Génesis 2 | Mateo 2 | Esdras 2 | Hechos 2

2 ENERO

Génesis 2 | Mateo 2 | Esdras 2 | Hechos 2

La gran precisión de los relatos del retorno (Esdras 2) es una de las primeras cosas que sorprenden al lector ocasional de este capítulo. No sólo se menciona con precisión la cantidad de personas involucradas, junto al nombre de sus clanes, sino también el número de sus animales, caballos, mulas, camellos y asnos (2:66). Recordamos la respuesta del anciano puritano al que reprendieron por insistir en dar datos precisos al hablar de Dios y de las enseñanzas de la Biblia. “Caballero”, respondió, “yo sirvo a un Dios preciso”.

Por supuesto, esta solo es una cara de la historia. Ese mismo Dios se deleita en la alabanza espontánea de los niños, que no son conocidos por su rigurosidad. La Biblia que él nos ha dado utiliza imágenes evocadoras, así como informaciones detalladas. Sin embargo, nuestra era está tan comprometida con los sentimientos indefinidos que a menudo se desprecia la precisión en asuntos divinos. Queremos seguir nuestras intuiciones, no las instrucciones que se nos dan; elevamos los sentimientos, no los hechos; ingerimos sensiblería, no verdad.

En este caso, existen varias razones para la precisión del relato. Para empezar, esta confiere autoridad al mismo: no se trata de un rumor distante, sino de un informe detallado de alguien que conocía íntimamente todo lo acontecido. Además, nombrar a esos individuos y sus familias les otorga una aprobación implícita. Innumerables decenas de miles de israelitas nunca regresaron a la tierra prometida; estaban bien asentados donde se encontraban, y la restauración de Jerusalén y del templo era demasiado poco importante para ellos como para justificar semejante trastorno. Sus nombres se han perdido; no tienen ninguna influencia en la extensión de la historia redentora. Sin embargo, los nombres de los retornados se recuerdan y se escriben en la sagrada Escritura. Léalos despacio; despiertan nuestro respeto y gratitud.

No obstante, hay otro elemento presente en la precisión. Algunos de los clanes que regresaron no pudieron demostrar ser descendientes de Israel (2:59); algunos de los que reclamaban pertenecer al linaje sacerdotal se encontraban en el mismo aprieto (2:62). El problema se tomó en serio y el gobernador Zorobabel ordenó que se les excluyese del servicio sacerdotal hasta que el antiguo método de obtener dirección divina, Urim y Tumim, pudiese instituirse de nuevo, permitiendo comprobar la verdad (2:63). Aquí tenemos un pueblo serio con la observación de las estipulaciones del pacto mosaico, con la preservación de la pureza, no solo de la comunidad del pacto en general, sino del sacerdocio en particular, con la obediencia de todas las palabras de Dios. La seriedad con la que emprendieron la enorme empresa del retorno queda demostrada con las ofrendas que dieron para reconstruir la casa de Dios (2:68–69).

Que esta incipiente comunidad posexílica tropezase pronto otra vez, dando lugar a una nueva generación de problemas frescos y viejos pecados, no debe disminuir la fuerza de su ejemplo para los creyentes actuales.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 2). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios habla al hombre

martes 2 enero

Escuchad, habitantes todos del mundo, así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente.

Salmo 49:1-2

Yo (Jesús) soy la luz del mundo.

Juan 8:12

Dios habla al hombre

En este universo extraordinario, Dios quiso hacer algo único. Creó al hombre a su imagen para que pudiese comprenderlo, hablarle y amarle. Tenía para él proyectos eternos; le amó por encima de todo.

Pero para permitirle aceptar o no esta relación, le dio la libertad. Y el hombre no siempre la empleó bien, pues incluso rechazó a Dios para vivir a su manera. Durante mucho tiempo Dios le estuvo llamando, pero no quiso escucharlo. Le envió sus siervos, pero los menospreció, los insultó y los echó fuera. Le dejó una carta, un gran libro, pero la gente miró para otro lado; lo abandonó.

Entonces el mismo Hijo de Dios descendió del cielo para hablarle, pero el hombre se burló de él, le escupió el rostro y al final lo clavó en la cruz. ¿Se da cuenta de este gesto? ¡El Hijo de Dios fue tratado como el más malo! Él, quien está lleno de amor y humildad, y que había venido para hablarle al corazón. ¡Oh! ¡Miserable! ¿Qué hizo el hombre ese día?

