¿Quién tiene el privilegio de recrear al Salvador?
Su Iglesia, su pueblo. Sin embargo, ¿es esto posible? Él nos ha recreado a nosotros, mas ¿cómo podemos nosotros recrearle a él? Por nuestro amor. ¡Ay!, nuestro amor es tan frío y tan débil… No obstante, a Cristo le resulta muy agradable. Oye el elogio que él hace de ese amor: «¡Cuán hermosos son tus amores, hermana mía, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores!» (Cnt. 4:10). ¡Mira, amante corazón, cómo él se deleita en ti! Cuando reclinas la cabeza en su pecho no solo recibes gozo tú, sino que también se lo das a él; cuando contemplas con amor su glorioso rostro no solamente tú obtienes solaz, sino que le impartes deleite a él.
Nuestra alabanza también le proporciona gozo: no la alabanza de labios, sino la melodía de la profunda gratitud del corazón. Nuestros dones le son igualmente muy placenteros: él se goza también cuando nos ve poner nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes sobre su altar, no por el valor de aquello que damos, sino por el móvil que lo origina. Para él la modesta ofrenda de sus santos es más aceptable que millares de piezas de oro y de plata.
La santidad iguala al incienso y a la mirra. Perdona a tus enemigos y recrearás a Cristo; da de tus bienes a los pobres y él se gozará; sé un medio para la salvación de las almas y le harás ver el fruto de sus trabajos; proclama el evangelio y serás para él olor fragante; ve a los ignorantes y levanta el estandarte de la cruz, y lo honrarás.
Aún puedes quebrar el alabastro de ungüento y derramar sobre su cabeza el precioso óleo de gozo, como lo hizo aquella mujer de la antigüedad, cuyo recuerdo se hace presente hasta el día de hoy dondequiera que el evangelio es predicado. ¿Te mostrarás entonces negligente? ¿No quieres perfumar a tu amado Señor con la mirra, el óleo y la casia de la alabanza de tu corazón? Sí, palacios de marfil, vosotros oiréis los cánticos de los santos.
Así empieza un poema escrito por Lydia Baxter, una inglesa que estuvo enferma gran parte de su vida. Su enfermedad nunca apagó su gozo, al contrario; Lydia siempre fue una fuente de ánimo para las personas que la rodeaban. «Tengo una armadura muy especial, decía ella a sus amigos, tengo el nombre de Jesús. Cuando estoy tentada a hundirme en el desánimo, echo mano del nombre de Jesús, y la tristeza desaparece».
Llevar el nombre del Señor Jesús con ella significaba primero confiar en él para la salvación de su alma, era creer que Su muerte en la cruz había satisfecho la justa ira de Dios que ella merecía debido a sus pecados.
Luego significaba contar con él en la vida cotidiana, orar y pedir su misericordia. El ciego de Jericó (Marcos 10:46-52) y los diez leprosos (Lucas 17:12-19) no sabían el impacto que tendría sobre el corazón de Cristo el hecho de que ellos invocaran su nombre. “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:14).
Sí, Señor, enséñame a llevar tu nombre conmigo, a confiarte mi vida: pasada, presente y futura. ¡Tú eres mucho más grande que yo, me amas y tienes toda mi vida en tus manos!
Miércoles 15 Febrero Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Isaías 55:6 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Santiago 4:8
Descubrimiento El 3 de agosto de 1492 tres carabelas salieron del puerto español de Palos. Cristóbal Colón, el comandante de esos barcos, tomó rumbo al oeste con la intención de descubrir una nueva ruta hacia la India y la China, países de las especies, de la seda, del oro y de los elefantes. Los navegantes de esa época salían hacia el este y daban vuelta a África. ¡Si Colón lograba encontrar un trayecto más corto, haría fortuna!
Para los expertos, buscar el este al oeste era una locura, porque para ellos la tierra era plana como un disco. Pero para Colón era redonda como una bola. En vano se multiplicaron los esfuerzos para disuadirle.
