Deuteronomio 17 | Salmos 104 | Isaías 44 | Apocalipsis 14

12 JUNIO

Deuteronomio 17 | Salmos 104 | Isaías 44 | Apocalipsis 14

Ya hemos visto que Dios dijo a Israel: “Vosotros sois mis testigos” (Isaías 43:10, 12). Lo hizo porque los israelitas debían dar testimonio de que únicamente el Señor había predicho todas estas cosas, proveyendo, por tanto, pruebas de que él las había hecho, ya que sólo él es el Dios soberano. En Isaías 44:6–23 se resumen estos temas (44:6–8). Únicamente Jehová es “el Señor Todopoderoso, rey y redentor de Israel” (44:6). Dios dice: “Yo soy el primero y el último; fuera de mí no hay otro dios” (44:6). Y a su pueblo: “No tembléis ni os asustéis. ¿Acaso no lo anuncié y profeticé hace tiempo? Vosotros sois mis testigos. ¿Hay algún Dios fuera de mí? No, no hay otra Roca; no conozco ninguna” (44:8). No obstante, si sólo él es Dios, todos los farsantes son ídolos. Así pues, el resumen de este tema introduce una de las condenas más duras de la Biblia a la idolatría.

Desde la perspectiva de Dios, la idolatría es siempre repulsiva. En un sentido, es el pecado fundamental, porque destrona a Dios y lo sustituye por algo o alguien. Esta es la razón por la que la avaricia es idólatra (Colosenses 3:5): buscamos lo que codiciamos, y lo que deseamos más fervientemente se convierte en nuestro Dios. El contexto histórico de esta denuncia es fundamental, ya que la idolatría no solo se practicaba en las pequeñas naciones que rodeaban a Israel, sino en las superpotencias que se sucedían en el dominio de la región. Inevitablemente, egipcios, asirios y babilonios atribuyeron su éxito al poder de sus propias deidades. No obstante, aquí está el Dios del pequeño Israel, el destruido, derrotado, exiliado y patético Israel, reivindicando ser el único Dios, el Señor soberano, el poderoso Creador y Rey providencial sobre todos los reinos de la tierra. Él espera que el pueblo de su pacto lleve el testimonio de esta verdad en lugar de sucumbir a la idolatría que lo rodea, la cual, tristemente, encuentran constantemente atractiva.

Dios se ocupará del asunto del poder a largo plazo. Aquí, se centra en hacer ver que la idolatría es absurda y en destruir su plausibilidad (44:9–20). Lo que parece inicialmente atractivo ha demostrado ser ridículo. La idolatría ofende profundamente a Dios y es totalmente estúpida.

La solución tiene dos partes: (a) Israel debe recordar lo que Dios ha dicho, lo que ha hecho (44:21), especialmente que lo ha constituido y le ha dado el papel de siervo privilegiado. (b) Israel debe regresar a Dios, porque él los ha redimido (44:22). Estas deben ser las prioridades continuas del pueblo del Señor: recordar todo lo que Dios es, lo que ha dicho y hecho; y cuando nos apartamos, volver a él inmediatamente (1 Juan. 1:7–9).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 163). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Job, un hombre perfecto y recto

Martes 12 Junio

Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.

Santiago 5:11

Job, un hombre perfecto y recto

El libro de Job evoca la evolución de los pensamientos de un creyente a través de sufrimientos muy variados y excepcionales. Job era un hombre “perfecto y recto, temeroso de Dios”, es decir, tenía un respeto profundo y lleno de confianza en Dios. Job estaba apartado del mal, hacía bien a los que sufrían y a los pobres. Aparentemente no había razón alguna para que estuviese sometido a sufrimientos tan intensos. Sin embargo, en un momento de su vida, todo tambaleó: perdió sus bienes, sus hijos y su salud.

