Dios aprecia al humilde

MARZO, 06

Dios aprecia al humilde

Devocional por John Piper

El eterno Dios es tu refugio, y debajo están los brazos eternos. (Deuteronomio 33:27)

Puede ser que en este momento estemos atravesando circunstancias que nos estén preparando de manera dolorosa para algún servicio preciado para Jesús y su pueblo. Cuando una persona toca fondo con una sensación de impotencia y vacío, puede ser que descubra que ha golpeado la Roca de la eternidad.

Recuerdo una frase exquisita del Salmo 138, que leímos en nuestro devocional del desayuno el sábado pasado: «Porque el Señor es excelso, y atiende al humilde…».

Uno no puede hundirse tan bajo en la desesperación de los recursos personales que Dios no pueda verlo y tomar cuidado. Es más, él está en el fondo, esperando para agarrarnos. Como dice Moisés: «El eterno Dios es tu refugio, y debajo están los brazos eternos» (Deuteronomio 33:27).

Sí, él nos ve temblorosos y equivocándonos. Él puede agarrarnos (y a menudo lo ha hecho) antes de que toquemos fondo; pero en las oportunidades en que no lo hace, tiene algunas lecciones nuevas que impartir.

El salmista dijo en Salmos 119:71: «Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos». No dice que fuera fácil o divertido o agradable. En retrospectiva, simplemente dice: «Bueno es para mí».

La semana pasada estuve leyendo un libro escrito por un ministro escocés llamado James Stewart. Él decía: «En el servicio del amor, solo los soldados heridos pueden servir». Es por eso que creo que algunos de ustedes están siendo preparados en este momento para ciertos servicios de preciado amor —porque están siendo heridos—.

No vayamos a pensar que la herida ha llegado separada de los amables designios de Dios. Recordemos su palabra: «Ved ahora que yo, yo soy el Señor, y fuera de mí no hay dios… Yo hiero y yo sano» (Deuteronomio 32:39).

Que Dios otorgue una gracia especial a todos aquellos que estén gimiendo bajo una carga. Busquen ansiosamente las nuevas ternuras de amor que Dios les está impartiendo, aun ahora mismo.


Devocional tomado del articulo “Only Wounded Soldiers Can Serve”

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Éxodo 17 | Lucas 20 | Job 35 | 2 Corintios 5

6 MARZO

Éxodo 17 | Lucas 20 | Job 35 | 2 Corintios 5

Nada es tan bueno como podría serlo. Podemos disfrutar unos breves momentos de las cosas tal como nos las imaginamos, saboreando el néctar de la vida con cada latido de nuestro corazón, pero sabemos muy bien que no durará mucho. Mañana tenemos que volver al trabajo. Puede que este nos guste, pero tiene sus presiones. Nuestro matrimonio puede ser casi idílico, pero cuando nuestro estado de ánimo es negativo, resulta sorprendente la cantidad de cosas que no podemos o queremos compartir con nuestra pareja. El cálido viento del oeste que acaricia nuestro pelo se convierte en un tornado que destruye el hogar. Uno de los progenitores sucumbe ante el Alzheimer, un hijo muere. Existen muchas cosas para disfrutar a nuestro alrededor, pero justo cuando nos disponemos a hincar el diente a un buen filete de ternera, recordamos a los millones de personas que mueren de hambre. No podemos escapar de la cruda realidad: por muy maravillosas que sean nuestras experiencias en este mundo caído, otros sufrirán vivencias más destructivas, y no sentiremos que lo que estamos viviendo sea absolutamente ideal.

Este desasosiego aparece para nuestro bien. Es un rasgo de nuestro carácter, de nuestra naturaleza de criaturas creadas a imagen de Dios. Fuimos hechos para morar en la eternidad; sabemos que pertenecemos a algo mejor que un mundo repleto de pecado (aunque en ocasiones hermoso).

