La tríada paulina

15 OCTUBRE

1 Reyes 18 | 1 Tesalonicenses 1 | Ezequiel 48 | Salmo 104

Estoy tentado a comentar un poco más la tríada paulina que aparece en 1 Tesalonicenses 1:3 (ver meditación del 11 de octubre), pero la confrontación en el Monte Carmelo (1 Reyes 18) me reclama.

Lo más chocante de esta confrontación es que era necesaria. Se trata del pueblo de Dios, el del pacto. No es que Dios nunca se les hubiera revelado. La mente colectiva de las diez tribus del reino del norte prácticamente ha abandonado su legado. Cuando Elías desafía al pueblo con las palabras: “Hasta cuándo vais a seguir indecisos? Si el Dios verdadero es el Señor, debéis seguirlo; pero si es Baal, seguidle a él” (18:21), el pueblo no dice nada.

No obstante, antes de que nos embarquemos en un discurso de juicio y superioridad, debemos reflexionar sobre cuán frecuentemente la iglesia se ha descarrilado. El Gran Despertar fue un movimiento poderoso del Espíritu de Dios y, sin embargo, un siglo más tarde, muchas de las iglesias que se habían llenado de nuevos conversos, teología sólida y vida piadosa habían degenerado hasta llegar al unitarismo. ¿Quién iba a decir que la tierra que nos regaló a Lutero y la Reforma nos daría también a Hitler y el Holocausto? ¿Por qué el evangelicalismo del siglo XX que se propagó enormemente entre, digamos, 1930 y 1960, produjo tanta variedad de personas autodenominadas como evangélicos que ningún líder eclesial del período anterior hubiera reconocido como tal? La triste realidad es que la memoria humana es corta, selectiva y ventajista. Más aún, cada nueva generación comienza desde un punto de partida distinto. Como todos sus miembros necesitan convertirse, la iglesia siempre se halla a una o dos generaciones de la posibilidad de extinguirse. Si olvidamos este sencillo hecho, podemos fácilmente dormirnos en los laureles cuando estamos cómodos y, de alguna manera, perder de vista nuestra misión y ciertamente también a nuestro Hacedor y Redentor.

La preparación en el Monte Carmelo fue espectacular: un profeta contra 850, Yahvé contra Baal, a quien se le conocía como el dios del fuego. Es como si Elías hubiera organizado la competencia en la cancha de Baal. Sus palabras burlonas encienden a los falsos profetas y estos se vuelcan en una orgía de autoflagelación (18:28). Por instrucción de Dios (18:36), Elías disminuye las probabilidades al empapar el sacrificio que está preparando. Luego, por la noche, su propia y breve oración trae fuego fulminante del cielo y el pueblo clama: “¡El Señor es Dios, el Dios verdadero!” (18:39). Y como respuesta a la intercesión de Elías, regresa la lluvia a la tierra reseca.

En la profundidad del corazón de muchos cristianos, algo grita: “¡Hazlo otra vez!” No es que busquemos exactamente lo mismo, sino una clara confrontación que provoque la confesión masiva y decidida del Dios verdadero.

¿Pero todo esto, cambió a Israel? ¿Por qué o por qué no?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 288). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Orar en el nombre de Jesús

domingo 15 octubre

(Jesús dijo:) Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Juan 14:13

Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

1 Juan 5:14-15

Orar en el nombre de Jesús

El Señor enseñó a sus discípulos a orar al Padre en su “nombre”. ¿Qué significa esto? Por supuesto, no significa decir: «en el nombre de Jesús», como una fórmula de cortesía escrita al final de una carta. Tampoco es una fórmula mágica que obligaría a Dios a respondernos. Lo que cuenta no son las palabras, sino el pensamiento y la fe con las cuales las pronunciamos. Pedir en el nombre del Señor significa hacer peticiones siendo conscientes de que él mismo podría formularlas, que son según su voluntad.

Su “nombre” designa su persona, lo que él es verdaderamente. Por ello, orar en el nombre de Cristo significa orar deseando estar de acuerdo con él. Una oración no tendría que acabar con las palabras «en el nombre de Jesús» o algo equivalente, si no es expresada con el deseo, del que ora, de ser sometido al Señor.