Pero tres días después, la tumba quedó vacía. ¡Sí! Para librarnos de la muerte eterna, Dios mismo resucitó a Jesús, quien había sido crucificado. Acepte la salvación que Dios le ofrece ahora. La ira de Dios contra el pecado cayó sobre él para que usted pueda ser salvo.

Lector, Dios le ama a pesar de sus desobediencias, su rechazo, su inmoralidad, su rebelión, su maldad y su violencia. Usted puede esconderse, ¡pero él lo ve! Puede escaparse, ¡pero él lo alcanza! Hasta su último suspiro, él estará ahí, le llamará y estará esperando que vaya a él.

Génesis 2 – Mateo 2 – Salmo 2:1-6 – Proverbios 1:7-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El poder del evangelio

El poder del evangelio

1/1/2018

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación. (Romanos  1:16)

Las personas quieren cambiar. Toda publicidad se basa en la presuposición de que las personas quieren que las cosas sean diferentes de la manera en la que son. Quieren verse mejor, sentirse mejor y vivir mejor. Quieren cambiar su vida pero, salvo desde un punto de vista externo, no pueden hacerlo.

Solo el evangelio de Jesucristo tiene el poder de transformar a las personas y librarlas del pecado, de Satanás, del juicio, de la muerte y del infierno. Hechos 4:12 dice: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Y ese nombre es Jesucristo.

Así que la Palabra de Dios, que es toda acerca de Jesucristo, puede hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Somos pecadores y no podemos remediar nuestra condición, pero de Dios viene el poder increíble e ilimitado que puede transformar nuestra vida.

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Gracia para el nuevo año

ENERO, 01

Gracia para el nuevo año

Devocional por John Piper

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí. (1 Corintios 15:10)

La gracia no solo es la disposición de Dios para bendecirnos cuando no lo merecemos. Es el poder de Dios que, en efecto, obra y hace que ocurran cosas buenas en nosotros y para nosotros.

La gracia de Dios en Pablo era la obra de Dios en él que lo hacía trabajar arduamente. Por eso, cuando Pablo dijo que nos ocupemos de nuestra salvación, luego añadió: «porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:13). La gracia es el poder de Dios que produce buenas obras en nosotros y para nosotros.

Esa gracia es del pasado y del futuro. Está siempre cayendo, como una cascada, sobre la catarata infinitesimal del presente: proviene del inagotable río de la gracia que viene a nosotros del futuro hacia la siempre creciente reserva de gracia en el pasado.

En los próximos cinco minutos, recibiremos la gracia que fluye a nosotros del futuro para nuestro sustento, y acumulará otros cinco minutos de gracia en la reserva del pasado. La respuesta adecuada por la gracia que hemos experimentado en el pasado es gratitud; y la respuesta adecuada por la gracia que Dios promete para nuestro futuro es fe. Estamos agradecidos por la gracia que hemos recibido este último año, y confiamos en que contaremos con gracia venidera para el nuevo año.


Devocional tomado del articulo “Reconstrucción de algunos conceptos básicos de Bethlehem: El poder purificador de vivir por fe en la gracia futura”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

¿Y si Dios existiese?

Las cosas invisibles de él (Dios), su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas.

Romanos 1:20

¡Cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura!

Zacarías 9:17

Una firma majestuosa

Un compañero acababa de rechazar el calendario bíblico que le había ofrecido.

–No soy creyente, me dijo.

–Sí, la fe parece inconsistente para la razón humana, pero ¿usted nunca tiene dudas? Después de todo, ¿la existencia de Dios es tan inconcebible?

–Debo reconocer que la majestad y la belleza de los paisajes nevados de la montaña me fascinan, y siempre me surge esta pregunta: ¿y si Dios existiese?

A menudo he pensado en esta conversación. La maravillosa naturaleza es la obra majestuosa de un gran artista. Su firma está en la flor más sencilla. La organización del universo, la complejidad de los seres vivos dan testimonio de una sabiduría infinita. La tierra es un pequeño planeta perdido en una galaxia que contiene centenas de miles de millones de estrellas, ubicadas entre otras tantas galaxias. Todo esto cuenta la gloria de Dios (Salmo 19:1).

