«¿No sabes tú que el final será amargura?».

30 de diciembre

«¿No sabes tú que el final será amargura?».

2 Samuel 2:26

Si tú, querido lector, eres simplemente alguien que profesa ser cristiano pero no posee la fe que es en Cristo Jesús, entonces las siguientes líneas te presentarán un bosquejo de cuál será tu fin.

Eres de aquellos que asisten a un lugar de culto. Vas allí porque van otros, no porque tu corazón esté reconciliado con Dios. Este es tu principio. Quiero suponer que, a lo largo de los próximos veinte o treinta años, se te permitirá seguir como hasta ahora, profesando la religión en forma superficial, pero sin poner en ella tu corazón. Anda despacio, pues tengo que hacerte ver la agonía de alguien como tú. Observémosle amablemente. Un sudor viscoso le cubre la frente; se despierta y clama diciendo: «¡Oh Dios, qué penoso es morir! ¿No harás que venga mi pastor?». «Sí, ya viene». Llega el pastor, y el moribundo le dice: «Pastor, temo que me estoy muriendo». Y el pastor le contesta: «¿Tiene usted alguna esperanza?». El paciente responde: «No puedo decir que la tenga. Temo aparecer delante de mi Dios. Ore usted por mí». Se eleva la oración por él con sincero fervor, y se le presenta por diezmilésima vez el camino de la salvación, pero antes de que pueda asirse de la salvadora soga, veo que se hunde. Puedo poner mis dedos sobre sus fríos párpados, pues esos ojos no verán nada más en esta tierra. No obstante, ¿dónde está ahora ese hombre y dónde están sus verdaderos ojos? «Y en el Hades alzó sus ojos, estando en los tormentos» (Lc. 16:23). ¡Ay!, ¿por qué no alzaría antes esos ojos? Porque estaba tan acostumbrado a oír el evangelio que su alma se dormía bajo la predicación del mismo. ¡Ay, si llegas a levantar tus ojos allí, cuán amargos serán tus lamentos! Deja que las propias palabras del Salvador te revelen ese pesar: «Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama» (v. 24). Hay un espantoso significado en estas palabras, ¡ojalá nunca tengas que deletrearlas bajo la luz roja de la ira del Señor!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 375). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 35 | Apocalipsis 21 | Malaquías 3 | Juan 20

30 DICIEMBRE

2 Crónicas 35 | Apocalipsis 21 | Malaquías 3 | Juan 20

Finalmente, llegamos a la cúspide de la redención (Apocalipsis 21). En su visión final, Juan ve “un cielo nuevo y una tierra nueva” (21:1). Algunas anotaciones:

(1) La ausencia del mar (21:1) no establece los principios hidrológicos del cielo nuevo y la tierra nueva. El mar, como hemos visto anteriormente, es símbolo del caos, del viejo orden, de la muerte. De manera que el mar ya no está.

(2) Juan también ve “la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios” (21:2). No debemos ubicar esta nueva Jerusalén dentro del nuevo cielo y la nueva tierra. Son dos imágenes muy distintas de la realidad final, dos formas de presentar una verdad. Es parecido al León y el Cordero de Apocalipsis 5, en el cual aunque hay dos animales, ambos se refieren a un mismo Jesús. Una forma de pensar sobre la gloria consumada es concebirla como un nuevo universo, un nuevo cielo y tierra; otra manera de pensarlo es como la nueva Jerusalén, con las muchas implicaciones que supone esta última imagen.

(3) Una tercera manera de ver la consumación es centrarse en las bodas del Cordero (21:2, 9; cf. 19:9) y aquí la novia es la nueva Jerusalén. Las metáforas se han mezclado de manera admirable. Pero todos pueden ver que la consumación implicará una intimidad perfecta entre el Señor Jesús y el pueblo que él ha redimido.

(4) No hay duda de que las perfecciones de la nueva Jerusalén están tan lejos de nuestra experiencia, que es difícil imaginarlas. Pero una manera de llegar a ellas es mediante la negación: debemos entender qué cosas feas conectadas con el pecado y la corrupción no estarán allí: “ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir” (21:4).

