¿Qué es falsa doctrina?

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¿Qué es falsa doctrina?

La doctrina es un «conjunto de ideas o creencias que se enseñan o se creen como ciertas». La doctrina bíblica se refiere a las enseñanzas que se alinean con la palabra revelada de Dios, la biblia. La falsa doctrina es cualquier idea que anula, contradice, agrega o quita a la doctrina dada en la palabra de Dios. Por ejemplo, cualquier enseñanza acerca de Jesús que niega su nacimiento virginal es una doctrina falsa, pues contradice la clara enseñanza de las escrituras (Mateo 1:18).

Ya desde el primer siglo después de Cristo, la falsa doctrina estaba infiltrándose en la iglesia, y muchas de las cartas del nuevo testamento fueron escritas para abordar esos errores (Gálatas 1:6-9; Colosenses 2:20-23; Tito 1:10-11). Pablo exhortó a su discípulo Timoteo a que se protegiera de aquellos que estaban vendiendo las herejías y confundiendo la grey: «Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe…» (1 Timoteo 6:3-4).

Como seguidores de Cristo, no tenemos excusa para permanecer ignorantes de la teología, porque tenemos «todo el consejo de Dios» (Hechos 20:27) disponibles para nosotros – la biblia es completa. Mientras «procuramos con diligencia presentarnos a Dios aprobados» (2 Timoteo 2:15), tenemos menos probabilidades de ser engañados por charlatanes lisonjeros y falsos profetas. Cuando conocemos la palabra de Dios, «ya no somos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error» (Efesios 4:14).

Es importante señalar la diferencia entre la falsa doctrina y desacuerdos denominacionales. Diferentes grupos congregacionales ven temas secundarios en las escrituras de manera diferente. Estas diferencias no son siempre debido a la falsa doctrina por parte de alguien. Las políticas de la iglesia, decisiones de los líderes, el estilo de la adoración, etc., todos están abiertos a discusión, ya que no se tratan directamente en las escrituras. Incluso aquellos temas que se abordan en las escrituras a menudo son debatidos por discípulos de Cristo igualmente sinceros. Las diferencias en la interpretación o en la práctica, no califican necesariamente como una falsa doctrina, ni tampoco deben dividir el cuerpo de Cristo (1 Corintios 1:10).

La falsa doctrina es aquella que se opone a una verdad fundamental o a una verdad que es necesaria para la salvación. Los siguientes son algunos ejemplos de falsa doctrina:

• Eliminar el infierno. La biblia describe el infierno como un verdadero lugar de tormento eterno, el destino de cada alma no regenerada (Apocalipsis 20:15; 2 Tesalonicenses 1:8). El negar el infierno contradice directamente las propias palabras de Jesús (Mateo 10:28; 25:46) y es por lo tanto una falsa doctrina.

• La idea de que hay «muchos caminos para llegar a Dios». Esta filosofía se ha vuelto popular recientemente bajo el disfraz de la tolerancia. Esta falsa doctrina sostiene que, puesto que Dios es amor, Él aceptará cualquier esfuerzo religioso con tal que el practicante sea sincero. Tal relativismo se burla de toda la biblia y elimina de forma eficaz cualquier necesidad de que el Hijo de Dios tome forma de hombre y sea crucificado por nosotros (Jeremías 12:17; Juan 3:15-18). También contradice las palabras directas de Jesús respecto a que Él es el único camino a Dios (Juan 14:6).

• Cualquier enseñanza que redefina la persona de Jesucristo. La doctrina que niega la deidad de Cristo, el nacimiento virginal, Su vida sin pecado, Su verdadera muerte o Su resurrección física, es falsa doctrina. Una cristología descarriada por parte de algún grupo, se identifica fácilmente como una secta o culto que pueda pretender ser cristiano, pero que en realidad está enseñando falsa doctrina. Incluso muchas denominaciones importantes han comenzado un rápido deslizamiento hacia la apostasía declarando que ya no se aferran a la interpretación literal de la escritura o a la deidad de Cristo. 1 Juan 4:1-3 deja claro que una negación de la Cristología bíblica es «anti-Cristo». Jesús describió a los falsos maestros dentro de la iglesia como «lobos vestidos de ovejas» (Mateo 7:15).

• La enseñanza que añade obras religiosas humanas a la obra consumada de Cristo en la cruz como elementos necesarios para la salvación. Esta enseñanza puede declarar de labios para afuera que la salvación es solo por fe, sin embargo insiste en que un ritual religioso (como el bautismo de agua) es salvífico. Algunos grupos incluso legislan estilos de peinados, opciones de vestimenta y el consumo de alimentos. Romanos 11:6 advierte en contra de los intentos de mezclar la gracia con las obras. Efesios 2:8-9 dice que somos salvos por la gracia de Dios, por medio de la fe, y nada de lo que hagamos puede añadirle o quitarle a la salvación. Gálatas 1:6-9 proclama una maldición sobre cualquiera que cambia las buenas nuevas de la salvación por gracia.

• La enseñanza que presenta la gracia como una licencia para pecar. Esta falsa doctrina implica que lo único que se debe hacer para estar bien delante de Dios es creer en los hechos acerca de Jesús, hacer una oración en algún momento y, luego, retomar el control de su vida con la garantía del cielo al final. Pablo trata con esta forma de pensar en Romanos 6. 2 Corintios 5:17 dice que aquellos que están «en Cristo» llegan a ser «nuevas criaturas». Esa transformación, en respuesta a la fe del creyente en Cristo, cambia los comportamientos externos. Conocer y amar a Cristo es obedecerle (Lucas 6:46).

