Aviva Nuestros Corazones
Serie: Habacuc: del temor a la fe
Jul 30 ā Respuestas reales de un Dios real
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Annamarie Sauter: Revive 15 | Mujeres enseñando mujeres, IndianÔpolis Septiembre 25 y 26. ¿Quisieras estudiar la palabra de Dios mÔs profunda y efectivamente para poder enseñarla a otras mujeres? Entonces este evento es para ti, contaremos con la presencia de Nancy Leigh DeMoss, Jen Wilkin y Lauren Chandler, dirigiendo la alabanza, acompÔñanos no te lo pierdas.
Si estĆ”s interesada en enseƱar o hablar a las mujeres uno de tus mayores recursos puede ser aprender de otros que han profundizado en preciosas verdades de la palabra de Dios., Ćŗnete a Nancy Leigh Demos, Trillia Newbel, Andrea Griffin y Paula Hendricks para obtener sabidurĆa prĆ”ctica en cómo comunicar mĆ”s efectivamente la enseƱanza de la palabra de Dios en tu entorno particular. AcompƔƱanos en Revive 15, mujeres enseƱando mujeres, IndianĆ”polis Septiembre 25 y 26 no te lo pierdas.
Carmen Espaillat: Kathy Helvey era una esposa y madre devota, involucrada en el ministerio de las familias. Ella partió con el SeƱor recientemente. Aquellos que estuvieron con ella en sus Ćŗltimas semanas recuerdan la paz que controló su vida, aun cuando ella sufrĆa los efectos de la leucemia. Kathy describe la fuente de esa paz.
Kathy Helvey: Hay un versĆculo en el Salmo 94 que dice, Ā«Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mĆ, tus consuelos deleitan mi almaĀ» (versĆculo 19). Para mĆ, la consolación es lo que Ćl dice, lo que Ćl promete.
Carmen: EstĆ”s escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demoss en la voz de Patricia de SaladĆn.
Muchas quizĆ”s ya han oĆdo de nuestra amiga Kathy Helvey en mĆŗltiples ocasiones. Ella ha ofrecido consejos prĆ”cticos de cómo vivir la Palabra de Dios en las temporadas difĆciles de la vida.
Ahora vamos a escuchar una grabación que Kathy realizó con un grupo de damas en el aƱo 2007. Justamente, este grupo habĆa escuchado a Nancy enseƱar a travĆ©s del libro de Habacuc. Y como parte de esta serie, escucharemos a Nancy hablar con Kim Wagner, Holly Elliff, MarĆa Johnson, y la fallecida Kathy Helvey.
Holly comenzarĆ”.
Holly Elliff: Antes que nada quiero decirles, que mientras leĆa el libro de Habacuc y durante este estudio de hoy, creo que, -comenzando en el capĆtulo 2 cuando comenzaste a hablar sobre Habacuc subiendo a la torre de vigilia para esperar en Dios- tuve esta visión sobre mĆ misma tratando de subir a la torre y de todas esas personitas agarrando mis tobillos y diciendo, Ā«Mami, espera, espera, espera.Ā» [Risas]
Tengo un montón de hijos. Literalmente, me sentĆ© ahĆ pensando, ĀæPodrĆ© ser capaz de subirme a esa torre de vigilancia y decir, Ā«me voy a sentar ahĆ hasta que Dios hableĀ»? Entonces pensĆ©, bueno, Ā«PodrĆa hacer eso a las 2:00 o a las 3:00 de la maƱana. HabrĆ” suficiente silencioĀ». Era casi cómico mientras pensaba en mĆ misma tratando de ponerme en esa posición.
Nancy: En una posición de escuchar al SeƱor y de esperar en Ćl.
Holly: . . . diciendo me voy a sentar ahà hasta que Dios responda. Sé que Dios tiene la forma de hacer que yo haga eso, pero era un cuadro bastante cómico.
Nancy: SĆ, como una mamĆ”, Āæcómo encuentras tiempo a solas con el SeƱor? ĀæCómo logras permanecer en quietud y callada y dejas que Ćl te hable?
Holly: Para mĆ, literalmente es, algunas veces a las 2:00 o 3:00 de la maƱana cuando finalmente todo estĆ” tranquilo y callado y yo sĆ© que es bastante seguro que nadie se despertarĆ” por un tiempo. AhĆ es cuando yo puedo buscarlo a Ćl. He encontrado que aun unos pocos minutos en medio de mi dĆa hacen una enorme diferencia.