(5) La ciudad es una realidad inherentemente social. La consumación no es un lugar de espiritualidad de llanero solitario. Tampoco son malas todas las ciudades, como Babilonia, la madre de las prostitutas (capítulo 17; ver meditación del 26 de diciembre). Esta ciudad, la nueva Jerusalén, se describe de muchas maneras llenas de símbolos para ilustrar su maravilla y su gloria, tantas que no se pueden tratar todas aquí. Pero notemos que está construida como un cubo perfecto. Esto no se refiere a su arquitectura, al igual que la falta de mar no se refiere a los aspectos hidrológicos del fin. El cubo es simbólico: sólo hay un cubo en el Antiguo Testamento y es el Lugar Santísimo del templo, donde únicamente el sacerdote podía entrar, una vez al año, llevando sangre por sus propios pecados y por los pecados del pueblo. Ahora la ciudad entera es el Lugar Santísimo: en la consumación, todo el pueblo de Dios se encuentra perennemente en el esplendor ilimitado de su gloriosa presencia.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 364). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios lo está esperando

El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

2 Pedro 3:9

Venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma.

Isaías 55:3

Dios lo está esperando

Lucas 15:11-24: Parábola del hijo pródigo

Desde lo más profundo de su miseria, después de haber reflexionado, el joven de la parábola decidió actuar, regresar a la casa de su padre y decirle: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Mediante este relato, Jesucristo nos enseña cómo ir a Dios. Nos dice que Dios está listo para recibirnos, que nos ama como un padre. “…He pecado… contra ti”, son las palabras que Dios espera del hombre. Efectivamente, ¡todos hemos pecado contra Dios! “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10).

¿Su pasado o su presente le agobia? ¿Se siente solo, desanimado, perdido? ¿Quizá piensa haber ido demasiado lejos en el pecado y la injusticia? ¿Ha vivido como si Dios no existiese, dándole la espalda? Todavía hoy, Dios le tiende sus brazos, y así como ese padre estaba esperando a su hijo indigno, le espera con un corazón lleno de bondad. ¡Su perdón es gratuito! Dios, en su misericordia, quiere otra vida para usted: ¡no tarde en ir a él! ¡Dios invita a cada persona a dar ese paso!

La mirada de fe al que

ha muerto en la cruz,

Infalible la vida te da;

Mira pues, pecador, mira pronto a Jesús,

Y tu alma la vida hallará.

¡Vé, vé, vé a Jesús!

Que si miras con fe al que

ha muerto en la cruz,

Al momento la vida tendrás.

Malaquías 2 – Apocalipsis 21:15-27 – Salmo 149 – Proverbios 31:10-24

Un destino horrible

DICIEMBRE, 29

Un destino horrible

Devocional por John Piper

… Jesús, quien nos libra de la ira venidera. (1 Tesalonicenses 1:10)

¿Recuerdan haberse perdido cuando eran pequeños, o resbalarse al borde de un precipicio, o estar a punto de ahogarse, y de pronto ser rescatados? Se aferraron a su preciada vida. Temblaron por lo que casi habían perdido. Se sentieron felices, muy felices, y agradecidos. Se estremecieron de gozo.

Así me siento al final del año por haber sido rescatado de la ira de Dios. Esta Navidad encendimos la chimenea en nuestro hogar. Por momentos, el carbón estaba tan caliente que cuando lo avivaba sentía que la mano me quemaba. Retrocedí y sentí un escalofrío ante el horrendo pensamiento de la ira de Dios en el infierno por el pecado. ¡Cuán indeciblemente espantoso será!

En la tarde del día de Navidad visité a una mujer que se había quemado más del ochenta y siete por ciento del cuerpo. Ha estado internada desde agosto. Mi corazón se conmovió al verla. ¡Qué maravilloso fue darle esperanza por medio de la Palabra de Dios! Salí del hospital no solo pensando acerca de su dolor en esta vida, sino también del dolor eterno del cual fui salvo por medio de Jesús.