Job aceptó todo esto, pero tuvo que soportar los argumentos desestabilizadores de sus tres amigos, quienes en principio habían ido a él para manifestarle su simpatía. Durante varios días intentaron convencerle de que si él, siendo creyente, pasaba por una prueba tan dura, era porque había hecho algo malo. Lo vemos confrontado a sus insinuaciones, a sus reproches. Defenderse, tener que resistir cada día a sus razonamientos y acusaciones era una prueba más grande que su terrible enfermedad.

Incluso la mujer de Job le dijo: “¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo:… ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2:9-10). Job nunca abandonó a Dios. Le expuso abiertamente sus interrogantes, sus quejas, lo que lo hería y le parecía injusto. Durante el doloroso desarrollo de la prueba, Dios estuvo prosiguiendo su objetivo: el bien de Job. Dios, a quien ahora conocemos como Padre, también está presente cuando sufrimos, y quiere revelarse a nosotros como se reveló a Job, quien al final exclamó: “Ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).

Levítico 22 – Efesios 1 – Salmo 69:29-36 – Proverbios 17:5-6

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Sea veraz

Sea veraz

6/11/2018

No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Éxodo 20:16

Un cristiano nunca debe mentir. La mentira más conocida es decir algo que no es cierto. Pero hay otros tipos de mentiras, como la exageración. Una vez oí la historia de un cristiano que daba un testimonio convincente, pero un día dejó de recitarlo. Cuando se le preguntó por qué, dijo que a través de los años lo había embellecido tanto que había olvidado lo que era cierto y lo que él había inventado.

Cometer fraude en la escuela, en los negocios, en el trabajo y en la declaración de impuestos es una manera de mentir. También lo es el traicionar la confianza, la adulación, el presentar excusas y el quedarse callado cuando debe decirse la verdad.

No hay lugar para la mentira en la vida cristiana. Debemos decir la verdad.

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Fe para el futuro

JUNIO, 11

Fe para el futuro

Devocional por John Piper

Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí. (2 Corintios 1:20)

Si «tantas como sean las promesas de Dios, en [Jesús] todas son sí», entonces confiar en él ahora en el presente es creer que sus promesas se harán realidad.

No se trata de dos tipos de fe separadas: confiar en él y creer en sus promesas. Creer en Jesús es creer que él cumple su palabra. Estar satisfechos en el Jesús crucificado y resucitado incluye el creer que, en todo momento futuro y hasta la eternidad, nada nos separará su amor o impedirá que él haga que todas las cosas ayuden para nuestro bien.

Sumando todo esto, yo diría que la belleza espiritual que necesitamos abrazar es la belleza de Dios que estará a nuestra disposición en el futuro, garantizada para nosotros por la gloriosa gracia del pasado.

Necesitamos saborear ahora la belleza espiritual de Dios en todas sus victorias pasadas —en especial en la muerte y resurrección de Cristo por nuestros pecados— y en todas sus promesas. Nuestra seguridad y confianza deben estar en todo lo que Dios mismo hará por nosotros en el próximo instante, y en el próximo mes, y por los siglos infinitos de la eternidad: «la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo» (2 Corintios 4:6).

Él y solo él es quien satisfará nuestra alma en el futuro. Y es el futuro el que tiene que estar garantizado y satisfecho con riquezas espirituales de gloria, si hemos de vivir la vida cristiana radical que Cristo nos llama a vivir aquí y ahora.

Si nuestro deleite presente de Cristo ahora —nuestra fe actual— no incluye el sí para todas las promesas de Dios, entonces no abrazará el poder para el servicio radical en la fuerza que Dios (a cada momento en el futuro) suplirá (1 Pedro 4:11).

Mi oración es que reflexionar de esta manera sobre la esencia de la fe nos ayudará a evitar caer en afirmaciones superficiales y simplistas acerca del creer en las promesas de Dios. Es algo profundo y maravilloso.

