El amo, los siervos y el hijo

Sábado 21 Abril

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(Jesús) vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:11-12

El amo, los siervos y el hijo

Algunas parábolas (8): Mateo 21:33-46

Resumen: Un propietario plantó una viña. La alquiló a unos labradores y se fue lejos. En la época de la cosecha envió a unos siervos a recibir sus frutos, pero los labradores golpearon a unos y mataron a otros. Luego envió otros siervos, quienes sufrieron la misma suerte. Por último envió a su propio hijo, a quien también mataron. El amo se vio obligado a matar a esos labradores y alquilar la viña a otros.

Significado: La viña representa al pueblo de Israel que Dios había escogido para ser su testigo entre las naciones (Isaías 5:7). Los labradores son los responsables de ese pueblo; los siervos son los profetas; y el hijo es Cristo rechazado y crucificado. Después del rechazo de Jesús, el pueblo fue dispersado y Dios confió su testimonio a la Iglesia (los otros labradores).

Aplicación: La Iglesia está compuesta por todos los que han creído y recibido al Hijo de Dios, Jesucristo. Dios lo estableció para que fuese el fundamento de la Iglesia. Hoy cada persona puede conocerlo leyendo la Biblia o escuchando el mensaje del evangelio.

Cada uno de nosotros debe tomar una decisión con respecto a Jesús. Puedo rechazarlo y hacer como los que lo crucificaron. Pero si lo acepto como mi Salvador, me da la vida para que esté unido a él eternamente. Esta actitud individual con respecto a Cristo marca la diferencia entre los hombres: por un lado están los que lo aman; por el otro los que lo rechazan. Es el Salvador de los primeros, pero será el Juez de los segundos.

(continuará el próximo sábado)

Isaías 32 – 2 Pedro 1 – Salmo 46:4-7 – Proverbios 14:5-6

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Creo en Dios

Viernes 20 Abril

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No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

Juan 14:1

Estas (señales) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20:31

Creo en Dios

«El conocimiento de la existencia de Dios, sin Jesucristo, es inútil y estéril», escribió Blaise Pascal, matemático y filósofo cristiano.

Hoy en día mucha gente dice ser creyente. Pero cuando se les interroga sobre lo que esto significa para ellos, afirman que creen en la existencia de un ser supremo llamado Dios. Para ellos, ser creyente es simplemente lo contrario de ser ateo.

Como hay tantas religiones en la tierra, dicen que es difícil saber cuál es la buena. Ser deísta evita decidirse por una religión y permite estimarse tolerante. Algunos piensan que con solo creer en la existencia de Dios es suficiente para que él los apruebe.

Sería bueno detenerse en la declaración de Blaise Pascal. Ella es conforme a lo que dice la Palabra de Dios, pues hace la distinción entre la fe en Dios y la fe que salva.

Creer en la existencia de Dios no basta. No soluciona nada en cuanto al mal o al pecado que contamina el corazón del hombre.

La fe que salva no solo es una fe en Dios, sino la fe o la plena confianza en la obra de Jesucristo, el Hijo de Dios muerto en la cruz para borrar los pecados.

¿Qué clase de fe es la suya? ¿Puso usted su confianza en Jesucristo como su Salvador?

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Isaías 30-31 – 1 Pedro 5 – Salmo 46:1-3 – Proverbios 14:3-4

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El Calvario

Jueves 19 Abril

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Fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.

1 Pedro 1:18-19

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras.

Efesios 2:8-9

El Calvario

¿Qué evoca para nosotros la palabra «calvario»? ¿Un momento especialmente doloroso de la vida? Originalmente esta palabra designa una colina ubicada cerca de Jerusalén, llamada también Gólgota, donde Jesucristo fue crucificado y pasó por terribles sufrimientos. En el evangelio podemos leer: “Él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio” (Juan 19:17-18). Antes, Jesús mismo había anunciado: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14-15). Entonces, ¿por qué Jesús, hombre perfecto, tuvo que ser crucificado?

Ante Dios, quien es infinitamente santo, toda falta merece un castigo. Ninguna «buena obra» ni el dinero pueden borrar un solo pecado. Era, pues, necesario un medio de salvación, algo que pudiese purificarnos ante los ojos de Dios. ¡Y esto solo era posible mediante la muerte de una víctima absolutamente perfecta! Por eso Dios dio “a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Tres días después de su sacrificio, Jesús resucitó, prueba de que la justicia del Dios santo había sido satisfecha.

Era necesario que Cristo muriese para pagar con su vida el precio del perdón de mis pecados y los de todos los que aceptan este sacrificio de amor. ¡Esto es lo que el Calvario nos recuerda!

