PURA Y SIMPLE OPOSICIÓN

PURA Y SIMPLE OPOSICIÓN

Charles R. Swindoll

11 de octubre, 2018

Proverbios 1

Como pastor, me asombra la diferencia que existe entre los cristianos en lo que respecta a aceptar instrucciones. Algunos parecen no querer aprender nunca. Muchos creyentes se mantienen conscientes de la dirección de Dios y se someten a su voluntad. También hay muchos seguidores de Cristo que van a la iglesia, pero persisten en aprender de la manera difícil. Están expuestos a las mismas enseñanzas año tras año, pero la sabiduría parece no impregnarse en sus vidas. Para ellos, las muchas advertencias de su familia y amigos pasan desapercibidas. Algunos roces con el desastre no alteran su curso de acción. Y cuando están sufriendo las consecuencias del pecado, comúnmente se preguntan: «¿Por qué me sucede esto? ¿Por qué estoy sufriendo?»

La Escritura me muestra tres tipos de personas y de ellos descubro que tienen un problema en común: son personas de oposición: se oponen a la instrucción de Dios. Esta clase de rebeldes viene en tres variedades, cada una de ellas fue descrita en los proverbios de los sabios y de Salomón. Examinaremos cada uno de estos tres tipos de personas en los siguientes días.

Los de «mente simple»

El sustantivo hebreo peti se basa en un verbo que significa «ser abierto, amplio o espacioso». Conlleva la idea de ser completamente abierto, sin ningún discernimiento, incapaz o sin ninguna disposición de distinguir entre la verdad y la falsedad, de ser fácilmente encaminado hacia el error y de ser atrapado fácilmente. Esta persona es una presa fácil del engaño. Los ingenuos son susceptibles a la maldad y cualquier opinión fácilmente influye en ellos. Usualmente no pueden enfrentar las complejidades de la vida, especialmente si la situación requiere mucho esfuerzo mental.

En la cultura hebrea, se espera que los niños sean ingenuos. Ellos no tienen educación, experiencia ni capacitación para discernir. Por lo tanto, los padres tienen la actividad sagrada de proteger a sus hijos del engaño y capacitarlos para la edad adulta. Son muy pocas las personas que toleran a los adultos ingenuos. Con excepción de la incapacidad mental, aquellos adultos que se mantienen ingenuos por elección merecen sufrir las consecuencias de su ingenuidad.

Al leer Proverbios, encuentro varios rasgos de una persona ingenua:

No son sensibles al peligro ni a la maldad:

Mirando yo por la ventana de mi casa, por entre mi celosía, vi entre los ingenuos y observé entre los jóvenes a uno falto de entendimiento. Él pasaba por la plaza, cerca de la esquina, y caminaba en dirección a la casa de ella. Era al anochecer; ya oscurecía. Sucedió en medio de la noche y en la oscuridad. En seguida se va tras ella, cómo va el buey al matadero, como un cordero al que lo ata; va como un venado (Proverbios 7:6-922).

No ven ni consideran las consecuencias de sus decisiones:

«¡Si alguno es ingenuo, que venga acá!». Y a los faltos de entendimiento dice: «Las aguas hurtadas son dulces y el pan comido en oculto es delicioso». No saben ellos que allí están los muertos, que sus invitados están en lo profundo del Seol (Proverbios 9:16-18).

Lo creen todo; les falta discernimiento:

El ingenuo todo lo cree, pero el sagaz considera sus pasos (Proverbios 14:15).

Nunca aprenden; vuelven a caer en el mismo error una y otra vez:

El prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el daño(Proverbios 22:3).

Reflexión

Hay un viejo dicho que dice: «Si te burlas de mí una vez, la vergüenza es para ti; si te burlas de mi dos veces, la vergüenza es para mí». ¿Qué tan bien aprende de sus errores? ¿Puede ver la conexión entre sus decisiones y las consecuencias de esas decisiones? La meta no es condenarse a sí mismo, sino más bien un examen cuidadoso de aquel sufrimiento pasado que le dará una responsabilidad personal. ¿Tiene esta disciplina de madurez?

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Tomado de: visionparavivir.org  

Disponible sobre el Internet en: https://visionparavivir.org/

EL AFÁN DE LA OPOSICIÓN

EL AFÁN DE LA OPOSICIÓN

Charles R. Swindoll

10 de octubre, 2018

Proverbios 24

¿En qué pensó cuando vio la palabra «oposición» en el título del capítulo? ¿Pensó en alguna resistencia interna externa a sus esfuerzos o a su propia resistencia interna a la dirección de Dios? ¿Cuál de las dos resistencias cree que sería mayor «afán»?

