El milagro de la resurrección

(El cuerpo) se siembra en debilidad, resucitará en poder. Como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

1 Corintios 15:43, 49

El milagro de la resurrección

En mi jardín, en la rama de un rosal, una oruga gris trepaba y tanteaba buscando probablemente un lugar apropiado para hacer su metamorfosis. Se instaló en una horquilla y, pacientemente, empezó a confeccionar su capullo.

Como me interesaba el fenómeno, a menudo iba al jardín para no perderme la eclosión. En efecto, un buen día tuve la alegría de presenciar el nacimiento de una magnífica mariposa que desplegó sus alas multicolores y las dejó secar al sol. Aún era frágil y estaba como aturdida por la extraordinaria transformación que acababa de tener y deslumbrada por la luz del día.

Esa oruga y esa mariposa era un solo y único ser; había empezado su vida trepando y la terminó volando. Sucede lo mismo con el creyente, a quien el Señor salvó. Mientras vive en la tierra va caminando a duras penas, vinculado a la naturaleza contaminada por el pecado, soportando la enfermedad, el cansancio, las dificultades. Luego se duerme y su cuerpo es colocado en una tumba, al igual que una crisálida aparentemente sin vida. Pero este no es el final de su historia. Llegará el día en que el Señor lo revestirá con un cuerpo inmortal semejante al suyo, y entonces emprenderá el glorioso y definitivo vuelo hacia la casa del Padre.

“Entonces se cumplirá la palabra que está escrita:… ¿Dónde está, oh muerte… tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:54-57).

Génesis 22 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

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Entre en el juego

Entre en el juego

1/17/2018

Corred de tal manera que lo obtengáis. (1 Corintios 9:24)

Como yo era un deportista cuando niño, jugué en varios equipos en diversos programas deportivos. Recuerdo a muchos muchachos con poca o ninguna capacidad deportiva que trataban de formar parte de aquellos equipos. Una que otra vez, a un entrenador le daba pena con algún muchacho así y lo ponía en el equipo a pesar de su actuación. Le daba al muchacho un uniforme para hacerle sentir que era parte del equipo aunque no permitiera que el muchacho participara en el juego.

Afortunadamente, es todo lo contrario en la vida cristiana. El Señor no nos pone en el equipo solo para que nos sentemos en el banco. Tiene el propósito de enviarnos al juego. Es su gracia la que nos llama a la salvación, y es su voluntad la que nos envía al mundo para dar testimonio de Él.

Todos somos como el muchacho que no tenía habilidad. Dios nos pone misericordiosamente en el equipo, no debido a nuestra habilidad, sino sim­ple­mente por su gracia soberana. Y Él nos da la capacidad para participar en el juego. Así que entre en el juego y dé gracias por el santo privilegio de servir a Jesucristo.

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La fe auténtica está deseosa por Cristo

ENERO, 17

La fe auténtica está deseosa por Cristo

Devocional por John Piper

Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan. (Hebreos 9:28)

¿Qué deberemos hacer para saber que nuestros pecados han sido cancelados por la sangre de Cristo y que, cuando él venga, nos protegerá de la ira de Dios y nos llevará a la vida eterna? La respuesta es la siguiente: confiemos en Cristo de manera tal que nos haga estar deseosos de su venida.

Él vendrá a salvar a aquellos que «ansiosamente le esperan». ¿Cómo nos preparamos entonces? ¿Cómo experimentamos el perdón de Dios en Cristo y nos preparamos para encontrarnos con él? Confiando en él a tal punto que estemos deseosos por su venida.

Esta deseosa expectativa por Cristo es simplemente una señal de que verdaderamente lo amamos y creemos en él.

Existe una fe fingida que solo quiere escapar del infierno y que no tiene ningún deseo por Cristo. Esa fe no salva, y tampoco produce esa deseosa expectativa por la venida de Cristo, sino que preferiría que Cristo no viniese por el mayor tiempo posible, para así aprovechar del mundo tanto como pudiera.

La fe que verdaderamente abraza a Cristo como tesoro y esperanza y gozo es la fe que nos hace estar deseosos por su venida, y es la fe que salva.

Por eso, los aliento a que se alejen del mundo y del pecado y se volteen hacia Cristo. No lo tomen únicamente como una póliza de seguro contra incendios, sino como el novio y amigo y Señor que tan ansiosamente esperaron.


