¡Por fin libre!

El Señor… me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos.

Isaías 61:1

¡Por fin libre!

Desde su infancia, Kevin tenía el sentimiento de ser prisionero. En un pequeño apartamento de un gran edificio anónimo, peleas y vejaciones destrozaron su familia. En la escuela no tenía amigos. Estaba excluido de todo. Tampoco tuvo la oportunidad de aprender un oficio… ¡Estaba solo!

Luego empezaron las ataduras con la droga. Estaba encerrado en una espiral de la cual no podía salir. Detenido por la policía, fue a parar a un centro penitenciario para menores. Allí sus compañeros de celda lo insultaron, lo humillaron… ¡Qué desesperación!

Un domingo fue al servicio religioso de la cárcel. La sala era alta y espaciosa, lo cual dio un poco de alivio a su oprimido corazón. El capellán habló de Jesús, quien vino al mundo para buscar a aquellos que estaban atormentados por su pasado, sus faltas, por aquellos que no tenían ninguna esperanza en la vida. Luego dijo: «Que el mundo le tome a usted por un vencedor o por un vencido, Jesús le ama y le libera del peso de sus pecados. La Biblia dice que Jesucristo le está escuchando ahora. Cuéntele su desesperación. Háblele de sus pecados. En la cruz, donde murió, sufrió en su lugar el castigo que usted merecía. Crea que Jesús le perdonará y le convertirá en un hijo de Dios».

Kevin tuvo una larga conversación con el capellán. Reconoció que Jesús era la persona a quien estaba buscando desde hacía mucho tiempo. Tuvo la impresión de que las paredes que lo encerraban desde su infancia empezaban a caer lentamente. Vio un rincón del cielo azul que estaba por encima de él: ¡Jesús lo amaba!

Zacarías 14 – Apocalipsis 20 – Salmo 148:1-8 – Proverbios 31:1-7

¿Cuál es nuestro objetivo?

DICIEMBRE, 27

¿Cuál es nuestro objetivo?

Devocional por John Piper

Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. (Hebreos 10:24)

Cuando se levantan en la mañana y ven el día que tienen por delante, ¿qué se dicen a sí mismos acerca de lo que esperan en ese día? Cuando consideran desde el principio del día hasta el final del día, ¿qué es lo que desean que suceda porque ustedes han vivido ese día?

Si su respuesta es: «Ni siquiera lo pienso, solo me levanto y hago lo que tengo que hacer», entonces se están privando de un medio de gracia esencial y de una fuente de guía y fuerza y fructificación y gozo. En la Biblia está claramente expresado, inclusive en este texto, que Dios quiere que tengamos en la mira, a conciencia, algo significativo para nuestros días.

La voluntad revelada de Dios para ustedes, desde el momento en que se levantan en la mañana, es que no caminen por el día a la deriva, dejando que solo las meras circunstancias dicten lo que tienen que hacer, sino que apunten hacia algo —que pongan la mirada en cierto tipo de propósito—. Aquí me refiero a niños, y a adolescentes, y a adultos —sean solteros, casados, viudos, madres, y en todo tipo de oficio—.

Una vida sin rumbo es como una vida sin vida. Las hojas secas en el jardín de mi casa podrían moverse de un lugar a otro más que ninguna otra cosa —más que el perro y más que los niños—. Si el viento sopla para un lado, las hojas van para ese lado. Si el viento sopla para el otro lado, las hojas van para el otro lado. Dan vueltas, se levantan, caen, se amontonan contra un cerco, pero no tienen dirección de ningún tipo. Están llenas de movimiento, pero carentes de vida.

Dios no creó a los seres humanos a su imagen para que anduvieran sin rumbo, como hojas secas que vuelan por el patio de la vida. Él nos creó para que tengamos un propósito, algo en qué enfocarnos, un objetivo en todos nuestros días. ¿Cuál es el de ustedes hoy?


Devocional tomado del sermón “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor”

 

«Y el SEÑOR te guiará continuamente».