Considerémoslo juntos. ¿Será que este gozo estremecedor es el modo adecuado de terminar el año? Pablo se alegraba en que el Señor que está en los cielos es «Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Tesalonicenses 1:10). También nos advirtió que Dios «pagará a cada uno conforme a sus obras… a los que… no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignación» (Romanos 2:8), y que «por causa de [la fornicación, la impureza y la codicia] la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia» (Efesios 5:6).

Aquí estoy, a fin de año, terminando mi recorrido por la Biblia y leyendo el último libro, Apocalipsis. Es una gloriosa profecía de la victoria de Dios y del gozo eterno de todos los que «[toman] gratuitamente del agua de la vida» (Apocalipsis 22:17). No más lágrimas, no más dolor, no más depresión, no más tristeza, no más muerte (21:4).

Pero ¡cuán terrible es el destino de los que no se arrepienten ni se sujetan al testimonio de Jesús! La descripción de la ira de Dios que nos ofrece el «apóstol del amor» (Juan) es aterradora. Aquellos que rechazan el amor de Dios «beberá[n] del vino del furor de Dios, que está preparado puro en el cáliz de su ira; y será[n] atormentado[s] con fuego y azufre delante de los santos ángeles y en presencia del Cordero. Y el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos; y no tienen reposo, ni de día ni de noche» (Apocalipsis 14:10-11). «Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego» (20:15). Jesús «[pisará] el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso» (19:15). Y «del lagar [saldrá] sangre que [subirá] hasta los frenos de los caballos por una distancia como de trescientos veinte kilómetros» (14:20).

¡Tiemblo con gozo de que soy salvo! La santa ira de Dios es un destino horrible. Hermanos y hermanas, corran lejos de esa ira, corran con todas sus fuerzas. ¡Salvemos a cuantas personas podamos! ¡No me extraña que haya más gozo en los cielos por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos! (Lucas 15:7).


Devocional tomado del articulo “Trembling With Joy Over My Escape”

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«¿Qué pensáis del Cristo?».

29 de diciembre

«¿Qué pensáis del Cristo?».

Mateo 22:42

La gran prueba de la salud de tu alma está en esta pregunta: «¿Qué piensas del Cristo?». ¿Es él para ti «el más hermoso de los hijos de los hombres» (Sal. 45:2), «señalado entre diez mil» (Cnt. 5:10), «todo él codiciable» (Cnt. 5:16)? Donde así se estima a Cristo, todas las facultades del hombre espiritual se ejercitan con energía. Yo juzgaré tu piedad por este barómetro: ¿Qué lugar ocupa Cristo en tu pensamiento, alto o bajo? Si has pensado livianamente de Cristo; si te has sentido satisfecho con vivir sin su presencia; si su honor te ha importado poco; si has sido negligente con sus leyes, entonces ya sé que tu alma está enferma. ¡Dios quiera que no sea de muerte! Sin embargo, si el primer pensamiento de tu espíritu ha sido cómo honrar a Jesús, si el deseo cotidiano de tu alma ha hallado su expresión en las palabras de Job: «¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios!» (Job 23:3), entonces te digo que, aunque tengas mil debilidades y apenas conozcas si eres realmente un hijo de Dios, estoy persuadido de que, a pesar de todo, te encuentras a salvo, pues tienes a Jesús en alta estima. A mí no me importan tus harapos; lo que me importa es aquello que piensas de su regio atavío. No me interesan tus heridas —aunque de ellas mane sangre a raudales—; lo que me interesa es qué piensas tú de sus heridas. ¿Son ellas en tu estima como brillantes rubíes? No te considero inferior porque residas, como Lázaro, en el estercolero y los perros te estén lamiendo las llagas. No te juzgo por tu pobreza, sino por lo que piensas del Rey en su hermosura. ¿Tiene él en tu corazón un trono glorioso y elevado? ¿Lo colocarías más alto si pudieras? ¿Desearías morir si con ello lograras añadir solo un sonido de trompeta más a los acordes que proclaman sus alabanzas? ¡Ah, entonces vas bien! Cualquiera que sea el concepto que tengas de ti mismo, si Cristo es grande para ti, estarás con él dentro de poco.