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Deuteronomio 16 | Salmos 103 | Isaías 43 | Apocalipsis 13

11 JUNIO

Deuteronomio 16 | Salmos 103 | Isaías 43 | Apocalipsis 13

Aunque Dios tiene un Siervo ideal que será su agente perfecto para llevar a cabo todos sus propósitos (Isaías 42:1–9), Israel también es el siervo de Dios. En Isaías 43 y 44, el profeta infunde aliento a este (43:10; 44:1). Analizaremos algunos elementos de estas palabras de ánimo y llamaremos después la atención sobre una importante frase que el Señor Jesús utilizó en el Nuevo Testamento.

En la primera sección (43:1–7), Dios dice a Israel que no tema (43:1), no porque no vaya a ir al exilio, sino porque, cuando pase por las aguas, Dios estará a su lado y, cuando atraviese el fuego, las llamas no lo destruirán (43:2). Además, no tendrá que enfrentarse a la extinción o la asimilación: Dios mismo reunirá a sus hijos de los cuatro puntos cardinales (43:5–6). A pesar de que Israel vivirá las circunstancias más terribles, el Dios viviente lo declara valioso y honrado a sus ojos, y muy amado (43:4). Pablo razona de forma análoga con respecto a los cristianos en Romanos 8:31–39.

Más brevemente: (a) Israel debe recibir aliento porque su retorno tras el exilio llevará testimonio de Dios y de que sólo este conocía estos increíbles acontecimientos y los llevó a cabo (43:8–13). (b) Babilonia será destruida. Esta nación de conquistadores se convertirá en un tumulto de fugitivos (43:14–15). (c) Se utiliza a Israel para reflexionar en los hechos poderosos del Señor para redimir a su pueblo en la época del éxodo (43:16–17), pero Dios hará ahora algo nuevo (43:18–21). Por tanto, no nos diluyamos en el pasado, llorando por estar abocados a la derrota. Seamos valientes, porque el Todopoderoso está a punto de hacer algo nuevo, de poner en marcha un nuevo ciclo de liberación espectacular. (d) Sobre todo, la adoración extremadamente adulterada y las múltiples ofensas de los israelitas (43:22–24) no son la última palabra. La primera línea de 43:22 en hebreo podría traducirse mejor: “No fui yo a quien tú llamaste, Jacob”, ya que la adoración del pueblo era tan corrupta, una distorsión tan grande del pacto, que no estaban adorando en absoluto al verdadero Dios. Sin embargo, él es quien borra sus transgresiones por amor a sí mismo (43:25), otro adelanto más de Isaías 53.

Dios quiere que su siervo Israel comprenda que “Yo soy” (43:10; cf. 41:4; 48:12). El texto hebreo hace que aparezcan vinculaciones con Éxodo 3:14; la traducción griega de esta frase es precisamente la expresión que Jesús aplica repetidamente a sí mismo en Juan 8 (p. ej., Juan 8:58, “yo soy”). ¿De qué manera da forma Isaías 43 a nuestro concepto de Jesús?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 162). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dos o tres años de mi vida

Lunes 11 Junio

De ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

Hechos 20:24

Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros.

Efesios 5:2

Dos o tres años de mi vida

Un futbolista italiano declaró en junio del año 2012: «Daría dos o tres años de mi vida por jugar en la final del campeonato de fútbol de Europa». La pasión por el juego y quizá la gloria personal que podría obtener dominaban su vida.

Esta actitud es opuesta a la fe cristiana. Jesús nos advierte: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” (Juan 5:44). Las pasiones y la búsqueda de la gloria, a pesar de ser tan efímera, motivan a los hombres en sus actividades, pero a menudo los hacen olvidar a Dios.

En contraste, cuando Jesús vino a la tierra, vivió humildemente. Se puso al servicio de los demás para hacerles bien. No recibía gloria de los hombres (Juan 5:41). Al entregarse en la cruz por amor a nosotros, no trató de buscar su propia gloria; lo hizo para salvarnos, para librarnos del juicio que merecíamos.