Devocional tomado del sermón “¿Qué hará Cristo en la segunda venida?”

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Génesis 18 | Mateo 17 | Nehemías 7 | Hechos 17

17 ENERO

Génesis 18 | Mateo 17 | Nehemías 7 | Hechos 17

Cuando se termina un gran proyecto de construcción, o cuando se ha alcanzado un importante objetivo, se tiende frecuentemente a la relajación. En muchas ocasiones, una congregación ha dedicado una considerable energía para construir una nueva instalación y después se ha quedado aletargada durante meses o incluso años.

Nehemías percibe que la construcción del muro, tras la cual lo normal sería relajarse, no es el punto culminante del regreso. El resto del libro deja muy clara esta idea. La obra es poco menos que una preparación para muchas reformas políticas y religiosas de gran alcance. En el ministerio, es vital distinguir siempre los medios de los fines.

Con el muro terminado, Nehemías continúa siendo gobernador de toda la región de Judá durante un tiempo, pero escoge a dos hombres para que se ocupen de Jerusalén: su hermano Jananí (aparentemente, alguien en quien podía confiar) y un militar, Jananías, elegido por ser “fiel y temeroso de Dios como pocos” (Nehemías 7:2, compárese con la meditación del 6 de enero). Apreciamos algo nuevo y fundamental en estos líderes. No son aduladores o mercenarios; no están tratando de “encontrarse a sí mismos” o demostrar su hombría; no buscan subir a la escalera del éxito. Son hombres íntegros, que temen a Dios sobre todas las cosas.

Entonces, Nehemías da instrucciones acerca de la apertura y cierre de las puertas, previstas para evitar cualquier trampa entre las peligrosas horas del anochecer y el amanecer (7:3). Así pues, la administración y defensa de Jerusalén quedan establecidas.

Nehemías afronta ahora otro problema: la ciudad está vacía (7:4). Los muros se reconstruyeron ocupando aproximadamente la misma extensión que los originales. Jerusalén es una ciudad importante, pero la mayor parte de los judíos retornados están viviendo en la campiña. Lo que acontece en los siguientes capítulos, por tanto, sólo puede definirse como un avivamiento, seguido de la determinación del pueblo de enviar una décima parte de sus miembros a la ciudad para convertirse en la semilla de una nueva generación de jerosolimitanos. Como primer paso, Nehemías ahonda en los ya antiguos registros de aquellos primeros exiliados que volvieron del cautiverio a fin de esclarecer las genealogías que demostrasen quién formaba parte del pueblo del pacto y especialmente quién podía servir como sacerdote. Los pasos dados por Nehemías parecen formar parte de un minucioso plan del que él mismo afirma: “Mi Dios puso en mi corazón” (7:5).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 17). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Y después?

Si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman.

Job 24:17

Jesucristo… quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.

2 Timoteo 1:10

¿Y después?

En muchos países la esperanza de vida ha aumentado en los últimos decenios, sin embargo nuestra vida está amenazada por múltiples peligros y enfermedades. A pesar de las precauciones y los mejores cuidados, la muerte es inevitable. Solo tenemos un determinado tiempo para vivir. ¿Y después? Tarde o temprano la muerte se convierte en un motivo de inquietud o de angustia. Entonces algunos hacen burla de ella, o tratan de no preocuparse apoyándose en ideas sin fundamento, tales como la reencarnación, el purgatorio, la nada, el paraíso para todos…

¿Qué dice la Biblia? Su lenguaje es claro: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). También nos revela cómo escapar al juicio de Dios: “El que oye mi palabra (dice Jesús), y cree al que me envió (Dios), tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). Esta vida, es decir, la vida eterna, me permite experimentar la felicidad en la presencia de Dios, desde ahora y para siempre. “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9).

Para el creyente que posee esta vida porque aceptó la salvación mediante Jesucristo, la muerte ya no es algo espantoso, pues es un enemigo vencido. Jesús, mediante su muerte, destruyó “por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”, y liberó “a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Génesis 21 – Mateo 12:1-37 – Salmo 10:12-18 – Proverbios 3:21-26

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Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia. (Romanos 5:20)

Gracia Inmerecida

1/16/2018

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia. (Romanos 5:20)

La salvación no se produce por la confirmación, la comunión, el bautismo, el ser miembro de la iglesia, el ir a la iglesia, el tratar de guardar los Diez Mandamientos ni el practicar el Sermón del Monte. No se produce por dar a obras de caridad o ni siquiera por creer que hay un Dios. No se produce por ser una persona moral y respetable. La salvación no se produce por decir que se es cristiano. La salvación se produce solo cuando recibimos por la fe el don de la gracia de Dios. El infierno estará lleno de personas que trataron de llegar al cielo de otro modo.

