«¿Qué dice la biblia acerca de la actitud?»

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«¿Qué dice la biblia acerca de la actitud?»

Escribiendo desde una celda de prisión en Roma, el apóstol Pablo escribió acerca de la actitud que un cristiano debe tener: «Pase lo que pase, compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo.… (NVI)» (Filipenses 1:27). El «pase lo que pase» aquí, es una referencia para ver si Pablo puede venir a visitar a los Filipenses o no. Pablo dio esta instrucción, de modo que «…ya sea que vaya a verlos o que, estando ausente, solo tenga noticias de ustedes, sabré que siguen firmes en un mismo propósito, luchando unánimes por la fe del evangelio» (Filipenses 1:27). Sin importar qué perturbaciones inesperadas, frustraciones o dificultades se crucen en nuestro camino, debemos responder con una actitud como la de Cristo. Debemos ser firmes y luchar por la fe. Pablo escribe más adelante, «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús » (Filipenses 2:5). Él está hablando de demostrar humildad y generosidad en las relaciones. También nos insta en Efesios 5:1 a ser «imitadores de Dios como hijos amados». Así como a los niños les encanta imitar lo que ven y repetir lo que oyen, también se nos encomienda a imitar y a ser un ejemplo del comportamiento de Cristo, y a ser un claro reflejo del Señor (Mateo 5:16).

Jesús mantuvo una actitud perfecta en cada situación. Oraba por todo y por nada se preocupaba. Nosotros también debemos buscar la guía de Dios en cada aspecto de nuestras vidas y permitirle que obre Su perfecta voluntad. La actitud de Jesús nunca fue el ponerse a la defensiva o desalentar. Su objetivo era el de complacer al Padre en lugar de lograr Sus propios planes (Juan 6:38). En medio de las pruebas, Jesús fue paciente. En medio del sufrimiento, Él estaba lleno de esperanza. En medio de la bendición, Él fue humilde. Incluso en medio de la burla, el abuso, y la hostilidad, Él «no respondía con maldición; …no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente» (1 Pedro 2:23).

Cuando Pablo escribe que «nuestra actitud debe ser la misma que la de Cristo Jesús», había resumido en los dos últimos versículos cuál era tal actitud: abnegación, humildad y servicio. «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Filipenses 2:3-4). En otras palabras, la actitud que un cristiano debe reflejar es una que se centra en las necesidades y los intereses de los demás. Sin duda, eso no nos viene naturalmente. Cuando Cristo vino al mundo, estableció una nueva actitud hacia las relaciones con los demás. Un día, cuando Sus discípulos estaban discutiendo entre ellos acerca de quién iba a ser el mayor en el reino de Dios, Jesús dijo, «Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:25-28). Jesús nos enseña que, cuando nos preocupamos por nuestras propias cosas, esto puede provocar conflictos y otros problemas con las personas que conocemos. En su lugar, Dios quiere que tengamos un compromiso serio y bondadoso respecto a las preocupaciones de los demás.

Pablo habla más acerca de esta actitud semejante a la de Cristo en su carta a la iglesia de Éfeso: «En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad» (Efesios 4:22-24). Muchas religiones de hoy, incluyendo la filosofía de la nueva era, promueve la vieja mentira de que somos divinos o que podemos llegar a ser dioses. Pero la verdad del asunto es que nunca vamos a ser Dios, o incluso un dios. La mentira más antigua de Satanás estuvo prometiendo lo mismo a Adán y Eva, diciendo que si ellos seguían su consejo: «serían como dioses» (Génesis 3:5).

Cada vez que intentamos controlar nuestras circunstancias, nuestro futuro, y la gente alrededor de nosotros, sólo estamos demostrando que queremos ser un dios. Pero debemos comprender que, como criaturas, nunca podremos ser el Creador. Dios no quiere que intentemos ser dioses. Por el contrario, Él quiere que seamos como Él, adquiriendo Sus valores, Sus actitudes y Su carácter. Tenemos un llamado como lo describe el apóstol Pablo: «renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad» (Efesios 4:23-24).

Por último, debemos tener siempre en mente que el objetivo final de Dios para Sus hijos no es nuestra comodidad, sino la transformación de nuestras mentes en la actitud de la piedad. Él quiere que crezcamos espiritualmente, para ser como Cristo. Esto no significa perder nuestra personalidad o convertirnos en clones que no piensan. Ser como Cristo, tiene que ver con la transformación de nuestras mentes. De nuevo, Pablo nos dice, «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12:2).

Es la voluntad de Dios que desarrollemos la clase de mentalidad descrita en las bienaventuranzas de Jesús (Mateo 5:1-12), que mostremos el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), que imitemos los principios en el gran capítulo sobre el amor del apóstol Pablo (1 Corintios 13), y que nos esforzamos para modelar nuestras vidas conforme a las características de Pedro de una vida efectiva y productiva (2 Pedro 1:5-8).