Nancy: SĆ© que es asĆ y Kim, tĆŗ tambiĆ©n tienes dĆas muy ocupados. Justo conversĆ”bamos que estĆ”s ahora mismo en una etapa de tu vida donde tus dĆas estĆ”n muy llenos. ĀæCómo encuentras ese tiempo para escuchar al SeƱor?
Kim Wagner: Si yo tengo que tener ese tiempo con el SeƱor. El SeƱor me enseñó hace algunos aƱos, que si yo no me encontraba con Ćl primero⦠que El es todo mi sustento. La Ćŗnica manera en que yo puedo funcionar es reuniĆ©ndome con Ćl en primer lugar. Yo sĆ© Holly que para ti es tarde en la noche. Pero en mi caso yo me tengo que reunir con el SeƱor a primera hora de la maƱana.
Holly: En realidad, el mĆo es mĆ”s temprano en la maƱana que el tuyo.
Kim: Ā”Correcto! Pero les he dicho a mis amigas, Ā«ustedes no querrĆ”n estar alrededor de mĆ hasta que yo me haya encontrado con el SeƱor y es porque yo sĆ© que Ćl necesita tratar conmigo a primera hora de la maƱanaĀ».
En realidad, ese es el tiempo mĆ”s dulce para mi del dĆa; el poder venir a Ćl, derramar mi corazón y simplemente buscarlo, preguntarle, SeƱor ĀæCon cuĆ”les Ć”reas de mi corazón TĆŗ necesitas tratar? ĀæCómo necesito rendirme a Ti? Entonces intercedo por otras personas que Ćl trae a mi corazón y a mi mente mientras lo busco a Ćl, antes de pasar a tener un tiempo en Su Palabra.
Yo soy esposa de pastor, y probablemente durante los primeros diez aƱos como esposa de pastor, mi tiempo de quietud con el SeƱor era probablemente muy similar al de la mayorĆa de los cristianos. Yo apartaba ese tiempo un dĆa sĆ y otro no. Recuerdo haber encontrado un diario mĆo, durante una de nuestras mudanzas de un pastorado a otro.
Un dĆa revisando las cajas de la mudanza, saquĆ© uno de mis diarios espirituales. Recuerdo haberlo hojeado y haber dicho, Ā«wao, esto es bueno. Mira como el SeƱor se encontró conmigo aquĆ el 24 de octubre. Esta es una buena palabra. Esto estĆ” interesanteĀ». Y me voy al próximo dĆa: 25 de octubre, y luego paso la pĆ”gina y veo que la siguiente es el 24 de noviembre. Pero ĀæQuĆ© pasó entre el 25 de octubre y el 24 de noviembre?
El SeƱor realmente usó eso para redargüirme de que faltaban algunos dĆas. Hojeando el diario pude darme cuenta de que mis tiempos de reunión con el SeƱor eran muy esporĆ”dicos. Entonces comencĆ© a preguntarme, Ā«Padre, ĀæquĆ© habrĆ”s querido hablar conmigo en aquellos dĆas cuando yo no me detuve a encontrarme contigo? ĀæQuĆ© me perdĆ, que hubieras querido enseƱarme SeƱor?Ā»
Pero eso no fue suficiente para que yo tuviera convicción de pecado, me tomó un aƱo mĆ”s. EstĆ”bamos entonces viviendo en Indiana y yo viajĆ© a IndianĆ”polis para ministrar a alguien en el hospital. Mientras yo manejaba alegremente camino a ministrar en el nombre de Dios, el EspĆritu Santo de manera tan fiel me habló y me dijo, Ā«Kim, tĆŗ vas a ministrar a alguien, pero no tuviste un tiempo a sola conmigo, no te reuniste conmigo esta maƱana. TĆŗ no buscaste Mi rostro primeroĀ».
Yo, en mi manera arrogante, orgullosa, frĆvola dije, Ā«Dios yo me estoy encontrando contigo ahora. Estoy escuchando a Adrian Rogers ahora mismo en el radioĀ». Dios, clara y fielmente me habló y me dijo, Ā«No, tĆŗ no buscaste Mi rostro esta maƱana. No te encontraste conmigo esta maƱanaĀ».