27 de diciembre

«Y el SEÑOR te guiará continuamente».

Isaías 58:11 (LBLA)

«El Señor te guiará». No te guiará un ángel, sino el Señor. El Señor había dicho que él no atravesaría el desierto al frente de su pueblo, sino que enviaría un ángel para que los guiara en el camino. Moisés respondió: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí» (Éx. 33:15). Cristiano, Dios no te ha dejado bajo el cuidado de un ángel en tu peregrinación, sino que él mismo va en cabeza. Quizá no veas la columna de nube ni la columna de fuego; pero, a pesar de ello, el Señor nunca te abandonará. Observa la construcción afirmativa del versículo: «El Señor te guiará». ¡Qué cierto es que Dios no va a abandonarnos! Sus preciosas promesas son mejores que los juramentos de los hombres: «No te desampararé ni te dejaré». Observa, también, el adverbio «continuamente». No tenemos que ser guiados simplemente algunas veces, sino que necesitamos contar con un instructor permanente. Tampoco hemos de confiarnos de vez en cuando en nuestra capacidad y así vagar de un lado para otro, sino que debemos oír en todo momento la voz rectora del Gran Pastor. Si seguimos de cerca sus pasos, no erraremos, sino que se nos guiará por un camino recto hacia una ciudad habitable. Si tienes que cambiar de posición en la vida; si necesitas emigrar a costas distantes; si, por casualidad, caes en la pobreza o te elevas de repente a una posición más alta que la que ahora ocupas; si te ves colocado en medio de extranjeros o echado entre tus enemigos, no tiembles, pues «el Señor te guiará continuamente». No hay dilemas de que no vayas a ser librado si vives cerca de Dios y tu corazón arde con un amor santo. No anda mal el que anda en compañía de Dios. Camina tú con Dios, como hizo Enoc, y no errarás el camino. Cuentas, para dirigirte, con una sabiduría infalible; para alentarte, con un amor inmutable; y para defenderte, con un poder eterno. «El Señor —observa esta palabra— te guiará continuamente».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, pp. 372–373). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 32 | Apocalipsis 18 | Zacarías 14 | Juan 17

27 DICIEMBRE

2 Crónicas 32 | Apocalipsis 18 | Zacarías 14 | Juan 17

Si Apocalipsis 17 expone las abominaciones de “Babilonia”, Apocalipsis 18 anuncia su inminente destrucción. Gran parte del lenguaje surge de pasajes del Antiguo Testamento que predicen la destrucción de la Babilonia histórica o de alguna otra ciudad pagana que se caracterizara por la corrupción, violencia e idolatría.

Lee el capítulo otra vez, lentamente, y reflexiona. Vale la pena recordar que, si bien Roma se enfrentó a varios contratiempos durante los trescientos años siguientes, la ciudad no fue completamente saqueada por los bárbaros del norte hasta la época de Agustín. Así que mucha de la descripción de este capítulo se cumplió de manera muy brutal y literal. Pero, para ese entonces, el cristianismo ya se había convertido en la religión del Estado y a muchos cristianos, por tanto, les costó aceptar el saqueo y explicarlo.

Fue Agustín quien escribió un libro enmarcando el saqueo de Roma en un contexto teológico que ayudó a los cristianos a entenderlo todo. Su volumen Ciudad de Dios retrata dos ciudades: la de Dios y la del hombre. (Ver la meditación del 9 de enero.) Estas categorías se convirtieron para él en la tipología principal, no sólo para su repaso veloz de la historia bíblica, sino para su análisis del bien y el mal dentro de la historia. Es una obra maestra y merece una lectura cuidadosa aun hoy día.

Sobre todo, Agustín nos advierte en contra de asociar demasiado la iglesia y el evangelio con las ciudades y reinos de este mundo, ciudades que son todas temporales y destinadas a la destrucción, que han cedido sin esperanza. Como contraste, los cristianos deberían identificarse con la nueva Jerusalén, la ciudad del gran Rey, la Jerusalén que viene de arriba, cuyo edificador y hacedor es Dios.