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«¿Cómo puedo tener la seguridad de mi Salvación?»

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«¿Cómo puedo tener la seguridad de mi Salvación?»

Respuesta: Muchos seguidores de Jesucristo buscan la seguridad de la salvación en los lugares equivocados. Tendemos a buscar la seguridad de la salvación en las cosas que Dios está haciendo en nuestras vidas, en nuestro crecimiento espiritual, en las buenas obras y en la obediencia a la Palabra de Dios que es evidente en nuestro caminar cristiano. Aunque estas cosas pueden ser evidencia de la salvación, no son las cosas en las cuales debemos basar la seguridad de nuestra salvación. Más bien, debemos encontrar la seguridad de nuestra salvación en la verdad objetiva de la Palabra de Dios. Debemos tener confianza en que somos salvos basados en las promesas que Dios ha declarado, no por nuestras experiencias subjetivas.

¿Cómo puedes estar seguro de ser salvo? Considera 1 Juan 5:11-13 “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en Su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”. ¿Quién es quien tiene al Hijo? Aquellos que han creído en Él y lo han recibido (Juan 1:12). Si tienes a Jesús, tienes la vida. La vida eterna; no temporal, sino eterna.

Dios quiere que tengamos la seguridad de nuestra salvación. No podemos vivir nuestra vida cristiana dudando y preocupándonos cada día por saber si realmente somos o no salvos. Esto es por lo que la Biblia hace tan claro el plan de salvación. “… cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…” (Juan 3:16Hechos 16:31). “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9). ¿Te has arrepentido de tus pecados? ¿Crees que Jesús es el Salvador, que Él murió para pagar el castigo por tus pecados y resucitó de entre los muertos? (Romanos 5:82 Corintios 5:21). ¿Estás confiando solamente en Él para tu salvación? Si tu respuesta es sí, ¡entonces eres salvo! La seguridad significa “no tener nada de duda”. Al creer la Palabra de Dios de corazón, puedes estar completamente seguro acerca de la realidad de tu eterna salvación.

Jesús mismo declara esto acerca de aquellos que creen en Él: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”. (Juan 10:28-29). La vida eterna es justo eso – eterna. No hay nadie, ni siquiera tú mismo, que pueda quitarte este regalo de Dios en Cristo, que es la salvación.

Gózate en lo que la Palabra de Dios te dice: Al hacer eso en lugar de dudar, ¡podemos vivir con confianza! Podemos tener la seguridad de la propia Palabra de Cristo, de que nuestra salvación nunca estará en duda. Nuestra seguridad de salvación se basa en la salvación perfecta y completa que Dios nos ha dado a través de Jesucristo.

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¿Qué dice la Biblia acerca del legalismo?

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¿Qué dice la Biblia acerca del legalismo?

La palabra “legalismo” no se encuentra en la Biblia. Es un término que usan los cristianos evangélicos para describir una posición doctrinal enfatizando un sistema de reglas y reglamentos, para alcanzar tanto la salvación como el crecimiento espiritual. Los legalistas creen que es necesaria la estricta adherencia literal a esas reglas y reglamentos. Doctrinalmente, es una posición esencialmente opuesta a la gracia. Aquellos que sostienen una postura legalista, pueden fallar aún en ver el propósito real de la ley, especialmente el propósito de la Ley de Moisés en el Antiguo Testamento, el cual debe ser nuestro “ayo” o “tutor” para traernos a Cristo. (Gálatas 3:24).

Aún los creyentes verdaderos pueden ser legalistas. En vez de eso, somos enseñados a ser misericordiosos unos con otros. “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones” (Romanos 14:1). Tristemente, existen aquellos que se sienten tan seguros acerca de doctrinas no importantes, que te excluirán de su círculo, antes de permitirte que expreses otra opinión. Eso, también, es legalismo. Muchos creyentes legalistas de hoy cometen el error de demandar solidaridad incondicional a sus propias interpretaciones bíblicas, y aún a sus propias tradiciones. Por ejemplo, hay aquellos que sienten que, para ser espirituales, uno simplemente debe evitar el tabaco, las bebidas alcohólicas, los bailes y el cine, etc. La verdad es que el evitar esas cosas no es ninguna garantía de espiritualidad.

El apóstol Pablo nos advierte del legalismo en Colosenses 2:20-23: «Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne». Los legalistas pueden parecer justos y espirituales, pero el legalismo en última instancia no logra los propósitos de Dios porque es una actuación externa en vez de un cambio hacia adentro.

Para evitar caer en la trampa del legalismo, podemos comenzar por asirnos firmemente a las palabras del apóstol Juan, “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo…” (Juan 1:7), y recordar el ser misericordiosos, especialmente hacia nuestros hermanos y hermanas en Cristo. “¿Tú, quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” (Romanos 14:4). “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” (Romanos 14:10).