Y es que hay tantas cosas en nuestras vidas, que hacen que esta se vuelva tan agitada, con los hijos, con responsabilidades, con personas que necesitan ser ministradas alrededor nuestro, asĆ que podemos dejar que todas esas cosas desplacen las cosas mĆ”s importantes. Y yo estoy tan agradecida por Lucas 10, por el ejemplo de MarĆa, alrededor de ella habĆa muchas actividades ocurriendo.
Marta estaba haciendo muchas cosas buenas, muchas cosas que eran necesarias. Aquellos hombres necesitaban comer, pero MarĆa estaba haciendo lo mĆ”s importante. Para mĆ -no estoy diciendo que es lo mismo para todo el mundo- pero para mĆ, Dios me ha mostrado que debo hacer esto a primera hora del dĆa.
MarĆa Johnson: Bueno mira para mĆ es un poco diferente, porque la vida no siempre es tan ordenada cuando estĆ”s despierta toda la noche con un niƱo enfermo y todo lo demĆ”s. Yo amo las maƱanas. Es mi tiempo favorito, el tiempo antes de la salida del sol. Simplemente salir con una taza de cafĆ©, hasta envuelta en una frazada. AhĆ estĆ”n las estrellas, y estĆ”s tĆŗ y estĆ” el SeƱor. Ese es mi momento favorito.
Pero con cuatro hijos y seis nietos y el itinerario de trabajo de mi esposo, no siempre puedo hacer eso -levantarme a las 5 en punto o 4:30 o 6 a.m.- no cuando has estado despierta dos o tres horas con un hijo o un nieto enfermo o algo por el estilo.
AsĆ que lo que el SeƱor comenzó a enseƱarme del versĆculo 11 del Salmo 16 fue que yo era muy consistente con ese tiempo de quietud en la maƱana, y comencĆ© a enorgullecerme de ello. Ā«En Su presencia hay plenitud de gozoĀ». Ćl comenzó a mostrarme que yo tenĆa que vivir cada momento en Su presencia. Cada momento.
AsĆ que ya sea con un hijo enfermo o ayudando a mis hijos casados con sus hijos o a un vecino o en la iglesia, cualquier cosa que haga, cualquiera que sea la necesidad, es en ese momento que nos debemos dar cuenta de que Dios estĆ” ahĆ, y que Ćl ha hecho provisión para Su gloria en cualquiera que sea la circunstancia.
Esto no quiere decir que el tiempo con el Señor en Su Palabra no sea importante, es aún mÔs que eso. ¿A dónde podremos huir de Su presencia? A ningún lugar.
Recuerdo estar transportÔndome en un subterrÔneo en Boston y decirle a mi prima, «Mira toda esa gente, de todas esas nacionalidades. No puedo soportar el pensar que van a morir y a quemarse en el infierno». Es simplemente darnos cuenta de que Su presencia estÔ en todos lados y que en Su presencia hay plenitud de gozo.
Mi lugar favorito, por supuesto, es delante de Ćl en Su Palabra en la quietud de la soledad. Pero Ćl desea que lo veamos en todo lugar, y en todo lugar que Ćl ha hecho provisión para Su gloria, ya sea seƱalando a las personas perdidas o indefensas o ministrando o sencillamente pasando un buen rato, quizĆ”s haciendo dibujos con tiza en la acera con los niƱos. En todo lugar Dios ha hecho provisión para Su gloria. Tenemos que recordar eso y recordar que siempre estamos en Su presencia. Siempre. Siempre.
Muy temprano en la vida a mi me enseƱaron sobre ese tiempo de quietud. Vaya que lo hice. Dime que hacer, y seguirĆ© esos tres pasos. Hay cierto orgullo en eso. Entonces Dios dijo, Ā«No, es mĆ”s que eso. Siempre estoy ahĆ, y he hecho provisión para Mi gloria dondequiera que te he colocado.Ā»
Haciendo rompecabezas con los niƱos mĆ”s pequeƱos, enseƱando a las mujeres. No importa. Dios estĆ” ahĆ. Y nuestro propósito de estar allĆ…mi propósito es glorificarlo a Ćl.