Satanás ha estado confundiendo y pervirtiendo la palabra de Dios desde el Jardín del Edén (Génesis 3:1-4; Mateo 4:6). Los falsos maestros, los siervos de Satanás, intentan aparecer como «siervos de justicia» (2 Corintios 11:15), sin embargo se conocerán por sus frutos (Mateo 7:16). Un charlatán que promociona falsa doctrina, mostrará señales de soberbia, avaricia, y rebelión (vea Judas 1:11) y a menudo promoverá o participará en inmoralidad sexual (2 Pedro 2:14; Apocalipsis 2:20).

Somos sabios para reconocer cuán vulnerables somos a la herejía y que lo convirtamos en un hábito como los hacían los de Berea en Hechos 17:11: «éstos… escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así». Cuando nuestro objetivo es seguir el ejemplo de la iglesia primitiva, vamos a ir muy lejos para evitar los peligros de la falsa doctrina. Hechos 2:42 dice, «Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones». Esa devoción nos protegerá y nos aseguraremos de que estamos en el camino que Jesús nos mostró.

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¿Hay poder en la confesión positiva?

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¿Hay poder en la confesión positiva?

La confesión positiva es la práctica de decir en voz alta lo que desea que pase con la esperanza de que Dios lo haga realidad. Es popular entre los seguidores del evangelio de la prosperidad, quienes afirman que las palabras tienen poder espiritual y que, si decimos en voz alta las palabras correctas con la fe correcta, podemos obtener riquezas y salud, atar a Satanás, y lograr cualquier cosa que queramos. Confesar positivamente es decir palabras que creemos o queremos creer, haciéndolas realidad. Esto se opone a la confesión negativa, que consiste en reconocer dificultades, pobreza y enfermedad y, por lo tanto, (supuestamente) aceptarlas y rechazar la comodidad, riqueza y salud que Dios ha planeado para nosotros.

Hay varias cosas equivocadas con esta filosofía. Lo más peligroso es la creencia de que las palabras tienen una especie de poder mágico espiritual, que podemos utilizar para conseguir lo que queremos. La práctica no se obtiene de verdades bíblicas, sino de un concepto de la nueva era llamado la «ley de la atracción». Enseña que «los polos iguales se atraen», una declaración o pensamiento positivo atraerá una reacción positiva. Todo está impregnado de la presencia y el poder de Dios, no de «Dios» como el creador omnipresente, sino de un «dios» en una forma hinduista/panteísta. El resultado claro es la idea de que nuestras palabras tienen el poder para obligar a Dios que nos dé lo que queremos (una creencia herética). Adicionalmente, los resultados que se atribuyen a la confesión positiva son empoderados por la fe de la persona. Esto conduce a la antigua creencia de que la enfermedad y la pobreza son un tipo de castigo por el pecado (en este caso, la falta de fe). Juan 9:1-3 y todo el libro de Job refutan esto.

El segundo problema es que el evangelio de la prosperidad malinterpreta las promesas de Dios. «Confesión» es estar de acuerdo con lo que Dios ha dicho; «la confesión positiva» está exigiendo deseos humanos. Las personas que impulsan la confesión positiva, dicen que la práctica es simplemente reafirmar las promesas de Dios como fueron dadas en la biblia. Sin embargo, ellos no diferencian entre las promesas universales que Dios hizo a todos Sus seguidores (por ejemplo, Filipenses 4:19) y las promesas personales hechas a los individuos en un momento determinado para un propósito en particular (por ejemplo, Jeremías 29:11). Ellos también tergiversan las promesas que Dios nos da, negándose a aceptar que el plan que Dios tiene para nuestras vidas, no puede coincidir con el nuestro (Isaías 55:9). Una vida libre de preocupaciones y perfecta, es la antítesis de lo que Jesús dijo que la vida cristiana sería y las vidas que Sus seguidores vivieron. Jesús no prometió prosperidad; Él prometió dificultades (Mateo 8:20). Él no prometió que todas nuestros anhelos serían cumplidos; Él prometió que tendríamos lo que necesitáramos (Filipenses 4:19). Él no promete paz en una familia; prometió que las familias tendrían problemas sabiendo que algunos decidirían seguirlo y otros no (Mateo 10:34-36). Y Él no prometió salud; prometió llevar a cabo Su plan para nosotros y la gracia en las dificultades (2 Corintios 12:7-10).

Otro problema con la confesión positiva es que, a pesar de que se entiende que las «confesiones» se refieren a las cosas en el futuro, muchas de las afirmaciones son simplemente mentiras. Sin duda, el afirmar verbalmente la fe en Dios por parte de alguna persona y la liberación por medio del sacrificio de Jesús, es bueno, el proclamar: «Yo siempre obedezco a Dios», o «Yo soy próspero», es algo engañoso y muy posiblemente está en contra de la voluntad de Dios a la cual estamos llamados a aferrarnos. Las «confesiones» acerca de otras personas son particularmente preocupantes. Dios nos ha dado a cada uno de nosotros la libertad para servirle o para rebelarnos contra Él de manera individual; afirmar lo contrario es una necedad.

Finalmente, la biblia es muy clara en que «la confesión negativa» no niega las bendiciones de Dios. Los Salmos están llenos de clamores a Dios para obtener liberación, y en el Salmo 55:22 y 1 Pedro 5:7 se nos exhorta a seguir ese ejemplo. Incluso Jesús fue ante el Padre celestial con claridad sobre la situación y solicitando una ayuda (Mateo 26:39). El Dios de la biblia no es un Santa Claus cósmico (Santiago 4:1-3). Él es un Padre amoroso que quiere estar involucrado en las vidas de Sus hijos, en lo bueno y en lo malo. Solo cuando nos humillamos a nosotros mismos y le pedimos ayuda, es que Él nos liberará de las circunstancias o nos dará la fortaleza para atravesarlas.