Jesús nos dice que debemos nacer de nuevo, y esto solo se obtiene creyendo en él. Entonces esta vida nueva nos animará, y podremos consagrarnos a su servicio, para su gloria, con el deseo de honrarlo sirviendo a los demás. ¡Esto hace toda la diferencia! Vale la pena vivir para Cristo, para Aquel que nos ama con un amor eterno. El apóstol Pablo decía: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Tenía un único objetivo, un único motivo e interés: Jesucristo, su modelo.

Levítico 21 – Romanos 16 – Salmo 69:19-28 – Proverbios 17:3-4

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Una nueva actitud

Una nueva actitud

6/10/2018

Vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

(Efesios 4:24)

 Cuando usted se entregó a Cristo, reconoció que era pecador y decidió abandonar su pecado y las cosas malvadas de este mundo. Pero Satanás hará brillar al mundo y su pecado delante de usted para tentarlo a que regrese a él. Pablo nos advierte que no volvamos al mundo, sino que más bien nos vistamos de la justicia y santidad de la verdad.

Eso no es algo que se hace una sola vez; es algo que se hace cada día. Una manera de hacerlo se describe en 2 Timoteo 3:16, que dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

Si quiere vivir rectamente, lea la Palabra de Dios. Lo ayudará a enfrentarse a los vestigios del mundo todavía presentes en su vida.

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Cuando la razón sirve a la rebelión

JUNIO, 10

Cuando la razón sirve a la rebelión

Devocional por John Piper

El perezoso dice: Hay un león afuera; seré muerto en las calles. (Proverbios 22:13)

Eso no es lo que esperaba que dijera el proverbio. Esperaba que dijera: «El cobarde dice: Hay un león afuera; seré muerto en las calles». Pero dice perezoso, no cobarde. Así que la emoción determinante aquí es la pereza, no el miedo.

Pero ¿cuál es la relación entre la pereza y el peligro de que hay un león en las calles? No solemos decir: «Este hombre es demasiado perezoso para ir a hacer su trabajo porque hay un león afuera».

El punto es que el perezoso inventa situaciones imaginarias para justificar el hecho de que no esté haciendo su trabajo y por eso, en lugar de enfocarse en el vicio de su pereza, dirige la atención al peligro de los leones. Nadie aprobaría que se quedara en su casa todo el día solo porque es perezoso.

Una verdad bíblica profunda que necesitamos conocer es que nuestro corazón hace uso de la mente para justificar lo que el corazón quiere. Es decir, nuestros más profundos deseos preceden al funcionamiento racional de nuestra mente, e inclinan la mente a percibir y pensar de modo tal que nuestros deseos parezcan correctos.

Eso es lo que el perezoso está haciendo. Tiene un profundo deseo de quedarse en su casa y no trabajar, pero no tiene una buena razón para quedarse en casa. ¿Qué hace entonces? ¿Se sobrepone al deseo incorrecto? No, más bien hace uso de su mente para inventar circunstancias irreales que justifiquen su deseo.

Hacer el mal que amamos nos hace enemigos de la luz de la verdad. En esta condición la mente se convierte en una fábrica de verdades a medias, estratagemas, sofismas, evasiones y mentiras —todo lo que le permita resguardar los malos deseos del corazón con tal de no ponerlos al descubierto y destruirlos—.

Tengámoslo en cuenta y seamos sabios.

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Deuteronomio 15 | Salmos 102 | Isaías 42 | Apocalipsis 12

10 JUNIO

Deuteronomio 15 | Salmos 102 | Isaías 42 | Apocalipsis 12

Isaías mismo es siervo de Dios (20:3), y también lo son Eliaquín, jefe de la casa de Ezequías (22:20), e Israel como colectivo (41:8–20). ¿Quién es el siervo del Señor en Isaías 42:1–9?