Evaluar correctamente estos asuntos nunca es fácil ni sencillo. “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis cómplices de sus pecados, ni os alcance ninguna de sus plagas” (18:4). En el contexto del libro de Apocalipsis, esto es una exhortación convincente a no alinearse con ninguna de las riquezas que corroen y los valores pervertidos de Babilonia. Uno debe “salir” y abandonar esta ciudad maldita que está bajo el juicio del Dios Todopoderoso. Pero estas palabras se han usado para justificar separaciones de segundo y tercer grado, como si eso fuera lo que Apocalipsis enseña. Mientras algunos disfrutan tanto de Babilonia, que acaban siendo destruidos junto con ella, otros esperan construir sus propios centros, totalmente alejados de la influencia corruptora de Babilonia. No se dan cuenta de que, hasta que Jesús regrese, el pueblo de Dios estará constantemente atraído en direcciones diferentes por la ciudad de Dios y por la ciudad de los rebeldes portadores de la imagen de Dios. Nuestra esperanza máxima está en Dios mismo, quien no sólo introduce la nueva Jerusalén (Apocalipsis 21–22), sino que acaba con esta “madre de las prostitutas” en su propio juicio soberano.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 361). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Mirad qué amor!

Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

1 Juan 4:8-10

¡Mirad qué amor!

¿Ha reflexionado alguna vez en el amor que Dios le ha manifestado? La Biblia revela este amor sin igual. “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Solo Dios puede amar de esta manera. El amor humano bien puede manifestarse hacia una persona digna de ser amada, pero el amor divino engloba de una forma unilateral a seres que le daban la espalda, pecadores, sus enemigos. Se manifestó hacia personas detestables, que se odiaban unas a otras (Tito 3:3). Dios dio a su Hijo unigénito y muy amado por estos hombres. “No escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32). Este sacrificio era indispensable para nuestra salvación, y Dios lo consintió por amor.

Solo Jesucristo podía expiar nuestros pecados, y lo hizo una vez para siempre. Ahora ofrece su perdón a todo aquel que cree. Además conduce al creyente a tener una relación de intimidad con Dios, la de un hijo con su Padre. Por ello el apóstol Juan puede exclamar: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

El creyente aprende a conocer un amor así, inmenso privilegio en medio de un mundo tan duro. ¿No quiere usted experimentar tal amor? Lea la Biblia, en ella hallará a Jesús, quien revela plenamente ese amor infinito.

Zacarías 12-13 – Apocalipsis 19:11-21 – Salmo 147:12-20 – Proverbios 30:32-33

VIDA O MUERTE

VIDA O MUERTE

12/26/2017

O por vida o por muerte. (Filipenses 1:20) 

El apóstol Pablo no conocía los detalles del plan de Dios para su vida, pero confiaba en Él, ya significara vida o muerte. Más adelante dijo: “De ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros” (vv. 23-24). Pablo prefería el gozo de estar en la presencia de Cristo en el cielo, pero al parecer pensaba que el Señor le permitiría vivir porque sabía que los filipenses lo necesitaban.

Pablo se regocijaba porque sabía que Cristo sería exaltado en su vida o en su muerte. Si vivía, estaría en libertad para predicar y edificar la iglesia. Si moría, sería ejecutado por el nombre de Cristo, y su fe constante serviría de trofeo de la gracia de Cristo. A Pablo no le importaban sus dificultades, sus detractores, y ni siquiera la posibilidad de su muerte, sino que se siguiera predicando el evangelio y se glorificara al Señor.

Al igual que Pablo, usted no conoce los planes específicos de Dios para su vida. Pero algo de lo que puede estar seguro es que, en la vida o en la muerte, usted puede glorificar a Cristo.