¿Tienen algún valor la confesión positiva? En cierto modo, aquellos que confían en que pueden resolver un problema, generalmente están más relajados y son más creativos. Se ha demostrado que un estado de ánimo optimista mejora la salud. Y las personas felices suelen tener suficiente distancia emocional entre ellos mismos y los demás para darse cuenta de pistas sutiles que podrían conducir al éxito de las operaciones comerciales y personales. Además, cuando alguien expresa constantemente los objetivos, estos se mantienen a la vanguardia; aquellos que constantemente piensan en conseguir más dinero, actuarán como corresponde.

Los peligros de la confesión positiva superan ampliamente los beneficios. Todas las ventajas que hemos enumerado son psicológicas y de alguna manera fisiológicas, no espirituales. El único beneficio espiritual que se tiene, es el hecho de que las personas que esperan que Dios se mueva, son más propensas a ver la mano de Dios en las situaciones. Pero las palabras no son magia. Nuestra función con nuestro Padre Celestial no es exigirle, sino pedirle ayuda, confiar y darnos cuenta de que nuestras bendiciones no dependen de la fortaleza de nuestra fe, sino de Su plan y Su poder.

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¿Hay algún poder en el pensamiento positivo?

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¿Hay algún poder en el pensamiento positivo?

Una definición del «pensamiento positivo» es «el acto de revisar los procesos de pensamiento y las acciones que generan, con el fin de identificar áreas que requieren mejoras y luego usando las herramientas apropiadas para cambiar esos pensamientos o acciones de una manera positiva, y orientada a la meta». Mientras parece relativamente inofensivo, el problema radica en la creencia de que existe algún tipo de poder sobrenatural en el pensamiento positivo. En esta época del Evangelio de la prosperidad, hay muchas doctrinas falsas confundiendo a los creyentes y los no creyentes por igual. Estas falsas doctrinas son siempre las mismas — ideas humanas con diversos títulos que se disfrazan como verdad. Una tal noción es el poder del pensamiento positivo.

La idea del poder del pensamiento positivo en las últimas décadas fue popularizada por el Dr. Norman Peale con su libro El Poder Del Pensamiento Positivo (1952). La teoría dice que la gente puede cambiar resultados y eventos futuros por «pensarlos» en existencia. El Dr. Peale usó defectuosos conceptos religiosos, así como teorías psicológicas subjetivas para promover una versión falsa de fe y esperanza. La teoría es parte del movimiento «autoayuda» por la que una persona intenta crear su propia realidad con esfuerzos humanos. Pero la realidad es verdad, y la verdad se encuentra en la Biblia. La gente no puede crear su propia realidad fantaseando o tratando de pensarla en existencia. Por lo tanto, la teoría del Dr. Peale es deficiente porque él no basa su teoría en la verdad.

Los defensores del pensamiento positivo afirman que su investigación apoya la validez de la teoría. Sin embargo, el cuerpo de datos se debate extensamente. Algunas conclusiones actuales sugieren que hay una correlación positiva entre una percepción positiva y la realización, pero esto es una gran diferencia de pensamientos positivos que crean un resultado. Esta investigación sugiere que la gente que tiene actitudes positivas tiende a tener un amor propio más alto y mejores experiencias cuando comparado con la gente que tiene perspectivas pesimistas. Por otra parte, como el libro del Dr. Peale, no hay ningunas pruebas verificadas para apoyar que los pensamientos pueden controlar los resultados.

Lo que la ciencia no puede contestar, la Biblia puede y realmente contesta. Lamentablemente, la Biblia dice que el hombre no puede ser «bueno» solo (Isaías 64:6). El único «bien» en nosotros es Jesús, y la única persona con Jesús es la que le acepta como Salvador (Efesios 2:1-5). El intento de impresionar a hombres o a Dios a través de nuestras obras es sin esperanza porque sin Cristo no podemos hacer nada justo (Juan 15:5; Romanos 8:7-8). Una vez que el Espíritu Santo entra en el corazón del creyente, Él comienza nuestro proceso de santificación. La santificación es el poder transformativo del Espíritu Santo de hacernos como Jesús. Sólo con el poder del Espíritu Santo puede un ser humano decir no a su carne pecaminosa. Aún así, no somos nosotros capaces de realizar buenas obras, pero Cristo a través de nosotros. Parecemos a un guante, y Él es la mano. Jesús trabaja en y a través de nosotros para hacer Su voluntad.

Así pues, si queremos mejorarnos y hacer cambios positivos, no intentamos pensar más positivamente. La espiritualidad verdadera siempre comenzará y terminará con nuestra relación a Cristo. Además, el esfuerzo es la clave de cambiar la vida de alguien, no los pensamientos solos. La elección de una actitud parecida a la de Cristo y teniendo un espíritu obediente son tan positivos como el hombre puede ser.

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¿Qué es la gracia de Dios?

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¿Qué es la gracia de Dios?

La gracia es un tema constante en la Biblia, y culmina en el Nuevo Testamento con la venida de Jesús (Juan 1:17). La palabra traducida como «gracia» en el Nuevo Testamento proviene de la palabra griega charis, que significa «favor, bendición o bondad». Todos podemos extender la gracia a los demás, pero cuando la palabra gracia se usa en relación a Dios, adquiere un significado más potente. La gracia es que Dios nos escoge para bendecirnos en lugar de maldecirnos, a pesar de que nuestro pecado lo merece. Esta es su bondad a los indignos.