Aquí es necesaria una palabra de precaución. Mientras que necesitamos ser misericordiosos unos con otros y tolerantes sobre desacuerdos y asuntos disputables, no podemos aceptar la herejía. Somos exhortados a contender por la fe que una vez nos fue confiada a los santos (Judas 1:3). Si recordamos estos lineamientos y los aplicamos en amor y misericordia, no caeremos ni en el legalismo ni en la herejía. “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

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¿Cuál es la definición del pecado?

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¿Cuál es la definición del pecado?

Respuesta: El pecado es descrito en la Biblia como la trasgresión a la ley de Dios (1 Juan 3:4) y la rebelión contra Dios (Deuteronomio 9:7Josué 1:18). El pecado tuvo su origen con Lucifer, el “Lucero, hijo de la mañana”, el más hermoso y poderoso de los ángeles. No contento con ser todo esto, el deseó ser semejante al Dios altísimo, y esa fue su caída y el inicio del pecado (Isaías 14:12-15). Cambiado su nombre a Satanás, él trajo el pecado a la raza humana en el Jardín del Edén, donde tentó a Adán y Eva con la misma seducción – “…seréis como Dios…”. Génesis 3 describe la rebelión de Adán y Eva contra Dios y contra Sus mandamientos. A partir de ese momento, el pecado ha pasado a través de todas las generaciones de la raza humana, y nosotros como descendientes de Adán, hemos heredado el pecado de él. Romanos 5:12 nos dice que a través de Adán, el pecado entró al mundo y, por lo tanto la muerte pasó a todos los hombres, porque “la paga del pecado es muerte…” (Romanos 6:23).

A través de Adán, la heredada inclinación al pecado entró en la raza humana y los seres humanos se volvieron pecadores por naturaleza. Cuando Adán pecó, su naturaleza interior fue transformada por su pecado de rebelión, acarreándole la muerte espiritual y la depravación, la cual pasaría a todos aquellos que fueran después de él. Somos pecadores, no porque pecamos; por el contrario, pecamos porque somos pecadores. Esta es la condición conocida como la herencia del pecado. Así como heredamos características físicas de nuestros padres, así también heredamos nuestra naturaleza pecaminosa de Adán. El rey David lamentaba esta condición de la naturaleza humana caída en el Salmo 51:5 “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”.

Otro tipo de pecado es el conocido como pecado imputado. Usada tanto en asuntos financieros como legales, la palabra griega traducida como “imputación”, significa “tomar algo que pertenece a alguien y acreditarlo a la cuenta de otro”. Antes que fuera dada la Ley de Moisés, el pecado no era imputado al hombre, sin embargo, los hombres seguían siendo pecadores por causa del pecado heredado. Después que la Ley fue dada, los pecados cometidos en violación a la Ley fueron imputados (acreditados) a ellos (Romanos 5:13). Aún antes que las transgresiones de la Ley fueran imputadas al hombre, la paga por el pecado (la muerte) continuó reinando (Romanos 5:14). Todos los humanos, desde Adán hasta Moisés, estuvieron sujetos a muerte, no por sus acciones pecaminosas contra la Ley Mosaica (la cual aún no tenían), sino por su propia y heredada naturaleza pecaminosa. Después de Moisés, los humanos estuvieron sujetos a muerte tanto por el pecado heredado de Adán, como por el pecado imputado por violar las leyes de Dios.

Dios usó este principio de imputación para beneficio de la raza humana, cuando Él imputó el pecado de los creyentes a la cuenta de Jesucristo, quien pagó la pena por el pecado (la muerte) en la cruz. Imputando nuestro pecado a Jesús, Dios lo trató como si Él fuera un pecador, aunque Él nunca lo fue, y lo hizo morir por los pecados de todo el mundo (1 Juan 2:2). Es importante entender que el pecado fue imputado a Él, pero Él no lo heredó de Adán. Él sufrió el pago por el pecado, pero Él nunca fue un pecador. Su naturaleza pura y perfecta no fue tocada por el pecado. Él fue tratado como si hubiera sido culpable de todos los pecados que la raza humana hubiera cometido, aunque Él no cometió ninguno. En cambio, Dios imputó la justicia de Cristo a los creyentes y acreditó a nuestras cuentas Su justicia, al igual que Él le acreditó nuestros pecados a la cuenta de Cristo (2 Corintios 5:21).