Dios no solo es grande por su poder, sino que su amor también es insondable. La persona que empieza a creer en este amor muy pronto percibe que le queda mucho por descubrir.

Quizás, al igual que mi compañero, usted dice que no es creyente, pero tiene algunas dudas… Dios está muy cerca de usted. Ore, diríjase a él con un corazón sincero, y él se manifestará a usted.

Este encuentro fundamental es el que nuestro equipo de redacción desea a cada uno de nuestros lectores, al comienzo del año 2018.

Génesis 1 – Mateo 1 – Salmo 1 – Proverbios 1:1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Ensayo de mi muerte

DICIEMBRE, 31

Ensayo de mi muerte

Devocional por John Piper

Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca… Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. (Salmo 90:5-612)

Para mí, el fin de año es como el fin de la vida; y el 31 de diciembre, a las 11:59 pm, es como el momento de mi muerte.

Los 365 días del año son como una vida entera en miniatura, y estas últimas horas son como los últimos días en el hospital después de que el médico me haya dicho que se acerca el momento de mi muerte. En esas últimas horas, todo lo que viví ese año pasa delante de mis ojos, y me enfrento a la pregunta inevitable: ¿Habré vivido bien la vida? ¿ Jesucristo, el juez justo, me dirá «Bien hecho, siervo bueno y fiel»?

Me siento muy afortunado de que esta sea la forma de terminar mi año. Y oro para que el fin de año cobre el mismo significado para ustedes.

La razón por la que me siento afortunado es que es una gran ventaja haber hecho una prueba de mi propia muerte. Es un gran beneficio ensayar una vez al año la preparación de la ultima escena de la vida. Es en verdad beneficioso porque la mañana del primero de enero hallará vivos a la mayoría de nosotros, en el comienzo de toda una nueva vida, con la capacidad de empezar todo desde cero una vez más.

Lo mejor de los ensayos es que nos muestran dónde están nuestras debilidades, dónde falta mas preparación; y nos dejan tiempo para cambios antes de la verdadera puesta en escena.

Supongo que para algunos de ustedes el pensamiento de morir es tan mórbido, tan triste y cargado de duelo y dolor que harán lo posible para no pensar en ello, especialmente durante las fiestas. Creo que eso es imprudente y que los perjudicaría mucho. Pues he descubierto que hay pocas cosas que provoquen cambios radicales en mi vida como el meditar periódicamente en mi propia muerte.

¿Cómo traeremos al corazón sabiduría para saber cómo vivir de la mejor manera? El salmista responde:

Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca… Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría (Salmos 90:5-612).

Contar nuestros días simplemente significa recordar que nuestra vida es corta y que nuestra muerte está cerca. Gran sabiduría —tan grande como para cambiar la vida radicalmente— proviene de tener estas reflexiones con cierta frecuencia.

El criterio del éxito que Pablo usaba para medir su vida era si había perseverado en la fe. Es en esto que quiero hacer hincapié.

Si ustedes descubren que no perseveraron en la fe en este año que termina, pueden alegrarse, como yo me alegro, de que este fin de año la muerte es solo un ensayo (o eso esperamos), y una vida entera de fe para perseverar potencial está por delante en el próximo año.


Devocional tomado del sermón “I Have Kept the Faith”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos».

31 de diciembre

«Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos».

