La ley de la libertad

Sábado 18 Marzo
Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
Gálatas 5:1

La ley de la libertad
En medio del debate que produjo la adopción de una nueva ley, un responsable político declaró: «Esta ley es la ley de la libertad, pues da el derecho a cada uno de decidir lo que quiera, de vivir con libertad sus pasiones».

¡Libertad para sus pasiones! En una época en la que cada vez se habla más de adicción a una u otra cosa, cuando en los hospitales se crean servicios consagrados a este problema, dicha expresión nos aflige. No, las pasiones de nuestra naturaleza no nos dejan libres; al contrario, nos esclavizan. Muchos de nosotros seguramente se identifican con este hombre descrito por Pablo, quien dijo: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19). Por lo tanto, prometer la libertad a alguien dejándole hacer lo que quiera es engañoso e ilusorio.

En la Biblia Dios nos propone otra ley de la libertad. Confirma que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15). Él quiere que escapemos de esa muerte espiritual, desea liberarnos de esa “ley del pecado” que está en nosotros (Romanos 7:23; 8:2). Quiere cambiar nuestro corazón, que por naturaleza se opone a Dios. Para ello dio a su Hijo Jesucristo.

Todo el que cree en él recibe una nueva naturaleza, feliz de obedecer la voluntad de Dios. ¡Esta es la verdadera libertad, es decir, vivir en armonía con el Creador, quien nos hizo a su imagen!

Ezequiel 13 – Hechos 21:1-16 – Salmo 34:7-14 – Proverbios 11:25-26

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«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios» | Charles Spurgeon

17 de marzo
«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios».
Mateo 5:9
Es esta la séptima de las bienaventuranzas, y el número siete, entre los hebreos, era el número de la perfección. Puede ser que el Salvador colocara al pacificador en el séptimo lugar porque este se parece más al hombre perfecto en Cristo Jesús. El que desee tener perfecta felicidad, hasta donde esta puede gozarse en la tierra, deberá alcanzar esta séptima bienaventuranza y convertirse en pacificador. Hay también un significado en la posición que ocupa el texto. El versículo que lo precede habla de la bienaventuranza de «los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios». Es bueno que entendamos que primero debemos ser «limpios», y después «pacificadores». Ser pacificador no significa tener un pacto con el pecado o tolerar el mal. Debemos poner nuestros rostros como pedernales contra todo lo que es contrario a Dios y a su santidad. Si la pureza está arraigada en nuestras almas, entonces podemos pasar a ser pacificadores. Aun el versículo que sigue parece haber sido puesto allí con un propósito. Por más que seamos pacíficos en este mundo, seremos, no obstante, calumniados y malentendidos, y no hay que sorprenderse por ello, pues hasta el Príncipe de Paz trajo fuego sobre la tierra. Él mismo, aunque amó a la Humanidad y no hizo maldad alguna, fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto». Por eso, para que los pacíficos de corazón no se sorprendan cuando se topen con enemigos, se dice en el siguiente versículo: «Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos». Así, no se declara solo bienaventurados a los pacificadores, sino que también se los rodea de bendiciones. ¡Señor, danos gracia para ascender hasta esta séptima bienaventuranza! Purifica nuestras mentes a fin de que podamos tener esa sabiduría que es «primeramente pura, después pacífica» (Stg. 3:17), y fortalece nuestras almas para que nuestra condición de pacíficos no nos conduzca a la cobardía y a la desesperación cuando por tu causa seamos perseguidos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 85). Editorial Peregrino.

Cristo también murió por usted

Viernes 17 Marzo
Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
Lucas 15:6-7
Cristo también murió por usted

En el cementerio del pueblo acababan de enterrar a un hombre mayor que no quería ningún oficio religioso en su funeral. Cuando el ataúd fue puesto en su lugar, un incómodo silencio se instaló entre los presentes. A un amigo de la familia le parecía imposible dejar aquel lugar sin una palabra de consuelo y de despedida.

Entonces preguntó si podía decir algunas palabras. Abrió su Biblia y leyó este versículo del Evangelio: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Luego oró encomendando la familia del difunto y todos los asistentes a la misericordia de Dios.

Un poco más tarde, el jardinero del cementerio se acercó a él y le preguntó:

–Disculpe, ¿usted es el cura, el pastor?

–No, no soy ni uno ni otro. Simplemente soy un cristiano porque creí que Jesucristo murió por mí en la cruz.

El jardinero tenía los ojos llenos de lágrimas.

–No llore, Cristo también murió por usted.

–Ya lo sé, acabo de comprenderlo.