Kathy Helvey: Nancy, tĆŗ mencionaste algo sobre la Palabra de Dios ⦠estaba revisando mis notas aquĆ y no puedo encontrarlo. Si fuĆ©ramos realmente a creer la palabra y a vivirla, entonces nuestras vidas serĆan verdaderamente transformadas. Todo serĆa tan diferente. Pienso en ese pasaje de las Escrituras en Romanos donde dice, Ā«Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimientoĀ» (Romanos 12:2, RV).
Ya que estamos hablando de tiempos de quietud y tiempo con el SeƱor, he notado que a medida que voy entrando en aƱos, he tenido que caminar para ejercitarme para mantener el peso adecuado. Algo que me motiva a salir cada dĆa a caminar es algo que comencĆ© a hacer unos aƱos atrĆ”s y es memorizar los Salmos porque es muy similar a la poesĆa. Fluye.
AsĆ que comencĆ© memorizando salmos diferentes. Me motivaba a mĆ misma a caminar llevando conmigo mis pequeƱas tarjetas tamaƱo 3 x 5. Entonces sencillamente yo las citaba y las repetĆa una y otra vez. Mientras comenzaba a caminar, recordaba ese pequeƱo corito que dice, Ā«Y Ćl camina conmigo y Ćl me hablaĀ». Eso fue lo que comenzó a suceder.
ComencĆ© a tener los mejores tiempos de quietud con el SeƱor, y aĆŗn los tengo, cuando estoy caminando sola. Soy muy egoĆsta con estas caminatas. La gente me ha dicho ‘dĆ©jame caminar contigo’. Le he dicho que no. Sencillamente necesito hacerlo sola. No podrĆa encajar este tiempo en otro momento de mi agenda.
Nancy: Diles que ya tienes un compaƱero de caminata.
MarĆa: Eso es correcto, y yo lo amo. AsĆ que mientras caminamos y mientras Ćl me habla, me lleno de gozo. Yo creo que C.S. Lewis escribió un libro, Ā«Sorprendido por el gozoĀ», y eso fue lo que me pasó un dĆa en nuestras caminatas.
Le estaba hablando a Dios sobre cierta situación y entonces comencĆ© a citar un Salmo en una de esas pequeƱas tarjetas. Al final comencĆ© a orar esas mismas palabras a Dios. Antes eran meras memorizaciones, pero se transformaron en una parte de quiĆ©n yo era, de la situación que atravesaba, de lo que yo querĆa decirle al SeƱor, y de lo que Ćl querĆa decir a mĆ.
De manera que muchos de los cambios en la vida han llegado a mĆ a travĆ©s de memorizar la Palabra de Dios. Cuando era muy pequeƱa me dijeron -durante las vacaciones, en la escuela bĆblica-cuĆ”n importante era memorizar la Palabra de Dios, pero yo no tenĆa idea. Ahora yo tengo muchas tarjetas pequeƱas y simplemente camino y hablo. La Palabra de Dios se convierte en una oración de retorno a Ćl, y es muy emocionante.
Nancy: He encontrado que eso me ha pasado a mi misma aun en este estudio del libro de Habacuc. Mientras he meditado en el libro y lo he estudiado, he terminado memorizĆ”ndolo. Ese Ćŗltimo versĆculo, Ā«DIOS, el SeƱor, es mi fortaleza; Ćl ha hecho mis pies como de ciervas, y por las alturas me hace caminarĀ» (Habacuc 3:19).
Me encontré a mà misma necesitando tanto la fortaleza del Señor, y he obtenido fortaleza a través de las Escrituras que estÔn ahora en mi corazón y diciendo por fe, «Dios el Señor es mi fortaleza. Señor, Tú eres mi fortaleza. Tú me haces sentir como las ciervas. Me haces caminar por las alturas».
El preparar estas sesiones de grabación – todo esto es un alto llamado para mĆ; es difĆcil. Me consume mĆ”s energĆa de la que tengo a mi disposición. Requiere mĆ”s sabidurĆa de la que poseo. Por eso las Escrituras se vuelven muy personales; de manera que no es solamente Habacuc que dice eso. No es sólo un conocimiento intelectual para mĆ. Se convierte en parte de mi propio caminar con el SeƱor.
Kathy: Pregunto a las personas sobre su tiempo de quietud -muchas veces la mayor parte de las mujeres con las que hablo tienen diversos problemas, y les digo: «Y entonces, ¿Cómo es tu tiempo de quietud?» Y ellas me responden, «Bueno, yo oro todo el tiempo». Entonces mi próxima pregunta es, «Bueno, eso es tremendo, pero ¿CuÔndo escuchas?»