Aunque el mundo entero de mi elección se ría,

mi porción será Jesús.

Ningún otro como él me satisface,

pues hermoso es él entre los hermosos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 374). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 34 | Apocalipsis 20 | Malaquías 2 | Juan 19

29 DICIEMBRE

2 Crónicas 34 | Apocalipsis 20 | Malaquías 2 | Juan 19

En la meditación del 9 de noviembre, reflexioné brevemente sobre el celo reformador de Josías, quien dirigió el último intento por realizar una reforma a gran escala en Judá (2 Reyes 22). Ya habían pasado tres cuartos de siglo desde la muerte de Ezequías, pero mucho de esto fue presidido por Manasés, cuyo reino de más de medio siglo estuvo casi enteramente dedicado a la maldad pagana. Ahora, regresamos al mismo evento, esta vez registrado en 2 Crónicas 34. Aquí podríamos aprender algunas lecciones adicionales y complementarias.

(1) El redescubrimiento del libro de la ley (probablemente Deuteronomio) entre los escombros del templo le revela a Josías el peligro de la posición de Judá: la ira de Dios pende sobre su cabeza. Josías se rasga las vestiduras, se arrepiente y ordena una reforma. Además, instruye a sus asistentes a consultar a la profetisa Hulda (34:22) sobre la inminencia de estos peligros. La respuesta de Dios es que el desastre y el juicio sobre Jerusalén ya son inevitables: “todas las maldiciones que están escritas en el libro que leyeron delante del rey de Judá” (34:24). El patrón de desobediencia deliberada y recurrente al pacto se ha vuelto tan constante y horrendo, que el juicio tiene que llegar. No obstante, el Señor añade: “Como te has conmovido y humillado ante mí al escuchar lo que he anunciado contra este lugar y sus habitantes, y te has rasgado las vestiduras y has llorado en mi presencia, yo te he escuchado” (34:27). Le asegura a Josías que el desastre inminente no ocurrirá mientras él esté vivo.

Aquí hay dos lecciones obvias. Primero, se nos permite vislumbrar a lo que Dios espera de nosotros si vivimos en una época de declive catastrófico: no filosofar, sino humillación, arrepentimiento sincero, lágrimas, contrición. Segundo, como suele suceder en la Biblia, precisamente porque Dios es lento para la ira y tan paciente, él está más ansioso por suspender y retrasar el juicio que es el correlativo necesario de su santidad, que lo que estamos nosotros por pedirle misericordia.

(2) La imagen del propio rey juntando a los ancianos de Judá y leyéndoles solemnemente las Escrituras (34:29–31) es profundamente conmovedora. No hay nada que nuestra generación precise más que escuchar la palabra de Dios, esto en una época en la cual el analfabetismo bíblico está aumentando muy velozmente. Además, necesita escuchar a líderes cristianos que se sometan personalmente a la Biblia, que lean directamente las Escrituras y las enseñen. Esto, no mediante formas oscuras que meramente asumen alguna especie de herencia de enseñanza cristiana mientras en realidad se centran en cualquier otra cosa, sino de manera reverente, ejemplar, comprensiva, insistente y persistente. Nada—nada en absoluto—es más urgente.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 363). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El mundo, ¿un enemigo para el hombre?

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo… el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

1 Juan 2:15-17

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

El mundo, ¿un enemigo para el hombre?

La historia del mundo es de guerras y conflictos. En todos los tiempos ha habido hombres que desean dominar por todos los medios. Hoy en día, a pesar de las apariencias, esa determinación es la misma.

Se evoca la globalización como una necesidad que conduce a eliminar los problemas mayores de la humanidad. Se piensa en curar males y sufrimientos exaltando la solidaridad universal, mientras sigue manifestándose el afán de dominar, siempre dispuesto a hacer la guerra, a matar. Unas pocas decisiones humanas, por más loables que sean, ¿podrán cambiar la cara del mundo? Satanás es su jefe, y los hombres son sus ejecutantes inconscientes.