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Cómo considerar la calamidad

DICIEMBRE, 26

Cómo considerar la calamidad

Devocional por John Piper

Las ondas de la muerte me cercaron, los torrentes de iniquidad me atemorizaron… En cuanto a Dios, su camino es perfecto. (2 Samuel 22:531)

Luego de perder a sus diez hijos en un «desastre natural» (Job 1:19), Job dijo: «El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor» (Job 1:21). Al final del libro, el inspirado autor confirma que Job comprendió lo que había sucedido, y dice que los hermanos y hermanas de Job «lo consolaron por todo el mal que el Señor había traído sobre él» (Job 42:11).

Esto tiene varias implicaciones para nosotros cuando pensamos en la gran catástrofe del 26 de diciembre de 2004 en el océano Índico —uno de los desastres naturales más mortífero que haya sido registrado—.

1. Satanás no tiene la última palabra, Dios sí.

Satanás estuvo involucrado en el sufrimiento de Job, pero su obra no fue decisiva. Dios le dio permiso a Satanás para afligir a Job (Job 1:122:10). Sin embargo, Job y el autor de este libro consideran a Dios como la causa final y decisiva. Cuando Satanás lo hirió con llagas, Job le dijo a su esposa: «¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?» (Job 2:10), y el escritor llama a estas llagas satánicas «todo el mal que el Señor había traído sobre él» (Job 42:11). Eso significa que Satanás es real y que trae miseria, pero no es quien tiene la última palabra. Tiene una correa atada al cuello. No va más lejos de lo que Dios decididamente le permita.

2. Aún si Satanás hubiera causado el sismo del océano Indico el día siguiente a Navidad, él no es la causa decisiva de las más de 200? 000 muertes; Dios es.

Dios afirma tener poder sobre los tsunamis en Job 38:8-11, donde le hace a Job una pregunta retórica: «¿Quién encerró con puertas el mar, cuando, irrumpiendo, se salió de su seno… y dije: “Hasta aquí llegarás, pero no más allá; aquí se detendrá el orgullo de tus olas”?». El Salmo 89:8-9dice: «Oh Señor… tú dominas la soberbia del mar; cuando sus olas se levantan, tú las calmas». Y Jesús mismo hoy tiene el mismo control que tuvo una vez sobre las amenzas de muerte de las olas: «Y Él… reprendió al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma» (Lucas 8:24). En otras palabras, aun si Satanás hubiera provocado el maremoto, Dios podría haber detenido las olas.

3. Las calamidades destructivas de este mundo son una mezcla de juicio y misericordia.

Sus propósitos no son simples. Job era un hombre piadoso y sus aflicciones no eran un castigo de Dios (Job 1:18). El motivo de su calamidad fue purificar, no castigar (Job 42:6). Pero no sabemos cuál era el estado espiritual de sus hijos. Con certeza, Job estaba preocupado por ellos (Job 1:5). Es probable que Dios les haya quitado la vida como juicio. Si eso es cierto, entonces la misma calamidad, al final, demuestra ser misericordia para Job y juicio para sus hijos. Lo mismo sucede con todas las calamidades. Son una mezcla de juicio y misericordia. Son tanto para castigar como para purificar. El sufrimiento, e incluso la muerte, pueden ser al mismo tiempo para juicio y misericordia.

La ilustración más clara de esta verdad es la muerte de Jesús. Esta fue tanto juicio como misericordia: juicio sobre Jesús porque cargó con nuestros pecados (no suyos), y misericordia para nosotros que confiamos en él para que cargara con nuestro castigo (Gálatas 3:131 Pedro 2:24) y para que fuera nuestra justicia (2 Corintios 5:21). Otro ejemplo es la maldición que yace sobre esta tierra caída por el pecado. Para aquellos que no creen en Cristo, es juicio; pero para los creyentes es una misericordiosa, aunque dolorosa, preparación para la gloria. «Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza» (Romanos 8:20). Tal es la sujeción de la creación a Dios, y es por eso que hay tsunamis.

