Yo soy la verdad

Sábado 13 Octubre

(Jesús dijo:) Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

Juan 14:6; 18:37

Yo soy la verdad

Solo Jesucristo puede afirmar que él es la verdad. “Yo soy… la verdad”. Esta frase no solamente expresa que él dice la verdad, sino que él encarna la verdad absoluta.

En nuestro mundo hay muchas verdades humanas y afirmaciones ideológicas. En nombre de verdades de esta índole se han cometido asesinatos, se han desplazado pueblos, diezmado poblaciones enteras, hasta que las ideologías correspondientes fueron puestas en duda. Entonces se reemplazaron por otras «verdades», quizá más humanas, pero igual de subjetivas y dudosas. ¡Cuántas pretendidas verdades resultaron falsas! Comprendemos la pregunta escéptica de Poncio Pilato: “¿Qué es la verdad?”. Ese gobernador conocía el poco valor de las «verdades» políticas, pero no quiso reconocer que en Cristo la verdad encarnada estaba delante de él. Se fue sin esperar la respuesta de Jesús, porque no quería enfrentarse a ella. ¡Qué triste actitud, pues en ese mismo instante perdió la oportunidad de descubrirla!

En el ámbito religioso, las «verdades» se confrontan y se contradicen, por ello muchas personas llegan a decir: «Lo importante es ser sincero». Sin embargo, podemos equivocarnos sinceramente…

En nuestro siglo 21, Jesucristo sigue siendo “el camino, y la verdad, y la vida”. No se trata de una verdad revelada hace más de dos mil años, sino de la verdad absoluta, que escapa a toda moda, al desgaste del tiempo y al asalto de las nuevas ideologías.

Si usted tiene sed de verdad, de autenticidad, ¡búsquela en la Biblia!

Deuteronomio 7 – Juan 5:24-47 – Salmo 116:12-19 – Proverbios 25:8-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

UN AMIGO RECIBIDO CON AGRADO

Octubre 12

UN AMIGO RECIBIDO CON AGRADO

Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Hebreos 12:11

El considerar una prueba como algo que causa gozo es algo que requiere disciplina, ya que el gozo no es la reacción humana natural ante las aflicciones. El cristiano tiene que hacer un compromiso consciente para afrontar cada prueba con una actitud gozosa. Pablo estaba preso en Roma cuando dijo a los filipenses: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (4:4, 11). Él había aprendido a estar contento y a regocijarse en medio de las pruebas. Eso no es algo que sucede por casualidad.

Cuando vea llegar una prueba, asuma una actitud de gozo que resulta de esperar lo que la obra perfeccionadora del Señor hará a través de la prueba. Debemos estar convencidos de que vamos a afrontar las pruebas con una actitud alegre. Es el gozo de quien considera un privilegio que se pruebe su fe porque sabe que la prueba lo acercará más al Salvador. Entonces una prueba será un amigo recibido con agrado. 

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

1 Reyes 15 | Colosenses 2 | Ezequiel 45 | Salmos 99–101

12 OCTUBRE

1 Reyes 15 | Colosenses 2 | Ezequiel 45 | Salmos 99–101

Algunos de los salmos se encuentran agrupados en colecciones. Los que van del 93 al 100 celebran el reinado y la venida del Señor. Temáticamente, sin embargo, abarcan desde el júbilo eufórico del Salmo 98 (la meditación de ayer) hasta un sobrecogimiento más sutil pero profundamente sumiso. Después del gozo incontenible del Salmo 98, en el Salmo 99 encontramos una profunda reverencia. Pasamos de un festival de adoración a una catedral.

El salmo se divide en dos partes. La línea que se repite, “¡él es santo!” (99:3, 5), establece el tema de la primera. No dice algo tan simple como que Dios es bueno o moral (aunque no excluye dichas nociones). Se hace hincapié en la “Deidad” total de Dios, lo que lo diferencia de los seres humanos. Sólo él es Dios. Los dos ejemplos de la frase “él es santo” tienen el propósito de resumir las líneas precedentes en cada caso. (a) El Señor reina; es exaltado sobre los poderosos querubines (99:1). Aunque se manifiesta en Sión, no es una deidad tribal: “¡excelso sobre todos los pueblos!” (99:2). “Sea alabado su nombre grandioso e imponente” (99:3) y después el estribillo que resume, “él es santo”. (b) Si él reina sobre todas las cosas, es el Rey supremo (99:4). No sólo es poderoso, sino que ama la justicia y la ecuanimidad, lo cual se despliega eminentemente en la comunidad de su pacto: “Has actuado en Jacob con justicia y rectitud” (99:4). Solo existe una única respuesta apropiada ante un Dios semejante: “Exaltad al Señor nuestro Dios; adoradlo ante el estrado de sus pies” (99:5), y de nuevo el estribillo resumen, “él es santo”.