Ya en el principio de la humanidad, un hombre, Caín, irritado contra su hermano, lo mató porque este, al obrar más sabiamente, había sido del agrado de Dios, y no él. Desde entonces el corazón humano no ha cambiado, y el mundo sigue siendo un vivero de violencia. Dios declara en su Palabra: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor…” (Jeremías 17:9-10). Quizás usted piensa poder escapar de ese diagnóstico. A eso también Dios responde: “No hay diferencia, por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:22-23), pero no se detiene en estas declaraciones. Él es el Dios Salvador y da a todo ser humano una esperanza viva que no está ligada a este mundo, sino a su corazón de Padre: dio a su Hijo Jesucristo para liberarnos del dominio del mal.

Malaquías 1 – Apocalipsis 21:1-14 – Salmo 148:9-14 – Proverbios 31:8-9

La gloria es la meta

DICIEMBRE, 28

La gloria es la meta

Devocional por John Piper

Por medio de [Él] también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. (Romanos 5:2)

Ver la gloria de Dios es nuestra esperanza final. «Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios» (Romanos 5:2). Dios nos presentará «sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría» (Judas 24).

Él dará a conocer «las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano Él preparó para gloria» (Romanos 9:23). Él nos llama «a su reino y a su gloria» (1 Tesalonicenses 2:12). «[Aguardamos] la esperanza bienaventurada [que es] la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús» (Tito 2:13).

Jesús, en toda su persona y obra, es la encarnación y revelación final de la gloria de Dios. «Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza» (Hebreos 1:3). «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria» (Juan 17:24).

«Por tanto, a los ancianos entre vosotros, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y también participante de la gloria que ha de ser revelada» (1 Pedro 5:1). «La creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios» (Romanos 8:21).

«Hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria» (1 Corintios 2:7). «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Corintios 4:17). «Y a los que justificó, a ésos también glorificó» (Romanos 8:30).

Ver y compartir la gloria de Dios es la esperanza final en el evangelio de Cristo.

La esperanza que realmente conocemos y atesoramos tiene un peso enorme y decisivo sobre nuestros valores y elecciones y acciones de hoy.

Profundicemos en el conocimiento de la gloria de Dios. Estudiemos la gloria de Dios, la gloria de Cristo, la gloria del mundo que revela la gloria de Dios, y la gloria del evangelio que revela la gloria de Cristo.

Atesoremos la gloria de Dios por sobre todas las cosas.

Examinemos nuestra alma. Sepamos qué es aquello cuya gloria nos seduce, y examinemos por qué atesoramos otras glorias que no son la gloria a Dios.

Examinemos nuestra propia alma para saber cómo hacer para que las glorias del mundo se derrumben como Dagón (1 Samuel 5:4), en míseros pedazos esparcidos por el piso de los templos del mundo.


Devocional tomado del libro “Rebuilding the Basics: The Centrality of God’s Glory”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«No he venido para traer paz, sino espada».

28 de diciembre

«No he venido para traer paz, sino espada».

Mateo 10:34

El cristiano, sin duda, se granjeará enemigos. Él procurará desde luego no tener ninguno; pero, si por hacer lo recto y confiar en la verdad, llega a perder todos los amigos terrenales, no le importará demasiado, pues su gran Amigo, que está en los cielos, le brindará, por su fidelidad, una amistad más íntima, y se manifestará a él más bondadosamente que nunca. ¡Oh vosotros que habéis tomado su cruz!, ¿no sabéis lo que dijo nuestro Señor? Dijo: «He venido a poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa» (Mt. 10:35, 36). Cristo es el gran Pacificador, pero antes de la paz trae la guerra. Donde llega la Luz, las tinieblas tienen que retirarse. Donde se hace presente la verdad, la mentira debe huir. Si se queda, se producirá un gran conflicto, pues la verdad no puede ni quiere bajar su bandera y, por tanto, la mentira ha de ponerse debajo de sus pies. Si sigues a Cristo, todos los perros del mundo estarán ladrando detrás de ti. Si quieres vivir de tal manera que puedas soportar la prueba del último Tribunal, ten por cierto que el mundo no hablará bien de ti: el que es amigo del mundo es enemigo de Dios. No obstante, si te muestras sincero y fiel para con el Altísimo, los hombres se sentirán ofendidos por tu inquebrantable fidelidad, pues ella constituye un testimonio contra sus iniquidades. Debes practicar siempre lo recto, sin temer las consecuencias. Necesitarás el coraje de un león para proseguir, sin titubear, una carrera que convertirá a tus mejores amigos en tus peores enemigos. Pero, por amor a Jesús, debes ser valiente. Arriesgar reputación y afecto por causa de la verdad es un acto de tal naturaleza que, para practicarlo constantemente, necesitarás un grado de principio moral que solo el Espíritu de Dios puede producir en ti. No vuelvas, sin embargo, tu espalda como un cobarde, sino muéstrate valiente. Sigue recta y varonilmente en las pisadas de tu Señor, pues él anduvo antes que tú por este escabroso camino. Mejor es una guerra breve y un descanso eterno que una falsa paz y un tormento eterno.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 373). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 33 | Apocalipsis 19 | Malaquías 1 | Juan 18