Cuando hablo de oposición, no me refiero a la resistencia externa de los demás sino más bien a la resistencia interna, a nuestra propia oposición a las cosas de Dios. Ciertamente, nos enfrentamos con fuerzas externas, con personas y circunstancias que frustran nuestros esfuerzos, pero eso, probablemente, no nos destruirá. Pienso más bien en la forma en que nosotros nos resistimos de manera personal a la dirección de Dios, a su disciplina, a su voluntad y a su sabiduría. Hay personas que están acostumbradas a esa oposición interna y, por lo general, no aprenden las lecciones que el Espíritu de verdad quiere señales. Aunque otros aprovechan el mensaje de Dios y siguen sus principios, muchos se resisten a su guía.

Todos nosotros, en algún momento, somos culpables de esa oposición interna. Por ello, debemos hacernos dos preguntas importantes:

¿Con qué frecuencia resistimos la obra de Dios dentro de nosotros?

¿Esa resistencia amenaza con volverse un hábito?

Estas son preguntas vitales y su respuesta determinará su futuro inmediato así como la eternidad después de la muerte. Lo que quiero decir es que Dios redime y transforma a las personas. Y aunque la Biblia afirma que Él cumplirá lo que está determinado a hacer, también apela a la voluntad de cada individuo, invitándonos a escuchar la voz de la sabiduría, a arrepentirnos de nuestra rebelión y a buscar la dirección de Dios, sometiéndonos a su guía.

Reflexión

¿Ha tomado la decisión de seguir la guía de Dios en cada detalle de su vida? Nadie hace esto de manera perfecta, pero en términos de la orientación que sigue su vida, ¿prefiere hacer las cosas a la manera de Dios de acuerdo con su voluntad, sus métodos y su tiempo? Si no es así, ¿Por qué se opone a ello? ¿Qué es lo que más teme? Le invito a que no se resista más; es un buen momento para comprometerse a seguir la dirección de Dios.

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

SABIDURÍA, PRUDENCIA Y CONOCIMIENTO

SABIDURÍA, PRUDENCIA Y CONOCIMIENTO

Charles R. Swindoll

8 de octubre, 2018

Proverbios 24

Salomón y los sabios de Israel decían que la sabiduría, la prudencia y el conocimiento son metas valiosas en la vida. De hecho, cuando tuvieron la elección entre la sabiduría y la riqueza material, optaron por la sabiduría en todas las ocasiones. Para ellos, un pensamiento claro tenía la clave del éxito en todas las áreas de la vida.

Es mejor adquirir sabiduría que oro fino, y adquirir inteligencia vale más que la plata (Proverbios 16:16).

Te guardará la sana iniciativa y te preservará el entendimiento (Proverbios 2:11).

Los labios del justo apacientan a muchos pero los insensatos mueren por falta de entendimiento (Proverbios 10:21).

Fuente de vida es el entendimiento al que lo posee, pero el castigo de los insensatos es la misma insensatez (Proverbios 16:22).

Analicemos las definiciones de sabiduría, prudencia y conocimiento.

Para los hebreos, la sabiduría (hakam) y sus derivados son los términos más comúnmente utilizados que denotan inteligencia.

Esta clase de sabiduría describe una percepción con discernimiento. La palabra original hebrea enfatiza la actitud y la capacidad de ver los que hay debajo de la superficie. Esta virtud representa una manera de pensar y una actitud que resultan en una vida prudente y sensible. «La sabiduría del Antiguo Testamento, sin embargo, es muy distinta a la de otras cosmovisiones antiguas. La sabiduría del Antiguo Testamento refleja la enseñanza de un Dios personal santo y justo que espera que aquellos que lo conozcan exhiban su carácter en todos los asuntos prácticos de la vida».1

El término hebreo de la palabra «prudencia» es tebuna, el cual denota inteligencia o discernimiento. Esta palabra describe nuestra capacidad de observar, aprender y discernir para así poder divisar un plan o tomar una decisión. Para poder obtener esta clase de capacidad mental, tenemos que investigar, buscar perspectivas múltiples, utilizar la lógica y formular ideas. Podemos llamar a esto una «sabiduría por experiencia», es decir, la clase de sabiduría que las personas mayores obtienen de la vida misma.