Un tercer tipo de pecado es el pecado personal, aquel que es cometido día tras día por el ser humano. Por haber heredado la naturaleza pecaminosa de Adán, cometemos pecados individuales y personales, desde la aparentemente inocente mentirilla, hasta el homicidio. Aquellos que no han puesto su fe en Jesucristo, deben pagar el castigo por estos pecados personales, así como por el pecado imputado y heredado. Sin embargo, los creyentes han sido liberados de la condenación eterna del pecado (el infierno y la muerte espiritual). Ahora podemos elegir si cometer o no pecados personales, porque tenemos el poder de resistir al pecado a través del Espíritu Santo que mora dentro de nosotros, santificándonos y dándonos la convicción de nuestros pecados cuando los cometemos (Romanos 8:9-11). Una vez que confesamos nuestros pecados personales a Dios y le pedimos perdón por ellos, somos restaurados a un perfecto compañerismo y comunión con Él. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Todos somos condenados tres veces debido al pecado heredado, al pecado imputado y al pecado personal. El único castigo justo por este pecado es la muerte (Romanos 6:23), no sólo la muerte física sino la muerte eterna (Apocalipsis 20:11-15). Afortunadamente, los pecados heredados, imputados y personales, han sido crucificados en la cruz de Jesús, y ahora por la fe en Cristo Jesús como el Salvador, “tenemos redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7).

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¿Cuál es la religión verdadera?

«¿Cuál es la religión verdadera?»

Respuesta: La religión puede ser definida como “la creencia en Dios o dioses, que deben ser adorados, usualmente expresada mediante conductas y rituales”, o “cualquier sistema específico de creencia, adoración, etc., que con frecuencia incluye un código de ética”. Más del 90% de la población mundial está adherida a alguna forma de religión. El problema es que hay demasiada diversidad de religiones. ¿Cuál es la religión correcta? ¿Cuál es la religión verdadera?

Los dos ingredientes más comunes en las religiones son, reglas y rituales. Algunas religiones son esencialmente solo una lista de reglas de hacer o no hacer, que una persona debe observar a fin de ser considerado como un fiel partidario de esa religión y, por lo tanto, justo ante el Dios de esa religión. Dos ejemplos de religiones basadas en las reglas son el Islamismo y el Judaísmo. El Islam tiene sus cinco pilares que deben ser observados. El Judaísmo tiene cientos de mandamientos y tradiciones que deben ser observados. Ambas religiones, hasta cierto punto, sostienen que, obedeciendo las reglas de la religión, una persona será considerada justa ante Dios.

Otras religiones se enfocan más en la observancia de rituales, en lugar de la obediencia a una lista de reglas. Mediante la ofrenda de este sacrificio, desempeñando esta tarea, participando en este servicio, consumiendo esta comida, etc., una persona es hecha justa ante Dios. El ejemplo más prominente de una religión basada en rituales es el Catolicismo Romano. El Catolicismo Romano afirma que, siendo bautizado con agua en la infancia, participando en la Misa, confesando los pecados al sacerdote, ofreciendo oraciones a los santos en el Cielo, siendo ungido por un sacerdote antes de la muerte, etc., etc., Dios aceptará a tal persona en el Cielo después de su muerte. El Budismo e Hinduismo también son religiones basadas principalmente en rituales, pero también pueden ser consideradas en menor grado como religiones basadas en reglas.

La verdadera religión ni está basada en reglas ni en rituales. La verdadera religión es una relación con Dios. Dos cosas que todas las religiones sostienen son, que, de alguna manera, la humanidad está separada de Dios y que necesita ser reconciliada con Él. Las religiones falsas buscan resolver este problema mediante la observancia de reglas y rituales. La verdadera religión resuelve el problema mediante el reconocimiento de que solo Dios puede restablecer esa separación, y que Él ya lo ha hecho. La verdadera religión reconoce lo siguiente:

• Todos hemos pecado y por tanto estamos separados de Dios (Romanos 3:23)

• Si esto no es rectificado, el justo castigo por el pecado es la muerte y la separación eterna de Dios después de la muerte (Romanos 6:23)

• Dios vino a nosotros en la Persona de Jesucristo quien murió en nuestro lugar, tomando el castigo que todos merecemos, y resucitando de entre los muertos para demostrar que Su muerte fue un sacrificio suficiente (Romanos 5:8; 1 Corintios 15:3-4; 2 Corintios 5:21).

• Si recibimos a Jesucristo como el Salvador, confiando en Su muerte como el pago completo por nuestros pecados, somos perdonados, salvos, redimidos, reconciliados, y justificados ante Dios (Juan 3:16; Romanos 10:9-10; Efesios 2:8-9).