De eso estĆ”s hablando. Con tus pequeƱas tarjetas- no solamente estĆ”s hablando con el SeƱor. EstĆ”s escuchando porque Ćl te estĆ” hablando a ti a travĆ©s de Su Palabra. De esa manera es que Ćl nos habla y nos dirige, nos corrige, a travĆ©s de Su Palabra, asĆ que esa es una buena manera de hacer las dos cosas a la vez.
Kathy: Hay un versĆculo en el Salmo 94 y dice, Ā«Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mĆ.Ā» Otra versión dice, Ā«En la multitud de mis pensamientos dentro de mĆā¦Ā» (Salmo 94:19,).
Nancy: Ā”Todas conocemos ese versĆculo!
Kathy: Entonces la segunda parte es, Ā«Tus consuelos deleitan mi almaĀ». Consolación, para mĆ, es lo que Ćl dice, lo que Ćl promete. Si no sĆ© lo que Ćl me estĆ” diciendo, entonces cuando mis pensamientos ansiosos toman control y se multiplican y los miedos y las tensiones de la vida llegan y los demonios de la oscuridad vienen en medio de la noche, despertĆ”ndome, siento miedo. Si no conozco la Palabra de Dios, si no la he escondido en mi corazón a travĆ©s de memorizarla, entonces estoy perdida.
Kim: Es porque no hay nada para contrarrestar esas mentiras. No tienes entonces la verdad escondida en tu corazón…
Kathy: Puede tomar control de mi vida⦠y no podrĆa transformar mi vida.. No podrĆa confiar. No sólo debemos leer la Palabra de Dios, sino memorizarla.
Kim: Meditar en ella.
Kathy: Si la memorizamos, yo pienso que la promesa de Dios es, que retornarĆ” a nosotros.
Holly: Yo estoy de acuerdo, Kathy. Muchas de las mujeres con las que hablo ni siquiera han tomado sus Biblias y no entienden por qué no estÔn obteniendo lo que necesitan del Señor. Ellas dicen «Dios no estÔ escuchÔndome».
Pensé en la determinación de Habacuc. Creo que fue sumamente honesto con Dios. Le dijo cuÔles eran sus inquietudes. Pero luego estaba determinado a ponerse en un lugar donde él pudiera escuchar a Dios.
Creo que si no somos cuidadosas, echamos toda la culpa a Dios, sin aceptar la responsabilidad, estando la Palabra de Dios tan disponible.. Perdóname, pero siento que todo el mundo puede encontrar un tiempo en algún lugar para llegar a Dios.
Yo sĆ© que hay momentos de crisis donde es sencillamente increĆblemente difĆcil, pero a menos que estĆ©s en el lecho de muerte de un ser querido, o en una estadĆa en un hospital, o en algĆŗn momento de crisis, en la mayorĆa de nuestras vidas hay tiempo disponible.
Nancy: En realidad, es en esos momentos de crisis que muchas personas sĆ buscan a Dios.
Holly: Bueno, entonces es que recuerdas que Ćl estĆ” ahĆ.
Nancy: Es asĆ.
Holly: Pero estamos tan poco preparadas para cuando esas cosas lleguen, porque en medio de nuestras vidas diarias, se nos olvida. No es que nos olvidemos. Sabemos. Nosotras simplemente no estamos lo suficientemente desesperadas para escuchar lo que Dios tiene que decirnos, esto significa, como mencionaba Nancy, que simplemente dependemos de nosotras mismas, y lo que tenemos es lo que tenemos apartadas de Ćl. Eso es tan aterrador para mĆ.
Kathy: Somos tan orientadas hacia los sentimientos, especialmente como mujeres. Lo que me llamó la atención durante toda esta sesión fue que Nancy decĆa una y otra vez que se trataba de una elección. Alguien una vez escribió un libro, Ā«La fe no es un sentimientoĀ». PensĆ©, muy bien, la fe no es un sentimiento.
Algunas veces estamos tan consumidas con nuestros sentimientos debido al dolor, o con lo que sea, lo que sea que estĆ© ocurriendo en nuestras vidas, que prefiero pensar en ello ahora como una elección contraria. Tengo que elegir contrario a todo lo que soy cuando me encuentro en esa situación. Eso es difĆcil de hacer a menos que yo haya invertido mientras todo iba bien⦠Si estoy caminando cerca del SeƱor.