Jeremías 8:20

¡No ser salvo! Querido lector, ¿es esta tu triste condición? Se te ha advertido tocante al Juicio venidero, exhortado a escapar para salvar tu vida y, sin embargo, aún no eres salvo. Conoces el camino de la salvación, has leído la Biblia, la has oído predicar desde el púlpito, tus amigos te la han explicado; sin embargo, la has desatendido y, en consecuencia, no eres salvo. No tendrás excusa cuando el Señor juzgue a los vivos y a los muertos. El Espíritu Santo te ha dado siempre alguna bendición al oír la Palabra predicada en tus oídos, y has experimentado tiempos de refrigerio procedentes de la presencia del Señor. Con todo, estás sin Cristo. Todos esos tiempos cargados de esperanza han venido y se han ido, tu verano y tu siega se acabaron y, a pesar de ello, no eres salvo. Los años han entrado uno tras otro en la eternidad; tu último año pronto se hará presente. Tu juventud se ha ido, tus fuerzas han desaparecido y, sin embargo, no eres salvo. Permíteme preguntarte: ¿Deseas serlo en verdad? ¿Hay alguna probabilidad de que esto ocurra? Ya han pasado los tiempos más propicios y tú sigues sin ser salvo. ¿Podrán otras ocasiones cambiar tu condición? Los medios no han dado resultado; ni aun lo ha dado el mejor de todos los medios, aunque se utilizó con perseverancia y con el más profundo afecto. ¿Qué más puede hacerse por ti? Ni la aflicción ni la prosperidad han podido impresionarte; las lágrimas, las oraciones y los sermones se han estrellado contra tu árido corazón. ¿No ha muerto toda probabilidad de que alguna vez llegues a ser salvo? ¿No es, en realidad, más que probable que sigas como estás hasta que la muerte cierre para siempre la puerta de la esperanza? ¿Te espanta esta suposición? Sin embargo, es la suposición más razonable; pues el que no ha sido lavado en medio de tantas aguas, seguirá, con toda probabilidad, sucio hasta el fin. El tiempo oportuno nunca llegó para ti. ¿Por qué ha de llegar alguna vez? Es lógico temer que no llegue jamás y que, a semejanza de Félix, tú tampoco encuentres el tiempo oportuno hasta que estés en el Infierno. ¡Oh, recuerda lo que es el Infierno y piensa en la espantosa probabilidad de que pronto seas arrojado en el mismo!

Lector, si mueres sin Cristo, no hay palabras para describir tu perdición. Tu espantoso estado tendría que describirse con lágrimas y sangre, y habría que hablar de él con gemidos y crujir de dientes: Sufrirás pena «de eterna perdición, excluido de la presencia del Señor y de la gloria de su poder» (2 Ts. 1:9). La voz de un hermano debiera llamarte a la reflexión. ¡Oh, sé sabio, sé sabio a tiempo y, antes de que empiece otro año más, cree en Jesús, quien te puede salvar eternamente. Consagra estas últimas horas a una íntima reflexión; y si se produce en ti un arrepentimiento profundo, gózate; y si dicho arrepentimiento te lleva a poner una humilde fe en Jesús, alégrate sobremanera. ¡Oh, procura que no termine este año sin que seas salvo! ¡No dejes que te sorprendan las campanadas de la medianoche sin haber recibido el perdón! Ahora, ahora, ahora, cree y vive.

¡Escapa, salva tu vida!

No mires tras de ti,

ni pares en toda esta llanura.

Escapa al monte,

no sea que perezcas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, pp. 376–377). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 36 | Apocalipsis 22 | Malaquías 4 | Juan 21

31 DICIEMBRE

2 Crónicas 36 | Apocalipsis 22 | Malaquías 4 | Juan 21

Las dos lecturas principales para este último día del año expresan esperanza.

La primera, 2 Crónicas 36, reproduce la destrucción final de Jerusalén. Los babilonios arrasaron la ciudad y trasladaron a los ciudadanos principales lejos de su hogar, a unos 1.200 kilómetros de distancia. Pero los versículos finales susurran esperanza. Babilonia no tiene la última palabra. Décadas más tarde, el imperio persa dominó la región y se convirtió en la nueva superpotencia. El rey Ciro autorizó el regreso de los exiliados a Jerusalén y la construcción de un nuevo templo. Claro, históricamente los persas establecieron esta política para los pueblos que los babilonios habían desplazado: a todos se les permitió regresar a casa. Pero el cronista ve correctamente que la aplicación de esta política a Israel es evidencia suprema de la mano de Dios e inicia una nueva etapa en la historia de la redención que traerá el cumplimiento de todas las promesas de Dios.

La esperanza reflejada en la segunda lectura, Apocalipsis 22, es de un orden superior. Los primeros versículos completan la visión del capítulo 21. La bendición de la consumación gira sobre asuntos como los siguientes: el agua de vida fluye libremente del trono de Dios y del Cordero; todos los resultados de la maldición son eliminados; el pueblo de Dios verá constantemente su rostro, es decir, estarán por siempre en su presencia; ya no hay ciclos de noche y día (una vez más, el hecho es moral, no astronómico; es decir, que ya no habrá ciclos de bien y mal, luz y oscuridad, pues todos vivirán en la luz de Dios).