Isaías 29 – 1 Pedro 4 – Salmo 45:10-17 – Proverbios 14:1-2

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Tranquilidad ante la crítica

Tranquilidad ante la crítica

4/18/2018

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados. (1 Pedro 4:14)

Una buena conciencia da tranquilidad y lo vindica a usted cuando lo calumnian. Estará libre de la tarea de señalar cualquier pecado, y su vida demostrará que son falsas las críticas. Cuando usted tiene una buena conciencia, el maltrato verbal y los insultos contra usted avergüenzan a su acusador, no a usted.

El mundo condena hipócritamente al cristianismo cuando puede señalar a un cristiano que haya desacreditado la fe. A los incrédulos les encanta señalar a un cristiano que peca para justificar así su propia conducta pecaminosa. Por lo tanto, viva sin tacha para que las acusaciones de los incrédulos no tengan fundamento alguno.

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 Nuestro Señor Jesucristo… se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo.

Miércoles 18 Abril

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 Nuestro Señor Jesucristo… se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo.

Gálatas 1:3-4

El Señor mismo… descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:16

El Señor mismo

El gran Dios Soberano, creador de los cielos y de la tierra, dispone de un ejército de siervos, los ángeles poderosos que ejecutan su palabra (Salmo 103:20-21). En todas las épocas los ha empleado para intervenir a favor de los creyentes. Por ejemplo, para proteger a Lot del juicio de Sodoma (Génesis 19:1-26) o para liberar a Pedro de la mano del rey Herodes (Hechos 12:1-17).

Pero la obra que nos salva solo podía ser cumplida por el Hijo de Dios. Jesucristo, víctima perfecta, satisfizo la justicia del Dios Santo. “Se despojó a sí mismo… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:7-8), “habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo” (Hebreos 1:3). La necesidad de la intervención personal del Hijo de Dios, de su encarnación y de su muerte para solucionar el problema del pecado nos muestra la gravedad de este. Y la prueba de su amor por nosotros es el hecho de haberse ofrecido para llevar a cabo esa obra.

Hay otra misión que nuestro Señor no confiará a nadie: llevarnos con él a la casa de su Padre. Entonces podrá manifestar una vez más todo su amor hacia aquellos por quienes dio su vida. Solo entonces su amor divino será satisfecho, cuando al fin se presentará “a sí mismo, una iglesia gloriosa…” (Efesios 5:27).

Isaías 28 – 1 Pedro 3 – Salmo 45:6-9 – Proverbios 13:24-25

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Una buena conciencia

Una buena conciencia

4/17/2018

Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. (1 Pedro 3:16)

La conciencia acusa o excusa a una persona, obrando como fuente de convicción o afirmación. Una buena conciencia no acusa a un creyente de pecado porque está llevando una vida de santidad. Más bien, una buena conciencia confirma que todo anda bien, mientras que una mala conciencia indica pecado.

Un creyente debe vivir con la conciencia tranquila para que el peso de la culpa no lo abrume cuando se enfrenta a la crítica hostil. Sin embargo, si no tiene pasión por hacer el bien y servir a Cristo, conocerá el tremendo peso del merecido sentido de culpa. Una conciencia manchada no puede estar tranquila ni soportar el ataque furioso de las pruebas. Pero una conciencia tranquila lo ayudará a no estar ansioso ni atribulado durante sus pruebas.

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Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón. Proverbios 4:2

Martes 17 Abril

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Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón.

Proverbios 4:23

Confía en el Señor, y haz el bien… Guarda silencio ante el Señor, y espera en él.

Salmo 37:3, 7

Guarda mi alma, y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti confié.

Salmo 25:20

Reflexiones

«Estoy envejeciendo, y mis recuerdos se me escapan, pero hay dos cosas que no puedo olvidar: soy un grandísimo pecador y Jesús es un grandísimo Salvador».

Isaac Newton

«El siervo debe aprender a no ser nada para que solo el Señor sea admirado».

«La apreciación de la gracia de Dios no llena de orgullo al que se beneficia de ella, sino que lo vuelve humilde. Pone al hombre en su lugar y da a Dios el suyo».

«Empezamos la eternidad entrando en el mundo. El tiempo de nuestra vida en la tierra es una corta fase, que pasa como una neblina, pero en la cual se decide de qué lado se hallará definitivamente cada uno después de la muerte».

«Dios no quiere ni nuestros dones ni nuestras obras antes de poseernos a nosotros mismos».

«Estando cada uno a los pies del Señor, los creyentes estarán cerca los unos de los otros».

«Cuando la tentación llama a nuestra puerta, pensemos en Jesús: él puede librarnos».

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21).

Isaías 27 – 1 Pedro 2:11-25 – Salmo 45:1-5 – Proverbios 13:22-23

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¡Ay, me lastimaste!

Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

1 Corintios 12:26-27

(Cristo) es la cabeza (o el jefe) del cuerpo que es la iglesia.

Colosenses 1:18

¡Ay, me lastimaste!