Pablo entiende perfectamente este concepto (2 Corintios 5:1–5). Anuncia el tiempo en que “esta tienda de campaña” (nuestro cuerpo presente) será destruida y recibirá “una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas” (5:1), nuestro cuerpo de la resurrección. “Mientras tanto, suspiramos, anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial” (5:2). No es que deseemos “despojarnos de los avatares de la vida” y existir en una inmortalidad desnuda: esta no es nuestra esperanza definitiva, porque “no deseamos ser desvestidos sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (5:4).

Después, Pablo añade: “Es Dios quien nos ha hecho para este fin y nos ha dado su Espíritu como garantía de sus promesas” (5:5). Dios nos hizo con este propósito, la vida de resurrección, garantizada para nosotros por la muerte de su Hijo. Además, anticipándose a esta gloriosa consumación de la vida, Dios ya nos ha dado al Espíritu en depósito, una especie de entrega a cuenta sobre la herencia definitiva.

No es de extrañar, pues, que nos quejemos y que nuestra alma se angustie en esta morada temporal que se encuentra bajo sentencia de muerte.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 65). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Antes y después

Martes 6 Marzo

En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor.

Efesios 5:8

El fruto del Espíritu (de Dios) es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.

Gálatas 5:22-23

Antes y después

«Estaba seguro de que siempre tenía razón. En mi orgullo, cuando adoptaba una idea, jamás cambiaba de opinión. Solo veía mi propio interés, y este rasgo de mi personalidad deterioraba las relaciones con mi familia y mis amigos. Me costaba perdonar a mis hermanos, y exigía mucho a mis familiares sin darles nada a cambio. Cada vez me sentía más solo y amargado. Mis padres me hablaban de lo que vivían después de su encuentro con Jesucristo, pero yo rechazaba completamente lo que consideraba ser solo ritos o costumbres religiosas.

Sin embargo, un día decidí seguirlos a una reunión cristiana para hacerme mi propia opinión. Descubrí que mis prejuicios no tenían fundamento. Las personas que veía eran radicalmente diferentes desde que habían encontrado a Cristo. Percibí su amor por mí y por los demás.

La vida de Cristo reveló mis pecados. No soporté mi situación ante él, pues yo era pecador. Entonces acepté la gracia que Dios me ofrecía mediante el sacrificio de su Hijo Jesucristo. Como dio su vida por amor a mí, puedo confiar en él para el futuro. Me volví una persona más paciente y más serena: mi vida será lo que Dios desee para mí. ¡Él transformó mi carácter orgulloso e independiente!».

Fabrice C.

El cristianismo no es una religión, sino que consiste en aceptar el amor de Dios y desear vivir para Cristo, “el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Éxodo 18 – Hechos 13:26-52 – Salmo 30:6-12 – Proverbios 11:1-2

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Dispuestos a sufrir

Dispuestos a sufrir

3/5/2018

Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento. (1 Pedro 4:1)

Una de las bendiciones de ser cristiano es nuestra identificación con Cristo y sus privilegios resultantes. Sin embargo, para que no demos por sentado esas bendiciones, suponiendo que resultarán en que seamos amados y respetados por el mundo, Dios también permite que suframos. En realidad, el apóstol Pedro en su primera epístola muestra con toda claridad que quienes son más bendecidos en la fe sufren más.

La vida cristiana es un llamado a la gloria a través del sufrimiento. Eso es porque quienes están en Cristo están inevitablemente en pugna con su cultura y su sociedad. Todos los sistemas estimulados por Satanás están en pugna con las cosas de Cristo. El apóstol Juan dijo que una persona no puede amar a Dios y al mundo al mismo tiempo (1 Jn. 2:15). Y Santiago dijo: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4).

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Miremos a Jesús para nuestro gozo

MARZO, 05

Miremos a Jesús para nuestro gozo

Devocional por John Piper

Sino que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres… aman el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y los saludos respetuosos en las plazas y ser llamados por los hombres Rabí. (Mateo 23:5-7)

La picazón de la autoestima ansía ser rascada por la aprobación de uno mismo; es decir, si nos da placer sentirnos autosuficientes, no estaremos satisfechos si no hay otros que vean y aplaudan nuestra autosuficiencia.

