¿Las tablas o el alma?

Viernes 20 Julio

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo (Jesús) os digo: No resistáis al que es malo… al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa… Amad a vuestros enemigos… para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos.

Mateo 5:38-45

¿Las tablas o el alma?

El evangelista E. Dapozzo llegó a su casa en la madrugada, después de haber estado ausente unos días. De repente vio a unos hombres ocupados en robarle unas tablas de madera muy buenas y valiosas para él. Su primer reflejo fue llamar a la policía, pero luego pensó: ¡Estos ladrones tienen un alma, más preciosa que las tablas! Lleno de amor por ellos, Dapozzo se les acercó y les ofreció su ayuda. Estos, lejos de imaginarse que se trataba del propietario, aceptaron sorprendidos. Dapozzo escogió para ellos las mejores tablas. Cuando el automóvil estaba totalmente cargado, les ofreció un refresco para saciar su sed. Escogió su mejor refresco y lo sirvió en sus mejores vasos. Por último les explicó tranquilamente quién era él, les habló de su Salvador y los invitó a volver a su casa a escuchar el Evangelio…

Dieciséis años después, uno de los ladrones volvió a la casa de Dappozzo. Escuchó el Evangelio y recibió el mensaje de la gracia de Dios. El evangelista había perdido sus tablas, pero había ganado un alma para la eternidad. ¡Y jamás lo lamentó!

Dieciocho años más tarde, Dapozzo estaba sin dinero y tenía que construir una casa para su familia. Pero le faltaban materiales… En ese momento un amigo le envió un lote de tablas muy buenas, las cuales respondían perfectamente a su necesidad. Dios no había olvidado el sacrificio hecho hacía años al dar las tablas. ¡Una preciosa alma fue salva y él no perdió nada!

Números 30 – Lucas 7:24-50 – Salmo 86:1-6 – Proverbios 19:24-25

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Practicando la hospitalidad. (Romanos 12:13)

La hospitalidad bíblica

7/19/2018

Practicando la hospitalidad. (Romanos 12:13)

Los verdaderos discípulos de Cristo no solo deben satisfacer las necesidades de los creyentes y los incrédulos con los que se encuentran, sino también buscar oportunidades de ayudar a quienes no conocen. Esa es la definición bíblica de hospitalidad. Hebreos 13:2 nos dice: “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”.

Usted debe considerar cualquier oportunidad de brindar hospitalidad como un feliz privilegio, no como una carga (1 P. 4:9). Sin duda Gayo tenía esa actitud correcta en su hospitalidad con los maestros que pasaban por su ciudad, ya que el apóstol Juan lo elogió: “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje” (3 Jn. 5-6).

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Sus tiempos son perfectos

JULIO, 19

Sus tiempos son perfectos

Devocional por John Piper

Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. (Hebreos 4:16)

Todo ministerio es en el futuro: en un momento, en un mes, en un año, o en una década. Tenemos tiempo de sobra para inquietarnos por nuestra ineptitud; pero cuando eso sucede, debemos recurrir a la oración.

La oración es la forma de fe que nos conecta hoy con la gracia que nos hará aptos para llevar a cabo el ministerio de mañana. El momento oportuno lo es todo.

¿Qué pasaría si la gracia llegara muy temprano o muy tarde? La traducción tradicional de Hebreos 4:16 esconde una promesa preciosa relacionada a esa pregunta. Necesitamos una traducción más literal para verla.

La redacción más tradicional dice algo así: «Así? que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento en que más la necesitemos». El griego original detrás de la frase «gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos», traducido literalmente sería: «gracia para la ayuda oportuna».

El punto es que la oración es la manera de hallar gracia venidera para la ayuda oportuna. Esta gracia siempre llega a tiempo desde el «trono de la gracia». La frase «trono de la gracia» significa que la gracia venidera proviene del Rey del Universo, quien determina los tiempos por su propia autoridad (Hechos 1:8).

Sus tiempos son perfectos, pero raramente coinciden con los nuestros: «Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó » (Salmos 90:4). A nivel mundial, él fija los tiempos para el auge y la caída de las naciones (Hechos 17:26). A nivel personal, Salmos 31:15 dice: «En tu mano están mis años».