La segunda parte del salmo contempla la verdad de que, aunque es exaltado y santo, Dios eligió revelarse a los seres humanos. Tal vez pensemos que Moisés, Aarón y Samuel eran casi sobrehumanos. Sin embargo, el salmista se preocupa de colocarlos entre los sacerdotes y entre aquellos que invocaron su nombre: no eran fundamentalmente diferentes de los demás. Además, eran frágiles e imperfectos como todos nosotros. Según el versículo 8, Dios fue para ellos (no “para Israel”) “un Dios perdonador”, aunque castigó sus rebeliones.

Así pues, el tema de la santidad del Señor no acaba en la simple trascendencia, sino en un Dios inimaginablemente misericordioso que se revela a nosotros, los seres humanos, incluso cuando nos rebelamos contra él. Si su santidad es revelada en su misericordia y en su ira, dicha santidad ni debe desesperarnos, ni debemos presumir de ella. “Exaltad al Señor nuestro Dios; adoradlo en su santo monte: ¡Santo es el Señor nuestro Dios!” (99:9).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 285). Barcelona: Publicaciones Andamio.

PALABRAS PARA VIVIR

PALABRAS PARA VIVIR

Charles R. Swindoll

12 de octubre, 2018

Proverbios 1

La cultura hebrea reconocía que no toda oposición a la dirección de Dios es igual. Toda oposición es necedad, pero los sabios del Antiguo Testamento diagnosticaron las diferentes raíces de la estupidez espiritual y las presentaron de igual manera. Ayer examinamos la ingenuidad simple, la oposición de aquellos que sencillamente no han aprendido, personas que no han sido capacitadas. El día de hoy, consideraremos una forma más severa de necedad espiritual, una condición que puede llamarse «oposición estúpida». Aunque suene fuerte, el mejor término que podemos usar en este caso es necio.

El necio 
El idioma hebreo tiene dos términos principales para esta clase de necio: nabal y kasal.Ambos tienen el significado básico de «ser insulso» o «estúpido». El idioma árabe tiene un término similar a kasal que significa lento, insulso, estúpido o torpe. Pero no se equivoque. El necio tiene capacidad de razonar; simplemente, su lógica es incorrecta. Los necios están convencidos absolutamente de que pueden vivir sin Dios. Los necios crean una racionalidad que aparenta una lógica honesta. Sin embargo, no lo es. La verdad es que comienzan con conclusiones predeterminadas por ellos mismos y tratan de apoyarlas con su propio raciocino.

Un ejemplo de kasal tiene que ver con una persona que sufre una pérdida trágica y terrible. Se enoja intensamente con Dios y por eso decide que el creador no existe. Luego pasa su vida desarrollando un caso lógico en contra de la existencia de Dios, utilizando lo que parece ser un razonamiento creíble. Para poder seguir convenciéndose a sí misma y a los demás propone teorías alternas de cómo y por qué el universo existe para, de esta forma, reemplazar la cosmovisión bíblica.

Ciertamente, el ateísmo es sencillamente una forma moderna de idolatría; un rechazo voluntario de Dios favoreciendo un cosmos creado por el hombre. Quizás por esta razón es que la Biblia utiliza la palabra kasal con frecuencia para los idolatras. Esas personas crean sus propios ídolos y luego se convencen de que tienen poder sobrenatural. El profeta Isaías ilustró lo absurdo de esto con una historia de un hombre que cortaba un árbol:

«Quema parte del leño en el fuego y sobre él prepara carne asada, come y se sacia. Luego se calienta y dice: ‹¡Ah! Me caliento mientras contemplo el fuego›. Después, lo que sobra lo transforma en la imagen tallada de un dios. Se postra ante él y lo adora, y le ruega diciendo: ‹¡Libérame, porque tú eres mi dios!›»(Isaías 44:1617).

De manera similar, un nabal decide qué clase de comportamiento pecaminoso disfruta y luego lo racionaliza. Por ejemplo, una mujer que piensa abandonar a su familia debido a una aventura se pasa varias semanas preparándose mentalmente para esa ruptura. Se convence a si misma de que su esposo y su familia viven mejor sin ella, de que ella ha vivido mucho tiempo sirviendo a los demás y ahora es su tiempo de disfrutar de la vida, o que hay otro hombre que es en verdad su alma gemela y que Dios quiere que ella sea feliz.