Efesios 2:8 dice, «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros». La única manera que cualquiera de nosotros pueda entrar en una relación con Dios, es por causa de su gracia hacia nosotros. La gracia comenzó en el jardín del Edén, cuando Dios mató un animal para cubrir el pecado de Adán y Eva (Génesis 3:21). Él podría haber matado a los primeros seres humanos en ese momento por su desobediencia, pero en lugar de destruirlos, Él escogió establecer un camino para que ellos estuvieran bien con Dios. Este patrón de gracia continuó a lo largo del Antiguo Testamento, cuando Dios instituyó sacrificios de sangre como una forma para expiar el pecado de los hombres. No fue la sangre de los sacrificios que limpió los pecadores; fue la gracia de Dios que perdonó a aquellos que confiaron en Él (Hebreos 10:4; Génesis 15:6).

El apóstol Pablo comenzó muchas de sus cartas con la frase: «Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Romanos 1:7; Efesios 1:1; 1 Corintios 1:3). Dios es el promotor de la gracia y toda otra gracia fluye de Él.

Dios muestra tanto la misericordia y la gracia, aunque no son lo mismo. La misericordia retiene un castigo que merecemos; la gracia otorga una bendición que no merecemos. En la misericordia, Dios escogió cancelar nuestra deuda de pecado por medio del sacrificio de su Hijo perfecto en nuestro lugar (Tito 3:5; 2 Corintios 5:21). Pero Él va aún más lejos que la misericordia y extiende la gracia a sus enemigos (Romanos 5:10). Él nos ofrece perdón (Hebreos 8:12; Efesios 1:7), reconciliación (Colosenses 1:19-20), vida en abundancia (Juan 10:10), tesoro eterno (Lucas 12:33), su Espíritu Santo (Lucas 11:13), y un lugar en el cielo con Él algún día, (Juan 3:16-18) cuando aceptamos su oferta y depositamos nuestra fe en su sacrificio.

La gracia es que Dios da el mayor tesoro a los que menos lo merecen — eso somos cada uno de nosotros.

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¿El Deconstruccionismo, ¿es una forma válida de interpretar la Biblia?

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¿El Deconstruccionismo, ¿es una forma válida de interpretar la Biblia?

El Deconstruccionismo es básicamente una teoría de la crítica textual o la interpretación que niega que haya un solo significado correcto o interpretación de un pasaje o texto. En el corazón de la teoría deconstruccionista de interpretación hay dos ideas principales. La primera es la idea que ningún pasaje o texto posiblemente puede transmitir un único mensaje coherente, consistente y confiable a todos los que lo leen o escuchan. La segunda es que el autor que escribió el texto es menos responsable del contenido de la pieza que son las fuerzas impersonales de la cultura como el lenguaje y su ideología inconsciente. Por lo tanto los principios básicos del deconstruccionismo son contrarios a la clara enseñanza de la Biblia que existe la verdad absoluta y de hecho podemos saberla (Deuteronomio 32:4; Isaías 65:16; Juan 1:17-18; Juan 14:6; Juan 15:26-27; Gálatas 2:5).

El enfoque deconstruccionista a la interpretación de la Biblia sale del postmodernismo y por lo tanto, es simplemente otra negación de la existencia de la verdad absoluta, que es una de las más graves falacias lógicas que cualquiera puede cometer. La negación de la verdad absoluta como una falacia lógica es una afirmación auto contradictoria. Nadie puede negar racionalmente la verdad absoluta porque al hacerlo uno se ve obligado a declarar un absoluto — que es lo que él dice no existe. Cuando alguien dice que no existe tal cosa como la verdad absoluta, pregúntalo, «¿Estás seguro de eso?» Si dice «Sí», entonces ha hecho una declaración contradictoria a su propia premisa.

Como otras filosofías que salen de la posmodernidad, el deconstruccionismo celebra la autonomía humana y determina la verdad por el intelecto del hombre. Por lo tanto, según el pensador posmoderno, toda verdad es relativa y no existe tal cosa como la verdad absoluta. En el corazón del postmodernismo y el pensamiento deconstructivista es el orgullo. El deconstructivista piensa que él puede descubrir una motivación personal o social detrás de lo que la Escritura dice y por lo tanto, puede determinar lo que «realmente dice». El resultado es una interpretación subjetiva del pasaje en cuestión. En lugar de aceptar lo que la Biblia realmente dice, el deconstructivista es lo suficiente arrogante para pensar que puede determinar el motivo detrás de lo que fue escrito y llegar al significado «real» u «oculto» del texto. Sin embargo, si uno tomara el deconstruccionismo hasta su conclusión lógica, entonces los resultados de la deconstruccionista se tendrían que ser reconstruidos para determinar lo que «realmente» dijo el deconstructivista. El razonamiento circular sin fin es contraproducente. Cuando uno piensa acerca de la falla de este tipo de pensamiento, uno es recordado de 1 Corintios 3:19, «Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos.»

El deconstructivista no estudia la Biblia con el fin de descubrir el significado previsto por el escritor sino para intentar discernir los motivos culturales y sociales de lo que fue escrito. El deconstructivista sólo está limitado en su interpretación de un pasaje por su propia imaginación. Para el deconstructivista, no hay ninguna interpretación correcta o incorrecta, y el significado del texto se convierte en lo que el lector quiere que sea. Uno podría imaginar lo que sucedería si los documentos legales tales como testamentos y títulos de propiedad fueron leídos de esta manera. Este enfoque de la Escritura es incapaz de reconocer la verdad fundamental que la Biblia es la comunicación objetiva de Dios a la humanidad y que el significado de los pasajes viene de Dios.