Debemos orar “para que el Padre sea glorificado en el Hijo”. ¡La gloria de Dios!, poderoso motivo para guiar nuestras peticiones. Así se evitarán ciertas oraciones egoístas o superficiales. No hay límite para los temas de oración, pero tratemos de expresarlos bajo la mirada del Señor, con toda sinceridad. ¡Así es como la oración expresa nuestra confianza, nos renueva, nos tranquiliza!

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia” (Efesios 6:18).

Nehemías 1 – Juan 6:22-40 – Salmo 118:1-4 – Proverbios 25:12-13

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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EL LOGRO DE UNA MENTE COMPRENSIVA

EL LOGRO DE UNA MENTE COMPRENSIVA

10/14/2017

Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

Santiago 1:3

Nunca dude que las pruebas lograrán algo positivo. Están destinadas a producir “paciencia” o, mejor traducido, “resistencia” o “perseverancia”. Con cada prueba forjamos la tenacidad de espíritu que resiste bajo presión mientras esperamos con paciencia que Dios quite la prueba a su debido tiempo y entonces nos recompensa. Eso nos fortalece a medida que obtenemos más resistencia.

Dios nos edifica de la misma manera que un corredor va desarrollando poco a poco la capacidad de correr largas distancias. Él comienza por lo más insignificante y va aumentando hasta la capacidad máxima. Dios permite mayores pruebas en nuestra vida a fin de aumentar nuestra resistencia para un mayor servicio y gozo, ya que cuanto más difícil la batalla, tanto más grata la victoria. Cuando usted sale de una prueba difícil, puede regocijarse por la liberación que Dios le ha dado. Eso prueba que se puede confiar en Él, y eso fortalece su fe.

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Dios sana por medio de la humillación

OCTUBRE, 14

Dios sana por medio de la humillación

Devocional por John Piper

He visto sus caminos, pero lo sanaré; lo guiaré y le daré consuelo a él y a los que con él lloran, poniendo alabanza en los labios. Paz, paz al que está lejos y al que está cerca —dice el Señor— y yo lo sanaré. (Isaías 57:18-19)

A pesar de la gravedad de la enfermedad de la rebelión y de la obstinación del hombre, Dios sanará. ¿Cómo lo hará? El versículo 15 dice que Dios habita con el contrito y el humilde, pero aun así, el versículo 17 relata que estas mismas personas siguen desviándose en su propio camino con obstinación y descaro. ¿Cuál será la cura?

Solo hay una alternativa. Dios los sanará humillándolos. Curará al paciente haciendo trizas su orgullo. Si solo el contrito y el humilde gozan de la comunión con Dios (v. 15), y si la enfermedad de Israel es su rebelión soberbia y obstinada (v. 17), y si Dios promete curar a su pueblo (v. 18), entonces el remedio debe ser la humillación, y la cura, un espíritu contrito.

¿No es esta manera de profetizar de Isaias lo que Jeremías llamó el nuevo pacto y el nuevo corazón? Él decía: «He aquí, vienen días —declara el Señor— en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto… Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo» (Jeremías 31:3133).

Tanto Isaías como Jeremías veían el tiempo en que un pueblo enfermo, desobediente y de corazón endurecido cambiaría sobrenaturalmente. Isaías habla en términos de sanidad. Jeremías habla de la ley que sería escrita en sus corazones.

Por consiguiente, la cura de Isaías 57:1 consiste en un trasplante de corazón en el cual el corazón viejo, duro, orgulloso y rebelde es quitado y un corazón nuevo, dócil y tierno es puesto en su lugar. Este corazón nuevo puede ser humillado y contristado por el recuerdo del pecado y por el pecado que aún permanece.

Es un corazón en el cual Aquel quien es majestuoso y cuyo nombre es Santo puede habitar y dar vida.

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Devocional tomado del sermón “El Sublime, Aquél cuyo Nombre es Santo”

Y no os conforméis a este siglo

14 de octubre

«Y no os conforméis a este siglo».