Obstinado, Colón suplicó al rey de España hasta que este le proporcionó tres navíos. Después de miles de dificultades, Colón desembarcó el 12 de octubre en el archipiélago de las Bahamas, muy cerca de Cuba y Florida.
Hoy más que nunca se sueña con nuevos mundos; se va cada vez más lejos en los dominios del conocimiento y de la aventura, sobre el globo y en el espacio. Se persiguen riquezas, poder y placeres… En realidad, bajo esta búsqueda de lo desconocido, se oculta el deseo universal de colmar un vacío interior y de responder a las preguntas que cada uno se hace con inquietud, a veces con angustia:
¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuál es mi razón de vivir? ¿Qué hay después de la muerte? Las respuestas existen; Dios las da en la Biblia, allí es donde debemos buscarlas.
“Respondió Jesús… el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (Juan 4:13-14).
14 de febrero «Al instante había sido sanada». Lucas 8:47 (VM)
Tenemos esta noche delante de nosotros uno de los milagros más conmovedores e instructivos del Salvador. La mujer era muy ignorante: se imaginó que había salido poder de Cristo naturalmente, sin su conocimiento o inmediata voluntad. Por otra parte, ella desconocía la generosidad del carácter de Jesús, de lo contrario no hubiera ido detrás de él a robar la sanidad que él estaba dispuesto a darle. La miseria debiera colocarse siempre frente a la misericordia. Si la mujer hubiese conocido el amor del corazón de Jesús, habría dicho: «Solo tengo que ponerme donde me pueda ver. Su omnisciencia le hará conocer mi caso, y su amor obrará enseguida mi cura». Admiramos su fe, pero nos maravillamos de su ignorancia.
Cuando hubo obtenido la cura, se regocijó con temblor: estaba alegre porque el poder divino había obrado en ella una maravilla, pero temió que Cristo le quitara la bendición y le negara su gracia. ¡Poco conocía la plenitud de su amor! Nosotros no tenemos un concepto tan claro de él como quisiéramos, no conocemos las alturas y profundidades de su amor, pero sabemos, con seguridad, que él es demasiado bueno para quitarle a un alma temblorosa el don que esta ha obtenido.
No obstante, aquí está lo maravilloso: aunque el conocimiento de ella era limitado, su fe (porque era fe verdadera) la salvo, y la salvó al instante. No hubo una demora tediosa; el milagro de la fe fue instantáneo. Si tenemos fe como un grano de mostaza, entonces la salvación es nuestra posesión presente y eterna. Aunque en la lista de los hijos de Dios estemos inscritos como los más débiles de su familia, sin embargo, siendo herederos por la fe, ningún poder humano o diabólico es capaz de privarnos de la salvación. Aunque no podamos tomar en nuestros brazos al Señor, como lo hizo Simeón, aunque no nos atrevamos a reclinar nuestras cabezas en su seno, como Juan, sin embargo, si nos aventuramos a abrirnos paso detrás de él y a tocarle el borde de su manto, seremos eternamente sanos.
¡Ten coraje, tú que eres tímido! Tu fe te ha salvado; ve en paz. «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios» (Ro. 5:1).
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 53). Editorial Peregrino.
Martes 14 Febrero La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Hebreos 4:12 Tu dicho me ha vivificado. Salmo 119:50
Estos textos estaban llenos de vida
Testimonio «Era el 14 de febrero en el año 1974. Esa noche estaba sentado en mi habitación de la ciudad universitaria cuando mi mejor amigo llegó con su futura esposa, para decirme que se habían vuelto cristianos. Alarmado, pensé que una secta los había atrapado… En esa época yo no estaba seguro de mis propias creencias. Me había bautizado y confirmado, pero eso no significaba gran cosa para mí. En la escuela había asistido regularmente a las clases de religión, había estudiado la Biblia en los cursos bíblicos, pero terminé rechazando todo, e incluso tenía argumentos fuertes contra el cristianismo (al menos eso era lo que pensaba).
