Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

Sábado 2 Junio

(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:7

Dejar que el más fuerte lleve la carga

El tiempo se hace largo en mi habitación del hospital, pero desde la ventana tengo una pequeña distracción: la construcción de un nuevo edificio. Entre todas esas máquinas que trabajan, una me llama la atención de forma especial: la grúa. Cada mañana su conductor es el primero en llegar a la obra. Sube a la máquina y espera las órdenes del equipo, que pronto se pone en marcha. Hay cargas muy pesadas para mover, pero ninguno de los obreros se aventura a hacerlo, pues basta con atarlas al cable de la grúa y, por medio de un teléfono, pedir al conductor que las mueva. ¡Sería realmente absurdo tratar de levantar centenares de kilos, mientras la grúa puede hacerlo tan fácil!

Esto me hace pensar en tantos esfuerzos que hacemos tratando de levantar cargas demasiado pesadas para nosotros: las muchas preocupaciones, la búsqueda de un empleo, quizás una mala conciencia, el vacío de nuestro corazón, la necesidad de ser amado, una ofensa que no podemos perdonar… ¡Cuántas cargas, preocupaciones y angustias, que apenas podemos levantar!

Jesús está dispuesto a llevar en nuestro lugar todas estas cosas que nos oprimen. Encomendémosle todas esas cargas mediante la oración y pidámosle que se ocupe de ellas.

Querido lector, ¡no se agote tratando de llevar solo aquello que Dios quiere llevar con usted, o incluso en su lugar! ¡Vaya a él y háblele! Él le ama y quiere su bien. ¡El Señor Jesús quiere ser su Salvador, su apoyo cada día, su consejero, su guía!

Levítico 13:29-59 – Romanos 9 – Salmo 66:16-20 – Proverbios 16:19-20

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Un cambio de naturaleza

Un cambio de naturaleza

6/1/2018 

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2 Corintios 5:17)

 Cuando usted recibe a Jesucristo, nace de nuevo y entra en el reino de Dios. Usted se convierte en una persona totalmente distinta. El cambio que ocurre cuando usted es salvo es más espectacular que el cambio que ocurrirá cuando usted muera porque entonces ya usted tiene una nueva naturaleza y es ciudadano del reino de Dios. La muerte simplemente lo lleva a la presencia de Dios.

En sus epístolas, el apóstol Pablo dice que, cuando Dios nos transformó, nos dio una nueva voluntad, una nueva mente, un nuevo corazón, un nuevo poder, un nuevo conocimiento, una nueva sabiduría, una nueva vida, una nueva herencia, una nueva relación, una nueva justicia, un nuevo amor, un nuevo deseo y una nueva ciudadanía. Él llamó a eso “vida nueva” (Ro. 6:4). Algunos enseñan que, cuando una persona se hace cristiana, Dios le da algo nuevo además de su vieja naturaleza pecaminosa. Pero según la Palabra de Dios, no recibimos algo nuevo. ¡Nosotros mismos nos volvemos nuevos!

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La fe que magnifica la gracia

JUNIO, 01

La fe que magnifica la gracia


Devocional por John Piper

No hago nula la gracia de Dios. (Gálatas 2:21)

Una vez cuando era pequeño y estaba en la playa, perdí el punto de apoyo en la resaca entrando al mar. Sentí como que iba a ser arrastrado al medio del océano en un instante.

Fue algo aterrador. Intenté buscar la forma de salir a flote y de orientarme. Pero no lograba que el pie hiciera contacto con el suelo y la corriente era demasiado fuerte para nadar. De todos modos no era un buen nadador.

En medio del pánico, solo pude pensar en una cosa: ¿Habrá alguien que pueda ayudarme? Pero ni siquiera podía pedir ayuda estando bajo el agua.

Cuando sentí que la mano de mi padre me tomaba por el brazo con una fuerza increíble, experimenté la sensación más maravillosa del mundo. Me rendí por completo y me dejé dominar por su fuerza. Disfruté ser levantado por él, según su voluntad. No puse resistencia.

Ni siquiera se me ocurrió tratar de mostrar que las cosas no estaban tan mal, o de añadir mi fuerza a la del brazo de mi padre. Todo lo que pensé fue: ¡Sí! ¡Te necesito! ¡Gracias! ¡Amo tu fuerza, tu iniciativa, tu forma de tomarme del brazo! ¡Eres asombroso!

En ese espíritu de rendición ante la muestra de afecto, uno no puede jactarse. A esa rendición al amor yo llamo «fe». Mi padre fue la encarnación de la gracia venidera por la que imploraba bajo el agua. Esta es la fe que magnifica la gracia.