Ante una tumba abierta, la Palabra de Dios mostró una vez más su poder vivificante. Una persona nació “de nuevo”. ¡Es un motivo de gozo en el cielo y en el corazón del que sabe que fue perdonado!

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Ezequiel 12 – Hechos 20:17-38 – Salmo 34:1-6 – Proverbios 11:23-24

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Preserva también a tu siervo de las soberbias | Charles Spurgeon

16 de marzo
«Preserva también a tu siervo de las soberbias».
Salmo 19:13

Tal era la oración del «hombre según el corazón de Dios». ¿Necesitaba el santo David orar así? ¡Cuán necesaria debe ser entonces esa oración para nosotros, que somos niños en la gracia! Es como si dijese: «Presérvame o de lo contrario caeré de cabeza al precipicio del pecado».

Nuestra naturaleza pecaminosa, semejante a un indómito caballo, está propensa a desbocarse. Que la gracia de Dios le ponga la brida para frenarla, a fin de que no caiga en el mal. ¡Qué podríamos hacer, aun los mejores de nosotros, si no fuera por los frenos que el Señor nos pone en su providencia y en su gracia! La oración del Salmista va dirigida contra la peor forma de pecado: el que se comete deliberada e intencionadamente. Aun el más santo de nosotros necesita ser «preservado» de las transgresiones más viles. Resulta solemne ver al apóstol Pablo exhortar a los santos contra los más repugnantes pecados: «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría» (Col. 3:5). ¡Qué! ¿Los santos necesitan que se los exhorte contra pecados como estos? Sí, lo necesitan. Las vestiduras más blancas se verán ensuciadas por las más negras manchas si la gracia divina no preserva su pureza. ¡Cristiano experimentado, no te gloríes en tu experiencia, pues tropezarás si apartas la mirada de Aquel que es poderoso para guardarte sin caída! Vosotros, cuyo amor es ferviente, cuya fe es constante y cuyas esperanzas son luminosas, no digáis: «Nunca pecaremos»; decid más bien: «No nos metas en tentación».

Hay suficiente estopa en el corazón de los mejores hombres como para encender un fuego que abrase hasta lo más bajo del Infierno, si Dios no apaga las chispas a medida que van cayendo. ¿Quién hubiese imaginado que el justo Lot podía ser hallado borracho y cometiendo impurezas? Hazael dijo: «¿Es tu siervo perro, que hará esta gran cosa?» (2 R. 8:13, RV1909). Y nosotros somos muy propensos a hacer esa misma pregunta de justicia propia. Que la sabiduría infinita nos cure de la locura de la confianza en nosotros mismos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 84). Editorial Peregrino.

Permanecer cerca del Señor

Jueves 16 Marzo
(Jesús dijo:) El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
Juan 14:23
Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
Juan 15:9
La comunión (3)

Permanecer cerca del Señor
En Juan 1:35-39 leemos que dos discípulos seguían a Jesús. Él se volvió y les preguntó: “¿Qué buscáis?”. Respondieron: “¿Dónde moras?”, y Jesús los invitó a ir con él. Esos dos discípulos querían estar con el Señor para escucharlo, preguntarle y disfrutar de su cercanía.

En Lucas 19:2-6 leemos que Zaqueo también quería conocer a Jesús. Por ello subió a un árbol situado al borde del camino por donde Jesús debía pasar. Allí lo vio y lo escuchó decirle: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”. Y en seguida recibió a Jesús en su casa con gozo.

Para nosotros los cristianos, la comunión con el Señor consiste efectivamente en permanecer con él. Por la fe podemos estar cerca de él, orando y leyendo su Palabra. También podemos buscar la compañía de otros creyentes en reuniones cristianas, allí donde el Señor prometió su presencia (Mateo 18:20).

Pero el Señor también está con nosotros ahí donde nos encontramos, en todas nuestras situaciones. Él dijo: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Su Espíritu nos hace experimentar su presencia cuando obedecemos su Palabra, cuando “guardamos” su Palabra.

En la tierra, el Señor hacía la voluntad de su Padre y era consciente de su amor. Él nos invita a hacer lo mismo. Así nuestro gozo podrá ser “cumplido”, nuestra vida reflejará algo de sus caracteres, y Dios será honrado (Juan 15:10-11).

(continuará el próximo jueves)
Ezequiel 11 – Hechos 20:1-16 – Salmo 33:16-22 – Proverbios 11:21-22

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Lo hizo de todo corazón, y fue prosperado | Charles Spurgeon

15 de marzo
«Lo hizo de todo corazón, y fue prosperado».
2 Crónicas 31:21

Esto ocurre con frecuencia: es una norma del universo moral el que prosperen los hombres que hacen sus obras de todo corazón; mientras que resulta casi seguro que aquellos otros que van a sus labores con solo la mitad de sus corazones, fracasarán.