Querido Habacuc, te amo. [Risa] Porque me sentĆ© allĆ pensando, ese es precisamente el interrogante de Habacuc. Esto es lo que es. Ćl estĆ” desconcertado, estĆ” confundido. EstĆ” furioso. No entiende nada. Ćl siente que ha sido abandonado, rechazado. ĀæDónde estĆ”s TĆŗ, Dios?
Todos hemos estado ahĆ. Quiero seguir a ese hombre. Quiero ser un Habacuc y moverme, desde mis interrogantes, hacia donde terminamos en este libro – hacia la fe.
Holly: Yo me pregunto, cuando hablas con otras mujeres, ¿por qué es que no las ves haciendo esto? ¿Por qué no hacen las mujeres esta elección?
HablĆ© con una joven un par de semanas atrĆ”s. En el transcurso de la conversación quizĆ”s mencionó unas diez mujeres con las que ella ya habĆa compartido lo que estaba ocurriendo en su vida. Cuando finalmente dije, «¿Has tenido tiempo de ir donde Dios sobre eso?Ā» Ā«No.Ā» Realmente no lo habĆa hecho. Ella era tan rĆ”pida para llegar a cualquier otra persona. Yo pienso que es muy peligroso poner tanto bĆ”lsamo sobre la herida que no necesitemos ir donde Dios, como lo hizo Habacuc.
MarĆa: Sin embargo, sale tan natural el ser independiente. TĆŗ no le enseƱas a un niƱo a decir, Ā«Yo lo puedo hacer por mĆ mismoĀ». TĆŗ le enseƱas a compartir. Pienso que es parte de esto. Es una de las cosas, como Cathy ha dicho, que me gustó sobre este libro -es cuĆ”n real es Dios con Su Palabra. Ćl es tan prĆ”ctico.
Las emociones son reales, y nosotras como mujeres sabemos eso. ĀæPero quĆ© vamos hacer con esas emociones? Ahora bien, Ć©l tenĆa miedo. Estoy segura de que tenĆa preguntas. Habacuc tenĆa dudas. Ćl se preguntaba ĀæcuĆ”nto tiempo y por quĆ©? Las emociones son reales, pero no podemos enterrarlas, ni podemos negarlas, ignorarlas o medicarlas. Tenemos que aprender a correr hacia Dios.
Yo he visto esto una y otra vez. Ćl permite que esa presión nos llegue para recordarnos que lo necesitamos a Ćl porque tenemos la tendencia a ser tan autosuficientes. Yo puedo hacer esto por mĆ misma. Realmente pienso que es simplemente una actitud con la que nacemos. Estas cosas empiezan a ocurrir con tanta frecuencia en tu vida que empiezas a darte cuenta de que tĆŗ lo necesitas a Ćl.
Hubo una temporada en nuestra vida donde, por un periodo de ocho años, el mayor tiempo que pasamos sin una crisis importante fue de seis meses. Estoy hablando de muertes, hospitalizaciones, accidentes mayores, un hijo que casi muere, en tres ocasiones en esos seis meses. La temporada tranquila mÔs extensa durante esos 8 años duró tan solo 6 meses.
Y aĆŗn asĆ yo no cambiarĆa esos ocho aƱos por nada en el mundo porque en medio de eso aprendĆ a correr hacia el SeƱor. Nuestra familia completa lo hizo. Cuando todo lo demĆ”s deja de funcionar, no ayuda, o no te satisface es cuando obtienes un vistazo de Dios. Son tiempos en los que necesitas respuestas reales. Necesitas un Dios real, y Ćl estĆ” ahĆ.
Ā«JEHOVĆ preside en el diluvio, y se sienta JehovĆ” como rey para siempreĀ» (Salmo 29:10, RV). Ese es el versĆculo que el SeƱor me dio cuando me encontraba acompaƱando a mi hijo de 17 aƱos que estaba irreconocible. Nadie sabĆa que ese era realmente Ć©l excepto su papa y yo; estaba tan mal herido. Simplemente me sentĆ© allĆ, y ese fue el versĆculo que el SeƱor me dio.
