Números 34 | Salmo 78:40–72 | Isaías 26 | 1 Juan 4

25 MAYO

Números 34 | Salmo 78:40–72 | Isaías 26 | 1 Juan 4

En su cántico de alabanza, Isaías celebra el triunfo inminente del Señor y pone de manifiesto lo que significa esperar a que él actúe (Isaías 26). Los primeros versículos ofrecen una alabanza anticipativa (26:1–6), dedicada al Dios que hace de la Jerusalén definitiva la muralla de la seguridad (26:2) y preserva en paz la mente de todos los que se encuentran dentro de ella, todos los que confían en el Dios viviente (26:3–4).

La mayor parte del capítulo se dedica a reflexionar acerca de lo que significa esperar ese triunfo final (26:7–21). Isaías escribe: “Sí, en ti esperamos, Señor, y en la senda de tus juicios; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra vida” (26:8). Sin embargo, mientras los justos anhelan al Dios viviente (26:9a), la sorprendente verdad es que las personas que no lo conocen nunca aprenden nada de la gracia que Dios muestra con ellos (26:9b–10). Así pues, el pueblo de Dios clama pidiendo que él venga e imponga su justicia (26:11), como ocurre en Apocalipsis 6:10.

Entretanto, el remanente fiel vive con ambigüedad y decepción (26:12–18). La idolatría florece en la tierra en que Dios estableció la paz (26:12–13). El remanente permanece fiel mientras que la cultura sucumbe (26:13). Lo que se describe en los siguientes versículos es casi el patrón cíclico de la historia de Israel. Dios responde con juicio a la infidelidad. A su debido tiempo, regresa con gracia, ensancha a la nación y extiende su propia gloria. Y entonces, cuando todo se ha dicho y hecho, ¿cuál es el resultado? La nación es como una mujer retorciéndose por los dolores del parto y, cuando finalmente da a luz a su hijo, todo lo que ha producido es viento (26:18). “No trajimos salvación a la tierra, ni nacieron los habitantes del mundo” (26:18). ¿Dónde está la gran esperanza vinculada con la identidad de Israel, con la promesa hecha al patriarca de que en la semilla de Israel serían benditas todas las naciones de la tierra (Génesis 12)?

No obstante, el capítulo acaba con esperanza. La hay incluso para aquellos que han muerto durante los fatigosos ciclos de frustración, fracaso, futilidad y juicio: no esperaron ni murieron en vano, porque se levantarán de los muertos y serán partícipes del gozo de la victoria (26:19), una promesa de vida que se atisba brevemente en 25:8, demostrada en la resurrección de Jesús y cumplida definitivamente al final (1 Corintios 15:1; 1 Tesalonicenses 4:13–18). Entretanto, los que siguen vivos deben esperar con paciencia que pase la ira de Dios (26:20–21). De forma más clara que Isaías, sabemos que “los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento” (2 Corintios 4:17–18; cf. Romanos 8:18).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 145). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dos aspectos de la cruz de Cristo

Viernes 25 Mayo

(Cristo hizo) la paz mediante la sangre de su cruz.

Colosenses 1:20

Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.

Gálatas 6:14

Dos aspectos de la cruz de Cristo

1) El fundamento de nuestra paz con Dios.

En la cruz Jesús dio su vida por nosotros, llevó el castigo que merecían nuestros pecados. Por ello la cruz es el fundamento de nuestra paz con Dios. En ella vemos a Dios como el que amó de tal manera al mundo, que dio a su Hijo unigénito (Juan 3:16). En la cruz Dios se reveló, a la vez, como el que nos ama y el que es justo. Condena el pecado y justifica al pecador que se arrepiente (Romanos 3:26). En la cruz la gracia de Dios nos alcanza, nos levanta y nos salva. Nos reconcilia con él, nos hace sus hijos y nos coloca en su presencia. ¡Nos llena de agradecimiento y alabanza!

2) El fundamento de nuestro testimonio diario.