Romanos 12:2

Si un cristiano pudiese por casualidad ser salvado a pesar de conformarse a este mundo, tendría que serlo, de cualquier forma, «así como por fuego». Tan mísera salvación debería temerse casi tanto como se desea. Lector, ¿quieres dejar este mundo entre las sombras de un desesperado lecho de muerte y entrar en el Cielo como un marinero náufrago que trepa por las rocas de su país nativo? Entonces, sé un mundano; mézclate con los adoradores de Mamón y niégate a salir fuera del campamento llevando el vituperio de Cristo. ¿Quieres, por el contrario, tener un Cielo aquí abajo a la vez que otro allá arriba? ¿Deseas comprender con todos los santos cuál sea la altura y la profundidad y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento? ¿Quieres obtener una amplia y generosa entrada en el gozo de tu Señor? Entonces, sal de en medio de ellos y apártate y no toques lo inmundo. ¿Quieres lograr la plena certidumbre de fe? Ten presente que no la podrás conseguir mientras te juntes con los pecadores. ¿Quieres inflamarte de vehemente amor? Entonces, cuídate; porque, de lo contrario, ese amor se verá apagado por el compañerismo con los impíos. Mientras cedas a los principios mundanos y a las vulgares costumbres de los hombres del mundo, no podrás llegar a ser un gran cristiano; quizá seas un niño en la gracia, pero nunca serás un hombre perfecto en Cristo Jesús. Es malo que un heredero del Cielo tenga mucha amistad con los herederos del Infierno: cabe sospechar que algo anda mal cuando un cortesano mantiene demasiada intimidad con los enemigos de su rey. Las pequeñas polillas destruyen vestidos costosos, y un poco de frivolidad y otro poco de ruindad privarán a la religión de mil deleites. Tú que profesas ser cristiano pero, sin embargo, estás tan poco separado de los pecadores, ¡no sabes lo que pierdes por conformarte al mundo! Esa conformidad rompe los tendones de tu fuerza y te hace gatear en lugar de correr. Entonces, en bien de tu propio solaz y de tu crecimiento en la gracia, si eres cristiano, sé cristiano: pero un cristiano señalado y distinto.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 298). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Desarrolle un fundamento firme

14 Octubre 2017

Desarrolle un fundamento firme
por Charles R. Swindoll

Salmos 127 y 128

Los salmos 127 y 128, un par de canciones acerca del hogar, comienzan hablando del fundamento. ¿Cómo se puede establecer un legado familiar que sobreviva las crisis inevitables y siga mejorando por generaciones?

El comienzo del hogar

Si el Señor no edifica la casa
en vano trabajan los que la edifican.
Si el Señor no guarda la ciudad
en vano vigila el guardia.
En vano se levantan de madrugada
y van tarde a reposar
comiendo el pan con dolor;
porque a su amado dará Dios el sueño 
(Salmo 127:1-2).

Estos dos versículos transmiten dos puntos cruciales:

1. El Señor mismo es el centro de nuestro hogar (v. 1). La repetición enfática de la frase, «Si el Señor no…» nos dice que la participación de Dios es absolutamente esencial. Por supuesto, el Señor no viene literalmente con un martillo a «edificar una casa» tampoco anda con un arma para «proteger la ciudad», literalmente. El significado aquí es que una relación con Dios que se basa en la obediencia a Su Palabra, ella debe ser la guía espiritual emocional y mental de cada decisión que tomamos, si queremos que el hogar o la nación se mantenga firme. Él debe ser el centinela invisible de la ciudad y se debe confiar en Él totalmente antes que pensar que  una ciudad es segura. Si ese no es el caso, todo es «en vano» (también se menciona dos veces). De hecho, en la estructura de la oración hebrea al igual que en la estructura hispana, la frase «en vano» se escribe al principio de la oración para dar énfasis:

… en vano trabajan los que la edifican.
… en vano vigila el guardia.

No importa cuanto se esfuerce, cuanto luche, cuanto se preocupe o cuanto planee; si la relación con el Señor no es la médula principal de su hogar y si la obediencia a su Palabra no guía todas las decisiones que usted hace, ningún esfuerzo adicional suyo podrá hacer que su hogar no se destruya.

2. El Señor mismo debe ser el centro de nuestra vida en nuestro trabajo (v. 2). En contexto con estas dos canciones, el versículo 2 se refiere a esas largas y pesadas horas de trabajo diario. El punto aquí es que todas esas horas largas y difíciles en sí mismas no podrán generar un hogar feliz y piadoso. Lo único que usted obtendrá es dolor. Note también que si el Señor es el primero en nuestras vidas, Él nos recompensará aun en nuestro sueño. Una vida piadosa incluye momentos de descanso y relajación.