La religión verdadera tiene reglas y rituales, pero hay una diferencia crucial. En la religión verdadera, las reglas y rituales son observados por gratitud a la Salvación que Dios proveyó – NO en un esfuerzo por obtener esa salvación. La religión verdadera, la cual es el Cristianismo Bíblico, tiene reglas que hay que obedecer (no matarás, no cometerás adulterio, no mentirás, etc.) y rituales que observar (el bautismo en agua por inmersión y la Cena / Comunión del Señor). La observancia de estas reglas y rituales no es lo que nos hace una persona justa ante Dios. Más bien, estas reglas y rituales son el RESULTADO de nuestra relación con Dios, por gracia a través de la fe en Jesucristo solamente como el Salvador. La religión falsa es hacer cosas (reglas y rituales) para tratar de ganar el favor de Dios. La religión verdadera es recibir a Jesucristo como Salvador y por ese medio obtener una correcta relación con Dios – y entonces hacer las demás cosas (reglas y rituales) por el amor a Dios y el deseo de acercarnos más a Él.

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¿Qué tanta autoridad debería tener un pastor sobre la iglesia?

¿Qué tanta autoridad debería tener un pastor sobre la iglesia?

La iglesia es llamada «la grey de Dios» (1 Pedro 5:2), «la herencia de Dios» (1 Pedro 5:3), y «la iglesia de Dios» (Hechos 2028). Jesús es «cabeza de la Iglesia» (Efesios 5:23) y «el príncipe de los pastores» (1 Pedro 5:4). La iglesia pertenece a Cristo, y Él es la autoridad sobre ella (Mateo 16:18). Esto es verdad no sólo respecto a la iglesia local, sino al cuerpo universal de Cristo.

El modelo de Dios para edificar Su iglesia, incluye usar hombres con la función de pastor. El pastor es en primer lugar un anciano, y junto con los otros ancianos, el pastor es responsable de lo siguiente:

1) Supervisar la iglesia (1 Timoteo 3:1). El principal significado de la palabra obispo es «sobreveedor». La responsabilidad del pastor y de los otros ancianos, es la supervisión general del ministerio y el funcionamiento de la iglesia. Esto incluiría el manejo de finanzas dentro de la iglesia (Hechos 11:30).

2) Gobernar la iglesia (1 Timoteo 5:17). La palabra que se traduce como «gobernar», significa literalmente «comparecer ante». La idea es guiar o asistir, con un énfasis en ser una persona que cuida de manera diligente. Esto incluiría la responsabilidad de ejercer la disciplina en la iglesia y reprobar a aquellos que se han apartado de la fe (Mateo 18:15-171 Corintios 5:11-13).

3) Alimentar a la iglesia (1 Pedro 5:3). Literalmente, la palabra pastor significa «pastor de ovejas». El pastor tiene una tarea de «alimentar el rebaño» con la Palabra de Dios y de guiarlos en la forma adecuada.

4) Mantener la doctrina de la iglesia (Tito 1:9). La enseñanza de los apóstoles fue encomendada a «hombres fieles» que enseñarían también a otros» (2 Timoteo 2:2). Preservar la integridad del evangelio, es uno de los llamados más grandes del pastor.

Algunos pastores consideran el título de «supervisor», como si fuera un mandamiento para estar haciendo de todo. Si se trata de manejar el sonido, de escoger algunas canciones para el domingo, o de recoger los cobertores para la sala cuna, algunos pastores sienten que su responsabilidad es estar involucrados en cada decisión. Esto no sólo es agotador para el pastor, quién además asiste a cada reunión del comité, sino que además obstaculiza a otros para que puedan usar sus dones en la iglesia. Un pastor puede supervisar y delegar al mismo tiempo. Así mismo, el modelo bíblico de una pluralidad de ancianos, junto con los diáconos nombrados para ayudar al pastor y los ancianos, evita que el pastorado sea controlado por una sola persona.

El mandamiento de «gobernar» la iglesia, a veces se lleva al extremo. Una responsabilidad oficial del pastor es gobernar la iglesia junto con los ancianos, y su enfoque principalmente debe ser espiritual, atendiendo asuntos tales como edificar a los creyentes y equipar a los santos para la obra del ministerio (Efesios 4:12). Hemos escuchado de pastores que parecen más dictadores que pastores que tienen sus ovejas, exigiéndoles a las personas que están bajo su autoridad que deben solicitar su permiso antes de realizar una inversión, o irse de vacaciones, etc. Parece que estos hombres simplemente desean control y no son aptos para gobernar la iglesia de Dios (ver 3 Juan 9-10).

1 Pedro 5:3 contiene una descripción maravillosa de un ministerio pastoral equilibrado: «No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey». La autoridad del pastor no es para que él se «enseñoree» de la iglesia; más bien, un pastor debe ser un ejemplo de verdad, de amor y de piedad, para que el rebaño de Dios lo pueda seguir. (Ver también 1 Timoteo 4:12). Un pastor es un «administrador de Dios» (Tito 1:7), y él es responsable ante Dios por su liderazgo en la iglesia.

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«¿Qué dice la Biblia acerca del chisme?»

«¿Qué dice la Biblia acerca del chisme?»