Algunos sostienen que sigue siendo Israel. En este caso, las palabras de Dios, “este es mi siervo” (42:1), se pronuncian delante de las naciones, una especie de defensa de su pueblo ante los grandes poderes que no son nada para él. Sin embargo, esta interpretación de Isaías 42 es improbable. “Este es mi siervo” suena como la introducción de un nuevo personaje. En los capítulos anteriores, el siervo de Dios Israel aparece quejándose (40:27), miedoso y angustiado (41:10). Al final de este capítulo, está sordo, ciego (42:18–19) y peca (42:23–24). En contraste, el siervo del Señor en 42:1–9 no flaquea ni se desanima (42:4), se deleita en Dios (42:1), es bondadoso, perseverante y hará justicia con fidelidad (42:3). Es un Siervo ideal, que encarna todo lo que Israel no fue capaz de ser. Así pues, en este caso, esas palabras van dirigidas a Israel. No solo se le presenta al Siervo porque sea un ideal al que deben aspirar, sino porque es quien los rescatará, como Isaías les dejará claro.

Este cántico del siervo se divide en tres partes: (a) En 42:1–4, Dios se dirige a Israel y presenta al Siervo, que traerá “justicia” a las naciones. El término hebreo es más extenso que el castellano. Engloba la idea de hacer efectivos todos los propósitos de Dios. Sin embargo, cuando el Siervo lo hace, no tiene nada que ver con Ciro o cualquier otro líder imperial. Es bondadoso: no grita ni levanta su voz por las calles (42:2). No rompe la caña quebrada ni apaga la mecha que apenas arde (42:3), un pasaje explícitamente aplicado a Jesús en Mateo 12:15–21. (b) En 42:5–7, Dios se dirige directamente al Siervo (nótese el v. 6: “Yo, el Señor, te he llamado en justicia”), y se permite a Israel escuchar lo que se ha dicho. Aquí, el Dios que da aliento a todas las personas (42:5) hace ahora que este Siervo sea tanto “pacto para el pueblo, como luz para las naciones” (42:6), anulando todos los efectos degradantes del pecado (42:7). (c) En 42:8–9, el Señor se dirige de nuevo a Israel, resumiendo una vez más la misión del Siervo ideal y afirmando que esta trae “cosas nuevas”, que se anunciaron de antemano.

No es de extrañar que este cántico exprese una profunda alabanza al Señor (42:10–17) y contraste una vez más la profundidad de la culpabilidad moral del siervo de Dios Israel (42:18–25), que sólo el Siervo ideal puede eliminar.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 161). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El precio de la expiación

Domingo 10 Junio

Jesucristo Hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.

1 Timoteo 2:5-6

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5

El precio de la expiación

El Salmo 22 empieza con una pregunta que llama nuestra atención: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Quien hace esta pregunta considera a Dios como su Dios. ¿Quién es? ¿Es David, el autor del salmo? No, pues si leemos su historia en los libros de Samuel, lo vemos atravesar grandes pruebas, cometer graves faltas, pero nunca desamparado por Dios. ¿Hablará de otro hombre fiel de su época, que habría conocido el desamparo de Dios? No lo hallamos. Además, David mismo dice: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado” (Salmo 37:25).

En Mateo 27:46 hallamos la respuesta a nuestra pregunta: el único Justo desamparado por Dios fue Jesús. Y lo fue en el momento en que estaba en la más profunda angustia, clavado en una cruz, cuando estaba glorificando a su Dios de la manera más excelente. ¡Qué misterio insondable! ¿Por qué Dios abandonó a su Hijo? Porque cargaba con todos nuestros pecados, siendo hecho pecado por nosotros. Toda nuestra culpa cayó sobre él, y Dios nos juzgó en la persona del Señor Jesús, quien llevó, en nuestro lugar, el juicio que merecíamos. Dios quería salvarnos, y para ello su justicia y su santidad exigían tal sacrificio. Cristo murió por nosotros.

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas… mas el Señor cargó en él (Jesucristo) el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:6-7).

Levítico 20 – Romanos 15:14-33 – Salmo 69:9-18 – Proverbios 17:1-2

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