En lugar de pasar tiempo debatiendo el deconstruccionismo u otras teorías postmodernas, debemos concentrarnos en exaltar a Cristo y subrayar la suficiencia y la autoridad de las Escrituras. Romanos 1:21-22 resume la mayoría de los pensadores posmodernos que sostienen estas teorías como el deconstruccionismo: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.”

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«¿Debemos obedecer a nuestros pastores?»

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«¿Debemos obedecer a nuestros pastores?»

El versículo que trata más directamente con esta pregunta es Hebreos 13:17, «Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque eso no os es provechoso.»

A los pastores les duele profundamente ver como las personas ignoran el consejo de Dios que ellos dan. Cuando las personas ignoran la Palabra de Dios, lo hacen, no sólo en detrimento propio, sino también para detrimento de los que están a su alrededor. Los jóvenes tienen la tendencia a desatender el consejo de sus mayores, cometiendo el error de confiar en su propia sabiduría y en el consejo de su propio corazón. Un buen pastor comparte los preceptos de la Palabra de Dios porque desea de servir a Dios y darle a la congregación el alimento espiritual que ocasionará que experimenten la vida abundante que Jesús prometió (Juan 10:10).

Lo opuesto de un buen pastor es el «pastor falso» que no se toma a pecho el bienestar de la congregación, sino que está más interesado en mantener el control o ejercitar su señorío sobre otros, o aquel que no estudia la Palabra de Dios, y por lo tanto, enseña mandamientos de hombres en vez de los de Dios. Los fariseos del tiempo de Jesús eran culpables de ser «guías ciegos» (Mateo 15:14). Y existen repetidas advertencias acerca de falsos maestros en los Hechos, las Epístolas, y en el Apocalipsis. Debido a la existencia de estos líderes egoístas, puede que haya momentos en que desobedezcamos al hombre a fin de obedecer a Dios (Hechos 4:18-20). Sin embargo, las acusaciones en contra de un líder de la iglesia no deben ser hechas a la ligera, y deben ser corroboradas por más de un testigo (1 Timoteo 5:19).

Los buenos pastores valen su peso en oro. Generalmente trabajan demasiado y están mal remunerados. Soportan una gran responsabilidad, como Hebreos 13:17 dice que—un día habrán de dar cuenta de su ministerio delante de Dios. 1 Pedro 5:1-4 señala que no deben ser dictatoriales, sino que deben guiar con su ejemplo y sana doctrina (1 Timoteo 4:16) con humildad de corazón. Como Pablo, deben ser como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Los buenos pastores están dispuestos a darse a sí mismos por su congregación y gobiernan con gentileza (1 Tesalonicenses 2:7-12; Juan 10:11). Se caracterizan por su sincera devoción a la Palabra y a la oración (Hechos 6:4) para poder gobernar en el poder y la sabiduría de Dios y darle a la iglesia carne espiritual para producir cristianos sanos y vibrantes. Si esta es una descripción de su pastor, o está cerca de serlo (ningún hombre en la tierra es perfecto), él es digno de «doble honor» y obediencia, ya que declara las claras enseñanzas de Dios (1 Timoteo 5:17).

Entonces, la respuesta a la pregunta es, sí, debemos obedecer a nuestros pastores. También debemos orar por ellos siempre, pidiéndole a Dios que les otorgue sabiduría, humildad, amor por el rebaño, y protección, como ellos protegen a los que están a su cuidado.

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¿Qué dice la Biblia acerca del cáncer?

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¿Qué dice la Biblia acerca del cáncer?

La Biblia no dice nada concreto sobre la enfermedad del cáncer. Sin embargo, eso no significa que no aborda la cuestión de las enfermedades. El rey Ezequías estaba enfermo de una llaga (2º Reyes 20:6-8), que en realidad pudo haber sido el cáncer bajo un nombre diferente. Aunque la palabra cáncer no se encuentra en las Escrituras, hay condiciones descritas que muy bien pudieron haber sido el cáncer. Cuando Jesucristo estuvo en la tierra, él curó todas las enfermedades que le fueron traídas (obviamente esto incluiría el cáncer) como una señal a los judíos que él era su Mesías. Sin embargo, el cáncer, como todas las enfermedades, es el resultado de la maldición del pecado en el mundo. En Génesis 3:17 leemos: «maldita será la tierra por tu culpa.” La tierra ha sido maldecida por causa del pecado y todos los hombres mueren — todos volvemos al polvo – y el método de la muerte puede ser de la enfermedad que es un resultado natural de la maldición sobre la tierra. Las enfermedades no son un ‘castigo’. Son un resultado de vivir en un mundo caído y en un planeta maldito, y los creyentes y los no creyentes por igual pueden sufrir del cáncer y otras enfermedades que conducen a la muerte. Tenemos que recordar que, en la vida del creyente, Dios hace que “todas las cosas le ayudan a bien» (Romanos 8:28); «Todas las cosas» incluye el cáncer. Lo maravilloso es que, aun cuando en esta vida en la tierra maldita estamos sujetos a enfermedades como el cáncer, tenemos esperanza. Salmo 103 tiene un pasaje maravilloso que nos da una garantía confiada de que habrá un fin a los males de este mundo. Salmo 103:1-4 dice: «Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, él que sana todas tus dolencias; él que rescata del hoyo tu vida, él que te corona de favores y misericordias.”

