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Jueces 1 | Hechos 5 | Jeremías 14 | Mateo 28

18 JULIO

Jueces 1 | Hechos 5 | Jeremías 14 | Mateo 28

Este capítulo, Jeremías 14, oscila entre la poesía y la prosa, y entre el discurso de Dios y la respuesta de Jeremías. En ese momento, una calamitosa sequía estaba asolando al país. Algunas reflexiones:

(1) Un desastre puede no ser más que la consecuencia de la Caída y no el juicio específico de Dios sobre un pueblo. Nos recuerda nuestra mortalidad y que estamos perdidos, llamando al arrepentimiento (Lucas 13:1–5). Sin embargo, un desastre específico puede ser el juicio inmediato y directo del Señor sobre una nación. Así pues, una situación de ese tipo exige un examen de conciencia y un corazón humilde. Exactamente de la misma forma, una enfermedad severa puede no ser la consecuencia directa de un pecado específico (Juan 9), pero puede serlo (Juan 5).

(2) Una y otra vez en el Antiguo Testamento, Dios castiga por sus pecados a la comunidad del pacto utilizando las desgracias recurrentes en el mundo antiguo: la espada (es decir, la guerra, y en ocasiones el exilio después de la misma), el hambre y la peste (14:11–12). Esta triple combinación aparece siete veces en la profecía de Jeremías. Ezequiel 14 añade un cuarto elemento: las bestias salvajes. Todos estos fenómenos son “naturales” (hambre y peste) o provocados por una conducta humana malvada (guerra, y a veces hambre y peste).

(3) Debido a que nuestra cultura se empeña en desvincular de Dios lo que ocurre en el mundo “natural”, reservando para él sólo los asuntos privados o “espirituales”, enseguida queremos dar una explicación naturalista a nuestras guerras, hambrunas y epidemias, en lugar de al menos tratar de aprender las lecciones que la providencia pueda estar enseñándonos. No estoy sugiriendo que esta sea fácil de interpretar. Hemos visto que las propias Escrituras nos advierten de que no hagamos insinuaciones demasiado rápidas (Lucas 13:1–5). Sin embargo, no aprender ninguna lección moral y espiritual de los desastres puede indicar, nada más y nada menos, que nos hemos vendido a las fuerzas de la secularización. Nos negamos decididamente a “escuchar” lo que Dios dice cuando nos habla en el lenguaje del juicio, exactamente la misma respuesta que el antiguo Israel. De hecho, según este capítulo, muchos líderes religiosos negaban cualquier relación entre el desastre y el juicio divino (14:14). Siempre ocurre así. Por tanto, no solo se exigirán responsabilidades a los profetas por lo que digan y enseñen, sino también a las personas por lo que elijan escuchar. ¿Acaso no hay lecciones morales y espirituales que aprender del sangriento siglo XX, con las dos guerras mundiales, la carrera armamentística, las quiebras económicas, los nazis, Stalin, Mao, Pol Pot, Biafra, los Balcanes, Ruanda, Vietnam, los despreciables regímenes totalitarios de izquierdas o de derechas, las hambrunas, la esclavitud, Sudán, el racismo, el SIDA, el aborto? Kipling tenía razón: “Señor de los ejércitos, sé con nosotros / para que no olvidemos; para que no olvidemos”.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 199). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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