Al meditar en cómo vivir la vida cristiana, el pensamiento preponderante debería ser: ¿cómo puedo magnificar la gracia de Dios en lugar de anularla? Pablo contesta esa pregunta en Gálatas 2:20-21: «Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No hago nula la gracia de Dios».

¿Por qué la vida de Pablo no anulaba la gracia de Dios? Porque vivía por fe en el Hijo de Dios. La fe dirige toda nuestra atención hacia la gracia y la magnifica en lugar de anularla.

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Deuteronomio 5 | Salmo 88 | Isaías 33 | Apocalipsis 3

1 JUNIO

Deuteronomio 5 | Salmo 88 | Isaías 33 | Apocalipsis 3

Si el Señor gobierna, una de las cosas que hace es destruir a los enemigos de su pueblo. En Isaías 33, se pronuncia el primer “ay”, no contra el errante pueblo de Dios (como en 28:1; 29:1, 15; 30:1; 31:1), sino contra el “destructor”, las hordas asirias. Estas son el “traidor” (33:1), sin duda porque aceptaron el desorbitado tributo (véase la meditación de ayer) y atacaron de todas formas. Sin embargo, el traidor será traicionado (33:1). Estas palabras probablemente se refieren al hecho de que Senaquerib, tras volver a casa, murió asesinado a manos de sus propios hijos (37:38).

En esta coyuntura, el pueblo de Dios clama por su ayuda: “Señor, ten compasión de nosotros; pues en ti esperamos” (33:2), un cambio de actitud tardío, desechando la insensibilidad que pusieron de manifiesto en los capítulos 29 y 30. Después de la increíble muerte de casi doscientos mil soldados asirios en 701 a. C., los ciudadanos de Jerusalén pudieron salir de la ciudad y obtener un enorme botín del campamento enemigo (33:4; 37:36).

Una vez más, el cuadro histórico se presenta en términos que anuncian el juicio final de las “naciones” (33:3, ¡en plural!) y la bienaventuranza definitiva de Sion (33:5–6; cp. 33:17–24). La “justicia” y la “rectitud” prevalecerán (33:5). El propio Dios “será la seguridad” para esos tiempos, “dará en abundancia salvación, sabiduría y conocimiento; el temor del Señor será tu tesoro” (33:6), mostrando cómo se solapan la literatura profética del Antiguo Testamento y la sapiencial (cp. Proverbios 1:7).

El resto de Isaías 33 se extiende en estos temas. El lamento de 33:7–9 pone de manifiesto que las estrategias de los gobernantes y diplomáticos debían fracasar antes de que las autoridades se volviesen hacia el Señor desesperadas. Ese es el momento en que el Todopoderoso se levanta (33:10). Él mismo consumirá la paja. Incluso los enemigos que están “lejos” (33:13) oyen lo que él ha hecho. Si él es la clase de Dios que destruye a los pecadores, ¿no consumirá igualmente a los pecadores de Sion (33:14)? “¿Quién de nosotros puede habitar en el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros puede habitar en la hoguera eterna?” (33:14). Por esta razón, la promesa de liberación del Señor es, al mismo tiempo también, un gran llamamiento al arrepentimiento (33:15–16).

Los últimos versículos (33:17–24) ofrecen una retrospectiva, un tiempo para reflexionar sobre la destrucción de todos los que aman el mal. Semejante juicio genera una época de paz y estabilidad (33:20), pero, sobre todo, es un tiempo para centrarse completamente en Dios. “Tus ojos verán al rey en su esplendor” (33:17); “Allí el Señor nos mostrará su poder” (33:21); porque “el Señor es nuestro guía; el Señor es nuestro gobernante. El Señor es nuestro rey: ¡Él nos salvará!” (33:22).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 152). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Se llamaba «Dolor»

Viernes 1 Junio

En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz… y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.

Salmo 18:6

En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado.

Salmo 4:8

Se llamaba «Dolor»

Acababa de nacer un niño. Desgraciadamente el parto había sido difícil, con grandes sufrimientos para la madre. Esta le puso por nombre “Jabes”, que significa “dolor”, pues dijo: “lo di a luz en dolor” (1 Crónicas 4:9). Dicho nombre marcó la niñez de este hombre.

En su oración, Jabes abrió su corazón a Dios y le contó toda su preocupación: ¡“Si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe!”. No dudó en pedir mucho, porque estaba marcado por la cuestión del sufrimiento: deseaba romper con este dolor asociado a su nombre. Puso su confianza en la bondad de Dios, quien podía liberarlo y bendecirlo. ¿Cómo le respondió Dios? “Le otorgó Dios lo que pidió” (1 Crónicas 4:10). Y la Biblia añade que “fue más ilustre que sus hermanos”.