¿Ve la relación? La mayoría de las personas modernas no crean estatuas para venerarlas como si fueran sus dioses. Más bien, las personas en la actualidad deciden lo que quieren creer y luego lo racionalizan sin consideración de que han puesto su confianza en mentiras que ellos mismos han creado. La Escritura reprende esta clase de oposición con términos muy claros y dice a los sabios que respondan de la siguiente forma a la necedad de los necios:

Apártate del hombre necio porque en él no encontrarás los labios del saber. La sabiduría del sagaz discierne su camino, pero la insensatez de los necios es un engaño(Proverbios 14:78).

El corazón entendido busca el conocimiento, pero la boca de los necios se apacienta de la insensatez (Proverbios 15:14).

El necio no toma placer en el entendimiento, sino solo en exponer lo que tiene en su corazón (Proverbios 18:2).

El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que camina en sabiduría estará a salvo (Proverbios 28:26).

Reflexión: Es posible que hasta las personas sabias actúen como necios en algunos casos. ¿Cuándo fue culpable de racionalizar su comportamiento, sabiendo que era contrario a la voluntad de Dios? ¿Por qué protegió tanto ese comportamiento? ¿Qué necesidad o deseo satisface ese comportamiento en usted? Considere presentar esa necesidad a Dios, pidiéndole que él provea satisfacción a su manera y de acuerdo con su tiempo.

Los necios están convencidos absolutamente de que pueden vivir sin Dios.Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Tomado de: visionparavivir.org  

Disponible sobre el Internet en: https://visionparavivir.org/

 

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Viernes 12 Octubre

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Efesios 5:1

Les reconocían que habían estado con Jesús.

Hechos 4:13

Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas… quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.

1 Pedro 2:21-23

Un reflejo de Jesús

Aquella mañana Jerónimo iba con retraso a tomar el tren; atravesó la estación corriendo. En el andén empujó a un niño que tenía en la mano un puzzle nuevo, y las piezas se dispersaron por el suelo. Cuando Jerónimo vio al niño llorando, tuvo un momento de duda, pero luego lo ayudó a recoger las piezas. El niño lo observaba detenidamente. Cuando hubieron juntado todas las piezas, el niño, con cierto temor, le preguntó dubitativo: Señor, ¿tú eres Jesús?

En ese instante Jerónimo tomó conciencia de que ese pequeño incidente, que le había hecho perder el tren, al final le había permitido ser como un reflejo de Jesús.

Amigos cristianos, nosotros también debemos tratar de imitar a nuestro Señor cada día. Ser un testigo de Jesucristo no es solo hablar de él y pretender hacer grandes cosas en su nombre. Es, sobre todo, reflejar en nuestra vida los caracteres de Jesús: justicia, bondad, humildad y compasión. Él mismo nos dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Como él, dediquemos tiempo a los pequeños para tranquilizarlos, consolarlos y darles a conocer el amor de Jesús. ¡Imitemos a nuestro Maestro, quien nos dice: “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños”! (Mateo 18:10).

“El deseo de los justos es solamente el bien” (Proverbios 11:23).

Deuteronomio 6 – Juan 5:1-23 – Salmo 116:1-11 – Proverbios 25:6-7

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

NUESTRA CORONA FUTURA

Octubre 11

NUESTRA CORONA FUTURA

Cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida.

Santiago 1:12

La vida eterna es la corona que Dios ha prometido a quienes lo aman. Es el galardón supremo del creyente. Aunque en el presente experimentamos algunos de los beneficios de vida eterna, la tenemos como una promesa. Algún día la recibiremos en su plenitud. Seguimos esperando recibir el galardón futuro. Cuando venga el Señor, nos dará la plenitud de vida eterna.

El apóstol Pablo expresó un pensamiento similar: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:8). Cuando Cristo regrese por la iglesia, a los cristianos se les dará una vida de justicia eterna. Todos recibiremos la misma corona de las recompensas de vida eterna, justicia y gloria.

La resistencia no gana la vida eterna. Sin embargo, la resistencia es la prueba de la fe y del amor genuino, y eso es recompensado con la plenitud de vida eterna.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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1 Reyes 14 | Colosenses 1 | Ezequiel 44 | Salmos 97–98

11 OCTUBRE

1 Reyes 14 | Colosenses 1 | Ezequiel 44 | Salmos 97–98

En el Libro de Oración Común de la iglesia anglicana, el Salmo 98 se conoce como el Cantate Domino (“Cantad al Señor”) y está ubicado entre la lectura nocturna del Antiguo Testamento y su equivalente del Nuevo, desbordante de adoración y gozo vivificantes.