Cuando nos preguntamos por el tiempo oportuno de la gracia venidera, debemos pensar en el «trono de la gracia». Nada puede estorbar el plan de Dios de enviarnos gracia en el momento en que es mejor para nosotros. La gracia venidera es siempre oportuna.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 295

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Jueces 2 | Hechos 6 | Jeremías 15 | Marcos 1

19 JULIO

Jueces 2 | Hechos 6 | Jeremías 15 | Marcos 1

Jeremías 15 presenta algunas de las perspectivas más evocadoras de la vida interior y el pensamiento del profeta Jeremías:

(1) Jeremías ha estado intercediendo ante Dios en favor del pueblo del pacto (Jeremías 14). Este pide al profeta que pare porque no escuchará (14:11–12). De hecho, dice ahora que incluso si Moisés y Samuel se presentasen delante de él e intercediesen por el pueblo, no lo salvaría (15:1). Siglos antes, Moisés y Samuel lo habían hecho con éxito por Israel (Éxodo 32:11–14; Números 14:13–24; Deuteronomio 9:18–20, 25–29; 1 Samuel 7:5–9; 12:19–25), aunque es importante recordar que también garantizaron la disponibilidad del pueblo a volver al Señor con contrición y renovada obediencia, algo que Jeremías no había sido capaz de lograr. Ahora, Dios le está diciendo que no lo conseguirá: el pueblo irá al cautiverio. La iniquidad y la idolatría durante el reinado de Manasés fueron la gota que colmó el vaso (15:4; véase 2 Reyes 21:10–15; 23:26; 24:3).

(2) En 15:10, Jeremías desea abiertamente no haber nacido nunca. Toda la nación lucha y contiende con él. Todos lo maldicen, no por haber sido corrupto en los negocios, sino por haber transmitido fielmente la palabra del Señor. Dios lo tranquiliza (15:11–14; el mejor hierro procedía “del norte”, de la zona del Mar Negro, por lo que es una forma de decir que los brazos de Israel no podrán superar los de los babilonios). Sin embargo, este tema está presente en la angustia de Jeremías. Una parte de él quiere justicia, retribución para sus perseguidores (15:15). Esa misma parte se deleita totalmente en las palabras de Dios (15:16a). No obstante, por otro lado, su lealtad a Dios y a sus palabras es precisamente lo que lo aísla del pueblo: “He vivido solo, porque tú estás conmigo y me has llenado de indignación” (15:17b). Algunos de sus enemigos más virulentos eran sus propios familiares (cp. Mateo 10:36). En ocasiones, Jeremías se ve tentado a creer que Dios ha fracasado, como un torrente intermitente (un wadi, 15:18) que a veces fluye con vida y bendición, y otras no proporciona nada.

La respuesta de Dios (15:19–21) es que, si Jeremías demuestra ser totalmente fiel en la comunicación de sus palabras, continuará siendo el portavoz de Dios y quedará preservado de las malvadas maquinaciones de sus enemigos. Sin embargo, un hecho es innegociable: “Que ellos se vuelvan a ti, pero tú no te vuelvas a ellos” (15:19b).

La profunda tensión existente entre la fidelidad a Dios y la separación del propio pueblo es una constante invariable en la actuación de ministros fieles destinados en culturas decadentes.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 200). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Su hermano está atrapado ahí, abajo!

Jueves 19 Julio

Para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.

Tito 3:8

Que sostengáis a los débiles.

1 Tesalonicenses 5:14

¡Su hermano está atrapado ahí, abajo!

Al este de Basilea (Suiza), unos obreros estaban construyendo una canalización para las aguas residuales. Para ello era necesario excavar una zanja de cinco metros de profundidad. Como no había llovido desde hacía varias semanas y el suelo estaba duro y seco, no reforzaron adecuadamente las paredes laterales de la zanja. Pero esta negligencia resultó catastrófica, pues de repente, en un lugar inestable, las paredes se derrumbaron y sepultaron a varios obreros.

Los socorristas llegaron inmediatamente. Muchos curiosos también se acercaron para ver las operaciones de salvamento. Entonces una mujer se acercó a uno de ellos y, poniéndole la mano sobre su hombro, le dijo: «Christian, ¿sabes que tu hermano está sepultado ahí?». Al escuchar estas palabras, el hombre palideció. Rápidamente se quitó su abrigo, tomó una pala y se metió en la zanja para excavar con todas sus fuerzas junto a los demás, sin descanso, hasta rescatar a las víctimas, incluido su hermano.

