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2 Crónicas 31 | Apocalipsis 17 | Zacarías 13:2–9 | Juan 16

26 DICIEMBRE

2 Crónicas 31 | Apocalipsis 17 | Zacarías 13:2–9 | Juan 16

La visión de la prostituta en Apocalipsis 17 está repleta de un lenguaje colorido que ha confundido a muchos intérpretes. No obstante, las líneas principales son razonablemente claras e incluso los puntos más debatidos no son del todo oscuros. Aquí podemos reflexionar sobre tres materias:

(1) Para cualquier lector del primer siglo, la identificación básica de la ramera no ofrecería ninguna duda. La referencia a las siete colinas sobre las cuales está sentada (17:9), junto con la afirmación explícita de que la mujer “es aquella gran ciudad que tiene poder de gobernar sobre los reyes de la tierra” (17:18), la señalarían como Roma.

(2) Formalmente, se le identifica en términos algo oscuros: “misterio: Babilonia la Grande, la Madre de las Rameras y de las Abominaciones de la Tierra” (17:5). La Babilonia histórica en esta época era ya un lugar en ruinas, un centro relativamente pequeño y ciertamente debilitado, sin una influencia significativa. No obstante, en la época del Antiguo Testamento, Babilonia había representado todo lo pagano, poderoso, vil o lo que se promueve a sí mismo. Babilonia era la ciudad que había provocado el exilio de Judá y de Jerusalén (independientemente de que el pueblo de Dios se hubiera ganado el juicio). Ahora, el nombre de la ciudad antigua se le transfiere a Roma, el nuevo centro geopolítico. La palabra prostitutas no se refiere a prostitutas humanas ordinarias, sino a una prostitución espiritual (una vez más, tomado del Antiguo Testamento). “La madre de las X” es una manera semita de decir algo como “el arquetipo de todas las X”. Y en esa época, Roma ciertamente era, en este sentido, la madre de toda la prostitución espiritual, la fuente de las abominaciones de la tierra. Se merecía el título, no sólo por su paganismo, corrupción política, violencia, perversión interminable, extraordinarias riquezas y desgraciada pobreza, sino también porque este era el lugar donde al césar (un mero ser humano) se le refería en las monedas como “nuestro Señor y Dios”. Además, era el centro del cual emanaba la voluntad política que cada vez más iba en contra del pueblo de Dios.

(3) Las siete cabezas de esta prostituta apuntan hacia dos direcciones. Por un lado, miran hacia las siete colinas de Roma. También señalan a siete reyes, cinco de los cuales ya han caído, “uno está gobernando, el otro no ha llegado todavía” (17:10). Es extremadamente difícil relacionar esta lista con los césares conocidos del primer siglo. Se han identificado varias conexiones; pero no estoy seguro de cuál es la correcta. Pero la bestia sobre la que estaba montada la mujer, que se identifica claramente con la bestia que surgió del mar en el capítulo 13, la que recibe una herida mortal y luego es curada, “es el octavo rey” (17:11). Esto sugiere a muchos (correctamente, me parece) una manifestación del mal más allá del imperio romano.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 360). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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