El Salmo 98 tiene tres estrofas. La primera (98:1–3) celebra la “salvación” de Dios (que vemos en cada versículo). La palabra tiene quizás un uso más amplio que el que le damos actualmente. Incluye la victoria sobre los enemigos: la “diestra” y el “santo brazo” del Señor (98:1) llevarán a cabo esta “salvación” o victoria. Sin embargo, también incluye nuestro significado del término: Dios reconcilia al pueblo con él y lo transforma por su gracia. Mientras él “se ha acordado de su amor y de su fidelidad por el pueblo de Israel” (98:3), la gloriosa verdad es que “el Señor ha hecho gala de su triunfo; ha mostrado su justicia a las naciones” (98:2); “¡Todos los confines de la tierra son testigos de la salvación de nuestro Dios!” (98:3). No es de extrañar, pues, que debamos cantar “un cántico nuevo” al Señor (98:1). Esta expresión no se refiere tanto a una composición nueva, escrita quizás para la ocasión, como a una reacción fresca ante las nuevas misericordias derramadas sobre nosotros.

La segunda estrofa (98:4–6) responde con una adoración emocionada a cada acto de Dios en la primera, que celebra su venida en poder y salvación. De hecho, todos nuestros actos de adoración constituyen un adelanto del fin, pues la salvación total descrita brevemente espera la consumación. Aclamamos “alegres al Señor, el Rey” (98:6) como preludio del anuncio de la culminación de su reino. Los instrumentos enumerados aquí se utilizaban regularmente como parte de la adoración en el templo (cf. 1 Crónicas 16:5–6) o en ocasiones alegres como la coronación de un nuevo rey (p. ej., 1 Reyes 1:39).

Si la alabanza de la segunda estrofa se estructura en un cántico orquestado, la de la tercera (98:7–9) es inarticulada. Sin embargo, no es menos poderosa por ser tosca. Incluso ahora, todo el universo declara la gloria de Dios. No obstante, si diversos pasajes del Antiguo Testamento anuncian una enorme renovación del orden creado (Salmo 96:11–13; Isaías 2; 11; 55:11–12), Pablo no sólo también lo hace sino que reconoce que el cumplimiento depende de la transformación de los seres humanos al final: “La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para alcanzar así la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Romanos 8:19–21).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 284). Barcelona: Publicaciones Andamio.

PURA Y SIMPLE OPOSICIÓN

PURA Y SIMPLE OPOSICIÓN

Charles R. Swindoll

11 de octubre, 2018

Proverbios 1

Como pastor, me asombra la diferencia que existe entre los cristianos en lo que respecta a aceptar instrucciones. Algunos parecen no querer aprender nunca. Muchos creyentes se mantienen conscientes de la dirección de Dios y se someten a su voluntad. También hay muchos seguidores de Cristo que van a la iglesia, pero persisten en aprender de la manera difícil. Están expuestos a las mismas enseñanzas año tras año, pero la sabiduría parece no impregnarse en sus vidas. Para ellos, las muchas advertencias de su familia y amigos pasan desapercibidas. Algunos roces con el desastre no alteran su curso de acción. Y cuando están sufriendo las consecuencias del pecado, comúnmente se preguntan: «¿Por qué me sucede esto? ¿Por qué estoy sufriendo?»

La Escritura me muestra tres tipos de personas y de ellos descubro que tienen un problema en común: son personas de oposición: se oponen a la instrucción de Dios. Esta clase de rebeldes viene en tres variedades, cada una de ellas fue descrita en los proverbios de los sabios y de Salomón. Examinaremos cada uno de estos tres tipos de personas en los siguientes días.

Los de «mente simple»

El sustantivo hebreo peti se basa en un verbo que significa «ser abierto, amplio o espacioso». Conlleva la idea de ser completamente abierto, sin ningún discernimiento, incapaz o sin ninguna disposición de distinguir entre la verdad y la falsedad, de ser fácilmente encaminado hacia el error y de ser atrapado fácilmente. Esta persona es una presa fácil del engaño. Los ingenuos son susceptibles a la maldad y cualquier opinión fácilmente influye en ellos. Usualmente no pueden enfrentar las complejidades de la vida, especialmente si la situación requiere mucho esfuerzo mental.

En la cultura hebrea, se espera que los niños sean ingenuos. Ellos no tienen educación, experiencia ni capacitación para discernir. Por lo tanto, los padres tienen la actividad sagrada de proteger a sus hijos del engaño y capacitarlos para la edad adulta. Son muy pocas las personas que toleran a los adultos ingenuos. Con excepción de la incapacidad mental, aquellos adultos que se mantienen ingenuos por elección merecen sufrir las consecuencias de su ingenuidad.