Dios no da cosechas a los ociosos: salvo cosechas de espinos. Ni se complace en enviar riqueza a quienes que no cavan el campo en busca de sus tesoros escondidos. Es un principio admitido en todo lugar que el que quiere prosperar debe ser diligente en su trabajo. Y lo mismo pasa con la religión: si deseas prosperar en tu trabajo para Jesús, procura que sea un trabajo de corazón y efectuado con todo el corazón. Pon en la religión tanta fuerza, energía, sinceridad y pasión como jamás hayas puesto en tus negocios; pues la religión las merece mucho más. El Espíritu Santo nos ayuda en nuestras flaquezas, pero no estimula nuestra ociosidad. Él ama a los creyentes activos. ¿Quiénes son los hombres más útiles en la Iglesia cristiana? Aquellos que llevan a cabo las obras que emprenden por la causa de Dios con todo su corazón. ¿Cuáles son los instructores de la Escuela Dominical que tienen más éxito? ¿Los más dotados? No: los más celosos. Los hombres cuyo corazón está sobre el fuego son aquellos que ven a su Señor cabalgar prósperamente en la majestad de la salvación. La sinceridad se muestra en la perseverancia. Tal vez haya fracaso al principio; pero el obrero diligente dirá: «Esta es la obra del Señor; debe, por tanto, llevarse a cabo. Mi Señor me ha ordenado hacerla y con su poder la haré». Cristiano, ¿estás sirviendo a tu Maestro con todo el corazón? Recuerda el celo de Jesús: piensa en su trabajo de corazón.

Él podía decir: «El celo de tu casa me consume». Cuando sudaba grandes gotas de sangre, no era liviana la carga que llevaba sobre sus benditos hombros; y cuando derramaba su corazón, no era un débil esfuerzo el que estaba haciendo por la salvación de su pueblo. ¿Somos nosotros fríos cuando Jesús era ferviente?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 83). Editorial Peregrino.

Tan lejos, y sin embargo tan cerca

Miércoles 15 Marzo

Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

Hechos 17:27

Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

Filipenses 4:5

Tan lejos, y sin embargo tan cerca

En el estrecho de Bering, cerca del círculo polar ártico, hay dos islas: Diómedes Mayor, que pertenece a Rusia, y Diómedes Menor, que pertenece a Estados Unidos. La línea del cambio de fecha pasa entre las dos. Cuando es lunes del lado americano, ¡ya es martes en la isla rusa! ¡Sin embargo, estas dos islas solo están separadas por cuatro kilómetros!

¡Tan lejos, y sin embargo tan cerca! A menudo, ¿no es esto lo que vivimos con Dios? ¡Nos parece tan lejano, y sin embargo está tan cerca! Dios “no está lejos de cada uno de nosotros”, decía el apóstol Pablo a los atenienses. Dios estaba cerca de ellos, pero no lo conocían. Incluso habían creado un altar dedicado “al Dios no conocido”.

Nuestro mayor impedimento para acercarnos a Dios quizá sean nuestros prejuicios, nuestras ideas equivocadas. Si pensamos que Dios es exigente, o insensible, permaneceremos lejos de él. Pero si nos abrimos a su amor, nos acercaremos a él.

Al venir a este mundo, Jesús nos reveló que Dios quiere estar muy cerca de nosotros y perdonar nuestros pecados, incluso los que no nos atrevemos a confesar. ¡Jesús pagó un precio muy alto para ello! “Habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Efesios 2:13).

¿Deseamos acercarnos a Dios? No tengamos miedo a ser rechazados; creamos en su perdón, en su amor. Vayamos a Dios cada día, pues diariamente tiene algo que perdonarnos, algo que darnos, o simplemente algo que decirnos. ¡Vayamos a él cada día mediante la oración!

Ezequiel 10 – Hechos 19:23-41 – Salmo 33:10-15 – Proverbios 11:19-20

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El regreso de Cristo

Martes 14 Marzo

Estar con Cristo… es muchísimo mejor.

Filipenses 1:23

Estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:17

El regreso de Cristo

Todo creyente que conoce a Dios y vive con él tiene el profundo deseo de estar con él. La Biblia nos muestra varios testimonios que nos animan y nos interpelan:

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios del Señor” (Salmo 84:2). “… Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Salmo 42:1-2).

Cuando Esteban era martirizado, Dios le permitió ver a Jesús en el cielo en la gloria (Hechos 7:55). Pablo deseaba estar con Cristo (versículo de hoy).