Si nuestra infancia dejó dolorosas cicatrices, pidamos ayuda a Dios y contémosle toda nuestra tristeza. El Creador que nos formó, y que nos amó incluso antes de nuestra concepción, no nos decepcionará. Acerquémonos con fe y abrámosle nuestro corazón. Él desea liberarnos de la amargura y del resentimiento. Quiere darnos una paz que sobrepasa todo entendimiento. Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).

“Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios… guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Levítico 13:1-28 – Romanos 8:28-39 – Salmo 66:8-15 – Proverbios 16:17-18

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una venida poderosa

Una venida poderosa

5/31/2018

[Cristo] transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. (Filipenses 3:21)

El versículo de hoy nos asegura que Jesucristo tiene el poder para hacer las cosas asombrosas que nos ha prometido. Aunque no puede someter a todo el universo a su control soberano, sin duda tiene el poder suficiente para resucitar nuestro cuerpo y hacernos semejantes a Él. Dios tiene el poder de crear providencialmente leyes naturales y milagrosamente anularlas. Tiene el poder de dar vida y de quitarla. El apóstol Pablo dijo: “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies” (1 Co. 15:24-25).

El mismo poder que retomará todo el universo caído y lo devolverá a Dios es el que hace posible que seamos semejantes a Cristo. ¿En dónde se está concentrando? Espero que sea en el cielo y que no se distraiga.

La ganancia de servir a Dios

MAYO, 31

La ganancia de servir a Dios

Devocional por John Piper

Pero serán sus siervos para que aprendan la diferencia entre servirme a mí y servir a los reinos de los países. (2 Crónicas 12:8)

Servir a Dios es totalmente diferente que servir a cualquier otra persona.

Dios es extremadamente celoso de que entendamos esto —y que lo disfrutemos—. Por ejemplo, nos manda: «Servid al Señor con alegría» (Salmos 100:2). Hay una razón para sentir esta alegría, y se encuentra en Hechos 17:25: « [Dios] no es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas».

Lo servimos con alegría porque no cargamos con la responsabilidad de suplir sus necesidades. Al contrario, nos regocijamos en un servicio en el que él suple nuestras necesidades. Servir a Dios siempre significa recibir gracia de Dios.

Para mostrar cuán celoso es Dios de que comprendamos esto y nos gloriemos en ello, observemos la historia en 2 Crónicas 12. Roboam, el hijo de Salomón, quien gobernó el reino del sur luego de la rebelión de las diez tribus, «abandonó la ley del Señor» (12:1). Escogió no servir al Señor y servir a otros dioses y otros reinos. El castigo de Dios fue enviar a Sisac, el rey de Egipto, a subir contra Roboam con mil doscientos carros y sesenta mil hombres a caballo (12:3).

En su misericordia, Dios envió al profeta Semaías a darle a Roboam el siguiente mensaje: «Así dice el Señor: “Vosotros me habéis abandonado, por eso también yo os abandono en manos de Sisac”» (12:5). El feliz resultado de tal mensaje fue que Roboam y sus príncipes se humillaron arrepentidos y dijeron: «Justo es el Señor» (12:6).

Cuando el Señor vio que se habían humillado, dijo: «Se han humillado; no los destruiré, sino que les concederé cierta libertad y mi furor no se derramará sobre Jerusalén por medio de Sisac» (12:7). Pero la disciplina fue: «Pero serán sus siervos para que aprendan la diferencia entre servirme a mí y servir a los reinos de los países» (12:8).

El punto es claro: servir a Dios es un regalo y una bendición y una fuente de gozo y un beneficio.

Por eso digo con tanto celo que la alabanza del domingo por la mañana y la alabanza de la obediencia cotidiana no son en el fondo un servicio gravoso a Dios sino un recibir con gozo de parte de Dios.

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Deuteronomio 4 | Salmo 86–87 | Isaías 32 | Apocalipsis 2

31 MAYO

Deuteronomio 4 | Salmo 86–87 | Isaías 32 | Apocalipsis 2

Si Isaías 30–31 exponen el problema y los peligros de confiar en Egipto, los capítulos 32 y 33 muestran la alternativa: un buen gobierno liderado por un Rey justo. Aunque el profeta espera que ese dirigente sólo aparecerá en el futuro (p. ej., 32:1, 15–16; 33:5–6, 17–22), su postura no es totalmente escatológica: está ocupándose de la crisis de su propia época, un tiempo de complacencia (32:9–11), en el que los diplomáticos han fracasado y los líderes están desesperados (33:7–8); un día en el que los arrogantes asirios, pueblo “de idioma confuso” (33:19), siguen en la tierra. Históricamente, el profeta puede estar haciendo referencia al intento fútil del rey Ezequías de comprar a Senaquerib con un extraordinario tributo (2 Reyes 18:13–16). Sin embargo, este no se apacigua. Sus enviados exigen “con su lengua extraña e incomprensible” (33:19) que Ezequías abra las puertas de Jerusalén. El asedio comienza cuando este se niega a hacerlo. El pueblo de Jerusalén puede ver ahora las consecuencias de un gobierno que sólo presta atención a la vacía futilidad de la simple sabiduría humana. Isaías ofrece la única alternativa: el reinado de Dios. Felizmente, Ezequías decide escogerla en el último momento (2 Reyes 19:14–19). Sin embargo, lo que Isaías busca es el tiempo en que tanto los pueblos como los gobernantes acepten totalmente ese reinado del Todopoderoso.