La palabra «conocimiento» viene del verbo hebreo yada que significa «saber». Esto quiere decir que es una comprensión basada en el entendimiento. Esta clase de conocimiento se basa en la experiencia personal de un asunto en particular. La Biblia utiliza esta expresión para caracterizar la familiaridad del Dios omnisciente con cada individuo y sus actitudes (Génesis 18:19; Deuteronomio 34:10; Isaías 48:2-8; Salmos 1:6; 37:18). En muchos contextos, denota la habilidad de discernir la diferencia entre dos cosas, sobre la base de la experiencia pasada (Génesis 3:5, 22; Deuteronomio 1:39; Isaías 7:15). Esa es una habilidad que no tienen los niños. El conocimiento, por lo tanto, es un aprendizaje que conlleva incluida una percepción. Incluye cosas tales como un deseo de aprender, una disposición de escuchar, un deseo de descubrir lo que hay y un conocimiento que siempre busca la verdad.

Salomón y los sabios de Israel catalogaban la sabiduría, la prudencia y el conocimiento como algo vital para vivir de manera prospera, Segura y eficiente. No obstante, reconocían los límites del pensamiento humano:

Confía en el SEÑOR con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión: Teme al SEÑOR y apártate del mal (3:54).

Reflexión:¿De qué forma ha invertido en su educación hasta ahora? ¿Qué hará para continuar desarrollando (en el sentido hebreo de esas palabras) sabiduría, prudencia y conocimiento? ¿Cuándo enfrenta un desafío, qué forma emplea la sabiduría humana y la confianza en Dios? ¿En qué pone su confianza principalmente?

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos. 1. Louis Goldberg, “647 hakam” en Theological Wordbook of the Old Testament, (Apuntes teológicos del Antiguo Testamento), ed. R. Laird Harris, Gleason L. Archer Jr. y Bruce K. Waltke, electronic ed. (Chicago: Moody Press, 1999), 283.

TRABAJO VERSUS RECOMPENSA

TRABAJO VERSUS RECOMPENSA

Charles R. Swindoll

5 de octubre, 2018

Proverbios 24

Tal como lo descubrimos antes, Salomón y los sabios de Israel dijeron mucho acerca del valor de la diligencia y los peligros de la holgazanería. Cuando unimos todos estos proverbios, su mensaje es muy claro: si uno trabaja diligentemente, cosechará recompensas materiales; la holgazanería, en cambio, nos dejará en la pobreza. Aun en este aspecto, los proverbios nos piden equilibrio. En favor del trabajo, los sabios escribieron:

«El apetito del trabajador es lo que lo obliga a trabajar, porque su boca lo apremia» (16:26).

La palabra que en el texto se traduce como «apetito» viene del término hebreo que se usa para «alma». En este contexto se refiere al deseo humano de satisfacer nuestras necesidades básicas de supervivencia. Literalmente, una persona debe tener agua, alimento y protección. Esta necesidad biológica nos motiva a trabajar. En un sentido más amplio de la expresión, el sabio reconocía nuestra necesidad espiritual de realizar un trabajo significativo. Dios nos ha diseñado con esta «hambre» y reflejamos su imagen cuando cumplimos nuestro propósito divino (Génesis 1:28; 2:15).

Esta necesidad, sin embargo, puede convertirse en una obsesión. El hambre nos hace trabajar, pero la ambición nos impulsa a trabajar demasiado. Dios nos llama a la diligencia, pero no quiere que nos volvamos adictos al trabajo. De acuerdo con el libro de la sabiduría, hay un tiempo para trabajar y un tiempo para disfrutar el fruto de nuestra labor.

Ordena tus labores afuera; ocúpate en ellas en el campo. Y después edifícate una casa (24:27).

La frase «edifícate una casa» tiene un doble significado: uno literal y otro figurado. Para edificar la casa de una persona, un hombre no solo erige la estructura en la cual va a vivir, sino que también establece un legado. Se casa, llena el hogar de niños, los cría hasta que son adultos y luego amplia la morada para acomodar a la siguiente generación. En este sentido, la casa de una persona representa su vida, la cual ha llenado con familia, amigos, riqueza y provisiones.

Una paráfrasis de este Proverbio seria: «¡Esfuércese mucho y luego disfrute la vida!».