Al leer Proverbios, encuentro varios rasgos de una persona ingenua:

No son sensibles al peligro ni a la maldad:

Mirando yo por la ventana de mi casa, por entre mi celosía, vi entre los ingenuos y observé entre los jóvenes a uno falto de entendimiento. Él pasaba por la plaza, cerca de la esquina, y caminaba en dirección a la casa de ella. Era al anochecer; ya oscurecía. Sucedió en medio de la noche y en la oscuridad. En seguida se va tras ella, cómo va el buey al matadero, como un cordero al que lo ata; va como un venado (Proverbios 7:6-922).

No ven ni consideran las consecuencias de sus decisiones:

«¡Si alguno es ingenuo, que venga acá!». Y a los faltos de entendimiento dice: «Las aguas hurtadas son dulces y el pan comido en oculto es delicioso». No saben ellos que allí están los muertos, que sus invitados están en lo profundo del Seol (Proverbios 9:16-18).

Lo creen todo; les falta discernimiento:

El ingenuo todo lo cree, pero el sagaz considera sus pasos (Proverbios 14:15).

Nunca aprenden; vuelven a caer en el mismo error una y otra vez:

El prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el daño(Proverbios 22:3).

Reflexión

Hay un viejo dicho que dice: «Si te burlas de mí una vez, la vergüenza es para ti; si te burlas de mi dos veces, la vergüenza es para mí». ¿Qué tan bien aprende de sus errores? ¿Puede ver la conexión entre sus decisiones y las consecuencias de esas decisiones? La meta no es condenarse a sí mismo, sino más bien un examen cuidadoso de aquel sufrimiento pasado que le dará una responsabilidad personal. ¿Tiene esta disciplina de madurez?

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Tomado de: visionparavivir.org  

Disponible sobre el Internet en: https://visionparavivir.org/

Dios quiere una confesión sincera

Jueves 11 Octubre

Dios le dijo (a Adán)… ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

Génesis 3:11-12

Dios quiere una confesión sincera

La única respuesta correcta de Adán a la pregunta de Dios hubiese sido un sencillo «sí». Pero en vez de ello trató de eludir su responsabilidad, y solo al final de su respuesta reconoció lo que había hecho. Primero dijo: “La mujer que me diste por compañera”; le echó la culpa a Dios. Todavía hoy recurrimos a ese tipo de excusas. ¿Dónde estaba Dios?, nos preguntamos evocando guerras, actos de terrorismo, crímenes… No decimos que estas cosas suceden precisamente porque el hombre se ha alejado de Dios.

Luego Adán añadió: ella “me dio”. A veces echamos sobre los demás la responsabilidad de una falta: Fue ella la que empezó, o fue él quien me persuadió de hacer eso.

Y tal vez, para justificarnos al menos en parte, resaltemos las circunstancias atenuantes. Finalmente, si no podemos echar la culpa a Dios, ni a otras personas, ni a las circunstancias difíciles, tratamos de banalizar el caso: después de todo no era tan grave.

Retengamos el ejemplo del rey David quien, convencido de su pecado, dijo sinceramente: “Pequé contra el Señor” (2 Samuel 12:13). También fue hasta el origen del mal y reconoció que el pecado provenía de su propio corazón.

Si, como David, confesamos nuestra falta sinceramente, Dios “es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9).

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).

Deuteronomio 5 – Juan 4:31-54 – Salmo 115:9-18 – Proverbios 25:4-5

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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TENGAMOS ESPERANZA

Octubre 10


TENGAMOS ESPERANZA

Esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado. 1 Pedro 1:13

Usted ha oído muchos sermones y ha visto muchos libros acerca del amor y de la fe, pero ¿ha oído alguna vez un mensaje o ha leído un libro acerca de la esperanza? Por alguna razón, a veces pasamos por alto la esperanza. La esperanza es algo que falta en la experiencia cristiana de nuestra cultura. No vivimos con esperanza sobre todo porque nos concentramos demasiado en nuestras circunstancias actuales.

¿Qué es la esperanza? Es la actitud del cristiano en cuanto al futuro. La esperanza en su naturaleza intrínseca es como la fe. Ambas tienen la confianza, o una creencia en Dios, como su punto central, pero hay una diferencia entre ellas. Fe es creer en Dios en el presente, y esperanza es creer en Dios para el futuro. La fe cree en Dios por lo que ha hecho, y la esperanza cree en Dios por lo que hará.

Ponga su esperanza en Él y viva esperando el glorioso cumplimiento de su promesa futura.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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