Dada la pura belleza y gloria de esta visión prolongada y simbólica de la consumación y el triunfo de la redención, el resto del capítulo se dedica principalmente a asegurar al lector la total confiabilidad de esta visión y, por ello, la absoluta importancia de estar entre “los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para poder entrar por las puertas de la ciudad” (22:14). Aquí, entonces, se encuentra la máxima esperanza, de manera que si uno se aleja esta vez, ya no habrá esperanza. Sólo quedará una expectativa aterradora de la ira final. No hemos llegado a ese punto todavía, dice el autor, pero el clímax ya no está lejos y cuando llegue, será muy tarde.

El Jesús resucitado y exaltado, el que es la raíz y la descendencia de David, la brillante estrella de la mañana (22:16), declara solemnemente: “¡Vengo pronto!, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin” (22:12–13).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 365). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Abba, Padre!

domingo 31 diciembre

Dios envió a su Hijo… a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!

Gálatas 4:4-6

Amados, ahora somos hijos de Dios.

1 Juan 3:2

¡Abba, Padre!

Una de las primeras palabras que un niño hebreo aprendía a pronunciar era «Abba». Son dos sílabas cortas que corresponden a nuestro «papá» en español. Papá, Abba, es un término de cariño, de intimidad, que significa: Padre. El apóstol Pablo, si bien escribe en griego su epístola a los romanos, emplea la palabra Abba, cuando dice a los que habían recibido a Cristo como Salvador: “Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15).

¡Cuán dulce es repetir la expresión: Padre! ¡Qué felicidad no ser más huérfano, tener un apoyo, un protector, una familia! Esta única palabra resume todas las bendiciones que Jesucristo trajo al mundo. Vino para darnos un Padre, ¡su Padre! “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado”, dijo a sus discípulos, y también a nosotros (Juan 15:9). Después de su resurrección, anunció a María Magdalena: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).

Nuestras desobediencias nos habían alejado de Dios, pero Jesús vino a acercarnos a él. No solo fuimos perdonados, sino que entre Dios y nosotros se estableció una relación de intimidad: Jesús puso nuestra mano en la mano del Padre. Es la felicidad y la seguridad para todos los que creen y aceptan este hecho maravilloso.

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Malaquías 3-4 – Apocalipsis 22 – Salmo 150 – Proverbios 31:25-31

Revestidos de poder

DICIEMBRE, 30

Revestidos de poder

Devocional por John Piper

Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Hebreos 13:20-21)

Cristo derramó la sangre del pacto eterno. Por medio de esta exitosa redención, obtuvo la bendición de la resurrección de entre los muertos. Ahora él es nuestro Señor y Pastor viviente.

Y gracias a todo esto, Dios hace dos cosas:

1. Nos provee de todo lo que es bueno para que podamos hacer su voluntad; y

2. Obra en nosotros lo que es agradable delante de él.

El «pacto eterno», garantizado por la sangre de Cristo, es el nuevo pacto. Y la promesa del nuevo pacto es la siguiente: «Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré» (Jeremías 31:33-34). Por lo tanto, la sangre de este pacto no solo nos da la certeza de que Dios nos proveerá de lo que necesitemos para hacer su voluntad, sino que también nos asegura que Dios obrará en nosotros para hacer que esa provisión cumpla su propósito.

La voluntad de Dios no solo fue escrita en piedra o en el papel como un medio de gracia. Dios obra su voluntad en nosotros, y el resultado es que sentimos, pensamos y actuamos de una forma que agrada más a Dios.

Aún se nos manda que hagamos uso de la provisión que él nos da: «ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor». Pero lo más importante es que se nos explica el porqué: «porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito» (Filipenses 2:13).

Si tenemos la capacidad de agradar a Dios —si hacemos lo que le agrada— es porque la gracia de Dios, adquirida por el precio de la sangre de Cristo, ha pasado de ser mera provisión a omnipotente transformación.


Devocional tomado del articulo “God Gives the Equipment and Makes It Successful”