28 DICIEMBRE

2 Crónicas 33 | Apocalipsis 19 | Malaquías 1 | Juan 18

Apocalipsis 19 se divide en dos partes. En la primera, Juan oye el bullicio de una gran multitud en el cielo que exclamaba varias líneas de alabanza desenfrenada, a quien se le unen otros en unidad antifonal. La primera estrofa de adoración (19:1–3) alaba a Dios porque ha condenado a la gran prostituta (ver meditaciones del 26 y 27 de diciembre), demostrando así la verdad y la justicia de sus juicios (19:2). Esta estrofa provoca un coro: “¡Aleluya! El humo de ella sube por los siglos de los siglos” (19:3) y los ancianos alrededor del trono se unen en adoración y aprobación (19:4). Una voz desde el trono exhorta a todos los siervos de Dios a sumarse a la alabanza—“los que le teméis, así pequeños como grandes” (19:5) — y nuevamente Juan escucha a una multitud inmensa en el estruendo de la adoración. Ahora, el enfoque no es tanto en la justicia de Dios al condenar a la prostituta, sino más bien en la pura gloria del reinado de “nuestro Dios Todopoderoso” y en las inminentes “bodas del Cordero” (19:6–8).

La segunda parte del capítulo presenta a Jesús con categorías extremadamente simbólicas. Nuevamente, es importante recordar que el Apocalipsis mezcla sus metáforas. Aquel a quien, desde el capítulo 5 en adelante, se le conoce como el Cordero (designación que todavía es muy común en los capítulos 21–22) ahora se presenta como un guerrero montado en un caballo blanco. Este guerrero se llama “Fiel y Verdadero” (19:11), su nombre es “la Palabra de Dios” (19:13; comparar con Juan 1:1, 14) y su título es “Rey de reyes y Señor de señores” (19:16). Dirige a los ejércitos en el ataque final sobre las dos bestias (es decir, la bestia y el falso profeta) y sobre todos los que lleven su marca. Su arma es una espada afilada que sale de su boca: para ganar, sólo tiene que hablar. Es él quien “exprime uvas en el lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso” (19:15), lo cual nos remonta a la terrible imagen de 14:19–20.

En un sentido, el capítulo 19 no adelanta la trama del libro de Apocalipsis ni lo intenta. Ya se nos ha dicho que Dios destruye a la gran prostituta, que aquellos que tengan la marca de la bestia habrán de enfrentarse a la ira de Dios y todo lo demás. Lo que añade—y esto es vital—es el recordatorio enteramente saludable de que Dios tiene el control total, que es digno de ser alabado por su justo juicio sobre todo lo malo y que el agente que destruye toda la oposición al final es nada más y nada menos que Jesucristo. Más aún, esto se presenta, no sólo en el lenguaje espectacular apocalíptico, sino con la lengua gozosa de la alabanza entusiasmada. A los lectores, se nos invita implícitamente a unirnos, aunque en esta etapa sólo lo hagamos por fe y no por vista.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 362). Barcelona: Publicaciones Andamio.