Amigos creyentes, ¡aquí hay una lección para nosotros! ¡Cuánta gente a nuestro alrededor es prisionera de esta naturaleza de pecado, que nos excluye de toda relación con Dios! ¿Nos preocupamos por ellos? Perdidos y tristes, al igual que estos obreros, ¡necesitan ser liberados! Tengamos compasión para socorrer a nuestros padres, vecinos, compañeros de trabajo… ¡Hablémosles de Cristo el Salvador! Él es el único camino para pasar de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida eterna.

Números 29 – Lucas 7:1-23 – Salmo 85:8-13 – Proverbios 19:22-23

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El espíritu de compartir

El espíritu de compartir

7/18/2018

Compartiendo para las necesidades de los santos. (Romanos 12:13)

La sociedad dice que cada uno de nosotros tiene determinadas posesiones, pero Dios dice que no tenemos nada. Somos sencillamente administradores de aquello con lo que Dios nos ha bendecido. Y parte de esa responsabilidad administrativa es a veces compartir los recursos personales con los hermanos necesitados.

El espíritu de compartir se vio de inmediato en la iglesia primitiva cuando los creyentes después de Pentecostés “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones… [y] todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas” (Hch. 2:42, 44; vea también 1 Ti. 6:17-18). Pídale al Señor que lo ayude a demostrar ese mismo espíritu de compartir.

La gracia de Dios en los dones espirituales

JULIO, 18

La gracia de Dios en los dones espirituales

Devocional por John Piper

Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. (1 Pedro 4:10)

La gracia venidera es gracia «multiforme». Viene en diferentes colores, formas y tamaños. Esa es una de las razones por las que los dones espirituales en el cuerpo son tan diversos. El prisma de la vida de ustedes refractará uno de los colores de la gracia que nunca saldrá de mi prisma.

Hay tantas gracias por venir como las hay necesidades en el cuerpo de Cristo, y más aún. El propósito de los dones espirituales es recibir y proporcionar la gracia venidera de Dios para suplir esas necesidades.

Pero alguien podría preguntarse: «¿Por qué citar la carta de Pedro para referirse a la gracia venidera?¿Acaso no maneja un mayordomo una casa que ya tiene en mano?».

La razón principal por la que cito a Pedro para referirme a la gracia venidera es que el versículo que sigue ilustra cómo ocurre esto, y se refiere al suministro continuo de gracia venidera: «el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo» (1 Pedro 4:11).

Cuando utilicemos nuestros dones espirituales para servir a alguien el día de mañana, estaremos sirviendo «por la fortaleza que Dios da» mañana. La palabra es da, no dio.

Dios continúa, día a día, momento a momento, supliendo el «poder» en el cual ministramos.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 294

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Jueces 1 | Hechos 5 | Jeremías 14 | Mateo 28

18 JULIO

Jueces 1 | Hechos 5 | Jeremías 14 | Mateo 28

Este capítulo, Jeremías 14, oscila entre la poesía y la prosa, y entre el discurso de Dios y la respuesta de Jeremías. En ese momento, una calamitosa sequía estaba asolando al país. Algunas reflexiones:

(1) Un desastre puede no ser más que la consecuencia de la Caída y no el juicio específico de Dios sobre un pueblo. Nos recuerda nuestra mortalidad y que estamos perdidos, llamando al arrepentimiento (Lucas 13:1–5). Sin embargo, un desastre específico puede ser el juicio inmediato y directo del Señor sobre una nación. Así pues, una situación de ese tipo exige un examen de conciencia y un corazón humilde. Exactamente de la misma forma, una enfermedad severa puede no ser la consecuencia directa de un pecado específico (Juan 9), pero puede serlo (Juan 5).

(2) Una y otra vez en el Antiguo Testamento, Dios castiga por sus pecados a la comunidad del pacto utilizando las desgracias recurrentes en el mundo antiguo: la espada (es decir, la guerra, y en ocasiones el exilio después de la misma), el hambre y la peste (14:11–12). Esta triple combinación aparece siete veces en la profecía de Jeremías. Ezequiel 14 añade un cuarto elemento: las bestias salvajes. Todos estos fenómenos son “naturales” (hambre y peste) o provocados por una conducta humana malvada (guerra, y a veces hambre y peste).