Para los cristianos, quienes han depositado su esperanza y fe en Jesús, la Palabra de Dios evoca el momento del regreso del Señor por los suyos: “Y si me fuere… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). Este momento está muy cerca: “Ciertamente vengo en breve” (Apocalipsis 22:20). Será un hecho excepcional y milagroso: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos… los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52).

Esta espera paciente del alma, ¿forma parte de nuestra vida? ¡Dicha esperanza anima a los que sufren debido a una enfermedad! Si anheláramos encontrarnos con el Señor, quien dio su vida por nosotros, le consagraríamos nuestra vida. El Señor quiere decir a cada uno: “Has sido fiel… entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

Ezequiel 9 – Hechos 19:1-22 – Salmo 33:1-9 – Proverbios 11:17-18

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Atenderé a mis caminos | Charles Spurgeon

14 de marzo
«Atenderé a mis caminos».
Salmo 39:1

Compañero de peregrinación, no digas en tu corazón: «Yo iré aquí y allá y no pecaré», porque nunca estarás tan lejos del peligro de pecar como para alardear de seguridad. El camino es muy fangoso: será difícil que limpies tu senda de manera que tus vestidos no se ensucien. Este es un mundo de betún; debes, por tanto, velar constantemente si al rozarte con él quieres conservar tus manos limpias. Hay un ladrón en cada recodo del camino para robar tus joyas; hay una tentación en cada virtud; hay una trampa en cada alegría; y, si alguna vez llegas al Cielo, será por un milagro de la gracia divina que debe atribuirse exclusivamente al poder de tu Padre. Está, pues, vigilante. Cuando alguien lleva una bomba en la mano, debe intentar no acercarse a una vela; tú también has de tener cuidado de no entrar en tentación. Aun tus actos corrientes son instrumentos afilados; debes, pues, pensar en cómo manejarlos. No hay nada en el mundo que estimule la piedad de un cristiano; en cambio hay muchas cosas que la destruyen. ¡Cuán deseoso debieras estar de recurrir a Dios para que él te guarde! Tu oración debería ser: «Sostenme y estaré seguro». Después de haber orado, debes velar, cuidando cada pensamiento, palabra y obra con celo santo. No te expongas, si no tienes necesidad; pero si eres llamado a exponerte, si se te ordena ir adonde los dardos vuelan, nunca te aventures a salir sin tu escudo. Porque si el diablo te encuentra alguna vez sin el mismo, se alegrará de que su hora de triunfo haya llegado, y de que pronto te hará caer herido por sus flechas. Aunque no te puede matar, sí le es posible herirte. Sé sobrio, sé vigilante; el peligro se puede presentar en un momento cuando todo te parezca seguro. Por tanto, atiende a tus caminos y vela en oración. Ninguno cae en el error por ser demasiado vigilante. Que el Espíritu Santo nos guíe en todos nuestros caminos, para que estos siempre agraden al Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 82). Editorial Peregrino.

Perseguidor y condenado

Lunes 13 Marzo
El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?
Salmo 27:1
He aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.
Apocalipsis 3:9

Perseguidor y condenado
Mensajes de cristianos perseguidos

Cuando era perseguido debido al Evangelio, una vez fui condenado a muerte. Pero el Señor me protegió, pues en vez de ser ejecutado, me dejaron en la cárcel.

Algún tiempo después, el juez que había pronunciado mi condena tuvo problemas con la justicia. Debido a sus actividades políticas fue condenado a una larga pena. ¡No solo fue llevado a la misma cárcel donde yo estaba, sino a la misma celda!

Cuando me reconoció, empezó a llorar y a decir: «¡Oh, Dios, me rindo! ¡Oh, Jesús, me rindo realmente!».

Así continuó durante cuatro o cinco minutos, luego se dirigió a mí y me dijo: «Así que estoy con usted. ¿Se acuerda de mí? Su vida estaba en mis manos. Yo lo condené a muerte, y mandé ejecutar la sentencia en varias ocasiones, pero cada vez había algo que retrasaba su ejecución. ¿Quién hubiera podido pensar que yo estaría aquí en la cárcel, junto con usted? Veo que su Dios preservó su vida. Usted está en Sus manos. ¡Pero yo estoy en las manos de los jefes del partido! ¡Ellos no me dejarán vivir! Perdóneme, por favor. ¡Necesito a Jesús!».

Lo miré. Había sido mi juez, y ahora yo podía ser el suyo. Y el Señor me mostró qué clase de juicio debía pronunciar: Dios perdona, y nosotros debemos hacer lo mismo. En cuanto a nuestra vida, está en las manos de Dios: “Ni uno de ellos (los pajarillos) cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29).

Li An (China)
Ezequiel 8 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16

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