En la escuela Carolina se balanceaba en su silla. Pablo, sentado detrás de ella, extendió sus piernas por debajo de su mesa. De repente la silla de Carolina apretó el pie de Pablo. Este gritó: ¡Ay, me lastimaste! A Pablo no se le ocurrió decir: ¡Le hiciste daño a mi pie! Aunque el herido era el pie, a Pablo le dolía. El pie de Pablo, o su pierna, o su mano, ¡es él mismo! También decimos: Me quemé, me corté… ¡Aunque sea el dedo el que recibe el daño, soy yo el que sufre!

En efecto, el cuerpo humano constituye un todo y está unido de forma vital a la cabeza. Si mi pie está herido, mi cerebro percibe el dolor y todo el cuerpo sufre. El cuerpo y la cabeza están estrechamente unidos, no existen el uno sin el otro.

Todo esto tiene una gran enseñanza para la vida cristiana. La Biblia nos enseña que todos los cristianos forman el cuerpo de Cristo, y que él es la cabeza de ese cuerpo. Cada verdadero cristiano está unido a Jesucristo mediante un vínculo vital; vive de la misma vida que él. ¡No hay nada que pueda romper ese vínculo, el cual perdurará eternamente! ¡Lo que concierne al cristiano concierne, pues, directamente a Jesucristo mismo!

Es consolador saber esto. A través de las tristezas de la vida, Jesús sufre con nosotros.

Esto también nos anima a rodear de afecto y cuidados a todos nuestros hermanos y hermanas en la fe. ¡Ellos son Él!

Isaías 26 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21

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Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos.

Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos.

Salmo 31:14-15

Al que espera en el Señor, le rodea la misericordia.

Salmo 32:10

La confianza

Durante el descanso me encontré con mis compañeros de trabajo.

–¡Buenos días a todos!, les dije.

–¡Parece que tienes algo que decirnos!

–Hace dos semanas unos exámenes médicos permitieron diagnosticar un cáncer. Tuve que empezar un tratamiento fuerte. Debo dejarlos al menos durante unos meses.

–¡Pero pareces perfectamente sano!

–Uno de los médicos me dijo: ¿Sabe que atrapó algo muy malo? Pienso que es una forma de ver las cosas, pero existe otra. Dios permitió esto en mi vida. Él me ama y quiere enseñarme algo importante que no se encuentra ni en los libros ni en Internet.

Todos estaban emocionados… Y agregué:

–Es cierto, es un golpe duro, pero Dios me va a ayudar. Él es el gran Médico.

El Señor me dio la fuerza para hablar a mis compañeros, pero luego pensé en esa conversación: ¿Soy inconsciente? ¿O fanfarrón? ¿O un anticuado que mezcla a Dios con la medicina? No, Dios es todopoderoso y soberano. Él decide lo que quiere y nadie puede pedirle cuentas.

En su amor dio a Jesús, quien murió por mí en la cruz. Dios me perdonó y me hizo su hijo. También pienso en las mil bondades del Señor que he experimentado. No sé cuál será mi futuro, pero sé que mi Señor es fiel y me acompañará cada día, y que también animará a mis familiares.

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Isaías 24-25 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

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Maestro, siervos y talentos

Sábado 14 Abril

Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Mateo 25:21

Si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo.

1 Pedro 4:11

Maestro, siervos y talentos

Algunas parábolas (7): Mateo 25:14-30

Resumen: Antes de dejar su país, un hombre llamó a tres siervos suyos y les confió sus bienes según sus capacidades. Al primero dio cinco talentos (una gran cantidad de dinero), al segundo dos, y al tercero uno. Los dos primeros hicieron producir los bienes de su señor y duplicaron su valor. Pero el tercer siervo enterró el talento. Cuando el amo regresó, los dos primeros recibieron la misma recompensa; en cambio el tercero fue reprendido y despedido.

Significado: El hombre que dejó el país es Cristo, quien actualmente está en el cielo. Dejó dones, “talentos”, a los hombres; repartió a cada uno según sus capacidades. El regreso del amo es la venida del Señor.

Aplicación: ¿Cómo servimos al Señor? Hay dos posibilidades: lo conocemos realmente y le servimos con diligencia, contando con su gracia e incluso corriendo algunos riesgos; o carecemos de una verdadera relación de fe con él, no lo conocemos y no le servimos realmente. En el primer caso tenemos resultados, pero en el segundo solo hay esterilidad.

Es un privilegio trabajar para el Señor y poner a su disposición nuestra salud, memoria, inteligencia, tiempo libre, bienes materiales… ¿Acaso nos parecemos al siervo “malo y negligente”, descuidando los dones del Maestro? ¿Qué le traeremos cuando vuelva? ¿Podrá decirnos: “entra en el gozo de tu señor”?

(continuará el próximo sábado)

Isaías 23 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17

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