Reflexión: ¿Cuál extremo tiende a exagerar: el proceso del trabajo o la recompensa del trabajo? ¿Qué puede hacer para mantener un equilibrio más saludable? ¿De qué forma puede involucrar a su familia y a sus amigos para que le ayuden a mantener ese equilibrio?

El hambre nos hace trabajar, pero la ambición nos impulsa a trabajar demasiado.

Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Vision Para Vivir

ADVERSIDAD VERSUS PROSPERIDAD

ADVERSIDAD VERSUS PROSPERIDAD

Charles R. Swindoll

4 de octubre, 2018

Proverbios 24

Aunque no se dé cuenta, la vida es una lucha perpetua para mantener el equilibrio entre varias fuerzas opuestas. Durante los siguientes días, examinaremos algunos extremos comunes que amenazan quitarnos ese equilibrio. El primero es la lucha entre la adversidad y la prosperidad.
Con respecto a los defectos de la adversidad, los sabios de Israel escribieron:

Si desmayas en el día de la dificultad, también tu fuerza se reducirá (Proverbios 24:10).

El término que se utiliza para «dificultad» en este texto describe un confinamiento o una contrición. Un lugar muy pequeño para que sea habitado cómodamente.

La expresión «entre la espada y la pared» es muy apropiada aquí. Este proverbio nos aconseja no desmayar o, de manera más precisa, no recaer.

Si lo hacemos, desperdiciamos la fuerza que nos ayudaría a escapar. En otras palabras, cuando cedemos a nuestros temores, permitimos que aquello que nos da miedo se convierta en realidad. Y de acuerdo con Proverbios 24:5, «más vale el sabio que el fuerte y el hombre de conocimiento que el de vigor».

Si me permite decirlo abiertamente, ceder es una tontería.

Cuando la adversidad nos presiona, pensemos en la supervivencia como nuestra meta principal. Ni siquiera piense en la idea de rendirse. Más bien, haga que esa adversidad genere en usted persistencia e ingenio para sobrepasarla. La adversidad hace que busquemos en nuestro carácter interior una solución. Con frecuencia un depósito de fortaleza interna.

Hay otro problema, y este es más sutil. El problema puede venir al encontrarnos con la prosperidad, lo opuesto a la adversidad. Cuando las cosas suceden fácilmente, cuando hay mucho dinero, cuando todos aplauden, cuando todo parece estar alineado y todo parece marchar bien, debemos ser más cautelosos. ¿Por qué? Porque en momentos de prosperidad, la vida puede, sutilmente, volverse complicada. La integridad es atacada. La humildad puesta a prueba. La fe desafinada.

Proverbios nos advierte diciendo:
«El que confía en sus riquezas caerá, pero los justos reverdecerán como follaje» (Proverbios 11:28).

Este texto utiliza la palabra «confiar» dando a entender que se trata de una persona que se siente segura, que tiene confianza y depende de algo. Cuando sufrimos adversidad, nos volvemos introspectivos, analizamos nuestras motivaciones y decisiones tratando de satisfacernos a nosotros mismos y diciéndonos que no merecemos esas circunstancias poco placenteras. Pero cuando la vida va bien, tendemos a preocuparnos menos por nuestro comportamiento y, si no tenemos cuidado, podemos comenzar a sentirnos indestructibles. Nuestra prosperidad parece un escudo contra la calamidad. Hasta podemos caer en el error de creer que nuestra riqueza es la prueba de que Dios está de acuerdo con nuestro comportamiento y empezamos a desarrollar un sentido de arrogancia.

La sabiduría nos dice que nos enfoquemos en nuestras circunstancias, ya sean de adversidad o de prosperidad, sino que encontremos el equilibrio en hacer lo que es correcto. Los «justos», en el versículo 28, son aquellos que siguen y aplican constantemente los parámetros morales de Dios a pesar de las circunstancias.

Reflexión: Si usted es como la mayoría de las personas, su vida es una mezcla de adversidad y prosperidad. Haga dos listas: una que describa forma en que sufre la adversidad y otra sobre formas en las que se siente próspero. ¿De qué forma se siente tentado a abandonar el comportamiento justo en cada circunstancia? Tome ahora la resolución de hacer lo correcto como respuesta a cada tentación.