4. El corazón que Cristo da a su pueblo siente compasión por aquellos que sufren, independientemente de sus creencias.

Cuando la Biblia dice «llorad con los que lloran» (Romanos 12:15), no agrega «a menos que Dios haya provocado el llanto». Hubiera sido mejor que los amigos que intentaban consolar a Job lloraran con él en lugar de hablar tanto. Nada de eso cambia cuando descubrimos que el sufrimiento de Job provenía de Dios en última instancia. No; está bien llorar con los que sufren. El dolor es dolor, sin importar quien lo provoque. Todos somos pecadores. La empatía fluye no por la causa del dolor, sino por la compañía en el dolor. Y todos estamos juntos en esa situación.

5. Por último, Cristo nos llama a mostrar misericordia a aquellos que sufren, incluso cuando no lo merezcan.

Ese es el significado de la misericordia —ayuda inmerecida—. «Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen» (Lucas 6:27).


Devocional tomado del articulo “Tsunami, Sovereignty, and Mercy

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«He aquí yo estoy con vosotros todos los días».

26 de diciembre

«He aquí yo estoy con vosotros todos los días».

Mateo 28:20

El Señor Jesús está en medio de su Iglesia y anda entre los candeleros de oro. Su promesa es: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días». Jesús se encuentra tan realmente con nosotros ahora como lo estuvo con sus discípulos junto al lago, cuando aquellos «vieron brasas puestas y un pez encima de ellas, y pan» (Jn. 21:9). Aunque no en cuerpo, Jesús, sin embargo, está verdaderamente con nosotros. Esta es una bendita verdad, pues donde Jesús se halla presente, el amor se inflama. De todas las cosas del mundo que pueden hacer arder el corazón, no hay ninguna comparable a la presencia de Jesús. Una mirada suya nos conquista de tal manera que estamos prontos a decir: «Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron» (Cnt. 6:5). La fragancia de los áloes, de la mirra y de la casia que exhalan sus perfumados vestidos reconfortan al enfermo y al abatido. Si por un solo momento reclinamos nuestras cabezas en su bondadoso pecho y recibimos su divino amor en nuestros fríos corazones, no estaremos más indiferentes en la vida espiritual, sino que arderemos como serafines y nos mostraremos dispuestos a trabajar y a sufrir. Si reconocemos que Jesucristo está con nosotros, todas nuestras facultades se desarrollarán y toda virtud se corroborará, y nos lanzaremos a servir al Señor con todo nuestro corazón, toda nuestra alma y todas nuestras fuerzas. Esto demuestra que la presencia de Cristo debe desearse sobre todas las cosas. Esta presencia la sentirán en mayor grado aquellos que se parecen más a él: si quieres ver a Cristo, tienes que desarrollarte según su semejanza. Haz tuyos, por el poder del Espíritu, los deseos, los motivos, y los planes de acción de Jesús y, probablemente, te verás favorecido con su presencia. Recuerda que se puede tener la presencia de Jesús, y su presencia es tan real como siempre. Él se goza en estar con nosotros; y si acaso no llega, es porque, a causa de nuestra indiferencia, se lo impedimos. Él se revelará en respuesta a nuestras oraciones fervientes y, bondadosamente, permitirá que lo detengamos con nuestras súplicas y nuestras lágrimas, pues estas son las cadenas de oro que atan a Jesús a los suyos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 371). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 31 | Apocalipsis 17 | Zacarías 13:2–9 | Juan 16

26 DICIEMBRE

2 Crónicas 31 | Apocalipsis 17 | Zacarías 13:2–9 | Juan 16

La visión de la prostituta en Apocalipsis 17 está repleta de un lenguaje colorido que ha confundido a muchos intérpretes. No obstante, las líneas principales son razonablemente claras e incluso los puntos más debatidos no son del todo oscuros. Aquí podemos reflexionar sobre tres materias:

(1) Para cualquier lector del primer siglo, la identificación básica de la ramera no ofrecería ninguna duda. La referencia a las siete colinas sobre las cuales está sentada (17:9), junto con la afirmación explícita de que la mujer “es aquella gran ciudad que tiene poder de gobernar sobre los reyes de la tierra” (17:18), la señalarían como Roma.