La palabra hebrea traducida como “chismoso” en el Antiguo Testamento es definida como alguien que revela secretos que suceden a su alrededor como un chismoso o traficante de chismorreos. Este es alguien que le saca secretos a la gente, acerca de ellos mismos y de sus familias, y luego va repitiéndolos de casa en casa, ocasionando gran perjuicio para aquellos cuyos secretos le fueron confiados, así como para aquellos a quienes se los cuenta, y también para sí mismo. El chisme se distingue de compartir información por su intención. El traficante de chismorreos tiene como su meta edificarse a sí mismo por medio de hacer ver mal a los demás y por exaltar su gran conocimiento de los demás.

En el libro de Romanos, Pablo revela la naturaleza pecaminosa y la anarquía de la raza humana, declarando cómo Dios derramó Su ira sobre aquellos que rechazaron Sus leyes. Por haberse alejado de la instrucción y la guía de Dios, Él los entregó a sus mentes reprobadas. “…llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.” (Romanos 1:29b-32). Podemos apreciar en este pasaje, que tan serio es el pecado del chisme y que caracteriza a aquellos que están bajo la ira de Dios.

Otro grupo que era y que es comúnmente conocido por consentir en este comportamiento pecaminoso son las viudas. Timoteo previene a las viudas en contra del entretenido hábito del chisme y de estar ociosas. “incurriendo así en condenación, por haber quebrantado su primera fe. Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.” (1 Timoteo 5:12-13). En razón de que las mujeres tienden a pasar mucho tiempo en las casas unas de otras, o trabajando muy estrechamente con otras mujeres, involucrándose en las vidas de mucha gente, ellas escuchan y observan una variedad de conversaciones o situaciones, las cuales tienen el potencial de llegar a distorsionarse, si lo que ellas ven no es mantenido en privado. Timoteo dice que las viudas caen en el hábito de andar de casa en casa, buscando algo para ocupar su ociosidad. Las manos ociosas son el taller del diablo, y Dios advierte contra permitir que ese pecado entre a nuestras vidas. “El que anda en chismes descubre el secreto. No te entremetas, pues, con el suelto de lengua.” (Proverbios 20:19).

Ciertamente no solo las mujeres son las únicas que son encontradas culpables de este pecado. Cualquiera puede involucrarse en el acto del chisme, simplemente con repetir algo que escuchó en confianza. El libro de Proverbios tiene una larga lista de versos que cubren los peligros del chisme y la potencial herida que resulta cuando no se toma el cuidado de pensar en los demás y en cómo pueden ellos reaccionar si es revelado algo que hayan querido mantener en privado. “El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; mas el hombre prudente calla.” (Proverbios 11:12-13)

La Biblia nos dice que “El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.” (Proverbios 16:28). Muchas amistades han sido arruinadas por un malentendido que comenzó con un chisme. Aquellos que se involucran en este comportamiento no hacen sino provocar dificultades y causar ira y amargura, sin mencionar las heridas entre amigos. Tristemente, algunas personas se benefician con esto y buscan oportunidades para destruir a otros. Y cuando tales personas son confrontadas, niegan las acusaciones y responden con excusas y racionalismos. En vez de admitir su error, culpan a alguien o a algo más, o intentan hacerlo sonar como si el pecado que cometieron no fuera tan malo. “La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.” (Proverbios 18:7-8).

“El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias.” (Proverbios 21:23) Así que debemos guardar nuestras lenguas y refrenarnos del acto pecaminoso del chisme. Si rendimos nuestros deseos naturales al Señor, Él nos ayudará a mantenernos rectos. Dios recompensa al justo y al recto, así que todos debemos luchar para permanecer como tales.

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¿Qué dice la Biblia acerca de las citas y el noviazgo?

¿Qué dice la Biblia acerca de las citas y el noviazgo?

Aunque las palabras “noviazgo” y “citas románticas” no se encuentran en la Biblia, se nos dan algunos principios por los que los cristianos deben regirse durante el tiempo anterior al matrimonio. Lo primero que debemos considerar es que debemos separarnos del punto de vista que tiene el mundo sobre las citas románticas, porque la visión de Dios contradice la del mundo (2 Pedro 2:20). Mientras que la sociedad nos dice que debemos tener tantos citas románticas como queramos, lo importante es descubrir el carácter de la persona antes de hacer un compromiso. Debemos saber si la persona ha nacido de nuevo en el Espíritu de Cristo (Juan 3:3-8), y si comparte el mismo deseo de ser como Cristo (Filipenses 2:5). El objetivo final de un romance o un noviazgo es encontrar una pareja para toda la vida. La biblia nos dice que como cristianos debemos tener cuidado de no casarnos con un incrédulo (2 Corintios 6:14-15), porque esto puede debilitar nuestra relación con Cristo, o comprometer nuestra moral y estándares.