De ahí la descripción que dio Jesús de los escribas y fariseos en Mateo 23:5-7.

Es irónico. La autosuficiencia debería liberar a la persona orgullosa de la necesidad de que otros lo engrandezcan. Eso es lo que significa ser «suficiente». Sin embargo, es evidente que existe una carencia en la supuesta autosuficiencia.

Nuestro ser no fue diseñado para satisfacerse a sí mismo ni confiar en sí mismo. Nunca podrá ser suficiente. Fuimos hechos solo a la imagen de Dios, no somos Dios mismo. Somos sombras y ecos. Por eso, siempre habrá un vacío en el alma que lucha por estar satisfecha con los recursos de su propio ser.

Esta vana ansiedad por la alabanza de otros muestra el fracaso del orgullo y la ausencia de fe en la continua gracia de Dios. Jesús vio el terrible efecto de esta picazón del ser humano con ansias de gloria. La mencionó en Juan 5:44: «¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?». La respuesta es que no podemos. Desear recibir gloria de parte de otras personas hace que la fe sea imposible. ¿Por qué?

Porque la fe se satisface en todo lo que Dios es para nosotros en Jesús; y si estamos inclinados a satisfacer nuestra picazón con la rascadura de los aplausos de otros, nos alejaremos de Jesús.

Sin embargo, si rechazamos a nuestro ser como la fuente de satisfacción (arrepentimiento), y venimos a Jesús para gozarnos en todo lo que Dios es para nosotros en él (fe), entonces la picazón será reemplazada por una fuente de agua que brota para vida eterna (Juan 4:14).


Devocional tomado del libro “Gracia Venidera”, página 92

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Éxodo 16 | Lucas 19 | Job 34 | 2 Corintios 4

5 MARZO

Éxodo 16 | Lucas 19 | Job 34 | 2 Corintios 4

A primera vista, parece que Eliú está repitiendo los argumentos de los tres “consoladores” en Job 34. Resume el razonamiento de Job (34:5–9): Job dice que es inocente, que no ha hecho nada y que Dios le niega la justicia. La consecuencia lógica es que no hay ventaja, no hay “provecho” en tratar de agradar a Dios (34:9). En este punto, Eliú se pone del lado de los tres interlocutores de Job. Declara: “¡Es inconcebible que Dios haga lo malo, que el Todopoderoso cometa injusticias!” (34:10); y de nuevo: “¡Ni pensar que Dios cometa injusticias! ¡El Todopoderoso no pervierte el derecho!” (34:12).

Los siguientes versículos acumulan argumentos en la misma línea y por un momento parece que Eliú caerá en las mismas trampas de mérito teológico reduccionista que capturaron a aquellos a los que él está reprendiendo. Sin embargo, añade después un elemento que pone una vez más a su discurso en un marco ligeramente diferente al de estos. Eliú deja sitio al misterio. Mientras insiste en que Dios es totalmente justo, no llega a la conclusión, como hacen los tres “consoladores”, de que eso significa que cada caso de sufrimiento es consecuencia directa del justo castigo de Dios. Eliú pregunta: “¿Pero quién puede condenarlo si él decide guardar silencio? ¿Quién puede verlo si oculta su rostro?” (34:29). Mientras Job coquetea con la idea de que el silencio de Dios deja entrever que este no es justo, Eliú da por hecho que sí lo es, aunque no llega a las mismas conclusiones que los tres amigos miserables. Eliú deja sitio al misterio, a un silencio divino que, sin embargo, es justo.