Hay un dicho antiguo griego que aprendí hace muchos años: «Si el arco se sigue doblando terminará rompiéndose». Piense en ello. Tal vez usted sea un padre de familia que se ha llenado de ocupaciones y ahora su vida es demasiado tensa y demasiado preocupada. Si es así, Dios dice que Él le recompensará aun en su sueño. Aunque usted siente que es difícil ponerse descansar, hágalo. Por otro lado, si el Señor no es el núcleo de su vida, todo el trabajo que usted haga no va a sustituir a Dios. Las horas largas y dolorosas, levantarse temprano hoy y acostarse tarde, nunca reemplazarán la presencia de Dios en su hogar. El dinero no puede reemplazar a Cristo. Tampoco esas cosas o promesas que le digan que las circunstancias cambiarán «algún día». Por esa razón, debemos comprender que el fundamento de un hogar feliz se basa en que Cristo sea el primero. Usted debe ser un creyente en el Señor Jesucristo y usted debe casarse con alguien que sea creyente también y desee establecer un hogar que tenga fuerza y estabilidad. La obediencia a los mandatos y a los principios de la Escritura se convierte entonce en un valor definitivo cuando uno desea edificar una familia sólida.

Afirmando el alma
Dedique un tiempo individual con cada uno de los miembros de su familia para hablar acerca de su relación con Dios. ¿Cada uno de ellos le ha entregado su vida a Jesucristo y ha aceptado el regalo de vida eterna? ¿Cada uno de los miembros de la familia ve la Palabra de Dios como su guía para tomar decisiones y como su parámetro de conducta?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Carta de Pablo

14 OCTUBRE

1 Reyes 17 | Colosenses 4 | Ezequiel 47 | Salmo 103

En varios momentos del Nuevo Testamento, se nos presentan breves semblanzas de grupos de personas cristianas. Romanos 16 nos ofrece uno de estos retratos, y Colosenses 4:7–18 nos presenta otro. Los hombres y las mujeres que se mencionan brevemente vivieron vidas complejas y entrelazadas, de las cuales no sabemos casi nada. Pero son nuestros hermanos y hermanas en Cristo: se enfrentaron a la tentación, superaron desafíos, ejecutaron tareas muy diferentes y llevaron a cabo su papel en diversos estratos de la sociedad. La mirada breve que se nos ofrece aquí alimenta nuestra imaginación; nuestra curiosidad más plena será satisfecha sólo en el cielo.

Algunos comentarios nos pueden ofrecer pistas sobre lo que se puede aprender de la información que suministra la carta de Pablo.

(1) Pablo mantenía un grupo de personas trabajando con él. Una de sus funciones era viajar entre los lugares donde estaba Pablo y las iglesias de las cuales él se sentía responsable. Si combinamos las cartas de Pablo con el libro de los Hechos, es posible trazar algunas de las rutas constantes de viaje. Aquí, Pablo envía a Tíquico a los colosenses con un propósito explícitamente pastoral (4:7–8).

(2) El “Marcos” del que se habla en el 4:10, con toda seguridad era Juan Marcos, el autor del segundo Evangelio. Aquí se le identifica como pariente de Bernabé. Esto podría explicar parcialmente la disputa entre Bernabé y Pablo en cuanto a si se le debería dar a Marcos una segunda oportunidad después de que este abandonara la primera expedición misionera (Hechos 13:5, 13; 15:37–40). Ciertamente, ya al final del ministerio de Pablo, Marcos había sido restaurado ante los ojos del apóstol (2 Timoteo 4:11).

(3) Los colaboradores de Pablo solían incluir judíos y gentiles (4:11). No hace falta mucha imaginación para reconocer los retos y tensiones que nacían de este arreglo, así como las bendiciones y riquezas.

(4) Epafras surge como un modelo formidable. Siempre está “luchando en oración” por los creyentes colosenses. Lo que pide, sobre todo lo demás, es que ellos, “plenamente convencidos, os mantengáis firmes, cumpliendo en todo la voluntad de Dios.” (4:12). ¡Cuánta necesidad hay hoy día en la iglesia de Cristo de guerreros de oración con un énfasis como este!

(5) El “Lucas” que se menciona en el 4:14 seguramente era el autor del tercer Evangelio y del libro de los Hechos, y era gentil (puesto que aparece en la sección de los gentiles dentro de esta lista, 4:11ss). Esto le convierte en el único escritor gentil de un documento del Nuevo Testamento. A Demas se le menciona en la misma frase, pero probablemente este es el mismo que al final abandona la misión y el evangelio (2 Timoteo 4:10). Los buenos comienzos no garantizan buenos finales.