Quería, pues, ayudar a mis amigos. Primero pensé en hacer una búsqueda profunda sobre el tema. Decidí leer el Corán, a Karl Marx, a Jean-Paul Sartre y la Biblia. Como tenía una Biblia en un armario, esa noche la tomé y empecé a leerla. Leí todo el evangelio de Mateo; luego Marcos, Lucas y, casi dormido, solo leí la mitad del evangelio de Juan. Cuando desperté, terminé de leer Juan y continué leyendo Hechos, Romanos y las dos epístolas a los Corintios. ¡Esta lectura me apasionó! Antes, estos mismos textos no me decían nada, pero ahora estaban llenos de vida, y no podía parar de leer. Era la verdad, lo reconocía en el fondo de mí mismo. Tenía que tomar una decisión, pues estos textos me interpelaban con mucha fuerza. Poco después puse mi fe en Jesucristo».
¿Quién hubiera pensado que las personas que dicen ser cristianas, aun los pastores, atacarían la misma noción de la verdad? Pero así lo hacen.
Un reciente ejemplar de la revista Christianity Today resaltó un artículo acerca de «La iglesia emergente». Ese es el nombre popular para una afiliación informal de comunidades cristianas de todo el mundo que quieren renovar la iglesia, cambiar la forma en que los cristianos interactúan con la cultura y cambiar nuestro modo de pensar acerca de la verdad misma. El artículo incluía un perfil de Rob y Kristen Bell, el matrimonio fundador de Mars Hill, una comunidad emergente en continuo y gran crecimiento en Grand Rapids, Michigan.
Según el artículo, los Bell se encontraron cada vez más incómodos con la iglesia. Kristen dice: «La vida en la iglesia se había empequeñecido. Había funcionado por un largo tiempo, pero luego dejó de hacerlo». Los Bell se comenzaron a cuestionar sobre sus conceptos acerca de la Biblia misma, «descubriendo la Biblia como una creación humana», como dice Rob, en vez de una creación divina. Rob dice: «La Biblia está aún en el centro para nosotros, pero es un centro distinto. Queremos abrazar el misterio, en vez de conquistarlo». Kristen dice: «Crecí pensando que ya habíamos descifrado la Biblia, que sabíamos lo que significa. Ahora no tengo idea del significado de la mayor parte de ella. Y sin embargo, pienso otra vez que la vida es grande; como si la vida hubiera sido en blanco y negro y ahora fuera de color»[1].
Un tema dominante impregna todo el artículo: En el movimiento de la iglesia emergente, la verdad (en cualquier grado que este concepto sea reconocido) es inherentemente difusa, indistinta e incierta, y quizá hasta desconocida.
Cada uno de los líderes de la iglesia emergente descrito en el artículo, expresó un alto nivel de disconformidad con cualquier insinuación de certeza en cuanto al significado de la Biblia, hasta con respecto al evangelio. Aun el evangelio es una nebulosa para ellos. Por ejemplo, Brian McLaren, ex pastor y autor popular, es la figura más conocida y una de las voces más influyentes en el movimiento de la iglesia emergente. McLaren es mencionado en el artículo de Christianity Today, donde dice: «Yo no creo que tengamos el evangelio correcto todavía… No creo que los liberales lo tengan, pero tampoco nosotros lo tenemos. Ninguno de nosotros ha alcanzado la ortodoxia»[2].
En otros escritos, McLaren compara la noción convencional de ortodoxia con una afirmación: «Nosotros tenemos la verdad capturada, embalsamada y puesta en la pared»[3]. Así mismo, caricaturiza a la teología sistemática como un intento inconsciente de «tener a la ortodoxia definitiva forzada, congelada y envuelta para siempre»[4].