El apóstol Pablo dijo: “La ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Ro. 5:20-21). Lo primero que el evangelio da es la gracia, que ni se gana ni se merece.

El doctor Donald Grey Barnhouse dijo: “El amor que da hacia arriba es la adoración; el amor que da hacia afuera es el afecto; el amor que se inclina es la gracia”. Dios se ha inclinado para darnos la gracia. ¿La recibirá usted?

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Palabras para el viento

ENERO, 16

Palabras para el viento

Devocional por John Piper

¿Pensáis censurar mis palabras, cuando las palabras del desesperado se las lleva el viento?(Job 6:26)

En medio de la aflicción y el dolor y la desesperación, las personas dicen cosas que de otra manera no dirían. Pintan la realidad con pinceladas más oscuras de lo que la pintarían al día siguiente, cuando el sol sale. Cantan en tonos más bajos y hablan como si esa fuera la única música. Ven solo nubes y hablan como si no hubiese un cielo.

Dicen: «¿Dónde está Dios?» o «No tiene ningún sentido seguir adelante». O dicen: «Nada tiene sentido» o «No hay esperanza para mí» o «Si Dios fuera bueno, esto no habría pasado».

¿Qué deberemos hacer con estas palabras?

Job dice que no necesitamos reprobarlas. Estas palabras se van con el viento o, literalmente, son «para el viento». Rápidamente se volarán. Habrá un giro en las circunstancias y la persona en desesperación despertará de la noche oscura y lamentará las palabras precipitadas.

Por lo tanto, el punto es que no gastemos energía y tiempo en reprobar este tipo de palabras. Se las llevará el viento. Uno no tiene que cortar las hojas en el otoño. Es un esfuerzo en vano. Pronto se volarán por sí solas.

Oh, qué rápido salimos a defender a Dios, o algunas veces la verdad, de palabras que son solo para el viento. Si tuviéramos discernimiento, podríamos ver la diferencia entre las palabras con raíces y las palabras que vuelan con el viento.

Existen palabras que están arraigadas en errores profundos y en gran maldad, mas no todas las palabras grises adquieren su color de un corazón negro. Algunas obtienen el color principalmente por el dolor y la desesperación. Lo que uno escucha no es la parte más profunda del interior. Existe una realidad interior de donde estas vienen, pero es temporal —como una infección pasajera—, real, dolorosa, pero no es la verdadera persona.

Aprendamos a discernir si las palabras que se dicen en nuestra contra o en contra de Dios o en contra de la verdad son solamente para el viento —dichas no por el alma, sino desde la herida—. Si son para el viento, esperemos en silencio y no censuremos. Restaurar el alma, no reprobar la herida, es el objetivo de nuestro amor.


Devocional tomado del articulo “When Words Are Wind”

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Génesis 17 | Mateo 16 | Nehemías 6 | Hechos 16

16 ENERO

Génesis 17 | Mateo 16 | Nehemías 6 | Hechos 16

En las grandes empresas de fe, es habitual estar rodeado de relaciones difíciles.

William Carey, padre de las misiones protestantes modernas, puede ser un héroe para nosotros, pero en su época lo veían como un excéntrico y sufrió mucho dolor personal y familiar. Los grandes reformadores no lucharon por simples ideas; se vieron enredados en grandes controversias que no solo incluían “enemigos”, sino innumerables personas que eran “amigos” en unos ámbitos, pero no en otros. En este tipo de situaciones, suele darse un gran abanico de puntos de vista y una considerable diversidad de grados de integridad. No se puede leer la biografía sincera y detallada de un líder cristiano sin observar los tipos de debate a los que son llamados a participar, difíciles, dolorosos, en ocasiones engañosos, y la frecuencia con la que estos se producen. Consideremos, por ejemplo, George Whitefield, de Arnold Dallimore, o D. Martin Lloyd-Jones, de Iain Murray. No se me ocurre ninguna excepción.