Algunas partes del discurso de Eliú son difíciles de aceptar. No obstante, en el marco del libro de Job, dos factores destacan en él. En primer lugar, cuando Dios responde finalmente, corrigiendo a Job (como veremos) y reprendiendo con dureza a los tres “miserables consoladores “porque “a diferencia de mi siervo Job, lo que vosotros habéis dicho de mí no es verdad” (42:7), pero sin acusar de nada a Eliú. Este hecho puede reflejar que sólo es un actor secundario, pero también que su postura es correcta, aunque el tono de la misma es algo farisaico. En segundo lugar, en sus insinuaciones de que pueden existir misteriosas realidades y razones secretas a las que no tenemos acceso. En ellas, Eliú anticipa algunos de los propios argumentos que Dios emplea cuando habla desde el torbellino en los últimos capítulos del libro (caps. 38–41).

La revelación bíblica nos proporciona muchos medios para comprender, algunos de los cuales requieren toda una vida de aprendizaje. Sin embargo, también nos recuerda que Dios no lo ha revelado todo (Deuteronomio 29:29). En algunos momentos, él exige nuestra confianza y obediencia, no solo nuestra valoración y comprensión.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 64). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Somos cristianos bañados en plata?

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo.

Salmo 51:6

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Salmo 51:10

¿Somos cristianos bañados en plata?

Antiguamente, cuando las monedas estaban hechas realmente de plata, había un método muy sencillo para verificar que no fuesen falsas. Bastaba con dejarlas caer y escuchar el ruido que hacían al tocar el suelo. Si se trataba de una falsificación hecha solo con un baño de plata, se escuchaba un ruido hueco; en cambio, una moneda auténtica sonaba «firme, íntegra», porque era toda de plata, y no solo su exterior.

¡Cuidado! Podemos ser cristianos «bañados en plata». La superficie de nuestra vida está recubierta por una capa de verdad; nuestras palabras concuerdan con lo que dice la Biblia. Pero, ¿qué sucede con el fondo de nuestro corazón? Nuestro verdadero estado se hace patente al escuchar el ruido que hacemos cuando caemos al piso. ¿Qué sucede cuando estamos abatidos, sumidos en una situación imprevista, en medio de la adversidad, ante la tentación? ¿Cómo reaccionamos cuando no tenemos el tiempo o la fuerza necesaria para componernos una actitud religiosa? ¿Nuestra vida suena íntegra, siempre de la misma manera, sea que estemos en la casa, en el trabajo o solos, donde nadie nos ve ni nos oye? ¿Cuáles son nuestros pensamientos secretos?

A la pregunta: “¿Tú quién eres?”, Jesús, nuestro modelo, respondió: “Lo que desde el principio os he dicho” (Juan 8:25).

“Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión” (Salmo 17:3).

Éxodo 17 – Hechos 13:1-25 – Salmo 30:1-5 – Proverbios 10:31-32
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Madurez en el sufrimiento

Madurez en el sufrimiento

3/4/2018

El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1 Pedro 5:10)

Un llamado del cristiano a la gloria tiene que ir por la senda del sufrimiento. El versículo de hoy explica por qué. El sufrimiento es el método de Dios para que su pueblo madure espiritualmente. Lo complace cuando soportamos con paciencia la prueba que afrontamos en el camino. El sufrimiento es parte del plan de Dios a fin de preparar a su pueblo para la gloria.

El apóstol Pedro dijo esto respecto al valor del sufrimiento: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 P. 1:6-7). Dios permite el sufrimiento como una confirmación de nuestra fe. También produce paciencia, aunque la paciencia es una virtud que no necesitaremos en la eternidad; no habrá razón alguna para la impaciencia allí. Pero además de esos beneficios, el sufrimiento aumenta nuestra capacidad de alabar, honrar y glorificar a Dios, y eso es algo que usaremos por toda la eternidad.

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Dios se goza en hacernos bien

MARZO, 04

Dios se goza en hacernos bien

Devocional por John Piper

Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien… Me regocijaré en ellos haciéndoles bien… (Jeremías 32:40-41)

Esta es una de esas promesas de Dios a las que acudo una y otra vez cuando estoy desalentado (sí, le ocurre a los pastores). ¿Se les ocurre algo más alentador que el hecho de que Dios se regocije en hacernos bien?