Ese fue el comienzo de ocho aƱos corridos. Con un respiro de seis meses. Cosas grandes. Muchas muertes, cirugĆas, accidentes, pĆ©rdidas financieras. Y yo solo decĆa, ĀæCuĆ”nto tiempo SeƱor? Y Āæpor quĆ©? Ćl estaba ahĆ, y Ćl era suficiente.
Tenemos algunas experiencias como esas en la vida y puedes cantar al final como lo hizo Habacuc. Hay temporadas asĆ. Digo, ese no es el Ćŗnico tiempo. Pero tienes una buena temporada de este tipo de cosas y comienzas a darte cuenta de que Dios es suficiente. A Ćl no le importa que le hagas esas preguntas honestas.
Antes de esa temporada, estĆ”bamos esperando en Dios en un momento que sentimos que Ćl nos habĆa dirigido a adoptar a pesar de que nuestros primeros dos hijos tenĆan 13 y 15 aƱos. Todo el mundo pensó que estĆ”bamos locos, pero realmente pensamos que Dios habĆa dicho que habĆa hijos especĆficos. No era que yo querĆa un bebĆ© o que no tenĆamos un hijo o una hija, o que querĆamos esto o aquello.
EstĆ”bamos esperando. Tomó 18 meses, mientras solamente toma 9 meses tener un bebĆ© biológico. Fue una espera demasiado larga. Se mantenĆan cambiando a las trabajadoras sociales.
Bueno, una amiga mĆa que era muy valiente me llevó a almorzar un dĆa. Yo me estaba quejando, como tĆŗ dijiste, quejas y quejas. Ella se inclinó hacia mĆ y me dijo, Ā«MarĆa, tĆŗ no estĆ”s esperando por una trabajadora social, tĆŗ no estĆ”s esperando un hijo, no estĆ”s esperando que tu casa se venda, y no estĆ”s esperando el poder comprar una casa mĆ”s grandeĀ» (porque vas a tener mĆ”s niƱos). Ella dijo, Ā«EstĆ”s esperando en el SeƱorĀ».
Si estamos en un restaurante con un camarero, alguien lo llama. ĀæQuĆ© hace este camarero o la camarera? Ellos esperan a que tĆŗ les hagas una seƱal, que hagas un gesto con la cabeza, o los llames, y ellos y vienen hacia ti. Esa fue la ilustración que el SeƱor me dio en ese segundo, que yo tenĆa que esperar en el SeƱor como lo harĆa un sirviente. Ćl me harĆa un gesto con la cabeza, me harĆa una seƱal cuando Ćl quisiera que yo me fuera o que me quedara, o que fuera a la derecha o a la izquierda. Nunca me olvidarĆ© de eso. Estamos esperando en el SeƱor. Eso fue lo que hizo Habacuc. Ćl esperó hasta que Dios le respondió.
Carmen: Esa es MarĆa Johnson. TambiĆ©n escuchamos de Kim Wagner, y Holly Elliff. Y escuchamos de Kathy Helvey, quiĆ©n partió con el SeƱor hace unos aƱos.
Estas mujeres escucharon mientras Nancy Leigh DeMoss enseñó esta serie , Habacuc: del temor a la fe. La conversación de hoy muestra cómo luce esta enseƱanza de manera prĆ”ctica dĆa a dĆa.
Alguien nos escribió:
Siento como si Dios me hubiese hablado a travĆ©s de cada una de ustedes. He comenzado a levantarme temprano para pasar tiempo con el SeƱor y he comprobado lo fĆ”cil que es comparado a orar a travĆ©s del dĆa. Cuando voy al SeƱor primero, las cosas no me molestan tanto. Gracias a todas y gracias por este estudio sobre Habacuc.
En Aviva Nuestros Corazones estamos comprometidos a enseñar la Palabra de Dios de manera precisa y enseñarles cómo vivirla de manera prÔctica. Si quieres contribuir para que estas enseñanzas continúen siendo posibles, puedes hacer una donación visitando AvivaNuestrosCorazones.com. O puedes llamar al 1-800-569-5959. Si llamas, no dejes de indicar que deseas que tu donación se aplique al ministerio de alcance hispano.
Generalmente esperamos que haya respuesta para todas las preguntas. Pero en ocasiones hay preguntas que no tienen respuesta y eso también puede ser bueno. Aprende por qué en el próximo programa. Una vez mÔs, escucharemos de parte de un grupo de amigas y recordaremos la vida de Kathy Helvey.
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