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2 Crónicas 35 | Apocalipsis 21 | Malaquías 3 | Juan 20

30 DICIEMBRE

2 Crónicas 35 | Apocalipsis 21 | Malaquías 3 | Juan 20

Finalmente, llegamos a la cúspide de la redención (Apocalipsis 21). En su visión final, Juan ve “un cielo nuevo y una tierra nueva” (21:1). Algunas anotaciones:

(1) La ausencia del mar (21:1) no establece los principios hidrológicos del cielo nuevo y la tierra nueva. El mar, como hemos visto anteriormente, es símbolo del caos, del viejo orden, de la muerte. De manera que el mar ya no está.

(2) Juan también ve “la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios” (21:2). No debemos ubicar esta nueva Jerusalén dentro del nuevo cielo y la nueva tierra. Son dos imágenes muy distintas de la realidad final, dos formas de presentar una verdad. Es parecido al León y el Cordero de Apocalipsis 5, en el cual aunque hay dos animales, ambos se refieren a un mismo Jesús. Una forma de pensar sobre la gloria consumada es concebirla como un nuevo universo, un nuevo cielo y tierra; otra manera de pensarlo es como la nueva Jerusalén, con las muchas implicaciones que supone esta última imagen.

(3) Una tercera manera de ver la consumación es centrarse en las bodas del Cordero (21:2, 9; cf. 19:9) y aquí la novia es la nueva Jerusalén. Las metáforas se han mezclado de manera admirable. Pero todos pueden ver que la consumación implicará una intimidad perfecta entre el Señor Jesús y el pueblo que él ha redimido.

(4) No hay duda de que las perfecciones de la nueva Jerusalén están tan lejos de nuestra experiencia, que es difícil imaginarlas. Pero una manera de llegar a ellas es mediante la negación: debemos entender qué cosas feas conectadas con el pecado y la corrupción no estarán allí: “ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir” (21:4).

(5) La ciudad es una realidad inherentemente social. La consumación no es un lugar de espiritualidad de llanero solitario. Tampoco son malas todas las ciudades, como Babilonia, la madre de las prostitutas (capítulo 17; ver meditación del 26 de diciembre). Esta ciudad, la nueva Jerusalén, se describe de muchas maneras llenas de símbolos para ilustrar su maravilla y su gloria, tantas que no se pueden tratar todas aquí. Pero notemos que está construida como un cubo perfecto. Esto no se refiere a su arquitectura, al igual que la falta de mar no se refiere a los aspectos hidrológicos del fin. El cubo es simbólico: sólo hay un cubo en el Antiguo Testamento y es el Lugar Santísimo del templo, donde únicamente el sacerdote podía entrar, una vez al año, llevando sangre por sus propios pecados y por los pecados del pueblo. Ahora la ciudad entera es el Lugar Santísimo: en la consumación, todo el pueblo de Dios se encuentra perennemente en el esplendor ilimitado de su gloriosa presencia.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 364). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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