Él no cumple su promesa a regañadientes (Romanos 8:28). Es su gozo hacernos bien; y no solo a veces: ¡Siempre! «No me apartaré de ellos, para hacerles bien…».

Aunque algunas veces nuestra situación es tan difícil de tolerar que simplemente no podemos mostrar ningún gozo. Cuando eso me ocurre, trato de imitar a Abraham: «él creyó en esperanza contra esperanza» (Romanos 4:18). Dios ha sido siempre fiel en proteger esa pequeña chispa de fe en mí, que con el tiempo (no inmediatamente) se enciende para convertirse en una llama de felicidad y plena confianza.

¡Cuánto me alegra que aquello que hace más feliz al Dios Todopoderoso sea hacernos bien, a ustedes y a mí!


Devocional tomado del articulo “¡Una promesa para ti!”

Éxodo 15 | Lucas 18 | Job 33 | 2 Corintios 3

4 MARZO

Éxodo 15 | Lucas 18 | Job 33 | 2 Corintios 3

Uno de los diálogos entre Job y los “miserables consoladores “hace un alto en el camino, un nuevo personaje aparece en escena. El discurso de Eliú ocupa los capítulos 32–37. Es un hombre joven que no ha hablado hasta ahora porque el protocolo de la época exigía que los más mayores hablasen primero. Eliú aparece como un individuo bastante presuntuoso que ha estado conteniéndose de hablar hasta este momento. Sin embargo, las palabras manan ahora de su boca como un torrente (como él mismo reconoce, 32:18–21) y promete que no adulará a nadie (32:22).

El contenido del discurso de Eliú toma forma primero en Job 33. Dejando de lado su pomposidad ligeramente defensiva, Eliú tiene algunas cosas importantes que decir. Opina de forma parecida a los demás en algunos aspectos, pero se aparta totalmente de sus errores más indignantes, de forma que la configuración total de su exposición es bastante diferente.

En este capítulo, se dirige a Job; después, lo hará a los “consoladores”. Explica dos conceptos fundamentales al primero.

En primer lugar, Eliú afirma que, aunque Job ha reconocido la grandeza de Dios (de hecho, ha insistido en ella), se ha equivocado recalcando su propia justicia, hasta el punto de que ha provocado que Dios quede como una especie de ogro.

“Pero déjame decirte que estás equivocado” (33:12). Sabiamente, Eliú para aquí. No sigue diciendo, como hicieron los tres “consoladores”, que Job debía admitir totalmente su culpabilidad. Para Eliú, el único pecado de Job es cargar a Dios con la culpa.

En segundo lugar, Eliú dice que Dios no es tan distante ni inaccesible como Job hace que lo sea (33:14 y siguientes). El Señor puede aparecerse a una persona en un extraño sueño que le advierta de abandonar un mal camino (33:15–18) o, más concretamente, hablar realmente en el lenguaje del dolor, impidiendo la arrogancia y la independencia (33:19–28). Puede hacer estas cosas más de una vez a alguien, salvando así su alma del sepulcro (33:29–30). Eliú hace preguntas relativas al sufrimiento por el que no han pasado Job o sus antagonistas. No está diciendo que el primero merezca todo lo que le está ocurriendo; de hecho, insiste en que quiere darle la razón (33:32).

Además de la importancia del asunto en sí, que el sufrimiento puede tener como propósito algo más que infligir un castigo merecido, todo este debate nos recuerda una importante lección pastoral. Por supuesto, no siempre es invariablemente así, pero, cuando dos enemigos se enfrentan y ninguno de ellos cede un milímetro, no han reflexionado adecuadamente acerca de todos los parámetros del tema.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 63). Barcelona: Publicaciones Andamio.