Esto es muy popular hoy día. McLaren escribió y fue coautor de cerca de doce libros, y su completo rechazo hacia la certeza es un tema que abarca una y otra vez. En el año 2003 Zondervan y Especialidades Juveniles se juntaron para lanzar una línea de materiales llamados «Emergent/YS». Publicaron libros, DVD y material de audio en grandes cantidades con títulos que iban desde Velvet Elvis: Repainting the Christian Faith (Velvet Elvis: Repintando la fe cristiana) de Rob Bell hasta Adventures in Missing the Point (Aventuras al perder el punto principal), un título acertado con la colaboración de Brian McLaren y Tony Campolo.
La idea de que el mensaje cristiano debería mantenerse flexible y ambiguo parece sumamente atractiva para los jóvenes que están sintonizados con la cultura y enamorados del espíritu de la edad, y que no soportan la idea de tener la verdad bíblica autoritaria aplicada con precisión para corregir el estilo de vida mundano, las mentes profanas y los comportamientos impíos. Y el veneno de esta perspectiva está siendo inyectado más y más dentro del cuerpo de la iglesia evangélica.
Eso no es cristianismo auténtico. No saber lo que uno cree (sobre todo cuando se habla de un tema tan esencial como el evangelio para el cristianismo) es por definición un tipo de incredulidad. Negarse a reconocer y defender la verdad revelada por Dios es una forma testaruda y perniciosa de incredulidad. Defender la ambigüedad, exaltar la incertidumbre o de lo contrario ocultar la verdad es una manera pecaminosa de fomentar la incredulidad.
Cada cristiano verdadero debería conocer y amar la verdad. La Escritura dice que una de las características clave de «los que se pierden» (aquellas personas que están condenadas por su incredulidad) es que «no recibieron el amor de la verdad para ser salvos» (2 Tesalonicenses 2:10). Es claro que el amor genuino por la verdad se edifica en la fe salvadora. Es por lo tanto, una de las cualidades distintivas de cada creyente verdadero. Según las palabras de Jesús, ellos conocieron la verdad, y la verdad los ha hecho libres (Juan 8:32).
En una época en que la sola idea de verdad está siendo atacada con desdén (aun en la iglesia donde las personas deberían reverenciar la verdad), el consejo sabio de Salomón nunca fue tan oportuno: «Compra la verdad, y no la vendas» (Proverbios 23:23).
Serie: El cristiano y la depresión. Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios.
13 de febrero «Ahora, pues, ninguna condenación hay…». Romanos 8:1
Ven, alma mía, piensa en esto: al creer en Jesús te libras real y efectivamente de la culpa, sales fuera de la prisión. No permaneces más en cadenas como un esclavo. Ahora estás libre de la esclavitud de la ley y del pecado, y puedes andar libremente, pues la sangre de tu Salvador ha logrado tu absolución completa. Tienes el derecho de acercarte al trono de tu Padre. Ninguna llama de venganza hay ahora allí que te espante; ninguna espada encendida.
La justicia no puede castigar al inocente. Tus inhabilitaciones ha sido quitadas: en tiempos estabas inhabilitado para ver el rostro de tu Padre, pero ahora lo puedes ver; no podías hablar con él, pero actualmente tienes acceso con confianza; en otro tiempo había en ti un temor al Infierno, mas ahora no lo temes ya, pues ¿acaso puede haber castigo para el inocente? El que cree no es condenado, no puede sufrir castigo. Y, a más de todo eso, los privilegios de que hubieras gozado en caso de no haber pecado, ahora —que estás justificado— son tuyos.
Todas las bendiciones que habrías tenido si hubieses guardado la ley, y muchas más, te pertenecen porque Cristo las ha reservado para ti.
Todo el amor y la aceptación que la obediencia perfecta hubiera podido conseguirte de Dios son tuyos, porque Cristo fue perfectamente obediente por ti y te ha imputado todos sus méritos: para que seas muy rico por medio de él, quien por tu causa se hizo muy pobre.