Si, por una parte, la cruz nos une a Dios, por otra parte nos separa moralmente del mundo. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Somos pues, como él, rechazados por el mundo. Las dos cosas van juntas: si la cruz se ha puesto entre nosotros y nuestros pecados, también se pone entre nosotros y el mundo. En el primer caso, nos da la paz con Dios; en el segundo caso, nos pone en oposición con el mundo, donde sin embargo debemos vivir y hacer el bien, imitar a Cristo.

Retengamos estos dos aspectos de la cruz. ¿Vamos a aceptar el primero y rechazar el segundo? Por medio de la cruz, Dios nos invita a entrar en el “reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13), pero también a salir moralmente del mundo, cuyo jefe es Satanás.

Levítico 6 – Romanos 3 – Salmo 63:1-4 – Proverbios 16:3-4©

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Los cimientos de nuestra seguridad

MAYO, 24

Los cimientos de nuestra seguridad

Devocional por John Piper

Porque Dios os ha escogido desde el principio para salvación mediante la santificación por el Espíritu. (2 Tesalonicenses 2:13)

Docenas de pasajes de la Biblia nos hablan de que nuestra salvación final (aunque no nuestra elección) depende de tener una vida y un corazón que han sido transformados. La pregunta que surge entonces es la siguiente: ¿Cómo puedo tener la seguridad de que perseveraré en la fe y en la santidad necesarias para heredar la vida eterna?

La respuesta es que la seguridad está cimentada en nuestra elección (2 Pedro 2:10). La elección divina es la garantía de que Dios se encargará de completar, a través de la gracia santificadora, lo que la gracia electiva ha comenzado.

Ese es el significado del nuevo pacto: Dios no solo manda que lo obedezcamos; él produce en nosotros la obediencia. «El Señor tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas» (Deuteronomio 30:6). «Pondré dentro de vosotros mi Espíritu y haré que andéis en mis estatutos» (Ezequiel 36:2711:20).

La elección asegura que «a los que justificó, a estos también glorificó» (Romanos 8:30), de modo que todas las condiciones establecidas para la glorificación se cumplirán por el poder de la gracia de Dios.

La elección es el fundamento definitivo de la seguridad de salvación, ya que si Dios es el que se compromete a salvar, también es él quien se compromete a producir todo lo necesario para la salvación.

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Números 33 | Salmo 78:1–39 | Isaías 25 | 1 Juan 3

24 MAYO

Números 33 | Salmo 78:1–39 | Isaías 25 | 1 Juan 3

Isaías 25 se divide en tres partes. En la central, tenemos un banquete festivo (25:6–8) y, a cada lado de esta, un cántico. El primero lo interpreta un cantor solitario, sin duda el propio Isaías (25:1–5); el segundo es una alabanza conjunta (25:9–12).

En la fiesta (25:6–8), la comida es la mejor y es gratuita, “un banquete de manjares especiales para todos los pueblos”. El “velo” o “manto” que “cubre a todos los pueblos” (25:7) es la propia muerte, la consecuencia de la maldición mencionada en el capítulo anterior. Esta fiesta es una celebración porque Dios “devorará a la muerte para siempre” (25:8). De hecho, todas las consecuencias de la maldición se anularán: “Enjugará las lágrimas de todo rostro “(25:8; compárese con Apocalipsis 21). Jesús garantiza las bendiciones descritas en este versículo (véase Lucas 14:15–24), porque él vence a la muerte (1 Corintios 15:25–26, 51–57; 2 Ti. 1:10). Esta fiesta es para “todos los pueblos” (25:6), otra de las muchas prefiguraciones, que hallamos en Isaías, de la aplicación universal del evangelio, pero deben ir a “este monte” (25:7); la salvación, como Jesús declara a la mujer samaritana, “proviene de los judíos” (Juan 4:22). Cuando Isaías añade que Dios eliminará el oprobio de “su pueblo” de toda la tierra, el sentido es algo ambiguo: puede ser una referencia a Israel, o quizás a aquellos que, sacados de “todos los pueblos”, han demostrado verdaderamente ser su pueblo en el día final.