Cuando uno está comprometido en una relación con alguien, es importante recordar el amar al Señor por sobre cualquier otra persona (Mateo 10:37). El decir o creer que la otra persona es tu “todo” o que es la cosa más importante en tu vida, eso es idolatría, lo cual es pecado (Gálatas 5:20Colosenses 3:5). Además, no debemos mancillar nuestro cuerpo teniendo relaciones pre-matrimoniales (1 Corintios 6:92 Timoteo 2:22). La inmoralidad sexual no es solamente un pecado contra Dios, sino contra nuestro propio cuerpo (1 Corintios 6:18). Es importante amar y honrar a otros como a nosotros mismos (Romanos 12:9-10), y esto ciertamente es una verdad tanto para el noviazgo como para las citas románticas. El seguir estos principios bíblicos es la mejor manera de tener una base segura para el matrimonio. Es una de las decisiones más importantes que haremos en la vida, porque cuando dos personas se casan, ellos se aferran el uno al otro y se vuelven una sola carne, lo cual debe ser permanente e inseparable (Génesis 2:24Mateo 19:5).

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¿Deberíamos los cristianos tener un árbol de Navidad? ¿Tiene el árbol de Navidad su origen en antiguos ritos paganos?

¿Deberíamos los cristianos tener un árbol de Navidad?

¿Tiene el árbol de Navidad su origen en antiguos ritos paganos?

La costumbre moderna del árbol de Navidad no procede de ninguna forma de paganismo. No hay evidencia de ninguna religión pagana que decorara un árbol especial para celebrar sus festivales de invierno, aunque los romanos celebraban el solsticio de invierno con un festival llamado Saturnalia en honor a Saturno, el dios de la agricultura. Estos decoraban sus casas con plantas y luces e intercambiaban regalos. Más tarde en la edad media, germanos y escandinavos ponían árboles perennes dentro de sus casas justo afuera de sus puertas para expresar la espera de la próxima primavera. Los primeros árboles navideños fueron decorados por cristianos protestantes en el siglo XVI en Alemania. Nuestro moderno árbol navideño evolucionó de estas antiguas tradiciones alemanas, y esta costumbre, muy probablemente, llegó a los Estados Unidos con los emigrantes alemanes a Pennsylvania y Ohio.

No hay nada en la Biblia que prescriba o prohíba los árboles de Navidad. Algunos piensan, equivocadamente, que Jeremías 10:1-16 prohíbe cortar árboles y decorarlos de la misma manera como lo hacemos en Navidad. Sin embargo, aún leyendo superficialmente este texto, se comprende que Jeremías establece la prohibición de ídolos hechos de madera, cubiertos de plata y oro para luego adorarlos. Una idea similar aparece en Isaías 44, donde el profeta describe la necedad de los idólatras, que cortan un árbol, queman parte de él en el fuego para calentarse, y usan la otra parte para tallar un ídolo, ante el cual se inclinan. Entonces, a menos que nos inclinemos ante nuestro árbol de Navidad, tallemos un ídolo y oremos ante él, estos pasajes no deben ser aplicados a los árboles de Navidad.

No hay ningún significado espiritual en tener o no un árbol navideño. Cualquiera que sea nuestra elección, el motivo detrás de la decisión del creyente acerca de este punto, como en todas las cuestiones de conciencia, éste debe ser para complacer al Señor. Romanos 14:5-6ª establece en este pasaje el principio acerca de la libertad de elección. “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor.” El Señor se contrista cuando los cristianos miran a otros con desdén, ya sea por celebrar o no la Navidad. Esto es orgullo espiritual. Cuando sentimos que de alguna manera nos hemos elevado a un plano superior de espiritualidad por hacer o no algo sobre lo que la Biblia calla, usamos equivocadamente nuestra libertad en Cristo, creando así divisiones en Su Cuerpo, y de esta manera, deshonramos al Señor. “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

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¿Qué significa ser una esposa consagrada / piadosa?

¿Qué significa ser una esposa consagrada?

Para definir una esposa consagrada a Dios, primero debemos considerar qué significa la palabra consagrada o piadosa. En 1 Timoteo 2:2, Pablo usa la palabra en relación con el hecho de ser «pacífica», «tranquila» y «digna». La biblia dice que el Espíritu Santo, que está en cada creyente, produce actos visibles e invisibles de piedad, «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22-23). La definición fundamental de piedad sería «parecida a Cristo». La piedad implica un verdadero esfuerzo para imitar a Cristo, para ser como Él, tanto en el pensamiento como en la acción, así como el apóstol Pablo luchó para ser como Cristo (1 Corintios 11:1). Estas características de una actitud consagrada se aplican a cada creyente, sea hombre o mujer. Afortunadamente, la biblia da más cualificaciones específicas en cuanto a cómo es una mujer consagrada, especialmente una esposa.