¿Este pasaje significa que somos garantizados que Dios nos sanará del cáncer u otras enfermedades en esta vida? No, eso no es el significado de este pasaje. Por el contrario, el mismo Dios que nos perdona nuestros pecados, un día nos llevará a un lugar que él ha preparado para nosotros (Mateo 25:34). Su redención nos preserva de la destrucción y luego no habrá ninguna maldición más, ninguna enfermedad más, ninguna muerte más, y seremos coronados para siempre con su bondad y gracia. La victoria final sobre la maldición del pecado ya es nuestra en Jesucristo.

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¿Qué significa ser esclavo del pecado?

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¿Qué significa ser esclavo del pecado?

Todo el mundo es un esclavo en el sentido espiritual. O bien somos esclavos del pecado, que es nuestro estado natural, o somos esclavos de Cristo. Los escritores del nuevo testamento declararon voluntariamente su condición como esclavos de Cristo. Pablo comienza su carta a los Romanos al referirse a sí mismo como «un siervo de Jesucristo» (Romanos 1:1) y en su carta a Tito se llama a sí mismo un «siervo de Dios» (Tito 1:1). Santiago inicia su epístola de la misma manera, «Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo» (Santiago 1:1). La mayoría de las traducciones dicen «siervo» o «sirviente» en estos pasajes, pero la palabra griega doulas literalmente significa «esclavo».

En Juan 8:34 Jesús le dice a los incrédulos fariseos, «De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado». Jesús usa la analogía de un esclavo y su amo para hacer la observación de que un esclavo obedece a su amo porque es de su propiedad. Los esclavos no tienen voluntad propia. Están literalmente bajo el yugo de sus amos. Cuando el pecado es nuestro amo, somos incapaces de resistirlo. Pero, por el poder de Cristo para vencer el poder del pecado, «siendo libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia» (Romanos 6:18). Una vez que venimos a Cristo en arrepentimiento y recibimos el perdón de pecados, somos empoderados por el Espíritu Santo que viene a vivir dentro de nosotros. Es por su poder que somos capaces de resistir al pecado y convertirnos en esclavos de la justicia.

Los discípulos de Jesús le pertenecen a él y quieren hacer las cosas que a él le agradan. Esto significa que los hijos de Dios lo obedecen y viven libres del pecado habitual. Podemos hacer esto porque Jesús nos ha liberado de la esclavitud del pecado (Juan 8:36) y, por tanto, ya no estamos bajo la pena de muerte y separación de Dios.

Romanos 6:1-23 profundiza aún más en esta idea de un esclavo y su amo. Como cristianos no estamos llamados a continuar en el pecado usual porque hemos muerto al pecado. Romanos 6:4 dice que, puesto que hemos sido sepultados y resucitados con Cristo, ahora podemos caminar en novedad de vida, a diferencia del inconverso que todavía es un esclavo del pecado. Romanos 6:6 dice que, ya que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, ya no debemos servir más al pecado. Y en Romanos 6:11 dice que debemos considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Dios nos ordena que no dejemos que el pecado reine en nuestros cuerpos, obedeciendo sus deseos, sino que por el contrario nos presentemos a él como instrumentos de justicia (Romanos 6:12-14). En Romanos 6:16-18 se nos dicen que somos esclavos a aquel que obedecemos, ya sea obediencia al pecado o la obediencia a la justicia. Vamos a ser esclavos de Dios, de quien recibimos nuestros dones de santificación y la vida eterna. Esto lo hacemos porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 6:23).

El apóstol Pablo, el autor de Romanos, dice que él sabe cuán difícil puede ser no vivir en pecado, porque él luchó con eso incluso después de que se convirtiera en un seguidor de Cristo. Esto es importante que sepan todos los cristianos. Mientras que ahora estamos libres de la pena del pecado, todavía vivimos en la presencia del pecado mientras que estamos vivos en esta tierra. La única manera en que podemos ser libres del poder del pecado es por el poder del Espíritu Santo que le es dado a los creyentes en el momento en que llegamos a la fe a Cristo (Efesios 1:13-14), y esto nos sella en Cristo como la garantía de nuestra herencia como hijos de Dios.

La presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas significa que, a medida que crecemos en nuestra fe y llegamos a amar a Dios cada día más, tendremos la fuerza para resistir cada vez más el pecado. A través de la obra del Espíritu Santo, estamos empoderados para resistir el pecado, no ceder a la tentación y vivir según la palabra de Dios. Los pecados usuales los vamos a detestar cada vez más, y nos encontraremos de no querer hacer nada que pueda obstaculizar nuestra comunión con Dios.

Romanos 7:17-8:2 es un maravilloso estímulo para los creyentes porque nos dice que, aun cuando pequemos, ya no hay ninguna condenación porque estamos en Cristo Jesús. Y 1 Juan 1:9 nos asegura que, cuando pecamos aun siendo cristianos, si confesamos nuestros pecados cada día al señor, él es fiel y justo y nos limpiará a fin de que podamos seguir viviendo en una correcta relación con él. A lo largo de todo el libro de Efesios, el apóstol Pablo nos exhorta y alienta a caminar como hijos de la luz, a amarnos como Cristo nos amó, y aprender lo que al señor le agrada y a ponerlo en práctica (Efesios 2:1-103:16-194:1-65:1-10). En Efesios 6:10-18 Pablo nos muestra cómo ser fuertes en el señor colocándonos toda la armadura de Dios cada día para poder resistir las artimañas del Diablo.

Como seguidores de Cristo cuando nos comprometemos a crecer y madurar en nuestra fe, leyendo y estudiando la palabra de Dios cada día y pasar tiempo en oración con él, nos encontraremos que cada vez seremos capaces de mantenernos en el poder del Espíritu Santo y resistir el pecado. Las victorias diarias sobre el pecado que tenemos en Cristo, nos alentará, nos fortalecerá y demostrará de una manera poderosa que ya no somos esclavos del pecado, sino que somos esclavos de Dios.