Vision Para Vivir

DESEQUILIBRIO

DESEQUILIBRIO

Charles R. Swindoll

3 de octubre, 2018

Proverbios 12, 13, 15, 19, 22, 26

Entre más viejo me hago, más me doy cuenta de lo fácil que una rutina se puede convertir en un estancamiento y lo fácil que es que las prioridades se conviertan en obsesiones. En los devocionales anteriores examinamos el afán de la holgazanería y encontramos formas de evitar convertirnos en perezosos. Pero la decisión de dar prioridad al trabajo y ser diligentes en nuestras responsabilidades puede llevarnos a extremos. Nuestra laboriosidad puede convertirse en una adicción al trabajo.

Cuando estamos a dieta, monitoreamos lo que comemos y las cantidades. Los doctores nos recomiendan que hagamos ejercicio de manera constante. Sin embargo, algunas personas se preocupan tanto por su peso que llegan a sufrir de desórdenes alimenticios. Algunas mujeres hacen tanto ejercicio que sus hormonas femeninas se bloquean y algunos hombres sienten la necesidad de inyectarse compuestos químicos para desarrollar sus músculos aun cuando esos químicos pueden causar cáncer. Preocuparnos por lo que comemos y ejercitarnos sabiamente es algo bueno. Lo malo es cuando lo llevamos a un extremo.

De la misma forma, he visto cristianos espiritualizarse a tal extremo que se alejan de cualquier vida pública normal. Leen la amonestación de Pablo de «orar sin cesar» literalmente y se pasan horas en meditación privada sin hacer nada más. Estudian la Escritura tanto tiempo que tienen muy poca oportunidad de practicar lo que aprenden. Asisten a todos los servicios de la iglesia, participan en todos los programas y nunca se pierden eventos, pero sus hijos y su matrimonio son ignorados. Una vez más le repito, son cosas buenas que se convierten en malas cuando no buscamos el equilibrio apropiado.

Debo admitir que, para vergüenza mía, veo extremos en mí mismo. Le pido al Señor que me mantenga equilibrado. Necesitamos equilibrio entre el trabajo y la diversión. Ese desequilibrio no es saludable.

Necesitamos equilibrio entre nuestro tiempo a solas y nuestro tiempo con los demás.
Necesitamos equilibrio entre la independencia y la dependencia. Cualquiera de los dos extremos puede llevarnos a un comportamiento extraño y hasta desórdenes mentales.
Necesitamos un equilibrio entre bondad y firmeza, entre esperar y orar, entre trabajar y obedecer, entre ahorrar y gastar, entre recibir y dar, entre querer demasiado y esperar muy poco, entre la aceptación y el discernimiento agudo.
Reflexión: Examine su propia vida. ¿En qué área necesita más equilibrio? Reflexione en estas últimas semanas. ¿Alguien cerca de usted se ha quejado de que está llevando al extremo una actividad, prioridad o perspectiva?

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Desequilibrio

Una Mejor Manera de Educar a un Hijo

Una Mejor Manera de Educar a un Hijo

Instruye al niño en su camino,

Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. (Proverbios 22:6)

Proverbios 22:6 es probablemente el pasaje más conocido en cuanto a la crianza de los hijos y, de manera irónica, el más malentendido. Una interpretación clásica de este proverbio dice algo como esto:

Asegúrate de que tus hijos asisten con regularidad al estudio bíblico y a la iglesia. Enseña a tus hijos para que sepan y obedezcan los Diez Mandamientos; enséñales a orar antes de las comidas, al irse a la cama, y en emergencias. Y asegúrate de alimentarles con una dieta continua de versículos bíblicos. Haz esto temprano porque, ¡cuidado! la rebelión de adolescentes, en donde ellos sembrarán mucha cizaña, los desviará en su jornada espiritual. Cuando su aventura se acabe, volverán a Dios. Puedes contar con esto, porque este versículo tiene la promesa de Dios al respecto.

La interpretación clásica tiene dos strikes en su contra. Primero, hace a un lado las muy coloridas e intrincadas imágenes verbales que usa el poeta hebreo. Segundo, no es cierto en la experiencia. Algunos jóvenes se han rebelado y vuelto, pero otros nunca vuelven, escogiendo más bien seguir en pecado hasta la tumba.

Otra interpretación dice que los padres tienen dos opciones que presentar a sus hijos: la senda justa, sabia, o la senda destructiva y necia. Si se los envía por el camino justo disfrutarán de una vida larga, justa. Esto no es exactamente consejo sabio; ni tampoco muy útil. La sabiduría por lo general ofrece perspectiva que es menos obvia.