El cántico del cantor solitario (25:1–5) está lleno de alabanza a Dios porque él es totalmente fiel. Esta fidelidad se demuestra tanto en los juicios devastadores que ha desencadenado como en su cuidado perenne de los pobres y los necesitados (25:4). En otras palabras, Dios es alabado por la justicia fiel de sus juicios. El cántico comunitario final (25:9–12) muestra al pueblo de Dios alabándolo unánime: “¡Sí, este es nuestro Dios; en él confiamos, y él nos salvó!” (25:9). Sin embargo, aquí también, debemos alabar la actividad inversa del Señor: él ha llevado el juicio sobre los que están llenos de soberbia. Se distingue a Moab como un ejemplo de esa obstinación. Así pues, al final existirán dos comunidades: el pueblo de Dios en el banquete festivo, donde el Señor mismo es el anfitrión y se destruye a la muerte, y los totalmente soberbios, que doblarán su rodilla pero a los que Dios reducirá a “polvo “(25:12). Barry G. Webb, un comentarista, escribió que o bien el arrepentimiento nos lleva a la fiesta, o bien la soberbia nos aparta de ella, y que las consecuencias de ello serán un gozo impoluto o un juicio indescriptiblemente terrible. Las alternativas que el evangelio pone ante nosotros son así de duras.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 144). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Examen para un cristiano

Jueves 24 Mayo

Por el fruto se conoce el árbol.

Mateo 12:33

Yo pues… os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.

Efesios 4:1

Examen para un cristiano

Un predicador se sentó en el bus que lo llevaría al lugar donde iba a predicar el Evangelio en público. Al contar el dinero que le devolvió el conductor, se dio cuenta de que había 40 centavos de más. Cuando llegó a su destino, en el momento de bajarse del bus, devolvió los 40 céntimos al conductor, diciéndole: –Me dio de más.

El conductor sonrió y le preguntó: –¿Es usted el nuevo predicador del barrio?

–Sí.

–Pues fíjese, continuó diciendo el conductor, desde hace algún tiempo he pensado ir a una iglesia, y solo quería ver cómo reaccionaría usted si le devolvía más de la cuenta… ¡Hasta el próximo domingo! Nos veremos en la sala de reuniones…

Cristianos, a menudo nuestra vida diaria es la primera manera de dar a conocer el Evangelio de Cristo a aquellos que nos rodean. La Palabra de Dios incluso afirma que para ellos somos “carta de Cristo” (2 Corintios 3:3): nuestra vida muestra lo que creemos. El ejemplo de este evangelista ilustra la manera como nos miran quienes nos rodean, y también la manera como a veces podemos ser probados mediante nuestro comportamiento. Somos llamados a actuar honestamente ante todos los hombres (Romanos 12:17), tanto en los pequeños detalles como en aquello que es más importante.

Recordemos que un cristiano lleva el nombre de Jesucristo. ¡Velemos sobre nuestras palabras, nuestros actos y nuestro comportamiento!

Levítico 5 – Romanos 2 – Salmo 62:9-12 – Proverbios 16:1-2

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No hay secreto alguno para el éxito

No hay secreto alguno para el éxito

5/23/2018

Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. (Lucas 9:62)

Nunca he conocido a una persona influyente que haya tenido éxito en cualquier campo empresarial que no estuviera comprometida en alcanzar metas. Quienes influyen en el mundo son investigadores, competidores y ganadores, interesados más en las metas que en satisfacer sus propias necesidades. Todo lo que he aprendido acerca de la vida de grandes líderes cristianos me ha enseñado que no hay secreto alguno para el éxito.

Todos ellos hicieron el máximo esfuerzo por alcanzar metas espirituales y no les importó la satisfacción personal durante el proceso.

Es asombroso descubrir cuánto han sufrido los grandes predicadores, los teólogos y los misioneros en el proceso de alcanzar sus metas. Estaban mucho más interesados en seguir a Cristo que en su propia condición. ¿Puede usted decir lo mismo en cuanto a su propio compromiso con Cristo?

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¿De verdad Cristo lo vale?

MAYO, 23

¿De verdad Cristo lo vale?