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Calvinismo vs. Arminianismo – ¿cuál es el que está en lo correcto?

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Calvinismo vs. Arminianismo – ¿cuál es el que está en lo correcto?

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El Calvinismo y el Arminianismo son dos sistemas de teología que intentan explicar la relación entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana con respecto a la salvación. El Calvinismo es llamado así por Juan Calvino, teólogo francés que vivió desde 1509 hasta 1564. El Arminianismo es llamado así por Jacobo Arminio, un teólogo holandés que vivió desde 1560 hasta 1609.

Ambos sistemas se pueden sintetizar en cinco puntos. El Calvinismo sostiene una total depravación del hombre, mientras que el Arminianismo dice que la depravación es parcial. La depravación total asegura que cada aspecto de la humanidad está contaminado por el pecado, por lo que los seres humanos son incapaces de venir a Dios por su propia voluntad. La depravación parcial dice que cada aspecto de la humanidad está contaminado por el pecado, pero no al extremo de que sea incapaz de colocar su fe en Dios por su propia voluntad.

Nota: el Arminianismo clásico rechaza la «depravación parcial» y tiene una visión muy cercana a la «depravación total» Calvinista (aunque el alcance y significado de esa depravación se debaten en los círculos Arminianos). En general, los Arminianos creen que hay un estado «intermedio» entre la depravación total y la salvación. En este estado, que es hecho posible por la gracia anticipada, el pecador está siendo atraído a Cristo y tiene la habilidad dada por Dios para elegir la salvación.

El Calvinismo se adhiere a una elección incondicional, mientras que el Arminianismo dice que la elección es condicional. La elección incondicional sostiene que Dios elige individuos para salvarlos basado enteramente en Su soberana voluntad, no en alguna otra cosa inherente a el individuo. La elección condicional dice que Dios elige a los individuos para la salvación, basado en Su pre-conocimiento de quién será un creyente en Cristo para salvación.

El Calvinismo sostiene que la expiación es limitada, mientras que el Arminianismo dice que la expiación es ilimitada. Este es el más controversial de los cinco puntos. La expiación limitada es la creencia de que Jesús sólo murió por los elegidos. La expiación ilimitada es la creencia de que Jesús murió por todos, pero que Su muerte no tiene efecto hasta que la persona crea en Cristo.

El Calvinismo comprende la creencia de que la gracia de Dios es irresistible, mientras el Arminianismo dice que una persona puede rechazar la gracia de Dios. La gracia irresistible sostiene que cuando Dios llama a una persona a la salvación, esta persona inevitablemente llegará a la salvación. La gracia resistible sostiene que Dios llama a todos a la salvación, pero que mucha gente resiste y rechaza este llamado.

El Calvinismo cree en la perseverancia de los santos, mientras que el Arminianismo sostiene que la salvación está condicionada. La perseverancia de los santos se refiere al concepto de que una persona que ha sido elegida por Dios, perseverará en la fe y nunca negará a Cristo o se apartará de Él. La salvación condicional es la opinión de que un creyente en Cristo puede, de su libre albedrío, alejarse de Cristo y, por lo tanto, perder la salvación. Nota: muchos arminianos niegan la «salvación condicional» y se aferran a la «seguridad eterna».

Así que en el debate del Calvinismo vs. el Arminianismo, ¿quién está en lo correcto? Es interesante notar que, en la diversidad del Cuerpo de Cristo, hay toda clase de mezclas del Calvinismo y el Arminianismo. Hay cinco puntos Calvinistas y cinco puntos Arminianistas, y al mismo tiempo tres puntos Calvinistas y dos puntos Arminianistas. Muchos creyentes llegan a una clase de mezcla entre estos dos sistemas. A fin de cuentas, creemos que los dos sistemas fallan al intentar explicar lo inexplicable. Los seres humanos somos incapaces de entender completamente un concepto como éste. Sí, Dios es absolutamente soberano y omnisciente. Sí, los seres humanos somos llamados a tomar una genuina decisión de poner nuestra fe en Cristo para salvación. Estos dos factores nos parecen contradictorios, pero en la mente de Dios, ambos tienen perfecto sentido.

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¿Por qué debemos leer / estudiar la Biblia?

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¿Por qué debemos leer / estudiar la Biblia?»

Respuesta: Debemos leer y estudiar la Biblia simplemente porque es la Palabra de Dios para nosotros. 2 Timoteo 3:16 dice que la Biblia es “inspirada por Dios”. En otras palabras, son las mismísimas palabras de Dios para nosotros. Hay muchas preguntas que los filósofos se han hecho y que Dios nos las responde en las Escrituras: ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿De dónde vengo? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Cómo puedo ir al cielo? ¿Por qué está el mundo tan lleno de maldad? ¿Por qué me cuesta tanto trabajo hacer lo bueno? Adicionalmente a estas “grandes” preguntas, la Biblia nos proporciona un sin número de consejos prácticos en áreas tales como: ¿Qué debo buscar en mi pareja? ¿Cómo puedo tener un matrimonio exitoso? ¿Cómo puedo ser un buen amigo? ¿Cómo puedo ser un buen padre / madre? ¿Qué es el éxito y cómo puedo alcanzarlo? ¿Cómo puedo cambiar? ¿Qué es lo más importante en la vida? ¿Cómo puedo vivir para que no tenga que arrepentirme en un futuro?¿Cómo puedo manejar las circunstancias adversas y eventos injustos de la vida para salir victorioso?