Una mejor interpretación de este versículo empieza con un aprecio de la complejidad con que el poeta usa el hebreo. Estos dos versos, de pocas palabras, y sencillos, están repletos de alusión y metáfora poéticas, conllevando sabiduría práctica y consoladora que ningún padre puede el lujo de perdérsela. Lo más importante de estas lecciones se puede hallar en dos expresiones.

Instruye

La palabra hebrea que se traduce “instruye” quiere decir “dedicar,” o “consagrar.” Se la usa sólo cuatro veces en el Antiguo Testamento, tres veces en referencia a la dedicación de un edificio, y una vez en referencia a un niño, en Proverbios 22:6. En varios de los lenguajes semitas brota de un término relativo al paladar o a las encías. Un verbo árabe, muy próximo a esta palabra, describe la costumbre de la partera de mojar su dedo en jugo de dátiles exprimidos a fin de masajear el paladar y encías del recién nacido. Esto estimula el instinto del bebé a chupar, de manera que se le pueda dar de lactar lo más pronto posible. En otras palabras, estimula las encías del bebé a fin de promover el comportamiento que beneficiará al niño. Con destreza y sabiduría utiliza el instinto natural del bebé para guiarle a lo que es mejor para él mismo.

La mejor instrucción paterna se logra cuando optamos por la inspiración en vez de la coacción. Hacemos esto al descubrir los deseos naturales y capacidades singulares del niño o niña, y promoviendo la conducta que le permita desarrollarse según eso.

Esto no quiere decir que meramente permitimos que los niños hagan lo que se les antoja, o que debamos evadir la corrección. Un término muy parecido tiene que ver con el entrenamiento de un caballo. La imagen es la del freno del caballo, que subyuga al caballo con el propósito de dirigir sus energías naturales sin dañar su espíritu. Nótese, sin embargo, que el freno no es un yugo. Sólo el que no sabe pone una cuerda en la boca del caballo para dominarlo. Los jinetes de experiencia saben que el freno del caballo es un punto de contacto en su relación con el animal. Los caballos quieren correr porque Dios les dio el deseo de cumplir el propósito para el que fueron creados. Un jinete sabio, y cuidadoso, usa el freno y las riendas para ayudar a que el caballo realice su propósito con seguridad y eficiencia.

El término hebreo combina las ideas de “dedicar,” “boca,” “someter,” y “dar experiencia.”

En su camino

Esta es probablemente la expresión más debatida del proverbio. El hebreo es muy sencillo: “de acuerdo a su camino” o, incluso más textualmente, “en la boca de su camino” (allí está la imagen de la boca de nuevo), pero traducirlo tal vez no sea tan sencillo. Como ya se dijo arriba, algunos aducen que el libro de Proverbios sugiere sólo dos caminos en que la persona puede ir: el camino del sabio y el camino del necio. En un sentido muy amplio, tienen razón. Pero el uso diestro del lenguaje por parte del escritor nos dice que su consejo va mucho más allá de lo obvio.

La palabra hebrea clave en la frase es la que se traduce “camino.” Puede referirse a un camino literal, como una carretera, o puede ser menos literal y referirse a la manera en que algo actúa, como por ejemplo en Proverbios 30:18-19:

Tres cosas me son ocultas;

Aun tampoco sé la cuarta:

El rastro del águila en el aire;

El rastro de la culebra sobre la peña;

El rastro de la nave en medio del mar;

Y el rastro del hombre en la doncella.

Aquí la palabra hebrea se traduce “rastro,” y se refiere a una manera característica. Debemos instruir al hijo de acuerdo a su manera característica. Algunos se inclinan por lo artístico, otros por lo atlético y otros por lo académico. Algunos tienen voluntad fuerte y otros son más sumisos. A un hijo se le puede animar con recompensas o reconocimiento, en tanto que a otro eso no puede importarle menos.

Mire la riqueza de imágenes y sabiduría que se empaca en un solo proverbio. “Instruir” exige una relación en la cual el padre y el hijo se dedican a un propósito compartido, con todos los privilegios y responsabilidades que lo acompañan. El padre halla maneras de animar una conducta que alegra a todos y satisface las necesidades más hondas del hijo o hija. Incluye guiar un espíritu indómito a fin de darle propósito y dirección.