(2) Formalmente, se le identifica en términos algo oscuros: “misterio: Babilonia la Grande, la Madre de las Rameras y de las Abominaciones de la Tierra” (17:5). La Babilonia histórica en esta época era ya un lugar en ruinas, un centro relativamente pequeño y ciertamente debilitado, sin una influencia significativa. No obstante, en la época del Antiguo Testamento, Babilonia había representado todo lo pagano, poderoso, vil o lo que se promueve a sí mismo. Babilonia era la ciudad que había provocado el exilio de Judá y de Jerusalén (independientemente de que el pueblo de Dios se hubiera ganado el juicio). Ahora, el nombre de la ciudad antigua se le transfiere a Roma, el nuevo centro geopolítico. La palabra prostitutas no se refiere a prostitutas humanas ordinarias, sino a una prostitución espiritual (una vez más, tomado del Antiguo Testamento). “La madre de las X” es una manera semita de decir algo como “el arquetipo de todas las X”. Y en esa época, Roma ciertamente era, en este sentido, la madre de toda la prostitución espiritual, la fuente de las abominaciones de la tierra. Se merecía el título, no sólo por su paganismo, corrupción política, violencia, perversión interminable, extraordinarias riquezas y desgraciada pobreza, sino también porque este era el lugar donde al césar (un mero ser humano) se le refería en las monedas como “nuestro Señor y Dios”. Además, era el centro del cual emanaba la voluntad política que cada vez más iba en contra del pueblo de Dios.

(3) Las siete cabezas de esta prostituta apuntan hacia dos direcciones. Por un lado, miran hacia las siete colinas de Roma. También señalan a siete reyes, cinco de los cuales ya han caído, “uno está gobernando, el otro no ha llegado todavía” (17:10). Es extremadamente difícil relacionar esta lista con los césares conocidos del primer siglo. Se han identificado varias conexiones; pero no estoy seguro de cuál es la correcta. Pero la bestia sobre la que estaba montada la mujer, que se identifica claramente con la bestia que surgió del mar en el capítulo 13, la que recibe una herida mortal y luego es curada, “es el octavo rey” (17:11). Esto sugiere a muchos (correctamente, me parece) una manifestación del mal más allá del imperio romano.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 360). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué representa la Navidad?

martes 26 diciembre

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.

Lucas 2:11

¿Qué representa la Navidad?

En el siglo 4, el emperador romano Constantino se convirtió en un gran protector del cristianismo. Desde entonces, los poderes políticos y religiosos trataron de cristianizar las fiestas paganas. Por ello el nacimiento de Jesús fue celebrado el día de la fiesta del solsticio de invierno, fijada en aquella época el 25 de diciembre. Esta celebración y esta fecha no tienen ningún fundamento bíblico.

Pero la persona de Jesús evidentemente es muy amada por cada cristiano. Más de siete siglos antes de su nacimiento, el profeta Isaías había anunciado: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros)” (Isaías 7:14). Y de ese niño, que fue acostado en un pesebre cuando nació, también dice: “Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable… Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).

El día de Navidad debería recordar la noticia de gran gozo anunciada a los pastores de Belén: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (vea Lucas 2:8-20). Que Dios nos conceda recibir este maravilloso mensaje: Dios vino a vivir entre los hombres. Jesús, el divino Salvador, en su humillación descendió a la tierra como un niño. Su vida perfecta, su muerte en una cruz por nosotros, y su resurrección, ¡todo esto debería ser un tema de paz, de gozo, de esperanza y de adoración, pero no un día, sino todos los días del año!

“¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:15).

Zacarías 11 – Apocalipsis 19:1-10 – Salmo 147:7-11 – Proverbios 30:29-31
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