Debemos leer y estudiar la Biblia porque es totalmente confiable y sin error. La Biblia es única entre muchos auto-nombrados libros “sagrados”, porque no sólo ofrece enseñanzas morales y dice “confía en mí”, más bien, nos ofrece la oportunidad de probarla, corroborando cientos de detalladas profecías que contiene, verificando los eventos históricos que relata, y comprobando los hechos científicos que describe. Aquellos que dicen que la Biblia tiene errores, deben tener sus oídos cerrados a la verdad. Jesús preguntó una vez, “¿Qué es más fácil, decir: tus pecados te son perdonados o decir: levántate y anda?” (Lucas 5:23). Luego, Él probó que tenía el poder para perdonar los pecados (algo que no podemos ver físicamente) sanando al paralítico (algo que los que lo rodeaban pudieron atestiguar con sus ojos). De manera similar, tenemos la seguridad de que la Palabra de Dios es verdad cuando se discuten aspectos espirituales que no podemos atestiguar con nuestros sentidos físicos, pero mostrando su veracidad en todas aquellas áreas que podemos verificar, tales como la exactitud histórica, científica y profética.

Debemos leer y estudiar la Biblia porque Dios no cambia y porque la naturaleza humana tampoco cambia; es tan actual para nosotros como lo fue cuando fue escrita. Mientras que diariamente se generan grandes cambios tecnológicos a nuestro alrededor, los deseos y naturaleza de la raza humana no cambian. Tú encontrarás, mientras lees las páginas de la historia bíblica, que ya sea que se trate de relaciones interpersonales o entre sociedades, “no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9). Y mientras la raza humana en su totalidad continúa buscando amor y satisfacción en todos los lugares equivocados, Dios, nuestro buen y misericordioso Creador, nos dice qué es lo que nos traerá un gozo ETERNO. Su Palabra revelada, las Escrituras, son tan importantes que Jesús dijo respecto a ellas, “…No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). En otras palabras, si quieres vivir una vida plena como fue la voluntad de Dios, escucha y presta atención a la Palabra de Dios escrita.

Debemos leer y estudiar la Biblia porque existe mucha enseñanza falsa. La Biblia nos da la medida mediante la cual podemos distinguir la verdad del error. Nos dice cómo es Dios. Tener una impresión equivocada de Dios es adorar un “ídolo” o “dios falso”. Estamos adorando algo que ¡no es Él! La Biblia también nos dice cómo podemos verdaderamente ir al cielo…y no es por ser buenos, o ser bautizados o ninguna otra cosa que podamos HACER (Juan 14:6Efesios 2:1-10Isaías 53:6Romanos 3:10b5:86:2310:9-13). A través de estos textos, la Palabra de Dios nos enseña cuánto Él nos ama (Romanos 5:6-8Juan 3:16). Y así es como sabiendo esto, somos atraídos a amarle a Él en respuesta (1 Juan 4:19).

La Biblia nos equipa para servirle a Dios (2 Timoteo 3:17Efesios 6:17Hebreos 4:12). Nos ayuda a saber cómo podemos ser salvos de nuestros pecados y sus últimas consecuencias (2 Timoteo 3:15). Al meditar en ella y obedecer sus enseñanzas, nos llevará a una vida victoriosa (Josué 1:8Santiago 1:25). La Palabra de Dios nos ayuda a ver el pecado en nuestra vida y nos ayuda a deshacernos de él (Salmos 119:9,11). Será una guía en la vida, haciéndonos más sabios que nuestros maestros (Salmo 32:8119:9,11Proverbios 1:6). La Biblia nos libra de perder años de nuestra vida en aquello que no dura ni tampoco importa (Mateo 7:24-27).

Leer y estudiar la Biblia nos ayuda a ver más allá del atractivo “anzuelo” y doloroso “gancho” de las tentaciones pecaminosas, para que podamos aprender de los errores de otros, en vez de experimentarlos nosotros mismos. La experiencia es un gran maestro, pero cuando se trata de aprender del pecado, es un duro y terrible maestro. Es mucho mejor aprender de los errores ajenos. Hay tantos personajes bíblicos de quiénes aprender, tanto modelos positivos como negativos, que con frecuencia proceden de la misma persona en diferentes etapas de su vida. Por ejemplo, David, en su victoria al gigante Goliat, nos enseña que Dios es más grande que cualquier cosa a la que quiera que nos enfrentemos (1 Samuel 17). David, al ceder a la tentación y cometer adulterio con Betsabé, nos revela el largo alcance y las terribles consecuencias que puede acarrearnos un “momento de placer” (2 Samuel 11).

La Biblia es un libro que no es sólo para leerse. Es un libro para estudiarse, a fin de poder ser aplicado. De otra manera, es como tragarse el bocado de comida sin masticarlo y después escupirlo de nuevo… sin ningún valor nutricional aprovechado. La Biblia es la Palabra de Dios. Como tal, es tan necesaria como las leyes de la naturaleza. No podemos ignorarla, pero lo hacemos para nuestro propio mal, así como lo sería si ignoramos la ley de la gravedad. No puede ser lo suficientemente enfatizada, la importancia que tiene la Biblia en nuestras vidas. El estudiar la Biblia puede compararse al extraer oro de una mina. Si hacemos un pequeño esfuerzo y sólo “cernimos los guijarros en el arroyo”, sólo encontraremos un poco de polvo de oro. Pero si nos esforzamos en realmente “excavar en ella”, la recompensa será de acuerdo a nuestro gran esfuerzo.

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