En el libro de Proverbios, se pinta una hermosa descripción de una esposa consagrada al Señor. Las virtudes de una esposa piadosa no han cambiado, incluso a lo largo de miles de años. Una mujer piadosa es aquella que tiene la plena confianza de su esposo. Él no tiene que preocuparse de que ella será tentada por las artimañas de otro hombre, o que sobrecargue las tarjetas de crédito, o que pase todo el día viendo telenovelas. Él sabe que ella es digna, sabia, y dedicada (Proverbios 31:11, 12, 25, 26). Él está seguro del apoyo y el amor sincero de su esposa, porque ella no es vengativa ni lo crítica. Su marido tiene una buena reputación en la comunidad, y su esposa nunca habla mal de él, ni anda chismoseando acerca de él. Por el contrario, ella siempre lo está exaltando y dándole alabanza. Ella mantiene bien su hogar y tiene buena reputación (Proverbios 31:12, 21, 23).

Una esposa piadosa pasa menos tiempo frente al espejo y pasa más tiempo compartiendo sus bienes con los pobres y necesitados, porque ella es desinteresada y benevolente (Proverbios 31:20, 30). Pero ella no se olvida de sí misma; mantiene su cuerpo y espíritu fuerte y tiene buen estado de salud. Aunque ella trabaja duro y durante largas horas no se ve demacrada; se preocupa por cosas hermosas para ella y su familia (Proverbios 31:17, 21, 22).

Contrariamente a lo que muchos creen respecto a lo que debe ser el retrato bíblico de una mujer piadosa, Proverbios 31 revela que ella es emprendedora y ambiciosa. La esposa de Proverbios 31 es la dueña de una pequeña empresa que fabrica y vende prendas de vestir. Ella de manera independiente toma sus propias decisiones, y por sí sola decide qué hacer con sus ingresos (Proverbios 31:16, 24). Fíjese, sin embargo, que sus ganancias no las invierte en zapatos o carteras, sino en comprar un terreno donde ella puede plantar un viñedo, algo que beneficiará a toda la familia.

A través de todos sus esfuerzos, el servicio y el duro trabajo, la esposa piadosa o consagrada mantiene el gozo. Ella puede discernir que todo lo que está haciendo es rentable, que la impulsa a un sentimiento de satisfacción (Proverbios 31:18). Una mujer piadosa no debe preocuparse por lo que el futuro pueda deparar. Ella sonríe al futuro porque sabe muy bien que el Señor está en control de todo (Proverbios 31:25, 30). El versículo 30 es la clave de todo el pasaje, porque una mujer no puede ser una esposa piadosa sin primero tener temor al Señor. Cuando la esposa piadosa busca a Jesús y permanece en Él, hace que el fruto de la piedad se manifieste en su vida (ver Juan 15:4).

Por último, una esposa piadosa o consagrada debe estar sujeta a su marido (Efesios 5:22). ¿Cómo es una esposa sujeta? No es lo que usted podría pensar. La biblia enseña que Jesús se sujeta a Su Padre (Juan 5:19). Sin embargo, Jesús es igual al Padre (Juan 10:30). Por lo tanto, una esposa sujeta no es menos valiosa que un ser humano; su papel no es menos importante, aunque es diferente. Los cristianos saben que Cristo es tan divino como el Padre (y el Espíritu Santo), pero cada uno de ellos desempeña un papel diferente en la redención. De la misma manera, los hombres y las mujeres juegan una parte diferente en el matrimonio. Entonces, para que una esposa esté sujeta a su esposo como Cristo está sujeto al Padre, significa que voluntariamente permite que su marido lidere. Jesús fue voluntariamente a la cruz, aunque con angustia (Mateo 26:39). Cristo sabía que lo que el Padre hacía era lo mejor. Una esposa piadosa siente que el camino de la sujeción a veces es doloroso, pero el seguir a Dios siempre tendrá como resultado recompensas espirituales que duran para toda la eternidad (1 Timoteo 4:7-8).

La biblia compara la sujeción a su marido con la sujeción a Dios (Efesios 5:22). En otras palabras, si una esposa no puede someterse al marido, puede ser un reflejo de su lucha para estar sujeta a Cristo. La sujeción no implica debilidad; una esposa sujeta no es «ignorante» o «sin importancia». La sujeción requiere fortaleza, dignidad y devoción, como nos lo enseña la mujer de Proverbios 31.

Proverbios 31 representa el ideal. Una mujer puede ser una mujer piadosa sin ser perfecta (sabemos que no existe tal cosa como la perfección humana). Pero en la medida que la esposa crece en su relación más íntima con Cristo, crecerá cada vez más de manera piadosa en su matrimonio. La piedad a menudo está en oposición de lo que la sociedad secular dice con respecto a lo que una mujer debe aspirar. Sin embargo, como mujeres de Dios nuestra primera preocupación debe ser siempre lo que le agrada a Dios.

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