Cuando se ofrece la información suficiente, se debe decir lo mismo en relación a los líderes de fe que aparecen en las Escrituras. A pesar de la larga lista de sufrimientos físicos que los incrédulos y su llamamiento como apóstol fundador de iglesias le infligieron (2 Corintios 11), los momentos más angustiosos de Pablo los provocan personas de su círculo más cercano, cristianos que no se comportan como tales, falsos hermanos y apóstoles que socavan su obra con insinuaciones y medias verdades.

Este es el tipo de cosas al que se enfrenta ahora Nehemías (Nehemías 6). Al ser incapaces de conseguir nada ridiculizando, amenazando y oponiéndose de forma directa, Sambalat, Tobías y sus colaboradores recurren al subterfugio y las presiones personales. En este capítulo, encontramos mentiras, falsos profetas y acusaciones de rebelión. De hecho, incluso algunos de los judíos, el propio pueblo de Nehemías, que deben lealtad a Tobías debido a alianzas políticas y matrimoniales, utilizan su comprometida posición para tratar de convencer al gobernador de que renuncie a una política buena para los judíos y que honra a Dios. En todas estas maquinaciones, Nehemías se comporta con rectitud, pide ayuda a Dios y demuestra ser un líder con capacidad de discernimiento y perspicacia.

Los líderes cristianos actuales sufren problemas parecidos. Es necesario afrontarlos con la misma determinación pausada y el mismo discernimiento sin temor, algo totalmente cierto en el ministerio pastoral. Los desafíos más difíciles no surgirán de la oposición directa o de problemas con un edificio o algo parecido, sino de los engañadores, los mentirosos, los comprometidos con intenciones ocultas cuya palabrería parece tan “espiritual” que muchos se confunden. Esperemos estas dificultades; llegarán con toda seguridad. Es el precio del liderazgo cristiano en un mundo caído.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 16). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una visita indeseada

martes 16 enero

Dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Juan 11:25-26

Sorbida es la muerte en victoria.

1 Corintios 15:54

Una visita indeseada

«Alcanzó el éxito en el ámbito profesional, y el único intruso del que no pudo deshacerse fue la muerte». Un escritor termina una de sus novelas con este pensamiento concerniente a un hombre que dirigía sus negocios con previsión.

La muerte es un intruso para el ser humano; no es invitada ni esperada. Cuando se acerca, lo llena de temor. Ante ella podemos ponernos serios para parecer valientes o insensibles, pero interiormente estamos solos, paralizados, sin fuerzas.

Creyente o incrédulo, nadie puede huir de la muerte del cuerpo, el cual vuelve al polvo. Pero, ¿a dónde va el espíritu? La Biblia dice: El espíritu vuelve “a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7). Y una vez ahí, solo hay dos destinos posibles: la vida eterna, si en la tierra recibimos el perdón de Dios; o su juicio y la condenación eterna, si rechazamos a Dios y seguimos cargados con nuestros pecados.

¡Cuán importante es tener certezas cuando nos encontramos ante ese paso difícil e inevitable! Podemos ser muy previsivos en nuestros negocios y descuidar completamente nuestro futuro eterno, más allá de la muerte del cuerpo.

Para estar seguros de que tendremos un futuro feliz, es necesario confiar en el gran vencedor de la muerte, es decir, en Jesucristo. Después de haber resucitado, dijo al apóstol Juan: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:17-18).

La fe en Jesús nos une a él eternamente.

Génesis 20 – Mateo 11 – Salmo 10:1-11 – Proverbios 3:19-20

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La gracia del Rey

La gracia del Rey

1/15/2018

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. (Romanos 3:24)

Todo creyente recibe la gracia de Dios como resultado de responder a las buenas nuevas. Y las buenas nuevas son que la salvación es por gracia.

El apóstol Pablo dijo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8-9). La gracia de Dios que trae salvación ha aparecido para todas las personas. Se ofrece totalmente independiente de cualquier cosa que pudiéramos haber hecho para recibir el favor de Dios. Es el favor inmerecido de Dios, que en su misericordia y su clemencia nos da la salvación como un regalo. Lo único que tenemos que hacer es sencillamente responder creyendo en su Hijo.

Entramos en el reino de Dios solo por la gracia de Dios. No hay lugar para la propia alabanza ni la proeza humana. Recuerde darle gracias a Dios por concederle una salvación tan misericordiosa.