¡Oh, cuán grande es la deuda de amor y de gratitud que tienes con tu Salvador! Un Dios soberano es mi Dios, grande y poderoso al salvar, es siempre fiel para librar, sonríe y hay consolación. Su gracia, cual lluvia, veré y muros de amor rodearán al alma que defienda él.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 52). Editorial Peregrino.
Lunes 13 Febrero El mismo Jesucristo Señor nuestro… nos amó y nos dio consolación eterna. 2 Tesalonicenses 2:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16 Todo va bien Leer 2 Reyes 4:8-37
Una mujer rica y su marido prepararon una habitación en su casa para recibir al profeta Eliseo. Agradecido por la generosa hospitalidad de esta mujer sin descendencia, Eliseo le anunció el nacimiento de un hijo. Según la palabra del profeta, esta pareja tuvo un hijo, el cual creció bajo los tiernos cuidados de su madre.
Pero una mañana, estando en los campos con su padre, el niño se quejó de un fuerte dolor de cabeza. Su padre mandó que lo llevaran a casa. Su estado se agravó rápidamente, y al mediodía murió en las rodillas de su madre. Ella lo acostó en la cama del profeta, cerró la puerta y salió. A las preguntas de su marido que la veía partir, ella respondió: “Paz”, es decir, todo va bien. Al criado de Eliseo que fue a su encuentro, también respondió que todo iba bien.
Pero ante Eliseo, “el varón de Dios”, manifestó su dolor y su confusión. ¡Hubiese preferido no tener nunca un hijo que perderlo ahora! El profeta Eliseo la escuchó, luego fue a su casa y resucitó al niño.
¿Tiene usted un sufrimiento que nadie comprende? ¿Es algo tan personal que no se atreve a contárselo a nadie? Si se siente triste o amargado, haga como esta mujer de fe: vaya directamente a Jesús. Él es más grande que Eliseo, sin embargo, no rechaza a nadie. Expóngale todo mediante la oración, incluso sus resentimientos. ¡Él lo conoce, comprende su sufrimiento y dará paz a su corazón, aunque las circunstancias no cambien necesariamente!
«Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre». Juan 14:16
El magnífico Padre se reveló a los creyentes de la antigüedad, antes de la venida de su Hijo, y Abraham, Isaac y Jacob lo conocieron como el Dios Todopoderoso. Después vino Jesús, y el siempre bendito Hijo, en su persona misma, fue el deleite de los ojos de su pueblo. Y, desde la ascensión del Redentor, el Espíritu Santo ha sido la cabeza de la presente dispensación y su poder se manifestó gloriosamente en Pentecostés y lo ha hecho después de entonces.
Él permanece en esta hora presente como Emmanuel (Dios con nosotros) morando en y con su pueblo: vivificando, guiando y reinando en medio del mismo.
¿Reconocemos su presencia como debiéramos?
No podemos restringir la acción del Espíritu: él es enteramente soberano en todas sus obras.
Sin embargo, ¿estamos suficientemente ansiosos por obtener su auxilio, o suficientemente despiertos como para no provocarle a que nos retire su ayuda?
Sin él, nada podemos hacer; pero, con su poderosa energía, pueden producirse los más extraordinarios resultados.
Cada cosa depende de la manifestación o de la ocultación de su poder. ¿Le aguardamos siempre, tanto para nuestra vida interior como para nuestro servicio externo, con la respetuosa dependencia que conviene?
¿No acudimos, con frecuencia, presurosos a su llamado y obramos, después, independientemente de su ayuda?
Humillémonos esta noche por los errores pasados, e imploremos ahora que el celestial rocío repose sobre nosotros, que el óleo sagrado nos unja y que la llama celestial arda en nosotros.
El Espíritu Santo no es un don temporal, sino que él permanece con los santos.
No tenemos más que buscarlo acertadamente y lo hallaremos.
Él es celoso, pero también compasivo: si se va con ira, vuelve con misericordia.
Condescendiente y tierno no se cansa de nosotros, sino que aguarda para ser siempre benigno.