Devocional por John Piper

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:26-27)

Jesús no se avergüenza ni tiene temor alguno de decirnos a la cara lo «peor», el doloroso costo de ser cristianos: aborrecer a la familia (v. 26), cargar una cruz (v. 27) y renunciar a nuestros bienes personales (v. 33). No hay letra pequeña en el pacto de la gracia. Todo está escrito en letra grande y negrita. ¡No hay gracia barata! ¡Es muy costosa! Ven, y sé mi discípulo.

Por el contrario, Satanás esconde lo peor y nos muestra solo lo mejor. Lo único que realmente importa en el trato con Satanás está en letra pequeña en la última página.

En la primera página se lee en letra grande y llamativa: «Ciertamente no moriréis» (Génesis 3:4) y «Todo esto te daré, si postrándote me adoras» (Mateo 4:9). Sin embargo, en la última página y en letra pequeña —tan pequeña que solo se puede leer bajo la lupa de las Escrituras— se lee: «Y después de disfrutar de los placeres banales, sufrirás conmigo para siempre en el infierno».

¿Por qué Jesús está dispuesto a mostrarnos lo «peor» así como lo mejor de él, mientras que Satanás solo nos muestra lo mejor de él? Matthew Henry responde: «Satanás nos muestra lo mejor que tiene, pero oculta lo peor, porque no puede compensar lo peor con lo mejor; sin embargo Cristo lo compensará de manera abundante».

El llamado de Jesús no es solo un llamado al sufrimiento y la abnegación; en primer lugar es la invitación a un banquete. Esto es lo que nos enseña la parábola de Lucas 14:16-24. Jesús también promete una resurrección gloriosa en la que todas las pérdidas de esta vida serán recompensadas (Lucas 14:14). También nos dice que nos ayudará a soportar las pruebas (Lucas 22:32) y que nos dará el Espíritu Santo (Lucas 11:13). Promete que incluso si nos matan por causa del reino, «ni un cabello de [nuestra] cabeza perecerá» (Lucas 21:18).

Esto significa que cuando nos sentemos a calcular los costos de seguir a Jesús —cuando pongamos en la balanza lo «peor» y lo «mejor»— llegaremos a la conclusión de que lo vale. Él es absolutamente digno (véase Romanos 8:18).

No sucede lo mismo con Satanás. El pan robado es sabroso, pero luego la boca se llena de grava (véase Proverbios 20:17).

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Números 32 | Salmo 77 | Isaías 24 | 1 Juan 2

23 MAYO

Números 32 | Salmo 77 | Isaías 24 | 1 Juan 2

El pasaje de Isaías 24–27, que culmina la larga sección de los capítulos 13–27, es llamado en ocasiones “el apocalipsis de Isaías”. Aquí, el profeta pasa de los oráculos contra determinadas naciones a un apocalipsis (una “revelación) relativa al mundo entero. El pensamiento no es tanto secuencial o literalista, sino una serie de imágenes provocadoras que cuentan su propia historia. Isaías 24 describe principalmente la devastación que debe caer sobre toda la tierra. Le siguen tres capítulos de cánticos, e incluso festejos, ofrecidos con gozo al Señor por su triunfo final e irrefutable.

La mayor parte del capítulo 24 se ocupa de la devastación total del juicio final, de su rigurosidad y terror. En una serie de imágenes impactantes, las ciudades quedan asoladas (24:10), las viñas sin fruto (24:13), el terror y las trampas surgen por todas partes (24:18), y toda la tierra está quebrantada mientras los cielos derraman diluvios cataclísmicos (24:18–19), o, como alternativa, en una mezcla de metáforas, la tierra se marchita a causa de una terrible sequía (24:4). No obstante, hay dos subtemas que también captan la atención del lector.

Primero: “La tierra yace profanada, pisoteada por sus habitantes, porque han desobedecido las leyes, han violado los estatutos, han quebrantado el pacto eterno. Por eso una maldición consume la tierra, y los culpables son sus habitantes. Por eso el fuego los consume, y solo quedan unos cuantos” (24:5–6). Probablemente, la referencia a un “pacto” sea relativa al que Dios estableció con Noé y sus descendientes tras el diluvio (Génesis 9:8–17), lo cual repite la estructura de obligaciones procedente de la propia creación. De ser así, las “leyes” y “estatutos” que se han violado son los modelos fundamentales de conducta correcta implícitos y en ocasiones estipulados en un universo en el que Dios es absolutamente central y donde los seres humanos, los creados a su imagen, están adecuada y tiernamente relacionados con él. La triste realidad es que “han quebrantado el pacto eterno” (24:5). Esta terrible ruptura ha atraído la justa maldición de Dios (24:6). La visión apocalíptica del juicio final en este capítulo es la consecuencia.