Recibimos a cada hijo o hija de la mano de Dios, no como un trozo maleable de barro para moldearlo como se nos antoje, sino como una persona singular, distinta, con un destino. Hacemos honor a la creación de Dios de este individuo único en su clase, al adaptar nuestra instrucción a su manera característica. Luchar en contra de eso es luchar contra la creación de Dios.

Más bien, estudie a su hijo cultivando una relación íntima con él. Ayude a cada hijo o hija a descubrir su camino, la senda para seguir la cual fue creado. Entonces pídale a Dios que le ayude a aprovechar al máximo las tendencias naturales de su hijo, de modo que él pueda vivir en armonía con el diseño de Dios. Y cuando venga la madurez, el éxito de ese hijo o hija será un legado que pueden disfrutar juntos.

Acerca del Autor

Visión Para Vivir es el ministerio de enseñanza bíblica de los pastores Charles R. Swindoll y Carlos A. Zazueta.

El ministerio está comprometido a la excelencia en la comunicación de las verdades de la Escritura y la persona de Jesucristo…

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La fe implica riesgos

17 Junio 2017

La fe implica riesgos
por Charles R. Swindoll

Génesis 22:9

Algunas personas se cuidan tanto, que no se arriesgan por nada. Todo tiene que estar cuidadosamente regulado y bajo control… su control.  Los límites están definidos, las normas bien detalladas, cada céntimo justificado, nada de sorpresas. Y después de haber gastado tanto tiempo y tantos esfuerzos tratando de vivir sin problemas, terminan su vida sin haber hecho nada de valor duradero. No construyeron nada, no probaron nada nuevo, no invirtieron en nadie.

¡Pero Abraham no fue así! Su fe había madurado al punto de que su absoluta confianza en el carácter de Dios le había dado la libertad de echar la precaución por la borda, y arriesgarlo todo para obedecer. ¡Qué lección de teología tan perfecta para su hijo!

Ahora bien, el hijo que crió Abraham no era ningún tonto. Isaac sabía lo que podía pasar, y eso es lo que sucede después, a medida que avanza la historia. Leemos que llegaron al lugar que Dios le había dicho a Abraham, y levantó allí el altar, arregló la leña, y luego se puso a buscar a su hijo, que había huido para esconderse de su padre. ¡No! Isaac no hizo esto.

He escuchado incontables veces predicar sobre este pasaje, pero nunca he oído que alguien hable de la fe de este excelente joven. Vino a sacrificar ¡pero se dejó atar y colocar sobre el altar! Es obvio que este joven había aprendido bien su teología de su padre; un padre que renunció a su hijo porque tenía plena fe en su Dios. A propósito, Isaac no aprendió esa fe mientras subía la montaña esa mañana. La había estado cultivando por años, gracias al ejemplo permanente de su padre.

Es posible que algunos de ustedes, que son padres, se encuentren en una situación parecida mientras leen estas páginas. Puede ser que su relación con su hijo haya llegado a un punto en el que la única alternativa que le queda es encomendarlo totalmente al cuidado de Dios. A usted le gustaría ocuparse de los detalles, pero ya no puede hacer nada. Sabe que el Señor es bueno, y ha orado por una solución, pero nada ha cambiado. Sólo Dios puede intervenir, y porque eso es verdad, puede aprender algunas cosas de Abraham.

Ponga hoy en el altar esa relación con su hijo o hija. Entréguelos al Señor como una ofrenda. Tome el riesgo. Mentalmente, coloque a su muchacho o muchacha encima de la madera, y retírese del altar. Tenga fe en Dios y en su tiempo, y Él proveerá.

Tenga fe en Dios y en su tiempo, y Él proveerá.—Charles R. Swindoll

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“Queremos ser como todo el mundo”

15 Junio 2017

“Queremos ser como todo el mundo”
por Charles R. Swindoll

1 Samuel 8:1

1 Samuel 9:27

Desde el tiempo en que Josué murió hasta que Saúl subió al trono de Israel, el gobierno hebreo no fue una monarquía como la mayoría de las naciones vecinas. Los teólogos se refieren a esto como una teocracia, es decir “el gobierno de Dios». El Señor gobernaba a Israel, dando sus decretos y gobernando a través de profetas y sacerdotes. Cada región importante esperaba de un juez lo que la mayoría de las otras culturas esperarían de un rey. Este juez (que a veces fue una mujer), dirigía al pueblo en la batalla, juzgaba los casos civiles y hacía cumplir la ley de Dios.