Así pues, Isaías 32 inicia esta visión mostrando cómo es este gobierno divino y lo que producirá (32:1–8). La identidad de este monarca que reina en justicia (32:1) no queda tan clara como en 11:1–9 (donde es el Mesías) o en 33:22 (donde es el Señor). Desde la perspectiva del cristiano, no existe controversia en estas afirmaciones duales: el Rey supremo es al mismo tiempo el Ungido del linaje de David y el Dios viviente (como en Isaías 9 y Ezequiel 34). Aquí (Isaías 32), el centro de atención no se encuentra tanto en la identidad del rey como en su pasión por la justicia. La transformación de la realeza es tan profunda que “no se nublarán los ojos de los que ven; prestarán atención los oídos de los que oyen” (32:3), lo contrario de 6:9–10.

No obstante, en esta coyuntura, no hay forma de alcanzar semejante gloria si no es por medio del juicio. Tan sólo pasará un año antes de que la cosecha sea completamente destruida (32:10), probablemente cuando Senaquerib avanza con su poderoso ejército después de que el espectacular tributo no consiga apaciguarlo. Peor aún, la propia ciudad será destruida (32:14), un acontecimiento para el que todavía falta un siglo. Sin embargo, sobre todas estas cosas está el derramamiento del Espíritu (32:15–20), obra de Dios, que transformará a su pueblo y se producirá en Pentecostés, siguiendo los pasos de la resurrección y exaltación de Jesús el Mesías (Hechos 2:16–18), y consumado a su regreso (Apocalipsis 11:15–17).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 151). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La gracia nos enseña

Jueves 31 Mayo

La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.

Tito 2:11-12

La gracia nos enseña (2)

Ayer vimos cómo la gracia de Dios se manifestó y nos trajo la salvación y la liberación.

¡Pero todavía hace más! Ella enseña e instruye a todos los que han aceptado la salvación ofrecida. La gracia, que me sacó de la miseria del pecado, ahora se manifiesta en mi vida diaria. Me hace percibir el amor de Dios. Me muestra quién es Dios y qué espera de mí, mucho mejor de lo que lo hacía la ley del Antiguo Testamento. Me produce el deseo de agradar a Dios.

Renunciar a la impiedad y a las codicias mundanas significa echar de mi vida todo lo que desagrada a Dios, y que antes yo aceptaba.

Ser impío es actuar como si Dios no existiese. Es ser independiente con respecto a Dios y a su voluntad. Todo lo que hago sin tener en cuenta a Dios es, en el fondo, impiedad.

Los deseos mundanos abarcan todo lo que el mundo puede ofrecer para seducirnos. ¡Qué variadas son sus propuestas, y con qué facilidad podríamos dejarnos tentar!

El camino que la gracia abre para el creyente es el que Jesús trazó. Seamos sobrios en nuestra vida personal, rectos en nuestros contactos con los demás. Vivir piadosamente es mantener una buena relación con Dios, en el amor, la deferencia, la obediencia, el temor a desagradarle; no con miedo, sino con el respeto que un hijo debe tener ante su Padre que le ama, quien también es el Dios Salvador.

“La piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8).

Levítico 11:29-12:8 – Romanos 8:18-27 – Salmo 66:1-7 – Proverbios 16:15-16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Goce anticipado de la gloria

Goce anticipado de la gloria

5/30/2018

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. (Efesios 1:3)

En la actualidad no vivimos físicamente en el cielo, pero en cierto sentido sí vivimos en el reino celestial. Aunque no estamos en el cielo, estamos experimentando la vida celestial. Tenemos la vida de Dios en nosotros. Estamos bajo el gobierno de un Rey celestial, y obedecemos las leyes del cielo.

Como resultado, recibimos “gracia divina, santo poder”, como escribiera Fanny Crosby en el himno “Dulce consuelo”, es decir, un goce anticipado de la gloria divina. Estamos viviendo en una nueva comunidad, disfrutando de una nueva comunión que llegará a su cumplimiento en un lugar llamado cielo.

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