(3) Debido a que nuestra cultura se empeña en desvincular de Dios lo que ocurre en el mundo “natural”, reservando para él sólo los asuntos privados o “espirituales”, enseguida queremos dar una explicación naturalista a nuestras guerras, hambrunas y epidemias, en lugar de al menos tratar de aprender las lecciones que la providencia pueda estar enseñándonos. No estoy sugiriendo que esta sea fácil de interpretar. Hemos visto que las propias Escrituras nos advierten de que no hagamos insinuaciones demasiado rápidas (Lucas 13:1–5). Sin embargo, no aprender ninguna lección moral y espiritual de los desastres puede indicar, nada más y nada menos, que nos hemos vendido a las fuerzas de la secularización. Nos negamos decididamente a “escuchar” lo que Dios dice cuando nos habla en el lenguaje del juicio, exactamente la misma respuesta que el antiguo Israel. De hecho, según este capítulo, muchos líderes religiosos negaban cualquier relación entre el desastre y el juicio divino (14:14). Siempre ocurre así. Por tanto, no solo se exigirán responsabilidades a los profetas por lo que digan y enseñen, sino también a las personas por lo que elijan escuchar. ¿Acaso no hay lecciones morales y espirituales que aprender del sangriento siglo XX, con las dos guerras mundiales, la carrera armamentística, las quiebras económicas, los nazis, Stalin, Mao, Pol Pot, Biafra, los Balcanes, Ruanda, Vietnam, los despreciables regímenes totalitarios de izquierdas o de derechas, las hambrunas, la esclavitud, Sudán, el racismo, el SIDA, el aborto? Kipling tenía razón: “Señor de los ejércitos, sé con nosotros / para que no olvidemos; para que no olvidemos”.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 199). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Jesucristo, revelación de Dios

Miércoles 18 Julio

El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

1 Corintios 2:14

Jesús le dijo… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Juan 14:9

Jesucristo, revelación de Dios

Robert Millikam (1868-1953), premio Nobel de física, afirmó en 1928: «Es infinitamente improbable que el hombre utilice un día la potencia del átomo. La idea ilusoria según la cual emplearemos la energía atómica cuando nuestras reservas de carbón se hayan agotado es un sueño nada científico y utópico». Sin embargo, menos de veinte años más tarde, la primera bomba atómica fue lanzada sobre Hiroshima; y hoy buena parte de la electricidad producida en el mundo proviene de centrales nucleares.

Si la mente humana más instruida se muestra limitada para comprender el ámbito material, ¿cómo puede sondear el ámbito espiritual? ¿Seríamos ingenuos hasta el punto de pensar que la criatura puede comprender todo lo relacionado con su Creador? Necesitamos una revelación para conocer a Dios. Jesucristo nos reveló a ese Dios que los filósofos no alcanzan a conocer con sus investigaciones. Nos dio a conocer no solo al Creador de todas las cosas, sino también a un Dios que es a la vez santidad y amor, verdad y gracia. También nos mostró que ese gran Dios de los cielos se humilló voluntariamente, que vivió en la pobreza por amor a nosotros, para que nosotros fuésemos enriquecidos (2 Corintios 8:9). Esta humillación lo llevó hasta morir en la cruz a fin de redimir a pecadores como nosotros.

¡Qué maravillosa persona es Jesús! Nos hace discernir todos los atributos de Dios y, mediante su obra en la cruz, permite que nos acerquemos a Dios como a nuestro Padre.

Números 28 – Lucas 6:20-49 – Salmo 85:1-7 – Proverbios 19:20-21

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Oración genuina

Oración genuina

7/17/2018

Constantes en la oración. (Romanos 12:12)

Para los cristianos consagrados, la oración será tan constante en su vida espiritual como el respirar lo es en su vida física. Eso fue así con los primeros creyentes y cómo adoraron, antes y después de la llegada del Espíritu Santo en el día de Pentecostés (Hechos 1:14; 2:42). Al principio la iglesia designó diáconos para que los apóstoles pudieran dedicarse persistentemente a “la oración y [al] ministerio de la palabra” (Hch. 6:4).

Dios quiere que usted ore “con el espíritu, pero… también con el entendimiento” (1 Co. 14:15) y “sin cesar” (1 Ts. 5:17). Por eso Pablo exhortó a Timoteo a que hiciera que “los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas” (1 Ti. 2:8).

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