Samuel juzgó a todo Israel teniendo a Dios como rey sobre el pueblo hebreo. De esta manera, los israelitas eran como ninguna otra nación de la tierra en el sentido de que podían afirmar que Dios era su líder, el Creador invisible, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Todopoderoso que humilló a Egipto, que dividió al mar Rojo y que conquistó a Canaán. Pero así como la generación errante se cansó del maná, el pueblo se cansó de la teocracia. Tres razones los llevaron a desear tener un rey.

En primer lugar, Samuel había envejecido, y ya no podía ir al mismo ritmo de las exigencias de la nación. En segundo lugar, sus hijos se habían descalificado a sí mismos al haber perdido el respeto del pueblo. Y tercero, el pueblo decía: “queremos ser como todas las demás naciones».

Antes de que sigamos adelante, no pasemos por alto un punto interesante. En las páginas anteriores vimos como Elí fracasó en la conducción de sus hijos, y ahora vemos pocas evidencias que sugieran que Samuel lo hizo mejor. La Biblia no nos ofrece una información detallada de la crianza que les dio, pero el sorprendente parecido entre los hijos de Samuel y los de Elí no nos permite llegar a otra conclusión. Elí fue un gran sacerdote y un buen juez, pero un pésimo padre. Y Samuel, lamentablemente, siguió sus pasos. Sus hijos se volvieron incompetentes como líderes, al igual que los de Elí.

Este fue un momento decisivo en la vida de Israel. Tome nota especial de cómo evaluó el Señor la decisión de ellos: “No es a ti a quien han desechado. Es a mí a quien han desechado, para que no reine sobre ellos».

En realidad, el Señor les dijo: “Ustedes están resueltos a lanzarse por este camino que les va causar sin duda mucha amargura, y yo no los voy a detener. Han rechazado mi camino por el de ustedes. Por tanto, morirán en la cama que se han hecho».

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Involúcrense

14 Junio 2017

Involúcrense
por Charles R. Swindoll

1 Samuel 3:19-21

Las familias que se desintegran son las que no responden de materia rápida y adecuada a las advertencias que les hacen las demás personas. Escuche a los maestros de sus hijos. Pueden parecerles prejuiciados contra su hijo, pero rara vez es así. Tome con seriedad las primeras advertencias, y tome acciones pronto. Escuche a su pastor o al líder de jóvenes de la iglesia. Escuche al oficial de policía que viene a hablar con usted.

No se apresure a salir en defensa de su hijo. Dedique tiempo a escuchar el informe completo. Haga preguntas directas para que se asegure de haber entendido bien el asunto. Luego, tómese un tiempo para reflexionar en lo que ha oído. Si tiene eco en usted, llevándolo a pensar que puede ser verdad, investigue más y haga todo lo que sea necesario para asegurarse de resolver el problema.

Las familias que se desintegran son las que justifican las conductas incorrectas, y de ese modo se convierten en parte del problema. Elí participaba de la conducta de sus hijos. Lo sabemos, porque engordó con la comida que sus hijos robaban del altar.

En cuanto a Samuel, el niño que escuchó la voz de Dios, las palabras finales de este episodio nos dicen que la aletargada indiferencia espiritual que había sumido a Israel en la complacencia estaba a punto de detenerse en seco. Un hombre de acción había entrado en escena, y el deslizamiento espiritual de Israel estaba a punto de terminar. Samuel fue un niño que no sólo escuchó al Señor, sino que también obedeció su voz.

Al pensar en todo esto, especialmente al evaluar la condición de su familia, recuerde que escuchar la verdad no es suficiente. Acción es lo que hace falta. Solo en muy raras ocasiones el Señor bendice a alguien por simplemente haberlo escuchado. La fe es acción. Eso significa que las bendiciones de Dios casi siempre son el resultado de la obediencia. Según la Biblia, el conocimiento envanece (1 Corintios 8:1). Además, problemas como los que tuvieron los hijos de Elí no se resuelven por sí solos, sino que se multiplican y se hacen mayores con el lento y silencioso paso del tiempo.

Si usted ha llegado a la conclusión de que su familia está en peligro, decida hacer algo en vez de no hacer nada. Niéguese a ser como Elí. Al final, después de haber cosechado el éxito público en su ministerio, Dios lo consideró un fracaso como padre… y lo juzgó por ello.

No haga usted lo mismo.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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