-11). La higuera simboliza a Israel. Así como la higuera tenía hojas pero no fruto, Israel tenía un templo, pero no vida espiritual. Sus deslumbrantes edificios estaban llenos de robo, hipocresía y ceremonia muerta.

Solo la fe puede mover el monte donde florece la religión muerta.
Una vez que la higuera se secó, esperaríamos que los discípulos pregunten por qué Jesús la maldijo. En cambio, ellos preguntan cómo Jesús lo hizo (Mt 21:20). Jesús respondió: «Si tenéis fe y no dudáis», no solo pueden secar las higueras, sino que si aun le dicen a este monte: “‘Quítate y échate al mar’, así sucederá” (v. 21).

Observa que Jesús no dijo que la fe mueve «montes». Más bien, la fe mueve «este monte»; una frase extraña que se refiere a un monte en particular cada vez que aparece (Mt 17:20, Jn 4:21). Cuando Jesús regresó a Jerusalén, vio el monte del templo. Ese monte debe ser movido, no físicamente, sino espiritualmente. Solo la fe puede mover el monte donde florece la religión muerta. Jesús maldijo a una higuera que representaba ese majestuoso pero sin sustancia templo de Israel. Ellos podrían echar eso al mar, si oraban con fe.

No malinterpretemos la frase «todo lo que pidáis en oración» (21:21-22). El Señor escucha las oraciones legítimas. La mejor oración es por una fe viva, y la religión muerta es un gran obstáculo para ella. Así que los discípulos deben orar con fe para que Dios elimine ese obstáculo. Y verdaderamente, Dios quitó ese monte para que la iglesia pudiera crecer.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Daniel M. Doriani
Daniel M. Doriani

El Dr. Daniel M. Doriani es vicepresidente de proyectos académicos estratégicos y profesor de teología en el Seminario Teológico Covenant en St. Louis. Él es autor de “The New Man: Becoming a Man After God’s Heart” [El nuevo hombre: convirtiéndonos en un hombre conforme al corazón de Dios].

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