Segundo: en este capítulo, la gloria que acompaña al juicio, o que espera sobre él, rompe en dos ocasiones las implacables tinieblas. En 24:14–16a, Isaías menciona personas que vienen de oriente y occidente, proclamando la majestad del Señor, levantando su voz en gozosa alabanza, cantando “¡Gloria al Justo!” desde los confines de la tierra, algo que señala simultáneamente que el juicio ha acabado y que Dios ha sido justo al dispensarlo. El último versículo del capítulo (v. 23) es como un preludio de la visión final de la Biblia. La gloria definitiva de la nueva Jerusalén es tan brillante que no se necesita sol: “La gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Apocalipsis 21:23).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 143). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Tres objetivos

Miércoles 23 Mayo

Qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia (bondad), y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6:8

Tres objetivos

Amigos cristianos, Dios conoce las disposiciones interiores de cada uno de nosotros. A través del profeta Miqueas nos indica tres maneras de orientar nuestra vida para agradarle.

–Hacer justicia: Significa ser recto en nuestras palabras, actitudes y relaciones con los demás. Esta rectitud se nota rápido en un mundo impregnado de mentira e hipocresía. Es la base de todo testimonio cristiano. Muestra uno de los caracteres de Dios.

–Amar misericordia: “De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos” (Salmo 90:14). Dios es la fuente de la misericordia, de la bondad, y Jesús es su perfecta expresión. Esa bondad nos conduce a buscar el bien de los que nos rodean y a responder a sus necesidades espirituales, afectivas o materiales, sin dejarnos desanimar por la indiferencia o el menosprecio.

–Humillarte ante tu Dios (o “andar humildemente con tu Dios”): Los dos primeros puntos conciernen a nuestras relaciones con nuestros semejantes, y este último a nuestra actitud hacia Dios. Él es nuestro Creador, nuestro Dios Salvador. Él es quien nos sostiene en nuestra vida cristiana. Si reconocemos que absolutamente todo lo debemos a Dios, permanecemos humildes ante él y contamos con su ayuda para hacer su voluntad cada día.

Solo hubo Uno que respondió perfectamente a lo que Dios esperaba del hombre, Jesús nuestro Señor. Dios le dijo desde el cielo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Marcos 1:11).

¡Él desea que lo sigamos y lo imitemos!

Levítico 4 – Romanos 1 – Salmo 62:5-8 – Proverbios 15:33©

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Evitemos la teología centrada en el hombre

Evitemos la teología centrada en el hombre

5/22/2018 

De vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. (Hechos 20:30)

Muchas fuerzas impiden que comprendamos esta verdad fundamental: “La meta de la vida de todo cristiano es ser más semejante a Cristo”. La psicología humanista es una de esas fuerzas. Ella enseña que el hombre existe para su propia satisfacción: debe tener todo lo que cree que necesita y debe satisfacer sus deseos para ser feliz. Como resultado, en muchas iglesias el crecimiento espiritual se iguala a menudo con allanar los problemas de la vida y hallar satisfacción personal.

Esa clase de mentalidad que finalmente lleva a una teología centrada en el hombre, es diametralmente opuesta a lo que la Biblia enseña. La meta de la salvación y de la santificación es que seamos hechos conformes a la imagen de Cristo (Ro. 8:29). Se ha dicho muy bien que la fe mira hacia afuera y no hacia adentro, y que toda la vida está en esa esfera. Cuanto más conoce a Cristo y se concentra en Él, tanto más el Espíritu lo hará semejante a Él. Pero cuanto más se concentra usted en sí mismo, tanto más se distraerá usted de la senda correcta.

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