(6) Las iglesias del primer siglo no tenían edificios propios. Los creyentes se reunían regularmente en los hogares de los miembros más adinerados. Ninfas, de Laodicea, era una de las mujeres ricas de una ciudad próspera, y la iglesia se congregaba en su casa (4:15).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 287). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Hoy o mañana veremos a Jesús

Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades (estancia de los muertos).

Apocalipsis 1:17-18

Hoy o mañana veremos a Jesús

Toda persona que ha escuchado el Evangelio debe responder al mensaje de Jesucristo. No responder equivale a decir no. Un día cada uno de nosotros tendrá que encontrarse con Jesús. ¡Nadie escapará a este encuentro! La esperanza del cristiano es ver a su Salvador cara a cara para estar siempre con él. Los que no creen también verán a Jesús, pero como su juez.

Hoy muchas personas no se interesan en Dios y hacen como si no existiese. Pero un día “toda rodilla” se doblará en el nombre de Jesús, y “toda lengua” confesará que “Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:10-11). El plan de Dios se ejecutará. “El consejo del Señor permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones” (Salmo 33:11).

En el día del juicio todos, sin excepción, tendrán que rendir cuentas de su vida a Jesús. Los que lo hayan rechazado como Salvador serán privados eternamente de toda relación con Dios y sufrirán por ello (Mateo 25:46). Este solemne hecho se aplica a todos y confiere al evangelio una importancia capital. “Toda rodilla” y “toda lengua”, dice la Escritura. “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá” (Apocalipsis 1:7).

Un día, los que no hayan creído serán condenados justamente, y su castigo será una destrucción eterna (2 Tesalonicenses 1:9).

Pero ahora Jesucristo perdona y salva a todos los que aceptan gratuitamente su gracia. ¡Vaya a él hoy mismo!

Esdras 10 – Juan 6:1-21 – Salmo 117 – Proverbios 25:11

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Un público obligado a escuchar

Un público obligado a escuchar

10/13/2017

Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César.

Filipenses 4:22

No todo sufrimiento es físico. A veces pasamos por sufrimientos emocionales y mentales. Pablo estaba preso en Roma cuando escribió a los filipenses. Se había reducido mucho su ministerio; no obstante, les dijo a los filipenses que su encarcelamiento en realidad había contribuido al adelanto del evangelio. Estando encadenado a soldados romanos, tuvo la oportunidad de ganarlos para el Señor (v. 13).

Estaba ocurriendo una especie de avivamiento en el palacio del César, que evidentemente llevó a la salvación de algunos, como lo indica el versículo de hoy. Los soldados no sabían a quién tenían en sus manos: creían que tenían un preso, pero en realidad tenían a un evangelista para quienes ellos eran un público que no tenía más remedio que escuchar! ¡Qué ejemplo de regocijo en medio de una situación frustrante y desalentadora!

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El Señor y Siervo

OCTUBRE, 13

El Señor y Siervo

Devocional por John Piper

A fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. (Efesios 2:7)

Para mí, la imagen más impactante de toda la Biblia acerca de la segunda venida de Cristo es la de Lucas 12:35?37, donde se describe el regreso de un amo del banquete de bodas:

«Estad siempre preparados y mantened las lámparas encendidas, y sed semejantes a hombres que esperan a su señor que regresa de las bodas, para abrirle tan pronto como llegue y llame. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá».

Es cierto que a nosotros se nos llama siervos, y no hay duda de que quiere decir exactamente lo que ese término significa. Sin embargo, lo maravilloso de esta imagen es que el amo se empeña en servir aún en la era que viene, cuando aparecerá en toda su gloria «con sus poderosos ángeles en llama de fuego» (2 Tesalonicenses 1:7-8). ¿Por qué?

Porque en el mismo centro de su gloria se halla la plenitud de la gracia, que se desborda en forma de bondad hacia las personas necesitadas. Su objetivo es «mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús» (Efesios 2:7).

¿En qué consiste la grandeza de nuestro Dios? ¿Qué lo hace único en el mundo? La respuesta se encuentra en Isaías: «Desde la antigüedad no habían escuchado ni dado oídos, ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él» (Isaías 64:4).


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 169

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